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[ Letras ] DE CAMBIO

SUPLEMENTO DE CULTURA DE CAMBIO DE MICHOACÁN | NUEVA ÉPOCA | COORDINADOR: VÍCTOR RODRÍGUEZ MÉNDEZ | 21DESEPTIEMBREDE2013|

CUENTO

Confesiones de un adicto a la noche RAFASAAVEDRA|PAG.5

FORMAS BREVES

Vidas librescas JAIMEMARTÍNEZOCHOA|PAG.6

México y los libros electrónicos MANUELLÓPEZMICHELONE|PAG.7

MIR(Í)ADA

Imaginar e ilustrar. Los destinos de Lady Orlando JUANCARLOSJIMÉNEZABARCA|PAG.8

Saul Bellow El hombre en suspenso MARCO ANTONIO REGALADO REYES |PAG. 2


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SÁBADO21DESEPTIEMBREDE2013

Saul Bellow El hombre en suspenso. Un breve repaso a su obra PORMARCOANTONIOREGALADOREYES

D

esde su primera novela, Saul Bellow nos muestra que el hombre es un ser en suspenso, sostenido por la fuerza del ser y el estar en la vida; nació en una familia judía de origen ruso, que emigró a Canadá; con nueve años marchó a Chicago. Estudió literatura inglesa en la Universidad de esa ciudad, estudios que abandonó para licenciarse en antropología y sociología en la Universidad Northwestern. Hizo estudios de posgrado en la Universidad de Wisconsin que abandonó tras su primer matrimonio. Trabajó como profesor en el Colegio Pestalozi-Froeble en Chicago y en la editorial de la Enciclopedia Británica. Llegada la Segunda Guerra Mundial, fue rechazado por el ejército, sirviendo en la marina mercante. Tras la guerra, fue profesor en las universidades de Minnesota, Nueva York, Princeton y Puerto Rico. Saul Bellow muestra desde su primera novela que es un escritor con una fuerte personalidad literaria, muy parecida a la de Norman Mailer, Ernest Hemingway o Jack London, entre otros grandes escritores; si no padre, sí uno de los precursores más importantes de una línea de novela completamente original, fiel reflejo de la filosofía de toda una generación de urbanistas judeoamericanos que abrirá cami-

El escritor Saul Bellow.

no a escritores como Philip Roth, Bernard Malamud, J.D. Salinger o Paul Auster. En 1944 publicó su primera novela, Hombre en suspenso, en la cual refleja la ansiedad y la preocupación de un joven que espera ser movilizado en tiempo de guerra; en ella esboza temas a los que regresará en obras posteriores como en Herzog o en La víctima, así también como la necesidad del hombre de expresar sus sentimientos más íntimos, la naturaleza de la libertad o la posibilidad de elegir, reflexiones que se hace Joseph en su diario durante un año sabático, obligado, en el que espera una incorporación a filas que no acaba de llegar. Sus apuntes son testimonio de su incesante deambular por las calles de Chicago, de sus recuerdos, y de su reacción psicológica a la inactividad mientras la guerra ruge a su alrededor 1. A esta primera novela le siguió La víctima (1947). Más que la víctima, la novela debió llamarse “La culpa”, casi un trauma muy judío; en ella, Asa Leventhal, con su esposa fuera de casa visitando a su madre, disfruta del tiempo que le toca estar solo. Una tarde, mientras busca alivio en un parque por la ola de calor que se abate sobre Nueva York, es abordado por un hombre desgarbado que lo acusa de haber arruinado su vida. Tras intentar sin éxito

convencerlo de su error, Leventhal sucumbirá poco a poco a la historia del extraño hasta creer, de hecho, que es efectivamente responsable de un irreparable daño 2 . Tras obtener una beca de la fundación Guggenheim, Bellow vivió durante un tiempo en Europa, donde escribió la mayor parte de su novela Las aventuras de Augie March (1953). Esta novela, un largo relato libremente estructurado con un héroe de corte picaresco, ofrece un vivo y humorístico retrato de la comunidad judía de Chicago a través de un joven en busca de su identidad. La humanidad moderna, amenazada con perder su identidad pero aún no destruida espiritualmente, es el tema de sus obras posteriores. Con un estilo narrativo a medio camino entre el naturalismo y el existencialismo, entre el determinismo y la aceptación del destino, y el Chicago de los años treinta y cuarenta del pasado siglo como telón de fondo, la historia de Augie March, un pícaro de carácter débil que se mueve entre los desheredados de la América postdepresión, es la búsqueda del significado de la vida, algo indudablemente situado entre las circunstancias que determinan la personalidad y el deseo de reencontrar el yo esencial 3 . Carpe diem (1956) es una narración envolvente. Su mordaz sentido del humor,


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la descripción minuciosa de la geografía interior -y exterior- de los personajes que habitan esta novela, y el talento para analizar el comportamiento humano, demuestran por qué el autor está considerado uno de los narradores más lúcidos del siglo XX. Carpe diem, “vive el momento”, “sumérgete en el aquí y el ahora”, es de esos latinajos o frases salidas de la boca del extravagante doctor Tamkin como un dudoso elixir milagroso rebotan contra los tímpanos de Wilhelm, un hombre acosado por varios frentes: actor fracasado, danza al son de las exigencias de su ex mujer y sus dos hijos, despreciado por la empresa que lo despidió en lugar de otorgarle el ascenso prometido y ninguneado por la soberbia y frialdad de su propio padre. Pero la esperanza es lo último que se pierde, y ahora ésta se ha encarnado en setecientos dólares 4 . En Henderson, el rey de la lluvia (1959) el autor explora todo el color y el exotismo del continente africano en este libro hilarante. Eugene Henderson es el clásico norteamericano millonario de mediana edad que, en busca de una nueva vida, decide instalarse a vivir en medio de una tribu africana. Las hazañas hercúleas de Henderson y su incontrolable pasión por la vida le granjearán la admiración de la tribu, pero será su don de hacer llover lo que le convertirá de un simple héroe en un mesías. Una historia desternillante, por momentos hasta grotesca, en la que Bellow muestra su capacidad de retratar a los seres humanos, así como las fuerzas que los guían a través de la vida 5: Los hechos comienzan a abrumarme, y enseguida siento una opresión en el pecho. Luego se desencadena una avalancha desordenada: ¡Mis padres, mis esposas, mis novias, mis hijos, mi granja, mis animales, mis hábitos, mi dinero, mis clases de música, mi ebriedad, mis prejuicios, mi brutalidad, mis dientes, mi cara, mi alma! Y no me queda más remedio que clamar: ¡No, no, aléjense de mí, malditos! ¡Déjenme en paz! ¿Pero pueden acaso dejarme en paz? Me pertenecen, son míos 6 .

Herzog (1964) es el retrato multifacético de un héroe de los tiempos modernos, Moses Herzog: bromista, quejoso, encantador y gran sufridor. Aunque su vida se desintegra paulatinamente ante sus ojos ha fracasado como profesor, como escritor y como padre, amén de ser abandonado por su mujer en favor de su mejor amigo-, Herzog se ve a sí mismo como un sobreviviente, tanto frente a sus desastres domésticos como al pasar de los años. Ocupa su tiempo escribiendo cartas que nunca serán enviadas, a amigos y enemigos, a colegas y a gente famosa, revelando con ironía sus percepciones del mundo que lo rodea, así como los secretos más profundos de su alma 7. La criatura más pintoresca de la novela, sin duda alguna, es el propio Herzog, quien a un mismo tiempo es un símbolo, y es también una personalidad concreta pletórica de vitalidad. Estrafalario, ansioso, desbocado, impráctico, inteligente, melodramático, cultísimo, tortuoso y tierno, nos deja una impresión muy fuerte, aunque contradictoria. Es imposible no compadecerlo, porque es verdad que sufre y, sobre todo, porque su desgracia es haber creído en las “grandes ideas” y haberlas usado como norte de su propia vida. Pero, de otro lado, no hay duda que buena parte de sus problemas se los ha buscado él mismo; e, incluso, es probable que no pueda

Saul Bellow muestra desde su primera novela que es un escritor con una fuerte personalidad literaria, muy parecida a la de Norman Mailer, Ernest Hemingway o Jack London, entre otros grandes escritores

vivir sin ellos. Porque a Herzog le gusta sufrir casi tanto como plañir, qué duda cabe. ¿Por qué seguiría tan enamorado de Madeleine, si no fuera así? Las mujeres que son dóciles y tiernas con él, como la japonesa Sono Oyuki, o que harían cualquier cosa por hacerlo feliz, como Ramona, a él lo dejan tibio, se desencanta de ellas muy pronto. En cambio, Madeleine, quien lo domina y lo maltrata, que lo explota, se le ha metido en el fondo del alma y es probable que nunca la saque de allí 8. El planeta de Mr. Sammler (1970), galardonada con el National Book Award (Premio Nacional del Libro), retrata a los intelectuales judíos en su lucha contra el malestar espiritual que los rodea; y también es una meditación, tan audaz como serena, sobre el futuro de la civilización occidental. Siguiendo a Artur Sammler, un intelectual educado en la filosofía y la literatura occidentales y superviviente del Holocausto, Bellow pasea por las peligrosas calles del West Side neoyorquino, prestando la misma atención a los carteristas de autobús que a las teorías sobre la consecución de la utopía -o la inminente llegada del Apocalipsis- recién generadas por la llegada del hombre a la Luna. Y en sus interminables paseos por la ciudad, caótica y siempre cambiante, Mr. Sammler recuerda los horrores de un pasado no tan lejano, reflexiona sobre la locura del presente y se pregunta sobre un futuro incierto 9 . Las memorias de Mosby y otros relatos (1971) trata sobre Harry Fonstein, un judío que se salvó del nazismo en la segunda Guerra Mundial gracias a la intervención de Billy Rose, una celebridad de Broadway. Pasan los años y Fonstein, ya convertido en un próspero hombre de negocios, quiere darle las gracias a Rose, pero éste nunca lo recibe, porque hacerlo implica volver al pasado 10 . En el relato que da el título al libro, el doctor Willis Mosby, un diplomático jubilado, decide que al volumen de sus memorias le está faltando humor, de modo que, mientras el narrador nos cuenta quién es Mosby, y Mosby se encarga de contarse a sí mismo las patéticas peripecias de un judío socialista devenido en capitalista por amor en la Francia de la postguerra: un tal Lustgarten. La estructura le conviene a Bellow por muchos motivos, uno de ellos es que en la combinación de tiempos y escenarios narrativos (el presente de Mosby

y los recuerdos de Mosby), quedan muchos resquicios para las ideas (filosóficas, políticas, sociales, económicas). La acción no es lo central aquí, en todo caso es un vehículo para otras intenciones. Sin historia, o con una historia hiper-fragmentada, intermitente y volátil, Bellow gana la apuesta. Al final del relato, tanto Mosby como Lustgarten existen para nosotros, han cuajado 11 . Después encontramos relatos como “Irse de la casa amarilla”; es el segundo y, tal vez, el mejor relato del volumen. La alcohólica y perezosa anciana Hattie Simmons vive sola en la casa que ha heredado de su empleadora ya fallecida. Su casa está en algún punto rural del oeste norteamericano hacia mediados del siglo XX. Hattie se rompe el brazo en un accidente; sin descendencia, sin familiares cercanos, apenas con un par de vecinos solícitos y otros hoscos, este relato (de estructura más “clásica” que el primero) es la historia de un carácter. “El viejo sistema” cuenta la historia del enriquecimiento de Isaac Braun, la enemistad mortal con su obesa hermana Tina y, detrás de todo eso, habla de la tensión inconciliable entre la espiritualidad y el materialismo. Excelente retrato de la vida de un judío rico de Chicago. “Buscando a Mr. Green” tiene algo de Beckett y algo de Kafka, aunque Bellow parece decidido a eludir las posibles interpretaciones alegóricas. Mr. Grebe debe encontrar a Mr. Green para darle un cheque de la beneficencia. Grebe es blanco, pero Green es negro y vive en un barrio negro donde las personas rara vez están un mes en el mismo sitio, y encontrar a un hombre, aún para darle dinero, no es una tarea simple. “Los manuscritos de Gonzaga” es la historia de la búsqueda de Clarence Feller, un estudioso de literatura española que llega a España en pleno régimen franquista con el fin de hallar las cartas de amor que un poeta republicano (¿Miguel Hernández?) le escribiera a cierta condesa. La pesquisa lo lleva a conocer diversos personajes que sistemáticamente le toman el pelo o lo increpan sobre la política bélica de EE.UU. En tanto, “Un futuro padre” es el peor cuento del libro, poco más que un chiste al que se le ha otorgado demasiado esfuerzo. Se podría decir que la mayoría de estos cuentos (a excepción del segundo y el tercero) han envejecido mal. Demasiado atados a un contexto histórico particula-


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rísimo, leerlos a la distancia puede provocar un placer por momentos más historiográfico que literario. Sin embargo, habría que preguntarse si toda la literatura ha de ser escrita con miras de perdurar, de convertirse en un clásico que atraviese las épocas. Si el lector piensa que sí, tal vez este libro, como tantos otros, no sea para él. Pero quizá convendría pensar en cuánta necesidad tienen ciertas épocas de ciertas obras, cuánta luz aportan en el momento necesario esas obras, aunque luego pase su tiempo y la luz cese o se aplaque. Algo de eso, pienso, puede haber pasado con estos relatos 12 . El legado de Humboldt (1975): durante muchos años, el gran poeta Von Humboldt Fleisher y Charlie Citrine, un joven completamente inflamado por el amor a la literatura, han sido los mejores amigos. Pero cuando le llega la muerte, Humboldt es un escritor fracasado y la vida de Charlie ha llegado a un punto crítico: su carrera profesional no avanza, está sumergido en un espantoso divorcio, liado con una mujer joven con la que no encaja y frecuenta compañías poco recomendables. ¿Cómo salir de todo eso? La última voluntad de Humboldt, que protege a su amigo Charlie desde su tumba, es un ‘legado’ que puede ayudarle a tomar de nuevo las riendas de su vida. El legado de Humboldt, según la crítica una de sus mejores novelas. Bellow recibió el Premio Pulitzer en 1976 por y tres meses más tarde fue laureado con el Premio Nobel de Literatura (1976) 13 . Ida y vuelta a Jerusalén (1976): Jerusalén es el pretexto de este libro de Bellow, pero también es testimonio impactante y atractivo, y es también un intento riguroso para llegar a entender la historia y el futuro de Israel. Bellow anota las diversas opiniones, pasiones y sueños de distintos israelíes: Yitzak, Rabin, Amos Oz, el editor del periódico en árabe más grande de Israel, un kibbutznik que escapó del gueto de Varsovia; Bellow va hilando esta historia a un mismo tiempo que nos sumerge en sus preocupaciones y dudas, pero también sumergiéndose en la cultura y los paisajes de este ‘pequeño estado en crisis permanente’, y añade sus propias reflexiones sobre ser judío en el siglo XX 14. El autor prosigue su análisis de la cultura contemporánea en El diciembre del decano (1982). Es un estudio reflexivo de su visita a Israel. Albert Corde, decano de la facultad de periodismo de Chicago, no está preparado para la violenta respuesta social que han tenido sus artículos sobre la corrupción imperante en la ciudad o su enredo en el proceso contra dos negros sospechosos del asesinato de un estudiante blanco. Acusado de traicionar a su ciudad, de ser un loco incívico y un racista, durante un viaje que le lleva a Bucarest, donde su suegra agoniza, Corde no puede evitar establecer severas comparaciones entre la corrupción y la deshumanización de la tiranía comunista, y las putrefactas y abandonadas calles de Chicago. Mediante la yuxtaposición de diferentes acontecimientos -tanto públicos como privadosque se suceden simultáneamente en ambas ciudades, Bellow ilustra hábilmente cómo el remolino de fuerzas que sacude al hombre contemporáneo puede reunirse para provocar su fracaso 15. En Son más los que mueren de desamor (1987) Bellow regresa al escenario del Medio Oeste de Estados Unidos. Kenneth, el errático narrador de esta novela, al explicar por qué abandona su París natal para trasladarse al Medio Oeste norteamerica-

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Podríamos comparar la portentosa galería de personajes del autor de Herzog con la de los mejores escritores de los últimos tiempos, y no encontraríamos gran diferencia: es una estética literaria oscilando entre el ser y el estar, entre el pertenecer a un mundo y a un mismo tiempo padecerlo.

no, dice: “Estados Unidos está donde está la acción”. Pero también desea estar cerca de su amado tío, el mundialmente famoso botánico Benn Crader, para aprender de él la sabiduría de la vida. Benn es un individuo inquieto: ha recorrido las selvas de la India, las montañas chinas, la jungla brasileña, la Antártida... ¿Por qué viaja tanto? Sumergirse en el estudio de las plantas no es suficiente para él; también busca satisfacciones humanas: sus constantes viajes tienen una razón erótica. Posee el fino humor de una farsa a la francesa. Buena parte de la acción se basa en iconos de la cultura popular norteamericana, como los dibujos de Charles Adams y Psicosis, de Alfred Hitchcock. Pero junto con el carácter tragicómico del argumento brilla un ingenioso examen de la sexualidad contemporánea 16 . En Ravelstein (2000) Bellow inicia el nuevo siglo contándonos una historia que transcurre en el Hotel Crillon de París. Abe Ravelstein y su amigo Chick celebran, entre lujos y excentricidades, el éxito del revolucionario libro del primero. Tras años como brillante profesor universitario, con un salario que no le permitía alcanzar la vida hedonista y fastuosa que tanto deseaba, Ravelstein se ha convertido por fin en un intelectual millonario. Así se inicia la travesía por las emociones y las ideas de estos dos fascinantes personajes, que recorren en sus valientes conversaciones temas como el amor, la historia, la política y el humor 17. La verdadera (2000): el autor de la memorable Herzog revela en esta historia el secreto muy bien guardado de un individuo solitario y desconcertante. En el pasado de Harry se oculta un primer gran amor que no ha muerto. Un millonario le impulsará a la imprevisible realidad, la de una relación hasta hace poco hipotético. Harry Trellman es un maduro y astuto hombre de negocios, nunca ha pertenecido a nadie: ni en el orfanato al que le envió su madre cuando era niño, ni en el instituto (era demasiado inteligente), ni en el trabajo. Sus relaciones con los otros son, como todo en su vida, extraordinarias e irregulares. Desde su atalaya de “malquerido”, Harry ha desarrollado un talento especial para calar a los demás. Y es por eso que el millonario Sigmund Adletsky le ha contratado como asesor personal. Adletsky no tarda mucho en descubrir que tras la estoica máscara de Harry existe una oculta pasión que ya dura cuarenta años: Amy Wustrin, una diseñadora de interiores divorciada dos veces. En la exhumación del cadáver de uno de los maridos de Amy, y en su traslado a su nueva sepultura, Sigmund brindará a Harry la oportunidad de revelarle a Amy esos sentimientos que ha atesorado durante toda una vida. En esta novela deslumbrante, Saul Bellow, cómico y sabio a un tiempo, reflexiona sobre la persistencia del primer amor18. Cuentos reunidos (2003): Saul Bellow es, quizá, uno de los más importantes prosistas americanos, y dentro de cincuenta años, también, alguien dirá que de la prosa universal. Su escritura registra no sólo el pesimismo de la vida como en sus otras obras; también refleja la alegría de la vida: la alegre libertad arrolladora de sus frases atrevidas. Estas cualidades están presentes en las historias cortas de Bellow tan plenamente como en sus novelas. Saul Bellow ha sido aclamado como uno de los mayores escritores de Estados Unidos. Durante más de sesenta años ensanchó la sensibilidad de sus lectores, su imaginación y sus corazones con hilarantes observaciones

sobre la vida y las personas. Este volumen reúne, por primera vez en bolsillo, todos sus relatos. Ricos, precisos, variados y exuberantes, despliegan la brillantez estilística y emocional que caracteriza a Bellow. Son un tesoro para sus seguidores de siempre y, a la vez, una manera excelente de adentrarse en su obra. Saul Bellow falleció el 5 de abril de 2005 a los 89 años, y fue uno de los mayores novelistas del siglo XX. Podríamos comparar la portentosa galería de personajes del autor de Herzog con la de los mejores escritores de los últimos tiempos, y no encontraríamos gran diferencia: es una estética literaria oscilando entre el ser y el estar, entre el pertenecer a un mundo y a un mismo tiempo padecerlo. A través de entrevistas y artículos en torno a él y su obra podemos percatarnos de que los grandes escritores, los auténticos al menos, nunca aceptaron del todo el mote de intelectual, y entre más escarbamos en sus vidas, ellos más tratan de alejarse. Termino con una cita de Herzog, una de las mejores obras, de este judío-americano, que nos ayuda a comprender la vida: Ahora puedo decir que me he librado de la principal ambigüedad que afecta a los intelectuales: y es que los individuos civilizados odian a esa civilización que hace posibles sus vidas. Lo que les atrae es una imaginaria situación humana inventada por su propio genio y que para ellos es la única realidad humana verdadera. ¡Qué extraño! Pero la parte de toda sociedad mejor considerada y más inteligente suele ser precisamente la más desgraciada.

Bibliografía 1. El hombre en suspenso (Dangling man, título original). Saul Bellow. Ed. Debolsillo. 2005 (1944). Traducción por Jordi Fibla. 2. La víctima, Saul Bellow, Ed. Debolsillo, 2005 (1947) Traducción por: José Luis López Muñoz. 3. Las aventuras de Augie March (The adventures of Augi March). Saul Bellow, Ed. Debolsillo. 1953. Traducción por: Patricio Ros y Carlos Grosso. 4. Carpe Diem, Saul Bellow, Ed. Debolsillo, 2011 (1956). 5. Henderson, el rey de la lluvia, Saul Bellow, Ed. Debolsillo. 1959. 6. Idem. 7. Herzog, Saul Bellow, Ed. Debolsillo, 1964 (2008). 8. http://www.criticadelibros.com/drama-y-elemento-humano/herzog-saul-bellow/ 9. El planeta de Mr. Sammler, Saul Bellow, Ed. Debolsillo, 1970 (2005). 10. Las memorias de Mosby y otros relatos, Saul Bellow, 1971 (1980). 11. http://clubdecatadores.wordpress.com/2011/08/16/las-memorias-demosby-y-otros-relatos-saul-bellow/ 12. Ídem. 13. El legado de Humboldt, Saul Bellow, Ed. Galaxia Gutenberg, 1975 (2009). 14. Ida y vuelta a Jerusalén, Saul Bellow, Ed. Península, 1976. 15. El diciembre del Decano, Saul Bellow, Ed. Debolsillo, 1982. Traducción por Jesús Pardo. 16. Son más los que mueren de desamor, Saul Bellow, Ed. Debolsillo, 1987. 17. Ravelstein, Saul Bellow, Ed. Debolsillo, 2000. 18. La verdadera, Saul Bellow, Ed. Alfaguara, 2000.


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CREACIÓN

Confesiones de un adicto a la noche Rafa Saavedra (1967-2013) The longer the night lasts, the more our dreams will be. Proverbio chino

M

e gusta la noche. Lo digo tranquilamente desde un lugar preferencial, a punto de tomarme otra cerveza, camino al dancefloor, inmerso en una sensación radiante que hace creer al personal que está en el punto que deber estar. Sí, soy un animal nocturno pero nunca en el sentido prosaico, aburrido y domesticado que enarbolan ciertos programas televisivos. Mi nocturnidad es de esas que hacen de cada hombre y cada mujer una estrella, que nos recuerda que la buena vida puede estar en cualquier sitio, que provoca esa necesidad urgente de convivir y fluir. Lo acepto: nunca he sido bueno para sentarme muy tranquilo y aplaudir con distancia televisiva. Salir es una aventura, la mejor droga, el momento en que las cosas, aún las más weirdas, pueden ser posibles. Salir es provocar el desborde, perder un poco el control, (p)resumir estrategias y tácticas de supervivencia, ponerlas en práctica, divertirse en ello. Salir es encontrarse con otros, segregarse de los otros, unirse a éstos y aquellos. Salir de noche es atreverse a vivir cuando los demás han claudicado. No soporto lo homogéneo: gente de una misma clase social o edad, uniformada, con los mismos prejuicios y vicios en un área determinada. Prefiero el remix, todo aquello que derribe estereotipos o los reinterprete, que haga caducos los valores actuales y los transmute en algo mejor, más libre, menos preocupado por lo “auténtico” y ese “estar mejor” que tanto criticaba Breton. Tampoco me gustan los bares que insisten en vivir de su leyenda y sucumben ante la avalancha de oficinistas y estudiantes en día festivo ni los clubes con velvet rope y su elitismo tan demodé. La noche no debe ser vista como una comodidad o privilegio; en cualquier caso, debe asumirse como una experiencia vital. Lo tengo claro: no es lo mismo vivir de noche que vivir la noche. Vivir de noche es lo que ha-

cen, por ejemplo los meseros en los bares, los guardias de seguridad, los veladores, los médicos de guardia. Vivir la noche es otra cosa. Por eso, disfruto recorrer los lugares de los que nadie es, pero a los que todo mundo podría pertenecer (Antonio Melechi dixit). Así, trasnochar se opone, de algún modo, a la ética puritana, a los postulados del capitalismo feroz y, de pasada, al ejercicio de control del Estado. La noche en su faceta más subversiva cambia tantas cosas, de ahí su peligrosidad. Siempre me ha gustado la idea de la noche de farra como un corte de mangas social.

… En la noche, la sociedad baila y resiste, los militantes más radicales de los partidos políticos más conservadores cogen y esnifan, los jóvenes pierden algunas neuronas o mueren en el intento. Sí, pero no sólo eso: en la noche aprendemos a (re)conocernos, a gozar(nos), a reinventar nuestro papel social. Reapasionar la vida es una intervención activa; al salir de noche hacemos planes que tal vez un día se hagan realidad. En mi noche no hay sacrificio de ideales, funciona como una posibilidad de abstraerme de la rutina que me da casi siempre, vaya fortuna, una solución lateral o angular a mis problemas más inmediatos. Así, lo decadente, salir en las fotos, lo hip & trendy & cool, ser testigos en primera persona de lo que está pasando, señalar la ruta precisa y otros detalles menos interesantes pasan a segundo término. En la nocturnidad, nuestra aparente frivolidad se convierte casi en una postura política, en un modo de enfrentarse momentáneamente al mainstream que, como ya se sabe, terminará por engullirse todo y a todos. La noche es tan sólo una ampliación en el campo de batalla cotidiano. La noche hace (in)visible de lo que ocurre en otras esferas de la vida pública.

… Por cierto, es mentira eso de que en la noche todos los gatos sean pardos. Si uno tiene buena vista y algo de educación, distingue y diferencia. El color –estilo, pose, maneras- delata. Por eso, la noche

no es para los diletantes advenedizos ni para los ejecutivos con crédito ilimitado y sus antípodas (esa caravana de barflies y gentepeste). Cuando la noche se traga al día, sólo algunos pueden resistirlo, salir ilesos y contarlo lo vivido. “The weekends are for wussies” fue el eslogan de un club sandieguino por muchos años. Por eso puedo entender el going out every night con la misma urgencia de quienes fabrican bombas caseras que intentan hacer estallar algo más que el sueño de la (pos)moder-nidad. Sí, a veces como decía Bukowski el humo de las horas de fiesta es una meada ascendente en la cara de cierto sector social. Los años no me han calmado. Sigo saliendo casi todos los días, casi todas las semanas. Siempre hay algo interesante que hacer en la city, algo por conocer o vivir como si fuera la primera vez: de aquellos Paseos Inmorales por los bares a la Ruta Artsy de galerías, del bajón que significó el anunciado fin de las horas extras y barras libres a la euforia descontrolada del nuevo ocio. Salir hoy es no dejar de vivir, no dejarse vencer por el crimen y la impunidad, tratar de enfrentar sonriendo a ese social disease del que hablaba Warhol, vencer la tendencia individualista y formar parte, por lo menos en algún instante, de una comunidad en llamas. Hoy el gran reto es no aburrirse: sé que si me aburro en 2 minutos, me aburriré la siguiente media hora. Hay noches en las que no vale la pena esforzarse. Sí, a veces no conviene ser un maldito optimista. Lo que nos salva? Siempre habrá otra oportunidad para gozar alguna fiesta en otro sitio. © Rafa Saavedra. Tomado del archivo en la bitácora Bukónica de R. S. 1) Tijuanense. 2) Cronista snobground. 3) Fanzinero-revistero de luxe (Psychocandy, El Centro de la Rabia, Velocet, Radiante) . 4) CDJ en alza (style + songs + bagaje cultural). 5) Escritor beyondeado con tres libros de relatos editados: Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio (La Espina Dorsal, 1996) y Buten Smileys (Yoremito, 1997), Lejos del Noise (Moho, 2003). 6) Productor de Selector de Frecuencias (a very cool radio show). 7) Fotógrafo de escenas y nimiedades. 8) Bloguero posteverything.


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Vidas librescas FORMASBREVES::JAIMEMARTÍNEZOCHOA

B

UKOWSKI. Escribí un cuento que relataba el viaje de una pareja de novios en fase de destrucción por las playas michoacanas. Visitaban varios poblados, paseaban por las playas, entraban en los caminos costeros y durante todos los paseos no hacían otra cosa que beber alcohol, pelearse y gritarse. Era un relato en el que no escaseaban los insultos, los reproches, las borracheras, los golpes, los vómitos. Días después de que el relato saliera publicado en un suplemento de la ciudad, un hombre de edad se acercó a mi casa y me regaló un libro de Charles Bukowski. Le va a gustar, me dijo. Yo seguí con mis lecturas atrasadas, sin hacer caso del obsequio. A la semana siguiente, el hombre volvió a acercarse a mi casa y de nuevo me regaló un libro de Bukowski. Yo seguí sin prestarle atención. Para no hacer el cuento largo, baste decir que el hombre volvió a aparecerse en otras dos ocasiones, de nuevo con libros de Bukowski. Al final tuve que cambiar de casa. Me daba pena decirle a aquel hombre que si había un escritor que yo detestara era precisamente Bukowski. Que yo escriba acerca de parejas perdedoras no significa que me guste leer basura. Eso es lo que hubiera debido decirle, pero temí herir sus sentimientos. Mejor mudarse de casa.

Charles Bukowski.

BAUDELAIRE. Lo conocí en una comida de críticos literarios. Que era manchego yo lo sabía porque había leído una parte de su biografía, pero también porque las cejas gruesas y la quijada pronunciada delataban al oriundo de esas regiones por las que un día anduvo el ingenioso hidalgo, Don Quijote de la Mancha. Era un experto en Baudelaire. Todas sus tesis de estudios las había hecho sobre el poeta francés y, por si algo faltara, seguía sacando, año con año, algún librito sobre él. Decía que el autor de Las flores del mal era una fuente inagotable de sabiduría. La decepción empezó cuando nos sentamos a la mesa y él sacó, de su mochila, una tortilla de papas que alguien le calentó en el microondas. Nos contó que apenas al llegar a México se le había ocurrido comer algo de picante y fue a dar con su cuerpo al hospital, donde permaneció una semana. Desde ese día sólo comía tortilla de papas y jamón. La segunda decepción provino al saber que no le gustaba el alcohol. En su vida, dijo, había bebido una cerveza y ni siquiera el vino tinto o el blanco se le antojaban. Debo decir que esas decepciones no nos amargaron la noche. Todos los críticos comimos los deliciosos antojitos mexicanos que nos había preparado el anfitrión y degustamos el mejor mezcal del mundo (o de México, para no ser exagerados). Al fondo de la mesa, entre botellas de agua, el

Charles Baudelaire.

crítico español disertaba sobre Baudelaire con tono doctoral. En la madrugada, mientras me dirigía a mi casa, me repetí los versos famosos: «Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso. Ya en mi casa, me pregunté: ¿Cómo se puede ser experto en Baudelaire y no tolerar los platillos fuertes y el alcohol? Pues se podía, para mala suerte de la literatura. DYLAN THOMAS. Un grupo de amigos y yo nos reunimos en un bar con la peregrina idea de romper el récord etílico del poeta Dylan Thomas y vivir para contarla. Como se sabe, según la leyenda el poeta irlandés se metió a un bar y se bebió 18 vasos de whisky, lo que le ocasionó la muerte. Se dice que sus últimas palabras fueron las siguientes: «he bebido 18 vasos de whisky, creo que es todo un record». Si bien algunos han puesto en duda esta leyenda, eso no nos importó a nosotros, que nos reunimos en torno a varias botellas de escocés. Lamento decir, sin embargo, que no sé si se cumplió algún récord, pues al séptimo vaso ya todos andábamos perdidos y lo único que pasó fue que uno del grupo terminó en el hospital, sangrando por la nariz y temblando como un enfermo de frío. Nues-


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SÁBADO21DESEPTIEMBREDE2013

Dylan Thomas.

tro amigo vivió para contarla y después propagó por toda la ciudad que él sí había bebido los 18 vasos reglamentarios, lo que, sin duda, también es una leyenda. No seremos Dylan pero sí somos borrachos y ya estamos planeando un nuevo sorteo, con un árbitro imparcial y un notario que dé fe de los hechos. Esperamos esta vez sí mantener el control. EDGAR ALLAN POE. Es curioso cómo algunas cosas saltan a la luz sin que uno lo espere. Algunos lo llaman intervencionismo cultural y otros oportunismos o ganas de ponerse un disfraz de hipsters. El caso es que una noche, mientras estaba en casa, encendí la televisión y vi un programa en el que un asesino serial, profesor de literatura, para más señas, utilizaba a Edgar Allan Poe como fetiche para sorprender a las autoridades. Siempre que cometía un asesinato, el sujeto dejaba una tarjetita con un verso o una línea de un cuento del autor nacido en Boston. Con esto pretendía medir la inteligencia de los policías, pues dudaba mucho de que hubiera un detective que supiera encontrar las coordenadas de sus mensajes cifrados. Y como era una serie de televisión, había un detective que, justamente, sí lo sabía y estaba a un paso de aplicarle el zarpazo. No sé cómo seguía la serie, pues yo sólo vi unos cuantos capítulos pero una tarde me encontré pensando en cuál habría sido la reacción de Poe de ver esa serie, en caso de que esto hubiera sido posible. Quizá le habría gustado un poco la estrategia del asesino serial, pero le repugnaría que lo convirtieran en un paradigma cultural de una televisión que hasta cuando se cree inteligente es tonta. No sé, eso pienso yo.

Edgar Alan Poe.

México y los libros electrónicos TECNOLOGÍA:: PORMANUELLÓPEZMICHELONE

H

ace apenas unos días Amazon anunció que iniciaba actividades ya en México. Aunque lo están haciendo aún de forma limitada, las perspectivas de que vaya incorporando nuevos productos y servicios parece ser simplemente cuestión de tiempo. Para un país que lee poco, parece que Amazon es un desperdicio pero quizás ellos han visto más y posiblemente esta tienda gigantesca de libros resulte hasta beneficiosa al país. Por ejemplo, Amazon empezará a vender en el país su Kindle (no sé qué versiones estarán disponibles aún), pero es claro que esto podría propulsar la venta de libros electrónicos para esta clase de dispositivos. Aquí la pregunta obligada parece ser: ¿lograrán los libros en formato electrónico terminar por gustar más que sus versiones en papel? ¿Será el precio el catalizador para que los libros electrónicos logren quedarse en el gusto de los consumidores? Es claro que los libros electrónicos tienen ventajas contra sus similares en papel. Por ejemplo, simplemente no pesan. En el Campeonato Mundial de ajedrez que se llevó a cabo en Filipinas, a fines de los años setenta, entre Anatoly Karpov y Viktor Korchnoi, el primero llevaba un grupo de asesores en el juego ciencia, grandes maestros -desde luego- y unas maletas con 60 kilos de peso con libros sobre las diferentes fases del ajedrez. Hoy en día en el Kindle, esa cantidad de libros no pesan más que lo que pesa el dispositivo lector. Sin embargo, los libros electrónicos tienen algunos inconvenientes. Por ejemplo, se requiere de un dispositivo lector, llámese Nook (de Barnes&Noble) o Kindle (del propio Amazon) y éste tiene un costo que va entre los 100 y 150 dólares, aproximadamente (aunque los hay más costosos, dependiendo de las prestaciones y lo que pueden hacer estos aparatos). Al menos el dispositivo lector se compra una sola vez. Aparte de esto, hay que comprar los libros electrónicos y las empresas que generan estos contenidos han inventado sistemas para evitar que los usuarios se copien los libros unos a otros. Y en mi opinión parecen haber logrado un éxito razonable en su campaña antipiratería. Gracias a la “tinta electrónica”, los libros

en formatos como ePub o PDF pueden leerse con la misma facilidad que los libros en papel pues se ven casi igual que los libros impresos. Pueden además agregarse notas (las cuales podemos esconder si otro lee el libro en nuestro dispositivo), si eso queremos. Digamos que la tecnología digital nos da posibilidades inimaginables. Incluso bien podríamos comparar las notas de otros lectores sobre algunos temas en algún libro en particular. Por supuesto que un dispositivo lector como el Kindle requiere de cuidados. Por ejemplo, puedo dejar un libro en mi coche aunque haga un calor extremo, o bien, puede mojarse sin querer. Sí, las hojas quedarán como “acordeón” pero el libro será leíble. Si pensamos en estas condiciones extremas, un Kindle, por ejemplo, podría dejar de funcionar o de plano volverse inservible si el agua causa daños en algunas partes importantes. Pero yo esperaría que las ventajas de los libros electrónicos superaran las dificultades. Para ello quizás sólo falta un elemento: que los libros virtuales, en formato electrónico, sean radicalmente más baratos que sus contrapartes en papel. ¿Ocurre esto ya? Me temo que no. Veo la página de Amazon, (sí, en la sección de ajedrez) y encuentro que la diferencia en muchos libros (por ejemplo de la editorial Everyman chess), la diferencia entre las versiones de papel y la electrónica es como del 5% del valor del libro en papel, es decir, si un libro en papel vale 20 dólares, su contraparte electrónica vale 19 dólares. Parece poco interesante esa oferta. Sin embargo, pensemos en lo que cuesta hoy en día comprar un libro en papel en Amazon para México. En ese sentido, comprar la versión Kindle puede salir 19 dólares, pero la versión en papel saldrá 20 dólares Y los cargos de envío, que bien pueden ser de entre diez y veinticinco dólares, dependiendo del tipo de servicio de entrega que queramos. Aquí pues, ya se ve una diferencia significativa. Las preguntas serían, a los amables lectores: ¿qué prefieren ustedes, los libros en papel o los electrónicos? ¿Cuántos de ustedes ya tienen un Kindle para leerlos? ¿Se comprarían uno o tienen planes de adquirirlo en un futuro cercano? ¿Qué otros peros les encuentran a los libros electrónicos.


8|LETRAS~CAMBIODEMICHOACAN

SÁBADO21DESEPTIEMBREDE2013

MIR(Í)ADA

Imaginar e ilustrar. Los destinos de Lady Orlando JUAN CARLOS JIMÉNEZ ABARCA

juancjimeneza@gmail.com

L

as apariencias engañan. Dentro de una exposición sencilla (en sus contenidos y su montaje) pueden encontrarse gratas sorpresas. Digo esto concretamente sobre la muestra Destinos privados de Lady Orlando que por esdel sol que agita sus rayos con la misma intensidad de las olas en la parte inferior. Si estas imágenes son reproducciones ¿dónde están los originales? La vitrina del centro de la sala contiene la respuesta. Lady Orlando desarrolla sus ilustraciones en libretas de pequeño y mediano formato, aquéllas que pueden transportarse en una mochila y trabajarse en cualquier lugar de la casa, el estudio o espacios exteriores. Acudir a la libreta como soporte de la imagen gráfica, dibujística o plástica, en ocasiones equivale a llevar el taller a donde se quiera. Siempre disponible, cualquier lugar se presta para desarrollar una imagen sugerida por los acontecimientos del ambiente, el tiempo vivido, aquellas imágenes que la conciencia no pide sino que le llegan en un momento inesperado. Una libreta en mano se vuelve fundamental cuando lo que desea plasmarse tiene que ver con las ensoñaciones y la fantasía. Considerar esto es importante ya que en la muestra se resalta la recurrencia de la autora a contenidos oníricos. Este término -lo mismo tratado por el arte, la literatura o la psicología- usualmente lleva una carga de nocturnidad. Los sueños son las experiencias de la vida mientras dormimos. Su contenido, su narrativa, su impresión en la psique se relaciona con la vida diurna llevada al campo de la actividad desbordante del soñador. Pero hay que reconocer que las ensoñaciones trascienden el terreno de la noche. Una caminata por

miriadacolumna.blogspot.com

tos días se ubica en la sala Efraín Vargas de la Casa de la Cultura, en Morelia. A primera vista se trata de una exposición de dibujos que, si se observa con cuidado, en realidad se compone de reproducciones digitales.

la calle o el bosque, la charla con alguien conocido, la mirada extraviada en algún sitio siempre diferente a donde la imaginación se proyecta. Cada evento de la vida diurna puede ser un detonante de elementos libres, asociaciones inesperadas, sugerencias poéticas que, con la herramienta adecuada a la mano, se vuelve imagen, palabra o forma fácil de compartir con el simple despliegue del interior de la libreta diciendo: “mira”. Un sentido lúdico y pueril habita en las imágenes de la exposición. No solo se aprecia por esa curiosa y omnipresente característica de la ilustración de Orlando, que consiste en ovaladas mejillas de color en todos sus personajes. El rostro de la joven Ophelia (2009), trágicamente muerta y sumergida en el río tras caer de una rama (de acuerdo al relato de Shakespeare en Hamlet), parece aún con vida y plena de sentimiento con sus mejillas rosadas y la boca del color de las flores que adornan su cabello.

Una pieza específica –Ocean of tears- delata el conjunto de imágenes puesto que el pixelado se hace evidente en la falda de una mujer que llora sobre un mar en el que navega un barquito de papel. El cabello se corona con la circunferencia

El juego y la fantasía se manifiestan en los temas abordados, que sugieren su aparición motivados por la literatura y la naturaleza animada por vínculos entre personas y animales. Ejemplo de esto es El oso en mí (2011), Benjamin’s portrait (2009) y Doublespread (2010). Los corazones compartidos entre hombre y oso, corrientes abiertas entre el pájaro caído y el pecho de un joven, la mirada cándida de un lobo con cuerpo humano rodeado por un umbroso bosque. A pesar de la evidencia de la condición reproducida de la obra original, destaca la manera de trabajar de Orlando que involucra la dedicación que sólo da la disciplina y la constancia. Los claroscuros, lo abundante de los trazos pequeños para desarrollar texturas y superficies, sombras duras y suaves, dotan a cada imagen de una limpieza admirable que lo mismo funciona para la formalidad de caricatura o retrato realista. Y esto hace que cada imagen se adivine como resultado de una mez-

A pesar de la evidencia de la condición reproducida de la obra original, destaca la manera de trabajar de Orlando que involucra la dedicación que sólo da la disciplina y la constancia

cla entre imaginación y conciencia. El contenido original, como lo dice el texto de sala, puede provenir de los sueños; pero la realidad de cada ilustración, de cada dibujo, proviene de la conciencia y el control total de la triada mente-ojo-mano. Y es que los sueños sólo adquieren su pleno sentido cuando son aprehendidos por la conciencia en vigilia. El misterio de lo onírico dura lo que mente tarda en revelar sus secretos y su lógica interna. El sentido original de lo que se denomina “ilustración” (al menos en la producción plástica) se refiere a lo que amanuenses y otros pintores antiguos desarrollaban. Ilustrar era –como puede adivinarse en la palabra- arrojar luz hacia las cosas para darles forma. La fuente lumínica era el fundamento de todas las superficies al dotarles de límites que imponían a la energía irradiada. Las sombras, ese campo donde la luz no llega, también constituyen elementos importantes para la conformación del mundo. Y así, entre el negro y el blanco, suceden todos los grises y los colores. Todo esto ya se sabía mucho antes que apareciera la palabra “colorear” que establece la diferencia entre delinear la forma y el vivificarle cromáticamente. Destinos privados representa ese lugar que habitan las formas que Orlando proyecta ilustrando desde la imaginación. Un lugar individual ubicado en libretas e influenciado por la literatura universal, el animé y otras formas de imaginación global que permean la cultura actual.


Letras 21 de septiembre