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[ Letras ] DE CAMBIO

SUPLEMENTO DE CULTURA DE CAMBIO DE MICHOACÁN | NUEVA ÉPOCA | COORDINADOR: VÍCTOR RODRÍGUEZ MÉNDEZ | 17DEMAYODE2014|

La undécima musa

Catorce años sin Pita Amor AGENCIAS | PAG. 2

Poema de María Victoria Atencia ARMANDOPONCE|PAG.4

Cuentos cortos para lectores grandes de Vivian Mansour GREGORIOMARTÍNEZMOCTEZUMA|PAG.4

¡A leer! IRMAA.BARQUETRODRÍGUEZ|PAG.6

Beber honestamente ALASAZÓNNETZAHUALCÓYOTL ÁVALOSROSAS|PAG.5

Xavier Dolan, el niño prodigio ELTERCEROJOSYLVAINPROVILLARD| PAG. 7

Las flores del argelino CREACIÓNMARGUERITEDURAS|PAG.8

Ahí va la loca SERGIOYEYOPIMENTEL|PAG.3


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La undécima musa Catorce años sin Pita Amor AGENCIASNOTIMEX/ELUNIVERSAL

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uadalupe Amor, la llamada “Undécima musa”, fue una poeta mexicana sui géneris, que forjó su obra con temas metafísicos, escritos en primera persona. Además, junto con la poeta Nahui Ollin (1893-1978), se la considera una precursora de la liberación femenina en México. A catorce años de su muerte, el pasado jueves 8, se la recuerda como una mujer bella, inspiración de fotógrafos y pintores como Cordelia Urueta, Martha Chapa, Raúl Anguiano y Diego Rivera. Este último la pintó desnuda, pese al disgusto de sus padres, los aristócratas Emmanuel Amor Suverbielle y Carolina Schmidtlein García Teruel. De acuerdo con el sitio especializado en literatura epdlp.com, Guadalupe Teresa Pita Amor Schmidtlein nació en la Ciudad de México, el 30 de mayo de 1918, aunque en su sangre predomina la ascendencia española, alemana y francesa. Desde muy pequeña hizo suyo el gusto por la poesía, pues, según declaró a la prensa, después de la cena, su familia acostumbraba leer poemas de Luis Góngora, Francisco de Quevedo, sor Juana Inés de la Cruz y de Ramón López Velarde, personajes ilustres que influyeron en ella y sus escritos. La poeta y narradora, la menor de siete hermanos, realizó sus estudios en el Colegio del Sagrado Corazón. De acuerdo con datos biográficos del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), fue una mujer con la sensibilidad a flor de piel, pero que gustaba de la soledad, que vivió rodeada de lujos, aunque la pérdida de la riqueza familiar en Morelos provocó que constantemente su familia recurriera al Monte de Piedad para empeñar y vender los tesoros que habían logrado rescatar del desastre económico que trajo consigo la Revolución. Durante su adolescencia ansiaba dejar su hogar paterno y ser adulta, por lo que lo reflejó en su costumbre de portar vestidos escotados, mantones, capas y no usar ropa interior ni medias. Se fue de su casa antes de cumplir la edad adulta, para comenzar una singular vida de soltera, época cuando organizaba reuniones en su departamento en Río Duero y Pánuco. A estos eventos sociales asistían hombres que la amaban, mujeres que la asediaban y grandes personajes de la lengua escrita, entre los que se cuentan Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Garro, Juan José Arreola, Pina Pellicer y José Revueltas. El primer escándalo público de la narradora mexicana fue a los dieciocho años, al convertirse en amante de José Madrazo, un rico ganadero de sesenta años, dueño de la ganadería de toros La Punta, con quien mantuvo una larga relación. También fue conocida por involucrarse con toreros, pintores, artistas y escritores. En el ámbito profesional fue conductora del programa La Señora de la Tinta, de Canal 11, y Variaciones sobre un motivo poético, de Radio Universidad. En cuanto a los medios impresos, publicó en diferentes revistas, suplementos y diarios como

Pita Amor, de joven (arriba) y en sus últimos días (sobre estas líneas).

America, Hoy, El Nacional y México en la cultura, cita la biografía de la artista mexicana en revista electrónica revistadelauniversidad.unam.mx. Su belleza y personalidad le permitieron incursionar fugazmente en el cine como actriz, en Cadetes de la Naval (1944) y El que murió de amor (1945). Apasionada y polémica, fue apadrinada poéticamente por el ensayista Alfonso Reyes (18891959). Entre sus libros de poemas se destacan Yo soy mi casa (1946), escrito donde habla de su niñez; Puesta obstinada (1947), Círculo de angustia (1948), Polvo (1949), Décimas a Dios (1953), Todos los siglos del mundo (1959) y Soy dueña del universo (1984). Cuando tenía alrededor de 41 años decidió tener un hijo, que al sentirse incapaz de criar decide dar en custodia a su hermana mayor. Sin embargo, Manuelito, como se llamaba su hijo, murió ahogado en una pileta, cuando tenía poco más de un año, evento que le provocó una crisis, su vida personal se volvió silenciosa y descuidó su aspecto físico. Aparece nuevamente en los años ochenta, como una mujer insolente y arrebatada pero diferente. Después de diez años decidió dar un recital en el Ateneo Español, donde proclamó poesía mexicana de sor Juana Inés de la Cruz, Salvador Díaz Mirón, Manuel José Othón, Xavier Villaurrutia y Ramón López Velarde, entre otros. Estuvo en cama por más de dos años, acompañada de los fantasmas que siempre quiso olvidar: la soledad y el abandono. El 30 de mayo del 2000 dejó de existir una mujer brava que supo abrirse paso en la tierra de los poetas, y con ella se fue también una época de México. De Pita sólo quedan recuerdos, entre ellos, sus huellas plasmadas en la Zona Rosa.


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Ahí va la loca... PORSERGIOYEYOPIMENTEL

Y

o tenía 19 años y mis bisnes estaban en la Zona Rosa. Iba diario, y diario pasaba a mi lado Pita Amor. Era como en esta foto (a la derecha) pero mucho más vieja, encorvada. Siempre con un paraguas distinto, flores sobre la cabeza, un bastón y de velo arrastraba un mar profundo. Era como en la foto pero a cientos de colores. No pasaba, desfilaba. Un día hablando sola y otro no. De repente se detenía y comenzaba a erguirse cómo un dibujo de Pink Floyd y decía un poema en voz alta para que todos los pobres que caminaban por ahí escucharan a la loca con la que habían tenido la fortuna de toparse sus vidas grises, con pronóstico de lluvia y de autobuses llenos. Recitaba predicando, alto, como si se hubiera tragado un megáfono, y a veces, entre versos soltaba paraguazos a los perros o a los postes o a los niños. Neta. Y todos la veían y se hacían a un lado o decían bajito: mira a la loca. Y la loca seguía recitando sin mirar a nadie. Nunca la vi voltear a los lados para cruzar la calle. Era mi superhéroa. Un día la seguí hasta el Sanborns de la esquina. Vi que se metió y corrí para ver el desmadre que haría. Llegó hasta el restaurante, se detuvo frente al pedestal don-

de se asignan las mesas y como no había nadie, gritó (espero nunca olvidarlo): ¡Atiéndanme, bellacos! Llegó corriendo un terrícola con traje y corbata, la tomó del brazo y la escoltó hasta una mesa de esas enormes para seis u ocho personas con sillones que dan la vuelta en forma de herradura. Pita se arrastró despacito hasta llegar justo al centro, como si tomara posesión de un trono. Alzó la cabeza y gritó algo que ya no entendí. Y ya, creo que fue la última vez que vi a la loca. Durante mucho tiempo busqué mujeres como ella. Esa fue mi perdición. Tengo pegado en la puerta de mi refrigerador ese poema suyo que dice… En mí siempre el mismo tema: el de la angustia redonda, y es que mi razón ahonda el centro de mi sistema. Vivo un eterno problema: a mi ser lo veo perdido, ¿con qué fin habrá nacido, si tan sólo es una sombra a la que el vivir asombra sin encontrarle sentido?

… y me le quedo viendo, tratando de atrapar su voz.

María Victoria Atencia La poeta malagueña María Victoria Atencia, nacida en 1931 y primera mujer en obtener el Premio de Poesía Iberoamericano Reina Sofía, escribió el libro La intrusa en 1992, publicado por editorial Renacimiento en Sevilla. De ese ejemplar, que perteneció a José Emilio Pacheco, quien la antecedió en el galardón, se tomó el poema que da título al volumen. Fue proporcionado a la agencia de noticia de Proceso por Cristina Pacheco, y se reproduce a continuación.

Tome a esa intrusa que te recorre en sueños, Se aloja en tus palacios con el epso de un humo (que no roza la acera, Presencia porfiada sobre tu traza antigua, Siempre al aguardo del desfallecimiento Y de unas luces fatuas que se mudan de sitio, Allá, barranco abajo, sobre unos huesos sepia.

Desde luego, este libro habría estado entre los materiales de JEP para el Inventario que dedicaría a Atencia. (Por Armando Ponce)


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Cuentos cortos para lectores grandes de Vivian Mansour ENTREVISTA ENTREVISTA::PORGREGORIOMARTÍNEZMOCTEZUMAtallereando@yahoo.com.mx

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urante la 33 Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil del año anterior, la reconocida y laureada escritora Vivian Mansour presentó un libro doble: Había una vez, pero al revés/ Cuentos de cabeza (Ediciones El Naranjo/ Círculo Editorial Azteca, México, 2013), ilustrado por Mariana Villanueva y Estelí Meza, respectivamente. En el primero recrea historias infantiles clásicas, como las de Caperucita Roja y Cenicienta, entre otras, para darles un aire novedoso, actual, cercano para los lectores infantiles, a quienes ha dedicado gran parte de su actividad creativa. En el segundo, a partir de situaciones propias del mundo de los adultos, reúne catorce historias frescas, contemporáneas, ideales para leer entre lectores chicos y grandes. En suma, este nuevo libro de Vivian Mansour, con veinticuatro cuentos, la ratifica como una de las mejores escritoras mexicanas de los días que corren porque, como ya es de sobra conocido, escribir buena literatura o de calidad no es asunto de género o nicho, sino sólo hacerlo bien, de manera decorosa, innovadora, sin caer en afectaciones, tal como lo hace la también autora de Lotería de piratas. Enseguida, una entrevista con motivo de su nueva producción literaria.

—Vivian, ¿sigues un método de escritura o cómo “armas” una historia antes de escribirla? Es decir, ves algún acontecimiento o escuchas una noticia o cómo lo haces... —Generalmente, hay un detonador creativo, con esto quiero decir que el estímulo que origina una historia puede ser, o surgir de, cualquier cosa: el fragmento de una conversación, un recuerdo de la propia infancia o hasta de un olor agradable o desagradable. —En ese mismo sentido, ¿cómo armaste este libro doble, que tiene una estructura evidente: paráfrasis o glosas de cuentos clásicos o conocidos y una reinvención de situaciones contemporáneas, familiares para los lectores actuales, chicos o grandes? —Todo surgió porque un día estaba con mi familia viendo un partido de futbol mientras mi hijo de once años se arrullaba con su cobija de bebé –que se rehúsa a dejar– y me dio risa imaginar al Chicharito, que estaba jugando futbol en ese momento dando un partidazo, pero que en el medio tiempo tuviera que ir corriendo a los vestidores a arrullarse con su mantita. Imaginar esa escena detonó una serie de situaciones absurdas o alrevesadas de adultos comportándose como niños. Estoy segura de que tanto los niños como sus papás se van a divertir mucho con estos cambios de roles. —Pero ¿por qué no mejor uno en lugar de dos libros? —Este libro está planteado como un “dos en uno” porque, por un lado, están estas historias de adultos que se comportan como niños y en la otra portada descubrimos una serie de cuentos clásicos en los que les doy un giro a las historias que todos conocemos. Los personajes de las historias clásicas –al igual que el estereotipo del mundo adulto– siguen ciertos esquemas ya conocidos. Me pareció


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interesante crear cierto “desorden” tanto en el mundo adulto como en el imaginario de los cuentos infantiles. —De acuerdo, ya tienes “el tema o el asunto”, ¿cómo es el proceso creativo de cada cuento, sobre todo si pensamos en que hay planteamiento, conflicto, clímax... además de precisión, concisión e imaginación, incluso algunas figuras retóricas (metáforas, por ejemplo,) deslumbrantes? —En lo personal, tengo muy claro el arranque de la historia y el final. Lo que sucede en medio lo voy descubriendo poco a poco y puede haber muchos cambios en el camino. Los personajes y las situaciones a veces son los que toman el control de la historia y todo puede suceder. —Quizás no sea la intención, pero en tus historias (en las de este libro) hay una especie de “moraleja implícita” o una manera de entender al mundo más acorde con los cambios experimentados en los últimos años. ¿Qué tanto incide la literatura en la formación de valores o de actitudes y comportamientos en los lectores infantiles y púberes? —No suelo buscar las enseñanzas o las moralejas en las historias que escribo, prefiero que los niños se diviertan leyendo, encuentren un sentido lúdico y sin mensajes explícitos en la lectura. De cualquier modo, el lector suele formarse sus propias conclusiones y ése es un trabajo personal que a mí no me gusta dirigir. —Por último, ¿cómo trabajas con las ilustradoras: al concluir un texto, al terminar el libro o les cuentas la historia? —En esta ocasión fue decisión de las editoras de El Naranjo. Es muy emocionante porque la ilustración forma parte fundamental de la literatura infantil y su trabajo no es un complemento, sino una coautoría. ¿Cuántos de nosotros no hemos elegido un libro por las ilustraciones, como el vínculo inmediato entre el lector y el autor…? En otras ocasiones sí se nos permite a los autores involucrarnos con el ilustrador, pero en este caso fue una agradable sorpresa conocer a estas dos excelentes y jóvenes ilustradoras: Estelí Meza y Mariana Villanueva.

VIVIANMANSOURMANZUR

Nació en el Distrito Federal y es egresada de la Universidad Iberoamericana, en la carrera de Ciencias de la Comunicación. Ha trabajado en el área creativa en varias agencias de publicidad. Ha sido jurado en múltiples concursos de cuento infantil y ha impartido talleres y conferencias vinculadas con el quehacer literario. Ha colaborado en distintos medios como radio, televisión y revistas. Ganó el Premio de Cuento para Niños de la Feria Internacional Infantil y Juvenil (FILIJ) en 1995 y varios de sus libros han sido seleccionados para formar parte del Programa Nacional de Lectura.

SALUD

Beber honestamente A LA SAZÓN :: POR NETZAHUALCÓYOTL ÁVALOS ROSAS Alcoholismo es la perdida de la libertad frente al alcohol. Pierre Fouquet

S

ostengo un juicio existencial en el que apelo al trueque; cambio: al odio por el olvido, a la competitividad por el desprecio, a mis amigos por su amistad, a mi pareja por una cómplice, al Facebook por una botella al mar (de tu incomprensión), a la religión por un instante divino (contigo), a la esperanza por el próximo vagón del metro… al vicio por el placer. Por cierto, fue un amor conocerte, placer de mi vida… ¡salud! Francamente, beber alcohol es un acto de recreo; un ritual al que se acude con la voluntad de embriagarse para diluir la conciencia y expandir los vibratos del sentimiento ¿si no, para que ingerir bebidas que, de entrada, no son más sabrosas que el agua de guanábana? Por eso propongo un brindis por la honestidad frente a Baco: para que sea fluido espiritual en cada una de ustedes y de nosotros. Para que broten consagraciones alegres, eróticas y creativas. Alzo mi copa para que el vino y los licores se desborden dentro de nuestro ser, con un sentido relajante, integrador, paradójicamente consciente y desordenadamente ordenado (al estilo de sir Arthur Conan Doyle o Ernest Miller Hemingway). Me da la ligera impresión de que el autoengaño, el complejo moral, la falta de entrega al ritual y el remilgo, respecto a la naturaleza de los efectos etílicos, son factores que abrevan a nuestra esclavitud frente al alcohol. En la mayoría de los casos, negarnos a su tentación es desbarrancarnos en ella… ¿Cuántos momentos embarazosos (no deseados) son producto de la ingenuidad? ¡Pregunto! Así como los y las jóvenes a quienes se brinda información oportuna y amable acerca del sexo suelen ser más pacientes, seguros y felices respecto a su sexualidad, es hermoso, imponente y cada vez más raro observar a una mujer que sepa beber con la seductora autoridad que amerita el caso; en cambio, es común y corriente ver cómo la dignidad se desparrama por bares y banquetas, con cualquiera y a cualquier edad. Por eso, hoy apelo al timing, a ese sutil equilibrio entre la elección, la paciencia y el ritmo, a la conditio sine qua non de cada quien para conducir una provechosa celebración dionisiaca. De lo que se trata es de encender paulatinamente la pira de la convivencia; de brindar calor adecuado al juego, al espíritu comunitario y a sus historias; no de arreba-

tarse con las llamas azules del drama o la estulticia -al menos de que ése sea el caso. Un bebedor honesto es selecto. Decide con base al conocimiento: de la ocasión, de la compañía, de la comida; así como de la cantidad de azúcar, y de alcohol que implica cada trago. Sabe que mezclar es vulgar, no porque se incremente el alcohol en la sangre sino porque conoce los ingredientes de las bebidas y no quiere provocar congestionamientos tóxicos: ni en su estómago ni en su sangre ni en su cerebro ni en sus relaciones interpersonales. Advierte también que, en el ámbito pichicato, es preferible consumir licores trasparentes a los oscuros (saturados de “añejantes” -como sí la madurez fuera cuestión de empalagarse-). Bebe despacio: no a sorbos sino a tragos pequeños, para paladear, para sentir qué cosa se ingiere y, sobre todo, para convocar a la placidez embriagadora antes que a las bestias del delirium tremens. Se dice que hay que dejar pasar al menos una hora de trago en trago para que no se te suba; difiero, se trata de elevar el ánimo sin pasar vergüenzas. Mis pruebas son definitivas y, por advertir que cada metabolismo es distinto, propongo que cada quién busque su acogedora turbulencia alrededor de los cuarenta minutos. Entonces, quedamos que darle tiempo al trago es darle pauta al intercambio, a la tertulia, a los goces compartidos y, de tanto en tanto, un vaso con agua nos ayudará a mantener cierto equilibrio y, sobre todo, una hidratación necesaria. Por cierto, hay que recordar a Shakespeare en todo momento, sobre todo si esa comensal ahora es más cariñosa de que costumbre: “el alcohol provoca el deseo pero frustra la ejecución”. Retirarse a tiempo es fundamental en estas lides. Por lo general, después de la hora feliz (a eso de las 13:00 horas) se da la acometida de los zombis de la madrugada, aquellos seres de nuestro interior que dan mil vueltas al tórculo de la necedad, no sin antes devorar las mejores memorias de la velada. ¡No lo permitas! Hagamos de las borracheras rituales entrañables y perdurables.

LANOTA,LARECETAOELREMEDIO

Diversas investigaciones coinciden en una constante reveladora: mayor coeficiente intelectual y el uso de drogas como el alcohol. La respuesta es francamente inquietante para el statu quo: la gente inteligente siempre está buscando nuevas experiencias.


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¡A leer! ARTÍCULO :: P ORIRMAA.BARQUETRODRÍGUEZ POR

A

ctualmente, dentro de las aulas de cualquier nivel educativo, una de las principales problemáticas es la lectura. Los estudiantes presentan bajas habilidades y hábitos para leer y, por ende, para escribir, lo que significa que pueden discriminar las diferentes grafías pero sin lograr comprender lo que guardan. La habilidad lectora implica el conocimiento del lenguaje escrito, la identificación de las letras, los signos de puntuación, la redacción, la conexión de ideas, la incorporación del contenido de la lectura a los procesos de pensamiento, de tal manera que se alcance la comprensión de los textos que se leen. Desde muy pequeñas, las personas que se integran al sistema educativo tienen contacto con los contenidos textuales, con la finalidad de aprender a leer y a escribir. Sin embargo, cuando crecen y pasan de un grado académico a otro, la lectura representa un déficit incalculable en la mayoría de los estudiantes, lo que los convierte en analfabetas funcionales. A muchas personas se les dificulta obtener información de lo que leen, interpretarla y reflexionar sobre su contenido. Las principales causas pueden ser: falta del hábito de la lectura y gusto por ésta, flojera, carencia de un ejercicio cotidiano, el ejemplo que se tiene en casa, en la familia, por mencionar algunas. El acceso al conocimiento, de cualquier índole, normalmente se tiene a partir de textos que exigen su lectura, aún cuando se utilicen las tecnologías de la comunicación y la información, lo que ha impedido un mejoramiento en la comprensión lectora ya que, en su mayoría, se compone de imágenes y colores que llaman la atención de quien se pone en contacto con éstas. Leer se ha convertido para la especie humana en una necesidad indiscutible. Es menester leer en cualquier ámbito: la escuela, el

trabajo, la casa… para conocer las instrucciones de uso de algún aparato o equipo, la receta que indicó el médico, las revistas, el periódico, el ticket de compra que entregan en las tiendas, las normas de los establecimientos, los rótulos del transporte colectivo, las reglas de los juegos que permiten la convivencia. Se ha tornado una obligación. Casi todo está por escrito. Los textos llevan al lector, a la lectora, a emprender una verdadera aventura. Se adentran en el contenido y lograr viajar, imaginar, fantasear, sentir emociones como amor, coraje, desprecio, alegría… Estar en lugares que nunca ha visitado, transportarse en el tiempo, en el espacio… en el interior de los personajes… percibir olores y texturas… forjarse criterios sobre las diferentes temáticas abordadas… se aprende a escribir correctamente, a redactar adecuadamente, se amplía el vocabulario, se hace una mejor utilización de la comunicación… Quien tiene el hábito de la lectura logrará, también, ser un(a) gran conversador(a), podrán tratar tópicos atractivos para sus interlocutores y tendrán oportunidades de externar sus opiniones ante personas interesadas en su plática. Tendrá la capacidad de seducir con sus palabras, de incitar al amor y al romanticismo. Poseerá los recursos necesarios para explicar claramente su forma de pensar y su actitud ante ciertas situaciones. Podrá conocer del universo y de los seres que lo habitan, de la condición humana y sus formas de vida, de países que nunca ha pisado, de personajes que pueden ser ejemplo para cualquiera, de leyendas y características de lugares y comunidades. Conocerá también del sentido de la vida y de sus protagonistas. Tendrá la capacidad de sentirse el héroe de la historia o la dama que es enamorada por

él. Aprenderá a utilizar las palabras precisas en los momentos adecuados y con las personas específicas. Descubrirá fórmulas para la solución de problemáticas, desde las más sencillas hasta las más sofisticadas. Se puede vivir la novela de amor más romántica o participar y descubrir crímenes perversos. Emprender batallas y estar en absurdas luchas. Incursionará por muchas disciplinas del conocimiento como la historia, la filosofía, la psicología, la literatura, el arte… podrá lograrlo a partir de los diversos tipos de textos como son los cuentos, las fábulas, las novelas. Desarrollará habilidades como el autodidactismo, la discriminación de fuentes fidedignas. Podrá interesarse por temas desconocidos, por personajes importantes que le sean significativos. Leer proporciona experiencias en el diario acontecer, educa y genera apertura a todas las ideas y culturas. Se adquiere sensibilidad y preparación que transforma vidas. Permite las odiseas divertidas más descabelladas, las circunstancias más adversas que alteran los nervios, el gozo más sublime que penetra hasta llegar a felices travesías. A través de la lectura también es posible evadirse, sentirse con compañía, desarrollar la creatividad y acceder a mundos fantásticos que recrean la mente. Es algo que está al alcance de todas las personas, tiene características democráticas pues llega a cualquier rincón, sin discriminaciones y cada quien es libre de elegir lo que más le plazca. Leer permite la libertad, presenta diversos modelos de conducta, estilos de vida, principios y valores dignos de ser adoptados. Se desarrollan los procesos de pensamiento más elevados, se confrontan opiniones, prejuicios, personajes. Deja huella. Imposible perderse la gran aventura que encierran las palabras. Por eso… ¡a leer!


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Xavier Dolan, el niño prodigio ELTERCEROJO::Mommy,elquintolargometrajedeXavierDolan,seestrenaestasemanaenlaselecciónoficialdelFestivaldeCannes.Concincopelículasoriginalesaflor depiel,eljovenactorydirectorquebequésseganóelapododelRimbauddelcine.PORSYLVAINPROVILLARD Nadie es serio a los 17 años. Novela, Arthur Rimbaud Necesito saber a dónde voy. El cine no es entretenimiento, es algo serio. Xavier Dolan

C

Maté a mi madre on este provocador título, Xavier Dolan debutó en el mundo del cine de autor, a sus diecinueve años. La mayoría de los jóvenes de esta edad que se apasionan por el séptimo arte, intentan generalmente pasar los exámenes de admisión de las escuelas de cine y sueñan con poder dirigir un largometraje algún día. El joven canadiense tuvo la oportunidad de pasar su infancia en el fantástico reino del cine. Su padre, actor y cantante, lo inició en la actuación a los seis años: desde inocentes comerciales hasta películas de terror, como la extremadamente violenta y perturbadora Mártires, además del doblaje de cuarenta cintas. La carrera actoral de Dolan tenía todo para llenar su vida profesional, sin embargo, no le bastaba estar frente a la cámara. En 2008, empezó a buscar financiamiento para adaptar un guión basado en un cuento que escribió a los dieciséis años, llamado El matricidio, historia en parte autobiográfica sobre la turbulenta relación con su madre. Después de un rechazo, el joven logró convencer el Ministerio de Cultura de Canadá y reunió 450 mil dólares. El adolescente produjo, realizó y editó la obra, además de encarnar a Hubert Minel, hijo que odia a su madre con toda su alma. Maté a mi madre es un filme brutal, un grito primal de desesperanza y también una tesis sobre el amor, el odio, la diferencia y la incompatibilidad. Seleccionada en la Quincena de los Realizadores en Cannes, la opera prima de Dolan se llevó tres premios de cuatro posibles: una estrella había nacido.

Los amores imaginarios Esta historia de un triangulo amoroso es la obra que confirma el estilo y talento del nativo de Montreal. En un universo totalmente pop, Dolan narra las inquietudes, miedos y frustraciones de dos jóvenes, un hombre y una mujer, enamorados del mismo hombre. Llena de referencias cinematográficas y literarias (Wong Kar Wai y Truffaut, Proust y Rimbaud), esta cinta tiene la imperfección de la juventud: algunos momentos brillantes y otros exasperantes de narcicismo. A veces le falta ritmo a la narración pero sus elecciones estéticas osadas y su sofisticación delinean cada vez más un estilo singular, que oscila entre modernismo, pretensión y transgresión.

Laurence anyways Es la primera película que vi de Xavier Dolan y sigue siendo mi favorita. Se considera como el capítulo final de una supuesta trilogía de la identidad. Para el joven cineasta, se trata de una trilogía inconsciente, vinculada por una temática: “Maté a mi madre era una película sobre el amor imposible entre una madre y su hijo. Los amores imaginarios, sobre el amor imposible, joven, y Laurence anyways, sobre el amor imposible, adulto”. Su tercer largometraje narra la historia de un hombre

De Los amores imaginarios y Laurence anyways, películas de Xavier Dolan.

Escenas de Tom en la granja y Mommy.

llamado Laurence (extraordinario Melvil Poupaud), que en su búsqueda por sentirse como una mujer, se convierte en transexual, sin por ello ser homosexual ni dejar de amar a su novia Fred (Suzanne Clément, Premio de Interpretación en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes). Ambientada entre los 80 y los 90, la narración abarca una década de amor, rupturas, pasión e incomprensión. Curiosamente, se puede hablar de la obra de la madurez para Dolan (¡a los veintitrés años!), ya que su dominio del lenguaje cinematográfico, su estética audaz y su sutileza narrativa hacen de Laurence anyways una obra cumbre, que emociona y deja una huella indeleble mucho tiempo después.

Tom en la granja El cuarto filme de Dolan es un cambio de rumbo drástico, ya que detrás de este infantil título se esconde un thriller claustrofóbico. Esta adaptación de la obra de teatro de Michel Marc Bouchard cuenta la historia de Tom, quien visita el pueblo de su novio con motivo de su fallecimiento. Ahí conoce a su suegra y a su cuñado, que lo va a someter a un maltrato tanto físico como psicológico. En un estilo hitchcockiano, Dolan describe este mundo rural lleno de mentiras y secretos, de opresión y represión sexual. “Antes de aprender a amar, los homosexuales aprenden a mentir”, es una cita de la obra de teatro que Dolan decidió no incluir pero que resume a la perfección el drama vivido por Tom. Con esta propuesta arriesgada, Dolan siguió seduciendo a los críticos, ganando el Premio FIPRESCI en el Festival de Venecia.

Mommy Después de una escapada en el género del thriller psicológico, Dolan regresa a los temas de su primera película. Mommy es un melodrama sobre una relación materno-filial conflictiva: una madre, interpretada por la actriz predilecta de Dolan, Anne Dorval, acaba de quedarse viuda y debe ocuparse de su violento hijo adolescente. Una misteriosa nueva vecina (Suzanne Clément, en su tercera colaboración con el joven director) se ofrece para ayudar y desestabiliza todavía más la compleja relación entre madre e hijo. En unos días, el enfant terrible del cine quebequés subirá los veinticuatro escalones del Palacio de Festivales, con la secreta esperanza de llevarse un premio ante sus compatriotas Atom Egoyan y David Cronenberg, y también frente a leyendas del séptimo arte como los hermanos Dardenne, Ken Loach y Jean-Luc Godard. Se le ha reprochado a Dolan ser un tanto arrogante y con aires de suficiencia, pero seamos honestos, ¿quién no lo sería con tan precoz y provocativo talento, reconocido por gran parte de la crítica más severa? “Todos los cineastas del mundo quisieran estar compitiendo en Cannes y ganar la Palma de Oro. Aun los que dicen lo contrario”, declaró Dolan. A sus veinticinco años recién cumplidos, el quebequés podría convertirse en el director más joven en recibir la Palma de Oro, ya que Steven Soderbergh ganó a sus veintiséis años con Sexo, mentiras y video. Parece que la ambición de Dolan no tiene límites. Esperemos que su talento tampoco.


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CREACIÓN

Las flores del argelino Marguerite Duras

E

s domingo por la mañana, las diez, en el cruce de las calles Jacob y Bonaparte, en el barrio de Saint-Germain-des-Prés, hace diez días. Un joven que viene del mercado de Buci avanza hacia este cruce. Tiene veinte años, viste muy miserablemente, y empuja una carretilla llena de flores: es un joven argelino, que vende flores a escondidas, como vive. Avanza hacia el cruce Jacob-Bonaparte, menos vigilado que el mercado, y se detiene allí, aunque bastante inquieto. Tiene razón. No hace aún diez minutos que está allí –no ha tenido tiempo de vender ni un solo ramo– cuando dos señores “de civil” se le acercan. Vienen de la calle Bonaparte. Van a la caza. Nariz al viento, husmeando el aire de este hermoso domingo soleado, prometedor de irregularidades, como otras especies, el perdigón, van directo hacia su presa.

¿Papeles? No tiene papeles de autorización para entregarse al comercio de flores. Así, pues, uno de los dos señores se acerca a la carretilla, desliza debajo su puño cerrado y -¡eh!, ¡qué fuerte es!- de un solo puñetazo vuelca todo el contenido. El cruce se inunda de las primeras flores de la primavera (argelina). Ni Eisenstein, ni nadie están ahí, para captar la imagen de las flores por el suelo, que mira el joven argelino de veinte años, escoltado a uno y otro lado por los representantes del orden francés. Los primeros coches que transitan por allí, y esto no puede impedirse, evitan destrozar las flores, esquivándolas instintivamente mediante un rodeo. Nadie en la calle, excepto, sí, una mujer, una sola: –¡Bravo!, señores –exclama–. Ven ustedes, si se hiciera eso cada vez, nos libraríamos pronto

de esta chusma. ¡Bravo! Pero viene del mercado otra mujer, que iba tras ella. Mira, tanto las flores como al joven criminal que las vendía, y a la mujer jubilada, y a los dos señores. Y sin decir palabra, se inclina, recoge unas flores, se acerca al joven argelino, y le paga. Después de ella, llega otra mujer, recoge y paga. Después de ésta, llegan otras cuatro mujeres, se inclinan, recogen y pagan. Quince mujeres. Siempre en silencio. Aquellos señores patalean. Pero, ¿qué hacer? Esas flores están en venta y no se puede impedir que se quiera comprarlas. Apenas han pasado diez minutos. No queda ni una sola flor por el suelo. Después de esto, los citados señores pudieron llevarse al joven argelino al puesto de policía. “Las flores del argelino” fue publicado en 1957 en el semanario France-Observateur.

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