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[ Letras ] DE CAMBIO

SUPLEMENTO DE CULTURA DE CAMBIO DE MICHOACÁN | NUEVA ÉPOCA | COORDINADOR: VÍCTOR RODRÍGUEZ MÉNDEZ | 10DEAGOSTODE2013 |

Poemas FEDERICOGARCÍALORCA|PAG.4

Cartas apócrifas: ¿Qué les pasa... calabazas? ESTEBANMARTÍNEZ|PAG.5

CUENTO

Usted escribió la novela que yo quería escribir JAIMEMARTÍNEZOCHOA|PAG.6

Cine: Wolverine inmortal ANADANIELAPÉREZ|PAG.7

MIR(Í)ADA

El 6 de agosto de Andy Warhol JUANCARLOSJIMÉNEZABARCA|PAG.8

Ernesto Sabato La lucha entre el bien y el mal MARCO ANTONIO REGALADO | PAG. 2


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Ernesto Sabato La lucha entre el bien y el mal PORMARCOANTONIOREGALADO

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s uno de los mejores novelistas que ha tenido la Argentina, la lengua en español y la literatura universal. Hay escritores que aún siguen con nosotros, que no han muerto y escriben su obra o al menos lo intentan, que bueno, los malos escritores dejan de escribir o siempre lo han hecho desde el olvido; los buenos escritores, a pesar de la muerte, siguen escribiendo, siguen tejiendo su obra desde la memoria. Ernesto Sabato, es un escritor que sigue escribiendo y describiéndonos su obra desde la memoria –algo tan parecido a lo que hace Dostoievski y tantos otros–. Sabato es un novelista y ensayista argentino, y su obra se caracteriza por un profundo contenido intelectual sobre la difícil separación entre las recapitulaciones del bien y del mal, y por un estilo brillante e inquietante. Nació en Rojas (Buenos Aires) en el seno de una familia de inmigrantes italianos. Estudió Física y Matemáticas en la Universidad de La Plata; después de doctorarse en 1938, viajó a París para trabajar en los laboratorios Joliot-Curie. Entró en contacto con el surrealismo, experiencia transcendente en su vida ya que decidió adentrarse en los territorios más oscuros del arte apoyándose en el lenguaje del inconsciente y en los métodos del psicoanálisis. De regresó a la Argentina en 1940 estuvo como profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires, y en 1945 publicó unos artículos en el periódico La Nación, atacando el régimen de Perón, por lo que se vio forzado a abandonar la enseñanza. Estuvo retirado durante un año y el resultado fue el libro Uno y el universo (1945), una colección de artículos políticos, filosóficos en los que censuraba la moral neutral de la ciencia heredada del siglo XIX. Esta desconfianza en la ciencia le llevó a investigar sobre las posibilidades que ofrecería la literatura para analizar problemas existenciales, y el fruto fue la novela El túnel (1948) en la que el narrador describe una historia de amor y muerte, un personaje que lucha entre el bien y el mal y en la que muestra la soledad del individuo contemporáneo. Con un suceso que ya fue consumado, Juan Pablo Castel, pintor, nos introduce, apenas comenzado el libro, relatándonos qué sucedió para llegar a eso y cómo conoció a la persona en cuestión, que tiene que ver con lo que ocurrió: María Iribarne. El artista, mientras se despacha contra los críticos, en su confesión escrita señala cómo en la primavera de 1946 todo alaban la pintura de la mujer en el mar, pero nadie notaba una ventana: Todos saben que maté a María Iribarne Hunter. Pero nadie sabe cómo la conocí, qué relaciones hubo exactamente entre nosotros y cómo fui haciéndome a la idea de matarla. Trataré de relatar todo imparcialmente porque, aunque sufrí mucho por su culpa, no tengo la necia pre-

pareció comprender que esa escena constituía algo esencial. Fue el día de la inauguración. Una muchacha desconocida estuvo mucho tiempo delante de mi cuadro sin dar importancia, en apariencia, a la gran mujer en primer plano, la mujer que miraba jugar al niño. En cambio, miró fijamente la escena de la ventana y mientras lo hacía tuve la seguridad de que estaba aislada del mundo entero; no vio ni oyó a la gente que pasaba o se detenía frente a mi tela.

Esta desconfianza en la ciencia le llevó a investigar sobre las posibilidades que ofrecería la literatura para analizar problemas existenciales, y el fruto fue la novela El túnel (1948). tensión de ser perfecto. En el Salón de Primavera de 1946 presenté un cuadro llamado Maternidad. Era por el estilo de muchos otros anteriores: como dicen los críticos en su insoportable dialecto, era sólido, estaba bien arquitecturado. Tenía, en fin, los atributos que esos charlatanes encontraban siempre en mis telas, incluyendo “cierta cosa profundamente intelectual”. Pero arriba, a la izquierda, a través de una ventanita, se veía una escena pequeña y remota: una playa solitaria y una mujer que miraba el mar. Era una mujer que miraba como esperando algo, quizá algún llamado apagado y distante. La escena sugería, en mi opinión, una soledad ansiosa y absoluta. Nadie se fijó en esta escena; pasaban la mirada por encima, como por algo secundario, probablemente decorativo. Con excepción de una sola persona, nadie

Si una influencia se denota en esta novela, sin duda alguna sería Crimen y castigo. Un paralelo parecido y nada más; la diferencia, el amor entre los personajes, la guerra de los celos, y además un espacio y tiempo diferentes. En la novela desde un principio sabemos que la historia termina, donde comienza la novela, no importa el destino, sino el viaje hacia el bien y e mal que transcurre en los pensamientos del personaje. A Sabato le interesaba reflexionar sobre la locura, comprender el motivo por el cual el protagonista mata a la mujer que ama y que es única vía de salvación. La obra tuvo una gran aceptación y sirvió para calificar a su autor como una inquietante y original personalidad literaria. Sobre héroes y tumbas (1961), es considerada la mejor novela argentina del siglo XX, fue su siguiente obra y consagró a Sábato como escritor universal. En ella quiso indagar “las verdades últimas (y muchas veces atroces) que hay en el subsuelo del hombre”; vertió sus obsesiones personales en una clara introspección autobiográfica en medio de las reflexiones sobre la historia argentina; todo a lo largo de la obra se va haciendo negativo, pesimista, sin salida. Un sábado de mayo de 1953, dos años antes de los acontecimientos de Barracas, un muchacho alto y encorvado caminaba por uno de los senderos del parque Lezama. Se sentó en un banco, abandonado a sus pensamientos. “Como un bote a la deriva en un gran lago aparentemente tranquilo pero agitado por corrientes profundas”, pensó Bruno, cuando, después de la muerte de Alejandra, Martín le contó, confusa y fragmentariamente, algunos de los episodios vinculados a aquella relación. Y no sólo lo pensaba sino que lo comprendía ¡y de qué manera!, ya que aquel Martín de diecisiete años le recordaba a su propio antepasado, al remoto Bruno que a veces vislumbraba a través de un territorio neblinoso de treinta años; territorio enriquecido y devastado por el amor, la desilusión y la muerte. Melancólicamente lo imaginaba en aquel viejo parque, con la luz crepuscular demorándose sobre las modestas estatuas, sobre los pensativos leones de bronce, sobre los senderos cubiertos de hojas blandamente muertas. A esa hora en que comienzan a


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oírse los pequeños murmullos, en que los grandes ruidos se van retirando, como se apagan las conversaciones demasiado fuertes en la habitación de un moribundo; y entonces, el rumor de la fuente, los pasos de un hombre que se aleja, el gorjeo de los pájaros que no terminan de acomodarse en sus nidos, el lejano grito de un niño, comienzan a notarse con extraña gravedad. Un misterioso acontecimiento se produce en esos momentos: anochece. (…) Hizo un esfuerzo para mantener los ojos sobre la estatua, pero en realidad no la veía más: sus ojos estaban vueltos hacia dentro, como cuando se piensa en cosas pasadas y se trata de reconstruir oscuros recuerdos que exigen toda la concentración de nuestro espíritu. “Alguien está tratando de comunicarse conmigo”, dijo que pensó agitadamente. (…) Tu espíritu reinando sobre tu cuerpo como un dictador austero. “Como si Pío XII tuviera que vigilar un prostíbulo. Vamos, no te enojes, si ya sé que sos un ser angelical. Además, como te digo, no sé si eso me gusta en vos o es lo que más odio.” Martín hizo un gran esfuerzo por mantener la mirada sobre la estatua. Dijo que en aquel momento sintió miedo y fascinación; miedo de darse vuelta y un fascinante deseo de hacerlo. Recordó que una vez, en la quebrada de Humahuaca, al borde de la Garganta del Diablo, mientras contemplaba a sus pies el abismo negro, una fuerza irresistible lo empujó de pronto a saltar hacia el otro lado. Y en ese momento le pasaba algo parecido: como si se sintiese impulsado a saltar a través de un oscuro abismo “hacia el otro lado de su existencia”. Y entonces, aquella fuerza inconsciente pero irresistible le obligó a volver su cabeza. Apenas la divisó, apartó con rapidez su mirada, volviendo a colocarla sobre la estatua. Tenía pavor por los seres humanos: le parecían imprevisibles, pero sobre todo perverso y sucios. Las estatuas, en cambio, le proporcionaban una tranquila felicidad pertenecían a un mundo ordenado, bello y limpio. El dragón y la princesa (fragmento) de Sobre héroes y tumbas.

La novela en sí muestra a los últimos representantes de una familia oligárquica venida a menos, en la que se intercala la historia de los seguidores del general Lavalle que una vez derrotados llevaron el cuerpo muerto de su jefe al exilio; en un tercer plano argumental pero vertebrador de la estructura del libro e imprescindible para el conocimiento del personaje central, Fernando, está el ‘Informe para ciegos’ que a veces se ha publicado como pieza autónoma, una pesadilla que sufre Fernando culpabilizándose por un incesto cometido y que lleva al autor a introducirse en los abismos infernales más perturbadores, combinando elementos tomados del surrealismo, Nietzsche, Jung y Freud. ¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato? Esta feroz lucidez que ahora tengo es como un faro y puedo aprovechar un intensísimo haz hacia vastas regiones de mi memoria: veo caras, ratas en un granero, calles de Buenos Aires o Argel, prostitutas y marineros; muevo el haz y veo cosas más lejanas: una fuente en la estancia, una bochornosa siesta, pájaros y ojos que pincho con un clavo. Tal vez ahí, pero quién sabe: puede

ser mucho más atrás, en épocas que ahora no recuerdo, en períodos remotísimos de mi primera infancia. No sé. ¿Qué importa, además? Recuerdo perfectamente, en cambio, los comienzos de mi investigación sistemática (la otra, la inconsciente, acaso la más profunda, ¿cómo puedo saberlo?). Fue un día de verano del año 1947, al pasar frente a la Plaza de Mayo, por la calle San Martín, en la vereda de la Municipalidad. Yo venía bastante abstraído, cuando de pronto oí una campanilla, una campanilla como de alguien que quisiera despertarme de un sueño milenario. Yo caminaba, mientras oía la campanilla que intentaba penetrar en los estratos más profundos de mi conciencia: la oía pero no la escuchaba. Hasta que de pronto aquel sonido tenue pero penetrante y obsesivo pareció tocar alguna zona sensible de mi yo, alguno de esos lugares en que la piel del yo es finísima y de sensibilidad anormal: y desperté sobresaltado, como ante un peligro repentino y perverso, como si en la oscuridad hubiese tocado con mis manos la piel helada de un reptil. Delante de mí, enigmática y dura, observándome con toda su cara, vi a la ciega que vende allí baratijas. Había cesado de tocar su campanilla; como si sólo la hubiese movido para mí, para despertarme de mi insensato sueño, para advertir que mi existencia anterior había terminado como una estúpida etapa preparatoria, y que ahora debía enfrentarme con la realidad. Inmóvil, con su rostro abstracto dirigido hacia mí, y yo paralizado como por una aparición infernal pero frígida, quedamos así durante esos instantes que no forman parte del tiempo si no que dan acceso a la eternidad. Y luego, cuando mi conciencia volvió a entrar en el torrente del tiempo, salí huyendo. De ese modo empezó la etapa final de mi existencia. Comprendí a partir de aquel día que no

era posible dejar transcurrir un solo instante más y que debía iniciar ya mismo la exploración de aquel universo tenebroso. Pasaron varios meses, hasta que en un día de aquel otoño se produjo el segundo encuentro decisivo. Yo estaba en plena investigación, pero mi trabajo estaba retrasado por una inexplicable abulia, que ahora pienso era seguramente una forma falaz del pavor a lo desconocido. Vigilaba y estudiaba los ciegos, sin embargo… Aún siguió reflexionando sobre las posibilidades de la novela en Abaddón, el exterminador (1974) de corte autobiográfico más acusado, con una estructura narrativa aparentemente fragmentario, y de argumento apocalíptico en el cual las potencias maléficas rigen el universo y es inútil la resistencia. Su compromiso civil, en defensa de la democracia y del respeto a los derechos humanos, se muestra en ensayos como “El otro rostro del peronismo”, “El caso Sábato”, “Torturas y libertad de prensa”, “Carta abierta al general Aramburu” (1956), “La cultura en la encrucijada nacional” (1976); en 1985 presidió la Comisión Nacional que publicó el informe “Nunca más” sobre la represión llevada a cabo en Argentina por los gobiernos militares desde 1976 a 1983. Toda su reflexión sobre la literatura y especialmente sobre la novela la plasmó en ensayos tan significativos como “El escritor y sus fantasmas” (1963) y “Aproximación a la literatura de nuestro tiempo: Robbe-Grillet, Borges, Sartre” (1968). Sabato recibió el nombramiento de Caballero de la Legión de Honor de Francia en 1979, y el Premio Miguel de Cervantes en 1984. En los últimos tiempos, la pérdida progresiva de la vista le alejó de la escritura, aunque descubrió la pintura y a ella dedicó gran parte de sus últimos años. Murió el 30 de abril de 2011, en Santos Lugares, Argentina.


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CREACIÓN

Poemas Federico García Lorca


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¿Qué les pasa... calabazas? CARTASAPÓCRIFAS::PORESTEBANMARTÍNEZ

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ues no, no los entiendo, mamíferos pensantes, por lo que no puedo explicarme muchas de sus conductas. Por ejemplo, desde hace unos años a la fecha, no pocos de sus estudiosos de lo social, vienen diciendo que la era de la comunicación ya va de salida, que la está sustituyendo la del conocimiento, de ahí la importancia de la educación… si es así… car… caraj… ¡carambas!, como entender que haya gobiernos, como en estos días el de España, que quieran eliminar del plan de estudios de secundarias y preparatorias materias como las de ética, civismo e historia de la filosofía… y encima reforzar, mejorándolo, según su parecer, dicho plan con cursos obligatorios de religión católica, por supuesto, controlados por la jerarquía eclesiástica, y pagados por el Estado, esto es, con impuestos de los que no sean católicos, o no sean creyentes, ateos. Tales disposiciones, ante la experiencia de servidora, que llevan por cierto el pomposo nombre de Ley Orgánica para Mejoramiento de la Calidad Educativa, así como el siguiente comentario de que las eliminación de los cursos de filosofía es para que los estudiantes “no pierdan el tiempo”, emitido por el honorable Ministro de Educación, José Ignacio Wert, no son para servidora de ustedes, más que una solemne estupidez en el mejor de los casos… o un perversos e interesado plan con maña de particulares intereses. Vean por qué lo digo: por poco que se reflexione, esa reforma española de la educación… ¿por ignorancia, mala memoria o memez?...va contra la palabra de Cristo, la cual dice: “dar a Dios lo que es de Dios, y al Cesar lo que es del Cesar”. Igualmente, a la luz de las opiniones de filósofos y otros estudiosos de lo social, esa reforma española de la educación, no es más que dar pasos atrás, hacer retroceder 180 grados alas manecillas del reloj del tiempo, ya que…¿por falta de conocimiento, ineptitud o qué?... rechaza la visión que de una servidora tenía J. C. Herder, el cual me consideraba el camino natural que marcaba el progreso de la humanidad; desconoce la propuesta de A. N. de Condorcet, que me percibía como la senda de la perfectibilidad de la criatura humana;: igualmente, desdeña la teoría del conde de Volney, que me tenía como una serie de sucesivas etapas del perfeccionamiento de su especie, de los humanos y que afirmaba que cuanto más primitivos eran los pueblos, sus intentos por explicar y entender a servidora son más imperfectos; asimismo niega o pone en tela de juicio la afirmación axiomática de B. Croce, el cual me estima como una hazaña de la libertad… a este propósito de la libertad, me pregunto si el Estado español, que presume y proclama ser democrático, también hará obligatoria… y también pagará …la enseñanza de las creencias de otras iglesias cristianas no católicas, las del Islam o de cualquier otra minoría religiosa que profesen sus ciudadanos, para con ese hecho demuestre que es incluyente, respetuoso y equitativo con las minorías y de la libertad de expresión de las mismas, esto es, insisto, de ser lo que dice ser: un Estado democrático. Cualquiera que me frecuente, sabe que los griegos de la Grecia Clásica fueron los primeros que en verdad filosofaron, que fueron, por así decirlo, los inventores de la filosofía, esto

es, del analizar y cuestionar todo fenómeno, tanto material como mental, a la luz de la razón. Los pueblos anteriores a ellos, en modo alguno fueron ignorantes; tuvieron cultura, religión, sabiduría, pero no filosofía y la filosofía es importante por ser una ruptura con la verdad mágico-religiosa,. Con la verdad revelada, que por siglos, por milenios, que van desde los brujos y hechiceros de las primeras tribus, a los escribas, a los sacerdotes de las diferentes religiones que hubo antes de la filosofía griega; esa verdad revelada conformó los modos, el pensar y ser, de las costumbres, de los pueblos y culturas prefilosóficas. Luego tenemos otra verdad evidente: la que del filosofar, de buscar la verdad por medio del análisis y cuestionamiento de todo hecho por medio del razonar, dio origen a la

ciencia, verdad buscada que mucho más y mejor que la verdad revelada, ha contribuido al progreso de la humanidad, y no pocas veces, como servidora lo muestra y demuestra, a pesar del rechazo, persecución e incluso muerte atroz de que fueron objeto individuos que, con sus descubrimientos y pensares, de algún modo ignoraron o contradijeron lo que la verdad revelada afirma. Por lo expuesto en la presente, considero que tengo la razón suficiente para decir a los actuales gobernantes del pueblo español: ¿Qué les pasa… calabazas? ¿O no es así, amables lectores del a misma? Sin más por el momento y siempre a sus órdenes. LA HISTORIA


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Usted escribió la novela que yo quería escribir CUENTO :: JAIMEMARTÍNEZOCHOA

1.

Después de la presentación del libro el hombre de saco de pana me aborda y me dice que soy un farsante. Usted sabe, dice, que ese libro lo escribí yo. Todo, la historia, los personajes, las atmósferas, me pertenecen. No se haga el tonto. Lo empujo con el codo y prosigo hacia la salida, donde me están esperando los organizadores del evento para llevarme a cenar. 2. Días después me lo encuentro en el bosque al que voy a correr. Lleva de nuevo el saco da pana. No me aborda de inmediato. Espera a que yo, cansado, haga una pausa frente a las escaleras de la biblioteca para acercarse. Recurriré a las autoridades, dice. Usted ha cometido un plagio descarado. No niegue que ese libro lo escribí yo. Arrojo la botella en un bote de basura y camino en dirección a mi coche. 3. Una noche, mientras escribo en mi casa, un sobre se desliza por debajo de la puerta. MENTIROSO, dice con letras mayúsculas en un papel blanco, como si de esa manera qui-

siera acentuar su acusación. Enseguida pone, ya con letras minúsculas: Usted sabe que esa historia me pertenece. ¿Qué decir de ese paisaje de abedules que describe? Incluso la referencia al disco de Michael Yonkers es mía. Sigo escribiendo.

cristal de la puerta. Cuando menos lo espero ya está en la mesa, sentado junto a nosotros. ¿Qué le dice a la chica ésta, eh?, dice. Seguro la engaña con trucos aprendidos de sus libros plagiados. Dígale que su novela es de mi autoría. La chica y yo pedimos la cuenta.

4. Me lo encuentro en mi librería favorita, a la que voy una vez a la semana. Mientras examino la mesa de novedades, donde no encuentro nada que me interese (sigo clavado con los rusos) se coloca a mi lado. Estoy elaborando la demanda, dice. No crea que se va a pasar de listo. No me interesa el dinero que haya ganado, sólo quiero que reconozca que el libro es de mi autoría. Me decido por una novela de Valeria Luiselli. He leído buenas reseñas de su último libro.

6. Me envía varias fotografías a todo color y de todo tamaño. Son los escenarios de la novela: un campo de abedules del otro lado del lago, la choza de madera, el sendero de arena en torno al pantano. Interior de la cabaña: una sala acogedora, una mesa con libros y botellas de mezcal, la tapa del LP (un LP, nada menos) de Yonkers. Ya ve, me escribe. Usted se robó todo eso.

5. Estoy cenando en un restaurante con una de mis ex alumnas. Hablamos de la incapacidad de la gente para aceptar el paso irremediable del tiempo. Es decir, hablamos de nada. Lo veo pasar con su saco de pana frente al

7. Regreso al lago porque no puedo hacer nada más. Bajo de la barca y camino por el sendero de arena hasta el pantano sombreado se mosquitos; me sigo hasta la casa. Ahora no tengo derecho a abrir la puerta, pues no la he rentado, así que doy la vuelta y me dirijo hacia el lago, donde hay una hilera de


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bancas de hierro pintadas de verde. Comprensiblemente, en una de ellas está sentado el hombre del saco de pana. Me siento junto a él. Admítalo, dice. Admítalo y no pasará nada. Sólo admítalo. Admita que usted escribió el libro que yo deseaba escribir. Sólo quiero que lo admita. La historia, las atmósferas, los personajes, todo me pertenece, dice él. Es la historia que yo quería escribir. Usted la escribió por mí. Sólo quiero que lo admita. 8. Me quedo mirando el reflejo de las aguas del lago. El sol caracolea sobre las olas como si alguien les hubiera arrojado un puñado de cristales. Cuando me levanto para marcharme el hombre ha desaparecido. No me abandona la idea de que, efectivamente, he cometido un plagio. Pero, que yo sepa, no es delito escribir las historias que otros quisieran escribir. Sobre todo en estos tiempos, en los que hay tantas historias y tanta gente que quiere escribirlas y no se atreve.

Hugh Jackman como Wolverine.

Wolverine inmortal RESEÑA. NuevacintadelasagaTheWolverine Wolverine.PorANADANIELAPÉREZ

U

na cinta que nos muestra a Logan en su punto más frágil, en el momento en el cual se tiene que preguntar acerca de su naturaleza, su sentido de la vida dentro de su inmortalidad y sus mie-dos que le provocan pesadillas todas las noches. Wolverine inmortal (The Wolverine), la segunda entrega de este personaje, basada en la serie de comics de Chirs Claremont y Frank Miller, es dirigida por James Mangold y protagonizada por Hugh Jackman, Tao Okamoto, Rila Fukishima, Hiroyuki Sanada y Svetlana Khndchenkova. El personaje más icónico del universo de los X-Men emprende un viaje épico a Japón contemporáneo. Logan (Jackman), el mutante conocido como Wolverine, es llevado a un país que no ha visto desde la Segunda Guerra Mundial pero también a un territorio que pertenece a los Yakuza y a los Samurái. Al encontrarse de manera repentina en franca huida con una misteriosa y bella heredera, enfrentado por primera vez ante la posibilidad de morir verdaderamente, Wolverine es llevado a los extremos para redescubrir al héroe que lleva dentro y enfrentarse con los fantasmas de su pasado, de modo que atravesará un laberinto de amor y traición para entender el precio de una vida eterna. Wolverine inmortal nos presenta a un mutante alejado y escondido entre las profundidades del bosque, donde descubrimos

que estamos ante un mutante que no acepta su naturaleza, que continuamente dice “ya no soy él”. Pero, ¿hasta qué punto podrá resistirse a su propio ser? En esta historia íntima que no necesita sostenerse a partir de una catástrofe de grandes magnitudes, vemos a Logan en su estado más vulnerable y débil, pues esta vez prueba lo que es la mortalidad. Por otro lado, el personaje también tiene que luchar con las múltiples visiones de Jean, que le causan un gran apego hacia ella y por ende no puede superar cada una de las apariciones, que por cierto, son sumamente reiterativas y llegan a cansar a los presentes. Las situaciones cómicas no se hacen esperar, ya que las encontramos sobre todo en la primera parte del filme, lo que brinda una buena oportunidad para que el espectador conecte con Wolverine y también respire de la buena dosis de acción y suspenso. Sin embargo, en la cinta hacen falta pruebas más difíciles para Logan, y no sólo eso, sino también dejarlas durante el tiempo necesario para que el público pueda probar que el mutante que tiene enfrente es un héroe que vale la pena. Cabe mencionar que la película cuenta con violencia explícita, y es que esta vez Wolverine nos deja ver su lado feroz y despiadado. Tip: Quedarse a ver los créditos finales. Publicada

en

http://enlabutaca.com


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MIR(Í)ADA

El 6 de agosto de Andy Warhol JUAN CARLOS JIMÉNEZ ABARCA

juancjimeneza@gmail.com

E

l 6 de agosto pasado se cumplieron 85 años del natalicio de Andy Warhol, artista norteamericano sobre el cual se han escrito ríos de palabras, especulaciones de farándula, análisis estéticos, construcciones teóricas, definiacerca de su sentido, tanto como una reducción de la palabra “popular” para referirse a su proclividad hacia la cultura de masas, como una referencia al sonido de una burbuja (de jabón o de chicle) al reventarse. Lo cierto es que adquiere una connotación muy concreta cuando se le relaciona con algunas frases célebres de Warhol, como aquella donde afirma que “en el futuro todo el mundo será famoso por 15 minutos.” Su celebridad duró mucho más que eso, pero parece que adelantaba el papel preponderante de los medios de comunicación y el impacto de los espectáculos en la vida de la población, donde germinan poderosamente los deseos de éxito, fama y riqueza. A pesar de ser reconocido como un “genio” a nivel internacional, su trabajo no siempre fue bien recibido a pesar de sus éxitos comerciales. Se le apreciaba como frívolo, banal, fácil, interesado en agradar, básicamente acomodándose a la formación de un mercado para la acumulación de dinero. Además, impersonal, pues se adscribió a una prerrogativa “duchampiana” donde el artista no aporta ya el trabajo sobre la obra, sino la idea que bien otros pueden ejecutar por él. Lo suyo no fue la pintura ni la escultura, sino la serigrafía, la fotografía y el cine. Es decir, medios principalmente relacionados con la industria antes que con los procedimientos tradicionales. Su nombre fue Andrej Warhola Jr. y nació en Pittsburgh, Estados Unidos, en 1928. Hijo de un matrimonio eslovaco que emigró separadamente desde 1914 y hasta 1921. Como muchos otros migrantes de entonces, su padre era un obrero dedicado a jornadas en minas de carbón. Estados Unidos vivía la gran depresión económica, de la cual saldría airoso tras las dos guerras mundiales. La recuperación de la economía, de la productividad y la pujante intromisión de ese país en aspectos internacionales coincidió con la maduración de Warhol al tiempo que se forjaba una cultura global que éste se encargaría de potenciar. En los años 60 las exposiciones que lo colocaron en el foco de atención de me-

miriadacolumna.blogspot.com

ciones estilísticas. Críticas mordaces, admiraciones irracionales. Considerado como el creador del Pop Art, en realidad formó parte de un grupo de autores que desde los años 60 forjaron una tendencia artística abandonando cualquier

perspectiva solemne, dedicándose a los aspectos del cotidiano, la modernidad de la vida urbana, los medios de comunicación, las estrellas del cine y la música, entre otras cosas. Sobre esta palabra –el Pop- se ha especulado

Andy Warhol.

dios, críticos y artistas, se componían de lienzos estampados con botellas de Coca-Cola, latas de sopa Campbell’s y cajas de jabón Brillo. Con aproximadamente 32 años, su estilo personal ya se definía con el espíritu de la época. Algo nihilista, vestido de negro, siempre con anteojos oscuros, parco en su hablar –sus entrevistadores hablaban más que él cuando aparecía en televisión- con un extraño y plano comportamiento. Hablaba casi sin mover la boca, la voz baja y arrastrada, diciendo un “ammm…” antes de decir cualquier frase. Consulto videos de sus entrevistas en la red y su actitud me molesta, está como “ido” a pesar de aquella lucidez que se le apreciaba en su tiem-

po, y aún hoy. Pablo Helguera, entrevistado para la agencia web Artishock, narra un episodio: “Warhol tuvo una exposición en Filadelfia en 1965. Ya era ya muy famoso y asistió una cantidad impresionante de gente a la inauguración, a niveles ya peligrosos, tan peligroso que el museo tuvo que quitar los cuadros porque la muchedumbre los iba a dañar, no porque quisieran sino porque eso era un rave impresionante. Warhol, en su autobiografía, retoma este momento increíble en el que llega con sus amigos y no está la obra pero todo mundo está ahí. Un opening sin obra. ‘Nosotros somos el arte’, pensó Warhol. Ese es un momento crucial en el que ya se

cumple completamente esa migración de pasar del objeto a la persona…” es decir, de la consideración del arte como rito y vínculo social, no tanto como la producción de objetos. Es así que se comprende importancia de la vida social y las relaciones públicas en la trayectoria de Warhol. Fiestas, mercadotecnia, edición de revistas, producción de discos, cómics, su interés por conocer estrellas de la farándula, estampando sus imágenes y tratándoles como lo que son para la cultura contemporánea: imágenes, íconos, no tanto personas reales. El crítico Simon Schama, en su serie The Power of Art reconoce este “facilismo” que se experimentaba en la década de 1970 desde Londres: “Era época de diversión, Andy Warhol, Rosenchrist, Lichtenstein, glamur y color, mientras escuchábamos rock y nos drogábamos […] La idea de que el arte debe ser solemne era repugnante, casi como ser obligado a ir a la iglesia.” Alguna vez vi una entrevista del filósofo mexicano José Luis Barrios donde afirmaba que en la redefinición del lenguaje en las artes durante el siglo XX, Warhol fue el único que entendió la importancia de incluir en el repertorio representacional elementos de la producción industrial, la cultura de la imagen y los objetos de consumo. El artista declaraba en su tiempo que le admiraba el efecto que ejercía el consumo en términos de igualdad, equiparando el refresco de cola que bebe un mendigo, una señora acaudalada y el presidente de Estados Unidos. Todos son diferentes, pero el refresco es el mismo: ninguno es mejor que otro, y este consumo nos coloca a todos en el mismo terreno. Al posicionar la producción artística en este planteamiento “democratizador” se generaron muchas contradicciones y aspectos complejos que desde la muerte de Warhol no se han desplazado de los debates. Tal vez porque las artes así planteadas pertenecen a la misma problemática utopía que la democracia: realidades que se desean pero que casi nunca se alcanzan de facto, provocando en cambio un desequilibrio jamás deseado.

Letras 10 de agosto  

Suplemento de cultura de Cambio de Michoacán

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