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LA ENSEÑANZA EN LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA


El estado republicano español asumió la labor pedagógica como una de sus máximas aspiraciones, la piedra angular de una nueva sociedad que se levantaría sobre una nueva escuela, laica, mixta, igualitaria, científica, de calidad y de progreso. En su breve vida, las instituciones republicanas desarrollaron una labor muy exigente y ambiciosa en múltiples sectores de la vida pública, desencadenando un impulso modernizador sin antecedentes ni consecuentes en la historia española. Aquel esfuerzo desmesurado pero consciente, convirtió a nuestro país en un símbolo del progreso también por primera, y quizás única, vez en toda la historia.

El 14 de abril de 1931, la República encontró una España tan analfabeta, desnutrida y llena de piojos como ansiosa por aprender. Y los más ilustres escritores, poetas, pedagogos, se pusieron manos a la obra. De pueblo en pueblo, con la cultura ambulante. A la espera de que se aprobara la Constitución, en diciembre, el Gobierno tomó, mediante decretos urgentes, las primeras medidas: se reconoció el Estado plural y las diferencias lingüísticas (se respeta la lengua materna de los alumnos) y al frente del Consejo de Instrucción Pública que haría caminar las reformas se nombró a Unamuno. Se proyectó la creación paulatina de 27.000 escuelas, pero mientras, los ayuntamientos adecentaron salas donde educar a los niños. Y a los mayores. "Hubo incluso alguna escuelita en las salas de autopsia de los cementerios. Donde se podía". Entonces las maestras desempeñaron un papel primordial: enseñaban en sus casas con la subvención del ayuntamiento. La República se propuso llenar las escuelas con los mejores maestros. Pero los docentes de la época tenían una formación casi tan exigua como su salario. Con Marcelino Domingo al frente del Ministerio de Instrucción Pública y Rodolfo Llopis de director general de Primera Enseñanza, se elaboró el "mejor Plan Profesional para los maestros que ha existido en nuestra historia", asegura Domínguez. Y prácticamente las mismas palabras usa Antonio Molero para defender esa idea. El sueldo miserable de aquellos voluntariosos maestros subió a 3.000 pesetas al tiempo que se organizaban para ellos cursos de reciclaje didáctico. En aquellas Semanas Pedagógicas recibían asesoramiento de los inspectores, para remozar su formación. La carrera de Magisterio, levada a categoría universitaria, dignificó la figura del maestro. A los aspirantes se les exigió, desde entonces, tener completo el bachillerato antes de matricularse en las Escuelas Normales, donde se enseñaba pedagogía y había un último curso práctico pagado. "Se hizo del maestro la persona más culta, eran los intelectuales de los pueblos y, con toda la precariedad en que vivían, ejercieron de una forma digna,


Bilingüismo. Se reconoce la existencia de distintas lenguas. La enseñanza se practicará en lengua materna hasta los 8 años en la escuela, bien castellano o bien catalán. Reorganización del Consejo de Instrucción Pública, cuyo presidente fue Miguel de Unamuno. La enseñanza religiosa. Se publica un decreto sobre congregaciones y confesiones religiosas. Éste, regula y suprime la obligatoriedad de la enseñanza de la religión, basándose en la libertad religiosa, libertad a la conciencia del niño y del maestro. Creación de las Misiones Pedagógicas. Supondría una continuación de la idea de la ILE llamada “la extensión universitaria” y el objetivo era extender la cultura general o modernización docente, la educación en aldeas, villas y lugares que lo necesiten, fundamentalmente en población rural y la educación ciudadana. La atención a la escuela primaria, ya que se pensaba que era la piedra angular de la educación. Se propusieron la construcción de 27.000 escuelas (el reto más importante) para escolarizar al millón de niños que no asistían a la escuela ya que en aquel momento no había. La creación se haría a través de un “Plan quinquenal”. Se intenta dotar de una ley educativa acorde con el pensamiento de la II República, con los siguientes principios básicos: •La educación pública deber ser una función esencial del Estado. •La educación pública debe ser laica. •La enseñanza deber ser gratuita, especialmente en la primaria. •La educación pública debe tener un carácter social, la escuela debe integrarse en la sociedad y por tanto, deberá de haber una mayor conexión entre los padres y la comunidad educativa. •Defienden la coeducación. •La educación pública constituye un todo unitario, integrado por 3 niveles con comunicación entre ellos

El profesorado. Se necesita que el docente esté convencido del programa pedagógico para que éste no fracase, necesitándose por lo tanto, una concienciación y preparación adecuadas por parte de los maestros.


PRIMERA ETAPA: 1931-1933 (BIENIO PROGRESISTA)

SEGUNDA ETAPA: 1933-1936

En 1931 se regula la Educación de Adultos a través del Decreto del Patronato de Misiones Pedagógicas, que supone un gran precedente de la Animación Sociocultural. Los destinatarios serían la gente que habita las zonas más alejadas, desatendidas o deprimidas del territorio español. En 1932 se crea la sección de Pedagogía en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, lo que supuso la incorporación de estudios pedagógicos a la Universidad. En ese mismo año se aprueba el Decreto sobre la Inspección de la Primera Enseñanza, y en ella se percibía a los inspectores como facilitadores de aprendizaje, que pueden y deben orientar a los profesores, y tendrán un perfil técnico-pedagógico. Este decreto supuso una revolución. Se crea también la Inspección General de Segunda Enseñanza, en las mismas líneas que la Primaria, pero más adelante en el tiempo. También se aprueba el Decreto de Inamovilidad de los Inspectores, ya que antes, cuando molestaba un inspector, se le enviaba a otro lugar. De este modo se propicia que pudieran trabajar con independencia, autonomía y estabilidad para ejercer su profesión y se considera una medida muy importante. Se crean a su vez, las Juntas de Inspectores, para que coordinen esfuerzos. En 1933 se aprueba la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas, donde se elimina al estamento eclesiástico de las funciones docentes y al retirarlo, se crea la Junta de Sustituciones, lo que significaba, que cuando un profesor no podía acudir a sus clases, le sustituía otro maestro. Se aprueba una pequeña reforma de la Universidad, donde, entre otras medidas, se toma nota de las reclamaciones de los alumnos y se eliminan los exámenes de cada asignatura. Se crea la Universidad de Verano Internacional de Santander.

En esta etapa se observa la aparición de sombras. Las elecciones de 1932 dan el poder a la coalición CEDA de Gil Robles, un partido de derechas. Se produce, por tanto, un giro en la política republicana que influirá en la educación. Es a lo que se denomina “Contrarreforma”, en la que todos los avances que había habido, retroceden, como por ejemplo: Disminución del número de alumnos Prohibición de la coeducación en escuelas primarias, por lo que, niños y niñas estudian por separado y se pretendió extender a más. Supresión de la Inspección Central de Educación, argumentando que no había presupuestos para ello. Supresión del Decreto de Inamovilidad de los Inspectores En la Universidad, se suprime la representación estudiantil en los órganos de gobierno. Sin embargo, no todo resulta negativo, ya que llega al poder Filiberto Villalobos quien retomó la creación de muchas escuelas. Se le debe la confección de los siete cursos de bachillerato. En 1936 vuelven las elecciones y gana el mismo partido, aunque el 18 de Julio se inicia la Guerra Civil, que terminaría el 1 de Abril de 1939.


SU FUNDADOR El propósito de Giner de los Rios fue regenerar el país a través de las conciencias, la revolución de las conciencias. Quería crear hombres íntegros, cultos y capaces, en base a la idea de que los cambios los producen los hombres y las ideas, no las rebeliones ni las guerras.

HISTORIA

INFLUJO DE LA ILE EN LA REPÚBLICA

Muchos intelectuales, apartados de la Universidad llevaron a cabo su fundación en 1876. A partir de 1881 empezaron a enseñar en la ILE profesores formados en ella (Manuel Bartolomé Cossío, que sucederá a Giner al frente de la Institución, Ricardo Rubio, Pedro Blanco, Ángel do Rego, José Ontañón, Pedro Jiménez-Landi, etcétera, realizando una labor que consolidó el proyecto y aseguró su futuro, de forma que hasta la Guerra Civil de 1936 se convirtió en el centro de toda una época de la cultura española y en cauce para la introducción en España de las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas extranjeras. Así lo testifica la nómina de colaboradores del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: Bertrand Russell, Charles Darwin, John Dewey, Santiago Ramón y Cajal, Miguel de Unamuno, María Montessori, León Tolstoi, H. G. Wells, Rabindranath Tagore, Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral, Benito Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Azorín, Eugenio d'Ors o Ramón Pérez de Ayala, algunas de ellas íntimamente vinculadas con la Institución, como Julián Sanz del Río, Antonio Machado Álvarez, Antonio Machado y su hermano Manuel Machado… La generación del 27 es, en cierta manera, una emanación de la ILE y fruto de ello fue, sin duda alguna, alcanzar la sintonía cultural y científica con Europa poco antes de que todo este esfuerzo de modernización se viniera abajo con la Guerra Civil Española, durante la cual se confiscaron todos sus bienes y la mayoría de los institucionistas tuvo que marchar al exilio, mientras que los que se quedaron tuvieron que enfrentarse a la censura, la persecución solapada o abierta o el ninguneo de su labor, que era considerada antinacional y antihispánica por sus detractores.

El influjo de la ILE fue determinante para que los poderes públicos emprendieran una serie de reformas de que España necesitaba en los terrenos jurídico, educativo y social. Se crearon organismos como el Museo Pedagógico Nacional y la Junta para Ampliación de Estudios, cuyo cometido era enviar estudiantes becados a estudiar al extranjero. De ella dependían el Centro de Estudios Históricos, el Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales y la Residencia de Estudiantes, auténtico vivero de escritores y artistas y lugar donde Albert Einstein dio una de las conferencias que ofreció en su viaje a España en 1923. Los intentos de renovación pedagógica cristalizaron desde 1907 hasta 1936 en iniciativas pioneras como el Instituto Escuela, las colonias escolares de vacaciones, la Universidad Internacional de verano o las llamadas Misiones pedagógicas. Tras la muerte en 1915 de su principal inspirador, Francisco Giner de los Ríos, se creó la fundación que lleva su nombre con el encargo de velar por el patrimonio de la ILE y proseguir su tarea educadora. Desde 1916 hasta 1936 publicó las Obras Completas de Giner.


LOS MAESTROS DE LA REPÚBLICA

Decreto de Educación del 29 de septiembre de 1931. Con él arrancaba un cambio en las escuelas españolas que las ponía como abanderadas del cambio social. La falta de recursos y el poco tiempo para acometer las reformas dieron al traste con los ideales de aquellos hombres y mujeres, algunos aún vivos. Pero varias señales indican que no todo se perdió en la guerra.

Desde los 4 años Con la II República la educación se convirtió en algo coherente, un continuo desde los cuatro años hasta la Universidad. Las asignaturas prácticamente no variaban de un año para otro. “Por escuela unificada se entendía una educación sin escalones, que permitía un camino y fluido desde unos niveles a otros”

Al aire libre Las Ciencias Naturales se estudiaban en el campo. Se valoraban mucho las visitas a museos, yacimientos y lugares históricos. Las colonias, aún hoy, mantienen vivo el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. Durante tres meses al año, en verano, niños y jóvenes se reúnen “para perpetuar esa forma de enseñar”


LOS MAESTROS DE LA REPÚBLICA

Así reflejan la época el cine y la literatura “Si conseguimos que una generación, una sola generación crezca libre en España, ya nadie le podrá arrancar nunca la libertad... Nadie le podrá robar ese tesoro...”. Esta frase de “La Lengua de las mariposas” recoge bien el sentir de gran parte del cuerpo docente en aquellos momento.

En “Historia de una maestra”, se recrea el trasfondo de pobreza, ignorancia y opresión en que les tocó ejercer a los maestros de los años veinte y primeros treinta. “Es cierto aquello de que la escuela era demasiado moderna para la sociedad de entonces”, reconoce Hilda Farfante, “pero a mí no me parece mal que sea la escuela la que empuje al pueblo”. Otras obras pueden ser “Mujeres de negro” y “La fuerza del destino”. Además podemos recomendar el libro “Una escuela soñada”, con fragmentos del diario de María Sánchez Arbós, artículos del “Boletín de la Institución Libre de Enseñanza”, el “Libro guía del Maestro” y de un folleto de los dos primeros años del Grupo Escolar Francisco Giner de Madrid.


LOS MAESTROS DE LA REPÚBLICA

Fueron los maestros republicanos, ante todo y sobre todo, luchadores comprometidos, radicales combatientes contra el atraso, endémico, las más de las veces, de los pueblos en los que desempeñaron su labor. Porque no solo enseñaban en la escuela a sus alumnos, sino que enseñaban también a sus padres a cultivar los campos, a repoblar los montes, a curar a los animales enfermos y, muchas veces, a las personas. Aconsejaban en los pleitos, reconciliaban a los vecinos, redactaban los “papeles” con los que las gentes sencillas trataban de defender sus derechos ante la temida, lejana, todopoderosa Administración… Y en la vida cotidiana de la escuela, aquellos maestros eran mucho más que un maestro; eran, muchas veces, el soporte económico de las familias pobres, que tenían dificultades para dar de comer a sus hijos (…). Fueron estos maestros republicanos (…) el colectivo más protegido, respetado y reconocido por parte de las autoridades de la República. Y ellos respondieron a ese reconocimiento con una lealtad sin fisuras, empapada de devoción hacia los valores de la libertad y el laicismo. Y esto fue lo que marcó su destino final… Porque durante el periodo de la República el maestro se convirtió en el referente social y político del pueblo (…).


«Si el Gobierno necesita resolver problemas graves solicita del Congreso de los Diputados la correspondiente ley» «La ducha ejerce una acción tonificadora y estimulante superior al baño; pero no debe tomarse sin previa indicación del médico» «El hijo del alcohólico es raquítico, epiléptico, idiota o sucumbe a enfermedades tan terribles como la tisis...» «Los hombres prehistóricos habitaban las cavernas, fabricaban de piedra hachas y cuchillos...»


En mayo de 1931 el Gobierno de la II República creó el Patronato de Misiones Pedagógicas, quedándose constituido en agosto de ese año y siendo Manuel Bartolomé Cossío su primer Presidente. Las Misiones Pedagógicas fueron herederas del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, quien propuso la creación de “misiones ambulantes“ con el fin de establecer un puente entre la cultura urbana y la cultura rural. Dirigidas por Cossío, las misiones tenían una triple finalidad: fomento de la cultura general, orientación pedagógica de las escuelas y educación ciudadana. Se organizaron a instancias de inspectores de Primera Enseñanza, Consejos, provinciales o locales, de Educación, miembros del Patronato o particulares de solvencia social. La actividad de dichas misiones era llevada a cabo de la siguiente manera: durante varios días los misioneros realizaban en la escuela, en otra sala o en la plaza del pueblo, en horas compatibles con el trabajo de los aldeanos, actividades culturales, tales como charlas, proyecciones cinematográficas y de fotos fijas de contenido documental y cómico; lecturas y recitaciones de obras populares; audiciones musicales comentadas; conversaciones de educación ciudadana: exposiciones en el museo circulante de obras maestras del arte español; representaciones teatrales: el teatro del pueblo y teatro de guiñol, denominado retablo de fantoches… A la vez, desarrollaban con los niños juegos, recitales y excursiones. En algunas ocasiones se organizaban cursos de perfeccionamiento para los maestros de la zona. La duración era variable desde un día para las actuaciones de los grupos de Teatro y Coro, hasta diez días en las misiones que acudían a las zonas más pequeñas y alejadas y en las que se desarrollaban todas las actividades antes enumeradas.


Preparación de una misión pedagógica

Los misioneros y los bibliotecarios

Para la asignación de una misión a una determinada localidad, era necesario que ésta realizase una propuesta acompañada de un informe que recogiera datos sobre la geografía, economía, distribución de la población, situación cultural y escolar, ambiente social, comunicaciones, itinerario posible y cualquier otra peculiaridad de la comarca que pudiera ser útil para la organización de la futura misión. Aunque el principio no fue muy prometedor, a los pocos meses las solicitudes se dispararon y se hizo imprescindible una rigurosa selección, primando a los pueblos más pequeños y aislados. Las misiones no tenían una duración fija, ésta oscilaba entre uno y quince días, dependiendo de las actividades programadas en cada lugar y del itinerario pendiente. El equipo misionero, encargado de llevar a cabo las actividades, disponía de proyectores, gramófonos, escenarios de sencillo y rápido montaje, y lotes de libros y discos, para ofrecer: proyecciones de películas educativas o de recreo; representaciones teatrales, musicales o corales; conferencias seguidas de coloquios; charlas sobre temas instructivos, profesionales, sanitarios y de educación cívica… etc. Una vez terminada la visita, se entregaba al maestro una pequeña biblioteca para instalar en la escuela y, en ocasiones, un gramófono con un pequeño lote de discos. Estas modestas bibliotecas, pese a ubicarse normalmente en las escuelas, estaban dirigidas al conjunto de la población para despertar su afición por la lectura y elevar su nivel cultural. Éste era el único servicio que permanecía, una vez que la misión marchaba a otro lugar.

Los misioneros gracias a su entrega e ilusión significaron el principal motor de las misiones pedagógicas. Estos eran desde maestros, profesores, artistas, jóvenes lectores, hasta personalidades de primera fila, como nuestra gran filósofa María Zambrano, Alejandro Casona, José Val de Omar, Ramón Gayao o Carmen Conde. En los años 30 hubo un auge acreciento de Bibliotecas en España, motivado en su mayoría por la apertura a experiencias de países más desarrollados. La investigación erudita intentaría resolver los principales problemas de las bibliotecas Españolas; el atraso con respecto a países de nuestro entorno, le escasa y deficiente formación profesional, y la necesidad de una renovación y ampliación de la misión de los bibliotecarios. A pesar de todo la principal preocupación existente de los profesionales españoles era el desarrollo de las bibliotecas públicas y la mejora del acceso al libro particularmente en las zonas rurales. Por aquella época se demandaba el aumento de las dotaciones económicas necesarias para la creación de modernas bibliotecas y la renovación de las obsoletas colecciones bibliográficas. A estas carencias hay que añadir el escaso número de bibliotecarios profesionales lo que obligó a que la extensión de la lectura pública no fuese realizada por bibliotecarios. El Patronato de Misiones Pedagógicas encomendó la gestión de las bibliotecas rurales en su mayoría a maestros y en ciertas circunstancias a personas de instrucción. Labor que presentaban formación técnica. El maestro en cada biblioteca realizaba la gestión de catálogos de libros, llevaba la contabilidad, el registro de los libros prestados y un informe al final del año, el cual indicaba el movimiento de la biblioteca y la situación de caja. Todo ello, sin recibir ninguna retribución a cambio.


Las Misiones Pedagógicas centraron su interés en la educación de los adultos más marginados, suministrándoles los medios necesarios para su reincorporación y mejora educativa. Pero ello sólo es posible a través de la lectura, por tanto, su mayor esfuerzo estuvo dedicado a la creación de pequeñas bibliotecas en el medio rural, que permitiesen que el libro llegase a los rincones más apartados de nuestro país. El Servicio de Bibliotecas, coordinado por el poeta Luis Cernuda y los bibliotecarios María Moliner y Juan Vicens de la Llave, fue el más importante, a él estuvo destinado casi el 60 % del presupuesto del mismo en sus tres primeros años de andadura, esfuerzo económico que permitió la creación, en junio de 1936, de 5.522 bibliotecas. El ritmo de creación de bibliotecas no fue siempre el mismo, pues tras el gran impulso de los primeros años, los recortes presupuestarios que los gobiernos conservadores llevaron a cabo desde 1935. Las bibliotecas se instalaron en localidades menores de 5.000 habitantes, donde residía más del 40% de la población española, y preferentemente en aldeas de 50, 100 y 200 personas. Se trataba de pequeños núcleos mal comunicados con los municipios a los que pertenecían, y en los que no se contaba con ningún medio de acceso a la cultura. Cada biblioteca recibía una caja que contenía una colección de 100 volúmenes de sólida encuadernación, acompañados de otro material. Aunque la biblioteca se instalaba en la escuela, no se trataba de una biblioteca escolar, ya que los lotes de libros eran fruto de una concienzuda selección a cargo del Patronato. Se trataba de obras de fácil lectura, acordes por su contenido y presentación a la intención de atraer a un público no habituado a la lectura y estimular su afición. Las colecciones podían organizarse en dos grupos: • Lecturas para adultos: más amplio y de contenido muy variado, formado principalmente por obras de literatura española y universal (contemporánea y clásica), pero también incluyendo tratados elementales sobre ciencia, técnica agrícola y oficios manuales, sanidad, historia y geografía general y de España, biografías, libros de viajes y diccionarios. • Lecturas para niños: más pequeño y compuesto por cuentos, libros de aventuras, adaptaciones de grandes obras de la literatura, y obras de consulta como apoyo a la enseñanza que recibían.


El Museo del Pueblo de las Misiones Pedagógicas —que explicaban, entre otros, Antonio Sánchez Barbudo, Ramón Gaya y Luis Cernuda—, se componía de dos colecciones itinerantes de pintura, cada una con catorce copias de cuadros de los pintores más famosos de la escuela española, realizadas en su mayoría por Juan Bonafé, Ramón Gaya y Eduardo Vicente. Los cuadros se transportaban en fuertes cajas de madera, o en una camioneta especialmente acondicionada, y se exponían en los pueblos a los que se podía llegar. La colección iba acompañada por dos o tres misioneros a quienes el Patronato confiaba este encargo, que explicaban los cuadros a los campesinos. La función se acompañaba de un gramófono y aparatos de proyecciones fijas y cine. El Museo permanecía generalmente una semana en cada localidad, y a los visitantes se les obsequiaba con reproducciones de los cuadros, en fototipia o huecograbado; también se dejaban algunas fotografías de los cuadros expuestos, enmarcadas para las escuelas y centros obreros.


No es totalmente cierto que el pueblo no entendiese el arte de su tiempo, más bien al contrario, el Patronato encontró en el cine un elemento definitivo para sus misiones. Contaban con un importante equipo y varios técnicos y artistas capaces hacer funcionar el cinematógrafo y también filmar. El cine de las misiones, tenía diversas vertientes. Por un lado estaba el carácter educativo y documental. Pero quizá no fueran estas películas el auxiliar tan poderoso, sino las películas cómicas, sobretodo las de Charlot, que tanto hacían reír a las gentes. Si pensamos que éstas están consideradas uno de los hitos cinematográficos del pasado siglo, nos damos cuenta de que las Misiones Pedagógicas hacían partícipes a labriegos y

campesinos del arte más actual e innovador. Sin embargo los documentales también les causaban mucha impresión. No faltan testimonios de cómo los espectadores reaccionaban ante el cine, y además estos testimonios se ven multiplicados en significado por las oportunas fotografías que se han conservado y que muestra el nivel de estupefacción y sorpresa de los humildes. A veces sacaron películas de la Misión y del pueblo y las proyectaron allí mismo. Gran emoción.” Les causaba gran conmoción afectiva el ver algo suyo, como las ovejas, o un simple gato o perro, en algo que se les suponía tan ajeno como el ver proyectadas imágenes en movimiento sobre una sábana en medio de la plaza del pueblo.

El programa era sencillo, se proyectaba un documental divulgativo, sobre cómo hacer tal cosa y cómo se había hecho tal otra, un cortometraje de animación, que les causaba grata sorpresa pero les costaba comprender, El Gato Félix, y una película de ficción que solía ser de Charlot Este servicio se completaba con las proyecciones fijas. Lo más importante a este respecto era la profunda presencia del arte que aquí había. Sabemos que se exponía imágenes de cuadros de artistas que estaban incluidos en el Museo y de otros, algunos extranjeros.


Las Misiones Pedagógicas tuvieron como una de sus actividades más destacadas, como fueron los títeres y marionetas que se llevaron a los más recónditos rincones del país. La movilidad de sus montajes, junto al corto número de artistas que los llevaban a cabo, facilitaba su desplazamiento y añadía un contenido de formación muy del agrado de niños y mayores. Y es que, a pesar de la sencillez de estos tingladillos, estamos ante un arte con todas las posibilidades estéticas que permite la escena: escenografía, vestuario, movimiento, iluminación, voz, en definitiva, los lenguajes más habituales en el mundo del teatro. Lejos de todo mercado que pudiera proporcionarnos los materiales más adecuados, hubo de apelarse al ingenio… Así, no disponiendo de pinturas, fue necesario hacer las decoraciones recortando y pegando papeles de colores. La empresa no costó más de quince pesetas y, a pesar de ser realizada en condiciones tan precarias y con extraordinaria rapidez, tuvo el éxito más animador.

El Teatro y el Coro del Pueblo estaban integrados por una cincuentena de estudiantes, dirigidos respectivamente por Alejandro Casona y Eduardo Martínez Torner. Llevaban un tabladillo de fácil montaje, de cuatro por seis metros, que rápidamente era ensamblado por los propios actores. Se quería acercar el teatro al pueblo, permitiendo el desarrollo de la farsa en medio de las gentes y en la plenitud del aire libre. El repertorio inicial se componía de piezas breves, elegidas entre los pasos y entremeses del teatro clásico (Juan del Encina, Lope de Rueda, Cervantes y Calderón de la Barca), a las que luego se fueron añadiendo otras, algunas de ellas adaptaciones que el propio Casona hacía de relatos clásicos, como el Entremés del mancebo que casó con mujer brava (escenificación con música y danzas del proverbio del Conde Lucanor). El Coro llevaba un repertorio musical integrado por canciones recogidas del folclore en su más pura tradición. Además de cantar e integrar la música en algunas escenificaciones, los misioneros recitaban romances y, en ocasiones, letrillas de Góngora, así como aportaciones folclóricas de García Lorca. El romance de «La loba parda» fue emblemático en el recuerdo de muchos misioneros.


El papel de los Inspectores de Educación en la II República “La República, prosiguiendo el plan que tiene trazado, continúa creando Escuelas Nacionales que el país demanda y necesita. Pero no basta con crearlas. Hay que asegurar su máxima eficacia. Necesitamos prodigar a las Escuelas los constantes cuidados de una excelente orientación pedagógica. Esta misión tan delicada corresponde plenamente a la Inspección de Primera enseñanza.” Preámbulo del Decreto del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, relativo al ingreso en la inspección de Primera enseñanza, de 2 de octubre de 19311

La Inspección de Educación fue considerada por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de la República española de 1931 como un órgano de apoyo a la Escuela. El objetivo era hacer del Inspector un especialista técnico pedagógico y un orientador del maestro, olvidando así su papel anterior de órgano burocrático de fiscalización. El Decreto de 2 de octubre de 1931, a los pocos meses de la instauración del régimen del 14 de abril, estableció el procedimiento de acceso a la Inspección a través de dos sistemas: mediante la oposición libre o mediante el concurso restringido para Maestros con servicios y méritos relevantes. Nos parece interesante estudiar las condiciones en las que se seleccionaban a los funcionarios que desempeñarían el papel importante de garantizar el cumplimiento de las medidas educativas dictadas por el Departamento Ministerial: Inspectores e Inspectoras que desde la profesionalidad y la concepción educativa que predominaba entre sus miembros, se esforzarían por conseguir una escuela democrática, pública, laica, abierta y solidaria. Es difícil no encontrar en el nomenclátor de Centros educativos o de calles y plazas de ciudades o pueblos de España, el nombre de estos hombres y mujeres que contribuyeron a construir un universo educativo inspirado en los principios más innovadores y progresistas que imperaron en los foros pedagógicos europeos y occidentales durante los primeros treinta años del siglo XX


La represión contra los maestros de la República La última lección del maestro Arximiro Rico «Lo prendieron y se lo llevaron, mientras su madre pedía que lo dejasen. En La Muiña pararon para comer y beber en la taberna de mis abuelos y lo dejaron atado a una argolla que se utilizaba para amarrar al ganado. Mi abuela intentó darle agua y no la dejaron. Le dieron en cambio unas patadas. Y siguieron bebiendo, para coger fuerzas. Después se dirigieron por la sierra en dirección a Montecubeiro, que había sido declarada zona de guerra y donde un teniente coronel de la Guardia Civil se encargaba de hacer valer la fuerza del terror. Algunos de los que con e´l iban hicieron sin esfuerzo la subida, pues subieron a caballo (...). Y en la sierra de Montecubeiro sucedió lo que resulta más estremecedor. Le cortaron los testículos. Le quitaron los ojos. Le cortaron la lengua. Y lo remataron a palos y a tiros de escopeta. Era el primero de septiembre de 1936». (Extracto del libro «Arximiro Rico, luz dos humildes. Vida e morte dun mestre republicano»,

Por detrás de los asesinatos, de la crueldad, el dolor y el miedo, existía la política del franquismo: una campaña sistemática de erradicación de la política educativa y cultural de la República. En 1937, José Pemartín, jefe del Servicio de Enseñanza Superior y Media, declaraba lo siguiente: «Tal vez un 75 por ciento del personal oficial enseñante ha traicionado -unos abiertamente, otros solapadamente, que son los más peligrosos- la causa nacional (...). Una depuración inevitable va a disminuir considerablemente, sin duda, la cantidad de personas de la enseñanza oficial». En nueve provincias de las que existen datos sistemáticos, fueron ejecutados en torno a 250 maestros. Y 54 institutos públicos de enseñanza secundaria creados por la República fueron cerrados. Por añadidura, en torno a un 25 por ciento de los maestros sufrieron algún tipo de represión y un 10 por ciento fueron inhabilitados de por vida. En Euskadi y Cataluña, todos los maestros de la enseñanza pública fueron dados de baja y tuvieron que solicitar su readmisión a través de un costoso proceso. La abrumadora mayoría de las ejecuciones de maestros tiene lugar al inicio de la Guerra Civil, entre julio y octubre de 1936. Todos los episodios son despiadados. No se trataba solamente de odios y rencores personales: se buscaba implantar un miedo generalizado. El régimen futuro habría de ser un régimen totalitario, no una dictadura

benevolente. Y un régimen totalitario tiene como una de sus características 'un sistema de terror, impuesto a través de los controles del partido y de la policía'. Así fue desde la insurrección del 18 de julio de 1936 y duró mucho tiempo. El objetivo era explícito: el punto 6º de los 26 Puntos de la Falange declaraba que 'nuestro Estado será un instrumento totalitario'. El recuerdo de aquello ha permanecido vivo, pese a los cuarenta años de dictadura y tras treinta años de democracia. Forma parte de ese término un tanto vaporoso: la 'memoria histórica'. Las razones de las ejecuciones eran erradicar el espíritu de la República encarnado en los maestros y en la educación; provocar un miedo generalizado. Esas razones fueron reforzadas por las venganzas. A la hora de llevar a cabo la represión, no sólo fueron los verdugos los responsables. Aquéllos eran generalmente grupos de falangistas armados y matones, que luego alardeaban en el pueblo de los asesinatos y amedrentaban a los vecinos. Una buena parte de la responsabilidad correspondió a curas de la Iglesia católica: elaboraban listas negras y acompañaban los fusilamientos. Los testimonios son abrumadores. Resumido de José María Maravall en el prólogo del libro: Maestros de la república: Los otros sentidos, los otros mártires, de María Antonia Iglesias


Las escuelas Para combatir la ignorancia "no hay más que un medio: la escuela“. "Crear escuelas, muchas escuelas. Sembrarlas a voleo. Cayeran donde cayeran, germinarían, que en todas partes habrían de encontrar tierra preparada para fructificar y vivir plenamente". "Hay que cuidar de ellas a lo largo de su existencia. Protegerlas. Velar por ellas para que progresen y se perfeccionen".

El maestro Es "el alma de la escuela". "Sin buenos maestros, todo lo que se haga en beneficio de la escuela resultará estéril". "Había que preocuparse de todos ellos, pero principalmente de los rurales". "Con una sinceridad que hubiésemos querido ver en los demás sectores del país, confesaban que si no hacían más ni mejor era porque no les daban medios, porque no les habían enseñado otra cosa. Sabían que se podía hacer más y querían aprender".

La inspección "La reforma de la escuela primaria no sería completa si no se lograba que el trabajo de la Inspección alcanzase su máxima eficacia. [...] Había que llegar hasta la escuela del último pueblo y recoger información exacta de la realidad escolar". Este trabajo, además de realizar una inmersión en una época que supuso un gran avance en cuanto a propuestas educativas, trata de hacer un pequeño homenaje a todas y todos aquellos que creen en la enseñanza por encima de todo, como el principal camino para hacer hombres y mujeres libres

LA ESCUELA EN LA REPÚBLICA  

Parte de un trabajo sobre los que supuso la república para la enseñanza en España y el papel que jugaron miles de maestras y maestros en nue...