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ágica lente de

Henrique Avril Avril han escrito, aunque esa colaboración se extiende hasta la desaparición de aquella revista en 1915. A Puerto Cabello debió llegar para radicarse, definitivamente, hacia 1904 y ello lo afirmamos fundamentalmente por dos razones. Primeramente por un aviso publicitario de su establecimiento, aparecido en la prensa local de aquel año; y en segundo lugar, porque es a partir de este año cuando comienzan a aparecer en El Cojo sus estampas porteñas. Dos años más tarde contrae nupcias con María de Lourdes Ugueto Padrón, hermosísima barcelonesa de belleza casi mítica. Avril y su esposa —quien también será una exquisita fotógrafo— recorren el país incesantemente, en búsqueda de paisajes y motivos que le proporcionen material para su trabajo. Al Cojo enviará algunos dibujos de su colección titulada Arte y Fotografía (1908); sus Tipos Criollos (1909), por otra parte, serán un conjunto de dibujos que con sencillez de líneas y sombras ilustrarán sobre la cultura del pueblo venezolano. Esta

Tipos Criollos, etc.— no revelan otra cosa que el interés de Avril

faceta del Avril dibujante ha sido ignorada por sus biógrafos, y

por el paisaje venezolano, por lo autóctono y lo que le convierte

en nuestra opinión acrecienta aún más la talla artística del per-

de hecho, en una suerte de etnógrafo muy peculiar. Mantendrá

sonaje. Por otra parte, muchos de los nombres bajo los cuales

también una pequeña tipografía que le permite imprimir textos

estos bocetos, dibujos y cuadros fueron agrupados —Estudios de

cortos a sus trabajos, algunos de los cuales muestran impreso al

Costumbres Regionales, Croquis Regionales, Asuntos Nacionales,

pie la siguiente leyenda: “Tip. y Foto Avril”. El espacio es corto para realizar juicios críticos sobre la profusa obra de Henrique Avril, considerado por Alí Brett Martínez como el primer reportero gráfico del país. Pero si algo debe ser admirado en sus trabajos es que él supo captar el paisaje patrio desde La Goajira hasta Paria, desde Barcelona hasta las selvas del Alto Orinoco, desde el Táchira hasta los llanos de Cojedes; y lo hizo de manera tan natural, que es precisamente en la sencillez y frescura de los motivos, donde descansa mucha de la magia que hace de las fotografías de Avril un fino espejo que refleja, a veces, el fracaso de la Venezuela moderna y petrolera arrasadora de paisajes, pueblos, costumbres e identidad nacional.

Ilustraciones: Colección del autor.

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