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Vida e Historia No. 1


Investigadores Nacionales Eméritos: Álvaro Matute y Bernardo García

Cielo, infierno y purgatorio durante el virreinato de la Nueva España

Nombran al doctor Álvaro Matute Aguirre y al doctor Bernardo García Martínez investigadores nacionales eméritos por el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), perteneciente al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT). En la lista de resultados dada a conocer el pasado 31 de agosto en el sitio web del CONACYT el doctor Álvaro Matute y el doctor Bernardo García fueron distinguidos en el Área de Humanidades y Ciencias de la Conducta. Este reconocimiento ubica a los mejores investigadores del país, quienes realizan aportaciones a la ciencia mexicana y universal. Esta distinción es otorgada a los investigadores del SNI nivel III que cuentan con al menos 65 años de edad y 15 años de manera ininterrumpida con el mencionado nivel, el más alto del país.

Historia y religiosidad El Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México presenta la serie televisiva “Historia y religiosidad” coordinada por los Doctores Antonio Rubial y Gisela von Wobeser. La serie muestra al público las interpretaciones de los historiadores en torno a las figuras religiosas del imaginario cristiano vinculadas con la cultura, la identidad y la sociedad.

Es la publicación más reciente de la doctora Gisela Von Wobeser. Esta obra analiza la forma cómo concibieron y representaron los novohispanos los sitios del más allá — el cielo, el infierno, el purgatorio y los limbos— y cómo imaginaban la vida que las almas de los muertos tenían en ellos. Abarca desde la introducción del cristianismo por los frailes mendicantes en el siglo XVI hasta la época previa a Independencia, a finales del siglo XVIII.

Escultura Monumental Mexica, la publicación más reciente del doctor Eduardo Matos Moctezuma y el doctor Leonardo López Luján. Esta obra se enfoca en el estudio de las grandes esculturas que hemos heredado de los mexicas: la Coatlicue, la Piedra del Sol, la Piedra de Tízoc, la Piedra del Antiguo Arzobispado, la Coyolxauhqui y la Tlaltecuhtli. Se trata de un profundo y original análisis de la historia de esos imponentes monolitos que son claves para comprender la cosmovisión mexica, reconstruir nuestro pasado remoto y edificar nuestra identidad actual. El volumen Escultura monumental mexica consta de ocho apartados ricamente ilustrados: el primero es una visión general de la sociedad mexica, el segundo es un acercamiento al arte escultórico de esa civilización, y los demás apartados examinan con especial detalle las colosales piedras. El libro no se limita a explorar los valores estéticos, el contenido histórico, el significado iconográfico y las funciones litúrgicas de las seis esculturas en cuestión, sino que aborda las miradas que estas obras maestras del arte universal han suscitado a lo largo del tiempo entre conocedores y profanos, mexicanos y extranjeros, hispanistas e indigenistas. 2


“Papá, explícame para qué sirve la historia” Con esta frase comienza “Introducción a la Historia” de Marc Bloch, mentalidad consagrada al estudio de la historia que fue malograda por el horror de la guerra. Como parte de nuestro proyecto histórico hemos decidido hacer una serie de entrevistas con aquellos “fantasmas de la historia” que dejaron tras de sí un velo de conocimiento e interés. El debutante es aquél francés afable, responsable de la fundación de la Escuela de los Annales y de una de las obras de la filosofía de la historia esencial para la comprensión de esta ciencia. Cada una de las palabras aquí vertidas son literalmente transcritas de dicha novela, siendo una sorpresa que respondan clara y justamente a las preguntas de una joven estudiante. En la definición más acertada que pueda dar, ¿Qué es historia? M.B: Podría pasar por una de las buenas obras de inteligencia con un lugar entre los conocimientos verdaderamente dignos de esfuerzo que nos promete acaso una clasificación racional y una inteligibilidad progresiva. Limitarse a describir una ciencia tal y como se hace será siempre traicionarla un poco. Es mucho más importante decir cómo espera lograr hacerse progresivamente. ¿Cuál es su tema de estudio? M.B: Al hombre y sus actos en el tiempo. ¿En qué elementos cree que podemos encontrar la historia? M.B: Nuestro arte, nuestros monumentos literarios, están llenos de los ecos del pasado; nuestros hombres de acción tienen constantemente en los labios sus lecciones, reales o imaginarias. ¿Por qué estudiar historia? M.B: Personalmente, hasta donde pueden llegar mis recuerdos, siempre me ha divertido mucho. En ello no creo diferenciarme de los demás historiadores que, si no es por ésta ¿por qué razón se han dedicado a la historia? Para quien no sea un tonto de marca mayor, todas las ciencias son interesantes, per cada sabio sólo encuentra una cuyo cultivo le divierte. Descubrirla para consagrarse a ella es propiamente lo que se llama vocación. ¿Existen diferentes historias? M.B: Claro, la mal entendida y la mejor entendida. Los historiadores deben estar en guardia y reflexionar ya que, de lo contrario la primera puede llegar a desacreditar por completo la segunda. ¿Es verdad lo que dicen “La historia la escriben los vencedores”? M.B: De cierta manera, volvemos a las diferentes historias. Limitarse hacía una sola hace que la otra sea obviada, renegada y a la larga, lamentablemente olvidada. ¿Es útil la historia? 3


M.B: El problema de la utilidad de la historia, en sentido estricto, en el sentido “pragmático” de la palabra útil, no se confunde con el de su legitimidad, propiamente intelectual. Algunas personas creen que la historia es fácil, ¿Es verídica esta afirmación? M.B: Lo sería, quizás, si estuviéramos frente a una de esas artes aplicadas de las que se ha dicho todo cuando se han enumerado, una tras otra, las manipulaciones consagradas. Pero la historia no es lo mismo que la relojería o la ebanistería. Es un esfuerzo por conocer mejor; por lo tanto, una cosa de movimiento.

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Crónica Universitaria Instituto Mora ¿Qué hacía yo sentada en el escritorio de una pequeña oficina en el último piso, con una mujer madura mirándome con cierta extrañeza y una sonrisa cortés pendiendo en sus labios? Había elegido mi futura universidad. Durante el día me acompañaron mi papá, un burlón empedernido y mi novio, la amabilidad con pies; nos perdimos ligeramente dos veces antes de llegar a la universidad entre las cuales, paramos a desayunar a una plaza algo añeja y de estructura particular: algo achaparrada, con túneles en cada esquina y poca iluminación “siento que me van a asaltar aquí y nadie lo notará” menciono papá. Mi madre salvadora hizo la llamada de misericordia para indicarnos la forma sencilla de llegar al Instituto, vuelta a la izquierda en la calle después del Parque Hundido (que posteriormente descubrí se llamaba Porfirio Díaz) y dos cuadras al fondo. La escuela está en la que fue la casa de Valentín Gómez Farías, frente a una pequeña placeta, junto a un convento. Es un lugar pequeño, limpio y verde, lleno de plantas y árboles; con forma de hacienda blanca adoquinada, un lugar precioso. Llegamos ahí alrededor de la 1 después de la parada técnica, los policías de la entrada fueron agradables y corteses, nos dieron indicaciones claras, siempre con una sonrisa en el rostro y una broma en la boca. Subimos a Servicios Escolares, una oficinita junto a la de “Dirección de Investigaciones” donde tres mujeres trabajaban en sus respectivas máquinas; nos trataron de manera afable y respondieron todas las dudas pero la sensación de perplejidad ante el hecho de que visite el lugar y pedí informes 2 años antes de tener la oportunidad de caminar por sus pasillos. La entrevista fue corta y no nos entretuvimos mucho, los detalles administrativos carecía de interés para mi, quería ver a las personas, observarlos en sus tareas y probar el café de la pequeña cafetería institucional. Bajamos piso por piso hasta que nos dieron las dos; me sentí triste al no poder entrar a ninguna clase ya que habían concluido hace cerca de una semana y se encontraban en exámenes finales. Recorrí el lugar de pies a cabeza, los baños, oficinas, terrazas y jardín. En este último, sentada en la cafetería con un café demasiado “aguado” para mi gusto pude ver a los alumnos… y sentí desilusión, me los esperaba fresas, si pero más folclóricos que Iberianos; me dolieron las pashminas y colores simples, mi ilusión decayó ligeramente al verlos, ¿Dónde estaban las trenzadas con libros en las piernas y los matudos filosofando en el pasto? lo imagine demasiado Filosofía y Letras. A pesar de eso, me gustó, me encanta el plan de estudios y los investigadores más viejos son más de lo que jamás pensé; intelectuales dedicados, hundidos en sus libros con los dedos manchados de tinta, lentes y cabello cano. Hay también una librería del Fondo de Cultura donde me hice de un libro: Introducción a la Historia de Marc Bloch, que se ha convertido ahora, en uno de mis grandes favoritos. Nos fuimos definitivamente a las 3 pm de aquel lunes, con el sol de la tarde acariciándonos el pelo y la ilusión de volver en el alma. Mariana Huicochea Flores 5


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