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NOTICIAS REGIONAL BOGOTÁ


ELTIEMPO.COM FECHA: AGOSTO 7 DE 2012

Ocho millones corren el riesgo de un racionamiento de agua en Bogotá Por: LUCEVÍN GÓMEZ E. | 11:35 p.m. | 07 de Agosto del 2012

La contaminación podría llevar a esa situación en cuatro años. Será imposible tratarla. En la capital del país, los ciudadanos se enorgullecen de tomar agua de la llave sin riesgo para la salud. También, de contar con dos privilegiados sistemas de abastecimiento -Chingaza y Tibitoc- que a primera vista harían impensable que 8 millones de habitantes en Bogotá y 10 municipios cercanos pudieran llegar a padecer un racionamiento. Pero es posible. Chingaza, una inmensa despensa hídrica a 3 horas de la ciudad y que abastece al 70 por ciento de los bogotanos, y Tibitoc, que alimenta a otro 28 por ciento de los habitantes, son sistemas sobredimensionados. Su capacidad de abastecimiento, 21,8 metros cúbicos en promedio, puede elevarse a 29, el doble del consumo de los bogotanos, hoy de 13,7 metros cúbicos, y 1,3 metros de sus vecinos. (Lea aquí: O actuamos ya o empeoramos para siempre) Pese a todo ello, la capital colombiana estaría abocada a un racionamiento en cuatro años, y no precisamente por falta de agua, sino, principalmente, por la creciente contaminación de los ríos que la abastecen: Bogotá y Teusacá. Durante más de un mes, un equipo periodístico de EL TIEMPO, Citytv y ELTIEMPO.COM recorrió palmo a palmo la ruta del agua que irriga a Bogotá y fue testigo de cómo los daños de las fuentes hídricas son inclementes y las amenazas, diversas. Las cosas se agravan con fenómenos no lejanos como el Niño, que genera sequías. La Corporación Autónoma Regional (CAR) de Cundinamarca no parece darse cuenta. Tampoco algunos alcaldes de la sabana e, incluso, hasta hace poco, ni el propio Distrito. Los últimos estudios del Acueducto alertan que la vulnerabilidad del sistema de abastecimiento aumentó al punto de que el racionamiento no es descartable. "Si sigue el deterioro en las fuentes de captación y las presiones contra la oferta hídrica -asegura el gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), Diego Bravo-, se podrían tener dificultades, hasta las de un racionamiento en 4 o 5 años, y hacia el 2020 se tendría que prescindir de Tibitoc". (Vea además: La red de alcantarillado de Bogotá tiene más de medio siglo) Sería una de las consecuencias de la contaminación en los ríos Bogotá y Teusacá, cuyos caudales son cada vez más difíciles de tratar en la planta de Tibitoc, que lleva el líquido potable a quienes viven al occidente de la avenida Boyacá, desde la Autopista Norte a Bosa, y a las 10 poblaciones de la sabana. El año pasado, Tibitoc se vio obligada a cerrar sus compuertas 103 días, tiempo durante el cual no se pudo captar agua para su tratamiento debido al pésimo estado en que llegaba. Este año, por la misma razón, van 70 días. Lo peor es que así la EAAB trate o no el agua, debe pagarle al concesionario lo que cobra. El director de la planta de Tibitoc, Diego Fernando Rodríguez, explica que hasta hace 10 años el registro de materia orgánica en esos caudales era de 6 miligramos por litro. En el 2011, llegó a picos de 22 miligramos, cuando el máximo permitido para tratarlas es 10. Por ello, de los 8 metros cúbicos por segundo que puede captar por licencia, solo le sirven 3,5. (Vea una detallada infografía sobre el agua en Bogotá) Lo anterior trajo como consecuencia un incremento en los químicos que se emplean para purificar el agua. Hasta hace 7 años, le bastaban tres (sulfato de aluminio, cal y cloro). Ahora, necesita 7, y en ocasiones ni esa batería de antioxidantes y desinfectantes es suficiente para dejarla apta para el consumo humano. Hoy, tratar un metro cúbico de agua en Tibitoc cuesta 79,43 pesos; antes, valía 32,25 pesos. Por todas esas complicaciones, los estudios de la EAAB concluyen que el punto de quiebre sería en el 2016, año en que los técnicos calculan que, ante el deterioro progresivo de estos ríos, la proyección de una mayor demanda (18 metros cúbicos por segundo, por ejemplo, frente al consumo actual de 15 en total) y una emergencia en el sistema -como un daño en Chingaza-, no habría suficiente agua potable para suplir


todas las necesidades. El embalse San Rafael, del sistema Chingaza, no escapa del problema. Sus aguas cristalinas se han tenido que mezclar con las del estropeado Teusacá cada vez que Tibitoc cierra. Así, las buenas reservas del embalse, que antes daban la tranquilidad de alimentar a Bogotá tres meses, en caso de sequía, ahora se han recortado a dos. (Lea tambié: Entre el desarrollo y la necesidad, la última 'guerra') De nada vale que la capital esté sobrada en infraestructura y que por ahorro cada bogotano tenga, en promedio, el segundo consumo más bajo del país (76,32 litros diarios), según la Comisión de Regulación de Agua (CRA). Es uno de los más bajos de Latinoamérica. Todo eso se pierde con la reducción de la oferta hídrica, por causas como la contaminación. En un recorrido hecho el pasado 28 de junio, a las 10:30 a.m., se observó cómo un intempestivo chorro de agua, mezclado con caliza y concreto triturados, salió de una tubería y cayó directo a los caudales, a la altura de Tocancipá (Cundinamarca). La descomunal descarga, que duró media hora, provenía de la trituradora Britalia, que, luego se supo, arroja a diario esos residuos al río sin ningún control por parte de la CAR. Fue el trayecto en que los aparatos marcaron el daño de la fuente. Un PH que aguas arriba estaba en 6,82, ahí se subió a 10,4. El promedio aceptable es 7. (Dé clic aquí para leer: Una travesía de 18 horas dura el agua hasta llegar a la llave) Lo realmente crítico es que un kilómetro más abajo está la bocatoma de Tibitoc. Hasta allí llegan esas descargas con residuos industriales, químicos, domésticos, orín y boñiga provenientes de las industrias, fincas y viviendas instaladas entre Gachancipá y Tocancipá. Esas son las aguas que se tratan en Tibitoc, cuando se puede. Pese a todo, el Instituto Nacional de Salud (INS) certifica que el agua que suministra el Acueducto es de máxima calidad, apta para el consumo humano. El mal estado de los caudales que se captan 1. Contaminación Al río Bogotá le descargan al año 165.525 toneladas de materia orgánica y 375.743 residuos químicos e industriales, según un estudio del Ideam. 2. Signos de alarma En el río Bogotá hay residuos de metales que tienen valores que alarman: el cromo, residuo de las curtiembres, y el zinc, dice el último Estudio Nacional del Agua. 3. La sequía El río Bogotá tiene un rendimiento hídrico bajo, en tiempo seco, inferior a 20 litros por segundo/km2; el nacional es de 63, dice el Ideam. Esto reduce el agua disponible. 4. Culpa de todos Los alcaldes de los municipios de la cuenca alta dicen que, pese a todo, afectan menos el río Bogotá, frente a los daños que le provoca la capital. lucgom@eltiempo.com ESPECIAL MULTIMEDIA AGUA: Equipo periodístico: EL TIEMPO: Ernesto Cortés Fierro, Editor Jefe; Lucevín Gómez, Natalia Gómez, Yolanda Gómez. Citytv: William Calderón, jefe de redacción Citynoticias; Claudia Marcela Cortés, Gina Chávez. ELTIEMPO.COM: José Antonio Sánchez, editor general; Natalia Bonnett. Producción digital: María Angélica Quijano, Juan Sebastián Quintero. Infografía digital: Sandra Merino, Luis Alejandro Urueña, José Barrera, Isaac Pérez, Eduardo Velasco. Infografía EL TIEMPO: Laura Linero, Carlos Morales. Diseño editorial: CEET. Fotografía: Héctor Fabio Zamora, Luis Lizarazo. Unidad de Video: Leyder Arley Moque. Redes sociales: Renata Cabrales, Andrés Guevara. LUCEVÍN GÓMEZ E. Redactora de EL TIEMPO

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ELTIEMPO.COM FECHA:AGOSTO 7 DE 2012 Entre el desarrollo y la necesidad, la última 'guerra' Por: LUCEVÍN GÓMEZ E. | 11:36 p.m. | 07 de Agosto del 2012

En el 2011, el Acueducto facturó $ 22.360 millones por la venta de agua a 10 municipios de la sabana. Foto: Luis Lizarazo / EL TIEMPO El acceso al recurso y la demanda del líquido potable ha llevado a varios conflictos entre regiones. La falta del líquido vital se refleja en los conflictos. En el país se han presentado varios: el de Florida y Pradera (Valle), y de Bogotá con el Meta, por el uso del río Blanco, que abastece al sistema Chingaza, entre otros. Ahora, el pleito más reciente es por la venta de agua en bloque, un esquema que funciona hace tres décadas como servicio público prestado por necesidad a Madrid, Funza, Mosquera y Sopó (Cundinamarca), pero terminó en un negocio que hoy enfrenta a Bogotá y al departamento. La decisión del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, de acabar con el suministro para nuevos desarrollos urbanísticos en la sabana y para empresas intermediarias destapó otro manejo del recurso. La venta de agua en bloque, que en realidad es un tubo derivado de la red matriz de Bogotá extendido a cada municipio, hoy beneficia a 450.000 personas de 10 poblaciones, entre ellas Cajicá, Chía, La Calera, Tocancipá, Gachancipá y Soacha. A estas dos últimas, la EAAB las atiende directamente. Con las restantes, la empresa suscribió contratos de venta que hoy, en la mayoría de los casos, están vencidos. Sin embargo, sin renovaciones firmadas esa venta sigue, en unos casos con las alcaldías y en otros, con particulares: Hydros Chía, Hydros Mosquera, Aquapolis de Tocancipá, Aguas de la Sabana (de la que es socia la EAAB), Aguas de Bogotá (filial del Acueducto), Coopjardín y Emar en Soacha. La EAAB ahora se queja de algunas de esas empresas, pues tendieron redes por fuera del área urbana, sin planes de saneamiento, manejo de vertimientos ni licencias de excavación. La cadena eleva los costos. Así, un metro cúbico de agua que en junio pasado la EAAB lo vendía como agua en bloque a 935,63 pesos a las empresas y municipios, a los usuarios se los facturaban a mayor precio. Por ejemplo, en Chía, a 1.862 pesos; en Sopó, a 2.666, y en Tocancipá, a 2.067. Pese a las críticas por negarse a seguir con esa venta, Petro, vía Twitter, ha advertido que "si el proceso de urbanización de la cuenca alta de la sabana se mantiene, se contamina el agua de 8 millones de personas". A los tribunales Por eso, su política es que el territorio en la región y en Bogotá se ordene alrededor del agua. Pero los alcaldes de la sabana, encabezados por el gobernador, Álvaro Cruz, han cerrado filas contra el propósito de Petro. Consideran que es contrario a la concesión de aguas que el Ministerio de Ambiente le otorgó en volúmenes grandes, precisamente, para que abasteciera a los otros municipios. También, porque frenaría el desarrollo del departamento y les alejaría la inversión. Para Cruz, la decisión de Petro tendrá un efecto adverso. "En la medida en que Bogotá no tenga suelo para construir y no haya agua en la sabana, se generará la vivienda informal, el crecimiento desordenado y la conurbación que se quiere evitar", subraya. El conflicto va camino a los tribunales. El Acueducto -según se lo hizo saber a Minambiente- demandará la resolución 608 del 2012, de la Comisión de Regulación de Agua Potable (CRA), que reguló la venta de agua en bloque y obligó a la empresa a prestar ese servicio como servidumbre. Intervendrá también en los planes de ordenamiento territorial (POT) en la sabana y en cuanta licencia ambiental tramiten y esté involucrada el agua de Bogotá. Al final, un acuerdo es lo que esperan los ciudadanos.


Los líos que enredan a los acueductos Las empresas de acueducto en Bogotá y la sabana enfrentan más de un lío. El Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) fue multado hace tres años con 536.500 millones de pesos por la Corporación Autónoma Regional (CAR). Esto, a raíz de que la empresa, ante la pésima calidad del agua del río Bogotá y para no dejar desabastecido el occidente de la capital, buscó los caudales del río Teusacá en un sitio diferente (Aposentos) al autorizado. La CAR sancionó a la empresa, pese a que ella venía urgiéndole la licencia. La sanción fue apelada. La EAAB, además, sostiene un viejo pleito con la antigua cooperativa Coopjardín, que suministra agua a urbanizaciones construidas adelante de la calle 220, en el borde norte de Bogotá. Coopjardín es una de las compañías con las cuales el Acueducto firmó un contrato en 1999 para venta de agua en bloque por tres años. El negocio siguió y las diferencias surgieron cuando la entonces cooperativa (hoy empresa de servicios Coopjardín S.A. ESP) extendió sus redes en el borde norte de Bogotá, donde el Acueducto se negó a darle la conexión por hallarse fuera del perímetro urbano y en posible área de reserva forestal. Coopjardín recurrió a la Comisión Reguladora de Agua Potable (CRA), que ordenó a la EAAB darle el agua. Esta empresa demandó la servidumbre ante el Tribunal de Cundinamarca. Exdirectivos de la CRA señalaron que el servicio se ordenó entre las empresas porque "el agua es un bien del Estado, que debe ser regulado y no limitado". Pero el Acueducto reclama que este tipo de empresas no pagan las contribuciones exigidas a los estratos 5 y 6. Otra empresa en problemas es Hydros Chía, a la que el Tribunal Administrativo de Cundinamarca le declaró nula su sociedad y ordenó devolver la infraestructura, contratos y dineros a la empresa pública de ese municipio Emserchía. Hasta ahora, eso no ha sucedido, según el alcalde de Chía, Guillermo Varela. LUCEVÍN GÓMEZ E. Redactora de EL TIEMPO lucgom@eltiempo.com

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ELTIEMPO.COM FECHA: AGOSTO 8 DE 2012 Publicidad

507 palabrasCarlos Gustavo Álvarez Bogotá: la emergencia ha comenzado 08/08/2012

cgalvarezg@gmail.com @cgalvarezg Bogotá y las autoridades que la han gobernado, incluso los encargados de su planificación, si han existido, eligieron un modelo de desarrollo de ciudad densa y compacta, que está a punto de colapsar. El asunto se torna más grave al considerar que la actual administración ha elegido romper la densificación por iniciativa privada y para estratos altos, y se propone construir 35.000 apartamentos para los más pobres, en el llamado “Centro ampliado” y en tierras compradas y dotadas de servicios por el Distrito Capital. Queda descartado el modelo de desarrollo de áreas metropolitanas y golpeada la estructura de Ciudad – Región, en la que tanto tiempo y tanta letra han invertido estudiosos como el ex alcalde Jaime Castro. Imbuidos en la golosina mediática que soltó el Alcalde Petro sobre las zonas para consumo de droga, no nos sacuden ni conmueven los datos que nos espetó El Tiempo un día antes del cumpleaños de la ciudad. La radiografía de la densidad y la compactación está dada por la demolición diaria de tres casas y la construcción, cada hora, de seis nuevos apartamentos. Localidades como Chapinero tienen en los edificios el 99 por ciento de sus viviendas. En barrios de esa división administrativa --como Chicó, Antiguo Country y Marly--, en los más recientes 10 años se duplicó el número de edificios y se tumbaron 277 casas. En Chapinero y Usaquén la pica barrió 1.073 casas. Sobre sus terrenos, reventando la infraestructura, se erigieron 75.165 apartamentos. De hecho, en la ciudad, quedan 888 mil casas. Se están volviendo una rareza preciada, como en El Nogal, donde el Catastro censa 28 viviendas insulares y supérstites. Metidos en edificios, como colmenas, los habitantes nos hemos ido concentrando, hasta alcanzar una densidad que hoy bien puede superar los 400 habitantes por hectárea. Hay calles realmente inviables como la 92 y zonas en estado de colapso, como Cedritos. Someter a este pequeño pedazo de la bella Sabana que acoge a la Bogotá urbana a la sobrepoblación, la saturación estructural y el hacinamiento era un remedio peor que la enfermedad de la concentración demográfica. Tal vez se hizo por proteger áreas agrícolas. O como lo denunciaba Enrique Peñalosa, porque los terratenientes sabaneros protegieron extensos predios baldíos en busca de valorización, de compradores pudientes que podían esperar cuanto les diera la gana. Pero además, la densificación y la compactación se hicieron mal. Sin planificación ni orden. Sin marcos legales. Viviendo la vida loca en la entrega de las licencias de construcción y con una dudosa acción de las Curadurías. A espaldas y cogiendo el POT a puñaladas. Como bien lo dice el actual Secretario de Planeación Gerardo Ardila, “La ciudad tomó desde hace unos años un camino equivocado, que si bien parece optimista a corto plazo, porque la ciudad está creciendo, a largo plazo es insostenible. No existe un crecimiento indefinido en un mundo finito, y menos uno desordenado como el que se ha dado en Bogotá en los últimos años". Ardila hace parte de los que creemos que la ciudad está llegando a su tope, y que ya hay varias señales de colapso. Haberle metido esa cantidad de carros a las mismas calles saturadas de edificios, ha producido el trancón que padecemos y que menoscaba la productividad de la ciudad. Eso de gastar una hora o más para recorrer 10 infelices kilómetros acaba con todo: carro, genio, convivencia, etc. La ciudad ha comenzado a oler mal. No sólo por sus contaminados cuerpos de agua convertidos en cloacas. La infraestructura del alcantarillado está saturada y las emanaciones son el regalo nauseabundo de cada día. No se salvan de ella los más exclusivos centros comerciales, donde hay que taparse la nariz para entrar a los baños o a determinados lugares. El mal olor recorre como hálito de peste, conjuntos residenciales y oficinas, colegios –-algunos de ellos en verdaderas emergencias sanitarias por la precariedad de las instalaciones y el mal uso que de ellas hacen los estudiantes--, y tantos otros lugares urbanos. Hay quienes se preguntan a dónde están yendo a parar las aguas negras vertidas, y si cada persona, al descargar el agua de su sanitario, no estará generando una catástrofe ecológica en algún punto de la Sabana o debajo de su propio lugar de habitación. La calamidad del agua en Bogotá está anunciada, como bien lo señaló otro reciente informe de El Tiempo. Puede que tenga mucho que ver con fenómenos meteorológicos, pero también corresponde al modelo de ciudad que elegimos. Con el agua colapsa el alcantarillado, y eso contribuye, entre otras cosas, a que Bogotá se esté hundiendo (Ver, La venganza del agua, 19.11.2011, http://www.portafolio.co/opinion/blogs/507-palabras/bogota-la-venganza-del-agua). Hay quienes dicen que el crecimiento vertical no es problema, siempre que se haga con orden y control. Pues eso no se hizo, y ya es tarde para apreciar las bondades de la alternativa, que podría ser viable en otra ciudad, bajo otro sistema, en otras condiciones más serias de administración pública. Puede sonar apocalíptico, pero la cuenta regresiva para que Bogotá entre en crisis ha comenzado. ¿Servirá la propuesta de POT que, según dice, la administración entregará en noviembre? Ojalá. Porque el futuro urbano de la capital se ve cada vez más negro. Más negro que las aguas sucias que corren bajo nuestros desentendidos pies.

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Biocasa en Cali muestra experiencias de desarrollo sostenible Por: REDACCIÓN CALI | 4:32 p.m. | 07 de Agosto del 2012

Desde el miércoles y durante tres días se abre cita de Cámara Colombiana de Construcción (Camacol) Alrededor de 600 participantes se darán cita en el multifuncional Centro de Eventos Valle del Pacífico. Es Biocasa 2012, que resaltará los aspectos más relevantes en la construcción de las ciudades del futuro para orientar el uso del territorio, la planeación, la ejecución y los elementos que la constituyen. Serán presentadas experiencias de los conferencistas nacionales e internacionales sobre tres ejes temáticos: Territorio, Urbanismo y Sostenibilidad. A través de las líneas conceptuales Camacol Valle invita a actores nacionales e internacionales, de sectores públicos y privados, a la generación de una serie de normas que faciliten la ejecución de un plan estratégico nacional, que integre ecología, sostenibilidad, estrategias de explotación, gestión de los recursos naturales entre otros, que finalmente convoquen a la cadena de valor del sector a comprometerse en la construcción sostenible. "Biocasa cumple nueve años ininterrumpidos promoviendo la construcción sostenible, motivando al sector constructor a emprender el desarrollo paulatino de proyectos de construcción que incluyan los retos y beneficios de la sostenibilidad": manifestó el presidente de la Junta Directiva de Camacol Valle, Alberto Gaviria. Esta año cuenta con el respaldo del Sena, a través de la línea de formación Sena Empresa y el Centro de la Construcción del Sena regional Valle; la asesoría de un comité interdisciplinario e Interinstitucional integrado por empresas del sector, las universidades Valle, San Buenaventura, Javeriana de Cali, Santiago de Cali y Autónoma de Occidente; la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (Cvc) y el Centro Regional de Producción más Limpia (Crpml). Para el dirigente gremial, los próximos años serán de gran importancia para la construcción sostenible en Colombia. Durante el 2011 se celebró un convenio nacional suscrito entre el entonces Ministerio de Vivienda, Ambiente y Desarrollo Territorial, la Corporación Financiera Internacional, entidad del Banco Mundial y la Cámara Colombiana de la Construcción para el diseño del Código de Construcción Sostenible. La agenda es la siguiente: Miércoles, agosto 8: Territorio 8:00 - 8:50 a.m. Cinco escalas, un elemento: gestión sostenible del agua en el ambiente construido, por el biólogo Guillermo Penagos de Colombia. 8:50 - 9:40 a.m. Acto de instalación con Adriana Soto Carreño, viceministra de ambiente y desarrollo sostenible; Sandra Forero Ramírez, presidente ejecutiva Camacol Nacional; Alberto Gaviria, presidente Junta Directiva Camacol Valle; Beatriz Eugenia Orozco, directora del Dagma; y Alexandra Sofía Cañas, gerente Camacol Valle. Conferencia: Compensaciones ambientales a cargo de Adriana Soto Carreño, viceministra de ambiente y desarrollo sostenible. 10:00 - 10:50 a.m. El impacto ambiental de la superación de la pobreza y las estrategias sociales y urbanas para lograr la inclusión y sustentabilidad por el ingeniero Diego Fernando Gómez. 10:50 - 11.40 a.m. La importancia de la planificación urbana de la mano del sector privado, a cargo de Mauricio Valencia, secretario de infraestructura física de Antioquia. 11:40 - 12:30 p.m. Retos frente a las inundaciones: prevención, mitigación y adaptación. Alianza colombo -holandesa por el agua por el e ingeniero Fortunato Carvajal. 1:30 - 2:30 p.m. ¿Es posible tener área metropolitana en Cali como desarrollo de Ciudad Región?, por el arquitecto César Londoño. 2:30 - 3:30 p.m. Plan de Ordenamiento Territorial, un ejemplo para aprender: Bio 2030 Área Metropolitana, por el arquitecto Alejandro Echeverry. 4:00 - 5:00 p.m. Planificación urbana sostenida: La ciudad pensada para un futuro sostenible, por el arquitecto Alejandro González. 5:00 - 6:00 p.m. Plan Nacional de Desarrollo, Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial y los Planes de Ordenamiento Territorial desde el punto de vista ambiental, por el abogado Juan Manuel González.


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