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“El Patrimonio Histórico Español es una riqueza colectiva que contiene las expresiones más dignas de aprecio en la aportación histórica de los españoles a la cultura universal. Todas las medidas de protección y fomento que la ley establece solo cobran sentido si, al final, conducen a que un número cada vez mayor de ciudadanos pueda contemplar y disfrutar las obras que son herencia de la capacidad colectiva de un pueblo. Porque en un Estado democrático estos bienes deben estar adecuadamente puestos al servicio de la colectividad en el convencimiento de que con su disfrute se facilita el acceso a la cultura y que ésta, en definitiva, es camino seguro hacia la libertad de los pueblos” (Ley 16/1985, de Patrimonio Histórico Español. Preámbulo)

FOTOGRAFÍA: VICTORINO GARCÍA CALDERÓN


El libro antiguo, un libro singular Contar la historia del libro es tan difícil como apasionante. La Biblioteca Municipal, con el apoyo bibliográfico de algunos ejemplares de su fondo antiguo y el apoyo didáctico de algunos paneles explicativos y proyecciones audiovisuales, pretende acercarse a la singularidad de un tipo de libro muy especial: el libro antiguo. Los ejemplares que se podrán contemplar en esta exposición están dotados de una riqueza formal, documental, histórica o simbólica apreciable desde múltiples perspectivas. Acercarnos a esa riqueza es el objetivo de esta pequeña exposición. El papel, la tipografía, el sistema iconográfico, las encuadernaciones, las portadas, su evolución histórica, su estructura, su morfología o las peculiaridades que fueron agregando sus poseedores, serán algunos de los aspectos que se abordarán en un intento de conocer las razones que hacen de este tipo de libros la base de nuestro Patrimonio Documental, sin olvidar que todos estos aspectos, fruto de largos siglos de evolución, han ido determinando el formato de los libros e incluso el modo en que leemos hoy en día. El libro, a lo largo de la historia, ha sido uno de los principales instrumentos para la comunicación del ser humano y la pervivencia de su pensamiento a través del tiempo y del espacio. Y ha sido, sobre todo, el instrumento que ha permitido que las palabras, entre las que transcurre la vida humana, puedan almacenarse fuera de nuestra memoria determinando, con su difusión, nuestro desarrollo histórico y social. Por ello esta exposición quiere abordar los aspectos más relevantes de su origen y evolución.


El papel, protagonista de nuestra historia “… el papel, artificio maravilloso, que apenas cede a otro alguno ni en ingenio ni en utilidad” Padre Feijoó. “Teatro crítico” Tomo IV, Discurso 12, nº 54

La magia del lenguaje y la huella de la memoria escrita han marcado, sin ninguna duda, la historia del ser humano. En este proceso se inscribe precisamente la historia del libro y, en esa historia, el papel tiene una importancia fundamental como soporte de nuestra cultura. El descubrimiento del papel supuso un paso gigantesco en la historia del libro y de la imprenta. Antes de que el lenguaje oral empezara a plasmarse en papel fueron varios los soportes que el hombre fue utilizando, en función también de los materiales a su alcance: piedra, arcilla, papiro, pergamino hasta la llegada de este nuevo soporte, también denominado “pergamino de trapo”, más duradero, de menor coste y de fácil producción. Esta innovación, junto con la invención de la imprenta, contribuyó de manera vertiginosa a la multiplicación y difusión masiva de los textos escritos, que hasta entonces se copiaban de forma manuscrita. El origen del papel se sitúa en China y se obtenía a partir de caña de bambú, paja de arroz, fibra de morera, etc. El descubrimiento pasó de China a Corea y a Japón y, hacia el año 750, los árabes tuvieron noticia de él a través de unos prisioneros chinos conducidos a Samarcanda (Uzbekistán) que les transmitieron la técnica de su fabricación. Desde allí, y por el trayecto de la Ruta de la Seda, llegó a Europa a través de los intercambios mercantiles. Y fue precisamente en Xátiva (Valencia) donde se instaló el primer molino papelero de Europa. El libro más antiguo en papel que se conserva en España es el Breviarium gothicum seu mozarabicum , del siglo XI, conservado en Silos y que está escrito en papel de trapos muy grueso.


El proceso de elaboración del papel artesanal La elaboración de este nuevo soporte comenzaba en el lecho de los ríos y arroyos, en el molino de agua. Aprovechando la fuerza hidráulica, la rueda del molino iba desmenuzando, con unos mazos, la materia prima (trapos de lino, algodón, cáñamo, etc.) y la convertía en una pasta que después se dejaba macerando en una tina. En ella el laurente (persona que elaboraba las hojas una a una) sumergía el molde, denominado forma, que consistía en un marco de madera con una red tensa de alambres de latón. Sobre esta verjura se escurría el agua sobrante depositándose en los alambres las fibras entrelazadas. Por eso en el papel artesanal se aprecian unas rayas que pueden verse al trasluz, los puntizones (líneas horizontales) y los corondeles (líneas verticales). Hoy en día, como herencia léxica, seguimos denominando corondeles a las líneas que separan las columnas de los textos de los periódicos. Otro elemento, de gran belleza, que adorna al papel artesanal era la filigrana , marcas que se apreciaban al trasluz y que, en ocasiones, sirven para datar y conocer el origen de muchos documentos. Su origen surge de la competencia por la calidad de los molinos papeleros que, para destacarse, usaban sus escudos, dibujos, emblemas o las propias iniciales de sus nombres y apellidos.

HOJA DE PAPEL DE XÁTIVA DE 1401

Para terminar el proceso, los pliegos resultantes se prensaban, se secaban, se satinaban, se alisaban con el pedernal y se agrupaban en manos (veinticinco hojas) y en resmas (veinte manos) que se enviaban a las imprentas. Con el paso de los siglos y el aumento de la producción de libros el proceso de elaboración del papel cambió y se mecanizó por los avances tecnológicos que aportaron, entre otros, la máquina de papel continuo o la utilización de la madera en la fabricación de celulosa (fruto de los estudios sobre la técnica de las avispas en la elaboración de sus nidos) En la localidad salmantina de Candelario funcionó desde 1841 la fábrica de papel continuo Santa Bárbara: una de las primeras de nuestro país.

“HISTOIRE D’UN LIVRE” / C. DELON. PARÍS, 1879

TRES FASES EN LA PREPARACIÓN DEL PAPEL SEGÚN EL LIBRO: “MECHANICK EXERCISES ON THE WHOLE ART OF PRINTING” /JOSEPH MOXON. LONDRES, 1683


El tamaño de los libros Lo primero que nos llama la atención de un libro es su formato y éste deriva de los tamaños del papel y de los dobleces que se efectuaban sobre el pliego base del papel artesanal. Hasta finales del siglo XVIII, cuando se impone la máquina continua para la elaboración del papel, ideada por Nicolas-Louis Robert en colaboración con Didot, éste se fabricaba a mano en la tina, sobre un pliego base de 32 x 44 cm, llamado ‘papel de marca’, aunque también se utilizaban otros tamaños, como el de ‘marca mayor’ (44x64 cm) o ‘registro’ (60x88) El pliego base, que se imprimía sin ningún doblez, se denominaba ‘atlas’ o ‘plano regular’. Un primer plegado ofrece el formato ‘folio’ (22x32), con 4 páginas de composición e impresión; de un segundo plegado resultaba el formato ‘cuarto’ (16x22), con 8 páginas; doblado en tres se obtiene el formato ‘octavo’, con 16 páginas; con cuatro dobleces parciales un ‘dozavo’ , después un ‘dieciseisavo’ y así sucesivamente. Una vez impresos los pliegos, los impresores se ayudaban de distintos sistemas para su correcta ordenación: los reclamos (la primera sílaba o palabra colocada al final de una página que debía coincidir con la que comenzaba la siguiente página o capítulo) y las signaturas tipográficas (letras, signos o números que se colocaban en la parte inferior derecha de la primera hoja de cada cuaderno para indicar la secuencia correcta de las hojas) Era costumbre entre los impresores poner al final de la obra una lista de registros, que contenía las signaturas, y la combinación empleada en la obra. Se dice de estos libros que están signaturizados y contribuyen a distinguir los libros elaborados artesanalmente de los que resultan de un proceso industrial.


La escritura en occidente La adquisición del lenguaje convirtió al ser humano en un ser social cuya inteligencia, cultura y convivencia pasaron a ser lingüísticas. La magia de las palabras hizo que el hombre pudiera reflejar y transmitir sus pensamientos y la realidad que le rodeabaa. La narración oral, ya fuera de carácter poético, mitológico o histórico, enriqueció éste ya de por sí rico sistema de comunicación que marcó la diferencia entre el hombre y las demás especies en el Paleolítico. Y sin embargo, el avance más vertiginoso se produjo con la llegada de la escritura que apareció ya en los primeros dibujos y pinturas rupestres de la prehistoria. Tradicionalmente se consideró que estas pinturas formaban parte de ceremonias mágicas, pero cada vez hay más estudios que demuestran que este tipo de arte fue concebido para contar y transmitir historias y conceptos. Lo que en principio eran pictogramas pasó a convertirse en ideogramas y sus primeras representaciones las encontramos en las tablillas de arcilla de la época mesopotámica, alrededor del 3300 a. C. La escritura egipcia, con los jeroglíficos, surgió algo más tarde, en el 3100 a. C., aunque se han utilizado hasta el siglo IV de nuestra era. Paralelamente se fueron desarrollando otros sistemas de escritura en diferentes culturas, como la cretense, la siria y la fenicia, hasta que se generalizó el alfabeto griego. Este sistema, sencillo y con un pequeño número de signos, supuso uno de los logros más importantes de la humanidad pues, hasta ese momento la escritura era uno de los primeros elementos de control del poder establecido a quien convenía un sistema de escritura de difícil acceso y comprensión. Los escribas de la época poseían unos privilegios que se fueron perpetuando a través de generaciones.


La escritura en occidente

asados varios siglos, con la evolución de las lenguas derivadas del griego, el alfabeto griego dió lugar al alfabeto latino que en sus dos modalidades de letra, lapidaria (sobre materiales duros) y paleográfica (sobre materiales blandos), facilitó la evolución de la escritura y la caligrafía en Europa a lo largo de más de diez siglos. De este origen romano nacieron las letras uncial y semiuncial y las escrituras nacionales: la irlandesa, la merovingia en la Galia, la lombarda en Italia, la visigótica en España y un largo etc. Durante el Imperio de Carlo Magno se intentó una unificación cultural a través de la lengua y la escritura porque, como afirma Frederic W. Goudy “una lengua es además el ámbar en el que miles de pensamientos preciosos y sutiles se han ensartado y conservado: la mismísima encarnación del pensamiento y el sentir de una nación” . A partir de entonces se estableció en la mayoría de Europa, la letra carolingia

Tras la caída de este imperio fue la letra gótica la que se impuso como tipo predominante en la mayor parte de Europa. Esto explica que los primeros libros salidos del nuevo ingenio de la imprenta aparecieran con letra gótica a imitación de los manuscritos. De igual forma, los primeros impresos con letra cursiva o itálica (por su origen italiano y asociados al movimiento del Humanismo) surgieron de las letras capitales paleográficas romanas.


Tipografía, más allá de las palabras La tipografía es el primer abogado a quien se encomienda la defensa de un texto. Andrés Trapiello

La escritura es la representación visual de nuestro lenguaje y nuestro pensamiento. Las letras, agrupádose en palabras y oraciones, conforman textos cuyo objetivo principal es persuadir al lector para ser leídos. Y esta persuasión la ejerce no solo a través de su contenido, sino también de su forma. La tipografía se encarga, en primer lugar, de perfilar las formas de las letras, para después organizarlas en palabras, oraciones, párrafos... en definitiva, en textos que sean capaces de cautivar al lector para que sean leídos. Los tipos de letra poseen su lenguaje característico: son señoriales, sencillos, vulgares, fríos, vigorosos, rígidos o delicados, pero no debemos olvidar que son producto de la historia y están unidos al tiempo en que nacieron y se desarrollaron. Las letras nos hablan de ese tiempo y reflejan el espíritu de su época y de los hombres que las crearon. Una de las principales novedades que aportó Gutenberg fue la utilización de tipos móviles en metal frente a la edición tabelaria, en madera. Esta innovación se pudo desarrollar gracias a la precisión de los maestros orfebres que trabajaban en Europa en ese momento en la acuñación de moneda y grabados heráldicos. La minuciosidad de estos artesanos fue la que contribuyó a ir creando familias de letras, primero a imitación de las principales caligrafías y después con innovaciones en cuanto a proporción, legibilidad y elegancia. Hubo grandes familias de punzonistas (los que cincelaban los punzones y grababan las matrices con los que se creaban los moldes para fundir los tipos), ligadas también a las de L R E , los impresores, pues el oficio de estos y la calidad de las , .P , 1768 obras salidas de sus prensas dependían en gran medida de la pericia de los grabadores de tipos y abridores de matrices. ÁMINA DE LA FUNDICIÓN DE CARACTERES PROCEDENTE DE ECUEIL DE PLANCHES DE LA NCYCLOPÉDIE OU DICTIONNAIRE RAISONNÉ DES SCIENCES DES ARTS ET DES MÉTIERS ARÍS


La Imprenta “Potest ut una vox capi aure plurima. Linunt ita una scripta mille paginas” DE LA MISMA MANERA QUE UNA SOLA VOZ PUEDE SER ESCUCHADA POR MUCHOS OIDOS. ASÍ UN SOLO ESCRITO PUEDE SER MULTIPLICADO EN MILES DE PÁGINAS

La leyenda de este grabado encierra la esencia del nacimiento de la imprenta: poder multiplicar las páginas sin recurrir al sistema, lento y caro, de copias manuscritas que se utilizaba hasta ese momento para difundir los libros. Gutenberg tuvo el gran acierto de usar moldes en G I 1580 madera de cada una de las “N ” G S letras del alfabeto y posteriormente rellenarlos con plomo, creando así los primeros tipos móviles. Tuvo que hacer varios modelos de las mismas letras para que coincidiesen todas entre sí: en total, más de 150 tipos, que imitaban la escritura de un manuscrito. Había que unir una a una las letras que se sujetaban en un ingenioso soporte, mucho más rápido que el grabado en madera y considerablemente más resistente al uso. RABADO XILOGRÁFICO TITULADO MPRESSIO LIBRORUM IMPRESO EN

DE GRABADOS

OVA REPERTA POR

BIBLIA DE

IOVANNI

DENTRO DE REPERTORIO

TRADANO

42 LÍNEAS TAMBIÉN CONOCIDA COMO BIBLIA DE

MAZARINO IMPRESA EN MAGUNZIA POR GUTENBERG

Como plancha de impresión, amoldó una vieja prensa de vino a la que sujetó el soporte con los tipos móviles con un hueco para las letras capitales y los dibujos. Estos, serían añadidos después mediante sistema xilográfico y decorados de forma manual.

Entre 1452 y 1455 imprimieon las primeras Biblias, aunque los trabajos de impresión se mantuvieron en secreto durante varios años para poder venderlas como manuscritos, a un precio superior.


La impresión de libros Los grabados de la época son la mejor y más fidedigna fuente de información para conocer cómo funcionaban las primeras imprentas. En ellos podemos ver cómo el cajista cogía un tipo de cada fundición (así se llama al conjunto de todos los caracteres) para irlo colocando en el componedor. Cuando finalizaba la línea, la ponía en la galera (pieza rectangular en la que se unen las líneas) y una vez completada la galera, se introducía en una rama o forma que se llevaba a la prensa. Se colocaba el papel humedecido en el tímpano y se protegía con la frasqueta, encima de la cual se solían colocar mantas y trapos para amortiguar el golpe de la barra y evitar que el papel mojado se rompiera. En este proceso trabajaban dos operarios: el tirador y el batidor que entintaba la galera. Posteriormente el almacenero se encargaba de ordenar los pliegos con el sistema de signaturas y reclamos. Es probable que el colofón pueda tener su origen precisamente en este proceso pues sobre cada montón, para identificarlo, se colocaba un papel con algunos datos que con el tiempo se incluirían en la propia obra. En España uno de los primeros colofones aparece en el Cancionero de Juan del Encina, impreso en Salamanca en 1496. Normalmente, y aunque no aparezca en los grabados, la mujer del jefe de imprenta era la encargada de preparar la tinta que se realizaba con barnices, aceite de linaza, trementina, pan, negro de humo, rojo E P cinabrio... Este proceso de elaboración de tintas F S 1457 desprendía muy mal olor. En la ciudad de Salamanca existe documentación de múltiples pleitos de los vecinos con las imprentas por este asunto. L PRIMER COLOFÓN CONOCIDO

UST Y

SALTERIO DE

CHÖFFER DE

Estos primeros libros impresos (hasta el 1500) se denominan “incunables” (del latín incunabulae, en la cuna) y reúnen algunas características comunes, a imitación de los documentos manuscritos.


Historia La impresión de libros fue extendiéndose por el sur de Europa, atravesando los Alpes y los Pririneos, y por el Mediterráneo impulsada por el movimiento humanista como vehículo de transmisión de la cultura. En el resto de Europa el nuevo artilugio de impresión también avanzaba, aunque con diferente repercusión y siempre sujeto a las reticencias de los estados e iglesias que no veían con buenos ojos la rápida difusión de ideas sin su férreo control. Valga como ejemplo el hecho de que a principios del Siglo XVI la ciudad de Venecia contaba con 150 talleres . S tipográficos frente a los 30 existentes en toda la A (S ). 1472 península ibérica, o los 70 talleres de Lyon frente a los cuatro de Salamanca, en una época en la que el sistema de la pecia (copia manuscrita) abastecía la demanada universitaria. PRIMER IMPRESO EN ESPAÑA GUILAFUENTE

INODAL DE

EGOVIA

Entre los siglos XV y XVIII hubo un gran número de impresores que acogieron el nuevo invento con alborozo y trabajaron en distintos países por el desarrollo y mejora del arte de la imprenta. Citamos algunos en orden cronológico, aunque la lista de todos los que trabajaron en este empeño, es inabarcable: Aldo Manuzio, William Caxton, Geoffrey Tory, Claude Garamond, Nicolaus Jenson, las familias Giunta y Estienne, Cristóbal Plantino, la familia Elzevir, John Baskerville, la familia Didot o Giambattista Bodoni. En Salamanca, las primeras Introductiones Latinae (1481) fueron auspiciadas por el humanista Antonio de Nebrija, figura fundamental en el humanismo español que supo valorar el poder de difusión de la cultura que se encerraba en el arte de la imprenta. Además destacaron las familias Porras, Giunta, Terranova, Portonaris, Pierre Tovans, Juan y Domingo de Cánova o Matías Gast que, en muchos casos, trabajaron también en las prestigiosas prensas de la propia Universidad de Salamanca.


Historia | España El siglo XVI se caracteriza por ser desigual. Tras la aparición de la Biblia políglota llega una época de mayor grandiosidad en la que muchas de las portadas se inspiran en la arquitectura renacentista española, de influencia italiana. Pero una Pragmática publicada en 1558, determinó la configuración material del libro haciendo que este siglo estuviera marcado por los controles burocráticos e inquisitoriales. Al comienzo de cada libro se ordenaba poner la licencia, el privilegio y la tasa y, una vez cumplido este requisito, el libro debía pasar por la censura inquisitorial. De esta manera nació el Índice de libros prohibidos (Index librorum prohibitorum).

Durante el siglo XVII la composición de las portadas vuelve a enriquecerse con la inclusión de títulos nobiliarios, mecenas, dedicatorias, etc. y adquiere un gran auge el libro de propaganda política tanto en España como en Europa. La composición de la portada se complica con los frontispicios o portadas grabadas que se instalan en el libro español por influencia de los Países Bajos a través de la imprenta de Cristóbal Plantino. El siglo XVIII es el siglo del esplendor del libro español. El nuevo talante de la sociedad dieciochesca se caracterizó por el énfasis que se ponéa en el empleo de la razón para la búsqueda de la verdad. Producto de este afán se concedieron numerosos privilegios para la edición de obras; encuadernadores y libreros se agruparonn en “Compañías”; se impulsó la tipografía patria y así se fueron renovando las técnicas de ilustración. Las obras de grandes impresores como Joaquín Ibarra, Antonio de Sancha, Benito Monfort, la dinastía de los Orga o el trabajo de la Imprenta Real serán claros exponentes de esta labor.

En los siglos XIX y XX se solapan ya las técnicas artesanales con las industriales y comienza el gran cambio en la fisonomía de los libros y las bibliotecas. Los cambios sociales y políticos, la libertad de imprenta y la obligatoriedad de la enseñanza primaria, junto a los avances tecnológicos, permitieron la generalización de publicaciones más económicas y accesibles.


El grabado en la ilustración del libro. Las gráficas artísticas y las fotomecánicas.

Aunque inicialmente la imprenta no había introducido novedades en cuanto a la ilustración, con el avance del nuevo sistema de impresión se fueron integrando distintas modalidades de ilustración que acompañaban al texto y, que con su multiplicación, consiguieron revolucionar la difusión de disciplinas como la medicina, la botánica, la arquitectura, la geografía o la zoología en las que la imagen es tan importante.

La primera técnica que se usó fue la de la xilografía o grabado en madera, que se podía integrar en la misma pieza en la que se imprimía el texto. Incluso se podía pasar dos veces con distintas tintas, generalmente rojo y negro, logrando portadas e imágenes a “dos tintas”.

Luego la madera, por su fragilidad, dio paso al metal y a una nueva técnica, la calcografía o grabado en metal que se realizaba en una prensa distinta denominada tórculo que permitía mayor precisión y riqueza en el grabado. Los grabados realizados con esta técnica se pueden distinguir por la huella o impronta que deja en el papel, distinta a la de la xilografía y también porque, en la mayoría de las ocasiones, se encuadernaban aparte como hojas de lámina (a veces plegadas).

Han sido muchos los artistas que han utilizado estas técnicas para complementar su obra pictórica. Uno de los grandes ejemplos de grabadores fue Alberto Durero que dominó con maestría tanto la técnica de la xilografía como la de la calcografía. Sus láminas ilustraron las obras más eminentes del humanismo y se utilizaron a lo largo de los siglos en la ilustración de grandes libros.


El grabado en la ilustración del libro. Las gráficas artísticas y las fotomecánicas.

El grabado tuvo y tiene muchas modalidades de estampación (talla dulce, agua fuerte, agua tinta, punta seca...), pero esta delicada técnica de ilustración resultaba costosa para la ilustración de los libros, por lo que, con la llegada de la Revolución Industrial y para satisfacer la creciente demanda de impresión, se impuso la litografía, un sistema novedoso inventado por Alois Senefelder en 1796, basado en la impresión sobre piedra caliza (porosa), primero con imágenes en blanco y negro, que se coloreaban a mano, y luego, con una nueva técnica de impresión en colores: la cromolitografía, realizada con distintas piedras. La litografía o piedra gráfica vino a sustituir con ventaja a los dos sistemas artísticos anteriores: el xilográfico y el calcográfico. Se trataba de una técnica rápida y económica que pronto empezó a utlizarse, no solo en la impresión de libros, sino en todo tipo de publicaciones. Durante mucho tiempo, fueron éstas las técnicas usadas para la ilustración de los libros pero la inteligencia humana, siempre inquieta, buscó el progreso y la perfección con un proceso innovador que, al amparo de la física y de la química, vino a revolucionar los procedimientos de representación conocidos y practicados por los artistas: la fotografía. De ésta técnica surgieron el fotograbado, la fototipia, el fotolito y el offset, como técnicas ya fotomecánicas de ilustración al servicio de la impresión del libro.


La encuadernación

Decía René Martin Dudin en 1772 que “encuadernar un libro significa plegar y unir las hojas en cuadernos, coserlos y cubrirlos con cartón, revistiendo después éste con piel u otro material. Esta operación realizada por unos artesanos llamados encuadernadores, es necesaria e indispensable sobre todo tras la invención de la imprenta, para permitirnos aprovechar bien los conocimientos y riquezas que este noble arte nos ha proporcionado” Podríamos decir que la encuadernación es uno de los componentes materiales del libro como lo es el papel, la tipografía, su estructura y sus dimensiones. Un elemento que procura la conservación y protección del libro, facilita su lectura y, con frecuencia, embellece ese primer contacto visual para acceder a su contenido. La encuadernación nos aporta datos imprescindibles para su identificación pero, sobre todo, está ligada a la peripecia del ejemplar y a la vida que ha ido adquiriendo en manos de sus distintos poseedores. Los documentos escritos o grabados eran tan apreciados y raros en la antigüedad, que pronto se pensó en buscar un medio para protegerlos. Desde las tablillas de arcilla, los rollos de papiro o los textos griegos y romanos se buscaron sistemas para enrollar unir y proteger el contenido de tan preciados soportes tanto en Occidente como en Oriente. Con el paso del tiempo, el cambio de soporte y la aparición de nuevas técnicas, el propio sistema de encuadernación fue evolucionando hasta llegar al Siglo XV en el que la aparición de la imprenta revolucionó e influyó de manera decisiva en este aspecto tan importante del libro.


La encuadernación En la encuadernación de libros intervienen distintas técnicas y herramientas y distintos artesanos que se especializan en cada uno de los procesos. En primer lugar se doblan los pliegos con la plegadera (útil de madera, hueso o marfil que se usa para marcar el doblez y para otras operaciones de la encuadernación). Posteriormente se cosen en el telar y, una vez cosido, se encolan y se cubren con un material más rígido que el papel (cartón, papel grueso, pergamino, piel…). Una vez reforzada la estructura del libro, la elección de uno u otro material le aportará un aspecto bien distinto, más humilde o suntuoso en función de los trabajos o adornos que se realicen, pero siempre con el objetivo de proteger y embellecer al libro.

Así podemos encontrar encuadernaciones en pergamino, piel o tela, con aplicación de hierros secos o dorados, gofrados, repujados y otras técnicas y, encuadernaciones editoriales más sencillas realizadas con planchas de volante. También serán distintas las hojas de guarda (papeles, marmoleados o telas) o los cortes (tintados, cincelados...).

Las técnicas de encuadernación se han supeditado también a los movimientos artísticos y a distintas “modas” que han repercutido en los diferentes estilos que se fueron imponiendo: orfebrería, árabe, persa, turco, indio, gótico, mudéjar, renacentista, plateresco, aldino, Grolier, Maioli, Tory, barroco, Le Gascon, deromé o encaje, Padeloup, mosaicos, neoclásico, imperio, cortina, romántico, a la catedral, etc… todos ellos con sus variantes geográficas apreciables en los distintos adornos o emblemas utilizados.


Ex libris En el mundo del libro antiguo no solo son importantes las ediciones sino también cada uno de los ejemplares. Las encuadernaciones, los exlibris, las dedicatorias, las anotaciones manuscritas, y otros elementos posteriores a la propia impresión del libro, convierten en único a un ejemplar frente al resto de la edición y nos hablan de la vida secreta de los libros.

Los exlibris, o marcas de propiedad, suelen ser sellos con emblemas, escudos o dibujos que identifican al propietario o a la biblioteca a la que pertenece el libro. Se trata de un elemento ajeno al libro, que se añade una vez impreso y encuadernado.

Aunque ya en Egipto y Mesopotamia se usaban pequeñas placas de barro para identificar a los dueños de los rollos de papiro o tablas de arcilla, es durante la Edad Media cuando los ex libris pasan a generalizarse a través de inscripciones manuscritas hechas por monjes calígrafos para asegurar y garantizar la propiedad de las obras. Pero es con la invención de la imprenta, al multiplicarse las ediciones de los libros, cuando el ex libris adquiere su auténtico sentido. A lo largo de la historia ha habido grandes maestros que han cultivado, de forma magistral, la creación y grabado de exlibris: Alberto Durero, Lucas Cranach, Klimt, incluso Goya y Dalí coquetearon con estas estampas tan especiales. La época dorada del ex libris fue sin duda el modernismo, con grabadores y dibujantes como Joaquín Figuerola, Josep Triadó o Alejandro Riquer. Actualmente uno de los grandes artistas de esta especialidad es el pintor Martín Oliete, del que se pueden ver varios grabados en esta exposición.


Exposicion: "Una mirada al libro antiguo" Biblioteca Municipal Torrente Ballester. Salamanca