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LA CRUZ DE LOS EMIGRANTES A CUBA “Si usted mira al cielo de Cabaiguán el Tres de Mayo, verá cuatro estrellas formando la cruz; luego cada día se va inclinando hasta desaparecer...”.

Si apenas hacemos un mínimo esfuerzo, podemos entender la historia de muchos canarios que, como los subsaharianos de ahora, se jugaron la vida saliendo desde sitios como El Guindaste hacia tierras americanas. Perdieron sus cosas por culpa del abuso de hombres sin escrúpulos, pero lo que nunca le pudieron quitar fue su dignidad y sus costumbres que pronto arraigaron con fuerza en esa nueva tierra de providencia llamada Cuba. En este breve artículo nos sumergiremos en las páginas vivenciales de un libro del escritor cubano Mario Luís López Isla, “Festividades de Origen Canario en Cabaiguán: Don José Garcés, un realejero en Cuba”, profunda visión de las festividades de origen canario en la zona de Cabaiguán, teniendo una especial atención a los naturales de Los Realejos y sus descendientes. Actualmente más del ochenta por ciento de los habitantes cabaiguanenses procede de Canarias. Según Mario Luís, en Cuba se celebra el Tres de Mayo en Cacahual de Pozas, donde siempre destacaba la figura de Juan Chimijo Hernández, de quién se afirmó era el mejor enramador de la zona. “Desde varios días de antelación ya estaba en los trajines de adornar la Cruz, allí se plantaba en un nicho que había en Pozas; medía más de un metro. La enramaba también en la tienda y en la sitiera de don Daniel Brito, donde trabajaba. Le ponía prendas, cadenas, anillos, flores... y por la noche se hacía una fiesta y se velaba durante toda la madrugada hasta tarde, bailando y cantando música canaria con un grupo que tenían allí”. Pero la forma más típica de velar la Cruz consistía en una reunión de vecinos que hasta altas horas del día tres de mayo, tomaban vino, chocolate y comían dulces, mientras se divertían realizando juegos de velorio; costumbre muy arraigada en los fértiles campos cubanos no sólo en el día de La Cruz, sino en el de cualquier santo, en la fecha que correspondiera. Aunque en algunos lugares como Pozas se hacía en público, era característico en los campos cabaiguanenses velar la Cruz en la sala o en el cuarto de una casa de familia (Igual que sucede aquí en La Cruz Santa) que recibía para tal ocasión a numerosos amigos y vecinos. “Antes del anochecer se concluía un altar de varios pisos en forma de pirámide, se realizaba poniendo sobre una mesa cajas y cajones de diferentes tamaños, hasta colocar en lo más alto la Cruz, bellamente enramada. Muchos ponían una sábana de fondo y la adornaban con pencas de guano, anudándolas en la punta en forma de arcos. En cada escalón de la citada pirámide se colocaban botellas cubiertas con papel crepé erizado de varios colores o también con recortes de varias formas geométricas. Cada botella portaba una vela, cuya cantidad total tenía que ser impar, para diferenciarla de


un velorio de muerto. En los escalones también se solían colocar imágenes de vírgenes y santos. Y así después de terminar ese magnifico altar, comenzaban los juegos, pudiendo ser el dominó, la baraja, la sortija, la chancleta, la bola, las flores, el maletín del cura, los novios o casados y el puerquito, entre otros.” La familia de doña Nieves Pérez Rodríguez, que llegó a Cuba en 1925 enramaba su Cruz en la sala de su casa con una sábana de fondo desde el día dos, velándola posteriormente durante nueve noches más, teniendo como característica más particular los trajes con los que vestía el Santo Madero, de colores distintos que no se repetían hasta cuatro años después, destacando sobremanera las prendas que de éste se colgaban. Isidro Pérez Brito

2008_La Cruz de los emigrantes a Cuba  

Aunque en algunos lugares como Pozas se hacía en público, era característico en los campos cabaiguanenses velar la Cruz en la sala o en el c...

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