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UTOPISTAS / PROYECTOS QUE FUERON IMPOSIBLES.

POR

PEIO H. RIAÑO

ARQUITECTO DE LO INESPERADO Gonzalo Pardo reclama una arquitectura pensada a golpe de casualidad. Diseña inspirado en el encuentro con lo cotidiano y ahora crea un mundo sólo para el lector que quiera rodearse de otros en medio de un bosque.

Hablamos de literatura de alta montaña. De alimento. Porque somos seres zurcidos a palabras. La atracción fatal con la lectura pide un lugar en el que poder darnos placer con ellas. Hablamos de utopía. De la que no cierra por vacaciones, la que exige estar siempre alerta. Gonzalo Pardo (Madrid, 1980) la trata, como en este espacio para la lectura en pleno bosque, que evita encapsular el tiempo y encerrar a cada uno en su libro. Pardo propone una plataforma temporal, una rampa de acceso a la lectura al aire libre, sin más paredes que las dos tapas del libro que soporta. Leer no es un acto independiente ni aislado. Aunque sea cosa de uno, esto es una intimidad compartida. No sólo con el narrador, sino con todos los usuarios de esta estructura que gira, asciende y se

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instala en pleno bosque (aunque podría hacerlo igualmente en medio de un edificio del centro de la ciudad) como un lugar para la reflexión. La plataforma soñada (segundo premio en el Concurso Internacional Velux de Dinamarca 2006) guarda el equilibrio social y la comodidad personal: cada cual puede sentarse donde quiera y como quiera entre esta maraña de soportes que funcionan como árboles (permiten ver y no ser visto). «Me gustó la idea de leer debajo de un árbol. Leer entre árboles. El árbol aquí ofrece intimidad y relaciona al lector con lo que le rodea –asegura el propio Gonzalo–. Éste sería el espacio más parecido al que todos nos gusta para leer: un lugar sin orden al que llegar, poder tirar tus cosas y sacar tu libro. No es un espacio de paso, sino de estancia. Para estar de pie,

sentado, tumbado, recostado...». Por eso no hay mesas, porque implican sillas. Gonzalo Pardo se presenta como fiel a las ideas más que a la formalización de éstas. Por eso investiga y sale al encuentro de ellas: «En arquitectura sólo hace falta saber mirar», lo dice porque su inspiración parte de lo cotidiano. Creó Un palacio para la Infanta Leonor a partir de un periódico arrugado y le concedieron el segundo premio en el Concurso Nacional Sika. Un año antes cambió Madrid en 7 días con la mirada a partir de un sistema de espejos y ganó ese mismo certamen. Con su proyecto final de carrera se ha licenciado como arquitecto y ha ganado el concurso de ideas para la remodelación de la plaza de Azca de Madrid. Ahora pasa por el Ayuntamiento y no creen que la idea sea suya, es demasiado joven.

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La revista de la nueva cultura

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