Page 1

EL EDÉN ESTÁ EN LA MANCHA

... Y era la verdad que por él caminaba. (Por el Campo de Montiel, Don quijote de la Mancha)

Aprovechando el mucho tiempo que mi jubilación anticipada me deja libre, he estado haciendo un recorrido completo por las lagunas de Ruidera y sus alrededores, y quiero contar con algún detalle las maravillas que encierra este enclave manchego, en pleno Campo de Montiel. Se da la circunstancia que el límite entre las provincias de Albacete y Ciudad Real pasa por aquí, de modo que algunas lagunas pertenecen a Ciudad Real y otras, la mayoría, a Albacete. Desde pequeño mi padre me contaba cosas de ellas, (varias lagunas pertenecen al término municipal de Villahermosa, mi pueblo), ya que iba con mucha frecuencia con un tío suyo, Francisco, a segar carrizo en sus riberas, para hacer zarzos, que era el oficio que tenían sus abuelos maternos. Para quien no lo sepa, los zarzos son cañas de carrizo entretejidas y atadas con una especie de cuerda que llamaban guita. Se utilizaban hasta hace unos años en la 1


construcción de casas, para hacer los cielos rasos de los techos. De modo que hace unos días cogí el coche desde mi pueblo y enfilando la carretera de Ossa de Montiel, llegué hasta donde el rio alimenta la Laguna Blanca, la primera que se encuentra siguiendo el curso del agua, a unos quince kilómetros de Villahermosa. Muchos sostienen, y creo que con razón, que en realidad no son lagunas en el sentido clásico, sino remansos del Guadiana, el Guadiana viejo, y es verdad, porque el rio en su discurrir por el enorme valle encerrado entre montes, lo que hace es remansarse y verter sus aguas de laguna en laguna, bien en forma de vistosas cascadas, bien filtrándose bajo tierra entre las rocas de toba de la que están formados los fondos de las lagunas. Al llegar a la altura del puente por donde pasa el rio, me desvié hacia la derecha, buscando lo que muchos tienen por el verdadero nacimiento del Guadiana: los “Zampollones”, que en mi pueblo mucha gente incluidos mis padres llaman “Zampoñones”, con “ñ”. Este sitio es digno de ver, pues el agua sale de la tierra a borbotones, como si estuviera hirviendo, formando un pequeño estanque o mini-laguna, de donde sale el caudal que alimenta la Laguna Blanca. 2


Estuve un buen rato contemplando el manantial y sus alrededores, cubiertos de monte bajo con encinas y sabinas principalmente. Tambien abunda la caza menor, conejos liebres y perdices sobre todo, pues conforme iba andando por allí, salieron lo menos ocho o diez conejos asustados por el ruido de mis pasos. Abandoné los “Zampollones”, y me dirigí de nuevo hacia la carretera de Ossa de Montiel, cogiendo después el camino que lleva hasta la Laguna Blanca. Unos cientos de metros antes de llegar a la laguna, a mano derecha según se va hacia ella, hay una fuente al borde mismo del camino, entre unos árboles. El agua es muy buena, nada que ver con la que bebemos en casa, con todo ese cloro que lleva. Cuando llegué cerca de la laguna, dejé el coche en la explanada que hay allí. Como es pleno invierno el lugar está solitario, pero en verano hay tantos coches en esta explanada, que si no llegas muy pronto lo tienes que dejar arriba, en el cerrete. Viene gente de todos los pueblos de los alrededores, no solo de Villahermosa, también de Infantes, Montiel, etc. La laguna es encantadora, y tanto el fondo como los alrededores están constituidos por arena fina y muy blanca, de ahí su nombre. En el lado opuesto a la pequeña playa que allí hay, se ve un gran cañaveral, principalmente carrizos, y entre 3


los carrizos bastantes patos y otras aves acuáticas. De la Laguna Blanca sale el rio en dirección a sus hermanas mayores, de Ruidera. Como casi siempre que he venido aquí ha sido en verano, aprovechaba para meterme en este río y andar un trecho por su cauce. El agua estaba tan clara y fresca que me resistía a salirme de él. Ahora, como es invierno, me conformo con ver el agua clara correr cauce abajo, dejando la constatación de su frescura para el verano. No es cuestión de pillar una pulmonía en pleno diciembre… Abandoné la Laguna Blanca y fui en busca de la carretera de Ossa de Montiel. El paisaje, aún en pleno invierno es muy atractivo: a ambos lados de la carretera las encinas y los robles se mezclan con las sabinas que actualmente es una especie protegida, pues su madera es muy buscada por su dureza y resistencia, y su tala, sin control, estaba acabando con ellas. Hablando con un viejo de mi pueblo sobre las sabinas, me contaba que antes se usaban mucho para hacer los ejes de las norias de los molinos, ya que es una madera que prácticamente no se pudre nunca, porque lleva mucha resina. Por eso cuando arde desprende un ligero olor a incienso. Como he dicho antes, hoy día está protegida, y no hay forma de conseguir madera nueva. Lo que hacen algunos es aprovechar la madera que se utilizaba en la construcción de las 4


casas de antes en vigas, postes, etc., y de ahí el carpintero les hace mesas, sillas, y todo tipo de utensilios. Yo he visto una mesa enorme de madera de sabina, sacada de las vigas que tenía una casa muy antigua, y la verdad, nadie diría que esa madera lleva cortada más de cien años. Está impecable. Al llegar a Ossa de Montiel, y ya dentro del pueblo, torcí a la izquierda, siguiendo un cartel que indica “Lagunas de Ruidera”. A algunos kilómetros de este pueblo sale hacia la izquierda una carretera más estrecha, que dando vueltas baja buscando las primeras lagunas, y una zona que llaman Ruipérez, donde hay una central hidroeléctrica. Pero antes de llegar ahí, a la derecha de la carretera se ve un rótulo que pone “cueva de Montesinos”. Para los que no hayan leído el Quijote, hay que decir que esta cueva la utiliza Cervantes para hacer que el hidalgo manchego viva allí dentro una de sus extraordinarias aventuras. Verán, resulta que mi ilustre paisano, ayudado por su fiel escudero y alguien más, penetra en esta cueva, después de haberse atado un extremo de una cuerda muy larga alrededor del cuerpo, (casi cien brazas según cuenta el mismo Cervantes), teniendo el otro extremo agarrado entre Sancho y el otro acompañante, (un primo del licenciado con quienes se encuentran en las bodas de Camacho) 5


El caso es que el valiente Don Quijote se adentra en la cueva, no sin antes encomendarse a la dueña de sus pensamientos, la “sin par” Dulcinea del Toboso. Al cabo de una hora más o menos lo sacan, (él cree que ha estado tres días), y ya en el exterior y después de haberlo desatado, comienza a narrar la historia de lo que ha soñado o vivido, según cree él. Así, relata que allá abajo se ha encontrado con un venerable anciano que dice ser el mismísimo Montesinos, el cual le explica una larga historia donde aparece Guadiana, escudero de Durandarte, un caballero ya fallecido al que Montesinos ha sacado el corazón siguiendo las indicaciones que el mismo Durandarte le había dado. Asimismo se encuentra con Ruidera y sus siete hijas y dos sobrinas, a las cuales el sabio Merlín ha convertido en lagunas y al escudero Guadiana en un rio. Despues de estar un rato en la boca de la cueva rememorando este pasaje cervantino, salí de nuevo a la carretera que lleva hasta el valle donde están las Lagunas, y a cosa de un kilómetro carretera abajo se ve un rótulo que indica “al castillo de Rochafrida”, de donde sale un camino de tierra, que aunque tiene algunos baches, es perfectamente transitable en coche. 6


Seguí este camino y a unos quinientos metros me encontré en la base de dicho castillo. Hay allí un cartel indicador que da algunos detalles de su origen. Este castillo lo levantaron los árabes por el siglo XII más o menos. Despues los cristianos lo conquistaron y sirvió de línea defensiva contra los ataques de los moros, por la época de la batalla de las Navas de Tolosa, cuando los ejércitos cristianos estaban empeñados en arrojar a los musulmanes de la Península, en plena Reconquista. A pocos metros de allí hay otro cartel que indica la dirección de la famosa Fontefrida, ya cantada por el poeta: Fontefrida, Fontefrida, Fontefrida y con amor, do todas las avecillas van a tomar consolación. Si no es la tortolica que está viuda y con dolor… La poesía sigue contando que pasó por allí un ruiseñor que quería formar pareja con ella, pero la tórtola, que es símbolo de la fidelidad conyugal, se negó en redondo, prefiriendo quedarse viuda y guardar luto a su añorado “tórtolo”. Sublime, ¿no?

7


Esta poesía la leí por primera vez cuando era un niño y me imaginaba que la fuente debía estar en algún lugar lejano y misterioso, sin sospechar que estaba bien cerca de mi pueblo, a unos kilómetros solamente, ¡sorpresas de la vida! Habrán notado que me he puesto algo “didáctico” y un tanto “lírico” pero es que es difícil resistirse, estando rodeado de tanta historia y de este paraje tan encantador. De modo que seguí la senda que me indicaba el cartel, y medio oculta entre unos arbustos encontré la fuente, donde estuve unos momentos evocando la poesía de la tórtola y su inquebrantable fidelidad a su compañero muerto… Después cogí la senda que rodeando el promontorio sube hasta la cima de lo que fue el castillo de Rochafrida, también llamado de San Felices. Del castillo original queda en pie una gran muralla que mira al norte y poco más. Actualmente están haciendo excavaciones al lado de las murallas a juzgar por los montones de tierra y las cuerdas que han colocado allí. Una vez concluidas mis visitas al castillo y a la fuente, retorné por el camino de tierra a la carretera que me llevaba en dirección a las Lagunas. A dos kilómetros de allí está la ermita de San Pedro de Verona, según pone el rótulo que hay en la parte superior de la puerta de entrada, aunque parece que también se llama de San 8


Pedro de Sahelices. Este santo es el patrón de Ossa de Montiel, que dista de la ermita unos siete kilómetros más o menos. Por lo visto durante la guerra civil le prendieron fuego a la imagen y la echaron al rio Alarconcillo que pasa cerca de allí. En fin, las barbaridades de la guerras. Por esta ermita también pasó el genial hidalgo manchego, como queda reflejado en las páginas de la inmortal novela. Es muy emocionante visitar los mismos sitios por los que pasó Don Alonso Quijano y su orondo escudero, y constatar que efectivamente, estos fueron los lugares por los que transcurrieron las aventuras de la pareja más famosa de toda la literatura. No en vano Cervantes se preocupa de reseñarlo varias veces a lo largo de la novela: “transitaban por el antiguo y conocido Campo de Montiel”. La ermita estaba cerrada, así que di una vuelta a su alrededor, y contemplé también la casa del ermitaño, que está enfrente, al otro lado de la pequeña carretera. De aquí continué hacia abajo, buscando el borde de las lagunas. Un poco más adelante están las “pelotas de San Pedro”. Esta historia me la contó mi padre cuando yo era un niño. Resulta que Francisco, el tío con el cual venía mi padre a segar carrizo cuando era un muchacho, vino a trabajar de 9


guarda por estos andurriales, estando ya casado y con un par de hijos. Los primeros días no tenían donde meterse él y su familia, por lo que se refugiaron bajo unos enormes salientes rocosos con formas redondeadas que hay casi al borde mismo de la carretera. Por lo visto aquellos pedruscos los llamaban ya “las pelotas de San Pedro”, seguramente por sus formas testiculares, (con un poco de imaginación, es cierto), y por estar muy cerca de la ermita que ya he mencionado antes, así como de la laguna del mismo nombre, que está un poco más abajo. Bueno pues a estas alturas de mi excursión eran ya casi las dos de la tarde, y mi estómago me estaba reclamando una parada para reponer fuerzas después de tanto ejercicio, por lo que me detuve frente a uno de los varios restaurantes que hay en la zona y entré. Había poca gente, cosa normal dada la época del año, mediados de diciembre. Cuando el camarero llegó a mi mesa, le dije que me trajera algún plato típico de la región manchega. De los varios que me sugirió, pedí caldereta de cordero y perdiz en escabeche, y para beber un excelente tinto de Valdepeñas, para facilitar el tránsito del cordero y la perdiz hacia el estómago. Cuando terminé de comer abandoné el restaurante, y me dispuse a recorrer las quince lagunas anotando brevemente 10


algunas de sus características. Por fuerza, esta descripción de las lagunas ha de ser somera para no extenderme demasiado en el relato de este viaje. Las tres primeras, Conceja, Tomilla y Tinaja tienen abundantes cañaverales donde encuentran refugio multitud de patos y diversas aves acuáticas. Disponen de algunas zonas de baño, aunque en menor medida que las que hay más abajo. Ya en camino hacia el pueblo de Ruidera, me paré en la San Pedra, a la cual la alimenta el cauce del rio Alarconcillo y el agua sobrante de la Tinaja. Es de las más grandes junto con la Colgada y la del Rey, y tiene una estupenda playa con arena para bañarse. Lástima que en este tiempo no apetezca mucho un baño. A partir de aquí las lagunas tienen mayor belleza pues sus riberas están despejadas de cañas y otras plantas acuáticas. Una cosa digna de resaltar es el color del agua, que cambia de una laguna a otra en diversos tonos de verdes, dependiendo del color del fondo de cada laguna. En la Redondilla no me detuve pues es muy pequeña y con poco agua, habiéndose secado en varias ocasiones. La siguiente laguna es la Lengua, una de las más espectaculares del Parque por sus grandes dimensiones. Hay que suponer que su nombre se debe a la forma tan alargada 11


que tiene. Se advierte en sus orillas, y en posición más elevada, antiguas barreras de toba que represaban en épocas remotas una laguna parecida a la actual, cuando el Guadiana pasaba a unos veinte o veinticinco metros por encima de donde hoy lo hace. En esta laguna se abren unas oquedades llamadas “las cuevas de Madrid”. Son pequeñas cuevas que sirvieron de alojamiento a las familias obreras que construyeron la cercana central de Santa Elena y los canales asociados. Hice otra parada en la Salvadora, que recibe sus aguas de la laguna Lengua y en años de fuertes crecidas se forman hermosas cascadas entre las dos lagunas. Tambien tiene varias playas que son aptas para poder bañarse y practicar deportes acuáticos. Otra que también se alimenta mediante cascadas en años de mucha agua es la Santo Morcillo. Su forma es parecida a la Salvadora, aunque algo mayor en superficie, y también tiene playas para el baño. A continuación está la laguna Batana, que toma su nombre de un batán antiguo que hay en su parte inferior. Por si no lo saben, el batán era una máquina hidráulica compuesta de numerosos brazos que servían para golpear, desengrasar y darle el cuerpo correspondiente a los

12


paños y otros tejidos de lana. Lógicamente se instalaban en los cauces de agua abundante. La siguiente es la Colgada, una de las tres grandes. En su parte superior está la central eléctrica de Santa Elena. Como curiosidad hay que decir que el agua que mueve su turbina le llega por un canal desde la laguna San Pedra, que está varias lagunas más arriba, como ya he dicho. Y ya por último estuve contemplando la majestuosa laguna del Rey, la más espectacular de todas para mi gusto. Para ello salí a la carretera que une Manzanares con Albacete, y allí en la represa natural que está justo en el puente de la mencionada carretera, estuve un rato recreando la vista ante la gran lámina de agua. Hay otras tres lagunas del puente hacia abajo, pero éstas son poco vistosas pues están llenas de carrizales que sirven de vivienda a gran cantidad de aves acuáticas. Estas lagunas son Cueva morenilla, Coladilla y Cenagosa. No podía acabar mi excursión sin hacer una visita al Hundimiento, para lo cual hay que cruzar la carretera. Al lado de otra antigua central hidroeléctrica, sale un camino junto al cementerio. Continué bajando por un sendero que está bien asegurado por barandillas de madera, que me llevó al fondo de las cascadas, desde donde pude admirar el impresionante salto 13


que hace el Guadiana precipitándose al fondo del barranco. Parece que una fuerte crecida del río en el pasado, destruyó una serie de batanes que había en las cercanías y formó un gran hoyo vertical al que llamaron el Hundimiento. Algo espectacular. Despues de admirar detenidamente las cascadas, retorné al lugar donde había dejado el coche, en el aparcamiento del restaurante que hay entre la carretera y la laguna del Rey, al final de ésta. Ya empezaban a irse las luces del día cuando entré en este restaurante a tomarme un café, y descansar un poco del día tan movido que había tenido. Despues de descansar un rato, cogí de nuevo el coche y regresé a mi pueblo, teniendo la certeza de que había sido un día de lo más aprovechado.

FIN

14

EL EDEN ESTÁ EN LA MANCHA  

UN PARAISO EN EL CAMPO DE MONTIEL