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Heraldo de Aragón - 29/12/2011

COMUNIDAD DE CALATAYUD

Un brote de fuego bacteriano afecta ya a los perales de 20 pueblos y amenaza con extenderse La DGA ha establecido una zona de seguridad para tratar de controlar la enfermedad, que también puede acabar con los membrilleros ZARAGOZA. Un brote de fuego bacteriano detectado inicialmente en Villalengua afecta ya a los perales y los membrilleros de una veintena de municipios de la Comunidad de Calatayud. Se trata de una enfermedad que provoca daños muy graves –puede llegar a matar los árboles– y que se extiende con facilidad, lo que ha obligado al Gobierno de Aragón a establecer una zona de seguridad para tratar de controlar y erradicar el foco antes de que pueda propagarse a otras comarcas. «El problema está concentrado en una zona concreta, así que no se puede decir que el fuego bacteriano amenace los frutales de todo Aragón –destacan fuentes del Centro de Protección Vegetal de la DGA–. Dicho esto, es verdad que estamos preocupados, porque nos enfrentamos a una situación excepcional». Esta enfermedad, provocada por una bacteria, es una de las patologías más importantes que pueden sufrir los frutales de pepita. No obstante, el brote de la Comunidad de Calatayud no está afectando a los manzanos. Solo ha sido detectado en los membrilleros y, sobre todo, en los perales, que en la Comunidad de Calatayud ocupan más de 1.000 hectáreas. El fuego bacteriano está presente en la mayoría de los países europeos. En España, apareció en Guipúzcoa en 1995, y desde entonces ha habido focos en varias comunidades. Aragón lo sufrió por primera vez en el año 2000, cuando se detectó en una parcela de peral conferencia situada en el término municipal de Épila. Conforme la enfermedad fue evolucionando, el Departamento de Agri-

EL FUEGO BACTERIANO

Descripción. Es una enfermedad de cuarentena causada por una bacteria, la más grave que puede afectar a los frutales de pepita (peral, manzano y membrillero). Daños. Son muy graves, especialmente para el peral. Los árboles más sensibles pueden morir en poco tiempo. Dispersión. La principal vía de expansión a larga distancia es la introducción de material vegetal contaminado, pero la bacteria también puede viajar gracias a los pájaros, las abejas, el agua, el viento, la maquinaria... Erradicación. No hay tratamientos efectivos. Los árboles enfermos deben podarse e incluso arrancarse para después ser quemados. El brote. Afecta parcialmente a los frutales de Ateca, Belmonte de Gracián, Calatayud, Carenas, Cervera de la Cañada, Fuentes de Jiloca, Ibdes, Jaraba, Maluenda, Miedes, Monterde, Montón, Moros, Munébrega, Paracuellos de Jiloca, Terrer, Torralba de Ribota, Torrijo de la Cañada, Valtorres, Velilla de Jiloca, La Vilueña, Villafeliche, Villalba de Perejil y Villalengua.

cultura creó distintas zonas se seguridad en cinco localidades del Jalón Medio –Épila, Ricla, Calatorao, Salillas y Rueda–. Estas medidas consiguieron erradicar el problema, ya que desde 2003 no habían aparecido nue-

HERALDO

Los efectos. La imagen, tomada en verano, muestra un peral afectado por el fuego bacteriano. Las hojas se secan, los frutos y las flores se necrosan y en las ramas y el tronco aparecen chancros.

vos brotes. Sin embargo, el pasado verano se detectó otro foco de fuego bacteriano en Villalengua. A raíz de ese descubrimiento, los técnicos del Centro de Protección Vegetal hicieron una prospección exhaustiva de los frutales de la comarca constatando que la enfermedad ya se ha extendido a los perales y los membrilleros de una veintena de municipios. Restricciones para los agricultores Siguiendo lo establecido en la normativa estatal que regula la lucha contra este problema, Agricultura ha vuelto a crear un área de seguridad en la que los agricultores deberán llevar a cabo una serie de medidas preventivas destinadas a tratar de frenar la propagación. «Lo principal es evitar que material vegetal contaminado pueda llegar a otras zonas, porque esa es la principal vía de dispersión del foco bacteriano –destacan desde el Centro de Protección Vegetal–. El problema es que la bacteria

también puede viajar a través de los pájaros, las abejas, el agua, el viento, la maquinaria de trabajo e incluso el propio agricultor... por eso es difícil controlarla». Por otra parte, no existe un producto químico que permita luchar contra el fuego bacteriano. El método de erradicación más efectivo es podar o incluso arrancar y quemar los árboles que ya están enfermos. «Dependerá del grado de afectación de cada parcela, pero teniendo en cuenta que en una hectárea se cultivan unos mil árboles, ya se puede adelantar que habrá que arrancar cientos de ejemplares», reconocen los técnicos de la DGA. En este sentido, Agricultura destaca que los agricultores que tengan que derribar sus perales o membrilleros recibirán compensaciones tanto por los gastos que provoque el arranque como por el valor de los frutales –al ser árboles, tardarán en reponerse–. I. ARISTU


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