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A mis compañeros del colegio Nacional de San José de Valderas, el cole del Mercado, con especial mención a Fermín, que impulsó estas líneas, a Magdalena, gran protagonista, a Garrido (el “Gigi”) y a Vaquero, por nuestra especial amistad durante esos años. A mis queridos profesores Andrés y Rosa Mari, que suplieron las condiciones realmente precarias en que trabajaban con enormes dosis de entusiasmo y vocación. A todos los que habéis soportado estoicamente estas columnas a través de internet. A mi mujer, que es la primera en leer cada una de ellas con una sonrisa en los labios.


Da Igual Me escribió comunicándome que no había entendido parte de mi último escrito. Le contesté que no debía preocuparse por ello. Da igual. A veces yo tampoco me entiendo, siendo como soy una pura contradicción. Son palabras nada más. Sólo palabras sudando sobre un papel en blanco, motas de polvo sobre la pantalla luminosa de un ordenador. Palabras sudando tinta. Nada más. Rimmel corrido de sentimientos a menudo bastardos, queridos pero faltos de padre o de madre o, como dice el replicante de Blade Runner, “lágrimas en la lluvia”. Nunca desciendo las cuestas en línea recta, ni dibujando perfectas líneas curvas en la nieve como hacen los esquiadores expertos. Siempre bajo a tumba abierta y dando volteretas. A menudo busco un buen atajo, aunque sé que siempre acabo transitando el camino más largo y reseco. La experiencia no sirve para librarte del porrazo, sólo vale para saber que nos lo van a dar y que, además, va a doler. Y aún así voy a la pelea porque ésta debe ser librada. Hay tres tipos de personas: los que luchan, los que ordenan luchar y los que aguardan agazapados mientras otros pelean por ellos. Al final todos mueren. La muerte nos iguala. Eso no se puede elegir. Acaso elegimos como vivimos –casi casi nunca –y como morimos –menos frecuente aún –. La dignidad nos distingue, sólo queda el empeño si eres un ciclista del pelotón. Siempre bajo, por tanto, dando tumbos y volteretas, y no busco un sentido. Persigo un sentimiento, un chispazo, una emoción, como me sucede cuando contemplo las olas desde el rompiente. Soy un poco como ellas, que mueren contra las rocas o en la playa, pero allá van de manera inexorable, al choque. Como el salmón que recorre miles de kilómetros en el mar, remonta el río y sortea los zarpazos de los osos para desovar y morir en su nacimiento. Hay un sentido, si se quiere, pero prima un sentimiento, una emoción. A veces, la desidia, la cobardía o el agotamiento pesan como losas de mármol. Al final yo peso más, son las ventajas de engordar, supongo. Busco un sentido a la emoción, como los salmones, pues no hay mayor sentido que el sentimiento, y lo busco… ¿Qué somos? ¿Adónde vamos? ¿De dónde venimos? Una insignificancia petulante perdida en la inmensidad de la galaxia, a su vez orillada en un confín del universo, o de los universos. ¿Qué es la realidad sino un espejismo relatado por una masa informe que llamamos “la mayoría”? Un rebaño en busca de un pastor que a menudo suele preferir al líder más cruel o menos empático dentro del siempre amplio abanico de sociópatas candidatos. No hay mucho que pensar pues aún hay menos que entender. Sólo sentir, emocionarse, vibrar, arder en las llamas de la pasión. He sido tantas cosas que me he extraviado. Ya no sé lo que soy y a veces dudo de lo que pretendo ser. Pero sí sé quién soy: una migaja del todo. Un esclavo, una escoria, un liberto, un sorbo en un vaso de cristal…


Sí, sé quién he sido y quién soy. Una basura, un basurero, un enfermo, un celador, un truhán, un caballero sin caballo, un caballo desbocado, un caballete de pintura, un caballito de mar. Un periodista, un trilero, un escritor, un lector, un farol, una prostituta, un libertino, un tipo circunspecto, un juerguista, un trabajador. Soy aire y soy fuego, y seré polvo helado más que enamorado. Un amante romántico, un amante sádico, un amor efímero, el amor verdadero, un rencor, un aprendizaje, un formateado, un perdón, un olvido. Un oficial, un soldado, un funcionario, un currante, un desempleado, una mano perdida, una baza por jugar, un órdago a chica, un órdago a grande y pares con dos pitos y uno para silbar, un mus al trantrán. Un combate, una tregua, una bandera blanca, un pabellón pirata, un patriota, un idiota, un novillo por lidiar, un toro picado, un estoque, un derrote, un héroe, un cobarde, una vergüenza, un sinvergüenza, una leyenda, un hola y un adiós. Una gota de lluvia en un cristal, un contrato de permanencia, una nota de blues flotando en un bar, una voluta de humo en forma de o, un liguero en un muslo, un suspiro, un aliento, un grito, un susurro, un gemido, un anhelo, un orgasmo, unas ganas de llorar, una risa, un goteo, un trocito de coral, un atleta, una ballena, un borracho pendenciero, un juicio, un alma buscadora, un animal rastreador, un padre, un hijo y unas irrefrenables ganas de volar. Un ateo, un creyente, una tesis, una antítesis y una síntesis, una promesa incumplida, un loco, un verso suelto, un soneto incompleto, una mala estrofa en una buena historia, un libro descosido, una hoja por grapar. Un paréntesis, una diéresis, un punto y coma, tres puntos seguidos, una suma de dos, una resta de tres, la regla del tres compuesta, el tampón de ninguna, un pene nervioso, un cerebro inquieto, mermelada sin pan, tequila con sal y limón, una vagina por explorar, un pezón por apretar, unos labios por besar, unos senos que se asoman, dos voces en un mismo canal, un eco, un reproche, una sombra marginal en la noche, unas ganas de cantar y contar lo que te cuento y lo que me callo por no hablar de más. Y todo por ser menos que nada, por ser agua en el mar, suave, salvaje, generoso y egoísta, cicatero y altruista, cruz y cara, vaya cara y vaya cruz. Un hombre, sólo un hombre, nada menos que un hombre… Una persona nada más. Jose Manuel Iglesias Cervantes.


I El Mercado

El Cole del Mercado Los recuerdos, eternos compañeros de viaje y guías de conducta futura. Fermín López Galindo, autor del blog “ValderasGráfico”, fue quien me animó a escribir estas líneas. Estudiábamos en un colegio que ocupaba la planta superior del mercado de San José de Valderas. No tenía ventanas, sino unos minúsculos ventanucos del tamaño de un ladrillo alineados en hilera unos al lado de otros por los que pasaban unos rayitos de luz tan insignificantes que se precisaba el empleo de luz eléctrica todo el día. Los alumnos éramos formados en columnas y filas, al estilo del ejército, en la calle y accedíamos al colegio atravesando en fila india el interior del mercado, entre los puestos, y ascendiendo por una escalera interior. Posteriormente construyeron una escalera exterior de hierro, para descanso de los sufridos tenderos. Hubo de todo, como en botica, pero recuerdo con nitidez que la mayoría de los profesores nos sacudían que daba gusto, sobre todo don Millán, que nos hacía cantar el “Cara al Sol” y rezar el “Credo” a diario, y que el día que Franco falleció lloraba a moco tendido ante “el fin de España y su esplendor imperial ante las hordas rojas”. Yo recuerdo aquella fecha porque nos dieron tres días libres y echaban películas de guerra en la televisión –única, grande y algo más libre desde entonces–. Recuerdo el olor a colonia Pachulí y las rumbas de Los Chichos que palmeaban en círculo los macarrillas de la clase, los duros del lugar. A nosotros nos gustaba más el rock y el pop –hay cosas que nunca cambian– y, en cuanto teníamos ocasión, nos fugábamos a los castillos y a la piscina de los tritones a jugar a las dreas o a deslizarnos sobre unos cartones por una cuestecilla que estaba al lado del castillo principal hasta que se nos rompían los pantalones. Coleccionábamos piedras que recogíamos en la vera de dichos castillos que, según los entendidos, estaban cristalizadas por efecto de los motores de unos platillos volantes que se habían posado sobre ellos. Recuerdo las fotos, en blanco y negro y con grano enorme. Y recuerdo que pensaba que ya que habían venido desde tan lejos, y puesto que tenían una técnica tan avanzada, podían haber aprovechado y construir un cole en condiciones. Años más tarde vi allí mismo a un friki llamado Tristanbraker diciendo a voz en grito a los que allí le mirábamos que los extraterrestres regresaban en sus naves y que iba a contactar con el jefe de ellos con un walky-talky de un todo a cien que esgrimía en la mano… Menudo alcance que tenía el aparato.


Recuerdo que estábamos rodeados de campo, de higueras y moreras. Criábamos gusanos de seda e íbamos todos de uniforme: pantalones vaqueros de “Los Catalanes”, zapatillas “Tórtola” de “Los Guerrilleros” y parcas con capucha de forro naranja en sus tres variantes, a saber: azul, verde o marrón. Recuerdo que sentí la primera llamada del amor por una compañera de clase. Una chica preciosa, morena y de sonrisa luminosa que se llamaba Magdalena, al menos así la recuerdo yo pues no la he vuelto a ver desde que acabé la E.G.B., es decir hace la friolera de 31 años. Como quiera que no di el estirón hasta los 14 años y que Magdalena era la “novia” de un armario ropero de tres puertas que encima acudía a clase armado con unos “nunchakus”, decidí con buen criterio llevar mi amor en secreto y no arriesgarme a que me pusiera la cara como un mapa, como le sucedió a unos cuantos. Primera lección vital. Espero que la chica encontrara mejor novio con el tiempo, más que nada por su bien, o que el muchacho se tranquilizara y encauzara sus fuerzas a labores menos destructivas. Quién sabe, igual acabó trabajando de extra en alguna película de Jackie Chan. Recuerdo haber mantenido trato cordial pasados los años con muchos de aquellos “malos” de su pandilla, y ver que en realidad no lo eran. La mayoría eran muy nobles si llegabas a conocerlos; yo he sido a la larga bastante más malo que muchos de ellos y, en cierto modo, les debo haberme curtido en la calle, sobre todo en la disputa del bocadillo. El que no espabilaba no almorzaba y no aprendía, pero los tontos son arena de otro costal. Ya lo dijo Campoamor: el que es tonto de pequeño, gilipollas de mayor. Pasados los años y tratando en otras esferas, sonríes cuando les llaman “malos”. Malos son los Roldán, Cachulis y “gurteleros” de turno que exprimen todo el jugo del limón para su vaso vaciando los de los demás; los especuladores bursátiles y los banqueros rapaces que obligan a cerrar empresas y desahuciar hogares sepultando los sueños de los más humildes. Y estoy seguro de que muy pocos de estos sátrapas eran “malos” en el colegio. Recuerdo los estragos de la droga, en concreto de la heroína, y de la cárcel en muchos de aquellos muchachos que ahora nos contemplan desde otra vida porque transitaron por ésta deprisa, deprisa, demasiado deprisa. Y los recuerdo siempre igual, porque ellos no envejecen en mi memoria, siempre son niños, demasiado jóvenes para ser malos de veras. Ángeles con alas rotas que llegaron al cielo enganchados del hilo de una jeringuilla, pisoteados por los cascos del caballo que un día creyeron domeñar. Recuerdo nuestra educación callejera y la escolar, como una suerte de Jeckyll y Hide suburbiales. Terminé comprendiendo que, pese a las carencias de todo tipo –sonrío cuando escucho a los nostálgicos diciendo que nada ha mejorado con la democracia –el nivel de nuestros profesores era elevado, lo que me permitió tener una sólida base que me fue muy útil en el instituto y, posteriormente, en la universidad, y aquí estoy, producto cien por cien de la


ahora denostada enseñanza pública y de la educación en barrio obrero, porque eso es lo que era y lo que sigo siendo: un chico de barrio, por más que algunos de mis amigos de entonces renieguen de ello y pretendan disimularlo. Yo no, yo lo tengo a gala. Claro que la razón y los recuerdos son como los culos: cada uno tiene el suyo y piensa que son los demás los que apestan, nunca el propio. Recuerdo el pequeñísimo quiosco de golosinas –entonces no decíamos “chuches” y, mucho menos, “los chuches” –situado enfrente del colegio, y que nos atraía como un imán al hierro, a comprar gominolas, paloduz, regaliz y, los más duros, cigarrillos sueltos. A menudo me pregunto qué recuerdos tendrán aquellos compañeros que no he vuelto a ver, porque la vida es una pirámide con diferentes prismas. Se me antoja curioso que recuerde el nombre y apellidos de tantos de aquellos críos, más que el de otros jóvenes, hombres y mujeres con los que he convivido mucho más recientemente. Recuerdos del cole, de niños de barrio, antes de que perdiéramos para siempre la inocencia en una fábrica, en una tasca, en una zanja, entre unos barrotes, en zona de combate o en un burdel. Recuerdo aquellos molletes de pan recién hecho del mercado y las lonchas de mortadela con aceitunas o de chóped con que nos rellenaba el charcutero los bocadillos al salir al recreo… Recreo, palabra evocadora donde las haya. Juegos, dola, churro, media maga, manga entera, carreras, libertad. Y a la dulce Magdalena, con una manzana de la frutería de sus padres… amor puro y libertad. Recuerdos.


8 1/2 He amado y me han amado menos mujeres de las que he querido… y muchas más de las que he merecido. La memoria es una compañera peligrosa. A la que te descuidas te gasta una jugarreta y te mete en un aprieto. Es selectiva, tiende a sublimar lo que creímos bueno y a enterrar lo que nos produjo dolor o en su momento juzgamos malo. Y no siempre es así, objetivamente, en uno u otro sentido. La memoria, como el lenguaje, es traviesa y juega con nuestro entendimiento. Todas las palabras tienen, como mínimo, doble sentido, por eso debemos leer siempre entre líneas, pues a menudo la primera interpretación no es la correcta, ni la primera impresión la más acertada, a pesar de la creencia popular. Por ejemplo, no olvidemos que “caer” es perder el equilibrio “hasta dar en tierra o en cosa firme que lo detenga”, y dejar de ser o desaparecer, pero también significa llegar a comprender algo. Asimismo se puede aplicar a los conceptos náuticos de disminución del oleaje o de desviarse un barco de su rumbo. Es un ejemplo muy gráfico de cómo algo con un mismo aspecto puede significar muy diferentes cosas en función del contexto o de la intención, y sobre todo de la actitud del receptor. En fin, intentaré que mi barco no se desvié del rumbo inicialmente trazado al comenzar a escribir estas líneas. Gracias a Facebook he vivido durante los últimos meses una experiencia similar a lo que Federico Fellini recreaba en su película “8 ½”, o en su remake “Nine”. De las maneras más sorprendentes y de las costuras de la red han ido apareciendo en mi “perfil”, “muro”, “life line” o como se le quiera llamar un grupo de mujeres que, de un modo o de otro, he amado o me han amado, o ambas cosas a la vez. Como quiera que el orden de aparición de las fotografías es aleatorio, en cierta ocasión coincidió que salían todas ellas juntas en fila, como en el citado film Ocho y Medio. Y algo tan aparentemente frío como la pantalla de un ordenador me produjo una honda sacudida en el pecho. Un aluvión de recuerdos y experiencias buenas, malas y regulares invadieron mi cabeza con la visión de aquellas fotografías de rostros familiares que un día marcaron mi vida. Faltaban un par de ellas, cierto es, pero como no he sido Casanova precisamente su ausencia no lastra este relato. Con las que salían en el perfil era más que suficiente. El amor infantil y puro; amores adolescentes volcánicos, torturados y explosivos; amores juveniles, pasionales, profundos y desaforados; amores sosegados, amores tozudos, amores tempestuosos, amores radicales y amores imposibles; amores de madurez, sosegados, sentidos. Amores náufragos, la mayoría. Amores impactantes todos. Responsables de una forja, la mía, porque estas mujeres son las que me han ido construyendo hasta ser como soy en la actualidad. Han sido, en cierta medida, escultoras que han ido modelando mi personalidad desde la infancia hasta la madurez. No sería quien soy sin el


concurso de estas deliciosas mujeres, por mal que lo haya podido pasar en ocasiones. Los hombres somos sin duda el producto de las mujeres que jalonan nuestro paso por la vida, por eso el que las maltrata o ningunea no demuestra más que su propia inmadurez y cobardía, y lo que es aún peor: su necedad. Hoy día cada una de ellas vive su vida ajena, o cuando menos alejada, de la mía, pero merced a la red podía ver los diferentes prismas de sus vidas y de la mía propia, con cierta perspectiva. Un broma del destino, sin duda. Dicen que cuando vas a morir, tu vida se proyecta ante tus ojos como los fotogramas de una película. Facebook ha posibilitado que esto pueda pasar sin necesidad del fatal desenlace y, aunque sólo hubiera sido por ello, ya merecería la pena sumergirse en esta red social. Por haberme permitido volver a saber de ellas y ellas de mí. Por alegrarme de que todas ellas sigan bien, sean felices y, al parecer, me recuerden con agrado. Es mucho más de lo que podía esperar. Ahora seguimos en contacto, no somos meros fantasmas incorpóreos sin aliento en las mentes el uno de las otras y viceversa. No puedo hacer otra cosa que expresarlas mi reconocimiento y honda gratitud por haberme querido si acaso un poquito alguna vez, incluso a las que no aparecen, porque el misterio es otro jalón en el ciclo vital. Y la vida continúa o, parafraseando de nuevo a Fellini: E la nave va.


La Niña Lunática y el Hombre Lobo Enamorado. Mi niña cree que es una lunática y no es cierto. Mi niña se prendó de la luna porque le deslumbró su brillo entre las sombras y la bruma. Cual algodón de azúcar se la llevó a los labios y se deshizo en su boca, acarició sus senos y se instaló en su pecho. Le reveló sus deseos y le confió sus miedos. Tan mujer y tan niña, tan fuerte como insegura. Bailó bajo la luz de la luna, desnudo su cuerpo, desnuda su alma. Surcó los mares y paladeó la espuma. Bailó desnuda bajo la luz de la luna y los monstruos y las bestias se enamoraron de ella, de su rostro infantil, de sus senos de nácar, de su corazón de piruleta, rojo y dulce, espinoso y ajado. Lo remendó con hilo de esperanza y oro e intentó ascender hasta ella, peldaño a peldaño, pero se quedó colgada en un ay, pendiente de un cordón de plata lunera, porque las escaleras que van al cielo hunden sus patas en el cieno de las podredumbres del suelo. Mas era un hilo esperanzado, inteligente, enamorado. Un hilo del material de los sueños, un hilo de deseo encendido porque ella es puro sexo, sexo puro, porque el sexo sólo es puro cuando no está reprimido ni aprisionado o, cuando estándolo, se ha liberado. Cuando el sexo es libertad, cuando el amor no está condicionado, cuando el deseo es un torrente y el amor es radical y no está hipotecado o calculado. Mi niña soñó con ser una embarazada imaginaria, un robot, un espíritu, una bailarina, una muñeca, una funámbula sobre el cable de la vida y una hechicera, y fue todas y ninguna de ellas. Mi niña baila bajo la luz de la luna porque es la reina de las mareas y ella es mi princesa escondida, mi princesa sin reino y con un corazón de piruleta, remendado, mil veces cosido, dolido pero vivo… vivo… vivo. Mi niña está prendada de la luna y yo de ella, con mi cuerpo agotado y sangrante de zarpazos, pero vivo… vivo… vivo. No, ella no es mía, ni de nadie. Ella es la niña de la luna, ella es libre. Y yo un viejo hombre lobo enamorado de ambas, que no se cansa de hacer brindis al sol y aullar palabras de amor a la luna.

Post Scriptum: Para Marta y Luis Rico.


El Final de los Dinosaurios Hace unos días escuché en la radio a uno de nuestros preclaros líderes de opinión conminarnos a usar la imaginación para salir de la crisis que azota al mundo en general y a España en particular. “Imaginación”, bendita palabra en boca de unos y maldita por perversa en boca de otros, sobre todo si hablamos de políticos, banqueros, economistas y demás especímenes vampíricos. Cuando procede de los labios de estos tipos, “imaginación” suele significar desempleo, despidos baratos si no gratuitos, recortes salariales y tijeretazos a las rentas más endebles, cuando no en las pensiones de nuestros abuelos tras una vida de esfuerzo y pesadumbres. Raramente, “imaginación” equivale a innovación, solidaridad o esfuerzo conjunto en las mentes de estos individuos, próceres de la patria y del impulso económico. Mentes superiores, pragmáticas y adelantadas a las del resto de la plebe, chusma o piltrafillas del mundo, es decir, nosotros: el vulgo. Ellos no acostumbran a renunciar a uno solo de sus lujosos yates, fincas, fiestas de postín o costosos trajes –a menudo “obsequiados”, por supuesto –, pero con rapidez inaudita aplican sus imaginativas medidas tendentes a que licenciados y proletarios sobrevivan en el umbral de los 1.000 euros… y gracias. Todo sea por la otra palabra tótem: la “productividad”, que también suele aplicarse a la de las capas medias y bajas de la sociedad, nunca a la de las altas ni a la de los estudiosos que la nombran. Sería como poco curioso ver los resultados de un estudio comparado de ambas “productividades”. Recuerdo con nitidez el nacimiento de mi hijo menor. Como fue necesario practicar una cesárea, –la verdad es que yo lo prefiero porque no sufren el bebé ni la madre, o al menos en el caso de ésta mucho menos –no me dejaron pasar al paritorio y hube de esperar en una salita aneja. Al cabo salió una comadrona con el pequeño muy colorado y envuelto en vendas, cual jamón serrano en su trapo blanco. Esa misma noche, al dormir se agarró al dedo meñique de mi mano derecha, y así sigue seis años después. Si se altera y me siento a su lado en la cama, agarra mi dedo meñique apoya la cabeza en la almohada y se duerme, si bien ahora es, sin duda alguna, el mayor experto en lanzamiento de “ranas” sobre las olas del mar, infatigable lanzador de piedras al agua y el mayor conocedor de dinosaurios de Europa occidental, corrigiéndome, siempre con acierto, los nombres de los mismos, con los que me pierdo en cuanto salgo del tyrannosaurus rex, el diplodocus y el triceratops. Hace unos días dispuso sus 3.500 muñecos de animales prehistóricos más uno de Iron Man y se sentó junto a ellos en el sofá, tras poner un documental que le apasiona sobre, en efecto, la vida de los lagartos terribles. El narrador anunció con solemnidad “el final de los dinosaurios”. El canijo se volvió a sus compañeros de fatigas y les dijo en un murmullo: “lo siento, chicos, aquí es cuando os extinguís… vais a flipar”, mientras Iron Man sobrevolaba la escena impulsado por su mano izquierda haciendo el ruido de sus motores


propulsores con la boca. Iron Man rozó en su vuelo mi cabeza mientras escribía en el ordenador riéndome ante la ocurrencia. Entonces se quedó serio, aparcó al muñeco volador y se sentó mirando el video. Me arrepentí de haberme reído porque pensé que le rompí la magia por un momento, y eso es lo más grave para un niño: romper si quiera por un instante la magia que procede de su fértil imaginación y que piense que no le tomas en serio. Como decía Bernard Shaw, el hombre no deja de jugar porque se hace viejo, sino que se hace viejo porque deja de jugar. Va dimitiendo de la vida, paso a paso, golpe a golpe, herida a herida. Pierde la ilusión y, con ella, nuestro bien más preciado, la bendita imaginación. Se desvanecen las esperanzas, los anhelos se agolpan en nuestro almacén de sueños rotos, en la alacena de la resignación y la energía va abandonando el cuerpo y la mente. Somos responsables, maduros, aburridos… viejos. Hoy he dejado el ordenador y me he llevado al niño al Parque de Atracciones, aunque odio la mayoría de los cacharros, sobre todo los que se limitan a dar vuelta tras vuelta sobre el mismo eje, y el próximo fin de semana nos iremos al Dinópolis –Teruel existe –, donde a buen seguro me corregirá acertadamente el nombre de los 3.500 dinosaurios diferentes que desconozco en sus diferentes variantes de ornitisquios y saurisquios, y volverá a discutir conmigo porque el pterodáctilo no es un verdadero dinosaurio, aunque todos creamos que sí. Avivemos la chispa de la verdadera imaginación, de la buena imaginación, no de la imaginación clientelista de los piratas y usureros del siglo XXI, y que les vayan dando un poquito a los gurús de la economía, de las grandes finanzas y de la productividad de los demás, porque de la suya más les vale no ocuparse. No hay nada mejor que tildar de inútiles e improductivos a los demás para camuflar nuestras propias carencias. Ya se sabe: un buen ataque es la mejor de las defensas. Hagámoslo y recobremos el brío de la juventud del alma o estaremos tan extintos como los viejos y entrañables dinosaurios, es decir, como ellos.


Moby Dick Todos tenemos un Moby Dick particular, como el capitán Ahab. Un cachalote que nos ha destrozado una pierna y la moral, y al que aspiramos a dar caza aún a costa de sucumbir amarrado a los arpones de su lomo. La pelea a muerte con el destino adverso. La lucha con el enemigo formidable, con el rival invencible. Todos nos enrolamos alguna vez en un ballenero como el Pequod cargados de expectativas, prestos a madurar. Unos bregan, como Ahab; otros aprenden y viven, como Ismael; otros se refugian en la clandestinidad al abrigo de las miradas de un mundo ignorante y hostil, como Nemo a bordo de su Nautilus; otros pelean contra molinos de viento defendiendo el amor idealizado de Dulcinea, como el Quijote; otros luchan contra la penuria diaria con picaresca y desigual fortuna, como el Lazarillo de Tormes; otros toman la espada y el mosquete para luchar por nobles empresas con la superioridad moral y el alma torturada del mosquetero Athos; otros lo dan todo con inusual desprendimiento por el amor incondicional y no correspondido, como Cyrano de Bergerac, tirando cien ducados de una vez sin disponer de dinero, por la mera belleza y grandeza del gesto. Otros se embarcan en la empresa contra el enemigo colosal desde la indefensión y la debilidad física, pero con la grandeza de alma y de ánimo, como los hobbits de la Tierra Media del universo de Tolkien; otros se enfrentan a la muerte desde la duda y el desengaño ante la calidad humana, como Hamlet, príncipe de Dinamarca; otros, desde el pragmatismo y la lealtad, pese al peso del miedo y el sentido común, como Sancho Panza… Pero al fin y al cabo todos nos terminamos por enfrentar con el destino, con el temible rival, en el combate inevitable. Lo importante es que el oponente y la lucha merezcan la pena, pues nuestro verdadero valor lo marca el de nuestros rivales. Moby Dick merece la pena porque nos hace dejar de ser irrelevantes, como los gigantes imaginarios del Caballero de la Triste Figura o el Sauron de Mordor. El amor de Dulcinea o los besos de la bella Aldonza –yo siempre he preferido éstos, la verdad; así te irá, pensarán ustedes –El ideal, la realidad, la maldita realidad. A veces, los besos húmedos y calientes de los labios carnosos de Aldonza valen mucho más que el noble ideal y, entonces, la realidad deja de ser maldita, acaso por un instante, por un momento, breve pero intenso. Pero el ideal permanece y me batiré en duelo con todo aquel que ose poner en tela de juicio la honra de la sin par Dulcinea, por incierta que ésta pueda ser. Dos caras de la misma moneda, rasgos del mismo ser. Y allá donde mi brazo alcance, clavaré mi arpón. Y aplicaré mi lanza allá donde haya un entuerto que desfacer. Allá donde pueda fundir un anillo esclavizador encaminaré mis pasos. Allá donde pueda seguir su estela perseguiré al Nautilus y, aunque me duela en el fondo de mi cansado corazón, seguiré susurrando y regalando a quien sea poemas con tal de ver dibujada una sonrisa en los labios de la bella Roxana hasta que un día, al fin, repare en el verdadero autor de los mismos y me ame. Esclavos del azar,


adalides del despecho, caballeros andantes, balleneros obsesivos, mosqueteros del rey, militares de misión en zona, capitanes geniales y clandestinos que hicieron feliz nuestro pasado, dan un norte al presente e infunden valor para el futuro. Valor noble y desinteresado contra la crueldad, la grosería, la zafiedad y el egoísmo de los que suelen gobernar nuestras vidas y, aún más, contra nuestros propios defectos, los peores sin duda. Capitanes de abril, sigue habiendo claveles que poner en las bocachas de ciertos fusiles. Sigue habiendo claveles en los jardines de nuestra sociedad enferma de codicia para evitar la enfermedad terminal. Luchadores enfrascados en guerras imposibles por un noble ideal que no cejan en su empeño hasta el instante final, que se caen y se levantan, que se ridiculizan para emerger bañados de la gloria final, que vencen y son vencidos, que aunque fallezcan nunca mueren en nuestra memoria porque fueron bien nacidos. Porque apostaron por el compromiso con los demás y con ellos mismos. Porque se juegan todo a una carta sin duelo y sin remordimientos. Luchar, arriesgar… vivir. Apostar, ganar, vencer… vivir. Porque sólo los que luchan valen, aunque pierdan la vida en el envite. Porque soy mejor cuando pido perdón que cuando pido permiso…. A veces oteo el horizonte y, entre las olas, veo aparecer súbitamente un chorro de agua y un inmenso lomo blanco que brilla al sol. “¡Por estribor resopla!”, grito, y Ahab y el indio Qeequeg cogen sus arpones mientras el Pequod vuela sobre el mar, en su ¿vana? lucha contra el mal, el invencible rival y el absurdo del mundo.


Bola y Cadena Siempre hay necios prestos a quemar un libro, aún mejor si la quema se torna en gran hoguera y aún más si consiguen que ardan en la misma los autores de las obras. Ya nos contaba Ray Bradbury en su novela “Farenheit 451” que el papel de los libros se inflama y arde a dicha temperatura, equivalente a 233º centígrados. Es harto evidente que se precisa menor temperatura para que entre en combustión la paja que rellena el cerebro de tales pirómanos culturales. La combinación de una Biblia, un Corán o una Tora en una mano y una pistola en la otra de estos tipos es suficiente para echarse a temblar, máxime si previamente se han trasegado una botella de bourbon o se han fumado tres narguiles con kifi. De las turbias brumas de sus mentes enfermas, totalitarias y cerriles sólo brotan ideas violentas y genocidas. Siempre encuentran un enemigo impío y descreído al que se ven en la “irrenunciable” misión de “salvar” mediante el fuego y la expiación. Siempre están en posesión de la “única e inmutable” verdad, porque como ya dijera el gran Bertrand Russell, “gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros de sí mismos y los inteligentes llenos de dudas”. ¡Joder, no nos quieran tanto! ¡Déjennos retozar en nuestra perdición pacífica y tolerante! Estos sujetos siempre tienen tres enemigos a combatir: la ciencia – que le pregunten al admirable, por muchos motivos, Stephen Hawking –, la risa –como de manera magnífica escribió Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa” –y… ¡ay amigos, cómo no!... el sexo. Los unos mantienen a sus mujeres en un régimen de sometimiento sexual más propio del Medievo; los otros, siempre con la tea ardiente en la mano y el rostro colérico, siguen viendo en el cuerpo femenino el arma secreta de Lucifer, lo que no obsta para que miren para otro lado cuando de abusar de menores se trate – 500 nuevos casos comprobados de abusos a menores en la iglesia belga han salido a la luz en septiembre de 2010 –. Son implacables con adúlteras, lesbianas, homosexuales, prostitutas y putañeros, pero son extrañamente laxos ante los pederastas. Qué casualidad menos casual. “Los chicos del té”, les llaman eufemísticamente en Afganistán y otras zonas musulmanas. Alumnos de colegios de curas y monaguillos han sido “los chicos del coro” en nuestras zonas, y a los que se les ponía el agujero del culo como la bandera del Japón en menos que canta un gallo. Los tocamientos y las poluciones nocturnas son otros vocablos predilectos de estos reyes del eufemismo y maestros del “haz lo que digo y no lo que hago”. En pos de la salvación del alma, de la fe verdadera y del amor fraterno, los unos y los otros mandarán este querido planeta y a sus sufridos habitantes al limbo antes incluso de la famosa predicción maya del fin del mundo para diciembre de 2012. Serían plenamente dichosos si nos sumergieran en otros mil años de oscurantismo y supersticiones.


Mucho antes que estos guardianes vigilantes vinieran al mundo, los habitantes de Roma disfrutaban de una vida sexual más plena y gozosa, incluso que la actual, libre de los tabúes que trajeron con posterioridad las religiones monoteístas de raíz hebraica. Y Roma es una de las cunas de nuestra civilización, no lo olvidemos. Más allá de su celebérrima maquinaria militar, el Imperio romano nos ha dejado un ingente legado de cimas del arte y de magnas obras de arquitectura e ingeniería aún plenamente vigentes. De Julio César se decía que era “el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos” y creo que nadie dudará de su gallardía, valentía o capacidad de liderazgo al frente de sus temidas legiones. Lo mismo cabría decir de Marco Antonio o del macedonio Alejandro Magno. Guy Montag, el bombero de la novela de Bradbury, quema libros porque su gobierno dice que leer nos impide ser felices al generar angustia en nosotros y porque nos hace diferentes los unos de los otros. Clarisse, la mujer de la que se enamora, está en la lista negra porque plantea cuestiones, porque formula preguntas. A los cerriles enemigos de la razón nunca les gustaron ni las risas ni las preguntas ni la libertad sexual. Son amigos de la represión y de la morbosidad, de la tea, la bola y la cadena. Creen que sólo hay que leer un libro – mejor si son ellos quienes nos lo leen –y vivir bajo el tacón de la bota y el signo ceniciento de la culpa. Nadie nos dice que vayamos a ser más felices leyendo –aunque yo creo que también –pero sí seremos más libres si cultivamos el intelecto y nos cuestionamos la vida, venciendo unas veces a la angustia y cediendo en otras a ella. Esto y no otra cosa es la libertad. Esto y no otra cosa es el progreso. Gracias a ello se cura el cáncer y se llega a la luna, no quemando libros, vociferando como posesos estreñidos o lapidando a mujeres indefensas, que por cierto es una exhibición de abyecta cobardía. Es curioso que la lapide por adulterio el mismo que se permite tener un harén. Y es curioso que condene el sexo fuera del matrimonio aquel que magrea las nalgas o el pene de unos niños. Bertrand Russell sostenía que “lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar”. El puente de estos tipos siempre está manchado de sangre y entre llamas. Llevan siglos hablando de amor pero practicando el odio y la guerra. Sí, el hombre no se limita porque esté constreñido o le opriman unos cazurros que se creen en sempiterna posesión de la verdad, sino porque abandona la senda de la razón, se resigna, deja de rebelarse ante tales primates y, sobre todo, deja de soñar.


Hoplitas de Valderas Hace muchos años, demasiados, mis amigos y quien estas líneas escribe vimos en la única grande y libre cadena de televisión que teníamos una película que se llamaba “El León de Esparta”. Insuflados de infantil ardor guerrero corrimos a fabricarnos escudos, espadas y lanzas, y nos enfrentamos en los descampados de Los Castillos en singular combate con los “persas” de los barrios vecinos. A un pobre que era algo más cortito, le convencimos previamente para que hiciera de cobaya para medir la resistencia de un casco que habíamos hecho rajando una pelota de goma. Era nula, por supuesto, pero esa es otra historia, y nunca fuimos angelitos. Saco a colación la anécdota porque en adelante siempre he medido la valentía en parámetros espartanos. Los hoplitas a las órdenes de Leónidas murieron en el paso de las Termopilas en año 481 antes de Cristo por preservar la libertad de los suyos, para no vivir bajo el yugo del imperio persa, y para que pervivieran las leyes de Esparta y, aunque fueran rivales, las del resto de los pueblos griegos, poniendo las bases del concepto que ahora llamamos Occidente. Los hoplitas peinaban sus cabellos antes de entrar en combate para que la muerte los hallara bellos, amén de serenos, algo que muchos de sus enemigos no comprendían. Algo que los miserables siguen sin entender hoy día. La educación espartana comenzaba a los cinco años de edad; era obligatoria, pública, colectiva y estaba destinada a la formación de guerreros honorables. Valoraban el mérito propio en función del de sus compañeros. De tal modo, nunca protestaban si les era negada una prebenda en provecho de otro. No debían ver en ello una injusticia, una afrenta o un menoscabo, sino un acicate, un motivo para esforzarse aún más hasta hacerse merecedor del premio por el que había pugnado con sus compañeros. “Si no me han concedido tal recompensa con todo lo que me he empeñado, ¿qué no habrá hecho mi compañero para lograrlo?”, era el razonamiento. Y la envidia o el rencor no tenían lugar en detrimento de la sincera admiración. Como dejara escrito Tucídides, era imprescindible que la adjudicación de los esfuerzos y las recompensas se ajustaran con rigor a la extrema justicia y objetividad, en una sociedad de ciudadanos –“astoi” –, de pares –“homoioi” –, esto es: de iguales porque acomodados y humildes compartían la misma vida austera, frecuentando los mismos comedores y el mismo estilo de vida. Todos los términos citados son espartanos, y se traducían en un público y profundo desprecio a los “tresantes”, es decir, a los “temblorosos”, a los cobardes, que podían redimir su pena mediante actos heroicos en combate. Para entender esta mentalidad hay que asumir la frase de despedida de las espartanas a sus hijos antes de ir al combate: “Vuelve con tu escudo o encima de él”. La valentía, por todo esto, encuentra en Esparta su máximo exponente, el espejo en que contemplarse, y se encarna en la figura del hoplita que, en lugar de un león o cualquier otra fiera temible, pintó en su hoplón –escudo que portaban los guerreros espartanos y al que debían su nombre –una mosca diminuta, con la intención de aproximarse lo necesario a sus enemigos en el combate para que éstos fueran capaces de verla con nitidez. El hoplita de la


mosca no necesitaba amedrentar desde la lejanía con animales enormes y feroces; bastaba un pequeño punto que sólo se identificaba cuando la distancia con la muerte era sumamente mínima, y quizá demasiado tarde para poder contarlo. No comparto, sin embargo, su desprecio por los “ilotas”, campesinos esclavos sometidos a la fuerza, y los “periecos”, campesinos sometidos a Esparta sin usar ésta, ni por la democracia en favor de la típicamente espartana bicefalia en el poder ni por la oligarquía, aunque la tozuda actualidad me haga a veces dudar en la verdadera conveniencia de que todos los votos valgan lo mismo. ¿Acaso pesa lo mismo el voto meditado y calculado de una persona preparada que el de una persona sin formación? Seguramente no, pero creo que hay que morir en el empeño de que desaparezcan de nuestro sistema tales personas carentes de la necesaria formación. Que todos y todas dispongamos de las mismas oportunidades, y de los mismos accesos a las fuentes del conocimiento. Sólo así la sociedad es justa y merece ser llamada democrática. Lo demás, y por supuesto la nuestra, son meras aproximaciones al ideal democrático. Pero hemos perdido el resto de los fundamentos espartanos, sus virtudes: el gusto por el mérito, la honradez y la admiración sincera en aras de la envidia, la mezquindad, la corrupción y las trapacerías. Los corruptos y los ladrones se erigen en la indignada voz acusadora en los tribunales, sin el menor sonrojo, en medio de un ruido ensordecedor, pues esto es lo que hay hoy día a nuestro alrededor en todo momento: ruido. Como en la canción de Joaquín Sabina: ruido, demasiado ruido, tanto, tanto ruido que no deja apreciar la canción, que hace imperceptible el mensaje que subyace en toda sociedad digna, y que no es otro que apostarse en el paso de las Termopilas para impedir el paso de los corruptos y los enemigos de la democracia que intentan invadirnos. Que es el ciudadano quien construye o destruye ciudadanía y no al revés, pues grano a grano se va haciendo granero. Contemplemos nuestros escudos y comprobemos si llevamos en ellos moscas o dragones. Seamos pacíficos, si es posible, pero seamos hoplitas de nuevo en defensa de la justicia, de la dignidad, de la equidad, de la cultura, en una palabra: de la libertad.


De Cañas… y Barro Quedo con unos antiguos amigos en un bar del barrio. Me alegro sinceramente de verlos, pues hace mucho tiempo que no frecuentamos los mismos lugares y compañías. Es curioso con cuanta facilidad las personas podemos pasar de ser íntimos a conocidos y a prácticamente desconocidos, incluso unos completos extraños, sólo con dejar de tratarnos unos años. Nos tomamos unas cañas de cerveza. El más mayor del grupo me cuenta que lo ha pasado muy mal, que ha estado ingresado en varios centros de desintoxicación y en un centro psiquiátrico tratándose de su adicción a las drogas y de un trastorno bipolar de la personalidad. Ha estado amarrado a la cama para evitar autolesionarse, en un rosario de penalidades físicas y de torturas anímicas. Hace tres años fue detenido por conducir en un estado lamentable un vehículo sin el correspondiente permiso, previamente retirado. En el juicio rápido celebrado al efecto le sentenciaron a dos años de retirada del carné de conducir, 1.800 euros de multa y 22 días de trabajos sociales. Le dijo a la jueza que tenía unos ojos preciosos y un cuerpo espléndido. “Lo cortés no quita lo valiente”, pienso. Los trabajos para la comunidad consistieron en recoger tierra morena para las macetas de una señora enferma. Se suma a la conversación otro antiguo conocido. Nos cuenta que es incapaz de vencer su alcoholismo y que se ha presentado dos veces, por falta de una, en el presidio de Soto del Real, pero que no le admiten porque ha perdido un papel y al funcionario no le consta su citación. “He ido a la gobi, incluso, y no salgo en busca y captura, así que no sé que hacer. ¡Joder, chicos, no me quieren ni en el talego! Al final –nos dice –me iré a un centro a mi pueblo, que al menos te dan buena ropa y jamoncito, y a lo mejor dejo el condumio – cocaína –y el alcohol”. Surrealismo puro. Me viene a la mente su imagen, sentado a las puertas de la cárcel en un banco de piedra bajo el aguacero, pidiendo al funcionario que le deje guarecerse de la lluvia y le deje hacer una llamada para que vuelvan a recogerle tras su no ingreso en prisión. “Los pavos no lloran, tronco, sino me ponía a llorar aquí mismo”, me asegura… y le creo. Nos hemos criado en el mismo colegio, si bien en cursos diferentes, y hemos frecuentado las mismas calles y lugares; nuestras familias se conocen. Sin embargo hemos transitado diferentes caminos vitales. Acaso no terminar así se deba a una línea más fina de lo que podamos pensar o creer. Recuerdo que en mi juventud, yendo con uno de los que allí estaban, ganamos un macuto entero de botellines de whisky Jack’s Daniels y de ron en el tiro de un barracón de feria. Las únicas escopetillas de verbena que he visto sin trucar o, al menos, bien calibradas. Nos los bebimos en un camping de Almería, intentando ligar infructuosamente con unas muchachas. Lo que ligamos fue una cogorza de tal calibre que se incendió el recinto y no nos enteramos hasta que los bomberos, que habían desalojado a todos los campistas, consiguieron sofocar el fuego. El bombero que nos halló riendo, al lado de nuestra tienda, nos dijo: “¡Vaya torrija lleváis!, mejor quedaos porque ya hemos sofocado el incendio”. Recuerdo que yo pensé: “Menos mal, porque si nos llega a dar una llama ardemos hasta el día del Juicio Final, con la cantidad de alcohol que llevamos en sangre”… Para habernos matado. Y me descubro echándole la bronca a mi hijo porque ha


bebido. “Por cierto, no veas como sopláis cerveza”, exclama a modo de despedida el alcohólico. Qué flaca es la memoria. Qué acomodaticio es el recuerdo y España, qué gran país.


La Tiranía de los Tópicos Tópico. Opinión, idea o expresión que se usa y repite con mucha frecuencia, y no resulta original. Todo tópico tiene un fondo de verdad, pero siempre encierra una gran mentira o una injusticia manifiesta, e implica pereza mental. Pondré unos cuantos ejemplos de ello. Se llamó “catenaccio” (cerrojo) a la forma de jugar ideada por el entrenador Helenio Herrera –argentino de origen español y nacionalizado francés –para la Internazionale di Milano, cerrando espacios y primando la defensa en detrimento del ataque, esperando agazapado el error del rival. No me gusta el fútbol italiano y, mucho menos, esa apuesta cicatera y fea de jugar siempre atrás, especulando. Prefiero el fútbol vistoso, de toque y desenfadado de Brasil, la garra pujante argentina y el juego ofensivo holandés. La alineación interista en la final de la Champions League que ganó al Bayern Munich en el estadio Santiago Bernabéu en mayo de 2010 fue la siguiente: Julio César (brasileño); Maicon (brasileño), Lucio (brasileño), Samuel (argentino), Chivu (rumano); Javier Zanetti (argentino), Cambiasso (argentino), Sneijder (holandés); Eto'o (camerunés), Diego Milito (argentino) y Pandev (croata). Entrenador: Jose Mourinho (portugués). No hay un solo italiano en la lista. Tres brasileños, cuatro argentinos y un holandés. Sin palabras. Se alude frecuentemente a la idea de la “dulce herida” del amor – obviemos a todos aquellos y aquellas que se han suicidado por tal motivo –o del amor como una enfermedad que “necesita una cura”. La soledad, como la “mejor compañera”. El que bien te quiere te hará llorar –yo prefiero que me quieran menos, la verdad –. La suerte de la fea, la guapa la desea –y los cojones –. Tu obra te hará inmortal –sobre todo si enfermas de cáncer –. La verdad te hará libre –que se lo digan a los esclavos. En una fábrica o una obra sí te puede hacer libre… para buscar otro trabajo –. Lo mejor para conquistar a alguien es ser natural y mostrarse tal cual se es –sobre todo si eres un pazguato, feo y más triste que la luz de noviembre –. Los latinos somos grandes amantes– ¿todos? – , las latinas son amantes fogosas y enloquecidas celosas– ¿sí?–. El macho ibérico a la sombra del “landismo”. El hombre siempre va al grano –no hay hombres indecisos –, la mujer es más sentimental que el hombre –sobre todo las carceleras de ciertos presidios y campos de concentración –; la mujer es más ingeniosa que el hombre –algo que el hombre no comprende porque no se le aportan datos –. A las mujeres no les gusta el fútbol ni a los hombres las películas que no sean de acción. A las mujeres no les gusta el sexo; los hombres son animales en permanente y compulsivo estado de celo. Las mujeres no respetan el espacio personal del hombre; él sí, siempre. Las mujeres hablan en un código indescifrable para el pobre intelecto masculino, anclado en una suerte de indigencia emocional e intelectual. La mujer necesita a un hombre que le aporte seguridad. A la mujer, en el fondo, le gusta que la maltraten y cuando dice no, en realidad quiere decir sí. El hombre nada más que piensa en beber


cerveza, tener un coche deportivo y en perpetuar la especie. Ellos no quieren a su lado una mujer inteligente. Ellas siempre usan el sexo como arma. La mujer no tiene amigas. Si no tienes enemigos careces de amigos. El tamaño del pene es lo más importante en una relación sexual; los negros la tienen más grande y los moros más gorda. Una lesbiana es una mujer que no ha sido convenientemente fornicada. Los homosexuales son reconducibles por una chica mona que sepa amarles. Los ingleses son piratas borrachos y unos tipos estirados que no descomponen su atuendo ni en el váter. Los franceses son homosexuales que se perfuman pero no se lavan –los heterosexuales también, aunque quieran disimular –y las francesas unas perfumadas salidas que no se lavan ni se depilan –porque los franceses son homosexuales –. Los griegos no son homosexuales, son unos viciosos de tomo y lomo. Los alemanes tienen una mala leche de cuidado –Ya saben: cuando un alemán decide hacer turismo y se mosquea, invade un país o dos –y son unos cuadriculados incapaces de salirse de un guión previamente diseñado. Los italianos son capaces de cruzar el océano Pacífico a nado con tal de echar un polvo y son unos gallinas en combate –los legionarios romanos no cuentan porque eran muy suyos y no eran italianos –. Los americanos son prepotentes, engreídos y pululan por el mundo montados a caballo con sombrero de cowboy. Las cubanas y las brasileñas son voluptuosas y unas máquinas sexuales sin parangón. Todos los judíos son torvos usureros y los musulmanes, unos traicioneros. Somos el país de la paella, la tortilla, la sangría y el aliento a ajo. El país de los toreros, de los fiesteros, de la siesta reparadora que todo lo paraliza – fiesta und siesta –, de los enérgicos vitalistas que no sabemos decir no. España, esa nación donde se está en Europa sin sentirse europeo. Que usted es un pobre currante que no recuerda la última vez que se echó un sueñecito después de comer, que su irrisorio sueldo no le da para montarse una jarana o que no le gusta beber sangría. Bueno, le comunico que usted no es español. En general, los extranjeros tienen mejor opinión de España que los propios españoles… ¿Serán que no nos conocen lo suficiente o que nos conocen muy bien? Desterremos los tópicos, es el primer paso para acabar con los prejuicios, las injusticias y el racismo. Sólo por esto ya valdría la pena.


El Complot de los Pelagras Ocultos entre las sombras, los aviesos miembros del Eje del Mal maquinan incansablemente. En el Reverso Oscuro de la Fuerza, los conspiradores traman horripilantes planes contra la justicia infinita de los áureos caballeros de la Banca, los santos prebostes de la Moral y los adalides de la bendita Economía Globalizada. Ejércitos de vejetes pensionistas, funestos funcionarios de medio pelo, hediondos trabajadores a cuenta ajena sujetos a eres y demás chusma exmileurista han establecido una siniestra alianza con niños provocadores de santos pederastas y con mujeres amantes del burka constitucional y de la democrática ablación de clítoris, en sintonía perfecta con pérfidas mujeres violadas por impolutos maltratadores, con el oscuro objetivo de… ¡Protestar y lamentarse! Y no contentos con ello, pretenden un trato justo y dejar de ser…. ¡explotados! Aún más, estos desgraciados pretenden que se les reconozcan acreedores de DERECHOS HUMANOS y dejar de ser la hez del impecable sistema del bienestar. Algunos, incluso, se niegan a ver los balsámicos mensajes que se les envían desde los formativos programas de la prensa rosa, dudando de la beatitud de Santa Belén Esteban, virgen y mártir, y Sor Karmele Marchante, mártir de Eurovisión y faro iluminador del movimiento independentista catalán. ¿Todo está perdido ante la invasión de los “pelagras”? ¡No! El Primer Mundo resiste al invasor ahora y siempre. Los lanceros del invicto Regimiento de Los Que Mean Colonia han detenido el avance, según informan los agentes de Wall Street y la City Londinense. Los odiados PIG,S (Portugueses, italianos, griegos y españoles) han sido frenados por el indómito brazo de San Jorge y la virtud incorruptible de Juana de Arco. Sí, amigos, son los de los chistes: “va un español, un portugués y un griego…”, ya saben, gentuza a exterminar cuanto antes mejor, pues están al borde del colapso y amenazan con arrastrarnos a todos, ya que sólo piensan en dormir, beber y fornicar, a diferencia de los castos y abstemios anglosajones y germanos. Menos mal que los indefensos banqueros, angelicales brokers, santos pederastas con sotana y trincones de las más altas esferas se han conjurado para salvar el planeta de la famélica legión, y seguir amasando pingües beneficios y no ceder un solo dólar en la batalla. Por aquí, un indomable juez hace lo que puede y, lejos de imprecar a los terroristas por sus crímenes o incluso a las fuerzas de seguridad por fallar en su misión de detección y detención de los mismos, ha abroncado a la madre del muerto. ¡Muy bien, señoría, qué se creen estos inmigrantes y víctimas del terrorismo! Son unos bultos sospechosos… Mientras tanto, en una galaxia muy lejana existe una civilización en la que la Bolsa sigue siendo el termómetro de la especulación y no de la economía real, que es regulada por gobiernos que no son meros títeres de multinacionales y tiburones de las finanzas. Los estafadores van al presidio, los especuladores bursátiles no utilizan a los pobres y trabajadores en su beneficio, ni como


cortina de humo para justificar sus desmanes; la pederastia es un delito y no un pecado; se procura una educación de calidad basada en la tolerancia y en la igualdad de oportunidades y de trato, y la violación y el maltrato son un delito punible, y no una consecuencia de una provocación previa. Pero estos “Jodíos Jedis” no atravesarán nuestro prevaricador escudo protector contra la honradez, la humanidad, la dignidad y demás zarandajas. Nuestro inmortal lema: “Tanto trempa, trinca tanto, el banquero como el santo” ondeará por siempre. Aquí sabemos de sobra que los insaciables pensionistas, los pérfidos funcionarios de baja ralea, los malvados obreretes, los discapacitados escaqueados y los vagos arrastrados que cobran el desempleo deben pagar la factura de la crisis en justo castigo a su complot. Esta crisis la generaron banqueros y especuladores sin escrúpulos, y se lucraron con ella chorizos de guante blanco, pero la habrán de pagar los pelagras, como siempre: jubilados indigentes, funcionarietes exmileuristas y trabajadores paupérrimos; las altas rentas ni tocarlas, como Dios y la Banca mandan. Es más, abogamos por su exterminio y que vengan africanos indigentes en régimen de plena esclavitud con sus sumisas mujeres castradas y con infantes aleccionados, que como bien apuntó un obispo, los lascivos niños van provocándoles y, claro, así no hay manera. Por cierto, el otro día escuché que el “Curso de Imbecilidad” de Pep Vila para la formación de payasos en España era un rotundo éxito. No es de extrañar. Lejos de nosotros la funesta idea de pensar. ¡Muera la inteligencia!... “práctica” o incluso “la impracticable”.


Mamosos famosos, famosos mamosos Fama. Opinión que tiene la gente de la excelencia de un sujeto en su profesión o arte. Los españoles queremos ser famosos pero, como es harto complicado destacar, nos acogemos a la tercera acepción del diccionario: Que llama la atención. Con eso nos basta. Que hablen, aunque sea bien. El mérito y el esfuerzo se dibujan en nuestras mentes como senderos demasiado largos, tortuosos y desabridos. Apostamos por la cultura del pelotazo, del trepa, del lametón, del braguetazo, de la pérdida del sentido del pudor o del ridículo. Todo vale en aras de ser “famoso”, “conocido”, “popular”. Mamoso, dícese del que mama bien y con apetencia. El que mama mucho y mama bien. Un buen mamoncete. Una bendición para cualquier madre tener un bebé así, zampón y con los mofletes sonrosados. Una bendición para la madre y allegados si no rompe la tendencia al crecer. Otro gallo canta al resto de sus conciudadanos, pero eso no importa en el país del que no corre, vuela. Y ya se sabe que ave que no vuela, a la cazuela. Sobre todo desde que todos soñamos con ser Fernando Alonso, pero sin padecer sus sacrificios; con ser Fernando Torres, pero sin ir a entrenar; Bruce Lee, pero bebiendo cañitas y sin ir al gimnasio; millonarios con mercedes, chalé y piscina, pero sin madrugar. En suma, desde que declinamos ser un país de eméritos reconocidos a favor de ser un irreconocible país de famosos mamosos o de mamosos famosos, que es parecido pero no lo mismo. Son los paladines del “Dios no me des, ponme ande haiga, que ya me ocupo yo de trincar”. Les das la mano y te dejan el muñón. Les dejas desnudos en una habitación vacía y, a la que vuelves, tienen una suite de lujo con caviar ruso y Moët & Chandon en la cubitera, y una maciza en lencería fina sobre una piel de oso polar frente a la chimenea con leños crepitantes al fuego. Sí, ya sé que a veces parezco el Cándido de Voltaire, pero aún así soy consciente de que en España pesa más ser listo que inteligente y mucho más que culto. Sé que quien no tiene padrinos se muere moro, esto es, sin bautizar. Y sé que no es algo nuevo, sino que colea desde los días del Lazarillo y más allá. Que Don Dinero es poderoso caballero y que el que tiene vergüenza no almuerza. Más vale maña que maño, perdón, que fuerza –me traiciona el subconsciente –y más vale que te desprendas con premura del pudor, la honradez, el honor y demás valores otrora tenidos por virtudes y ahora por lastres. Más vale desprenderse del desprendimiento. Pero convengamos en que esto ya pasa de castaño oscuro. Tras verle danzar en un garito de la Habana, una amiga le dijo a un mulato: “Hay que ser cubano para bailar así”. El muchacho sonrió y contestó: “No, mihijita, hay que aprender y ensayar muuuuchas horas”. ¿Talento? ¿Mérito? ¿Esfuerzo? ¿Para qué? ¿De qué sirven? Estudiar, trabajar, entrenar, ensayar, aprender a cantar, a bailar, a actuar… sacarse una ingeniería, una licenciatura, aprender un oficio…


Pérdidas de tiempo. Cárguese de soberbia, inmodestia y malos gestos. Búsquese un torero, futbolista o similar, exprima zumo genital y repita ante el espejo cien veces o más una frase similar a: “yo por mi hija… ¡maaato!” –Sale mucho mejor si consigue exclamarlo con una vena hinchada en la sien o en el gaznate, y beberse un litro de cazalla también ayuda lo suyo, sobre todo para agriar la voz –. Al fin y al cabo esto es puro teatro, un circo sin leones pero plagado de fieras y payasos. Igualmente válido es despreciar la mínima formación musical y, a un tiempo, lanzarse a graznar cual grajo algo que intentarán colarnos como una canción. Todo vale. Esto es Jauja, perdón, España, ese país que con tales mimbres parece condenada a seguir en el furgón de cola del orbe civilizado por muchos años, en la caverna del cilicio y del donde la ciencia no llega, la vara lo endereza. Que el que no corre, vuela y, como en el tango, el que “labura” es un gil. El más necio hace relojes de madera y funcionan que es una barbaridad. Intelectuales rijosos que ponen su sable al servicio del mejor postor, traicionando cualquier poso de moralidad o decencia que les quedara, hasta tornar al pueblo en populacho, hasta convertir las ideologías en coartadas para dejar de pensar. Todo por la saca y a chupar del bote hasta que la pasta se agote, patriotas del doblón. Es cierto que la Gran Vía madrileña ha cumplido cien años, pero las calles de Montera y de la Ballesta están más enraizadas en la tierra de nuestra maceta. Escucho en una emisora de radio a una experta en la materia explicando que si soplamos un caramelo sobre el cuerpo de nuestro amante sentiremos un aluvión de nuevas sensaciones. Supongo que eso nos convierte en un soplacaramelos, y siempre he pensado que no es lo mismo tocar la gaita que soplarla. La experta asegura que “el cuerpo humano es enorme” ¿? y que podemos “seguir soplando”, por ejemplo en el pene. En efecto, sí lo haces, automáticamente te conviertes en un soplapollas. No, no envíe a sus hijos al colegio ni al instituto, aún menos a la universidad. Hágalo lelo de solemnidad desde la cuna y le ahorrará disgustos y depresiones. O métalo de concursante en Gran Hermano 223 o, aún mejor, que se haga político, ya no le hace falta ni que termine los estudios básicos, basta un buen escáner y un poco de photoshop. Famosos mamosos, mamosos famosos, tanto da, y así nos va pero, como canta Joan Manuel Serrat, cuando termina la fiesta la zorra rica vuelve al rosal y la zorra pobre al portal, y en Alemania hace tiempo que la orquesta dejó de tocar.


Bérénice del Valle "Porque sueño yo no lo estoy. Porque sueño... sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño….” Léolo, el niño protagonista de la memorable película de Jean-Claude Lauzon, recita estas palabras del libro que le ha dado el “Domador de Versos”, la aún más brillante novela del también canadiense Réjean Ducharme “L’ Avalé des Avalés”, que prosigue diciendo: “A ti, la Dama, la audaz melancolía que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio, tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar, te he pagado cien veces mi deuda. De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de una sombra de la mentira que tú misma me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud no era como el viejo interludio, y sí una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad. E iré a descansar, con la cabeza entre dos palabras, en el valle de los avasallados”. Bérénice Einberg es una niña canadiense, políglota, en cuyos labios Réjean Ducharme pone algunas de las frases más dignas de ser recordadas que se me puedan ocurrir. Es hija de padre judío y madre católica enfrentados en una guerra permanente y estéril: “Les veo gritarse a la cara. Les veo odiarse, odiarse con lo más bajo que pueda haber en sus miradas y sus corazones. Cuanto más se gritan, más se odian. Cuanto más se odian, más sufren”. Denunciante de la indefensión infantil ante la hipocresía de los adultos: “Padres orgullosos por demostrar que saben compartir las pequeñas desgracias de sus hijos… ¡La mínima señal de felicidad os escandaliza, os saca de quicio! ¡Qué estos niños se complazcan os estriñe!”. La pequeña Bérénice, con sus traumas por “tener la cara llena de granos”, me parece uno de los personajes más entrañables de la historia de la literatura. Igualmente entrañable cuando crece: “Tenía que toparme con las señoritas menstruaciones. Ahora estoy repleta de ovarios… Empiezo a tener tetas. No corras demasiado deprisa, vaca, se te va a agriar la leche”. Y digo bien, entrañable, aunque se destroce en jirones en la guerra de Israel, una guerra que “es tan santa para los pobres imbéciles de un lado como para los pobres imbéciles del otro”. Entrañable aunque se declare incapaz de amar a nadie: “Amar quiere decir: sufrir… Yo no quiero sufrir. Quiero golpear. Yo no quiero aguantar”. Entrañable pues todo ello en realidad esconde una mentira. Es una persona en continua ebullición y evolución: “Soy una estatua que se esmera por cambiar, que se esculpe a sí misma en algo diferente…La vida está dentro de mi cabeza y mi cabeza está dentro de mi vida. Me siento continente y contenida. Soy la vasalla del avasallado”. Bérénice es un canto permanente a la fuerza de la imaginación: “Cada página de un libro es una ciudad. Cada línea es una calle. Cada palabra es un hogar. Lo único que le pido a un libro es que me inspire energía y valor, que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, que me recuerde la urgencia de actuar”. Es poética sin llegar al empalago: “Crece el verde cabello a través del jergón donde la nieve durmió”. Es solidaria con el dolor ajeno:


“Cualquiera que huye con su vida huye al mismo tiempo con la vida de todos los demás”. Es un alma libre y en absoluto acomodaticia: “Un refugio por seguro que pueda ser, ¿acaso no es una jaula, una prisión, un sótano sombrío y viscoso?... como quien imagina estrellas en el fondo de una alcantarilla”. Es una chica orgullosa, combativa y dura: “Una rata tiene las tripas llenas de coraje”. Es nihilista: “Un ser humano muerto pertenece a aquel que lo ha abatido”. Alguien que se autoafirma en un mundo hostil: “Soy alguien y me pertenezco… El único medio de pertenecerse es comprender”. Alguien que duda y se busca: “Tengo una vida. No tengo ni idea de lo que he de hacer con ella…” Es dulce y ama tan profundamente, primero a su hermano Christian y a su propia madre que termina por despreciar la cobardía y abulia del uno y por insultar a la otra, “Gato Muerto” la moteja por utilizarla en realidad como pretexto y arma arrojadiza en sus disputas con su padre: “Debe de ser enternecedor verse maternal con los mocosos de los demás”. Es realista a la par que crítica con los poderosos: “Esta guerra que, como todas las demás, sólo es un negocio entre sabiondos y peces gordos”. Bérénice es divertida y autocrítica: “El señor Einberg me ha diagnosticado una insuficiencia de patadas en el trasero”, y muy lúcida: “No se nace al nacer. Se nace unos años más tarde, cuando se toma conciencia de ser. Yo nací más o menos a la edad de cinco años… Cuando estás loca tienes que atarte”. Cuando esta muchacha muda su inicial pasión por la vida por la decepción y el sentimiento de autodestrucción, va dimitiendo de la vida, con dignidad y en realidad está más viva que nunca porque “para tener ganas de morir hace falta sentir que estás vivo…No soy de los que levantan catedrales. Soy de los que arden en deseos por propagarse por toda la extensión del firmamento. Daré caza al tedio hasta caer muerta”. Pero llegada la hora de la verdad se muestra humana y hace cuanto puede por sobrevivir. No importa, todo es falso, prima lo que interesa al poderoso en un momento dado. Como ella dice: “Me han creído. Justamente, necesitaban heroínas”. Cuántas veces no habré pensado al mirar alrededor “¡Caca de la vaca!”, como tú sueles decir: Cuántas veces he soñado escapar de aquí, como tú de la capilla y de la sinagoga de tu isla en Saint Laurent. Sí, “la soledad y el miedo no tienen nada. Cuanto más intentamos calmarlos más se desviven, más gritan”. Yo grito contigo, niña mía: “¡Todo sea por lo mejor en el mejor de los mundos!”. Sí, Bérénice, pienso en ti cuando no veo el fondo del pozo en mi habitación a oscuras. “Cuando quieres saber dónde estás cierras los ojos”. Sí, Bérénice, llevas razón cuando afirmas que “la vida es difícil para las chicas fáciles” o que “para ver una ciudad en el fondo de un vaso hay que esforzarse”. Sí, mi querida Bérénice, “cuanto más claramente es percibida una ilusión, más se asemeja a una realidad”. No llegaremos muy lejos Bérénice, pero iremos a nuestro aire. Sí, quizá sea mejor que las playas de la isla de Utopía sólo se adivinen entre la bruma, que no se vean con nitidez, que sigamos lejos de sus riberas, para que no nos desencanten. Quién sabe, Bérénice, dulce par de alas de golondrina que nadas en el aire. Yo, leyéndote como hacía Léolo, también iré a descansar con la cabeza entre dos palabras en el Valle de los Avasallados.


Días de escuela, días de Rock Días de escuela. La dulce María y el flautista cogieron el tren con dirección a la Isla del Amor, donde gansos y cisnes conviven con Rocinante, huyendo de Abélica. Intentaron liberar al ser urbano, reo de aquellos que niegan que la paz sea verde. Acosados por las cucarachas, porque sabían que entre las cejas sólo tenían libertad, se ocultaron en Sodoma y Chabola, y se durmieron con el son de la nana del emigrante, a la sombra de una mentira del oportunista. Escaparon la noche de que te hablé, huyeron de allí al grito de “¡corre, corre!” y con el amor grabado a fuego. Ella había sido la mejor bailarina del harén y quería escapar del señor violento, que gobernaba a golpe de látigo. Él quería huir del tiempo gris, cuando llueve por dentro. Mis amigos, ¿dónde estarán? les ayudaron a escapar, invocando al espíritu del Capitán Trueno, hasta que llegaron a este Madrid, que es una mierda en la que ni las ratas pueden vivir. Qué desilusión comprobar que los sermones siguen sonando en la catedral que flota en el espacio, sobre la granja del loco y sus cerdos rockeros que, sentados frente a una hoguera, preparan la batalla antes de que caiga el telón, brindando con una copa y alzando la voz contra la polución que nos invade y no nos deja respirar. Ella viajó sola en su vagón, buscando los colores que la hacían sentirse bien, harta de buscar escaleras al cielo en la ciudad de los músicos, circulando por la autopista al infierno y cegada por el humo en el agua. Cegada por los mensajes de la televisión que no descansa, que funciona siempre… santa televisión, bendita televisión… la tele no descansa, la tele te vigila… hiede la televisión. Salvación, oscuridad, frialdad… castigo fue lo que hallaron en los callejones de los flojos de pantalón y del camión de la basura, caminando de la mano de la verdad vencida, con el pelo pintado de azul y tocados del pulmón, pero agradecidos pensando que todo es más sencillo apagando las luces si comprendemos que la luz de un cigarrillo nos puede valer… sí, maneras de vivir… detenidos en la materia, en el silencio de las esferas, en crisis… ¿qué crisis? Crisis y castigo para el fenicio y el astuto. No hagas caso a este texto, pues todo es mentira, En realidad, no importa, es sólo rock and roll y no voy más lejos. Lo que hace falta es un buen bidón de aire puro y natural, y de cerveza, una piba y un colchón, que sea fina y no estrecha… pero piensa en lo que acabas de elegir porque gritar, cantar es algo más que una intención, aunque si es sólo una canción me siento mejor, porque sé que no estoy en mi juicio y que me falta inspiración, así que pon otra cerveza que esto… se acabó.


Post scriptum: En memoria de Richi. Texto homenaje al “rock urbano”, realizado con canciones de Leño, Topo, Asfalto, Ñu, Rosendo Mercado y Miguel Oñate.


Allí donde mueren las gallinas Chulo. Que se comporta con jactancia y presuntuosidad. Llaman chulo y borde al futbolista Cristiano Ronaldo, porque se ha encarado con un grupo de aficionados en Almería que le vociferaban “ese portugués, que hijoputa es”, “nos la vas a comer” y otras lindezas similares. El chico, más que harto de escuchar tales cantinelas día sí y día también, les mandó a salva sea la parte y, tras meter un gol en el campo, les dijo “nos os oigo cantar nada” o cosa parecida… Y es un chulo y un impresentable, reconvenido por su propio director deportivo, Jorge Valdano, en el extendido entendimiento de que “el público siempre tiene razón” y que hay que oír y callar. Porque estamos en la sociedad del todo vale, donde todo son derechos sin deberes y la modestia, la educación o el respeto siempre le son exigibles a los demás y nunca a nosotros mismos, en esta sociedad de acomplejados, mediocres y meapilas, sólo valientes desde el anonimato del rebaño, al amparo de la masa. Pues yo digo no. Humildemente: no, señor. El chico es un excelente futbolista, atractivo y multimillonario y, claro, esto muy difícil de digerir. Y el público, cuando se convierte en chusma vociferante y mal hablada, en mole canallesca, no sólo pierde la razón sino que se torna en algo manifiestamente peligroso y dañino. De nada valdrá recordar que el deporte se basa en valores ya totalmente trasnochados, cuando no directamente olvidados o caídos en desgracia. Que el fútbol, y sobre todo mi admirado, por añorado, rugby se basaban en animar a tus colores pero siempre desde el respeto al contrario y, si éste te derrotaba con limpieza, merecía ser reconocida su superioridad y serle rendida tu admiración y tu aplauso, con el objetivo de mejorar y poderle derrotar en la siguiente ocasión en buena lid. Es lo que diferencia a un caballero de un rufián, aún más, lo que distingue a un ser humano de una bestia parda. En suma, unos preceptos morales totalmente alejados de los que han convertido este deporte en un lamentable “espectáculo” –qué miedo me produce esta palabra en bocas malintencionadas y contextos equivocados, pues en su nombre todo está permitido –de billeteras engordadas sospechosamente, de vanidades desmesuradas y de metrosexuales sin neuronas. Una secta de seguidores cerriles donde lo único que cuenta es vencer al precio que sea, de negadores de la evidencia y del agua y la sal al rival, en sintonía con la máxima ignominiosa del “pisalo, al contrario, pisalo” del insigne entrenador argentino Carlos Bilardo. Nos hemos vuelto todos locos o unos cretinos desnortados. Nos ganamos una merecida libertad tras años de secuestro y hemos pasado de ser ilusionados libertos a libertos desnortados. Suerte que no soy ningún crack futbolístico porque si no verían realmente lo que significa ser un chulo y un cabrón, porque los animales sólo entienden el idioma de las bestias. “Alto, fuerte, lejos”, el viejo lema latino, ha sido sustituido por el de “Necio, sordo, ciego”, pues no hay peor ciego que quien no quiere ver ni peor asno que quien no desea ser desasnado. Bienvenido, pues, Cristiano a mi barrio y al País de las Maravillas, a mi país de


burriciegos, donde no hay deberes, sólo derechos, donde los radicales de izquierdas y los falangistas “velan” por la democracia y sus principios; ellos volverán a precipitar su final ante nuestra desidia, galbana y cobardía, aunque nos queda la esperanza, que es lo último que se pierde. La esperanza, esa dulce amante que nunca nos abandona mientras nos quede aliento, dando un rayo de luz a nuestras vidas. La esperanza… sí, esa puta que se viste de verde y que, más tarde o temprano, siempre te vende. Dicen que el esperma masculino español –“¡Viva el semen español!”, vociferaba un chavalín ante las cámaras de televisión en un arranque carpetovetónico de patriotismo –está perdiendo calidad por la contaminación y ciertas hormonas de las vacas… o quizá por las hipotecas, el paro y la desesperanza, vaya usted a saber, hasta que lleguemos al hombre del pene retráctil, último eslabón de la cadena evolutiva, que halló su precedente en un pastor mejicano que años ha falleció aplastado por una roca desprendida de un monte mientras se beneficiaba sexualmente a un ave… Murieron ambos en el acto –nunca mejor dicho –gallina ella, tonto él. ¿Realmente dará tiempo a que cambie el clima antes del fin del mundo con tanto imbécil en las esferas de decisión? Estamos en manos de los idiotas del terror y de los manipuladores de las masas por el miedo. “No salgas, no hagas, no digas”…. España sólo hay… dos. Somos hijos de Caín. Sinvergüenzas en puestos de poder e inocentes sentados en los banquillos. Y sin noticias de Robin Hood. La paz de los muertos no es paz, es un grito horrendo que se oye como un lamento sordo más allá de las tapias de los cementerios. No puede existir una democracia real mientras haya muertos, con independencia del bando o del credo ideológico, sepultados en cunetas o descampados. Así no descansan en paz y menos aún sus descendientes. No hay paz sin reposo, no hay paz sin guerra, ni guerra sin disputas económicas y de poder. El poder corrompe y, en la medida que aísla, atonta. Siempre se ha hecho negocio de los muertos y de la pesadumbre, como con las tapas de mármol en las mesas de los bares madrileños de “La Colmena” de Camilo José Cela: empresas cibernéticas de búsqueda de empleo que sólo colocan en función de lo que paga el desempleado. Ya no se cobra por trabajar, se paga. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ve con espanto la rigidez de nuestro mercado laboral y la receta que aconseja es sencilla: abaratar el despido de los contratados fijos para igualarlos (en la podredumbre) con los contratados temporales. Temporalidad, mal sempiterno de nuestro mercado. Cuatro millones y medio de parados y el despido es caro, qué será cuando éste sea barato. Los responsables de la crisis económica no sólo no piden perdón sino que siguen exigiendo, y la cuenta de la orgía la pagan los de siempre, los que no han fornicado. Así pues sólo me queda ser un chulo, no como Cristiano Ronaldo, y mirarles a los ojos llevándome las manos allí donde mueren las gallinas.


Post Scriptum: 2 años después, llegamos a los 6 millones de parados y siguen vendiendo a quien las quiera comprar las bondades del abaratamiento del despido. 2 años después siguen los mismos cánticos a Cristiano Ronaldo, a quien ya no defiendo con el mismo ímpetu, pues tampoco colabora en exceso con su actitud altiva, pero sigo censurando con igual firmeza los insultos que cobardemente le profieren.


Stephen Hawking y las lagartas amarillas. “Para mi cerebro matemático, los meros números hacen que pensar sobre extraterrestres sea perfectamente racional. El verdadero desafío es averiguar cómo pueden ser de verdad”, ha manifestado el físico y ex profesor de la Universidad de Cambridge Stephen Hawking. Estos extraterrestres podrían ser inteligentes y constituir una amenaza, según manifestó en una entrevista en la cadena Disney Channel. “Si nos visitaran, los resultados serían como cuando Colón llegó a América, algo que no salió bien para los nativos americanos”. Estos extraterrestres que expoliarían nuestros ya sobreexplotados recursos naturales podrían ser herbívoros, bípedos, amarillos y con forma de lagarto –como en la serie “V”, pero sin tías buenas en apretados vestidos de látex –. En San José de Valderas somos expertos en visitas de civilizaciones extrañas y frikis en general, desde que el famoso grupito de ovnis sobrevolara los castillos del señor marqués. Siempre me ha costado creer que un ser asaz adelantado atraviese distancias siderales para abducir a un pobre cateto y explorarle el esfínter anal, pero vaya usted a saber… Igual en vez de lagartos culeros nos visitan lagartas… y sus lenguas bífidas seguro que nos darán mucho juego. En cualquier caso, las “extraterrestras” son amarillentas y tienen muy mala leche… Bueno, hasta aquí nada especialmente sorprendente, pasa exactamente igual con las “terrestras” cirróticas a causa del botellón indiscriminado y recurrente. Pero sucede que los “extraterrestros” son unos chungos de mucho cuidado, según ha visualizado Hawking, y es cosa de tener en cuenta porque, amén del último genio vivo al nivel de Albert Einstein o Isaac Newton, está el pobre imposibilitado, se debe aburrir de la leche y le debe de dar a la almendra una barbaridad… es decir, que cavila un huevo y parte del otro. Recordemos que ya en su día avanzó que los alienígenas nunca habían visitado nuestro planeta porque, de haberlo hecho, habrían dejado basura. Razonamiento que comparto al ciento por ciento, más que nada porque soy español y conozco el paño. Si fuera suizo igual hasta lo ponía en duda, pero habiendo nacido en la piel de toro sé bien como queda cualquier merendero tras una tarde dominguera, que parece mentira que seamos campeones del mundo y de Europa en baloncesto porque no acertamos a meter un solo desperdicio en las papeleras, al parecer todos los escupe el aro y, como debemos andar fatal de los riñones, no nos agachamos ni luchamos por el rebote. Así pues, a tenor de lo manifestado por el insigne físico británico, a temblar tocan amiguetes… ¡Joder, y justo ahora que íbamos a salir de la crisis de los señores especuladores que siempre la montan y nunca pagan! Es por este motivo que un servidor, por si acaso, se ha puesto solícitamente a las órdenes de nuestra nunca suficientemente bien ponderada ministra de Igualdad, para que los seres amarillos que dominarán el mundo –no, no hablo de los chinos, que ésos ya lo dominan ahora –me traten en justa paridad. Así pues he comenzado a hablar como es del gusto de la señora Bibiana Aído, sólo con “-istos” e “-istas”, y huyendo de los abominables participios activos que tanto mal han hecho por la igualdad entre hombres y mujeres. Cuánto mejor ser “periodistos” o “violinistos”, por no hablar de “policíos” o “militaras”. Qué dichosos y dichosas seremos y “seremas” cuando seamos y “seamas” miembros y “miembras” del/la Ministerio/a Igualitario/a Intergaláctico/a.


No albergo la menor duda de que ésta será misión prioritaria de las “extraterrestras”, mientras los “extraterrestros” nos colonizan como es debido, como nuestros antepasados hicieron en el pasado, esto es: dándonos por el colon, pues de ello deriva el verdadero significado de colonización y no de Colón como se nos ha dado en enseñar en las escuelas. La historia nos demuestra que cada vez que una sociedad tecnológicamente más avanzada visita a otras más retrasadas, los miembros de estas últimas empiezan por abrazar alguna religión amorosa entre llamas o hierros candentes, siguen aprendiéndose el nuevo idioma a golpe de porrazo y terminan por acarrear pedrolos a cualquier pirámide, catedral o mezquita, o extrayendo minerales en una mina insalubre. Serán ellas las que lleven la voz cantante– ¿tal vez “cantanta”? –, pues serán más astutas. Estoy seguro porque ya en la adolescencia mi madre me prevenía para que tuviera mucho cuidado porque “hijo mío, hay cada lagarta por ahí…” Ya ven, y más allá, hasta en el Reverso Tenebroso de la Fuerza… lagartas interestelares… y eso deben ser muchas horas de vuelo… En fin, consolémonos pensando en los brillantes próceres que nos protegen: Merkel la dulce, que cuando asegura que va a hacer un griego tiembla Europa; los boys Nicolás Sarkozy y Silvio Berlusconi, especialmente indicados para el trato con féminas; Vladimir Putin se moverá como pez en el agua, y ya podrá envenenar a gusto a diestro y siniestro a base de plutonio radiactivo –entre amarillentos y verduzcos, sus víctimas no llamarán la atención ni levantarán sospechas –; Bin Laden las podrá convencer de las bondades del derecho plenamente constitucional del uso del burka y de la bondad cultural de la ablación del clítoris; y nuestro Zapatero podrá desarrollar al fin su afamada Alianza Intergaláctica de las Civilizaciones –solamente en dietas de viaje y hospedajes nuestros representantes se van a llevar un auténtico pastizal… ¡Ay! que boyantes negocietes se abren ante el Bigotes, Filesillos, Gúrteles y demás genios de las finanzas patrias –y el simpar Rajoy… ¿Rajoy? ¿Mariano?... Bueno, no debe estar o está callado, como corresponde a un líder de su talla. Menos mal que doña Espe Aguirre, la súper lideresa de los calcetines blancos, se reservará para acaudillar las rebeliones que procedan. Mientras tanto, adelantémonos nombrando como nuestros embajadores en Raticulín y Ganímedes a Crístofer Jesús, con su dominio del idioma “fiuufiuu”, y a Tristanbraker, que ya ha mantenido conversaciones interestelares con ellos desde su walky-talky de “El Corte Chino”, a 2 euros la docena de radioteléfonos de plástico fino, fino… Yo acepto cualquier cosa ya, a excepción de que nos invadan los repelentes Ewoks de La Guerra de las Galaxias. ¿Qué dirán en Badalona y en Vic cuando sepan que vienen ¡¡¡13 millones de extranjeros invasores!!!… Lo peor de todo será que se llevarán a Elsa Pataky y a Patricia Conde y nos dejarán aquí a Belén Esteban y a Karmele Marchante… son lagartos cosmonautas, no unos gilipollas como ET, que vino en un cohete y se marchó dando pedales en una bicicleta con canastillo y con un dedo hinchado como una berenjena.


Perdidos en “Perdidos” Jaimito está en el aula y un profesor le pregunta el título de la obra inmortal de Dante Alighieri. Como el niño no tiene la menor idea, le va dando pistas: “La…”, “La Di…”, “La Divi”…, “La Divina…” “¡Que no, leches, que no lo adivino!” protesta el chico. Este patético chiste viene a cuento por la genial serie “Perdidos” y las protestas que oigo a menudo de muchas personas acerca de que se “pierden” o no la entienden. Y viene a colación acerca de lo que vengo escribiendo tiempo ha en esta columna sobre lo poco y mal que leemos los españoles. Si hubiéramos leído “La Divina Comedia” del citado Dante, concretamente el Canto II, El Purgatorio, no “nos perderíamos” tanto en “Perdidos”. Allí hallamos el concepto del Antepurgatorio, a cuya playa –¿de una isla? –llegan centenares de almas desorientadas, “perdidas”, en una gran barca alada sin velas ni remos –¿un avión? a esperar su destino en una suerte de mundo bisagra conectado con el mundo real, el infierno y el cielo. El famoso, y tantas veces demandado “Humo Negro” de la serie no es otra cosa que el “aura negra” que encontramos en el Canto V del Libro del Infierno de la inmortal obra de Dante, en el acceso al infierno de los que pecaron de lujuria –como el propio escritor italiano, débil confeso ante el llamado pecado de la carne, y como quien estas líneas escribe –. Un “viento negro” que aplasta en impetuoso avance a ras de suelo a las almas con rumbo al averno. La isla, que a mí personalmente me parece una referencia permanente al mito de la Atlántida, tapona la salida del Mal como concepto impidiendo su fuga al mundo terrenal, y mantiene en ella a las almas en espera de su destino, siempre sujeto en último extremo a su libre albedrío, concepto basado en la teoría ilustrada de que Dios no nos condena, sino nuestros propios actos. Es por ello que los personajes van y vienen y, en función de una u otra circunstancia, sus vidas “en el mundo real” se modifican. Ora están felizmente casados, otrora están alcoholizados e infelices; son millonarios o pobres, etcétera, dándose siempre la posibilidad de redención, encarnada por encima de todas en la apesadumbrada figura del iraní Sayid, el antiguo “torturador torturado”. Todo ello porque el hombre es de naturaleza humana y divina a un tiempo, como leemos en el “Libro de los Siete Sellos” del “Apocalipsis” de San Juan. Amén de en el “Génesis” bíblico, en la magnífica “Rey Jesús”, de Robert Graves, encontramos la Escalera de Jacob, una escalera en espiral por la que los ángeles suben y bajan del Cielo al Infierno, y por la que ascendió el patriarca Jacob al Paraíso entre sueños, abriendo las “Puertas del Cielo”, a las que luego cantaría Bob Dylan –también aparece en la obra de Milton entre otros muchos autores). Graves la sitúa en el monte Moria, donde se construye el Templo de Jerusalén y donde se producen los sacrificios –algo que se repite en varios capítulos de “Perdidos”, literalmente – y donde Tolkien sitúa las minas más grandes de los Señores Enanos, y donde Gandalf desaparece enlazado en mortal combate con el Balrog. La Escalera de Jacob, también llevada al cine en una película de Adrián Lyne y protagonizada por Tim Robbins, y que asimismo toma forma en “Perdidos” en las distintas escalerillas por las que se accede a las estaciones de la Iniciativa Dharma (religión, en sánscrito), una especie de Torre de Babel integrada por bienintencionados pero soberbios científicos que, en


cierto modo, retan a la divinidad. Son también, en cierta medida, los vagabundos del Dharma que retrató Jack Kerouac. En cuanto a otro personaje clave, Richard Alpert, o Ricardus, el hombre que permanece joven puede hacer referencia, como algunos sostienen, al Albión de William Blake, pero yo creo que está más vinculado al “hombre eterno” – “The Everlasting Man” –de G. K. Chesterton, que trata del origen evolutivo de la humanidad y para el que hay dos formas de llegar al hogar: “permanecer en ella o dar la vuelta al mundo para llegar a él”, algo que también encontramos en “El Alquimista” de Paulo Coelho, con clara influencia del Cristianismo en la idea del hombre frente al cosmos, el emisario de Dios. No es extraño que proceda de Lanzarote, la “isla escondida”, en otra clara referencia al mito de la Atlántida. Y la ecuación de Valenzetti, que indica el tiempo –en años, meses, día, horas, minutos y segundos –que tiene la humanidad antes de que se autodestruya, son los famosos números 4 8 15 16 23 42, mientras que la colosal estatua hace referencia a la diosa egipcia Tauret, protectora de las embarazadas –curiosamente, los niños engendrados en la isla mueren al nacer, menos uno, una esperanza, una especie de Mesías redentor al que Kate, una especie de María Magdalena, protege –. Todo ello me conduce a mis recuerdos del colegio del Mercado y al afán con que se empeñaba, con desigual fortuna, el profesor que recuerdo con mayor agrado de aquella época: don Andrés, empecinado en la infatigable tarea de que adquiriéramos la costumbre de leer, y que mi padre secundaba con energía en mi casa. Tengo entendido que al final de su carrera profesional consiguió que sus alumnos asumieran como un castigo, y no como un alivio, que les prohibieran leer. Mis más efusivas felicitaciones, querido profesor, aún recuerdo que comenzaste tus clases con nosotros sin tan siquiera una pizarra en que escribir. Por cierto, el piloto del avión de “Perdidos” será un ángel… apuesten por ello, y lean “Rey Jesús”, de Robert Graves. Muchos conceptos religiosos e históricos les serán clarificados.


Thomas More, Thomas Cronwell y otras pérdidas de cabeza. Thomas More –Tomás Moro para nosotros –inventó el término utopía, jugando con el griego (οὐ, no; τόπος, lugar; εὐ, buen; τόπος, lugar; es decir: buen lugar en ninguna parte) en su obra “De Optimo Republicae Statu deque Nova Ínsula Utopía” para dar nombre a una isla regida por un sistema político ideal, un híbrido entre el cristianismo y el comunismo. En su isla, el rey estaba al servicio del pueblo y no para servirse de él, y sólo se distinguía del resto de sus conciudadanos por portar una ramita. En la isla de Utopía el trabajo no se consideraba una bendición sino un recurso para que el sistema siguiera funcionando. La jornada laboral duraba seis horas y, a su conclusión, las gentes dedicaban el tiempo al cultivo del espíritu. En Utopía se ocupaban de los viejos y los enfermos… Moro que había participado activamente en la formación del rey Enrique VIII se distanció de éste tras el cisma que provocó con la Iglesia de Roma para provocar su divorcio de Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, y erigirse como jefe de la Iglesia Anglicana. Este distanciamiento comenzó realmente con las censuras de Moro a las veleidades belicistas del citado monarca. La situación fue aprovechada por Thomas Cronwell, un luterano de origen humilde y que llegó al puesto de Lord Canciller que ocupaba el propio Moro. Ambos consejeros terminaron sus días en el cadalso. Entre las virtudes de Enrique VIII no estaba, precisamente, la gratitud a los servicios prestados y sus verdugos, sin duda, se ganaban el sueldo. Cortaron más cabezas que la reina de Alicia en el País de las Maravillas. Así pues, Tomás Moro, uno de los hombres más influyentes de su época, se negó a bailarle el agua al rey y secundar sus planes y, teniendo mucho que ganar, se negó a lucrarse contra su conciencia y, teniendo mucho que perder, se negó a claudicar en contra de esa misma conciencia. Su familia se vio a abocada a la pobreza y él pasó de gozar del favor real a ser encerrado en la Torre de Londres y, finalmente, ser conducido al cadalso para ser decapitado. La intrahistoria nos cuenta que los asistentes a la ejecución, lejos de insultarlo o lanzarle desperdicios, como era costumbre, le vitoreaban a su paso, persignándose como ante el paso de un santo, y que el propio verdugo imploró su perdón por lo que se veía obligado a ejecutar, solicitándole su bendición. Moro, que nunca ocultó su temor a ser sometido a tortura, mostró un extraordinario aplomo en la hora final. Bromeó con el verdugo pidiéndole ayuda para subir al cadalso puesto que no la necesitaría para bajar del mismo y que no le cortara la barba que le había crecido en prisión pues ella sí había sido fiel al rey. Bendijo a los asistentes y exclamó: “Muero siendo el buen siervo del Rey, pero primero de Dios” y falleció de un único y certero tajo. Fue canonizado. Ahora es conocido como Santo Tomás Moro. Thomas Cronwell, que había crecido a la sombra del cardenal Thomas Wolsey –entre Tomases estaba el juego –, se hizo con el título de Lord Canciller o Primer Ministro, Secretario de Estado y Vicegerente de Asuntos Espirituales por decisión personal de Enrique VIII, convirtiéndose de facto en el hombre más poderoso de Inglaterra, empeñado en su plan de aplicar la Reforma en el reino del Tudor. Thomas Cronwell cayó en desgracia en 1540, tras repudiar el monarca a su cuarta esposa aún virgen, Ana de Cleves, una flamenca “con pinta


de caballo” según la definía el sicótico rey. Los enemigos de Cronwell, que nunca fue un angelito, emborracharon al verdugo en la víspera para que le temblara el pulso y que su golpe de gracia no fuera certero. Hasta cuatro hachazos descargó el beodo ajusticiador sobre el cuello del otrora todopoderoso canciller sin conseguir su objetivo de desprender la cabeza del torso. Finalmente, un guardia se hizo con el hacha y asestó el golpe definitivo ante el estupor de los presentes, asqueados ya de una escena harto desagradable – Tarantino aún no había nacido, a él le hubiera dado juego con una cámara súper lenta –. La cabeza de Cronwell fue hervida y expuesta públicamente en la Torre de Londres, con la mirada en sentido opuesto a la capital del Támesis. Los seres humanos, capaces sin duda de lo mejor también somos capaces de las mayores mezquindades. Hay que ser muy miserable para desearle a otra persona una muerte tan cruel como la que esos sujetos le depararon a Cronwell, por malo que éste hubiera sido. Sin obviar que el verdadero motivo de tanto odio residía en el fondo en la baja cuna del primer ministro –era hijo de un cantinero– , algo que nunca le perdonaron los altivos nobles ingleses, más allá de su indudable codicia, de su intento obsesivo de mantener todo bajo su control o de su rapacería con los bienes eclesiásticos, pues en todo ello participaron alegremente dichos nobles, incluidas por supuesto las razias ordenadas por el susodicho canciller y sus tan espeluznantes como crueles campañas de castigo contra los rebeldes. Con el dinero que expolió Cronwell a la Iglesia Católica y con los abusivos impuestos que aplicó en el norte de Inglaterra, amén de engordar su peculio particular, financió las conquistas y uniones de Escocia, Gales e Irlanda –es decir, formó las bases de lo que conocemos como Gran Bretaña –y construyó la base de la futura y poderosa Armada inglesa. Objetivamente, no fue tan malo para Albión. Fue robar a ladrones y abusar sin piedad de los desfavorecidos, lo mismo que hacían e hicieron sus no menos rapaces enemigos. Nada nuevo bajo el sol. La diferencia de la muerte del uno y del otro recompensa sin embargo a mis ojos la coherencia y la virtud de Tomás Moro, aunque pueda parecer un pobre consuelo en los tiempos que corren. Mi padre solía contarme la historia cuando nos sentábamos frente a los castillos de San José de Valderas, y me aconsejaba primar la honradez y la coherencia con los propios ideales a la avaricia, aunque se pierda la vida en el envite, aún más en los actuales tiempos en que estamos gobernados por “gobernantahúres”, según el acertadísimo término acuñado por Réjean Ducharme, y que nos conducen irremediablemente a la distopía. Otro Cronwell, Oliver, se haría años después con el poder omnímodo en el reino inglés bajo el título de Lord Protector tras sus victorias sobre las tropas de Carlos I en Marston Moore (1644) y Naseby (1645) en la Guerra Civil inglesa. A menudo se oculta que al acceder Carlos II al trono ordenó exhumar el cadáver de Cronwell, decapitarlo y clavar su cabeza en una pica, en la que se pasó más de cuarenta años expuesta públicamente en la Torre de Londres. Eran los anuncios de la época, bastante mas “heavys” que los actuales de la Dirección General de Tráfico. Para que luego nos hablen de espíritus vengativos. De todo lo expuesto debe proceder el dicho de “no pierdas la cabeza”, como en la canción: “Txus, no bebas tanto: no pierdas la cabeza, no pierdas la cabeza… no pierdas la cabeza”.


Post Scriptum: Distopía es una utopía perversa donde la realidad transcurre en términos opuestos a los de una sociedad ideal.


Utopía y gamusinos Desde lejos me llega el eco de una vieja canción, el tenue rumor de la soledad, del recuerdo del pasado. Un susurro que se acurruca en mi oreja. Un mensaje escrito en las hojas que trae el viento cuando la realidad oprime al ánimo. Cuando el fraude, el engaño, la trapacería se confunden con la honradez. Cuando ante la injusticia guardamos silencio porque el silencio de hoy es una infamia, porque el silencio de hoy será el rencor de mañana. Cuando nuestros periodistas, que deberían velar por nuestra formación y por su independencia, aceptan que les vendan lecturas de comunicados oficiales sin opción a preguntas como si fueran verdaderas ruedas de prensa. Cuando nuestros líderes no nos escuchan ni nos ven y sólo nos usan como trastos que lanzarse a la cabeza en su guerra particular, en busca de un mero beneficio personal. A menudo debemos luchar contra nosotros mismos, contra nuestra propia galbana. A menudo somos nuestros peores enemigos. Como escribió Saccomanno, “el infierno es el subsuelo de uno mismo”. No busquemos más allá. Tomás Moro escribió la inmortal obra “Utopía”, título que tantos sueños rotos ha apadrinado. Tomás Moro perdió la cabeza, pero nunca su integridad ni su coherencia ni sus sueños. Limón, infinito, república, cachivache y gamusino fueron las palabras más votadas en una encuesta realizada por el Instituto Cervantes con motivo del Día del Castellano. Utopía es mi palabra favorita en castellano. Es la luz que despeja las sombras en mi alma, un faro que contemplar y que me sirve de guía en los días neblinosos y confusos, el fuego que aleja a las bestias y espanta a las criaturas de la noche. Utopía es el viento en las velas de nuestros navíos que los conduce hacia buen puerto, el aliento que favorece que nuestros hijos crezcan felices y en libertad. La utopía precisa de los recuerdos, de las buenas experiencias para no perderlas y perpetuarlas en el tiempo; y de las malas, para no repetirlas y erradicarlas. Pero los recuerdos sólo son buenos mientras no nos hagan reos con sus cadenas invisibles, unas cadenas a las que nos puede conducir engañados la falsa nostalgia. No todo tiempo pasado fue mejor, simplemente éramos más jóvenes y teníamos más energía. Todo tiempo pasado es, y debe ser, mejorable. Es el legado de los muertos y la responsabilidad de los vivos para los que están aún por vivir. Recuerdos, sí, pero primando el futuro, puesto que lo único que no existe es el presente. Cuando citamos el presente ya estamos hablando del pasado, y cuando actuamos ya lo hacemos con vistas al futuro. Todo es pasado y futuro. En la juventud cantábamos “No future for you, no future for me”, pero se expresaba una lucha por el “future for us”. We are the future, brothers in arms. Y en tiempos difíciles como éstos –todos lo son, unos más difíciles que otros, pero nunca hubo tiempos fáciles para el pueblo –la utopía cobra mayor relevancia si cabe. No hay tiempo a la espera. Las causas perdidas son las más nobles y las únicas eternas. Por eso el Quijote es eterno y universal. Hay enfermos mentales que oyen voces y matan a sus prójimos. Yo oigo una voz que me alienta, que me grita “adelante, arriba, lejos. Siempre adelante, arriba una vez más, más lejos esta vez y siempre”. La gente agota sus rezos con desesperanza. La chica de los ojos azules contempla al cantante callejero en el vagón del tren interpretando boleros. Las chicas que leen y el adolescente que se pierde mentalmente buceando entre sus faldas. Mi sombra se aleja y, cuando más fatigado me siento, me recobro porque soy como el verso de Miguel


Hernández, “como el árbol talado que retoño y aún tengo la vida”. Para la libertad lucho, sangro y pervivo. Es la hora de la resistencia, de disipar los espejismos, de afrontar la realidad con la vista en la consecución de la utopía. Mandan los de siempre, ya lo sé, son los mismos los que roban y abusan. Son los mismos los de a Dios rogando y con el mazo dando, son los mismos los que niegan la utopía, pero por cada cabeza cortada surgirán otras diez en su lugar. El norte no está lejos, está en nuestro ombligo, en nuestra mente, en nuestro ser. Giremos la cabeza al amor, a la esperanza, al combate, al vuelo de la mariposa, al aguijón de la avispa. Al arroyo que fluye por nuestras venas, al viento que nos acaricia y cantemos que sí, que los chicos están bien; castigados, algo desengañados y cansados, pero bien, muy bien, mejor que nunca porque están preparados, más que antes, más que nunca. Respiran, sangran, comen, beben, sueñan. Ni un paso atrás, salvo para coger carrerilla. El valor de una sonrisa, el valor de un apretón de manos. Sólo los más ricos, a menudo los más pobres de alma, piensan que todo tiene un precio. Cierto es que todos pueden obtener besos, pero unos se venden y otros se dan, y éstos valen más… éstos son los únicos que valen en realidad. Cuando cierro los ojos veo el viejo mundo, veo mis calles, mi colegio del Mercado, donde empezó todo. Cuando cierro los ojos puedo ver un mundo nuevo. Cuando cierro los ojos venzo el miedo y mis dedos rozan la utopía. También tengo otra palabra preferida, y más ahora que hemos perdido a Saramago –Sara Maga para nuestra súper lideresa Esperanza Aguirre cuando era ministra de Cultura…¡aaay! –. Es Iberia. Iberia en el sentido del premio nobel luso: una unidad voluntaria de ambos países, vencidas definitivamente las viejas rencillas, ganada una nueva y próspera amistad en un impulso común de las personas positivas de España y Portugal. Iberia, acaso otra utopía. Pero real y posible. A menudo aquéllos que se autocalifican de “realistas” no son otra cosa que inmovilistas reaccionarios a cualquier avance que suene a progreso. “Sueño constantemente con los navíos de mi juventud, desde que zozobraron en el mar de las Estrellas” escribió con gran belleza el poeta canadiense Émile Nelligan. Yo intento cada día reparar las maderas y las velas dañadas para seguir navegando y continuar la singladura hasta arribar a la isla de la Utopía, aunque sólo sea para cazar gamusinos... serán gamusinos libres al menos.


Volver a ser un niño Ella era purito morbo. Y yo deseaba fotografiarla, resaltando el azul marino de la tinta de sus tatuajes sobre su piel blanquísima, a horcajadas sobre una moto, símbolo de rebeldía y de potencia. La luz era propicia y su rostro gritaba al viento libertad. “No puedo, no soy fotogénica”, mintió con una tímida sonrisa. “No me he maquillado, voy vestida de mañana y estoy muy quemada, y así vas a sacar lo peor de mí”, se escudó tras el surtidor de cerveza, parapetada tras el burladero de la barra del bar. “Lo peor de algunas personas es preferible a lo mejor de la mayoría”, me sinceré en vano. Dudó por unos instantes, meditó calculando las opciones, se miró las piernas y los tatuajes. “No, lo siento, no puede ser; hoy no, ahora no. Tú vendrás aquí más veces y, en otra ocasión, seguro que sí”. “¿Cuándo ya seas fotogénica?”, bromeé. “No, en serio, más lo siento yo; en efecto, vendré más veces y seguirás siendo la misma, una mujer muy interesante”, contesté, “pero ya no será igual ni la luz ni la falta de maquillaje… ni el morbo”, me dije para mí buceando en un cubalibre de ron. Me dio dos besos, como en la canción, uno por mejilla y me dijo adiós. Respondí a su despedida en voz baja, con niebla en mi cerebro y escarcha en mi corazón. Los tatuajes de esa muchacha son alambres de espino que rasgan y bordean su cuerpo frágil como una flor y duro como el diamante a un tiempo. Besos que arañan, caricias que desgarran, zarpazos de amor… sueños románticos, dulzura oculta bajo una coraza de hierro. Quiso, pero no se atrevió y el resultado es el mismo, aún peor, más doloroso por cuanto implica de deseo infructuoso, de anhelo perdido. “El temor y el pudor atan más férreamente que los alambres de espino”, pensé. Nos hacen retroceder y huir, escapar de nosotros mismos, que somos nuestros jueces más implacables. “Otro día y en otro lugar”… ya no será igual. No puede serlo, porque los trenes que se pierden ya no vuelven a pasar y, en el caso de que lo hicieran, irían a distinta velocidad, con otra pintura y con distintos asientos libres y ocupados. Retrocedí a los años del colegio, encima del Mercado de San José de Valderas, y a la figura del “Bufa”, antes de su descenso al vértigo de las drogas. Sonaba en el garito la voz de Javier Urquijo, de “Los Secretos”, desde el más allá, aquí, muy cerca. “Volver a ser un niño” –decía- “volver a ser un niño”… Qué gran cosa cuando todo cambia, como él dice, porque nos haya sonreído Cupido tan sólo un poquito. Qué maravilloso volver a ser un niño, acaso por un instante, lejos de los problemas y de los remordimientos, de las mezquindades y de los chantajes… volver a ser un niño sin tatuajes en el alma, “con ese brillo que te quita el frío de las cosas”. Le respondió Josele, de “Los Enemigos”: “el mundo rula y, al caer, se muerde la cola, ¿por qué has tenido que crecer? ¡Maldita la hora!”.


El “Bufa” cantaba –cada vez que aparece en mi mente lo hace –: “siempre soñé con ir a L.A., dejar un día esta ciudad, atravesar el mar en tu compañía…” Años después, una conocida, un ángel con rostro de tal y un cuerpo perfectamente diseñado para los deseos más pecaminosos –en el caso de que tal cosa exista –me aseguró que aquella ciudad es una gigantesca mole de mierda. ¡Qué más da! Escapar, huir es lo que cuenta, en los dulces brazos de la imaginación. Al paraíso de los seres dichosos, donde hombres y mujeres se aman sin hipotecas, sin tatuajes en el alma, sin heridas en el corazón, sin chantajes en la cartera emocional, sin un “Breakheart’s Hotel” en su censo. Miré la pantalla del televisor, el hombre del tiempo anunció: “mañana, sol y buen tiempo”.


Retorno a Frikishead En parte por vagancia, síndrome posvacacional según le llaman los amantes de los eufemismos, y en parte por darles a ustedes un merecido descanso, había alargado mi retorno a las líneas que componen estas columnas que me empuja a escribir mi amigo Fermín. Pero heme aquí, bolígrafo en ristre y aporreando las teclas del ordenador para seguir torturándoles con mis soliloquios una vez más. Mentiría si dijera que no he desconectado suficientemente en el periodo estival. He dormido, bebido, comido y demás hasta la saciedad. Y lo más importante: he tenido apagadas la radio y la televisión, lo que me ha facilitado aislarme del mundanal ruido, y me ha permitido darme a la lectura de nuevos e interesantes libros y, sobre todo, a la contemplación insana y reprobable –como debe ser una buena contemplación –de las muchachas que mostraban sus cuerpos lozanos por las playeras arenas malagueñas... ¡¡¡Aaaaay!!! Pero se acabó lo que se daba, se acabó lo bueno. Volvemos al redil, a los grilletes de la realidad, al madrugón laboral, a las alcantarillas que tapan los pozos de los sueños, a encender la televisión donde, como piratas al abordaje, aparecen del averno mediático toda suerte de trasgos y monstruos catódicos. Las cohortes legionarias de Belén Esteban y Karmele Marchante; las huestes de la prensa de la entrepierna y la víscera sangrante; los paracaidistas de la política, nuestros irreductibles “empeoradores” que dan el alma propia y los dineros y las vidas de los demás por el poder y la poltrona. En suma, el ejército de las sombras. Retorno a la parada de los monstruos. Retorno a Frikishead. Pero también ello conlleva el regreso a los lugares comunes, a las voces del sentido común que reconducen al cerebro a la justa realidad, alejándole de paraísos artificiales, como una suerte de Pepito Grillo advirtiendo a Pinocho sobre la verdadera naturaleza del falso edén en que se solazan los muchachos malotes para echarse a perder en las manos del perverso Strómboli. También implica el reencuentro con los seres queridos, con familiares, compañeros y amigos con los que compartes la práctica totalidad del año, es decir, de la vida. Me he reencontrado, además, con los viejos compañeros del colegio del Mercado. He compartido de nuevo cervezas, risas y recuerdos con Mayte, Yolanda, Charo, Vera, Fermín, Pilar, Carlos, Julio, Miguel Ángel, Magdalena del Toboso… Y ahora esperamos la llegada de la entrañable Sara, recién casada – hay quien no escarmienta… –a la que espero radiante, feliz y cargada de esperanzas, porque sensibilidad, cultura e inteligencia tiene para dar y regalar. Sobre mi cabeza, en el Pirata’s del simpar Jose Antonio Múgica, volaban y explosionaban los fuegos artificiales en la Feria de Alcorcón, y yo me sentía realmente dichoso por gozar de la compañía en la madurez de algunos de aquellos chicos y chicas con los que compartí infancia y aprendizajes y a los que seguía identificando con claridad en el fondo de sus ojos brillantes y sus risas. Porque ambas cosas: mirada y risa, cuando van desnudas del rugoso velo de la hipocresía, no varían con la edad y conservan la identidad que tuvieron en la infancia. Sí, veía sus miradas y éstas me devolvían la imagen de aquellos críos, y ellos me veían a mí de igual manera. Podría decir que les entendía aún mejor


cuando callaban. Comprendía en ese silencio, pues a menudo valemos más por nuestros silencios que por lo que hablamos, y sé que mientras nos juntemos cada cierto tiempo y conservemos el mismo espíritu, la magia no desaparecerá porque, parafraseando a los Barón Rojo, “no habrá final, la magia no se romperá, todo está bien si estáis aquí. No habrá final porque yo sé que siempre estáis allí.” Y yo os doy las gracias por ello a todos vosotros. Post Scriptum: Finalmente, Sara Espejel no pudo venir y no nos vimos… pero todo se andará.


Vacaciones indálicas Mi intención era haber cerrado las columnas del Mercado con la anterior a ésta, pero mi amigo Fermín me convenció para que lo hiciera con unas líneas relativas a las vacaciones estivales. Así pues, vamos a ello. Vaya por delante que he sido bastante afortunado al respecto. Como mi familia materna procede de Andalucía, en cuanto cogía las vacaciones mis padres me enviaban con mis tíos a Almería y allí permanecía hasta que comenzaba el siguiente curso. Por tanto no sufría el solaz del verano en San José de Valderas, buscando la compañía de los que se hubieran tenido que quedar aquí soportando el rigor del verano mesetario, buscando una sombra como los lagartos. Las vacaciones las recibía con cierto sabor agridulce. La alegría de dejar los deberes escolares, de trocar las insalubres aulas sin ventanas por el aroma de la mar se mezclaba con la amargura de dejar de ver durante tres meses a los amigos de juegos y a la chica que tanto me gustaba ver, aunque fuera con infructuoso resultado. Muchos de mis compañeros permanecían en San José de Valderas y seguían en permanente contacto, pero no era mi caso y, por ende, no puedo hablar de ese hastío que debían sentir aquellos que se quedaban dando vueltas a la plaza del mercado o por los alrededores de los castillos del Marqués y a la solana. Puedo, en cambio, escribir sobre lo que me ocurría en la alquitranada playa de El Alquián o en las de Retamar, echadas a perder por una industria celulosa. Puedo escribir sobre las calas del Cabo de Gata, cuando éste era el Cabo de Gata; cuando el pueblo blanco de Mojácar, a salvo de las guerras, protegido por los indalos pintados en las puertas y frecuentado por hippies aún no había sido desfigurado por la sobreexplotación de la voracidad turística; cuando las calas de Carboneras eran de las más bonitas de España y no se construían espantosos hoteles saltándose impunemente las leyes de protección medioambiental; puedo hablarles de comer el mejor pescado en Garrucha; hablarles de las Salinas, de la cala de las Sirenas, de la propia playa del Cabo de Gata; de los Escullos, de la playa del Arco o de la Isleta del Moro; cuando ir a San José, a Los Genoveses o a la playa de Monsul era una aventura y te sentías en paz con la naturaleza; de las playas de Las Negras, la playas de Los Muertos, Agua Amarga, Palomares (sin Fraga, pero con bomba), las playas ya incipientemente nudistas de Vera, o de costear hasta Villaricos viendo ruinas; cuando te ponían cara de extraterrestre si pedías una “clara” en un bar y si querías un bollo te daban un “chino”, etcétera, etcétera, etcétera. Puedo escribir (y seguir recomendando) las pateadas por todo el parque de Gata-Níjar, en general, las excursiones a las cuevas de Sorbas, las Alpujarras, la sierra de los Filabres o al desierto de Tabernas, donde se estimulaba la imaginación a golpe de colt del 45 de los westerns de Sergio Leone y Clint Eastwood. Al principio estas excursiones se realizaban con mis padres y mis tíos, por caminos de cabras prácticamente sin asfaltar, y posteriormente con mis primos y amigos de correrías y, más tarde, sólo, en compañía de mis rollos mentales y de mi búsqueda interior. Mi experiencia era ciertamente chocante, pues en contra de lo que pueda parecer respiraba un aire de mayor modernidad y libertad cuando bajaba a esas costas que cuando permanecía en el barrio, pues allí contactaba con jóvenes alemanes, franceses y suecos que traían otra


mentalidad –llamémosle europea –, otros aires de libertad, otro concepto del cuerpo y del sexo (no entremos en cuestiones más escabrosas) que me descubrieron otros mundos, nuevos horizontes, otras inquietudes, otras músicas –con ellos descubrí a grupos como Led Zeppelin o Deep Purple, a Jimi Hendrix, Janis Joplin o The Doors –. Y también los famosos amores y cines de verano, en el barrio del Zapillo, con las películas proyectándose sobre una pared blanca al aire libre. Aquello era una auténtica gozada, sobre todo cuando vimos “Tiburón” y todos corrimos esa misma noche a la playa a ver quien era más machito delante de las chicas metiéndose al agua. En fin, permanecíamos en las negras aguas segundo y medio con más miedo que siete viejas y salíamos al menor ruidito. Mayor aún era el disfrute cuando me tumbaba con mis primos en el rellano de la casa de mis abuelos en El Alquián desde donde veíamos “media película” del cine de verano, pues una cornisa tapaba la otra mitad. Aquello nos daba cierto aire de clandestinidad, creo que se podría hablar del nacimiento de mi actual predisposición a la piratería. El retorno, la verdad, era muy duro para mí y necesitaba varios días de adaptación, más que nada para perder el acento que se me pegaba en seguida, sobre todo la querencia a llamar “nene” a todo el mundo. No obstante, el regreso se hacía más llevadero porque retomaba el contacto con mis amigos del barrio a los que narraba –exagerando, por supuesto –mis “aventurillas” por aquellos parajes entre las dunas y el mar, con las “guiris” nudistas –lo que estimulaba ciertamente la imaginación y la envidieja de los colegas de fatigas –. Me hacía gracia –por supuesto allí era el “Madriles” –que pensaban que aquí vivías en la vorágine del mundo supermoderno, a la última. Cierto es que años más adelante, en los 80, esa percepción se ajustaba más a la realidad, pero no entonces. De aquellos años guardo mi gusto por la soledad, en comunión con el paisaje, con el rumor de las olas rompiendo en las rocas o besando la arena de la playa. Aún hoy cuando siento agobio o necesito soluciones intento refugiarme en una de aquellas calas –ahora bastante más pobladas y peor tratadas –. Porque aún hoy sigo buscando, corriendo, como en la fantástica canción “The Boy’s Still Running” de The Oysterband: “Si me estás buscando / el chico sigue corriendo / Corremos antes de aprender a andar / Lloramos antes de aprender a hablar / Tienes que nadar contra la corriente / si quieres ver la otra orilla”. Y ahí seguimos: nadando contra el oleaje desde la otra orilla de la orilla deseada. Os deseo a todos que tengáis unas felices vacaciones de verano en compañía de las personas que realmente deseéis tener a vuestro lado. Porque nada hay que supere esto, ni siquiera el más idílico de los paisajes lo es si no tienes a la persona indicada a tu vera.


El Cole del Mercado. Reencuentro con Magdalena Contemplaba a Magdalena y veía en sus ojos el tiempo que ya se fue. El olor a tiza, el sabor de las manzanas y de los bocadillos con mantequilla, el grito de los niños, las peleas en el recreo frente a los castillos de Valderas, y el sonido de los juegos en la calle, sin apenas tráfico. Truque, dola, bicicletas y peones, escondite, mosca, pingüino, carreras de chapas, la comba para las niñas, el balón o churro, media manga, manga entera para los chicos… Cigarrillos sueltos, regaliz, pachulí y paloduz. Percibía la ilusión en sus ojos brillantes como el coral negro. Veía reflejadas en ellos mis esperanzas, las perdidas y las encontradas, las alcanzadas y las por alcanzar. Mis recuerdos redivivos. Mi melancolía de los viernes por la tarde porque debía esperar al lunes para volverla a ver, pues durante el fin de semana rara vez lo conseguía. Mi alegría en el amanecer de los lunes por reencontrarla pilla y traviesa en el aula. Las matemáticas se encargaban de atenuar tanta alegría inconsciente. De aquélla época conservo cierta simpatía masoquista por los lunes –el pato lo pagan los martes, odiados desde entonces – . Mis expediciones en mi bici BH naranja con mi colega Aragón a su barrio por hacernos los encontradizos con ella y con su amiga Mayte, pues a él le gustaba ésta –tenía buen gusto, el canalla, porque ahora Mayte es un cañón de mujer –. Para nada, en realidad, porque al verlas apretábamos la marcha y pasábamos de largo muy rápido. Pero éramos felices porque las habíamos visto y, con suerte, nos habían saludado –echándole imaginación hasta nos habían sonreído –. Recordaba el aleteo de las mariposas en el estómago cuando me miraba; el temor a que alguno de mis amigos de fatigas desvelara “mi secreto”… un secreto a voces por otro lado, más que nada porque me ponía rojo como un tomate raf cuando me miraba o me hablaba, aunque sólo fuera para decirme hola. Sí, lo reconozco: era un “pringaíllo”. Yo la miraba y ella brillaba con una luz especial. Una vez uno de los chicos exclamó canturreando: “A Iglesias le gusta Magdalena”. Era típico de la edad y la época, pero yo sentí que el suelo se abría bajo mis pies. Ella me miró entre las risas de sus amigas y yo me puse colorado, para variar, como un tomate raf. No dijo nada, pero sonrió como sólo sabía hacer ella –al menos eso creía yo entonces – y se marchó. Ese día fui el tipo más feliz del mundo mundial. “No te hace ni caso”, me dijo uno de esos amigos que siempre te “animan”, como si yo no lo supiera ya. No me importaba –aunque me hubiera hecho “caso” tampoco habríamos hecho nada, porque yo era más cándido que Bambi – . Aquella tarde cogí mi bici y me fui hasta Móstoles con una sonrisa de oreja a oreja, el brillo de su sonrisa iluminaba el cielo y una rosa había crecido en mi pequeño corazón infantil cuyas espinas no me herían. Allí unos macarras intentaron robarme la bici y cinco duros que llevaba en el bolsillo, pero no pudieron –al fin y al cabo debía demostrar que era de Viña Grande –y menos aquélla tarde en la que el sol brillaba para mí. Empujé a uno de ellos, que me


rozó en la pierna con su navaja, y salí dando pedales a toda pastilla. Me sentía como Edy Merckx. Llegué al barrio con la lengua fuera y el corazón latiendo en la boca, pero más feliz que una perdiz. Bendita ingenuidad. Al día siguiente volví a la normalidad, como no podía ser de otro modo. Al terminar la E.G.B. fuimos de viaje a Torremolinos, yo tenía 13 años. Una mañana mis amigos se fueron –creo que a la playa –pero yo preferí quedarme solo en la piscina porque no me encontraba bien. Ante mi sorpresa, aparecieron Magdalena, Mayte y alguna chica más y colocaron sus toallas cerca de donde yo estaba tumbado. Me puse a ciento diez, claro. “Tú eres buen chico, ¿por qué no te acercas?” me dijo, imagino que con cierta sorna –es lo que se suele decir a los feos o a los pringaíllos –pero con esa dichosa sonrisa que me desarmaba. “Esto no está pasando”, pensé, “Esta es la tuya, así se las ponían a Alfonso XII”, seguí carburando, pero me dio tanto corte que no fui capaz de hilvanar tres frases coherentes seguidas, mucho menos ocurrentes y menos aún brillantes. El tomate raf –es decir, yo –decidió tomar las de Villadiego y, tras un “¡Uf, qué calor hace aquí!”, o similar patética excusa, salí a la carrera y me zambullí en la piscina. No recuerdo mucho más porque allí dentro me dio un “jamacuco” que casi las diño. El primer médico que me vio, y que no era precisamente el doctor Gregorio Marañón, diagnosticó insolación y ordenó reposo. Me encamaron en una habitación desde la que podía escuchar a mis compañeros de fiesta por el hotel. Sin duda alguna puedo afirmar que me sentí el tío más desgraciado de la historia de la humanidad y más triste que la luz de noviembre. “Si no existieran monos como tú y yo que corrieran para quedar los últimos tampoco existirían los campeones”, le consuela el amigo al niño protagonista de la película “Melody”, tras quedar fatal en una carrera en la que éste esperaba llamar la atención de la citada Melody. Tan grande verdad como triste el consuelo, pero ahí descansa la lírica de la derrota de la que tanto sabe el español medio. Forja de un carácter que a algunos les conduce a hacerse socios del Atleti con el paso del tiempo. “Rose, no alimentes tus deseos o tendrás lo que deseas” le recomienda el reverendo a Rose en la fantástica película “La Hija de Ryan” de David Lean. Y tal vez sea cierto que quien alienta deseos cosecha represión, pero soy combativo y me atraen los retos, no lo puedo evitar. Si quieres las olas buenas te tienes que arriesgar y yo, en aquella época, no hallaba consuelo en ese razonamiento. Yo, entonces, quería ganarme su amor. No pudo ser, así que acabé solidarizándome con los “monos” de Melody. Al día siguiente, alguien más juicioso decidió trasladarme a Madrid y me salvó la vida porque me ingresaron de urgencia en el hospital más amarillo que un limón aquejado de ictericia galopante. Había contraído una hepatitis por el sudor en el gimnasio donde practicaba judo, y como es una dichosa enfermedad que incubas durante mucho tiempo, no era consciente de qué me ocurría. Durante mi largo y tedioso internamiento decidí que debía cambiar algún


detallito en mi vida y, una vez que descarté trabajar como espía doble en China valiéndome del color de tez que había adquirido mi piel, decidí tomar en adelante el toro por los cuernos, combatir mi absurda timidez con el sexo opuesto dispuesto a morir en combate. A buen seguro me excedí: Desde entonces hablo por los codos y soy un libro abierto. Pero mi relación con los demás, sobre todo con “las demás” varió bastante a mejor. Sea como fuere, lo cierto es que no volví a ver a Magdalena hasta hace unos pocos días. 32 años más tarde, toda una vida en realidad. “Tú fuiste hecha para el ancho mundo, Rose”, le decía Richard Mitchum a Sarah Miles en su papel de marido en la citada “La Hija de Ryan”. Y así fue hecha Magdalena, pienso yo: libre como el viento, para que recorriera el mundo, intentando descoserse su sombra de los pies, rompiendo las estrecheces que le ofrecía el barrio para hacerse una mujer completa, para hacerse mejor persona, como el protagonista de “El Alquimista” de Paulo Coelho, para encontrarse a sí misma en algún punto entre la tierra y el cielo, reconociéndose en sus luces y sus sombras, despeñándose alguna vez en los vertederos de las promesas rotas, como todos y cada uno de nosotros. Sí, por fin he vuelto a verla. Hemos cambiado, sobre todo yo, y ante mí se ha presentado toda una mujer, pero yo he reconocido bajo ella a aquella niña traviesa que me desarmaba con un solo guiño. Creo que conservaremos nuestra sincera amistad, aún en la distancia. Si nos hubiéramos liado de pequeños a lo mejor ahora nos odiaríamos, vaya usted a saber. Estoy felizmente casado. Ella está felizmente casada. Así debe ser y yo me alegro. Se la ve muy feliz, conserva esa eterna sonrisa de niña pícara y traviesa que yo recordaba y eso es lo que importa, porque lo demás sobra. Lo demás se lo lleva el viento entre un “si hubiera” y un “no puedo”. Mi buen amigo Fermín sonreía feliz sentado en el grupo de antiguos alumnos del colegio del Mercado. Sospecho que porque él también había tomado pasaje al pasado y se había reencontrado con el intenso olor a caramelo que desprendía la niña nueva que habían sentado a su lado en el aula, con ese olor mágico que le hacía volar, atravesando aquellas paredes sin ventanas, lejos, muy lejos, allí donde habitan los dulces sueños y, al final, la vida verdadera.


II. Desnortados

La Brújula Me dijeron que ya no oía ni veía, como un vegetal, pero cuando le acaricié la mano apretó la mía con firme suavidad, con el mismo amor de siempre, como cuando yo no era más que un mocoso y entraba en mi habitación al regresar del trabajo y me acariciaba la mejilla dándome un beso creyéndome ya dormido. Entonces sí, ya me dormía, al lado del poema que había enmarcado y colocado en mi mesilla de noche: “If” de Rudyard Kipling. No he conocido, ni seguramente conoceré, a nadie más valiente. A nadie que afrontara los reveses de la vida con mayor entereza y sentido del humor que él. Nadie tan severo y exigente, nadie tan comprensivo e indulgente. Me lo resumió a la perfección un buen amigo suyo en su funeral: “¡Qué ejemplaridad de hombre, Dios mío!, exclamó con un nudo en la garganta ante su féretro. Eso fue, un ejemplo hasta el final. No enumeraré todas las cosas que le he visto protagonizar ni las personas que le vinieron a consultar durante años porque sé que no le agradaría en modo alguno, que le incomodaría en grado sumo que lo hiciera. Pero sí diré que vivió siempre con brío y con una sonrisa. Hasta su último aliento, con una broma hasta el último momento. Dándonos ánimos él a nosotros, consolándonos él, combatiendo con su espada imaginaria contra las sombras del miedo; herido de muerte y postrado en la cama del hospital nos seguía protegiendo. Afrontando los abrazos de la muerte enamorada, perdonando a la vida desatenta, como en la Elegía a Ramón Sijé que tanto le gustaba escuchar. “A este conejo se le acabó la pila”, me dijo con una sonrisa. “Súbeme una bayonesa de la cafetería y que se joda la diabetes”, me pidió en un último guiño. Le dieron un permiso en el hospital para asistir a mi boda. Al terminar vimos con desagrado que algún responsable irresponsable le había anulado la cama, medida que me costó revertir y arreglar bastante tiempo y una agria discusión. Su única preocupación en esos momentos era que yo tenía a los invitados esperándome en el convite. Fue campeón de España de destreza en su oficio, pero jamás alardeaba de ello, ni siquiera lo mencionaba. Yo sólo me enteré ya de adulto y tras sustraerle una fotografía a sus espaldas en un olvidado álbum de juventud. Así fue siempre, pensando en todos menos en él, algo muy alejado a los modelos de conducta con que nos conducimos últimamente. “Lo que vale es el esfuerzo, lo demás no cuenta porque puedes engañar a todo el mundo menos a ti mismo”, solía decirme. “Huye de los intransigentes, de los fundamentalistas y de los caras de palo, aquellos son unos hipócritas peligrosos y éstos esconden su tremenda ignorancia tras su gesto serio”. Quizá


por ello él reía y hacía reír tanto. “La vida tiene dos motores nada más. Uno malo: la economía, y otro bueno: el amor; debes saber conjugarlos”. En sus últimos días me confesó que “lo que más jode de morirte es que te archivan en un nicho y ya está”. No, en eso el viejo se equivocó, al menos conmigo, porque nunca le olvidaré. Hay archivos que se resisten a ser archivados, que dando patadas, testarudamente, rompen el archivador. “Están los que luchan, esos son los que valen” escribió Bertolt Brecht y, a veces, creo que pensando en él. “Hay tienes el testigo, no te defraudes a ti mismo”, me dijo, y ahí sigue. Soy un desnortado más de los muchos que pululan por esta tierra que se desangra bajo la sombra de Caín, pero recuerdo su figura, su templanza, su modestia, su cultura, su genio y su serenidad y me siento un tanto menos perdido, aferrado a su memoria veo la aguja de una brújula que vislumbra el norte entre las brumas. Cuando entro en la habitación de mi hijo veo un cuadro colgado con el poema: “If” de Rudyard Kipling.


Babilonia “Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos al acordarnos de Sion; en los sauces que por allí se encuentran habíamos colgado nuestras arpas”. Salmo 137 de La Biblia. Valores. Quizá los hayamos perdido o, como mínimo, olvidado. Se han escurrido por las rendijas de las alcantarillas de nuestras calles, de nuestras almas, de nuestras vidas. ¿Qué sociedad es ésta en la que los logros los tornamos problemas? ¿En la que orillamos el mérito, el esfuerzo, el verdadero renombre en aras del dinero fácil y la fama efímera? Babilonia, sí, soy yo, el último grano del montón de arena. Babilonia, sí, soy yo quien clama ante el silencio de los que lideran, modelan y mandan. Babilonia saqueada hasta por los defensores de la libertad y los adalides de la misericordia. Hemos construido cientos de Torres de Babel donde todos hablamos sin escucharnos, sin hacer el menor esfuerzo por entendernos, instalados en la soberbia, huyendo de la modestia, del decoro, de sentir la mínima empatía. El reino del becerro de oro, del coche deportivo y la ostentación, de la pierna esbelta, el seno turgente, la tableta de abdominales y de la liposucción cerebral. Mercaderes del dolor ajeno, trivializando los dolores reales por unos segundos de fama ante unas cámaras de televisión. Remedos de periodistas, cirujanos chapuceros de la víscera, barrenderos de la doble moral y la lágrima de coral. Aspersores del mal olor, traficantes del estiércol. Maltratadores si con ello ganan un céntimo, plañideras mentirosas que abusan del mal y el dolor ajeno y real. Profesionales de la solidaridad. Solidarios de micrófono y flash, sólo accesibles si salen en la fotografía o el póster promocional. Asiduos de la querella, obturadores de juzgados por fruslerías y problemas de entrepierna. Vendedores de intimidades, complejos y vergüenzas. Aulladores de plató, prebostes de la nueva Babilonia. No, no se castiga la infamia. No se castiga el embuste. No, no se castiga la soberbia del desafío. Se añora la falta de entendimiento y de cooperación y entrega. Noche, qué negra noche en la que las sombras se abalanzan tras cada árbol, tras cada roca, agazapadas en cada recodo del camino. Medir los pasos, ser duro y no un seis pesetas. No pasarse y llegar. La justa medida. Sociedad cobarde habitada por almas egoístas en la que hemos delegado toda nuestra seguridad en tipos armados con porras, en la que la riqueza sólo se mide en billetes de curso legal, en la que hemos abandonado hacienda, hijos y dignidad a otros. ¿Quién tiene las llaves? ¿Quién cierra las puertas de la ciudad? Valores que se cuelan como gotas de barro por las alcantarillas ante nuestro portal enfangado.


Babilonia… Recuerdo a Don McLean: “By the waters, the waters of Babylon, we lay down and wept for thee Zion. We remember, thee remember, thee remember, thee Zion”.


El Arca de Noé Un hombre santo hindú llamado Prahlad Jani, de 82 años de edad, ha vivido durante nueve días en un hospital sin ingerir alimento alguno bajo vigilancia médica y de cámaras de video. Dice que lleva 70 años sin comer nada, desde que se encontró a una diosa que le inyectó néctar sagrado por un agujero en un omoplato. Un médico llegó a decir que este hombre percibía energía de la luz solar, esto es: hacía fotosíntesis. El “hombre clorofila” es la solución perfecta para Zapatero I “el Converso”, Mariano “Caracol” y demás gestores de nuestra crisis. Se coloca al pelagra de turno –es decir, todos nosotros –con el culo en pompa y se le introducen unos chutes por el ano –no es cuestión de caer en dispendios haciendo agujeros nuevos en el omoplato cuando ya tenemos un agujero hecho a tales efectos –de néctar sagrado, –pongamos orujo de hierbas – y se le expone al sol hasta churruscarlo –todo por las energías renovables y el I+D; a los gallegos, eso sí, hay que darles doble ración porque allí suele estar nublado y llueve mucho –para que haga la fotosíntesis. El Estado se ahorraría una pasta gansa en comida, regímenes, costosos tratamientos contra la obesidad en la Seguridad Social y, cuando el currante llegue a la edad de jubilación se le puede trocear y venderlo en paquetes de chicles con sabor a clorofila. Gobierno de España: Reciclar es una labor de todos y éste es el símbolo del reciclaje total. Caminemos hacia la santidad por la vía de la fotosíntesis. Los caminos del Señor son inescrutables, hermanos. Estamos en un tiempo de noticias sonrojantes. Nuestro seleccionador nacional, Vicente Del Bosque –por el que siento mucha simpatía, por otra parte –declaró ante los periodistas en vísperas del Mundial de Fútbol de Sudáfrica que no sabía lo que ganaba. Yo, por desgracia, sí lo sé. Debe molar por un tubo no saber lo que se gana y que no te preocupe saberlo además. El capitán de “la Roja” –que así dicho parece que estemos recordando a La Pasionaria… Me cuesta imaginarme a un falangista exclamar a voz en grito: ¡¡¡Yo soy de la Roja!!!... Bueno, con cinco botellines de Mahou en el coleto ya me cuesta menos –Iker Casillas, decía, ha manifestado en el mismo foro que es consciente de la crisis porque tiene “primos que la sufren”. Tiene muchos “primos” nuestro cancerbero: Concretamente, cuatro millones y medio de parados y el resto de los que aún conservamos nuestro puesto de trabajo y que les vamos a pagar las “primas” de 600.000 euros por jugador si ganan el Mundial. Curiosamente, un futbolista de Alemania –ese país conocido como el “motor de Europa” y que vigila nuestras cuentas –cobrará menos de la mitad que los nuestros. Y con dinero público, es decir, del Estado, de ese mismo Estado que dice que no hay más remedio que congelar las pensiones a nuestros jubilados porque “no hay dinero”. Zapatero I “el Converso” y Mariano “Caracol” comparten la medida, pues todo político que se precie vende el alma por una buena foto sonriendo con un campeón al lado. Felipe González ha consolado al “Converso” diciéndole que en esto consiste gobernar: en aplicar medidas impopulares y difíciles… en suma, en decir digo donde digo Diego y en hacer putadas a los de siempre. ¡Viva el fútbol, compañeros! Pan y circo. Tenemos que reducir jornadas y salarios para ahorrar y reducir el gasto público, sí. Y quizá podamos empezar por no utilizar tres aviones Falcon para trasladar a tres ministros a la misma ciudad. A lo mejor hubieran cabido los tres en uno solo… A lo mejor… Eso o aplicar la táctica Berlusconi: aprobar una ley


mordaza que impida que se informe de los desmanes, corruptelas y desafueros de los gobernantes. Al fin y al cabo, la culpa siempre es del mensajero. Cada día que pasa aprecio con cierto desaliento que se está agriando nuestro carácter, radicalizando nuestro enojo, y que nuestros próceres líderes nos toman por burros carentes del menor rasgo de inteligencia. Mi padre, que en paz descase, me enseñó que hay que tomarse la vida con cierta distancia y con sentido del humor. Una mañana salí de casa con él y con un vecino que tiene bastante mal genio. Estaban pintando en el portal y al pintor se le escapó la brocha, pringando las cazadoras de los tres. Mi vecino se puso como un basilisco, mientras que mi padre comentó riendo: “No se preocupe, hombre, que ahora volvemos y nos da usted otra manita en la espalda”. El pintor sólo se disculpó ante mi padre. Se puede decir lo mismo de diferentes maneras y además el resultado suele variar. Cuando era niño mi padre me solía “sobornar” para ir a misa invitándome después a una mezquita –un pincho de jamón serrano con pimiento verde, especialidad del bar “La Mezquita”, situado a la vera del mercado de San José de Valderas –. Nosotros vivíamos en Viña Grande, barriada también conocida como Los Castillos que estuvo mucho tiempo separada de Valderas por un descampado debido a unos problemas de permisos de construcción de la empresa Pryconsa, y cuyos pobladores teníamos injusta fama –o quizá no –de ser algo brutos, por lo que algunos la motejaban como el “Arca de Noé”. Una de las veces que estábamos en “La Mezquita”, un tipo bastante desagradable que estaba de cañas con un grupito le dijo a mi padre: “Hombre, vosotros vivís allí arriba, en el Arca de Noé, ¿no?” Mi padre, con su sempiterna sonrisa, le puso la mano en el hombro y le contestó: “Claro, y me han mandado a buscar porque nos falta la pareja de burros, así que no dudes en subir con tu mujer antes de que empiece a llover”. Hubo carcajada general en el bar y el tipo se quedó bastante descolocado. Aunque ahora vivo en Alcorcón, sigo visitando regularmente “el Arca”. Como aquel sujeto nunca nos visitó seguimos sin burros. Intento seguir el consejo de mi padre y conservar el sentido del humor y no perder el sentido común, el menos común de los sentidos, que es algo que nuestros gobernantes han perdido hace mucho tiempo.


Rumbo a casa El maquinista jubilado viajaba con su fiel compañera. Su aliada, la que había soportado sus malos humos; la persona con la que había compartido mesa y colchón, poemas e hipotecas, sueños y esperanzas, besos y mordiscos. La cómplice que había sabido compartirle con las locomotoras, el otro gran amor de su vida, repartiéndose sus presencias y, sobre todo, sus largas ausencias. El mundo pasaba raudo ante sus ojos a través de la ventanilla del tren que los conducía a su pueblo natal. Posó sus manos sobre los de ella y aspiró su perfume. El último trayecto lo harían juntos, como en este tren de largo recorrido.


El Sentido de Estado y los más altos destinos Decía el rey Steven a su hijo el príncipe Eustance en “Los Pilares de la Tierra” de Ken Follet: “los reyes jamás nos equivocamos en nuestras decisiones. Estamos rodeados de los consejeros y, si algo sale mal, es porque éstos nos han ocultado información o nos la han dado mal”, que se lo digan a Fidel Castro que, más de cuarenta años después, afirmó que su revolución no servía como modelo ni para los propios cubanos. Habrá quién lo ensalce, sin duda, pero creo que dice bien poco en su favor: si es sincero, por inútil e ineficaz; si fue insincero, por falsario y por represor en su propio beneficio. 40 años no es nada, un paréntesis en la historia de la Humanidad aunque, como cantara Víctor Jara, “la vida es eterna en cinco minutos”. Ya saben, la relatividad del tiempo. No es lo mismo para los que han estado en la poltrona que para los que tuvieron que huir en cámaras de rueda de camión entre tiburones y corrientes o para los que se hacinan en cárceles o simplemente están hasta los mismos –genitales –de comer congrí, tostones, yuca y pollo. Sobre todo si creyeron todo ese tiempo que lo hacían por el objetivo final de una revolución que traería justicia y progreso social. La tierra siempre acaba siendo propiedad de los mismos, la trabaje quien la trabaje. Y la revolución acaba comiéndose a sus hijos, como Saturno. Sostiene el reputado catedrático Santiago Niño en una entrevista concedida a “El País Semanal” el 13 de septiembre de 2010 que “la democracia sólo es posible si reina la abundancia”. Yo diría que, en efecto así es más fácil, pero cuando reina la pobreza la democracia es indispensable. Añade que “España tiene los salarios más bajos de la UE por su baja productividad. Más del 35% del PIB se genera a través de la construcción, el automóvil, el turismo y la hostelería. Actividades de poco valor; en consecuencia, los salarios son bajos. Aquí sobran personas, no horas de personas como en Alemania”. A veces pienso que lo que sobra en este país es tanto pensador ventajista y “altamente productivo”. Culmina el profesor diciendo que “la ética cambia, ¿no?” y yo, que soy un pringado y un piltrafilla, no puedo dejar de suponer que esa misma regla relativista fue la que usaron nazis y estalinistas para crear sus paralelos mundos de represión y horror sin cuento. Ya decía napoleón que “la ética está del lado de la artillería más pesada”. Y al fin y a la postre la historia la escriben los vencedores, como bien sabía Julio César. La felonía siempre tiene ilustres abogados que la defiendan. También nos relata Niño que “en un estudio de hace años se demostraba que si el 100% de la población subsahariana desapareciera, no pasaría nada porque los minerales seguirían ahí. Esto es un cóctel explosivo, claro. Pero la realidad es que la tecnología cada vez necesita menos gente”. Tampoco pasaría nada si desapareciéramos todos, delfines, orcas y demás ballenas saldrían ganando automáticamente, por poner un solo ejemplo. La actual crisis económica se ha traducido, en primer lugar, por una sangría de votos para el centro izquierda en toda Europa –Alemania, Suecia, Francia, Dinamarca, Holanda –, votos que han ido a partidos de izquierda más radical y a la derecha. La extrema derecha también está saliendo beneficiada con la actual situación, merced a discursos populistas centrados en la tolerancia religiosa, la inmigración o la expansión de la unificación europea. La xenofobia


y el racismo están saliendo igualmente reforzados. Sólo seis estados de los 27 que conforman la UE están gobernados por partidos de centro izquierda, y no son precisamente los motores de la misma: España, Portugal, Grecia, Chipre, Eslovenia y Austria, y además todos ellos aparecen muy tocados en los sondeos con vistas a las próximas elecciones. Es más que probable que a la vuelta de sus respectivos comicios, la presencia del centro izquierda en los gobiernos europeos sea de cero pelotero. La sonrojante deportación francesa de rumanos gitanos –ciertamente no en trenes de la muerte con destino a Polonia –, imagino que será el comienzo de un proceso en el que los siguientes seremos los morenitos del Europa del Sur, los “pigs” como nos han calificado los cerditos sabios de Gran Bretaña, y que nos trae un clima que recuerda más o menos vagamente al final de los locos años 20 –tras el crack de 1929 –y el comienzo de los oscuros 30 con el auge del fascismo, el nacionalsocialismo, el franquismo y el comunismo, y que desembocó como bien sabemos en la II Guerra Mundial. Zetapé I el Magnánimo, investido por la superioridad moral que da estar designado por los dioses para “los más altos destinos” y armado con el poderoso vocablo del “sentido de Estado”, eufemismos ambos en los que se suelen escudar los malos dirigentes para cometer las mayores tropelías y vilezas, y tras vender sin el menor sonrojo su alma y todo ápice de dignidad a la banca y los poderosos mediante las muy socialistas medidas del abaratamiento del despido, el quebrantamiento de los contratos fijos, la disminución de 45 a 22 días por año trabajado, el aumento de la edad de jubilación, el recorte de las pensiones de los jubilados, la rebaja del sueldo de los empleados públicos tras años de congelación de los mismos, la no imposición de ningún gravamen para la banca, las altas rentas o la gran empresa, decide crecerse en la cumbre de las Naciones Unidas en Nueva York, recuperando su sentido “tombolero” de sensibilidad social, talante universal y todo eso que le gusta tanto airear de vez en vez, y se lanza a pedir una “tasa sobre transacciones financieras” para –redoble de tambor y platillos –¡combatir el hambre en el mundo! “No queremos medianías”, como diría Cospe I, la “Consejos-doy-que-para-mí-no-tengo”. “Los Estados han salido a su rescate cuando estaban en crisis y ahora es justo que le pidamos un mínimo esfuerzo para sacar de la miseria a miles de personas”. Creo que Botín todavía se está riendo y le han tenido que clavetear de nuevo la rota caja del pecho. Mientras Mariano I el Impertérrito guarda silencio, toda vez que el Muy Partido Ex Socialista Ex Obrero y Cuasi Español le ha birlado el programa electoral y la estrategia económica. Habrá que seguir las encíclicas de José María Aznar II el Abdominal Inmortal o el Pacificador del Líbano en FAES para barruntar por donde vienen los humos. Mientras, Cospe sigue a los suyo: “No queremos ni mediadores ni medianías”, grandes palabras para grandes dignidades y para un problema patéticamente irresoluto. Parafraseando a Andreu Buenafuente en Interviú: “Así no hay manera de construir un mundo mejor, si es que todavía queda alguien que lo crea posible”. Bueno, yo aún lo creo, claro que yo soy muy tonto y creo hasta en los gnomos del bosque encantado.


El Kakapu Creyendo a salvo su moral por haber pedido muy educadamente la “Tasa Tobin”, José Luis Rodríguez Zapatero se reunió, muy solícito y con los pantalones a la altura de los tobillos, con los grandes inversores de Wall Street: George Soros –especulador financiero famoso por quebrar el Banco de Inglaterra en 1992 –, John Paulson –presidente de Paulson & Co de fondos de cobertura –, Brian McLean –de Chevrolet –, David Solomon –del grupo inversor Goldman Sachs –, John Havens –de Citigroup, la mayor empresa de servicios financieros del mundo –, Edward Pick, –de Morgan Stanley, banco de inversiones, corredor de bolsa y administrador de tarjetas de crédito –, Sanjeeev Handa –de TIAA Cref, la gran aseguradora y uno de los mayores servicios financieros para empresas de EEUU –, James Valone –de Wellington Management, uno de los principales grupos de inversión de empresas privadas del mundo –, Alex Navab –de KKR & Co, el gran administrador de los fondos privados de inversión de capital –, Mike Zarkone –de Metlife, aseguradora y potentísimo grupo inversor –, Laurence Fink –de Blackrock, el administrador de fondos más grande del mundo –, Charles Lowrey –de Prudential Insurance Co, gran aseguradora y grupo inversor –y Ray Dalio –de Bridgewater, grupo líder mundial en estrategias de inversión –, dándoles cumplidas garantías de que el gasto público y el programa de reformas seguirían adelante con “firme determinación, con mayor disciplina y exigencia”, es decir: sí o sí. “Estos pobres de mierda se van a enterar. No soy duro ni ná”, debió pensar satisfecho de sí mismo viéndose rodeado de los mandamases mundiales. Realmente lo que les interesaba a éstos era saber el grado real de la anunciada relación de preferencia de España con China en Europa –esperemos que de sus reuniones con los gerifaltes del milenario país no haya adoptado su “apego” por los derechos humanos, toda vez que ya se ha deshecho de los laborales e ideológicos –. Les interesaba saber el grado actual de penetración de las empresas españolas en Hispanoamérica y que no se llevaran a efecto recortes económicos a la ayuda a las energías renovables, en concreto a las placas solares en las que varios de estos magnates tienen capital invertido. Recordé a Jean Paul Sartre: “Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren”. Miguel Ángel Moratinos, nuestro ministro de Asuntos Exteriores, no salió en las fotos, posiblemente porque estaría debajo de la mesa mientras los ilustres comensales jugaban al “impávido”. Los periodistas que cubrieron el encuentro narran que algunos de los reunidos manifestaron sonrientes que Zapatero les recordaba a Tony Blair, el otro líder progresista reconvertido al movimiento “neocon” desde que fue llamado por los más altos designios patrios. “Si algo enseña la crisis es que las posiciones fundamentalistas normalmente conducen al fracaso”, dijo ZP en la Universidad de Columbia. Fundamentalmente hay que aliarse con los ricos y poderosos y apalear a los débiles. Socialista no es la medida, pero pragmática sí. Deja de ser socialista y se convierte en “sociolisto”, que es más rentable y provechoso. “Cuando un


estúpido hace algo que le avergüenza, siempre declara que es su deber”, nos enseñó George Bernard Shaw para sentenciar que “la osadía de los tontos es ilimitada”. “Las expulsiones colectivas son contrarias al derecho comunitario, a los valores y a los principios europeos”, manifestó el Grupo Socialista mientras ZP I El Sociolisto abrazaba a Napoleón IV, es decir Nicolás Sarkozy. Como diría Groucho Marx, “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”. En resumen, uno no puede por menos que recordar la célebre sentencia de Louis McHenry Howe: “Nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado”. En una reciente encuesta se lee que si Belén Esteban liderase una fuerza política, ésta sacaría un mínimo de cinco escaños en el Congreso de los Diputados, que quizá pasaría a llamarse de los Disputados, pues es de suponer que los rifirrafes estarían a la orden del día. En cualquier caso, aunque este dato estadístico fuera exagerado –quiero pensarlo al menos –, sería ya motivo más que suficiente para echarse a llorar desconsoladamente por las esquinas y nacionalizarse “kinkuanés”. Es una nueva muestra de la consideración social derivada directamente del nivel exhibido por los próceres de la patria. También da una idea de nuestro propio nivel cultural que esta ínclita “comunicadora social” pueda adelantar de tal manera a los profesionales de la política. Imagino que no les preocupa en realidad porque al fin y a la postre tienen el cortijo bien acotado. Ya saben, disciplina de partido y todas esas fruslerías. Además, muchos de ellos ven ante sí el camino expedito. Si se encontraran una piedra en el camino se la fumarían, del mismo modo que si bucean al lado de una raya se la esnifan. De hecho ya no hay bases en los partidos, hay “basucos”, que enganchan más rápido y mucho más barato. En cualquier caso, pido perdón porque me he excedido esta vez con las citas y éstas “son una manera de repetir erróneamente las palabras de otro”, como dijo Ambrose Bierce, sobre todo porque solemos sacarlas de contexto. El presidente de la Federación Internacional de Ajedrez dice que fue víctima de una abducción alienígena en cuyo transcurso descubrió que quería ser millonario y que el juego del ajedrez es un invento extraterrestre. ¿Algo más? Sí, es el presidente de la Federación Internacional de Ajedrez, reitero el dato. No, amigos, Belén Esteban no sacaría cinco escaños, sacaría bastantes más. Quizá hubiera sido mejor que hubiera ido ella a la comida de Nueva York y les habría espetado a los ricachones mundiales: “¿Me entiendes? ¿Qué me estás contando?” O, mejor aún, su frase preferida: “Yo por …. ¡¡¡Maaaato!!”. Sí, mejor que ver a un presidente que se dice socialista con los pantalones a la altura de los tobillos y con sonrisa de kakapu, ese pájaro idiota que sale en el programa “El Intermedio” del Gran Wyoming. Yo veo al “presi” y, últimamente, sólo me cabe balbucear: “caca, culo, pedo, pis”.


Ón, el pez mamón Yo me equivoco muchas veces. Se podría escribir un libro del grosor de “Guerra y Paz” sólo con las ocasiones en que yo me he equivocado. Me equivoco más que la paloma del poema de Rafael Alberti. Pero no cejo en el empeño de buscar el camino adecuado, de cruzar los puentes indicados y quemar los dañinos, aunque a menudo son más atractivos y más cómodos de pasar. Y aunque muchas veces me dieron por muerto, aquí sigo porque no estaba muerto, que no, que estaba tomando cañas, lerelerele lerelere, chiviri, chiviri, ¡chivirí! A veces han pensado que estaba derrotado o deprimido, ausente. Pero no, no estaba muerto, que no, que estaba de parranda, chiviri, chiviri, ¡chivirí! En cualquier caso, lo mío puede ser debido a la mera inconsciencia, a mi tendencia a abrazar causas que se consideran perdidas, como decía un redactor jefe que tuve: a engrosar “el club de los poetas muertos”, en vez de abrazar la causa del vencedor “que es mucho más provechoso y cómodo”. Claro que hay que ver qué entiende cada cual por estar muerto o ser un muerto viviente, chiviri, chiviri, ¡chivirí! Pero lo de nuestros políticos, los que rigen nuestros destinos, los que aspiran a hacerlo y, lo que es aún más grave, los que aspiran a hacerlo de nuevo, repitiendo experiencia, no debiera ser producto del desconocimiento o de la inconsciencia. Mariano Rajoy ha asegurado con micrófonos de por medio, y a pleno pulmón, que había visto a Lisa Simpson y que le había agradado porque “tiene valores y mucho futuro” –desde luego más que nuestras niñas españolas a juzgar por lo que vemos a diario –y que, en efecto, ella era la famosa “niña de Rajoy”. Por tanto cabe deducir que, automáticamente, él pasa a ser Homer Simpson. Mariano Rajoy, en adelante Homer, añadió que no había que ser presa de la ansiedad, pues es la peor de las consejeras y que no había que tener prisa, imagino que tras estas sabias palabras se dispuso a abrir unas latas de cerveza, como su amarillo alter ego, apoltronándose en una sofá ante el aparato de televisión para ver algún evento deportivo, toda vez que se confiesa devoto seguidor de eso que se ha dado en llamar “sillón-ball”, mientras medita la inmortal sentencia de Homer, el original: “Burt, quiero compartir algo contigo. Tres pequeñas frases que te ayudarán a lo largo de tu vida: 1. ¡Cúbreme!, (lo que le suele encargar a Esperanza Aguirre I la Telelideresa) 2. ¡Buena idea Jefe! (su frase preferida en su etapa de ministro de Aznar I Yo-y después-lanada) y 3. Estaba así cuando llegué (será su frase más empleada en la era post Zapatero I Exsocialista)”. En fin, paciencia y cervecitas… en el bar de Mou…rinho, otro experto en ansiedades, sobre todo desde que entrena al Real Madrid del “ser superior” Florentino Pérez –Superfloren, si es cierto eso de la superioridad que clama Butragueño – y de CR9, CR7 o cómo diablos quiera que se llame ahora Cristiano


Ronaldo –a tenor de su acierto goleador de esta temporada, será CR0… pelotero, y nunca mejor dicho – ¿Entrarán los futboleros en los cánones de “productividad” del profesor Santiago Niño y demás gurús de la economía española? Leo en la revista “Muy Interesante” que un grupo de biólogos de Copenhague ha descubierto un pez que amamanta a sus crías. Imaginé que hablaban del “Pez…ón”, pero no, se llama zoarzes viviparus o zoarcido –es más bonito pezón, sin duda alguna, pero corren malos tiempos para la lírica –y vive en las procelosas aguas que bañan Europa del Norte… Prefiere las aguas gélidas, lo que no me sorprende porque es bien sabido que los pezones reaccionan positivamente al frío. Pero si ya hay mamoneo entre los peces significa que la mancha de corrupción de Marbella se ha extendido por mares y océanos… Mientras, el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono I el Trasplantado, afirmó que sus señorías serían los únicos que no verían mermada la nómina en caso de secundar la huelga del 29-S porque no trabajan en una empresa normal –dato éste que todos tenemos meridianamente claro –y porque así lo certifica la Constitución –algo que no suele ser óbice a la hora de revisar a la baja convenios colectivos previamente aceptados y firmados, por ejemplo –. Claro que para huelga, huelga, la de los cuatro millones y medio de parados que siguen desesperados intentando llegar a final de mes. Mientras, la extorsión de los mercados financieros y sus insaciables tiburones no cesa un instante y coincidiendo con la jornada de huelga, el Ibex bajaba en la Bolsa un 1% y quitaban la triple A a nuestra díscola economía, no fuera a ser que a alguien le diera por rectificar alguna decisión. Como escribió Bertolt Brecht en los años treinta del pasado siglo, “en toda la raza humana no hay mayor criminal que aquel que no tiene dinero”. Por cierto, la ínclita Belén Esteban ha manifestado que “si siguen tocándome los pies acabaré presentándome a las elecciones”. Desde esta modestísima tribuna ruego encarecidamente a quien corresponda que, por favor, por favor, por favor, no le toquen los pies a la señora Esteban, por el bien de todos. Nada más nos faltaba ella para completar el cuadro político patrio y que España desaparezca bajo las aguas del mar Mediterráneo. Ni para que la hagan titular de una cartera ministerial, que en su caso imagino sería la de Asuntos Interiores. ¡Viva el yogur desnatado y el glamur de baratillo! ¡Viva la “princesa del pueblo”! –¿de qué pueblo hablarán estos tipos? –y que “¡vivan las caenas!”. ¿Qué pensará de todo esto el Pez-Ón Zoarcido? ¿Y Mariano Homer Simpson? Quizá, como le escuché en un episodio: “Normalmente no rezo, pero si estás ahí, por favor, ¡sálvame Superman!”, en su caso Superfloren. Lerelereleleré, chiviri, chiviri, ¡chivirí! Como suelen exclamar los “monos” de Forges, “¡país!”.


Flora y Fauna del Mundo Mundial Dicen que España es el mayor exponente de la jungla del hormigón. Que su fatal situación en esta crisis económica, política y moral hunde sus raíces en la especulación financiera, la burbuja inmobiliaria y su excesiva dependencia del sector de la construcción. Por ello deberíamos buscar referentes en la construcción de las célebres pirámides egipcias. No hay mejor ejemplo en la historia de la arquitectura y la ingeniería a bajo coste: la esclavitud, una minucia al fin y al cabo, un eufemismo, una fruslería de tiquis miquis. En Faraón y sus técnicas de explotación laboral debía estar pensando Gerardo Martín Ferrán al alegrarnos los últimos días a los piltrafillas de España en general y de mi barrio en particular llamándonos vagos, escaqueados y avariciosos, pues esto y no otra cosa significa la frase de que para salir de esta crisis los empleados “deben trabajar más y cobrar menos”, –¿se referiría a los crasos sueldos de los miembros de los consejos de administración? ¿a los 29 vicepresidentes de la CEOE? –, acompañada de la recomendación al Gobierno de que no se comente sus palabras y se dedique a terminar con la cifra de 5 millones de parados. No deja de ser curiosa la sentencia viniendo de quien proviene, un tipo que se aferra a la presidencia de la CEOE a pesar de que sus empresas –Marsans, Air Comet y algún que otro hotelito –han quebrado o están en concierto de acreedores, dejando sin cobrar a sus empleados que, por cierto, han engordado considerablemente esa cifra de 5 millones de desempleados que él mismo citaba. Martín Ferrán, por lo que se ve, seguía la máxima de “trabajar mucho y sin cobrar… pero nada, y que mis deudas me las paguéis todos”. Otro adalid patrio de la asociación “Consejos Doy Que Para Mí No Tengo”. No escucho, porque nada dicen ni él ni sus acólitos de fe neocon, que las empresas españolas han aumentado sus beneficios un 73% mientras que la media de la UE se sitúa en un 33%, es decir: más del doble, ni de que el sueldo mínimo de un trabajador francés es de 1.254,28 euros netos –más del doble de los 540,9’ euros del currela hispánico – ni de que los galos ya llevan más de siete jornadas de huelga general contra Sarkozy Bonaparte porque se jubilan a los 60 años y se niegan a hacerlo a los 62. No como en España, donde hicimos una, tarde y mal, y aceptamos jubilarnos a los 67años –aumentable a 70 –, y con el plan de no cobrar pensión alguna si no cotizamos 40 años, lo cual no es nada merced a los avances de la medicina y a la gran estabilidad laboral que nos caracteriza. Los hogares del pensionista se podrán reutilizar como salas de concierto, erradicando el botellón porque de la firma de la jubilación pasaremos inmediatamente al sepulcro. Pienso que es cierto que cada país tiene los gobernantes que se merece, pero ¿de verdad los españoles nos merecemos tanto castigo?... Supongo que es la directa consecuencia de la ausencia de guillotinas en nuestro siglo XVIII, pero me temo que eso ya no tiene remedio. En cualquier caso, cierro aquí el capítulo


político-económico, pues he decidido con firme afán pasarme al mundo de la fauna y la flora. Escucho en un documental de National Geographic que si un elefante hunde sus colmillos en el suelo durante un duelo con un oponente significa que dicho combate será a muerte y lo que hace es indicarle gráficamente lo que le hará cuando lo tenga abatido ante él. Esto le aleja notablemente del mito de la bestia noble, pues hay un poso indudablemente shakesperiano en esta acción, de hecho si fuera realizada por un dromedario sería propia de una escena de “Ricardo III”. Las crías de dragón de Komodo deben trepar de árbol en árbol durante un mínimo de tres años si no desean ser devoradas por sus entrañables progenitores, según relata Frank en su impagable programa “Frank de la Jungla” en Cuatro. Más adelante la criatura engullirá de una sentada a un búfalo del agua o, incluso, a algún tierno infante de la población cercana, que lo aguantará con noble resignación para poder vivir de los ingresos de turistas y naturalistas que van investigar al carismático saurio. Otro tanto ocurre con los cocodrilos del Nilo, según relatan en otro documental, esta vez de La 2, que emiten a la hora del sesteo y la digestión, combinándolo con la estimulante imagen de una serpiente zampándose de un bocado a un ratoncito Pérez cualquiera. Un grizzly se merendó al conocido naturalista canadiense Timothy Treadwell, tras llevar años conviviendo con ellos en paz y armonía. Es posible que se tratara de un oso foráneo –que los que vienen de fuera tienen la culpa de casi todo –o estuviera despistado. Y una raya terminó con la vida del histriónico documentalista Steve Irwin –el mismo que daba de comer a los cocodrilos con su bebé en brazos –en aguas australianas al perforarle el pecho con su aguijón de cola mientras nadaba a su lado –sucede que las rayas son malísimas para la salud, como es bien sabido, sobre todo si te pasas de la mismas –. Los chimpancés se agrupan en bandos y se destrozan, con amputaciones y desmembramientos incluidos, por su territorio, como certificó la prestigiosa etóloga Jane Goddall en el Congo, donde asistió a una guerra entre dos bandos de estos primates que duró cuatro años y que concluyó con el exterminio del bando derrotado. Igualmente sucede con los leones herederos del trono de Mufasa I el Cansino por tierras del Kilimanjaro, y con las strigops habroptilus – “hormigas de ejército” –, que constituyen verdaderas estructuras castrenses y jerárquicas con reinas, obreras y soldados –les falta el cura, chamán, rabino o imán, pero ya deben estar en ello –. A ello sumamos delfines –que, por cierto, no sonríen; no, amiguitos, sucede que su boca es así –que “asesinan” a congéneres y que violan en grupo, incluso turnándose, a las hembras y otras veces se entregan a placenteras fiestas orgiásticas de todos con todas y todos –mucho mejor esta opción, desde luego –. También estoy enterado de que la famosa orca Willy en realidad era una hembra, que la soltaron en aguas danesas y ni pescaba


porque no sabía y era dada de lado por sus congéneres, seguramente porque también era una inmigrante para ellas y no la entendían, hasta que falleció en las gélidas aguas vikingas… Sigo citando diversos documentales de National Geographic, las series de sir David Attenborough o “Mundo Submarino” de Jacques Cousteau. Nos dicen los entendidos que sus comportamientos son ajenos a las costumbres humanas, y es de creer atendiendo a su superior criterio, pero yo cada día les observo más cercanos a nosotros, la verdad. Yo que siempre había intentado huir de la visión antropomórfica de la naturaleza. Creo que seguiré escribiendo de nuestros políticos, que son igualmente traidores, ponzoñosos y letales, pero al menos se puede hablar con ellos y suelen conformarse con saquear nuestras carteras sin devorarnos los esfínteres. Ana me rectifica, con acierto, indicándome que el kakapú es un ave inteligente de Nueva Zelanda y no un loro idiota como sale en una parodia del Gran Wyoming. El loro más grande y pesado del mundo, incapaz de volar, eso sí, porque el tamaño de sus alas sólo le permite guardar el equilibrio cuando pasa de árbol a árbol, y que monta un estruendo legendario cuando quiere aparearse atrayendo indefectiblemente a sus depredadores y que, por ende, está en serio peligro de extinción. Le agradezco sinceramente la información, pues disipa las brumas de mi insondable ignorancia al respecto, pero lo cierto es que era más feliz pensando que King Kong se enamoraba de la bella rubia de turno, aunque sigo sin saber muy bien por qué y, sobre todo, para qué, y que el kakapú era un ave ingenua e idiota, casi tanto como yo.


Iconos y calzoncillos acorazados Me preguntan si no me siento incómodo alineándome con los piltrafillas. Escribiendo que soy un piltrafilla. La respuesta es sencilla: No. Y no sólo no me incomoda, sino que me enorgullece, hartito como estoy ya de tanto “triunfador”, de tanto faro que nos guíe y de tanto muñeco ardiendo en la hoguera de las vanidades, como un día denunciara Tom Wolfe, uno de los padres del llamado Nuevo Periodismo. Soy un orgulloso piltrafilla que se identifica con aquellos versos de Víctor Manuel: “Aunque soy un pobre diablo casi siempre digo la verdad… aunque soy un pobre diablo sé dos o tres cosas nada más: sé con quién no debo andar y sé guardar fidelidad. Sé quiénes son amigos de verdad, nunca piden nada a cambio y siempre dan”. Y como el cantautor asturiano dejo sangre en el papel, el rastro de mi alma y cada verso es un jirón de piel. Mientras escribo estas líneas, José Luis Rodríguez Zapatero renueva su equipo de gobierno, convirtiendo en cuasi presidente a Alfredo Pérez Rubalcaba, un verdadero icono para los socialistas –sobre todo para aquéllos a los que la ex vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega llamaba “los Sabandeños”, esto es la “vieja guardia felipista” –y el demonio encarnado para las derechas, que entran en estado de combustión con sólo escuchar su nombre. Oír la palabra “Rubalcaba” y empezar a echar espumarajos por la boca es todo uno. Un dato objetivo dice que es el ministro mejor valorado por los ciudadanos y que, bajo su dirección en el Ministerio de Interior, ETA está en el peor momento de su historia. Datos que no entraré a valorar y que no le han ahorrado críticas feroces desde el bando mediático conservador, en el mundo conocido como Tea Party y en España como Te Partes. Pero de las numerosas críticas destaca la formulada por José García Domínguez, economista, escritor y colaborador de “Libertad Digital”: “(Rubalcaba) es un político que reúne sendas taras, ontológica y física la otra, que lo inhabilitan a la hora de la sucesión (de ZP); a saber, es demasiado inteligente y demasiado calvo”. ¡Cuánto horror! Qué sea inteligente aún tiene un pase pero, joder, que sea calvo es imperdonable, hombre, con la que está cayendo ¡a quién se le ocurre ser calvo; aún más, ser “demasiado calvo”! ¿No le bastaba con ser un simple calvorota o con tener entradas? Menos mal que en España se escribe un nuevo capítulo de La Historia Interminable, es decir, una nueva edición de Gran Hermano en Tele 5, la “cadena alegre”, y ya van 12, más que en ningún otro país, por cierto y curiosamente. Un icono visionario universal fue John Lennon. Su viuda, sin duda la más odiada de la historia del Rock, manifestaba en una entrevista al diario “El País”, con motivo del treinta aniversario de su asesinato frente al hotel Dakota, que “John tenía mucho de profeta. Los artistas verdaderos y los poetas verdaderos lo son. Ven más allá. Él veía más allá. En los años setenta recuerdo que hablábamos mucho de la aldea global. Hoy existe esa aldea global. Si siguiera vivo, me lo hubiese restregado: ‘Ves, te lo dije”. Apostillaba Yoko sobre el creador de “Imagine” que “John era un hombre al que le gustaba proclamar verdades incómodas. Hoy pocos le llevarían la contraria. ¿Quién busca la violencia? Tan solo los estúpidos que creen que no se volverá en su contra”. Los


grandes permanecen, incluso agrandan su sombra con el paso de los años, en la misma e inversamente proporcional medida que se reduce hasta el olvido las de sus adversarios. Otro “icono” y “rockero”, Ramoncín, más conocido en mi barrio como Marroncín, habrá escuchado con delectación que Bruselas ha considerado ilegal la iniciativa de la voraz SGAE de gravar con la tasa digital la venta de cedés vírgenes a las empresas, es decir, el popular canon digital. Mientras tanto puede aliviarse leyendo en las páginas de la revista “Atenea” que la compañía inglesa BCB International ha sacado a la venta blast bóxers, esto es: calzoncillos acorazados, fabricados con varias capas de kevlar alrededor de las ingles y muslos. Como mínimo serán ideales para las pérdidas de orina. Comparto al ciento por ciento los versos de un icono más modesto, por hispano, Joaquín Sabina, amado y odiado a partes iguales: “Hice trampas al póker –en mi caso al mus –, defraudé a mis amigos –sobre todo a mis amigas –, sobre el banco de un parque dormí como un lirón. Por decir lo que pienso, por no pensar lo que digo, más de un beso me dieron y más de un bofetón”. Siempre he preferido pedir perdón a pedir permiso y a vivir las experiencias que a imaginarlas, qué le voy a hacer. Otro visionario icono es Homer Simpson (alter ego de Mariano Rajoy, autoproclamado padre de Lisa Simpson), calificado recientemente como “un buen católico” por el Vaticano en un artículo titulado “Homer y Bart son católicos”. Recordemos, pues, dos frases famosas del icono amarillo: “Dios es mi personaje de ficción favorito” y “Normalmente no rezo, pero si estás ahí, por favor, ¡sálvame Supermán!”. Desconozco si la Santa Sede está extremadamente necesitada de iconos que la vinculen con la juventud o si el Santo Padre y el patriarca de los Simpson comparten marca de cerveza, pero no dudo que el entrañable borrachín seguirá roncando durante los sermones del reverendo Lovejoy en Springfield y yo brindaré con una lata de cerveza con él contra este mar de hipocresía en que día a día chapoteamos… … Like a Rolling Stone.


Euracos y faloplastias Las Cortes de Castilla-La Mancha han publicado las declaraciones patrimoniales correspondientes a 2009 de todos sus miembros. Diversos medios de comunicación se han centrado en los de María de Cospedal, como no podía ser de otro modo. 241.000 euracos –40 kilazos de los de antes –al año se embolsa la senadora y diputada regional del Partido Popular, que en 2006 ganaba 100.000 euros. De unos saldos medios de 42.000 euros ha pasado a unos saldos medios de medio millón, ni más ni menos. Al loro, que es de oro –y nunca mejor dicho –. Nunca aceptó ser parlamentaria autonómica con dedicación exclusiva porque ello le hubiera supuesto renunciar a cualquier ingreso, público y privado, por la ley de incompatibilidades. Es decir, sus 240.000 euros se hubieran quedado en la tampoco nada desdeñable suma de 60.000. El socialista José María Barreda, presidente de la citada comunidad autónoma, ganó 96.123 euros en 2009. Con estos sueldos es fácil suponer que las penurias de los piltrafillas mileuristas les quedan un tanto lejanas a sus señorías. Me alegro sinceramente de que la crisis mundial no les afecte, pues soy buen cristiano, pero me alegraría aún más que dejaran sus mezquinas rencillas y velaran porque la susodicha crisis nos afectara menos al resto de los penitentes. Que se esforzaran en crear empleo y procurar mejoras salariales y laborales, en lugar de exigir que se ajusten el pantalón siempre a los mismos y, quizá, que repartan un poco mejor la saca y toquemos todos a más, aunque sea un poquito, porque si no a estos Galbas de vía estrecha les van a salir Viriatos de primera y por doquier. Y de una insigne miembro de la asociación “Consejos Doy Que Para Mí No Tengo” a otro de sus más destacados paladines: el nunca suficientemente bien ponderado Fernando Sánchez Dragó, que sigue erre que erre con sus obsesiones preferidas, como las vertidas en elmundo.es: “No me desagrada del todo la idea –se refiere al cambio climático –porque cinco grados más de temperatura en Castilfrío me vendrían bastante bien” o “Ya he dicho antes que España está a punto de desaparecer… España es Expaña”. Y él, que es el faro que nos guía entre las tinieblas de nuestra ignorancia, ha decido mostrarnos cuál es su manera de hacer patria en los confines del mundo. Así pues ha dejado constancia escrita de que fornicó con dos niñas japonesas de 13 años: "En Tokio, un día, me topé con unas lolitas, pero no eran unas lolitas cualesquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rímel, tacones, minifalda... Tendrían unos trece años. Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse. Mientras una se iba al váter, la otra se me trajinaba". Lo relata así de ufano en el libro “Dios los cría…” –editorial Planeta –que recoge unos diálogos suyos con Albert Boadella sosteniendo que él fue el utilizado y abusado y no las niñas: "las delincuentes eran ellas", –no lo olvidemos, las muy “zorritas” –y que lo cuenta ahora porque “el delito ya ha prescrito”.


¿Puede caer más bajo alguien que, como él, orina colonia; alguien como él, preclaro intelectual? No diga hipócrita, no diga sinvergüenza, no diga pederasta, diga Sánchez Dragó, y si tiene hijas no deje de comprar sus libros y ver sus programas, y recuerde sus edificantes palabras: “Repetidas veces a lo largo del libro digo que me gustan las lolitas… ése es un buen título: lolitas crudas”. El insigne escritor culmina diciendo que en su lápida “quizá se lea Perdonen que no se me levante”. A Dios gracias, apostillo yo; sus “lolitas”, castas y “zorritas”, se lo agradecerán sin la menor duda. Ante insignes faros como éste yo prefiero ser un piltrafilla desnortado. Keith Richards ha publicado recientemente un libro, serializado por el diario The Times, en el que arroja más madera a su relación de amor y odio con Mick Jagger: “Mick es muy posesivo. A menudo competíamos por las mismas chicas, era parte de nuestra rivalidad, parecíamos dos machos alfa peleando por la misma presa; francamente, todavía lo somos” –¡Joder como está la tercera edad! –Añade el famoso guitarrista que, según una de las mujeres que fue amante de ambos, el cantante de los Rolling Stones, “la tiene pequeña”. Quizá ese sea el verdadero origen del logotipo de la boca con la lengua fuera de los Stones –es bien sabido que mientras hay lengua hay hombre, y tal vez sea ésta la clave del éxito de “morritos” Jagger… quién sabe –. No obstante, las rencillas de sus “satánicas majestades” comparadas con las de los malos de verdad suenan a gag de Los Simpson. Cuando vaya a una playa nudista y me cruce con las burlonas miradas de los que van allí tras hacerse una faloplastia –por cierto, ¿me cedería Cospedal un dinerillo para hacerme una aunque sea modesta? –podré decir: “¿Qué pasa? Mick Jagger también la tiene pequeña y sin él no habría blues?...

…like a Rolling Stone”.


Corazones de Tinta China

Corazones de tinta china en una hoja en blanco dibujados perdidos, sin gloria ni brillo almas escritas en renglones torcidos sin norte ni sur ni este ni oeste, dejados Viajeros sin maletas ni tren borrones en la página del olvido océanos de húmedos senderos Soledades infinitas en el andén Corazones de tinta china en una hoja en blanco extraviados… ¿Quién conoce vuestro dolor? ¿Quién sabe de vuestro mundo? ¿Quién escucha vuestro canto? Corazones de tinta china a una hoja en blanco amarrados…


Águila Floja y Birriato Tengo entendido que Esperanza Aguirre ha contactado con su admirado Silvio “Cañita Brava” Berlusconi para colocar a Fernando Sánchez Dragó como portero en Villa Viagra, es decir, la famosa finca-guardería en la que el mandamás italiano celebra sus famosas fiestas pornogeriátricas y a las que la presidenta de la Comunidad de Madrid no acude porque de los dos requisitos que exige don Vito Corleo… perdón, don Silvio, para participar en ellas: extrema belleza y suma juventud, la Aguirre no cumple ninguno. La inteligencia, no lo olvidemos, es una reprobable tara feminista. No obvio que un elevado porcentaje de hombres españoles contemplan con morbo a la citada política, pero ello sólo hace ratificarme en los dañinos efectos de la crisis en mis compatriotas a todos los niveles, incluido el sexual. Nuestra “Águila” ha dejado de ser “Roja” y ha pasado a ser “Floja”. En el capítulo que cierra la tercera temporada, Águila Floja se enzarza a palos con diestro y siniestro tras contemplar un cuadro del gran pintor y grabador holandés Rembrandt –nada más y nada menos, que no nos vamos a andar con pequeñeces en una gran superproducción –en el que su amada cuñada muestra los senos. El lienzo iba a ser exhibido en las grandes cortes europeas y al castizo ninja no le mola ni un poquito que su chica sea portada de “Interviú” en el siglo XVII. Paralelamente, el pérfido comisario le espeta a la marquesa, condesa, o lo que sea, que “si yo fuera tu marido te impediría posar desnuda”. Faltaba más, para eso eres mía, frase hispánica donde las haya. –Luego nos quejamos de la mal llamada “violencia de género” ¿y el género neutro, proclamo? –. La citada condesa, marquesa o lo que sea, argumenta que no tiene dueño y que su cuerpo es suyo, amén de que se trata de arte y de que va a ser retratada por uno de los mejores pintores de la historia. Claro que esto son bobadas de guarros salidos y feministas y no debemos olvidar que ella es la mala malísima y una mujer, al fin y al cabo. Así pues, cada cual por su lado, el ladino comisario y el Pequeño Saltamontes del Toboso se emplean a fondo en hacer desaparecer la obra de Rembrandt, no vaya a ser que nos tengan por cultos en el mundo o, aún peor, que un día el cuadro fuera a ser colgado en el museo del Louvre o en El Prado, junto a Las Tres Gracias de Peter Paul Rubens; “las muy putas”, que diría con un palillo entre los dientes el insigne Fernando Sánchez Dragó mientras controla quién entra y quién no en las fiestas de Villa Viagra –ya sabemos que Esperanza Aguirre no, al menos como animadora, quién sabe… Tal vez como dómina, látigo en mano fustigando las nalgas de los ilustres invitados –. Y de gestos típicamente hispánicos pasemos a mitos ibéricos: Viriato, el lusitano, el “terror de los romanos” –“terror romanorum”, como reza su famosa efigie en Zamora –como era conocido por los mismos romanos, se encarna en una serie de Antena 3 que acabará siendo de culto de puro mala e irrisoria. “Hipania, la leyenda”, se titula el engendro, pero debiera haberse llamado


“Jispania, el chiste, la historia de Birriato”, porque en eso han convertido y no más al bravo pastor lusitano: en una birria. Cabe recordar que las campañas en Hispania fueron las únicas en que las legiones romanas tuvieron serios problemas de deserciones colectivas, algo que no les sucedió ni ante los bárbaros germanos ni ante los aguerridos dacios, y es algo muy difícil de creer ante la visión de este Birriato, que no Viriato, acompañado de un Algarrobo grunge y un macarrilla con acento de navajero de la periferia de Madrid. Por cierto, y en todo caso, los lusitanos tendrían tanto de españoles como de portugueses. Viriato ejecutó sus golpes de mano a los romanos en una vasta zona que abarcaba desde Zamora hasta Extremadura, pasando por Salamanca, Ávila, Toledo, Talavera de la Reina, Cuenca –en cuya Ciudad Encantada se dice que fueron incinerados sus restos –y Portugal, aunque en esta serie no salga de diez metros cuadrados. Así pues, la serie debería haber sido una coproducción y haberse titulado “Jispania y Purtugal, las mantas de la pretora” pues ésta, en una de las fases más memorables, por ridícula, que recuerdo dice a su perfectamente depilada esclava: “Hala, me voy de compras” a la aldea lusitana de tres chabolos que saquean día sí y día también los skin heads del pretor Galba, al que por cierto la patricia romana le monta unos pollos increíbles al estilo de las “Matrimoniadas” de José Luis Moreno delante de sus legionarios gladio en mano. Al menos “Curro Jiménez” estaba hecha en clave de comedia y era simpática; “Birriato”, encima, pretende ser seria y rigurosa. Escribía un lector en el diario gratuito “ADN” que se trata de una serie de entretenimiento y quien quiera cultura y rigor que vea “los documentales de La 2”. Y eso mismo digo yo, que más valdría que de vez en cuando al menos viéramos más documentales de La 2, de la 3 o de la 113, antes de que nos casen a Birriato con Belén Esteban, que seguro que anda por ahí agazapada o que ponga el broche final Chiquito de la Calzada diciendo “y por allí se fue Birriato, el pecador de la pradera, con doce jinetes de Bonanza… jal”. Por último, fueron sus propios hombres –siempre la sombra de Caín –, los lusitanos Audaz, Minuro y Ditalco –por cierto, cuán alejados de los nombres que utilizan en esta serie –quienes acuchillaron a Viriato mientras dormía. Los romanos, incapaces de derrotar al caudillo hispano, tuvieron que recurrir al soborno y la traición. Cuando éstos fueron a cobrar la recompensa el cónsul Quinto Servilio Cepión les contestó: “Roma traditoribus non praemiat” – “Roma no paga a traidores” –y los ejecutó. Todo ello muy español y muy actual, la verdad sea dicha. País.


Desmanes Marruecos se apropió del Sáhara Occidental en 1976, mientras yo estudiaba en el colegio del Mercado, aprovechando la debilidad española y la indiferencia internacional, de la Organización de las Naciones Dormidas ante las aspiraciones de independencia de un pueblo pobre y nómada como el saharaui. El objetivo marroquí, para variar, era económico: el control de la plataforma pesquera de El Aaiún y de las reservas de fosfatos existentes bajo unas colinas de arena que los españoles, por cierto, creímos improductivas hasta ese momento más allá de su empleo como fertilizantes, como tampoco supimos ver que en Guinea existía una enorme balsa de petróleo, de la que ahora se benefician estadounidenses y británicos. Nos pasamos la vida buscando infructuosamente El Dorado. Tendríamos que hacernos ver nuestras capacidades a la hora de descubrir recursos naturales, ahora que tan en boga están las famosas “productividad” y “eficacia”. Algunos proclaman que hay que romper con la diplomacia con Marruecos, reino chantajista y ventajista donde los haya, que nunca da puntada sin hilo. De hecho ha emprendido esta última acción sobre los saharauis calcando los métodos y la política de hechos consumados que emplea permanentemente Israel con los palestinos –no se ha sonrojado siquiera al enviar un mensaje al Consejo de Seguridad hablando de "los actos de barbarie cometidos contra las fuerzas de seguridad marroquíes que entraron desarmadas en los campos para rescatar a las mujeres y a los niños del campamento protesta de El Aaiún” –. Y lo hace a sabiendas de que es aliado preferente de Estados Unidos y de Francia en la zona, con lo que se asegura el silencio cómplice internacional –el que calla otorga –, aprovechando asimismo nuestro miedo a Al Qaeda, suponiendo que sea cierto que la monarquía alauita sea un freno real a la citada organización y no esté jugando a dos bandas… o a tres. Aprovechando también que nuestra flota pesquera, toda vez que hemos esquilmado nuestros propios caladeros, faena en aguas marroquíes y aprovechando, por último, la debilidad actual del ejecutivo español y el paso de la cartera de Exteriores de las manos de Miguel Ángel Moratinos a las de Trinidad Jiménez a la que, por cierto, el asunto ha dejado seriamente tocada del ala antes de comenzar a volar. Decía que he escuchado en variopintos foros que ha llegado la hora de romper la baraja diplomática con Marruecos. Debo recordar que donde termina la senda de la diplomacia comienza el camino de la guerra. Sonroja ver a ciertos iconos de la izquierda española, de posturas tradicionalmente pacifistas, enarbolando la bandera de la agresividad, incluso militar, contra el reino de Mohamed VI. ¿Quién irá a la guerra? ¿Ellos, pacifistas declarados? Sonroja aún más ver a los políticos de derecha enarbolando la bandera de la defensa del pueblo saharaui, cuando nunca ha destacado por su defensa del mismo –eso era “cosa de socialistas” y de las fiestas del PCE en la Casa de Campo –ni durante la


famosa “Marcha Verde”, tras la cual los españoles emprendimos las de Villadiego dejando a los saharauis inermes en las garras del rey Hassan II y de Mauritania; ni durante el gobierno de José María Aznar, que tampoco destacó precisamente por la defensa de la causa saharaui ni por mejorar siquiera la situación de los asentamientos, quizá porque allí no había gimnasios donde cultivar unos paquetes de abdominales decentes. Choca pues, cuando menos, verlos ahora tan críticos con el gobierno y tan beligerantes en una cuestión en la que mejor haríamos todos permaneciendo callados y asumiendo nuestra cuota de responsabilidad y de vergüenza. La ministra Jiménez alude desde el gobierno al “sentido de Estado”, noble ideal al que unos y otros acuden en la práctica cuando han metido la pata o se encubre una bellaquería o un crimen, en la más pura tradición de Jano, el dios romano de la doble cara. Economías y políticas rastreras de unos y otros al margen, hay una realidad indudable: Marruecos dista distancias siderales de ser una democracia, es una monarquía islámica absolutista que tiene súbditos sometidos en lugar de ciudadanos libres y que hace de su capa un sayo en la zona desde el fuego decretado en 1991 aprovechándose de los intereses, cobardías y mezquindades de las grandes potencias internacionales. Otra realidad palpable, aunque duela a algunos, es la que retrata a España como una potencia media, tirando a baja, con nulo peso en las decisiones de real calado en la escena internacional, una nación históricamente adornada además de una de las diplomacias menos eficaces e improductivas del mundo, incapaz de chantajear a los grandes –léase Gibraltar, seguimos siendo el único país europeo que sufre en su propio territorio la permanencia indisimulada e indisimulable de una colonia de un país supuestamente aliado –ni de sortear los chantajes de los más débiles que nosotros, por mucho que salga nuestro monarca diciendo “¿Por qué no te callas?” al líder venezolano Hugo Chávez, todo un “tipazo” según el verborreico vendedor de neveras bolivarianas. Eso sí, nos han compensado: el flamenco, los castells catalanes, los cantos mallorquines de la Sibila, la cetrería y la dieta mediterránea han sido declarados por la UNESCO patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, que no se diga. Seguro que lo rentabilizará mejor que nosotros la cadena McDonalds, con su Q de máxima calidad alimentaria otorgado por el Instituto para la Calidad Turística Española. Por cierto, ¿no llevaban años y años diciéndonos que dichas hamburgueserías servían “comida basura”? ¿Quién ha mentido esta vez? Porque es evidente que alguien miente. Quizá todos. Pobre pueblo saharaui, nadie te defenderá. Pobre clase trabajadora de todos los países del mundo, nadie velará por ti. La productividad y la eficacia la miden aquellos tipejos que piden “trabajar más y cobrar menos” a los demás y los que abogan por la mejor sanidad del mundo sólo para aquellos que puedan pagarla. La historia de siempre, la historia interminable: los desmanes sobre los miserables, como ya escribiera el gran Víctor Hugo.


Titulares de Prensa (Desmanes II) Leo titulares de la prensa generalista española un día cualquiera de noviembre de 2010: “Más agresiones de pacientes en Madrid. Los Médicos se protegen con el ‘botón del pánico’”; “Los médicos nos sentimos desprotegidos cuando estamos a solas con el paciente”; “Tengo un juicio pendiente con un toxicómano que me atizó con una goma del suero”; “A veces, el paciente no entiende que tiene que esperar para ser atendido”; “El paro aumenta la intolerancia. La crisis aumenta el rechazo hacia el extranjero. Los partidarios de endurecer las leyes contra los inmigrantes son hoy un 18%más que hace 5 años”; “Unos 2.000 indigentes en Madrid”; “Asistentes a un enlace detenidos por agredir a los agentes. Siete policías resultan heridos en un altercado… ¡en una boda! Los agentes intervinieron al ver a un hombre agrediendo a una de las invitadas”; “Amenazó a su padre con una catana, un arco con flechas y dos cuchillos”; “Más de 300 muertos en Camboya en una avalancha durante el Festival del Agua”; “El CNI admite que las nuevas amenazas son más difíciles. El director explica que algunas les pillan ‘casi sin experiencia’”; “Pobres por pagar la sanidad. Alrededor de 150 millones de personas en el mundo padecen catástrofes financieras graves y se ven obligadas a vivir por debajo del umbral de la pobreza por este motivo”; “El Dalai Lama dice que quiere jubilarse”; “Berlín teme un ataque terrorista al Reichstag”; “Un funcionario de la OTAN ve más seguro Kabul que Londres”; La ONG Save The Children calificó de “erróneo” el comentario de que “la mayoría de los niños pueden vivir sus vidas en seguridad” en la capital afgana. “Afganistán es el peor lugar del planeta para un niño: uno de cada cuatro niños que viven allí muere antes de cumplir cinco años”; “Se ha bajado la guardia en la prevención del VIH”; “Se suicida tras tratar de estrangular a su esposa. La mujer no había denunciado nunca”; “Las caricias pasaron a ser palizas, yo era un títere en sus manos, afirma la presidenta de la Asociación Juntos Contra la Violencia Doméstica”, “Me forzaba hasta dejarme sangrando”; “Ponía a sus hijos en fila y les daba con la correa”; “Yo no me consideraba un maltratador, pensaba que sólo tenía mucho genio”; “63 fallecidas por violencia de género en 2010”; “El Gobierno reduce de 431 a 401 sus coches oficiales. Sólo es un 7% de la flota. Ministros, secretarios de Estado y directores siguen con coche y, de momento, no hay restricciones en los carburantes”; “La ONU aplaude al Papa por defender el uso del preservativo ‘en algunos casos’”; “Al Qaeda asegura haberse gastado 4.200 dólares en el envío de dos paquetes bomba desde Yemen a EEUU”; “Le


dan tres meses de vida, se gasta sus ahorros y descubre que el diagnóstico era erróneo”; “Requisan bates de béisbol a 165 ‘Ultrasur’ antes de embarcar hacia Amsterdam”… ¿Todavía me preguntan por qué llamo a estas últimas columnas “Desnortados”? Soslayemos el hecho de que los alegres muchachotes de “Ultrasur” iban a un partido de fútbol y no de rotura de piñatas, y que les debieran haber avisado de

que

Amsterdam

–hierbajos

fumables,

pastillitas

de

la

risa

y

pornoescaparates al margen –es una ciudad famosa por sus canales y, en todo caso, debieran haber llevado remos. Por cierto, escuché a Manolo Lama en los informativos de Cuatro llamarla la “Venecia europea” en lugar de la “Venecia holandesa”, debe ser que para él Italia no es parte de Europa… como España tampoco lo era y pronto volverá a dejar de serlo. Europa, esa “entelequia utópica” según la calificaba el general…ísimo Francisco Franco. Bueno, ya que vamos de titulares de prensa y hemos emprendido la senda del fútbol, concluiré con una de las perlas de Jose Mourinho, más conocido como Mou en Los Simpson, en la revista France Football: “Doy gracias a Dios por no ser modesto”. Este tipo es un cachondo. Debo reconocer que me resulta simpático. Siempre he preferido los malotes impostados a los buenos oficiales. Eso y que compruebo que ha leído a don Miguel de Unamuno y Jugo y su “Del Sentido Trágico de la Vida”: la vida en permanente lucha, la angustiosa paradoja entre el vivir y el conocer, decir una cosa con el corazón y la opuesta con la cabeza, el problema existencial del ser humano, su deseo de pervivencia en la memoria y sus ansias de eternidad. “Todo lo vital es antirracional, no ya sólo irracional, y todo lo racional, antivital”, como escribiera el autor bilbaíno. ¡Ay, amigos, júrbol y filosofía, amor y pedagogía, sexo y macarrones, mercaderes especuladores y el fin del mundo! Hagan profusamente el amor –a pelo o con condón, que ya se puede sin arder en los fogones de Pedro Botero –, que son dos días.


Los ebook rotos y los besos chinos Creo que la vista me traiciona. Hace unos días vi una foto de Roger Federer con Diego Armando Maradona juntos y, por un momento, los confundí con Aragorn y Frodo Bolsón. Por eso apenas doy crédito a lo que veo o leo últimamente. Por ejemplo, he leído recientemente que los expertos consideran eyaculación precoz cuando el coito dura menos de un minuto. Joder, y nunca mejor dicho, yo esto lo considero un récord. ¿En menos de un minuto a un tipo le da tiempo a hacerlo y eyacular? Eso es velocidad y no la del AVE. José Luis Roig publicaba en el diario La Gaceta el siguiente breve el pasado 24 de noviembre: “El amor es ciego, pero la pasión te puede dejar sordo. Eso es lo que le pasó a una joven china de 20 años, que tras un beso extraintenso con su novio dejó de oírle a él y a las bocinas de los coches. Según el otorrino que la trató, no es frecuente, pero un beso con exceso de pasión puede alterar la presión del oído interno y romper el tímpano”. Cabe preguntarse si el tímpano de la chinita no saldría volando por efecto de la presión de la lengua del besucón oriental y si ésta es la famosa presión china. Eso es comerte la oreja y lo demás son tonterías. Quizá sea un arma desconocida del Imperio del Dragón para conquistar la crítica economía occidental. Claro que a nosotros esto ya nos pilla sordos, ciegos y violados. Qué es un beso con lengua al lado de los mordiscos de estos insaciables chupasangres que se ha dado en llamar nebulosamente “los mercados”. Y del Imperio chino al Imperio yanqui. Hace unas semanas recibí con puntualidad anglosajona un libro digital, ibuk dicen los versados en lenguas vivas, de Amazon. Se ha averiado. Según parece, tiene un defecto en la pantalla, aunque yo entendí que tenía un derrame, y me he visto obligado a remitirlo a Estados Unidos para su posterior devolución en buen estado. Me ha fastidiado, no lo negaré, pues era de agradable lectura y me ahorraba ir cargado en el tren de cercanías con tropecientos libros y revistas, pero a la par me ha llenado de insano alborozo comprobar que los aparatos fabricados en el Imperio también salen defectuosos o se estropean y no sólo los productos de los PIGS, como nos denominan –eso sí, sin acritud –a nosotros, es decir, a los pérfidos, chapus y vagos latinos europeos

e irlandeses adoptados. Digamos que esta avería

humaniza a los yanquis a mis ojos, ahora les veo con mayor cercanía y afecto.


Gracias a mi amiga Linda, estadounidense ella y bilingüe a Dios gracias, conseguí contactar de un modo inteligible con Amazon para notificarles la avería de mi Kindle, a no confundir con los huevos Kinder, aunque también encierre sorpresas como éstos, es lo que vincula a los huevos con los ebook, no confundir con los insufribles ewoks, aunque también suenen a galaxias muy lejanas. Gracias a Linda, decía, logré contactar positivamente, pues con mi peculiar dominio de la lengua de Albión mi mensaje hubiera sido algo así: “¡Jau! Hoja que habla del Gran Hombre Blanco dejar de hablar. Ver mitad de hormigas en nube blanca. Yo, Piltrafilla Tiznado, enviar hoja rota en gran pájaro de hierro a Fort Amazon con gran nube negra sobre mi cabeza. Si Gran rostro Pálido incumplir tratado y no devolver antes de diez lunas, yo invocar Manitú y poner pinturas de guerra en cara, apagar pipa de la paz y desenterrar tomahawk. Yo jurar por Ebay, Gran Rostro Pálido. ¡Jau!” El imperio británico está de capa caída –los sopapos de sus insaciables inversores en Islandia e Irlanda han sido de manual, quizá por ello sus sociedades de control lanzan tanta sospecha y basura sobre Portugal y España, sólo quizá –y por eso se les está poniendo esa cara de acelga sin sal. La Unión Europea amenaza con rescatarnos de nosotros mismos. Antes se decía que América liberaba a medio mundo que no se quería liberar y ahora rescatan a los que no queremos que nos rescaten, porque es curioso que cada vez que acuden al rescate de una entidad bancaria les insuflan una obscena cantidad de millones y sus directivos se van de juerga a algún putibalneario, mientras que cada vez que nos rescatan a nosotros congelan las pensiones a nuestros mayores, nos congelan o bajan el sueldo y también nos vamos… pero al Inem, con el himen roto y el ojete colorado. De momento seguimos cantando, pero es bien sabido que el español cuando canta o le han dado por el culo o bien poco le falta Qué mal rollo haber perdido nuestro glorioso imperio en el que no se ponía el sol, no hacemos ibuks ni damos besos a tornillo ensordecedores… Menos mal que nos queda Portugal, es decir Cristiano Ronaldo y Leonel Messi, porque aunque nos intervengan y no tengamos donde caernos muertos, la banda de Mou el Malote y los chicos de Cómo Mola Guardiola serán campeones de Europa, del mundo mundial y de la Vía Láctea… aunque en una galaxia muy, muy lejana el asmático Darth Vader nos contemple desde el reverso oscuro presto al rescate. Que la Fuerza nos pille confesados, jodidos jedis.


El sol y una señora de Vigo El sol y una señora de Vigo –sería un buen título para una obra de Miguel Mihura –están íntimamente relacionados, más que usted o yo por bronceados que podamos estar. Según publicó La Voz de Galicia, Ángeles Durán, que así se llama la viguesa, se ha proclamado dueña del astro rey basándose en que no se le conoce propietario alguno en 5.000 millones de años. “Soy propietaria del sol, estrella de tipo espectral tipo G2, que se encuentra en el centro del sistema solar, situada a una distancia media de la Tierra de aproximadamente 149.600.000 kilómetros” –miles de kilómetros arriba o abajo imagino yo, que en estas distancias es una menudencia carente de importancia –. Hay personas que cuando se ponen a comprar no reparan en fruslerías. El consumismo es lo que tiene: Compras y no paras. El ansia viva y el tó pa mí, germen de la especulación financiera y de la actual crisis global que nos azota. En realidad podríamos decir que esta mujer se ha comprado un solar, enorme eso sí, pero un terreno solariego en suma. El acta notarial se redactó en la localidad de O Porriño, pero me abstendré de hacer más chistes fáciles. La nueva terrateniente, que debe ser temible en el juego del Monopoly, asegura que existe una ley internacional que impide a país alguno adueñarse de los astros, pero no hay ley alguna que impida hacer lo propio a las personas. De hecho hay un ciudadano estadounidense que ha escriturado la mayoría de los planetas y la luna, pero se dejó el sol y, claro, ella no iba a dejar pasar tamaña oportunidad, menudo chollo. Este mundo está hecho para los emprendedores y los arriesgados. Es más, debemos agradecerle que la adquisición del sol la haya realizado de manera pacífica, “por usucapión, de buena fe, de forma pacífica e ininterrumpida durante 31 años”, que ya ha habido y hay bastantes guerras en el mundo. Conquistas sí, pero pacíficas, sin marines ni daños colaterales, sin incordiar a los solarinos, y eso que allí seguro que hay armas de destrucción masiva, de hecho lo es todo él en sí mismo. Ignoro si la nueva terrateniente galáctica ha ingerido cantidades elevadas de excelente orujo gallego o si es así de natural. También desconozco si lo hace porque en la bella Galicia llueve mucho y tiene necesidad imperiosa del contacto de los rayos solares sobre su cuerpo. –Si la petición la hubiera realizado una almeriense diríamos que le ha dado demasiado sol en la cabeza, porque somos muy malos –. Cuentan que, en cualquier caso, el notario aún se está riendo y que en el Ministerio de Industria reina el estupor, y eso que están acostumbrados a las luminosas ideas de don Miguel Sebastián, pues al ser una persona decidida no se ha parado en barras y ha elevado su petición a la citada institución. Aún más, como es un aguililla para los negocios, ha anunciado que piensa cobrar un canon –Dios mío, cuánto daño está haciendo la SGAE –a todo aquel que lo contemple, dibuje o fotografíe –claro, la piratería que avanza sin freno, doña Sinde, precisamos leyes que regulen el tráfico ilegal en la Vía Láctea –, así como a los que empleen la energía solar, que para eso ella es la dueña del cotarro. Se va a forrar, sin duda alguna. Y lo necesita pues precisará una suma ingente de dinero para comprar cartón con que empaquetar su nueva propiedad y traérsela a casa, o en hierro para vallarla. Propongo desde esta modestísima tribuna que la nombren ministra de Industria, Economía o de lo que sea, pero ya. Personas visionarias son las que precisa España en estos momentos de zozobra.


Los especuladores y los mercados son lobos insaciables, un saco sin fondo. Tras Grecia, Irlanda, Portugal y España caerá el sol. No podía ser de otra manera toda vez que Almería es española… al menos de momento. Yo me tomaría muy en serio la petición de doña Ángeles e, incluso, le proporcionaría un medio de transporte adecuado y veloz para que pudiera tomar posesión de su parcelita interestelar y que se broncee a gusto, vuelta y vuelta. Eso sí, para que no se queme antes de llegar que lancen el cohete de noche. Mientras tanto, yo le pongo a buen precio la Cibeles, las Pirámides egipcias y la Gran Muralla China. No tiene más que depositar una suma interesante en mi cuenta y acudir a los citados lugares a reclamar su titularidad. Yo, por si acaso, me he comprado el Reverso Oscuro de la Fuerza y la Materia Oscura. Todo sea por la I+D. Entre visionarios y emprendedores nos entendemos. Las Puertas de Tanhauser están al caer. Temblad Florentino Pérez y Dominique Strauss-Khan, el Real Madrid y el Fondo Monetario Internacional son menudencias a nuestro lado, la galaxia es nuestra.


Peter Pan, el señor Darling y los Niños Perdidos. Todos los niños crecen, excepto uno. ¿Peter Pan? ¿Michael Jackson? Pues parece que no. Es Abdominator. José María Aznar le confesó al ex embajador estadounidense en Madrid, Eduardo Aguirre, que “if i saw that Spain was really in despair, i may have to step back in to a national politics”, es decir: “si veo a España desesperada, quizá tendría que volver a la política nacional”… como si la hubiera abandonado alguna vez. Volvería a cortejar a Wendy, pobre, ajada y envejecida, tan alejada de aquella tierna y esperanzada niña a la que… ¿o ése era Rajoy? No, Rajoy era el señor Smee. La duda es si se lo dijo en perfecto inglés de la universidad de Georgetown o en español con acento de Texas. Yo me permito el atrevimiento de contestarle desde esta modestísima tribuna: Si España ya está desesperada ¿para qué desesperarla aún más? Necesitamos savia nueva, no libretos ya aprendidos. Quédese cómodamente en su hogar, relájese disfrutando del vino y continúe ilustrándonos desde su superior criterio con sus múltiples conferencias y apostillas, pero no nos salve, por favor, que si este país ha tenido superávit de algo ha sido, precisamente, de iluminados salvadores, de salvapatrias. El escritor James M. Barrie, creador de Peter Pan, escribió que el señor Darling, padre de Wendy, se vanagloriaba ante ésta de que su madre no sólo le amaba sino que además lo respetaba. Me pregunto yo si es posible amar a alguien sin respetarlo. George Darling “era uno de esos hombres astutos que lo saben todo acerca de las acciones y las cotizaciones. Por supuesto, nadie entiende de eso realmente, pero él daba la impresión de que sí lo entendía y comentaba a menudo que las cotizaciones estaban en alza y las acciones en baja con un aire que habría hecho que cualquier mujer lo respetara”. Grande Barrie. Grande Darling, como todos nuestros respetabilísimos economistas, analistas financieros y líderes políticos, gurús a los que la funesta crisis global les pilló –y pilla –con los calzones a la altura de los tobillos y sin papel higiénico al alcance de la mano, pero que nos siguen dando consejos y fórmulas muy circunspectos, con ese mismo aire que podría hacer que los respetáramos… si no los conociéramos ya. Me queda el torpe consuelo y la acaso vana esperanza de saber que el señor Darling fue en su oculto pasado uno de los Niños Perdidos y antiguo amigo de Peter Pan, por eso, al ver volar el Jolly Roger del Capitán Garfio ante su ventana, y traicionándole el subconsciente, confiesa: “Una vez vi ese mismo barco, cuando era un niño”. Quizá valga para que un día despierte y deserte de las filas de los vampiros abducidos por el dinero y el poder y vuelva a echarnos un cable a sus viejos camaradas: los Niños Perdidos, la masa desvalida. Estos


insaciables banqueros y sabandijas de las finanzas que aconsejan recortes de los derechos sociales, despidos, reducir aún más los salarios más precarios y jubilarse con 67 años, cuando no con 70, mientras ellos lo hacen a los 58, cuando no a los 52, y con jubilaciones millonarias hasta la obscenidad, porque como bien escribiera Óscar Wilde, “siempre aconsejan que nos ajustemos el cinturón aquellos que usan tirantes”. “Todos los niños crecen, excepto uno”. Es el comienzo más maravilloso de relato que conozco. Encierra en sí mismo todo el misterio y toda la magia. Peter Pan… “you can fly!, you can fly!, you can fly!”


Ingles brasileñas y narices rojas “¿Dónde está todo el mundo?”Ésta fue la paradoja que planteó al mundo encallecido el físico Enrico Fermi. Si la Vía Láctea tiene más de 200.000 millones de estrellas, si la probabilidad de vida extraterrestre es tan elevada como parece arrojar el dato objetivo de la inmensidad del cosmos, del ingente número de estrellas y, por ende, de planetas y satélites en sus respectivas órbitas, si muchos de ellos deben tener agua líquida y bacterias, nuestra galaxia debería estar repleta de civilizaciones… entonces, ¿dónde está todo el mundo? Confío en que la paradoja de Fermi se despeje antes de que me haya ido a la parcelita de Móstoles a tañer la cítara entre regordetes y sonrosados angelotes de Murillo. Aunque sólo sea por insana curiosidad. ¿Serán lagartos amarillos como predijo Stephen Hawking? ¿Sus líderes serán inteligentes de verdad y no listillos depredadores como los nuestros? “Hemos confiado demasiado en gente que creíamos que tenía las respuestas y no se enteraban de nada, que lo único que buscaban era nuestra confianza y nuestra entrega para forrarse” contestó el gran Elvis Costello en una reciente entrevista. Bertolt Brecht aseguraba que había un delito mayor que atracar un banco: fundarlo. Hay quien sostiene que en el engaño reside el encanto, la magia… la ilusión. El amor puro y las ingles brasileñas. Algunos se exceden. Un niño, harto de que no le cayera nunca nada decente en Navidades le dijo a sus progenitores: “Os recuerdo que los Reyes Magos no existen, que los regalos lo hacen los padres”. El padre aún llora por la ilusión rota… o por tener que rascarse el bolsillo. Una chica con ingles brasileñas me dijo que quería hacerme no se qué en el primer chacra y que si sabía que podía tener un coito de no sé cuantos años luz practicando el sexo tántrico. “Yo, si quieres, puedo tener contigo sexo mus, esto es: haciéndolo al tran trán si te vale”, contesté, “así, sin prisas pero terminando antes de la jubilación”. Como decía Elvis Costello, la cuota de engaños tiene un límite. “Uno se acostumbra a escuchar barbaridades, dichas como algo inocuo, sin pararse a pensar en las miles de personas implicadas” manifiesta el director de cine Alex de la Iglesia en una entrevista en el colorín de “El País” y uno no puede por menos que asentir ante el telecirco de las tertulias, políticas o no, de las diferentes cadenas de la TDT. “La izquierda desnortada llora por culpa de la TDT” afirma José Luis Roig en “La Gaceta”. Veo la TDT y lloro y debo estar desnortado cuando escribo “Libertos y Desnortados”… supongo que eso me convierte en un “progre inicuo de izquierdas”, al menos según Roig. Le pido disculpas, él está encantado con los contenidos de nuestro maravilloso panorama televisivo. “¿Por qué tiene la nariz roja?” me preguntó mi hijo pequeño al ver el excelente retrato de Alex de la Iglesia en la portada del citado dominical. Tiene seis años. “Porque va disfrazado de payaso”, respondí desde mi adúltera edad adulta, traidora de la adolescencia. En la adolescencia crees saberlo todo y estás de vuelta de todo. De adulto te rebozas en el error, aunque con menor suficiencia y mayor rubor. Pero los errores en que incurrimos y los deseos son, en el fondo, los mismos. “Cuando salgo a escena, me siento igual que cuando debuté en un club de mala muerte. Siento un miedo horroroso a no ser capaz


de aprovechar esa oprtunidad única”, confesó Bruce Springsteen al periodista Nick Rufford. Me sorprende agradablemente ver en el texto del artículo que el propio director de la Academia Española de Cine se pregunta: “¿Por qué tiene la nariz roja? ¿Ha bebido demasiado? ¿Quién dijo que los zapatones son graciosos? ¿Por qué los colores chillones?... ¿Y el payaso triste? Claramente, no es gracioso. Esconde algo siniestro, con esa ceja enorme (de listillo odioso), las orejas rojas…” Narices rojas, ingles brasileñas, oscuros presagios, sueños rotos. Risas y llantos, duelos y quebrantos. ¿Acaso soy un hombre sensato en un mundo enloquecido, un hambre feroz en un mundo feraz?... Rojitas las orejas… no puedo evitar recordar la canción de Extrechinato y Tú: “Rojitas las orejas, se me ponen si me besas, rojitas las orejas, se me ponen si me besas…” “Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar” nos enseñaba Rainer María Rilke, quien también sostenía que “la única patria feliz, sin territorio, es la conformada por los niños”. Heiner Müller le rebatía diciendo que “lo bello significa el final del espanto”. Belleza, espanto, terror, ruido, silencio… “Sin silencio, no se escucha el texto. Si no se puede escuchar el silencio, tampoco se oye el texto” contestó Müller a Ute Scharfenberg. .Me asomo a la ventana oteando el negro cielo estrellado: ¿Dónde está todo el mundo? ¿Dónde está todo el mundo?


A borbotones Las palabras salen a borbotones rompiendo las costuras de los labios quebrando la costra de sal y sangre fluyendo limpias y en tromba como un torrente de verdades y falacias escupidas a los sueĂąos pesadillas, esperanzas verdes o vanas

El vuelo de las moscas la fragancia de las flores sus esencias y podredumbres pesan y nivelan el vuelo de las blancas mariposas entre ellas haciendo suya la labor del cazador de palabras.

Las palabras quiebran la costra de sal y sangre fluyen limpias y en tromba como un torrente que rompe diques de verdades silenciadas y falacias publicadas valdĂ­os sueĂąos, esperanzas vanas las palabras cazadas salen a borbotones por las rendijas de las ventanas.


Chipirones en su tinta… negra Un albañil que solía ir disfrazado de sheriff de película del oeste asesina en Olot a dos personas en un bar y a otras dos en una sucursal bancaria, y en una conocida cadena televisiva dicen que es la consecuencia directa de la crisis a la que nos ha conducido y en la que nos mantiene la pertinaz incompetencia de José Luis Rodríguez Zapatero (sic). No quitaré ni pondré rey, pero si esto no es azuzar la violencia que venga Dios y lo vea. En Kosovo unos mal engendrados y peor paridos se encargaron durante la última guerra balcánica de engordar a presos serbios para posteriormente traficar con sus riñones. En la nauseabunda mafia estaba implicado Hashim Thaci, actual primer ministro kosovar y líder del PDK (Partido Demócrata de Kosovo). El presidente de Castellón, Carlos Fabra, ha visto como cuatro de los cinco delitos fiscales por los que estaba imputado han prescrito. Lo celebra en loor de multitudes de acólitos y entre gestos de aprobación de miembros de su partido como si hubiera sido declarado inocente. Nada más lejos de la realidad. Simplemente han prescrito, lo que permite deducir sin necesidad de ser Sherlock Holmes que tales faltas existieron. Cabe ahora preguntarse por qué se ha llegado a la situación de que hayan “caducado”. Por cierto, mis multas de tráfico jamás prescriben, me las cobran por vía ejecutiva. Mientras tanto, el señor Fabra planea que le sea erigida una enorme estatua en el aeropuerto (que sigue sin funcionar) de Castellón en su honor y a su mayor gloria a cargo del erario público. Yo también me he construido en casa una efigie mía, en plastilina comprada en un chino, comiéndome un moco. Un piltrafilla siempre es un piltrafilla. Políticos del Eje PSOE-PP, toda vez que parece ya imposible ser de una facción que no responda a las siglas de ambas facciones, se arrojan a la cabeza, recíprocamente y sin el menor atisbo de sonrojo, los trastos de la corrupción que se ha expandido como el chapapote en el Atlántico y ha dejado el panorama político español más negro que una ración de chipirones en su tinta… oscura, muy oscura. Mientras tanto los eufemísticos “Mercados” –Recuerdo al banquero Botín explicándole a Zapatero que “los mercados soy yo” –siguen apretando, y eso que el presidente del Deutsche Bank ha manifestado públicamente que España no es equiparable en modo alguno a Grecia, Portugal o Irlanda y no presenta mayores motivos de alarma que Bélgica, la Italia de Silvio Berlusconi, a quien ya llaman Papá Pitufo por la cantidad de pastillas de viagra que debe meterse entre pecho y espalda o bajo el peluquín para mantener alto el listón, y prácticamente al nivel de la Francia de Napoleón Sarkozy, el amigo de los gitanos. Y en España seguimos “ere que ere”. Es decir: los responsables de la hecatombe siguen


siendo los pensionistas, los obreros, los empleados públicos de medio pelo y los jovenzuelos ya ninis por obligación, que no por devoción, y ad aeternum. Nada nuevo, pues, bajo el sol nos deparó el final de 2010 y el advenimiento del 2011… a la espera del fin del mundo maya. De momento, y por si acaso, háganse amiguetes de algún controlador aéreo, mejor si es su supermegafantásticochupiguay portavoz, igualmente ideal de la muerte para regular el tráfico aéreo, que para anunciar champús de huevo o para invitarnos a una mariscada como es debido. “¿Qué sociedad hemos creado cuando una niña de 15 años desea prenderse fuego y morir?” se cuestiona el detective Kurtz Wallander en una de las brillantes novelas del escritor sueco Henning Mankell. Recomiendo que vean la brillante serie Mad Men –excepto si están dejando de fumar –. La publicidad, la propaganda y los vendeburras triunfan más que nunca, aunque ya no huelan a Varon Dandy ni fumen Lucky Strike, cantando que nos quiten lo bailao, lo bailao y lo que nos queda por bailar en salas brillantes financiadas con dinero oscuro… más que oscuro negro, como la tinta del calamar, de la desvergüenza, del nepotismo y de la corrupción… … Todo uno y trino.


III. Libertos 18 de Brumario Día 18 del nuevo Brumario. Le he colocado unas pinzas en las orejas a mi vecino porque ya sin forzar tiene pinta de vulcaniano, como míster Spock. Es camello, así que supongo que tendrá bastante facilidad para el trato con comunidades alternativas. Libertos como somos, rotas nuestras cadenas en mil pedazos, nos subiremos a nuestra nave Iberiator… no, mejor Averiator, y atravesaremos distancias siderales para expander nuestra civilización de hondas raíces helenísticas. El comandante Piltrafilla y su segundo Endrogueitor toman las riendas. De nostramo llevaremos a Rastreator y, para que no nos falte de nada, estaremos conectados a Series Yonkis, más que nada por fastidiar a Marroncín. Llevaremos símbolos de nuestra adelantada civilización: el Manneken Pis de Bruselas, la Sirenita de Copenhague –por si hay que putear a alguien –, la nariz de la Esfinge de Gizeh, el toro de Osborne con dos… cuernos, el Cobi de Mariscal, el Hombre de Vitrubio de Leonardo Da Vinci y los especiales de Play Boy con las proporciones ideales de los cirujanos plásticos. Nos acompañará Boris Izaguirre para que hablemos con glamour y seamos in y no estar out. Seremos superhéroes al estilo Marvel: mucha malla fashion, pero con un toque ibero: con los calzoncillos de topitos por fuera del pantalón de pana. Al estilo del Plutón Brb Nero de Alex de la Iglesia, la Averiator navegará por la Vía Láctea, la Plaza de España y más allá con etiquetas de Mirinda en su fuselaje. Nuestra tripulación estará integrada por lo más selecto del orbe y de su seno saldrá el nuevo equipo ministerial intergaláctico. Seremos más verdes que nadie, nuestro Ministro de Medio ambiente: será Shrek, ciénaga incluida. El jefe de la Diplomacia será el Capitán Garfio, con su proverbial mano izquierda. De Igualdad nombraremos ministro al escocés Mac Lítoris y de la cartera de Economía y Hacienda se encargará Pinocho, que nos mentirá igual que sus predecesores pero le pillaremos enseguida. Carlos Fabra será el responsable de Apuestas Mutuas y Loterías del Estado pues domina la suerte como nadie. Para Innovación necesitaremos alguna mente preclara como aquella señora de Vigo que se ha comprado el sol. En Infancia y Juventud nadie mejor que Sánchez Dragó y Salvador Sostres. Y en Deportes tendremos a algún ilustre veterano: Abdominator Ansar, al igual que en el Departamento de Comunicación del que se hará cargo Hugo Chávez para que nos alerte de la presencia de asufre y coordine la nueva TDT (en este caso, la Televisión Digital Extra Terrestre). Para que nada falle, le acompañará en la gestión su amigo el rey Juan Carlos I por si hay que hacer callar en algún momento al líder bolivariano. En la Presidencia, por último, necesitaremos a alguien dulce… Por ejemplo, a Bambi….No, que a éste ya le hemos tenido. ¡Qué felices seremos leyendo “Los Días de Gloria” de Mario Conde entre quásares y supernovas! A bordo de la Averiator surcaremos, libres, cultos y dichosos, las galaxias. Contaremos con Florentino Pérez por si fichamos algún galáctico y a Guardiola que siempre da buen rollito. A Laporta le cederemos el servicio del ala este para que haga sus necesidades con plena independencia.


Nuestro jefe de prensa será Mourinho, que maneja el tema como nadie, y de jefa de Protocolo y Relaciones Institucionales llevaremos a Belén Meentiendes Esteban. No necesitaremos a 007 contra la nueva Spectra, nos protegerá de sobra nuestro clásico Brosio… Ambrosio con su Gin… Botellín en la mano. En realidad no tendremos perversos némesis como Moriarty, nuestros rivales serán de medio pelo. Por ejemplo: Mariano Rajoy hará el papel del Doctor No. Volaremos más felices que Batman y Robin en Chueca el Día del Orgullo Gay y nuestros enemigos nos temerán más que el perrito Milou a Tintín con un tanga de leopardo porque llevaremos armas de destrucción masiva: las doce ediciones de Gran Hermano, los musicales de Lina Morgan y el pack completo de imitadores de Chiquito de la Calzada. No tendremos piedad: invitaremos a los altos prebostes de las diferentes religiones (vamos, los que siempre están de misiones y están al lado de los necesitados) y les soltaremos más allá de Orión para que prediquen a gusto tras la Puerta de Tannhäuser y lleven su buena nueva lejos, muy lejos, apoyados por el don de palabra de nuestros más preclaros líderes políticos: Pajín, Aído, Camps, Aguirre, Gallardón, Carod, Moratinos… Mientras, los Cachuli, Bigotes y demás imputados prescritos, que no proscritos, velarán por nuestras finanzas allende las estrellas –con un poco de suerte se lucran y se pierden por allí –abriendo nuevos horizontes de prosperidad, esplendor y paz. Tiembla Darth Vader, los jodidos jedis libertos acuden al rescate de la República oprimida por el Reverso Oscuro de la Fuerza.


Libertos miserables Los libertos respiran sudorosos bajo el sol implacable. La libertad total no existe para ellos, siempre queda un nexo con el domine o la domina. Algunos engrosan el cuerpo de funcionarios del Imperio… Sol de injusticia, sol de podredumbre, sol de mezquindad. Gente de sobra invade las calles enlodadas, hay gente que dictamina que hay gente que sobra sobre un mundo al que todos fuimos reclamados. Las cosas no marchan bien pero no siempre será así. Asistiremos al despertar de un nuevo mundo. Una nueva esperanza que latirá bajo el pecho de miles de hombres, con libertos sin restricciones, sin gente que sobre ni gente que dictamine que otros sobran o ya no sirven… que en realidad significa que ya no les sirven. El trigo crecerá alto y a salvo de plagas, las mariposas de alas de papel brillante volarán con el viento que mecerá nuestros cabellos a bordo de un tren lleno de vagabundos. Miles de manos, un solo corazón cuando se abra la tierra y ardan los mares con un sentimiento nuevo. Sonará el violín y el banjo ante la hoguera que purifica y une tras la cosecha. Los miserables de Víctor Hugo se desangraban desde la derrota de Waterloo hasta la Revolución de 1830. El verdadero protagonista de la novela es el pueblo, pobre, mugriento, miserable pero también capaz de brindar grandes gestos de nobleza. La verdadera naturaleza del bien y del mal, las consecuencias de la extrema pobreza, el bálsamo del perdón y el afán de redención están sobre el tapete. Jean Valjean rompió el escaparate de una panadería para robar pan con que alimentar a sus sobrinos y fue condenado por ello a cinco años en el presidio de Tolón, en régimen de esclavitud en una vida miserable: “Mira abajo, agacha la mirada, aquí cavarás tu tumba….” cantan en el brillante musical sobre la obra de Víctor Hugo. La condena se incrementó finalmente a 19 años tras varios intentos de fuga, lo que le convirtió en un ser miserable sin corazón y lleno de ira y rencor: “No me queda más que odio para gritar”, clama. Tras robar al obispo que le dio cobijo su vida da un giro e intenta volverse un hombre bueno; llega a ser dueño de una fábrica y alcalde de Montreuil-surMer bajo un nombre falso. Pero le reconoce Javert, el jefe de policía local y antiguo oficial de prisiones, que dedica su vida a perseguirle hasta que lo detiene y, por razones largas de explicar, lo deja marchar y se suicida. Jean Valjean muere enfermo ante Cosette, su hija adoptiva, y el novio revolucionario de ésta, una nueva esperanza, la promesa de un futuro sin miserables. “Yo tuve un sueño en el pasado, en el que la esperanza era fuerte y la vida valía la pena ser vivida. Soñaba que el amor nunca moriría y que Dios siempre perdonaría…” - canta la pobre Fantine, madre de Cosette, en “I Dreamed a Dream” de la famosa adaptación musical de la novela -, “pero los


tigres llegaron por la noche, con sus voces de trueno, diezmando la esperanza y transformando los sueños en vergüenza…”. Fantine, prostituta dulce y miserable a partes iguales, ve alejarse la silueta esquiva de la esperanza: “Pero aún sueño que vendrá por mí y viviremos el resto de nuestra vida juntos… Pero hay sueños imposibles como hay tormentas que no podemos capear. Yo soñé como sería mi vida, tan diferente del infierno que estoy viviendo… La vida ha matado mi sueño.” El amor, como canta el duque de Mantua en el drama del bufón Rigoletto, “hasta en los tronos hace esclavos”. Esta ópera de Verdi, por cierto, también es una adaptación de otra creación de Hugo: “El Rey se Divierte”, quien jamás dejó de denunciar y combatir las diferencias sociales en Francia. “La sociedad nos dice: “no matarás”; ¿cómo lo dice? matando”, nos recordaba Víctor Hugo, defensor a ultranza de la educación laica, del sufragio universal, gran ilustrador, y enemigo declarado del desfavor social de la mujer. Sé, como él, que un día encontraremos un lugar y viviremos un tiempo donde el amor no sea de usar y tirar, ni las ideas ni los sueños, aunque para ello tengamos que sudar sangre, sudor y lágrimas, como en el discurso de Churchill. No dudéis que un nuevo día empezará y respiraremos el despertar de un mundo nuevo. Hasta los caminos más largos comienzan dando un primer paso. Como escribiera Antonio Machado, “caminante, son tus huellas el camino y nada más, caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.


Fachadas Fachadas. Apariencias de alguien o de algo. Imposturas que a menudo cubren y disimulan verdaderas intenciones, caracteres reales. Cuando yo era un jovenzuelo llegó a las calles de San José de Valderas un fantasmilla musculado al que apodábamos Hong Kong Fui, en honor a un dibujo animado muy popular en la época. Iba con pose de perdonavidas escoltado por otros dos matoncillos. Pura fachada. Pronto descubrimos que tras su maquillaje de matón, el Mafi encerraba a un tipo taciturno, apocado y, en realidad, buena gente que intentaba ocultar su verdadera personalidad tras ese disfraz. Demasiado tarde, ya se había hecho demasiados enemigos. Más tarde fue aún para Hong Kong Fui. Un día, José Fernando, un tipo entrañable del que me sigo preciando de ser amigo y al que apodaban Atila –algo que odiaba y sigue odiando, por cierto –harto de las quejas que oía proferir a diestro y siniestro sobre éstos fue en su busca y le propinó una tan merecida como sonora paliza a Hong Kong Fui, poniendo las cosas en su sitio, es decir: explicándole que no era el matón del barrio ni de coña, derribando su fachada y dejando a la luz la miseria del solar. La verdad es que siempre hay alguien más fuerte, más guapo y más de todo que uno. Viene todo esto a cuento al contemplar la estampa de José Luis Rodríguez Zapatero con los magnates principales de EE.UU. Viendo la foto del presidente del gobierno rodeado de los grandes empresarios y banqueros de España, con el retrovisor puesto en los grandes empresarios y banqueros del mundo. Esos que eufemísticamente se llaman los mercados. Viendo que no había un solo trabajador en la citada reunión, ni un solo piltrafilla, ni tan siquiera uno de los denostados representantes de los sindicatos. Escuchándole expresar con suma firmeza que abordaría todas y cada una de sus reformas: todas ellas encaminadas al recorte de la pensiones de los jubilados, a la congelación o recorte incluso de los sueldos ya de por sí más precarios de Europa occidental, eres y ajustes de plantilla, siempre por el lado débil de la cuerda, revisando si no eliminando los convenios laborales sin que le tiemble el pulso, recordé cuan sencillo es olvidarse de los orígenes, cuan sencillo es mostrarse duro e inflexible con los desfavorecidos o desvalidos. Tan simple como mezquino. Viéndole tan alejado de obreros, proletarios y desfavorecidos, tan lejos del pueblo, en suma, no pude por menos que meditar en qué pensaría el presidente cuando fuera a refugiarse entre las blancas sábanas o al contemplarse en el espejo. Es difícil imaginarse a un autoproclamado socialista tan alejado de sus supuestas bases. Quizá olvidó que es socialista o, al menos, que lo era… Tal vez no lo es, quizá nunca lo fue. Fachada. Pura fachada.


El exministro Solchaga decía a sus acompañantes. “No sé porque sonreímos tanto, que el año se presenta difícil”. Exministro, exsocialista, consejero, como lo es José María Aznar de Endesa en Latinoamérica –a cambio de 250.000 euros anuales –o Felipe González de Gas Natural Fenosa, con idéntico cargo y lugar –por 126.500 euros anuales –. Se unen en el objetivo final. Esto es lo que cuenta, dejar las filas de los fenicios para engrosar la de los súperfenicios con la mano en la buchaca, amasando machacantes mientras adoctrinan al personal. Fachadas… Puras fachadas. Atila, perdón, José Fernando: ¡¡¡Socorro!!!


Leviatán “Y creó Dios los grandes monstruos marinos” (Génesis, 1:21). El Leviatán es una bestia marina creada por Dios pero asociada a Satanás. A menudo se la dibuja con forma de serpiente o de dragón. En el Talmud se dice que el Leviatán es un “pez monstruoso creado en el quinto día de la Creación”, cuya carne “será servida como banquete para el honrado” junto a la del Ziz, el gigantesco rey de los pájaros cuyas alas desplegadas oscurecen al propio sol, y la del enorme hipopótamo Behemot, la primera criatura de Dios, que se alimenta como un buey y tiene huesos de bronce y cartílagos de hierro. La piel del Leviatán será usada “para cubrir la tienda donde ocurrirá el banquete” tras el Armagedón bíblico, “cuando las naciones usen sus armas mortíferas para pelear unas contra otras y después amenacen con destruir a los siervos de Jehová, el Hacedor de la Tierra tomará medidas”. Esta guerra limpiará de la Tierra toda la corrupción y maldad abriendo el camino para un nuevo sistema bajo el Reino de Dios (Isaías 11:4, 5). Así entendido, el Armagedón marcará un feliz comienzo para los justos que vivirán para siempre en una Tierra paradisíaca (Salmo 37:10,11). Los marineros del siglo XIX identificaban al Leviatán con una enorme ballena o con una serpiente marina que aniquilaba barcos. Tras la publicación de la novela “Moby Dick” de Herman Melville, el Leviatán tomó la identidad y la forma de un cachalote albino, el animal dentado más grande que existe y el que mayor profundidad alcanza en inmersión –más de 3.000 metros –, llegando a medir 20 metros de largo. Esquilmado de los mares para obtener su ámbar gris, su aceite y su espermaceti, y cuyos únicos rivales son la orca –ballena asesina de ballenas –el calamar en sus variantes gigante y colosal –el legendario Kraken –del que se suele alimentar, y por supuesto el hombre. No deja de resultar paradójico que el máximo peligro para el mayor depredador acuático sea un animal terrestre que incluso debe aprender a nadar para no perecer entre las olas. Philip Hoare escribió en 2009 uno de los mejores libros que pululan por el mercado literario en la actualidad: “Leviatán o la Ballena”, que en mi modesta opinión debiera ser de lectura obligatoria en todos los institutos del mundo. Tanto si es aficionado al submarinismo o al mundo submarino como si estos temas le interesan lo mínimo, debería leer un ejemplar de esta magna obra que ha merecido el premio BBC Samuel Johnson al mejor libro de no ficción publicado en Reino Unido. Phillip Hoare ha escrito una obra maestra que entrelaza con suma pericia ciencia, mitología, pintura, fotografía, novelística y poesía, construyendo un apasionado, profusamente documentado y muy ameno estudio de los cetáceos, aprovechando para dar luz a la lectura –a veces confusa –y la génesis de la genial “Moby Dick” –a veces uno llega a dudar si Herman Melville se ha podido reencarnar en Phillip Hoare –y de los albores, desarrollo y decadencia de la industria ballenera estadounidense, íntimamente ligada al


comienzo del imperio norteamericano y a su movimiento abolicionista, y también a la de Albión: “Sobre ambos pilares se asentaron las bases del imperio británico: el tráfico de esclavos para el cultivo del azúcar y la caza de ballenas para la fabricación de aceite”. El único riesgo que corremos al navegar por las apasionantes páginas de este ensayo literario consiste en que inmediatamente nos invade el deseo de hacer el equipaje y visitar todos y cada uno de los lugares que cita el autor para verlos en persona… eso y enrolarse en un barco, enfundarse el traje de neopreno y bucear junto a los gigantes marinos. Cachalotes, belugas, narvales, ballenas boreales, ballenas azules, ballenas jorobadas, ballenas piloto, ballenas corcovadas, ballenas enanas, ballenas de cuello de botella, marsopas, orcas, calamares mitológicos, sirenas, bajeles, arponeros, esclavistas y abolicionistas, novelistas, científicos, expedicionarios, mecenas, reyes y aventureros de todo tipo y condición se dan cita en estas maravillosas páginas que no deben pasar ante sus manos sin ser atrapadas y devoradas porque, sencillamente, conforman uno de los contados libros que nos hace mejorar como seres humanos, miembros activos de este planeta que llamamos Tierra cuando debiéramos llamarlo Agua.


El orangután, el consolador y el mapache arrancapenes Les voy a cantar una milonga, la milonga del orangután, el consolador y el mapache arrancapenes, que es a lo que me impulsa el mapa informativo reciente. Está el enfermo –la sociedad, le dicen algunos –muy malito y el patio necesita un ejército de barrenderos para adecentarlo, aunque dudo que haya escobas suficientes. La prestigiosa revista “Nature” nos informa de que un equipo de científicos de la Universidad de Washington en Saint Louis, entre ellos varios españoles huidos de los sucesivos recortes a nuestra ya de por sí enclenque I+D, ha conseguido la primera secuencia genética completa del orangután y la conclusión es significativa: su genoma es idéntico al nuestro en un 97%. Como nosotros, gritan cuando se asustan y se ríen presa de las cosquillas, incluso saben manejar herramientas, como un serrucho. Cualquiera que se dé una vueltecilla por los fondos de un estadio de fútbol entre las hinchadas ultras puede comprobar la certeza de esta coincidencia genética con el orangután. Los científicos afirman, no obstante, que esa diferencia del 3% restante esconde importantes diferencias que nos distinguen de los simios pelirrojos. Insisto: cualquiera que se dé una vueltecilla por los fondos entre los ultras de un estadio de fútbol lo sabría: el hombre se dedica a vociferar y a tirar botellas sobre la cabeza de un portero, mientras los orangutanes, al menos, saben usar un serrucho. Sí, las diferencias que nos distinguen son reales. Amén de que su vida sexual es mucho más placentera y exitosa, baste como claro ejemplo el de Alexander Kirilov, un hijo de la madre Rusia que en un fin de semana moscovita –algo parecido a nuestras noches toledanas –y dominado por el vodka vio a un mapache y decidió explorarle el esfínter anal. “Vi al mapache y pensé que sería buena idea penetrarle”.En cambio, al animal –me refiero al mapache, aclaro – no le pareció buena idea y le arrancó el pene de una dentellada ¡Qué dañina combinación la del exceso etílico y la falta de sexo! Es decir, el ruso le propuso un griego invasivo y el mapache le respondió con un francés incisivo ¡Ay, la Alianza de Civilizaciones! Los médicos moscovitas no daban crédito y a Kirilenko, que según parece tenía voz de tenor, le ha cambiado el registro vocal. Hace unos siglos hubiera sacado rendimiento económico en el circuito operístico como castrati, pero ya no es el caso. Lo de menos es su actividad sexual con el pene, pues a tenor de lo visto no debía utilizarlo mucho en tales menesteres. Ya hay grupos en Facebook bajo los siguientes lemas: El mapache arrancapenes y Señores que intentan violar a un mapache y se convierten en señoras. El sexo, a veces, nos pone en situaciones complicadas, sobre todo si eres presidente de gobierno, italiano y pasas cerca de un instituto femenino – combinación explosiva y sumamente lucrativa para los fabricantes de cialis –. Por cierto, van a rodar una película porno llamada “Bunga-Bunga Presidente” basada en las hazañas de Súper Berlusconi I, el rey de la viagra, Y si dudan de lo que digo, pregunten al policía de Illinois que tuvo que defenderse con su porra ante una mujer que le agredió blandiendo un consolador. En fin, esa


bizarra escena de esgrima entre estos peculiares Darth Vader y Leia nos conduce al gran clásico del cine porno “La Guarra de las Galaxias”. La mujer se defendió con denuedo, al fin y al cabo sabía perfectamente donde había estado su pene de goma; sin embargo la porra podría haber estado en cualquier lugar. Si las porras, los pepinos y los churros hablaran… Por otro lado, ¿qué le diría el agente a su mujer al regreso a casa? ¿Me tuve que batir en duelo singular con mi porra contra el vibrador de una señora? ¿Por qué tuvo que recurrir la señora a un consolador cuando él sacó su porra? ¡Qué justicia poética: la porra batiéndose en retirada ante el pene! Las malas lenguas –es un decir, un mal recurso, ya lo sé –dicen que la mujer pensó: “por fin un pene me sirve para algo positivo”. En fin, como digo, el panorama está más que regular. Menos mal que el orangután sabe utilizar el serrucho –pensándolo bien, al ruso le hubiera dolido aún más si se hubiera cruzado con el simio que con el mapache… y hubiera sido más lento –. Claro que el orangután prefiere irse, como es bien sabido, con la orangutana a vacilar a casa de la mona Juana… Hay un considerable 3% de diferencia genética a su favor.


Stephen Hawking y las Lagartas Amarillas (II) Ya están aquí, vienen ya. Ya vienen los marcianitos, ya vienen los marcianitos, caminito de Belén, lereleré, Holanda ya se ve. Ya escribí en abril de 2010 que el genial Stephen Hawking avanzaba la posibilidad de una invasión alienígena – “Hawking y las Lagartas Amarillas” lo titulé –. Por tanto no tengo más remedio que volver al tema para cerrar el círculo, ahora que la amenaza se cierne sobre nuestras cabezas. Científicos del SETI –Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre –han predicho que tres naves espaciales gigantescas se dirigen a la Tierra, previendo su llegada para el primer tercio de 2011. "Tres naves espaciales gigantes se dirigen hacia la Tierra. La más grande de ellas es de 200 millas de ancho. Las otras dos son ligeramente más pequeñas. En la actualidad, los objetos se desplazan por Júpiter. A juzgar por su velocidad, deben estar en la Tierra a principios de 2011 ", vaticinó John Malley, un experto de la citada agencia. Nada menos que 200 millas tiene la nave nodriza. Eso si que va a ser una invasión y no por la que protestan los vecinos de Vic. Miles de pateras intergalácticas arribando a nuestras ciudades… ¡Y en plena Semana Santa sevillana!. Fin de la crisis en la hostelería, sí, pero… ¿Les dejaremos fumar en los bares? Bueno, seamos cautos, revivamos el espíritu de la ex ministra Bibiana Aído y llamémosles extraterrestras y extraterrestros, por aquello de la igualdad, y limamos posibles asperezas. “Si nos visitaran, los resultados serían como cuando Colón llegó a América, algo que no salió bien para los nativos americanos”, decía Hawking; “estos extraterrestres que expoliarían nuestros ya sobreexplotados recursos naturales podrían ser herbívoros, bípedos, amarillos y con forma de lagarto”. Como en la serie “V”, pero sin tías buenas en apretados vestidos de látex, apuntaba yo sobre las reflexiones del genial científico. El motivo es evidente: las reptiles no tienen tetas… ¡Hmmm! ¿Dónde miraremos los hombres entonces?... Podría ser una fuente de futuros conflictos intergalácticos. Eso y la primera vez que vieran “Sálvame” con Belén Esteban y Karmele Marchante desatadas… Se engancharían también a las vicisitudes de la Campa, el Cachuli y el Chofer que un día se ligó a una amiga de una ex de un torero que a su vez fue vecino de un futbolista que se tomaba copas en el bar de un primo segundo que cierta vez le vio el tanga a una famosa que se parecía a la Esteban mientras la noche le confundía: ¡Dios mío, la telebasura extendiéndose hasta el infinito y más allá! Basile será el emperador del Reverso Oscuro de la Fuerza. ¡Qué bien!, ya no tendré que aprender inglés, ni siquiera chino mandarín –el fin del imperio oriental se producirá en cuanto descubran las botellas de licor de lagarto en sus restaurantes –. Empezaremos todos de cero hablando reptiliano. Yo, de entrada y preparando el terreno, me revisaré todos los programas de Frank de la Jungla, en especial el de los Dragones de Komodo, el de los cocodrilos y los de ofidios. Hay una corriente de opinión que sostiene que la llegada alienígena responde a la llamada de auxilio de la ministra González Sinde y de la SGAE para apoyar su ley contra las descargas ilegales y, de paso, frenar las filtraciones


de Wikileaks –Hay quien sostiene que, sin duda, el cerebro de George W. Bush y los abdominales de Aznar son de origen alienígena –. Lucha sin cuartel contra la piratería global, La Ciberguerra de las Galaxias. Aunque no lo veo muy claro. Creo que si escucharan un par de temas de Ramoncín, en el acto de agradecimiento de la SGAE, les haría salir de naja ipso facto y no pararían hasta Reptilón. Una segunda teoría se centra en que dicha invasión extraterrestre es la que explica la desaforada actividad sexual de Silvio Berlusconi. Ya saben: ¡A follar que el mundo se acaba! y, además, cuando le quieran juzgar ya estaremos dominados por los alienígenas. Claro que si es verdad que son lagartas amarillas, como sean jovencitas y pisen la finca del presidente italiano no las salva ni la paz ni la caridad del ímpetu sexual del rey de la viagra. Aún más: ¿Y si el propio Berlusconi fuera un alienígena –perdón, señora Aído: alienígeno – infiltrado y ha comenzado por su cuenta la colonización de la Tierra procreando con las féminas italianas? El peluquín que luce y su manera horripilante de cantar inducen a sospechar de él cuando menos. Tal vez el extraterrestre sea el peluquín y quien le mete esas ideas de Cañita Brava en la cabeza. Una tercera corriente sostiene, en cambio, que se trata en realidad de la llegada de intermediarios con el nuevo fichaje galáctico de Súperfloren, cabizbajo y desalentado con los modestos resultados de Mou, el Malo. El Reptil de Orión, que así le apodan en su planeta –aunque aquí presumiblemente le llamarán el Feo, o algo peor tras dos fiestecitas suaves en la noche de Madrid y perder como siempre ante Osasuna –es una mina vendiendo camisetas allende nuestra atmósfera, y se complementará a la perfección con Cristiano Ronaldo, el Chulo, y con Casillas, el Bueno. El imperio blanco extiende inexorablemente sus redes por la galaxia. En las épocas oscuras del fútbol español –es decir, casi siempre –, un amigo me decía que el Día del Juicio Final sería justo un día antes de que España ganara un Mundial. ¿No queríais caldo? Pues dos tazas. Insaciables con hambre atrasada, hemos ganado la Eurocopa y el Mundial y he aquí la funesta consecuencia: invasión alienígena al canto. En cualquier caso y como Stephen Hawking nunca falla, como los donuts en una cartera escolar, me apunto voluntario para introducirme en sus naves, en la gigante eso sí –burro grande, ande o no ande –y partir con ellos a su planeta en amistosa embajada –si me pagan dietas y el kilometraje me forro –. Quién sabe, quizá sepan sacarnos de la crisis con un nuevo sistema económico menos humano que los conocidos porque lo que parece impepinable es que, con extraterrestres o sin ellos, los que verdaderamente originaron esta crisis no van a pagar por ello. Todos los piltrafillas seremos esclavizados para reconstruir las pirámides que para eso andan de revolución por Egipto; los piltrafillas, sí, porque seguro que el inefable Díaz Ferrán y sus amiguetes se libran y se hacen con las riendas de la CEOE alienígena. Ya es mala suerte, Mariano, montas un circo y te crecen los enanos. Ahora que Zetapé estaba tocado y pensabas barrer en las sedientas urnas, aparecen los extraterrestres y te chafan la victoria electoral. “Así no hay forma de ganar unas elecciones”, me cuentan que dijo molesto Rajoy a sus asesores.


Por cierto, ¿qué opinará de todo esto el mapache arrancapenes? ¿Formará parte también de la avanzadilla alienígena? ¿Fue descubierto por Kirilov, convirtiéndose así en la primera víctima de la guerra? En este totum revolutum suele puede haber un final lógico: Real Madrid y Barça desaparecen y el Atleti gana todas las competiciones. ¡Ahora, Atleti, ahora! Eso sí, no quedará nadie para entregar el trofeo… Nadie dijo que fuera a ser fácil.


De peras, manzanas, dictadores, terroristas y demás honorable gentuza La Delegada de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, Ana Botella, afirma –amén de que Zapatero tiene la culpa de todo, algo que ya no es novedad; a menudo me pregunto donde estaría nuestro presidente el día que mataron a John F. Kennedy –que el nivel de polución del Foro no es preocupante, que responde a “informes apocalípticos” de la Fundación Ecología y Desarrollo, y que lo que verdaderamente asfixia a los madrileños es el paro. No veo que una cosa obste a la otra, pero imagino que esto pertenece al capítulo de los procelosos razonamientos de los políticos españoles, maestros en las artes del automedalleo y del escaqueo a la hora de asumir propias responsabilidades en el desempeño de sus funciones. Es de suponer que el problema se solucionará cuando ella gobierne en Madrid –como en su día hiciera José… no Aznar sino José Botella, hermano de Napoleón Bonaparte –. Acabará con el desempleo y seremos felices ajenos a la polución tras unas máscaras de gas decoradas por Agatha Ruiz de la Prada. En cualquier caso, la afirmación no debería sorprender a persona alguna proviniendo de quien lo hace. Recordemos: se trata de la misma señora que no sabía qué resultado obtendría si en una mano tuviera 4 manzanas y en la otra sostuviera 4 peras. Hasta los escolares más pequeños lo saben: unas enormes manazas. El recuerdo de Pepe Botella –curioso mote para un completo abstemio, por cierto; las malas lenguas, ya se sabe –me lleva a Nicolás Sarkozy, que ha sido elegido en Francia como “el Rey del Yo”. Yo, mí y conmigo son las tres palabras más usadas por la reencarnación viviente de Napoleón. Jean-Marie Le Pen es quien usa más veces la palabra nación –¡ay!, mis queridos patriotas de pandereta –, mientras que la socialista Segolene Royal está abonada a los vocablos familia y niños. Esto último no siempre es bueno, los pedófilos también los manejan a menudo. Los políticos, en general, no atraviesan por sus mejores momentos. Más que nada porque a la mayoría se les han roto las gomillas de la careta y se han quedado sin disfraz, desnuditos, desnuditos como el rey del cuento. El hit parade lo encabezan últimamente Hosni Mubarak, más conocido en Egipto como Tutankabrón, y el ínclito Silvio Berlusconi, que ha devenido en ser una mezcla entre Tiberio con su famosa piscina llena de “pececitos” –efebos con los que se relajaba de sus arduas labores imperiales –y Calígula, que fundó un lupanar donde obligaba a prostituirse a las patricias romanas bajo pretexto de recaudar fondos para el Imperio… ¡Qué curioso! De nuevo el Egipto faraónico y la Roma imperial como en los tiempos de Cleopatra y Julio César… y Marco Antonio…y… bueno, todos los legionarios romanos en general, que a la chica de la nariz generosa le molaban los gladios y los pechos de lata más que a Don Silvio las alumnas de instituto. Hosni Mubarak, el último faraón, avienta el fantasma de los islamistas radicales para intentar mantenerse en la poltrona piramidal, como el resto de dictadores árabes, pero convendría recordarles –y reflexionar sobre ello de paso –que quizá éstos no existirían sin sus gobiernos y sus prácticas corruptas, abusivas y represoras contra su propio pueblo empobrecido hasta el paroxismo. Que sin ellos, quizá estos pueblos árabes convivirían en armonía en el seno de la Comunidad Internacional como verdaderas democracias y sin terrorismo. El presidente italiano se defiende como gato panza arriba arguyendo que no ha hecho nada malo. Las escalas de valores son relativas, por supuesto, y los desengaños


son los peldaños de la escalera que conduce a la gloria. El premio de los elegidos es la soledad y la incomprensión. Incomprensión, ésta es la cuestión. “The Guardian” se pregunta en un editorial qué opinarán los ciudadanos: si mandan más los políticos o los banqueros, pues la consecuencia más evidente de esta crisis económica es que éstos siguen igual de boyantes, sino aún más, que estaban cuando comenzó la crisis de las subprimes a pesar de estar directamente implicados en la misma. El rotativo británico concluye que “la respuesta no les agradaría a los políticos”. Para ese viaje no eran necesarias tales alforjas. En España lo sabemos hace años. Recordemos la frase aleccionadora de Emilio Botín a Zapatero I, el Exocialista: “Los mercados soy yo”. A “The Guardian” habría que recordarle los sucesivos ataques al euro desde la City londinense por parte de las agencias de calificación, curiosamente británicas… ¡Horror, hemos perdido la inocencia, como los yanquis en Vietnam! Zapatero, por su lado, está muy dichoso porque le ha felicitado Ángela Merkel por las medidas adoptadas por su gobierno, es decir, por él. Me pregunto si una felicitación de la Merkel debería ser motivo de satisfacción para un socialista. Quién sabe, los tiempos están cambiando… sí, pero para que nada cambie. Y volviendo al terrorismo, esta vez patrio, mientras escribo estas líneas Rufi Etxebarría, portavoz de Sortu –exBatasuna, exHerri Batasuna, ex… –le contesta a Carles Francino en la cadena SER que “yo no tengo ningún miedo de ETA”. No es de extrañar, pero opino que hace mal, porque nada debemos temer más que a nosotros mismos. ETA, Batasuna, Sortu, como el Santo Misterio: uno y trino. Por eso mismo los Papas y los obispos temen tanto a Dios, y el Diablo cuando se aburre, como Berlusconi, con el rabo hace lo que puede. Así que, cuidadín, Rufino, cuidadín, que el que no trinque tras el reparto de poltronas, escaños, despachitos oficiales y demás rentables agujeros, y tenga que buscar trabajo y madrugar seguirá matando. Es más fácil y cómodo tirar de gatillo, sobre todo si es a una nuca desarmada.


Efectos de Chernóbil La información es un arma formidable. Nos enteramos por la BBC de que en la central nuclear de Chernóbil sólo se ha invertido un euro de cada dos de los inicialmente previstos para el correcto sellado del reactor nuclear averiado, con el consiguiente peligro de que doscientas toneladas, nada menos, de material radiactivo entren en contacto con el exterior –es decir, nosotros –. El montante estimado para la operación asciende a dos mil millones de dólares, nada menos, que deberían repartirse entre el G-8, Europa y la madre –del engendro –Rusia. De no conseguirlo se reproduciría el desastre nuclear que aconteció en la citada localidad en 1986. Aún hoy se siguen acallando los riesgos de esta tecnología, por mor de su supuesto ahorro económico y su también supuesta limpieza, unos riesgos evidentes que se multiplican exponencialmente con la escasez de dinero. Así pues, si se cruzan en una playa marbellí con verduzcos seres mutantes de ojos amarillos, con orejas en la frente y un pene por nariz, no se alarmen, no están ante una invasión alienígena sino ante unos excursionistas rusos. Los próximos seremos nosotros, los isótopos no entienden de fronteras ni de barreras aduaneras, al menos que sepamos. Aprovechen, Mutantes Sin Fronteras ha abierto el cupo de inscripción. Por cierto, recientes estudios descartan que las uñas extra largas que lucen en los meñiques algunos ciudadanos chinos sean producto de una mutación, aunque yo no lo descartaría del todo, sino que son plenamente naturales. Mi amigo Jesús Sáiz la llama “la uña ecológica”, pero tal nombre acompañado de la información de que si los chinos usaran papel higiénico no quedarían árboles en la Tierra, hace sospechar del verdadero uso que dan los orientales a dicha “uña ecológica” y a buen entendedor… La información, como decimos, es un arma formidable. La consultora Strategic One y los laboratorios Pfizzer han publicado un informe titulado “¿Qué quieren las mujeres?” basado en una batería de encuestas –500 de ellas en España –a mujeres europeas con pareja y mayores de 35 años de edad. El resultado, harto elocuente: el 80% de las españolas, es decir ocho de cada diez, afirman necesitar más sexo. Así como suena. Adiós al mito del dolor de cabeza ¡Españoles, la patria os necesita, y os necesita salidos! Yo hago cuanto está en mi mano por mantener satisfecho mi cupo, pero no es suficiente. Los escasos sementales hispánicos no dan abasto. ¡Más madera, es la guerra! Esto va más allá de la lujuria, es una misión patriótica. No podemos abandonar a nuestras compatriotas en los brazos de la frustración sexual. Dejad la videoconsola, desengancharos del facebook, del fútbol y los vídeos guarretes, ellas os necesitan… siempre y cuando no sufráis disfunción eréctil, halitosis o tengáis exceso de ego, pues son los tres inhibidores de la libido expuestos por las encuestadas insatisfechas. Así pues, más cepillo de dientes, más cialis llegado el caso, menos tapitas… y menos fantasmadas con la métrica fálica que luego las decepciones son muy malas. Recordad: España os lo demanda. En cualquier caso, si vemos que no saldremos airosos de la misión podríamos echar mano de los jóvenes japoneses que, según otro estudio estadístico similar, no están muy atraídos por practicar sexo en su país.


Demasiado manga y karaoke, imagino, los Gormiti dejan secuelas más tarde o más temprano, de hecho a las españolas de la edad objeto del estudio las atracaron a ver episodios de Heidi y Marco en su infancia; bueno, y de La Casa de la Pradera, que también tiene lo suyo, la verdad sea dicha. Pero debe haber algo más porque, según la citada encuesta, las europeas más insatisfechas con su vida sexual son las suecas, al parecer insaciables. Este dato tiene una doble lectura: es la explicación real de las incursiones de los guerreros vikingos, que se daban al saqueo lejos de su tierra huyendo en realidad del frenesí sexual de sus hembras –con lo cual quizá no sería tan incierto aquello de los adornos de sus cascos –o la actual insatisfacción de las nórdicas hunde sus raíces en sus estancias veraniegas en nuestras soleadas playas, algo que sin duda las marcó definitiva y fatalmente. Baste recordar la simpar figura de José Luis López Vázquez en su papel de macho hispánico playero, cubata en mano y desplegando su tradicional abanico seductor a las rubias escandinavas a la altura de sus pechos: “Señorita, aquí un amigo, un admirador, un esclavo, un siervo….” Estaban condenadas, las pobrecillas… … Y nosotros también.


No repetir lo que está dicho He recibido un e-mail muy interesante de un antiguo profesor muy querido por mí sobre la educación femenina durante el franquismo. En dicho ideario de la Sección Femenina de Falange podemos leer pensamientos como los rubricados por Pilar Primo de Rivera, su máxima representante: “Las mujeres nunca descubren nada; les falta, desde luego, el talento creador, reservado por Dios para inteligencias varoniles”; “sabes que existen las pasiones, pero todo ello es lo más feo, triste y pecaminoso de la humanidad”; “de la mujer sensual no se ha de esperar trabajo serio, idea grave, labor fecunda, sentimiento limpio, ternura acogedora”; “la vida de toda mujer, a pesar de todo cuanto ella quiera disimular no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse”; “ofrécete para quitarle los zapatos, háblale en tono bajo, relajado y placentero; escúchale, déjale hablar primero; recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos; nunca te quejes si llega tarde o si va a otros lugares de diversión sin ti; ten preparada una bebida fría o caliente para él; no le pidas explicaciones acerca de sus acciones o cuestiones, su juicio o integridad, recuerda, en suma, que es el amo de la casa; no le aburras con tus aficiones, los intereses de las mujeres son triviales en comparación con los de los hombres”. Todo ello refuerza mi creencia en la democracia, aunque sea un sistema imperfecto del que se aprovechen corruptos, violentos y maleantes, unos buscando exclusivamente su provecho particular y otros directamente su destrucción conspirando desde sus propias entrañas. Aunque sea un mal sistema, injusto y descompensado, sigue siendo el menos malo de los sistemas políticos hasta ahora practicados. Cierto es que debemos vigilar estrechamente a nuestros líderes y castigarlos o premiarlos en las urnas y manteniendo a la par una actitud social activa. En ello, como se está viendo en la actualidad, cobran un papel protagonista las denostadas por ciertos medios y ciertas esferas del poder (y por tan inconfesables como obvias razones) redes sociales. El ciudadano recobra gracias a éstas un poder perdido tras décadas de imposición de filtros e intermediarios entre él y el poder real, algo directamente extrapolable a otras esferas sociales como las potentes discográficas, las distribuidoras cinematográficas o las grandes editoriales. Debemos desconfiar de quien permanentemente esgrime su derecho a la libertad de expresión pues la historia nos demuestra que suele ser el primero en cuanto tiene ocasión en silenciar o maniatar la de sus adversarios. Debemos huir de los radicalismos, pues siempre concluyen en enfrentamientos cruentos y regímenes dictatoriales y aún más corruptos. Debemos evolucionar, sin prisa pero sin pausa, para evitar revoluciones e involuciones a un tiempo. Debemos enfriar ciertos impulsos viscerales en aras de obrar con la mente fría y despejada. Debemos enfriar las teas y sofocar las hogueras para encarar el camino recto con claridad. Debemos derribar las barricadas de unos y otros para atravesar el camino libre de obstáculos. Debemos emular a Ulises e ignorar los cantos de sirena que nos empujan a una violencia sin sentido. Apelar menos a la víscera y más al cerebro. Debemos apelar más a las razones y menos a los cojones.


Debemos, en suma, cambiar despacio pero infatigablemente como en la buenas dietas para que las cosas cambien verdaderamente y no perpetuar la trampa sutil del Despotismo Ilustrado del “cambiar para que nada cambie” bajo la tutela del salvapatrias de turno ni para incurrir tampoco en errores pasados de favorecer la soflama de “todo el poder para el pueblo a través de la dictadura del proletariado” para quedar estancados en la dictadura del siniestro de turno aglutinando todo el poder en su persona y su círculo más cercano, marcando el dictado a un pueblo invariablemente empobrecido. Las líneas son extremadamente delgadas y, a menudo, confusas merced a la tupida red de palabras tejida por los maestros del engaño y de la demagogia. En su excelente novela “Riña de Gatos”, el a menudo brillante Eduardo Mendoza describe a la perfección nuestro país por boca de uno de sus personajes: “España no es un país pobre, por más que digan. Este es un país de pobres, no sé si capta la diferencia. En un país pobre, cada cual se arregla como puede con lo que tiene. Aquí no. Aquí cuenta lo que uno tiene, pero cuenta más lo que el vecino tiene o deja de tener”. En este país se cometieron execrables actos de quema de iglesias y conventos, peo cabe preguntarse por qué los incendiaban los hijos y nietos de los que los habían construido, pues fueron gentes del pueblo y no los orondos obispos o los terratenientes quienes habían doblado el espinazo poniendo piedra sobre piedra en cada una de aquellas construcciones. Cerrilismos al margen, alguna autocrítica debiera haber tenido lugar estos años en la jerarquía eclesial al respecto, por la misma razón que ahora cabría preguntarse por la evidente ausencia de jóvenes en las eucaristías. Algo que tampoco hacen, infalibles como parecen creerse. Puede ser que la culpa la tenga Zapatero, la tiene de todo al fin y al cabo, la permisividad sexual, el waka-waka de Shakira y Piqué y hasta el precio de la merluza o el manejo irresponsable de la X-Box, pero me barrunto que algo debieran cuestionarse al respecto nuestros inefables obispos y cardenales. “La pobreza es la fuerza de la Falange, y porque es pobre, la Falange comprende y defiende los derechos del pobre, del pequeño labrador, del marinero, del soldado, del cura de aldea. Defensores del pueblo queremos ser, no pretorianos de los especuladores de la alta Banca y de las Grandes Empresas. Los socialistas dicen que aumentarán los jornales, que con ellos se vivirá mejor. Tal vez sí o tal vez no. Lo único cierto es que no les preocupa nada España. Pues bien, frente a este interés mezquino, la Falange propugna algo distinto: ¡Unidad de destino y grandes ideas redentoras. Justicia sin influencias, justicia seca, eso es lo que queremos para lograr el renacer de España!”. Éste fue el discurso en el madrileño cine Europa del intelectual Rafael Sánchez Mazas, por cierto abuelo materno del presentador, showman y experto en música clásica Máximo Pradera y, a la sazón, suegro del insigne periodista Javier Pradera. Después de él hablaron Julio Ruiz de Alda, el mítico piloto navarro que había cruzado el Atlántico en aeroplano, y José Antonio Primo de Rivera, hijo del ex dictador Miguel Primo de Rivera. José Antonio arengaba de este modo a sus seguidores: “Y vosotros, electores de Madrid y de España, ¿vais a tolerar la broma de que cada dos años tengamos que acudir con una papeletita (es decir, los votos) a salvar a España y la civilización cristiana y occidental? ¿Es que España y la civilización occidental son cosas tan frágiles que necesiten cada dos años el parche sucio de


la papeleta y del sufragio? Es ya mucha broma ésta”. Para lograr sus fines, la Falange estaba dispuesta a hacerse con el poder de manera legal o ilícita para poder gobernar España desde el nacionalsindicalismo en “un Estado totalitario que logre la paz interna haciendo suyos los intereses de todos. La Falange no acataría el resultado electoral. Votad sin temor; no os asustéis de esos augurios. Si el resultado de los escrutinios es contrario, peligrosamente contrario a los eternos destinos de España, la Falange relegará con sus fuerzas las actas de escrutinio al último lugar del menosprecio. Nuestro deber es ir a la guerra civil con todas las consecuencias ¡No hay término medio: España ha de ser roja o azul!... ” El acto culminó entre clamores y entonándose por primera vez el Cara al Sol, un texto compuesto por el propio José Antonio con Agustín de Foxá, Alfaro, Bravo, Miquelarena y Dionisio Ridruejo, con la música del vasco Juan Tellería. Era el 2 de febrero de 1936. Dicen que la historia se repite, que es una rueda que pasa innumerables veces por los mismos puntos. Puede que sea cierto, pero creo que sólo repiten curso aquellos países que desconocen u olvidan su propia historia y los errores del pasado. Que cada cual extraiga sus propias conclusiones, como no puede ser de otro modo. “No es bueno repetir lo que está dicho”, como reza el verso del famoso poema “Nada es lo mismo” del poeta y académico de la Lengua Ángel González. En efecto, no es bueno repetir lo dicho porque nunca nada es lo mismo por mucho que se le parezca. No repitamos pues lo dicho nunca más… ni lo hecho, pues “habrá palabras nuevas para la nueva historia”. Abramos nuevas fronteras, desterremos tópicos oxidados, viejos odios y no incurramos en errores pretéritos. Cuando menos nos ahorraremos sepultar nuevos muertos bajo las alfombras polvorientas del alma de nuestra sociedad. Al menos lean “Riña de Gatos”, pues ningún mal les hará. Caminante no hay camino…


Alemanes, españoles, transportes

guepardos

y

consejeros

de

En su ya lejana juventud, mi madre sirvió en la casa de un alto ejecutivo alemán afincado en España. Su esposa, también germana, le solía decir que en nuestro país se trabajaba mucho pero mal, lo que venía a ser lo mismo en definitiva. El hombre afirmaba por su parte que el español medio era un putero al que le iba la fiesta en demasía. Cuando mi madre le preguntaba a ella qué había que hacer para trabajar poco y bien, pues también vendría a ser lo mismo en definitiva, no obtenía respuesta. Y cuando le preguntó a él cuando tenía pensado regresar a Alemania, éste le contestó que jamás, que cuando se jubilara dejaría Madrid, en efecto, pero para trasladarse a la soleada y festiva Andalucía. Supongo que es lo bueno de tener colonias. E imagino que es la misma respuesta al rendimiento y la productividad en el trabajo: no ser el colonizado sino el colonizador. Recientemente la agencia británica de calificación Moody’s rebajó un nuevo escalón la nota de solvencia de la economía española, poniendo en duda los cálculos del Banco de España sobre las necesidades de capital de nuestro sistema financiero, sembrando las dudas en los siempre nerviosos “mercados” – que necesitan ingentes cantidades de infusiones de tila alpina o de tranquimazin por lo que se ve –. Sí, Moody’s es la misma agencia que dio la máxima calificación a Lehman Brothers tres días antes de su espectacular descalabro financiero en cuya caída nos ha arrastrado a todos, pero parece que las predicciones de Moody’s sólo gozan de absoluta fiabilidad entre ciertos sectores cuando se trata de España, Portugal, Grecia, Irlanda y algún que otro piltrafilla –Súper Berlusconi siempre se libra y nada digamos de Sarkozy o de nuestros primos ingleses –por mucho que se enfanguen en Islandia –y alemanes, y eso que Joaquín Almunia, Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, ha declarado que la banca que más problemas dará para su saneamiento será, curiosamente, la germana –. Son los que soplan con denuedo los clarines del miedo ante el optimismo recalcitrante de nuestro presidente de gobierno. Los españoles nos debatimos entre los brotes verdes y las ascuas del infierno con pasmosa facilidad, todo ello entre cánceres de próstata o de mama que sanan sin soportar listas de espera que sólo existen en función de la relevancia del enfermo. Si no nos durmiéramos en los famosos documentales de animales que emite La 2 podríamos ver grupos de cuatro guepardos dando caza a un ñu, que vende cara su vida y que, sin duda, la conservaría si los demás ñus se unieran con él enfrentando a los depredadores en lugar de permanecer contemplando la escena paralizados por el terror; los felinos consiguen su objetivo porque ellos sí se unen en la empresa. Es el secreto de la supervivencia y de que cuatro individuos mantengan acongojado a un colectivo gigantesco y poderoso. He regresado de Alemania hace poco y en el transcurso de dicho viaje anoté a vuela pluma unos puntos que seguidamente expongo a su consideración:


1. Ganan un salario que por lo general triplica el nuestro, mientras que en el supermercado del barrio los productos –pasta dentífrica o after shave, por ejemplo –valen menos de la mitad que en los nuestros. 2. Los comercios, salvo contadas excepciones, abrían sus puertas a las diez de la mañana y cerraban a las seis y media de la tarde, mientras que aquí no hay quien baje de las ocho o las nueve de la noche por mor de la famosa “productividad”. 3. No había personal en los surtidores de gasolina en domingo –ese día había que repostar con tarjeta de crédito –, mientras aquí se curra religiosamente dichos días. 4. Los alemanes se jubilan a los 65 años, mientras los españoles andamos ya por los 67 de mínima y con los 70 en el limpiaparabrisas delantero. 5. En las autobahnen –en puridad bundesautobahnen o BAB –, muchas de ellas autovías de sólo dos carriles por cierto, no existe límite de velocidad y fuimos frecuentemente adelantados por vehículos que circulaban a bastante más de 200 kilómetros por hora, mientras aquí por el tema del “ahorro” ya vamos por 110 y bajando. Tal vez podrían hacer aquí una autobhan, aunque fuera pequeñita y de saldo, o poner limitadores de velocidad a nuestros automóviles en las fábricas, aunque sospecho que así bajaría el ordeño del personal en concepto de multas. 6. La limpieza incluso en los servicios públicos era extrema a cualquier hora con independencia de la actividad de la población, carnavales incluidos. Y nos afean nuestro elevado volumen gutural, si bien les suele molestar menos si son ellos quienes vociferan o a quienes les suenan los timbres de los teléfonos móviles, todo sea dicho. A tenor de lo expuesto no pude por menos que pensar: No nos llamen europeos, llámennos españolitos, porque Europa sigue terminando en los Pirineos. Otrosí: Karl Theodor zu Guttemberg, Ministro de Defensa alemán, ha dimitido por plagiar su tesis doctoral en Derecho. Si hubiera sido español, primero hubiera negado la mayor, después lo habría intentado silenciar y, por último, echaría la culpa al mensajero y afirmaría ufano que había realizado una labor de síntesis mejorando claramente el original, todo ello sin dimitir ni ser cesado. Para muestra, un botón: Recientemente, el Consejero de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid, José Ignacio Echevarría, que no hace tanto calculaba despidos entre los trabajadores del Metro para mejorar la eficacia del servicio, negaba airadamente en la Asamblea regional la propia existencia del metrobús, indicándole a la oposición que antes de hablar de algo “había que informarse, pues el metrobús no existe desde hace años” jaleado por el aplauso cerrado de los miembros de su bancada. Lo que llevo en el bolsillo debe ser, por tanto, una reliquia, un fósil de los transportes. Bueno es saber que el metrobús no existe, pues tampoco habrá que pagarlo en tal caso al no ser más que una entelequia que habita en el mundo de los mitos. Mi abuela paterna, que por cierto era taquillera del Metro, ya me decía que en la empresa la culpa siempre es de las taquilleras. Así pues, la culpa, no me cabe la menor duda, es de esas mismas taquilleras del suburbano por expender aviesamente tales billetes a espaldas de tan eficaz, productivo e informado Consejero de Transportes, que ni será cesado ni dimitirá, por


supuesto. De hecho, la presidenta de la Comunidad no perdió un minuto en disculparle afirmando que “todos podemos tener un momento de ofuscación”. Todos, sí, pero unos más que otros, como en la granja de Orwell. He vuelto a España y sigo en lista de espera, circulo sin sobrepasar los 110 kilómetros por hora en autovías de tres o cuatro carriles, bacheados además, pero puedo hablar en el bar muy alto, a voz en grito incluso, pisándome el turno recíprocamente con el resto de los comensales, lo que si bien me impide mantener una conversación normal dentro del establecimiento tiene la ventaja de permitirme proseguir la charla con los apestados que fuman en la calle o mientras practico waterpolo u orinpolo desde el servicio. No, no me llame español, llámeme tonto… sí, pero tonto del culo.


La miseria y la libertad Es la miseria la que nos ensucia y nos prostituye, pero sobre todo la miseria moral, cuando lucimos cálices de oro y plata sobre manteles de lodo. Todos somos juez y parte en esta sociedad cobarde que vive de espaldas al sufrimiento real y a la muerte en un ilusorio juego de ser eternamente jóvenes y guapos. Somos libertos instalados entre el fascismo rampante y el gilizquierdismo de pastel de niñas monas que visten de Gucci y Vogue. Sí, somos libertos. Hace apenas unos años, no tantos no se crean, accedimos a una carta otorgada de derechos y nos comportamos como nuevos ricos, impartiendo lecciones de libertad a aquellos que la disfrutan, porque se la ganaron, desde muchos años antes. La libertad no es un derecho innato e inviolable, por mucho que sea protagonista destacado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de París. La libertad es una recompensa a la lucha infatigable y nunca suficientemente reconocida de unos adalides heroicos contra las oscuras y muy poderosas fuerzas del mal encarnadas en todo tipo de rufianes, bellacos y opresores de la peor calaña cuyo único objetivo es coartarla, cercenarla o eliminarla en beneficio propio. Por ello no debemos relativizar la cuestión ni mucho menos trivializarla. Es por esto que me indignan aún más si cabe aquéllos que se suman a los tradicionales enemigos de la libertad, y en los que no me extenderé pues son por todos conocidos más que de sobra, intentando mermarla en aras de un supuesto sentido de la defensa de la dignidad de los demás y de conseguir una nebulosa pureza social muy cercana en esencia al nazismo en realidad. Así les sobran fumadores, puteros, prostitutas, gordos, bebedores, hipertensos… pues no dan una buena imagen de nuestra muy hipócrita sociedad de consumo impregnada de eslóganes solidarios de tres al cuarto. Nada ensucia más que la miseria para estos prebostes de la imagen agradable y del verbo políticamente correcto. Pero nada socava más los cimientos de la verdadera libertad y de la democracia real que la miseria moral de sus miembros. La de aquéllos que denuncian la desigualdad de género sexual, ignorando la desigualdad social, descargando exclusivamente la responsabilidad en unos anuncios en los medios de comunicación, por desacertados que éstos puedan ser, o en el paganini que va a desahogarse al putiferio de turno, pero que jamás atacan a las mafias que se lucran con tal actividad explotando a esas mujeres –y hombres –, ni a los poderosos que abusan de su posición de dominio económico y social para sojuzgar a sus semejantes con trabajos indignos y sueldos y condiciones miserables. Claro que para eso hace falta un coraje y una honestidad que nuestros próceres líderes no conocieron en la vida.


Si hubiera verdadera justicia social, si hubiera igualdad social de oportunidades, si no existieran sueldos paupérrimos y actividades laborales ignominiosas, esas mujeres (y hombres) seguramente no practicarían la prostitución y no habría necesidad de prohibir nada al respecto. Nadie explica a día de hoy cómo se puede declarar ilegal la publicidad sobre una actividad en todo caso alegal porque ilegal, evidentemente, no es. Si se dieran esas condiciones, la libertad tendría menos enemigos. Si una persona decidiera libremente ejercer la prostitución, sin mafias que la explotaran ni recurriendo a ella como único medio de escapar de la miseria, lo que abría que normalizar es su contribución a la Seguridad Social y que estuvieran salvaguardados sus derechos a efectos de sanidad y jubilación. Mientras vivamos en un régimen que ampare tal desigualdad social donde conviven tipos con siete yates y catorce mansiones –construidas por albañiles mileuristas –, con cuentas bancarias obscenas escondidas en paraísos fiscales, dueños y dueñas de fondos de armario abisales –con abrigos y zapatos fabricados por cierto por niños y niñas tercermundistas en régimen de esclavitud –; mientras convivamos con países gobernados por tipejos que dejan morir de hambre a sus súbditos a la vez que alardean de ser potencias armamentísticas nucleares y viven rodeados de lujo y boato con la aquiescencia de nuestros gobernantes, mientras sigamos dispuestos a mantener a esos crápulas con tal de seguir disfrutando de su petróleo; mientras olvidemos que la paz y la libertad se ganaron a tiros porque nos sea más cómodo vender que no matamos a nadie olvidando que otros los matan ante nuestro silencio cómplice; mientras nos sintamos más cómodos del lado del abusador que del abusado; mientras consintamos que una trabajadora desarrolle jornadas leoninas a cambio de un sueldo de miseria; mientras tengamos cinco millones de desempleados y unos y otros utilicen esa cifra y la desgracia real de esas personas para su propio interés; mientras estigmaticemos a los fumadores a la par que ingresamos pingües beneficios del negocio tabaquero…. Mientras todo eso suceda no me hablen de putas ni de erradicar la prostitución. La puta miseria, ésa sí que es puta… y muy puta.


Arabescos Un arabesco de Claude Debussy al piano. Un cuento de fantasmas, de muertos que se resisten a permanecer en su retiro entre las sombras de la muerte, y que acuden a nosotros entre las brumas para disipar las suyas, para no olvidar nuestro amor, para que no nos olvidemos del suyo, o simplemente para que no los olvidemos entre el polvo de nuestros archivadores de vivos necios y amnésicos. Que siguen siendo dueños de sus sonrisas, frías como corresponde a un fantasma, y cálidas como seres humanos esperanzados que un día fueron. Sombras en el pavimento, sombras en los cuadros y en los corredores. La muerte se llevó sus sueños con ella, sus anhelos, sus amores, sus cuentas pendientes, sus noticias no dadas, sus misiones incumplidas, sus frases nunca dichas, sus frases que no quisieron decir y desean borrar, sus penas y sus risas, sus besos y sus quebrantos. Pero se resisten a su situación… o no son conscientes de ella, y vuelven a cobrar vida entre fotografías viradas por las lágrimas, a pasear entre los árboles del parque por el que solían deambular, al patio de butacas del cine donde soñaban entre ficciones de celuloide, al faro en el que amaron o murieron, o ambas cosas, bajo el sonido de las olas batiendo las rocas, a los pasillos por los que corrían, a las habitaciones en que se enroscaban con sus amantes, para escuchar la sonrisa de niño que dejaron de escuchar, para dejarnos escuchar su sonrisa desde un más allá cercano. Vuelven para velar por nosotros, perdidos ellos, desnortados nosotros. No hay historia de amor más enternecedora ni más pasional que la mantenida con un ser fantasmal bajo las notas de un piano y ante los troncos crepitantes en una chimenea, con besos y caricias sin esa anestesia que a menudo nos procuramos los vivos por puro miedo o prevención. Los muertos y los fantasmas no necesitan ser precavidos. Amor puro, amor sobrenatural, amor radical. Somos tan iguales en apariencia, al fin y al cabo un día fuimos lo mismo, hechos de la misma materia… y somos tan diferentes a la vez, como las gotas de agua en el mar. Un mar hecho gota a gota y de cristalitos de sal. Al final reanudan el tránsito, se van entre las sombras, desaparecen entre las brumas, y nos parece que sólo nos queda el frío, el desamparo, las ganas de llorar. La nada. Pero no es cierto, su amor permanece y el vivo queda en ese parque, en ese faro, en esa cama, ante esa chimenea algo más… muerto, pero más sensible, como un muerto herido de vida. Y su luz brilla más. Sí ya sé, hay quien no cree en ellos, los fantasmas no existen, al menos nos queda el recuerdo del calor de una mano posándose en nuestra mejilla. Un aliento en la almohada cuando cerramos los ojos para dormir. Pienso en aquellas personas que tanto amé y se fueron acaso para siempre…a otros brazos, a otras compañías, a preparar nuestra llegada para que no sintamos frío o temor cuando el día llegue. Un cuento de fantasmas. Un arabesco de Claude Debussy al piano… … Y lágrimas de sal.


Mitos y trasatlánticos José Luis Rodríguez Zapatero ha utilizado en Singapur un símil marítimo para ilustrar la situación económica de España, afirmando que nuestro país es “un seguro trasatlántico”. Omitió el nombre, pero más de dos recordamos inmediatamente la silueta del Titanic, de quien su soberbio comandante afirmaba que “no lo hundiría ni Dios”. Dios, quizá no, pero un iceberg, sí, cerca de las costas canadienses de Halifax, aguas afamadas por sus bogavantes entre otras cosas. Hasta en el rescate del buque hubo víctimas de primera, segunda y tercera clase, y muchos de éstas murieron precisamente por eso, por ser pobres, lacra donde las haya. Unos icebergs que se aproximan a las aguas islandesas, donde ha naufragado la orgullosa economía británica, sede de las nerviosas agencias de calificación que iluminan la senda de los no menos nerviosos “mercados”. Confiemos en que estos icebergs no hundan nuestro “seguro” Titanic, en el que nuestro presidente interpreta el papel de Leonardo Di Caprio, pero sin brillantina. En la acera de enfrente, los vientos no son menos desalentadores: el lotero Carlos Fabra inaugura aeropuertos sin aviones, “un aeropuerto para las personas” –es decir, aeropuertos peatonales –ha dicho fumándose un puro, y el alcalde también del Partido Popular de Villareal inaugura una biblioteca sin libros, pero con una jornada de puertas abiertas para que sus conciudadanos puedan visitarla –no se comprende muy bien qué, salvo sus despejados anaqueles o sus muros recién pintados –asegurando que a partir de junio empezarán a llegar los primeros ejemplares de esta biblioteca virtual. Esto ha sucedido de esta manera surrealista, tal cual, por increíble que pueda parecer. En el futuro nuestros descendientes estudiarán estos casos con asombro, al menos eso espero porque si lo ven con normalidad significará que el patio estará aún peor de lo que cabe augurar. Mientras, Telefónica despide a 5.600 trabajadores el año en que más beneficios ha obtenido a la par que solicita al Mercado de Valores que le permita conceder unos bonus millonarios a sus altos directivos en función de estos mismo altos beneficios. Es la consecuencia directa y palmaria de la reforma laboral impulsada por este gobierno y que será desarrollada y aplicada aún con mayor rigor por el que vendrá a sustituirlo. El eurodiputado popular Mayor Oreja y el socialista López Aguilar ardieron en santa cólera ante la, al parecer, ridícula sugerencia de que deberían realizar sus vuelos al Parlamento Europeo en clase turista y no en clase vip. Es aún más grave el segundo caso, siendo ambos indignantes en sí mismos, porque el señor López Aguilar amén de insolidario ha demostrado con meridiana claridad que desde luego, socialista no es y, por tanto, debería haber sido expulsado en el acto de un Partido que dice serlo. Yo les entiendo en realidad porque si accedieran a viajar en turista como el resto de los piltrafillas se les podría contagiar algo tan nefasto como la humildad y, además, se notaría demasiado que van al Europarlamento precisamente en calidad de eso: de turismo. Por su lado, el político Duran i Lleida argumenta que los españoles “no pretenderemos tener unos políticos pobres”. Yo creo que no, pero quizá nuestros políticos tampoco debieran desear tener unos electores mendicantes o, al menos, que ellos no naden en la abundancia mientras el resto buceamos entre


cartones por las aceras. Su colega de oficio en la alcaldía de Madrid y experto en obras faraónicas Alberto Ruiz Gallardón, asegura que limpiará de mendigos, por cierto, las calles del foro, que dan muy mala imagen de la capital –y huelen mal, apostillo yo desde mi piltrafismo militante –. Los mendigos, pobres y pedigüeños deben volver a los albergues y demás escondites municipales que así no hay manera de que nos concedan unas olimpiadas decentes con la que algunos amiguetes trinquen debidamente. Tal vez la “solución cero” sea la solución idónea para nuestro edil: Treblinka en la Casa de Campo. Limpieza económica, limpieza total. Aunque yo lo que verdaderamente pienso es que quizá lo que procedería en la siguiente cita electoral sea mandar a un lugar tan lejano como escatológico a toda esta caterva de políticos que sufrimos en nuestro deprimente espectro parlamentario y les obsequiáramos invitándoles a la “inauguración” de unas urnas vacías de votos, como la desierta biblioteca de Villareal o el aeropuerto sin aviones de Castellón, para que gobiernen un ”trasatlántico virtual”. Una serpiente moría en Israel tras morderle un pecho a una actriz porno por intoxicación de silicona. En efecto, en todo ese teatro del absurdo murió la única verdaderamente real: la pobre serpiente. Pobre, esa es la palabra. En este contexto nos vamos de vacaciones de Semana Santa con la sensación de que no va a haber crucifijos suficientes para tantos crucificados. Me iré a Torre del Mar a ver si tengo suerte y sigue actuando el multiinstrumentista Switch en un local irlandés y puedo cantar aporreando las mesas junto con la alcoholizada concurrencia británica “Whisky in the Jar”. Es lo que procede, sin duda alguna.


Supervivientes (Menos mal que nos queda Portugal) Retornados del periplo de la Semana Santa, libertad condicional para unos, triste condena para otros –aquellos que soportaron estoicamente las legendarias caravanas tras contemplar con cara de acelga las lluvias torrenciales desde la ventana de una habitación de hotel, de apartamento o similar – vemos que no han cambiado las cosas bajo el sol. La crisis económica continúa, ahora con el siguiente piltrafilla caído en la cadena: Portugal, lo que parece aliviar, incomprensiblemente para quien estas líneas escribe, a ciertos paisanos echando mano de aquel antiguo dicho hispánico del que diera buena cuenta posteriormente el grupo gallego Siniestro Total: “Menos mal que nos queda Portugal”. En realidad es aquello de siempre hay alguien más pringado que nosotros. Un muy torpe alivio. La locura futbolera continúa invariable entre merengues y culés con el paso de los siglos: “Tú más; no, tú más; pues anda que tú; llorones, teatreros, ricachones, centralistas, independentistas, fascistas, traidores…” y toda la triste, consabida y cansina retahíla. Los dos hermanos cainitas quieren tener razón y en realidad, ambos tienen parte de ella. Siguen triunfando los reality shows, ahora con “Supervivientes” –el Gran Hermano a lo Robinson Crusoe en friki –y triunfa la hipocresía más rampante en torno al ajusticiamiento de Osama Bin Laden, quien por cierto resulta que era un madridista de pro. El pobre Súperfloren lleva una racha nefasta, con Mou el Malo desatado y con el icono de Al Qaeda merengón, con la que está cayendo. Sin duda Barack Obama, Premio Nobel de la Paz, será culé y amigo del otro santo varón: Pep Guardiola – Pepe Hucha para los maledicentes, que para eso mala baba nos sobra –, guapos, pulcros y elegantes a partes iguales. Para que no quepa duda alguna diré, antes que nada, que no justifico ninguna clase de terrorismo y en ningún grado. Ninguna causa, por intrincada que nos la pretendan presentar en el tramposo y siniestro tablero del terror, justifica la muerte de un solo inocente. Y una vez dicho esto paso a enumerar una serie de datos: 1. Bin Laden fue abatido por un comando de los Navy Seals estadounidenses en un operativo ejecutado sobre suelo pakistaní. 2. Si tal acción hubiera sucedido en Afganistán se podría argüir que se trataba de una acción de guerra en un teatro bélico. 3. EE.UU. y Pakistán no sólo no están en guerra sino que se supone que dicho país asiático es un país soberano y aliado. 4. Los mismos que se opusieron con viveza a la invasión de Irak (Rodríguez Zapatero, por ejemplo) o Afganistán han aplaudido la acción de Obama. 5. Los mismos que calificaban las acciones de los GAL contra miembros de ETA como crimen de Estado (José María Aznar, por ejemplo) o cuestionaron al expresidente Felipe González cuando confesó que había sopesado liquidar en Francia a la cúpula de la organización vasca cuando tuvo ocasión (José María Aznar, de nuevo) han aplaudido igualmente la acción de Obama. 6. Barack Obama, comandante en jefe del operativo, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz.


Todos ellos son hechos objetivos. Ni quito ni pongo rey, que cada cual extraiga sus propias conclusiones. Otrosí. Se ha filtrado la información de que un miembro de Al Qaeda ha declarado bajo tortura que hay una bomba nuclear presta a explosionar en una ciudad occidental como represalia por la muerte de su fundador. ¿Es condenable que un país que se dice garante del Estado de Derecho y cuna de la libertad torture a un preso para obtener información? ¿Está justificada la tortura para conseguir que desvele su paradero amparándonos en el concepto de legítima defensa y en un escenario parabélico? ¿Quién fija y hasta dónde los límites admisibles? ¿Al Qaeda dejará de matar tras la desaparición de Osama Bin Laden? ¿No es igualmente cancerígeno y reprochable sostener a regímenes corruptos como el del presidente afgano Hamid Karzai que con sus acciones hacen posible el retorno de los talibanes? Cada cual responda lo que crea conveniente. Cuéntanme, fuentes dignas de todo crédito, que mientras el Banco Central Europeo emprende el sangrante rescate de Portugal, altos directivo del banco Espíritu Santo acuden a la sala vip de la Caja Mágica para ver los partidos de tenis a ponerse como el Tenazas. Nada sorprendente por otro lado, ya sabíamos quién ha originado esta crisis y quién la paga. El rescate luso lo pagarán con sangre los de siempre mientras que también los de siempre se enriquecerán aún más con ello… Y les darán lecciones de eso que para ellos es el patriotismo, ya saben: Tú pringas y yo me forro lo mismo. En realidad el racismo no es más que una gran coartada que esconde la realidad inequívoca de que sólo existen dos razas: ricos y pobres. Es lo que diferencia a un moromierda de un respetable jeque, a un velo censurable si lo porta una musulmana de clase baja de un velo elegante que dicta tendencia y moda si lo lleva una jequesa. Por eso ponemos alfombras rojas y lo que menester fuera a un árabe cargado de oro y petróleo, mientras en Francia –recuerden: igualdad, libertad, fraternidad – cierran sus fronteras con Italia para impedir que los magrebíes de media manta la invadan. Han condecorado, en secreto por supuesto, al soldado del Equipo 6 de los Navy Seals que le voló los sesos al madridista y, por cierto, exagente de la CIA Osama Bin Laden. Al final los menos hipócritas de todos siempre son los muchachos embarrados a los que enviamos con un subfusil en la mano a eliminar a un sujeto incómodo para el mundo; si fallan, suya será la culpa y la violencia; si aciertan, se les premia en privado y con caretas. En los despachos se observa el episodio entre elegantes corbatas y trajes de primera calidad. Cuando esté próximo el final recuerden la famosa profecía: sólo quedará un pelotón de abnegados soldados para salvar al mundo. Los Navy Seals tienen un elocuente lema que resume su infernal fase de adiestramiento: “El único buen día fue ayer”… Es el equivalente yanqui a nuestro castizo y, en el fondo, extremadamente patético “Menos mal que nos queda Portugal”.


Sol y Sombra Cuando vemos a los poderosos del mundo mundial alzar la voz contra la actuación de los gobiernos y quejarse de la actual situación económica mundial, olvidamos a menudo cómo ésta se originó. El origen de la crisis económica mundial hunde sus raíces en la crisis hipotecaria en EE.UU. por los impagos de las hipotecas de alto riesgo –subprimes –y de la espiral sin fin de inversiones inmobiliarias especulativas. En el triunfo de las tesis reaganianas y tatcherianas basadas en el precepto de Hobbes y su muerte al Leviatán estatal y del triunfo de la libertad absoluta de la práctica capitalista al margen del Estado. La burbuja inmobiliaria llevó a la quiebra a de las entidades prestamistas que habían invertido en los llamados fondos tóxicos, toda vez que las hipotecas subprime podían ser retiradas del activo del balance de la entidad concesionaria, siendo transferidas a dichos fondos de inversión y a los planes de pensiones. Los bancos que en teoría garantizaban no podían responder con la liquidez necesaria generando una desconfianza evidente entre los propios bancos. Agencias que se estimaban todopoderosas, como la estadounidense Lehman Brothers se declararon en bancarrota arrastrando a las grandes inversoras por todo el orbe. Los grandes bancos centrales y gobiernos, por extensión, inyectaron ingentes sumas dinerarias a las entidades bancarias para intentar evitar el colapso y garantizar la liquidez del sistema, es decir hacer que el dinero fluyera para que la sociedad siguiera funcionando, pero como tal dinero no circulaba ya que los bancos dirigían –dirigen –sus esfuerzos a tapar sus propios agujeros, los créditos no llegaban –y siguen sin llegar –a las medianas y pequeñas empresas que cerraban –y cierran –, y con ello comenzó – y continúa –el despido masivo de trabajadores y, por tanto, el crecimiento del paro, lo que repercute directamente en el sistema de pensiones y de la Seguridad Social. La población dispone de menos dinero para gastar, con lo cual el comercio directo se resiente y aumenta la inflación. El Fondo Monetario Internacional dice que las pérdidas ocasionadas por la crisis deben recaer sobre los inversores y no sobre los contribuyentes, pero eso no se produce, por razones evidentes. Todos los grandes dignatarios cargan verbalmente contra los especuladores internacionales, pero éstos siguen dictaminando qué naciones corren riesgo y cuáles no, sin explicar muy bien las verdaderas razones, que suelen responder a sus propios y espurios intereses económicos que alcanzan mayores rentabilidades con sus ataques especulativos, amparados en su propia ausencia de transparencia. Ello conduce a la necesidad de rescatar países, como Grecia, Irlanda o Portugal, para intentar salvar la zona euro, pues dicha moneda es el blanco real de los tiburones especulativos, neocon, sobre todo anglosajones y estadounidenses, basados en los análisis como mínimo sospechosos de las agencias de evaluación –Moody’s, Standard & Poor’s –, muchas de ellas directamente implicadas en el origen y evolución de la crisis. A ello se suma la pujanza de países como China o India, cuya economía se basa en una política


proteccionista, con límites al libre mercado y una clamorosa ausencia de derechos laborales. Los chinos compran deuda de los países afectados, incluido EE.UU., lo que genera dudas razonables acerca de su actuación futura y su influencia sobre los gobiernos soberanos. Los entendidos aseguran que estamos inmersos en la llamada “fase de parálisis” a la que sucederá “la fase de aceptación” en la que se asumirá las nuevas reglas de juego, que me temo serán bastante patéticas e injustas con los de siempre: los piltrafillas. Bernard Madoff era un buen hombre, discreto, muy educado y carente de ego, al que le gustaba tumbarse en su yate a tomar el sol. Un yate de 6 millones de euros y que hace poco se revendía por “sólo” 3. Es un yate muy normal si lo comparamos con el del magnate ruso Roman Abramovich, a la sazón presidente del club de fútbol inglés Chelsea –un caprichito del muchacho –, según relataba en televisión su atribulado capitán a la espera de nuevo patrón para el barco de recreo. Gracias a ese “buen hombre” al que le gustaba tumbarse al sol y a otros cuantos como él, el planeta económico está como está y muchos obreros y trabajadores humildes, chusma infecta donde la haya –es decir, la mayoría de nosotros –estamos como estamos: en el paro o en tránsito ineludible hacia él, con los ya de por sí irrisorios sueldos más y más mermados y las jubilaciones de nuestros mayores congeladas y al sol, como en la elocuente película de Aranoa: al sol, los lunes al sol. Pero de manera bien diferente a la del exmangante – perdón, exmagnate, disculpas por este lapsus linguae –estadounidense, que espero esté ahora tumbado, pero a la sombra, toda vez que su fraude piramidal que responde al llamado Esquema de Ponzi alcanzó un mínimo de 50.000 millones de dólares, afectando directamente a 3.000.000 de personas, agrupadas en bancos, aseguradoras, fundaciones, asociaciones caritativas e inversores particulares; si usted se va al paro será la víctima 3.000.001. Así debe verlo porque así fue, así es y así será. La escritora y periodista Maruja Torres en El País Semanal citaba que “los ricos de nuestro país, pese a las penurias que tuvieron que soportar durante 2010, sufrieron pocas mermas no ya en sus patrimonios, sino en sus ingresos. Es más, ganaron un 8,6% más que en 2009, año en el que obtuvieron un 27% más que en el anterior… Los ricos nacen, se desarrollan, se reproducen por esporas y flotan. En total, se emBolsaron en 2010 la nadería de de 2.748 millones de euros… los dineros que ahora no procede invertir en la productividad de este país se pondrán a trabajar en cuanto la derecha vuelva al poder. Es lo que ha pasado siempre. Verán qué poco se quejan entonces” Olvida, quizá, añadir que hay algún que otro preboste defensor de la clase trabajadora que se lanza a hacer el trabajo sucio con la mayor de las dedicaciones y firmeza. He citado con anterioridad la magnífica obra “Leviatán o la Ballena” de Philip Hoare. Vuelve a venir a colación ahora porque me ha enseñado que en todas partes cuecen habas y, en ocasiones, calderadas. Creía yo que era un mal


endémico y exclusivo de España despreciar a nuestros grandes hombres y menospreciarlos orillando a los buenos de verdad. Pero he aquí que leyendo a Hoare veo que también es seña de identidad en EE.UU. e Inglaterra. Lean en sus páginas los sinsabores vividos por Herman Melvilla, Nathaniwel, o Boale y su ballena. Todos ellos murieron prácticamente pobres o ninguneados. Mala noticia en realidad, pues supone que el mal es colectivo y no una enfermedad localizada y extirpable, amén de que es bien sabido que mal de muchos es consuelo de tontos. Lo malo de la vida es que se trata de una película que siempre acaba mal. El protagonista, bueno o malo, siempre palma al final. Lo bueno reside en que lo hayamos hecho bien o mal siempre salimos a hombros. Así pues vivamos la vida, la que nos ha tocado en suerte como las galletas chinas, intentando hacer un buen papel, pero sin presión sabiendo que al final de la faena saldremos de la plaza como los buenos toreros. Esperemos que mientras estos sujetos nos dejan a todos como a los protagonistas del film “Los lunes al Sol”, de Fernando León de Aranoa, que ellos al menos los contemplen, tumbados o no, a la sombra; es decir, entre rejas.


Salidos Sin Fronteras (Sol y Sombra 2) ¡Cuán bella metáfora de la actual crisis económica que nos azota! El director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, intentando violar a una humilde trabajadora de 32 años y de origen africano en una lujosa habitación de hotel neoyorkino de tres mil dólares la noche. Tras follarse –literalmente –a Grecia, Irlanda, Portugal… forzó a la camarera afroamericana a practicar sexo oral y anal mientras le cambiaba las sábanas de blanco satén... La jodienda no tiene enmienda y aunque un francés tiene mucho más glamour que un griego, quizá el financiero con tanto “eurorescate” andaba dándole a todos los palos. Es posible que también intentará hacer un irlandés, que consiste en intentar hacerlo ciego de pintas –en su caso imagino que hasta arriba de viagras –porque del portugués nunca he oído hablar, más allá de que según algunos es como un brasileño pero en triste. En cuanto al español, ya se sabe que cuando canta o le han dado por culo o poco le falta. El señor Strauss-Khan ha sido calificado como “un chimpancé en celo” por una periodista francesa que asegura haber sido víctima también del erecto financiero –cabe deducir que fue aún más impulsivo pues tenía doce años menos –. Tristane Banon, que así se llama la muchacha, relata que “quiso que le diera la mano porque decía que lo que iba a contarme era muy íntimo, de la mano pasó al brazo y así…” En efecto, pasa lo que pasa, que les das la mano y te cogen el…, como bien nos enseña el acervo popular. Que nos lo digan a nosotros con nuestros salarios, ahorros, hipotecas y nuestros insaciables banqueros. Reconozco que la historia de Strauss Khan me tiene algo desorientado. No me entra en la cabeza que un tipo con tamaño poder económico y social, que además se postulaba como sustituto de Nicolás Sarkozy –por cierto, otro que no para: tiene a Carla Bruni encinta. Claro que tras haber rodado ésta con el genial Woody Allen nunca se sabe: no te fíes Sarko, no te fíes, que Woody no perdona –se lance cual hombre lobo, babeante, presa de un irresistible furor genital, desde la ducha y con la toalla sobre el pene enhiesto sobre una joven. Y eso que tiene 62 años y salía del baño, imagino que tras ingerir un cóctel de cialis. Dinero, desde luego, tenía para comprarse todos los putiferios de Grecia, Irlanda y Portugal juntos. Así pues, yo al menos no lo entiendo. En cualquier caso, si se demuestra que es verdad, cabe preguntarse –una vez más y van ya… –en manos de qué tipejos estamos. Sin duda son los integrantes de la organización Salidos Sin Fronteras o Salidos Sin Límites – sobre todo sin límites salariales y morales –integrada por líderes mundiales de la talla de Silvio Berlusconi, dueño de Villa Viagra, o Bill Clinton, el presidente que cambió la Sala Oval de la Casa Blanca por la Mancha Blanca en la Sala Oral. La becaria Mónica Lewinsky conservó la mancha seminal del presidente en su vestido tras la felación y ello sirvió como prueba de ADN en el juicio posterior. Supongo que se puede calificar de ataque conservador contra la progresía, porque eso es conservar y lo demás son tonterías. Algo similar le pasó al alemán Boris Becker con una amante ocasional que, tras practicarle otra felación –qué éxito estadístico tienen las mamadas –, conservó el semen en su boca y lo llevó –imagino que no le diría ni adiós porque en caso contrario no se entiende –a una clínica con la que fue inseminada, dando a luz posteriormente a un niño del tenista, lo que le costó a éste un divorcio y un riñón en abogados y pensiones…


Eso es un plan minuciosamente trazado, no me lo negarán. No obstante, si Becker la hubiera obligado a decir Pamplona esto jamás hubiera ocurrido. La plataforma Democracia Real Ya –Movimiento 15-M –fue desalojada a palos de la Puerta del Sol donde muchos de sus integrantes habían decidido acampar hasta las elecciones municipales del 22 de mayo. La inmensa totalidad de nuestros políticos, a los que habían cogido con el pie cambiado para variar, se apresuraron a asegurar en los diversos medios de comunicación que “había que escuchar” la voz de los manifestantes. Escucharles, sí, pero nada de hacerles caso que es cosa bien diferente. También dicen nuestros políticos que son ellos quienes representan al pueblo en el Congreso de los diputados y en el Senado pero, como sucede con el icono televisivo Belén Esteban, cada vez queda menos claro de qué pueblo emanan, a qué pueblo representan o, mejor dicho, cada vez queda más claro a quién representan y obedecen. Entre el director gerente del Fondo Monetario Internacional y la camarera afroamericana creo que les pilla mucho más próximo el “enviagrado”, que no embriagado, político y financiero galo –por cierto, una tan curiosa como gráfica unión de profesiones –. Desde hace demasiado tiempo ya, como explica El Roto en uno de sus impagables editoriales gráficos, en las elecciones puedes escoger la cara A o la cara B pero el disco es el mismo. Nuestros políticos no están dando una respuesta eficaz a los problemas planteados por la actual crisis, siervos como son de sus propios intereses personales y de los que los manejan como títeres agitados por oscuros –pero evidentes –objetivos mercantilistas. No es malo el sistema del Estado de Derecho ni la democracia, –de hecho siguen siendo los sistemas políticos menos malos –sino el uso que estos representantes hacen de ellos, alimentando la desidia y la desesperación entre unos ciudadanos que no se sienten representados ya por unos políticos corruptos que viven de espaldas a la sociedad de la que emanan y a la que deberían servir. Debemos indignarnos como pedía Stéphane Hessel –tenemos derecho a ello –pero hemos de tener la mente más clara que nunca para que no se beneficien de tal indignación los enemigos sempiternos de la libertad, sumergiéndonos de nuevo en regímenes totalitarios y represivos, ni los supuestos “amantes de la libertad” cuando ésta es sinónimo de egoísmo y del abandono de los más débiles en pro del puro y duro beneficio. Por todo esto yo, un piltrafilla indignado más, suscribo las palabras de Fabio Gándara, portavoz de Democracia Real Ya: “Nosotros denunciamos la falta de democracia real y la tendencia a un bipartidismo institucional, donde el nivel de corrupción en todos los estratos es escandaloso.”


Libertos Indignados Esperanza Aguirre, refiriéndose al movimiento Democracia Real Ya, afirmó que los apellidos devalúan el significado del concepto de democracia. Asegura que Franco llamaba a su régimen dictatorial “Democracia Orgánica”, mientras que los tiranos comunistas la denominaban “Democracia Popular”. Y es bien cierto. Pero la Presidenta de la Comunidad de Madrid olvida añadir que nuestra democracia actual también lleva un apellido: Se llama “Democracia Representativa, y en sí esto no sería algo malo, como sucedería con los otros “apellidos”, si fuera cierto. La democracia no se limita a introducir una papeleta en una urna de cristal cada cuatro años, máxime cuando la información que reciben los electores provienen de unos medios de comunicación que distan mucho de ser independientes, pues responden a intereses marcados directamente por diversos grupos de poder que, a menudo y torpemente, intentan camuflar. La democracia es, o debiera ser, el poder del pueblo soberano ejercido por unos representantes elegidos por éste, no para que unos profesionales de la política se lucren y enriquezcan a sí mismos y a sus allegados movidos por intereses puramente particulares. Por tanto es ineludible una reforma de nuestra actual ley electoral. Las listas cerradas son sinónimo de una democracia enjaulada. Las listas electorales han de ser abiertas para evitar la actitud servil de los elegibles respecto al líder de turno. Olvida también la señora Aguirre que si el poder lo detentan exclusivamente los más ricos de la sociedad de espaldas al pueblo y en pro de su exclusivo beneficio no podemos hablar de democracia. En este caso su verdadero nombre es el de Plutocracia, y esto es lo que tenemos en los estados occidentales en general y en España en especial. Por poner un solo ejemplo: España sigue sin regular los excesivos sueldos de los banqueros, por lo que hemos sido incluso sancionados por la Unión Europea, lo que propicia que éstos financieros buceen en fondos de alto riesgo, por decirlo suavemente, para aumentar sus ya de por sí pingües beneficios. Yo no creo que el movimiento Democracia Real Ya o Toma la Plaza esté siendo dirigido ni instigado por partidos políticos de una u otra tendencia. Otra cosa es que les haya cogido en plena campaña electoral, es decir en pleno circo, con el paso cambiado o que algunos lo quieran torpemente torpedear, descalificar o, incluso, aprovecharse. Creo que es el movimiento espontáneo, sincero, libre, comprensible, digno de admiración y apoyo de una indignada multitud de personas de todo tipo, clase, sexo y condición con la situación económica, política, moral y social que venimos arrastrando en nuestro país desde hace demasiados años, con unos líderes peleles, indignas marionetas en manos de poderes transnacionales cuya única bandera y verdadero patrón es el dinero. Y no piden la utopía, sino que elevan pacíficamente propuestas universales, sumamente razonables y, por tanto, realizables. Por ende sí se puede decir en realidad que exigen la utopía pero, afortunadamente, lo está


haciendo la generación mejor preparada intelectualmente de la historia de España, la “generación perdida” como la motejan condenándola nuestros socios occidentales. Piden trabajo de calidad, piden una justa remuneración por su sudor, piden vivienda con un precio ajustado a su calidad y a sus salarios, piden que la riqueza no se amase en manos de unos pocos, piden que se les reconozca el valor de su costosa formación, piden que se premie la cultura del esfuerzo, no la del pelotazo, el enchufismo o el clientelismo político. Piden que nuestros políticos cumplan con sus compromisos democráticos que les asigna la Constitución y dejen de juguetear a la democracia. Piden que el voto en blanco sea por fin computado para no forzarnos a votar a partidos minúsculos cuando queramos combatir a un bipartidismo tan injusto como poco representativo. Piden que la importancia real de los partidos en el Congreso se corresponda con justa proporcionalidad a los votos recibidos. Que imputados en casos de corrupción no puedan presentarse en las elecciones. Que no sigan inaugurando aeropuertos sin aviones, ni bibliotecas con anaqueles vacíos. Que no nos sigan timando “ere que ere” y que todos esos delitos queden impunes. Que no recorten en folios lo que se malgasta en ágapes, móviles corporativos liberalizados y coches oficiales. Que no haya que amueblar y redecorar los despachos oficiales con la llegada de cada nuevo cargo público. Piden que si un político dice que va a escuchar al pueblo, lo haga de verdad. Que los partidos políticos no aprovechen las quejas y peticiones populares para hacer de su capa un sayo e interpretarlas exclusivamente en clave de interés particular, desdibujando, ignorando y desterrando finalmente éstas. Que la Seguridad Social sea universal, gratuita (mediante la imposición de impuestos) y eso: social, no particular. Que las subvenciones se destinen de acuerdo a los principios de mérito, valor y equidad. Que los mismos que privatizan las ganancias no socialicen las pérdidas. Que ganancias y pérdidas se socialicen y privaticen en la misma medida. Que la igualdad de oportunidades sea real y no formal, pues es inviable desde el punto de partida de una brecha económica y social insalvable. Que no se produzcan discriminaciones, ni negativas ni “positivas”, que son igualmente negativas en definitiva. Es decir, que la igualdad sea justa y equitativa: real. Piden que los derechos de autor favorezcan verdaderamente a éste y no a sociedades de mercaderes. Que haya transparencia en los emolumentos y cuentas de los cargos públicos. Que los bancos devuelvan el dinero público que se les prestó a fondo perdido, toda vez que se han limitado a tapar sus propios agujeros y vergüenzas en lugar de proporcionar la fluidez que prometieron ahogando las aspiraciones de los emprendedores en cuyo nombre reclamaron ese dinero. Que la reforma laboral no sea una coartada más para precarizar aún más el empleo y recortar día tras día los derechos de los trabajadores. Que haya un salario mínimo, pero que también haya un salario máximo. Que en la misma


medida que hay un tope mínimo de pago de hipoteca en la relación con el Euribor también haya un tope máximo, dato éste que obvian indefectiblemente las entidades bancarias. Piden que las campañas de los partidos se sufraguen con las aportaciones de sus afiliados y haya transparencia en quien apoya y sufraga realmente la campaña de cada partido, pues así sabríamos realmente qué les exigirán a cambio cuando ganen las elecciones. Piden, en suma, democracia. Nada más… y nada menos. Y lo piden con indignación y con firmeza porque nuestros mayores lucharon y sufrieron para alcanzar una verdadera democracia no para que nos colaran de matute un remedo ficticio. Para esta falacia no sufrió ni murió tanta gente contra una dictadura: “Lo llaman democracia y no lo es”, exclaman y con no poca razón. Ello no significa que pretendan acabar con la democracia, precisamente lo que desean es revitalizarla y que sea real. En realidad, aman a la democracia más que muchos de sus supuestos adalides y, desde luego, mucho más que los que viven y se sirven de ella, olvidando las aspiraciones y derechos de los que les alzaron a sus cargos de responsabilidad. Gracias a este movimiento hemos recuperado (si es que alguna vez la tuvimos realmente; al menos hemos vuelto al espíritu originario de las reuniones en las ágoras de la Grecia clásica) la fuerza de las asambleas populares. No hay que tener miedo a las exigencias. No hay que temer a la verdad, ésta nunca es triste lo que no tiene es remedio, como cantara Serrat, y a nuestros líderes políticos, empresariales, sindicales y bancarios se les ha visto tristemente la verdad, es decir, el plumero. No debería ser ilegal decir lo que se piensa. Ilegal es abusar de la democracia para buscar su final y lucrarse a costa de la mayoría. Y se va a terminar porque este movimiento perdurará más allá de las elecciones, gane quien gane y le guste a quien le guste o disguste. Se va a terminar porque esta mayoría está bien preparada, ya no es una mayoría silenciosa y está harta de que le digan que es “el futuro” porque quieren ser “el presente”. Por todo ello, mi humilde apoyo a Jon Aguirre y Fabio Gándara, portavoces elegidos de esta plataforma. Ánimo y fuerza: Si no os dejamos soñar, no nos dejéis dormir, como bien decís. De la Puerta del Sol a la utopía, es decir a la democracia real, que es la única que merece ser llamada Democracia.


Labios Venenosos Uno de esos cretinos días de San Calentín, siendo yo un joven tontuelo y enamoradizo, básicamente como ahora pero con 40 kilos menos de grasa y bastante más pelo, le hice un brindis al sol, es decir, a una joven atractiva y displicente a partes iguales. “Te daré la luna” o alguna simpleza similar brotó de mis labios ansiosos. “¿Y para qué quiero yo la luna? Yo quiero toda la tienda, chato”, o algo similar me respondió. Supongo que fue mi primer choque frontal con el consumismo radical, esto es, con la realidad. “Bueno, te la follaste así que da igual”, me dijo un amigo. Debe ser verdad, al final parece ser lo que cuenta. Una amiga asegura que el 90% de los hombres quieren follarse a sus amigas… y a sus enemigas también, aunque supongo que con aquéllas ponen más cariño. El cazador apostado entre los juncos, al acecho. Otra amiga afirma que la cuestión se multiplica por cien si el tipo es un sagitario, vaya usted a saber por qué. Siempre hay un momento para el bolero nostálgico pero también para la rumba, para un “vengo, vengo venenoso, tu me matas, yo me muero en tus labios rojos”. Cabalgar a lomos del miedo es rápido, pero es un viaje poco eficaz, sin rumbo ni sentido ni control. Iremos de derrota en derrota hasta la victoria final, como decían los republicanos españoles que luchaban en el exilio aliado contra las tropas nazis. Podremos y podemos perder la razón, puede que hasta sea saludable, pero no podemos perder la emoción, no podemos perder esos sentimientos que no se compran ni se venden en los grandes almacenes. Podrán controlar los medios de comunicación, los periódicos, las emisoras de radio y televisión, los canales de Internet, pero siempre habrá un resquicio para clamar por la libertad, para soñar con la espuma de las olas del mar, para intercambiar nuestras gotas de sudor y de vida, Esto siempre estuvo, está y estará en nuestras mentes y, por tanto, en nuestra mano. Al menos hasta que la cagamos. ¿En qué momento comienza la destrucción de la vida de un hombre? Estando en la cima de la felicidad y estima que aún no es suficiente, que nunca es suficiente, que siempre merece más, hasta perder lo que tenía. ¿En qué momento decide uno arrojar todo por la borda y proseguir la singladura desnudo de equipaje? Pensaba en ello al cruzarme en el portal con un vecino huyendo con lo puesto más un desvencijado somier de cama a las tantas de la madrugada, como un fugitivo de la justicia; su mujer, o lo que fuera, en el umbral de la puerta. Ni un adiós. Miradas cargadas de esperanzas rotas y venenos destilados. Solazándome y doliéndome en tu recuerdo, de tus brumas, de tus besos, tus arañazos, tus risas y tus aceras derretidas ante el bamboleo de tus caderas. Cada día teniéndote y perdiéndote hasta el infinito. Que las momias retornen al sarcófago, comprando parcelas de gloria y de felicidad entre sábanas gastadas. Besos púrpura entre colinas de barro y oro, ensuciando la miseria, limpiando a vajilla. Somos tan diferentes y tan iguales a la par, como gotas de agua en el mar, como lágrimas resbalando por un cristal. Cuando una persona siente miedo es la única oportunidad que tiene de ser valiente. Intentemos modificar la escena para evitar ser la nada, un punto insignificante en las galaxias, una acumulación de molestas moléculas conformando un cáncer, un tumor maligno para la Tierra.


Bueno, ha llegado el momento de silenciar las voces dentro de mi ruidoso cerebro, de dar licencia a los fantasmas que me visitan y a los que habito, de ignorar los roces en el alma, de gozar la soledad en la muchedumbre, de las sombras en la penumbra, de prepararme unos espaguetis en salsa de naranja a la menta, esos que nunca te gustaron pero quedaban bonitos en el plato, y de darle sabor y sal al cuerpo; ya sabes: “Juana, Juana, perla oscura de la Habana‌â€?


De tronos, perroflautas y pepinos A todos los amantes de las obras del catedrático de Oxford John Ronald Reuel Tolkien, o a todos aquellos que no la conozcan aún, recomiendo encarecidamente la lectura de la saga “Canción de Hielo y Fuego”, del escritor de New Jersey y profesor de periodismo George Raymond Richard Martín, que comienza con la novela “Juego de Tronos”, a la que considero en muchos aspectos superior a “El Señor de los Anillos” –inferior en otros muchos, pero siempre a la altura –y que ha sido llevada al lenguaje audiovisual con la gran calidad a que acostumbra la cadena HBO. En dicha saga, el rey Robert Baratheon, en un remedo de Sancho Panza cuando sufrió la dura lección de verse gobernador de la ínsula de Barataria, le explica a su amigo lord Eddard Stark sus tribulaciones como gobernante, pues es más fácil hacerse con el poder que gobernar: “Sentarse en un trono es mil veces más duro que conquistarlo. La ley es un asunto tedioso y contar calderilla aún más. Y los súbditos… siempre hay súbditos, siempre, y todos quieren verme. Me tengo que sentar en esa maldita silla de hierro y escuchar sus quejas hasta que se me queda la mente en blanco y el culo en carne viva. Todos quieren algo, dinero o tierras o justicia. Y las mentiras que me cuentan… ni te imaginas. Y las damas y caballeros de mi corte son iguales. Estoy rodeado de imbéciles y aduladores. Es como para volverse loco, Ned. La mitad de ellos no se atreven a decirme la verdad y la otra mitad no la sabe”. Y así parece pasar aquí desde hace demasiado tiempo, con unos politicastros empecinados en aferrarse a la poltrona a cualquier precio y con otros empeñados en plan hooligan en hacerse con el poder a cualquier coste, aunque haya que sumergir entre todos al país en el lodo. Todo en nombre de su exclusivo interés personal y actuando de espaldas a las necesidades del pueblo (soberano, se supone; papel mojado, en realidad) al que hacen ningún caso enfrascados como están en un diálogo de sordos (amén de corruptos, egoístas e ineficaces) en el que se limitan a intercambiar insultos, merecidos por otro lado. En la Declaración de Independencia de los Estados Unidos del Reino de Gran Bretaña, del 4 de julio de 1776, se lee que “todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad. La prudencia, claro está, aconsejará que los gobiernos establecidos hace mucho tiempo no se cambien por motivos leves y transitorios; y, de acuerdo con esto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de


ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad”. Hace pocos días, un tan conocido como bajito preboste del periodismo más conservador de este país calificó de “perroflautas” a los asistentes a las manifestaciones surgidas del 15-M, supongo que un ingenioso alarde imaginativo denigratorio del que debe sentirse muy orgulloso, rebosante de vanidad. Atendiendo a lo que estos piden y al carácter decididamente cívico y pacífico de su comportamiento (teniendo en cuenta que siempre me he calificado de piltrafilla y atendiendo a mi propio sueldo mensual) manifiesto públicamente que yo también soy un “perroflauta”, sobre todo si la acusación parte de dicho sujeto en perenne estado de crispación y agitación, instalado en un cabreo permanente y en eterna posesión de la verdad. Creo que más vale ser un “perroflauta” que un “soplagaitas” o en su caso un soplapollas, pues eso y no otra cosa es un mamporrero oficial de los poderosos como él; actividad mucho más lucrativa, sin duda, pero bastante más indigna y miserable. “Manos arriba, esto es un contrato”, esta pintada de la Puerta del Sol resumía el desaliento ante la situación laboral actual y, sobre todo, la que se avecina. La patronal nunca está contenta, como sucede con los llamados “mercados”, es insaciable como ellos; el despido nunca es suficientemente barato, el sueldo nunca es suficientemente bajo, el IVA nunca está suficientemente alto, los derechos sociales nunca son suficientemente recortables, los beneficios de los ricos nunca son negociables; la especulación financiera siempre es privada cuando arroja beneficios y pública cuando deviene pérdidas o deudas; la flexibilidad siempre alude a recortar derechos de los trabajadores; las centrales sindicales, tras años de extraña complacencia con el poder, parecen una estéril burbuja que no representa a quienes debieron hacerlo, y ahora ya es tarde. Por eso la gente se manifiesta en las plazas. Por eso y por muchas cosas más porque no lo dudemos, ellos, políticos y plutócratas ya le han pasado la letra a Georgie Dann de su próximo éxito veraniego: el corralito, el corralito… Post Scriptum: ¡Viva el pepino almeriense! ¡Abajo la salchicha morcillona alemana! Mientras tanto, los ingenieros y médicos españoles hacen cola para emigrar a Alemania, como años ha, pero esta vez con los licenciados mejor preparados de nuestro país, una generación ganada para la industria y la medicina germana y perdida para España, un país que parece resignado a ser exclusivamente una patria de camareros –dicho con todo mi respeto para los profesionales de la hostelería –.


Pienso, luego me indigno Josevi Hernáez, por aquel entonces subdirector del diario deportivo Marca le contestó a Alfonso Ussía, que quería ser presidente del Real Madrid: “Mira, a nosotros nos da lo mismo Ussía que Navarro que ¡¡¡Mendoza!!! ¡¡¡Mendoza!!! ¡¡¡Mendoza!!!” Esto mismo sucede a los europeos del norte respecto a nosotros, que les da lo mismo Grecia, que España que ¡¡¡Alemania!!! ¡¡¡Alemania!!! ¡¡¡Alemania!!! Todo es relativo, supongo, menos el tamaño del pene de Rocco Siffredi o de Nacho Vidal. Recuerdo la redacción del Marca en los años 80 del pasado siglo, con el mentado y querido Josevi Hernáez, con Alex Sopeña, Manolo Saucedo, Pedro Escartín, Belarmo, Alberto Polo, Amalio Moratalla, José Manuel “Txipirón” García, Enrique Ortego, “Manolete” Esteban, Joaquín Maroto, Óscar Sanz, Antonio Ruiz, David Pécker, David “Malrollo” Arroyo, Luis Timiraos, Carreño, y sobre todo el entrañable Charly Cariño, Amando Cabrero –peaso de guionista –, Javier “el Feo” Suárez, Chema Asensio, Pedro Baraibar y sus magníficas caricaturas, Miguel Ángel Álvaro, Manolo “Culebra” Real, Félix Sanz, Floyd el Guapo… Manolo Saucedo nos decía que éramos la familia Marca, aunque me temo que yo siempre fui un “pijo aparte”, fronterizo y a mi aire, y mientras algunos leían “Camino” de monseñor Escrivá de Balaguer yo leía “En el Camino” de Jack Kerouac… Más adelante, en la redacción de As coincidí con el hombre con la memoria más prodigiosa que jamás conocí: Manuel Sarmiento Birba, un periodista de la vieja escuela, el pasado para muchos, pura raza visceral. Un maestro. Decían que yo escribía bien. Hay gustos y gente para todo, no cabe duda. David Arroyo me decía que en los periódicos deportivos había que “escribir para el andamio”, pero yo escribía la última de Marca, aparte de seguir a algunos equipos en Segunda División B, luego en Segunda y por último en División de Honor, y nunca lo hice pensando “en el andamio”, sino en todos. Además nunca tuve claro porque una persona “del andamio” no podía leer o entender otras cosas en teoría más “profundas”. Y lo sigo pensando porque continúo sin creer en la supuesta superioridad de ciertas elites ni en la supuesta zafiedad del pueblo llano. Creía –y sigo haciéndolo –en el poder y la fuerza del pueblo soberano; de ahí gran parte de mi simpatía por el actual movimiento del 15-M, que está demostrando que la gente corriente tiene bastante claro lo que sucede en el mundo en general, y en España en particular, por muchas motos que nos quieran vender ciertos políticos, financieros y determinados medios de comunicación. No obstante, en aquella época yo –que era el más jovencito de todos y, por ende, más idealista o, si lo prefieren, también más tontorrón o alocado –lo que en verdad deseaba era jugar a baloncesto en la NBA, tocar en una banda de rock –para ligar –y dibujar mujeres como Milo Manara. Nunca llegué al metro ochenta ni mi destreza fue la de Magic Johnson así que me quedé en un aceptable jugador de barrio; era nefasto con los instrumentos musicales –sobre todo con la batería –y respecto a la otra aspiración, como autodidacto, dibujo unas figuras femeninas aceptables… No está mal en realidad. Alfonso Guerra, en una excelente entrevista de mi amiga –y admirada periodista –Silvia Gamo, en la revista Tiempo, afirma que “¿Tienen razón las jóvenes generaciones para encontrarse indignadas cuando ven que es difícil


encontrar un puesto de trabajo y que, cuando lo encuentran, tienen un sueldo no precisamente muy alto mientras que el director, no el dueño, de una gran empresa o de un banco gana 900 veces lo que gana el empleado medio? Tienen razón para indignarse. Ahora, ¿puede salir una gran solución de una concentración donde la gente escribe en una pizarra lo que quiere y vale todo? Pues no. La indignación está justificada pero no va a tener mucha duración el mecanismo asambleario. Algunas cuestiones que dicen de la ley electoral indican que eso lo han hecho personas que no la conocen y, sobre todo, por intereses de un grupo político (…) evidentemente IU”. Pues bien, la precariedad laboral ya la sufrimos en mi generación –y con don Alfonso en el poder, por cierto –, cuando aquello de “más vale un contrato basura que nada”, cuando uno se tiraba en las redacciones de precario –el término no es precisamente nuevo por desgracia en España –o de ayudante de redacción, si no con contratos en prácticas ad aeternum. Y si bien es cierto que ante la injusticia no vale todo, más que nada porque nos iguala con el abusador, sí vale algo más que el mero formalismo políticamente correcto en que muchos de nuestros referentes políticos se han acomodado, abominando de sus creencias pasadas –suponiendo que alguna vez lo fueran –hasta la náusea, pues de aquellos barros vienen estos lodos, de aquellas renuncias, de aquellas dejaciones vienen estas indignaciones. Porque siempre prefirieron el abrazo y la palmadita del poderoso que el apoyo y la defensa de la que en teoría era –y se supone es –su gente, en aras de un supuesto “gobierno para todos”, cuando la historia demuestra que el poderoso, el especulador y el trepa gobiernan para su exclusivo interés, eso sí rodeados de mucho concierto solidario y mucha tortilla de patata en acampadas “buenrollistas”. La gente está harta y lo ha manifestado con claridad: “Pienso, luego me indigno”. La realidad nos está abrasando a todos, chamuscados en el infierno griego. La respuesta es el ejemplo palmario de que nuestros representantes siguen viviendo en su particular burbuja parlamentaria ajena a lo que sucede en la Plaza de la Bastilla. El 15-M no está manejado por Izquierda Unida ni por otro grupo –que se lo digan a Cayo Lara y lo que le cayó, valga la redundancia, en Madrid –sino por personas muy enojadas con sus representantes. Soy el primero que denuncia la violencia porque creo que nunca ha conducido a buen puerto ninguna empresa por loable que ésta fuera, pero no puedo tampoco negar la evidencia: o los políticos se ponen las pilas y cambian o los violentos se impondrán pudriendo un movimiento a todas luces justo y yo diría que hasta necesario. Si los recortes siguen cebándose en los cuellos de los débiles, las guillotinas aparecerán en las calles de España. Los verdaderos responsables de la actual situación no han pagado ni un céntimo por sus desaguisados: los especuladores financieros campan por sus fueros y mantienen la actual coyuntura porque es una enorme teta de la que siguen chupando leche en forma de millones de euros libres de polvo y paja; los banqueros solicitan ajustes para todo el mundo excepto para ellos; los políticos siguen anclados en prácticas que se han demostrado obsoletas y viven de espaldas a la realidad, como si todo esto sólo fuera un sarampión pasajero. Un grupo de violentos –que por cierto son los mismos que aprovechan cada triunfo deportivo del Barça para liarla parda en Canaletas –aprovechó la protesta del movimiento 15-M en Barcelona para acongojar frente al Parlament


a los políticos catalanes, quienes por cierto tampoco descollaron por su valentía (con numerito de helicóptero incluido, tipo Vietnam, cuando hubiera sido más que suficiente un furgón policial), pero las últimas y multitudinarias manifestaciones en las principales vías de España han demostrado con meridiana claridad el carácter pacífico real del movimiento 15-M. Por cierto, Felip Puig i Godes, Conseller de Interior de la Generalitat de Cataluña, ha asegurado que “no piensa dimitir”… por los incidentes con sus Mossos en Barcelona. Faltaría más, añadiría yo. La verdad es que lo sorprendente hubiera sido lo contrario. El salario mínimo español será de 657 euros como máximo en 2012. Grecia –rescatada dos veces –tiene un salario mínimo de 739,7 euros –casi 100 euros más alto que el nuestro –; el de Irlanda –también rescatada –es de 1.253,1 euros –es decir, más del doble que el nuestro –; el de Italia o el de Bélgica – compañeras nuestras de fatigas, según la ministra Salgado –son de 1.031 y 1.212,8 respectivamente; el del Reino Unido es un 52% más alto que el español, pese a que la renta per cápita británica sólo es un 10% mayor que la nuestra. Sólo es más bajo que el nuestro el de Portugal –por cierto, también rescatada – con 485,1 euros –como siempre, menos mal que nos queda Portugal –. España examinará ante Europa más entidades financieras que Francia, Alemania e Italia juntas, cuando el propio Barack Obama ha denunciado públicamente las actuaciones nada claras del Deutsche Bank. Esa es la triste realidad y nadie la explica con suficiente claridad, pues resulta evidente que una paga mínima más alta no implica una menor tasa de empleo, líderes como somos del desempleo. Nuestros banqueros, sin embargo, están en el furgón de cabeza con sus colegas europeos, sobre todo aquellos que ahora están siendo investigados por tener cuentas opacas –qué bello eufemismo –en Suiza. Esa es la realidad y esa es la verdadera fuente de la violencia. Lo malo es que la sangre salpica. Debemos intentar desterrar la violencia de nuestra senda, pues deslegitima la causa, porque da argumentos a quienes intentan silenciarla en aras de favorecer a los facinerosos y, sobre todo, porque la mancha de la sangre es indeleble. En Francia siguen enfermando más personas por consumir productos alimenticios alemanes –de los supermercados germanos Lidl –, en esta ocasión productos cárnicos, lo que no ha sido óbice para que sea la industria alimentaria española la que haya quedado tocada de muerte y se esté aprovechando de ello la francesa –hasta de las indemnizaciones –. La llamada “crisis del pepino” nos vale como comparación con lo que está sucediendo a nivel financiero: la economía británica está enviando todos los misiles a su disposición para aumentar las dudas sobre nuestra solvencia como una cortina de humo que oculte la realidad de su propia realidad económica, como mínimo dudosa, y de las maniobras de los tiburones de la City londinense, sobre todo tras el descalabro en Islandia, y todo ello alimentado con la actitud de nuestros politicastros peleándose entre ellos ruidosamente como gallinas. Esa es la triste realidad y es la verdadera fuente de violencia. Cambié aquellas redacciones de periodismo deportivo por un subfusil; en aquella época quería ser reportero de guerra. Una fiebre, me quedé en militar y periodista, que viene a ser lo mismo pero al revés. Aprendiendo de las personas, de los miedos, anhelos y valores en el ejército, donde conocí también una galería no menos impresionante de personas. Ya fuera de la milicia, de regreso a las


letras y a la sociedad civil, más personas, nuevas vivencias, más vicisitudes. El Innombrable, un tipo entrañable, me dijo en la redacción del As: “José Manuel, la historia de España está llena de hombres de letras y de armas; Cervantes, sin ir más lejos”. Todos ellos han protagonizado de una manera u otra mi paso por este teatro que llamamos vida y han ido conformando mi carácter con su interacción conmigo en ella. Me alejé de las armas, sigo con las personas. Busco un mundo, un sueño, una utopía, como todos. Quiero jugar a baloncesto, aunque pese cuarenta kilos de más y ya tenga que ser en una cancha de barrio; canto –mal y en la ducha –rock and roll, aunque escribo letras para algunas canciones de músicos que sí saben tocar, y sigo queriendo dibujar mujeres espléndidas como el gran Milo Manara… No está mal después de todo.


Irena Sendler y la humana injusticia Andrés García, mi viejo y querido profesor del colegio del Mercado de San José de Valderas, me envía un e-mail que da cuenta de las vicisitudes de Irena Sendler, una enfermera polaca fallecida a los 98 años de edad y conocida como “la madre de los niños del holocausto” o “la Schindler polaca”, pues salvó a 2.500 niños judíos en el gueto de Varsovia, creado allí por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Los nazis castigaban con la pena de muerte a los polacos que brindaran cualquier tipo de ayuda a la población judía, pero ello no arredró a Irena quien, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió en 1942 al Zegota, el Consejo para la Ayuda de Judíos, aunque ya colaboraba con la resistencia polaca desde el otoño de 1940 cuando comenzó a arriesgar su vida para llevar alimentos, ropa o medicinas a los judíos confinados en el barrio de Varsovia donde se hacinaban unos 450.000 hebreos. La enfermera proponía a las familias sacar a sus hijos del gueto, aunque sin poder garantizarles éxito en la misión. Lo único seguro era que los niños morirían si permanecían en él, pues todos ellos serían conducidos a los campos de exterminio. Durante ese año y medio, Irena consiguió rescatar a más de 2.500 niños recurriendo a distintos medios. “Como los alemanes invasores tenían miedo de que se desatara una epidemia de tifus, toleraban que los polacos controláramos el recinto." Así pues comenzó a sacar a los críos en ambulancias como supuestas víctimas de dicha enfermedad. Después utilizó todo tipo de tretas como vías de escape: ocultándolos en ataúdes, en sacos terreros, en cubos de basura, cargamentos de mercancías, en sacos de patatas... En la parte trasera del camión llevaba a un perro entrenado para ladrar a los soldados alemanes para alejarlos de la caja y camuflar además los posibles ruidos de los críos. Posteriormente los ocultaba en el seno de familias católicas polacas y en conventos. El 20 de octubre de 1943, tras aplastar el levantamiento del gueto de Varsovia, Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y recluida en la prisión de Pawiak donde fue torturada: le rompieron las piernas, los brazos y fue brutalmente golpeada y vejada. Ella era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos y no los traicionó. Soportó estoicamente la tortura y se negó a delatar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Fue sentenciada a muerte por ello. Mientras esperaba la ejecución, un oficial alemán se la llevó aduciendo que era para someterla a un "interrogatorio adicional", pero al salir le gritó ante su sorpresa que huyera a la carrera de allí. Al día siguiente de su fuga halló su nombre en la lista de los polacos ejecutados y continuó trabajando bajo una identidad falsa. Durante el levantamiento de Varsovia, guardó las listas de los niños en frascos de conserva y los enterró en el jardín de una vecina para asegurarse de que llegarían a las manos indicadas si ella moría. Al finalizar la guerra los desenterró, entregando personalmente las notas a Adolfo Berman, el primer presidente del Comité de Salvamento de los Judíos Supervivientes. La mayor parte de las familias de los niños había muerto en los campos de exterminio nazis. Los huérfanos sin


familia adoptiva fueron internados en orfanatos y posteriormente enviados muchos de ellos a Palestina. Su historia fue silenciada después por 40 años de dictadura comunista y los niños judíos sólo conocían a Irena por su nombre en clave: “Jolanta”. Sin embargo, un grupo de estudiantes estadounidenses supieron de ella y difundieron sus vivencias a través de diversos medios de comunicación. Así la reconocieron también muchos de aquellos niños, al recordar en aquel rostro a la mujer que les había salvado la vida sacándolos del gueto. De este modo comenzó a recibir muchas llamadas y públicos reconocimientos. La organización Yad Vashem de Jerusalén le otorgó el título de Justa entre las Naciones en 1965 y se la nombró ciudadana honoraria de Israel. En 2003 el presidente de la República polaca, Aleksander Kwasniewski, la premió con la Orden del Águila Blanca, la más alta distinción civil de Polonia. En 2007 el gobierno de Polonia la presentó como candidata para el Premio Nobel de la Paz, con el apoyo oficial del Estado de Israel y de la Organización de Supervivientes del Holocausto. Las autoridades de Auschwitz expresaron su apoyo a esta candidatura, considerando a Irena Sendler como una de las últimas heroínas vivas de su generación y que había demostrado una fuerza, una convicción y un valor extraordinarios frente a un mal de una naturaleza extrema. El Comité Nobel Noruego concede el Premio Nobel de la Paz “a la persona que ha hecho el mejor trabajo o la mayor cantidad de contribuciones para la fraternidad entre las naciones, la supresión o reducción de ejércitos así como la participación y promoción de congresos de paz”. Finalmente el galardón fue concedido a Al Gore, candidato a la presidencia de Estados Unidos. También han sido premios Nobel de la Paz, por ejemplo, Theodore Roosevelt, Willy Brandt, Henry A. Kissinger, Lech Walesa, Mijail Gorbachov, Yasir Arafat, Isaac Rabin, Shimon Peres o Barack Obama. Ni Irena ni Mahatma Gandhi, que fue propuesto en cinco ocasiones, han recibido este premio. Huelgan los comentarios. En el holocausto no sólo fueron masacrados millones de judíos: gitanos, republicanos españoles en el exilio e incluso 1.900 sacerdotes católicos fueron víctimas de la locura nazi. “Me educaron en la idea de que hay que salvar al que se ahoga, sin tener en cuenta su religión o su nacionalidad”, solía decir Irena Sendler. Las palabras y la actitud de esta valiente enfermera son plenamente vigentes hoy día, especialmente ante la actitud del gobierno israelí con respecto a los niños palestinos, y en unos momentos de crisis económica, política y social como la que nos ha tocado vivir, en los que se nos vende que lo idóneo es callarse, mirar para otro lado y que cada palo aguante su vela. La unión y la solidaridad alejada de sesgos sociales, políticos y egoísmos particulares son las armas que permiten salir de las situaciones de verdadera crisis. Cada cual debe aportar su granito de arena, el que en conciencia considere apropiado o justo. Post Scriptum.- La película “The Courageous Heart of Irena Sendler” nos relata las andanzas de esta verdadera heroína.


Todo es de Color Leo en la revista “Tiempo” que “31,3 euros al mes es el precio de la oferta más barata de Internet de banda ancha en España, incluyendo ahí la cuota de línea. O sea, el más caro de todos los países occidentales. En Estonia pagan, por lo mismo, 9,51 euros. En Turquía, 10,07. En Eslovenia, 10,2. En Japón, 10,43. En otras palabras, ¿a quién debemos enviar un antifaz y dos pistolas cuando nos enteremos de que es su cumpleaños?”. Luego nosotros, usted o yo, somos los piratas del Caribe. No, no somos nosotros los que estamos inmersos en este inmenso mercadeo, ni en la famosa guerra de los 365 millones de euros de la SGAE del señor Teddy Bautista. La línea que separa decentes de filibusteros es demasiado fina y, últimamente, muy difusa. A menudo lo que diferencia a un paladín de la sociedad de un offsider es un matiz, un simple punto de vista. Recientemente ha fallecido Milijov Asner, exjefe de la policía croata –es decir, un prohombre de su sociedad –incesantemente buscado por genocidio –esto es, un asesino y un canalla –, lo que no le impidió asistir con igual impunidad y descaro a la Eurocopa de fútbol en Austria. Este policía filonazi ha fallecido a los 98 años de edad sin rendir cuentas ante la justicia, al amparo de Jörg Haider. Claro, ¿quién dice qué, quién dice quién? A menudo lo que marca la diferencia es, sencillamente, la cuna, e históricamente es la pobreza. El sistema penitenciario penaliza la pobreza. Hace muchos días que no me encuentro por la calle con mi amigo Juanito pidiéndome “un eurillo para un litro de leche” que todos sabemos bien que es para vino o cerveza. Es igualmente ingenuo pensar que todos los presos son unos angelitos indefensos. Si los hijos de puta volaran no se vería el sol, sí, detrás de las rejas, pero fuera de ellas también. Afortunadamente son mayoría las buenas personas fuera de la cárcel e imagino que dentro también. El sistema penitenciario penaliza la pobreza y los males que ésta acarrea: exclusión social, desarraigo, desapego y, finalmente, rencor sino odio. Ya conocen la letra de la famosa rumba catalana: “Cuando yo tenía dinero me llamaban don Tomás, ahora que ya no lo tengo me llaman Tomás na más” o el acaso más poético “Tanto tienes tanto vales… y pare usted de contar; hoy respiramos, mañana dejamos de respirar” del “Benito” de Joan Manuel Serrat. El protagonista del western “Blackthorn”, un envejecido Butch Cassidy, afirma que la vida se reduce a “cuando te marchaste de casa y cuando regresas a ella, lo demás sólo es lo que hay en medio”. Volar del nido, retornar a las raíces, a tu hogar. Nadie muere del todo, al menos mientras se le recuerda, por eso es especialmente atinada una de las canciones de la película en la que se dice “que ninguna tumba es capaz de retener mi cuerpo”. En otro memorable western, “La puerta del Cielo” de Michael Cimino, en el que por cierto se narra un intento de genocidio sobre una masa de emigrantes hambrientos, podemos escuchar que “parece que ser pobre va a estar penalizado en este país”. “Siempre lo ha estado” contesta con una sonrisa desengañada el personaje interpretado por Kris Kristofferson. La honestidad y el engaño, dos caras de una misma moneda. En el mundo hay dos razas: ricos y pobres. Lo demás, como diría Butch, “es lo de en medio”. Pero no todo es dinero, “la amistad es lo mejor que un hombre puede tener”, a ello se aferra con energía Butch Cassidy. Es la mayor riqueza y, en el mundo, como digo, sólo hay dos razas: ricos y pobres.


“Todo es de color” sonaba en la celda y la voz de Lole le hacía más llevadera su estancia carcelaria; tras los barrotes, lejos del cielo por el que volaba la mariposa blanca que acabó clavada con alfileres sobre cartulinas negras en el museo de breves bellezas muertas… “De lo que pasa en el mundo, por Dios que no entiendo nada; el cardo siempre gritando y la flor siempre callada. Qué grite la flor y que se calle el cardo y todo aquel que sea mi enemigo que sea mi hermano”. Sí, todo es de color, pero cada vez más del color a través del cristal por el que mira cada uno, que para la mayoría de los de un bando al menos siempre es del color de las litronas: marrón oscuro. Recuerdos de un viejo conocido del barrio en el talego. Después me la pedía en el garito donde yo pinchaba música ocasionalmente. “Pónmelas si puedes, son dos canciones que me aliviaban un montón”. Y yo, claro, podía. A mí, la segunda de las citadas composiciones de Manuel me recordaba a una muchacha que conocí cuando Lole recitaba cantando a “esa mariposa blanca que era la reina de todas las mariposas del alba. Feliz la mariposilla, presumidilla y coqueta, parecía una flor de almendro mecida por brisas frescas… Blanca la mariposa y rojo el clavel, rojos como los labios de quien yo me sé”. Josep Lluís Carod Rovira, exlíder de Esquerra Republicana de Catalunya y bufón de la Corte, se enojó profundamente con los indignados del movimiento 15-M en Barcelona porque sus carteles estaban escritos en castellano y no hablaban de nacionalismo, por lo que les exigió que se fueran “a mear a España”. Yo lo respaldo, sí señor. Cada cual a su casa: él señor Carod Rovira, a la jaula de los gorilas a sustituir a Copito de Nieve en el zoo de la Ciudad Condal. Seguimos en la brecha, en la boca del cañón humeante. Es lo que toca. Es tan buen día para morir como cualquier otro. Lo que cuenta es que los ancestros aprueben nuestra conducta y nos acojan en el Valhala, como solicitaban los viejos guerreros vikingos: “He aquí que veo a mi padre. He aquí que veo a mi madre, a mis hermanos y mis hermanas. He aquí que veo el linaje de mi pueblo hasta sus orígenes. Y he aquí que me llaman. Me piden que ocupe mi lugar entre ellos, en los atrios del Valhala, el lugar donde viven los valientes para siempre”. Carod vive lejos, demasiado lejos del Valhala, sobre todo cuando solicita que no corran sangre y orines en sus tierras, sin importarle que rieguen las de los vecinos. Se llama egoísmo, se llama insolidaridad y, sobre todo, esconde cobardía, atributos todos ellos de pasados y futuros genocidas. Post Scriptum: “La Puerta del Cielo” fue un absoluto fracaso en taquilla y la productora se arruinó. Ahora es un clásico del que por supuesto se enorgullece la Metro Goldwyn Mayer… Todo es de color.


Oraciones Recientemente asistí a un concierto acústico de Sherpa, el exbajista de Barón Rojo. Fue entrañable por muchos motivos, entre ellos por “el recuerdo del pelo largo”, como reza la canción “Una Noche Sin Ti” de Burning, y por constatar como viejos rockeros de esta Tierra de Caín siguen peleando meritoriamente contra molinos de viento para seguir en la brecha, como el propio Sherpa, Miguel Oñate, Lele Laina, José Luis Jiménez, Rosendo o tantos otros menos conocidos. “Están los que luchan, ésos son los que valen”, decía Bertolt Brecht y lo suscribo. Decía yo que escuchaba a Sherpa cantar “El Malo”: “Castigador y animal, peleón perverso y audaz, él siempre tuvo claro lo que iba a ser de mayor: malo, ser el malo…Por más que lo intentó y puso empeño en aprender al fin reconoció que el mal no se le daba bien y vio que con la maldad no es cuestión de bromear porque es un juego sucio en el que siempre hay quien te puede vencer” Los malos de verdad suelen vivir camuflados y suelen tener muy buena pinta y, sí, a diferencia de las películas, en la vida real suelen ganar. Y no tienen piedad, así que a la gente normal sólo le queda rezar, recurrir a las oraciones. “Por todo lo que debimos pensar, y no pensamos. Por todo lo que debimos decir y no dijimos. Por todo lo que debimos hacer y no hicimos, Dios, te suplico perdón” rezaba Ahmed Ibn Fahdlan antes de la batalla final en “El Guerrero Número 13”. Oraciones, todos tenemos las nuestras, hasta los ateos; viejos y jóvenes, ricos, pobres… “El Pueblo llano, cuando reza, pide lluvia, hijos sanos y un verano que no acabe jamás. No les importa que los grandes señores jueguen a su juego de tronos mientras que ellos los dejen en paz. Pero nunca los dejan en paz”, reflexiona en voz alta el exiliado sir Jorah en “Juego de Tronos”. Ese es el problema, que nunca nos dejan en paz. Que se lo digan a los iraquíes, a los afganos –talibán va y viene –, a los palestinos, a los magrebíes, a los mejicanos del norte, a los griegos, a los portugueses –al pueblo que no a sus banqueros –, a nosotros mismos, con sus Bildus y Antibildus, con sus 11-M, con sus “juegos de tronos” y en medio, el pueblo, siempre el pueblo humillado, apaleado o directamente masacrado. ¿A quién le interesa la opinión del pueblo? Hace años se creía que, al menos, a los profesores y a los periodistas. Se supone que también a los políticos honestos, aunque éstos últimos han caído en desgracia por sus propios pecados. Se resume en la frase que leo en una entrevista al músico Carlinhos Brown en el periódico 20 Minutos: “El que quiere ayudar a los demás no se mete en política”. Si esto es cierto, la política pierde su sentido y su esencia, se convierte en mafia. En España “nunca ha de faltar un noble que robe más de la cuenta” declaraba Don Mendo en la genial obra de Muñoz Seca. Por eso se demanda democracia real, se demanda honestidad a quienes pretenden liderarnos. Una injusticia históricamente repetida se torna en costumbre, pero nunca en justicia, pero al corrupto le vale, al igual que a los propagandistas nazis les servía el argumento de que una mentira mil veces repetida se convertiría en realidad, algo en lo que se siguen afanando ciertos periodistas, para descrédito de dicha profesión. “El pueblo no se indigna contra el periodismo sino contra aquellos periodistas que dicen lo que hay que opinar y cómo hay que pensar. Los


periodistas deben ser los ojos, la boca y las manos del pueblo”, afirma en un atinadísimo artículo Manuel Domínguez Moreno en Cambio 16. Opino como él, y como ya he escrito con tristeza en repetidas ocasiones, que lo cierto es que los círculos del poder han convertido a los medios de comunicación en un altavoz servil a las órdenes del capital, renunciando a su vocación de servicio público, como esos médicos que huyen de la Seguridad Social para centrarse en la mucho más lucrativa sanidad privada. He aquí una de las claves primordiales por las que el pueblo se ha atrincherado en las llamadas redes sociales y he aquí una de las razones por las que éstas están siendo atacadas virulentamente por dichos medios y, en realidad, por el poder político y económico, hasta que las controlen o terminen con ellas. Todo se resume en el siguiente ejemplo: Cuatro ha pasado a manos de Tele 5 y, en menos de un año, el canal de noticias CNN + ha sido sustituido por un canal temático de Gran Hermano o Supervivientes (tanto da, es lo mismo pero en taparrabos) y el programa El Hormiguero ha sido reemplazado por uno de descerebrado/as luciendo cacha y musculito en playas y piscinas. Si el medio es el mensaje como nos decía Marshall McLuhan, el mensaje de Tele 5 es una auténtica mierda y el objetivo, lejos de ser irrisorio, da auténtico pavor: una sociedad aborregada y analfaburra, como editorializaba recientemente Forges al denunciar que la reducción de maestros sólo beneficia a aquellos líderes que nos prefieren analfabetos, algo que ha sido forja de dictadores desde que el mundo es tal. El proceso de aborregamiento y desalfabetización es especialmente preocupante porque una crisis económica puede ser tratada pero la falla educativa nos sumerge en una sima sin fondo, nos conduce a una senda a menudo irreversible. Creo que es utópico pensar en un mundo que goce de una información veraz y objetiva sin subordinación al poder establecido, pero siempre me atrajeron las utopías y, además, creo que es nuestra responsabilidad tender a ello, es nuestro derecho y debemos exigirlo, como se consiguen los derechos: luchando, como quien juega a las siete y media, llegando y sin pasarnos tal y como definía el bueno de don Mendo a la pérfida Magdalena: “A más de una hora, señora, las siete y media es un juego Y un juego vil, que no hay que jugarlo a ciegas, pues juegas cien veces mil, y de las mil ves febril que o te pasas o no llegas. Y el no llegar da dolor, pues indica que mal tasas y eres del otro deudor. Mas ¡ay de ti si te pasas! ¡Si te pasas es peor!” Al fin y al cabo si fracasamos, haremos como nuestros políticos: echarle la culpa al rival, al empedrado o excusarnos como el citado don Mendo: “¡No fui yo… no fui! Fue el maldito Cariñena que se apoderó de mí!” Nos dicen que es la realidad, que debemos resignarnos a ella, que debemos ser realistas, que quizá sólo nos falta rezar nuestras oraciones. Yo digo que aún nos queda soñar, rebelarnos contra ese destino y luchar por un mundo más justo, igualitario y, por ende, más digno y, a las malas, morir en el empeño con la frente alta y clamando como el buen marqués: “¡Ved como muere un león cansado de hacer el oso”.


En mitad del verano…. Hemos pasado de los terroristas del ladrillo a los terroristas financieros. Es decir, de Málaga a Malagón. Los europeos somos cochinillos al borde de un ataque de nervios bancarios, abocados al colapso financiero; cochinillos con la manzanita de los derechos sociales en la boca girando sobre las brasas griegas con el palo de los derechos laborales insertado en el ano, es decir, el culo en castellano. La guerra contra el pobre está claramente inclinada del lado de los señoritos especuladores que asisten al drama de millones de familias despeñándose por el barranco de la miseria mientras ellos se broncean a bordo de yates de recreo y se relajan en spas de lujo –La falta de escrúpulos y las felonías estresan una barbaridad –. Inmersos en la canícula, los libertos, piltrafillas, perroflautas y demás adjetivos con que nos quieran obsequiar Federico Jiménez Losantos I el Grande –sin segundas… bueno sí, con segundas –y sus acólitos en los mass media, observamos con estupor los titulares económicos de la actualidad más indignante: La amenaza de las agencias de calificación de riesgo Moody’s Investors Service y Standard & Poor’s sobre la deuda de Estados Unidos lastra a los mercados europeos; el bloqueo de la negociación entre republicanos y demócratas conduce a Estados Unidos a la quiebra –no es permisible que Obama quiera seguir adelante con el gasto sanitario y ayudar a los desfavorecidos del imperio yanqui –; China, principal poseedora de la deuda estadounidense, crece un 9,5% en el segundo trimestre de 2011 con una inflación del 6,7%; Berlín –Merkel, no olvidemos: la alemana que vino del este y la responsable última del descrédito de los pepinos españoles –frena los planes para celebrar una cumbre urgente del Eurogrupo; las agencias colocan a Irlanda de nuevo en su punto de mira; el FMI prevé que la economía griega se contraiga el 3,8% este año y que la deuda pública rebase el 170% del PIB de 2012 en un círculo vicioso del que los pobres griegos no saldrán jamás; la caída del Ibex en bolsa llegó a superar el 1%; Sberbank, el mayor banco ruso, obtiene en el primer semestre de 2011 un beneficio neto de 6.050 millones de dólares, un 280% más que en el mismo periodo de 2010; el español Banco Popular cuadruplicó su beneficio en Portugal en 2010; los grandes bancos españoles sacan buena nota en las pruebas europeas, tras superar pruebas más duras que sus homólogos europeos; el ERE le costará ¿a Telefónica? 2.700 millones de euros el año que más beneficios ha obtenido en su historia; el senado italiano aprueba el ajuste que golpea a las familias y sube los impuestos castigando a los más débiles; más de la mitad de los hogares gallegos llega “con dificultad a fin de mes”... Esto es lo que hay. Bueno, eso y la sombra que surge entre los lodos financieros de los seguros de impago (CDS), que son la reedición o reencarnación de las hipotecas basura con que comenzamos a reírnos a escala mundial hace unos años. Es decir, son el nuevo ataque de los zombis vivientes, el nuevo espantajo que esgrimirán los especuladores para seguir lucrándose


arruinando a los de siempre. Esta partida de póker se juega con las cartas ya vistas. En realidad es una partida de ajedrez que se libra sobre un tablero en el que ellos disponen de 4 reinas, 6 torres y 12 caballos… ¿Adivinan quién ganará? La Europa de los mercaderes ha terminado devorando a la Europa de las personas, a la Europa de los derechos sociales y humanos, pero como acertadamente sostiene Giulio Tremonti, ministro de Economía italiano: “Si nos hundimos como el Titanic tampoco se salvarán los de primera clase”… Ángela Merkel y Leonardo Di Caprio… perdón, Nicolás Sarkozy incluidos. Aquí seguimos, chapoteando en el fango, con el agua al cuello pero muy preocupados por si Neymar o el Kun Agüero fichan por el económicamente todopoderoso Real Madrid del craso Florentino Pérez o si Cesc Fábregas o Alexis fichan por el no menos ricachón Fútbol Club Barcelona, aunque si escuchas a los culés parece que ellos no poseen dinero y contratan gratis a los futbolistas. Pues no, señores, el Barça desembolsa sumas igualmente bochornosas que los merengues por hacerse con los servicios de sus futbolistas. Mientras, internautas portugueses han atacado y colapsado la página web y las líneas telefónicas de Moody’s desde una plataforma en Facebook. Además proponen “devolver la basura” a la citada agencia enviando paquetes con desperdicios a su dirección postal. Y yo no tengo por menos que exclamar: “¡Menos mal que nos queda Portugal!” ¡Ay, pobres lechones europeos! Cantemos y dancemos en los salones del Titanic: ¿Quién teme al lobo feroz, al lobo, al lobo? ¿Quién teme al lobo feroz… al lobo feroz?


Ferrocabral, fin de trayecto Con el asesinato de Facundo Cabral en Guatemala se ha ido uno de los últimos mitos del siglo XX. Un icono, la voz de la América humilde, sencilla, explotada. La voz dulce, sensible, irónica y terrible. Henry Fariñas, un empresario, se ofreció a llevarlo al aeropuerto tras presenciar su último concierto en el Teatro Roma. El automóvil fue balaceado por unos sicarios nicaragüenses que pretendían matar a Fariñas y se llevaron de rebote con él al cantautor argentino. Mi querido amigo Iván me recomendó escribirles sobre él, algo que me negaba a hacer por puro miedo, pues hablamos de un mito y éstos siempre se mueven en arenas movedizas. Pero Facundo Cabral lo merece porque jamás militó en partido político alguno, porque denunció la injusticia allá donde la visitó, porque cantó alto y claro, porque hizo de la paz y el amor su credo. Así que comenzaré como él cantaba en su ya mítico recital de 1984 “Ferrocabral”, donde desgrana mejor que nadie su propia vida y, de paso, la vida de todos: “Prepárense que vamos a partir. Este es el tren de la muerte que cruza por la vida. Vamos a escapar de la nostalgia que nos condena al pasado… ¡Adelante! Pueden subir todos: hijos de generales y degenerados, explotadores y explotados, dirigentes y dirigidos, presidentes, presididos o presidiarios. A la izquierda, los revolucionarios, a la derecha, los reaccionarios; en el medio, los hombres, los que deciden su propia vida, es decir, tres o cuatro”. Nadie mejor que el propio Facundo Cabral, “el cantor de un pueblo que no me pertenece”, para definirse: “Las canciones vienen solas, sólo soy un cartero que las ofrece; soy libre, tal y como soy y sin ninguna cosa que cuidar, sólo tengo una maleta y una guitarra, hasta en Buenos Aires vivo en un hotel. Soy un vagabundo firstclass”. O también: “Hace mucho que andamos a la deriva en el mar del tiempo. No sé si se acuerdan de mí. Yo soy Facundo Cabral y ahí no termina la cosa. Soy el hijo de Sara y con eso es suficiente. Soy el orgullo de mi abuela, que es la vergüenza de mi familia. Por mi abuela comencé a leer la Biblia a la altura de la (María) Magdalena… Soy la peor parte de Isabel, que es mi mejor parte. Ella no puede vivir sin mí y yo la comprendo porque yo tampoco puedo vivir sin mí”. Facundo Cabral nació pobre de solemnidad el 22 de mayo de 1937. Su padre abandonó a su madre y a sus siete hermanos y, ese mismo día, su abuelo los echó de casa. “Entre pobres yo nací, entre pobres me crié, entre pobres voy viviendo y entre pobres moriré”, cantaba. A los nueve años, ya alcohólico, consiguió un trabajo para él y su madre por la propia Eva Perón, impresionada ante aquel niño que había burlado el cerco policial en la Casa Rosada, que había huido de su casa y peregrinado en solitario desde la Patagonia, para pedir un laburo: “Al fin alguien que pide trabajo y no limosna”, contaba Cabral que dijo Evita. Recorrió Argentina hasta la adolescencia trabajando de “peón golondrina”, es decir, en los campos, recogiendo lino, trigo, patatas… viviendo en carromatos. A los catorce años, analfabeto y extremadamente violento, estaba preso en un penal. Entre rejas trabó profunda amistad con el padre Simón, un jesuita que le enseñó a leer y escribir, y entre rejas se sacó en tres años los estudios de primaria y secundaria (en Argentina se tardaba doce años


en conseguirlo). Se fugó de la cárcel ayudado por el sacerdote y se instaló en Mar del Plata, donde aprendió a tocar la guitarra. Sus referentes los encuentra en Atahualpa Yupanqui, en Gandhi, en Teresa de Calcuta y en Jesús de Nazaret. Este hombre de origen tan humilde terminó grabando con Neil Diamond, Alberto Cortez o Julio Iglesias y recorrió más de ciento cincuenta países. Perdió a su mujer y su hija en un accidente aéreo cuando tenía cuarenta años. Superó un cáncer y se quedó ciego. La armónica escéptica de Cabral suena con el soniquete del ferrocarril, como sus ojos, ciegos pero siempre atentos. “Vamos cruzando por la vida con el tren de la muerte viendo como el progreso acaba con la gente”. Gran admirador de Borges y de Mark Twain, quien como él opinaba que “a mi edad cuando me presentan a alguien ya no me importa si es bueno, malo, rico, pobre, negro, blanco, judío, musulmán o cristiano. Me basta y me sobra con que sea un ser humano… peor cosa no podría ser”. Y aún así vive en permanente lucha por los más desfavorecidos desde su creencia religiosa agnóstica y su activismo social, acaso anarco social, “porque tú y yo somos la misma cosa”, como aprendimos de Walt Withman. “Orgulloso del hambre que me mantiene despierto. Soy inventor de mi mismo porque esa es la tarea que me ha encomendado el Señor. El Señor o el diablo, que son la misma cosa. El diablo es un seudónimo que tiene el Señor para cuando tiene que crear alguna cosa de dudosa moral, para no quemar su buen nombre utiliza el seudónimo”. Recordando su paso por Andalucía, “donde María cultiva el arte mayor de las hogueras”, cuando le presentaron a una condesa que donaba un terreno de su familia al municipio de Sevilla para hacer un parque público y su amigo, “el turco” Jorge Cafrune, le preguntó: “¿Lo donó o lo devolvió?”. Exiliado por la dictadura de Videla en México, donde se echaba “unos tragos, pero sin exagerar, sólo hasta caernos… donde si el vino te hace mal para el trabajo, pues deja el trabajo porque fijaos si es malo el trabajo que deben pagarte para que lo hagas.” Por defender la libertad ante los radicales que en el mundo gobiernan desde uno u otro signo se quedó solo, y a lo mejor ése fue su premio. Pero se equivocó, como le pronosticó Nacha Guevara, la democracia no acabó con la canción protesta: ésta sigue siendo igualmente necesaria porque los políticos siguen –y seguirán –haciendo macanas y pendejadas. Siempre canta entre descreído y jocoso: “Si el final es la muerte, la única ciencia es sobrevivir y cada uno lo hace como puede: Maradona con los pies, Moria con las tetas, Jorge con la cabeza y Rockefeller con el sudor de la gente… Al fin y al cabo todos ejercemos la mendicidad de alguna manera, salvo los hombres como Pedro Mendizábal que al igual que la madre Teresa tienen la libertad que sólo nos puede dar la pobreza, la pobreza que uno elige no la que nos imponen”. Tu Pedro Mendizábal que siempre dudó del cura y sus promesas, que hizo desde la mesa del peón al techo del capataz, desde el féretro de su padre hasta la cuna de su hijo, que alambró los campos y ayudó a limpiar la escuela, que hizo el muro de cemento que frenó la inundación y el banco de la estación donde su mujer se sentaba todas las siestas a esperar al hijo que nunca volvió, que aprendió lo suficiente para tener lo necesario: “el pan, el vino, el amor y la milonga que canto”, y que hizo todo para los demás pero para él no hizo nada.


Gracias a los sones de Cabral aprendí que vivimos en el presente – “el que vive añorando el pasado no vive el presente; el que vive planeando el futuro no vive el presente, que es lo único que hay”* –y que debemos cuidarlo porque en él viviremos el resto de nuestra vida, “una vida que nunca entendí, pero que de todas maneras valía la pena vivir porque es hermosa a pesar de tanta guerra, que valía la pena perderse por el mundo y volverse a encontrar para volverse a perder… Yo soy Facundo Cabral y ahí no termina la cosa”. Amén, descansa en paz viejo “polvo sagrado, acaso no más que un sueño de los sueños del Señor”, tú que nunca tuviste domicilio fijo porque no eras de ninguna parte porque eras de todas… porque eras del mundo. Descansa y canta para nosotros, invicto y humilde como siempre, mucho más abajo que las estrellas, “volando bajo, porque abajo es donde está la verdad, algo que los hombres no aprenden jamás”. Reza, ataca, bromea, pero canta porque, como recordaste que decía Tagore, “cuando un hombre trabaja, Dios lo respeta, mas cuando un hombre canta Dios… lo ama”, aún más si canta como cantás vos, viejo, que sabes que “la revolución fundamental es revolucionarse”. Y cantaremos contigo: “Altísimo Señor, no te preocupes por el pan nuestro de cada día, porque eso es cosa nuestra, para eso somos hombres, pero no nos dejes sin el sueño de cada noche porque sin él nada somos, nosotros que tal vez sólo seamos un sueño que tu sueñas, amado Señor, Padre nuestro que estás en el surco, sacrificados seres nosotros así en la tierra como en el agua. El pan nuestro de cada día ablándanos hoy y perdona nuestras deudas así como nosotros, no sé porqué, todavía perdonamos a nuestros deudores y déjanos caer en la tentación de terminar con todos ellos. Más líbranos de Camps, amén. ¡En el nombre del fraude, del fisco y de los Esclavos Unidos, Okey!”. Haremos las cosas con amor, “porque el que trabaja en lo que no ama, aunque lo haga todo el día es un desocupado”. Y eso nos torna en esclavos y ya no lo somos, Facundo Cabral, somos libertos, quizá locos y en tanto que locos, libres y, por libres, tan bellos que soñamos con hacer un paraíso de tanto infierno. Porque tú sabes que cuando digo “yo soy” estoy diciendo “tú eres”. Libertos como tú que a veces nos cansamos de ser ciudadanos, cansados de la oficina, de la economía, de este mercado mediocre donde todos tienen precio, donde el dólar sube y el hombre baja y baja… y baja; agotados de esta sociedad donde la cifra ha superado a la frase. Esta sociedad del “sí señor”, del tómese dos pastillas antes de cada comida, de “no desear a la mujer de tu prójimo… ni a tu prójimo”, de “una muchacha, dos anillos, tres hijos, cuatro créditos, cinco embargos y seis tiros… Uno más uno son dos, así empezó la cuestión. El hombre es Dios cuando sueña pero esclavo cuando cuenta”… Qué nos importa ganar diez si sólo sabemos contar hasta seis, “pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo… Si me gusta una mujer está de novia o casada, ¡si soy ladrón es por culpa de la propiedad privada!”. ¡Thank you, John, donde quiera que estés!, le cantabas a Lennon. ¡Gracias Facundo, donde quiera que ahora estés con él!, en el cielo de los imprudentes. “Soy un imprudente, pero he sido feliz y el peor pecado de un hombre es llegar al fin sin ser feliz”.“Lo que uno escribe es lo que le gustaría ser y de pronto sin darse cuenta uno es eso que un día escribió”, le dijiste en una entrevista a Pla Ventura, en la que contabas que tu madre le llamaba “la


mudanza” a la muerte. Seguro que ya has encontrado algo mejor que esto, viejo, seguro que ya eres un Hombre como Él te ha creado, lejos de aquéllos que en las revueltas siempre han estado, están y estarán del lado del Faraón. Post Scriptum: La Unesco declaró a Facundo Cabral Mensajero de la Paz en 1996 y fue propuesto para el Premio Nobel de la Paz. *Entrevista de Verónica Castro.


Sombra y libertad Regreso a la actividad, como siempre, andando con el sol a la espalda, tras mi sombra juguetona, pues es la que marca mis pasos presentes y futuros hasta que llegue al final del camino, cuando intentaré girarme para darle la espalda a mi oscura compañera de viaje. Siempre la amé, desde el mismo día que la conocí. Nunca supe bien por qué. Seguramente porque la amaba de verdad y el amor sincero no entiende de equilibrios ni de más razones que de la de la propia sinrazón que lo alimenta. Amaba sus labios sonrosados y carnosos, sus pezones duros como nueces. Amaba que me susurrara al oído, amaba que me amara, cuando lo hacía. La amaba más cuanto menos la veía, cuando se deslizaba por las habitaciones de mis recuerdos. No, yo tampoco necesito silencio ni engrasar los ejes en la carreta. Yo, como escribiera José Martí en su inmortal Guantanamera, decidí hace tiempo echar mi suerte con la de los pobres, pues emano del pueblo al que pertenezco no de las altas cunas ni de las bajas camas. No quiero ser llevado a las sombras para morir como un traidor; soy un hombre bueno y como bueno moriré cara al sol, como hacen los valientes en este pulso con la invencible rival. Porque los pulsos hay que echárselos con mayor motivo a los rivales cuando son invencibles. Porque podremos perder la razón o el sentido, pero nunca la emoción ni el sentimiento. La crisis de los especuladores más millonarios sigue ahogando a los más necesitados, que cada vez somos más numerosos y más pobres. Dicha crisis ahoga en especial grado al mundo científico, al universo de los investigadores. Tal vez por ello, ahora hemos descubierto que los neutrinos viajan más rápido que la luz. Ello nos abre las puertas a otras dimensiones e, incluso, viajar en el tiempo. Un nuevo concepto de la física que da el relevo al modelo de Albert Einstein, a la física del siglo pasado y, quizá, a los recortes económicos de aquéllos que recortan a todos menos a sí mismos, principales culpables y origen de la citada crisis económica, y al parecer los único ajenos al concepto de la relatividad. Su ansia es absoluta, “el ansia viva y el tó pa mí”. Los enemigos de todo lo que no sea su especulación y su propio bolsillo siempre acechan para acotar las libertades de los demás, es decir de la chusma, desde la instauración de la censura previa en los servicios informativos de los medios de comunicación públicos hasta la del propio pensamiento si en sus manos estuviera conseguirlo. Sea como fuere este descubrimiento científico abre una nueva esperanza, un nuevo sendero, un nuevo resquicio al progreso y, por ende, a la libertad. No olvidemos que finalmente son los pequeños hobbits los que desafían y derrotan al formidable poder de Sauron, no los grandes guerreros ni los gentiles caballeros, que suelen arrojar antes sus armas al suelo cuando consideran que la victoria es imposible, los pequeños desamparados no tienen armas que tirar.


Por ello la consecuci贸n de la libertad nunca ha sido, es ni ser谩 un camino gratuito, La libertad es para quien la lucha y la conquista. La libertad es una amante esquiva que siempre exige el pago de un muy alto peaje a los libertos.


Libertos y Desnortados Zorba el Griego le aconsejaba a su amigo inglés que había que ser un poco loco para poder ser libre, porque sin un punto de locura el hombre no puede romper la cuerda que lo ata y liberarse. “Que alguien cante canciones de batallas no significa que sepa luchar en ellas”, reflexiona Samwell Tarly en “Festín de Cuervos”, la cuarta entrega de “Canción de Hielo y Fuego” (Juego de Tronos) de George R. R. Martin, obra que no me canso de recomendar, sobre todo en los tiempos que corren, llenos de personajes fatuos, de famosos de garrafón, de falsas apariencias, de arribistas vendecapas, de pobres esquilmados y desamparados ante la avaricia y el espíritu de rapiña de los más poderosos, ante la mirada displicente de los caballeros que debieran velar por ellos. La frase es igualmente válida para muchos autores –a muchos de los cuales por otro lado admiro –que de tanto escribir sobre guerreros han llegado a creerse que son uno de ellos. No es lo mismo, como bien nos recuerda el entrañable Sam el Mortífero escribir sobre la Legión que ser un legionario. Hay quien alardea tanto de su supuesto coraje que se convierte en un “seis pesetas”, como llamábamos en San José de Valderas a los que se pasaban de duros. Esto es igualmente válido y aplicable a estos sujetos –y sujetas, no sea que se me enoje la señora Bibiana Aído –que veo cotidianamente en las diferentes tertulias televisivas y radiofónicas de nuestro espectro mediático que parecen estar en permanente posesión de la verdad y tienen todas las recetas para solventar cualquier problema que se plantee en el programa, con independencia de su índole. Nunca mejor dicho pues lo de espectro, pues está lleno de auténticos fantasmas. Les escucho y leo a diario, como digo, con respecto a la crisis global que nos azota y no puedo por menos que recordar la frase con la que comenzaba estas líneas. No es lo mismo hablar de batallas que coger la espada y guerrear. No es lo mismo predicar que dar trigo, y de ello saben mucho nuestros gerifaltes. Todos saben lo que va a ocurrir cuando ya ha sucedido. Son los profetas del pasado. Todos vaticinan desastres. Aves de mal agüero que diez minutos antes de comenzar el sufrimiento ni lo notaron ni lo predijeron. Quienes se lucraron con esta monumental estafa al pueblo lo siguen haciendo. Quienes no tuvieron nada que ver en ello y fueron perjudicados lo siguen siendo y así seguirán de no mediar remedio. Los que verdaderamente mandan se regodean en la sombra mientras los piltrafillas contemplamos atónitos las promesas de unas marionetas que ni mandan ni volverán a mandar porque ni saben ni pueden.


Recientemente han descubierto un diplodocus enano… ¿para qué sirve un diplodocus enano? Lo mismo sucede con la inmensa mayoría de nuestros líderes y lideresas: tienen la misma valía y fuerza que un tiranosaurus rex canijo. Se puede ser plenamente inútil y encerrar en su interior la gran belleza de lo imposible. La grandeza de la utopía. Suele ser la belleza de las batallas perdidas, la grandeza heroica del combatiente que entrega su vida por salvar la de sus compañeros o la de una víctima propiciatoria. Que afronta el combate a sabiendas que el rival es invencible, cuando las ratas ya han abandonado el barco. Eso nos diferencia de los animales, sobre todo de los que se dicen racionales. La nobleza de la que la Nobleza ha solido carecer mientras arrastraba al pueblo a librar guerras perdidas en su propio beneficio. Como sucede en esta crisis global en las que los desfavorecidos siguen siendo corderos llevados al altar del sacrificio mientras no reciben más que el silencio de los que rezan para nada. Pero esa nobleza verdadera es la que hace grande al pequeño y miserable al adinerado. Los miserables, ¿quiénes son los miserables realmente? Quizá todos lo seamos. Como cantaba Facundo Cabral, “Juan Comodoro buscando agua encontró petróleo, pero murió de sed… Pobrecito mi patrón, piensa que el pobre soy yo”. De desahucio en desahucio hasta la riqueza global… de los grandes bancos. No son tiempos fáciles, pero en momentos como éstos la esperanza se despereza y abre su verde manto. No es el momento de rendiciones ni de abandonos. Ahora el inglés pretende hacerle pagar cara su locura al griego que bailaba un sirtaki en la playa, pero ahora todos deberíamos ser griegos y acabar con tanta infamia. La democracia nació en Grecia y posiblemente muera con ella. La democracia moderna se la debemos a los Estados Unidos, inspirados por los ideales de la Revolución Francesa, tras su independencia de Gran Bretaña. Quizá por ello, en una suerte de extraña metáfora, un grupo de marines americanos se interpuso en defensa de los indignados en el puente de Brooklyn. “El puto cuerpo de marines”, como ellos mismos se definen, defiende a los indignados estadounidenses, por una vez a la estela de los indignados españoles. Esos soldados están del lado del débil, quizá porque son parte de ellos, pues del pueblo emanan y al pueblo sirven. Tal vez porque no han escrito mucho sobre batallas sino que las han librado y es en la guerra donde se ve, se vive y se respira la pobreza y la miseria de los débiles ante los poderosos. Como decía la famosa profecía, cuando llegue el fin y todos hayan huido será un pelotón de sencillos y abnegados soldados quien salga en su defensa. Como decían los soldados republicanos tras


perder en la guerra civil y mientras se enfrentaban al colosal poder del ejército nazi: “de derrota en derrota hasta la victoria final”. Contra los secuaces de la doble moral, contra los idiotas del terror, contra los esbirros del despotismo ilustrado, contra los indigentes de la ética, contra los avariciosos que creen que todo no es bastante, contra los que orinan colonia, contra los cobardes psicópatas carentes de la menor empatía por el desfavorecido, contra todo ello se alza la libertad. La libertad nace en las trincheras, donde se acunan los libertos. Donde a veces el frío cala los huesos hasta el tuétano, donde a veces las luces desenfocan el verdadero objetivo o el viento borra las huellas que nuestras botas dejaron en el fango originado por la lluvia y la sangre, por donde a menudo deambulamos desnortados, pero libres en la manera que lo peleemos y deseemos. Libertos y desnortados… confusos y quizá locos, pero libres y, en tanto que libres, sanos y dignos. Desnortados y libertos. Libres…. ¡Libres!


IV Los Atajos No importa “Yo fui uno de los que más arriesgó y trabajó en aquello y ahora veo a otros más beneficiados que yo”, dijo con notable resentimiento. Iba a contestarle algo desagradable, pero suspiré y miré hacia otro lado; el tercero en discordia, que conocía bien el papel de cada uno en “aquello” me miró en silencio pero creo que mi suspiro fue bastante elocuente para todos. “Fueron unos meses muy intensos, cada cual hizo lo que pudo o quiso”, murmuré, “lo siento, os dejo, tengo bastante prisa”, me excusé y me marché con cierta sensación de náusea. “No importa”, pensé, “es lo de siempre, deberías estar acostumbrado”. Sea cual fuere la índole del combate o de la batalla, pasados los años el orden de automedalleo y/o merecimientos suele ser inversamente proporcional a la verdadera participación y coraje acreditados en los mismos. Se suele caer en el pantanoso ardid de los chismorreos y de las opiniones y, con aquellos y éstas, todo vale. Los que se partieron el espinazo de verdad salieron tan magullados de la refriega que no suelen sacar el tema a colación. Ellos saben lo que hicieron, cuándo y por qué. Además suelen ser conscientes de que siempre pudieron hacer más y hacerlo mejor, y dan más vueltas en su cabeza a aquellas situaciones en que no estuvieron acertados que no a aquellas en las que brillaron, si es que lo hicieron. Por todo ello no se engalanan de medallas a sí mismos el pecho. Sin embargo, cuanto más cobarde o inexistente haya sido su concurso en la batalla, el indigno más alardeará de ello en sentido inverso y, a menudo, sin el menor rubor. Son auténticos maestros del billar a cinco bandas, del disfraz y del perfecto camuflaje. Tahúres de dos barajas. Tanto igual sucede cuando se habla de amoríos. Ya se sabe que no hay mejor defensa que un buen ataque, sobre todo cuando no hay nada en juego. No hay personaje de esta calaña que no diga que participó activamente en todas las hazañas bélicas habidas y por haber, que no asegure que participó activamente en el mayo del 68 francés; en el triunfo de nuestra admirada, por inacabada, Transición; en la salvaguarda de nuestra intocable –cuando se quiere –o muy fácil de


prostituir –cuando interesa –Constitución, y mucho me temo que también sucederá en el caso del movimiento de los "indignados" del 15-M. Que estos activos muchachos y muchachas no duden ni por un momento de que, en el caso de que la mayoría de sus tesis triunfen – lo que les deseo de todo corazón, aunque sólo sea por salud democrática e higiene moral –, los mismos lebreles que ahora les apodan “indignantes” clamarán que ellos también fueron no sólo indignados, sino más aún: que fueron los que más se indignaron – esto será cierto, no obstante, porque viven en permanente estado de cabreo –. Es un rasgo humano, supongo, pero ruin y mezquino… Todos eran muy progres, sólo que de un tiempo acá han "evolucionado". Son los mismos que hubieran mandado al paredón a Bob Dylan si en sus manos hubiera estado, pero ahora le consideran un totem de la cultura occidental. Es un rasgo humano, ya digo, pero ruin y mezquino… Sí: rasgos humanos ambos en definitiva. A medida que envejezco, este tipo de actitud me irrita en menor medida, seguramente por esperada. Pero también a medida que envejezco, mayor desprecio siento hacia la misma y por idéntica razón. No por ya esperada merma mi desprecio hacia esas personas, sino que éste se acrecienta. No importa. Me queda el acaso torpe consuelo de que estos tipos también tienen espejos y que la imagen que éstos les devuelvan no será buena, ya que los espejos no engañan. Ellos no mienten. Claro que mi padre me enseñó que los malos siempre pierden y yo no hago otra cosa que ver perder a los buenos y a los honestos, y que cada uno ve lo que desea ver y no hay peor ciego que quien no quiere ver. Por eso cada vez que escucho “Yo soy el que más hice….” prefiero desviar la mirada y me pongo a suspirar. También es humano, supongo.


Viena, Venus y Esparta Ella era presa de los nervios porque se había citado con su pareja en Viena para pasar el fin de semana. Había algo de cita a lo Casablanca en aquel encuentro: él llegaría directamente desde los Estados Unidos y ella desde Madrid y se encontrarían en un viejo hotel, como agentes secretos enamorados. Salvando la inmensa distancia que los separaba, con océanos de por medio, sin niños. Habría fuego, habría ternura, habría pasión. Viena es una ciudad fría. Mejor aún, podrían refugiarse bajo el edredón en la cama. Sonarían violines, comerían chocolates, las caricias serían más cálidas y los besos sabrían mejor. Desaparecería acaso por unas horas el estrés y, sí, habría pasión ¿Cuándo hemos querido y no hemos podido? ¿Cuándo hemos podido y no hemos querido? Reflexiones del pasado… ¿Cuántas veces podemos y queremos? En Viena el monte a visitar será el de Venus. Busco en algún lugar de mi oscuro, fatigado y esperanzado corazón. Recuerdo una estrofa mía para una cancioncilla olvidable: “Ahora quien manda soy yo en mi corazón, fumo, bebo ron. Agitaste tu melena al viento con tu maleta de Gucci y dijiste adiós. Me quedé fumando y bebiendo ron. Ahora quien manda soy yo en mi corazón”, mientras contemplo una magnífica fotografía del no menos espléndido culo de Venus O’Hara sosteniendo una fusta negra. Y un soberbio cortometraje protagonizado por ella y dirigido por Erika Lust: “Deséame como si me odiaras”. El placer, el dolor, el deseo, el morbo, la sumisión, el juego, el orgasmo, el vacío, la completitud. Venus O’Hara, por cierto, tiene un no menos magnífico blog, venusohara.org, que deberían visitar sin falta. Y ya que hablamos de sexo duro y sadomasoquismo, oigo con asombro – aunque ya no sé de qué me sorprendo –las palabras de un portavoz de los grandes bancos españoles manifestando que la última cumbre de Bruselas es “un atraco a mano armada” contra la banca española y, claro, no pude por menos que acordarme de Robin Hodd y del viejo refrán del que roba a un ladrón….Además, el citado portavoz aseguraba que, en cualquier caso, no habría problema porque “les sobraban 5.000 millones de euros” para pagar la quita. ¡Qué suerte!, pensé, que les sobra el dinero, al contrario que al resto de los pequeños empresarios, trabajadores y desempleados españoles, a los que se les dio a fondo perdido ingentes sumas de dinero para que fluyera unos créditos que nunca fluyeron, mientras sí proliferaban bonus millonarios y prejubilaciones ultramillonarias para directivos de bancos rescatados por el Estado. Mientras tanto desciende el desempleo, no llegaremos a los 5 millones de parados, gracias a los ocho hurones y halcones que ha comprado el nunca suficientemente bien ponderado señor Fabra para su aeropuerto sin aviones. Son atajos hacia la gloria efímera, la riqueza por vía de la codicia y el poder. Los mismos atajos que han transitado los poderosos en Brasil en estos años de


bonanza hasta hacer que la corrupción acose a sus altas esferas de decisión. La historia de siempre, la rueda que gira y siempre pasa por el mismo punto. Jerjes I, el rey persa, buscó su propio atajo por el paso de las Termopilas. “Esta noche cenaremos en el infierno”, arengaba entonces Leónidas a sus guerreros espartanos. Muchos de sus sucesores no cenarán esta noche… Sus banqueros, sí. Al menos, ella tendrá su momento de pasión en Viena. Brindemos por ello.


Zarampones y lechones Un compañero de trabajo usó recientemente la palabra “zarampón”, voz manchega prácticamente en desuso y de raíz hebrea que alude al espíritu que se escondía en los pozos y que los padres usaban para que sus hijos no se asomaran y evitar de esta manera que se cayeran a los mismos y se ahogaran o descalabraran, buscando una aventura, saciando una curiosidad o en pos de un atajo en la vida. El zarampón es, pues, uno de esos espíritus que invadían nuestra infancia con independencia de donde viviéramos o procediéramos. Espíritus, monstruos, trasgos y fantasmas que, bajo un disfraz más o menos espantoso, en realidad protegían la vida de los críos por el propio miedo que causaban. Recuerdo el famoso dibujo que usaron para un póster en que se veía a un osito de peluche batiéndose con su espada de madera contra un monstruo, velando por el sueño de un niño, mientras abajo se leía: “¿Ya sabes por qué duerme con un oso de peluche?” Siempre la figura del noble paladín, a menudo de apariencia desvalida pero valiente, que vela por los desfavorecidos; figura tan española como el Quijote. Siempre la figura del noble guerrero, estoico, leal, descreído, mil veces herido y vendido por sus superiores pero igualmente abnegado, que tan certeramente encarna el Capitán Alatriste de Arturo Pérez-Reverte quien, por cierto, nos regala en mi humilde opinión una de sus mejores entregas con esta séptima titulada “El Puente de los Asesinos” en la que rescata un extracto del famoso soneto de Francisco de Quevedo “Para, si subes; si has llegado, baja” y que así reza:

Para, si subes; si has llegado, baja; que ascender a rodar es desatino; mas si subiste, logra tu camino, pues quien desciende de la cumbre, ataja.

Detener de Fortuna la rodaja, a pocos concedió poder divino; y si la cumbre desvanece el tino, también, tal vez, la cumbre se desgaja.

El que puede caer, si él se derriba, ya que no se conserva, se previene contra el semblante de la suerte esquiva.


Y pues nadie que llega se detiene, tema más quien se mira más arriba; y el que subió, por quien rodando viene. Memoria viva de esta España nuestra, cicatera, supersticiosa y revanchista. Como una foto fija que se decolora y vira al sepia, pero se mantiene imborrable. Ha dicho Cayo Lara que él ya era “indignado” antes de que Steven Hessel acuñara el término ¡Qué casualidad! Yo creo que era más bien un “callado” o, en su caso “cayado”, que un “indignado”, tren éste al que todos de una manera o de otra ahora oportunamente se suben. Todos estos especímenes profesionales de la política en uno y otro partido, cazadores del voto, al acecho tras cada urna en un gran circo de tres pistas, volando en círculo como buitres sobre este gran carnaval de la mentira en que han convertido a la democracia con sus vilezas. Son zarampones que han conseguido que el pueblo se aleje de las urnas como los niños de los pozos. Nos siguen engañando sin el menor rubor, nos dicen que obligan a los médicos a recetar fármacos genéricos cuando lo que han hecho realmente es igualar el precio de los genéricos con el de los fármacos de marca comercial, con lo que los galenos pueden recetar lo que quieran, siempre y cuando el de marca haya reducido el precio. Uno se pregunta qué margen real de beneficio dejaban entonces éstos cuando sigue siendo rentable igualarlos. Y ahí siguen estos politicastros nuestros echándose mutuamente a la embarrada cara hurtos, corruptelas, robos y sobornos, solicitando dimisiones y ceses inmediatos de los rivales y pergeñando excusas increíbles para los propios con igual descaro y desvergüenza. Han sido así siempre y no cambiarán, imagino, porque como nos recuerda el viejo refrán castellano “el que nace lechón muere gorrino”. Menos mal que todavía tenemos osos de peluche que velen por el sueño de los niños… siempre quedará un Quijote, un Alatriste que ensarte algún que otro marrano… al menos figuradamente.


Los Submarinos Bien, conseguido. Misión cumplida. Los candidatos republicanos en Estados Unidos defienden ya sin ningún tapujo la tortura del submarino como una técnica válida y defendible de interrogatorio. Imagino que sus señorías estiman que sus cabezas nunca se verán en tan asfixiante tesitura. Barack Obama afirma en Honolulú –la próxima declaración la podría efectuar directamente en las Islas Caimán –que ve con confianza cómo los gobiernos europeos afrontan los problemas y adoptan medidas para solventar los males de la zona euro, aunque aún habrán de realizar mayores sacrificios para dar confianza a los mercados financieros, al tiempo que anuncia que Estados Unidos duplicará sus inversiones y beneficios en los próximos años. Lo declara, como digo, con el euro finiquitado y en el APEC (la cumbre Asia-Pacífico) y lo ha hecho al lado de Perú, que debe ser como si Ángela Merkel hiciera lo propio en un foro económico europeo al lado de Albania. No se le ha escuchado, empero, al líder estadounidense nada acerca de la responsabilidad de su país en el origen y desarrollo de la citada crisis económica mundial; nada de sus medidas para controlar a los tiburones que nadan a placer por las aguas anglosajonas; nada, en suma, de los submarinos angloparlantes que han alcanzado con sus torpedos en la línea de flotación del viejo sueño de la Unión Europea, reducida más que nunca a una Unión Europea de Mercaderes. Vivimos una época difícil, de justo desafecto por una casta política vencida, comprada, desarmada o arrollada –a gusto del consumidor –por la casta financiera. Una época perfectamente abonada en la desesperación de la mayoría para el triunfo de los tecnócratas y de los populistas más abyectos y ramplones, los mayores enemigos de la verdadera democracia, que es un sistema que necesita de la honestidad como una planta del oxígeno. No es fácil hablar de democracia y de paciencia cuando se vacían las neveras y se pierde el calor de un techo, cuando los insaciables depredadores nos arrebatan el propio hogar. No es sencillo hablar de democracia ante tanta injusticia. En Portugal ya se manifiestan hasta los militares y gritan que no son griegos –los apestados oficiales del mundo mundial –y por supuesto los malos oficiales de la película son los malditos funcionarios, esa casta de vagos derrochadores. Ni una palabra sobre los especuladores financieros, los banqueros enriquecidos a costa de los fondos estatales ni de los políticos corruptos. Los trabajadores enfrentados entre sí echándose recíprocamente la culpa: “la deuda es vuestra; no, la deuda es por vuestra culpa; yo trabajo más, yo gano menos…” Mientras tanto, los de siempre negocian si traer o no traer a España a tal o cual futbolista por 8 ó 9 millones de euros de sueldo neto mensual y con vergonzantes descuentos fiscales –para ello los bancos sí conceden créditos –y también los de siempre, a menudo muchos de los más afectados por la penuria económica, se quejan amargamente si el citado deportista finalmente no viene y protestan más por ello que por su propio trabajo. Esta crisis y sus “mercados” se han llevado por delante al gobierno de ZP I el Optimista; sí aquel que iba a “liderar junto a Obama, a ambos lados del oceáno” los cambios mundiales, según dijo sonriente la impagable –y nunca mejor dicho –Leire Pajín, ¿lo recuerdan, verdad?, y de paso al candidato Rubalcaba, el prócer del socialismo tardío (no se entiende que tenga tamaña clarividencia para saber lo que hay que hacer y nada haya hecho en los ocho años anteriores) y su ideario socialista.


Tampoco hace esta crisis que el candidato popular a sustituirlo ataque al origen de la citada crisis, sigue la complacencia con los recortes sociales y el apoyo a los banqueros y todopoderosos “mercados”, aunque supongo que esto se corresponde más con su verdadero ideario político. Mis convecinos, al parecer, confían en que su actuación será positiva. Ojalá estén en lo cierto, pero no lo creo. Estimo como digo que beneficiarán a los de siempre y nos seguirán perjudicando a los mismos, si bien cierto es que cada vez quedamos menos a quien perjudicar. Sigo sin entender por qué los correos electrónicos se llenan de peticiones indignadas exigiendo el cierre del Senado cuando lo que verdaderamente sobra es el Congreso de los Diputados, toda vez que se supone que somos un país con un soporte autonómico, derive éste o no hacia el federalismo. Nadie nos explica a día de hoy de forma convincente porque seguimos centrando el tiro sobre el trabajador público cuando somos uno de las naciones europeas con menor cantidad y ratio de funcionarios, y cuando la mayor deuda española es privada. Nadie explica porque se sigue bendiciendo la subcontratación en el seno estatal, bajo el benéfico eufemismo de “externalización”, que es una de las medidas que más encarece la factura estatal por mucho que nos vendan lo contrario (el trabajador subcontratado ganará una miseria, que es lo que se vende para mayor vergüenza por otro lado, pero la empresa con la que se firma el acuerdo se embolsa un pastizal). Seguimos sin entender porque teniendo una de las bancas más poderosas del mundo, ha tenido que ser ésta rescatada con fondos públicos que jamás llegaron donde debieron: a nuestras empresas ni a los autónomos. En una economía de guerra, el Estado debe reconvertirse en banca hasta que los malos vientos amainen y debía haber sido él quien destinara esos miles de millones de euros a estas fuentes reales de trabajo y al pago de las primeras hipotecas, con lo que el pueblo no estaría abrazado a la miseria y la economía no se habría paralizado. Sigo escuchando en los medios de comunicación cifras mareantes de millones de euros liberalizados y disponibles para sacarnos de una maldita crisis que se traga lo que le echen como un pozo sin fondo, y veo con estupor cómo éstos siguen sin llegar a quienes deben hacerlo, a quienes de verdad generan riqueza, y que la práctica totalidad de las medidas siguen pasando porque se ajuste el cinturón quien ya se amarra los calzones con cuerda de esparto. Contemplo, por último, la marcha de Silvio Berlusconi del gobierno italiano bajo los sones del Aleluya de Haendel, no por la larga lista de escándalos sexuales del Cavaliere, ni por su bochornosa imagen pública de la que incluso alardeaba desde su Villa Viagra, sino empujado por los famosos “mercados”, según él “traicionado” como Julio César ante Bruto, y me resulta imposible no apreciar ciertos paralelismo con Alfonso Capone, quien terminó en el presidio de Sing Sing por evadir impuestos y no por su larga lista de crímenes violentos. Esta crisis, es algo más que evidente, no entiende de gobiernos de izquierdas y derechas, suponiendo que tal cosa exista. Es el triunfo de los submarinos, el fin del euro. Sobre todo significa el fin de la estabilidad laboral, de una buena educación, igualitaria y de calidad, un futuro digno para nuestros jóvenes y de las pensiones dignas de nuestros abuelos, algo todo ello que no dudo fuera real en Francia o Alemania pero que en España yo jamás he conocido ni he visto, por cierto. Mientras, un grupo


salafista se afianza en Melilla, islamistas radicales que predican que la música es “sólo válida para las fieras”, y la condenan porque es “la flauta de Satán”, así que unos críos del instituto Rusadir de dicha ciudad ya se han negado a aprender a tocar dicho instrumento porque es “pecado”. La condenan quienes no la saben tocar, quienes sólo saben tocar la flauta de Bartolo. En definitiva, más submarinos… Me vienen a la memoria los viejos versos de Antonio Machado. “Cuando el poeta no puede cantar, cuando el poeta es un peregrino, cuando de nada nos sirve rezar”… Cuando los pobres, los viejos y los desempleados son quienes pagan las facturas millonarias, cuando los corruptos se disfrazan de adalides, cuando la risa es juzgada como una herramienta del diablo, cuando la poesía es censurable, cuando el sexo se limita a explotación mercantil o es mero pecado, cuando la cultura es un bien prescindible, cuando impera el pensamiento único, cuando impera la superstición, cuando la pintura debe ocultarse… Cuando la música es pecado… Pienso que sólo nos queda la esperanza, ya saben: esa puta que se viste de verde y que a menudo nos vende. Sí, los enemigos de la libertad no descansan y esgrimen afiladas guadañas, pero ésta siempre acaba desbrozando el camino y vislumbrando la luz al final del túnel. Lo deseo más que lo espero. Nota: Dedicado con especial afecto a mi amigo Kukas.


Prometeo Encadenado La mayoría de los hombres se igualan en el cadalso. No hay dignidad que valga cuando uno arrastra los pies ataviado con una de esas ridículas batas de hospital que te dejan con el culo al aire. Ahí da igual el general que el soldado, el guapo que el feo, el millonario que el pordiosero. Ante la enfermedad y la muerte sólo cuenta el valor, el coraje y la serenidad que cada uno atesore en su corazón. Ahí nadie vende humo, no hay humo que vender; de nada valen las ínfulas y ante ello la hoguera de las vanidades se sofoca arrollada por un tsunami. Hemos asistido una vez más al teatro de las urnas, pero cada vez nuestros líderes profesionales del trile se aproximan más a la catarsis del tomatazo que a la de los aplausos borreguiles a que aspiran. Da igual quien gane, siempre pierden los de siempre, siempre vencen los mismos: los dioses prepotentes, los dioses indiferentes que encadenaron al titán Prometeo para que un águila le devorara cada día el hígado. No sea obtuso, si quiere medrar hágase político profesional, de los de carné y mitin banderizo y bandolero, donde unos recuperan sus apolillados trajes de pana del trastero y se quitan las corbatas de marca, y otros rememoran a hijas moñas y prometen descontar el precio de l@s chuches, mientras nos van diluyendo en océanos de debates de tres al cuarto con voceros enfurruñados y pesebreros, en lodazales de programas de escándalos de entrepierna que nada debieran escandalizarnos y aún menos interesarnos, y en ríos de pastillas anestésicas, minando la moral y el sentido del humor del más pintado a golpe de frustración e injusticia sin cuento. Hágase político, hágase banquero, especule sin escrúpulo, con ansia viva. Desaloje a ancianas con enfermedades terminales e hijos discapacitados. No se corte un pelo, ni siquiera tendrá que mostrar coraje para echarla a los lobos, otros lo harán por usted mientras ella está postrada en la cama de un hospital, aún más, llegará el día que ni siquiera podrá entrar en un hospital. No pierda tiempo en andar la fatigosa y nada rentable senda del trabajo, tome el atajo dorado que le brinda esta sociedad cainita, no faltará quien le perdone sus fechorías a cambio de dos misas de doce o algún rentable porcentaje. Hasta las putas de lujo tienen ladillas, pero no todos los hombres tienen moral para admitirlas. La mayor parte de los triunfadores no tienen una, no se contentan con una, tienen doble o triple moral, y los verdaderos triunfadores hasta cinco, un amplio abanico de ellas. Unos ponen los pies sobre la mesa, otros se inventan alianzas intergalácticas, pero todos tornan y se encuentran en el mismo punto en nombre del “pragmatismo”. Le llaman tener tragaderas si eres pobre; si eres del montón, le llaman tener estómago; si eres de la clase elegida, le llaman ser pragmático, realista, ecléctico, abierto de miras o, directamente, ser un buen diplomático. Insaciables como orcos, no se casan ni con Dios porque no hay dios en su sano juicio que conociéndolos se case con ellos, siempre prestos a hundir la puñalada en cuanto les muestres el menor flanco. Aparentan regir nuestros destinos, pero no lo hacen, son unos mandados en realidad, marionetas en manos de los verdaderos capos que escriben las líneas de la verdadera obra ocultos tras las tablas del guiñol, en la sombra, a veces narcisistas repeinados, otrora míseros con pantalones de pana desgastada


y cinturón de mercadillo, miserables siempre. Mezquinos de condición. Ésos tipos no son malos, son peor. Nuestros próceres imploran a “los mercados” como los antiguos griegos a sus dioses indiferentes, a esos dioses que encadenaron a Prometeo por su osadía de llevarles el fuego, es decir: la luz, el conocimiento a los mortales humanos. Estos nuevos dioses prepotentes y omniscientes que aúpan y descabalgan a los que hasta ahora eran sus lebreles mejor o peor camuflados sin necesidad de pasar siquiera por las urnas, no se molestan ya en disimular mínimamente su poder, sus técnicas y sus objetivos. Tal es su prepotencia. Pero podemos sonreír, mientras nos respeten las fuerzas, la esperanza y el empeño seremos invictos guerreros, como los hoplitas que acompañaron a Leónidas a las Termopilas, a la muerte, a la gloria, a la inmortalidad. Tiempos duros, tiempos difíciles, tiempos tristes, pero albores de nuevas esperanzas, de nuevos sueños, de nuevos horizontes. Tiempos de encrucijadas en los que cada cual elige la senda que le dicte su conciencia, su experiencia o su condición. Tiempos que nos enfrentan a nuestra propia imagen en el espejo. Prometeo le contestó a Hermes que prefería ser desgraciado a vivir como un siervo de Zeus. Tiempos de gigantes y de ratones, a menudo encarnamos ambos personajes. No es valiente quien desconoce el miedo, sino quien se sobrepone y lo domeña. No es mejor guerrero quien no cae al suelo, sino quien sabe levantarse tras cada caída, esquivar el golpe y esperar el momento adecuado para asestar el suyo. Piano, piano se arriba lontano. Prometeo creó a los humanos moldeándonos en barro y ahora si algo sobra es precisamente barro… Momentos de definición: Al cerdo se le conoce por su gruñido y al jabalí por su colmillo, a la serpiente por su siseo y a la mofeta por su olor.


Las Troyanas *Cada noche, sobre las tres, / María se baja del tren / en la misma estación / y con el mismo pie. /Dice que todo va bien, / el cielo es rojo, el amor nos mueve… /antes de tirarnos al mar. / El dolor la acecha en la habitación / y nadie sospecha,/ ella busca consuelo / y todos miran al suelo… todos miran al suelo… todos miran al suelo. Se llama Gulnaz, es afgana. Fue violada por su cuñado, pero la condenada a doce años de cárcel acusada de adulterio ha sido ella. El único modo factible para que esta mujer evite la prisión y pueda cuidar de su hija, fruto de la citada violación, sería casarse con su agresor. Y eso que los jueces son de “los buenos”, porque aún no han regresado –que lo harán –los talibán con su justicia medieval, cuando desfiguraban el rostro y el cuerpo de sus mujeres con ácido, práctica ésta exportada con “éxito” a otros países islámicos y cristianos, como Colombia. Calificar el episodio como kafkiano es quedarse muy corto. Una injusticia aún mayor y más cruel se suma a otra injusticia salvaje. Se llama Gulnaz, es afgana. Es una mujer, y ése es su delito. Los radicales de Arabia Saudí, agrupados en el muy honorable Comité Para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, no se contentan ya con ningunear a sus mujeres prohibiéndoles conducir o pasear en solitario, ni siquiera secuestrar sus vidas debajo de los siniestros burkas es suficiente, algunos de ellos propugnan incluso nuevas leyes contra lo que consideran “los ojos o las miradas sexys” de algunas mujeres. Quieren –y lo harán –promulgar una ley para evitar que “los ojos tentadores sean mostrados en público”. El burka ya no es suficiente encierro. La lascivia donde realmente habita es en sus cerebros enfermizos, no en los cuerpos de sus hembras, pero no tienen cura, no tienen fin. El endurecimiento de los controles fronterizos de Marruecos ha contribuido al descenso del número de subsaharianas en el reino alauita, pero la violencia sexual sigue siendo una constante en sus vidas. Médicos Sin Fronteras recoge en sus informes que un treinta y nueve por ciento de las mujeres y niñas –la mayor parte de ellas, congoleñas con edades comprendidas entre dos y cuarenta años –entrevistadas por ellos en Nador, Casablanca, Oujda, Rabat y Salé ha sido víctima de violencia sexual también en territorio marroquí. El informe de MSF no admite dudas: un tercio de las sesenta y tres mujeres entrevistadas fue objeto de abusos sexuales que quedaron impunes. MSF trató a cincuenta y cuatro mujeres por secuelas de abortos, de embarazos no deseados el setenta y cuatro por ciento de ellos. Ella se llama Siri, nació en la moderna e idílica Noruega, donde los paradisiacos fiordos, el mejor país del mundo para ser madre, donde una de cada diez noruegas ha reconocido haber sido violada al menos una vez en su vida, casi siempre en su propio hogar, con un índice de violaciones en Oslo un seis por ciento superior al de la ciudad de Nueva York, si bien es cierto que el setenta y cinco por ciento de las mismas han sido protagonizadas por varones musulmanes.


Pero no todo sucede con musulmanes como protagonistas. En todas las ollas cuecen habas. En 1906, la finlandesa fue la primera mujer europea en tener derecho al voto y en ser elegible para las elecciones a un Parlamento. Tres cuartas partes de las finlandesas trabajaba en el campo, pero hoy día existe una clara diferencia en el mundo laboral entre hombres y mujeres, como en el resto de Europa y, desde luego, en el resto del mundo. La violación doméstica no fue criminalizada hasta 1994, siendo la franja comprendida entre los veinticinco y los cuarenta y cuatro la más sacudida por la violencia machista. El salario de una finlandesa es de media un veinte por ciento más bajo que el de un hombre en igualdad de puesto y responsabilidad. En España, la mujer accedió al derecho al voto en 1931, durante la II República, perdiéndolo tras la guerra civil –como los hombres por razones obvias –. En España, la franja de edad más castigada es la que va de los cuarenta a los sesenta y cuatro, con un diecisiete por ciento entre los veintiséis y los treinta y cinco años. Con todo, Finlandia presenta un promedio de violencia doméstica superior al de España, con el alcohol como principal protagonista –el cincuenta y uno por ciento de los casos finlandeses y el treinta y siete por ciento de los españoles –. Ella se llama Candela y nació en España. En efecto, es su vecina, es una de las trescientas cincuenta y seis españolas que anualmente denuncian por agresión a un varón en nuestro país, con frecuencia su propia pareja o expareja, casi una denuncia diaria. Ayer volvió la policía al domicilio de Candela, para ver si su pareja estaba respetando la orden de alejamiento y si se encontraba bien. Esta vez no había escapado mal, sólo tenía un par de moretones y le había robado el dinero que llevaba en el bolso. Leo con estupor unos datos en la prensa: quinientas noventa y nueve mujeres han muerto ya en nuestro país desde 2003, cincuenta y cuatro de ellas sólo en 2011. *“No seas coqueta, los tíos te miran / las tetas y el culo cuando te ven pasar / no vayas tan “ajustá” /es a mí a quien debes mirar” / Y María le abre su cama para que la deje en paz / Si cierras fuerte los ojos / desaparece el dolor / El dolor la acecha / en la habitación / y nadie sospecha / ella busca consuelo / y todos miran al suelo… y todos miran al suelo… y todos miran suelo. La violencia, pésimamente llamada “de género” –¿género neutro? –no se limita a la agresión física o psicológica. Las mujeres siguen cobrando menor salario desempeñando el mismo puesto, responsabilidad y horas de trabajo. El ejército español es una de las escasas y aplaudibles excepciones a la regla. Las mujeres carecen de igualdad de oportunidades en la formación, integración y en el desarrollo de su realización laboral en nuestra sociedad. Lo desalentador es que vamos hacia atrás como los cangrejos: según un estudio realizado por la Universidad de Sevilla, dirigido por el profesor Luis Rodríguez Franco en 2011, no en 1850, el 9,4% de las jóvenes españolas con edades comprendidas entre los catorce y los veinticinco años aceptan de buen grado que sus novios las fuercen a tener sexo con ellos. El seis por ciento de las encuestadas reconoce ser maltratada asiduamente, mientras que sólo un 5,7% afirma no serlo. No sé cuál de los dos datos es peor, la verdad sea dicha. Creo que el amor puede ser la ostia, pero desde luego nunca debe ser la hostia ni a hostias. Creo asimismo que no hay que confundir este peliagudo asunto con las técnicas consentidas de BDSM –que en tanto que consentidas


son plenamente sanas y respetables –. Dentro de la violencia real en el seno de la pareja existen diversos grados: coerción –sentirse obligado a hacer cosas –, instrumental –ejercer violencia indirecta –, sexual, emocional, género –ofensas por ser mujer –, humillación y desapego. “La mayor parte de las campañas de prevención llevadas a cabo en España destacan especialmente el componente físico y de género de la violencia, olvidando el resto. Finalmente, hay un componente de actitud machista asumido en el hombre y en la mujer en cuanto a la tolerancia que presentan hacia ciertos comportamientos abusivos", relata el profesor Rodríguez Franco. En “Las Troyanas”, Eurípides nos describe el dolor de la reina Hécuba y sus paisanas ante la victoria de los griegos. Sabe que les aguarda la violación, la muerte, la esclavitud, la violencia. Esencialmente la violencia machista sobre ellas, principales víctimas junto con los niños de las guerras de los hombres. En el fondo late un sentimiento de culpa ancestral: el mal se origina en la femineidad, en la bella Helena y sus encantos que “cegaron” al noble Paris, sucumbiendo a su atracción sexual. Estamos en este valle de lágrimas porque Eva le dio una manzana al inocente Adán. Estas perversiones entroncan con uno de los dichos más deplorables, amén de intrínsecamente estúpido, del solar patrio: “Todas son unas putas, menos mi madre y mi hermana”. Loquillo cantaba hace años “La Mataré”, una gran composición de rock & roll con una letra perversa del brillante Sabino Méndez, un exponente de los celos enfermizos, del amor concebido como propiedad privada y explicativo de la violencia contra la mujer: “Quiero verla bailar entre los muertos / la cintura morena que me volvió loco / llevo un velo de sangre en la mirada / y un deseo en el alma, /que jamás la encuentre. / Sólo quiero que una vez más algo la haga conmover. / Que no la encuentre jamás o sé que la mataré. / Por favor, sólo quiero matarla, / a punta de navaja, / besándola una vez más.” Esta actitud es desagradecida, repugnante y, sobre todo, es esencialmente cobarde. Yo prefiero abrir las ventanas de las jaulas y que el pájaro vuele libre adonde desee. Que si está a mi lado sea porque así lo quiera, no porque me tema o yo se lo imponga. De las mujeres nace la vida, no les paguemos con la muerte. Las personas con el alma mezquina o pequeña tienden a empequeñecer las de los que tienen en su entorno. No les dejéis hacerlo. Como escribió el poeta Manolo Chinato, “ama, ama y ensancha el alma… hay que volar libre al sol y al viento repartiendo el amor que tengas dentro”. Como en la letra de Leño, tened “entre las cejas libertad”. Vosotras, mujeres, sois quienes educáis a los niños y quienes más influís en sus mentes durante sus primeros años de vida. A vosotras os dedico unos versos de la canción “Hey You” de Pink Floyd: “No les ayudes a enterrar la luz, no te dejes caer sin pelear”. *Letra de “Todos Miran al Suelo” , que escribí para Luis Rico y Los Caimanes.


Prostitutas y pluricelulares Los científicos –algo así como “los mercados” –defienden la postura de enviar gusanos en lugar de seres humanos a conquistar Marte y el espacio sideral. Tiene su lógica, de hecho ya dominan las Bolsas y los Estados. Eduard Punset sostiene que la violencia en nuestra sociedad se bate en retroceso y que está triunfando la cooperación y el altruismo. El presentador de “Redes” se ha embarcado en “Un Viaje al Optimismo”. No vive en Disneyworld, que sepamos, se supone que vive en Europa, en concreto en España. También afirma que hay motivos de sobra para ser optimistas “porque somos seres pluricelulares”. Josef Stalin, Adolf Hitler, los asesinos en serie también son seres pluricelulares… Un optimista no es más que un pesimista mal informado. En suma, somos pluricelulares, no sé si plurisexuales, monosexuales, pero seguro que sí pluriprostituibles. La palabra “prostituta” viene de la voz latina “prostituere”, compuesta de “pro” (antes o delante) y “statuere” (situado), es decir, algo o alguien colocado a la vista que se exhibe o se ofrece para ser vendido. Un enorme falo solía indicar a los romanos la ubicación de un fornice o lupanar –de lupas, lobas, prostitutas para los romanos, zorras para nosotros, menos para algún juez –. Durante el reinado de Octavio Augusto había más de 30.000 meretrices en Roma, todas ellas censadas y tributantes de sus correspondientes impuestos, cuando ya se permitió ejercer dicha actividad a las ciudadanas romanas, pues antes sólo podían hacerlo las bárbaras, normalmente germanas o celtas, consideradas de etnias inferiores por el color rubio de sus cabelleras –cómo ha cambiado el patio de las supuestas superioridades genéticas –. Siempre ataviadas con togas oscuras para distinguirse de las blancas túnicas de las patricias respetables. En Grecia, tal oficio lo ejercían las llamadas hetairas, de origen invariablemente humilde, pues dicha práctica siempre hunde sus raíces en la miseria, aunque algunas de ellas llegaran a atesorar gran fama y riquezas, como Lais de Corinto. Por cierto, las galas –francesas –tenían fama de ser las que mejor practicaban la fellatio –mamar en latín –de lo que viene el actual término de hacer “un francés” –es de suponer que hacían “un galo”, a no confundir con Clítorix, el mejor amigo de Asterix y Obelix –, si bien esta técnica ya era conocida en el antiguo y sensual Egipto, donde las prostitutas se pintaban los labios de un color especial para indicar que tal era su especialidad, y en “La Iliada”, el ciego Homero ya se hace eco de la pericia de las mujeres de la isla de Lesbos en la práctica de las felaciones, que no de las relaciones lésbicas –de hecho los griegos no las llamaban lesbianas, sino tríbadas, es decir, las que se frotan –. Esa asociación con la citada isla se debe al uso posterior que hicieron de ella los cristianos por ser la patria de la poetisa Safo y sus adoratrices de Afrodita. El cunnilingus –de cunnus, conejo, y lingus, lengua –siempre fue tabú en Roma porque las relaciones lésbicas no estaban bien vistas socialmente. El hombre acusado de estimular oralmente el sexo de una mujer era rebajado al nivel social de las prostitutas, gladiadores, o actores, perdiendo así el derecho a votar y a representarse a sí mismo ante un tribunal. Muy distinto a la China imperial, donde la emperatriz budista Wu Zetian obligó por decreto ley a que


todos los dignatarios visitantes la rindieran pleitesía practicándole un cunnilingus, y al revés que la celebérrima Cleopatra, famosa a partes iguales por su magnetismo sexual y por su pericia en las felaciones que realizaba a sus amantes, se dice que a cien romanos en una sola noche y, suponemos, que al bisexual Julio César y al borrachín Marco Antonio incluidos, quizá por ello éste se enfrentó al gélido Octavio Augusto, fundador de Zaragoza (Cesare Augusta). El pene era sinónimo de buena fortuna, de poderío y prosperidad en el mundo romano, y a través de él se mostraba el status social de la familia, exhibiendo falos de tamaños enormes en pinturas, mosaicos y esculturas dentro de los hogares y como colgantes para los cuellos de los bebés. Asimismo colocaban “tintinnabula”, unas campanillas que colgaban en figuras de penes en las puertas de los hogares y establecimientos con el fin de dar la bienvenida, ahuyentar el mal fario y atraer el favor de los dioses. Hasta que la Iglesia las condenó a ellas y al siempre erecto Príapo al ostracismo por su obscenidad. Sucede que el sexo se vivía en Roma de forma intensa, considerado algo plenamente natural y festivo hasta que el emperador Constantino legalizó el cristianismo en el año 313. “Hombre y mujer, y sólo para procrear”, lema triunfante hasta la actualidad. Dios había creado a la mujer de una costilla del hombre –si bien las malas lenguas hablan en este sentido de una dura negociación con la patronal a la baja. Ya saben: “Te va a costar un riñón, parte del hígado y tres costillas” “¿Y por una costilla que me das?” –y al hombre, previamente, del polvo, como antes habían manifestado algunos griegos que había hecho el indómito Prometeo. “Polvo eres y en polvo te convertirás”, ya saben, por eso decimos que “vamos a echar un polvo”, lo del dolor posterior de costillas es otra historia. Comienza, por tanto, la condena a los homosexuales y, aún más, a las lesbianas, pues practican “el amor contra natura”, en realidad contra la máxima de “creced y multiplicaos”, a la que los poderosos vieron rápidamente el beneficio: cuanto más mano de obra, mejor; cuanto más barata, mejor que mejor. Máxima, por cierto, inversa a la de los seres unicelulares de “creced y dividíos”; por ello mismo pasa a ser pecado cualquier técnica anticonceptiva, incluido el preservativo, con lo que se expanden también las infecciones venéreas y pasa a bendecirse la abstinencia y la castidad. Tras el periodo de la República, más puritana respecto a la sexualidad femenina, las romanas poderosas se equipararon a los hombres. De hecho, en la época imperial, hombres y mujeres se desnudaban juntos en el caladarium y el frigidarium de las termas. La homosexualidad no sólo estaba socialmente admitida, de hecho a Julio César, amén de “divino calvo”, se le conocía como el “marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos”, sino que incluso se consideraba un rasgo de virilidad poseer a algún amante masculino además de a las féminas. No obstante, estaba peor visto recibir que dar, como hoy día, y el de más baja posición social representaba el rol de amante pasivo, es decir, ponía el culo y lo que menester fuera o fuese necesario poner. No se debía incurrir efusivamente en el sentimiento del amor, pues se estimaba que enajenaba el buen juicio y era motivo de mofa en tanto que se consideraba un signo de debilidad en el hombre. Fue éste uno de los motivos que le costaron el destierro a Ovidio por su exitoso poema “Ars Amandi” (El Arte de Amar), pues daba especial relevancia al placer de la mujer y al amor. Los


consejos de Ovidio siguen siendo extrañamente actuales: “Las mesas de los festines brindan suma facilidad / para introducirse en el ánimo de las bellas, y proporcionan además de los vinos otras delicias./ Allí, con frecuencia, el Amor de purpúreas mejillas sujeta / con sus tiernos brazos la altiva cabeza de Baco /cuando el vino llega a empapar las alas de Cupido, / éste queda inmóvil y como encadenado en su puesto; / mas en seguida el dios sacude las húmedas alas, / y entonces, ¡desgraciado del corazón que baña en su rocío! / El vino predispone los ánimos a inflamarse enardecidos, / ahuyenta la tristeza y la disipa con frecuentes libaciones. / Entonces reina la alegría; el pobre, entonces, se cree poderoso, / y entonces el dolor y los tristes cuidados desaparecen de su rugosa frente; / entonces descubre sus secretos, ingenuidad bien rara en nuestro siglo, / porque el dios es enemigo de la reserva. / Allí, muy a menudo, las jóvenes dominan al albedrío de los mancebos: / Venus, en los festines, es el fuego dentro del fuego. / No creas demasiado en la luz engañosa de las lámparas; / la noche y el vino extravían el juicio sobre la belleza”. Es decir, en las bacanales, banquetes en honor al dios Baco oficiados por las bacantes, en principio eran fiestas exclusivas para mujeres en las proximidades del monte Aventino, pero se acabaron introduciendo los hombres, como en los guateques y en los carnavales, que proceden de aquéllas. Los hombres se han impuesto históricamente. Los griegos opinaban que un ejército era más fuerte si lo constituían parejas de amantes hoplitas masculinos, pues estarían formados por binomios unidos por fuertes lazos que les harían luchar con mayor vigor. Aunque el término “griego” se asocia aún más al actual de pederastia, según el cual un profesor iniciaba también en estas prácticas a sus alumnos adolescentes. Curiosamente, los griegos –y también Lawrence de Arabia, que estuvo varios meses sin poder comer sentado –son los únicos que no llaman así a tal práctica sexual, sino que lo denominan “un otomano”; ni que decir tiene que los turcos también lo llaman “griego”. Se llaman sodomitas seguramente porque preguntaban a los de Gomorra; en Sodoma seguro que los llamaban “gomorritas”. El caso es echarle la fama al vecino, escurrir el bulto o buscar eufemismos para calificar los temas sexuales, como llamar “cubana” – menos en Cuba, lógicamente, donde lo llaman “chaqueta rusa” –a la masturbación con los senos por su semejanza visual con el plátano macho entre los huevos del arroz a la cubana; “ruso” a un masaje del ano; “sueco” al sexo en grupo; “tailandés” a un masaje con los senos y los pies; “turco” a una mujer con las manos atadas para dar o recibir placer; o simplemente “follar”, por la semejanza con un fuelle (follis, en latín) o “cojones” por colgajo o bolsa de cuero (coleo-onis, también en latín). En cualquier caso, la mujer ha solido salir peor parada o, por mejor decir, más jodida. Se llama Gulnaz, como ya escribí, y es afgana. Fue violada por su cuñado, pero la condenada a doce años de cárcel acusada de adulterio fue ella. Hamid Karzai, el corrupto presidente de Afganistán, en un gesto de formidable generosidad, la ha concedido el indulto a cambio de casarse con su violador. Está orgulloso de sí mismo y encantado de haberse conocido. Justicia. 12 años de cárcel son pocos para él y para el no menos corrupto de su hermano, al que descubrieron en varios viajes trasladando a Suiza maletas con millones de dólares para sus cuentas bancarias privadas, con millones de dólares de los millones de millones de millones de dólares que la Comunidad Internacional


destina al país centroasiático para su reconstrucción. Claro que el delito de Gulnaz es peor: es una mujer, es afgana y es adúltera porque la violaron, y debe mostrarse agradecida por haberla indultado casándola con su violador. Creo que 12 años de cárcel serían pocos para el honorable Karzai, le debería helenizar, es decir encular, un talibán y luego concedérsele el indulto si matrimoniaba con su agresor… Si hubiera justicia. Si hubiera justicia no habría cinco millones de desempleados en mi país. Si hubiera justicia no habría desaparecido una ingente cantidad de millones de euros de las arcas de los Estados para sanear a unas podridas entidades bancarias y que buena parte de la suma se haya destinado a premiar con bonus millonarios a directivos responsables de tamaña ruina que, además, braman contra la falta de eficacia y productividad y contra la deuda pública. Si hubiera justicia, el pato no lo pagarían los pensionistas jubilados, los dependientes físicos, los niños en las escuelas ni los mileuristas. Si hubiera justicia tendríamos otros líderes políticos y otros gerentes. Si hubiera justicia no habría atajos inmorales. Si hubiera justicia… …“Justicia”, la palabra más prostituida junto a “libertad”, con las que el “poder” se suele montar tríos sodomitas mientras su prima “corrupción” se masturba contemplándolos… Bella metáfora de la época en que vivimos, donde los adinerados especuladores nos están dejando a los de la plebe el esfínter anal más expedito que a los alumnos de Platón o a los efebos del “Satiricón” de Petronio. Pero no todo está perdido: Eduard Punset es optimista porque no somos una bacteria. Es optimista “porque somos seres pluricelulares”, incluidos los pensionistas, los parados y las prostitutas… Incluso nuestros políticos y los hongos del bosque por el que algún día volverá a cabalgar con o sin ceñidas mallas Robin Hood, con o sin sus alegres muchachos de Sherwood. Incluso lo son los gusanos que conquistarán Marte y heredarán la Tierra. Así que escriban “G”, no de punto sino de gusano.


Queimada: luces de la ciudad Cogí un atajo y me perdí, como suele suceder cuando pretendemos atajar en la niebla. “Veo luces”, me dijo. “Estamos llegando a la ciudad”, pensé yo. “Oigo voces”, prosiguió. “Estamos llegando a la ciudad”, dije yo. “No, es que estoy loco”, contestó él. Ahí empecé a preocuparme. Claro, todo se ve según el color de la lente a través de la que se mira. En el aire flotaban las notas de “La Violetera” y recordé por un instante el título del clásico de Charles Chaplin “Luces de la Ciudad”, emparentada con nuestro esperpento valleinclanesco “Luces de Bohemia”, con Max Estrella en su deambular con don Latino de Híspalis por el arco de San Ginés arrastrando su tragedia poética por un país injusto y cruel con los oprimidos. La diosa Fortuna reparte caprichosamente sus bienes y penurias, “¡Oh, Fortuna, cambiante como la luna!” canta el coro en el Carmina Burana de Karl Orff. “La vida puede ser maravillosa”, aseguraba el malogrado locutor deportivo Andrés Montes. Era la frase optimista que, sin duda, ocultaba a un romántico pesimista. “Malditos metadatos”, pienso yo cuando me enfrento en una guerra perdida a un frio archivo en un gestor documental. Información contenida y continente a menudo incómoda por ya dada. Como ya nos ha sido dada la configuración de Europa y, por ende, de nuestros dispares destinos. Por fin Inglaterra rompe las gomas de su careta y se posiciona sin ambages como el Caballo de Troya contra “el Continente” que siempre fue –realmente lo único que le importa es salvar la City, esa isla de la Tortuga desde donde operan con total impunidad sus piratas financieros y las “agencias de descalificación” angloparlantes –. Dejan todo, menos Gibraltar, claro. Siempre jugando a dos barajas, ahora el liberal Nick Clegg jugará la otra baza de la partida, la de contrario al aislacionismo británico, la de falso europeísta. Si España fuera fuerte hasta me alegraría por la falsa “deserción” británica, pero no lo es y todo esto es una farsa. Una farsa más inútil que los tratados de Kyoto. Nosotros, sobre todo los humildes, pagaremos la factura de una cena a la que nunca fuimos invitados. Alemanes y franceses ya nos han convertido en sus particulares chicanos europeos –algo así como los mejicanos para los EEUU –donde venir a tomar copas bajo el sol y operar gratis a sus abuelos. Nuestros ingenieros, arquitectos y médicos formados en la difamada educación de España, trabajando y rindiendo en y para mayor gloria y beneficio de Alemania; los camareros, aquí para servirles. Spain de “pain”, hambre, hambre y motocarro para las vacías autopistas en un viaje a ninguna parte, raíles brillantes para que transiten los “aves” vacíos porque no hay quien pague el precio de un billete. Nicolás Sarkozy pasea con Ángela Merkel agarraditos de la mano, cual acaramelados amantes, por las playas de Marsella. Rajoy se queda en Madrid, cual Rick en su café de Casablanca. “Siempre nos quedará Berlín”, suspira.


Todo es mentira, Casablanca en realidad era Tánger, hasta en eso nos engañan. Rajoy les deja marchar agarrados, vaso en mano mientras un ZP negro por abrasamiento toca el piano, “Tócamela otra vez, José Luis” -le pedirá nostálgico- “siempre nos quedará Bruselas”, reirá éste mostrando su dientes, lo único que le queda blanco. Bueno, la dentadura y el otro Blanco, el que reposta tocomochos en gasolineras Villanueva, mientras Camps posa sonriente con su “amigo del alma”, el Bigotes. Rubalcaba dejó marchar el avión de los amantes entre la bruma y Berlusconi llegó tarde para retenerlos a su lado… o para ofrecerle a Sarkozy una viagra envenenada. Quizá sea el comienzo de una bella amistad. Seig… heil mein Führer, seig.. heil, seig… heil! Seig heil Merkel!, cantaremos contemplando las escenas de “El Triunfo de la Voluntad” de Leni Riefensthal. “Salvemos el leuro y las ballenas”, nos dirán los líderes mientras se lían canutos con los papeles de Kyoto y Durban; la próxima party se celebra en Qatar, sede del cambio climático y del invencible Barça…. Mientras, la selva amazónica y sus pobladores indígenas han sido condenados a muerte por el vil metal ante la general indiferencia; en Italia todos se aprietan el cinturón menos el Vaticano, que ha obtenido de los implacables tecnócratas (ahora impecables) una bula fiscal; los rusos y los occidentales se dan cuenta (¡Oh, sorpresa! ¡Oh horror!) de que Putin, el rey de los tés con plutonio radiactivo, ¡hace trampas en las urnas!; la presidenta Cristina Fernández de Kirchner clama desde el balcón de la Casa Rosada que si no cumple con Argentina que Dios y su fallecido esposo Néstor se lo demanden (un argentino acodado en la barra del bar musitó: “Ché, ¿y no hay alguien más ahí… por si acaso?”, y Stephen Hillenburg, creador de Bob Esponja, declara que “no me molesta que piensen que mis personajes tienen tendencias gais”, unas tendencias de las que yo jamás me percaté. ¿Ardillita lo sabrá?, más aún: ¿Se habrá enterado de la noticia Tinky Winky, el teletubbie morado?… En fin, como cantara el emigrante Julio Iglesias, la vida sigue igual. Habrá que recurrir a los viejos exorcismos y al apoyo del alcohol para calentar nuestro deambular bajo las luces de la ciudad, como en la berlanguiana Plácido. El siglo pasado, Mariano Marcos Ábalo escribió su famoso “conxuro”, la mágica fórmula que pronunciaba mientras elaboraba la famosa queimada gallega en un barco decomisado y anclado frente a la Cruz Roja de Vigo: “Buhos, lechuzas, sapos y brujas. / Demonios maléficos y diablos, espíritus de las nevadas vegas. / Cuervos, salamandras y meigas, hechizos de las curanderas. / Podridas cañas agujereadas, hogar de gusanos y de alimañas. / Fuego de las almas en pena, mal de ojo, negros hechizos, olor de los muertos, truenos y rayos. / Ladrido del perro, anuncio de la muerte; hocico del sátiro y pie del conejo. / Pecadora lengua de la mala mujer casada con un hombre viejo. / Infierno de Satán y Belcebú, fuego de los cadáveres en llamas, / cuerpos mutilados de los indecentes, pedos de los infernales culos, rugido de la mar embravecida. / Vientre inútil de la mujer soltera, maullar de los gatos en celo,


pelo malo y sucio de la cabra mal parida. / Con este cazo levantaré las llamas de este fuego que se asemeja al del infierno, / y huirán las brujas a caballo de sus escobas, yéndose a bañar a la playa de las arenas gruesas. / ¡Oíd, oíd! los rugidos que dan las que no pueden dejar de quemarse en el aguardiente quedando así purificadas. / Y cuando esta queimada baje por nuestras gargantas, quedaremos libres de los males de nuestra alma y de todo embrujamiento. / Fuerzas del aire, tierra, mar y fuego, a vosotros hago esta llamada: si es verdad que tenéis más poder que la humana gente, aquí y ahora, haced que los espíritus de los amigos que están fuera, participen con nosotros de esta queimada”. Y ya que hablamos de maridajes de café con alcohol recordemos que durante la guerra de Cuba, los soldados españoles mezclaban el café cubano con coñac o aguardiente para calentarse y para darse valor ante la batalla, por ello a dicha bebida la llamaban “corajillo”. El término acabó derivando a “carajillo”. Bebida de nuestros abuelos y padres rescatada y convertida por obra y gracia del vintage en bebida de moda y culto, con lo que ha multiplicado por mil su modesto precio original. Eso sí en los sitios “fashion” te lo colocan con pajita retorcida cual rabo de cochino y hasta con una sombrillita, imagino que como homenaje a la Perla del Caribe, que no es lo mismo embarrada trinchera guajira asaltada a machete que idílica playa caribeña de muslos torneados y morenos. La pobreza y su hermana, la necesidad, tienen como prima hermana a la emigración, siempre bienvenida por los crasos, observada con temor y recelo por los trabajadores de la tierra de acogida y, a menudo, menospreciada por todos. A cualquier país que llegue un número escaso, y a poder selecto, de otra nación será bien recibido, por exótico y chic. En cuanto el número se multiplica, sobre todo si se rebaja su glamour, el grupo pasa a considerarse plaga. No hay país en que no suceda y ninguno es menos racista o xenófobo que la nación vecina por más que se intente negar la evidencia. Lo que no obsta, por supuesto, para que el emigrante sea reclamado para los trabajos más ingratos. El icono de emigrante se colaba en mi infancia a través de la pequeña pantalla en la figura del gato Jinks, clamando “¡ezo mardito roedore!”, mientras perseguía escobón en mano a los ratones Pixie y Dixie. Esto es, el servil, miserable y torpe gato chicano persiguiendo, infructuosamente por supuesto y finalmente apaleado, fusilado o electrocutado (¡ay, cuán acertadas metáforas de la vida misma!) por los brillantes, inteligentes y simpáticos ratones gringos. En la vida real, la fuerza del gato la tiene EEUU y la debilidad del ratón sus vecinos del sur (el “jardín trasero”, donde se arroja la basura) pero ¡qué más da!, ellos no tienen expertos en marketing, ellos atestan los corredores de la muerte, las penitenciarías y las esquinas del minudeo de narcóticos. Unos tienen a los marines y la sexta flota, los otros tienen las maras. En medio, un muro, siempre hay un muro, muchos ladrillos en el muro, todos somos ladrillos en el muro de Pink Floyd.


En España, al gato Jinks le pusieron acento andaluz, no faltaba más, “un gato chipén y agitanao”, icono de la emigración exterior (en determinados casos, estos papeles de sirviente o de chacha se les asignaba a extremeños o gallegos, los otros referentes patrios. Aragoneses y castellanos solían interpretar los de catetos; los vascos, los de forzudos noblotes y algo cortitos, y los catalanes los de tacaños). Todos ellos, unos y otros, deambulando como sombras grises entre el frío y las luces de la ciudad, como antes hiciera el propio Charlot, sin queimada que echarse al coleto para calentarse y ahuyentar a los malos trasgos, indiferentes o incluso divertidos como los dioses griegos ante las penurias de los mortales. Lo normal es que, en Cuba al menos, nos llamaran asturianos en lugar de gallegos, pues allí hubo mucha más emigración del Principado –los indianos –que de Galicia, pero como digo, la verdad suele discurrir por veredas alejadas de los atajos del tópico y la rumorología. Tanto cabe decir de los chivos expiatorios, que en todos los países existen. En España éstos son los pensionistas, los funcionarios, los pobres y los parados en su nuevo mote vejatorio de subsidiados… Gentes de mal vivir, no como nuestros claros y réprobos prebostes, eficaces y productivos donde los haya. Los pilotos de Iberia, pobres ellos, se declararán en huelga como cada año por Navidad, como el turrón de El Almendro, y al que le pique que se rasque y el que se arruine que se busque un bidón de gasolina. Desaparecen los quiosqueros del parque del Retiro porque no pueden hacer frente ya a las tasas municipales. En el aire flotan las notas de “La Violetera” ¡Cuánto añoro las películas mudas de Charlot! Me pregunto por qué alcantarilla se habrá colado nuestra empatía, nuestro calor y nuestra solidaridad con el desfavorecido, con el oprimido, en qué cloaca dormitarán nuestra dignidad y nuestro romanticismo… “Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidar”, escribió el poeta Giovanni Papini, pragmático profascista anticlerical que acabó sus días recluido en un convento franciscano... Yo prefiero hacerme una queimada con buen orujo gallego, sus dulces llamas serán mis luces en la ciudad. “Veo luces”, repitió. “Ya, estás loco”, contesté. “No, bueno quizá sí, pero estamos llegando a la ciudad”. ¡Mardito roedore, malditos atajos, malditos metadatos!


Kepler, Ópera y We The People “Algunas cosas viven tanto como la última persona que las recuerda. La memoria, como el fuego, es radiante e inmutable, mientras la historia sólo les sirve a quienes tratan de controlarla. Aquellos que extinguirían la llama de la memoria para apagar el peligroso fuego de la verdad. Hay que cuidarse de esos hombres porque ellos mismos son peligrosos… y faltos de sabiduría. Su falsa historia está escrita en la sangre de quienes podrían recordar y en la de quienes buscan la verdad”. – “The Blessing Way”, primer episodio de la tercera temporada de la serie “Expediente X” –. Recibo un e-mail en la que me indican que los bancos españoles venden las viviendas que han enajenado por impago de hipotecas particulares sin escriturarlas a su nombre; de este modo evitan pagar al erario público el 7% de las transmisiones patrimoniales de las que el resto de los españolitos no nos libramos y que supondría un montante aproximado de 14.000.000.000 de euros, teniendo en cuenta que los bancos han arrebatado un millón de viviendas a sus propietarios, y aplicando un valor medio de 200.000 euros por vivienda enajenada. En fin, la culpa será de los pensionistas jubilados y de los empleados públicos, para variar. Enhorabuena a los premiados, que en mi país son los de siempre. El proyecto Ópera intenta demostrar que los neutrinos son más veloces que la luz. Según el estadounidense Sheldon Lee Glashow, premio nobel de física en 1979, se jubilaría si esto se confirmara porque tal demostración socavaría los cimientos de la física de los dos últimos siglos, entre otras cosas porque haría trizas el concepto de que la energía no se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma. Glashow no es español, claro, sino sabría que éste es un concepto ampliamente compartido por la ciencia especulativo financiera hispana: el dinero público ni se crea ni se destruye, sólo se transforma en bonus millonarios y en fondo de reptiles ocultos en los paraísos fiscales, socializando las pérdidas de aquéllos cuyas ganancias privadas nunca se socializan. Necesitamos un proyecto Ópera económico como el beber, el comer y el respirar. La Misión Kepler de la NASA ha confirmado la existencia a 600 años-luz de la Tierra del Kepler-22b, un exoplaneta con 2,4 veces el radio del planeta azul y situado en la llamada “zona de habitabilidad”, que es allí donde puede existir agua líquida en la superficie de un planeta. Kepler-22b orbita alrededor de una estrella semejante a nuestro Sol. Hay un mínimo de 54 candidatos a planetas en dicha zona habitable. La administración Obama ha anunciado a bombo y platillo (volante en este caso) que potenciará el proyecto We The People para tratar con transparencia los expedientes UFO con el público estadounidense, es decir, Dana Scully y Fox Mulder se hacen carne y visibles… Ya saben: La verdad está ahí fuera… porque lo que es aquí dentro… España ya ha contactado con los responsables del citado proyecto americano mostrando nuestra plena colaboración, como ya hiciéramos desde la estación de Robledo de Chavela. En efecto, se rumorea en los mentideros patrios que, teniendo en cuenta la consideración oficial de nuestro Rey como embajador destacado de España en el exterior, el Gobierno maneja la posibilidad de que la Casa Real colabore con la NASA enviando a Jaime de Marichalar e Iñaki Urdangarín como embajadores


de nuestro país a Kepler-22b. De hecho ya ha enviado a EE.UU. una solicitud para mandarles sus respectivas figuras de cera para que vayan tomándoles las medidas. Sólo por mera probabilidad matemática me parece evidente la existencia de vida más allá de nuestro planeta y nuestra galaxia. También de vida inteligente como la nuestra, suponiendo que la nuestra lo sea que ya es mucho suponer. Ignoro si se tratará de cabezones bichejos verdes, de lagartos amarillentos como insinúa Stephen Hawking, de tipos con cara de moco arrugado y dedo anular vendado, de modelos de belleza helenística o de enojados barrigudos cerveceros celtibéricos, pero desde luego deseo que lleguen ellos aquí antes de que lo hagamos nosotros allí. La razón es simple: la supervivencia del universo. Supongamos que una parejita de bellos keplerianos ajenos a nuestro modus vivendi, acariciando una exótica serpiente multicolor, desnuditos ellos, tumbados a la sombra de un manzano kepleriano a la vera de un igualmente kepleriano arroyo de aguas cristalinas, observa con indisimulado asombro la llegada de una selecta y típica delegación terráquea integrada, pongamos por ejemplo, por un preboste del Vaticano, un talibán moderado, un job hunter, un representante laboral chino, un líder empresarial emprendedor al estilo del actual presidente de nuestra CEOE, un líder sindical, un especulador financiero de la City, un político español medio de urbanismo, un juez especializado en violencia de género, una pareja de protagonistas de algún programa de telerrealidad televisiva de éxito en representación del pueblo –otro eufemismo como los mercados o los intelectuales –y un par de tertulianos medios de nuestra TDT, para dar cumplido testimonio del encuentro. La escena se podría resumir de la siguiente manera: Los keplerianos, horrorizados ante la primera intervención interestelar online de Belén Esteban y Karmele Marchante, intentarían en vano arrojarse al río entre las risitas nerviosas de Jorge Javier Vázquez y las exageradas gesticulaciones de Boris Izaguirre gritando “¡Qué momeentooooo!” Fracasarían en su intento porque serían retenidos, agredidos y violados por los participantes del reality show. El talibán le colocaría un burka a la “impúdica kepleriana” y el representante papal taparía “las vergüenzas” al kepleriano, no sin antes palparle la rima en castellano, y descabezar a la serpiente sin atender las súplicas del pobre aduciendo que la tenía adoptada como mascota desde su infancia. El job hunter les aplicaría un cursillo intensivo para su rápida integración en “una moderna sociedad competitiva”, en colaboración con el líder de la patronal que les aplicaría un ere temporal del manzano, que pasaría a ser propiedad particular para edificar a su sombra un chalet, piedra angular de una futura urbanización residencial de lujo a la que podrían aspirar preferencialmente, previa firma con el banquero allí presente de una hipoteca basura por 50.000.000 de euros a satisfacer en cómodos plazos durante los próximos cincuenta años, y que podrían “sin duda” pagar si aceptaran, ante el silencio de los corderos –perdón de los líderes sindicales –, uno de los minijobs que tan generosamente les ofrecerían a 400 leuros mensuales, apostillando que “ya está bien de vivir a la sopa boba, de las manzanas gratis y de ser unos subsidiados galácticos”. El infinitas veces noble Cayetano Martínez de Irujo y


de Alba y de no se sabe cuántas cosas más enviaría un mensaje multimedia solidarizándose con dichas palabras poniendo el ejemplo de los trabajadores andaluces a los que tanto estima adjuntando la azada con un manual de instrucciones que éstos le obsequiaron en justa reciprocidad. Por su lado, el juez condenaría a la kepleriana a indemnizar económicamente al talibán y a los participantes del reality show tras haber sido golpeada y violada por ellos, por haber “claramente propiciado los bajos instintos de éstos con su provocativa e indisimulada desnudez “. (Eva)Risto Mejide, también en riguroso falso directo dictaminaría, desempañándose las gafas de sol y tras prometer que “nunca más incurriré en prejuicios”, que la pareja kepleriana no es más que “un montón de escoria que no da los mínimos para dedicarse al mundo del espectáculo”; es más, que deberían “dar las gracias por respirar y aún por haber nacido”. El planeta Kepler-22b pasaría a llamarse Vallesol –Las Escombreras con el paso del tiempo –, se les pondría una bandera con los anillos olímpicos y el sacerdote les diría que aprovecharán para festejar el espíritu navideño mientras les narraría la edificante parábola de la sopa de piedra…. … Por favor, que nos descubran ellos. Post Scriptum: Por favor, no olvidéis a los enfermos de esclerosis múltiple.


El Teorema de Snoopy Con el albor del siglo XXI perdimos, víctima de un infarto de miocardio, a Charles Monroe Schulz, uno de los más grandes historietistas del siglo XX, el hombre que introdujo la vida cotidiana en el mundo del cómic. “Era de noche, y sin embargo llovía…” Era el texto de la novela, inacabada por supuesto, que escribía el perro Snoopy en las geniales tiras cómicas de Charlie Brown –Carlitos, en España –del citado autor, que la había tomado a su vez prestada, girándola, de una obra del escritor Edward Bulwer-Lytton –“Era una oscura y tormentosa noche” –. “Era de noche, y sin embargo llovía…” ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Nada, claro. El absurdo. Y el absurdo era lo que la convertía en inolvidable, en genial. Como genial es nuestra actual situación económica y social. ¿Quién originó la crisis? Los especuladores en perfecta combinación con la avaricia y los tejemanejes de los grandes banqueros ¿Quién lo paga? Los trabajadores, yéndose al paro o viendo mermadas sus ya exiguas nóminas. ¿A quién apoyan los Gobiernos? A aquéllos, concediéndoles fondos sin fondo, en teoría para que haya circulante, un circulante que no aflora porque lo destinan –y seguirán destinando –a ajustar sus balances inmobiliarios, a tapar sus agujeros en la ya famosa estafa global, por ejemplo comprando deudas nacionales en el mismo mercado que sube nuestras primas de riesgo, con lo cual dicho dinero no llega a las empresas… “Es la economía, estúpido”, que decía aquél. ¿Qué prejubilaciones se anulan? Las de éstos, las de los currantes ¿Quién fue a cenar a los restaurantes de cinco tenedores y a mojarse el culo en los spas de lujo? Aquéllos ¿Quién está pagando las facturas con sangre y lágrimas? Éstos, nosotros, los piltrafillas. Jugada maestra del absurdo. La cuadratura del círculo. Los especuladores originaron la crisis, se forraron con ella y se siguen forrando con la supuesta salida de la misma, la que arruina a quien nada tuvo que ver en ella. Y nos la meten con vaselina… o con calzador. Es la demostración económico-política del Teorema de Snoopy: “Era de noche, y sin embargo llovía…”, que tan buenos réditos está dando a los filibusteros de la City, a sus primos de estos lares y demás cuervos ocultos en los paraísos fiscales, a los grandes banqueros del mundo mundial y a grandes empresarios sin escrúpulos. “Hay que reducir el desempleo, y sin embargo abarato el despido…” El Teorema de Snoopy.


Y para ello, para rematar la faena, hay que encontrar un malvado oficial, un chivo expiatorio, como hizo el III Reich con los judíos, o éstos posteriormente con los palestinos. Los malos malísimos a nivel internacional pasamos a ser los europeos del sur, caterva de vagos y defraudadores, zoquetes sin estudios, siempre tendidos al sol, trasegando sangría y magreándose con macizorras al sol mediterráneo mientras los europeos del norte, los pata negra, se deslomaban a 20º bajo cero en sobrias cadenas de montaje. Se llevan a nuestros ingenieros, arquitectos y médicos, mandan a sus abuelos a operarse a nuestros hospitales por la cara, se jubilan antes, trabajan menos horas y nos triplican el sueldo (incluido el mínimo) y tienen un déficit público desorbitado que ni se molestan en intentar cumplir, pero todo eso no importa… son nimiedades. Pero dentro de España también tenemos nuestros propios malvados oficiales, nuestros propios chivos sacrificables: los funcionarios, los empleados públicos; seres siniestros y pedigüeños que zascandilean por las sombras de Mordor, donde nada producen y todo se lo comen… El Teorema de Snoopy: “La deuda pública es la más baja de España y una de las de Europa, y sin embargo tenemos que privatizar”, para igualarnos todos en la precariedad. Cada catalán –cada español seguidamente –pagará un euro adicional por cada receta que presente en la farmacia. Así ingresarán 102 millones de euros en el ámbito sanitario, según el consejero del ramo de la Generalitat de Cataluña, acabando con el abuso en este concepto. Pero ni hablar de vincular la subida del medicamento en función del nivel de renta del afectado, ni mucho menos hablar de los ingentes márgenes de beneficio de los intermediarios en el mercado de los medicamentos. Que lo pagué el que más enfermo esté ¡A quién se le ocurre enfermar con la que está cayendo! Que lo paguen, sí, a poder ser los enfermos crónicos, que dan muy mala imagen en esta sociedad de yogurines apolíneos, y el vejete pensionista ¿Acaso no ha vivido ya bastante y su eficacia ya se ha perdido? Y el que tenga poco dinero, que menos tendrá aún cuando pague las aspirinas. El, Teorema de Snoopy, cuya máxima la encontramos en la política internacional: “La represión es sumamente cruel en Siria y Egipto, y sin embargo el Barça gana el Mundialito y la Champions”… ¡Qué felicidad! No pensemos, seamos idiotas, pero felices. Tontolotes sonrientes. Durante un tiempo, en mi barrio nos burlábamos de las tiras de Carlitos. Nos parecían muy aburguesadas... de pijos. La ignorancia siempre es atrevida. No reparábamos en sus finas ironías,


en su elegante romanticismo, en su espíritu dulcemente nostálgico. “Te lo juro por Snoopy”, decíamos burlonamente. Algo tremendamente injusto porque si hay alguien rotundamente opuesto a un pijo, ése es este perro filósofo, ácrata, amigo del pájaro Woodstock (todo un mensaje en sí mismo) y del resto de avecillas que le expulsan de su propia caseta cada dos por tres. Un perro que se adelantó la Alianza de las Civilizaciones de Zetapé, pues en vez de cazar conejos bailaba con ellos y les dejaba dormir la siesta sobre su barriga –“A veces tener demasiados amigos produce dolor de estómago”, llega a quejarse al respecto –. Snoopy, el perro que sueña con ser el mítico Barón Rojo, porque anhela volar, aunque siempre se estrelle como las cometas de su amo Carlitos, y que nos dejó para las generaciones posteriores una sentencia inmejorable: “Comete un solo error y lo pagarás el resto de tu vida”. “Un verdadero filósofo puede colgar su manto gris de un clavo en cualquier pared”, nos ilustraba Robert Graves en su novela “Rey Jesús”. Por ello los grandes son interpretados, y utilizados, por los líderes posteriores de las más variopintas ideologías. Lástima, pues, que los especuladores también leyeran la inacabada novela del can de Schulz y la transformaran en su sentido práctico en el Teorema de Snoopy ¿Qué nos queda, pues? ¡Resistir!... Resistir. Resistir, durante un tiempecillo al menos, mientras no tengamos que comprar aspirinas… Y soñar, como Snoopy desde el tejado de su caseta, con paisajes y horizontes diferentes a los que nos depara la realidad. Maldita realidad. Por favor, que nos descubran los alienígenas… y que los haya dibujado Charles Schulz. En fin, teorema por teorema prefiero el de nuestra Copla, y contemplando el mapa de España, sus montes, valles y ríos, cantar los versos más bellos: “No debiera de quererte, no debiera de quererte, y sin embargo te quiero”. Post Scriptum: Edward Bulwer-Lytton fue el autor de las frases célebres “persigamos al todopoderoso dólar” y “la pluma es más fuerte que la espada”. Pues eso, no lo olvidemos.


Sin Perdón Un viejo profesor nos solía decir que si crees que tu sangre es tu patria, tu orina riega tu cerebro. La historia de la humanidad demuestra que los radicalismos nunca fueron ni buenos consejeros ni buenos compañeros de viaje. La patria la conformamos todos los que convivimos en ella, y debe ser un acto voluntario, querido por todos sus integrantes y con unos principios basados en la equidad y la justicia. Lo que no responda a ello se llama imposición y represión. A menudo, los verdaderos verdugos se hacen pasar por víctimas, intentando igualar el dolor de todas las partes, haciendo tábula rasa, pero en el fondo de sus almas saben cuándo, cómo y cuánto dolor causaron. Y eso no tiene vuelta de hoja, pero es igualmente cierto que no podemos pasarnos toda la vida ignorando el perdón, pues quien no otorga perdón tampoco haya consuelo. Ojo por ojo, al final nos quedaremos todos ciegos. Aunque sé que es muy difícil… mucho más que difícil. “Por un beso de la flaca, yo daría lo que fuera”, cantaba Pau Donés. Miguel Carcaño asesinó vilmente a la niña Marta del Castillo porque le había negado un beso. Unos hacen bellas obras, bellas composiciones, llegando al total desprendimiento; otros, simplemente matan. Son tan estériles como dañinos y despreciables. Sumamente cobardes, son tan inútiles que no saben hacer otra cosa que violar, golpear, destruir… matar. Sin el menor atisbo de grandeza o de valor, siempre cebándose en víctimas indefensas: abuelas, muchachas o chiquillos. Una vida rota, una potencia aniquilada por algo tan dulce como un beso, algo que no debería ser jamás arrebatado, ni siquiera pagando. “La Bien Pegá”, se equivocó un concursante televisivo al querer dar el nombre de la copla “La Bien Pagá”. Muchos no lo confunden, para muchos son sinónimos. Credenciales de posesión. Propiedad privada. Coto privado de caza. El harén. “Pégala, que si tú no sabes el motivo, seguro que ella sí lo sabe”. “O de mí o de nadie”. Estos refranes siguen vigentes de hecho en nuestros días, y son el abono sobre el que germina tanto odio, tanta agresión, tanta muerte sin sentido. William Munny, el protagonista del western “Sin Perdón” (“Unforgiven”) de Clint Eastwood, hastiado y abrumado por el peso del remordimiento por tantas vidas arrancadas en el pasado a golpe de gatillo, confiesa: “Cuando matas a alguien no sólo le quitas todo lo que tiene, sino también lo que podría llegar a tener”. Cierto, terminas con su ser, con su esencia, pero también con su potencia. Porque cuando semejante patán mató a Marta, o cuando lo hizo el Rafita, “insigne” vecino del barrio, un robaperas en realidad que se ríe abiertamente del aparato policial y de las ventajas que le dispensa el sistema judicial, cuyos hurtos de vehículos no pasarían de lo anecdótico si no fuera porque asesinó a otra chiquilla, cruelmente, sin el menor gesto de remordimiento. Uno y otro no sólo acabaron con esas muchachas, sino con todo aquello que esas niñas pudieron llegar a haber sido, haber hecho, haber construido en el futuro. Estos sujetos han arrancado el aliento a sus víctimas e, incluso, a veces hasta les niegan el descanso a sus seres queridos, ocultando mezquinamente los cadáveres.


Las víctimas ya no están y sólo quedan los asesinos, con su rencor, con su bilis, con su odio, con su vesania. Casi nunca con su locura, pues rara vez están locos. Esta sociedad cínica y absurda suele cargar contra los locos, cuando éstos sólo suelen dañarse a sí mismos. Estos otros no están locos, simplemente son mala gente que apestan la tierra que pisan. Ya sólo queda, pues, el asesino apestando el orbe, tirándose pedos en su celda, es decir, pensando. Algún día saldrá a la calle y le entrevistará Tele 5, o cualquier otra cadena de televisión o radio, en aras de la “libertad de expresión”, algún escritor hará de “negro” escribiendo sus memorias, o un director de cine rodará una película o una serie “basada en hechos reales” que veremos engullendo palomitas y sorbiendo cocacola por una pajita en algún multicine o ante nuestra pantalla de plasma. Pero ella, la niña, ya no estará nunca más, ella no tendrá derecho a la “libertad de expresión”, ni ella ni aquella persona que pudo llegar a ser. Su habitación estará vacía, que no muda, pues su silencio atronará a sus seres más cercanos cada día. “El Hombre de Alcatraz”, (“Birdman of Alcatraz”, el Pajarero de Alcatraz) de John Frankenheimer, narra las penurias de Robert Franklin Stroud en diferentes prisiones. Dos caras de la misma moneda. Víctima y verdugo. Violencia personal y violencia estatal, violencia del sistema. Violencia ciega, como debiera serlo la justicia, aunque nunca lo son: sus vendas dejan ver al trasluz y siempre saben a quién benefician y sobre quien cargan sus golpes y todo el peso de su poder. Rehabilitación significa devolver la dignidad a una persona. En ello se supone que se basa nuestro sistema penitenciario. En la película, el preso de Alcatraz encarnado por Burt Lancaster acabó convirtiéndose en un célebre ornitólogo, en la persona que más sabía en el mundo sobre enfermedades de pájaros. Escribió dos reputados libros sobre este tema, “Enfermedades de Canarios” y “Resumen Stroud de las Enfermedades de los Canarios”; una autobiografía, “Bobby”, y una pormenorizada historia del sistema penitenciario estadounidense, “Mirando Afuera”. Para algunos, una eminencia, pero el sistema consideró en su caso que no estaba rehabilitado. Murió en el presidio de Springfield a los 73 años de edad, tras una condena de 54 años, 42 de ellos en régimen de aislamiento. Experto ornitólogo, licenciado en derecho y hablando francés. Nunca fue un corderito, le gustaba la gresca, el alcohol (tenía alambiques en prisión) y era arrogante. Culto, desanimado, “aplastado en un hervidero de desesperanza”, mientras otros salían porque habían aceptado planes de reinserción y aplicaban taladradoras a una pared o servían filetes fríos en las bandejas de sus compañeros. “Ahí fuera es primavera, holgazán, es mejor que vayas a descubrir quién eres. Fuera puedes sacudirte el polvo, oír como suenan los violines; el aire es más sano, las noches son más cortas… ¿No querrás dejar de ser por una vez en tu vida un pájaro enjaulado? ¡Vuela alto, picotea las estrellas!”, le dice el recluso a su canario abriendo sus alas al mundo. Robert Franklin Stroud murió en presidio, culto y desanimado. Víctima y verdugo, dos caras de la misma moneda. Se dice que se puede excusar, no perdonar y que sin perdón no hay consuelo… Pero es tan sumamente difícil… … Ojo por ojo, terminaremos todos ciegos. Post Scriptum: El perdón es el camino, pero nunca el olvido.


Escorpión El chico con un escorpión tatuado en un brazo lleva una rata alojada en su corazón. Allí habita, mordisco a mordisco, arañazo a arañazo, bajo los guiños de la luna celosa hasta que sale el sol. El viento del norte agita los cabellos de mi chica, mientras yo los trenzo con mis dedos. Beso su nuca, he vestido su cuerpo con nata y ron, e introduzco mis dedos en ella y en oscura miel. El chico con un escorpión tatuado en el brazo había amaestrado a su rata o, al menos, eso creía él. Tocan arrebato, hay una bala incrustada en la pared. El chico con un escorpión tatuado acaricia la cicatriz de su brazo y se ríe del arlequín enamorado, pero llora recordándola a ella. Recordando cuando la tenía a su lado, recordando aquella vez que la tuvo entre sus brazos y fue cobarde. Recuerda sus cabellos al viento, su rostro a contraluz, el roce de sus senos en sus manos… y la rata vuelve a morder. Estoy soñando, ella lame la miel de mis dedos, la noche es cerrada y la luna, de papel. La bailarina hace un streptease agarrada a una barra de metal, bajo la luz de un foco y entre el humo de los cigarrillos. El chico del escorpión tatuado, un día fue un dragón. Grita, grita, grita, pero no es suficiente, nunca lo es. Quiere gritar más y más alto. La rata araña y muerde. Ya sabe que no la verá más. Estás bailando, estás gritando, estás soñando, estás muriendo porque estás viviendo… nunca dejes de soñar. Acaricio a mi chica, somos monarcas desnudos en el reino del desamparo. Coronas de carne, cetros de sangre, sombras en la pared. La luna se zambulle en ríos de aguas púrpuras y la espuma asciende entre los troncos rugosos de los árboles. Está bailando, está gritando… nunca deja de soñar. Con sus luces y sus sombras, la ciudad y sus miserias quedan atrás. El chico del escorpión tatuado grita hambre, grita sed, grita vacío, grita emoción y grita vértigo, grita, grita, grita… y cuánto más grita, más ríe y llora más; sufre y goza… está gritando libertad… … Libertad. Mi chica besa mis labios, borro su nata y bebo su ron, y nuestros besos resbalan por los tejados que baña la luna de metal. Nudos prietos, cuerdas trenzadas, acordes de violín. Ellos no encuentran, sólo buscan, no cejan en la búsqueda, no se cansan de buscar, pero sus besos ya nos los bebimos, ya no están. Buscan estelas de espuma entre las olas, caminos en el mar. El chico del escorpión tatuado en un brazo se subió a su moto y la arrancó. Podría haber continuado con aquella muchacha, disfrutando de una vida lujosa, pero escogió lo que él quería y él quería libertad. Libertad, palabra gastada y manoseada, fácil de adquirir, difícil de mantener, imposible de satisfacer. Los chicos, abajo en los callejones incendiados, están gritando libertad y también exigen, porque se les debe, dignidad. Nadie acierta, todos fallamos al buscar atajos, todos somos náufragos en el mar. Nos suicidamos a la luz de una hoguera, bajo la luz de la luna, una noche de un mes de abril. Ella posó sus labios carnosos en los míos y musitó: “estamos bailando, fundidos, en este sueño sin fin, estamos riendo, estamos llorando, estamos gozando, estamos soñando… Nunca dejemos de soñar”. Aquella noche


era nuestra, como nuestra es la libertad que no es de nadie y a nadie debe lealtad. Vuela el pájaro, vuelta alto, nunca deja de volar. El reo paladea un buen vino y da cuenta de un filete jugoso y tierno en el corredor de la muerte. La sangre serpentea entre los adoquines y las farolas del callejón para fundirse con el mar. La noche, siempre la noche. De noche, siempre de noche, los sentimientos se aprecian mejor, con mayor nitidez. En las barricadas se oye a las balas silbar. Aquella que no escuchas es la que sin duda te mata. El chico del escorpión tatuado que un día fue dragón detiene su moto al pie del acantilado y se asoma al mar desde el desfiladero. La moto ruge, la rata muerde y el vuelve a gritar. Grita, siempre grita, no deja de gritar. Océanos en tormenta son los abrazos de mi chica a la luz del fuego. Fuego en el cielo, fuego en el suelo, fuego en los cuerpos, y yo me dejo llevar. Atada, desbocada, nadie la puede detener. Tengo un deseo en mi mente y un poder en mis manos. Y entonces llega como un tsunami, rompiendo todos los diques, imparable como un huracán terrible. Ella se agita, grita y gime, ella ya no es ella, ella es muerte, ella es vida. Ella es libertad. La bailarina, en su diván yace muerta entre viejas melodías de cabaret, de amores rotos, aún con una fusta en una mano y una rosa en la otra. A sus pies llora el arlequín enamorado con una pistola en la mano. Una bala en su pecho, otra bala está incrustada en la pared. Ella había sonreído por última vez al chico del escorpión tatuado. Ya sola, frente al espejo reía y lloraba lágrimas en el mar, hasta que la imagen del arlequín se dibujo en el espejo con la sombra de un despecho. El motor ruge entre las rocas, el ruido de las olas no lo logran silenciar. El chico del escorpión tatuado en un brazo desaparece a lomos de su moto entre las olas del mar. La rata ha roto sus barrotes sólo para ahogarse, pero el dragón reaparece y reemprende el vuelo. Vuela dragón, vuela alto, nunca dejes de volar. Mi chica danza desnuda ante mí, bajo las estrellas que un día fueron reyes, bajo la luz de la luna que ya no es luna, sino blanca pluma de un pájaro que se llama libertad. Estamos bailando, estamos gritando, estamos soñando… “Nunca dejemos de soñar”, me pide. En sus labios, una sonrisa; entre mis dedos, los suyos; en mis manos, sus senos; sus sueños, en los míos; en mi pecho, un anhelo, y en mi mente, un pensamiento con la silueta de un pájaro que yo llamo “libertad”.


Los Hermanos Marx y Yo Ya que he dado pública fe en repetidas ocasiones de mi devoción por Charlie Chaplin, sobre todo cuando encarnaba a su personaje Charlot, no sería justo silenciar mi otra debilidad confesa: los Hermanos Marx –en realidad, el apellido familiar era Marks –, una numerosa y muy humilde familia de cómicos judíos neoyorkinos de ascendencia alsaciana, por lo que tan justo es decir que son de procedencia alemana como francesa, ya que sus progenitores emigraron de esa franja territorial que ha pasado de una nación a la otra en repetidas ocasiones. La troupe de los Marx ascendió desde los escenarios teatrales más modestos hasta la cima del cine de Hollywood, impulsada por el motor de Minnie, su madre. Con este modestísimo homenaje saldo esta pequeña deuda personal. Charlot simboliza al personaje desfavorecido en lucha desigual, pero afortunada, con el todopoderoso sistema desde un prisma romántico, incluso tierno, al fin y al cabo nos dice en todos sus films que la vida es un chiste, una broma y, por tanto, debemos siempre sonreír. Los Hermanos Marx, en cambio, son el lado surrealista de la sociedad occidental, a la que satirizan incluso con crudeza por su manifiesta hipocresía, por el excesivo culto al dinero, a las falsas apariencias y por las excentricidades de la alta burguesía; todo ello granado con los cáusticos comentarios de Groucho y de sus vertiginosos diálogos, sobre todo los que entablaba con Chico. No en vano, si a Chaplin le costó adaptarse al cambio al cine sonoro, los Hermanos Marx hallaron en la sonoridad uno de sus puntos fuertes, merced a sus alocados y brillantes diálogos y a la inclusión de números musicales: Groucho era un notable guitarrista, Chico, un gran pianista, y Harpo, amén de un excepcional arpista, era capaz de tocar a la perfección cualquier instrumento que cayera en sus manos. Groucho, que inició su carrera artística a los quince años de edad como cantante solista, era un reconocido mentiroso compulsivo, pero ¿qué otra cosa que una gran mentira bien contada es una novela, un cuento o una película?... o el propio matrimonio, que añadiría él bajo sus pobladas cejas, su mostachón pintado con betún y su puro habano. Y si de algo sabían estos cómicos era precisamente de hacer buen cine, nada menos que cinco de sus films están incluidos en la lista de las cien mejores películas de la historia por el American Film Institute. Como Milton Marx, Gummo –de goma de mascar –, sólo participó en las representaciones teatrales y no en las películas, las referencias de este homenaje se centran en Julius Henry –Groucho, alias debido a su carácter gruñón y tacaño –, Leonard –Chico, el alias le vino por su afición a las chicas, que compartía con su inclinación al póker y las mesas de billar –, Adolph –Harpo, obvio, luego cambiaría su nombre original por el de Arthur – y Herbert –Zeppo


el menor, hacía siempre los papeles serios en las películas, siendo curiosamente el más gracioso de todos ellos fuera del escenario, amén de imitar a la perfección a todos pudiendo sustituirlos en cualquier momento, aunque se retiró de los escenarios para ser el manager de sus hermanos. Su alias proviene de Zippo, un chimpancé que participó con ellos en algunos vodeviles –. Decía Groucho Marx que “detrás de todo gran guionista hay una gran mujer y, detrás de ésta, está su esposa”. No es menos justo añadir que detrás de toda mujer, grande o no, hay un hombre intentando palparle el culo. Al fin y a la postre, como resumió el propio Groucho en el brillante título de uno de sus mordaces libros: “¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?” Podría extenderme hasta la saciedad hablando de las escenas de sus películas ¿Cómo olvidar el soberbio ejercicio de mimo de la escena del espejo en “Sopa de Ganso”, la del ya inmortal camarote en el barco o la del laberíntico diálogo de la “parte contratante…”? –por citar sólo tres –o de los libros y memorias de Groucho: “Camas”, “Groucho y Yo”, “¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”, “Memorias de un Amante Sarnoso” o “Las Cartas de Groucho”, que le convirtieron en el más popular de todos –también en parte por su faceta como presentador del programa de televisión “Apueste su Vida” –, aunque son igualmente destacables, si no más, las memorias de su hermano Adolph: “¡Harpo Habla!” –“Harpo Speaks!” –. No en vano Adolph (o Arthur) era el más humilde y el más culto de los hermanos. Este actor al que, tras más de 20 años interpretando con una raída gabardina y una rizada peluca roja el papel de mudo, con un silencio solamente roto por los acordes de su arpa y por el sonido de “una bocina en forma de bulbo que había robado en un taxi”, una báscula de la suerte le mandó el siguiente mensaje: “Habla usted demasiado. Recuerde: el silencio es oro”. Este hombre se codeó con lo más granado de la intelectualidad de su época –George Bernard Shaw, Somerset Maugham, Dorothy Parker, Harold Ross, George S. Kaufman, Ben Hecht, George Gershwin, Salvador Dalí, Rowland Barber… –sin perder un ápice de sencillez ni de naturalidad en la prestigiosa Mesa Redonda del hotel Algonquín: “Yo aporté a la Mesa otro tipo de talento, el único que le faltaba: el de sentarse y escuchar”, apuntó con humildad y mordacidad a partes iguales al respecto. Son unas memorias sinceras, con sabor agridulce, en las que repasa desde su infancia, en la que “siempre teníamos hambre”, hasta su labor como actor y espía –sacando unos planos pegados a las perneras de su pantalón –en la Rusia stalinista de 1933: “Nunca había topado con gente que se riera tan fácilmente como los rusos. Tal vez la risa representaba para ellos un lujo, más que para nadie. Tal vez se morían de sed de ella”; pasando por sus estancias festivas en el sur de Francia, donde conoció al rey Alfonso XIII: “Mis personajes


favoritos eran el rey Alfonso de España y su chambelán del Himno. El rey tenía tan mal oído que no podía distinguir un pasodoble de la Obertura de Guillermo Tell. Por ello viajaba con un ayudante especial cuyo deber consistía en hacerle una señal cuando tocaban el Himno Nacional español, para que Alfonso supiera cuándo tenía que saludar”. Especial hondura emocional hallamos en la narración del fugaz paso de este actor judío por la Alemania nazi: “En Hamburgo vi el espectáculo más aterrador y más deprimente que jamás había visto: una hilera de tiendas con la Estrella de David y la palabra ‘Judío’ pintada encima, y dentro, tras los mostradores semivacíos, personas anodadadas, encogidas como si no supieran qué las había golpeado ni de dónde llegaría el golpe siguiente”. Adolph Marx, al que la mujer del productor David O. Selznick describió como “un hombre felizmente casado, sin enemigos. Nunca ha hecho régimen ni ha tomado pastillas para dormir. No va loco por el dinero ni le arrastra la ambición. Es maduro. Está adaptado. Es un soplo de aire fresco en una ciudad llena de neuróticos, exhibicionistas y presumidos”, desgranó en sus memorias pequeños jirones de piel en forma de confesiones: “Ha llegado para mí el momento de echar a volar mi imaginación, tumbarme al sol, quitarme los zapatos y, por fin, hablar (…) Siempre seguí mis reglas y nunca fui a ninguna parte por la ruta establecida (…) Yo no era un pandillero. Yo era un lobo solitario. Esto me convertía, a mi vez, en blanco visible para las pandillas. Los pandilleros no toleraban a los solitarios, me llamaban homosexual y cosas peores. Hoy día, las autoridades me llamarían ‘inconformista antisocial’ y cosas peores (…) En la escuela no te enseñaban qué hacer cuando te detenía una pandilla enemiga: cuándo correr, cuándo defender tu terreno. La escuela no enseñaba cómo recoger pelotas de tenis, cómo fabricar un patinete, viajar en los ferrocarriles elevados y los trolebuses, hacerse llevar por carros de repartidores, tener un perro, irse a bañar al río, conseguir un helado o una fruta, todo ello sin pagar un céntimo (…) No sé si mi vida ha sido un éxito o un fracaso, pero el hecho de no tener ninguna ansiedad de ser una cosa u otra me ha proporcionado un tiempo extra para la diversión”… Todos los lectores conocen de sobra sus más célebres citas y extractos de diálogos de sus films, muchos de ellos (mal) plagiados hasta la saciedad. Aquí dejó unos cuantos porque creo que retratan a los Marx mejor que cualquier texto ajeno: “¿A quién va a creer usted: a mí o a sus propios ojos?” –Chico disfrazado de Groucho en “Sopa de Ganso” –; “él puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se dejen engañar, es realmente un idiota” –

Groucho sobre el personaje de Chico en “Sopa de Ganso” –; “¿Cavar trincheras? ¿Con nuestros hombres cayendo como moscas? ¡No tenemos tiempo para cavar trincheras. Las tendremos que comprar prefabricadas!” – Groucho en “Sopa de Ganso” –; “¡Si nos encuentran estamos perdidos! ¡Qué tontería! ¿Cómo vamos a estar perdidos si nos encuentran? –Chico en “Sopa


de Ganso” –; “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros” –Groucho

–; “¡Claro que lo entiendo! Incluso un niño de cuatro años lo entendería ¡Que me traigan a un niño de cuatro años!” –Groucho –; “Debo confesar que nací a una edad muy temprana” –Groucho –; “disculpen si les llamo caballeros, pero aún no les conozco bien” –frase que usaba Groucho antes de comenzar conferencias o discursos –; “el matrimonio es la principal causa del divorcio. El matrimonio es una gran institución. Por supuesto si te gusta vivir dentro de una institución” –Groucho –; “es una tontería mirar debajo de la cama. Si tu mujer tiene una visita, lo más probable es que la esconda en el armario. Conozco a un hombre que se encontró con tanta gente en el armario que tuvo que divorciarse únicamente para conseguir colgar la ropa” –Groucho –; “la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna” –Groucho –; “jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo” –Groucho –; “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico equivocado y aplicar después los remedios equivocados” –Groucho –; “no piense mal de mí, señorita. Mi interés por usted es puramente sexual” – Groucho –; “nunca olvido una cara, pero con la suya estaré encantado de hacer una excepción” –Groucho –; “pienso que todo el mundo debería creer en algo, yo creo que voy a seguir bebiendo” –Groucho –; “siempre salgo con dos mujeres, detesto que las mujeres regresen solas a casa” –Groucho –. Julius, en su libro “Groucho y Yo”, recuerda la crisis de 1929 y la consiguiente crisis económica que asoló EE.UU., con unas palabras que nos suenan extrañamente actuales y vigentes en nuestra actual crisis especulativofinanciera: “Un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercado de valores (…) Todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor. Mi sueldo era de unos dos mil dólares, pero esto era calderilla en comparación con el dinero que ganaba teóricamente en Wall Street (…) El mercado siguió subiendo y subiendo (…) Dichos augurios nunca variaban. Siempre eran ‘arriba, arriba, arriba’. Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar (…) Lo más sorprendente del mercado en 1929 era que nadie vendía una sola acción. La gente compraba sin cesar (…) Éste ha dejado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial (…) Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender pero, al igual que todos los demás ‘primos’, era


avaricioso (…) Muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway. La mayoría de las conversaciones se limitaban a la cantidad que tal y tal valor habían subido la semana pasada o cosas similares. El fontanero, el carnicero, el panadero, el hombre del hielo, todos anhelantes de hacerse ricos, arrojaban sus mezquinos salarios, y en muchos casos sus ahorros de toda la vida, en Wall Street. Ocasionalmente, el mercado flaqueaba, pero muy pronto se liberaba la resistencia que ofrecían los prudentes y sensatos y proseguía su continua ascensión. De vez en cuando algún profeta financiero publicaba algún artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe bajar. Pero apenas nadie prestaba atención a estos observadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela (…) Un día concreto, el mercado empezó a vacilar. Unos cuantos de los clientes más nerviosos fueron presa del pánico y empezaron a descargarse (…) Todo el mundo quiso vender (…) Pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que, por entonces, ya sólo tenían el nombre de tales. Era una broma pesada, porque la mayor parte de los accionistas se habían quedado sin dinero y los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente. Luego, un martes espectacular, Wall Street tiró la toalla y sencillamente se derrumbó (…) El día del hundimiento final, mi amigo, antaño asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. Todo lo que dijo fue: ‘¡La broma ha terminado!’ Antes de que yo pudiese contestar al teléfono se había quedado mudo… se suicidó”. Julius Henry Marx recibió en 1974 en nombre propio y en representación de sus hermanos ya fallecidos un Óscar no menos merecido por injustamente tardío (en todas partes cuecen habas) de manos del también genial cómico Jack Lemmon. La concesión del galardón no hubiera sucedido sin el tesón de la última de las tres esposas de Groucho, la también actriz Erin Fleming, que pasó dos años puerta por puerta solicitándolo a todos los miembros de la Academia de Hollywood. Julius Henry Marx, cuya relación sentimental con Erin fue muy criticada por la diferencia de edad entre ambos –82 años él; 31, ella –a lo que él replicaba que “un hombre es tan joven como la mujer a la que acaricia”, falleció en Los Ángeles de neumonía, fue incinerado y sus cenizas reposan en el Eden Memorial Park. “Me gustaría que un diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre la cabeza de mi representante”, comentó en su día. Es por tanto una leyenda urbana que en su epitafio se lea la frase “perdonen que no me levante”, aunque dicen que, en efecto, fue idea de él en vida que grabaran dicha frase sobre su lápida, pero su familia declinó finalmente hacerlo.


Concluiré este homenaje personal a los célebres hermanos humoristas, con una frase de este juntaletras que les habla y que creo iría en su línea: ¿Un Consejo de Guerra? Les aconsejo no ir.


Vuele bajo “¿Recuerdas cuando nos comíamos el mundo? ¿Cuándo el beso más superficial representaba el sentimiento más profundo? ¿Cuándo éramos jóvenes?”..., pensaba yo acodado en la barra de un bar frente a un gin tonic, cuando me sacaron de tales elucubraciones y otras similares un par de viejecitas que penetraron en el establecimiento cogidas del brazo. La más joven, cubana, no cumpliría ya los 75 años; la mayor, argentina, no bajaba de los 85; el camarero, madrileño de Chamberí, frisaba la cincuentena.

– Venimos muy sofocadas, hemos llegado tarde al teatro-manifestó a modo de saludo la menos anciana.

– ¡Mujer! ¿Cómo llegan tarde al teatro? –amonestó sonriente el camarero.

– Por la maldita televisión. Un programa en que unos jovencitos pescaban tremendo tiburón martillo, con una fuerza que doblaba la caña.

– Mujer, pero yo llegaba a la función con una hora de antelación, y me tomaba un chocolatito con churros hasta que comenzaba la representación… –siguió el camarero.

– Ya, pero vos tenés un bar –intermedió la argentina. – Y no viste a esos jovencitos tirar de la caña, con esos músculos, toditos sudados… Hay que vivir el momento, mi amor- sentenció la cubana con un guiño de ojo. El camarero me miró buscando mi opinión. “Diga que sí, señora… el momento es la vida, y el deseo”, asentí. Mi admirada Venus O’Hara, parafraseando a Woody Allen, escribe en su blog erótico que “lo mejor del cibersexo es que siempre sabes que estás en buenas manos: las tuyas”, pero yo no estoy tan seguro que las nuestras sean las mejores. Intento huir del temor a los demás y de la tentación que nos brinda en bandeja de plata esta sociedad nuestra de refugiarnos en nuestro pequeño islote, parapetados tras la pantalla de un ordenador, reos al fin y al cabo de éste. Me gusta el contacto físico y carnal, amén del espiritual, más allá del riesgo. “Entre tú y yo, siempre quedarán los virus al menos”, podríamos decir. También parafraseando al cómico judío, cuando hacemos el amor, el resultado es el mismo que en la masturbación, cierto, pero conocemos gente, y aunque sólo sea por eso ya merece la pena. Quien teme a la muerte muere cien veces; el que no lo hace sólo fenece cuando le toca. El momento. Sin pasado ni futuro. El


momento es la vida. Sólo muere quien pierde el momento y el deseo. Y antes, ha perdido la libertad. “Ningún hombre es completamente libre, sólo los niños y los tontos piensa de esa manera”, le espeta lord Tywin Lannister a su hijo Tyrion, el Gnomo, en la novela “Danza de Dragones” de George R.R. Martin. Y es cierto, pero la libertad sigue viva dentro del pecho de aquellos que no han borrado la sombra del niño que un día fueron. La libertad, como el deseo, es un sentimiento que te acompaña toda la vida, por viejo que puedas llegar a ser, si sabes alimentarlo, regarlo. Sólo morimos si dejamos de ser libres en nuestro pensamiento. Los escritos se pueden censurar, las palabras se pueden silenciar, pero el pensamiento no se puede encarcelar. Pero, como en la canción de Quique González, vivimos en la ciudad del viento, en la que de tanto esperar se cayó hasta el letrero. No lo aplicamos, y por tanto es como olvidarlo, por mucho que repitamos aquello de que la libertad no tiene precio, y que no es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita. Por mucho que perdamos la cabeza cuando nos adulan, por mucho que nuestros líderes nos prometan que no perderán el contacto con el pueblo del que emanan y al que, se supone, sirven. Cuando el deseo y el momento se pierden, el amante muere como el preso languidece en su presidio; cuando el globo se infla con el aliento de los lisonjeros, se eleva fatuamente y la verdadera persona se desvanece en beneficio de la figura pública alejada de la realidad. “Vuele bajo porque abajo está la verdad. Esto es algo que los hombres no aprenden jamás”, cantaba Facundo Cabral.


Escalas “Desconozco tus escalas / por tanto eres muy dueña / de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña. / No está su tamaño / en honor a la verdad / fuera de la Ley de la Relatividad. / Y aunque en rigor no es mejor / por ser mayor o menor, / francamente es un burdo rumor”, cantaba Javier Krahe con Joaquín Sabina en La Mandrágora. Y cierto es que todo es relativo y no conviene descontextualizar las cosas. Así pues, la campaña “Más por menos” comparando el precio del billete de metro de Madrid con el de otras capitales ha generado variadas, y atinadas, críticas y pintadas con los salarios mínimos que se cobran en España y en los países indicados en dicha campaña. No es de recibo que las autoridades pretendan vendernos no ya una moto sino todo un tren de mercancías al comparar, tan ventajosa y ventajistamente, el precio del billete sencillo (1,50 euros) del metro madrileño con el de París (1,70 euros), Nueva York (1,83 euros), Estocolmo (2,20 euros), Berlín (2,30 euros), Ámsterdam (2,60 euros), Oslo (3,61 euros) y Londres (4,64 euros), silenciando al mismo tiempo las evidentes desigualdades en los salarios mínimos interprofesionales entre un español y un francés, un noruego o un inglés, todo ello sin que queramos entrar en el no menos hiriente por evidente tema de la escandalosa diferencia en la tasa de desempleo entre los citados países. El sueldo mínimo interprofesional es un patrón de medida que comenzó a aplicarse en Australia y Nueva Zelanda en el siglo XIX, y que fija la remuneración básica establecida legalmente que un empresario debe pagar a sus empleados por su trabajo. En España se ha congelado para 2012 en 641,40 euros, mientras que en Francia es de 1.321 euros; en Holanda es de 1.357 euros; en Bélgica, 1.336 euros; en Gran Bretaña, 1.148 euros; en Suecia, 2.000 euros, y en EEUU es de 1.500 euros. El salario mínimo interprofesional en España es el tercero más bajo de toda la Unión Europea, sólo seguido por Portugal (497 euros) y Polonia (334), según la Eurostat (Oficina Estadística Comunitaria) pese a lo cual los empresarios españoles siguen poniendo el grito en el cielo, solicitando mayor “flexibilidad” laboral y salarial. No voy a compararme con los de arriba, puesto que es una perdida irremisible de tiempo a tenor de lo visto. Sin embargo y aún a riesgo de ser pesado, repetiré la pregunta que llevo planteando largos meses al vacío: ¿Por qué el sueldo mínimo de un español es de 641,40 euros si España aún no ha sido rescatada, mientras que el de un griego es de 739,56 euros –Grecia ha sido 2 veces “rescatada” ya –o el de un irlandés alcanza los 1.462 euros, siendo Irlanda una nación también ya intervenida? Las Españas, que decíamos antaño, se encuentran junto con Grecia y Rumania entre los países con mayor porcentaje de pobres de Europa, aunque dichos pobres tengan trabajos, debido a la temporalidad de los mismos, en torno a un 25%, el segundo más alto en este caso tras Polonia. El riesgo actual


de pobreza en España, según dicho informe, es del 20,7% frente al 16,4% de media en la Unión Europea, y el 20% de los trabajadores con mayores ingresos gana seis veces más que el 20% de aquellos con los salarios más bajos, lo que nos sitúa sospechosamente cerca de las repúblicas bananeras. La prima de riesgo española ronda pertinazmente con los 350 puntos –claro que la italiana se ha montado un chalecito en la franja de los 500 con los que ya fueron intervenidos Grecia, Irlanda o Portugal –. España alcanzó la bochornosa suma de 4.422.359 desempleados en el mes de diciembre de 2011 pese a las contrataciones de Navidad, con una deprimente media de 1.000 empleos perdidos al día, lo que arroja un balance de 2,46 afiliados a la Seguridad Social por cada pensionista. Un desempleo que se ceba en los jóvenes, que no encuentran un trabajo acorde con su formación y mucho menos convenientemente remunerado, y con los mayores de 45 años, que son los primeros de los que se desprenden las empresas cuando tienen problemas, pese a su contrastada experiencia, madurez, seriedad o responsabilidad. Salta a la vista, pues, que en 2012 figuramos en todos los pódiums negativos. 2012 el año del dragón, según el horóscopo chino, el nuevo imperio. A nivel internacional, yo destacaría un fenomenal artículo de Ignacio Sotelo en el periódico El País, en el que podemos leer que la eurozona necesita préstamos por 444.000 millones de euros para el primer cuatrimestre de 2012, siendo Italia el mayor deudor con 386.000 millones de euros, seguido de Francia con 378.000 millones de euros, Alemania con 257.000 millones y España con 175.000 millones. Prosigue Ignacio Sotelo recordando que Barack Obama ha urgido a la UE a solventar dicha deuda ante el estupor europeo: “Indigna que el aviso provenga de un país (EE.UU.) con una deuda que alcanza casi el 10% del Producto Interior Bruto americano, superando a la deuda europea en un 15% (…) Un país con una infraestructuras decrépitas, unos servicios públicos de calidad ínfima y política social muy deficiente, una buena parte de los americanos siguen demandando menos Estado y sobre todo menos impuestos. Mientras Europa procura salir de la crisis reduciendo drásticamente la deuda, América pretende continuar viviendo de sus acreedores ¿Cómo se explica entonces que los mercados acosen a Europa y toleren que EE.UU., con un endeudamiento superior siga viviendo del préstamo externo? Algo influirá que las agencias de evaluación de riesgo sean todas americanas, pero indudablemente decisivo es el papel del dólar como moneda de reserva (…) El comercio internacional se maneja en dólares (…) Una inflación controlada rebaja la deuda con el descenso continuo del valor del dólar. La prioridad pues para Estados Unidos es mantener el dólar como divisa de reserva, algo que a medio plazo cuestiona el euro. Desde su comienzo, los economistas americanos han insistido en que era inviable una moneda común para países con productividades tan dispares. Pero el euro no sólo parecía funcionar, aportando a la eurozona un lustro de estabilidad y crecimiento, sino que


mejoraba de continuo su valor respecto al dólar, a la vez que crecían las reservas que se hacían en euros (…) La actual crisis mundial, originada en Estados Unidos, abre la posibilidad de que cambien las tornas. Si el euro desapareciese, no sólo se habría eliminado al principal contrincante del dólar, sino que los poseedores de esta moneda podrían comprar Europa a precio de saldo”. Mientras tanto, en España, el Tribunal Supremo actúa contra José Blanco, ex ministro de Fomento, por presunta aceptación de un soborno del empresario Jorge Dorribo en una gasolinera; Iñaki Urdangarin, exjugador de la Selección Nacional de balonmano y yerno del rey Juan Carlos I, ha sido imputado por fraude a la Administración, malversación de caudales públicos, fuga de capitales a paraísos fiscales, falsedad documental y prevaricación… nada más y nada menos; al expresidente de la Generalitat de Valencia, Francisco Camps, y al expresidente del Partido Popular valenciano, Ricardo Costa, se les está procesando formalmente por cohecho indebido con la llamada trama Gürtel ante un jurado popular, mientras el Gobierno central debe avalar a la citada Generalitat para pagar una deuda de 123 millones de euros con el Deutsche Bank mientras planea la sombra del caso EMARSA en el agujero de 17 millones de euros de la empresa pública valenciana; y el multipremiado en la lotería presidente del Partido Popular de Castellón, Carlos Fabra, campa por sus fueros tras haber inaugurado el famoso aeropuerto sin aviones, de autoerigirse en el mismo una estatua que haría palidecer al propio Coloso de Rodas, o de haber colocado a dedo a su actual novia, Esther Pallardó, como vicepresidenta de la Diputación de Castellón, con la consiguiente asignación de un millonario sueldo público: 54.000 euros anuales. El Ministro de Economía, Luis de Guindos Jurado (exconsejero asesor para Europa de Lehman Brothers y miembro del Consejo de Administración de Endesa) manifestó al diario El Mundo tras el anuncio de dicha congelación y otros severos recortes que “si no hubiéramos aprobado estas medidas nos las habrían impuesto otros”, lo que antes desde su bancada había sido esgrimido en medio de gran alboroto repetidas ocasiones contra el anterior ejecutivo como argumento de que nuestro país estaba siendo intervenido y había perdido su soberanía. La subida del IRPF, una de estas medidas, ha situado a España como el tercer país europeo (otra “medallita” en el pódium) con el tipo máximo de IRPF más alto, sólo superado por Suecia y Bélgica y muy por encima de Gran Bretaña, Alemania y Francia, no digamos nada ya de Italia, Grecia, Irlanda o Portugal. Dicha subida, además, nos costará 222 euros de media a cada uno en nuestras respectivas declaraciones de Renta, amén de que imposibilita a los jubilados mantener su poder adquisitivo a pesar de haber subido las pensiones un escuálido 1%. Recortes… Las rentas del gran capital son inmunes a estos recortes, que sólo gravan a las clases medias y a los más desfavorecidos. Y el verdadero ajuste


llegará en marzo, pero como rezaba una pancarta que leí el pasado año: “No podemos ajustarnos el cinturón mientras nos bajamos los pantalones”. Recortes… las enseñanzas de John Maynard Keynes siguen más vigentes que nunca: “La expansión, no la recesión, es el momento idóneo para la austeridad fiscal”, recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía aún más. Si los trabajadores no disponen de capital para gastar, el comercio también se hunde. La historia se repite y nos encaminamos a la gran depresión. “Desconozco tus escalas /por tanto eres muy dueña / de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña. / No está su tamaño en honor a la verdad / fuera de la Ley de la Relatividad. / Y aunque en rigor no es mejor / por ser mayor o menor, / francamente es un burdo rumor”, decía la canción. Los expertos en coaching afirman que el mayor grado de satisfacción e insatisfacción de los empleados es el jefe directo. Si ello es cierto y España es una empresa que deba medirse por su eficacia, el grado de satisfacción de los ciudadanos españoles con los políticos que dicen representarnos es cercano al cero. Y esto no es ni un cero relativo ni un burdo rumor. ¡Feliz 2012! ¡Feliz año del dragón!


Chistes y moralejas Me viene a la memoria el chiste del nómada que se encuentra una lámpara mágica en el desierto, la frota, surge un genio de su interior y le concede tres deseos. El hombre pide ser blanco, estar continuamente rodeado de agua y poder tocar culos femeninos. El genio le convierte en un retrete, con cadena y todo. Esto viene a colación porque leo, confieso que riéndome, en “La Voz de Galicia” que un tipo adquiere vía internet un alargador de pene y le envían una lupa. No contento con ello se dirige a la comisaría más cercana para denunciar el timo, pero finalmente se arrepiente –imagino que los policías aún se están riendo –y la historia la filtra a la prensa, la cual se hace eco para solaz del resto de los españoles. En primer término no aprecio timo alguno, al fin y al cabo si aplica la visual a la lente verá como, en efecto, su pene aumenta de tamaño; en segundo término no entiendo porque alguien está más preocupado con el tamaño de su verga que en su correcta aplicación. En los mentideros reales se rumorea que le han propuesto para presidente honorífico de Capullos Sin Fronteras, por obvios motivos. Me ofrezco voluntario para enviarle a un precio módico unos prismáticos por si decide devolver a su pene al tamaño original. Hablamos de una herramienta multiusos en realidad, pues también es aplicable para los testículos o las mamas de una supuesta compañera, al fin y al cabo lleva dos pares de lentes… Y es reversible: tanto vale para disminuir como para aumentar su tamaño, simplemente con darle la vuelta a los prismáticos. Es una auténtica ganga, ya digo, y además adjunto unos filtros de colores por si uno se cansa de su tonalidad habitual. Hay que tener cuidado con lo que se desea, más aún con lo que se pide y, sobre todo, hay que agrandar el cerebro antes que el pene, aunque sean órganos que el hombre a menudo confunde y unifica. Otro sujeto, Simpson de apellido y por ir dando pistas, intentó asaltar un Toys "Я" Us armado con un sable láser de la guerra de las galaxias – ignoro si verde o azul de jedi o roja de Darth Vader –siendo reducido por la policía con sus porras terráqueas. “No le sirvió de mucho el sable”, manifestó uno de los guardas –tal vez Super Mario Bros, una tortuga ninja o un guerrero Airgam Boy –. Lo raro sería lo contrario, pensé yo; aunque nunca hay que menospreciar al Reverso Tenebroso de la Fuerza. El cerebro, la vista… Órganos y dones tan minusvalorados en nuestra enferma sociedad que propicia que unos piratas somalíes intenten abordar una fragata de guerra española confundiéndola con un barco pesquero. Los abordadores abordados, como los piratas galos que siempre acaban naufragados tras topar con Asterix y Obelix. Claro que, por otro lado, este episodio tiene la doble lectura de qué clase de buques de guerra tiene nuestra Armada para que


un pirata los confunda con un bacaladero. Esta fue, según los mismos mentideros, la queja que elevó el capitán de los asaltadores africanos, conocido de ahí en adelante como Barbarroja. “Querida niña, ya es hora de que sepas que esto no es un muñequiño sino un pene”, le decía el indiano crápula a la “virgen” con que había decidido asentar la cabeza. “No, pene es el de mi primo; eso es un muñequiño”, le respondía ella con cándida sonrisa. Equívocos. Atajos que nos conducen a metas opuestas a las perseguidas. Las apariencias engañan, según dicen. El capitán del “Costa Concordia” afirma que no abandonó su barco, a su tripulación y a sus pasajeros durante el naufragio del trasatlántico, sino que “se cayó a un bote salvavidas”. Eso sí, acompañado de una ciudadana moldava que quita el hipo y que, curiosamente, esa noche no trabajaba y da fe, en este caso, de la gallardía del Capitán Trinquete. Claro, una vez abordo no era cuestión de regresar al buque que hacía aguas cual Titanic, donde la banda siguió tocando hasta que éste se hundió entre los icebergs arrastrando a Leonardo di Caprio. Quizá sí diera la orden de regresar y sucediera que cayó en una patera de inmigrantes y éstos no le entendieron. Quizá… pero este marino parece más bien emparentado con el capitán del chiste que al disponerse a abandonar a la carrera la nave que se hundía fue detenido por su segundo de abordo: “¡Capitán, no se vaya, que aún hay mujeres y niños abordo!”, a lo que él contestó: “Sí, hombre, para follar estoy yo ahora”. Pues eso. Que la verdad sólo tiene un camino y, a pesar del dicho, a menudo las cosas sí son lo que aparentan, como las milongas que nos intentan colocar los cientos de imputados por enriquecerse con los dineros públicos, unos porque les gusta “el caviar ruso, del bueno”, otros porque son más partidarios de la compañía de prostitutas “de lujo”–no faltaba más –y de cocaína colombiana a cargo de los eres y las nóminas de los desempleados que, al fin y al cabo, son un montón y no iban a tocar a nada. “Sniff, sniff todo por la napia, sniff, sniff, todo por la nariz….”, que cantaba Siniestro Total; unos por echar unos polvos, otros por quítame allá unas pajas… o unos trajes, unas pulseritas o unos cochecitos deportivos. Como Roberto Carlos, ellos también quieren tener un millón de amigos… del alma, o más bien unos amiguitos con millones de euros. Exministros que frecuentan gasolineras a horas intempestivas en compañías cuando menos sospechosas; los hijos de… bueno, de Cháves; las novias del lotero Fabra, que tiene el rostro aún más duro que la estatua autoerigida en su honor en “su” aeropuerto sin aviones… Otros que más que de sangre son de pasta real, unos chorizos reales vamos, perfectos modelos de carteles de Mango… todo lo que puedo y más, o ideales para promocionar carteles de la película “Pagainfantas”. De hecho los mentideros cuentan que la princesa Letizia cuando sus hijos la desobedecen les amenaza con que vendrá Urdangarin, es decir el Tío del Saco. Todo está escrito ya en realidad. Uno hecha un rápido vistazo a nuestros juzgados y se echa a llorar. Los banquillos están


plagados de políticos, banqueros, magistrados… Como bien dice mi amigo Santiago, hemos pasado de los indignados a los “indig-NOOS”. Leo que está a punto de caramelo la fusión entre el Banco de Santander y el BBVA y que ésta, a su vez, absorberá al banco que saldrá de la fusión entre la Bankia de Rodrigo Rato y la Caixa catalana, con lo que el señor Botín será sin duda el hombre más poderoso de España, suponiendo que no lo sea ya. Y que el propio Rodrigo Rato le espetó al ministro Luis De Guindos –máximo exconsejero de Lehman Brothers en España y Portugal, recordemos –que de ser ministro con la que está cayendo ni en broma… ya llegará el momento –de ser presidente del gobierno, es de imaginar –. Los grandes bancos son los únicos que han obtenido superávit en 2011 y, paralelamente, les seguimos dando dinero público a fondo perdido, sin que fluyan los créditos a empresas y autónomos. Siguen los recortes en los mismos y ya expoliados cajones. Y ya saben: jubilaciones a los 90 años, aumento de impuestos a las clases medias, flexibilización del despido, disminuciones de los sueldos ya exmileuristas, que nuestra maltrecha economía no está para más dispendios. Eso sí, el número 3 del citado Banco Santander se prejubila con 54 millones de euros –en efecto: 8.964.000.000 de pesetas, casi 9.000 millones de pelas –que esta música no va con los banqueros y, al pagarlo entre todos, no tocamos a tanto. En realidad, nosotros ya estamos acostumbrados a vivir con lo puesto y, además, hemos “vivido por encima de nuestras posibilidades”, que es lo que nos suelen decir estos banqueros y políticos a los que ganamos mil y poco y tenemos un Opel Corsa (o similar) de 12 años. Piensen cuántas buenas cosas podrá hacer este eficiente y venerable ancianito con 54 millones de leuros y no nosotros, que no somos más que unos miserables piltrafillas. Quizá ese dinero que emana de un fondo supuestamente originado para sanear la banca y que se dinamizara la economía diese para conceder algún que otro crédito a los llamados “emprendedores”, pero…. ¡qué tonterías digo! En un solo día, las aguas del mar engulleron a la otrora orgullosa Atlántida. El fin del mundo anunciado por los mayas se aproxima, nos aseguran, pero nuestro mundo no se podría hundir como el de los atlantes en el agua, porque con tanta mierda flotaría. El nuestro más bien se hundirá en la sima horadada por toda esta caterva de chorizos económicos. De hecho siempre sospeché que Stephen Hawking descubrió los agujeros negros leyendo las páginas color salmón de economía de los periódicos y no observando el cosmos como nos ha hecho creer el muy ladino. Pero si finalmente, como pronostican algunos, llegaran seres extraterrestres, los sancionarían por exceso de velocidad, por estacionamiento indebido en zona azul –que las arcas municipales están muy necesitadas tras tanta zanjita y tanto “Olimpiatus interruptus” –y, al menor descuido, unos cuantos de nuestros ilustres imputados les “levantarían” la nave, al mando del capitán del Costa Concordia


y su maciza moldava… Bueno, así se expandiría la música de Los Chichos y de Camela allende nuestra galaxia… y los trajes de El Corte Mangui… Triste, lo que se dice triste, es que muriera la mona Chita a los ochenta años de edad. Encontró un atajo entre los árboles y el cielo, y ahora se desliza de liana en liana con Tarzán por su paraíso verde al grito de “ankawa Chita, ankawa”. Yo prefiero no dar mucho la lata y no ocupar mucho espacio, así que me inclino porque me incineren y esparzan mis cenizas en la playa de Monsul o en alguna de las calas del Cabo de Gata que tanto amé o, si ello no fuera posible, que me entierren como en la canción de Extremoduro: con la picha por fuera para que se la coma un ratón. Sin tumba ni cajón, como en la canción de El Cromosoma, así el resto de mi cuerpo servirá de abono para que broten unas flores que algo darán de aroma. No hay que rasgarse las vestiduras ni arrancarse los mechones de pelo. En definitiva nacimos desnudos, así que hasta la camisa y el pantalón que vestimos son ganancia, como cantaba Facundo Cabral. Lo cierto es que desconocía yo que Francisco Camps fuera seguidor del cantautor argentino y, aún menos, que se tomara sus letras tan en serio. Mientras, una denuncia de estos imputados/enfangados en la trama Gürtel es la que ha sentado en el banquillo de los acusados al juez Baltasar Garzón, quien quizá incurriera en defecto de forma al ordenar escuchas a estos abogados que, en cualquier caso, parece más que evidente dejaban el dinero negro más blanco que el borreguito de Norit. Como leí recientemente, “vivimos en un mundo en el que los más ricos son quienes hablan de austeridad, la monarquía es la que habla de justicia y la iglesia es la que habla de sexualidad, mientras el resto está en silencio”… Y esto no es ningún chiste.


Dioses, héroes y hombres “Jamás comprendí las palabras de los hombres, crecí en los brazos de los dioses”, escribió el esquizofrénico Johann Christian Friedrich Hölderlin, quizá el sumun de la poesía alemana del siglo XIX, en una de sus magníficas odas. Tal vez por ello plantó un árbol en homenaje a la libertad en el seminario donde estudiaba Teología al tener noticia de la Revolución que estaba incendiando los viejos moldes sociales en la vecina Francia. Este poeta insuperado e insuperable, como le calificó Luis Cernuda, fue la voz del pueblo porque para él poesía y vida eran un todo indivisible. Hölderlin idealizó en las mentes europeas el mito de la Grecia clásica en su obra “Hiperión, el Eremita en Grecia”, donde el joven idealista que la protagoniza es masacrado por la barbarie de la guerra, en el intento de crear una comunidad de hombres libres en una nación independiente del yugo opresor. Fue admirador y amigo personal de Johann Wolfgang von Goethe, posiblemente el más grande de los literatos germanos, y del no menos brillante Johann Christoph Friedrich Schiller, el creador del Himno de la Alegría posteriormente musicalizado por Ludvig van Beethoven. Miles de jóvenes están siendo arrasados por la barbarie financiera en la Grecia actual, y con ellos nosotros, como redivivos hiperiones. Miles de familias abocadas a la más absoluta pobreza. Sin futuro en un presente sombrío. Y en sus lodos bucea la sombra de Hölderlin. El mito de Grecia es sólo eso: un mito. Basta un somero vistazo a la realidad actual de Grecia para comprobar la certeza de ello. El mito sobre el que se ha sostenido Occidente durante siglos para perpetuar el ideal de democracia ante los sátrapas orientales, desde los 300 espartanos de Leónidas en el paso de las Termopilas hasta hoy día, en que revive la amenaza oriental ante el Occidente más dividido y disminuido de los últimos tiempos. No es nuevo, claro, la historia es una rueda que gira sobre su propio eje y pasa incontables veces por el mismo punto, hasta el infinito si no la detenemos. “Cuando eres un obrero llueven piedras siete días a la semana”. Ken Loach nos ilustraba en “Lloviendo Piedras” (1993) de manera magistral las penurias de la clase trabajadora británica durante las reconversiones industriales y los consiguientes recortes del gobierno de Margaret “Iron Maiden” Thatcher que vulneraron de manera flagrante el contrato social de raíz rousseauniana. Y la tormenta ha regresado. Ha regresado a escala europea y mundial: vuelven a llover piedras; más aún, estamos bajo un diluvio pedernal, como no se recordaba desde el crack de la Bolsa de Nueva York en 1929 y su posterior depresión económica de la década de los años 30 que insuperablemente retratara John Steinbeck en “Las Uvas de la Ira”, y que no conviene que olvidemos que desembocaron en la II Guerra Mundial contra Adolf Hitler y compañía. Estos periodos convulsos de recortes sociales y crisis económicas siempre han derivado en guerras y revoluciones. Falta saber con quién deberán enfrentarse nuestros nuevos 300 espartanos para preservar Occidente, quién será el Hitler o el Stalin de los 30 del siglo XXI: Mahmud Ahmadineyad (como Jerjes reencarnado), Bashar Al Assad, Vladimir Putin, Hu Jintao y sus chinos, el laqueado Kim II Sung y sus nuclearizados norcoreanos o quizá todos ellos al unísono. Las profecías de Michel


Nostradamus de nuevo. Las revoluciones, como Saturno, siempre han devorado a sus hijos y han devenido en la figura de un dictador. La dictadura del pueblo que nunca tiene a éste como dictador sino como víctima del líder iluminado de turno. ¿Estamos condenados a vivir bajo la hoja de Damocles de tener que elegir entre la dictadura de los especuladores financieros sin escrúpulos que se sirven de la libertad, la de los Tiranos Banderas de turno o la de los dictadores del pueblo por para y sin el pueblo? ¿No existe un atajo que nos libre de todos ellos, salvándonos esta vez de hacer parada en los sangrientos e injustos peajes que nos demandan unos y otros? ¿Tiene que llover a cántaros, como en la canción de Pablo Guerrero? ¿No habrá un diluvio a la manera bíblica que limpie el asfalto social de tanta escoria? ¿Dónde está el arca salvadora para la inmensa mayoría de personas honradas que se consumen en la desesperación y la miseria? ¿La miseria moral siempre se impondrá a la miseria física perpetuándose ambas en una cópula inquebrantable, en un ciclo sin fin? “Siempre que el hombre ha querido hacer del Estado su cielo, lo ha convertido en su infierno”, nos recordaba Hölderlin. Esta crisis ha tocado en la línea de flotación del ya herido leviatán, convirtiendo en una inmensa cloaca a esta sociedad enferma de avaricia y deslumbrada por el brillo de las candilejas. Pero debajo puede estar el paraíso, como estaba el mar dentro del váter en la escena de “Trainspotting”, cuando el protagonista se zambulle en “el váter más sucio de Escocia” y encuentra en su interior un mar en el que bucear y se cruza con una ballena. Un atajo a las drogas, un atajo a la dicha, aunque efímera. La felicidad siempre es efímera. A menudo llueven piedras, más que besos o billetes. Otro admirador confeso de Goethe fue Walt Whitman, periodista, enfermero, soldado y albañil estadounidense y, sobre todo, autor del sobresaliente poemario “Hojas de Hierba”. “Con estrépitos de músicas vengo, / con cornetas y tambores. / Mis marchas no suenan solo para los victoriosos, / sino para los derrotados y los muertos también. / Todos dicen: es glorioso ganar una batalla. / Pues yo digo que es tan glorioso perderla. / ¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan! / ¡Hurra por los muertos! / Dejadme soplar en las trompas, recio y alegre, por ellos. / ¡Hurra por los que cayeron, / por los barcos que se hundieron en la mar, / y por los que perecieron ahogados! / ¡Hurra por los generales que perdieron el combate y por todos los héroes vencidos! / Los infinitos héroes desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la Historia”. La épica de la derrota, la grandeza de las guerras abocadas a la derrota heroica. Los 300 de Leónidas en las Termopilas, mítica cuna del asimismo mito de Occidente. Walt Whitman es popularmente celebrado por su elegía al presidente Abraham Lincoln“¡Oh Capitán, mi Capitán!”, contenida en el citado libro y utilizada para la emocionante escena final de la muy apreciable película de Peter Weir “El Club de los Poetas Muertos”, y que aquí reproduzco por su belleza para aquellos que no la conocieran: “¡Oh Capitán, mi Capitán: / nuestro azaroso viaje ha terminado. / Al fin venció la nave y el premio fue ganado. / Ya el puerto se halla próximo, / ya se oye la campana / y ver se puede el pueblo que entre vítores, / con la mirada sigue la nao soberana. / Mas, ¿no ves, corazón,


oh corazón, / como los hilos rojos van rodando / sobre el puente en el cual mi Capitán / permanece extendido, helado y muerto? / ¡Oh Capitán, mi Capitán: / levántate aguerrido y escucha cual te llaman / tropeles de campanas. / Por ti se izan banderas y los clarines claman. / Son para ti los ramos, las coronas, las cintas. / Por ti la multitud se arremolina, / por ti llora, por ti su alma llamea / y la mirada ansiosa, con verte, se recrea. / ¡Oh Capitán, mi Padre amado! / Voy a poner mi brazo sobre tu cuello. / Es sólo una ilusión que en este puente / te encuentres extendido, helado y muerto. / Mi padre no responde. / Sus labios no se mueven. / Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte. / No puede ya animarle mi ansioso y fuerte brazo. / Anclada está la nave: su ruta ha concluido. / Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje. / La nave ya ha vencido la furia del oleaje. / ¡Oh, playas, alegraos, sonad, claras campanas! / En tanto que camino con paso triste, incierto, / por el puente do está mi Capitán / para siempre extendido, helado y muerto”. El héroe muerto, vencido, que se torna victorioso sobreponiéndose a la muerte en el inconsciente colectivo, menos para su arrebatado admirador. “¡Quitad los cerrojos de las puertas! / ¡Quitad las puertas mismas de sus quicios! / Quien degrada a otro me degrada a mí, / y todo lo que hace o dice vuelve a la postre a mí”, clamaba Whitman, y es plenamente vigente en una época como ésta en que la penuria económica y moral que arrostra esta crisis nos implica a todos nosotros en la tarea común de mantener a flote las maderas en medio del naufragio. “Nadie es una isla, completo en sí mismo,- escribió John Donne -, cada hombre es un pedazo de un continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad, por consiguiente no preguntes nunca por quién doblan las campanas, doblan por ti”. Cierto es que me sucede como a Sócrates, que cuanto más aprendo menos comprendo y me temo que al final llegaré al más que sabio “Sólo sé que no sé nada” o al mucho más ligero pero igualmente atractivo “No sabes nada, Jon Nieve” de la “Canción de Hielo y Fuego” de George R.R. Martin. Yo crecí entre los brazos de los hombres, no de los dioses, peleando por las caricias y el amor de las mujeres, mis socráticas y no menos hölderlinianas Diótimas, y por la acaso utópica consecución de una comunidad de hombres libres. Tal vez por ello raras veces entendí las voces de los dioses. Quizá la poesía no ha mediado suficientemente bien entre ellos y yo. Mientras ello sucede sonreiré, cantaré y silbaré en la cruz como los protagonistas de “La Vida de Brian” intentando ver “el lado bueno” de la vida. Pero no perdamos el tiempo, que “se acerca el invierno” como temen los norteños de la novela río de Martin. El invierno económico ha venido ya y parece que con ánimo de quedarse, como en una glaciación, y seguramente carezcamos actualmente de líderes políticos de la dimensión de Abraham Lincoln, pero lo verdaderamente importante es la colectividad y el impulso que cada uno de nosotros demos con nuestra pequeña fuerza particular a la desvencijada carreta. Y quizá, zambulléndonos en la taza del váter, bajo las aguas fecales y los truños flotantes, debajo de los orines, hallemos un mar limpio y saludable, surcado por ballenas. Pero hemos de movernos, para


cambiar el mundo primero debemos cambiar al hombre, debemos cuestionarnos y cada vez nos sobra menos tiempo: “¡Carpe Diem!”… Sólo tal vez, claro… …“No sabes nada, José Manuel Nieve”.


Para Bellum “Todo pasa y todo queda / pero lo nuestro es pasar, / pasar haciendo caminos, / caminos sobre la mar… Al andar se hace camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. / Caminante no hay camino / sino estelas en la mar”, nos decía el poeta. No vivo anclado en el pasado. Vivo el presente con la mirada puesta en el futuro. Mi buen amigo Rubén dice que la luna delantera de un automóvil es más grande que el espejo retrovisor porque es más grande lo que tenemos ante nosotros que aquello que dejamos atrás, y hay quien lo resume tirando del refranero: agua pasada no mueve molino. Todo ello abunda en lo mismo, son diferentes laderas para llegar a la misma cima. Quizá nuestros actos, con sus logros o yerros, sean efímeros pero valen y pesan en nuestra conciencia, en nuestro bagaje moral, que realmente es el que cuenta. Después será la nada, absolutamente nada, como decía Pérez Galdós en un fragmento de sus Episodios Nacionales, pero mientras eso llegue nos queda la intención. “Golpe a golpe / verso a verso”. No existen los atajos en esta senda hostil, abrupta e incómoda. No, no existen los atajos. Hemos intentado colocar con calzador una democracia occidental en Afganistán, con unos militares afganos analfabetos que no saben leer un mapa, cuando menos redactar un informe. Hemos intentado darle más importancia a una urna de cristal que a la educación –de varias generaciones –que es necesaria para que el concepto de esa urna de cristal adquiera su valor y significación verdaderos. De la consideración de la mujer y del precio de la vida humana en dicho país, mejor ni comentar. Las reservas de gas, oro, litio y petróleo que ocultan su subsuelo constituyen la verdadera clave de la beligerancia en la zona, más hiriente si tenemos en cuenta que sus gentes aún viven en el Medievo y en la pobreza más absoluta. Más hiriente aún si consideramos las ingentes sumas monetarias que las potencias occidentales han invertido en el país, para que gran parte de ella haya ido directamente a engrosar las cuentas en Suiza de unos dirigentes corruptos y avariciosos. Pero corruptos y politicastros al margen, la labor realizada por nuestros militares allí debería ser honestamente reconocida y valorada. Y no sólo porque muchos de ellos se hayan dejado literalmente la vida y la salud allí, es algo que va implícito en el sueldo y, sobre todo, en su código moral. No, no me engaño. Para que una misión y el propio combate tengan sentido, más allá de la épica, precisan de la razón y del derecho en la lucha, como brillantemente declaró don Miguel de Unamuno ante el general Millán Astray. Debemos convencer y para ello hay que persuadir, no solamente sirve vencer. Pero si no somos capaces de vencer tampoco podremos convencer. Son dos caras de la misma moneda. La razón que desasiste a las diversas facciones armadas africanas que siguen a día de hoy secuestrando a niños para convertirlos en niños soldados y en esclavos sexuales. “El niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal… en condiciones de libertad y dignidad… El niño


necesita amor y comprensión… El niño tiene derecho a recibir una educación que será gratuita y obligatoria… Los niños tienen derecho a divertirse y jugar… Los niños deben figurar entre los primeros que reciban protección y socorro. El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación”, reza en el articulado de la Declaración Universal de los Derechos del Niño de 20 de noviembre de 1959. Para protegerlos no bastan las meras intenciones. La paz en ocasiones exige el concurso de la violencia para su consecución. La seguridad comienza a muchos miles de kilómetros de aquí, la lucha contra el terrorismo también: acabando con los carroñeros económicos que sólo buscan lucrarse a cualquier precio en las bolsas estadounidenses o londinenses; acabando con los que tienen intereses estratégicos evidentes en la zona, como los servicios secretos paquistaníes y rusos, que esperan como agua de mayo la marcha de las tropas aliadas para adueñarse del cotarro; acabando con los narcos, que tienen en la heroína su maná en forma de la amapola que cultivan porque entre todos conseguimos que sea más rentable para los agricultores afganos cultivarla que cultivar cualquier otro vegetal comestible; no ceder ante los talibán y su delirante concepción de la realidad, sobre todo de la mujer, el arte y las ciencias. No podemos dejar a esos niños y mujeres solos e inermes ante la barbarie, y aquéllos que dicen defender la paz, menos que ningún otro. Todos estamos inmersos en este lodazal, no sólo los soldados que patrullan por sus polvorientas carreteras. Se dice, y quizá sea cierto, que se cambió el nombre de Ministerio de la Guerra por el de Defensa porque era un término que vendía mejor, pero creo que no es cierto del todo. Creo honestamente que también alude al concepto igualmente importante de que debemos abogar por la paz, pero debemos disponer del recurso a la fuerza para poder defender al débil en caso de que el potencial agresor no atienda a razones. Lo ideal es convencer con la cultura, con la educación, con la igualdad, con la palabra –el arma más poderosa en mi modesta opinión –al agresor para que no cometa ejercicios de abuso, para que no viole…, pero no está de más poseer un cuchillo por si no le convenciéramos. Por supuesto, ese cuchillo siempre debe estar al servicio del pueblo, no girarse contra él, pues los militares sirven a la sociedad de la que emanan y no sólo a una parte de ella, y el militar que lo olvide debe ser convenientemente castigado. “Si vis pacem, para bellum”. Si quieres la paz, prepara la guerra, algo que jamás dijo Julio Cayo César, sino el escritor romano Flavio Vegecio Renato en el prefacio del libro III del “Epitoma Institutorum Rei Militaris”, su compendio de los usos militares del ejército romano. “Igitur qui desiderat pacem, preparet bellum” fue lo que verdaderamente escribió, es decir, quien verdaderamente desee la paz debe prepararse para la guerra. Algo que deberíamos habernos aplicado en la vertiente económica: “Si quieres honestidad y una verdadera democracia, prepárate para los corruptos”. Por cierto, Vegecio no era militar; era veterinario y escritor. Debemos contemplar la carretera que hemos dejado atrás por el retrovisor, sin duda, pero sobre todo debemos fijar nuestra atención en el asfalto bacheado que tenemos ante nosotros. No podemos quedarnos anclados


en los errores pasados, debemos fijar el objetivo en los posibles avances y aciertos futuros. No podemos solazarnos como gorrinos en una charca con los aciertos pretéritos. Un error es la prueba de una acción. Sólo no yerra quien nada hace. Un error es también una esperanza de una reparación. Un deseo cumplido es ya un sueño muerto. Un sueño inacabado es una esperanza de vida. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, nos decía el bueno de Antonio Machado. “Golpe a golpe / verso a verso”. Post Scriptum: Antonio Machado murió exiliado en el costero pueblo francés de Coulliure. Fue otra víctima de nuestra “Guerra Incivil”, como atinadamente la calificó don Miguel de Unamuno. Con mi deseo que ningún español vuelva a morir a manos de otro por sus ideas, sean éstas las que fueren desde el respeto al contrario. Y con el convencimiento de que las armas de nuestro ejército siempre se utilicen contra enemigo extranjero, en defensa del débil y bajo los parámetros de la razón y el derecho en la lucha.


Escila y Caribdis Andrés, mi viejo y querido profesor, me recuerda una historia que años ha –demasiados ya –nos contaba un coronel bajo cuyas órdenes serví cuando fui militar. Napoleón Bonaparte, artillero, siempre usaba en las batallas una camisa de color rojo porque, si resultaba herido, el color de su sangre se disimularía con la de su ropa, sus subordinados no se preocuparían por su suerte y seguirían luchando con igual denuedo. Una lección de honor y valor. Apostilla mi antiguo maestro que 200 años después nuestros políticos aplican la lección del corso cuando se enfrentan a los banqueros, sólo que en lugar de ponerse camisas rojas se ponen pantalones marrones. Es lo que hay, en gran medida porque hay que devolver favores más o menos inconfesables. Están entre la espada y la pared, en suma. La desgarradora Escila y la devoradora Caribdis son dos personajes de la rica mitología griega. Escila era una hermosa ninfa que había sido transformada por la bruja Circe, presa de celos por el amor que sentía Glauco por aquélla, en un horrible monstruo marino con torso de mujer y cola de pez de cuya cintura surgían seis perros de dos patas con tres filas de afilados dientes cada uno de ellos. Escila vivía entre los acantilados de un estrecho paso marítimo –unos dicen que el griego Cabo de Skilla, otros sostienen que el italiano Estrecho de Mesina –, en el lado opuesto al de un no menos peligroso remolino llamado Caribdis, que también se trataba de una antigua ninfa transformada por obra de Zeus. Así pues, los barcos que debían cruzar el estrecho caían en las garras de Escila si intentaban salvar el remolino de Caribdis y viceversa, por la proximidad entre uno y otro engendro a no más de un tiro de flecha. Finalmente, Escila fue convertida en piedra. En la realidad se trataría de una gran roca muy próxima a un remolino, lo que unido a lo angosto del paso convertía la empresa en extremadamente azarosa. Homero escribe en “La Odisea” que Escila intenta matar a Ulises para así vengarse de Circe por haberla convertido en un ser abominable, cuando éste huía de la hechicera en su interminable regreso a Ítaca a través del citado paso marítimo. No había atajos para Odiseo. Seis de sus marinos fueron víctimas de Escila, pues Ulises prefirió sacrificarlos antes que perder toda la nave en las aguas de la voraz Caribdis que engullía cuanto se ponía a su alcance. Ulises, el sumun de la astucia para unos; un listillo aprovechado para otros; “un chulo” que se “benefició” a Circe, Calypso y Nausica mientras Penélope tejía y destejía lo tejido aguardando su regreso, para Antonio Gala en su obra “Las Cítaras Colgadas de los Árboles ¿Por Qué Corres Ulises?”. Claro, todo es relativo, como ejemplificaba Albert Einstein: “media hora cortejando a una belleza parece un minuto; un minuto sentado sobre un ascua al rojo parece media hora; eso es la relatividad”. La frase “entre Escila y Caribdis” significa pues que alejándote de un riesgo caes en otro peligro aún mayor. Es decir, encontrarse entre la espada y la pared, entre Guatemala y Guatepeor. No es la primera vez, y posiblemente tampoco será la última, en que la democracia se ha hallado entre Escila y Caribdis, amenazada por aquéllos que desde diferentes prismas ideológicos intentan variar el rumbo del bajel hasta estrellarlo contra las rocas de las


dictaduras de uno u otro signo. Víctor Hugo recurrió a este mito griego en “Los Miserables”, con los personajes atrapados entre la barricada del Faubourg Saint Antoine y la del Faubourg du Temple en París. “Los ricos se han vuelto más ricos y los pobres se han empobrecido, y el barco del Estado es impulsado entre la Escila y la Caribdis de la anarquía y el despotismo”, escribía Percy Bysshe Shelley en su “Defensa de la Poesía”. Aquéllos que desconocen o voluntariamente ignoran su historia están condenados a repetirla, y con mayor dolor. No creo que a estas alturas de curso a nadie escape ya que vivimos de nuevo en pleno paso del maldito estrecho mitológico. Nuestros “odiseos” gobernantes intentando llegar a la Ítaca del fin de la crisis cayeron en las hechicerías de Circe hasta quedar convertidos en auténticos gorrinos (pigs, como dicen los amables y muy corsarios anglos de la City londinese), en las excitantes curvas de la encantadora Calypso disfrazada de falso Estado del Bienestar y en las vertiginosa belleza sexual de la joven Nausica en forma de costosos trajes, caviar “del bueno”, aeropuertos sin aviones, estatuas megalómanas, eres fraudulentos regados con champán, cocaína y prostitutas a cargo de los parados. Y ahora enfilan la nave europea por el paso flanqueado por Escila y Caribdis sacrificando a su tripulación (es decir, nosotros) contra las garras de la primera o el sumidero de la segunda en forma de recortes, desempleo y desahucios. Mientras Penélope (el pueblo) sigue aguardando su regreso (la salida del túnel) rodeada y acosada por todo tipo de buitres carroñeros que pretenden violentarla por delante y por detrás, pues no tienen fondo sus pozos de avaricia. Odiseo regresó solo a Ítaca, el resto de sus hombres pereció. Quizá éstos no lleguen ni solos, y esto se hundirá no como el Titanic, pues en éste al menos sus músicos tuvieron el gesto gallardo de seguir tocando hasta el final, sino más bien como el Costa Concordia, donde su capitán perdió el culo, es de imaginar que con las manos en el de su amiga moldava, y no paró hasta un hotel, abandonando a todos a su suerte. Ya hemos visto la verdadera fisonomía de puercos retozando felices en su charca particular de estos nuevos capitaneslíderes políticos, artistas del trile. “Todos los animales somos iguales; pero unos más iguales que otros” estipulaban, por cierto, los cerdos al mando de la granja rebelada en la novela de George Orwell. También ellos acabarán en la mesa el día de la matanza. Urge que el Estado se constituya en un banco de guerra, y que no sea piadoso con unos banqueros que sólo aplican la máxima rigidez y dureza del capitalismo a los trabajadores (a quienes no condonan un solo euro en sus hipotecas, incluso cuando ya les ha sido arrebatado el hogar) y a los empresarios dispuestos a crear riqueza y empleo (negándose a concederles los dineros públicos recibidos supuestamente para financiarlos) pero nunca a sí mismos, pues si en capitalismo quien fracasa se arruina y quiebra se apliquen a sí mismos el cuento. Grecia se sigue consumiendo entre llamas y botes de humo, con su pueblo arruinado y apaleado mientras nos llegan noticias de sumas millonarias derivadas por algunos de sus representantes a cuentas en bancos suizos. La imagen la contempla un soldado heleno con lágrimas asomadas a sus ojos, en su rostro inmensamente digno pero impotente ante el sufrimiento de su pueblo. Inmóvil en el puesto. La fotografía me llega por un email bajo el título “Le Lacrime del Soldato Greco” y nos remite de nuevo a la


imagen de mío Cid, icono de nuestro propio pueblo: “¡Qué buen vasallo, si hubiera buen señor!”: Con tales timoneles pereceremos sin remisión, estrellados contra los riscos de Escila o engullidos por Caribdis, a menos que regresen a la honradez que alguna vez debieron tener. Debieran recuperar sus principios, poner sordina a los cantos de las sirenas de la especulación, salvar a su verdadera tripulación y regresar a Penélope, por ajada y avejentada que esté, a pesar de la lluvia de reproches que ésta pueda hacerles por sus errores, por sus infidelidades con Circe, Calypso y Nausica, y por sus avaricias, pues del pueblo emanan y a él deben servir. Así el bravo soldado dejará de llorar lágrimas de impotencia, lágrimas de rabia, lagrimas de dolor, lágrimas de honradez hurtada, lagrimas de dignidad violada por los magos de las finanzas trileras. Se le ve agotado, cansado pero, como bien decía la bella Nausica de la obra de Antonio Gala, “No hay nadie que suscite más ternura que un héroe cansado”. Por cierto, los argonautas comandados por Jasón sí lograron evitar caer en las garras de Escila y en la voracidad de Caribdis merced a la intercesión de la nereida Tetis y a la idea de Fineo de soltar una paloma que les marcara el camino. ¿Seremos capaces de encontrar a nuestra ninfa del mar, a una paloma de la paz a poder ser, sin tener que precisar de un Jasón salvador? A veces los líderes salvadores terminan haciendo de su capa un sayo. No olvidemos que el propio Napoleón, amén de vestir camisas rojas en combate, se apropió de la Gioconda de Leonardo Da Vinci con la “feliz” idea de colocarla en su baño, con lo que la humedad la dañó considerable e irreversiblemente. Es curioso el afán compartido por muchos de colgar obras de arte frente a sus inodoros, lo cual me recuerda la única verdad inmutable no sujeta a la ley de la relatividad: el servicio siempre está al fondo a la derecha. Post Scriptum: En el estreno de “¿Por qué Corres Ulises?”, el 18 de octubre de 1975 en el teatro Reina Victoria de Madrid, hubo bronca y abucheos por un sector porque la actriz Victoria Vera aparecía desnuda en escena. Madrid. España. 1974 (ver ABC). La hipócrita santa indignación habitual que tan bien caracteriza a la Tierra de Caín.


Los Cuervos Suicidas En su novela río “Canción de Hielo y Fuego” –varias veces citada ya en estas líneas mías –los maestres creados por George R.R. Martin utilizan cuervos blancos y negros en lugar de palomas para enviar sus mensajes de una fortaleza a otra. Los cuervos son animales ciertamente curiosos, no en vano Hugin y Munin eran los fieles córvidos informadores del dios vikingo Odín, a quien se le posaban en los hombros para hablarle en cada oído. Y cuervos han sido, y son, los protectores del Dalai Lama. Son animales que han sabido adaptarse a los cambios, la mejor virtud para la supervivencia de una especie según decía Darwin, y ocupan la práctica totalidad del planeta. Utilizan herramientas, son capaces de fingir y el tamaño de su cerebro es, proporcionalmente, equivalente al del nuestro. Hablan como los loros, pero tienen peor prensa: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”, reza el refranero español, pues son carroñeros. Sin embargo, son animales tremendamente solidarios con los de su misma especie, más que muchos seres humanos a decir verdad. Si un cuervo cae herido de muerte y grazna, otros cuervos acudirán a su lado y lo acompañarán intentando protegerlo, lo que puede facilitar la tarea de sus cazadores, pues un tirador puede acumular una verdadera montaña de cadáveres de cuervos frente a sí, al acudir a la matanza para no dejar en la estacada a sus compañeros. Eso sí, mueren matando: muchos perros de cazadores han quedado tuertos en estas lides. Noé, el dueño del primer zoológico acreditado, utilizó un cuervo para comprobar el retroceso real de las aguas tras el Diluvio Universal y los esquimales creen que fue el cuervo quien trajo con sus alas negras la luz del día a sus ancestros. En la Torre de Londres se cuida a los cuervos, por pura superstición. Creen que mientras vivan allí, Inglaterra no sucumbirá a invasión extranjera alguna, por lo que llegaron a cortarles las alas para impedir que se alejen de ella. Otro tanto les sucede con los monos del Peñón de Gibraltar, la última colonia europea y uno de los más floridos paraísos fiscales que pueblan el mapa, dicho sea de paso. Es curiosa esta asociación entre la huida de animales y el derrumbe de Albión, como las ratas que abandonan la nave cual capitán del “Costa Concordia”. El error en que incurrimos con mayor habitualidad consiste en creer que realmente nos conocemos. Nuestras virtudes y nuestros defectos. Nuestros límites. Pero si observáramos con verdadera atención la imagen que nos vomita el frío espejo, sin duda ésta nos sorprendería o incluso nos asustaría más de una vez, como en su momento le pasara al atormentado Dorian Gray ante su ajado retrato. Aún más si pudiéramos observarnos a través de un agujerito de vez en cuando, como sucede en esos programas televisivos con cámara oculta. Muchos recurren a la típica frase de “no recuerdo nada de lo que hice, no sé, tengo lagunas…”. Meras excusas. El alcohol, las drogas, la ofuscación, el temor…. Hubo una época en que yo admiraba al cazador que armado con una lanza y un puñal se enfrentaba a la bestia. En el cuerpo a cuerpo cazaba o era cazado. Nunca llamó mi atención hacerlo a centenares de metros, oculto tras


una mira telescópica, nunca aprecié la grandeza de tales monterías en las que el animal carece de la menor oportunidad de defensa, y menos aún de victoria. Tenemos una imagen distorsionada y a menudo acomodaticia de nosotros mismos. Un bálsamo psicológico que nos facilita la vida, el paso por esta sociedad selvática en que hemos cambiado los árboles por edificios de hormigón, y las espadas por billetes de curso legal con el que juguetean nuestros banqueros y por los que perdemos el oremus y la propia alma. Una máscara intercambiable con diversos gestos que aplicamos hipócritamente según los ámbitos en que nos movamos. En las dictaduras, los disidentes aprovechaban el camuflaje que proporcionaban los disfraces del carnaval para denunciar los abusos. También para asesinar, robar o entregarse a los placeres del sexo desde el anonimato. Anonimato, arma de doble filo. Quizá como herencia de aquello algunas personas se muevan más a gusto por el llamado mundo virtual, entre los senderos, ríos, charcas, fangos, montañas o verdes prados de internet. Atajos a la realidad deseada y deseable, por atractiva, por utópica o por morbosa. Cada cual busca su atajo particular y se llega a la paradoja de que algunos llegan a ser más reales en la piel de sus avatares que en la piel supuestamente real. Ya dijo Calderón que “la vida es sueño y los sueños, sueños son”. Para conocernos realmente, el primer paso que debemos dar consiste en dejar de creer que nos conocemos, desatar las gomillas de las caretas y quitarnos el disfraz de turno. Desnudos ante el espejo. Enfrentados a la lorza, a las cicatrices, los huesos o las canas. Desandar los atajos que hemos ido tomando a lo largo de los años y comenzar por la senda abierta, acaso más larga y desprotegida, y bucear en nuestro mar interior, prender la antorcha que alumbre en la oscuridad que se nutre de nuestras sombras y, sobre todo, variar, arriesgar, echarle un órdago al destino y saltar del trapecio al vacío sin la protección de la red. En esos momentos es cuando damos la verdadera medida de nuestra valía en este teatro cabaré que llamamos vida. En momentos como éstos de crisis global sucede otro tanto, porque como escribiera Friedrich Hólderlin en su célebre himno “Patmos”, “allí donde anida el peligro, brota también la salvación”. Creo que la solución, aunque suicida para muchos, está más del lado de los cuervos rousseaunianos que de los lobos de Thomas Hobbes. Ya saben: “el hombre es un lobo para el hombre”, la máxima que nos conduce por la vía del miedo a las garras del Leviatán, al poder absoluto, a la dictadura. La base es el amor y la constancia, porque “la paja caerá a nuestros pies y el grano saldrá finalmente”, como versificaba Hölderlin. El punto de partida y el propio camino está en el amor, porque como dejara anotado Leonardo Da Vinci en su cautiverio florentino, delatado anónimamente (es decir, cobardemente) por sodomía: “si no hay amor, ¿qué nos queda entonces?”, mientras soñaba con salir de su lóbrego calabozo y, adivinando el cielo mas allá de los barrotes, poder volar, una idea que ya no le abandonaría jamás. “Cría cuervos y tendrás muchos cuervitos”, suele bromear un amigo mío. Y lleva razón. Fijémonos en las virtudes de los córvidos, pues al fin y al cabo son capaces de realizar la mayor aspiración de los seres humanos: volar. Cuidemos de nuestros ojos sin miedo de los cuervos que graznan por graznar, sin el menor sentido en sus frases, sólo por que se limitan a repetir lo que escuchan en boca


de otros, a menudo por puro miedo al qué dirán, aquellos que se deslumbran por los objetos brillantes y los roban sin el menor miramiento. Y fijémonos en aquéllos a los que no les importa arriesgar la propia vida por no abandonar a sus compañeros ante el peligro. Sin miedo a los lobos, a los tiradores envalentonados con la seguridad que les da matar impunemente – cobardemente, en suma –con carabinas. Sin máscaras griegas, sin caretas de carnaval, sin el Leviatán… … Sin miedo.


Atajos y corazones escoceses. William Wallace Si el viajero visita el castillo de la bella localidad de Stirling podrá ver dos estatuas que flanquean su puente levadizo. A la izquierda, un infante representa a los soldados escoceses que perdieron la vida en Sudáfrica, en la llamada Guerra de los Boers; a la izquierda, un caballero medieval simboliza la figura de Robert Bruce, Robert I, coronado rey de Escocia tras la independencia de Inglaterra en 1320, si bien tal independencia sigue sin ser tal en 2012. Si el viajero mira desde la efigie de Robert Bruce a su izquierda ve el cementerio y un descomunal monumento que rinde tributo a la figura del verdadero héroe nacional en el corazón de los escoceses: William Wallace, apellidado así por su origen galés y quien en justicia debió ser coronado en lugar de Robert Bruce. Idolatrado por los escoceses y odiado con igual intensidad por los ingleses, para quien era un sanguinario forajido. Ya saben, casi todo depende del color del cristal con el que se mira. En una bella suerte de metáfora, la estatua de Robert Bruce resulta diminuta en comparación con la de William Wallace, insertada en un elevado y gigantesco túmulo en el monte vecino. La leyenda de Wallace se debe en gran medida a las trovas que compuso Harry el Ciego en el siglo XV, compiladas al estilo de nuestro Mío Cid en el poema épico “The Wallace”, el segundo libro más popular en Escocia tras la Biblia, y que vincula la figura de este guerrero de origen humilde con la búsqueda y la lucha infatigable por la libertad y la independencia. Si el viajero ha dejado de fumar, está en aceptable forma física o, en caso contrario, no tiene miedo a morir infartado en la subida a pinrel hasta el citado monumento, podrá contemplar las más bellas vistas de Stirling, con el puente que ha sustituido al que se hundió durante la legendaria batalla de 1297 sobre el río Forth, la propia ciudad y el citado castillo en lontananza, premios de por sí más que suficientes. Y si alza la vista contemplará la estatua del mítico guerrero de Elerslie con su no menos legendaria espada alzada al cielo. La espada real se exhibe en el interior de la torre conmemorativa. La mayoría de las personas buscamos atajos que nos libren de los rigores que nos impone la vida diaria. Otros sin embargo luchan toda su vida contra viento y marea, y éstos son los que valen según nos decía Bertolt Brecht. Huyen de la senda abierta y despejada y no dudan en trepar al monte y seguir la senda larga y encrespada, sin temor al despeñamiento o la fatiga. Si alguien encarna a este tipo de personas, ése es William Wallace, quizá es lo que explica la magnitud de su mito, película de Mel Gibson al margen, quien lo llevó al cine con su peculiar manera bajo el título de “Braveheart”. Como decía, se cree que William Wallace nació en Elerslie, localidad próxima a Glasgow, en 1272, y que tal vez se tratara de un cazador o de un militar. Se sabe que aprendió latín y que estudió a los clásicos merced al empeño personal de un canónigo tío suyo, que se encargó de su educación en un monasterio de Dunipace o en la abadía de Paisley tras el asesinato de su padre. Además del gaélico y del latín, Wallace hablaba con fluidez inglés y francés, y


como quiera que medía dos metros de estatura se le podía considerar un gigante para su época; de hecho su espada, probablemente un acero alemán, mide 1 metros con 65 centímetros. “Tu corazón es libre, ten valor para hacerle caso”, es una de las frases que a menudo se le atribuyen y, sin duda, la siguió a pies juntillas. Así su estatura real quedó minimizada por la que alcanzó su mito con el paso del tiempo. Un mito que propiciaron las consecuencias de la muerte del monarca escocés Alejandro III, que había reinado con cierta placidez e independencia de Inglaterra merced a su próspero negocio lanero con otros reinos de Europa. Ansioso por yacer con su bella –y joven –Yolanda decidió coger un atajo para llegar antes al castillo de Edimburgo, despeñándose. Del cielo al fondo del desfiladero con un atajo de por medio. Nunca un atajo les salió tan caro a los escoceses. Con el fallecimiento del rey sin descendencia directa, Escocia se sumergió en una oscura etapa de choques intestinos, próxima a la guerra civil, entre los jefes de los catorce clanes nobiliarios escoceses, divididos entre los que seguían al clan de los Bruce y los que apoyaban la causa de los Bailleul, a lo que se unía un no menos permanente clima de opresión por parte del rey Eduardo I Plantagenet, que una vez anexionado Gales a la corona inglesa había puesto los ojos en la dividida Escocia. Los escoceses se aliaron con el monarca francés Felipe IV pero fueron derrotados abrumadoramente en las Highlands en 1296. Más adelante, los nobles Robert Bruce y Andrew Murray reclamaron la corona escocesa para sí, pero capitularon ante el monarca inglés antes de comenzar la batalla. Entre otras, éstas fueron las razones que impelieron a William Wallace a abandonar una prometedora, y seguramente más tranquila para él, carrera eclesiástica y enfrentarse a los ingleses. Conocedor de los textos militares romanos en los que se detallaba las tácticas de guerrilla usadas con éxito contra sus poderosas legiones por hispanos y galos, no dudó en ponerlas en práctica contra el poderoso ejército inglés en el condado de Ayrshire. Así, liderando un grupo conformado por una cincuentena de hombres asaltó con audacia el castillo de Loudun Hill, que estaba defendido por más de 200 ingleses, dando muerte al noble Fennwick, que había sido el presunto asesino de su padre, el terrateniente Malcolm Wallace. Durante 5 años hostigó a los soldados ingleses a la muy hispánica manera de las guerrillas y los asaltos montaraces. Si hemos de creer a Harry el Ciego, que es como decir el Homero escocés, Heselrig, el sheriff de Lannark, mató a su amada Marion Braidfute, lo que desencadenó la venganza de Wallace, que arrasó la citada villa, tan sólo perdonando a los niños y los clérigos. Esta acción hizo que muchos escoceses se sumaran a la lucha bajo su liderazgo. Unió sus fuerzas a las del noble Andrew Murray rindiendo el castillo de Dundee, el de Urquhart en el Lago Ness, el de Inverness y posteriormente el de Stirling, derrotando al conde de Surrey. Wallace, envalentonado invadió y saqueó el norte de Inglaterra por Northumberland y Cumberland. El clan Bailleul le nombró caballero y Guardián de Escocia, ante el resquemor del clan de los Bruce. Por su lado, Eduardo I de Plantagenet mandó al noble normando John de Warenne al mando de una tropa expedicionaria compuesta por 300 jinetes y más de 10.000 infantes para sofocar la sublevación. Además, Wallace tampoco contaba con el apoyo del resto de los


nobles escoceses, pues le consideraban de rango inferior a ellos. Aún así, Wallace venció en la legendaria batalla del puente de Stirling (11 de septiembre de 1297), que se hundió ante el peso de la caballería inglesa, aunque también pereció Andrew Murray. Por su lado, Wallace se hizo una funda para su espada con la piel desollada del odiado tesorero inglés Hugh Cressingham, y después conquistó el propio castillo de Edimburgo, lo que vació Escocia de ingleses durante un tiempo. Sus logros militares lo habían catapultado a la cima de la cúspide social, pero también le granjearon la envidia y la enemistad entre los nobles más poderosos de su país. Eduardo I regresó de Flandes y encabezó en persona la guerra contra Wallace, quien además fue traicionado por los nobles escoceses, que nombraron Guardianes de Escocia a los nobles Robert Bruce y John Comyn, que fue nombrado rey de Escocia por Eduardo I. Wallace fue traicionado por Robert Bruce y sus seguidores y derrotado en la batalla de Falkirk, el 22 de julio de 1298, en la que los arqueros ingleses sembraron el caos entre la caballería ligera escocesa. Degradado de nuevo a la condición de forajido se exilió en Noruega, buscando el apoyo del rey Haakon VII, fue recibido por el Papa Bonifacio VIII y recaló en Francia hasta que regresó en 1305 para reorganizar la resistencia escocesa, pero fue de nuevo traicionado, esta vez por su antiguo camarada de armas John de Menteith, Wallace fue encarcelado en las mazmorras del castillo de Carslile, de donde fue trasladado hasta Londres atado a la cola de un caballo durante dos semanas. En la citada capital fue juzgado por alta traición, pero él negó tales acusaciones toda vez que jamás había jurado lealtad a la corona inglesa. William Wallace fue ejecutado con especial crueldad el 23 de agosto de 1305: fue arrastrado por dos caballos por las calles de Londres, y apedreado por la multitud hasta llegar a la plaza de ajusticiamientos de Smithfield. Fue ahorcado hasta perder el conocimiento, descolgado y reanimado para castrarlo, seguidamente le extrajeron los intestinos y los quemaron y, aún vivo, le cortaron las manos, los pies y finalmente la cabeza. Ésta, ensartada en una pica, se exhibió en la capital inglesa, mientras que los miembros cercenados se mandaron a los cuatro extremos de lo que por entonces era Inglaterra. En la localidad escocesa de Aberdeen recibieron su pie izquierdo y enterraron el resto de su cuerpo. Robert Bruce siguió finalmente la senda de William Wallace seis meses después de que su corazón dejara de latir, hasta que consiguió la independencia de Escocia en 1320 de manos de Eduardo II, el débil hijo de Eduardo I, tras su victoria en la batalla de Bannockburn, en la que se dice que 6.500 escoceses derrotaron a 20.000 ingleses. Bruce fue finalmente coronado como Roberto I. Pero como pesaba en su conciencia su traición a Wallace en la batalla de Falkirk, pidió en su lecho de muerte que le fuera extraído el corazón para ser enterrado en el Santo Sepulcro de Jerusalén y obtener así el perdón. La expedición fue encabezada por James Douglas y por dos nobles de la familia St. Clair, William y John, con el corazón embalsamado en una pequeña hornacina de plata colgada del cuello del primero, pero la empresa acabó en fracaso mientras atravesaban España, sucumbiendo en la batalla de Toba entre moros y cristianos. No


obstante, el rey musulmán Mohamed VI, enterado de que el corazón era del monarca de Escocia, lo entregó al rey Alfonso XI de Castilla para que los escoceses supervivientes retornaran con el corazón para que fuera inhumado en la abadía escocesa de Melrose, como queda registrado y narrado en la Colegiata de San Mateo, más conocida como la Capilla de Rosslyn, una pequeña localidad situada al sur de Edimburgo, donde un ángel sostiene este corazón en una de sus vidrieras. En esta capilla, una de las más bellas de la época medieval escocesa, encontramos otra de las grandes leyendas de aquellas tierras: la de la Torre del Aprendiz. Es la situada a la derecha de las tres que componen el altar de la Virgen y está maravillosamente esculpida. A su lado hay una sencilla y en el otro extremo otra columna conocida como la Columna del Maestro Cantero. La leyenda dice que William St. Clair, el fundador de la capilla y príncipe de las Islas Orcadas, al ver esta última columna le encargó al maestro cantero realizar otra más para el rincón sureste, pero que éste al ver la maqueta vio que carecía de los conocimientos suficientes para hacerlo, así que le pidió permiso para trasladarse a Roma para adquirirlos allí. Mientras él estaba en Italia, uno de sus alumnos tuvo un sueño en el que se le mostraba cómo debía esculpir la columna. Se lo comunicó al noble y éste, ansioso como estaba, le dio permiso para hacerlo antes de que regresara el maestro. Así lo hizo, erigiendo la citada Torre del Aprendiz con la perfección con la que hoy podemos verla. Cuando el maestro la vio fue preso de la envidia y la ira y mató de un mazazo en la cabeza al que fue su alumno, por lo que fue ahorcado. Frente a las columnas y bajo el órgano se colocaron tres caras: la del aprendiz con la herida en la frente, la de su madre llorosa y la del maestro asesino, condenado a contemplar durante toda la eternidad a su víctima y la columna que le llevó a la ruina. A veces los grandes caminos nos llevan a la perdición en el punto de partida. El atajo al perdón a través de Tierra Santa al final tampoco sirvió a los deseos de Robert Bruce y hay quien ve en esa imposibilidad de enterrar su corazón en suelo sagrado y, por ende, en la no consecución del ansiado perdón una celestial venganza por la traición sufrida por William Wallace. “Tu corazón es libre, ten valor para hacerle caso”, debió repetir desde algún lugar el legendario guerrero escocés. El 24 de junio de 1998, en la conmemoración de la victoria de Bannockburn, el Secretario de Estado de Escocia descubrió una talla con un corazón entrelazado con la cruz de San Andrés en el lugar donde se supone que se había enterrado el corazón de Robert Bruce, con el siguiente lema: “Un corazón noble no puede estar en paz si carece de libertad”. “Tu corazón es libre, ten valor para hacerle caso”… y en libertad. Es así de fácil… o de difícil. Cuestión de corazón o de corazones, escoceses o no. Post Scriptum: La Capilla de Rosslyn fue utilizada para las escenas finales de la película “El Código Da Vinci”, basada en el libro homónimo de Dan Brown.


Atajos y corazones escoceses. Robert Louis Stevenson “Cuando estaba a solas, bebía ginebra, para mortificar su afición por los buenos vinos”, escribía Robert Louis Stevenson sobre el abogado Gabriel John Utterson en el comienzo de “El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde”. Su camarada Einfield describe así al protagonista de la historia: “Aquel hombre era un tipo con el que nadie querría tener trato, un ser realmente detestable, mientras que la persona que firmó el cheque es un ejemplo, la flor y la nata de la decencia (…) Un chantaje, supongo. Un hombre honesto que tiene que pagar un precio elevadísimo por alguna calaverada de su juventud”. No puedo por menos que ver tan ciertas como claras semejanzas con la situación que atraviesan nuestros líderes políticos con nuestros banqueros y especuladores financieros. Todos tenemos un reverso oscuro que equilibra nuestra cara radiante. Un lado tenebroso y salvaje que domeñamos como mejor podemos para adaptarnos a la convención social, en un combate con pociones y antídotos intermedios como el que libran el bondadoso Henry Jekyll y el misántropo Edward Hyde, o sin necesidad de brebajes. Todos en mayor o menor medida somos inocentes y culpables a un tiempo. El mérito de Robert Louis Stevenson es que se adelantó con esta mítica novela al propio psicoanalista Sigmund Freud. “Y, no obstante, al ver reflejado ese feo ídolo en el espejo, no sentí asco, sino más bien un vuelco de alegría. También éste era yo… Todos los seres humanos con quienes tratamos son una combinación del bien y del mal”, confiesa el atribulado Henry Jekyll. Quizá tan sólo Nietzsche se ubique más allá del bien y del mal… Y no lo creo. El gusto por el alcohol, el cante, la picaresca y la inclinación por sentir cierta simpatía por los canallas seductores no son algo exclusivo de España, aunque así lo creamos, sino un rasgo muy internacional, o como mínimo algo que participamos con los escoceses (con los que también compartimos una larga tradición de traiciones y luchas intestinas) como destilan las líneas del citado escritor edimburgués. Al final de “La Isla del Tesoro”, Long John Silver, el cojo excontramaestre del Capitán Flint, otro claro ejemplo de personalidad múltiple en la obra de Stevenson, consigue huir con 400 guineas en la faltriquera: “Setenta y cinco marineros se hicieron a la mar… Sólo uno de ellos vivo habría de tornar”… El joven Jim Hawkins, que siente hacia él repudio y afecto a partes iguales, le desea placidez en su retiro: “Me atrevería a decir que se reunió con su vieja negra y que seguramente disfruta de la vida con ella y con Capitán Flint. Y ojalá así sea, porque sus posibilidades de gozo en el otro mundo son harto escasas”. Robert Louis Stevenson es una de mis reconocidas debilidades desde que, hace demasiados años ya, mi padre me regalara un ejemplar de la anteriormente mencionada novela de piratas, una nada inocente crítica a la debilidad humana ante la ambición y el amor desmedido por conseguir dinero, y desde cuya publicación resulta imposible escindir la figura de éstos del icono del tipo con pata de palo, parche en el ojo, mapas isleños de tesoros en las manos y lenguaraz loro al hombro. Robert Louis Stevenson era el seudónimo de Robert Lewis Balfour, un polifacético escritor nacido en Edimburgo el 13 de


noviembre de 1850 y muerto y enterrado en la isla de Samoa cuando sólo contaba 44 años, víctima de un infarto cerebral. Había llegado allí con su mujer, quizá buscando un atajo a la salud que le costó recorrer miles de kilómetros, pasando por Europa y Estados Unidos, en una larga y difícil pero muy provechosa senda. Era hijo único –como yo –, amante del buen alcohol –como éste seguro servidor –, tuberculoso –como yo confío nunca serlo –y un escritor genial – como yo seguro jamás seré –. Cursó ingeniera náutica y abogacía, pero abandonó ambas carreras por la lengua. El húmedo invierno neblinoso y desapacible de la capital escocesa no le hacía el menor bien, pero sin conocer sus callejuelas, sus claroscuros, sus luces y sombras, los encierros a los que le obligaba su precaria salud, las terroríficas leyendas típicamente escocesas que le contaba su niñera Alison “Cummy” Cunningham, su tan conocida como asumida inclinación por el alcohol, y sin su condición de viajero curioso e infatigable, la fecunda obra de Stevenson no hubiera sido tal. Ser humano fatigado por la enfermedad, era sin embargo un infatigable escritor. Escribió el segundo borrador del “Jekyll y Hyde” en unos pocos días, con la habitual colaboración y correcciones de su mujer, la estadounidense Fanny Osbourne, pues se hallaba postrado en cama por una hemorragia. El primero lo quemó a instancias de su esposa por considerarlo sexualmente muy explícito. Aún así, el texto lleva implícita una soterrada carga sexual. El sexo, quizá otra humana obsesión: “Lo que sucede en diez minutos de sexo es algo que excede a todo el vocabulario de Shakespeare”, comentó al respecto. Infatigable, como digo, y muy rápido. En un mes estuvo completamente terminada esta obra maestra de la literatura. Las aterradoras pesadillas que ya no le abandonaron desde su infancia en Edimburgo le sirvieron para crear las transformaciones del doctor londinense… y sus recuerdos. De hecho, en la Royal Mile de la capital escocesa, en el 435 del Lawnmarket, encontramos la afamada Deacon Brodie’s Tavern, así llamada en memoria de William Brodie, personaje real en el que se basó Stevenson para crear a su bipolar Jekyll y Hyde. William Brodie era un ciudadano ejemplar, diácono de la cofradía de ebanistas y destacado concejal del ayuntamiento, que por la noche se transformaba por esas cosas del juego, el sexo y el alcohol, lo que le llevó a tener cinco hijos con dos amantes diferentes, que nada sabían del caso, y a hacer duplicados con moldes de cera de las llaves de las casas de las familias más adineradas de Edimburgo para robar en ellas, y poder pagar de este modo las onerosas deudas que le ocasionaba el lado salvaje de su doble vida, por lo que acabó sus días siendo ajusticiado en 1778, para mayor inri en la horca que él mismo fabricó. Los atajos al dinero a menudo nos conducen a la perdición, otra vez la ambición y el dinero fácil, otra constante en la imaginería de Stevenson, junto a la lucha titánica entre el bien y el mal, la virtud y el vicio, y la fascinación que éste despierta en aquélla, pues el escritor escocés sospechaba que los seres humanos éramos tan rectos como puedan serlo las raíces de los árboles. Aunque enfermo crónico, o quizá por ello, Stevenson era una persona tremendamente vitalista y enemigo de lo superfluo. “Tanta prisa tenemos por hacer, escribir y dejar oír nuestra voz en el silencio de la eternidad, que olvidamos lo único realmente importante: vivir”. Cuando Robert Louis


Stevenson falleció, tan lejos de su tierra natal y tan cerca de la isla del tesoro, los aborígenes samoanos le conocían por un alias, otro seudónimo al fin y al cabo: Tusitala, que significa “el narrador de historias”. No podía ser de otra manera con alguien que cómo él se dedicó a dicha tarea en cuerpo y alma desde la infancia hasta el final de sus días. “Durante los últimos catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, he escrito verdaderamente enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos”. “Cuando estaba a solas, bebía ginebra, para mortificar su afición por los buenos vinos”, escribió sobre Utterson, quien tal vez fuera un trasunto suyo. Bebamos nosotros en buena compañía, no como este buen pero “frio, parco y oscuro” abogado, y brindemos por los viejos tiempos y por los nuevos y feraces que, sin duda, llegarán cuando concluyan los días feroces, cuando amaine la borrasca, o mejor aún mientras ésta arrecia, entre rayos bursátiles, mercaderes sin escrúpulos y corsarios financieros, entonando los versos de Stevenson en la sentina de “La Hispaniola” –La Española, qué nombre tan atinado, por cierto, con los tiempos que corren, cuán involuntaria y brillante metáfora –. “La Hispaniola”, la goleta caída en manos de los piratas de John el Largo en su inmortal novela: “Quince hombres sobre el cofre del muerto, yo-ho-ho y una botella de ron, la bebida y el diablo acabaron con el resto, yo-ho-ho y una botella de ron”… … O si lo prefieren, entonando los versos del también poeta escocés Robert Burns, en esta mi despedida acaso temporal de los atajos y corazones highlanders, con su sempiterna “Auld Lang Syne”, porque nunca deberíamos olvidar las viejas amistades ni los viejos tiempos, porque hemos correteado, como en sus versos, divertidos por floridas laderas y también hemos deambulado perdidos, confusos y con los pies doloridos, porque juntos hemos vadeado ríos y grandes mares han separado nuestros pasos, pero al final aquí estamos, en parte merced a las nuevas tecnologías, tan lejanos o tan cercanos como deseemos. Así pues, he aquí mi mano, mis fieles amigos, dadme las vuestras y brindemos dando un cordial y saludable trago de una buena pinta de cerveza por los viejos tiempos…. por el momento presente y por los que están por llegar… “For auld lang syne, my jo or muy dear, for auld lang syne, we’ll tak a cup o’kindness yet, for auld lang syne” “¡Doblones de a ocho! ¡Doblones de a ocho!”… ¿No escucháis la voz que surge de las brumas? Quizá sea la voz del Capitán Flint… o un nuevo engaño de Long John Silver. .. No caigáis en la tentación, la horca de William Brodie siempre está hambrienta. Post Scriptum: El cadáver de Stevenson fue enterrado en un monte de la isla de Samoa. Su placa mortuoria puede contemplarse en el interior de la catedral de St. Giles, en Edimburgo.


Atajos y corazones escoceses. Edimburgo Edimburgo, también conocida como “la Vieja Chimenea”, está situada en el fiordo del río Forth, en la costa este de Escocia, de la que es su capital. La Princess Street divide la ciudad en dos: la Old Town (el casco antiguo) y la New Town. A su vez, los edificios de la Old Town se distribuyen a ambos lados de la llamada Royal Mile, arteria principal que desciende desde el Castillo, llamado “The Rock” por estar construido sobre el cráter de un volcán extinguido, hasta el palacio y antigua abadía de Holyroodhouse y el actual Parlamento escocés, situado enfrente de éste y de la Queen´s Gallery. Se cuenta que el fantasma de un niño sin cabeza se apareció a sus moradores para anunciar el inminente asalto de las tropas de Oliver Cronwell al castillo, y que de hecho se siguió apareciendo ante cualquier amenaza de ataque a la fortaleza; uno más en realidad de todos los espíritus que se dicen pueblan este recinto: desde almas en suplicio de los presos de la Guerra de los Siete Años hasta presencias que agarran las ropas de los turistas, pasando por sombras inquietantes y bruscos descensos de temperatura. “The Rock” fue construida en realidad por los romanos en el año 82 para controlar las incursiones de los guerreros pictos; se le añadieron fortificaciones en el siglo XIV y una capilla de estilo normando. Sendas estatuas de Alexander Carrick en memoria de William Wallace y Robert Bruce flanquean, empotradas en el muro, el acceso tras el puente levadizo bajo el lema “Nadie me hiere impunemente”. Dentro del castillo está la corona real y la legendaria Piedra del Destino, una roca arenisca sobre la que se coronaban los antiguos reyes escoceses y de la que Eduardo I de Plantagenet hizo pública posesión cuando conquistó Escocia para la corona inglesa. En su exterior se emplaza la pieza que dispara el tradicional cañonazo diario que marca las 13 horas. En la High Street, en plena Royal Mile, está el monumento erigido en memoria del filósofo empirista David Hume, la estatua de su amigo y admirador Adam Smith, el autor de “La Riqueza de las Naciones” y padre del liberalismo económico, que aunque nació en Kirkcaldy, fue el director de Aduanas de la capital escocesa, falleció en Edimburgo y está enterrado en la iglesia de Canon Gate, también en la Royal Mile; la estatua en memoria de James Braidwood, el fundador del primer servicio de bomberos de Edimburgo y de la Brigada de Bomberos de Londres, donde murió heroicamente intentando sofocar un incendio; y la efigie del quinto duque de Bucceluch, el primero en importar perros labradores del Canadá. Y entre ellas, la Catedral de Saint Giles, construida entre los siglos XIV y XV, en cuyo interior se coronaba a los monarcas y en el que podemos ver


la escultura conmemorativa del clérigo John Knox, pues fue en esta catedral donde pronunció el sermón que inició la Reforma protestante en Escocia, razón por la que se le representa señalando las Sagradas Escrituras, así como los respectivos mausoleos del poeta Robert Burns y del escritor Robert Louis Stevenson. Bajo Saint Giles está la antigua prisión de Edimburgo y, sobre ella, el corazón adoquinado de Midlothian, sobre el que solían escupir los presos antes de ser encerrados, costumbre que se mantiene porque se cree que da buena suerte si se escupe dentro del mismo pero con los pies fuera. Al lado de éste y frente al Ayuntamiento está la llamada Mercat Cross, la columna de las torturas, coronada por un pequeño caballo, en la que el reo era clavado por una oreja mientras era hostigado por la multitud. En la plaza del Consistorio se levantó por suscripción popular una estatua de Alejandro Magno y su caballo Bucéfalo, pero como no se le pagó lo estipulado, el escultor se vengó poniendo orejas de cerdo al corcel, y así se quedó, pero lo cierto es que apenas se nota. También en la parte antigua está la prestigiosa Universidad, de la que Ian Flemming hizo alumno nada menos que a Bond… James Bond, y que fue comenzada por Alexander Adam en 1789. Y bajando podemos contemplar las vías de la estación, donde algunos de los yonquis de Irvine Welsh se dedicaban a practicar “trainspotting”. El suelo de Edimburgo está totalmente perforado y, bajo sus calles, hay un verdadero laberinto de pasadizos y subterráneos. Se cuenta que enviaron a un gaitero a explorarlos. Debía tocar el instrumento mientras caminaba para que pudieran saber desde la superficie por donde andaba, pero al llegar a la Royal Mile ésta cesó de sonar. El equipo de rescate sólo halló restos de la gaita, pero desde entonces por la noche se oyen los sones interpretados por el espíritu del gaitero. Pero la pura realidad, a menudo supera a la ficción como bien sabemos y es suficientemente escalofriante por sí misma. En el siglo XVII, Edimburgo era una ciudad completamente amurallada y una de las más superpobladas de Europa. Como no había suficiente terreno edificable, se comenzó a construir edificios de diez plantas y de más que precaria seguridad, con lo que sus callejuelas vivían en perenne oscuridad y con una absoluta falta de higiene, lo que propiciaba la abundancia de ratas y de epidemias entre sus pobladores, sobre todo entre los más necesitados, que se hacinaban en los numerosos corredores subterráneos de la urbe, para resguardarse del frío y porque carecían de recursos económicos suficientes para habitar en otro lugar. Así, la peste negra se propagó de las ratas a los humanos, asolando la ciudad, y las autoridades en un intento de evitar el


contagio masivo no dudaron en sellar las salidas del Mary King’s Close levantando unos muros, confinando entre ellos a los miserables que allí habitaban más aquellos que la habían contraído y fueron allí enviados para que se pudrieran en aquellos corredores infectos. Cuando el efecto de la peste bubónica hubo terminado, los mandatarios de la ciudad ordenaron derribar los muros del gueto, quemaron los cuerpos, sanearon la zona y volvieron a realquilar las viviendas de los muertos. Pero según muchos, el lugar había quedado maldito para siempre y aquello dio lugar a la aparición de todo tipo de rumores y tétricas leyendas sobre apariciones, cabezas flotantes sin cuerpo o animales monstruosos en los callejones del barrio de Mary King, que añaden una atmósfera especialmente inquietante a esta ciudad y cuyos habitantes no dudan en alimentar. En la actualidad, hay varias rutas guiadas para turistas en el que explican todas estas leyendas escocesas, como el denominado igual que dicho nudo de callejuelas así llamado en memoria de Mary King, la última mujer encarcelada por brujería en Edimburgo, y en el que entre otros muchos se narra la historia del espíritu del fabricante de sierras Andrew Chesney, último habitante del gueto, que acostumbraba a deambular por los locales vacíos de sus vecinos muertos y al que, según cuentan, hay que avisar de nuestra visita golpeando tres veces la puerta de su casa, o el espectro de Annie, una niña que sigue llorando por su terrible muerte en un camastro en soledad al lado de los cadáveres de sus padres, e implorando entre susurros por una muñeca de peluche perdido y que, según aseguran, se le apareció vestida con harapos a un equipo de televisión que acompañaba a la médium japonesa Aiko Gibo, quien dejó un juguete allí para ella aduciendo que mientras tuviera juguetes no se sentiría sola, costumbre que muchos siguen practicando en la actualidad cuando visitan la habitación, por lo que éstos se amontonan allí sin que nadie ose retirarlos. En el cementerio de Greyfriars, que data del siglo VII, están el Mausoleo Negro, donde reposan los restos del abogado George “Bloody” Mackenzie, y la Prisión de Covenanters. En ella, el Sangriento Mackenzie se dedicaba a torturar a los prisioneros presbiterianos que habían rubricado el llamado Pacto de los Covenanters, oponiéndose a que el rey Estuardo Carlos I y su arzobispo William Loud modificaran el libro de oración de la iglesia escocesa e introdujeran una nueva liturgia. Allí eran torturados, ejecutados y sepultados. La leyenda dice que su espíritu sigue haciendo de las suyas desde su mausoleo por la zona, provocando severos moratones a los visitantes. A todo ello se suman, por si no fuera suficiente, las almas en suplicio de los prisioneros de la Guerra de los Siete Años. En realidad, los cementerios edimburgueses son una preciosidad por el día, embellecidos


por el intenso verdor de su césped, y muy inquietantes en las noches, a lo que colabora la presencia de numerosos cuervos entre sus lápidas, erosionadas por la humedad. Cerca de Carlton Hill, en la Waterloo Street, hallamos el cementerio en el que reposan los restos del filósofo David Hume, en un mausoleo situado al lado del monumento conmemorativo a los soldados escoceses que murieron en la Guerra de la Independencia estadounidense, bajo la verdosa efigie del presidente Abraham Lincoln, la primera erigida a este político estadounidense fuera de su nación. Decía Óscar Wilde que la diferencia entre un hombre y un perro consistía en que si encontrabas a ambos hambrientos y ateridos en la calle y les dabas refugio y comida, el perro siempre sería tu amigo. Viene la cita a colación por la historia que se cuenta en Edimburgo sobre el perro Bobby, un skye terrier que tiene una placa a la fidelidad en el cementerio de Greyfriar, una estatua del escultor William Brody en Candlemaker Road, una calle próxima a la céntrica Grassmarket, y un pub con su nombre enfrente de la estatua, el Greyfriars Bobby’s Bar, donde acudía a comer a diario; una novela de Eleanor Atkinson titulada “Greyfriar’s Bobby” e incluso una película homónima de la Disney de 1961, porque se lo ganó al acudir al entierro de su amo y permanecer a pie firme (a pata en su caso) velando durante catorce años seguidos la lápida de su dueño, un jardinero llamado John Grey, lloviera, nevara o granizara. El periódico local The Scotman recogió en sus páginas la muerte en 1872 de tan singular can. Quizá el genial literato irlandés conociera esta historia. Muy cerca de allí, en la curiosa cafetería The Elephant House, alardean de que la americana J.K. Rowling escribió en su interior el primer libro de la saga del mago adolescente Harry Potter. En estos cementerios destacan las historias relativas a los numerosos profanadores de tumbas de la ciudad, sobre todo la relativa a los allí tristemente afamados irlandeses William Burke y William Hare, cuya actividad venía propiciada por el buen precio que pagaba la Universidad de Medicina por cadáveres en buen estado para su estudio anatómico, lo que obligó a los edimburgueses a velar los cadáveres de sus difuntos hasta que se descomponían en los cementerios para evitar su hurto. Como quiera que la empresa habíase vuelto harto dificultosa, estos rufianes irlandeses optaron por acelerar el proceso, asesinando a una veintena de vagabundos y prostitutas, hasta que William Burke terminó asesinando a la amante de su secuaz. Tras ser ahorcado, su cuerpo fue a parar también a la Facultad de Medicina, pero no así su espíritu, que aseguran vaga por los callejones de Cowgate a la caza de algún forastero extraviado.


La citada Grassmarket es, sobre todo por la noche, una bulliciosa plaza arbolada en el corazón de la Old Town que servía como plaza del mercado y en la que se ahorcaba a los reos de muerte, como dan cumplida fe los diversos pubs ubicados en la misma, desde The Last Drop, donde los condenados daban su último trago antes de ser ahorcados, hasta el Maggie Dickson, que fue colgada y, según dicen, revivió a medio camino del cementerio, aunque lo que sucedió es que estaba mal ahorcada. Cuando intentaron colgarla de nuevo, el dueño de la citada taberna lo impidió alegando que no se podía ajusticiar a alguien dos veces por el mismo delito. Terminó casándose con ella y dándole su nombre al garito. Como ven, si su gusto se inclina por las urbes históricas, la buena literatura, las leyendas truculentas y las historias de fantasmas, Edimburgo es su ciudad. Ya en la New Town, si no sufren de vértigo, está la torre de 61 metros de altura en homenaje a sir Walter Scott, en cuya base se le representa en una estatua de mármol de Carrara sentado con su perro. Como ya escribí sobre todo ello, dejaremos sin más a este escritor de novelas históricas y recuperador de los Honores de Escocia en la compañía de su Dama del Lago y de sus héroes: Ivanhoe, Rob Roy, Quentin Durward… Concluyo, pues, esta “trilogía escocesa” con una conclusión muy común en mis periplos: al final los corazones que más sufren y menos recogen son los de los integrantes del pueblo llano, a menudo sacrificado por aquellas autoridades que se supone deberían velar por él y protegerlo. Incluso cuando algún personaje destacado se lanza a la noble empresa, suele ser traicionado y ejecutado. Cuando el tiempo sigue su inexorable paso y ya no quedan ni los gusanos que los devoraron, se llega a la erección de algún monumento conmemorativo o, incluso, se hace negocio con la memoria de los más desdichados, con lo que en una suerte de metáfora macabra, la ciudad de turno sigue engordando con la desgracia de ellos. Así somos, supongo; la vida es inclemente con los que poco o nada poseen, y los poderosos raramente pagan por sus desafueros o su desapego. No hay atajos a la felicidad, sólo caminos pedregosos y en pendiente, como parecen indicarnos las empinadas cuestas de la bella y húmeda capital escocesa. Queda una conclusión: polvo somos y en polvo nos convertiremos. Algunos, al menos, se merecieron un reconocimiento, la mayoría pasan sin pena ni gloria y, muy a menudo, los más impresentables o traicioneros son elegidos reyes o autoridades, aunque al final la historia termine poniendo a cada cual en su debido sitio, ninguneando a unos y enalteciendo a otros… incluidos los perros más fieles. “Greyfriars Bobby. Let this loyalty and


devotion be a lesson to us all”, como reza la leyenda que la Dog Aid Society puso en la lápida en honor de tan leal skye terrier. Dicen que el rey Arturo trepó a una colina cercana desde la que se domina todo Edimburgo para ver el triunfo de sus caballeros, y después se sentó en ella para descansar. Por eso la colina, otra roca volcánica situada a la derecha del Palacio de Holyroodhouse, se llama Arthur’s Seat, el Asiento de Arturo. Cuentan que el rey y su mago Merlín han sido mudos testigos de todos estos sucesos desde dicha atalaya. No sé si es cierto, pero quien seguro sí estuvo viendo la ciudad desde allí fue Robert Louis Stevenson, pues recomendaba vivamente acudir al citado lugar, y a buen seguro alimentó allí su prolífica imaginación con estas leyendas contemplando desde allí sus calles… o quizá James Barrie con su Capitán Garfio; o el propio Arthur Conan Doyle, padre de Sherlock Holmes y otro ilustre edimburgués. En esa misma colina, Madeleine guardaba en un frasco sus lágrimas para hacerse cócteles. La doctora Madeleine, que le implantó un reloj de madera en el corazón a Jack, el protagonista de “La Mecánica del Corazón” de Mathias Malzieu, que termina abandonando Edimburgo para ir a Granada tras los pasos de miss Acacia, su amada bailarina española. Lo demás es literatura. Post Scriptum: Tanto la Old Town como la New Town figuran en la lista del patrimonio cultural mundial de la UNESCO desde 1995.


Five Points y La Pepa Estamos en crisis. Algunos parecen haberlo descubierto ahora. Otros viven ignorando esta realidad, unos porque les resulta más cómodo para su higiene moral, otros porque viven relajados en “los mundos de Loewe”, cuya mayor amenaza consiste en tocar un día una bolsa de mercadillo. Otros llevamos denunciándolo años, estérilmente lo sé. Y otros, menos afortunados, viven permanentemente en crisis o han sido directamente engullidos y deglutidos por ella: Los Otros. Para ciertas personas siempre se trata de “los otros”. El político corrupto y corruptor (a menudo ambos adjetivos coinciden) de la película “Gangs of New York” de Martin Scorsese, sentencia durante una partida de billar: “Siempre podemos contratar a la mitad de los pobres para matar a la otra mitad”. Es lo que acarrea la miseria, el rico miserable utiliza al miserable pobre para que pise o mate a su hermano en la miseria. Codazos y navajazos en el estercolero. Pobres hermanos miserables. El gran banquero, en la sombra; su marioneta, el político corrupto o corruptible; su arma, el gánster, a menudo de baja extracción social; su argucia, la urna amañada, el voto reo o comprado: “Hoy estamos enterrando demasiados votos”, se lamenta el político corruptor contemplando la multitud de cadáveres durante las algaradas populares neoyorquinas por las levas durante la Guerra de Secesión, de la que se libraban los hijos de los ricos pagando 300 dólares… En España también pasaba durante la Guerra de África. En todos los países ha pasado. Siempre. Todos somos unos miserables en esta comedia, como escribiera Víctor Hugo. ¿Qué es la abundancia avarienta de dinero en manos de unos pocos sino una carencia de empatía ante el sufrimiento ajeno? No se trata sólo de una crisis económica, sino de una crisis de índole ética, una crisis de valores. Siempre es así, en realidad Si alguien resume a la perfección todo ello, ése es mi amigo Miguel Oñate cuando interpreta “Crisis”: “¡Cuánta gente sola en la ciudad…! / ¡Cuánto feminismo talibán…! / Cuánto hombre malvado, niños endiosados, con ‘demasiao’ poder y autoridad… / Cuántas leyes con doble moral… crisis del derecho y del deber… crisis en el pecho, crisis en el hombre y la mujer…” Canta Miguel, y con el acompañamiento de su guitarra va desgranando los males de nuestra sociedad: “Qué poco valor tiene el valor cuando la igualdad es tan desigual. / Cuantas discusiones por ‘flacas’ razones… crisis ética y crisis moral… / Crisis a la hora de informar, crisis en la creatividad… / la palabra ‘crisis’ ha traído el terror al personal… / Los gobiernos piden ‘solidaridad’, desempolvan el concepto ‘austeridad’… / con su patriarcal sinceridad, para que las usen los demás… / Pero, a veces, es tan mágico el poder que vuelve ciego a quien toca y no lo ve… / Crisis de cimientos… crisis de argumentos… crisis en las formas de crecer…” Y, atinadamente, sentencia: “Ahora sabe usted igual que yo que el cuento que cuenta esta canción / no es un cuento nuevo, ni siquiera un cuento, y lo hemos vivido ya los dos… / A los que aún pelean por la


libertad… A los que aún siguen luchando por la paz… / No los desestimen… ni los subestimen… / que en las crisis son expertos ya”. La historia se repite, es la rueda que pasa infinitas veces por el mismo punto aunque recorra terrenos diversos, sobre todo cuando hablamos de temas económicos y de las relaciones humanas que éstos propician. “Hambre, miedo, enfermedad… dentro de una sociedad / empeñada en ser feliz, mientras no me toque a mí / a quien le pique que se rasque…” –canta Miguel en “Mientras”“Hombres, manos, sumisión… al servicio de un patrón, / por un empleo eventual y algo de comodidad / vende uno a su santa madre (…) Condenada sociedad que condena sin juzgar, mientras media humanidad deja que la otra mitad / sea violada por la espalda”. Una de las ideas motrices de la Constitución española de Cádiz de 19 de marzo de 1812, llamada “la Pepa” por ello, era la de procurar la felicidad para sus ciudadanos. Sin duda no lo consiguió, sitiada por las tropas francesas en el exterior y por los más rancios reaccionarios en el interior, pero la idea debería seguir siendo un acicate para nuestros próceres sociales. Últimamente pensamos que la felicidad debemos procurárnosla nosotros mismos, pero cuando ello se lleva al extremo llegamos al fin del Estado a favor del sumo egoísmo personal. La felicidad es a menudo mucho más sencilla de lo que podamos conseguir con enormes sumas monetarias. Tener cubiertas las necesidades básicas y añadirles tres gestos: una sonrisa, calor humano, estabilidad. Mucho más explícitos fueron los Leño: “Leña seca y carbón, una menda y un colchón”, resumía lapidariamente Rosendo Mercado en “Este Madrid”. Pero cuando los llamados “padres de la patria” prostituyen a la sociedad, corrompiéndose y corrompiéndola, se convierten en “hijos de puta” y el sistema se resquebraja, gangrenados sus cimientos, como una muela con la raíz cariada. The Five Points era un barrio marginal construido en el siglo XIX en Manhattan, así llamado por las cinco esquinas que lo delimitaban y poblado por numerosos inmigrantes llegados allí en la década de los 40 desde Irlanda, Italia, África o China, así como por judíos diseminados por medio mundo, un pueblo que vive en permanente diáspora. Crisol de razas, cruce de navajas. Miles de muertos, terreno abonado y sembrado para la cultura y la política. No en vano “crisis” (palabra de raíz griega, qué fina ironía) significa oportunidad de cambio; dentro de la incertidumbre, sí, pero esperanza de subsanar los errores y evolucionar al fin y al cabo. En Cádiz. “la Pepa” transformó a los españoles de súbditos en ciudadanos, curiosamente el día que los sitiadores galos vitoreaban la onomástica del rey José Bonaparte. “La Pepa” dio la soberanía a la ciudadanía, en lugar de a un rey absolutista. Se resucitaba en cierto modo el icono del llamado espíritu comunero. Un espíritu que la II República intentó simbolizar, añadiendo a los tradicionales rojo y gualda de la enseña española el color


morado de los comuneros castellanos, conformando así la bandera tricolor. Cabría debatir si fue un acierto o un error de los republicanos sustituir la bandera monárquica por la tricolor, porque argumentos similarmente sólidos hay en ambos sentidos, pero no cabe negar su realidad histórica, cuando muchos de los que la ningunearon juraron defenderla y combatieron bajo ella. “El trapo”, la motejaban. No comparto dichos insultos, tampoco el airearla a cada momento y por los motivos más variopintos. Es historia de España, como tal debe ser respetada y considerada. Ahora tenemos otra, la que toca pues fue admitida por la mayoría, máxima democrática. Por ello debe ser respetada y acatada, y ocupará también su lugar en la historia que será quien decidirá si para bien o para mal. Napoleón Bonaparte ya nos había concedido en Bayona una Constitución de corte progresista, pero era ésta una carta otorgada, un “detalle” para un pueblo conquistado. La Pepa era nuestra y de ella emana el concepto moderno de España; afirmó la soberanía de la nación, la defensa de la libertad y la oposición al absolutismo, todo ello en una ciudad sitiada por tierra y abierta al mar. Abolió la Inquisición, concedió la libertad de trabajo, de prensa y de imprenta, y el habeas corpus. Formó el trío legal más progresista junto a la Constitución emanada de la Declaración de Independencia de Estados Unidos y la Constitución derivada de la Revolución Francesa. Solamente por eso ya merece ser un icono, y tener un lugar destacado en la historia de España y en nuestros corazones, aunque no prohibió la esclavitud y a la mujer (como pasaba a nivel mundial, no sólo en España) no se le reconocía aún el derecho al voto. Sólo duró dos años y fue el germen de la independencia de Hispanoamérica. Ahora en Hispanoamérica encontramos más ricos que en Europa y más pobres que en África. Regresó a España el tirano Fernando VII, asegurando que caminaría “bajo la senda constitucional”. Mentía, por supuesto. Cobarde, infame y traidor, el peor monarca de la historia de España (y ya es decir), que jugaba al billar con Napoleón y degustaba brandy con éste en Francia mientras sus gentes se desangraban por él a todo lo largo y ancho de la piel de toro. Increíblemente amado por el pueblo. “Vivan las cadenas”, gritaban a su paso. Y vaya si vivieron… y pervivieron. Y el ¡Viva la Pepa! se silenció en favor del ¡Vivan las Cadenas!, y los enemigos del progresismo lo convirtieron en sinónimo de grito de algazara, cachondeo y vida desordenada: “Tú, hala: ¡qué viva la Pepa!”, decían. El tradicional miedo a la libertad, que invariablemente transmutan en “libertinaje”. Posteriormente llegaría el tradicional “pucherazo” en las elecciones subsiguientes. Se compraba el voto a cambio de comida y trabajo, el voto reo, el voto del miedo... Rasgo que ya no nos ha abandonado hasta ahora, con otros disfraces y empleado hasta la náusea por unos y otros. Son los atajos que toman los poderosos para no soltar el poder y los que aspiran a serlo por alcanzarlo. Los vericuetos que merodean los que se sirven de la democracia, que son la cruz


de esta moneda. “Comedores de patatas”, así llamaban despectivamente los “nativos americanos” a los primeros irlandeses en Nueva York, y las diferentes facciones compraban los votos de los miserables con carne, a similar modo que aquí. Curioso por cierto el mencionado título de “nativos”, puesto que no quedaba un solo indio algonquino (wampanoag o lenape) entre ellos, expulsados o exterminados previamente, cuando los castores pululaban por la Gran Manzana. Quien se autodenomina “nativo” y enarbola y azuza ciertos símbolos raramente lo es. En 1485, el rey Enrique VII fundó el británico Regimiento Beefeater –ahora también uno de sus soldados adorna botellas de ginebra –cuyos hombres comían carne como parte de su soldada. El resto sólo comían papas y verduras en sopicaldos, por eso los llamaban así: los que comen carne. Esto siempre ha dividido al mundo en dos: los que comen papas y los que la comen acompañando a la carne. Como ahora: supremacía total del capital sobre los seres humanos. El reparto desigualmente igualitario de la riqueza de las Naciones… Adam Smith. Y la conclusión de que sólo hay dos razas: ricos y pobres. Los historiadores nos dicen que en Five Points encontramos el germen del Partido Demócrata estadounidense, y los musicólogos cuentan que en dicho gueto, en concreto en el salón Pete William’s Place, posteriormente llamado Almack, se fusionaron los ritmos africanos con la música irlandesa para dar origen al jazz y, posteriormente, al Rock and Roll. No hay mal que por bien no venga. Al final nos queda el Rock and Roll, el mejor siempre fue el suburbial, fruto y denuncia del dolor, válvula de escape a la represión. “¡Queremos Rock and Roll y música ‘pelúa’!”, gritaban hace años los mozos en la plaza mayor de un pueblo de un amigo mío… Pues eso: ¡Larga vida al Rock and Roll!

Post Scriptum: Hasta 2007 no se permitió a una mujer forma parte del Regimiento Beefeater. Fue la escocesa Moira Cameron; hasta entonces se decía que la única mujer que pasearía por la Torre de Londres había sido la reina Ana Bolena para perder la cabeza. The Five Points fue arrasado en 1880 en un intento de las autoridades neoyorquinas por erradicar la delincuencia y las epidemias. Las clases menos pudientes se mudaron al vecino barrio de Lower East Side. Las canciones “Crisis” y “Mientras” forman parte de los cedés “Crisis y Castigo” y “Muy Personal”, respectivamente de Miguel Oñate. El tema “Este Madrid” pertenece al primer, y homónimo, elepé del grupo “Leño”.


El Palacio de las Pipas “Mi tía creía que –su hijo –se había vuelto loco por haber leído tanto: la leyenda de la lectura nociva, que tanto debe a Cervantes, ocupaba entonces el lugar que ocupa la maldición a la televisión como transmisora de tontería, de pornografía, de violencia: sobre todo para los niños. También pasó por ello el teatro, que hace siglos llegó a estar prohibido totalmente en España; y el cine, vehículo de todo mal. Qué barreras tiene que pasar la información, el conocimiento, la cultura, para poderse difundir. ¡Metieron en la cárcel al traductor de la Biblia al castellano!”, escribe Eduardo Haro Tecglen en “El Niño Republicano”, nostálgico libro de memorias de un chaval (palabra de origen gitano, como nos ilustra el mismo autor) que nos enseña mucho sobre las costumbres, los vicios y la cultura españolas, sobre todo de su teatro y su literatura; y, en suma, nos ayuda a comprender por qué los españoles somos como somos. Nostalgia… A todos nos asalta la nostalgia alguna vez. Nos echa en los brazos engañosamente acogedores de los recuerdos, como en los brazos de la bella Calypso. Engañosamente porque, a veces, cuando la evocación termina nos dejan una cierta sensación de vacío interior. Nuestra mente viaja a un mundo ya perdido de imágenes viradas a sepia o de colores ajados, y de fragancias olvidadas. La memoria es selectiva y sólo recordamos lo que ella ha decidido no borrar de nuestros registros. A menudo confundimos realidad sucedida con recuerdos inventados o disfrazados. Aún así, en esos momentos merece la pena emprender el viaje al otro lado del espejo, recuperar acaso por un instante aquellos rostros que se adivinan entre las brumas de la memoria, aquellos olores que poblaron nuestra infancia, aquellos sabores ocultos en un rincón del paladar… Aquellas pequeñas cosas, como cantaba Joan Manuel Serrat, “que uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia… que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón”. Aquellas pequeñas cosas “que te sonríen tristes y nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve”. Escribo estas líneas contemplando una vieja fotografía del Cine Valderas, el de mi barrio, el Palacio Las Pipas. Todos los barrios tenían uno, cuando no varios, burlonamente motejados así comparándolos con las señoriales salas de proyección de la Gran Vía madrileña, antiguos teatros muchos de ellos. En Alcorcón había tres, que yo recuerde: el citado Valderas, el Estoril –con un gran escenario delante de la pantalla –y el Benares, éste último tenía dos plantas –de la superior caían globos con agua y las cáscaras de las famosas pipas. Hacían un descanso con el ineludible: “Visite nuestro bar” –y posteriormente se reconvirtió en discoteca. También estaba el Pachón, pero éste era un cine de verano. No podíamos ir, sino muy de tarde en tarde, a las salas de cine capitalinas, por lo que los cines de barrio nos salvaban la vida cinematográficamente hablando. No pasaban películas de estreno en ellos, muchas de ellas eran de serie B tirando a C, en las que los cortes y empalmes


eran frecuentes, tanto como los silbidos, risas e incluso riñas. Rasgo que se acentuaba cuando se proyectaba un film de artes marciales, de boxeo, de romanos, pandilleros o de los inefables Bud Spencer y Terence Hill. Tardes de sesión continua, de pase doble, con palomitas, quicos y pirulís de caramelo, que comprábamos antes de empezar la peli o en el intermedio, como recordaba una amiga en Facebook. En sus aledaños se solían concitar los macarras, los duros del lugar, porque cada cine solía marcar un territorio, al ubicarse en lugares caracterizados. El acomodador se movía entre los pasillos linterna en mano para silenciar a los traviesos o censurar alguna mano que se colaba en el misterio de un escote o que se introducía entre unos muslos bajo una falda. Tardes de “El Luchador Manco”, “Humanoides del Abismo”, “La Niebla”, “Tentáculos”, los diversos Rockys Balboa, incluida “Yo hice a Roque Tercero” y el resto de la filmografía de Esteso, Pajares y Ozores... y Alfredo Landa antes de “Los Santos Inocentes” y “El Crack”… Olor a ambientador y colonia pachulí. Recuerdo que en el Cine Valderas hubo un antes y un después con la proyección de la película “Tiburón”. Fue el primer estreno de campanillas en este local, aunque yo la había visto ya en el cine de verano del Zapillo, un barrio de Almería, tras cuyo pase nocturno todos los chicos de la pandilla “zapillera” nos zambullimos en la playa, cagados de miedo, para demostrar a las chicas que no estábamos cagados de miedo. Desde un descansillo de la escalera del piso de mi tía se veía la mitad de la pantalla del cine de verano de El Alquián, un pueblo próximo a Almería, y allí me subía yo con mis primos a ver la mitad de las pelis. Llegó a gustarme más verlas así, viendo sólo un brazo y medio poncho raído del Clint Eastwood o del Lee Van Cleef de turno, que entrando al cine y pagando la entrada; me daba cierto aire clandestino y, además, me imaginaba lo que no veía, y esto era muy interesante. Hasta que mi tía, mi madre o mi abuela nos llevaban al redil, es decir: a la cama. Y desde allí seguía escuchando el eco de los disparos de los pistoleros, mezclado con el lejano rumor del mar. No he olvidado el peculiar sonido de aquellas cintas –la inmensa mayoría “spaghetti-westerns” rodados en el cercano desierto de Tabernas –en el silencio oscuro de aquellas noches costeras. Sigo yendo a los cines de verano en la playa, con mi hijo pequeño, pero el sonido es diferente. Los recuerdos son engañosos, ya digo. Mi abuela paterna vivía cerca de la madrileña glorieta de Cuatro Caminos, y amaba el cine, así que cada vez que iba a visitarla me llevaba a ver una película al cine Cristal, al Metropolitano o al Montija, a ver películas de Bruce Lee –“ese chinito que grita como un pollo”, me decía –, en doble sesión, o al Imperial, en la Gran Vía, que era donde estrenaban las cintas de Walt Disney. “Peter Pan” y “El Libro de la Selva” fueron mis preferidas… Siguen siéndolo.


Hay personas que no se asombran ante ningún avance técnico. Yo, en cambio, me asombro por casi todo. Por ello me gusta montar en avión o en helicóptero: porque me sigue asombrando. El progreso es el talento aplicado de unos pocos en favor de una a menudo desagradecida y pasiva mayoría. El progreso es eso que consiguen unos pocos ante la animadversión de otros pocos, que luego no dudan en aprovecharlo y en ensalzar a los primeros cuando éstos ya han muerto. Es el impulso que rompe con la humana inercia a la desidia. La lucha permanente por la mejora en la humana condición. El enemigo del inmovilismo que no entiende de ideologías, pero sí de egoísmos personales. El progreso y su inseparable hermana cainita travestida de Abel: la regresión. Me asombra que gracias al inmenso talento de unas personas podamos disfrutar el mismo día de café con churros en un bar del Paseo de Recoletos, en Madrid, y de un helado en el Copelia de La Habana, o que podamos comer en un restaurante a orillas del Lago Ness y, apenas cuatro horas después, merendar en la chocolatería de San Ginés. Hay gente que no, la mayoría me temo, que no se sorprende de casi nada; o hace mucho tiempo ya que perdieron la ilusión y la capacidad de asombro. Hubo un antes y un después para mí en mi relación con el cine desde el, ya muy lejano, domingo en que mi padre me llevó al estreno de “La Guerra de las Galaxias”, en el Real Cinema de Ópera. Fue para mí la magia del cine en estado puro. Estábamos en el centro, viendo una peli auténticamente increíble para mí –había unas colas interminables para adquirir las entradas, que se compraban también en un puesto de la plaza de Santo Domingo –y luego me llevó a merendar a una cafetería para comentar con él las escenas. Le recuerdo dibujando sobre unas servilletas de papel las naves de la “Alianza Rebelde” y la Estrella de la Muerte. Lo hacía por mí, claro, pero yo pensaba que estaba tan ilusionado como yo. También me pasó la primera vez que entré en el Kinepolis y me senté ante una de sus gigantescas pantallas. Me asombro fácilmente, lo reconozco. Arrellanado en uno de los amplísimos butacones azules recordé aquellas tan horribles como incómodas butacas coloradas del Cine Valderas, en las que cuando uno se sentaba y se movía se meneaba toda la fila. Pero lo hice con agrado, supongo que porque me devolvía a la adolescencia. También me sucedió la primera vez que llevamos a mi hijo al cine y salió disparado cuando apareció un dinosaurio en pantalla, y no pudimos atraparlo hasta 10 filas más abajo. Mi madre me contó que yo hice lo mismo viendo “Grand Prix”, la película de John Frankenheimer, por el ruido de los bólidos… “A menudo los hijos se nos parecen”, otra vez Serrat. Hubo un tiempo en que ir al Cine Estoril suponía para un joven valderano infiltrarse en territorio comanche, y viceversa para un alcorconero ir al Cine Valderas. Yo iba, porque siempre fui un “pijoaparte” como el personaje de Juan Marsé, y porque siempre tuve don de gentes… o mucha suerte, como


prefieran. Tardes de litronas en el “parque del pez”, al lado de Simago o el Mangue Prix, o en la plaza cerca de la bodega Belmonte; ganduleando por los Castillos del marqués y los ovnis o jugando en sus pistas de tenis. Tardes en el “Boogie”, en Cantarranas, o en el “Diodón”, el “Dennes”, el “Vaudevil”, el “Zalinsky”... Muy pronto cambié por Madrid, muchas veces solo –ya digo que soy un poco “pijoaparte” –, por lo que conocí a mucha gente –contradicciones de la vida solitaria –; primero por Campamento –el bar de los Cubatas –, Aluche –“Disco Ritmo”… ahora es el gimnasio en el que sudo –y Carabanchel; por Moncloa y los bajos de Aurrerá; por Vallecas y San Blas… Conciertos en la sala “Carolina” o en el Rockódromo… Noches de “Estudio Rock”, de “Revólver” o de “Pentagrama”; de Leche de Pantera y Vaca Molly en El Chapandaz, de cubatas en porrón, de jugar al penúltimo con “submarinos” con copitas de pepperrmint o ginebra en minis de cerveza, todos apretujados en el seiscientos de Andrés; de bocatas de calamares en la Plaza Mayor o en el Brillante tras salir de Titanic o de los garitos de Huertas, el Jazz Populart, los Gabrieles, La Boca del Lobo…, o un buen blues “arrastrao” en el Down Town… Qué guapas me parecían las chicas del Parque de Lisboa cuando me aburría en Viña Grande; qué atractivas las de Alcorcón o las de Móstoles desde el Parque de Lisboa, qué sugerentes desde allí las de Madrid, qué bellas las de Almería, qué sensuales las francesas y alemanas que se tostaban en el Cabo de Gata, qué hermosas las cubanas… Qué mundos y aventuras se abrían ante mí si abandonaba el corralito conocido. Viajar… conocer… Así aprendí que los nacionalismos se curan viajando, relacionándonos con desconocidos, hurgando en otras culturas ajenas a las nuestras: todo a su escala y en su medida. Desde el Foro veía muy absurdas las reyertas entre los de Valderas y los de Alcorcón, como luego veía muy pequeño Madrid desde fuera, y España desde el extranjero, Europa desde América y, me imagino, que los astronautas a la Tierra desde el espacio exterior. Mis trabajos me facilitaron tanto viaje… Luego vino el retorno, el “boom” de Costa Polvoranca, todos venían a la Costa Marrón… hasta las muertes… … Y el Pirata’s y el Indian, pero ésa es ya otra historia. A veces echo de menos un pase doble en el Palacio Las Pipas. Confío en no perder nunca la capacidad infantil de asombro. Confío en qué un día todos nos asombremos ante la tecnología y nadie la vea como un arma del diablo. En que desaparezcan los obstáculos, las fronteras, y las “barreras que tiene que pasar la información, el conocimiento, la cultura, para poderse difundir”. Y seamos, al fin, libres y hermanos. Postscriptum: El Cine Valderas ya no existe. En su lugar hay un restaurante. En lugar del Cine Benares se inauguró una discoteca. El Cine Estoril dio paso a un supermercado. Los cines Metropolitano y Montija fueron derruidos. El Cristal todavía existe.


El Rastro, el cambalache y la escoba “Una, dos y tres, una dos y tres, lo que usted no quiera ‘pa’ mi calle es... Una, dos y tres, una dos y tres, lo que usted no quiera para el Rastro es… Esto es el Rastro señores, vengan y anímense, que aquí estamos nosotros, somos Papá Noel; le vendemos barato con el precio en inglés; somos todo lo honrados que usted quiera creer” cantaba Patxi Andión en su oda a la picaresca madrileña, y española por extensión. “Se revenden conciencias y compramos la piel / le cambiamos la cara, le compramos a usted / Y si quiere dinero se lo damos también / Usted lo da primero y nosotros después (…) Usted salva su facha delante de su mujer / Y al final, si podemos, la engañamos también (…) Si no pucha en caliente le jamamos el tres / los gayumbos, los calcos y le ponemos al bies (…) Usted se va contento y nosotros, ya ve, / nos pagamos la cena con el ego de usted”, sentenciaba, como digo, Patxi Andión. ¿Les suena? Últimamente no puedo remediar cavilar que esta canción está más vigente que nunca, pero aplicada a nuestra casta dirigente. Los trileros han cogido las riendas de la nación, suponiendo que la hubieran soltado alguna vez, y ya no sabemos bajo que vaso o que cáscara de nuez se oculta el guisante. “Dust my Brown” es un viejo blues de Elmore James, versionado hasta la saciedad. En él, un hombre necesita sacar a pasear la escoba y barrer el polvo que enturbia el aire y buscar una nueva chica, una nueva vida… sacudirse el polvo, en suma. Y en España, me temo, necesitamos un aliento de blues, un golpe de escoba que nos limpie el polvo, pero no mirando atrás, sino al futuro. Quitarnos el polvo del miedo que tantos esgrimen como espantajos: miedo a los mercados, miedo al qué dirán, miedo a enfrentarse a los viejos clichés, de uno y otro lado. “Si yo tuviera una escoba”, cantaban Los Sirex, “cuantas cosas barrería”… Ha llegado el momento de preguntarnos ante el espejo qué haríamos con dicha escoba. Yo propongo barrer tanta hipocresía, empezando por la personal, pero sobre todo barrer el miedo y esas voces agónicas del pasado, las del “no es el momento oportuno para hacerlo”. Las huelgas, las grandes movilizaciones nunca llegan en buen momento, claro. Cuando uno puede permitirse las huelgas no necesita hacerlas. Se hacen cuando no hay más remedio. Si el momento fuera bueno éstas no se producirían. Ha llegado el momento de protestar, de elevar la voz, sin incendiar las calles, para decirles a nuestros políticos, desde el sosiego pero con la firmeza con la que hablaba Gandhi, que no queremos marionetas en manos de tecnócratas extranjeros movidos por intereses económicos particulares. Que sabemos que la crisis hunde sus raíces en los tejemanejes de unos personajes dickensianos reencarnados, esos grandes banqueros y especuladores enfermos de avaricia, y que las soluciones no pueden focalizarse exclusivamente en


medidas punitivas sobre los trabajadores y los sectores más humildes hasta que ya no puedan llevar un plato de lentejas a la mesa. Que ya estamos hartos de tanto bípedo “morcón” trepando al socaire de la supuesta eficacia sólo exigible para los demás, y de tanta merma de derechos olvidando que éstos forman parte de una moneda que en su reverso luce la palabra “deberes”. Estos seres retratados por el maestro Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor / ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador… / ¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un gran profesor. / No hay aplazaos ni escalafón, los ignorantes nos han igualao (…) Siglo veinte, cambalache, problemático y febril / El que no llora no mama y el que no afana es un gil (…) No pienses más; siéntate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao”. Una escoba que barra a estos tipos que nos siguen machacando con la cantinela de que hemos de ajustarnos el cinturón porque “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, con la pretensión de que paguemos la factura de sus orgías pasadas los que no hemos participado en ellas, lo que me recuerda la oda libertina a Sor Juana de Jean de La Fontaine: “Parió sor Juana, en sazón. Y muy contrita ayunaba, y siempre rezando estaba con una sin igual devoción. “Ved -dijo en cierta ocasión, la abadesa muy ufana- Ved como vive sor Juana, seguid su conducta bella”. Y las monjas, bajo el manto, contestaron a esta querella: “Sí, viviremos como ella cuando hagamos otro tanto”. Nuestros banqueros perciben dinero al 1% de interés del BCI y lo “revenden” al 5% de interés comprando deuda nacional, tapando sus propios agujeros, y sin conceder los famosos créditos por los que languidecen aquellos que quieren formar empresas. Y mientras los trabajadores engrosan las cifras escandalosas del desempleo español, las empresas echan el cierre y cientos de familias son desahuciadas. Así pues, en este contexto, cada vez que veo una pegatina del Banco de Santander en un alerón del Ferrari de Fernando Alonso me pregunto qué porcentaje corresponde a los dineros del señor Botín y cuánto al botín sustraído a esos españoles que han visto cerrar su empresa o perder las llaves de sus hogares. Y aún a día de hoy los banqueros españoles siguen preguntando, sin el menor atisbo de sonrojo, “¿quién va a pagar todo esto?”, lo que me hace volver a La Fontaine y sus Odas Libertinas, en este caso a la del glotón, que se zampó un esturión, excepto la cabeza, lo que le llevó a enfermar y, en el lecho de muerte, requerido a que enmendase sus errores concluyó: “Amigos míos, tenéis sobrada razón y, puesto que he de morir, haced que sin dilación me sirvan aquí el resto de mi esturión”. Es decir, avaros irredentos con fauces insaciables, que nunca tienen suficiente, como en las viejas novelas de Dickens, “el ansía viva y el tó pa mí” de José Mota o el muy castizo del “muera Marta, muera harta”. Ahora nos dicen que habrá una “amnistía fiscal” para aquellos


adinerados tramposos que han defraudado a Hacienda (que, recuerdo, somos todos) durante años y años. “Una, dos y tres; una dos y tres; lo que used no quiera ‘pa’ mi calle es; una, dos y tres; lo que usted no quiera ‘pa’ mi calle es”… Hay que cambiar la orientación y airear la habitación, tras desparasitarla de estos bichejos (que no amnistiándolos) que se llenan la boca de la palabra “España” mientras no dudan en convertirla en un Rastro gigantesco, o que impiden que España deje de serlo, como ustedes prefieran, dejando de echar la culpa al vecino y mirando bajo nuestro propio felpudo porque el resultado será bueno en ambos casos. Mientras tanto, ya saben, a cantar: “Una, dos y tres; una dos y tres; lo que usted no quiera ‘pa’ mi calle es; una, dos y tres; lo que usted no quiera ‘pa’ mi calle es”… La medida es localizar el objetivo, horquillar el disparo y bajarnos de la parra. Y vuelvo a La Fontaine, en este caso a la oda del pastor que habiendo perdido una ternera se subió a la copa de un árbol para hacer por encontrarla, ajeno a la pareja de amantes que llegaban tras él y se tumbaban en la yerba a sus pies. El mancebo desnudaba a su pareja mientras exclamaba: “Lo que veo, Señor mi Dios, y lo que me resta por ver”, a lo que el pastor respondió: “Y ése que tantas cosas ve, hermano, ¿no verá en este bosque a mi ternera?”. A lo mejor algún día aparecen los famosos billetes de 500 euros que llamaban “Bin Laden” porque se sabía que existían pero nadie sabía donde se escondían, quizá al lado de la ternera del pastor, y alguien castiga de verdad a los “ocultadores”. Entonces España sí estaría cambiando y, tal vez, la crisis comenzara a vislumbrar su final. Mientras nos quitan el trabajo, los ahorros y el dinero, ésos mismos lo convierten en oro, que no tributa y es el único valor real. Es la nueva fiebre del oro, sólo que ya no viajan al valle del Yukon, se quedan muy cerquita de la madrileña Puerta del Sol en viajes de ida y vuelta a las refinerías de oro y plata de Suiza, el nuevo Rastro: “Una, dos y tres, una dos y tres, lo que usted no pueda mantener ‘pa’ mi buchaca oro es...”


Carisma, el atajo de los psicópatas La saca del avaricioso no tiene fondo hasta que muere víctima de su propia ambición. Lo triste es que hasta que el glotón revienta, millones de personas mueren en la miseria que provoca su gula. La “sociedad del bienestar” sólo es posible con la existencia de una nutrida y sólida clase media. 30 millones de consumidores de cerveza permiten la existencia de fábricas, distribuidores y bares que las sirvan. Si sólo 100 personas tienen dinero para adquirirlas, la cadena se rompe y todos cierran. Es la ruina. Así de simple. Es la diferencia entre las democracias y las repúblicas bananeras o los regímenes autocráticos petroleros, donde toda la riqueza está en las cuentas de una minoría, mientras la mayoría malvive en la penuria. Nos dicen los profetas del pasado –es decir, los analistas económicos – que la economía social es como la de una familia, que si gasta más de lo que ingresa no llega a final de mes y se arruina. Pero esto es una verdad a medias, es decir, la peor de las mentiras. La sociedad debe gastar más de lo que ingresa, sobre todo en Sanidad, Educación y Defensa. Sí, en Defensa, por impopular que les suene a muchos. Sobre todo si queremos tener unos estados democráticos fuertes ante las amenazas de los tiranos y las sombras que proyectan, de esos que ni siquiera tienen que disimular o buscar una coartada para burlarse abiertamente de los derechos humanos. Quienes dicen que todos los sistemas son iguales son los que nunca han padecido una dictadura o aquéllos que se lucraron con ella y desean su regreso. La sociedad necesita que el circulante fluya si desea que la maquinaria no se gripe y se detenga, por eso son tan nocivos los recortes… y las amnistías fiscales a los que más defraudan, que a menudo coinciden con aquéllos a los que se les llena la boca con la palabra Patria, pero no nos dejemos engañar, no son patriotas: son patrioteros. ¿Por qué van a portarse bien si el fisco les premia por acumular dinero negro en un paraíso fiscal o bajo un colchón? Nuestros gobernantes buscan la aprobación de “los mercados”, presa de la cagalera o, aún peor, de intereses inconfesables. Pero “los mercados” no ven más allá: son agujeros negros que todo lo engullen. Cuando la Justicia deja de ser ciega, se baja el velo y sólo ve por los ojos de los poderosos se llama Tiranía. Cuando los gobernantes sólo aplican el garrote a los débiles y defienden en su detrimento y a cualquier precio a los poderosos, se llama Cobardía y Traición. Traición al pueblo del que reciben su legitimidad y por el que deberían velar. Cobardía, el antónimo de Justicia y, por tanto, de Libertad y, sin ésta, no puede haber Democracia. A veces, el pueblo desesperado que busca la salvación toma el atajo del populismo que le ofrecen los psicópatas. Hace mucho tiempo que le doy vueltas en la cabeza al temor de ser gobernados por psicópatas. Cuando se relega a los inteligentes en favor de los astutos, términos que lamentablemente confundimos muy a menudo, la


sociedad da un salto sin retorno para caer en los brazos de estos dementes. La historia nos brinda abundantes ejemplos de las nefastas consecuencias de que los psicópatas alcancen el poder: Nerón y su cítara cantando mientras Roma ardía –por cierto, quienes fueron arrojados a los leones por las llamas fueron los cristianos, curiosa analogía con nuestros especuladores y quiénes realmente están pagando con el desempleo y la pobreza –; el rey Leopoldo II y sus víctimas en el Congo belga, en su eufemístico “Estado Libre del Congo”; Adolf Hitler, Heinrich Himmler y Joseph Goebbels, y Josef Mengele, el cuarteto psicótico de la Alemania nazi, y sus millones de seres humanos gaseados en los campos de Polonia en pos de la “Solución Final” o “Solución Cero”; Iósif Stalin en la Rusia bolchevique y sus campos de adoctrinamiento siberianos; los terroríficos jemeres rojos de Pol Pot y su “Kampuchea Año Cero” –qué curiosa atracción sienten todos estos psicópatas por el número cero –; los fascistoides militares argentinos de Videla o los chilenos de Pinochet; el sitio de Sarajevo y la masacre de Srebrenica bajo las órdenes de Ratko Mladic y de Radovan Karadzic, el psiquiatra psicópata. Psicópatas todos ellos aclamados por el rebaño obnubilado por el nefasto “carisma”, vocablo que asociado a un político me produce escalofríos. Si un psicópata puede, matará a una persona; si no se le detiene, matará a cinco; si es lo suficientemente inteligente, aprovechará los resortes del sistema, manipulará al pueblo, vivirá a cuerpo de rey y matará a millones de personas, feliz en su demencia. Sobre todo si se mide en una especie de competencia con otros psicópatas similares por ver quién de ellos mata más y mejor. Para un psicópata no somos personas, somos cosas con las que jugar, a las que utilizar y asesinar. Y que nadie espere remordimientos, no los tiene porque carece de empatía, igual que un daltónico no es capaz de distinguir los colores. Robert Hare, el canadiense reputado doctor en Psicología y autor del libro “Sin Conciencia. El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean”, manifestó en el número 25 la revista “Redes” a Eduardo Punset que los psicópatas analizan palabras como “violación” de una manera meramente lingüística, no emocionalmente. Según la llamada Escala Hare, un test detector realmente denominado PCL-R, el 1% de la humanidad padece psicopatía, lo que significa que hay muchos millones de psicópatas pululando por este mundo trajeados y encorbatados bajo una sonrisa profidén y con eso que, arrobados, muchos denominan “carisma”. “Cientos de miles de psicópatas viven, trabajan y juegan con nosotros – tu jefe, tu amigo o tu hermana –y es posible que sigan un camino hacia la destrucción sin tener conciencia de ello”. Según Hare, el psicópata suele ser un individuo seductor, superficial, egocéntrico, impulsivo, irresponsable, mentiroso, insensible, con un modo de vida parásito, una conducta sexual promiscua y con tendencia a la delincuencia juvenil. “En un mundo utópico, el psicópata sobresaldría, sería el depredador, porque eso es lo que hacen: se


aprovechan de las personas. Podemos tener una utopía perfecta y seguiría habiendo psicópatas. Esto es políticamente incorrecto, sí, y no nos gusta utilizar el término psicópata, aunque están en todas las áreas donde se pueda obtener algo –afirma el doctor –. Donde se pueda obtener dinero habrá un psicópata bien vestido e inteligente al que le atraen estas cosas y que lo hará muy bien para conseguirlas. De manera que hay muchas áreas –negocios, política, etc… –en las que el psicópata inteligente encontrará un hogar muy confortable”. Nos dicen que necesitamos tecnócratas económicos para sostener los gobiernos y líderes carismáticos para guiarlos, pero yo pienso que necesitamos psiquiatras eficientes que detecten a estos psicópatas y los neutralicen antes de que hagan daño a los demás. “No puedo vivir en estas condiciones, me niego a buscar comida entre la basura”, dejó escrito el jubilado griego Dimitris Christulas antes de quitarse la vida en Grecia, donde los suicidios han crecido un 40% este año. Pero no hablemos de suicidios porque son crímenes de Estados comandados por psicópatas. Aún más: son Estados enteros asesinados por una pandilla de psicópatas. La siguiente víctima en la lista se llama España y después, aunque se parapete detrás nuestro, Italia, y al fondo la bella Francia y la displicente Alemania… El rapto de Europa… la muerte de Europa… Volverán las Revoluciones y el insaciable Saturno con ellas, presto a devorar a sus hijos, y como el ave Fénix, el muro de Berlín resurgirá de sus cenizas… … Y tras las bambalinas, brindando con champagne, comiendo caviar “del bueno” y abusando sexualmente de sus víctimas, los psicópatas seguirán jugando su partida de póker, mientras un rebaño de ovejas temblorosas implorará por un “líder carismático que los salve”… Pero… ¿Quién teme al lobo feroz, al lobo, al lobo… Quién teme al lobo feroz… al lobo feroz?


El atajo del garaje Loquillo tenía una canción que se titulaba “El Ritmo del Garaje” en la que decía algo así: “Tu madre no lo dice, no, pero me mira mal… ¿Quién es el chico tan raro con el que vas?” Imagino que algo así inspiró a nuestro presidente Rajoy cuando tomó las de Villadiego huyendo por el garaje del Senado, buscando un atajo que los salvara de las preguntas de los periodistas allí concitados sobre la caída en la fosa abisal del Ibex y la ascensión al reino de los cielos de la prima de riesgo, lo único que se nos sube últimamente sin el refuerzo de la viagra de Bruselas. “La Merkel no lo dice, no, pero me mira mal… ¿Quién es esa prima tan rara con la que vas… Cualquier noche los brockers de tu callejón maullarán a gritos esta canción... Porque yo tengo una deuda del copón… ouó”, dicen que iba cantando el presidente mientras corría entre los coches del citado garaje. Y eso que decían a los cuatro vientos que todo cambiaría radicalmente en cuanto en Europa vieran que ZP I el Optimista se había marchado. Pues hete aquí que el susodicho hace meses que se fue “a contemplar nubes” –dicen que dijo, por cierto que desde que lo dijo atravesamos en España, Galicia incluida, por una de las sequías más duras que recordarse puede, curioso detalle marginal y metáfora de la distancia que separó siempre los deseos y los hechos del expresidente –. Ya sé que todos nuestros paladines coinciden desde sus atalayas mediáticas en que “no somos Grecia”, pero lo seremos. No hay más que ver las reacciones de los mismos para advertirlo sin ser una pitonisa ni un agudo analista. Lo aprecian hasta mis entrañables “profetas del pasado”, ya saben: los finos analistas financieros. Los mismos señores que gentilmente han brindado una “amnistía fiscal” a los defraudadores millonarios de Hacienda –y ya vamos por la tercera. Todos somos Hacienda, como en la granja de Orwell, pero unos más que otros –nos anuncian ahora sotto voce… por lo bajini… por si cuela, que los que más tienen deberían pagar un plus simbólico por los servicios de la Seguridad Social, que es lo más justo. Colará, porque somos corderitos bobalicones –o nos toman por tal, que a fin de cuentas tanto da, y si no el Ministro de Interior nos aplica el decreto de delincuentes del Twitterterrorismo y listo –. Porque el pueblo español nunca ha tirado de guillotina como en nuestro vecino del norte, allí donde los sansculottes le darán una linda patada en el culotte a Nicolás Sarkozy I, el Bocarrana. Los próceres hispanos lo hacen intentando colarnos de matute la vieja aspiración del copago, repago, morropago o loquequiereanpago, cuando la solución justa para este tema es mucho más simple y sin tantos ambages: nada de amnistías fiscales y que cada cual contribuya a las arcas de la Seguridad Social según su patrimonio e ingresos vía contribución fiscal, es decir, vía impositiva para que la Seguridad Social sea universal y gratuita. No sólo defraudan los coleccionistas de oro, los muchirricos de los Paraísos fiscales y las sicav –sociedades de inversión de capital variable, cuán bello eufemismo para denominar un atraco que ríanse vuesas mercedes de los butroneros bancarios –, sino todos aquellos que presentan una nómina x mientras cobran un líquido de 5x. Es decir, los de los paraísos petrolíferos –por lo negro del dinero con el que se manejan –.


Mi buen amigo Chema, el Oso, me envía un email en el que me revela que debajo del bloque donde habita han tardado en florecer las lilas, que ha sido un brote imprevisto salvado por las lluvias de última hora – ¿porqué Zapatero ha dejado de contemplar las nubes quizá? –, pero que serán unas flores más efímeras, lo que hará que estén menos expuestas al latrocinio florístico del personal. Y compara a las lilas con “los lilas”: empleados públicos y demás personal con nómina que soportamos todo el peso del fisco mientras otros “ocultan sobresueldos, ponen sobreprecios a sus artículos o se guardan el IVA en el bolsillo”, para encima seguir siendo los malos oficiales de esta película de terror. “No hay que hacer caso al ruido ni distraerse por cosas menores”, afirma Rajoy muy serio él tras su tocata y fuga por el garaje senatorial: Silencio… guarden silencio por Dios…. Los Mercados y el Financial Times no nos creen, pero ¿quién cree a estas alturas en los Mercados? “Si hay rescate a España es porque después rescatarán a Italia y Francia por mucho que presuma Sarkozy” ha sentenciado Felipe González, el Jardinero Fiel, apareciendo tras un bonsái. Amén pues. Yo, mientras, me sigo ilustrando con la “Simiocracia” de Aleix Saló en Youtube, pues me parece el más serio de todos los analistas. Entretanto yo me siento en mi sofá con un bourbon, un whisky de malta y una cervecita a escuchar al viejo John Lee Hooker y a Nina Simone desgranar su “Feeling Good”, mientras el Ministro de Interior agita el espantajo de la manifestación aunque sea pacífica a través de las ya muy temidas por los políticos del orbe redes sociales, mientras llegan los rescates que jamás llegarían. El Titanic se hunde, la banda toca… Cualquier noche los griegos de tu callejón maullarán a gritos esta canción... Porque yo tengo una banda de rock and roll... ouó… Porque yo tengo una banda de rock and roll... ouó.


Feeling Good… Mi alma invicta Si ves a los pájaros volando alto, al sol brillando en el cielo, a las cañas flotando a la deriva… sabes cómo me siento… es un nuevo amanecer para mí, un nuevo día, una vida nueva. Y me siento bien. Como los peces en el mar, como un río que fluye libre, como una flor que brota en un árbol… Sí, la libertad es mía, ya sabes cómo me siento. Y me siento bien… “Feeling Good” es una canción que escribieron Anthony Newley y Leslie Bricusse en 1965 para el musical “The Roar of the Greasepaint”, y que ha sido versioneada en multitud de ocasiones, aunque mi preferida es la interpretada, con su vibrante voz nasal, por Nina Simone. Su éxito se debe, amén de a su calidad, a que es una declaración de intenciones que encierra una filosofía de vida. La libertad, que escapa de lo material para reinar sobre éste. Libertad, lo único que no nos quitarán, como exhortaba William Wallace a sus tropas en el puente de Stirling, sobre el río Forth; un bien intangible que la mancha gris intenta arrebatarnos a cada momento, incansablemente, como la gota malaya que cae sobre la cabeza de un preso, pero no lo conseguirá, aunque nos encierren en un lóbrego calabozo seguiremos siendo libres mientras mantengamos viva la llama de la esperanza. Sí, ya sé, la esperanza, “esa puta que se viste de verde” y al final siempre nos cobra el peaje… A menudo es bueno pagarlo aunque sea oneroso, porque es más caro no alimentarla… Muchísimo más caro es perder la esperanza y con ella la libertad. Mientras mantengamos viva la llama de la esperanza estará firme el timón de la resistencia, como le sucedía a Nelson Mandela que recobraba las fuerzas cuando le flaqueaba el ánimo recitando los versos de Invictus, el poema del escocés William Ernest Henley: En la noche que sobre mí se cierne / negra como el abismo entre los polos, / doy gracias a los dioses si existen / por mi alma invicta. / En las azarosas garras de las circunstancias / nunca me he lamentado ni he sollozado. / Sometido a los golpes del destino, / mi cabeza está ensangrentada, pero erguida. / Más allá de este lugar de ira y lágrimas / donde acecha el horror en las sombras. / La amenaza de los años / me encontrará, sin miedo. / No importa cuán estrecha sea la salida, / cuán cargada de castigos la sentencia, / soy el amo de mi destino: soy el capitán de mi alma. Y tampoco perderemos la libertad mientras tengamos imaginación, la chispa creativa que mueve el mundo, que evita que se oxide el motor de la humanidad. El lubricante del progreso. Y mientras alentemos el don de la comunicación, el mismo que tenía la niña Momo del cuento de Michael Ende, en su lucha contra “los hombres grises” que se fumaban el tiempo de los demás, como éstos sujetos oscuros intentan fumarse sus deudas con las lágrimas de los demás. Nosotros, como Momo, tenemos una baza de nuestra parte: el futuro, el invencible aliado del progreso, el aire que abre las puertas de los armarios cerrados eliminando su olor a naftalina, a rancio. Nos quieren privatizar hasta el agua, que es de todos nosotros, pretenden silenciar la voz del pueblo por miedo a sus propias miserias y extravíos. Quieren acallar la voz de la razón, pero ésta habla voz con voz muda. No, la mancha de


hombres grises no vencerá esta guerra. La razón y el futuro están de nuestra parte. Aún nos quedan muchos e intensos momentos por vivir, como en el acertijo de Momo. El futuro es sólo eso, y nada más que eso: los instantes que han de venir. Llueven chuzos de punta, sí; retumban los rayos y los relámpagos rasgan la oscuridad de la noche, pero si miras arriba, en el cielo, verás a la libertad volando con los pájaros desafiando al sol que luce brillante, o en la tierra fluyendo en libertad como el agua del río entre los montes, atrápala y será tuya. Aunque el interior de la celda sea oscuro y frío, miraré más allá de los barrotes, al cielo azul, entre las nubes, al sol, donde habita la libertad… y seré libre… Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma. Y me siento bien. good”.

“It’s a new dawn, it’s a new day, it’s a new life for me. And i’m feeling

Post Scriptum: Henley sufrió tuberculosis y le amputaron la pierna izquierda cuando sólo tenía 12 años. Pero su temperamento fue siempre alegre y enérgico. Era amigo personal de Robert Louis Stevenson, quien se basó en él para crear a su personaje Long John Silver, y también cultivó la amistad de James M. Barrie, a quien su hija en lugar de llamar friendly llamaba fwendy, lo que dio origen al nombre del personaje Wendy de las narraciones sobre Peter Pan del dramaturgo escocés.


La senda de los elefantes Me llena de orgullo y satisfacción que nuestro monarca haya pedido públicas excusas por haberse ido a cazar elefantes y otros animales que no se citan, como búfalos (quizá la vida de estos cotice menos en bolsa)… Ni qué decir tiene si se hubiera ido a cazar conejos…, bueno dejémoslo ahí. Al menos Juan Carlos I ha tenido el gesto de humildad que ni se le ha pasado, ni se le pasará, por la cabeza a ninguno de nuestros variopintos representantes políticos que han metido el cuezo y, lo que es peor, la mano en la saca publica. Me temo, no obstante, que “un poco bastante” ha debido de influir en ello la reina Sofía, quien ha debido regresar de Grecia no a bordo de un avión sino montada en un globo tremendo, quizá recordando que su familia y ella misma tuvieron que coger las de Villadiego desde su Grecia natal, sin parar hasta Londres, por un “quítame allá esas pajas”. Es decir, cuando les hicieron un griego real. No deberíamos obviar el papel desarrollado por el rey Juan Carlos durante los sucesos del 23-F, ni su papel como intermediario entre las empresas españolas y los países que éste visita. El perdón no debería negársele a nadie, porque como dijo el nazareno “quién esté libre de culpa que arroje la primera piedra”. “Quien a hierro mata a hierro muere” y, tal vez, de tanto esgrimir el cuchillo, resbalemos y muramos cayendo sobre nuestro propio filo. Aún así, creo que (ya puestos) el monarca no debería pedir perdón como un niño cogido in fraganti con las manos en la caja de las chocolatinas, sino en todo caso dar explicaciones detalladas de por qué se realizó tal viaje, cómo se financió y qué se perseguía con ello. Yo personalmente me quedaría más satisfecho si me certifican que lo ha pagado un millonario árabe y que con ello se ha asegurado la construcción del ave a la Meca, pongamos por caso. A quién le sorprendan aún estos asuntos debería ver (o volver a hacerlo) “La Escopeta Nacional”, film impagable de Luis García Berlanga que retrata de manera ejemplar a la hispánica fauna. Al menos yo, decía, me quedaría más conforme que escuchando al Borbón decir que se ha equivocado, que lo siente y que no lo volverá a hacer más, como en “El Jardín Prohibido” de Sandro Giacobbe. Quizá porque hace años que decidí exiliarme de los mundos de Yupi. Ignoro que placer saca una persona cazando animales debido a que yo no soy cazador y, como ya he escrito en varias ocasiones, sólo admiro la grandeza de la caza cuando ésta se realiza con lanza y puñal, no con rifles con mira telescópica. En cualquier caso, saco una conclusión evidente de los últimos episodios de la Casa Real: hay que mantener a sus miembros alejados de las armas de fuego por su propia seguridad, en general, y de donde haya tiros en particular. Más preocupante aún que lo del pobre elefante, y poco o nada he leído sobre ello, me ha parecido la desafortunada y como poco sorprendente misiva de felicitación que nuestro rey envió al príncipe saudita Alwaled binTalal al Saud tras no poderse demostrar que éste participó en la violación de una joven en otra fiestecita suave. Mientras el rey cantaba despreocupado aquello de “un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña…” (Se seguiría balanceando si alguien


no le hubiera soplado un tiro para desmocharle los colmillos de marfil) yo revisionaba “La Senda de los Elefantes”, cinta dirigida en 1954 por William Diaterle y basada en la novela “Elephant Walk” de Robert Standish, en la que el personaje encarnado por Elizabeth Taylor vive una apasionada historia de amor en tiempos de cólera (como en otra célebre novela) con el capataz de una plantación de té en Ceilán acosada por cientos de elefantes enloquecidos por la sed (la plantación está construida en la trocha que toman los paquidermos para ir al río) mientras su dueño, y a la sazón marido, se bebe las destilerías de Johnny Walker enteritas agarrándose unas kurdas antológicas con sus amiguetes. A menudo los españoles olvidamos nuestra historia más reciente porque, a diferencia de la última víctima del rey, no tenemos precisamente memoria de elefante. (Justiciera para unos, vengativa según otros, sesgada siempre, pero nunca grande) A veces, el árbol más cercano no nos deja ver el bosque. Sigamos cogiendo el nabo por las hojas, dado que parece un mal endémico en nuestro código genético, pero no emprendamos la senda de los elefantes, a menos que estemos de tapeo por Logroño o tras una nueva derrota del Atlético de Madrid en el Vicente Calderón, porque dicho camino es tortuoso y está plagado de trampas y plantaciones de todo tipo y condición; cuidado, porque la senda desemboca siempre en un cementerio de elefantes. Y en los cementerios abundan los muertos. Siempre. Mientras tanto, ya saben: “Lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yoooo… No lo volveré a hacer más, no lo volveré a hacer más”... Post Scriptum: Si el rey Juan Carlos visita Edimburgo, no le lleven a la tetería The Elephant House… podría enloquecer y entrar en barrena.


Philip Marlowe o los atajos del alma Cuando el cineasta Fernando Trueba recogió el óscar de Hollywood por su película “Belle Epoque” se lo dedicó a Billy Wilder. “Billy Wilder es Dios”, exclamó con un ojo puesto en la codiciada estatuilla y el otro puesto en Langreo. Yo digo algo similar del novelista y guionista Raymond Chandler, creador del cáustico detective Philip Marlowe, y que trabajó como guionista de aquél en la mítica “Perdición”. Raymond Chandler nació en Chicago pero se crió en Inglaterra, donde recibió una sólida formación literaria, nacionalizándose británico en 1907. Su vida fue intensa, sin duda: reportero, periodista, soldado en las filas de los Gordon Highlander durante la Primera Guerra Mundial, ejecutivo de una empresa petrolera en la que fue acusado de acosar a las secretarias, por lo que fue despedido e intentó suicidarse. Tiempo después conoció a la que sería su esposa durante más de treinta años. Cuando ésta murió, Chandler enfermó de depresión, se hizo alcohólico e intentó nuevamente suicidarse… Terminó sus días en la selecta área residencial de La Jolla, en San Diego, California. “He pasado por la piedra de molino de las entrevistas y las considero una pérdida de tiempo. El tipo que encuentro en esas entrevistas haciéndose pasar por mí suele ser un engreído al que no me gustaría conocer”, manifestó en “El simple arte de escribir” (Emecé, 2004) dando a través de sí mismo la opinión que le merecía el engreimiento y la fatuidad que propicia en las personas esta sociedad que tan atinadamente calificaría posteriormente Tom Wolfe como la hoguera de las vanidades. “Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares”, nos cuenta Philip Marlowe en su debut literario en “El Sueño Eterno” (“The Big Sleep”, 1939), retratándose a sí mismo. Esta novela fue llevada al cine en 1946 por Howard Hawks, con Humphrey Bogart encarnando al detective y Lauren Bacall en el papel de la inolvidable Vivian Regan. Raymond Chandler era sobre todo un perfecto retratista. Fino, cínico, irónico y sutil. Con dos notas, con una leve pincelada, con una frase genial en un diálogo, definía mejor que nadie a un personaje dibujándolo en nuestra mente, creando arquetipos inmortales como el del detective cínico, pétreo, desengañado, borrachín y sentimental de buen corazón castigado por los avatares de una sociedad hipócrita que vende su alma al diablo por un puñado de dólares o una cuota de poder; a la mujer fatal que destroza corazones entre velos de humo de cigarrillo y tórridos encuentros sexuales para quedarse finalmente con el dinero, la piedra angular de esta sociedad “de mercado”; a las niñas bien, engreídas y mimadas; a los gorilas, a los tipos corruptos sin escrúpulos… Para Chandler, Los Ángeles es un nido de sombras bajo la apariencia de una ciudad soleada; es un personaje negro de sus novelas con vida


propia más que una ciudad, y la utiliza para diseccionar la sociedad con el bisturí de su pluma, trascendiendo del mero género negro para penetrar en el de la gran literatura. “Comprendí, pese a lo breve de nuestra relación, que pensar siempre sería una cosa más bien molesta para ella”, retrata a la provocativa, caprichosa e impulsiva Carmen Sternwood en “The Big Sleep”. Raymond Chandler, un genio retratando una sociedad tan actual ahora mismo (y me temo que en 3250) como lo era en la década de la Gran Depresión americana y que no deberían ir a dormir el sueño eterno sin antes leer sus tan irónicas como cínicas líneas. “Mientras ustedes no sean dueños de su alma, no lo serán de la mía”. Esta frase de Marlowe, en mi opinión una de las más redondas de la historia de la literatura, y toda una filosofía de vida, la encontramos en “El Largo Adiós” (“The Long Goodbye”), una de las obras cumbres del género negro, que destripa la sociedad estadounidense de mediados del siglo XX y las miserias de la “high society”, lo que yo denomino actualmente como “la castuza”, en la que lo normal es ser deshonesto; es decir, la “crema social” que hace buena a la que antiguamente despreciaba bajo el mote de chusma o gentuza. Sus líneas, desgranando la extraña amistad de Marlowe con el enigmático Terry Lennox, sobre quién cuanto más investiga menos claro parece, nos retrotraen a las tóxicas amistades que rodean actualmente a nuestros líderes políticos y de las que dan cumplida fe en el circo mediático. La calidad de sus diálogos es magnífica y sus descripciones son soberbias. En 1973, Robert Altman llevó esta novela al cine, bajo el mismo título, con Elliot Gould encarnando a Philip Marlowe, si bien centrada en el universo hollywoodiense. Philip Marlowe, un trasunto del propio Raymond Chandler, es en esencia un tipo decente rodeado de seres egoístas, fríos y codiciosos, conformando un universo decadente, falsamente brillante, negro como el tizón en el fondo, plagado de suelos de mármol que ocultan sucias cloacas. Un nido de corrupción en suma que convierte sus relatos en inmortales, en historias de sempiterna actualidad. “No puede planearse una buena historia; tiene que destilarse. A largo plazo, por poco que uno hable sobre el tema, lo más durable en lo que se escribe es el estilo, y el estilo es la más valiosa inversión que puede hacer un escritor con su tiempo”, escribió en “El simple arte de escribir”. Marlowe es eterno porque Chandler era un genio. “Fue exactamente como cuando el director de orquesta da unos golpecitos en el atril con su batuta, alza los brazos y los inmoviliza en el aire”, relata Philip Marlowe para expresar lo que sintió la primera vez que contempló a la deslumbrante Eileen Wade en “El Largo Adiós”. Pura poesía y emoción, algo harto curioso en un escritor que tenía fama de “insensible”. Sólo este personaje que ha servido de molde de una infinidad de detectives replicantes, pero de los que le separa una distancia sideral, podría expresarlo así. “Corazones de tinta china” es una letra que escribí para una canción de Luis Rico y Los Caimanes en la que hacía referencia a este universo negro. Pues eso y no otra cosa son estos personajes. Corazones de tinta china presos en un tango bailado sobre un papel en blanco. Eso y no otra cosa somos nosotros mismos en la mente del guionista que dicta la película de nuestras vidas.


A Raymond Chandler, por boca de Philip Marlowe, nunca le gustaron las despedidas: “Decir adiós es morir un poco” decía melancólico el detective, si bien pocos lo hacían como él con su “adiós, muñeca”, con un pitillo en los labios. “Nothing says goodbye like a bullet…” Como él mismo escribió: “cuántas pistolas rodando por la ciudad y qué pocos cerebros”. Actualidad pura y dura. Recuérdenlo cuando den el visto bueno a Eurovergas… perdón, Eurovegas en Alcorcón… aunque “mientras ellos no sean dueños de su alma, no lo serán de las nuestras”. Post Scriptum: En 2009, RBA Libros compiló todos los relatos de Raymond Chandler sobre Philip Marlowe en la obra “Todo Marlowe”. Para la canción “Corazones de Tinta China”: http://www.youtube.com/watch?v=wsuV3sNhkco&feature=plcp&context=C48 d0839VDvjVQa1PpcFNzHnR9_byvJ4ePZpagngbgat7SVq75hh8%3D


Panem et circenses. Atajos del fútbol Puedo soportar, y hasta tolerar, gobiernos malos, incluso pésimos, y de esto entendemos mucho en España. Pero no puedo cuando los políticos intentan controlar a los medios de comunicación, e incluyo a las redes sociales, toda vez que aquéllos ya hace años que lo están de un modo u otro. No puedo, máxime cuando es de modo descarado, cuando no se molestan un ápice ni tan siquiera en disimular. Cuanto más se desvela la verdadera faz de nuestros variopintos líderes políticos y bancarios, más recuerdo aquella frase de “El Largo Adiós” de Raymond Chandler: “En The Dancers están acostumbrados al tipo de gente que hace dudar de que las clases particulares de tenis mejoren a las personas”. Me desayuno con la noticia de que el Partido Popular, en esta ocasión, intenta “controlar” RTVE porque estima que los contenidos escapan a su control. La ausencia, incluso la muerte, del mensajero, (práctica que se pierde en los albores de los tiempos), no soluciona las malas nuevas; acaso las maquilla pero no las arregla. Entiendo que a algunos les escueza que Bruselas y “los mercados” no se hayan dado por enterados de que Zapatero ya no resida en la Moncloa y que la prima de riesgo esté más disparada que la escopeta del rey Juan Carlos I, pero controlar los medios de comunicación, en concreto RTVE – que sigue siendo un ente público y confío en que considerablemente neutral– podrá edulcorar, incluso ocultar, las noticias pero no mejorará la realidad. Ya saben: “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Con independencia del sesgo ideológico del gobierno de turno debemos luchar por mantener una prensa pública razonablemente independiente si no queremos ser protagonistas de un remedo de la orwelliana “1984”. Así pues, ahora que vivimos una ola de lo llamado vintage o retro, no he podido por menos que recordar la imagen pizpireta de Vicky Larraz cantando “No Controles” con Olé Olé, mientras bailaba dando saltitos espasmódicos, con su melena cardada con litros de laca, su vestido negro terminada en flecos, con un trapo blanco por encima y un cinturón cruzado en equis, en mallas negras y zapatos de tacón en un plató de televisión. Me ponía palote, debo reconocerlo, bastante más que Marta Sánchez, la preferida por la mayoría; soy rarito, qué le vamos a hacer, lo confieso y lo reconozco. Veo en el muro de una amiga en Facebook un montaje ingenioso. Han dibujado una cabeza de elefante en un escudo de los que usan cada una de las familias de la novela-río “Canción de Hielo y Fuego. Juego de Tronos” de George R.R. Martín, bajo el título “Juego de Borbones”. Imagino que el himno serían los acordes de “Baby Elephant Wak”, que compuso Henry Mancini para la película “¡Hatari!” de Howard Hughes. Un amigo, y a la sazón historiador, suele decirme que “la monarquía borbónica en España comenzó con Felipe V y


terminará con Felipe VI”. Quizá el mensajero no tenga la culpa, sino los que protagonizan la historia con sus acciones equivocadas. Quizá. Y ya que hablamos de reyes, hablemos del “deporte rey”, sí, hablemos de fútbol. Tal vez todo sea un contubernio diabólico, que todo sea parte de un plan urdido con matemática precisión por mentes enigmáticas y oscuras. Cristiano Ronaldo y Leonel Messi, los Tip y Coll del fútbol, no fallaron sus respectivos penaltis, no: les obligaron a hacerlo. Real Madrid y Barça no podían eliminar al Bayern Munich y al Chelsea, respectivamente, porque Ángela Merkel, sieg heil mein führer, no hubiera soportado la visión de 80.000 españoles cocidos cual piojos por las cervecerías bávaras en plena campaña de recortes económicos en la insalvable España. “¿De dónde han sacado los euros estos tiznados?” le diría fusta en mano a Mariano Rajoy, maniatado con el culo en pompa y con una bola de sadomaso en la boca. “¡Ah! –me dirán ustedes– pero el Atlético de Madrid y el Athletic de Bilbao sí se han clasificado para la final de Bucarest”. Cierto, pero es parte del diabólico plan, de la solución cero. Si de Rumania les desvían a Polonia salten del avión. Polonia, ya saben, esa nación que invaden alemanes y rusos cada vez que se aburren o se emborrachan. Polonia, ese país que dan ganas de invadir tras escuchar una pieza de Wagner, según decía Woody Allen. Es una tapadera. Les dirán que se celebrará allí la final como anticipo de la siguiente Eurocopa. Es una trampa. Si leen Treblinka o Auschwitz en efecto estarán en un campo, pero no de ese tipo. No se fíen si les llevan a las duchas. Acabarán con los españoles y, de paso, con el “problema vasco” usando al “Pupas” de cobaya. De las citadas eliminaciones de Barça y Real Madrid se han alegrado mutuamente sus respectivas aficiones, mofándose y apuñalándose hasta el final, consolándose del mal propio con la desgracia del rival, en un diálogo de sordos y sin ejercer el mínimo ejercicio de autocrítica, ni siquiera por haber cometido el pecado de la prepotencia al dar por sentado que ambos se enfrentarían en la finalísima, para dirimir sus sempiternas rencillas particulares, menospreciando a sus respectivos rivales con aquello tan español de vender la piel del oso antes de cazarlo. Ilustra a la perfección nuestra situación actual, cainitas lanzándonos los trastos a la cabeza, arruinados y “eliminados” mientras desde el exterior nos observan, como mínimo, con extrañeza. “Panem et circenses” decían los romanos. Pan y juegos de circo… Fútbol y pan (el “caviar del bueno” es para otros) para amansar a las fieras, para silenciar las críticas de la masa social descontenta. “Es usted un encanto” –le decía la chica a Philip Marlowe en “El Sueño Eterno”– “Pues lo que se ve no es nada, llevo una bailarina de Bali tatuada en mi muslo derecho”, le respondía el cáustico detective que, al igual que yo, sacaba


“excelentes calificaciones en insubordinación”…“No controles mis vestidos, no controles mis sentidos… No controles mi forma de pensar porque es total”… Puedo soportar tantas cosas….


Muertos de permiso Cuando llega un fin de semana o un puente, lejos del lunes, es fácil soñar, hasta que llega éste inexorablemente y, con él, la realidad. “Somos dioses de papel en libertad condicional”, escribí hace tiempo para una canción de Luis Rico y Los Caimanes –“Altas Horas” –. Dicen que los vivos somos muertos de vacaciones. La frase se atribuye al dramaturgo y poeta belga Maurice Maeterlinck, aunque otros la ponen en boca del poeta y farmacéutico zamorano León Felipe –“Empieza por contar las piedras, luego contarás las estrellas” – o, incluso, en la del revolucionario ruso Vladimir Illich Lenin –Jean-Luc Godard en una escena de su film “Al Final de la Escapada”, 1960 –… No me pegaré con nadie por ello en cualquier caso… Muertos de permiso. Espejismos, como los muertos de Dubliners (1987), la última película de John Huston, sobre la historia “Los Muertos” incluida en una serie de cuentos bajo el título de “Dublineses” con los que James Joyce ponía en solfa la historia moral de Irlanda, un mundo aislado de la realidad pujante. “La nieve caía por toda Irlanda (…) Caía también en la colina del cementerio solitario en que yacía enterrado Michael Furey. Se amontonaba espesa sobre las cruces y lápidas torcidas, en las lanzas de la pequeña verja, sobre los espinos resecos. Su alma fue desvaneciéndose mientras oía caer la nieve tenuemente por todo el universo y tenuemente caer, como el descenso de un último ocaso, sobre todos los vivos y los muertos”, medita Gabriel Conroy cuando su esposa Gretta le confiesa que recuerda a un antiguo –y gran –amor de juventud truncado por la muerte. “Escogí Dublín para escenificarla porque esa ciudad me parecía el centro de la parálisis”, explicaba James Joyce. Como ahora, país doblemente rescatado en la tempestad de la crisis global. Como Madrid, como España, en el centro del huracán. Madrileños –Los Muertos –se podría llamar en 2012. Muertos en fuga. Llega un puente o el fin de semana de turno y miles de madrileños salen escopetados de la ciudad, como si el éxodo pudiera salvarles del naufragio; hasta que llega el domingo por la noche y con él el retorno al hoyo furibundo, donde quieren convertirnos en abejas: esos animales casi humanos, “poseídas por el sentimiento del deber (…) La desesperanza está basada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza en lo que no sabemos, que es todo”, como escribió el anteriormente citado Maurice Maeterlinck en su brillante “La Vida de las Abejas”. “No quiero ver las noticias”, dicen muchos, como si ello les librara de la degollina. La técnica del avestruz. Como la del náufrago del chiste al que los aborígenes de una isla engañan diciendo que si le atacan las aves “come cocos” debe enterrar la cabeza en la arena hasta que se vayan. Acto seguido exclaman que estas aves vienen y él entierra la cabeza, le bajan los pantalones y le


sodomizan, mientras él contesta: “Seguid picando, seguid picando, que hasta que lleguéis al cerebro”… Sólo afrontar la realidad y coger el toro por los cuernos puede salvarnos, aunque muramos en la embestida. Muertos, sí, porque al final todos estaremos muertos. Somos muertos de vacaciones en esta vida. Muertos de permiso, pero mientras duren estas vacaciones vivamos con gallardía, como los miembros del Grupo Salvaje –The Wild Bunch, 1969 –de Sam Peckinpah. Los personajes del film de Peckinpah están marcados por un pasado más o menos glorioso que sobreviven como pueden bajo un halo de esperanza de conseguir una vida mejor, con el deseo de llegar a ser buenas personas: “Todos soñamos con volver a la niñez. Aún los peores de nosotros. Quizá sobre todo los peores”, resume William Holden en la frase más emblemática de la cinta. O murámonos de risa si lo prefieren, ya que los que han originado esta crisis se parten de la misma viendo como otros pagan sus deudas, pero no vivamos muertos de miedo, ni refugiados en la indiferencia con la que a menudo contemplamos los noticiarios sobre el Tercer Mundo, toda vez que el Primer Mundo, de puro reducido, se debería llamar ya el Primer Barrio, si no Barrio Sésamo. Al final, como en “Grupo Salvaje”, la gran traca final nos librará de las cargas que pesan sobre nuestras espaldas, tras beber con los camaradas recordando la amistad traicionada o, en este caso, la confianza depositada en unos dirigentes corruptos y cobardes… …“A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saber decidirse por las más hermosas”, nos enseñó Maeterlinck.


Poyamán y el rayo que no cesa Mi amigo Jesús me envía un enlace al diario ABC que se hace eco de un informe de Emergencias 112 que reza que

“un

hombre de 53 años ‘ha

sobrevivido’ esta noche tras ser alcanzado por un rayo que le ha entrado por el escroto y ha salido por un pie”. Para aquellos que lo ignoren, el escroto o saco escrotal es la envoltura de piel que nos permite a los hombres bebernos los cubalibres sin tener que sostener los testículos con la otra mano pudiendo, de este modo, fumar. Según asegura el citado diario, el hecho sucedió en Tres Cantos (Madrid) y el paciente fue ingresado en el hospital La Paz con pronóstico de gravedad leve al determinarse que “el rayo no le ha afectado al corazón”. Cuán poca sensibilidad, como si fuera posible atender los llamados del corazón sin un pene atento y dispuesto a complacerlos. Ay, el amor… eso que inventaron los catalanes para follar sin pagar…. El texto entrecomilla la frase “ha sobrevivido”, no sé si por respetar la literalidad del mensaje o porque se entiende que un hombre sin escroto útil y el verbo “sobrevivir” son conceptos incompatibles. No aclaran cómo le pudo entrar el rayo por tan delicada zona; las malas lenguas dirán que el sujeto estaría en plena faena, es decir con el condón puesto y a calcetín quitado, y que los sanitarios lo localizaron siguiendo el rastro del olor a goma quemada. No en vano escuché recientemente decir a un famoso actor de cine porno que sufre gatillazos cuando piensa, porque la sangre le llega al cerebro y el riego no se concentra donde debe, es decir: en el cerebro de la bestia. Esto es lo contrario que nos sucede al resto de los hombres “normales”, a los que si la sangre se nos concentra en los vasos cavernosos del pene no nos llega al cerebro y pensamos con la… Bueno, con el cerebro de la bestia. Se han dado casos, incluso, de cianosis cerebral, con vahídos y desmayos, por falta de riego en el cerebro. A todos nos puede suceder, claro que no debe ser lo mismo decirle en la intimidad a la pareja de turno aquello de “te juro que no lo entiendo, es la primera vez que me sucede….” que poner cara de póker ante dos


experimentadas actrices porno, dos operadores de cámara, un iluminador, un director, tres maquilladores y la señora de la limpieza mirándote la zona escrotal pensando “lástima de tanta mecha desaprovechada”. En cualquier caso, leyendo este suceso mi mente ha volado a los viejos cómics de la factoría Marvel y si Peter Parker se transformó en Spider-Man tras la picadura de una araña, el doctor Bruce Banner en el Increíble Hulk por recibir la onda expansiva de la bomba Gamma, etcétera, etcétera, éste hombre se puede transformar perfectamente en un nuevo superhéroe de papel – quemado en este caso –. Poyamán, o Poya-Man, el Increíble Pene Eléctrico, el líder justiciero y vengador de todos los follardines de medio pelo… el pene que funcionaba a la velocidad de la luz… bueno, esto mejor no que en este sentido la competencia iba a ser dura –de cojones se podría escribir, pero no procede en este caso por obvias razones –porque eyaculadores precoces ya hay a punta pala, según recoge el anuario de las quejas sexuales de la féminas españolas. Leí, creo que en una columna del escritor Javier Marías, que hay un filósofo italiano llamado Rocco Siffredi, o algo muy similar al nombre del celebérrimo actor porno del que nadie confiesa en público conocer sus películas, salvo el cantante Iván Ferreiro y yo. Hace tiempo tuve una pesadilla, rodaba una escena con él rodeados de un grupo de sensuales actrices; la película se llamaba “El Gran Rocco y Pocoyó” –Sí, sí, no se ría tanto que si hubiera participado usted se llamaría “El Gran Rocco y Miniyó” –. Bien, como decía, el filósofo se quejaba de que muchos asistían a sus conferencias esperando encontrarse al actor contando sus experiencias con el francés y el griego y no a él hablando de filósofos griegos. Las comparaciones son odiosas y más vale una imagen que mil palabras. Si no me creen contemplen la fotografía de unos bonitos pechos, y luego tápenla y digan mil veces “tetas, tetas, tetas…” –El experimento también está validado para la palabra “culo” –. En efecto, no hay comparación posible. Nuestro representante más destacado en estas lides es el actor y exlegionario Nacho Vidal, quien ha fornicado con más de 1.500 mujeres, según escribió Enrique Vila-Matas en El País: “Se comporta como el que va de putas y quiere que se enamoren de él. Despliega un exquisito y humano trato feroz y, si es necesario, les dice que quiere ser el padre de sus hijos. Todas le aman y hablan bien de él, ellas le han subido a la cumbre. Un romántico en el porno


posmoderno. No ha leído a los románticos ni a Musil, sólo tres libros en su vida”. Ya decía yo: tanto leer, tanto leer… pa ná, eso no puede ser bueno… miren si no a don Quijote o a esos ratones de biblioteca miopes y paliduchos. ¿Creen que se acostarán con 1500 mujeres en su vida y las satisfarán a todas? ¡Ni de coña! A una o ninguna. Don Quijote quería llevarse a Dulcinea a un castillo para tratarla como a una princesa, pero ella se iría con Nacho Vidal para follar como una loca. No en vano afirman que Nacho Vidal tiene el falo del tamaño y grosor de un vaso largo de cubalibre, y como aseguró en el programa “Territorio Comanche” de Telemadrid Miriam Sánchez, una de las partenaires de Vidal cuando ella era actriz porno y se hacía llamar Lucía Lapiedra: “no te engañes, Cristina, el tamaño sí que importa, y cuanto más mayores nos hacemos las mujeres, más grandes nos gustan las… y para eso están los ejercicios de Heggel o como se diga”… Se refiere a los ejercicios pélvicos de Kegel, deduje yo. Tanto leer, tanto leer… pa ná. “A mí me gusta que me huelan los sobacos y hacerlo en sitios extravagantes... Tengo el nivel de testosterona alto…”, remató la guapa exactriz. “Marilyn también lo tenía, y dónde ponía el ojo ponía la bala” apostilló al respecto la escritora Roser Amills –olvidaba, creo yo, la belleza del mito erótico californiano, porque con niveles de testosterona elevados debe haber muchas mujeres que no se comen una triste rosquilla, proclamo desde mis muy elevados niveles de testosterona –. Poyamán, el pene más rápido de Madrid, volará a Munich para limpiar el honor mancillado de los hombres por la ninfómana alemana que va dejando un rastro de penes flojos por las calles de la capital bávara. Diversos medios recogen los efectos devastadores de esta “depredadora sexual”, según la califica el Daily Mail, que había sido arrestada tras raptar a un hombre y obligarlo a practicar sexo con ella ocho veces seguidas. El diario titulaba que “la depredadora había quedado en libertad con cargos y había vuelto a actuar”. Su nueva víctima, un negro que la había conocido en un autobús, fue encontrado por la policía llorando en un portal tras haber sido forzado a fornicar con ella durante 36 horas. Intentó escapar cuando ella se durmió pero “apenas podía andar”. Es lo que Rambo inmortalizó con su “no siento las


piernas”. Esto no puede quedar así, caído hasta el mito del black penis power. Toda vez que James Brown debe estar en el Infierno acosando sexualmente a las diablesas al ritmo del “Sex Machine”, Tom Jones ya está mayor para explotar su “Sex Bomb” y Rocco y Nacho están retirados, nuestra última esperanza es PoyaMan, el Increíble Pene Eléctrico, más irreductible que mi hijo pequeño cuando le digo que apague la videoconsola, para poner en su sitio a esta ministra honorífica de Interior alemana. “Las mujeres tenemos la vagina en la cabeza”, aseguraba muy seria Miriam Sánchez en el citado programa de televisión, tras años de escuchar que éramos los hombres los que la teníamos. Pero, sobre todo… ¿dónde diantres he estado introduciendo el pene yo todos estos años entonces?, me preguntaba yo escuchándola. “Lo he hecho en todas partes”, remachó Miriam. Es lo que tiene haber sido actriz porno, supongo. En cualquier caso, aprovechen la vida y vivan el feliz día a día porque este suceso nos enseña que cualquier día llega el rayo que no cesa y nos deja el escroto más negro que el tizón y con olor a goma quemada.


Curso Avanzado de Demagogia “Algo huele a podrido en Dinamarca”, Marcelo a Horacio y al príncipe Hamlet en “Hamlet”, de William Shakespeare. “Alguien ha matado a alguien y no me gusta señalar…” Miguel Gila. Demagogia: Corrupción del sistema democrático que consiste en efectuar promesas a la nación por parte de un líder político o del gobierno, que de antemano se sabe que no podrá cumplir, o bien infundir en ella miedos y falsas esperanzas para obtener o mantenerse en el poder. ¿Nuestros líderes políticos son demagogos? ¿Lo somos nosotros? ¿Las campañas electorales son algo diferente de meras campañas de marketing? ¿Las financian los mismos que luego son invariablemente favorecidos? Cuestiones a responder para un curso acelerado de demagogia: José Ignacio Goirigolzarri percibe 3 millones de euros anuales desde 2009 en concepto de prejubilación como consejero delegado en el BBVA. Es decir, lleva ingresados en sus cuentas 12 millones de euros – 2.000 millones de las antiguas, y me temo que también futuras, pesetas –desde esa fecha por tal concepto. Ha sustituido a Rodrigo Rato como presidente de Bankia –cuarta entidad financiera de España y resultado de la fusión de Caja Madrid con Bancaja, Caja Segovia, Caja Ávila, La Caja de Canarias, Caixa Laietana y Caja Rioja –. ¿Significa esto que la jubilación del señor Goirigolzarri era –es – mentira? ¿Significa que debe devolver los 2.000 millones de pesetas? –que tampoco es dinero… no nos pongamos radicales, yo hay meses que eso no lo gano –. ¿Significa que los grandes banqueros españoles se están (re)partiendo la caja con nosotros? En su discurso de despedida, Rodrigo Rato afirmó que en febrero de 2011 Bankia obtuvo “un reforzamiento patrimonial de más de 3.000 millones de euros”, que en la actualidad “el ratio de core capital –el porcentaje que una entidad tiene de capital y reservas sobre su activo– de Bankia se sitúa en el 10,6%” y que en 2011 la entidad había “conseguido unos beneficios de 309 millones de euros, además de haber adelantado más de 1.200 millones de euros de provisiones (…) El margen bruto del primer trimestre de este año ha crecido un 25% con respecto al primer trimestre de 2011. Es decir, un margen


de 1.311 millones de euros frente a 1.048 del mismo trimestre del año pasado”. Tras ello, Goirigolzarri pide la conversión en capital de los 4.465 millones de euros que inyectó el Estado a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), lo que supone la nacionalización parcial de Bankia, pues el Estado no podrá controlar más del 45% del banco. Por otro lado, el FROB dispone de 29.000 millones de euros, de los que 19.000 ya están comprometidos, por lo que los 10.000 millones de Bankia agotarían los recursos públicos del citado Fondo. Como relata Nuño Rodrigo en su excelente blog en CincoDías.com, “con cargo al programa de 2012 sólo BFA –matriz de Bankia –ha recibido avales por 12.000 millones. Con cargo al programa 2009, las cajas que formaban Bankia recibieron avales por 7.500 millones, y con cargo al programa 2008, otros 15.000 millones. En total, avales por casi 35.000 millones de euros, de los que 7.500 corresponden a emisiones ya vencidas, en las que el aval lógicamente ha dejado de ser efectivo. La suma real es, de este modo, 27.500 millones de euros”. Bankia lleva recibidos 27.500 millones de euros –no hay espacio suficiente en la columna para traducirlo a pesetas –desde 2008, cuando se hizo pública la crisis que no existía para Zetapé, el Gran Jefe Que Contempla las Nubes, y ahora Mariano Manostijeras les inyecta otros 7.000 –que acabarán siendo 10.000 –millones. Cifra que curiosamente coincide con la de los recortes en Educación y Sanidad. El presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Dívar, ha sido denunciado por un vocal del citado Consejo, José Manuel Gómez Benítez, por el presunto gasto de 5.700 euros de fondos públicos en viajes privados a Málaga, a los que se debe sumar 27.000 euros más por las dietas de los escoltas que viajaron con él a la citada capital andaluza. El acusado ha manifestado que tiene las facturas y que sus gastos “están perfectamente justificados y documentados” –lo que recuerda inevitablemente a la respuesta de Francisco Camps cuando se le acusó de haber recibido trajes gratis del Bigotes en la trama Gürtel –y que en cualquier caso la suma por la que se le acusa “es una miseria”. Desconozco, por supuesto, sus escalas.


Con carteles en la propia puerta del Metro de la Plaza del Callao y con un teléfono de contacto –672 956 699, para más señas –, se publicita un curso de fin de semana con el siguiente eslogan: “Contra la Crisis, Hazte Prostituta de Lujo” con un “temario” que incluye sexo grupal y desinhibición, felaciones, griego..., prostitución como modelo de vida o el cine X, cómo convencer al espectador. Nada dicen, por cierto, a sus futuras “alumnas” de cómo defenderse de las mafias y los proxenetas. España vive la segunda recesión económica en tres años. Uno de cada cuatro españoles está en el paro, y se suceden las actividades de timadores en la red que se ceban en la angustia y necesidad de los desempleados de larga duración, hasta el punto que el grupo Adeco ha decidido publicar unas normas para que los solicitantes de trabajo no sean estafados por estos delincuentes carentes de la menor noción de empatía. Todo esto sí que es una miseria, señoría. Zapatero I, el Oteador de Nubes, prometió “el pleno empleo” si ganaba las elecciones y asignó un cheque-bebé así como una “paga extra” de 400 euros en las nóminas que después hubo de retirar, junto a la suspensión de la revalorización de las pensiones y una reducción del 5% del sueldo ya congelado de los funcionarios, cuando la crisis que no existía pasó a existir. El INE confirmaba que “España había salido de la recesión” (2010). Mariano I, Donde Dije Digo Digo Diego, prometió reformar el IRPF “para fomentar el ahorro y la inversión”, que jamás subiría el IVA, que desarrollaría la actividad de las PYMES y de los autónomos –ahora eufemísticamente llamados “emprendedores” –que mantendría el poder adquisitivo de las pensiones de los jubilados e incluso aumentaría el de las pensiones de viudedaz, que no mermaría los sueldos de los empleados públicos, amén de que rebajaría los impuestos, “mejoraría el sistema de aplicación de la Ley de Dependencia” y de que garantizaría “la excelencia incrementando el número de ayudas o becas para los mejores alumnos”… Claro que ya en su día dijo que del petrolero Prestige sólo salían “unos hilillos” de chapapote. Uno y otro han manifestado por activa y por pasiva que no se destinaría dinero a fondo perdido a los bancos de este país. Ustedes mismos, pero entre cacería y cacería, con tiros en los pies y yernos “exideales” de por medio, responsables públicos que se gastan el subsidio de los desempleados en orgías


con coca y putas, eres que te erre, trajes sin facturas, caviar “del bueno” y aeropuertos sin aviones, se ve con nitidez en lontananza la sombra de Hamlet calavera en mano y con una pinza en la nariz, y la figura de don Miguel Gila, teléfono en mano, diciendo aquello de “alguien ha matado a alguien y no me gusta señalar…” La independencia de criterio está reñida con la aceptación de las falsas promesas de unos y otros, con las corruptelas y, por ende, con la demagogia. Aristóteles definía a la demagogia como la corrupción de la república y afirmaba que era el fin lógico para la democracia, dada la tendencia natural del pueblo a caer en las redes de los demagogos. La corrupción nos inunda en los más elevados niveles, por tanto estamos en manos de demagogos, incluso nos hemos convertido en demagogos. La salida última de la demagogia siempre es la tiranía y la dictadura, bien sea ésta de extrema derecha o de extrema izquierda. Quien olvida las enseñanzas de la historia está condenado a repetirlas… Y los nazis griegos se personan en las ruedas de prensa con esvásticas de nuevo diseño pero con el mismo mensaje que en 1930. Aunque la mona se vista de seda, mona es y mona se queda.


Viento en las velas “Pienso, luego existo” René Descartes, “Discurso del Método” (1637). “Pienso, luego estorbo” Forges, “El País” (2012) Muchos de nuestros ilustres prebostes, sobre todo económicos, se definen a sí mismos como “cartesianos”, es decir, files seguidores de René Descartes, pero es incierto porque lejos de practicar la duda metódica viven instalados en los dogmas establecidos secularmente en aras de la pervivencia de unos valores que aseguren el margen de beneficios de unos pocos en detrimento del bienestar de una mayoría. Si Descartes viviera hoy, a buen seguro estaría paseando por las aceras de la Puerta del Sol planteando dudas metódicas al sistema en lugar de sentado en una de esas tertulias radiofónicas en la que unos oráculos asalariados –que siempre aciertan a posteriori– nos martillean a diario cual gota malaya, a menudo defendiendo postulados indefendibles. Partidarios del “moi” sobre el “je”. No son cartesianos, como digo; son seguidores de Nietzsche, porque son hijos de estos tiempos nihilistas como lo fueron los años que desembocaron en la I y II Guerras Mundiales. Tiempos abonados para el irracionalismo, la vehemencia, el populismo, el dogmatismo y la demagogia. “Vivimos en lo que se llama democracia, el gobierno de la mayoría. Un espléndido ideal si fuese posible hacer que funcionara. El pueblo elige, pero la maquinaria del partido nomina, y las maquinarias del partido, para ser eficaces, necesitan mucho dinero. Alguien se lo tiene que dar, y ese alguien ya sea individuo, grupo financiero, sindicato o cualquier otra cosa espera cierta consideración a cambio (…) El hombre corriente está cansado y asustado, y un hombre cansado y asustado no está en condiciones de permitirse ideales. Necesita comprar alimentos para su familia”, le dice Harlan Potter, encarnación del dogma paradigmático, a Philip Marlowe en “El Largo Adiós”. Pero que esa corrupción sea real no la convierte en inmutable. En cualquier caso, comparto el sentimiento del cáustico detective: “Quizá sea mejor que me permita tener mis propias ideas. No son importantes, por supuesto, pero son todo lo que tengo”.


Los padres de la prima de riesgo nos dicen desde el frágil trono del Íbex 35 que no hay más salidas que las que ellos nos dictan para las crisis financieras –podríamos hablar de una sola porque en realidad siempre se trata de la misma con disfraces más o menos diferentes– que ellos mismos originan cíclicamente, “porque sí, porque vosotros no entendéis, pobres ignorantes de la vida”, en un paso más allá, en una nueva vuelta de tuerca de estos remozados líderes del Despotismo Ilustrado, sólo que en esta ocasión hay más ilustrados en las filas indignadas que en las de los líderes indignantes. Porque, además, si falla el “primun inter pares” en esta suerte de nuevo feudalismo camuflado, si no se aprecian líderes de talla notable en las filas de “la crème de la crème”, en la flor y la nata, chirrían los goznes del sistema porque si no lo son –y ya ni siquiera lo parecen– para qué sirven. El Cogito ergo sum lo ha convertido el genial Forges en “Pienso, luego estorbo”, cartesiano este sí. Porque el pensamiento exige plantear dudas, formular preguntas que pongan en cuestión las fórmulas invariables de estos maestros en privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. Y, por supuesto, eso genera malestar, inquietud a los dogmáticos. Y eso convierte al pensador en un estorbo, en un obstáculo a eliminar… Es una práctica más antigua que la propia prostitución, gran paradigma del dogmatismo: “la prostitución es el oficio más viejo del mundo y es inevitable, siempre la habrá”. ¿Por qué? ¿Acaso no va vinculada a la pobreza? ¿No se puede erradicar la pobreza? El problema radica en que la riqueza de unos pocos se fundamenta en la pobreza en otros muchos. “Tu botín es mi crisis”, rezaba una de las atinadas pancartas en la Puerta del Sol matritense. Si se consigue dogmatizar un problema y etiquetarlo con la coraza de “inevitable” se hace creer al personal que combatirlo es inútil, una guerra perdida, y esa es la primera victoria del inmovilismo. Contra ello, el libre pensamiento. “Estorbo, luego pienso; pienso, luego existo”. Hay que pelear por seguir “teniendo nuestras propias ideas”, equivocadas muchas veces o no tanto, contra estos tipos que tienen el alma cosida a un billete de quinientos euros. Luchar contra el desánimo, porque hay mucha gente que con cien millones de euros sólo han sabido comprar decepciones, como Harlan Potter, y eso es cuanto nos ofrecen y venden.


Porque estiman que todo está en venta, y quizá lo esté, pero también sé que las cosas que realmente tienen valor no tienen precio. Luchar, sí, contra los molinos de viento porque en el fondo sí son gigantes, como veía el muy lúcido hidalgo Quijano. “Porque me asusta amar, ya no sueño, ya no sueño, ya no sueño…” se lamentaba Léolo Losone. Había dejado de soñar… No dejemos nosotros de hacerlo, no dejemos de luchar. Recuerdo la frase que me dedicó un amigo comandante cuando, ya hace muchos años, abandoné el ejército: “El que un día fue soldado siempre será soldado… y morirá soldado”. Yukio Mishima concluye su magnífica “El marino que perdió la Gracia del mar” con el siguiente párrafo: “Inmerso aún en un sueño, Ryuji apuró el té tibio. Sabía amargo. La gloria, como todo el mundo sabe, tiene un sabor amargo”. ¿Cuántas veces puede girar la cabeza un hombre fingiendo que no ve?, se preguntaba Bob Dylan. Más allá de los barrotes está el mar y sobre él las nubes y el cielo azul. Fuera del calabozo el aire es puro y limpio. Se puede desalojar una plaza de personas, pero no se puede desalojar a los pensamientos. Las preguntas lanzadas al viento siguen ahí, flotando en él, mientras no sean contestadas. Se puede encerrar a las personas, pero sus pensamientos no entienden de barrotes y trascienden de ellos. The answer, my friend, is blowing in the wind, aseguraba Dylan. Sí, la respuesta está flotando en el viento, y si éste no empuja las hojas de los árboles, soplaremos, porque como reza el lema del Pirata’s, el local de mi amigo José Antonio Múgica: “Si no hay viento en las velas nos tendremos que poner a remar”.


Tanto todo para nada El rayo que no cesa impactó sobre el avión que transportaba a Françoise Hollande a Berlín, en un presagio funesto de la electrizante cita que le aguardaba al presidente francés con ese antídoto contra la lujuria que llamamos Ángela Merkel. A Hollande se le pusieron los pelos como las plumas del casco a Asterix después de beber la pócima secreta de su cantimplora. Fue la versión gala de nuestro hispánico Poyamán, el del escroto hendido por el rayo en Tres Cantos. La famosa ninfómana de Munich deja exhaustos a los hombres que se cruzan en su camino, tanto le da un autobús que una cama que un portal, y a su “cancillera” –discúlpenme por este “momento Bibiana Aído” que he tenido, no lo he podido resistir –le sucede otro tanto, sólo que a ésta le tira más fundirse países enteros –latinos a poder ser –y tanto le vale una cumbre de alto nivel que una visita bilateral o que un festival internacional de cine. Pero no nos metamos más con los alemanes, que los pobres muniqueses han perdido la final de la Champions League en su propio estadio ante el Chelsea, del mismo modo como llegaron a ella y de cómo se casa la mayoría de los jóvenes españoles: de penalti, confirmándose el viejo adagio de que los alemanes arrasan en las batallas pero terminan perdiendo todas las guerras, sobre todo contra los ingleses. Tanto se creció Hollande con la descarga eléctrica, que fue a pecho descubierto a ver a la Merkel y tanto le deprimió ésta que hubo de reunirse urgentemente con Barack Obama. Cuando le preguntó a éste cómo veía el futuro económico europeo, éste se remangó y le señaló el color de su piel por toda respuesta, aunque luego sonrió –siempre lo hace –para decirle que también hay blancura, como en sus dientes... es el yin y el yang de Obama. ¿Y por España? Bien, claro, como siempre. Desvelamos varios enigmas. Ahora que ya sabemos quién mató al padre de Dumbo sólo nos falta saber quién mató a la madre de Bambi, pero el cerco se estrecha sospechosamente. El Real Madrid ha ganado la liga, el Athletic de Bilbao y el Barça juegan la final de la Copa del Rey y el Atlético de Madrid ha ganado la Europa League. Es decir, como en el régimen autonómico: “café para todos”, trabajo para nadie y Gibraltar... español, un paraíso... fiscal, sí, pero un paraíso al fin y al cabo, y con más monos que en una granja de desintoxicación. El fútbol ha conseguido que la lideresa Aguirre se haya enfundado, sonriente y dando botes, la misma semana las camisetas del Real Madrid y del Atlético, brindándonos una tan bella como ilustrativa metáfora: un político se pone la camiseta que sea con tal de salir triunfante en la foto. Las Comunidades Autónomas más endeudadas, tras tanta petición de transparencia y de quítame allá esas pajas, resultan haber sido las gobernadas por el propio Partido Popular: Valencia, Murcia, Castilla-La Mancha, y la gobernada con tijera de hierro por CiU: Cataluña, y las directamente implicadas en el desvío del déficit español del 8,4 al 8,9% han sido, de nuevo, Valencia – que está en todos los hit parades –y Madrid. Curiosos datos, como mínimo. Mariano “Pies para qué os quiero” Rajoy dice que “no podemos gastar más dinero que el que tenemos, y que el que tenemos es el que hay” –supongo que


quería decir “había” y que ahora lo tienen nuestros muy patriotas y solidarios banqueros y demás megarricos españoles… –Muchos de ellos me imagino que toman té a las cinco con los megarricos griegos y algún que otro especulador británico en Suiza o en alguna playa de la Riviera francesa –pero éste es otro cuento –. Ahora Rajoy puede hablar no sólo ya de “la herencia recibida de Zapatero” el Nebuloso, sino también de la de las sastrerías del Corte Valenciano de Francisco Camps y sus colaboradores expertos en caviar “del bueno”; de la recibida de la televisiva Esperanza Aguirre y el Olímpico Gallardón, de la de “Consejos Doy Que Para Mí No Tengo” Dolores de Cospedal, de la del presidente de Aerolíneas Castellonenses Fabra y de la del políglota Arthur More. La expropiación de Repsol YPF terminará mal para su propio pueblo, al fin y al cabo son argentinos y llevan el tango grabado en su ADN, y la empresa – y sobre todo los beneficios –acabarán en manos de oligarcas populacheros, cuando no en manos chinas o francesas –lo más probable y, si no, al tiempo –, y nuestra crisis económica acabará aún peor, al fin y al cabo somos españoles: matándonos a garrotazos entre nosotros mientras los que la originaron –y se siguen lucrando con ella –se mueren de la risa observándonos mientras se toman unos cubatas en algún resort de lujo en alguna playa de la Costa Azul o en el Caribe y mirando cómo se engrosó el volumen de sus ya blanqueadas cuentas bancarias a costa de nuestro sudor y sangre, soñando con volver, que la patria tira –eso sí, cuando todo vuelva a estar “en orden” –porque Suiza está muy bien, pero el sol no calienta y “huele a naftalina de tanto orden, y en España huele a vino y jamoncito del bueno”. Argentina no les valdrá porque su presidenta ha vetado también el jamón ibérico de pata negra, y ha suplantado los excelentes vinos de la Rioja por otros de la Rioja argentina, en los Valles de Famatina, con la misma denominación de origen que la nuestra y, claro, eso ya no hay quien se lo trague… aunque los argentinos tienen una excelente carne de vacuno al corte, todo hay que decirlo, y eso también puntúa lo suyo. Nosotros tendremos que volver a lamentarnos por tanta sangre vertida en luchas fratricidas, de tanto ruido para nada… “Después de todo, todo ha sido nada, a pesar de que un día lo fue todo. Después de nada, o después de todo, supe que todo no era más que nada”, como cantara José Hierro en su poema “Vida”: “Qué más da que la nada fuera nada / si más nada será, después de todo, / después de tanto todo para nada”… … “Y todo era ceniza de la nada”. Post Scriptum: La letra Futura fue diseñada por el alemán Paul Renner en 1927 bajo la influencia de la Bauhaus, y los nazis la condenaron por ser una “letra degradante y decadente”, a pesar de que ellos mismos la habían utilizado en sus documentos tras que Martin Bormann “descubriera” que los caracteres góticos que eran tan de su agrado “eran de procedencia judía”.


Caridad y solidaridad. Dóminas y sadomasoquismo social La caridad es una de las tres virtudes teologales, que consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Se opone a la envidia y a la animadversión. Una actitud que combate al sufrimiento ajeno. También es caridad la limosna que se da a personas necesitadas. Solidaridad es la adhesión circunstancial a la causa o la empresa de otros. Es un sentimiento de unidad basado en metas o intereses comunes. En su doctrina social, la Iglesia católica entiende por tal al conjunto de aspectos que unen a las personas y la colaboración que alientan entre ellas. Monseñor Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española, ha señalado que si el Gobierno decide cobrarle el IBI a la Iglesia haría frente a dicho impuesto, “aunque en nuestro caso iría en detrimento de otras posibles acciones, como por ejemplo la acción de Cáritas”. Este cobro ya se realiza desde hace años y sin ningún reparo en países de no menor tradición católica que España, como Italia, que acoge ni más ni menos que al Estado Vaticano. Rouco Varela apostilló que “la generosidad de los fieles es muy grande y da para todo lo que se pueda hacer”, entroncando con la tradición secular de la caridad cristiana. La compasión, un paso más allá de la empatía y que guía los pasos de los seres menesterosos. La caridad, loable en su génesis y en su espíritu, ha servido asimismo de cómoda coartada para muchos tipos viles que aliviaban con ella una conciencia más negra que el hollín, se lucraban sin disimulo abusando del esfuerzo de sus siervos o trabajadores, y luego daban limosnas a las monjitas “para los pobres” y con ello “compensaban” lo otro. Se reduce así el significado de “caridad” a su acepción de limosna. Con ello, la caridad se convierte en un disfraz, en un eficaz instrumento para perpetuar el abuso y la injusticia social. Como sucede con muchos de aquellos gerifaltes que acuden de un tiempo a esta parte a los servicios de ciertas dominatrices a que les pongan el culo como un bebedero de patos, látigo va, látigo viene, con humillaciones de por medio, para purgar de culpas sus conciencias torturadas por los desmanes que durante el resto de la semana ellos han cometido sobre sus sufridos empleados. Redimidos por la vía del escupitajo y del taconazo en los genitales de sus penurias anímicas, lo que convierte a las dominatrices en ángeles de la guarda del infierno como las bautizó Tomi Ungerer en su libro homónimo. Estos sujetos ni siquiera son compasivos, quieren ser redimidos de sus penurias, buscan un atajo a la salvación a través de la purificación del castigo. Son autocompasivos en realidad. “Suelen ser personas que están en puestos de mando y que, por lo tanto, jamás sufren sometimientos en su vida diaria: directores de empresas, políticos, maridos autoritarios. Todos ellos compensan esta carencia con la dómina, lo que a veces la convierte en alguien más


importante que un psicoterapeuta, ya que les ayuda a resolver conflictos”, en opinión del sexólogo Lunkenheimer recogida en “Triunfos y fracasos en la metrópolis” de Sigrun Anselm y Bárbara Beck. El sadomasoquismo busca la liberación sexual por medio de la transgresión de todas las prohibiciones, de todos los tabúes, como el “liberalismo neocon” busca la liberación económica y la asunción del poder mediante la transgresión de cualquier tabú y prohibición estatal y social. Es el predominio de la individualidad por encima de cualquier pretensión solidaria, por ello el estado se convierte en el gran leviatán y el estado del bienestar en un sustento de vagos y mantenidos que lastran el vuelo del espíritu libre y “emprendedor”, el nuevo eufemismo que intenta penetrar en nuestro yo más autocomplaciente: “todos son vagos menos nosotros, somos los únicos que nos esforzamos y trabajamos”. La solidaridad emana del concepto de justicia social y de igualdad de oportunidades entre las personas de una sociedad. Es aquello de “no le des peces, proporciónale una barca, una caña y enséñale a pescar”. El uso interesado de la caridad invalida la bonanza que ésta pudiera tener, pues pasa de ser caridad cristiana a coartada acomodaticia. En una sociedad que se pretenda avanzada y justa, la caridad no debería tener cabida porque no debería ser necesaria. En su lugar deberíamos pujar por la solidaridad. Muchos confunden ambos términos interesadamente porque a los poderosos injustos les es más cómoda, gratificante y rentable una sociedad que se mida por relaciones caritativas que una sociedad que se mida por niveles solidarios, que tampoco deberíamos confundir con “igualitarios”, otro vocablo utilizado con intenciones igualmente torticeras en aras de la confusión social por parte de los radicales del otro sesgo ideológico. Quizá si no se siguieran aplicando esos extraños favores fiscales y se cobrara ese IBI, no ya sólo a la Iglesia sino también a otros muchos –como la SGAE, a la que luego no le duelen prendas en cobrar a un peluquero hasta por silbar una melodía en su establecimiento– se podría destinar esos muchos millones de euros a satisfacer necesidades sociales con un espíritu solidario, que es lo deseable en una sociedad que se quiera justa, y no sería necesario el recurso a un mal entendido espíritu caritativo. De este modo, la caridad recuperaría su verdadero ámbito personal y su auténtico significado. Por cierto, Cáritas Española –cuyo lema es “Trabajamos por la Justicia” y que está integrada en Cáritas Internationalis, organización humanitaria fundada por la Iglesia Católica en la localidad alemana de Friburgo en 1867 “para combatir la pobreza, la exclusión, la intolerancia y la discriminación” – es una confederación que tiene entidad jurídica propia reconocida civilmente, se halla inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia desde el 9 de marzo de 1981 y no debe –o no debería al menos– estar vinculada al cobro o no del IBI a la Iglesia. La procedencia mayoritaria de sus fondos es privada (el 62,13%) y su financiación pública (el 37,87%) corresponde a las


diferentes administraciones locales, autonómicas, a la Administración Central y la de la Unión Europea. Algunos de los tiburones financieros que estrangulan al mundo intentan conseguir una especie de sadomasoquismo social, construyendo un escenario que les permita hacer y deshacer con plena impunidad y sin críticas, con el visto bueno de la plebe. Ya no les vale pervertir la máxima de Charles Darwin de la selección natural de los fuertes, aplicándola torticeramente a sus fines económicos. Quieren la tarta completa, arramblar con todo y encima pasar por buenos, contar con nuestro aplauso y admiración, por eso han diseñado este plan de sadomasoquismo social en el que nos reservan el papel de prostituta o cornudo que encima paga la cama. Pero el sadomasoquismo exige plena confianza, sobre todo por parte de la parte pasiva; por eso fracasan, porque tal confianza no existe, y por eso intentan controlar los medios de comunicación y las redes sociales. Los primeros ya los tienen, las segundas… … La solidaridad, es su gran rival. Es lo que nos une y por tanto hace que una sociedad sea sólida y justa, precisamente por solidaria. Las desigualdades de oportunidades, la injusticia social, la insolidaridad en suma provocan la necesidad de la caridad. Una sociedad que se quiere avanzada se debe medir por sus niveles de solidaridad, no de caridad, que deben ser inversamente proporcionales. En una sociedad justa y avanzada, la caridad no tendría cabida, por innecesaria. Detrás de la mayoría de los actos de caridad late una mala conciencia. Post Scriptum: los datos económicos de Cáritas se pueden consultar en su página web: http://www.caritas.es


Palomitas de maíz Ninguno de los dos cumpliría ya los ochenta y cinco, pero aún tenían lucidez y conservaban cierta agilidad. Habían convivido durante cincuenta años. Ahora, él sabía que moriría en breve, tras una corta pero dura agonía que no deseaba atravesar, y ella no quería quedarse sola, vivir sin su presencia. Ella no sabía qué hacer sin él en aquel mundo ajeno, egoísta y hostil. Él había sido en cierto modo sus ojos, sus oídos y sus piernas en este mundo durante los últimos años. Ella quería morir en su casa con sus cosas… “en mi casa con mis cosas” – insistió –antes de que sus hijos o algún yerno o una nuera la recluyeran en una residencia. Por eso le obligó a que prometiera que lo haría, que no se marcharía sin ella adonde quiera que fuese. Había puesto en el microondas un cuenco con palomitas de maíz que tenían para las visitas de sus nietos. “Hoy he hecho mi maleta con tu sonrisa y con el brillo de tu mirada”, le dijo ella con su calidez habitual, entrelazando sus manos con las de su marido, y la habitación se inundó con la variada paleta de colores con que pintaron sus buenos tiempos. Cenaron a la luz de unas velas, escuchando sus melodías favoritas, paladeando un buen vino –de ésos que ya tenían prohibidos –y vistiendo sus mejores galas. Ella permaneció en la mesa tras los postres. Él regresó con su pistola Brno del 9 corto. La había limpiado y lubricado porque llevaba demasiado tiempo guardando polvo en una caja de zapatos. Tenía que hacerlo rápido o sabía que no lo haría. Esperaba que no le temblara el maldito pulso. Ella le sonrió con dulzura. Había sido la determinación de ella la que lo había convencido. En su recuerdo tenía el olor a las palomitas de maíz que comían mientras veían juntos “Casablanca”, de Michael Curtiz, que ella adoraba pero que a él no le gustaba nada –“una película llena de fallos de guión” –protestaba –“una película que debería haberse llamado Tánger y no Casablanca, pues era allí donde sucedían esas cosas”–, pero que terminaba viéndola con similar embeleso al de ella, quizá por su escena final en el aeropuerto. El sabor de aquellas palomitas de maíz que comían viendo “Con faldas y a lo loco”, con Tony Curtis, Jack Lemmon y una bellísima Marilyn Monroe, u otras películas también de Billy Wilder como “Irma la Dulce”, “El Apartamento”, “La Vida Privada de Sherlock Holmes”, “El Ocaso de los Dioses”, o “Avanti!”; “Centauros del Desierto”, de John Ford; “Desayuno con Diamantes” o “Días de Vino y Rosas”, de Blake Edwards; “Historias de Filadelfia” o “My Fair Lady”, de George Cukor; “El retrato de Jennie”, de William Dieterle, o “Laura”, la obra maestra dirigida por Otto Preminger en 1944, con Dana Andrews, Gene Tierney, Vincent Price…¡Cuántas niñas se llamaron Laura por este personaje, qué bella estaba bajo el foco en la comisaría… Gene Tierney, “la mujer más bella de la historia del cine”, como la calificó el productor Darryl F. Zanuck con total justicia… El poder hipnótico de la banda sonora de “El Padrino”, la sala del cine a oscuras y la música de Nino Rota...


Hay palomitas con sal o con azúcar, como en la vida, con aceita de oliva y con mantequilla… El aderezo modifica el sabor y la textura del alimento, pero éste siempre es el mismo, y aún siendo el mismo es radicalmente diferente en función de aquéllos, como la vida. El misterio de la sala de proyección, el olor de las palomitas de maíz… La asepsia, la frialdad del hospital, acompasada por la simpatía de alguna abnegada enfermera. Él recordaba aún la muerte de su padre entre aquellas paredes blancas, conectado a una máquina de morfina – qué ejemplaridad de hombre, él nunca tendría su coraje –y posteriormente de su madre, una planta más arriba. No, él no pasaría por aquello. Sabía que luego les juzgarían… a la ligera, sin molestarse siquiera en saber muchos de ellos. Todos somos juez y parte en este teatro del absurdo, en este guiñol en el que no sabemos de quien es la mano que nos maneja por la espalda. “Nuevo crimen machista en Madrid”, rezaría el titular de algún periódico al día siguiente. Apuntó a su cabeza y apretó el gatillo. Miró a su compañera en la silla. Una lágrima comenzó a resbalar por su mejilla izquierda, pero no había tiempo que perder. Pronto sabría si caminarían juntos por verdes praderas o a la vera del mar infinito, sin miedos ni dolorosos achaques, o si cuanto les aguardaba era la nada y todo acabaría en un fundido en negro. Al fin y al cabo, el negro es también un color más de la paleta, como decía el pintor Marc Chagall. Se sentó a su lado, cogiendo con su mano izquierda la derecha de su compañera de viaje. Introdujo el cañón del arma en su boca apuntando al cerebro y disparó de nuevo. En la habitación olía a palomitas de maíz.


Sirenas, pelirrojas y lagartos La muchacha se tendió en la orilla del mar, bajo las caricias de la brisa marina que penetraba en sus poros. El chico la contemplaba desde las rocas de la cala, atado imaginariamente a sus cabellos pelirrojos. Soñó con bajar y besarla bajo el empuje de las olas como Burt Lancaster a Deborah Kerr en “De aquí a la eternidad”, pero algo le impedía hacerlo, quizá el miedo ancestral a los dulces cantos de las sirenas. Cierto que algunos náufragos habían sido llevados por ellas a las costas sanos y salvos, pero eran muchos más los que habían perecido bajo sus encantos entre las enfurecidas olas. En la lejanía, de un aparato de radio salían los acordes de “Runaway” de Del Shannon –en realidad era mi aparato de radio –y él también se preguntaba por qué ella había huido de su lado, porque ahora él no tenía valor para bajar y fundirse con ella, y permanecía ahí, entre las rocas, al sol, como un lagarto. Ay, las sirenas pelirrojas y los lagartos… Desde Isabel Tudor –la nada virgen reina virgen que nos cascó la vencible Armada Invencible –las pelirrojas ilustres han destacado por su indómito carácter y su tozudez, retratadas a la perfección por John Ford en sus películas, sobre todo en “El Hombre Tranquilo” con la siempre espectacular Maureen O’Hara. Las pelirrojas encarnan la sensualidad en el inconsciente colectivo masculino, quizá por la blancura salpicada de pecas de su piel, el fuego que parece emanar de sus cabelleras, sus ojos claros y felinos, su generalmente tempestuoso carácter… Dicen que dan buena suerte, pero encarnan los celos – algo que me espanta y aburre a partes iguales, todo hay que decirlo –pero representan, sobre todo, la fogosidad y el morbo sexual, no en vano durante la Edad Media en muchos lugares se creía que eran brujas servidoras del diablo… será porque algún que otro sacerdote las pasó canutas con la pelirroja de turno, será porque el diablo solía –y suele –estar detrás de todas las cosas atractivas. El rojo es su color, es el color del sexo, de la pasión, del peligro… y de más cosas que ahora no citaré por no pisar charcos molestos con los que preferirían que la selección fuera la Encarnada en lugar de la Roja. Rojo y negro, Stendhal, los colores de la CNT anarquista… y de los falangistas… en fin, atajos que se unen en la misma senda, pero ésa es ya otra historia. La niña más indómita de mi niñez era la pelirroja Pippi Langstrump, la primera sueca que me turbó el sueño. Marilyn Monroe era pelirroja cuando aún se llamaba Norma Jean Baker y tenía una belleza natural y sexual, antes de ser un mito inaccesible en rubio platino y un juguete roto en manos de hombres poderosos. Se guardan muchas fotos, desnudos incluidos en Play Boy, en las que la actriz rezuma sensualidad y frescura. Ya sabemos que los caballeros las prefieren rubias, se casan con las morenas y todo eso, pero a mí sexualmente hablando siempre me han tirado especialmente las pelirrojas. Rita –Margarita Carmen Cansino –Hayworth, con su insuperable sex-appeal en Gilda con su guante y su vestido tan oscuro y


ajustado como los sentimientos de Johnny Farrell-Glenn Ford; Katharine Hepburn, la famosa “pelirroja” de Cary Grant en “Historias de Filadelfia” de George Cukor: “¡Oh, la pelirroja de siempre: ni amargura ni recriminaciones, sólo un buen izquierdazo en la mandíbula”… … Maureen O’Hara, la ya citada pelirroja irlandesa Reina del Technicolor, que encarnó a la zíngara Esmeralda que embelesó a Charles Laughton –genial Quasimodo en “El Jorobado de Notredame” de William Dieterle –y a John Wayne en “El Hombre Tranquilo” –dentro y aún más fuera del plató –, la mujer que venció al cáncer en tres ocasiones; Venus O’Hara, cuya belleza y blog admiro a partes iguales, también tiene sangre irlandesa y es pelirroja; también lo es la frágil, enigmática y bellísima Nicole Kidman, hasta que la estropearon entre Tom Cruise y la cirugía plástica; Julianne Moore y la hipersensual Jessica Rabbit – “no soy mala, es que me dibujaron así” –, con las curvas de Marilyn y los cabellos de Verónica Lake, tan rojos como su ceñido vestido; la propia e inestable Verónica Lake de “Los viajes de Sullivan” y “Me casé con una bruja”. Cuentan que su partenaire, Fredric March, celoso porque ella le robaba toda la presencia en el film, pasó a llamarla “Me casé con una zorra”. “Algo flota en el aire, pásame la pastilla para adelgazar” –le dice la pelirroj@ gord@ Edna Tumblad-Divine a su marido en la brillante “Hairspray” de John Waters, el Almodóvar de Maryland, en contra de la segregación de los negros y las obesas, de cualquier tipo de segregación en realidad. De fondo sonaba “Limbo Rock” en las calles de Baltimore… Y Lauren Bacall, que era castaña pero en mi imaginación siempre fue pelirroja, y eso vale tanto o más... Hasta la Walt Disney reincidió y, tras Jessica Rabbit, dibujó pelirroja a la enamoradiza Ariel en “La Sirenita”… Otra vez las sirenas. Las sirenas, de cuyas lágrimas surgen perlas y que mesan sus largos cabellos ondulados con peines de oro. Que igual rescatan a náufragos que surgen de las aguas para ahogar a marinos e incautos. Sirenas, primero aladas, luego fundidas en una cola de pez, de abrumadora belleza que ya hechizaban con su mortal belleza y la dulzura de sus cantos a los argonautas de Jasón y al propio Ulises. Nexo carnal entre la vida y la muerte… el eterno femenino, en suma. Seres mitológicos odiados, temidos y deseados a partes iguales, como todos los grandes enigmas de la historia de la humanidad. “¿Por dónde?” – contestaba el marino gallego a su extrañado compañero que le preguntaba porque la devolvía al mar tras haberla pescado –. Impaciente, no la llevó a tierra, no dejó que el amor obrara el sortilegio. El hombre no da tiempo a que las cosas se desarrollen, maduren y se abran ante él, su deseo fugaz es más fuerte e imposibilita que se realice el verdadero deseo. Si hay un libro bello sobre el mito de las sirenas, en mi opinión, es “El Beso de la Sirena” de Andrea Camilleri, en el que aúna de manera magistral el cuento de Hans Christian Andersen y el mito de Ulises buceando entre la


realidad y la magia con la historia de amor entre la líquida Maruzza y el terrenal Gnazio. Una obra maestra de un hombre anciano y sabio, lo que no es tan frecuente como podamos creer: un necio de noventa años atesora un gran volumen de necedad y un hijoputa de 80 años puede ser un perfecto hijoputa, pues tiene 80 años de experiencia. En “Ligeia”, Edgar Allan Poe usó de la célebre sirena para su personaje reencarnado. “La expresión de Ligeia… ¡Cuántas horas medité sobre ella! ¡Cuántas noches de verano luché por sondearla! ¿Qué era aquello, más profundo que el pozo de Demócrito, que yacía en el fondo de las pupilas de mi amada? ¿Qué era? Me poseía la pasión de descubrirlo. ¡Aquellos ojos! ¡Aquellas grandes, aquellas brillantes pupilas! Llegaron a ser para mí las estrellas gemelas de Leda, y yo era para ellas el más fervoroso de los astrólogos”. Y en “La vieja sirena”, José Luis Sampedro llama “el tiempo del lagarto” al que pasa su protagonista aletargada, tumbada al sol, hasta que se cura de una grave enfermedad, renovándose por dentro y por fuera. Con ello nos dice que hagamos lo mismo cuando atravesemos una etapa especialmente complicada, confiando en la fuerza sanadora del sol y de la observación interior…. Lagartos, seres también mitológicos, una suerte de sirenas que intermedian entre el mundo material y el espiritual en muchas culturas americanas. El problema surge cuando el sujeto tiene más hambre que el lagarto de la Magdalena –ya saben: aquél que se comía todas las ovejas de los pastores jiennenses y explotó tras comerse una piel de oveja que un preso le lanzó rellena con pólvora–. Mientras los de siempre se atiborran de ostras y Moët & Chandon en la cubierta de un yate lujoso –en comisión de trabajo, faltaría más–, la mayoría se conforma con imitar la cura del lagarto: los lunes, al sol, pero en un transbordador. ¿Y la chica y el muchacho? Buena pregunta. El 4 de octubre de 1970 murió Janis Joplin, la sirena del blues, en un gemido desgarrado entre olas de whisky, desgarro y rebeldía, sentada sobre los raíles del tren de la vida. En la radio sonaba ahora su voz quebrada cantando “Me and Bobby McGee”. El muchacho no bajó de las rocas, ya cocido como un bogavante; la chica pelirroja me sonrió con un guiño pícaro. Y me fui con ella, por supuesto. “Quizá sea una pelirroja peligrosa de las que emergen del lugar donde nacen los sueños” – resonaba una débil voz en mi interior– “Cierto que algunos náufragos fueron llevados sanos y salvos a las costas por las sirenas… y para náufrago y lagarto ¿quién mejor que yo, el caimán náufrago?”… “¡Oh, Dexter, seré como tú quieras!” –decía la Hepburn en “Historias de Filadelfia” –“No me importa cómo seas, eres mi pelirroja” –contestaba Cary Grant –¿Qué sentido tiene una pelirroja si no es homérica y peligrosa?… …Y sí, en efecto, todo fue un sueño. Y una vez que sonó el despertador, la única pelirroja peligrosa en lontananza era la prima de riesgo, de origen


irlandés, of course my horse, que ésa sí tiene más hambre que el lagarto de Jaén. Y los lunes, al sol… como los lagartos.


El atajo del padre Garralda El padre Jaime Garralda huyó de los atajos y cogió la senda más larga y dura. Jaime Garralda –no confundir con el también sacerdote Ángel Garralda – nació en 1921, es decir, tiene ya 91 años pero parece seguir teniendo 25, tanta es la vitalidad de este jesuita irreductible que durante la Guerra Civil vivió refugiado en la embajada de Francia, que se ordenó sacerdote cuando provenía de una rica familia bancaria y se alineó desde el principio en el lado de los más desfavorecidos con el único objetivo de procurarles una vida digna, en las chabolas del Pozo del Tío Raimundo y en otros puntos de España y de Sudamérica. Y con ellos sigue a través de su labor en la Fundación Horizontes Abiertos –que él mismo fundó hace más de 30 años –en las poblaciones de Albolote, Atarfe y Pinos Puente: homosexuales enfermos de sida cuando esa enfermedad era una máquina rápida e implacable de matar –hace muchos años yo trabajé en un hospital y puedo dar cumplida fe de ello: caían como moscas. Con motivo de la celebración del Día del Orgullo Gay le darán una condecoración por su labor a favor de ellos en aquellos duros días, ayudando de verdad a drogadictos a salir del foso o luchando sin descanso para que los niños que nacen en la cárcel puedan salir de sus barrotes y puedan ver también los campos, el mar, elefantes y jirafas…, y no cumplir condenas vicarias por los delitos de sus madres. Este sacerdote fue quien consiguió la instauración de módulos específicos en los presidios femeninos para madres y niños menores de 3 años, y para familias cuando el padre y la madre están cumpliendo condena simultáneamente, más núcleos de trabajo de desintoxicación de dedicación permanente en los propios centros penitenciarios en estrecha relación con la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, en una labor que va mucho más allá de meras charlas que dan otras ONG,s de mayor renombre y menor dedicación “Colega, yo estoy todo el día en la cárcel y no te conozco. La tuberculosis… las drogas no se curan con una aspirina los sábados, hay que estar a diario”. Recientemente he vuelto a escuchar su voz jovial en una brillante entrevista que le realizó el periodista Isaías Lafuente en la Cadena Ser: “En la cárcel no hay presos, hay personas privadas temporalmente de su libertad”. Garralda se mostró como es, “un jovenzuelo de 91 años”, un ser vitalista: “Para salir de la droga hay los mismos escalones que para entrar, unos los bajas y otros los subes, pero son los mismos escalones”. Un sacerdote alejado años luz de los mensajes sobre la no utilización de los preservativos: “Muchos de los que dicen esas cosas de manera tan furibunda, ¿qué dirían si recibieran una llamada telefónica diciéndoles: Hola, soy negro, mido 2 metros, tengo sida, tengo a su hija atada a la cama y voy a cepillármela: me pongo preservativo o no me lo pongo? Pues dirían: ‘¡póntelo, póntelo!’”. Igualmente alejado de los casposos mensajes de algunos de sus compañeros de gremio acerca de la homosexualidad y la prostitución: “Que digan lo que quieran, debemos hacer lo que creemos conveniente y justo”, y de los que esquilman a la sociedad, aunque muchos de ellos luego vayan a misa: “Cuando se rompe la Ley Moral, se rompe todo, cuando se pierde el sentido del


bien y del mal… que aparezcan continuamente en la televisión sinvergüenzas de primera y que haya que doblar la rodilla. Eso es inadmisible. Cuando los vemos que han tirado millones de euros… Cuando estos sinvergüenzas vayan a la cárcel, España retomará el tono de nuevo, mientras tanto la inmoralidad será la reina y todo el mundo se dedicará a robar lo que pueda. Enviamos a un pobre 9 años a la cárcel porque ha pasado cuatros papelinas de droga y dejamos a estos sinvergüenzas sueltos por robar millones y millones de euros. A la cárcel, por muy alto que pueda ser su posición en el escalafón social. Es que le han fallado los negocios, nos dicen, pues a la cárcel por haberle fallado de manera tan miserable, porque es inadmisible. Nos hemos desnortado: robar ya no es delito, nos parece normal y mientras nos parezca normal no habrá solución”. “Conste que Bankia nos ayudó mucho, pero alguien hizo un agujero tremendo en el que nos hemos caído todos”… Y ese “alguien” es quien debe pagarlo, no todos, ahora que han llegado esos “rescatadores” europeos que “jamás llegarían”, según aquéllos que se autoproclamaban “expertos levantadores de Españas”. No socializamos las ganancias, las privatizamos, mientras que socializamos las pérdidas, sin duda inmersos en la crisis ética de la que habla Garralda. Los ciudadanos no debemos pagar los desbarajustes egoístas de unos ladrones de guante blanco, pero también debemos participar activamente en esa regeneración moral. El camino de la lucha huye de los atajos, es árido y desalentador, pero la recompensa es mucha, el mecanismo de la utopía es andar, no llegar; se aleja como el horizonte, pero consigue que avancemos. Para muchos, Jaime Garralda sigue siendo “el padre de los gitanos”, algo que él recuerda “con orgullo” y que se ganó a pulso por su lucha por ellos tras el terremoto en Albolote de 1956 –le valió la Medalla de Oro de la Orden de Cisneros –. Entre 1957 y 1964 se hizo cargo en Madrid del Hogar del Empleado, una plataforma de acogida para emigrantes que llegaban a la capital en busca de un futuro. Su tenacidad consiguió la construcción de 7 residencias con capacidad para 600 adolescentes, con centros educativos, en los que ofrecerles una formación profesional, más un sanatorio para enfermos de tuberculosis. Posteriormente, su obra se trasladó a Sudamérica, comenzando por Panamá, donde su labor le hizo acreedor de su máxima condecoración nacional: la Orden de Amador Guerrero. A su retorno a Madrid en 1966 se afincó en el barrio chabolista del Pozo del Tío Raimundo por espacio de 16 años, de nuevo con el empeño de escolarizar a los más pequeños y ofrecer una formación profesional a los jóvenes y, aún más, afrontando el problema del alcoholismo y la drogadicción, sobre todo de la dependencia de la heroína. En 1978 funda “Horizontes Abiertos” para ayudar a los presos que ya habían cumplido condena a reinsertarse en la sociedad y rehacer sus vidas (con los presos trabó contacto con los estragos de sida), y a inmigrantes de todo tipo y condición. El padre Jaime Garralda distingue entre los pobres y los marginados sociales, precisamente porque ha vivido muchos años entre ellos: “El pobre es un rico sin dinero, pero su mentalidad es de rico: lee las revistas del corazón atrasadas y ve las fiestas reales en la tele; no va a ellas porque no tiene un duro pero quiere ir, y en cuanto posee dinero va; el marginado no va nunca, nadie le mira a los ojos, puede tener duros, por un atraco por ejemplo, y sigue


sin ir a esas fiestas, ésa es la gran diferencia”. En España, según afirma, la política penitenciaria es buena, y tenemos los mejores centros del mundo, pero no sabemos venderlo, podemos lograr algo que considera un hito: que el preso además de pagar por sus errores pasados logre curarse y reintegrarse en la sociedad, que es lo verdaderamente importante. El padre Jaime Garralda le dijo a Isaías Lafuente que le tuteara –al fin y al cabo sólo tiene 91 años –y le contestó que si hubiera seguido los pasos “bancarios” de su familia quizá sería un alto ejecutivo, hubiera tenido una vida más regalada, pero no habría sido más feliz: “Yo soy un petardo, un día estaba yo jugando a joven niño rico y guaperas y el Señor me dijo: 'Hala, para jesuita conmigo'... Encuentro mucha más alegría en ir a cualquier cárcel o a uno de nuestros hogares viviendo con ellos que estrenando un lamborghini”. “Ante una gran desgracia, lo primero que hago es ayudarte, y luego si quieren que me metan en la cárcel… Tengo 91 años y no tengo la guardia baja, quiero seguir ayudando”. El padre Jaime Garralda, al escoger la senda más larga y dura, ha obtenido un atajo al Cielo. Yo no sé donde estará Dios ni su hijo Jesucristo pero estén donde quiera que estén, seguro que es mucho más cerca del padre Jaime Garralda que de Rouco Varela. Yo no tengo la menor duda… Y monseñor Rouco, tampoco. Post scriptum: El padre Jaime Garralda tiene un blog bastante aconsejable: http://www.jaimegarralda.com


Tomates pochos rescatados Erase una vez un país soberano que se llamaba España. Fue un conjunto de reinos, por eso se lo llamaba “las Españas” y llegó a ser un imperio colonial. Para unos era una, grande y libre; para otros era un conjunto de varias autonomías soberanas. Tanto da una cosa u otra porque un día del verano de 2012, ese país dejó de ser soberano. Soy un enamorado de los deportes. En mi juventud, y cuando el físico me lo permitía, practicándolos –con cierta destreza el baloncesto, el rugby y el judo, y con más espíritu voluntarioso que acierto el fútbol y el fútbol sala –y de un tiempo a esta parte solazándome más en su contemplación ante la pantalla del televisor, aunque sigo practicando la natación, como buen cetáceo. Y fui redactor en varios diarios deportivos. Con ello quiero decir que nada tengo en contra de ellos, al contrario. Me gusta ver los partidos de Rafa Nadal o de la Roja, ni que decir tiene que de la selección española de balonmano y, sobre todo, de la de baloncesto, por ser mi deporte preferido. Pero huyo como el gato del agua cuando veo a los inefables políticos aprovecharse de los hitos de los deportistas de elite para distraer nuestras mentes cuando entienden que las cosas no marchan bien –como ahora, tristemente, sucede –convirtiéndolo en aquello del opio para el pueblo. Ya los emperadores romanos nos ilustraron al respecto con su famoso panem et circenses, por lo que no me extenderé al respecto. Supongo que es deseo impensable que nuestros políticos descarten voluntariamente hacerse la babosa foto de turno con los ganadores, pero al menos pido que no utilicen sus éxitos para desviar o acallar protestas por temas realmente serios como pueden ser la altísima cota de desempleo o un rescate comunitario de la nación, pues pocas cosas hay más graves que esto para un país serio, si es que las hay. Cuando los gobernantes incurren en estas prácticas, primero insultan a nuestra inteligencia, segundo, caen en la intoxicación comunicativa; tercero, se vuelven culpables de corrupción y, cuarto, dejamos de ser una monarquía, sí, pero para convertimos en una “república bananera”. No voy tampoco a retrotraerme a años pasados, pues ya lo he hecho hasta la saciedad y creo que es harto palpable mi desidia por la casta política que España viene sufriendo desde el indigno Fernando VII y más allá hasta la actualidad, con algún que otro pequeño y especialmente loable oasis tras la dictadura del general Franco. Pero el 9 de junio de 2012 se registrará como un nuevo negro capítulo en nuestra triste historia. La fecha en que fuimos “rescatados” por la Unión Europea de la pésima y delictiva gestión de muchos de nuestros más ilustres banqueros con la aquiescencia de nuestros políticos. Porque eso y no otra cosa ha sido esto, por más eufemismos que le quiera buscar nuestro ministro de Economía –no volveré a incidir de dónde proviene: Consejero asesor para Europa de Lheman Brothers –y nuestro “desaparecido” presidente del gobierno, Mariano Rajoy, el de los recortes sociales y al que por Bruselas y por España llaman el “probe Migué” –el de la canción de Triana Pura –, ellos por el estado precario de nuestras arcas y nuestra prédica pedigüeña, y nosotros porque siempre anda o escondido o a la fuga, ya sea por los garajes del Senado, del Congreso o en aviones con rumbo a Polonia


buscando el bálsamo milagroso de una victoria futbolística –fumándose un puro cohíba supongo –. El ministro De Guindos, al que por ahí llaman De Güindows, con rostro de muy pocos amigos y aún peores modales, aseguró que no se trataba de un rescate, sino de la concesión de un crédito para ayudar a sanear a la banca española –ésa misma que no hace ni cinco años era la más sólida de Europa y envidia del mundo occidental todo –. El presidente no apareció hasta 24 horas después –en uno de sus legendarios lapsus espacio-temporales –para seguir buscando eufemismos y anunciar, seguidamente, que se iba a ver el partido de la Selección Nacional contra Italia –imagino que en realidad para dictarle al presidente italiano cómo debía solicitar el próximo rescate “no rescate”, pues los trasalpinos serán los siguientes, sin duda –e intentar vendernos la medida como un chollo: “De hecho he sido yo quién ha insistido a las autoridades europeas”. Es tan chollo esta ayuda que los alemanes, británicos y franceses se pegan por que les concedan una en próximas fechas. Eufemismos al margen, repito, es un rescate. Puede no ser un pato, pero si tiene pico, plumas, va por el agua y hace “cuac-cuac” suele ser un pato. La prestigiosa revista Time insiste en este aspecto en su titular de portada del mismo día 9 de junio: “You say tomato, i say bailout” –Tú dices tomate, yo digo rescate –. Llámalo como quieras, la verdad es una. La verdad es una montaña por la que se accede a la cumbre por distintas laderas, igualmente válidas muchas de ellas, pero la cima es única. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y mientras tanto Zapatero, ¿qué? Contemplando nubes… Ya rescató él a los bancos, renegando de la que se suponía era su ideología y de los que le votaron, y todos sabemos cómo ha terminado la historia. ¿Se habrá enterado ya de que había una crisis económica de origen financiero y especulativo –como todas –en el mundo ése que lideraban él y Obama, uno a cada lado del Atlántico? Por cierto, ¿alguna vez dará cuentas el presidente estadounidense de que su déficit público de trillones –repito, trillones –de dólares terminará por salpicarnos a todos de nuevo? Las preguntas –gane, pierda o empate la Roja –siguen en el aire: ¿El dinero “desaparecido”, incluido el fundido en lingotes o tarjetas de oro, en paraísos fiscales no es realmente rastreable? ¿Cómo se conjuga una amnistía fiscal con la petición de un nuevo sobreesfuerzo sobre numerosos esfuerzos a los que sí cotizan? ¿Cómo se van a devolver los 100.000 millones de euros? ¿Quién los va a devolver, sobre todo teniendo en cuenta que inciden directamente en el déficit púbico? ¿Qué intereses habrá que abonar? ¿Cómo afrontar un déficit del 10%? ¿De esos 100.000 millones de euros no se pueden destinar ni 10.000 a Sanidad y Educación? ¿Pagamos con esto la deuda a aquellos que nos desahuciarán dejándonos sin vivienda? Asistimos, sin duda, a la segunda caída del Imperio Romano. Occidente todo siente en el cogote el aliento de los bárbaros porque los codiciosos no tienen fondo en el saco de su avaricia. Arden las calles de Roma mientras el emperador tañe su lira –o se fuma un puro cohíba –. Mientras tanto, abajo, el pueblo muere y la culpa será de los cristianos –llámenles empleados públicos,


mineros, pensionistas, como quieran, la culpa siempre será "de otros" y siempre hay un chivo expiatorio a mano –que serán echados a los leones en el circo para acallar las voces de la turba. Los que incendiaron la urbe siguen comiendo uvas y libando vino tumbados en sus reclinatorios mientras soban a las hijas prostituidas del pueblo. ¿Qué le dirían a Soraya Sáenz de Santamaría en la última reunión del Grupo Bilderberg en Estados Unidos? ¿Qué pidiera un rescate que no se llamara rescate? Suelen invitar a futuros presidentes de Estado… no le pierdan, pues, la estela a Soraya mientras don Mariano Rajoy se fuma puros en los espectáculos deportivos. Para hacer bien al amor hay que venir al sur... La Costa del Sol es, según la Europol, uno de los cinco principales puntos de la delincuencia organizada, sobre todo la relacionada con el narcotráfico, los delitos telemáticos, la pederastia y la prostitución. Mafia italiana, mafia rusa, pedófilos británicos, mafia colombiana, mafia mejicana… ¡Cuate, aquí hay tomate! No, aquí tampoco necesitamos un rescate… Llámelo tomate.


Doraemon, el gato cósmico Erase una vez un país soberano que se llamaba España. Fue un conjunto de reinos, por eso se lo llamaba “las Españas” y llegó a ser un imperio colonial. Para unos era una, grande y libre; para otros era un conjunto de varias autonomías soberanas. Tanto da una cosa u otra porque el 9 de junio de 2012, ese país dejó de ser soberano (Cap. II). Mariano Nobita Rajoy y Shizuka Sáenz de Santamaría deciden recurrir al último clavo ardiendo: la ayuda de Doraemon, el gato cósmico, y sus inventos. Zetapé ya había nombrado a Doraemon consejero en Exteriores cuando la Alianza de las Civilizaciones, cuando a Solbes se le cayó el párpado y siempre llevaba 31 de juego en el mus, pero eso fue hace muchos años, cuando la crisis que no existía sí existía pero no se veía o se veía pero no se entendía y si se entendía se negaba o al revés. Así pues, Nobita Rajoy y Shizuka Sáenz de Santamaría cogieron un automóvil “indetectable” y se sumergieron por la oreja derecha de Ángela Mein Führer Merkel –la izquierda la tiene inutilizada –, con destino a su cerebro para conocer sus planes y, de este modo, adelantarse a sus jugadas. Un plan brillante que consistía en susurrarle desde dentro de su cerebro, como un mantra, “eurobonos, eurobonos para España”. El señor Burns Montoro les había prevenido: “la Merkel os dirá: nein, nein, estáis intervenidos”, pero vosotros le contestaréis: “no es un rescate, es un tomate”. Todo estaba milimétricamente previsto, pero fueron descubiertos por Tsuneo Sarkozy, que desde que abandonó los Campos Elíseos ha perdido la erótica del poder y Carla Bruni ya no le dedica sus favores y, lo que es peor, le obliga a escuchar sus canciones, por lo que se dio a la fuga buscando el calor del recuerdo de tiempos mejores con Ángela… – “Siempre nos quedará Bruselas”, le decía arrobado, pero la teutona ya tenía otra pareja de baile –y tuvieron que esquivarle, por la nariz, pero el automóvil era un resto con defectos y el gps era un TomTom pirateado –eran españoles, al fin y al cabo –así que erraron la senda y cayeron en su estómago, hecho trizas de tanto codillo con chucrut agrio. En efecto, buscaban el cerebro de la bestia parda, perdón de la canciller, pero acabaron deslizándose por su intestino grueso ���el corazón ni lo vieron, obvio, para ello debería tener uno –quedando atrapados en su esfínter, como Bob Esfínter, ése que en la radio de Herrera dice que vive en un hueco que huele muy mal. “¡Europa ya habla alemán, ha llegado el águila, he aquí el IV Reich!”, gritó la Merkel y salieron expulsados a lomos de un tan enorme como sonoro cuesco, cayendo en una fosa aséptica, donde se encontraron con los líderes griegos, portugueses e irlandeses, que protestaban porque su mierda olía aún peor. Rajoy, ufano él, le espetó a Soraya: “Éstos sí que están mal, a nosotros nos ha pillado dentro del coche de Doraemon… además, no nos han expulsado del culo, he sido yo el que ha empujado”. “¡Amén!”, apostilló Rouco Varela desde el maletero con el cirio en la mano. La Roja, mientras tanto, le metía el cuarto gol a Irlanda entre el alborozo general, y el italiano Monti, escoltado por Don Vito Corleone, agazapados tras


una roca y prestos a coger el coche abandonado por Nobita Rajoy y Shizuka Sáenz de Santamaría para entrar por la oreja izquierda de la Merkel, acusaban a los españoles de amañar partidos. “¡Porca miseria!”, gritaban mientras se despeñaban tras chocar con el muro que cegaba el flanco izquierdo de la canciller alemana. “¡Amén!”, volvió a apostillar Rouco Varela desde el maletero… junto al banquero del Vaticano, que se encontró con monseñor al abrirlo y colarse también con el cirio en la mano. ... Entre las sombras de la caverna, el malvado Gargamel Rubalcaba intentaba envenenar a los pitufos de la Roja para que perdieran en cuartos y el gobierno no se beneficiara de la babosa foto de rigor con los futbolistas triunfadores. Como plan B tenía un arma incontestable: “los pitufos españoles van de rojo”. “España es asín”, se dijo frotándose las manos... Mientras, los que han vivido por encima de nuestras posibilidades, nos recortan por encima de todas las posibilidades y nos juzgan con triple vara de medir... Al día siguiente, Nobita Rajoy y Shizuka Sáenz de Santamaría anunciaban que no tenían una solución clara al problema, sobre todo si los banqueros españoles seguían atrapallando los 100.000 millones de leuros para ellos solos: “El botín para el que aborda” –cantaban a bordo de la Hispaniola, bajo el verde estandarte de Bankia –“ho, ho, ho y una botella de ron”. Mientras, en el siglo XXIII, los españoles viven en la miseria por los errores cometidos por Nobita en el siglo XXI… ¿Cambiará la historia? “De momento –anunció Nobita fumándose un puro desde el palco de un estadio ucranio –no tengo una solución clara… ni oscura… no tengo ninguna, pero sí unos chuches y un nuevo himno para nuestro país: Ojalá mis sueños se hicieran realidad, se hicieran realidad porque tengo un montón… Doraemon, pa,pa,rá, pa, pa, rá….”


Carpe Diem Mr. Marshall Erase una vez un país soberano que se llamaba España. Fue un conjunto de reinos, por eso se lo llamaba “las Españas” y llegó a ser un imperio colonial. Para unos era una, grande y libre; para otros era un conjunto de varias autonomías soberanas. Tanto da una cosa u otra porque el 9 de junio de 2012, ese país dejó de ser soberano (Y Cap. III). Ya están aquí, ya nos han tomateado… rescatado… o lo que sea. Ya no se atreven a decir que ha sido un éxito, no vaya a ser que venga san Markt con el mazo de madera en lugar del mazo de billetes. El Pocero huyó de España dejando urbanizaciones fantasmas y se instaló en Guinea Ecuatorial para construir nuevas Seseñas. El Pocero estadounidense pretende construir su particular Seseña en España: Eurovegas lo llama entre lametazos a la altura de sus rodillas de nuestros ínclitos representantes políticos. Finalmente dice Míster Marshall, perdón Míster Adelson, en su “n” visita a lo que entiende como república bananera de España que no dispone del dinero para construir Eurovegas y que tendrá que pedírselo a los bancos –curiosamente justo después de que la Unión Europea haya dado luz verde a nuestro rescate bancario –. La lideresa Esperanza Aguirre, muy sobrada con nosotros pero igualmente servil con este moderno míster Marshall, dice que lo que sería sospechoso es que el señor Adelson lo tuviera en los bolsillos y no hubiera de pedirlo. Pues no, señora, lo suyo es que lo tuviera en sus bancos, no que lo solicite de los nuestros “rescatados” por el fondo europeo y que se lleve los créditos a fondo perdido y que éstos no lleguen a nuestras empresas y autónomos, sino a Míster Marshall mientras nuestros políticos cantan: “Os recibimos, americanos, con alegría, ole mi mare, ole mi suegra y ole mi tía…” “El hombre no puede conocer su mente porque la mente es el único medio de que dispone para conocerla. Puede conocer su corazón, pero no quiere. Y hace bien. Es mejor no mirar ahí dentro. No es el corazón de una criatura que siga el camino que Dios le ha marcado. Se puede encontrar maldad hasta en el más pequeño de los animales, pero cuando Dios creó al hombre el diablo estaba a su lado. Una criatura capaz de todo. Puede hacer una máquina. Y una máquina que fabrique esa máquina. Y si el mal puede durar mil años es que no necesita a nadie que lo maneje”, sentencia el anciano en la impagable “Meridiano de Sangre” de Cormac McCarthy. No puedo dejar de pensar en los crasos banqueros “rescatados” con cuyo dinero piensa montarse el chiringuito colonial el señor Adelson en Cataluña o en Alcorcón, que rima…. y en sus voceros en ciertos medios de comunicación que jalean el negociete intentando moldear a la opinión pública con la opinión publicada. ¿Por qué creemos las cosas que creemos y no otras? Ésa es siempre la cuestión esencial. John Verdon, en su novela “No abras los ojos” –segunda entrega de su trilogía sobre el prejubilado inspector Dave Gurney –escribe al respecto: “Lo importante para cualquier infiltrado es ganarse la confianza”. En efecto, es el objetivo primordial. Y puesto que la mayor parte de nuestros políticos está compuesta por infiltrados de los especuladores financieros, vendernos confianza al rebaño sacrificial es su objetivo primero, de ellos y sus departamentos de comunicación e imagen. “Empieza diciendo mentiras para


conseguir lo que quiere, pero al final termina consiguiéndolo diciendo la verdad”. Pero, ¿es realmente la verdad o es un nuevo embuste? “Cuando su objetivo cree que sabe cosas sobre usted que usted no quiere que sepa, esas cosas le parecerán doblemente ciertas. Es la falacia del eureka”, sostiene Dave Gurney. Cuando nos cuentan algo nos creemos sólo un porcentaje, pero cuando creemos que lo hemos descubierto nosotros le damos el 100% de fiabilidad. Es la trampa perfecta. Y vuelvo a recordar a Bankia y el rescate que no es rescate, sino tomate. Como una cebolla con muchas capas de mentiras, como en las matrioskas rusas, mentiras ocultando nuevas mentiras para salvaguardar la realidad y conseguir el objetivo inicialmente trazado. Creemos lo que queremos creer, ésa es la cuestión. Por eso no hay peor ciego que quien no quiere ver. Comienza el verano con los líderes políticos y financieros arrimándose a los iconos deportivos patrios triunfadores en pos de la ansiada fotografía, ignorando boicots a los países que vulneran los derechos humanos. Aprovechan las victorias de la Selección de fútbol para colocar el “repago” en el medicamentazo. Todo vale, es la grandeza del “fúrbol”, que diría Ángel Villar, presidente de la Real Federación Española de Fútbol. “Merkel, Merkel, hemos venido a emborracharnos, el rescate nos da igual”, cantaban muchos de nuestros compatriotas por las calles de Kiev… supongo que planeaban quedarse a trabajar y vivir en Ucrania después del partido. Comienza el verano, con crujir de carteras, rescatando a banqueros y ahogando a pensionistas, obreros y mineros, con personas acogidas a sagrado en la Almudena y desalojadas por la policía, genocidios en Siria y con los islamistas aprovechándose del éxito laico de la Primavera egipcia Once muchachos se enfundan la elástica toja y se echan a la espalda las penurias de un país y, con su esfuerzo y victorias intentan dibujar una sonrisa en los rostros de sus atribulados compatriotas, por eso son grandes y por eso les aprecio, ésa es la verdadera grandeza del fútbol, que no del fúrbol. El fúrbol es el de los que se arriman a los futbolistas para hacerse la foto de turno y que serán los primeros en ignorarlos el primer día que pierdan: cuando dejen de ser dioses, iconos, y vuelvan a ser mortales. Ganar, ganar y ganar… y seguir ganando. No hay otra ley. Nuestros líderes políticos temen más que un mal nublado que los chicos de la Roja pierdan, pero ignoran que lo malo no es perder, sino perderse y que son ellos los que hace demasiado tiempo que andan perdidos, como vacas sin cencerro. En cuanto al resto, a menudo todo depende de “un penalti cabrón”, como en el tango, y la vida es corta, así que Carpe Diem, disfrutad el momento.


Salomé y el bosón de Higgs El bosón de Peter Higgs es la partícula elemental que existió una fracción de segundo tras el origen del universo. Tras toda gran explosión –o revolución – surge una “partícula” primigenia de la que van surgiendo otras hasta crear un nuevo –o remodelado –sistema. Los ateos limitarán el bosón a su explicación científica; los religiosos dirán que el bosón es obra de Dios; los fundamentalistas sostendrán esto y, además, verán una manzana microscópica en su interior mientras cubren de velos a las mujeres y lapidan a alguna pareja de adúlteros. Es la rueda que gira hasta el fin de los días, el tornillo sin fin. La ciencia, el sentimiento religioso sosegado, la espada y la hoguera. Lehman Brothers fue el big bang; Barclays, una derivada de Bob Diamond; Bankia, un lodo estelar en el chabolario del sur, y Rodrigo Rato, el bosón. Ya hice referencia a la novela “No abras los ojos” de John Verdon. En ella, Dave Gurney sigue la pista de un asesino que se cree Juan el Bautista y decapita a su víctima, una sensual Salomé, egocéntrica y abusadora sexual, previa víctima de similares abusos, invirtiendo el final del episodio bíblico. Cuando cercena su cabeza, coloca ésta sobre una mesa orientada a su propio cuerpo. La inteligente y bella cabeza de Jillian contemplando el cuerpo de Jillian carente de inteligencia y vana belleza. Inevitable no querer cortar la cabeza de esta banca insaciable, sólo preocupada de sí misma y en satisfacer sus propios intereses, pero nuestra banca y demás especuladores –incluidos nuestros timoratos grandes empresarios –no es Salomé ni el Bautista, sino una hidra de múltiples cabezas. Cada vez que algún nubarrón financiero flota sobre la City londinense, los líderes británicos se adelantan anunciando algún cañonazo informativo a modo de cortina de humo, como el anunciado cierre de sus fronteras a los apestados ciudadanos griegos, o se produce un nuevo ataque a la economía española, o italiana, como ha sucedido –de nuevo –coincidiendo con el escándalo de Bob Diamond y el Barclays con el Banco de Inglaterra. Mientras, la ya rescatada Irlanda se financia a precio más bajo que España, etcétera. El Códice Calixtino, la Guía Campsa del papa Calixto II para el Camino de Santiago, ha sido recuperado “en perfecto estado” tras su robo como venganza –lucrativa –por un electricista que fue despedido tras trabajar en régimen de autónomo para el Cabildo de la Catedral de Santiago… Se suceden los incendios provocados por exbrigadistas despedidos. El Códice tiene un valor incalculable… y los bosques hispanos también. Y siguen los recortes, y la hidra de múltiples cabezas, sedienta de sangre, exigiendo nuevas cabezas y sacrificios, mientras danza como la princesa idumea y se contempla autocomplaciente como la Jillian decapitada… Sacrificios a los demás, de los chivos expiatorios y de los más débiles, mientras Herodes Antipas –encarnado en nuestros políticos –sonríe entre lascivo y temeroso ante su tentadora hijastra, sentado en un trono con ruedas de oro que él cree que transita por un atajo a la opulencia cuando en realidad viaja al abismo, algo que no puede ver pues está cegado por los rayos de la soberbia, de la vileza y de la insolidaridad.


Quizá todo explosione en un nuevo big bang y surja un nuevo bosón de Higgs… en forma de nuevo banquero con dos políticos serviles a cada lado de su chequera y con miles de esclavos destinados a construir pirámides de sol a sol a su mayor gloria… o aeropuertos “peatonales”…. Unos tienen aeropuertos peatonales, otros guardan códices históricos en sus trasteros. España no es diferente, España es “asina”.


Santa Bárbara Bendita Erase una vez un país soberano que se llamaba España. Fue un conjunto de reinos, por eso se lo llamaba “las Españas” y llegó a ser un imperio colonial. Para unos era una, grande y libre; para otros era un conjunto de varias autonomías soberanas. Tanto da una cosa u otra porque el 9 de junio de 2012, ese país dejó de ser soberano… Y el 11 de julio del mismo año su presidente constató en el Congreso ante los diputados que el país había sido intervenido por potencias extranjeras. (Epílogo). Ya están aquí los men in black, los “señores de negro” que “nunca iban a venir a España”, según el ínclito míster Burns de la política hispana, es decir, el señor Montoro –“que se hunda España que ya la levantaremos nosotros”, dijo ufano y ante testigos –y ya es un hecho: la Unión Europea presta un pastizal inconcebible para sanear la que se suponía era la banca más saneada del orbe, según aseguró primero Zapatero, “el que otea las nubes”, y Rajoy, Manostijeras, después. “Es una cesión exclusiva para la banca, sin compromisos adicionales para España, por la gloria de mi madreeel, finstros pecadores de la pradera” –aseguraba Chiquito de Guindos –. Confiaba en haber tomado el atajo a la sombra europea, cuando ha emprendido el éxodo por el desierto egipcio bajo un sol de justicia… y esta vez no habrá maná que llueva del cielo ni se abrirá el Mar Rojo a nuestro paso. Según el informe anual que la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OCDE) presentó el 10 de julio en París, España será en 2012 el país con mayor tasa de desempleo y en 2013 alcanzará un 25,3% de la población activa a causa de los sucesivos –y al parecer infinitos –recortes. Además prevé que España terminará 2012 con una media del 24,5% de paro, tres puntos más que la tasa de desempleo en 2011. La edad media de las españolas al nacer su primer hijo es de 31 años, la más alta de los países de Europa, el 60% de los padres tienen más de 30 años cuando nace su primer retoño. Según preclaros líderes de la información patria –a los que no discutiré, Dios me libre –la minería española es un pozo sin fondo, altamente contaminante e inviable económicamente: “Hace más de cuarenta años, la minería del Norte no ha dejado de languidecer apuntalada por un andamio de subvenciones que, como el PER andaluz, trataban de paliar la tragedia social de unas comarcas sin horizonte paliativo. El carbón español, inferior en calidad y en tecnología a otros más baratos, malvive de una ayuda oficial que se contradice con el celebrado impulso a las energías renovables (…) Sucede que alrededor de los mineros hay una mística revolucionaria que excita la melancolía de cierta gauche divine capaz de exigir al mismo tiempo la subvención de los molinos eólicos y de los negros pozos carboníferos” (Ignacio Camacho, “El PER minero”, ABC, 11 de julio de 2012) “¡Oh atroz atrevimiento, asaz perverso y nacido de un oscuro contubernio!”, añadiría yo, qué menos. “La minería no rentable y subvencionada es como si tuviéramos que mantener las locomotoras de vapor con dinero público (…) Es lo que quieren seguir haciendo los caminantes de la Marcha Negra: arqueología industrial.


Con nuestro dinero”, apostilla Antonio Burgos (“Arqueología minera”, ABC, 11 de julio de 2012). Y es bien sabido, agrego yo, que “con nuestro dinero” lo único que cabe hacer es “arqueología financiera”, igualmente obsoleta, ineficaz y, desde luego, bastante menos honesta que sudar en las galerías extrayendo carbón de hulla. Y quizá sea todo cierto, pero lo que sí es un hecho demostrado y demostrable es que esta gente tenía un acuerdo rubricado en Real Decreto para que se les asignara una suma monetaria –perfectamente asumible, sobre todo si la comparamos con las sumas destinadas sin el menor sonrojo a La Banca Que Ríe –que ha sido incumplido y despreciado. El corte de las ayudas ha sido abrupto y sin un plan de reconversión. En cuanto a las subvenciones a las que alude tanto preclaro columnista y tertuliano, cabría preguntarse igualmente si no podemos hablar de “subvencionados” también cuando nos refiramos a aquellos periodistas que desarrollan su actividad en medios de comunicación poco o nada rentables o directamente deficitarios, y que reciben ayudas que fluyen de manera más o menos directa del erario público. En otras circunstancias y fechas se podría hablar de “estómagos agradecidos” o de “la voz de su amo”. Y sí, también “con nuestro dinero”. Dios nos libre de estas estrictas varas de medida porque, solamente a lo mejor, muy pocos son “rentables” pero desde luego todos somos prescindibles… los cementerios están llenos de seres que se creían imprescindibles y el mundo sigue girando, como en la canción. Miles de madrileños se echaron a la calle la noche del 10 de julio para hacer suyos los cantos mineros, simbolizando con ellos la repulsa general contra los recortes que sólo benefician a la saca de nuestros crasos banqueros y grandes empresarios, nunca suficientemente satisfechos, inclementes con las penurias ajenas e insolidarios en grado sumo. Los mineros me son simpáticos, no lo he de ocultar. Los hombres de la mina, como los de la mar, como los bomberos y como todos aquellos que se juegan literalmente la vida en el ejercicio de su profesión –subrayo y destaco aquí a nuestros soldados que se baten el cobre con abnegación y valor en tierras lejanas y a menudo hostiles en condiciones como mínimo modestas– merecen la admiración de todos nosotros, más allá de que en un momento puntual tengan mayor o menor razón. La mía, al menos, sí la tienen. Mucha más desde luego que aquellos otros que se lucran merced a la especulación financiera, el sudor de otros y la ruina de los demás, y que aquellos que sólo miran por su interés particular dándoles un ardite el beneficio general y aún menos que nada el de los más desfavorecidos. Martin Niemöller, excomandante de submarinos, pastor luterano y teólogo alemán que fue encarcelado por los nazis, escribió un famoso poema que se suele adjudicar a Bertolt Brecht: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista / Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio porque yo no era socialdemócrata / Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas no protesté, porque yo no era sindicalista / Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté porque yo no era judío / Cuando vinieron a buscarme, ya no había nadie más que pudiera protestar”. Niemöller, que había sido simpatizante del partido Nacionalsocialista en sus inicios, arrepentido escribió estas líneas no como poema sino como parte de un sermón para la navidad de 1946 que tituló “¿Qué hubiera dicho Jesucristo?” con el que quería alertar de lo peligroso que


resulta el silencio y la inacción cómplices cuando surgen los movimientos totalitarios o las injusticias. Y no puedo evitar unirme ahora al grito minero con los oídos puestos en el sermón de Niemóller. Nos dividen a todos, buscando chivo expiatorio tras chivo expiatorio –jornaleros, mineros, pensionistas, parados, empleados públicos, sindicalistas… “todos unos vagos subsidiados”… – todos menos ellos, por supuesto, quemando naves, como los malos presidentes que inmolan a sucesivos entrenadores ante la masa social para salvar el culo y acallar las pañoladas. “Están los que luchan, esos son los que valen”, eso sí lo escribió Bertolt Brecht, y yo lo suscribo. Por eso, la multitud arropó la noche del 10 de julio a la minería por las calles de Madrid y antes por toda España, agitando la tea se ha encendido. Lo difícil será apagarla. “En el pozo María Luisa murieron cuatro mineros. Mira, Maruxina, mira como vengo yo. Traigo la camisa roja de sangre de un compañero. Mira, Maruxina, mira como vengo yo. Traigo la cabeza rota, que me la rompió un costero, que me la rompió un barreno. Mira, Maruxina, mira como vengo yo. Santa Bárbara bendita, tralara, lará, lará, tralará, patrona de los mineros. Mañana son los entierros de esos pobres compañeros. Mira, Maruxina, mira como vengo yo”. Así reza el himno de los hombres de la mina, con los que yo hoy me solidarizo, como con cuantos aquéllos se están sintiendo atracados, maltratados y ninguneados por unos gobiernos que no dudan en incumplir la palabra dada –cuán poco vale ésta ya ni el compromiso adquirido, ni siquiera cuando ha sido rubricado– con tal de bailarle el agua a los ricos y los poderosos. Pero cuando el gobernante olvida a sus gobernados más necesitados, amén de incurrir en cobardía, legitima el tiranicidio. Cuando un país maltrata a sus niños arruinando su futuro merece público desprecio; cuando veja a sus ancianos, olvidando cuanto trabajaron y dieron por su nación, se convierte en indigno de respeto y admiración. No, yo no vivo ya en un país. Vivo en un árbol: el árbol del ahorcado, donde sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, cuando amenaza pedrisco sobre los cultivos y se reza aquello de “Santa Bárbara bendita que en el cielo estás escrita con papel y agua bendita. Y en el ara de la cruz, nuestra muerte, amén, Jesús”. El hombre que reza sano tiene fe, el hombre que reza enfermo sólo está asustado. Puedes temer a la muerte, pero no sortearla; mejor, pues, hacer frente al destino a pie firme. “La protesta minera se ha desparramado por Madrid (…) Al sol de julio cualquier chispa se vuelve combustible” –teme Ignacio Camacho en su columna de ABC– No hay más que echar la vista atrás, en concreto a julio de 1936, podríamos convenir. Tenemos campos de golf en lugares donde no hay agua, tenemos aeropuertos sin aviones, tenemos a los jueces sentados en los banquillos de acusados, tenemos a responsables públicos que se funden el dinero de los parados en cocaína y prostitutas; tenemos escoltas para personajes que no merecen ser escoltados; a presidentes autonómicos que no se gastan un chavo en trajes y salen impunes; tenemos una trama de corruptelas que hace la competencia en extensión a la muralla china, surcando el país de este a oeste y de norte a sur, somos el único país de Europa colonizado por un supuesto aliado y socio europeo, pero no nos importa porque ya no tenemos ni orgullo, olvidado como tenemos al honor; tenemos banqueros megamillonarios a pesar


de que sus bancos son rescatados con dinero público y con dinero europeo a cargo de las arcas del Estado…. Pero tenemos muchas chicas guapas y cerveza, qué chollo para alemanes e ingleses ricos, que se pueden mamar y ser mamados por dos leuros… Y mi selección de fútbol es bicampeona de Europa y campeona del mundo. Llegan los Juegos Olímpicos y nuestros líderes tendrán idóneas oportunidades para colarnos de matute nuevos e indignantes recortes –medidas de ajuste, los llaman –mientras nosotros cantamos a voz en grito: ¡Yo soy español, español, español!... Admiro a los chicos de la Roja, no me malinterpreten, pero hoy por hoy prefiero rescatar a un minero, a un pescador o a un trabajador cualesquiera que a un banquero o a un especulador financiero. Por eso, ahora, mi selección lleva casco con linterna y canta Santa Bárbara Bendita… tralará, lará, lará, tralará. Que vuesas mercedes tengan un buen verano.


Esperanza y el Barón Rojo Amelie Earhart fue la primera aviadora que atravesó en solitario y sin escalas el océano Atlántico, emulando la gesta de Charles Lindberg. El bimotor Lockheed Electra que pilotaba esta estadounidense desapareció cerca de un islote de Kiribati en 1937, mientras intentaba hacer realidad su sueño de ser la primera mujer en dar la vuelta al mundo de este modo. Perdió la vida, pero no la esperanza: “Una mujer debe intentar cosas que los hombres han intentado. Cuando fracasan, su fracaso debe ser un desafío para otras”, dejó escrito. Otro piloto mítico, Manfred Albrecht Freiherr von Richtofen nació en 1892 en Breslavia –en la actual Polonia –. Murió en Francia al ser derribado el triplano Fokker que pilotaba sobre el río Somme en 1918. Tenía 26 años, pero ya era un icono: el “Barón Rojo”, aunque él prefería el apelativo del “Piloto Rojo” con el que tituló a su celebérrimo manual de vuelo. Von Richtofen, que siempre fue un caballero en combate, derribó más de 80 aviones rivales y fue despedido con los máximos honores por sus propios enemigos británicos. “Barón, héroe de cuento, amo de las nubes, señor del viento…” reza la famosa canción del grupo de rock español que lleva el alias de este mítico militar alemán. En un magnífico artículo titulado “El cuento de hadas alemán” – “El País”, 19 de julio de 2012 –, la escritora checa Monika Zgustova, autora de “La mujer silenciosa” y de “Los libros amargos del jardín de las delicias”, escribe: “Angela Merkel tiene un agudo sentido de la imagen que el pueblo alemán anhela tener de sí mismo. En su discurso que raya con el populismo, Merkel y su entorno se limitan a enviar aquellos mensajes que los ciudadanos desean escuchar: que la economía alemana es el faro del mundo, que Alemania es la locomotora universal y que "Europa ha empezado a hablar alemán". Además, repiten que Alemania es la víctima de los perezosos meridionales –esos "fiesta und siesta", con que se refieren despectivamente a los mediterráneos –, así como de los franceses hedonistas, que, en su conjunto, ordeñan esa vaca que es Alemania. A principios de julio por primera vez un alto político alemán, el presidente del SPD, Sigmar Gabriel, desveló algunas de las falsedades en las que Angela Merkel basa su política de insolidaridad con Europa, esmeradamente disfrazada de victimismo. Gabriel dijo en el Bundestag: "Es falso presentar permanentemente a Alemania como el pagador de la Unión Europea: no somos un pagador neto, sino un ganador neto. Desde la creación de la unión monetaria Alemania ha ganado 556.000 millones de euros más que los que ha destinado a ayuda financiera: somos el beneficiario neto de la UE y esto hay que decirlo claro y alto." Prosigue Zgustova: “Derrotada en dos guerras mundiales, causante de varias decenas de millones de muertos, Alemania no ha podido enorgullecerse de sí misma desde hace un siglo. Por eso, el cuento sobre la propia excelencia que le brinda su canciller ha convertido gran parte del país en una fiesta nacionalista (…) La Alemania de hoy asimiló de buen grado la falacia halagüeña de ser la abnegada víctima de Europa y con éxito la extendió por el mundo. Desde la creación de la unión monetaria Alemania ha ganado 556.000 millones de euros más que los que ha destinado a ayuda financiera (…) Para generar votos en las elecciones del año que viene, la canciller Merkel ha


escogido el camino de dividir Europa en el norte y el sur (…) Mientras que Merkel vocifera de cara afuera su "¡Más Europa!", de cara a sus votantes atiza el fuego del rencor contra los mediterráneos. Es un camino peligroso para una Alemania que, después de 60 años de intentarlo, acaba de ganarse la credibilidad en el mundo como país arrepentido de su pasado. Las heridas históricas se curan con dificultad y basta poco para que se abran”. Y esgrime que “Angela Merkel y los suyos han vuelto a una práctica tristemente conocida en el pasado: la de demonizar pueblos enteros, al griego y al español, y en menor medida al italiano y al francés (…) A Merkel, hija de un pastor protestante, le es cara esa creencia del cristianismo noreuropeo de que el sufrimiento regenera. Suponiendo que a nivel moral esa dudosa hipótesis fuera cierta, en economía resulta tajantemente errónea, como lo demostró en su día Keynes. Mientras que el excanciller socialdemócrata Gerhard Schröeder se esforzó por una cierta mediterraneización de la imagen de Alemania, la conservadora Merkel hace lo contrario: vuelve a las raíces, a la tradición más rancia del protestantismo, a ese lema con el que se educa a los niños alemanes: “Trabaja duro y ahorra”, y lo exporta fuera de Alemania. El mundo se rebela contra sus recetas, pero para esa implacable dama de alma euroescéptica las protestas universales no son más que un excitante reto al que no hay que hacer mucho caso”. Concluye la escritora checa con el público deseo de George Soros de enfrentarse a la canciller y sus políticas para “evitar que Europa se vaya convirtiendo en un imperio alemán. Esa sería una buena noticia para todos”. El también escritor Gustavo Martín Garzo nos recuerda que Natalia Ginzburg escribió que deberíamos enseñar a nuestros hijos las grandes virtudes en lugar de las pequeñas: “No el ahorro, sino la generosidad y la indiferencia ante el dinero; no la prudencia, sino el coraje y el desprecio por el peligro; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; no la diplomacia, sino el amor al prójimo y la abnegación; no el deseo del éxito, sino el deseo de ser y de saber”. Ángela Merkel no ha leído a Ginzburg o, si lo ha hecho, no comparte sus máximas en modo alguno. Está mucho más próxima a las arengas de Joseph Goebbels y su “Alemania, Alemania sobre todo”. “Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”, escribió el novelista libanés Khalil Gibran. Todos tenemos esperanzas de que la situación se revierta, al menos yo la sigo teniendo. Esperanza, sí ya sé: esa puta que se viste de verde y al final siempre nos falla o nos vende. Pero no me resigno a perderla, a pelear por ella, aunque de momento nos ignore, nos contemple con desdén o con indiferencia mientras baila un chachachá. Adolf Hitler decía que nunca “jamás seré, en ningún caso, un funcionario”, ¿les suena? Sí, ahora está de moda de nuevo. Demonizaciones populistas. Esa sola frase dicha por el führer hace que me sienta orgulloso de ser un empleado público, y bailaré un chachachá… ¿Hitler sabría bailarlo o su estreñimiento pangermánico se lo prohibía? No, él prefería gasear niños. El cadáver de Von Richtofen fue despedido con todos los honores por sus enemigos británicos. En su lápida escribieron: “Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor. Que descanse en paz”. Él pilotaba por su patria, combatía con honor por ella, volaba por la gloria bajo la luz del sol. Adolf Hitler se suicidó entre sombras, acosado como una alimaña por las tropas de otro monstruo en ciernes, Josef Stalin, en su búnker berlinés. Su


cerebro enfermo fue perforado por una bala compuesta de megalomanía y paranoia a partes iguales. Nadie le rindió honores, no fue ni un caballero ni un guerrero, sólo un loco peligroso y mezquino que gaseó a ancianos, niños y mujeres en campos de exterminio, movido exclusivamente por su ansia de apoderarse de su dinero, robarles el oro hasta de los dientes, los relojes y las pulseras, todo ello tras un disfraz de leyendas teutonas y vikingas, ideologías extremistas y un nacionalismo exacerbado. Pero los nazis sólo querían dinero. Siempre se trata de dinero, como ahora. Sólo dinero. Vil metal. Sostenía Samuel Johnson que siempre debemos esperar, “aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción”. Debemos afrontar los desafíos de la actualidad con el talante de Amelie Earhart a bordo de su Lockheed Electra o del “Barón Rojo” en su Fokker, nunca bajo las sombras terribles de Hitler o bajo el pánico y la mezquindad que nos propone esta canciller carente de cuello y de empatía, expendedora de desprecios raciales que ocultan groseramente la obtención de mayores réditos monetarios a costa de la ruina de los países circundantes. Dinero, sólo dinero. Vil metal. El IV Reich se acerca, posiblemente el águila despliegue de nuevo sus alas sobre Europa, y sólo la libertad y la contestación pueden domeñarla, como antaño, al abrigo de la esperanza, aunque ahora sólo parezca saber bailar chachachá.


Orillas del mar “Dejadme llorar, orillas del mar”, escribió Luis de Góngora relatando el pesar de una joven al ver partir a su amado a la guerra: “Dulce madre mía, / ¿Quién no llorará, / aunque tenga el pecho / como un pedernal, / y no dará voces / viendo marchitar / los más verdes años / de mi mocedad?” “Dejadme llorar, orillas del mar”, declamaba en los años 80 Pablo Carbonell al frente de Los Toreros Muertos. Pero ésa era otra historia que a mí, personalmente, me gustaba más: “El mar se extiende antes mis ojos mientras mis piernas entran dentro de él / La arena de la playa acaricia las plantas de mis pies / Voy a construirme una casa secreta / mi madre no sabrá dónde está / La voy a meter dentro de un vuelo de gaviotas / y en él me internaré dentro del mar / Dejadme llorar, orillas del mar, dejadme llorar”. Aletargado y bostezante recordaba ambas letras mientras veía morir las olas besando la arena de la playa en la que me encontraba. Y pensaba en esta juventud española que veo emigrar como antaño hicieron nuestros padres y abuelos en busca de un futuro que aquí se les niega por obra y gracia de nuestros próceres políticos y banqueros, que son quienes constituyen la verdadera generación “Ni-ni” de España, porque ni quieren ni pueden ni saben, aunque quisieran o pudieran, solucionar la crisis que a todos nos ahoga con mayor virulencia que si nos debatiéramos entre las olas de un temporal en alta mar. Y lloro, como la plañidera moza gongorina, viendo marchitar esos verdes años de la mocedad, como los de la generación devastada a la que cantaban The Who en Baba O’Riley: “teenage wasteland”… Quizá sólo sea un sentimiento de vacío adolescente, pero son millones de jóvenes y mayores todos ellos desperdiciados por culpa de unos mentecatos, en el mejor de los casos, o por unos corruptos o por ambas cosas en el peor de los supuestos. Veo en sus comparecencias públicas en televisión, en sus miradas de conmiseración, la soberbia de la necedad. Y vuelve el grito juvenil: “No necesito ser perdonado para probar que estoy en lo cierto”. Veía jugar juntos en la playa, construyendo castillos de arena, a niños españoles y alemanes y, en verdad, me entraban ganas de llorar pensando en su futuro, en su presente en realidad. Clamaba Pablo Carbonell: “Cuando era pequeñajo mi madre me mandó a buscar trabajo –como hacen ahora nuestros políticos con nuestros jóvenes licenciados –Y en la primavera yo cogía los dátiles de las palmeras / para que mi familia se los comiera / Me iba a la playa a coger cangrejos que devoraba mi asqueroso viejo –como hacen ahora nuestros banqueros –Dejadme llorar, orillas del mar, dejadme llorar”. Mario Conde anuncia que se presentará como candidato a la presidencia del país. No es de extrañar, a tenor de lo que vemos a diario. En el país de los ciegos, el tuerto es rey. Los políticos del PP/PSOE afirman que nada tienen que decir al respecto. Es aún menos de extrañar. Los años 80 españoles son como los 60 anglosajones, sólo que allí dieron a The Beatles, The Rolling Stones o The Who y aquí dieron a Los Pegamoides.


Allí los reality los protagoniza Ozzy Osbourne (Osborne en sus primeros vinilos, por cierto); aquí, lo hacen Alaska y Vaquerizo – ¿A alguien le importa realmente si dicho sujeto es gay, supergay o supernova? Si así fuera deberíamos hacérnoslo mirar como país. Dicen que somos una nación divertida, yo creo que la línea que separa eso de mediocre es muy fina –Cierto que aquí los 80 también nos dieron a Antonio Vega y sus Nacha Pop o a los hermanos Urquijo y sus Secretos. En cualquier caso, yo prefería a los Leño del tío Rosendo, los Barón Rojo del Sherpa, los Topo o los Asfalto, barriobajero que es uno. Vuelvo al mundanal ruido y nada cambia: el sonoro silencio de la comunidad internacional ante las masacres en Siria, la nuclearización de Irán, la desestabilización del siempre inestable Líbano, banqueros españoles que compran dinero al 1% al BCE y lo revenden al 6,5%; es decir, ejerciendo usura, esa práctica que condenó la propia Iglesia en la Edad Media; el regreso de Urdangarin a Euskadi en su exilio mallorquín; un ministro de Industria (José Manuel Soria) que muy serio nos exhorta a no veranear en el extranjero con el contundente argumento de que nos encontraremos “con mosquitos”; británicos que “permiten” a nuestros pesqueros faenar en “sus” aguas de Gibraltar; plagas de medusas –porque nos hemos cargado a sus depredadores naturales –y que se comen las larvas de los peces; las inevitables fotos de nuestros sonrientes próceres con los atletas en los Juegos Olímpicos –con los que han ganado medalla, por supuesto, no con el ciclista al que se le rompió la cadena ni con el corredor que quedó en el puesto 22 –; el dirigente de las Jóvenes Generaciones del PP que acude para financiar al líder opositor cubano y se lo carga en un accidente de tráfico… el servicio de contraespionaje castrista no lo hubiera hecho mejor ni adrede… Dejadme llorar, orillas del mar, dejadme llorar. Contemplo el rostro sereno de mi hijo pequeño durmiendo plácidamente en la cama y es entonces cuando siento que soy plenamente feliz, que no me cambiaría por nada ni por nadie. Haré como en la canción, enterraré mi almohada en la playa para soñar con el mar... y con un futuro esperanzador y diferente… Dejadme soñar, orillas del mar.


Eccemono Que estamos en un país de traca, hace tiempo que lo sé. Tristemente. Nos lo montamos de tal modo que hasta nuestras recientes experiencias con Marruecos recuerdan a los viejos chistes de Gila. Siete pobrecitos, caninos de dinero, “asaltan” el Peñón de Vélez de la Gomera bandera marroquí en ristre, cual si fueran a un partido de fútbol entre el Melilla y el Nador, y son retenidos por unos soldados de Regulares en bañador con casco y porra. Y visto así por la tele, lo cierto es que suena a una película de Torrente o a un episodio de los Serrano, a los que Dios tenga en su gloria. Ciertos medios de comunicación, incluidos los llamados “serios”, se lanzan a juicios paralelos contra familias enteras, y como pueblo indignado nos damos al linchamiento sin dejar títere con cabeza, aunque no se haya dictado sentencia ni el juicio se haya resuelto. Y si tienen que pagar padres por las acciones de sus hijos –o viceversa –da un ardite. Jueces y parte. La ética periodística duerme en el limbo. Todo sea por un buen titular y ningún límite moral debe interponerse en la lucha por la sacrosanta audiencia. “Sálvame”, sí, pero de ser éticos. España arde y se quema, literalmente. A los pirómanos políticos se les han unido los descerebrados y reales incendiarios. ¿Qué pena castigaría con verdadera justicia el crimen de quemar miles de hectáreas de bosque? El señor Urdangarin pasea su atlética figura en plena libertad, con más trampas (financieras) que una película de Fu Manchú, ya vamos por seis millones y medio de euros “desviados o despistados”… y subiendo. Otro sí ocurre con el ínclito José María Ruiz Mateos, el señor de las abejas, alegando que se está muriendo, acaso por una ingestión masiva de flanes Dhul, y que él y sus hijos “viven de limosnas”; el ministro de Interior se dedica a filtrar operativos antiterroristas policiales y revelando secretos de sumario; buena parte del resto del equipo ministerial del señor Notoy Rajoy (Toycondido, para otros) se enzarza en disputas intestinas en un “y tú más… pues anda que tú”; el rey, quizá estresado porque ya no caza elefantes o porque al final debe ser él y no el presidente quien se reúna con los grandes empresarios patrios para tocar arrebato y adecentar el local, le da manotazos a su chofer porque no aparca donde él le indica, huyendo de la bronca de los funcionarios al ministro de las filtraciones; los bomberos de Madrid se pegan con las ratas en su cuartel cuando no están apagando fuegos o pitando a la alcaldesa de la Botella; Ginés Jiménez, el exsheriff de Coslada, vuelve como jefe de la policía local al pueblo al que tuvo extorsionado –el lobo cuidando el gallinero –y hay hasta quien lo ve normal… Normal en una república bananera. El amo –ya no hay empresarios ni dueños… ni jefes –de Mercadona nos reconviene diciendo que “hay que trabajar más –que se lo digan a los desempleados –y no regatear horas”. De los sueldos ya hablaremos, si eso, más tarde... algún día. Los grandes empresarios dicen –¡oh sorpresa! –que la palabra “rescate” está maldita y estigmatiza a la nación que lo solicita, y que nuestra reputación como país está en entredicho, pero ninguno de ellos se ha parado a hacer un mínimo ejercicio de autocrítica, a ver quién ha violentado en realidad a esta democracia española que apareció doncella y han tornado en prostituta callejera. Y no creo que haya sido, precisamente, la niña que vuelve a la


fregoneta tras ser operada de un tumor cerebral porque ya no tiene ni chabola en qué guarecerse en este país de expropiados. Pues nada, seamos obedientes como buen rebaño ovino, lo seguiremos llamando “tomate”, aunque ya más bien pocho. Los banqueros callan ahora; sí, esa misma banca que era la “más sólida de Occidente” y pedía eficacia y solvencia al resto de los mortales. A todos menos a sí mismos. La bronca y la pitada se han instalado en nuestras calles. Juan Manuel Sánchez Gordillo sigue su cruzada de tintes mesiánicos, a medio camino entre Mahatma Gandhi y Pancho Villa; la inflación está en el 2,7%; y se aproxima el “Ivazo”; los transportes públicos dejarán de serlo porque no habrá público que los pueda utilizar tras la próxima subida; la angelical Merkel, escoltada por su nuevo esclavo afectivo, el exsocialista Hollande, sigue prohibiendo al BCE comprar deuda española y la prima de riesgo vive instalada más allá de los 500 puntos, ante la mirada sosegada de los mismos que hablaban de traición y de ruptura y quiebra del país cuando estaba en 300 puntos; España, con el pelo en llamas y el culo anegado en las aguas del naufragio, vive abocada al rescate/tomate mientras las comunidades autónomas se tiran los trastos entre sí... …Y piden más dinero cada día al Estado, a un Estado que se lo pedirá a Alemania el mes que viene. Tirar del bote hasta que la pasta se agote, que el último que pida no pillará un duro, y menos si hay que pedírselo a la alemana sin cuello… Me dicen –y lo creo –que Ángela Merkel, alemana oriental ella, es en realidad un agente doble pagada por los rusos y los chinos para cargarse Europa. 5.023 millones de euros pide a Madrid el gobierno de Artur Más – Arthur More para los extranjeros… que no hay como saber idiomas –, pero “no daremos las gracias”, dicen en medio de este sainete a quien los quiera aplaudir, mientras el presidente de La Rioja les acusa de tener “mucho morro”. Y 5.000 millones de euros solicita la Comunidad de Valencia, sí, la que gobernaban –gobiernan –aquéllos de los trajes regalados, los circuitos de Fórmula 1 y el caviar “del bueno”. ¿Y en Italia, por ejemplo? Pues muy bien también: los mineros sardos se cortan las venas ante las cámaras de televisión para evitar que cierren sus minas… Por ello, en medio de este erial ha supuesto una bocanada de aire fresco la “restauración” del Eccehomo perpetrada por Celia Jiménez, la abuela de Borja –que dicho así suena a película de Santiago Segura – un remedo ibérico de Andy Warhol. Han hecho camisetas, etiquetas de botellas de vino y hasta crêpes con este nuevo icono mundial. 2 millones de euros llegó a ofrecer un coleccionista británico por el cuadro –claro que a los ingleses les gusta el sándwich de pepino, todo hay que decirlo –y la iglesia del pueblo jamás tuvo tantos visitantes. Tal vez la restauradora debiera pedirle una comisión del cepillo al páter, o liderar una nueva corriente iconoclasta por toda Europa… Ahora, quede bien claro que ella lo avisó: “el cura lo sabía, el cura lo sabía”, alegaba la pobrecilla en su defensa ante la cámara de televisión. Los curas lo saben todo, sobre todo en los pueblos. Dicen que el obispo está enfadado con la pintora de Borja. También lo estuvo el papa Julio II con Miguel Ángel mientras éste pintaba la Capilla Sixtina y mírenla ahora. Cierto que su obra restaurada ahora es llamada Eccemono y


que dicen que está en la Capilla Tristina, pero nada hay que quinientos años no arreglen. Es una obra de culto, en realidad, provocativa como lo fue el punk…. Hasta los restauradores oficiales quieren conservar la obra de Cecilia al lado de la original y, sin duda, sobrevivirá a ésta en la memoria colectiva. Esta mujer ha hecho una obra maestra sin quererlo, ha sido la obra de arte de “la buena intención”. La otra bocanada de risa me la proporcionó el periódico francés Le Monde, al escoger como personaje español destacado a Belén “Cómete el pollo Andreíta o me lo esnifo” Esteban; la “princesa del pueblo”, aunque aquí la risa me duró menos… porque yo me sigo preguntando: ¿la princesa de qué pueblo? Mientras tanto, un paracaidista español resultó herido de bala en una refriega que duró más de doce horas con talibanes en Afganistán. Aquello sí es serio, allí estos muchachos se están jugando la vida a diario ante la incomprensión de muchos, malviviendo en madrigueras, sabiendo que si mañana abandonaran aquellos parajes dejarían el camino expedito para una auténtica matanza casa por casa en nombre de una religiosidad fanática. Allí, como en la película de Sam Peckinpah, es donde brotan las cruces de hierro, por mucho que los políticos se las ninguneen. Y esto no es ninguna broma. Postscriptum: Los talibanes decapitaron el 26 de agosto a 15 hombres y 2 mujeres en la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán. Su delito: acudir a una fiesta.


Tristezas moñas “¡Ay mísero de mí, y ay, infelice!”, se lamenta Segismundo en su lucha entre la libertad y el destino a que está abocado en “La Vida es Sueño” de Calderón de la Barca: “¡Ay misero de mí, y ay, infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así, qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido. Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor; pues el delito mayor del hombre es haber nacido”. A veces contemplamos la sociedad desde los medios de comunicación, internet y las redes sociales, como asomados al alféizar de una ventana en un piso superior, como en el “Only You” de Yazoo, canción versionada/perpetrada por Enrique Iglesias sin ser posteriormente ajusticiado. “Faltan paredones móviles” solía exclamar un capitán que conocí en el pasado, y a veces lo pienso. Efluvios mentales producto de la canícula. “La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro”, escribió Rubén Darío en su Sonatina. No pude dejar de recordar estos célebres versos mientras, desayunando en un bar, veía de soslayo el titular que leía un hombre sentado a mi lado en un periódico deportivo: “Cristiano Ronaldo no es feliz”... “El gato que está triste y azul”, cantaba Roberto Carlos, pero en este caso nunca creí que estuviera triste, sino que el cantante brasileño estaba emporrado. En el pasado he defendido con mis escritos al futbolista luso de los ataques que se le proferían desde diversos sectores, pues creo que la envidia más cochina pésimamente disimulada se escondía tras los mismos, pues su técnica futbolística, su condición física y su capacidad de trabajo sobre el césped me parecían –y me parecen –fuera de toda duda. Asimismo, criticaba y sigo criticando los ripios ofensivos, xenófobos y sonrojantes – por la vergüenza ajena que provocan -que le cantan desde la grada muchos aficionados rivales, pues dice muy poco de ellos… en realidad es al contrario: dice mucho de ellos… demasiado. No creo que un ser humano sea superior o inferior a otro atendiendo al país de nacimiento, entre otra serie de cosas porque a nadie –que se sepa –le consultan dónde quiere venir al mundo. Y no me vale ni el argumento de que es “para que rime”. Pero la falta de humildad y de empatía con los seres de su entorno que demuestra habitualmente este muchacho encantado de haberse conocido me superan igualmente. Creo que mucho de ello se enraíza en el hecho de que su padre le bautizara como Ronaldo en honor a Ronald Reagan, suponiendo que llegaría a ser más famoso que éste. Las expectativas desorbitadas generan enormes tiranías y frustraciones. Me pregunto si este Segismundo futbolístico, – a menudo también considerado una bestia; el Bicho, lo llaman –vencerá a su destino. ¿Vencerá el hombre o la bestia? Mucho me temo que vive encerrado en su torre, más aún que Segismundo, aunque ésta sea de cristal, marfil y oro. “La gente del club lo sabe” –entrecomillaban la frase del futbolista portugués –“No me siento querido”. Pobriño. El rapaz sólo es multimillonario, guapo y tal… como él mismo se ocupó de aclararnos a todos los españolitos de a


pié no hace demasiado tiempo… y no es feliz, como el Ser Urbano de la canción de Asfalto. Se mira en el espejo de Alicia bailando y cantando “Como Cristiano no hay dos”, pero él no nació en una favela como Carlitos Marrón sino en la isla de Madeira, como Pinocho. Aunque éste tío, como no cambie, sí que será un marrón toda la vida. “Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en el lago de azur”, escribía el poeta nicaragüense. CR7 –como le gusta llamarse y que lo llamen, aunque a mí me parece que estemos hablando de un robot de “La Guerra de las Galaxias” –es un futbolista ambicioso, lo que es una virtud en el desempeño de su oficio, y corre hasta la extenuación por el césped, pero carece de humildad y jamás practica el más leve ejercicio de autocrítica. No existe más ombligo que el suyo y pierde el culo por una buena instantánea. De hecho solicitó lanzar el último penalti en la semifinal de la Eurocopa contra España para meterle el último gol a Casillas y salir así retratado en todos los diarios y televisiones del mundo, es decir, primando el interés particular sobre el colectivo, y Portugal cayó eliminada, y lo único que se le escuchó decir fue: “No es justo” o “¡Qué injusto!” o cosa similar. Dese luego no dijo: “Perdón, la he cagado”. “Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula de mármol del palacio soberbio que vigilan los guardas, que custodian cien negros con sus cien alabardas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal”. Tenía Cristiano un sueño en su corazón, como Carlitos Marrón en la canción de Carlinhos Brawn. El marrón es mi color, sé de lo que hablo. “No amenaces en vano”, me decía mi padre y me fue bien a la larga, pero a la corta me llevé más de una torta y más de dos. CR7/R2D2, está amenazando en vano. Si fuera de veras ya habría dicho cuál es el motivo de su grande y supuesta tristeza, pues nada ha dicho al respecto, jugando como los niños mimados con déficit de atención con sus padres. Cristiano Ronaldo no puede desvelar la causa de su tristeza, tendría que matar si lo hiciera, como Segismundo: “Pues la muerte te daré porque no sepas que sé, que sabes flaquezas mías. Sólo porque me has oído, entre mis membrudos brazos te tengo de hacer pedazos”. Cristiano Ronaldo no puede decirlo, por eso toca especular. ¿La saudade, quizá? ¿Tal vez que no le han dado el Balón de Oro de nuevo, esta vez ante Andrés Iniesta, que no es tan guapo y tal, pero es campeón del mundo y bastante más humilde? ¿Qué no tiene amiguitos, a lo mejor porque no tiene ni el gesto de celebrar los goles de sus compañeros de equipo o de selección? ¿Qué en 2015 se le termina la reducción fiscal del IRPF merced a la Ley 35/2006 de 28 de noviembre, más conocida como Ley Beckham y pasará de cotizar el 24% al 52% a Hacienda? –ya sabemos que Hacienda somos todos, ja,ja,ji,ji,ju,ju - ¿El ansia viva que lo devora? ¿O por qué la afición madridista – un sector importante de ella al menos –aplaude sus habilidades futbolísticas pero no le ríe las infantilidades narcisistas, sus chulerías ni sus shows de niño pera? A saber, en cualquier caso el coro mediático de turno le baila, y bailará, el agua jugando día tras día a las adivinanzas para deducir qué le sucede a este niñato que, encima, se desayunaba con la noticia de la concesión del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes a Iker Casillas y a Xavi Hernández… otro


alegrón para el delantero de Madeira. Pero, por encima de todo, con lo que está diluviando sobre las cabezas de portugueses y españoles, que Cristiano Ronaldo esté triste, contento o agridulce personalmente me la bufa. Sobre todo cuando hablamos de un sujeto que al parirlo se rompió el molde. “Como Carlitos, seguro no hay dos. Vamos a bailar esta balada sensual”, cantaba Carlinhos Brown… Como Cristiano, Cristiano Marrón… como en la Sonatina: “El jardín puebla el triunfo de los pavos reales”. “¡Ay mísero de mí, y ay, infelice!”, dice cabizbajo. ¿Podrá vencer a su destino de nacido para la gloria, ser guapo, multimillonario y orinar colonia? Al fin y al cabo el vivir sólo es soñar… Sueña el rey que es rey y Cristiano que es CR7 y este aplauso que recibe prestado, en el viento escribe y en cenizas le convierte…Sueña el rico en su riqueza, sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza. Todos sueñan lo que son pero ninguno lo entiende… porque toda la vida es sueño y los sueños, sueños son. Quiero ver el vaso medio lleno, aunque caigamos en las redes de la mafia de Eurovergas, el verdadero Terremoto de Alcorcón; soy un idealista y construyo castillos en el aire, como en la canción de Don McLean… “Vamos a bailar esta balada sensual, vamos a bailar esta balada sensual”, proclamo con Carlinhos Brown, pero en el reverso tenebroso de la Fuerza se escucha metálica la voz de Mourinho tras la máscara de Darth Vader diciéndole a Cristiano Ronaldo: “Yo soy tu padre”… … ¡Joder, ya voy entendiendo su tristeza! Y el equipo de “Sálvame” acecha. “¡Ay mísero de mí, y ay, infelice!”


Los Yébenes-Herat Miro el calendario: 6 septiembre de 2012. Observo el mapa de España y localizo un diminuto punto en él: Los Yébenes, Toledo, 6.400 habitantes. Miro el calendario de nuevo: 6 de septiembre de 2012… antes de Cristo… No, por aquel entonces eran más liberales. El calendario debe estar mal. En efecto, Los Yébenes, 6 de septiembre de 1612. Teas ardientes encienden la hoguera tras un juicio del Santo Oficio para quemar en la plaza mayor a la bruja lujuriosa poseída por el diablo. En Los Yébenes, provincia de Herat –perdón, Toledo –las mujeres no se masturban. Es un misterio insondable cómo se ha perpetuado la especie allí. Es la primera conclusión a la que cabe llegar a tenor de la reacción de un número considerable de los vecinos de Olvido Hormigos. Cabe deducir que, al menos, no lo hacen las que se rasgaban las vestiduras y la recibían con ánimo manifiestamente hostil y lapidario por hacerse un dedo en un video íntimo. Repito, en un vídeo privado y para consumo privado, no público. Contemplo en televisión, como digo, la llegada de la concejala al Ayuntamiento, donde una masa furibunda y chillona –los cobardes siempre se ocultan en la masa, eso les envalentona –profiere insultos del peor gusto contra ella –reitero que las más activas y agresivas son mujeres, curiosamente – pidiendo su dimisión, aún más diría yo: su linchamiento en plaza pública, por haber grabado un vídeo de carácter sexual destinado a su visionado en privado por su pareja. Un amigo, o expareja –me da lo mismo porque no encuentro excusa para tal acción vil, rastrera y cobarde a partes iguales –se hizo con el mismo y lo difundió por la red. Reitero: se lo robaron y lo publicaron sin permiso. Veo el vídeo en internet. La mujer –de bastante buen ver, atractiva, sexy –se está masturbando o simulando que lo hace; no sale robando al erario público, no aparece estafando a los contribuyentes, ni derivando dinero a paraísos fiscales; no parece estar lucrándose a base de eres ni con las nóminas de los desempleados; no sale inaugurando aeropuertos peatonales ni abusando de menores; sólo se está masturbando y eso basta para que la manada de puritanos/as salga de la caverna casposa abriéndose las carnes y despellejándose las lenguas ponzoñosas: Ellos/as no se tocan la cosa rosa. Al infierno, “por puta”. Pecado de pecados. Misericordia cristiana de feligrés de postal de misa de 12. A Dios rogando y con el mazo dando. La paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Aunque para pajas, las que se van a hacer muchos de los que más vociferaban contra ella. Y para bilis, la destilada por las que palidecían de envidia ante los pechos –operados o no –de la concejala. El abogado del imputado, un futbolista de Los Yébenes, lo excusa en la radio diciendo que es inocente, que tiene una relación estable con su pareja. No sé quién ha sido, tampoco me importa; me basta con saber lo que es el autor: un


cobarde y un rastrero. Villalcuerno, el barrio más transitado y sangriento de España, ése es el problema de fondo. Novios, exnovios, parejas o aspirantes a ello despechados. Sangre. El macho ibérico y la mujer casta y pura. Hipocresía pura y dura en el mayor de los casos. “Ni los malos son tan malos ni los buenos son tan buenos. Habría que preguntarle a esta señora a quién le ha enviado ese video”, concluye el abogado. Enmierdar y enredar todo, vieja y rentable táctica leguleya y política. “Lo he pensando y no voy a dimitir. Hay cosas mucho peores en política y al fin y al cabo, lo que yo he hecho no es ningún delito. ¿En qué he perjudicado yo a nadie? Soy una víctima”, ha declarado Olvido a un periódico y yo, en esta cuestión, la apoyo. En otras no lo sé porque desconozco si su gestión como concejala es buena o mala, esa sería otra historia. Olvido Hormigos al introducir su dedo corazón en su vagina lo ha metido en realidad en la llaga de nuestra conciencia hipócrita. Deberíamos hacérnoslo mirar antes de ir por esas tierras de Dios o de Alá dando lecciones de tolerancia y aperturismo. Como mínimo podíamos enviar un mensaje a nuestras tropas destacadas en Afganistán para que hermanen los pueblos de Herat y Los Yébenes, tenemos muchos más puntos en común de los que pensamos con los talibanes. ¡Ah! Lo olvidaba: Olvido no es “puta”. Puta es la que ejerce la prostitución, la que comercia con su cuerpo esperando una contraprestación económica, o la que actúa con malicia y doblez. Ella lo hizo gratis para aquél a quien ella le apeteció hacerlo. Y la robaron, en cierto modo podríamos decir que la violaron. Si atendemos a quién ha actuado respecta a ella con doblez y malicia, habría mucho que discutir sobre a quién le encajaría mejor el insulto. Sí, es una víctima y mal haremos en burlarnos o en atacarla, sobre todo las mujeres, que deberían ser las primeras en defenderla. Aflora nuestro viejo gen cultural moro, en el sentido negativo de la palabra. Vienen los talibanes cogidos de la mano de los “capillitas”. Miro el calendario: es San Patrás, patrón de los cangrejos. Postscriptum: Visionando las imágenes de la discordia, lejos de tildarla de puta, yo le diría: “de puta madre”, y que se fastidien los hipócritas, los cobardes y las envidiosas. Reciba mi humilde apoyo, señora Hormigos.


Eurojuergas Se cierra el círculo. El español Antonio Armijo descubrió el valle de Las Vegas mientras comandaba una expedición de comerciantes que había partido desde Santa Fe, dando origen a la famosa ruta comercial del Viejo Sendero Español (The Old Spanish Trail) entre Nuevo Méjico y Los Ángeles. Y ahora Las Vegas llega a España de la mano de otro aventurero comerciante: Sheldon Adelson, el dueño del imperio de los 33.000 millones de dólares, para fundar The New Spanish Trail of Game. Leo en las páginas salmón del diario El País que Eurovegas se queda en Madrid. Se inclinan por Alcorcón, en terrenos propiedad, entre muchos otros, del señor Urtinsa, de Metrovacesa, del Ministerio de Defensa y también del ayuntamiento de la citada localidad, a 95 euros por metro cuadrado. Las Vegas Sands Corporation no puede elegir la localidad de Valdecarros –los estadounidenses pronuncian fatal ese nombre –y en Paracuellos corren el riesgo de que los paracaidistas en un ejercicio de salto de la BRIPAC caigan sobre sus tapetes y ruletas. Las fichas quedarían hechas un asco y las damas del strip se escandalizarían… o se revolucionarían, nunca se sabe. Aún así, fuentes igualmente dignas de todo crédito me aseguran que la opción alcorconera es una cortina de humo y que “Sin City” recalará finalmente en Paracuellos. Tanto da, el caso es que se queda en Madrid, para mayor gloria y felicidad de Esperanza Aguirre, die spanische fhürer… Sí, yo también estoy haciendo el curso acelerado de alemán CCC (Consigue Curro Como sea) del INEM. La Generalitat, por su lado, se apresuró a decir que era ella la que se había retirado de la puja por Eurovegas: –exactamente diez nanosegundos antes de que la descartara Sheldon Adelson –y que le daban su proyecto alternativo “Barcelona World” a Enrique Bañuelos, el rey de la burbuja inmobiliaria de Astroc… Todo un “aval” por otro lado pero, escolta tu: si parla en català… En fin, de pelotazo en pelotazo. Aún hay trabas: dicen que a Rajoy le afectó el virus Solbes en su ojo derecho cuando Adelson vinculó la presencia de Eurovegas a la salida de Europa de la crisis económica, y que ya no le dejan jugar al mus por hacer permanentemente señas falsas de llevar 31 al juego. Y eso que él está haciendo cuanto está en su mano para que el resto de los españoles seamos expertos jugadores de strip póquer, con sus sucesivas subidas de IVA, rebajas de sueldos y su ley laboral. Pero seamos optimistas: Eurojuergas –por las que se van a correr algunos de nuestros líderes a su/nuestra costa –o Eurovergas, como prefieran vuesas mercedes, se queda en Madrid, con sus 12 resorts, 36.000 habitaciones, 6 casinos, 7 teatros, 3 campos de golf, 50.000 plazas en restaurantes… y sus 21.000 millones de euros en inversiones y 261.000 puestos de trabajo... Bueno, quizá no pasen de 5.700 millones (el resto lo tendrá que aportar Bankia,


Santander, BBVA y demás de los fondos del famoso tomate/rescate… No, no se rían, que para eso siempre hay dinero) y los puestos de trabajo se queden en menos de un tercio y no precisamente para la población local. Para él sí habrá crédito… y lo que menester fuere. Aguirre ya dijo que se cambiarían las leyes cuanto fuera necesario: que hay que fumar, se fuma; que hay que beber, se bebe; que hay que blanquear, se blanquea. Blanca y radiante lucirá la farlopa… lo que haya que hacer –o dejar de hacer y ver –se hace y punto pelota que éste no es un mundo para pusilánimes, y ella ha sobrevivido a caídas de helicópteros, tumores y atentados islamistas con sus calcetines blancos. El fin, los medios, los principios y todas esas zarandajas arderán cual paja en la hoguera de los dólares. Según El País, en un informe sobre narcotráfico del Gobierno estadounidense publicado en 2011 se aseguraba que “Macao –el megacomplejo de Adelson en China –es el principal mercado de juego del mundo (…) y existe riesgo de blanqueo de dinero y financiación de actividades terroristas (…) delitos de drogas, crimen organizado y apuestas ilegales (…) Pero el aspecto más preocupante del negocio de Macao son los junkets: personas o empresas que cobran por llevar a jugadores VIP a los casinos y aportan el 80% del dinero (…) Las Vegas Sands exigió en otoño a las autoridades españolas que posibiliten la figura del junket y a los jugadores VIP en España. Y no sólo: también quería que se permitiera apostar a crédito y modificar la Ley estatal de Enjuiciamiento Civil para facilitar la ejecución de deudas de juego. También deseaba cambiar la ley del impuesto sobre la ley del impuesto sobre la renta de no residentes (…) Y la norma estatal de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo, para que sólo se obligue a identificar al cliente a la entrada y cuando quiera cobrar o cambiar fichas por valor superior a 2.000 euros”… ¡Albricias! También podremos ver el bar de Rick’s y tararear la canción de marras en “Casablanca”. El truco reside en hacer las cosas “a lo grande”, como míster Adelson. Dicen que la diferencia entre un asesino, un asesino en serie y un espejo de patriotas reside en que el primero mata a una persona; el segundo, a diez, y el tercero a más de tres mil. Lo dicho, a lo grande. Si usted, emprendedor carpetovetónico, acude a un banco rescatado/tomateado a solicitar un crédito, el banquero le dirá: “Vamos a ver, piltrafilla: ¿en tu garito se puede fumar, se puede beber, se puede esnifar, tiene inmunidad fiscal y señoritas de agradable y sana compañía sexual? Pues que pase el siguiente… Siempre a sus pies y a sus rodillas míster Adelson”. La verdad es que yo no quepo en mí de alborozo. El rey del juego y los sucesores de Bugsy Siegel camparán por sus fueros por la castellana llanura. Nuestros próceres exhiben sus mejores sonrisas profidén al proclamarlo, tanto más grandes en función del porcentaje que les corresponda por la “mordida”. Nos haremos croupiers, es lo que toca, o tahúres zurdos. ¡Qué bien! Veremos a


Javier Bardem deambulando por nuestras calles con Perdita Durango, conoceremos a los personajes redivivos que encarnaron Robert de Niro, Joe Pesci, Sharon Stone y Nicholas Cage; veremos al cienciólogo y a su hermano Rain Man, a la banda de Danny Ocean trabajando y a la striper Nomi Malone cimbrear las caderas; incluso Robert Redford haciendo proposiciones indecentes, que ya no lo serán porque habremos franqueado todas las rayas rojas habidas y por haber, y cualquiera se niega a que a nuestra pareja le metan mano –o lo que proceda –por unos milloncejos de nada. Sí, amigos míos: ¡Asistiremos al rodaje de “Resacón en Alcorcón”!… … Más aún: podremos pedir también la independencia de España, aún más, la independencia de la zona Euro de Ángela Merkel, la verdadera Hell Angel, y de Europa toda. ¡Qué felices seremos como estado asociado a Las Vegas! Ahora sí tendrá motivo de verdadera queja acusándonos de estar todo el día dados al juego y el refocile sexual. El equipo de fútbol de Alcorcón (bueno, quizá tendremos que convertirlo en uno de béisbol, ya veremos) se vestirá con los colores de la bandera de Nevada. Mejor aún: con la particular de Las Vegas, añadiéndoles nuestros autóctonos pucheros al sol, los rascacielos, al avión y al desierto que ya figuran en ella. Ni siquiera tendremos que variar el amarillo de la zamarra de nuestros jugadores (escribo “jugadores” sin doble intención, conste… bueno, quizá no) y no como hará el Barça para lucir la senyera catalana. Nuestra fuerza se la deberemos a la nueva moneda: el alcordólar, de libre circulación por todos los paraísos fiscales del orbe. Seremos el santuario fiscal de la Costa Marrón; seremos como las Islas Caimán, Belice, Andorra o Gibraltar, y sin llanitos, lo que siempre es una ventaja; al menos hablaremos inglés tope guay, y no con el acento de los habitantes del Peñón de peñones invadibles e invadidos. Viviremos en el universo de las máquinas tragaperras y de las veladas de boxeo promocionadas por Don King y su pelo lacado, donde todo vale, y exclamaremos aquello tan cinéfilo de “lo que pasa en Eurovergas se queda en Eurovergas”, con un pitillo de medio lado en la boca, que ya mola fumar otra vez. Vamos a fardar un rato largo viviendo en el paraíso de la luz y del sonido, recibiendo las estimulantes visitas de Mario Vaquerizo con Alaska sin los Pegamoides. Lo malo es que aquí no tocará Elvis, quizá Loquillo… perdón, sí lo hará, que el Rey no está muerto: ¡Viva Las Vegas!


Soledades “Yo caminaba cansado, sintiendo la vieja angustia que hace el corazón pesado”. Antonio Machado, “Soledades”. “El alma ensimismada es una amiga poderosa, el espía más agónico que un enemigo pudiera enviar. Segura contra sí misma, ninguna traición puede temer; soberana de sí misma, en sí misma el alma en espanto permanece”. Emily Dickinson, “XLI, Life”.

El 16 de noviembre de 1979, más o menos un año antes del descubrimiento de los garbanzos, Status Quo grabó “Living on an Island” para el sello “Vértigo”, una canción sobre los males que aquejaban a una estrella del rock una vez que ha concluido el concierto, cuando ya se han apagado los focos, en la soledad de su habitación: “Estoy solo en mi cuarto vacío, viviendo en una isla”. Dicen que la soledad es un lugar excelente para encontrarse, pero horrible para quedarse. Soledad, aislamiento, confinamiento, el mal del siglo XXI y, antes, del siglo XX, a pesar de vivir rodeados de adelantos tecnológicos que favorecen la comunicación como nunca antes en la historia de la Humanidad: teléfonos móviles, ordenadores personales, tabletas electrónicas, multitud de emisoras de radio, televisión interactiva, las diferentes redes sociales que pueblan internet permitiendo el enlace inmediato entre personas desde los puntos más remotos del planeta… Soledades tenemos todas y son variopintas, aunque digamos "la soledad". La soledad de la Bérénice de Réjean Ducharme: “E iré a descansar, con la cabeza entre dos palabras, en el valle de los avasallados” ; la de la Berenice de Edgar Allan Poe; la soledad del vampiro, la del monstruo, la del personaje y la del escritor; la de Emily Dickinson –“¿Es Dios enemigo del amor?”, se preguntaba por los sentimientos que albergaba hacia un párroco -, la soledad de Walt Whitman, la de Cormac McCarthy en “La Carretera”, la de Borges –“Estoy solo y no hay nadie en el espejo” –la de Salinger, agazapado entre el centeno; la soledad de Antonio Machado –“un corazón solitario no es corazón” –, la de Miguel Hernández, en presidio y aún antes; sí... la soledad de Poe, la del alcohólico que canta en The St. James Infirmary Blues por su joven amada muerta, a la que un día se unirá bailando en su cortejo funerario bajo los sones de una banda de jazz, por supuesto en Nueva Orleans, siempre Nueva Orleans, con su sombrero Stetson. La soledad del amante abandonado o despechado; la del amante esperanzado… La soledad pura y la puta soledad. La soledad que jamás nos contradice ni cuestiona; la soledad de senos turgentes y largos cabellos dorados ondulando al viento, la soledad con sabor a gloria, la soledad que apesta a derrota, la soledad del héroe en la épica, la del mártir, la del luchador, la del amo, la del esclavo; la del genio, la del superdotado, la del minusvalorado. La soledad del inadaptado, del excluido. La soledad de los elegidos, el castigo de los dioses. ¡Oh, soledad, celosa, ansiosa de risas, dueña de quebrantos, por favor, no me ames tanto!


La soledad temblorosa y la temida soledad. La condena en soledad, la soledad buscada, la soledad que nos acecha y la soledad que nos encuentra. La soledad que se viste de negros tules, la del huérfano y la de la viuda; la soledad entre muros acolchados, con el abrazo de la camisa de fuerza. La soledad cobarde, la ansiosa, amante de silencios y penumbras; la soledad de los números primos gemelos; la soledad que llena burdeles y alumbra farolas en las calles; la soledad del suicida y la del asesino. La soledad fatigada, la del anciano, vacía de personas y caricias, plena de recuerdos e imágenes viradas a sepia, del sonido del silencio. La soledad del que odia y del que es odiado, la del que ama y no es amado, la del que no quiere pero es querido. La soledad de Marilyn Monroe. La soledad del mando, la del náufrago debatiéndose fatigado entre las olas en la noche estrellada; la soledad del centinela, la del caimán sonriente y silencioso, la soledad del monje y la del pajillero; la soledad del que deambula sin rumbo rodeado por la multitud en la gran ciudad, la soledad del diferente, la de la oveja negra, la del corredor de fondo, la del ciclista fugado y la del rezagado; la soledad del rebelde con causa o sin ella; la del que silba sentado en el malecón de la bahía; la de la víctima en su dolor, la del verdugo con su conciencia; la soledad del preso y la de su carcelero; la soledad deseada, la encontrada y la forzada, la ingrata. Soledad, la hija mimada de la personalidad; la hermana bastarda de la oscuridad, la que se camufla bajo la la luz del sol. La soledad hermana de la sabiduría y la reflexión; la soledad fruto de la timidez o la soberbia; la soledad amante de la altivez y esposa de la prudencia. La soledad que siempre acompaña a los personajes de Edward Hopper, la soledad, siempre presente en el arte… Soledad, madre de los sueños nuevos; hija de los sueños rotos, hermana de las pesadillas cumplidas. Soledad, hijastra de profecías. Viviendo en una isla solitaria. “Easy, is easy...We’re gonna touch te sky, sky, sky, sky, sky”…, concluían los Status Quo... La soledad del drogadicto, de la heroína, de la cocaína, el trampolín desde el que saltar al cielo. Y al fondo, el horizonte, siempre el esquivo horizonte que funde tierra y cielo, cielo y mar, día y noche… La soledad siempre es un desafío, un folio en blanco sobre el que escribir una buena historia.


Los ladrillos del muro Educar: Dirigir, encaminar, doctrinar. 2. Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos… Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, vigésima primera edición. “We don’t need no education, we don’t need thought control, no dark sarcasm in the classroom, teachers leave them kids alone… Hey, teachers! leave them kids alone!... All in all it’s just another brick in the wall! All in all you’re just another brick in the wall!” Pink Floyd, “The Wall”. Podemos convenir que al decir “educación” nos referimos a un proceso de socialización de los individuos. Vivimos tiempos duros para la educación en España. En realidad siempre lo fueron, sucede que tenemos muy mala memoria. Los recortes económicos afectan duramente a las capas más frágiles de la sociedad, y la española nunca se mostró especialmente preocupada por la transmisión de la cultura a sus capas menos favorecidas. Comencé esta serie de escritos recordando mis años escolares en el Colegio Nacional San José de Valderas, popularmente conocido como el cole del Mercado porque se hallaba ubicado sobre él… literalmente. Escribí entonces lo siguiente: “No tenía ventanas, sino unos minúsculos ventanucos del tamaño de un ladrillo alineados en hilera unos al lado de otros por los que pasaban unos rayitos de luz tan insignificantes que se precisaba el empleo de luz eléctrica todo el día. Los alumnos éramos formados en columnas y filas, al estilo del ejército, en la calle y accedíamos al colegio atravesando en fila india el interior del mercado, entre los puestos, y ascendiendo por una escalera interior. Posteriormente construyeron una escalera exterior de hierro, para descanso de los sufridos tenderos”. Recuerdo con especial agrado el esfuerzo de alguno de aquellos, por entonces, jóvenes profesores; sobre todo los desvelos de mis queridos Andrés y Rosa Mari, quienes por no tener, al principio no tenían siquiera pizarras, e intentaban suplir esas carencias con tremendas dosis de ilusión y vocación. Estudié en la enseñanza pública hasta conseguir mi licenciatura universitaria. Sé de sobra, por tanto, que se puede estudiar sin demasiados medios, pero en modo alguno es lo deseable. Pero clama al cielo que la pésima gestión de unos politicastros vendidos a la avaricia sin tasa de unos banqueros, patriotas de pandereta y boquilla, y de unos tiburones de las finanzas carentes del menor escrúpulo, pretenda solventarse a base de recortar en materia tan delicada y necesaria como la educación, haciendo volver a los pequeños –al futuro del país –a las situaciones que tantos otros como yo, o incluso peores antes de mí, tuvimos que padecer. La educación debería ser bastante más que un mero negocio y en modo alguno debiera ser una tortura, un padecimiento o


ser considerado un lastre social, pues su rentabilidad debe medirse en parámetros a menudo alejados del balance dinerario. A toda cultura acompaña un movimiento “contracultural”, como el reverso de la misma moneda. Para que haya contracultura ha de existir una cultura y, en realidad, lo que discute es su forma de transmisión, los métodos que utiliza y los objetivos que persigue, no tanto la necesidad de la cultura en sí. Cuando gritamos “no hay futuro” queremos decir que “tenemos futuro y queremos que sea diferente al que nos ofrecen”. Según leí en alguna galleta de la suerte o similar soporte, Lao Tse dijo que quien vive estresado es porque lo hace en el futuro, quien vive deprimido es porque lo hace en el pasado, y que si deseas vivir en paz debes vivir el presente. Pero yo creo que sin pasado, sin memoria, no se es nada y sin expectativas de futuro, no se puede más que malvivir. Si sólo vives el presente te conviertes en un cactus o en un animal, quizá satisfecho pero sin duda tontolote y sin miras. El ser humano necesita trascender, recordar, proyectar y proyectarse. No está ello reñido con el concepto latino del “Carpe Diem”, creo, porque con él se alude al muy saludable impulso de aprovechar el momento, pero sin prescindir de nuestras vivencias cultura, al fin y al cabo –, ni de nuestras expectativas futuras. Ahora que estos políticos de talla bastante mediocre, a tenor de los resultados obtenidos y de los predecibles, se empeñan como vemos en recortar importantes medios en el ámbito de la educación, tanto más necesaria se vuelve exigir una educación universal de calidad. Cosa peor que estos recortes no se me ocurre, pues implica hurtar el acceso a la cultura a los que de ella carecen; es decir, arrojarlos desnudos e inermes a una sociedad terriblemente competitiva. Como quiera que nos conciben como meros números (votos en una urna cada cuatro años, tal es su concepto reduccionista y miserable de la democracia a la que dicen servir) y que nos prefieren como mano de obra barata y, por ende, preferiblemente torpemente formada en aspectos humanísticos, lo primero que atacan es este aspecto de la formación, de ahí que lo más prescindible para ellos sea la música, la literatura, la pintura, la filosofía. Telebasura y palomitas de maíz, felices en la ignorancia, como en “Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley. “No es práctico”, arguyen; prefieren fomentar la Formación Profesional –al fin y al cabo somos hijos del lumpenproletariat –lo que no sería negativo si no fuera porque no les agrada que ese mismo obrero, amén de apretar tuercas, también pueda –y quiera –leer a los clásicos, juzgar un buen lienzo o tener una buena formación musical, por ejemplo. Como me decía un amigo hace años, “no les interesa que tenga cultura más allá de la agricultura, pero yo quiero ambas”. Roger Waters no hubiera escrito Another Brick in the Wall si no hubiera recibido una educación, una muy buena educación. El bajista de Pink Floyd se rebelaba contra la disciplina educacional inglesa, que lo alienaba anulando su personalidad creativa convirtiéndolo como a los demás alumnos del aula en una pieza más del engranaje del sistema; los propios maestros que desarrollaban su labor anulando la individualidad del alumno, mediante abusos de autoridad, el sarcasmo o la violencia física, servían para elevar las grisáceas paredes de ese muro aislante, siendo ellos mismos ladrillos del propio tabique. La educación era, pues, ese cemento que unía los ladrillos dando consistencia al muro. Había


que derribar el muro y, por tanto, debían prescindir de esa educación como primer diente de la cadena alienante: “We don’t need no education, we don’t need thought control, no dark sarcasm in the classroom, teachers leave them kids alone… Hey, teachers! Leave them kids alone!... All in all it’s just another brick in the wall! All in all you’re just another brick in the wall!” La riqueza económica ha delimitado a la riqueza intelectual. La llegada de Internet democratizaba la cultura haciéndola accesible a todos los puntos pero, ¿quién tiene acceso real? Quién pueda costearse el hardware más avanzado, pagar el máximo ancho de banda, etcétera. La llamada brecha digital. Poderoso caballero es don Dinero. Los hijos de la clase obrera sólo podían pisar la universidad para limpiarla o para cambiar un par de enchufes, becas contadas como la mía al margen. Cuando los hijos de obrero comenzaron a frecuentar las universidades se inventaron los másters, ineludibles para recibir una formación adecuada. Se rebaja el nivel de la formación universitaria y el que desee acceder a la idónea ha de pagarla aparte. El dinero como arma. El dinero es el arma en realidad. La guerra es economía. La economía de medios es pobreza, la pobreza es incultura, la incultura es fuente de mansedumbre y superstición, y ahí reside su poder. Necesitamos educación, más que nunca, buena educación, sin el control económico que dicta el recorte del poderoso sobre el pobre, en unas aulas sin oscuros sarcasmos, en las que los alumnos partan de la línea de salida con igualdad de oportunidades y se premie el esfuerzo, no el grosor de la billetera. Mientras eso no suceda, resultará difícil creer en un verdadero estado del bienestar o de una democracia real. Seguiremos sin ser ciudadanos, sino vasallos para los que “cazar quimeras” siga siendo que paguen por sus desmanes los corruptos poderosos o los que se enriquecen en la Orden de la Trepa. La verdadera unidad hunde sus raíces en la honestidad de los gobernantes sobre los gobernados, en la equidad de los jueces sobre los juzgados y crece en la igualdad de oportunidades –a no confundir con la uniformización estalinista de las personas – y no en la manifiesta desigualdad de partida. Andamos sobrados de adoctrinadores y dirigentes, pero ralos de ejemplos positivos entre quienes debieran ser espejo en qué contemplarnos. Y eso es educar. A menudo el peor muro no es de ladrillos, sino un simple espejo que hay que atravesar, como hiciera Alicia. Y todo eso es harto difícil en el mundo del “tanto tienes, tanto vales” o en el de la arbitrariedad de quien no puede ser juzgado y de quien a menudo oficia de juez y parte.


Los enemigos de la luz En su libro “Los amigos de Voltaire” (1906), S.G. Tallentyre, seudónimo utilizado por la escritora británica Evelyn Beatrice Hall, intentó explicar el pensamiento del enciclopedista francés redactando la famosa frase: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a expresarlo”, que erróneamente se atribuyó posteriormente al filósofo. Voltaire fue un encarnecido enemigo de la intolerancia y del fanatismo, a los que consideraba una enfermedad letal como la viruela, “una locura religiosa, oscura y cruel”. Atacó frontalmente tanto a “la intolerancia de la Iglesia Católica y sus crímenes cometidos en nombre de Cristo” como al integrismo islamista en su tragedia “El Fanatismo o Mahoma” (1736), pero a la par defendía la posibilidad de convivir en el mutuo respeto de las creencias y opiniones de los demás. Su verdadero enemigo no era la religión, sino la intolerancia, aunque según muchos historiadores sus líneas destilaban un profundo antisemitismo, cuando en realidad lo que castigaba era la prepotencia de una religión que hacía creer al pueblo hebreo ser el único elegido por Dios: “Los hebreos casi siempre han sido o errantes o tunantes o esclavos o sediciosos; aún hoy son vagabundos sobre la tierra, y para horror de los hombres, garantizando que el cielo y la tierra , y todos los hombres, se crearon para ellos solos”. Lo cierto era que Voltaire huía de los dogmas, de la intolerancia que hace que unos hombres se sientan elegidos, en posesión de la única verdad y excluyan a los demás. Por eso es el padre de la tolerancia y debiera serlo, al menos, de los informadores y periodistas. De la confrontación entre una tesis y una antítesis surge una síntesis. Y el conocimiento se enriquece, aunque a veces se atasque o enfangue, finalmente avanza. Hay progreso. Si no hay una antítesis que pueda refutar a la tesis oficial llegamos al pensamiento único, que puede perpetuarse en el error decenas de años sumergiéndonos en océanos de oscurantismo. La discrepancia no violenta nutre a nuestros cerebros, desbroza el camino de los obstáculos que siembra la ignorancia y enriquece la convivencia. Muchos son los que se ven atraídos por el impulso de tomar un atajo al poder por la vía de imponer o acatar un pensamiento único, basado en sentimientos excluyentes, creencias religiosas o pertenencias territoriales. Enemigos de la luz a la que aseguran defender. La verdad no es más que un relato construido a partir de las diferentes mentiras que constituyen la visión que cada uno de nosotros tenemos de un hecho determinado. Una suma de interpretaciones subjetivas que conforman una realidad objetiva, a su vez subjetiva porque es consecuencia de una serie de causas subjetivas. Cada cual ve la realidad según el color de las lentes que utiliza, pero si somos capaces de reunir las diversas visiones de todos los implicados podremos hacernos una idea más aproximada de la realidad objetiva. Si queremos aproximarnos a la verdad, debemos huir del dogma, del pensamiento único, de la intolerancia, pues son sus enemigos naturales. Se puede llegar a Roma por muy diversos caminos, y los unos no excluyen a los demás. Por ello, los intolerantes lo primero que atacan e intentan es cercenar la libertad de expresión, silenciar la voz del que discrepa, que se convierte por tanto en la primera de las condiciones para la existencia de una verdadera democracia. Si consentimos en censurar y eliminar la libertad de expresión


estaremos dando pasos evidentes hacia el totalitarismo, el fanatismo, la intolerancia y la destrucción de la democracia. El límite a la libertad de expresión debe residir exclusivamente en los tribunales, que deben castigar los delitos y abusos cometidos al amparo del ejercicio de tal derecho inalienable; cometidos por aquellos que, al considerar la información como una mera mercancía y un simple negocio, desprecian la verdad: “No dejes que la verdad te arruine un buen titular”, los que se parapetan en el periodismo de trincheras, o los que intentan equiparar y confundir periodismo con propaganda. Dicen pedir luz y taquígrafos cuando son los servidores de sus verdaderos enemigos. Por eso los tribunales deben ser independientes, limpios y rápidos en sus acciones. No soy franquista porque no puedo ser seguidor de un aliado de Adolf Hitler, de un enemigo de la democracia y de la libertad de expresión ajena. No soy comunista porque no puedo ser seguidor de un aliado de Josef Stalin, de un enemigo de la democracia y de la libertad de expresión ajena. Ésta debe ser garantizada en cualquier situación y lugar, aún más cuando se trata de la de los más débiles o desamparados. La democracia exige limpieza, luz, taquígrafos, micrófonos abiertos y, sobre todo, valentía ante el corruptor y el intolerante. Ante aquellos que rinden absoluta pleitesía al dinero porque, como sí dijo Voltaire, “quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciéndolo todo por dinero”. Contra aquellos que han traicionado a la sociedad y al sistema al que dicen servir, en su beneficio personal a costa del general, para enriquecerse aún a costa de la pobreza de la mayoría y para perpetuarse en el poder a cualquier precio, esgrimiendo el espantajo del miedo permanente. Por eso asisto con estupor a la mansedumbre con que los gobiernos que tenemos por democráticos responden al chantaje integrista por unas viñetas humorísticas –que en modo alguno comparto, ni siquiera me hacen gracia, pero me remito a la cita apócrifa de Voltaire –aún más cuando dicha actitud es alentada por diversos e ilustres periodistas de este país, pues debieran ser los últimos en hacerlo. Si se cede a esto, mañana se sentirán ofendidos porque una mujer hable ante un micrófono y, pasado mañana, porque lo haga en la calle. Dentro de un tiempo, todos seremos silenciados. El pensamiento único. El temor no debe camuflarse bajo el manto de la prudencia. La cobardía es mala compañera de viaje, recordemos a los que se mostraron timoratos ante los desafíos de Hitler o de Stalin. No consiste en oponerse a la religión, sino a la intolerancia que utiliza a aquélla como excusa para alcanzar mayores cotas de poder. Cabe rememorar ahora al "padre de la tolerancia" por ser uno de los símbolos del Siglo de las Luces en esta época que parece el albor de una nueva era oscurantista y terrible dominada por los detentores del dios capital y de los intransigentes morales depositarios de la única verdad. Un día, todos moriremos. Es un hecho objetivo. Subjetivo es el modo en que elijamos vivir: libres o esclavos; con voz y voto o silenciados, en libertad o asustados… En pié o arrodillados. Estamos en la era de la comunicación; el lenguaje es nuestra fuerza, no dejemos que nos la arrebaten.


República Federal de los Paraísos Fiscales de Iberia “Europa ha muerto”, cantaban Los Ilegales hace más años de los que debiera. Yo no sé si ha muerto, ignoro si llegó siquiera a nacer, por más que yo lo deseara, más allá de una mera unión de mercaderes que ahora no están interesados en mantenerla, salvo en tres niveles o velocidades –que no en dos, como nos dicen sin el menor sonrojo –para seguir acrecentando su leonino margen de beneficios. Arruinado el sur ahora toca saquear al este, que tienen menos derechos laborales por conculcar. Enriquecidos los banqueros, envilecidos el resto. Los emprendedores ya se van cayendo del guindo, no son empresarios, sino trabajadores por cuenta propia dispuestos al sacrificio para salvar las cuentas de la gran patronal –la de verdad –y al gran capital que vampiriza al sistema del bienestar… o del malestar… dejémoslo en del segúnsea-estar. La verdadera riqueza, al igual que la pobreza, no se mide por la cantidad de dinero que se posee, pero no menos cierto es que tenerlo facilita las cosas y que en épocas de escasez los sentimientos se magnifican, que diría un concursante de Gran Hermano lloriqueando ante Mercedes Milá. “El dinero llama al dinero, lo mucho a lo mucho y lo poco a la nada”, solía decir con sabiduría el padre de mi amigo Andrés. Es “la saca y el merme” de los que habla José Mota o aquello de “cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana”, que cantaba “El Último de la Fila”. Quizá por todo ello sucede lo que vemos en esta España invertebrada, a partes iguales orteguiana, machadiana, lorquiana y berlanguiana. Arthur More Wallace se ha tirado a los montes de Montjuic, con los palitroques del tambor del Bruc al costado y con el rostro pintado con las cuatro barras de Guifré el Pilós (Vilfredo el Velloso, el Pelúo para entendernos, fundador de la Casa condal de Barcelona) y ha declarado la independencia de Catalunya de la España opresora y vil. “¡Hummm, velludo… como Carles Puyol!”, se le hace agua la boca a mi vecina pensando en el capitán culé, aunque en la vida real los líderes de las revueltas se parecen más al Yoda Pujol que a Carles Puyol. Es un independentismo de gente de orden, con seny, adinerada, de gente de bien. Nada de la chusma pestosa y envilecida por el currele. Por eso, si se llega a un acuerdo y se les descuentan 8.000 millones de leuros de los 16.000 que cotizan a la Hacienda central, aparcarían el sentimiento independentista a un lado y continuarían su relación con la España, ya no tan ladrona ni vil, en un marco de sana cooperación. De lo que se deduce que su sentimiento independentista no será tan puro y sentido cuando depende de una cantidad dineraria. Los males con pan son menos, y con tomate mucho menos. El pa amb tomàquet es lo que tiene. En España ya sabemos que no hay rescates, sino tomates, y de eso los que más saben son los catalanes. Sobre todo este sector, que nada quiere saber de las cuentas del Palau de Barcelona, de los porcentajes en comisiones por obras, del nuevo pelotazo en el futuro Barcelona World, y que se quieren marchar pero siempre que el Barça siga jugando en la liga española… perdón en la “liga ibérica”, porque no es lo mismo jugar contra el Real Madrid, el Atlético, el Sevilla o el Valencia que contra el Sant Andreu y el


Mollerusa cuatro veces por temporada, por poner un ejemplo. Así también podríamos incluir al Oporto, el Sporting de Lisboa, el Benfica y el Rácing de Gibraltar, supongo… Si al menos se llevaran a Karmele Marchante… Como suele decir un buen historiador –y excelente amigo –los borbones en España comenzaron con Felipe V y terminarán con Felipe VI. Cada día que pasa parece más la profecía autocumplida. Felipe V, llamado el Animoso, por cierto, ha sido el monarca con el reinado más dilatado de la historia de España; un monarca francés que fue abrazado con efusividad por los catalanes allá por 1701, cuando juró las Constituciones catalanas, a pesar de las invasiones galas que habían padecido en el siglo XVII. “Lograron los catalanes cuanto deseaban, pues ni a ellos les quedó que pedir ni al Rey cosa especial que darles, y así vinieron a quedarse más independientes del Rey que el Parlamento de Inglaterra”. ¿Les suena? ¿Cómo acabó? Con Barcelona bombardeada, invadida y rendida a los ingleses, aliados del archiduque Carlos de Habsburgo, emperador alemán que también aspiraba al trono español en la Guerra de Sucesión, y con la pérdida también de Gibraltar y Menorca. Recuperamos la Ciudad Condal y Menorca, nunca más el Peñón de Gibraltar. Quizá el día en que Felipe VI, el Breve, visite Cataluña jure de tal modo que el párrafo varíe muy poco y ya no recuperemos de la avidez británica ni Menorca… ni Cádiz, ni Andalucía toda. Una vez finiquitada la monarquía abogo por que seamos prácticos. De perdidos al canal. Si lo vamos a hacer, hagámoslo bien, qué coño: proclamemos la República Federal de los Paraísos Fiscales de Iberia. Empecemos haciendo un doble camino de sur a norte y de norte a sur que enlace Gibraltar con Andorra, y reestructurémonos vertebrándonos desde ellos hacia el este y el oeste, estableciendo un eje desde Eurovegas en Alcorcón hasta Estoril en Portugal, que para algo tiene casino. Nombremos ministro de Interior a Don Vito Corleone y califa honorario al Cachuli en la ínsula de Marbiella y construyamos un pasadizo que nos comunique, al estilo de los narcotúneles mejicanos, con Biarritz y Montecarlo. Una línea aérea directa con las Caimán, Barbados y Macao. Nuestra capital será Las Vegas, la original, la de verdad, la de Don King… Nuestra bandera: Un par de tibias y una calavera sobre fondo verde de tapete con una par de fichas de ruleta y unas bananas de máquina tragaperras. ¿Prestigio? ¿Para qué queremos prestigio? Para prestigio ya está el Trinity College, dónde podrán estudiar nuestros niños. TODOS, porque nadaremos en la pastizarra… negra zahína, eso sí, como los buenos dictadores bananeros. Un pastizal. El Imperio resurgirá de sus cenizas. Se va a cagar la perra. Viendo al señor Arthur More –no me lo invento, así salía en la página web de la Generalitat –no puedo evitar recordar aquello de “ya sé con quién hablo, lo que discuto es el precio”. Las ratas son las primeras en abandonar el barco cuando éste se hunde, y España, amigos, tiene más vías de agua abiertas que el Titanic y el Costa Concordia juntos. Nada tengo en contra del sentimiento independentista catalán, vasco, gallego o berciano. Creo que este sentimiento, como el verdadero amor, ni se compra ni se vende, por eso me sonroja el aullido de Artur Más y sus amigos. Cataluña aporta más porque es más rica que otras autonomías. Tributan las personas, no los territorios. Cuando un rico quiere tributar menos que un pobre tiene un nombre que también


empieza por in, como independentista: insolidario. Estos ricos señores escenifican un nuevo acto de esta tragicomedia de la crisis económica mundial: no pagar los trastos de la misma, intentando escurrir el bulto y que la paguen los más desfavorecidos. Urkullu, por su lado, prioriza la salida de la crisis a la independencia vasca. Ya digo, no es cuestión de irse con lo puesto. Es un buen atajo para unos pocos, sin duda, aunque pueda significar una autopista al infierno para el resto. Mejor solos que mal acompañados, mejor seguir la senda con buenos compañeros de viaje. Hora es de mirar al frente, apretar los dientes, avivar el ingenio y tirar del carro los que queramos al carro, y desearle al que se quiera marchar que tanta paz lleve como tranquilidad deja, aunque mucho me temo que eso no será así. Como dice Prentice Ritter, el viejo cowboy que interpreta Robert Duvall en la magnífica “Broken Trail” (“Los Protectores”, 2006) de Walter Hill: “A veces uno tiene que tirar adelante con lo que le pongan en el camino, nada más, ¿no? (…) Nacemos y morimos, de la dulce hierba al matadero. Viajamos entre las eternidades”.


Los eufemísticos imprescindibles “Por todas partes los débiles odian a los poderosos, a cuyos pies, sin embargo, se arrastran mientras los poderosos los tratan como rebaños cuya lana y carne venden”, le dice el viejo maniqueo al joven Cándido. Arriba y abajo, siervos y señores en un mundo hostil. Arriba y abajo, siervos y señores en un país en el que a menudo confundimos lealtad con servilismo, fidelidad con peloteo; terreno abonado para los trepas y los folicularios. Un país en el que la autocrítica no se estila, por considerarla estulticia y, por tanto, no se entiende que no hay peor crítica que la ausencia de ella. Hace pocos días, un responsable de la sección de recursos humanos de una empresa le preguntó a una buena amiga mía: “¿Cree usted que su puesto de trabajo es absolutamente imprescindible?” Mi amiga respondió: “Para mí, sí, absolutamente, ¿y para usted el suyo? Es más, su pregunta me obliga a una doble reflexión: ¿Cuánto cobro yo y cuánto ganas tú? ¿Qué hago y produzco yo y qué produces y a quién jodes tú?”. Cuando una persona formula esa pregunta está dando por sentado que ella sí lo es, que es la única persona “imprescindible”, lo que convierte automáticamente a los demás en “prescindibles”, en consumibles desechables. Los cementerios están llenos a rebosar de personas que se creían imprescindibles, y de los que no, obviamente. Es el factor democrático de la muerte. Nadie es imprescindible y, al contrario de lo que pueda pensarse, menos imprescindible es cuanto más alto sea el puesto que ocupa un sujeto. Como escribió Miguel Delibes en su novela “El Disputado Voto del Sr. Cayo”, el labriego puede vivir sin el político con sus tomates, cebollas, pimientos y la miel de sus abejas, pero no así el político sin el voto del señor Cayo. Estos “imprescindibles” no durarían lo que la conjugación de un verbo sin el trabajo de los que ellos suelen considerar “muy prescindibles”, aunque no cuenten en el “reparto de medallas”. Todo es relativo, por supuesto, o al menos esto creemos desde Albert Einstein. Todos ocupamos un espacio, mal que les pese a unos cuantos líderes sociales, y el espacio es cuestión de tiempo, como nos dijo el genial físico alemán. Todo es relativo, sostenía. Todo menos la falta de empatía, sostengo yo. Ésta es absoluta en estos sujetos “imprescindibles”, que basan su mundo en la eficacia ajena, la nueva diosa del orden mundial. En la eficacia y en la eficiencia exigible a los demás. Así, es “imprescindible” hablar tres idiomas, salvo si eres político aspirante a presidente del Gobierno, por ejemplo. Es “imprescindible” dominar todas las herramientas informáticas habidas o por haber, a menos que seas jefe “imprescindible” con patente de corso que le exime incluso de saber que debe hacer doble click sobre un icono, por poner otro ejemplo. Son “imprescindibles” porque han conseguido transformar su propia "Triple I" – ineficacia, ignorancia e inutilidad – en un escudo bajo el que protegerse y que les permite exigir con plena impunidad a los demás capacidades de los que ellos carecen. Más malos que el Malamén, ya saben, aquel tipo tan perjudicial que hasta sale en las oraciones: “Y líbranos del Malamén”. Arriba y abajo. Siervos y señores. “¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!”, le canta la voz anónima al Cid Campeador, trasunto del propio pueblo español, antes de que el caballero castellano marchara al exilio, por su indigno


rey –un pésimo jefe en definitiva –inventando la ruta del bacalao entre Burgos y Valencia para que su pueblo lo emulase muchos siglos después, con el alto técnico de “las que tienen que servir” y el inmortal “¡ya va, señoriiito!” de Gracita Morales en su papel de chacha pizpireta. ¡Cómo le gustaría a Marianico un país de Gracitas y puros habanos! Le traicionan el subconsciente y los micrófonos abiertos. Sin duda, un país de Gracitas es mucho más cómodo que un país de Ruys Díaz de Vivar. País de chachas, país de conquistadores (“no nos quedan más cojones”, ya saben), país de bandoleros guerrilleros. Los bandoleros siempre fueron héroes nacionales en España porque la justicia siempre estuvo del lado del poderoso, del abusador, sin embarazo alguno, que a menudo era también el más ladrón, obligando al pueblo a aquello tan hispánico de “echarse al monte”. En Inglaterra tuvieron un Robin Hood, en España han sido legión. Ellos tuvieron un Juan Sin Tierra, nosotros llevamos camino de tener uno, el primero: Juan Carlos. Hablando de presidentes y expresidentes de Gobierno, no sé ya si imprescindibles o irrepetibles, el bueno de Mariano se fumó un puro habano en Nueva York ante Barack Obama, aún no convenientemente repuesto de la impresión que le produjeron las hijas siniestras de Zapatero en su anterior visita. “¿De dónde se sacarán los españoles a sus presidentes? ¿Éste no será un agente castrista? No olvidemos que se han cepillado al líder de la oposición cubana”, pensó el mandatario estadounidense. Menos mal –por tantas como poderosas razones –que Federico ya no es Minis…Trillo de Defensa, porque si no la próxima visita al mandatario negro se la haría éste vestido de costalero, es decir disfrazado del Ku-Klux-Klan. Y de ésa le entierran, fijo. Bien, como decía, Mariano se disfrazó de Groucho para rendirle cumplida pleitesía a Obama, vía Ángela Merkel, fumándose un veguero mientras aquí unos policías les trabajaban con fruición las chepas a sus conciudadanos con sus porras, y con sus colegas diputados rodeados en Fort Apache, que es una manera como otra cualquiera de mandar “a la porra” el favor del pueblo del que emanan y que, por cierto, clama por los mismos derechos que a ellos les conculcan. Y mientras los chorizos de miles de millones de euros campan por sus fueros de fiesta en fiesta, de yate en yate y de rescate en rescate. Por cierto, todos son diputados, hasta los que juegan a varias barajas, renegando de su posición ante las cámaras de televisión, pero beneficiándose de la misma en privado. Algo muy eclesial, por cierto: a Dios rogando y con el mazo dando. Mariano concluyó asegurando que prefiere a sus compatriotas cuando no salen a la calle –los fríos vespertinos son muy traicioneros, ya se sabe –cuando se quedan en casa viendo el fútbol o la Vuelta ciclista y calladitos... sorditos y cieguitos, me temo yo, que ya puestos a pedir… Cuando se retire podría ocupar el puesto de presidente de la ONCE, le paga más por vocación… “¡Ya va señoriiito!”, grita solícita Gracita. No son “imprescindibles” como creen, sólo son sociópatas, prepotentes y arrogantes seres, pagados de sí mismos, encantados de haberse conocido y carentes de empatía. Son los reyes de la eficacia ajena. No, no son imprescindibles, son “imperdibles”, porque no nos lo quitamos de encima ni con salfumán. Al menos hasta que reservan habitación en “El Calentito”, el hotel de Pedro Botero, como todos. Menos mal que nos queda el optimismo. “¡Qué dolor! –dijo Cándido –El optimismo es obstinarse en defender con vehemencia que


todo va bien cuando todo va mal”. En realidad es un eufemismo, otro eufemismo imprescindible. A veces, como dice el optimista Cándido, Dios hace justicia y mata a un sinvergüenza pero, cada vez que eso sucede, el Diablo se cobra cumplida venganza y ahoga a cien inocentes con él. “Es admirable la rapidez con la que estos señores desnudan a la gente”, le cuenta una vieja al protagonista de la obra de Voltaire, recordando un abordaje de corsarios berberiscos tras el que la violentan y esclavizan. Y, claro, es difícil no establecer paralelismos con nuestros voraces banqueros. “Es admirable la rapidez con la que estos señores desnudan a la gente”. Decía el filósofo francés que si veías a un banquero suizo tirarse por una ventana, debías lanzarte tras él porque seguro que había ganancia. Paralelismos con nuestros banqueros insaciables, con sus actuales lacayos, nuestros politicastros, y últimamente con su brazo armado: esos policías –anhelo que sean pocos como creo –que parecen empeñados en convertir en hermanitas de la Caridad a los “grises”. Que por obra y gracia del BCE y del FMI hayamos recordado que el PSOE ni es socialista ni obrero ni muy español, y que el Partido Popular es más impopular a cada minuto que pasa son ya obviedades que nos conducen al mundo de los eufemismos, donde todo vale con tal de enmascarar la verdad y buscar nombres que dulcifiquen la realidad. Que Marianico exhalara humo de un veguero o de un peta en la Gran Manzana mientras aquí el humo salía de los contenedores de basura y de las porras de goma, en realidad da un ardite, porque el humo que expide el puro que realmente importa es el que se están fumando la Merkel y míster Adelson en el diván del Tamarit, de cuyas arboledas vinieron los perros de plomo. El fauno que seduce a España para raptar a Europa. Europa… Europa ha muerto, Dios la haiga perdonao. El diablo y miss Jones, la madre de Tadeo Jones, héroe patrio, hermano de Paco Jones, adalid independentista. Caín y Abel, Abel y Caín, en una tierra donde nunca sabes quién es quién. Se intercambian los papeles, al fin y al cabo somos muy de carnaval. “No es exactamente así”. Es el eufemismo de moda entre los economistas que defienden la situación actual, que repiten como un mantra tras cada nueva bellaquería financiera y social. Antes era “No domináis los parámetros económicos”. Pero es tan evidente lo que lleva sucediendo desde que el mundo es mundo que ya no caben más eufemismos, por imprescindibles que les parezcan. “No es exactamente así, parece un rescate pero es un tomate”. Es el equivalente al sexual “No es lo que parece” que, indefectiblemente, “siempre es lo que parece”. Se abarata el despido, se reducen las pensiones y los sueldos, se beneficia a los sinvergüenzas “imprescindibles” que originaron la crisis, se lucran con ella y son los únicos que mantienen sus contratos “blindados”. Los “imprescindibles” que consideran "prescindibles" las rentas, patrimonios y vidas de los demás, y que son maestros en exigir eficacia al resto, cebándose en viejos, enfermos, niños y desamparados. “No es exactamente así”, nos dicen… “Y sin embargo se mueve”... “No quiero seguir el camino de España”, le dijo Romney a Obama, “No somos Uganda”, dijo Marianico, “ni nosotros España”, respondieron los ugandeses. “No somos Grecia”, dicen todos al unísono… “Esto no es exactamente así”, nos dicen con suficiencia los economistas… “Y sin embargo se mueve”... “Y sin embargo se mueve”.


… “Y sin embargo se mueve”. Nunca nos entenderemos Zapateros, Marianos, Rubalcabas, Cospedales… Como en la canción de The Beatles, cuando decís adiós nosotros decimos hola; cuando decís hola, nosotros decimos adiós. Cada vez más alejados, si es que alguna vez estuvísteis cerca, de los problemas y sentimientos de la población a la que aseguráis representar. Como en la España de los Botejara, hubo aquí una guerra que, como todas las guerras, ganara quien ganase la perdieron los poetas… Y los niños, siempre pierden los niños. Y entonces sí, me entran ganas de llorar, como a Cándido, en silencio, como al señor Cayo, que prefería no pensar. Postscriptum: Las citas de Cándido pertenecen a la obra de Voltaire “Cándido o el optimismo”.


El vaso medio lleno y la energía oscura Mi amigo Chema el Oso me pide un esfuerzo para ver el vaso medio lleno y que escriba unas líneas optimistas, que interprete la realidad de una manera más favorable, dando flexibilidad a mi interpretación de la realidad, centrándome en los aspectos positivos que vea ante mí, que combata el aserto de que “el optimista es un pesimista mal informado” con la máxima de que “el optimista siempre tiene un proyecto; el pesimista, una excusa”. Como tengo el apoyo incondicional de los míos y he demostrado toda mi vida que los retos son un incentivo para mí, olvidaré la cita de José Saramago que tan atinadamente me recuerda Anxo: “Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”. Y no sólo no me negaré a la petición de Chema sino que lo haré gustoso, sobre todo en aras de todos aquellos amigos –o no –que están pasando por graves problemas en estos momentos. Y no solamente seré optimista, sino que seré agradecido, como en la canción de Rosendo Mercado. Escribo estas líneas el 15 de octubre de 2012, Día Internacional del Dolor, y por tanto quiero agradecer desde lo más profundo de mi corazón a todos aquellos que se están lucrando con la desgracia ajena, que están permitiendo que cada vez haya más pobres en este país y que los ricos cada vez ganen más dinero y añadan posesiones a su saca sin fondo; gracias sinceras a los que se llaman patriotas y permiten que nuestros hijos reciban cada vez una educación más precaria y les sustraigan la felicidad y el derecho a un futuro digno; quiero darle las gracias a todos aquellos que provocan que zonas enteras de España se queden sin un servicio de Urgencias y que nuestros mayores tengan que recorrer más de 100 kilómetros por carreteras infumables para acudir a las mismas –si alguien tiene a bien llevarlos –; gracias efusivas por seguir riéndose de la Justicia y de todos nosotros con sus estafas y corruptelas, gracias por no molestarse siquiera en disimularlo; muchas gracias por autoasignarse prejubilaciones de 5,4 millones de euros "blindadas" y "hacernos un favor"; gracias por convertir a España en el país con mayor desigualdades económicas y sociales de la UE; gracias por no poner un techo a la riqueza y quitarle el suelo a la pobreza; gracias por obligar a millones de mis compatriotas a acudir al auxilio social mientras las sicav engordan sus fortunas a costa de no cotizar al erario público; gracias por ir a Dios rogando y con el mazo dando, gracias por sumir a mi país en el pozo de la miseria y las tinieblas, gracias por primar su mero interés partidista por encima de un mínimo bien general, gracias a unos y otros por marearnos entre el “Una, grande y libre” y el “Muchas, pequeñas y cabreadas”; gracias por variar el yugo de Isabel y las flechas de Fernando por el yugo del dinero y el martillo de la avaricia; gracias por repudiar al enfermo y al pobre, gracias por volver a convertir España en un país de emigrantes, gracias por vaciarlo de personal cualificado. Muchas gracias desde lo más profundo de mi corazón por ser tan profundamente insolidarios, egoístas y "patriotas", porque cada día nos enseñáis nuevas cosas, muchas gracias y buena suerte, porque si sois creyentes os hará mucha falta en el Juicio del Día Final –no queda tanto si creéis a los mayas –y aún más el Día del Juicio de la Guillotina Popular.


Me recuerda Chema una frase del genial Ramón y Cajal: "Una de las desdichas de nuestros país consiste en que el interés individual ignora el interés colectivo". Y yo ahora recuerdo una de la película “Frankenweenie” del original Tim Burton: “Queréis las comodidades que os ofrece la ciencia, pero os asustan las preguntas que ésta os formula”, porque si a un pueblo parece ir dirigida, ése es el español, –talibanes al margen, cuyo mayor enemigo parece ser una pobre chiquilla de once años escribiendo en un blog -. A los enemigos de la ciencia y del progreso, ocultando bajo sus feroces ataques a la misma sus propios temores e inseguridades, y su insondable ignorancia. Aseguraba el astrónomo Stuart Clark en el programa Redes de Eduard Punset que la energía oscura permitirá hacer realidad los sueños de la Ciencia Ficción que nos ilusionaron en nuestra mocedad: viajes interestelares como en “Star Trek” a través de agujeros de gusano, coches flotantes, rayos tractores y ventanas sin cristales cerradas por la acción de campos de fuerza…. Y mi optimismo crecía, a la par que ascendía por la estratosfera la cápsula de Félix Baumgartner, si bien a veces cae a la velocidad con la que descendió el heroico paracaidista austriaco, barrena incluida. Hay momentos en los que uno no sabe a qué carta quedarse, sobre todo si en el momento del envite ese uno tiene varias bocas voraces que alimentar a sus espaldas. No hay un momento para el descanso, ni pausa para reflexionar. Eres quien eres y lo que los demás esperan de ti, incluso eres lo que suponen que eres. Todo eso somos, nada más y nada menos. Todo en el mundo es dual. Anverso y reverso de una moneda. Valor y cobardía, tesón y abandono, bien y mal, y a veces no valen las medias tintas… o sí. Quizá. Como en el universo: materia y materia oscura, energía y energía oscura, esa especie de antigravedad que los nuevos científicos nos aseguran que existe aunque no la comprenden ni a ella ni a su funcionamiento. Como los antimanifestantes de Mariano Rajoy: “No se les ve, pero están ahí”, al contrario que los kilos de chapapote del “Prestige” para el mismo Rajoy, cuando era el Señor de los Hilillos y a la sazón ministro: “Son sólo unos hilitos” –decía –. También dice ahora que ya “ve luces” al final del túnel… esperemos que no “escuche voces” también, porque estaríamos ante un claro caso de esquizofrenia. De Guindos, por su lado, nos brinda día a día notas de su máster aplicado de eufemismos: “no se producirá un deterioro adicional importante”, “términos de evolución negativa que no ha ido a más”, "senda positiva diferencial… para definir la marcha de nuestra economía que tiene más rotos y remiendos que el perro de la citada “Frankenweenie”. La duda asalta a varios de mis amigos y compañeros hablando de sus perfiles en Facebook y Twitter. Estoy más que harto de las toneladas de hipocresía que caen sobre esta sociedad de chicle rosáceo y mascado. El miedo a que los jefes o los responsables de Recursos Humanos los espíen y vean fotos en las que aparezcas tomándote una cerveza o un gin tónic. “¿Qué pensarán” . Acaso que soy una persona normal, un ser humano, con una vida privada y social, más allá del trabajo, como espero que tengan ellos en una sociedad democrática. Sí, bebo, como… y me tiro pedos. Si yo contratara a alguien y me dedicara a fisgar en los perfiles de los demás, de quien desconfiaría es de aquéllos en los que no sale ninguna foto festivalera o desenfadada: O mienten o están enfermos o son sociópatas. Y no, no me oculto, me niego. Si cedemos la última parcela de libertad perdemos la dignidad y morimos. Como canta el


bueno de Jimmy Barnatán, “soy el revólver que sale a relucir, y cuando hay un jaleo da la cara por ti; soy la pistola que se dispara sola, termina con los lobos, baja el telón y fin”... ..Y soy optimista, como Félix Baumgartner, que creía en lo imposible y en la posibilidad de su salto estratosférico; optimista como Cándido, quien concluyó que la felicidad verdadera no consiste en amasar dinero sino en poder labrar tu propia tierra. Cuando todo llegue exactamente a la misma temperatura no podrán producirse reacciones químicas y todo se detendrá, incluido el tiempo: será la muerte térmica del universo, según sostiene Stuart Clark, y yo le creo, más allá de los mayas… Se detendrá hasta la corrupción, es lo único capaz de hacerlo, en realidad. ¡Viva la energía oscura!


El vaso vacío Escribe el padre de un amigo mío, a quien respeto grandemente en atención a lo que sabe, que es mucho, que hay un grupo de indignados llamados blancos, un grupo de indignados llamados rojos y un grupo de indignados llamados black block. En el primer grupo encuadra a la inmensa mayoría de los ciudadanos; en el segundo, a los indignados de orientación ideológica de izquierdas y con una actitud violenta, y en el tercer grupo ubica a un porcentaje menor pero marcadamente violento y que se mueve bajo los parámetros del llamado movimiento antisistema. Antisistema es una palabra que se pone de moda cada equis años para meter el miedo en el cuerpo al personal. Y su aventamiento suele venir acompañado de abusos del poder. No soy antisistema, más que nada porque siempre he vivido, o supervivido, en el sistema. No soy antisistema porque la destrucción de un sistema conduce indefectiblemente a la instauración de otro que, per se, no tiene porque ser mejor que el destruido… o sí, en cualquier caso tal extremo se desconocería hasta que no se pusiera en funcionamiento. Ignoro si soy blanco, rojo, black block o, como el vino de Asunción, ni blanco, ni tinto ni si tengo color. Pero si ser antisistema es estar en contra de las chorizadas de sujetos como el señor Urdangarin, si no me valen los aeropuertos sin aviones, los eres que te eres entre orgías farloperas; si no comulgo con el “perdón, no lo volveré a hacer más” tras ir a cazar elefantes sin más explicación –por cierto, me imagino que en la India habrán puesto a los elefantes en cuarentena ante la visita del Borbón –; si no me despista la declaración de independencia territorial de empresarios y banqueros para ocultar su pésima gestión en una crisis económica que a todos nos sacude –y quizá a ellos menos que al resto –, si nos me gustan la fama y manejos financieros y fiscales del Cachuli, la Pantoja, la Campanario o la Esteban, ni que el 99% de los millones de euros destinados a combatir la crisis se lo lleven Bankia y sus colegas, si me repugna que los que han originado la crisis descarguen sus fechorías sobre el pueblo y las clases medias, y nos hagan comulgar con ruedas de molino; si veo con malos ojos que nuestros gobernantes se humillen –y nos humillen –hasta el paroxismo ante Ángela Merkel, la banca germana y los “mercados financieros”; si pienso que un régimen fiscal progresivo que penalice, por ejemplo, a las sicav, quizá haría innecesario el recurso del Gobierno a instituciones caritativas; si me parece mal los recortes en materias de Sanidad, Educación o de pensiones de los jubilados para darle ese dinero retraído – “¡y lo que haga falta!” –, a los banqueros que se llevan miles de millones de euros sin parpadear, se blindan prejubilaciones millonarias sin el menor embargo mientras embargan a los demás, dándose al desahucio de miles de familias, cuando la mayoría de ellas se han quedado sin trabajo y sin hacienda debido a la mala praxis de esos mismos banqueros por sus malabarismos financieros; si no me parece de recibo que el sector público tenga que asumir el gigantesco déficit del sector privado, toda vez que ese mismo sector privado no socializó, ni socializa ni socializará sus ganancias; si creo que el primero que debe ser amparado por la ley es el policía, pero siempre y cuando ese mismo policía dé ejemplo y no haga de su porra y su capa un sayo; si me indigna que no valga el mérito, el esfuerzo y la inteligencia, sino la pillería, la picaresca y el tener buenos padrinos; si no comparto que todo se mida por la cantidad de dinero que uno tenga en su cuenta corriente, sobre todo cuando no está nada claro de donde proviene todo ese dinero o, incluso, resulta evidente


que ese dinero tiene su origen en vaciar las arcas públicas en beneficio de unos pocos, a menudo directamente imputados en delitos fiscales;, si no queda más funcionario que el que sea elegido a dedo, y el resto sea estigmatizado y enviado a la papelera de reciclaje; si la autoridad sólo es inexorable con los débiles; si me harta ver históricamente a los españoles llorar de impotencia y rabia…Si todo eso es así, entonces me temo que soy un antisistema, elijan ustedes el grupo de pertenencia. Pero realmente me temo que los verdaderos antisistema son todos estos bergantes que realizaron, realizan y realizarán estas prácticas con menoscabo de sus compatriotas, por más elegante que sea el traje que luzcan o por mucho brío con que agiten sus respectivas banderas. ¡Viva la energía oscura, la única que acabará con la corrupción!


Luces de bohemia, hispánica oscuridad Hay una mujer que frisa en la cuarentena a la que hace años conozco de vista. Nunca hemos conversado más allá de un “hola” o un “adiós” porque lo cierto es que me duele en el alma verla. Parece ser víctima de una enfermedad degenerativa del sistema nervioso de tipo irreversible, que le provoca involuntarios movimientos espasmódicos y que le confieren un aire grotesco, como de personaje de un esperpento de Valle-Inclán. Su hijo y el mío van al mismo colegio y, en el patio del mismo, he sido mudo testigo de los crueles avances de esa enfermedad sobre su cuerpo menudo durante estos últimos años. La he visto –y oído –rebelarse contra la dictadura de su enfermedad, con coraje, con tremenda dignidad. Incluso a día de hoy, persistiendo con afán en el intento de encenderse un cigarrillo que rara vez atina a coincidir con sus labios fruncidos, con un destello de sana rebeldía en su actitud. Hace años eran calambres más o menos espaciados, pero ahora su cuerpo es una pura convulsión. Últimamente advierto ciertos rasgos de lógico desánimo, un anuncio de la inexorable victoria de la enfermedad que la consume paulatinamente. Hace un par de días, unos críos hacían mofa de ella, imitando sus gestos, desde esa ignorancia tan cruel como cándida y estúpida propia de la adolescencia. Les recriminamos. No creo que les importara lo más mínimo. Como digo, una escena esperpéntica, encarnación de las pinturas negras de Goya y de los textos del genial literato gallego. La España esperpéntica que duele como un puñal oxidado hundido en un costado, pero que nos retrata grotescamente con su espejo cóncavo. Un hombre se acercó a ella, sacó un mechero de un bolsillo y le dio lumbre al tiempo que posaba una mano a modo de caricia en su rostro sonriente. Y podría asegurar que la mirada de ella brilló. Por un momento sentí un nudo en la garganta y unas ganas tremendas de llorar, pero me giré hacia el botellín que tenía en la barra y di un trago a la cerveza. El hombre pasó por mi lado, sonrió y salió del bar en dirección contraria a la que habían emprendido los chavales con sus chanzas, hasta que los unos y el otro se perdieron de vista. Diez minutos después fui yo quien abandonó el establecimiento. “Adiós”, me dijo aún con un brillo en la mirada. “Adiós”, respondí con una sonrisa educada. Por el camino al colegio, aún bajo la sombra del esperpento hispánico, me vino el recuerdo de aquella popular coplilla de la Vera extremeña: “Ya se murió el burro de la tía Vinagre, ya se lo llevó Dios de este mundo miserable”, tan alejada de la luminosidad del Platero de Juan Ramón Jiménez. En el Archivo Histórico del CSIC hay un hermoso mosaico en el suelo con dos caballos alados flanqueando la famosa escena del esclavo Androcles extrayendo la astilla de la pata de un león. Y en la escalera del edificio central de la Presidencia hay una magnífica vidriera con el granado que simboliza al Árbol de la Ciencia. Contemplándola me dio por pensar –ya ven que ocurrencia, pensar –en que ha avanzado, si es que lo ha hecho, España desde los albores del siglo XX, con las cuitas de la atribulada Generación del 98 y la necesidad del regeneracionismo social, económico y cultural español, hasta hoy día, albores del siglo XXI, inmerso en la crisis plutócrata y en una nueva era tenebrosa de recortes económicos, culturales, sociales y de derechos democráticos. En suma, una nueva regeneración que nos recuerda a la frase de Lampedusa: “cambiar


todo para que nada cambie”. Una crisis que excede de nuestra piel de toro, que tiene raíces y derivas mundiales. En Alemania, 1 de cada 10 ciudadanos amasa la mayoría de la riqueza y 1 de cada 5 ciudadanos viven por debajo del umbral de la pobreza, es decir, igual que aquí, con el agravante de que se supone que Germania es el motor de la Europa de los mercaderes y de que allí hace mucho más frío en todos los sentidos. Quizá ello hace que “Luces de Bohemia” siga tan vigente en 2012 como lo era en 1920, cuando comenzó a aparecer por entregas en el semanario “España”, –aunque en España, lógicamente, no se estrenó hasta 1974 –, y con la que Ramón María del Valle-Inclán inventó el llamado género del “esperpento”. Que conserve singular vigencia y que muchos de sus asertos parezcan hacer mención a unas situaciones ocurridas ayer mismo demuestra su dimensión de obra maestra, pero a la vez va en nuestro desdoro como nación, habla del fracaso de nuestra sociedad. Cuenta “Luces de Bohemia”, como ya sabrán, los últimos momentos de Max Estrella, un personaje lúcido y loco a partes iguales, miserable y grandioso, trasunto del periodista y escritor sevillano Alejandro Sawa, amigo personal del dramaturgo gallego y a quien también citó Pío Baroja en “El Árbol de la Ciencia”. “Yo no hubiera querido nacer; pero me es insoportable morir”, escribió ya loco y ciego. Murió en 1909 produciendo una desolación en Valle que sólo halló consuelo con la realización de su inmortal obra de teatro. Caminaba yo por el pasadizo de San Ginés, por el Madrid de los Austrias, y con ello las sombras de Max Mala Estrella y su reverso Latino de Hispalis deambulando por las callejuelas de “un Madrid absurdo, brillante y hambriento”, capital del país Miseria”, impartiendo doctrina. “La barbarie ibérica es unánime”, en ella coinciden y conviven ricos y pobres, le dice Max al preso anarquista que sabe que le van a matar esa misma noche fingiendo una fuga. “¿Qué dirá la prensa mañana?”, pregunta éste; “lo que le manden”, contesta el vate ciego. “¿Está usted llorando?, inquiere el obrero; “de impotencia y de rabia”, sentencia este Homero cronista de la odisea de España en ellos encarnada. “En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza. En España se premia todo lo malo”, dice el sepulturero en el entierro de Max Estrella. Qué actual, diría yo, en este reino de mentiras “en la que la única realidad es la muerte”. “El trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí –en España –todo lo manda el dinero”, le había dicho antes el obrero. Desdicha de un país donde demasiados conocen y encumbran a Belén Esteban y demasiados pocos a Max Estrella, esa suerte de don Quijote de la pluma y bastón, escudado por Latino de Híspalis, su Sancho Panza particular y su reverso tenebroso y mortal. Un país donde programas como “Mujeres, hombres, bíceps y berzas” no son contemplados como simples bufonadas sino que se toman como guías de conducta por nuestros jóvenes. Un país donde nos acosan las sombras de tiempos pasados, siempre prestas a echarnos el guante al coleto cada vez que España parece despuntar o hace amago de alcanzar la luz de la ciencia, un futuro luminoso. Nublado el parabrisas, siempre empañado el retrovisor con los recuerdos manipulados por unos y otros, miserable y envanecido el conductor y los acompañantes, jamás tendremos los cristales limpios. Una esperanza que más parece un Ulises que nunca llegará a Ítaca,


mientras que Penélope hila acosada por los buitres, como Max nunca consiguió regresar a su Madame Collet, la Europa luminosa y brillante, ni a su hija Claudinita, el futuro. Ambas se suicidan al calor de un brasero, sol de España. “España es una deformación grotesca de la civilización europea”, se lamenta el poeta invidente, incluidos sus independentismos pues de ella provienen, “reflejos en el espejo cóncavo del fondo de un vaso”, reflejos deformes. Ulises no halló atajos en los brazos de Calipso, de Circe o Nausica. Siempre inteligente, brillante pero soberbio. Contra Polifemo y contra el rencor de su padre Poseidón, nunca encontró atajos desde su caballo de madera en Troya, y nosotros tampoco los encontramos. Nuestra tragedia no es tal, sino esperpento, nos decía Valle-Inclán por boca de Max Estrella. Odiseo no halló atajos porque éstos no existen. Las sendas se plagan de piedras y se pintan con sangre en sus arcenes. Tras toda gran fortuna siempre hay un crimen, y lo demás son cantos de sirenas o de poetas. Poesía, palabras que buscan lo que no son, que retuercen los sentimientos, hurgando en el pasado, llorando el presente, implorando un futuro que no llegará en la forma soñada. Poetas, vates, nómadas del amor, apátridas del sentimiento, rapsodas de un mundo que no es, de un espejismo, de un mundo que acaso no será, que en modo alguno fue más allá de lo imaginado, sentido o figurado. Aires norteños, crece el hielo en mi pecho. Hambre de pan, sed de amor. Han puesto puertas al campo, han cerrado las ventanas al mar. Imbéciles presuntuosos. Max, poeta y periodista. Yo mismo, periodista, juntaletras, colocaripios, exmilitar. Supongo que tengo todos los estigmas en este país orgulloso de ser iletrado, cerril por vocación y maltratado por lógica consecuencia de todo lo anterior. Si fuera mujer, sin duda habría sido ramera. ¿Y qué le voy a hacer si nací en el Mediterráneo y casco chamberilero llegada la ocasión? Mercancía de canallas de todo tipo y condición. Ay, pueblo español, “qué buen vasallo si tuviera buen señor”. Pues a pesar mío, un servidor, de letras, de lenguas vivas mejor que muertas, de armas, piltrafilla y porfiador, ¿qué hacerle? Soy español, y lo soy ahora más que nunca que pintan bastos, alejado del concepto del grupo Intereconomía y sus regalos carcas. Seré mal europeo, no lo dudo. Me va el buen vino, como a Antonio Machado, pero si no hay vino, bebo agüita fresca; me gusta la porfía como a Valle-Inclán, y ser impopular en propia tierra, como a don Pío Baroja; inoportuno y poco práctico como don Miguel de Unamuno o Ramón J. Sender; valiente como Cervantes y con la libido de Lope; un alma en permanente exilio como Juan Ramón Jiménez; un espíritu libre como Lorca, y con un dolor social y libertario como Miguel Hernández. Y con el ingenio de ninguno de ellos, por supuesto. Un cuchillo en un bolsillo, una moneda en el otro, en el corazón, la identidad, y la vista puesta en ese horizonte al que cuanto más te acercas más se aleja. El catequista busca el tesoro en Jesús y su reino que no es de este mundo; el pirata, en la isla de Flint; el intelectual, en los anaqueles de las bibliotecas o en los jardines del poético Parnaso; los astrónomos, entre las estrellas, más allá de las nubes; el político, en el poder de una urna apesebrada o cautiva; el banquero, en su caja blindada y ajena a las penurias de los demás; el ladrón, en la faltriquera ajena, y el cándido en la propia; el marino, en sus redes; el hacker, en la red social; el infante, en su mochila en forma de bastón de mando; la ramera joven, en su belleza; la ramera vieja, en su destreza; el romántico, en las


películas de Charlot; el obrero, en sus sueños de justicia social e igualdad de oportunidades; el juez no lo hallará por mucho que busque; el actor, en el aplauso; el músico, en el ritmo y la armonía; el escritor, en la envidia de sus colegas, el reconocimiento de los escritores; el cinéfilo, en las salas de cine y ensayo; los críticos, soñando con firmar obras de otros; el pastor, en la lana de sus ovejas y en la serenidad de los montes que patea; los lobos, en la carne de esas ovejas; el cantinero, en el alcohol que dispensa y en la charla que se alimenta en su local; el borracho, en el fondo del vaso; el truhán, en su gracia; el enfermo, en el final de su desgracia; el negociante, en la fortuna de los demás; el viajante, en la horma de sus zapatos; el clérigo, en salvar tu alma, no tanto la suya; el descreído, en la luz que siempre aguarda en secreto; el moro, en el harén de huríes y los ríos de leche y miel; el talibán, en una bomba adosada; el cínico, en el estupor de su audiencia; el mafioso, en las proposiciones que no podremos rechazar; el comercial, en su labia y nuestra ignorancia; el chino, en su tiendecita libre de aranceles y rea de mafias; el poeta, en los sueños rotos; el avaro, en el dinero que esconde bajo el colchón y que dilapidarán con alegría sus decadentes herederos; el envidioso, en la desdicha ajena más que en el propio provecho; los filósofos, en las luces de la candela que prendieron Sócrates y sus seguidores hasta hoy día; Ortega en Gasset, Pi en Margall y Nacho Vidal en su ciruelo; todos, en la quimera del oro, quiméricos todos, quijotescos sólo los que merecen la pena, en pos de una Dulcinea donde los demás sólo aciertan a ver una Aldonza; y yo lo seguiré buscando en los pliegues de tu blusa y de tu falda, entre tus muslos, origen de toda nuestra vida, de mis recuerdos y reclamo de nuestro final cuando el azar decida arrojar el seis doble con nuestro nombre sobre el tapete. Cortejados todos por la muerte, la más leal compañera. Al salir del Archivo se pasa por la Residencia de Estudiantes en la que estudiaron Federico García Lorca, Luis Buñuel o Salvador Dalí. También Hassan I, abuelo de Mohamed VI, todo hay que decirlo. Al pasar por su lado, exhalé un nuevo suspiro. Hace poco tiempo, al árbol de la Ciencia se le están cayendo todos los rótulos como hojas caducas en este otoño cultural que nos azota. Sin duda habrá una “Generación del 2008”, con sus Valle, Unamuno, Machado o Baroja, y quizá haya una del 2027, con sus Lorca, Alberti, Aleixandre… Esperemos que no haya otra sombría del 2050, hija de más posguerras. Quizá no nos quede otra que seguir llorando de rabia y de impotencia como Max Mala Estrella, condenados como él a ser un dolor de un sueño pasado. A bailar como mr. Bojangles o a cantar como los cantaores gitanos en las juergas de los señoritos. Llorando de rabia e impotencia en esta España oscura y terrible, leprosería donde “la villanía es el estado social de la gente” y que llama de nuevo a nuestra puerta, como la pesadilla que nunca nos abandona o la sentencia que nos persigue implacable, mientras las luces de la bohemia lucen temblorosas pero visibles en medio de la hispánica oscuridad, en medio del esperpento. Salutem plurinam. Jose Manuel Iglesias Cervantes Post Scriptum: Con los recortes, miles de personas que precisan asistencia sanitaria se han quedado sin la misma. Nadie les va ayudar, mientras muchas personas siguen percibiendo sumas millonarias a pesar de haber acreditado una


ineficacia supina en la gesti贸n de su oficio, cuando no una actitud claramente delictiva. El esperpento espa帽ol.


Este libro electrónico se escribió en Madrid entre el 6 de enero de 2010 y el 30 de octubre de 2012, apareciendo en forma de columnillas en el blog de Fermín López Galindo, “ValderasGrafico”, y en mi página web “El Caimán Náufrago”. Para cualquier duda o rectificación, enviar un mensaje a la dirección electrónica jiglesiascervantes@gmail.com