Cacofonía — Noviembre 2020

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eti etas Entrevista a Tony True (pรกg. 8)


ยกYa ยกYa disponible! disponible! Nuevo sencillo + video musical de Romu


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PALABROTAS

ablar de arte puede ser difícil y hablar de política suele ser problemático. Hablar de la política del arte, por lo tanto, es una trampa. Una muy importante en la que debemos caer. En esta revista hemos dicho previamente que definir lo que es el arte es tarea complicada, pero no por ello nos hemos alejado del tema. No intentamos crear nuestra propia definición, sino que buscamos en los genios las respuestas. Siguiendo ese mismo proceso, en esta edición de Cacofonía hemos decidido abordar un tema complejo dentro del universo ya enmarañado que es el arte: su democratización.

acceso a cámaras de video, lo que les impedía contar sus propias historias. Aunque las palabras de Dirdamal podrían pensarse obsoletas debido al auge que han tenido los teléfonos inteligentes en los años que siguieron al de su declaración, la realidad es que en México alrededor del 17% de la población no tiene teléfono celular; en Estados Unidos esta cifra no llega al 5%. ¿Puede seguirse hablando de democratización si ocurre únicamente en los países ricos?

«¿Puede seguirse hablando de democratización si ocurre únicamente en los países ricos?»

Uno no tiene que estar inmerso en el mundo de las artes para haber escuchado alguna vez sobre este fenómeno: se habla de él en textos académicos, en clases de medios e incluso en elogios a las nuevas tecnologías. En general, se describe una evolución que ha favorecido la accesibilidad al arte, tanto para consumidores como para artistas —si esto es bueno o malo, depende del emisor del mensaje. Algunos autores creen que la democratización no es tan verdadera. El documentalista regiomontano Tin Dirdamal decía en 2006 que el acceso a la creación de video no es tan total como se cree. Argumentaba que en realidad algunos sectores vulnerables de la población seguían sin tener

Como ocurre con la mayoría de los debates sobre arte y política, no existen respuestas sencillas. Hay algunos críticos especializados que están a favor de la democratización del arte y otros que defienden su carácter elitista. Uno puede investigar al respecto y nunca encontrar argumentos suficientes para hacer al otro cambiar de opinión, pero esto no convierte a la preparación en un desperdicio: el conocimiento nunca lo es. Esta edición de Cacofonía no pretende ser un estudio profundo sobre un tema tan complejo y controversial como lo es la democratización del arte, sino un ejercicio de acercamiento y reflexión sobre esta. Realizarla nos ayudó a comprender de una manera más profunda este fenómeno. Esperamos que leerla tenga el mismo efecto en ustedes. Consejo Editorial de Cacofonía

cacofonía CRÉDITOS DE PORTADA: Fotograf ía por: Juan Carlos Vázquez


Para la la edición de de noviembre de Cacofonía Para edición noviembre de Cacofonía colaboramos con Alex Carrillo, un artista colaboramos con Alex Carrillo, joven un joven visual mexicano a quien le pedimos una artista visual mexicano a quien crear le pedimos obra que representara democratización crear una obra quelarepresentara la del arte. El resultado es del la ilustración en la democratización arte. El resultado es la siguiente página. ilustración en la siguiente página. Para encontrar másmás contenido del artista, puede Para encontrar contenido del artista, visitarse su perfil de puede visitarse suInstagram perfil de Instagram (@alexcarrillo.art) o comprar su nuevo libro, (@alexcarrillo.art) o comprar su nuevo libro, Faces, en Amazon. Faces, en Amazon.



Estiércol tecnológico

«Las plataformas permiten que cada vez más personas distribuyan lo que crean, pero ¿es todo esto arte?»

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Por Fernando Balcázar Editora Ana Cecilia Cano

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o recuerdo cuándo fue la primera vez que oí hablar sobre la democratización del arte. Reconozco que sigo sin ser un experto en el tema, aunque ha pasado no sé cuánto tiempo desde que lo conocí. Entre más me informo sobre el tema, más me doy cuenta de lo presente que está, de manera directa o indirecta, en las discusiones que rodean al mundo del arte.

no podemos dejar que la euforia del mismo oculte la realidad. Pero permitamos, solo por el bien de este ejercicio, que lo haga; creamos que todos los habitantes del país tienen las herramientas necesarias para crear y distribuir sus productos. ¿Habremos entonces logrado la democratización del arte? ¿Podrá cualquier persona que quiera convertirse en artista? Yo creo que no.

Cuando aún estaba en preparatoria e investigaba sobre escuelas de cine, me encontré en repetidas ocasiones con el mismo comentario: la única ventaja de asistir a una escuela de cine es que en ella adquieres contactos de otras personas de la industria. Fuera de eso, decía el consenso, no vale la pena invertir tanto dinero en un diploma que nadie va a pedir. Uno puede estar o no de acuerdo con ese argumento, pero igual se rescata de él un aprendizaje muy importante; aprendizaje que, aunque no es exclusivo del mundo creativo, sí está presente en la mente de los artistas emergentes: para tener éxito se necesitan conexiones y dinero.

Un profesor de la universidad nos explicaba el arte como la mezcla de dos cosas: instinto y conocimiento. El instinto es algo con lo que viene cada individuo en mayor o menor medida y que, aunque perfectible, no depende del entorno en el que se haya desarrollado la persona. El conocimiento, por otro lado, sí.

La necesidad de un recurso es más aceptada que la otra, pero ambos elementos están conectados entre sí. Disequemos primero las conexiones. Aunque aún se les considera importantes, cada vez hay más personas que ven posible dar el salto a la industria iniciando de manera independiente. Los artistas que hemos entrevistado en esta revista opinan así, y algunos son prueba de esta realidad. Tanto entre ellos como entre el público en general se atribuye esto a las plataformas digitales, herramientas con las que uno puede crear, editar, subir y distribuir contenido sin la necesidad de un tercero. Si el contenido es suficientemente bueno, se dice, pueden ocurrir dos cosas: que llegue a alguien dentro de la industria (la conexión) o que el artista dé el salto por sí solo. Ocurre cualquiera de estas y todos celebramos. ¿Lo mejor? Que cualquiera puede hacerlo. O ¿no? Aunque el avance de la tecnología ha puesto las herramientas necesarias en manos de más personas que antes, no las ha puesto en las de todos. Debe celebrarse el progreso, claro, pero

No hablo de inteligencia o de talento, pues ambas cosas están más ligadas al instinto, sino únicamente de conocimiento. Ese que se nutre, se entrena y se conecta. Se nutre con material y maestros a los que no todos tienen acceso, se entrena con herramientas inútiles para quienes no lo hayan nutrido y se conecta con el conocimiento previo que no habrán adquirido quienes no hayan logrado las primeras dos tareas. Las plataformas permiten que cada vez más personas distribuyan lo que crean, pero ¿es todo esto arte? No tengo la verdad absoluta, pero mi opinión es que no. Habrá quienes opinen lo contrario, que todo es arte y todos somos artistas; otros más moderados quizá respondan que todos podemos llegar a serlo. Yo, por mi parte, no estoy de acuerdo ni siquiera con la segunda aseveración. Creo que existen entornos olvidados en los que es imposible acceder al conocimiento, centros en los que el instinto es estéril y se convierte únicamente en un facilitador de pasatiempos. Sé que hay casos extraordinarios, excepciones a la regla que sirven como contraargumento a mis palabras, pero no son nada más que eso. Para hablar de una democratización del arte tendrían que ser la norma.

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Tony

True and the Tijuana Tres

POR

ANA CECILIA CANO Y FERNANDO BALCÁZAR FOTOGRAFÍA

JUAN CARLOS VÁZQUEZ

DISEÑO EDITORIAL

SULEIKA ELIZONDO


L

a música de Tony True and the Tijuana Tres es al mismo tiempo familiar y atrevida: en sus letras se encuentra la cultura regiomontana, mientras que los sonidos que la conforman tienen diversos orígenes. Cuando uno escucha sus canciones, es difícil clasificarlas en un solo género. Sus influencias, que van desde rock y folk hasta pop y norteño, hacen difícil poner una etiqueta. Disfrutarlas, por otro lado, es facilísimo. En esta entrevista, Tony True and the Tijuana Tres nos platicó sus opiniones sobre los géneros musicales, las colaboraciones y la democratización del arte. ¿Puedes contarnos cómo empezó tu carrera en la música? Ok, mira… Pues mi familia es muy musical. Desde chico, la música ha estado presente en mi vida. Mi carrera en sí empezó yo creo que cuando empecé a tocar la guitarra, ¿no? Empecé a tocar la guitarra a los 12 o 13 años —entrando así a clases, ya sabes. Y luego ya en la secundaria se procede a tocar con mis amigos, etcétera, etcétera, pasando por varios proyectos, hasta este proyecto que nace hace siete años —que ya es un buen rato. Tengo cuatro discos y, pues, bien contento con todo el camino ya recorrido, que la verdad siempre ha sido muy positivo. ¿Entonces ya tocabas en proyectos previo a empezar a tocar como Tony True and the Tijuana Tres? Sí. Cuando empezaste este proyecto de Tony True, ¿sabías desde el principio que lo querías profesionalizar? O ¿fue, más bien, una decisión que tomaste después?, ¿simplemente se dio…? ¿Cómo estuvo ese cambio? Pues mira, yo empecé porque estaba un poco harto de varias… como, por decirles, decepciones, ¿no? O sea, a veces haces proyectos pensando que… Pues dices: «¡Ah! Está buenísimo el proyecto, va a

funcionar.», etcétera, etcétera. Y siempre como que se quedaban en el camino. Y pues yo dije: «¿Sabes qué? Pues quiero hacer mi proyecto solo.». Lo hice con la ayuda de un amigo que tenía un estudio; entre él y yo grabamos el primer disco y lo lancé, ¿no? La verdad, no esperando nada. Solamente… pues quería expresar, ¿no? Y quería sacarme varias canciones que traía en la cabeza. ¡Y pues ya! Lo lancé a internet y se empezó a mover. Y ahí fue cuando dije: «Ah, bueno, este proyecto tal vez puede funcionar, ¿no?». Y empecé a tocar. La verdad nunca de manera… como de que: «¡Ah! A esto me voy a dedicar.», etcétera, etcétera. Y poco a poco fue creciendo, hasta hace poco —bueno, no hace poco, hace tres años—, que firmé con una disquera. Y ya como que sentí de que: «Ah, bueno, esto ya es como más profesional, ¿no? Ya me puedo dedicar a esto de alguna manera, ¿no?». Porque la verdad es que, pues dedicarte a la industria de la música así al 100% en México está un poco difícil. Entonces hay que hacer varias cosas. Mmm… Pero sí, o sea, ya cuando se acercó la disquera conmigo y les interesó el proyecto dije: «Ah, bueno, entonces esto sí puede ser algo profesional, ¿no?». ¿Nos puedes contar cuáles son las principales diferencias que has sentido entre trabajar tú como solista y trabajar en un proyecto grupal? Bueno, pues mira, la verdad es que a mí me gusta mucho también, y disfruté mucho estar con una banda, ¿no? Tengo mi banda, también, que me acompaña cuando se puede. No son parte creativa de ella, pero pues tocan conmigo en vivo. Y la verdad es que yo a veces lo veo complicado. Yo ya me acostumbré a trabajar solo. Entonces, por ejemplo, antier regresé de Hermosillo; fui a trabajar con unos amigos en una canción. Y, pues, yo estoy acostumbrado a dirigir gente, ¿no? O sea, le hablo al baterista y le digo: «Oye, me gustaría que suene así y asá.», y la verdad es que prácticamente siguen instrucciones, de alguna manera. Y ahora pues, fui a participar con esto que sí es una banda, entonces sí hay un input creativo, entonces no necesariamente me van a hacer

caso en todo y a mí se me hizo raro de nuevo, ¿sabes? Que la verdad, ¡eso está chido! Porque, pues, tener varias cabezas en un grupo ayuda a que la música salga muy diferente, ¿no? Yo eso lo complemento, ahora de solista, a la hora que grabo —que invito gente que admiro y confío en su gusto y en su talento para meterle a mis canciones. También, lo mismo que te digo que es un pro de tener una banda, también es un contra —tener tantas cabezas y tantas opiniones. Creo que cada uno tiene lo suyo. Tener una banda con tus amigos es algo bien divertido, ¿no? Te la pasas de fiesta, riéndote… Y pues ser solista, pues ahora sí es un poco… como lo dice el nombre, un poco más solitario. Pero la verdad es que yo estoy muy contento con la decisión que tomé y cómo estoy llevando mi proyecto y de contar con mis amigos, que la verdad pues… son mi banda. O sea, cuando estoy con ellos y ensayamos juntos, pues son mis amigos de toda la vida y está bien padre que estén conmigo en el proyecto cuando se puede, ¿no? Que me puedan acompañar.

«No me gusta cerrarme a géneros; siempre he creído que cuando haces una canción, te debes dejar llevar por lo que te dice la rola y seguir el sonido que busca, ¿no?» Escuchando tu discografía, algo que nos pareció muy interesante fue la mezcla de géneros musicales que realizas. ¿Nos podrías contar cómo has manejado eso? ¿De qué influencias salen estas diferentes características que le das a tu música? La verdad es que a mí, así como escuchas mis discos, me gusta todo tipo música,

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entonces yo trato de incluirlo en mis discos. No me gusta cerrarme a géneros; siempre he creído que cuando haces una canción, te debes dejar llevar por lo que te dice la rola y seguir el sonido que busca, ¿no? Por eso a veces ahí pues tengo cumbias y tengo rock, tengo baladas, tengo cosas más folk-y… Trato de seguir mi instinto y no tanto limitarme a decir de que: «¡Ah! Tony True tiene que escucharse así.». Al contrario, lo que me gusta es que pues Tony True puede escucharse de muchas maneras. Obviamente con la esencia, ¿no?, que son las canciones, las letras y la guitarra acústica, pues, que es la base de todo el proyecto. Así hago mis canciones en mi casa, con mi guitarra y mi voz. Y es importante que se respete eso, pero también dejarnos llevar un poco por la música, que es muy mágica, tiene muchas vertientes y… pues la verdad es que todos escuchamos de todo. De repente me dan ganas de escuchar Bronco, a veces unas ganas de escuchar, no sé, que Daniel César o a veces me dan ganas de escuchar cantautores o me dan ganas de escuchar algo más pesado. Cosas así. Entonces trato yo de incluir todo eso en mis discos, porque también para mí es importante hacer música que a mí me gustaría escuchar, ¿sabes? O sea, algo que que a mí me guste escuchar, ¿no? Y también, pues, a mí me gusta tener canciones como para toda ocasión. Entonces hay una rola para la carnita asada y una rola pa’ estar en la casa tirando flojera… Entonces como que ahí tener esa variedad que a mí me gusta escuchar. Y pues también me gusta mucho que la gente ya aprendió eso del proyecto. Entonces cuando saco discos y todo pues se espera que haya cosas diferentes, ¿no? ¿Cuáles crees tú que serían las principales ventajas para el artista de experimentar con diferentes géneros en lugar de cerrarse a uno solo?

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Pues te abres un mundo, la verdad. Te voy a poner un ejemplo: el mundo de la música grupera, norteña, es muy, muy, muy diferente a la música pop o la música rock. El lenguaje es diferente, como tocan es muy diferente… Obviamente los instrumentos son muy diferentes y vas aprendiendo y te vas abriendo. Y eso te ayuda a nutrirte a ti como músico y como artista para poder, a la hora que tú estés solo, componiendo nuevas rolas o lo que sea. A veces eso se queda ahí, como en el subconsciente, lo que aprendiste o lo que viste, y a la hora de componer o lo que sea, sale. O cuando estás en producción, de que: «Oye, la vez pasada que grabé el bajo quinto o el acordeón, hicimos esto y podría quedar chido en esta rola. Aunque sea pop, pero queda esto.». Entonces como que… Pues siento que te abres muchas, muchísimas más puertas. Y pues ahorita la verdad es que yo de alguna manera pienso que los géneros ya no existen. O sea, todo se mezcla con todo. Puedes hacer una rola rock que está pop, pero de repente trae acordeón o… Pues una rola grupera en balada. Entonces creo que hay que tener la mente abierta siempre a aprender y creo que en todos los ámbitos, no solo la música —en la vida en general, al tener la mente abierta a aprender y a entender cosas que no conoces, pues te hace mejor persona y te hace crecer muchísimo; te abre nuevos mundos, ¿no? Que a veces, pues si te quedas cerrado en lo tuyo, no creces, ¿verdad?

internet y una compu y me llega a la casa y puedo grabar mis rolas. Y mañana las puedo subir a Spotify. Esa facilidad de poder crear y grabar y hacer todo, ¿no? También, por ejemplo, el diseño gráfico; ahorita me compro Ilustrador y me hago la portada del disco y bajo el Adobe Premiere y me hago un video. O sea, son habilidades que puedes aprender y puedes, tú solo, hasta crear tu propio proyecto, sin ayuda de nadie y con muy poco dinero. Y creo que es importante, de alguna manera, apreciar eso, ¿no? Ahorita mucha de la gente que yo conozco y admiro, pues así empezaron. ¡O siguen así!: haciendo ellos exactamente lo suyo —grabándose a sí mismos y haciendo sus propios proyectos. Y creo que es importante esto, ¿no? La democratización también aumenta la oferta de artistas, ¿no? Y eso también crea más competitividad y ¿la competitividad qué hace? Pues te empuja a ser mejor y a hacer mejor las cosas. Entonces creo que es importante aprender y estar abierto, como decíamos hace rato, estar abierto a escuchar. También creo que, hablando de arte en general, pues a varios artistas plásticos o gráficos, pues las redes sociales y el internet les ha ayudado a hacer muchisisísimas cosas.

«Y pues ahorita la verdad es que yo de alguna manera pienso que los géneros ya no existen. O sea, todo se mezcla con todo.»

¿Cómo crees tú que los avances tecnológicos, las plataformas virtuales, han contribuido a la democratización del arte en estos últimos años? Pues muchísimo. La verdad es que, como lo dices, mi proyecto creció por el internet. Por eso antes la gente que era famosa era porque los firmaba gente con dinero y gente que los impulsaba y les grababa discos, etcétera, etcétera. Y ahorita puedo comprar un micrófono por

El ejemplo más simple, creo yo que está, es Banksy, que gracias a fotos que la gente compartía el wey se convirtió en un astro del arte urbano. Entonces creo que es importante apreciar eso y abrazarlo también, porque luego hay gente que también es de que: «No, es que se pierden los valores o ya no se respeta al artista como antes.». Pero la verdad creo que al final de cuentas no importa. Lo que importa es crear y hacer buen contenido y buen arte que valga la pena preservar y preservar por las siguientes generaciones y aprenderlo.

¿Sientes que todo este tema de la democratización y todos los avances en tecnología de alguna manera han impactado la manera en la que los artistas colaboran hoy en día? Sí, claro. De hecho… Pues la verdad, por ejemplo, ahora con lo de la pandemia, con las redes sociales y con el internet y… pues esto, lo que estamos utilizando ahorita, el Zoom. Obviamente está el teléfono, de los más antiguos. La verdad, ha cambiado muchísimo. O sea, por ejemplo, yo ahorita —hace como dos semanas— saqué una rola con una colaboración de un amigo que no nos conocemos en persona; o sea, solo hemos hablado vía Instagram. Pues, nos conocemos como artistas, pero nunca nos hemos conocido de saludarnos ni nada en persona. Y le hablé y le dije: «Oye, tengo una rola en la que quiero que participes.». Me dijo: «Órale, va. Mándamela.». Entonces se la mandé, la grabó en su casa y luego me la mandó. Y yo acá hice la mezcla y etcétera, etcétera. Pero pues ya, ¿sabes? Es otra onda completamente. O sea, ya… Pues prácticamente no necesité conocerlo; de alguna manera nos conocíamos por nuestra música y gracias al internet y a las redes sociales pudimos crear una canción que se va a preservar y va a seguir existiendo por los siempres de los siempres. Y es de lo que creo que ahora la gente —los artistas— se está dando cuenta, ¿no? De que ya no es necesario vernos en persona. Podemos seguir creando sin la necesidad de tanto proceso, ¿no? Está bien fácil. Yo hace poco hice una rola por Zoom con un amigo que tenía ganas de escribir conmigo; me habló y me dijo: «Oye, ahí te va una junta de Zoom. Vamos a vernos ahorita en una hora y hacemos una rola.». Hicimos una rola por Zoom. O sea, ya colaborar se ha vuelto y se está volviendo muchísimo más fácil. ¿Cómo se da este proceso de colaboración cuando estás trabajando con artistas que suelen trabajar con otros géneros o que trabajan con géneros poco convencionales? ¿Cómo funciona este intercambio de ideas?

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La verdad es que, como te decía, siempre es llegar con la mente abierta, ¿no? No limitarse y siempre estar positivo. Porque, como te decía, a veces se cierran y es de que: «No pues es que ¿yo por qué voy a tocar así, si yo no toco así?», etcétera, etcétera. Afortunadamente, pues toda la gente con la que yo trabajo, de alguna manera somos conocidos o compartimos gustos en común, entonces de alguna manera podemos colaborar muy fácil, ¿no? Porque siempre el estar con la mente abierta nos facilita muchísimo.

«Y es de lo que creo que ahora la gente —los artistas— se está dando cuenta, ¿no? De que ya no es necesario vernos en persona. Podemos seguir creando sin la necesidad de tanto proceso, ¿no?» Sí, los géneros es algo que, como te digo, yo respeto poco (risa), pero me gusta mezclar de todo. Entonces también siento que mis amigos o la gente que colabora conmigo sabe eso. Entonces llegan abiertos a «A ver, ¿qué vamos a hacer con Tony True?». Entonces está chido que a veces no batallo y saben que va a ser, al final de cuentas, un producto o un proyecto bonito. Aparte yo también respeto mucho. También de que: «Oye, si no quieres hacer esto, si te sientes incómodo cantando esto, etcétera, etcétera… no pasa nada.». O sea, eso es algo que se va a compartir entre los dos, entonces es importante también, pues como te digo, respetarse y también estar abiertos a ver qué pasa ahí. Y creo que así suceden las cosas más chidas y más divertidas: cuando llegas abierto a ver qué sucede. Y la verdad es que a mí lo que más me gusta de componer y cantar y tocar, es divertirme. Entonces, si quedó chido y nos

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estamos riendo y la estamos pasando bien, yo creo que vale más que cualquier cosa. ¿Consideras tú que esta idea de no cerrarse a un solo género, de mezclar muchas cosas diferentes, podría ayudar a acercar a las personas a diferentes géneros musicales que tal vez de otra manera no les interesarían? ¡Claro, obviamente, por supuesto! Creo que muchas veces, gracias a las colaboraciones y a los distintos tipos de rolas que tengo, yo digo que brinca la gente a escuchar lo demás. Entonces creo que obviamente le ayuda a la gente también, sin querer, a abrir la mente. Me pasó hace poco que… Tengo un amigo que se llama Leandro Ríos, es un wey que canta música norteña, banda, etcétera, etcétera. Tiene un programa en YouTube y me invitó a participar, cuando su público es casi completamente gente que escucha ese tipo de música. A él le gustó el proyecto y me invitó y toqué ahí, con mi guitarra y mis canciones. Y mucha gente llegó a mi Spotify y a mi YouTube. Y obviamente encontraron mi rolas que son más norteñas, más gruperas, pero también encontraron mis rolas que son más pop y más rock. Y comentaban de que: «Oye, pues llegué aquí por Leandro Ríos, ¡pero me gustaron tus rolas! Aunque yo casi no escucho esos géneros, me gustaron mucho tus canciones.». Entonces creo que es importante eso de incluir varios géneros… Abre muchas puertas y le abre la mente a la gente muchísimo más. En una época como la de ahorita, en la que las tendencias musicales suelen tender hacia otro lado, el producir música de esta manera, sin cerrarse en un solo género, podría considerarse un acto de rebeldía. ¿Tú lo consideras algo así? Pues mira, tal vez, puede ser. O sea, no tan rebelde, pero sí podría yo considerarlo un poco de un… Se me hace muy «¡Vale madre!». O sea, no me importa, no me interesa cumplir con estándares, no tengo por qué sonar siempre igual, no tengo por qué siempre cantar de lo mismo, no tengo

por qué usar los mismos instrumentos siempre… O sea, no hay reglas. No existen reglas, puedes hacer cualquier tipo de cosa. Obviamente me gustaría colaborar y participar con artistas de mi género —no de mi género, pero como dentro de mi onda—, que la verdad es que, aquí localmente, pues prácticamente los conozco a todos. Pero también, como te digo, abierto a colaborar con otros tipos. Yo creo que sí podría ser algún tipo de rebeldía, ¿no? No muy rebelde, porque la verdad es que la gente está acostumbrada a lo que hago y se sorprenden a veces de los cambios o cosas que hago en cada disco. Pero creo que es importante considerar eso también: la gente ya está abierta a lo que voy a hacer. O sea, ya saben que tal vez en


el próximo disco traiga un trap, ¿verdad? O sea, nunca sabes. Y el ser rebelde es parte de todo, ¿no? El salirte del cuadro y no hacer lo mismo que los demás en la música es súper importante.

«Creo que muchas veces, gracias a las colaboraciones y a los distintos tipos de rolas que tengo, yo digo que brinca la gente a escuchar lo demás»

¿Qué futuro le ves tú a la industria local? ¿Qué cambios crees que seguirá teniendo? Y ¿qué cosas crees que va a dejar atrás? Pues mira la industria local, yo creo que tenemos una gran escena aquí en Monterrey. ¡De todo tipo! Eso me gusta mucho. La última vez que pasó eso fue (con) la Avanzada regia y a todos los firmaron, ¿verdad? Tengo la fortuna de conocer a muchos y creo que la escena local tiene muy buena calidad y buenos estilos. ¿El futuro? Pues la verdad es que no sabemos qué vaya a pasar. Yo espero que regresen los bares como estaban antes y que todos podamos abrazar como antes, y estar todos pegaditos... Pero no sé. No creo que se pueda muy pronto. Pero yo espero que los músicos que ahorita están empezando

o que llevan poquito tiempo, no se agüiten por no poder salir a tocar y encuentren su manera de hacerse conocer. Es importante también adaptarse. Ya sabes, toda esta onda de los streaming… Ayer tuve un stream, estuvo interesante, ahí en el Nodriza. Entonces es importante adaptarse y crecer con eso y tratar de salir adelante. Y obviamente no rendirse, que creo que es lo más importante en esta industria. Y nada. Echarle ganas y creer también en el artista local. La gente también cree en el artista local porque todos los artistas en algún punto fueron locales.

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