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ardua, pero amada tarea me he dedicado estos últimos meses, cuando me “adhiero” al teclado y empiezo a escribir esta sección de Cabeza De Queso. Hoy debo cumplir mi labor fielmente y lo hago en SILENCIO.

Todos deberíamos tener siempre muy presente a Lafontaine cuando decía que es bueno hablar pero mejor es callarse. O la condesa de Metternich, que dominaba nueve lenguas y solía comentar que había aprendido a callarse en nueve idiomas distintos. Así que, he encontrado que la mejor manera de expresar lo que pienso sin emitir palabra, es quedándome en silencio… mientras escribo. (Porque en este mundo de letras todo se puede y no le dejo nada a la imaginación… y cuando no tengo qué decir solo me dejo en puntos suspensivos y ya con eso digo mucho y la gente me escucha… en este mundo las letras no se van, más bien se dibujan, se imprimen en un papel, se leen, se inmortalizan; se vuelven actos…. Y los que me leen me interpretan, algunos le atinan a lo que verdaderamente quiero decir y otros no, pero ambos grupos polares me escuchan y estoy hablando mientras escribo, pero a la vez callo y me escucho, pues éste ejercicio sí que me hace falta: Escucharme, verme...callarme solo cuando es necesario). Dejémosle pues espacio a lo que no tenía… y en lo que solo pensamos cuando lo necesitamos… Se puede ver el silencio de una forma jocosa, como por ejemplo: cuando no se tiene que decir y lo que hacemos es una pausa para empezar a inventar… el silencio de un rostro sorprendido… cuando miro televisión… el silencio del televisor apagado… de una forma más formal: cuando leo un libro… el silencio que precede a una marea… del niño cuando para de llorar…cuando se empiezan a contar esos primeros segundos antes de empezar a dormir… el sueño es un silencio… Nada como un buen tiempo callado, cuando lo mejor es lo que no se dice, cuando la gente espera que uno diga algo y como respuesta solo se queda uno mirándoles a la cara como esperando a que el tiempo pase y nada mejor ocurra…ese si es un buen silencio… cuando se espera una respuesta y no se dice nada… Un silencio mal leído ha llevado a que no se entienda el mensaje. Algunos lo consideran como aprobación a la respuesta. Otros consideran que es un acto sabio y en cambio, otros lo creen irrespetuoso, pero todo depende de que circunstancia estemos hablando. El silencio es diferente en todas sus dimensiones… no es lo mismo el silencio a media noche, donde no se emite ningún ruido, al silencio de la soledad. No es lo mismo el silencio después de un día ajetreado al silencio mientras escribo. No es lo mismo el silencio cuando se desea al silencio cuando no. El silencio al lado de un muerto, no es el mismo al lado de un vivo… Aquel silencio que se percibe en un bus, cuando solo se comparte silla con la persona de al lado y el problema de uno no le toca al otro… el silencio que se guarda cuando permitimos que otros decidan por nosotros y después tenemos que afrontar las consecuencias… el silencio…. el silencio que se necesita y el silencio que debe dejar ser…. el silencio cuando camino lleno de pensamientos, el silencio cuando todo se apaga... el silencio cuando amanece. El silencio está lleno de colores. Pero para saber mantenerse en silencio también nos es necesario saber hablar, no es callar por callar, ni hablar por hablar… es saber hacerlo a su tiempo. El silencio cuando pienso, el silencio que existe después de una explosión, el silencio del sordo, el silencio del que no quiere oír, el silencio… (Usted tendrá el suyo).

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En ocasiones creemos que solo la palabra puede comunicar ideas, sensaciones y hasta emociones, pensar en omitirla suena descabellado pero en medio del bullicio de los escenarios nos encontramos con el silencio de cuerpos expresivos.

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a compañía Casa del Silencio (Maison Du Silence) es dirigida por Diana Leon y Juan Carlos Agudelo, un caleño de 44 años radicado en Bogotá, soñando con hacer un teatro que tenga un lenguaje universal con una estética que lo identifique. Juan Carlos nos cuenta: -Yo empecé en Cali en el 81 con un grupo que se llama “taller teatral El Globo” y estudié en una escuela que se llama Instituto Cultura, allí empecé mi formación teatral y mi interés en el oficio del teatro, del arte escénico. Luego me fuí para Francia en el 89 y me quede hasta el 96. Fuí a estudiar mimo clásico. Descubrí un lenguaje que se llama mimo corporal dramático, (es una técnica), me especialicé en eso y luego me metí a estudiar licenciatura en teatro (…). En el 97 regresé a Colombia y fundé La Casa del Silencio, que es la compañía, la que nosotros presentamos-. El grupo utiliza herramientas del teatro gestual y físico que se centra en las facultades expresivas del cuerpo, y sus posibilidades de movimiento y comunicación desde la acción y sin la palabra, justificando

el trabajo sobre elementos técnicos específicos que permiten la creación de universos silenciosos. Cuenta con un elenco de 10 jóvenes actores: Edwin Acero, Ángela Valderrama, Lorena Díaz, Jorge Acuña, Nubia Díaz, Leonardo Martínez, Sara Tautiva Mancera, Sebastián Fernández Zamora, Erika J. Villarraga Rey, Leonardo Martínez Chávez. Sus obras mas recientes son Entre Mortales con la que se presentaron en el XII Festival Iberoamericano de teatro de Bogotá (2010) y “Woyseck”, obra basada en un texto dramático icono del teatro alemán del autor Georg Büchner, con la cual se presentaron en el Festival de teatro Alternativo 2010- “Memoria e Independencia”. En sus montajes da lugar a la idea de creación colectiva – (…) A mi me gusta mucho defender la idea de intérpretes creadores, la creación colectiva es algo que ha construido por ejemplo la Candelaria (…), a mi me gusta darle valor al término de artistas creadores, intérpretes

Material fotográfico tomado de la página: www.lacasadelsilencio.org

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creadores, porque generalmente es un trabajo que se hace en combo pero con una dirección-. Pensando en una experiencia satisfactoria en medio de las aventuras de la compañía, Juan Carlos nos habla de viajes… -estuvimos en Panamá ahorita en el Festival de las Artes y fué ratificar que el teatro nuestro tiene un sello de exportación, cuenta con un lenguaje universal (…), hay escrituras que se quedan en el barrio, hay escrituras que se quedan en la ciudad, hay escrituras que se quedan en el país, hay escrituras que rompen las fronteras, lo nuestro es un lenguaje que rompe fronteras. En cuanto a una experiencia incómoda…-A mi no me gusta recordar lo desagradable(…), Más bien son pesadillas, por ejemplo llegar a la obra y encontrar que no esta el telón colgado, que el texto se me olvidó, el texto silente, ¿¿entonces qué sigue ahí??, eso es una pesadilla! ¿Cuando niño qué querías ser cuando grande? Yo tengo un problema, el cassette

de la infancia está como entrecortado, entonces yo si recuerdo que imitaba mucho a Chaplin, que hacía espectáculos en la casa donde mi mamá con un chino del barrio, un niche, un afro descendiente que sabía trucos de magia. Aún hay cosas que lograr… el sueño para el grupo es tener un galpón para ensayar y no estar alquilando salones y no estar pidiendo canoa… eso es duro, es duro estar en esa condición como de errante permanente (…) y está el otro sueño, que es el familiar, yo enseño como una opción de vida, yo creó que uno puede vivir del oficio, yo pienso que si nosotros entramos en un circuito internacional interesante, perfectamente uno puede bajarle a la docencia, sin dejarla de hacer (a mi me gusta) y vivir dignamente del oficio (…), aquí es el único país donde la gente no puede aterrizar eso y no es por falta de calidad, no lo creo. “De todas las palabras que utilizamos en un día, el 80% son palabras innecesarias”. Material fotográfico tomado de la página: www.lacasadelsilencio.org

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E

n tan larga espera, en la esquina de la sala, un hombre alto, delgado, de piel morena caminaba impaciente, no desaprovechando su ubicación me arrojó intensas miradas, ya lo presentía, en cualquier momento se acercaría a hablarme. ¿Tenía otra opción?, Con muchos deseos de irme a otro lugar debía permanecer allí, no había otra alternativa, no existía otro lugar. Cuando lo vi acercarse no hubo tiempo para escapar, su nombre era Leonardo, tenía 28 años, se encontraba allí esperando noticias de su hija, quien había llegado por urgencias puesto que en sus pequeños pulmones se desarrollaba una bronconeumonía; sin mi autorización Leonardo inició una conversación, realmente fue la apertura de un monólogo; intenté no ser descortés, pese a esto no lograba sentirme tranquila y seguramente él lo notó. Unos minutos antes de que él se aproximara meditaba en la soledad, en lo aislada que me sentía cuando permanecía en ese hospital, necesitaba alguna voz, algo de ruido, o mejor un poco de música, llevaba bastantes horas en aquella sala de espera en silencio, aburrida y cansada. El silencio en algunas ocasiones es agradable, para los compositores es fundamental, proporciona calma, enseña y forma, pero cuando has pasado muchas horas en un mismo lugar abruma. Paradójicamente Leonardo se acercaba como si conociera mis deseos de escapar, para mi desdicha no era precisamente de ese modo que pretendía romper con la monotonía, tuve que escucharlo por compasión. Hace 11 meses que Leonardo no veía a Laura su pequeña de 4 años; Lina su ex-novia, ex-amiga y exmujer, lo había separado de su motivo para vivir, de aquella niña a quien había entregado todo y por quien estaría dispuesto a sacrificar cuanto necesitara. La historia realmente empezaba 14 años atrás, Leonardo era un muchacho que se esforzaba en cada actividad que emprendía, trabajaba de día y estudiaba de noche, los fines de semana se dedicaba a atender algunos favores para sus amigos; no había tenido novia

hasta que conoció a Lina, una señorita de 12 años que vivía muy cerca a su manzana. La relación había iniciado por la presión de Carmenza, la madre de Lina, una mujer de 37 años, colérica, manipuladora y de pocos recursos económicos, prácticamente le había entregado su hija a Leonardo, quien no tuvo problema en recibirla. Se criaron juntos y entre los dos conocieron el camino de la adolescencia y la juventud. Leonardo financiaba los estudios tanto de él, como los de ella, sus pensamientos no tenían otro nombre, sus esfuerzos y labores poseían siempre un propósito en ella, enamorado profundamente de la única mujer en su camino. Cuando nació Laura sintió que el amor se multiplicaba, su corazón se repartía entre las mujeres más bellas que la vida le había entregado, un hogar sin peleas, sin rencores, con diálogo, sin preocupaciones, una familia que se daba su lugar por encima de obligaciones y responsabilidades laborales. Con tan romántica historia Leonardo había llamado mi atención, aún así deseaba que finalizara pronto, no soportaba su mirada y cuando la bajaba la sensación que corría por mi cuerpo me avisaba que algo en él no era normal. Un desdichado día, todo acabó, su todo se iba, no logré entender porque podía sucederle algo así, no parecía justo lo que había ocurrido con él, si había un propósito no parecía tener sentido. Era 5 de julio de 1998, por motivos laborales se había desplazado a un lugar a tres horas de su ciudad de permanencia, el trabajo en campo era lo que más disfrutaba después de compartir con sus mujeres, no obstante le disgustaba la idea de alejarse de ellas. Eran las 6 pm y sus compañeros le propusieron quedarse para beber, bailar, reír, relajarse, disfrutar y olvidarse de la rutina; Leonardo no era amigo del alcohol, tampoco de las fiestas, su adolescencia no le había brindado esos espacios, así que prefería regresar a casa antes que irse de parranda. Mientras conducía a casa recibió una llamada de Lina, discutieron, colgó y su mente se elevó, no entendía

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porque estaban conversando agresivamente, siempre habían dialogado, pero parecía que los años estaban haciendo efecto, Leonardo se esfumó en sus ideas, pensamientos que lo llevaron al fin de la normalidad, un poste de luz en su camino, le arrebató la luz de su vida... Se trasladaba al lugar donde se encontraba Lina, deseaba charlar con ella personalmente, para su desdicha ya no era posible, Leonardo ya no se encontraba en sano juicio, se había embriagado de dolor y éste le había hecho perder el control. Se desplazaba en motocicleta, una Hendo Honda color gris nube, fue demasiado rápido; él asegura que ese poste no estaba ahí, no sabe de dónde salió, solo recuerda que chocó. El 14 de julio de 1998 despertò en un hospital, después de 9 días de inconsciencia abrió los ojos , desconcertado, sin saber donde se encontraba, sin entender que había ocurrido, solo recordaba que se dirigía en su honda acompañado de sus pensamientos, el último de ellos correspondía a la imagen de Laura y Lina haciéndole cosquillas antes de su viaje. En esa imagen se encontraba su pequeña “anhelando viajar con papi”, quien con ternura la convencía de quedarse acompañando a mamá, la encantadora niña con 4 años de edad atrapaba a su papito con abrazos, caricias y mas cosquillas, se embriagaban en risas profundas alternadas entre silencio y escándalo. Leonardo perdió bastante aquel día, por esa razón días después reconstruyeron su cara, le colocaron un ojo artificial y un brazo de plástico, eso explicaba aquella cicatriz en su frente y labios y el temor que me producía observarlo. Pero ese día también había perdido a sus dos tesoros, Lina desapareció y con su huida alejó a Laura de su padre, ella se había enterado del accidente, de su estado de incapacidad y había decidido alejarse. Meses más tarde después de buscarlas con afán y ansiedad, Leonardo supo que Lina vivía con otro hombre, seguramente ya estaba con aquel individuo antes del accidente; su corazón se desgarró, su alma se conmovió, se vió a si mismo insignificante, sin valor, despreciado, desdichado, bajo esas circunstancias no

valía la pena vivir. ¿Pensó en quitarse la vida?, claro que sí, pero ese pensamiento no podía convertirse en una opción, debía luchar por Laura, por permanecer junto a su pequeña. Ese deber de padre no sería un asunto sencillo, Lina había interpuesto una demanda en su contra donde se le impedía aproximarse a su chiquita, Leonardo debía observarla de lejos, no podía acercarse, debía conformarse con contemplarla cuando saliera del jardín sin que Lina se percatara de su presencia. Era increíble cuanto amor había en este hombre, era un ser noble, para muchos considerado tonto, quien a pesar del desagradecimiento y desprecio de su mujer no se desentendía económicamente, seguía trabajando y esforzándose por el bienestar de las dos; no era tan sencillo para él ingresar a una empresa , no cuando se es catalogado como incapacitado, Leonardo era bastante inteligente, era experto en lo que laboraba, pese a esto no era bienvenido en las organizaciones, no avanzaba en las entrevistas, era mirado con desconfianza, como un extraño, incluso como un ladrón, todo parecía estar en contra de él. Incluso mientras me hablaba tenía que conformarse con que yo no huyera, normalmente las personas lo hacían porque no soportaban su mirada ni tampoco su presencia, él no era un monstruo, pero muchas veces era considerado como tal, su historia era bastante conmovedora, aun así su rostro era bastante escalofriante y por esta razón no apetecía escucharla otra vez de sus labios; antes del accidente debió ser muy atractivo y debió tener muchas oportunidades, pero nada obtenía con preguntarse porque el pasado había sido mejor. Leonardo no me permitió pronunciar palabra alguna, creo que se conformó con que yo lo hubiera oído aunque realmente yo lo había escuchado. Cuando terminó de relatar su historia regresó a su lugar, retomó su posición y yo retome la mía, una vez más en aquella sala el silencio reinó, él seguiría esperando noticias de su pequeña y yo debía permanecer allí, esperando a que Julián me diera la oportunidad de ingresar al cuarto de ángel.

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EL SILENCIO