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LOS

DIEZ MANDAMIENTOS g


Monseñor Dr. Tihámer Tóth

LOS

DIEZ MANDAMIENTOS g

Asociación Pro Cultura Occidental, A.C. Guadalajara, Jalisco, México


ueda prohibida la reproducción parcial o total de esta obra por cualesquier medios, ya sea mecánico o digitalizado u otro medio de almacenamiento de información, sin la autorización previa por escrito del editor.

Copyright Derechos Reservados Primera Edición Febrero 2014 Asociación Pro Cultura Occidental, A.C. Avenida Américas #384 C.P. 44600 Tel. (0133) 3630 6142 Guadalajara, Jalisco, México www.editorialapc.com.mx apcbuenlibro@yahoo.com.mx

Impreso en México. Printed in Mexico.


LICENCIA ECLESIÁSTICA

Nihil obstat GUILLERMO FURLONG, S.J. Censor ad hoc Puede imprimirse ANTONIO ROCCA Ob. de Augusta y Vic. Gral.

Este libro está directamente traducido del original húngaro por el M. I. Sr. Dr. D. Antonio Sancho Nebot, Magistral de Mallores.

Primera Edición: Mayo de 1957


CONTENIDO INTRODUCCIÓN15 Capítulo I ¿TIENE TODAVÍA EL DECÁLOGO ACTUALIDAD?19 Capítulo II EL DECÁLOGO Y LA VIDA TERRENA29 I32 II35 Capítulo III EL DECÁLOGO Y LA VIDA ETERNA41 I43 II47 Capítulo IV LA INFRACCIÓN DEL DECÁLOGO: EL PECADO53 I ¿Qué piensa el mundo respecto del pecado? 54 II ¿Qué piensa dios respecto del pecado? 56 Capítulo V ¿FELICIDAD SIN DIOS?65 I ¿Cuál es nuestra enfermedad? 66 II ¿Hay esperanza de curación? 69 Capítulo VI PRIMER MANDAMIENTO “YO SOY EL SEÑOR DIOS TUYO”77 I79 II81 Capítulo VII “NO TENDRÁS OTROS DIOSES DELANTE DE MI”89 I91 II94 Capítulo VIII “HONRARÁS AL SEÑOR TU DIOS”101 I Rezo, porque es mí deber 102 II Rezo, porque esto es para mí una gran honra 104 III Rezo, porque así hago acopio de energías 105


Capítulo IX ¿POR QUÉ NO REZAS?111 I112 II115 III118 Capítulo X CONTRA LA SUPERSTICIÓN121 I122 II124 III125 IV127 Capítulo XI DEL CULTO DE MARÍA133 I ¿Por qué título honramos a la virgen maría? 134 II ¿Con qué fin honramos a laVirgen maría? 138 Capítulo XII ¿CON QUÉ TÍTULO HONRAMOS A LOS SANTOS?147 I148 II149 III154 Capítulo XIII ¿CON QUÉ FIN HONRAMOS A LOS SANTOS?159 I El culto de los santos viste de poesía nuestra religión 161 II El culto de los santos propone un ideal digno al hombre 163 III El culto de los santos nos comunica vigor moral 165 Capítulo XIV SEGUNDO MANDAMIENTO “NO TOMARÁS EN VANO EL NOMBRE DEL SEÑOR TU DIOS”171 I Los rebeldes 173 II Los vehementes 176 Capítulo XV RESPETA EL NOMBRE DE  NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO183 I ¿Por qué debemos respetar el nombre santo de Jesucristo? 184


II ¿Cómo hemos de honrar el santo nombre de Jesús?

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Capítulo XVI “NO DEIS A LOS PERROS LAS COSAS SANTAS”193 I194 Capítulo XVII LA ESTIMA CONSCIENTE DEL NOMBRE CRISTIANO205 I Los que no tienen conciencia del nombre cristiano 207 II Los que tienen plena conciencia del nombre cristiano 211 Capítulo XVIII “ACUERDATE DE SANTIFICAR EL DIA DEL SEÑOR” EL DESCANSO DOMINICAL217 I El descanso del domingo desde el punto de vista material 219 II El descanso del domingo desde el punto de vista espiritual 223 Capítulo XIX LA ASISTENCIA A LA MISA DOMINICAL229 I ¿Por qué se nos obliga a oír misa los domingos? 230 II ¿A qué nos obliga el mandato de asistir a la misa dominical?234 Capítulo XX LA SANTIFICACIÓN DEL DOMINGO241 I El domingo, día de la alegría 242 II El domingo, día de profundizar los conocimientos religiosos 244 Capítulo XXI ¿POR QUÉ HEMOS DE IR A LA IGLESIA?251 I ¿Es necesario ir a la iglesia? 252 II ¿Por qué es necesario ir a la iglesia? 257 Capítulo XXII EL VALOR DE NUESTRA LITURGIA263 I El valor del culto desde el punto de vista del individuo 264 II El valor del culto desde el punto de vista de la comunidad 268 Capítulo XXIII CONSONANCIA DE LA LITURGIA CON LA NATURALEZA HUMANA275


I ¿Cual es nuestra doctrina respecto de la santa misa? II ¡Cuán naturales son nuestras ceremonias!

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Capítulo XXIV EL SIMBOLISMO DE NUESTRA LITURGIA287 I288 II289 Capítulo XXV LA INFLUENCIA DE NUESTRA LITURGIA EN EL ALMA299 I La belleza de la liturgia 301 II La lengua de la liturgia 305 Capítulo XXVI CUARTO MANDAMIENTO “HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE”  DE LA DIGNIDAD PATERNA313 I Cómo ensalza Dios la autoridad de los padres 315 II Cómo rebajan los padres su propia dignidad 320 Capítulo XXVII ¡HIJOS, HONRAD A VUESTROS PADRES!325 I ¿Por qué deremos honrar a nuestros padres? 326 II ¿Cómo hemos de honrar a los padres? 330 Capítulo XXVIII ¡PADRES, ESTIMAD A VUESTROS HIJOS!337 I Tened en alto aprecio a vuestros hijos 339 II Cuidad de vuestros hijos 343 III Amad a vuestros hijos 345 Capítulo XXIX DEL RESPETO DE LA AUTORIDAD349 I ¡Inferiores! ¡respetad la autoridad! 350 II ¡Superiores! ¡fomentad el respeto a la autoridad! 354 Capítulo XXX QUINTO MANDAMIENTO


LA DEFENSA DE LA VIDA CORPORAL (I) (Homicidio. Pena de muerte. Eutanasia)361 I En qué alta estima tiene Dios la vida corporal del hombre 363 II ¿Cuáles son las consecuencias? 365 Capítulo XXXI LA DEFENSA DE LA VIDA CORPORAL (II) (Guerra. Duelo)373 I La guerra 374 II El duelo 376 Capítulo XXXII MAS FÉRETROS QUE CUNAS (I. La defensa de la vida del niño)385 I ¿Cuál es la situación? 387 II ¿Cuáles son las consecuencias? 391 Capítulo XXXIII ¡PECADO O HEROISMO! (II. La defensa de la vida del niño)399 I ¿Cuáles son las causas del miedo que se tiene al hijo? 400 II ¿Dónde encontraremos el remedio? 406 Capítulo XXXIV EL SUICIDIO411 I El contagio del suicidio 412 II Las causas del suicidio 414 III La medicina contra la epidemia del suicidio 418 Capítulo XXXV EL VALOR Y EL GOZO DE LA VIDA425 I La doctrina de la iglesia 427 II ¿Se compagina el sentir general en esta materia con el sentir cristiano? 433 Capítulo XXXVI EL CUIDADO DEL CUERPO437 I ¿En qué grado es lícito el cuidado del cuerpo? 439 II Los peligros de la exageración actual 444 Capítulo XXXVII ¿URNA O ATAUD?449 I Los argumentos de la cremación 451 II Los argumentos a favor del entierro 455


Capítulo XXXVIII “SUFRIENDOOS LOS UNOS A LOS OTROS Y PERDONANDOOS MUTUAMENTE” (Carta a los Colosenses, III, 13)461 I ¡Cuánto nos cuesta sufrirnos los unos a los otros! 463 II ¡Cuánto nos cuesta perdonar! 467 Capítulo XXXIX “AY DEL MUNDO POR RAZON DE LOS ESCÁNDALOS” (I) (SAN MATEO, XVIII, 7) (I. Los padres)473 I Los padres imprudentes 475 II Los padres débiles 478 III Los padres pecadores 481 Capítulo XL “AY DEL MUNDO POR RAZÓN DE LOS ESCANDALOS” (II)(SAN MATEO, XVIII, 7) (II. La prensa)487 I ¿Qué cosa exige del escritor el quinto mandamiento? 489 II ¿Qué cosa exige del lector el quinto mandamiento? 494 Capítulo XLI “AY DEL MUNDO POR RAZON DE LOS ESCANDALOS” (III) (SAN MATEO, XVIII, 7) (III. La moda)501 I La moda y la vida del cuerpo 503 II La moda y la vida del alma 506 III ¿Qué es lo que se puede hacer y lo que se debe evitar en orden a seguir la moda? 510 Capítulo XLII SEXTO Y NOVENO MANDAMIENTOS EL PLAN DE DIOS Y LA REBELDIA DEL HOMBRE517 I ¿Cuál es el plan de Dios? 519 II La rebeldía del hombre 524 Capítulo XLIII CUAN GRAVE ES EL PECADO DE LA IMPUREZA531 I ¿Qué piensa Dios del pecado de la impureza? 533


II ¿Qué cuadro nos ofrece la vida?

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Capítulo XLIV PUROS HASTA EL ALTAR545 I ¿Qué manda Dios antes del matrimonio? 546 II ¿Por qué manda Dios la pureza? 553 Capítulo XLV FIELES HASTA EL SEPULCRO557 I ¿Qué cosa exige Dios a los esposos? 559 II ¿Por qué pide Dios una fidelidad hasta el sepulcro? 565 Capítulo XLVI ¡LUCHAR POR UNA VIDA PURA!571 I El frente interior 573 II El frente exterior 577 Capítulo XLVII ¡EDUCAR PARA UNA VIDA PURA!583 I ¿Con qué les hemos de ayudar? 584 II ¿De qué tenemos que defendernos? 588 Capítulo XLVIII EL CELIBATO DE LOS SACERDOTES (I) (I. Objeciones)597 I599 II604 III605 Capítulo XLIX EL CELIBATO DE LOS SACERDOTES (II) (II. Argumentos)609 I El sacerdote es siervo de dios, y por esto ha de abrazar el celibato 612 II El sacerdote es siervo de los fieles y por esto ha de abrazar el celibato 614 Capítulo L ¿ES POSIBLE GUARDAR EL SEXTO MANDAMIENTO?621 I Valentía para declararnos 622 II Valentía para confiar 625 III Valentía para luchar 629


Capítulo LI SEPTIMO Y DECIMO MANDAMIENTOS LA DEFENSA DE LA PROPIEDAD PRIVADA635 I El principio de la propiedad privada tiene su raigambre en la naturaleza humana 637 II ¿Por qué, pues, era menester una ley categórica? 640 Capítulo LII LOS DEBERES DE LA PROPIEDAD PRIVADA649 I No es lícito quitar la propiedad privada 651 II No es lícito provocar al pobre con la propiedad privada 655 Capítulo LIII LOS PELIGROS DE LA PROPIEDAD PRIVADA663 I ¿Cuáles son los peligros de la fortuna? 665 II Cómo se pueden evitar los peligros de la fortuna 669 Capítulo LIV OCTAVO MANDAMIENTO  NO MENTIRÁS677 I Nunca es lícito mentir 678 II ¡Cuánta mentira hay entre nosotros! 684 Capítulo LV NO HERIRÁS EL HONOR DE TU PRÓJIMO691 I ¿Por qué no es lícito tocar el honor ajeno? 692 II ¡Cuántos son los que hieren el honor ajeno! 696 Capítulo LVI CONCLUSIÓN AÚN ESTA EN PIE EL MONTE SINAÍ705 I ¿Por qué perece el hombre sin los diez mandamientos? 707 II ¿Qué haremos para no perecer? 712


Los Diez Mandamientos

INTRODUCCIÓN Copiamos a continuación el texto de los diez Mandamientos de la ley de Dios como se lee en el libro del Éxodo. Presentamos en columnas paralelas la versión latina de la Vulgata y la castellana de Torres Amat. h

EXODUS

ÉXODO

CAPUT XX

CAPÍTULO XX

DEUS POPULO NUNTIAT PRAECEPTA SUA

DIOS PROMULGA EL DECÁLOGO

1.- Locutusque est Dominus cunstos sermones hos: 2.- Ego sum Dominus Deus tuus, qui eduxi te de terra Aegypti de domo servitutis. 3.- Non habebis deos alienos coram me. 4.- Nos facies tibi sculptile, neque omnem similitudinem quae est in coelo desuper, et quae in terra deorsum, nec eorum quae sunt in aquis sub terra. 5.- Non adorabis ea, neque coles: ego sum Dominus Deus tuus fortis, zelotes, visitans iniquitatem patrum in filios, in tertiam et quartam

1.- Y pronunció el Señor todas estas palabras: 2.- Yo soy el Señor Dios tuyo, que te he sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud. 3.- No tendrás otros dioses delante de mí. 4.- No harás para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra. 5.- No las adorarás ni rendirás culto. Yo soy el Señor Dios tuyo, el fuerte, el celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta

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Tihamér Tóth generationem eorum qui oderunt me: 6.- Et faciens misericordiam in millia his qui diligunt me, et custodiunt praecepta mea. 7.-Non assumes nomen Domini Dei tui in vanum. Nec enim habebit insontem. Dominus eum, qui assumpserit nomen Domini Dei sui frustra. 8.- Memento ut diem sabbati sanctifices. 9.- Ser diebus aperaberis, et facies omnia opera tua. 10.- Septimo autem die sabbatum Domini Dei tui est: nom facies omne opus in eo, tu, et filius tuus, et filia tua, servus tuus et antilla tua, jumentum tuum, et advena qui est intra portas tuas. 11.- Ser enim diebus fecit Dominus coelum et terram, et mare, et omnia quite in eis sunt, et requievit in die septimo; idcirco benedixit Dominus diei sabbati, et sanctificavit eum. 12.- Honora patrem tuum et matrem tuam, ut sis longaevus super terram, quam Dominus Deus tuus dabit tibi. 13.- Non occides. 14.- Non moechaberis. 15.- Non furtum facies.

generación, de aquéllos que me aborrecen. 6.- Y que uso de misericordia hasta millares con los que me aman y guardan mis Mandamientos. 7.- No tomarás en vano el nombre del Señor tu Dios: porque no dejará el Señor sin castigo al que tomare en vano el nombre del Señor Dios tuyo. 8.- Acuérdate de santificar el día del sábado. 9.- Los seis días trabajarás, y harás todas tus labores: 10.- Mas el día séptimo es sábado del Señor, Dios tuyo. Ningún trabajo harás en él, ni tú ni tu hijo, ni tu hija, ni tu criado, ni tu criada, ni tus bestias de carga, ni el extranjero que habita dentro de tus puertas. 11.- Por cuanto el Señor en seis días hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y todas las cosas que hay en ellos, y descansó el día séptimo: por esto bendijo el Señor el día del sábado, y lo santificó. 12.- Honra a tu padre y a tu madre para que vivas largos años sobre la tierra que te ha de dar el Señor Dios tuyo. 13.- No matarás. 14.- No fornicarás. 15.- No hurtarás. 16


Los Diez Mandamientos 16.- Non loqueris contra proximum tuum falsum testimonium. 17.- Non concupisces domum prorími tui, nec desiderabis uxorem ejus, non servum, non nacillam, non bovem, non asilara, nec omnia quae illius sunt.

16.- No levantarás falso testimonio contra tu prójimo. 17.- No codiciarás la casa de tu prójimo: ni desearás su mujer, ni esclavo, ni esclava, ni buey, ni asno, ni cosa alguna de las que le pertenecen.

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Capítulo I ¿TIENE TODAVÍA EL DECÁLOGO ACTUALIDAD?

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a consideración inmerecida con que mis amados lectores acogieron mi libro de Cristo Rey, no significa, para mí tan sólo un homenaje, sino que al par me impone sagrados deberes. Con plena conciencia de tal obligación busqué durante mucho tiempo un nuevo tema. De todas las enseñanzas de nuestra religión sacrosanta, ¿cuáles pueden ser las más importantes, las más provechosas para el hombre moderno? ¿De qué cosa podremos esperar confiados el mejoramiento de la sociedad actual tan maltrecha y que no acaba de cuajar definitivamente? Mientras buscaba ese tema, me vino a la memoria un incidente insignificante, ocurrido allá en Viena, hace ya mucho tiempo. Y si ahora refiero esta historia de tan poca importancia, lo hago porque creo poder indicar y motivar con ella el tema que al fin escogí. Veinte años hace que yo era oyente de la Universidad de Viena. Cierto día, en una esquina, una viejecita pordiosera, 19


Tihamér Tóth de cara arrugada, me tendió la mano. Caso frecuentísimo en las grandes ciudades... Pero la vieja mendiga se dirigió a mí en francés: “Ayez pitié de moi...”. “Tenga lástima de mi...” ¡Hola!, pensé: no es cosa tan ordinaria entre nosotros que nos pidan limosna en francés. Me volví a ella. “Parlezvous français?” “¿Habla usted francés?”. Contestome con el acento más puro: “Si, lo hablo. Y también el inglés”. —Do you speak english? –le pregunto con curiosidad creciente–. ¿Habla usted inglés? —Yes, I do –es su respuesta–. Sí lo hablo. No pude poner un candado a mis labios. Entablé conversación con la vieja mendiga de la esquina. Y de sus labios brotaron recuerdos tristes, muy tristes, de los años de juventud..., del bienestar..., del estudio de idiomas extranjeros... Menciono tan sólo el final de la conversación, las palabras que la vieja pronunció con un dejo indeciblemente triste: “Por esto vine a parar en tal extremo: yo era joven, guapa y tenía mucho dinero...”. Hasta aquí la pequeña historia... Y ahora veo ante mí a otra mendiga vieja, muy gastada: la sociedad moderna, que tiende la mano a los transeúntes pidiendo limosna. Después de increíbles conmociones y de un loco derrochar la santa herencia de nuestros padres, hemos llegado, parece, a nuestro ideal. Sabemos francés, inglés…; tenemos radio, trenes expresos, luz eléctrica, baños de oleaje; el hombre moderno baila al son del jazzband, frecuenta balnearios de moda, se divierte en teatros, en cabarets; se abren bibliotecas, se levantan escuelas; los investigadores se reúnen en conferencias científicas... ¿qué más necesitamos? ¿Qué más? ¿No basta todo esto para la felicidad? En realidad... no basta. Porque ese hombre moderno, embriagado con la cultura técnica, conquistador del universo, se agita de continuo en un lecho de dolor. Sentimos todos que nuestro mundo está desquiciado. “Fuimos jóvenes y ricos”, como aquella pordiosera en su juventud; y alucinados por nuestra propia ciencia, por nuestra técnica, hemos creído que la técnica lo es todo, que podemos fun20


Los Diez Mandamientos dar en ella solamente una vida humana, una vida tranquila, una sociedad digna del hombre. Tiempos hubo en que no estábamos tan engreídos. Hubo tiempo en que sabíamos que el trabajo humano construye lo que aparece por de fuera, pero que los cimientos los cava el respeto de la ley de Dios. Hubo tiempo en que un poeta escribía: “el apoyo, la piedra de fundamental de todo pueblo es...” ¿Qué? ¿La máquina? ¿La ciencia? ¿El dinero? ¡No: “...la moral pura”! Y si hoy notamos con espanto el tambaleo amenazador, el crujir temeroso de todo el edificio social, no nos queda otro remedio que volver a los cimientos, que fueron tildados de superfluos, y con insensatez, abandonados: los diez Mandamientos de la Ley de Dios. Aquí tenéis mi nuevo tema: Los diez Mandamientos. *** A) Antes de comenzar el estudio de cada Mandamiento, quiero dedicar los primeros capítulos a una preparación introductora. Tengo ganas de contestar a una pregunta, que tal vez se hacen en su interior muchos lectores: El Decálogo, ¿puede ser todavía un tema importante, vital, para la humanidad? Hace ya tres mil quinientos años que la divina voluntad dio fuerza de ley a estos mandamientos; ¿es posible ordenar con viejas leyes milenarias la vida moderna, radicalmente cambiada, y que se desarrolla en circunstancias completamente distintas? O –hablando con mayor claridad–: el Decálogo, ¿tiene aún actualidad? ¿No es cosa del todo anticuada? No son pocos los que suelen expresar a cada paso este pensamiento; o si no lo pregonan abiertamente con sus labios decláranlo francamente con su conducta. “No mentir”, manda el Decálogo. Y muchos preguntan: ¿Es posible hoy vivir sin mentira? ¿Se puede abrir un camino en la vida sin recurrir a estratagemas? ¿Podremos avanzar en ella sin echar mano de la astucia? ¿Cómo gobernar un país sin cierta hipocresía? 21


Tihamér Tóth “No hurtar”, grita el Decálogo. Pero... ¿es dado vivir hoy sin sobornos? ¿Llevar una vida de lujo, conservando las manos limpias? ¿Hacer negocios sin engañar? “No fornicar”, impera el Decálogo. ¡Ay!, pero ¿quién puede hoy pasar castamente toda la juventud? ¿Vivir puro hasta el matrimonio? ¿Guardar fidelidad en éste? ¡No, no! exclaman muchos; éstas no dejan de ser leyes de hace siglos, anticuadas, inservibles. No pueden obligar al hombre moderno. Justamente por todo esto que se piensa y se dice y, por desgracia, se practica, me parece que antes de entrar en la explicación del Decálogo, es mi deber aclarar este problema. Más aún: no pienso encerrar este pensamiento en un solo capítulo. Lo juzgo tan fundamental e importante, que volveré a él una y otra vez en el estudio detallado de cada Mandamiento. En cada Mandamiento quisiera subrayar que debemos cumplir el Decálogo no solamente porque su infracción es un pecado contra Dios, sino también porque su infracción es, además, un pecado contra la naturaleza humana, contra una vida terrena feliz, contra la sociedad. Quiero destacar el importante pensamiento de que si bien estas leyes son antiguas, no por ello resultan anticuadas; que estas leyes no tienen solamente tres mil años, sino seis..., ¡qué sé yo cuántos miles!; porque son tan antiguas como la misma humanidad. Cierto que las codificó el Señor hace todo ese tiempo que sabemos, dándolas escritas en las tablas de piedra del Sinaí; en cambio, miles de años antes, cuando creó al hombre, las grabó en lo vivo del corazón humano, en lo más hondo de su naturaleza, y por ello, aunque pasen nuevos miles y decenas de miles de años sobre la humanidad, y por mucho que ésta cubra con prodigiosos inventos de la técnica la faz de la tierra, estas leyes, las palabras majestuosamente sencillas del Decálogo, desafiarán inconmovibles a todos los tiempos. El Decálogo no fue impuesto tan sólo a los judíos o al hombre antiguo. Porque la prohibición de jurar falsamente, robar, engañar, matar, llevar una vida licenciosa, es pie22


Los Diez Mandamientos dra fundamental, inamovible, de todas las sociedades y de todas las épocas. Amados lectores: si en el firmamento las estrellas de vertiginoso curso se desviaran una sola línea de la órbita que les trazó la sabia voluntad del Creador, ¿sabéis cuál sería la consecuencia? Sería la catástrofe de un choque que aniquilaría el mundo. No tememos tal contingencia, porque los cuerpos siderales, inanimados, faltos de voluntad, no pueden salirse de las leyes por que se rigen. Pero el hombre, que obra con libre albedrío, sí que tiene la triste prerrogativa de poderse desviar de la órbita que le trazó Dios como camino de la vida moral. Puede desviarse, cierto; pero no sin promover una terrible catástrofe. Y en esta obra quiero hacer ver también esto. Deseo mostrar cómo del cumplimiento del Decálogo depende no solamente nuestra vida eterna, sino también nuestra felicidad temporal, y que, o la humanidad permanece fiel a los mandamientos de Dios, o tendrá que resignarse a no gozar nunca una vida humana tranquila, pacífica, feliz, sana. Porque aquellas diez frases breves, inscritas en antiguas tablas de piedra, se dirigen a todos los hombres. B) En el curso de la presente obra demostraré una y otra vez la verdad de mi afirmación: el cumplimiento del Decálogo o su infracción es de capital interés para nosotros, y no para Dios. Y ya desde ahora quisiera –¿cómo decirlo?– dar una idea de que sus preceptos deben penetrar en lo más vivo de nuestra vida cotidiana. Me imagino qué tal sería, cómo cambiaría esta vida terrena, tan triste y tan llena de luchas, si resolviesen los hombres un día: Desde hoy en adelante tomaremos en serio el Decálogo. Soltemos las riendas de nuestra fantasía; esta noche los hombres deciden cumplir, en adelante, los Mandamientos con toda puntualidad. ¿Qué sucedería? Viene la aurora..., los hombres se levantan aquí, allá..., después de un tranquilo reposo; y ¡qué sorpresa!, no piden lo primerito el café de la mañana, sino que todos hincan 23


Tihamér Tóth sus rodillas delante de su cama, y con una oración corta, ferviente, consoladora, saludan al Señor. Todos oran...; hoy está en vigor el Decálogo. Llega el desayuno y se reparten los periódicos, que traen fresca todavía la tinta de la imprenta. Pero, ¡qué raro! El café no ha sido nunca tan sabroso; en las páginas del diario hay grandes espacios en blanco, principalmente allí donde antes tenían su puesto las murmuraciones y los escándalos. ¡Ah, sí!, está en vigor el Decálogo. Está prohibido engañar, y por eso es tan buena y pura la leche; y está prohibido mentir, y por esto vienen tan vacíos los papeles... Termina el desayuno. Cada cual se apresura para ir a su trabajo. Numerosos estudiantes van a clase y todos están de buen humor, porque no van cavilando las mentiras que piensan decir a sus profesores como excusa por no saber la lección –¡hoy no está permitido mentir!–, sino que repasan para sus adentros lo que ya llevan aprendido, ya que hoy todo el mundo cumple con su deber. Los padres de familia se dirigen a la oficina. ¡Qué interesante! Hoy, a las ocho, todo el mundo está en su puesto y los asuntos de los clientes son despachados con presteza e interés... Pero... ¿qué tienen estos hombres? Los obreros se encaminan hacia las fábricas; todos empuñan con vigor y satisfacción las herramientas, manejan la máquina. No hay uno que se atreva hoy a revolverse. No maldicen del fa-bricante, del rico, del señor... ¡Ah, sí!, esta, en vigor el Decálogo. Y el ama de casa se dirige al mercado... ¡Qué contento, qué seguridad! Compra un litro de nata y ni siquiera la prueba de antemano; es bien seguro que no habrá yeso en ella. Compra pimentón y esto no está mezclado con ladrillo molido. Compra miel, y no hay en ella jarabe de sabe Dios qué composición. Compra embutido y no está falsificado con harina de patata. Compra mantequilla y no hay margarina en ella. Y al cambiar un billete de Banco ni siquiera cuenta el vuelto. Y nadie regatea, porque hoy está prohibido engañar. El carnicero compra un buey y tiene la seguridad de que no le dieron antes de beber, para que 24


Los Diez Mandamientos pese más, lleno de agua. Y, lo que vale más todavía cuando se va con su compra, el vendedor corre tras él, diciendo: “Perdone usted, me he equivocado y le he devuelto un peso menos”. ¿Tendré que continuar todavía contando lo que sería el mundo si tomásemos en serio el Decálogo? Regresa el marido de un largo viaje y su esposa le recibe con aquella alegría verdadera que sólo es capaz de comunicar una conciencia completamente tranquila y una felicidad conyugal guardada sin desdoro. Llega el niño de la escuela y ¡qué felicidad para los padres el saber que cada palabra suya es la verdad limpia! Por la tarde hay un mitin; pero los oradores, que antes hablaban durante horas con la cara contorsionada, con espumarajos de ira, no pueden hablar ni dos minutos, porque hoy sólo les está permitido decir la verdad. ¿He de seguir aún? Por la tarde, un grupo de amigas se reúne para el té de las cinco. Hace años que tienen esa costumbre; mas ¡hoy la conversación tarda tanto en animarse! Y sin embargo, faltan todavía contertulias, de quienes se podría tranquilamente murmurar durante su ausencia; pero es verdad, hoy no está permitido decir mal de nadie. De la calle desaparecen los guardias; nada tienen que hacer; hoy no hay criminales. De las columnas anunciadoras se quitan los grabados y carteles licenciosos; y nuestros jóvenes pueden pasear tranquilos esta noche por las calles de las grandes ciudades: hoy está prohibido seducir a nadie y empujarle al pecado. Abren las prisiones: ¡no hay criminales! En la oficina de contribuciones... ¡oh!, ¡cuántos hombres se apiñan allí!: “Le ruego que corrija mi hoja; mis ingresos son justamente diez veces mayores de lo que había manifestado...”. Así sería si cumpliésemos seriamente los diez Mandamientos. ¿Y si en vez de un día fuese toda una semana? ¿Y si, en vez de semanas, una vida entera? ¡Qué paraíso terrenal florecería en este valle de lágrimas! —¡Ilusiones! Fantasía de poeta –se me dice. No, no. No es fantasía, sino la voluntad de Dios. Es voluntad de Dios 25


Tihamér Tóth que cumplamos el Decálogo, para que así aseguremos el equilibrio de la vida terrena. Ya lo creo; la vida temporal así seria cielo acabado. Quedarían el sufrimiento, la enfermedad, la muerte. Pero desaparecería de nuestra existencia aquella infinidad de tormentos, cuya causa somos únicamente, nosotros. Desaparecería; y entonces la vida humana sería soportable, tranquila –¿qué más voy a decir–?, sería feliz. Porque no hemos de olvidar que Nuestro Señor Jesucristo no es nuestro Redentor solamente por haber librado nuestras almas del pecado, sino también por haber señalado para la vida terrena del hombre las leyes más a propósito para dignificarla y ennoblecerla. *** El hombre moderno, ciego de orgullo, intentó romper en pedazos aquellas tablas de piedra en que está inscrita la ley de Dios. “¡Ah!, no necesito yo de ley tan rancia!...”. Pero hoy vamos dándonos cuenta cada vez con mayor claridad de que aquellos fragmentos de piedra no ensangrentaron solamente nuestras manos, sino que dejaron por tierra las bases más sólidas para una vida digna del hombre. Cuanto más apagada queda la Influencia del Decálogo en la vida, tanto más necesitamos de leyes y policías; pero estas medidas serán infructuosas; y se hará patente la verdad de que, para la seguridad de la vida terrena, vale más un pequeño Catecismo que un destacamento de guardias. No hace mucho alguien sacó la cuenta1 de las leyes que hay en los Estados Unidos... ¿Sabéis cuántas? ¡Diez millones! ¡Diez millones de leyes! No hay en el mundo quien haya podido leerlas una vez siquiera en su vida; quizás, ni sus títulos; pero tampoco hay país en el mundo en que se cometan diariamente tantos crímenes, tantos asesinatos, robos tan espantosos como en los Estados Unidos, donde hay quince mil asesinatos al año y el valor de lo robado asciende a 4 mil millones2. 1 En la revista América, 26 de febrero de 1927, p. 457. 2 Idem, id. id., 20 de agosto de 1927, p. 447.

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Los Diez Mandamientos Ahí tenéis el gran contraste: diez millones de leyes, diez millones de mandatos humanos, y crímenes horrorosos; diez frases cortas, los diez Mandamientos de la ley de Dios, ¡y una vida feliz, digna del hombre! De esto tratará el presente libro. No ha mucho los periódicos extranjeros publicaron una noticia sensacional: el embajador chino en Suiza, Lu, se convirtió al catolicismo, renunció a su posición en Berna, hizo un paquete de sus muchas y valiosas condecoraciones, las envió como regalo al Papa, y entró de novicio en el monasterio de los benedictinos de Lophem (Bélgica)3. ¡Cuántas luchas, cuántos combates espirituales hubo de librar en su interior el embajador chino para llegar, de las aberraciones del paganismo, a la felicidad silenciosa del claustro benedictino! Pero llegó por fin... ¡Señor! También nosotros luchamos, combatimos, pisamos los caminos de la vida moderna, tan contradictoria. Ayúdanos, te rogamos, para que, por el cumplimiento de tus mandatos, podamos participar, no sólo de una dichosa vida eterna, sino también de una vida terrena más digna del hombre.

3 La Croix, 18 de agosto de 1927.

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Los Diez Mandamientos  

El Decálogo, ¿tiene aún actualidad? ¿No es cosa del todo anticuada? No son pocos los que suelen expresar a cada paso este pensamiento; o si...

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