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Julio 2018

Buenos Aires Study Abroad

REPORTAJE LA ABUNDANCIA DE VIDA EN LA ESTANCIA ITAPUA CAMILLE SAMITH Y INJIL MUHAMMAD

Aunque la vida en la estancia puede parecer muy tranquila, es casi el opuesto. La vida, la muerte, el nacimiento, la castración, el ciclo de las estaciones - se puede ver todo en La Estancia Itapua. Rodeado de una cerca antigua de madera que recuerda un tiempo más simple, las ovejas residen juntos. Todos tienen lana gris y lleno de cadillos y algunos tienen manchas anaranjadas para protegerlas desde la amenaza inminente de enfermedad. En todos modos, las ovejas todavía parecen disfrutar la vida. Tropezando entre las piernas de sus padres, los corderos juegan sin preocupación. Uno de los corderos, muy chiquito y lo más torpe, nació ayer. La dueña dijo que él se llama “Yesterday” como la canción de Los Beatles. Los corderos ejemplifican los comienzos de la vida en la estancia. Al lado de las ovejas hay las vaquitas. Tranquilo al principio, ellos corrían como una muchedumbre ruidosa cuando los guachos trataban echar el lazo. Un novillo pobre fue capturado. Juntos, los gauchos lo ataron y lo castraron en un ratito. Él se juntó a la manada otra vez, pero ahora fue diferente. En vez de convertirse en un toro, él solo tenía un futuro triste, como comida. Por supuesto, toda la comida en La Estancia Itapua es muy fresca. Un plato típico incluye carne (como cordero), pan blanco, ensaladas de arroz, verduras y a veces huevos. Se puede ver el orgullo en las caras de los gauchos cuando sirven la carne desde la parrilla. Para postre, hay cremita, un dulce como flan. Por la tarde, hay la merienda tradicional: infinita tartas fritas con azúcar y mate cocido. El comedor acá está afuera, debajo de un cielo azul y claro, en las sombras de árboles grandiosos. Todos los árboles son antiguos, representativos de muchos años en el campo.

Como los árboles, los edificios son antiguos también. Hay casi una docena de edificios, apretados juntos como un pueblecito en las pampas de expansiva y dorado. La vida acá puede ser aislada, sin embargo hay una intimidad acogedora en la comunidad pequeña. Hay un matiz de la vida del siglo XIX, en que la familia está al centro de la vida y los vínculos son fuertes, trascendiendo generaciones. La casa de la familia consiste en cuatro salas sólo. Dos son dormitorios pintorescos, pasados de moda pero cómodos. La sala tiene una cosa del mundo moderno, la televisión (para ver el fútbol, por supuesto). Además tiene dos sillas y una sofá para que la familia pueda disfrutar de su tiempo libre junta. Una escalera de caracol, de más de cien años, asciende a la nivel uno. Acá, se puede ver un espacio muy abierto con cuatro camas y una ventana grande en cada pared. Desde estas ventanas se puede ver kilometres de tierra hasta el horizonte distante. En resumen, La Estancia Itapua es un lugar donde uno pueda traer a sus hijos y a sus abuelos; toda la familia pueda divertirse allá porque hay mucha cultura y vida. ¡La próxima vez que tengas un domingo libre considéralo!


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LOS ESTEROS DE IBERÁ OLIVIA HALL Y LUKE HEITMAN

Si va a Los Esteros de Iberá, sería obvio como este área tiene su nombre que significa “aguas que brillan”. En cada dirección que miras, hay grandes extensiones de agua calma, como un espejo al cielo. Ubicada en el noreste de Argentina en la provincia Corrientes, Los Esteros de Iberá es uno de los cinco zonas de agua dulce más grande del mundo. Con setenta y tres lagos llenos de agua de lluvia y fuentes subterráneas, este área tiene una gran parte de la flora y fauna de Argentina, con unos animales que no existe en ninguna otra parte del mundo . La Reserva Natural del Iberá fue creado el 15 de abril de 1983 después de las muchas solicitudes de la Administración de Parques Nacionales en la última década. Incluso menos de 15.000 km², muchas de estas especies amenazadas en esta región no existen en ningún otro lugar del mundo. Con eso, el propósito original de estos esteros era preservar y proteger las especies nativas y controlar el desarrollo de turismo en la región. Esta es una trabajo grande cuando Los Esteros de Iberá contienen 44 especies de mamíferos, alrededor de 60 de reptiles, al menos 40 anfibios, 344 especies de aves, y alrededor de 125 especies de los peces. Algunos de los animales más famosos de los esteros son los yacarés, los ciervos de los pantanos, y el venado de las pampas. En todas partes de los esteros puedes ver aves, y unas de las más conocidos son las chajá, las cigüeñas, los patos reales, las lavanderas, los jotes, los horneros, y unas especies de cardinales.

Un animal que es un símbolo de los Esteros de Iberá es el carpincho. También se llama “capybara”, este animal es el roedor más grandes del mundo. Pueden pesar 70 kilos, y parecen como un conejo de las indias muy grande. Ellos reproducen tres veces cada año, y cada vez nacen cuatro a seis cachorros, entonces no es sorprendente que hay carpinchos en casi cada embalsado. Son mamíferos que viven en la tierra, pero ellos son buen adaptados a vida cerca del agua. Ellos tienen patas palmeadas, pueden estar bajo del agua por cinco minutos, y también sus caras son designados a nadar por mucho tiempo, con sus ojos, orejas, y narices en una línea para nadar con visión, oxígeno, y oído. Estos herbívoros tienen cuervos que en el pasado eran muy populares para bolsas y otras productos. Ahora hay leyes que prohíben cazar los carpinchos, entonces ellos pueden nadar en los esteros, sin el miedo de cazadores. Este lugar es notable por sus animales y cómo mantiene la naturaleza de Argentina. Pero cuando estás en los Esteros, mirando el agua y los animales y respirando el aire fresca, una cosa que es muy notable de es el silencio. Un hombre de los dijo “El silencio es aplastante; personas de las ciudad no pueden con este área”. No hay muchos calles y coches. No hay construcción o los sonidos de la ciudad. No es Buenos Aires. Es una Argentina menos conocido, pero igualmente importante.


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LA CASA DE HORACIO QUIROGA: UN MATRIMONIO DE LOS DOS CARAS DE “EL GRITO”

BENJAMIN PALMER Y EVELYN WONG

Cuando el pintor expresionista Edvard Munch creó "El grito,” lo describió en su diario así: “Paseaba por un sendero con dos amigos … de repente el cielo se tiñó de rojo sangre … lenguas de fuego y sangre acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad ... me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.” En un sendero de barro rojo cerca del Río Paraná, rodeado por cañas de azúcar y serpenteando por la locura de la jungla, es posible que uno tenga la misma sensación de ansiedad y un miedo curioso. Este mismo sentido, lo de ser devorado por la tierra salvaje, sirvió como inspiración para los cuentos del escritor uruguayo Horacio Silvestre Quiroga (1878-1937). Aquí, en las afueras de San Ignacio, las cuadras alineadas del centro se separan en unos meandros, casi como las trenzas deshechas de una niña. Al pasar por la entrada de la casa adornada con unas pinturas de chajás con cuellos entrelazados, una cosa es cierta: la naturaleza salvaje que se encuentra en este lugar rústico no tiene ningún comparación con los Bosques dóciles de Palermo en Buenos Aires Ciudad. Si nos pusiéramos en la perspectiva de la familia Quiroga, podríamos imaginarnos este sentimiento entre maravilla y horror: el campo se expone como una huella dactilar divina, curva y cambiante, sin dos partes iguales, reflejando la incertidumbre y la vida cotidiana desestructurada de la jungla. Quiroga se enamoró por primera vez de la selva durante su primer viaje a Misiones en 1903, cuando acompañó al fotógrafo Leopoldo Lugones en una expedición para estudiar las ruinas jesuíticas allí. En 1906 compró 185 hectáreas (460 acres) de tierra en las orillas del Alto Paraná, donde vivía con su esposa, Ana María Cirés, y sus dos hijos.

La verdadera casa, que se quemó y reconstruyó por los productores de la película Historias de Amor, Locura y Muerte (1996), refleja en cierto modo este estilo de vida errático que impulsó a su primera esposa a suicidarse por envenenamiento por mercurio en 1915. Rodeado con palmeras y ceiba speciosas, la casa incluye cajas de mariposas, insectos y arañas. Conchas de armadillos, pájaros y pumas destripados adornaban las paredes restauradas y los postes de la cama. Encima de la entrada cuelga la piel de una serpiente que Quiroga había matado, cuereado y disecado para exhibir como trofeo, una que atestiguar la vida y la muerte que conforman la rutina cotidiana en la selva.


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Pero también hay un aspecto tranquilizador de la tierra salvaje—la segunda cara de "El Grito," superpuesta sobre la primera como en un matrimonio de aborrecimiento y asombro personificados por Quiroga y su esposa. Es una sensación refrescante, casi catártica, de escapar del “diario trajín" de la ciudad. Entre las docenas de pieles de animales, rastros de la vida cotidiana salpican el bungalow modesto: los estantes polvorientos están adornados con cerámicas y herramientas de carpintería, y las huellas de la profesión de Quiroga se exhiben a través de su escritorio, máquina de escribir, un gramófono, y una edición de La Prensa de 1932. Los indicios de las vidas de sus hijos también se manifiestan a través de la colección de juguetes: la bicicleta de Darío, y el caballo de palo de Eglé. Inspirado por una mezcla del naturalismo de Henry David Thoreau y de las tramas sombríos de Edgar Allan Poe, Quiroga escribió historias que, a través de su entorno selvático, usan lo sobrenatural para mostrar la lucha del hombre y el animal por sobrevivir. Sus obras cobran vida en el sendero forrado de cañas de azúcar al lado del claro. Acá se encuentra "La Guerra de Los Yacarés," con una estatua de un libro abierto, donde el Viejo Yacaré se alza sobre el barco de marineros; el joven yacaré abajo, y el Surubí al lado con un torpedo encima de la espalda. Más adelante se encuentra otros cuentos, incluyendo "Los Medias de los Flamencos" y "La Gama Ciega.” .

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PARQUE NACIONAL DEL IGUAZÚ, UNA MARAVILLA PARA CONSERVACIÓN

CHRISTOPHER RIOS, DELANO FRANKLIN Y CAROLINE KRISTOF

El parque Nacional del Iguazú es una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo, con muchas cataratas que son inimaginables. El Sitio de Patrimonio Mundial es un tesoro de la naturaleza, y es crítico que ayudemos preservarlo. La palabra “Iguazú” es del guaraní, el idioma de la población indígena, y significa “gran agua”. Es cierto–cada segundo, mil quinientos metros cúbicos de agua se cayeron de estas cataratas, que tienen una altura máxima de ochenta metros, ¡y un diámetro de dos mil setecientos metros! La catarata más grande se llama La Garganta del Diablo. En la frontera de Paraguay, Brasil, y Argentina, las cataratas del Iguazú también tienen una biodiversidad rica y una vegetación única. El Parque Nacional tiene muchas especies raras o en peligro de extinción. El yaguareté es una de estas especies. De los trescientos yaguaretés que viven en Argentina, treinta vive en el parque. Otras especies en peligro de extinción que quedan en el parque incluyen el tucán, el ocelote, la yacutinga, y el macuco. El Parque Nacional tiene un gran número de especies diferentes también. Hay aproximadamente noventa especies de mariposas y cuarenta especies de serpientes allá en el parque. Las cataratas de Iguazú no siempre han tenido la inmensidad de agua que existe ahora. Si podés creerlo, hace cuarenta años, en 1970, había una sequía–las cataratas tuvieron casi no agua, ¡y no podrías reconocerlas! Después de la sequía, el agua estaba brillante y cristalina por un rato. Pero, poco a poco, el agua adquirió mucho lodo y limo. Ahora también, la combinación de lodo y polución se transformó el agua.

El desarrollo y deforestación que pasaron río arriba echaron el barro en el río. Hasta ahora, el parque ha pedido casi cuarenta por ciento de su selva original. Unos esfuerzos de reforestación han ayudado con este problema. Aunque no hay mucho barro en el río, es muy importante que reduzcamos la polución del agua. Desgraciadamente, la contaminación es un gran problema en el Parque Nacional del Iguazú, parcialmente una consecuencia de la industria del turismo. Cada año, más de 1,5 millones de visitantes viajan a Iguazú, y es muy difícil para mantener la ecología sana del parque. Sin embargo, este turismo es muy importante para la conservación del parque también. Todos los ingresos que vienen de las entradas para ingresar el parque van a la preservación del parque y sus animales y plantas. Ciertas reglas del parque ayudan la preservación también. Por ejemplo, para impedir contaminación, los autos y los helicópteros no pueden ingresar. La hermosura natural del parque es increíble, pero esta hermosura se ve amenazada. Por eso, es importante que la gente de Argentina y del mundo mejoren la preservación del parque ahora y en el futuro. Para nosotros, pagar nuestra visita fue una parte pequeña, pero importante, en esta preservación, y recomendamos que cualquier estudiante visite El Parque Nacional de Iguazú.

Reportaje de Missiones y Corrientes  
Reportaje de Missiones y Corrientes  
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