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ARQ UIT ECTURA sin embargo, su solemnidad y abe imprimir la gracia por pequeños detalles decorativos. Tales son, las guirna ldas que unen los capiteles corintios del pórtico, las torrecillas que preceden la cúpula, - a la manera de las que más tarde agregará rl Bernino al Panteón de . \gripa, - las dos estatuas encuadrando la escalinata ele acceso: detalles todos que sugieren 1a vecindad de la alegre villa ele crita, en c uya proximidad fué levantada por orden de ~rareo .\ntonio narbaro en m emoria de u hermano ya muerto, el patriarca de .A.:quilea. Las Iglesias Nos acercamos al térmi.no de nuestro . de Venecia viaje. Partiendo de Vicenza, el ve~dadero
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necia se apresurará a erig1r la Salu t e " . Y más abajo j usti ficanclo a Venecia nos dice toda vía: " al pie de los .-\!pes y a las pue r tas de Oriente no podía participar en •
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cen tro de producción pallacliana, h emo hecho luego una excursión por sus pintorescos suburbios. para continuar por lo de otras ciudades del Véneto, Padua. Verona o Treviso, donde el ilustre arquitecto dejó para siempre impresa la huella de su paso; termina remo en la ciudad ducal donde s u genio no va a ser • • compr endido por exótico y también - ¿ por qué no cieci rlo? - por inadaptable a la aparatosidad magni fi- · cente de la reina del Adriático.
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S AN GIORGIO MAGGIORE -
F achada
un de · pcrtar (el Renacimiento del siglo XVI) cuya pureza clásica le e capaba. La Venecia negociante no podía comprender lo que no brilla; la Venecia ele luminosidad tan tenue y tan cambiante debía po ce r un arte sutil y torturado en s us forma s ". (*) La obra de Palladio, s in embargo, hubiera quedado incompleta sin las iglesias venecianas. La iglesia es en efecto. durante el período .del Renaci·m iento, el tipo
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T EMPLETTO DE LA VILLA BARBARO EN MASER
l >alladio es llamado a Ve n ecia cuando ya e ·taba en todo el apoge o de su fama, a la mitad de su carrera artística. Oigamos una vez más al autor tantas veces citado: "Pallaclio tuvo la audacia de perseguir la grandeza por medios no solamente desconocidos de los vene<:ianos, sino que, má aún, debían escapar a su a lma material ·" Yanidosa. Llamaron a Palladio porque tenía éxito y ellos iban al éxito como todos lo ricos. Érase muy . snob e n Venecia .... Hablándose tanto de él, debía ser bueno. Pero lo de comprenderlo, era otra cosa. La fachada de San Giorgio l\Iaggiore la amamos ho.'' .'r la e ncontramo sob·::-rbia. Xo nos imaginamos ningún monumento se m ej ante a la Librería en su lugar. Pero tengamos cuidado que nuestr a edu<:ación greco- romana no nbs predisponga a ello. Una vez la boga pasada, muerto Palladi o, Ve-
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arquitectónico de composición más compleja, donde existe mayor número de p r oblemas a re olver. Las etapas todas de tan floreciente época de renovación artística están señaladas por otro tan tos progre sos en la solución de tan n oble tema. Así Brunellc. chi con la c úpula de Santa ~Iaría del Fiori marca el primer paso y en seguida Alberti con an Andrés de ~1antua el segundo. Bramante, Sangallo y 'M iguel Angel constituyen otra se ri e de j alones con sus sucesivos proyectos de San Pedro, de cada un o de los cuales va a tener alguna cosa el definitivo . Por fin Vignola con el Cesú y Palladio con el Recl entore van a marca r las etapas finales clausurando el cicl o evolutivo. T odo lo que seguirá has ta nu estros días podrá s iempre referirse a c ualquiera de los tipos se ñalados . . Las tres fachada s ele San Giorgio, San France co alle Vigne y Redentore no difieren rfunclamentalmente. A las vacilaciones de sus predecesor es para adaptar a la nueva estructura un frente que netamente la acusara, Palladio pone fin, encarando resueltamente el problema y resolviéndolo con valentía. Aplica los órdenes a la fachada en toda la adtura ele ésta a la man ~ ra de Alberti en ,SJ.n Andrés; per o más lógico, hace de la fachada la expresión sincera de la disposición interna: su silueta exte r ior revela la sección tran versal; la inclinación de sus fronto n es señala la pendi ente de (*)
André Maure!. -
Quinze jours a Vcnise, págs. 145 y q6. 1
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