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DEL

麓 LAMOSKA RIO asociaci贸n cultural


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¿Qué es un bar? por Eduardo González.

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Bares de Ficción. Un bar llamado Bada Bing.

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Fotografía. Michael Ackerman - HALF LIFE

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Cocina. Miguel Espinosa y su Planeta Marte.

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Poesia por Miguel Visurraga Sosa

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Música. The Weeknd.


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Para mí solo existe “El Bar”, como solo existe “La Casa”, o “El Mar”. Desde muy joven ha formado parte de mi vida, y siempre ligado a una imagen, que ha ido cambiando a lo largo del tiempo y que ahora y creo que por siempre, está y estará ligada a un cuadro de Edward Hopper, que si bien ya existía en mí a través de innumerables libros, se quedó fijada en mi mente en la Tate de Londres, también en un verano cálido y en un mes de agosto. Pues bien, mis primeros recuerdos son los del Bar castellano fulminado por el sol del mediodía, en aquellos días de agosto, con la piedra redonda a la entrada, siempre vacía a mediodía, y ocupada por la tarde con el sol en el Oeste. Las cortinas siempre echadas, y ante todo el cambio de luz. Pasaba de la luz cegadora en mis ojos, a una oscuridad aún más llamativa, más negra, no veía nada, mis ojos eran dos faros; siempre oyendo el zumbido de alguna mosca, que en aquella hora, (que mis hermanos y yo mismo llamábamos metafóricamente la hora de “la Bomba Atómica”), traía al presente de mi imaginario mental aquél champiñón del atolón bikini, que no podía quitarme de la cabeza, y que provenía, como tantas otras imágenes de mi infancia y de mi conocimiento, de la enciclopedia infantil del “dime por qué “, confluyendo todo en una especie de visión de mí mismo quemándome por esa luz convertida en fuente calórica, eso sí siempre sin llama, sin hoguera.

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Al paso de aquella puerta-cortina de oveja, que añadía aún más calor a la situación, con su inevitable tacto de la lana salvaje sobre mí mano. En ese instante, en que ellos me veían a mí, y yo no podía verles a ellos; ellos sabían quién era yo, quienes eran mis abuelos, mis tíos, mis primos, mis padres, y en fin, para bien o para mal toda mi familia, lo cual inevitablemente me llevaba a un estado casi febril, o de excitación máxima. Aún así siempre había alguien (persona-no-identificada), con un cigarro calado en la boca, que sin casi mover los labios, te preguntaba, y tú ¿de quién eres hijo? A mí me hubiera gustado contestarle yo soy hijo de Dios, y por tanto hermano tuyo, porque yo era muy aplicado en la escuela y conocía todas las respuestas a las preguntas de aquella retahíla de catecismos, que eso sí gozaban de una amplia gama cromática, aunque nunca consiguieron proporcionarme una imagen de Dios en mi mente. En muchas ocasiones la mosca finalmente se posaba sobre mi cara y todo era aún más duro ya que propiciaba una auto-bofetada, o una auto-carrillada, con la consiguiente carcajada de fondo, dura rota.

Firme en mi decisión me ponía lo más tieso que podía, cruzaba sobre mis ojos mi flequillo negro de los bitels, enfilaba la barra, con mi cuerpo escuálido y mis largas extremidades, y la barra que me parecía cada vez más alta según me iba acercando, y a la que me agarraba como podía con mis manos sobre el mostrador de mármol desgastado, blanco o gris ( que en ocasiones estaba todavía húmedo lo que provocaba un resbalón y un nuevo intento de asirme) mientras colocaba mis pies sobre aquella barandilla metálica y redonda, y así, en este estado, soltaba la moneda y finalmente con mi voz cantarina le decía al camarero, que me miraba desde los más altos cielos, por favor una Mirinda fresca (no existía el concepto frío en los setenta), agarraba el botellín y asido con una mano a la barra la bebía prácticamente de una sola vez, con una de las mejores sensaciones; sin duda mejorada por la pérdida de memoria propiciada por el paso del tiempo, que recuerdo de aquellos años. En ese lapso de tiempo intentaba encarar a los que allí estaban, sabía que todos eran hombres, pues las mujeres solo entraban en aquél bar, los domingos después de misa, para tomar un mosto y un pincho de huevo cocido. erminado el botellín, y con la mezcla de la mandarina en mi garganta, y aquel olor a vino, a vino fuerte, penetrante, intentaba nuevamente salir recto, sabiendo que a mi espalda todas las miradas se centraban en mí, pero ahora sí yo les podía mirar a ellos protegido por mi largo flequillo. Y siempre con aquel locutor de radio de fondo, cuyo tono de voz aún retumba en mi cerebro que decía: “Radio Nacional de España, es la una de la tarde, las doce en Canarias, noticias”, y que me hacía mucha compañía hasta que lograba nuevamente salir a la zona radioactiva consolado por la Mirinda y pensando cuando conseguiría una moneda para tomar la siguiente. 9


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Bada Bing es una expresión reconocida por la Diccionario Oxford de Inglés, como una expresión para enfatizar que algo predecible y con esfuerzo ocurrirá. Algo violento. Porque Bada Bing es onomatopéyico del disparo de un arma, que originalmente empleó la mafia italiana en Estados Unidos como “bada bing bada boom” o bada boom bada bing”. Los creadores de la exitosa serie de televisión Los Soprano, que duró ocho años, se inspiraron en la mayor de las ficciones sobre mafiosos llevadas al cine. En un lugar donde los clientes se entretienen con espectáculos de mujeres desnudas y en la trastienda se planifican negocios ilícitos.

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Americano nacido en Tel-Aviv (1967), Michael Ackerman es un uno de los fotógrafos más relevantes de la actualidad, representado por la prestigiosa agencia de fotografia VU’, este fotógrafo vive la realidad como algo imposible y se limita a fijar la ausencia. Su uso del blanco y negro, sus imágenes enigmáticas y la iluminación rozando lo visible le han creado una reputación de fotógrafo que muestra el mundo al borde del abismo. Half Life se detiene en rostros, paisajes, prostitutas, trenes abandonados y barrios marginales, logrando uno de los reportajes más importantes de la década. Sus armas para lograr esta belleza son el blanco y negro con utilización de grano y sobre todo el enfoque desenfoque, que aporta a la imagen una duración,una segunda vida. 12


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Buñuelo relleno de jamón, huevo, piquillo, hongos y una reducción de vino tinto de Rioja Buñuelo relleno de jamón, huevo, piquillo, hongos y una reducción de vino tinto de Rioja

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Miguel Espinosa se acaba de proclamar ganador de la Primera edición del certamen ‘La Tapa de Madrid’. El Chef navarro representaba al National Geographic Café con una tapa sorprendente y rompedora titulada ‘Planeta Marte’. El espectacular pincho consiste es una especie de buñuelo colombiano relleno de hongos salteados con jamón, salsa de pimientos del piquillo, huevo poché (escalfado) y la compañía de una reducción de vino tinto. Planeta Marte’ se elabora de la siguiente forma: «Lo primero se realiza un buñuelo. Después de haber conseguido la forma esférica en la freidora, se vacía todo su interior y lo rellenamos con los hongos boletus, la salsa de piquillo y huevo pochado o poché. Es muy divertido montarlo simulando un poco a las dos lunas marcianas. Al final, se monta sobre la base de la reducción de vino tinto y queda espectacular».

Miguel Espinosa es, además de propietario del Café Rioja de Calahorra, director culinario del National Geographic Café de Madrid, labor que ha desarrollado en establecimientos de esta empresa en Londres y hasta en Singapur, además de haber trabajado con diferentes proyectos gastronómicos relacionados con el mundo de la cocina en otras ciudades como Berlín. El jurado del este certamen, presidido por Pepe Rodríguez Rey, actual Premio Nacional de Gastronomía, ha otorgado el premio La Tapa de Madrid 2011 a un pincho que puede resumir la esencia creativa de Miguel Espinosa, un cocinero muy atento siempre a la investigación de nuevas texturas y estilos pero excepcionalmente cuidadoso con algo sagrado: el producto. «Siendo de La Rioja, de Calahorra, eso es algo irrenunciable», subraya. Miguel Espinosa lleva en diez años una carrera realmente espectacular desde que ganó en La Rioja su primer premio con la Palmera de Ajetes Tiernos: «Es increíble, tengo un montón de reconocimientos, desde los primeros que conseguí en nuestra tierra, a los de Bilbao, el Concurso de Pinchos y Tapas de Valladolid de 2010 (uno de los de mayor prestigio internacional) y ahora el de Madrid. Y la verdad es que sólo decir Madrid en la gastronomía asusta. Estoy muy contento y es un orgullo llevar a La Rioja y a Calahorra por el mundo». Las 28 recetas de alta cocina en miniatura que se han presentado a este premio representan a la mejor gastronomía ‘tapera’ de Madrid. En un primer momento se ha convocado a toda la hostelería madrileña a través de La Viña, organizadora y promotora del concurso. Se convocó a unos 2.500 establecimientos, de los que ha habido que escoger 28 de entre 230», ha matizado Luis Cepeda, crítico gastronómico y uno de los miembros del jurado, que además ha explicado que la tapa ganadora «fue una elección muy consensuada y estudiada. Hay un nivel muy alto». Miguel Espinosa está muy feliz con el premio y lleva una racha increíble porque recientemente ganó el Concurso de Baristas de La Rioja y otro pincho suyo quedó como el más innovador del Concurso de Tapas de La Rioja, celebrado antes de San Mateo.

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por Miguel Visurraga Sosa

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Sonrisa ya no es sonrisa cabellos sedosos como ayer ya no son sedosos Es risa de patíbulo del condenado alegrándose por morir Es sebosa liendrosa...piojosa histérica...endemoniada ...y allí estás riendo más allá de la locura hoy que te ausculto sin el culto de esas noches viendo la ciudad en tortura ...estás esperando a Dios del cielo dando vueltas las columnas de ese portal de poetas ebrios de intelectualoides deiformes ...jalándote cabellos tanteando piojos ...con tus ojos buscando a María la virgencita encinta ...estás riéndote a la insanía total precipitándote en esta ciudad inconclusa que no asusta y transmuta.

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THE WEEKND HOUSE OF BALLONS

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Abel Tesfaye se enfrenta a varios retos con esta segunda “mixtape”. Uno de los más evidentes es igualar el impacto que lograron sus samples de Beach House o Siouxsie and the Banshees, algo harto difícil porque no se puede sacar un ‘Happy House’ todos los días de debajo de las piedras. Y ojo, no es que ‘House Of Balloons / Glass Table Girls’ dependiera por completo de la canción que la inspiraba. Más bien la suma de las ideas de Siouxsie a las de The Weeknd era lo que daba lugar a una de las composiciones más llamativas de los últimos tiempos. Esta vez Tesfaye se ha decantado por temas menos reconocibles. ‘Sandpaper Kisses‘ de Martina Topley-Bird aparece en ‘The Birds Part 20”, y los resultados pueden no ser tan espectaculares pero sí igual de notables. Hasta el apellido de Martina encaja en esta petición de libertad que sirve de “reprise” al single (la parte 1). La elección de este tema de la cantante, conocida por sus colaboraciones con Tricky o Massive Attack, no parece fruto del azar. De hecho nos lleva a otro de los desafíos del disco: la diferenciación con respecto al laureado debut. La banda de 3D y Daddy G es una referencia clara en ‘Lonely Star’, ‘Love Of The Party’ o ‘Heaven or Las Vegas’, en un disco, en definitiva, que sin dejar de resultar moderno, tira mucho más de dub, reggae y drum’n’bass. Incluso Portishead parecen asomarse por las guitarras de ‘The Birds Part 20. A la espera de que Massive Attack inviten a The Weeknd a participar en uno de sus discos (y él acepte, claro, que parece muy suyo), ‘Thursday’ sigue sonando como debería el R&B de los tiempos que corren: arriesgado, minimalista y un poco tortuoso, pero siempre sexy.

En ese sentido The Weeknd no va a ocultarnos nada después de haber hablado de drogas y orgías como quien habla del tiempo. En ‘The Zone’ suelta: “déjame entrar en mi territorio / le haré el amor a ella a través de ti / así que déjame mantener los ojos cerrados”. De la autocompasión a la perversión hay sólo un paso, y la voz de Abel sabe transmitir tanto en los momentos más dulces como en los más crueles (el disco va bien surtido de ambos). El tema que da título al álbum, repetitivo, vuelve en realidad a la letra que plantea el primer corte, ‘Lonely Star’: la tristeza de un amor que sólo tiene lugar un día a la semana, en medio de un mundo superficial que te hace estar en un lugar indeseado. Y lo bueno es que todos los elementos de ‘Thursday’ contribuyen a crear esa sensación, desde el lamentable “te follaré si lo necesitas” de ‘Gone’ al carácter acústico de ‘Rolling Stone‘, pasando por el rap de su amigo Drake al final de ‘The Zone’ o el punteo de guitarras, muy The xx, de este tema. No importa cuánto pueda decepcionar, si es que lo hace, el tercer disco ‘Echoes of Silence’. El trabajo de The Weeknd y los productores Doc McKinney & Illangelo ya ha conseguido que hasta nos planteemos bucear en la discografía de Babyface. La repera. 20



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