Issuu on Google+


Cuando me tomé el rivotril y me senté en la reposera frente al árbol, acomodé las almohadas, me tapé por el frío y mis ritos alucinatorios comenzaron una cuenta regresiva en la intensificación del pasado. La memoria se suspende y paraliza el entendimiento. Soy el amo del retornar de mi silencio. En el momento en que describo el árbol, con la hiel de intempestivas lágrimas que ruedan en la diagonal opuesta ante el sesgo desgarrado, sus hojas acarician suaves palabras. Un halo de vos sobre mi espalda rasuró mi inocencia hasta calcar mi llegada. Las voces emergen contiguas y liberan su imagen de todo precepto arbitrario, derramando hasta el final el perfume de sus almas razonantes. Vi el árbol reflejando su extrañeza en mí, ante el renuente desfallecer. Suspendido y presuntuoso despertar carbonizado, entre ininterrumpidos despertares y vociferantes exclamaciones de soles de arbitrio y crepúsculos polarizados.

Estoy en el altillo, volatilizado, sob


Estoy en el altillo, volatilizado, sobre un frío suelo que tiene mi cuchillo clavado en él. Cuando quise ver el áurea de las luces, directamente y sin nociones, era un niño descifrando códigos. A través de mi imaginación ramificada vi árboles plasmáticos resquebrajantes y gente muerta. Nos es mi sensación en el dolor, tampoco vi tus lágrimas detrás de la tormenta. Dejemos correr el gran miedo de invulnerabilidad y que nos inmute el giro de este recorrido. La suerte impasiva mi mundo y el peligro. Cae, se hiende, y abisma. Si tan sólo supieras de lo que estoy hecho. Árbol hablando: no quiero inspirar temor cuando el estruendoso relámpago azote tu ventana. Los fríos rayos agrietan por doquier bajo el humo gris y el cielo adoquinado. Aprismados, una tierna familia trató de aliviar mi espíritu perplejo ante mis lisérgicas conclusiones. Opuestos dogmáticos. Esquema corporal volatilizado. Sigo citando gente.


La adoratriz enceguecida despertó, con su ceguera abdominal y sus caderas petrificadas y macizas, detrás de las tinieblas gallardamente contorsionada. Visión bifocal. Luego despertar una mañana bajo un único y exclusivo criterio alienado por el alto esquizoidismo de frecuencias rebazando en la estupidez y mártires de bastones verdes invitando a la completud de mi alma. Invocando mis antepasados, desentrañando de mis raíces la sangre seca anclada en la tierra. Hay gente que tala árboles que piensan por cincuenta pesos per capita. Al abusar de mis percepciones un morboso alter-ego se presenta ante mí. Esquivo la mirada pese a la soberbia índole de mi rareza. Mis retinas calcinadas brotaban de mis ideas con mayor realismo debajo de esas palmas protectoras. Pero mi noción de realidad sopenó mi culpa desde el espeso humo de mi cigarro. Al devanar la evas sin desden, con


su pecho acribillado, tropezó en la oscuridad con mi personaje que despierta. Decidí no pensar más. En un trance vi tu figura y la ira de terry despertó en mí. Cuando todo pasó, volví a mi árbol entre el sol del mediodía. No había nada. Quedaban sólo palabras prófugas, que desatan e inmunizan la verborragica adicción. Al regresar de mi desvalance crónico, que es ley de recurrencia de esa intrínseca falsedad de varones sensatos. No era más que el que quería volver a encontrarme en mi silencio. Otra vez solo. Calcinadas mis ideas, desmembradas una por una mis órbitas profundas, nuestros floridos sueños y los suaves e infernales cuerpos han madurado. Sólo quedan ojas secas.


www.brunoescribe.wordpress.com


bruno