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Número 7

Otoño - 2010


es una publicación de Aldea Global Comunicaciones

Dirección y diseño de Antonia Amores & Bruno Jordán Murcia - brunojordan1@yahoo.es

CO RAGRE Ilustrador catalán CORAGRE

Colaboran

octubre 2010 Dep. Legal MU 432 2010

Pepe Ramos Poeta madrileño Ignacio Díaz Poeta zaragozano Carlos Gargallo Poeta murciano Juanjo Muñoz Fotógrafo yeclano Anabela Canestro Poeta argentina Óscar Sotillos Poeta visual catalán Àngels JJ.. Sagués Poeta visual catalana Joaquín Medina Multicreador murciano Nel Amaro Poeta experimental asturiano Ferran Fernández Polipoeta y editor catalán José de Marcos Músico y diseñador residente en Madrid Marian Raméntol Poeta, traductora y periodista catalana Ian W elden Multiccreador poético chileno afincado en Dinamarca Welden Rebeca Álvarez Casal del Rey Poeta residente en Madrid José G o Poeta visual catalán residente en Córdoba Obrero G.. Obrer Yolan da Gutiérrez Martos Poeta residente en Cataluña landa Raquel Bullón Poeta visual residente en Madrid Carlos Enrique Cartolano Poeta marplatense Eddie (J údez) Poeta visual valenciano (J.. Berm Bermúdez) Ester Astudillo Poeta y antipoeta catalana Sandra Mónica Zinola Pintora uruguaya COSEGA Corporación Semiótica Galega César Scafati Escritor y pintor argentino Luis Acebes Poeta residente en Madrid Nuestr o uestro especial Ricardo Sánchez Orfo Poeta chileno Car los T erribili Pintor argentino agradecimiento Carlos Terribili Portada de Mircea Oprita Poeta rumano a Ferran F ernán dez Fernán ernández Ferran Fernández Patxi Serrano Poeta vasco Poeta y editor Poeta y creador catalán integral catalán AL M A C O ndr R A ade G R Po e E I lu ta v s t r isu a d al o r br cat asil a l á eño n

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en este nº 7:


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ยกRompan filas!

ร“SCAR SOTILLOS


Y afuera llovía... Y si nada hubiera sido tan malo como fue, esa piedra en el zapato seguiría molestando, el error que abre los ojos, incrédulos, llorosos, cuando los contuviste comenzó la lluvia, debimos escapar, y en ese escape descubrí un continente, el contenido, lo de afuera, los excesos de palabras que no hubiera visto de no ser por el destino, el caudal del Amazonas, un Mississippi que esconde tus dientes, la risa que siempre quise hacer reír, ir de punto sin las comas, la ansiedad y las corazonadas que faltan a la verdad, el gran estratega ausente, faltando sin aviso, y si nada hubiera sido nada sería como es, dos desconocidos buscando al roto, tolerando al descosido, ese que estaba en medio de lo que seríamos si este sueño no se hubiera dormido.

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Ignacio Díaz

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(para Romina)

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5

TRAGICÓMIX H2O Malson (pesadilla) por CORAGRE

Aforismos «La main est prétexte au ciel. Le ciel est prétexte à la main humaine. »

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PUBLICIDAD (La mano es pretexto al cielo. El cielo es pretexto a la mano humana.) Abdelmajid Benjelloun


VENUS ES MI MUNDO

Nada más queda sin que esté exento. Creo en Venus, en todo lo que lleve o traiga sobre su nombre.

6

Calculo la distancia desde la Tierra. Mido los centímetros que acercan lentamente mis dedos al monte sinuoso de los prodigios desde sus pies hasta los rizos. Venus es mi mundo, no lo estropees.

Carlos Gargallo

Masc TURE Mascoota de CREA CREATURE


7

Houdini

Cecilio Olivero Mu単oz


8

MĂ­rame

Patxi Se Serrrano


Microcosmos Revivo en la asimetría de tu sexo. Soy la más desnuda del bosque, la incógnita en tu pecho,

Alcanzo el eco en el aire, el color del ocaso que transforma al vacío en silencio. Retorno vertiginosa como la sed que me devuelve en espiral hacia la fuente, porque las mariposas no saben de la muerte.

AnAbelA CAnestro

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la nota memorable que resuena.


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Mircea Oprita

traducción de Marian Raméntol

Mircea Oprita (1943, Timisoara, Rumanía). Licenciado en la Facultad de Letras de ClujNapoca (1966). Doctor en Filología (1999). Ha trabajado como profesor, funcionario cultural y como redactor en la Editorial Dacia de Cluj, (1972 -1994). Presidente de la asociación Sindical de Escritores de Cluj, (1994 -1996). Director del Centro Cultural Rumano en la capital de Hungría, (1996 -1998), convertido más tarde en el Instituto Cultural Rumano de Budapest, donde ejerció como director durante el período 2002-2006. Fue ministro consejero en el Ministerio de Asuntos Exteriores de Bucarest. Miembro de la unión de Escritores de Rumanía. Ha publicado cerca de una veintena de libros que comprenden los géneros de cuento, novela, poesía, ensayo e historia de la literatura rumana. También ha traducido a autores y ensayistas tales como H. P. Lovecraft, Du Sido, H. G. Wells, John Brunner, Donald Keene. Ha elaborado antologías de ciencia-ficción rumana editadas en húngaro y alemán. Su obra ha sido traducida y publicada en antologías y revistas de Francia, Bélgica, Hungría, Alemania, Italia, Grecia y Polonia. Ha recibido distinciones literarias en su país, entre ellas, un premio de la Unión de Escritores Rumanos, tres premios de la asociación Cluj de Escritores, el Premio "Titu Maiorescu" de la academia Rumana, por Discursul utopic (El Discurso utópico). En el extranjero: el Premio internacional de poesía de PEN-club (Londres), 1965; el Premio especial del jurado al EUROCON III (Poznan) Polonia,1976; y el Premio “Las alas de oro de Ciencia-Ficción", Poznan, Polonia,1980). El poema que aquí se publica pertenece al poemario titulado CANZONI ITALICI/ CANCIONES ITÁLICAS y ha sido escrito por el autor en lengua italiana. La traducción corre a cargo de Marian Raméntol. Marian Raméntol (Barcelona, 1966). Poeta, traductora y directora de la revista cultural La Nausea. Ha traducido a poetas contemporáneos italianos al catalán y al castellano. Ha publicado seis poemarios y ha sido incluida en seis antologías. Ha sido premiada en diversos concursos nacionales e internacionales, y su obra ha sido ampliamente difundida en revistas especializadas donde ha publicado poesía, ensayo y artículos de opinión. Ha sido traducida al inglés, italiano, rumano y estonio, y ha prologado varios libros de poesía.


Cerca una pizzeria famosa sulla Via Tribunali, mi dicono. Ma cerco anche una torre piena di orgoglio, col suo volto tornato verso il Mare Ovest di dove lampeggiava spesso la Storia. In un carcere d’ombra forse incontro l’impronta diafana di Campanella. Come nessun altro, lui si è chiuso anche fra i muri di carta di una Città Solare. Dal suo pallido buio tante cose può raccontare questo spirito ribelle sui napoletani di sempre.

Nápoles mía Busca una pizzería famosa en la calle Tribunali, me dicen. Pero también busco una torre llena de orgullo, con su rostro vuelto hacia el Mar del Oeste de donde a menudo relampagueaba la historia. En una cárcel de sombra quizás encuentre la huella diáfana de Campanella. Como ningún otro, él también se encerró entre los muros de papel de una Ciudad Solar. De su pálida oscuridad puede contar muchas cosas este espíritu rebelde sobre los napolitanos de siempre.

Nel Centro Storico, sul lastrico di basalto nero come la mezzanotte, qualche volta scendono ancora uomini di gesso evasi di sotto Vesuvio.

En el Casco Antiguo, sobre el empedrado de basalto negro como la [medianoche,] a veces bajan todavía hombres de yeso fugados de debajo del Vesubio.

Passano di nascosto sotto i bucati sciorinati sulle corde cullate dal vento. Sentono come in sogno le canzonette che erompono in dolci lamenti per le porte aperte verso tutti i passanti. Guardano coi loro occhi bianchi i negozi, il formicaio dei motorini, l’agitazione un po’ distaccata di una gente tanto straniera quanto familiare.

Pasan a hurtadillas bajo las coladas expuestas sobre las cuerdas mecidas por el viento. Oyen como en sueños las cancioncillas que irrumpen en dulces lamentos por las puertas abiertas hacia todos los transeúntes. Miran con sus ojos blancos las tiendas, el hormiguero de los ciclomotores, la agitación un poco distanciada de una gente tan extranjera como familiar.

Forse anch’io passo così, stordito di tanti segni di una città in crisi perpetua e proprio per questo sempre col sorriso sul volto.

Quizás también yo pase así, aturdido por tantas señales de una ciudad en crisis perpetua y justo por eso siempre con la sonrisa en el rostro.

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Napule mia


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JosĂŠ de M ar cos Mar arcos


EL O TRO OTRO

cómete un limón o sométete a cualquier martirio capaz de borrar de tu cara la sonrisa de puta satisfecha que traes cuando le has visto.

PEPE RAMOS

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Sigo fiel a lo pactado: relación abierta y sinceridad sin celos ni compromiso. Lo acepto de buen grado. No me importa el qué dirán ni que salgas con otros tíos, pero antes de volver a mi lado bebe vinagre,


LUIS ACEBES

Deja en paz a la luna

TE DE ESPERAR (de EL AR ARTE ESPERAR)

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No entiendo el empeño, como levantar un camión con una mano. Resulta que la luna La luna tiene bastante está en el top ten con sus problemas: de los tópicos poéticos. esa hipermetropía SÓLO ES UNA ROCA, JODER. propia de sus siglos y el aburrimiento de flotar Mirad hacia abajo. sin haberlo pedido. Contemplad vuestras uñas, sentid el terror de que sigan creciendo Confiad en la belleza de la caducidad tras morir. con esos alambritos negros que le salen del pelo Imaginad ahora el esqueleto, y su sexo-triturador, su estructura y los ruidos que hace en la ducha. único electrodoméstico homologado para toda la humanidad. Abrid una bolsa de basura que tanto se parece a un televisor sin volumen. Respirad un cuadro de Francis Bacon (evitando daros importancia) hasta la combustión pulmonar. Sólo así o mucho más. Esperad el final de vuestros días como quien espera en la parada un autobús de juguete.


Sin titubeos

SEBASTIÁN MONDÉJAR

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El emen tos Elemen ementos ESTER ASTUDILLO

¿Me anochece para siempre esta señal? ¿O es brújula de luz para la tarde?

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Elena Medel, en ‘L’amour est bleu’, de Vacaciones

Tu calor vive a lomos de un tren, pudor en las tapas de un libro de viejo, arena en las manos de un niño en el parque. Mi ciudad en la foto torcida se tiende al sol: los japos no han visto al ladrón y posan, otra cosa no saben. En la foto me tiendo también, banco, fuego, tierra, aire; no importan el caco, los guiris, la prisa. El tiempo hoy sonríe aquí, inmóvil, grueso silencio circular en los dedos tiesos de mis manos.


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http://lacoleradenebulos.blogspot.com/

EL BESO

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JosĂŠ G. Obrero

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COSEGA Homenaxe Newton


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Miramos lo que queremos ver y no vemos lo que queremos mirar

Juanjo Mu単oz


Hambre de sílabas EDDIE (J (J.. BERMÚDEZ BERMÚDEZ)) 21


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Poema an贸nimo

NEL AMARO


Los segundos prestados No me sobra tiempo para caminar despacio. No es mío cada uno de los instantes en los que padezco esta rutina, donde vago y no me importa, donde nada tiene sentido.

Quiero desprenderme del hastío, y de tu indulgencia absurda, la que me fatiga en la desidia que arrastramos. No es tuyo -porque tampoco es míoeste cuerpo que ya no se sostiene con el fino hilo, y cederá, y caerá estrepitosamente. No habrá tiempo para recoger los pedazos, y contarlos por si faltara alguno. Tan sólo me pertenece la estúpida sensación de vacío que me pide a gritos que devuelva los segundos prestados.

Yolanda Gutiérrez Martos

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Dices que sólo es tiempo lo que nos falta, tiempo que no me sobra, y me siento pobre, vagabunda y entumecida…


EL HILO DE GRISELDA

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Gracias, Mónica

Griselda apareció sin los crayones. Pero Griselda opipreámbulos, apenas un salu- naba otra cosa e imponía, por propia iniciativa, la témpera do, dispuesta a trabajar. con pinceles y rodillos. Tenía tres años. No era pertinente Mi taller de plástica que aprendiera códigos estaba en la planta alta de una preestablecidos —1 + 1 = 2, casona del centro de La Plata. ma + ma = mamá—, tampoco El sol de la tarde iluminaba por germinaciones ni los ríos arlos ventanales que daban a un gentinos. Si hubiéramos seguido sus impulsos, habría contibalcón a la calle. nuado desplegando, paso tras paso, su capacidad creadora. El sol y Griselda. Pero ella y la situación —única Sus garabatos eran hija, única alumna del taller, desordenados, claro, de acuer- madre psicóloga, clase media do con su edad. Nada repre- alta— favorecían la idea de que sentaban: ni ideas, ni concep- “algo debía aprender”, más allá tos, ni figuras, ni nombres. del desarrollo natural. Nada. Pero les imprimía la des¿Qué? mesura de su fuerza, decisión y colorido exuberantes. Me incumbía a mí Los materiales, ins- encontrar algún método para trumentos, técnicas y proce- encauzar y mejorar las potendimientos adecuados en esa cialidades de Griselda. Una esinstancia requieren aplicación trategia que, sin obstaculizarla, directa, que se tomen y em- le permitiera autocontrolar sus pleen sin pasos previos, como pulsiones para dirigirlas mejor.

Ante todo, mediante recursos no verbales, plásticos, que no interfirieran ni contaminaran el fluir de su creatividad. ¿Cuál? Si bien estaba muy ubicada en la etapa del garabato, surgían signos de las fases posteriores. Hablaba constantemente de todo, miraba a su alrededor mientras trabajaba, aunque, de tanto en tanto, ensayaba algún relato sobre su pintura. Esta actitud característica de ponerle un nombre a la expresión gráfica me sugirió la punta del hilo de la que tiré y tiré para inducirla a avanzar. Le propuse que me contara cada acción que realizaba, y así pasó a la fase siguiente. Una vez instalada en ella —dibujando y narrando, pintando y relatando—, comenzaron a brotar señales de la consecuente, la preesque-


Luego de dos años, Griselda dejó de asistir a mi taller. Tiempo después, sorpresivamente, nos reencontramos en un primer grado. Conservaba su actitud general, ubicada ahora en el ciclo correspondiente, pero también anticipando rasgos de los ulteriores (del realismo: mayores detalles, dinamismo, visión personal; y aun del pseudonaturalismo: ambiente, perspectiva). A su vez, carecía de las muy frecuentes regresiones hacia los anteriores. Además, había incorporado una cualidad —muchas veces, la experiencia me haría comprobar que es el resultado de la satisfacción con

uno mismo: apoyaba a los compañeros en el trabajo diario-. Nada raro hubiera sido que asimismo actuara en otros aspectos, pero no pude verificarlo antes del fin de curso.

Trabajamos igual que siempre, ella con su actitud de trabajo + solidaridad, y yo tirando del hilo. Lo más interesante fue un mural, para estimular la capacidad de elección y el mayor dominio mediante Y volvimos a perder- el trabajo en equipo. Griselda nos, esta vez durante muchos se constituyó en una especie años. de co-coordinadora, y algo así como un pastor que impedía Fui y vine por infini- la dispersión del rebaño. dad de facultades e institutos, primarias y secundarias, capiNos cruzamos por la tales y suburbios. Algunos per- calle un semestre después, y manecían, otros fueron tem- nunca más volvimos a vernos. porales, incluso muy efímeros. Griselda debe de teUn lustro y medio ner, hoy, alrededor de treinta después, en una escuela don- años. Me gustaría comprobar de yo perduraba, comenza- si perduran sus cualidades, si mos las clases. En un primer las desarrolló aún más y si las año, cuando nos íbamos, es- aplicó profesionalmente y en cuché: la vida en general. También si el hilo del que fui tirando estu—Hola, profe, ¿se vo bien tirado. acuerda de mí? Acaso este texto sea Detrás de una mu- como una botella al mar. chacha casi de mi altura, en un segundo saqué como máscara sobre máscara. Y, sí, emergió de nuevo Griselda. Ya no era una nenita, y ni siquiera una niña.

César Scafati

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mática (personas, casas y árboles elementales flotando en el aire). Incluso aparecieron algunos indicios muy rudimentarios de la posterior, la esquemática (intentos de ordenamiento del espacio mediante insinuaciones de línea de base, mayores detalles, color local).


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Dormir sola

Para mí, que dormía entre su cuerpo y la pared, ahora el borde de la cama es un acantilado.

Raquel Bullón


JOAQUÍN MEDINA PUBLICIDAD CAFÉ DE CELEBRIDADES

The Mamas and the Papas en la mesa contigua Una negrita de la mano de su mamá blanca Por el aire reviejas madres hace mucho ya que viudas Parlotean de sus hijos celebridades enmarcadas de provincia

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Para Bruno Jordán

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(Entre) paréntesis

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Ricardo Sánchez Orfo

Cuántos paraguas habré perdido en esta afanada conquista deshecha. Vértigo, claro que hay vértigo, otra procesión de pequeños infartos, un calambre odioso en las piernas y una mandíbula parásita que no sabe de abstinencia, mordedura o insurrección, qué más da, rasguño y golpecitos en la espalda de los ojos, de los años. Entre paréntesis, podrá no ser la valentía más que un exabrupto tan momentáneo como siútico, tan resbaloso como trémulo. Vértigo, claro que hay vértigo, murallas pintadas de rojo bien comunista para decir que alguien estuvo vivo a veces, sólo a veces, luego meterse al sobre y no dormir con los presagios del mañana en que lloverá, luego toser bien fuerte para acordarse de uno mismo, de nuestro cáncer tal vez, o del insomnio.


Ian Welden

EL PASEO

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.


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Nunca más...

Estas dos obras cuentan la historia de una mujer abusada física y mentalmente. Por eso no podía romper los barrotes. Estaba muy débil por la situación hasta que un día llegó esa fuerza que le dio su hijo. Rompió los barrotes y gritó: ¡NUNCA MÁS! Pudo salir de esa cárcel... y llegó... ¡EL DÍA DESPUÉS!


Sandra M贸nica Zinola 31


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lo gu Triรกn gulo riรกngu

Hร‰CTOR BALLESTEROS


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Gloria Gil


Mario Pablo Mefisto

Almandrade

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http://mario-pablo-mefisto.blogspot.com/


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¡Te encontré!

ÀNGELS J. SAGUÉS


[ de entrada ]

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Quizá la poesía debiera ser anónima. Ajena a toda fama perdurable y sin fecha. Sin olvidar que es un poder fundado en la revelación de la verdad. En el desvelo de la visión verbal que nos transfiere puntos de intensidad. En la caída de la desnudez y en el ascenso de la desnudez. Con el sudor del aguijón del ímpetu y el júbilo. Rubén García Cebollero

editorial


Primer poema del agua (Interpretación de una tablilla de piedra de la Isla de Pascua)

Humedece tus aserrines del alma Que te trascienda Que filtre tus manos como arena Que eres. Y si es la hora Devuelve tu niño al cielo Y échate a reinar Sobre el suelo cultivado. CARLOS ENRIQUE CARTOLANO

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Entra al agua.


Desolación Camino sobre brasas el alma pende de un hilo. Sin palabras y sin sonidos cruzo el desolado abismo.

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De mis alas arrancadas, de mi espada que ha caído, de mi ser angelical que se ha quedado absorto en el camino. Qué lúgubre se ha vuelto mi canto y si es canto, desvarío. De tanta realidad así ha quedado mi pobre corazón herido. Los ojos me he vendado, los labios me he cosido para que no aúllen mis lágrimas los llantos del destino.

Camino de sapos y serpientes, estéril de colores y de lirios, seca tierra que es barro partido...

Pájaro agorero ha pasado cubriendo con sus plumas el camino.

Despierto en un llanto, qué triste que ha sido ver en tal desolación a ese ángel caído...

Patricia O. (Patokata)


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Gonzalo Escarpa


PALABRAS CONTADAS

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(UN CUENTO DE MIL DOSCIENTAS SETENTA Y UNA PALABRAS) Ismael nació con diez millones setecientas cincuenta y seis mil veinte palabras. La mitad las podría escribir y la otra mitad hablar. Era un número aleatorio aunque las veinte fueron una compensación por una fea mancha de nacimiento en un hombro. Ése era el número de palabras que le correspondieron a Ismael. A lo largo de su vida no podría escribir o hablar ni una más. Escrita y hablada la última, se acabaría. Vendría entonces el silencio total. Pero tuvo suerte: no se le puso límite de palabras pensadas. Algunos sí lo tenían y cuando las terminaban se quedaban sumidos en el más profundo de los vacíos ideológicos, en la terrible nada del no-pensamiento. Había pasado el bello tiempo del libre albedrío y del laisserfaire. Dios se había vuelto caprichoso y algo impertinente. Harto ya de tanto agnóstico y de tanta manga ancha, le dio por hacerse notar. En los últimos siglos la había tomado con las palabras. Antes le dio por los números, de tal forma que a alguien le prohibía decir el dos y a otro le condenaba a que, hiciera la operación matemática que hiciera, el resultado siempre fuera el número e. Dos coma siete y pico, para entendernos. Y antes

aún le dio por los colores, acabó con los matices y lo negro fue negro y lo blanco, blanco. Los que peor lo pasaron entonces fueron los fervientes seguidores de la raza blanca cuando se vieron tal cual la leche. La piel blanca nuclear acabó con muchos complejos de superioridad y alimentó insuperables complejos que engordaron las cuentas corrientes de un puñado de psiquiatras. Pero eso es ya historia. El capricho presente de Dios eran las palabras. Le había dado por limitarlas aunque también se conocían casos de personas que no podían conjugar el verbo tolerar y otras que nunca pudieron contraer de y el en del. Pero el capricho era refinado. La exquisitez del asunto estribaba en que el sujeto en cuestión nunca sabía cuál era el número máximo de palabras que le correspondían. Igual se silenciaba con el primer llanto neonatal que moría en plena perorata. Sólo algunos pocos experimentaban la mística revelación del número. Te quedan mil palabras por hablar, aprovéchalas, le fue revelado a una pastorcilla de Fátima. Ismael, a falta de revelación, optó por la prudencia. Había que sacarle las palabras con sacacorchos, como le decía un

profesor suyo cada vez que le hacía un examen oral sin saber que Ismael, por esa vez, no callaba por prudencia sino por ignorancia. Y para que escribiera algo había que llevarle la mano a la fuerza hasta el papel. Desde que terminó sus estudios estuvo sin escribir hasta que no tuvo más remedio que firmar el acta de defunción de su padre. Con tanta ingerencia divina, Dios se había asegurado una fe a prueba de escépticos y falsas religiones. Aquello sí que fue una verdadera evangelización. En cuanto nació el primer bebé blanco como el yeso, el primer negro como el tizón, el piel roja como la sangre y el primer oriental como la yema de un huevo, la religión se hizo una. Dios es grande y caprichoso, gritaban los sacerdotes en los templos. Hágase el capricho de Dios así en el Cielo como en la Tierra, contestaban los fieles. En un plis-plás se vino abajo toda la Teología y los doctores de la iglesia, aclarada ya la existencia de Él, se dedicaron a vaticinar sus próximos antojos (los de Dios, claro). Ismael seguía deambulando sin pena ni gloria por la vida, más callado que un muerto y sin dar una sola concesión al arte de la caligrafía. Su tacañería léxica llegó a ser proverbial. La gente decía: «Hablas menos que Ismael» o «Si es-


Y tanto se hartó que decidió enrolarse en un barco a ver si en mitad de la inmensidad del océano podía permanecer en silencio. Por aquel entonces el capricho de Dios había llenado de ballenas los mares y la caza de los cetáceos estaba en pleno apogeo. A Ismael no le fue difícil encontrar trabajo como tripulante en un barco ballenero. Sin pensárselo dos veces se enroló y se entregó dichoso al silencio y a la caza del gigante espermático. Ismael pasó años recorriendo océanos, remando, atando cabos, luchando contra galernas, desesperándose al pairo, persiguiendo leviatanes, arponeándolos, despellejándolos, haciéndose rico con su grasa, salvando su vida de salvajes coletazos, herniándose al izar a bordo a la bestia, gritando: Por ahí sopla, navegando. Y todo en un tranquilizador silencio. Así pasaron los años. El capricho de Dios dictó que las ballenas se extinguieran y, como siempre pasa en estos casos de

extinciones, las últimas se vendieron a precio de oro. Por algún sitio se anunció que la duración de los días empezaba a ser variable y que el clima se había vuelto loco. El tiempo y el clima. Dios empezaba a apostar fuerte, encapricharse con esas cosas era verdaderamente un antojo divino. La última ballena que vio morir Ismael coincidió con un día de trece horas y una temperatura de cuarenta grados en pleno mes de agosto, téngase en cuenta que por aquel entonces Ismael se encontraba cerca de Valparaíso, ya saben, el hemisferio sur. Sea como fuere, aun con las estaciones alteradas y los días locos, Ismael llegaba a su ocaso. Se notaba envejecer y decidió que ya era momento de dilapidar todo el capital léxico ahorrado durante años. Las tabernas de pescadores conocieron entonces al más parlanchín de los cazadores de ballenas retirados. Ismael hablaba sin cesar y pocos, en realidad ninguno, eran los parroquianos que aguantaban su cháchara. Volvió a ser proverbial. Ahora se decía: «Calla ya, que hablas más que Ismael».

contrar una historia. A Ismael le sobraban. Como le quedaba poco tiempo se entregó de inmediato a la literatura. Empezó: CAPÍTULO PRIMERO. ESPEJISMOS. Llamadme Ismael. Hace años... Dos años y un día le llevó concluir la novela. Dato bastante inconcreto porque ningún día duró lo que el anterior. El último, el que hace que se parezca a la duración de una condena, sin ir más lejos, duró ochenta y seis horas. En algún momento de ese tiempo, Ismael habló su última palabra pero ya estaba tan obsesionado con la novela que no le importó. A veces las casualidades no son terribles y sí ajustadas con graciosa y oportuna precisión. A Ismael ya sólo le quedaban dos palabras cuando terminó la novela, justo las que necesitaba para escribir el título. Por aquel entonces alguien se empeñó en hacerse ateo y una ligera brisa de libre albedrío empezó a soplar y a llevar los caprichos y la atención divina lejos de lo humano. Aunque a Ismael todo esto le era completamente indiferente. Antes de escribirlas presintió que serían las dos últimas y suspiró aliviado, no necesitaba más. Ismael apiló todas las hojas de la novela, sobre el montón que formaban colocó una en blanco y allí escribió el título, lo único que le quedaba para terminar: Moby Dick.

Pero no todo iba a ser hablar. Le quedaba una buena reserva de palabras escritas y decidió, acertadamente, vaya que sí, emplearlas en escribir un libro. Cuando uno ha navegado los océanos y arponeado ballenas no hay mucha dificultad para en- Federico Montalbán López

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cribieras menos te llamarías Ismael». Como la gente es como es, no respetaban el silencio prudente de Ismael y continuamente estaban chinchándole para que hablara o empeñándose en que escribiera textos innecesarios. A él todo eso le molestaba, presentía que debía ser ahorrativo con sus palabras y los continuos intentos de la gente por hacérselas perder le irritaba sobremanera.


Pido un café. En la barra. Sobre ella, un sobre de azúcar abierto de esos en los que se inserta una leyenda célebre:

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“Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, pero la violencia se practica a plena luz del día.” En esto, la camarera coge el papel y lo rompe ante mis narices. Según Lennon, aquí mismo se lo podría hacer.

(del poemario Urbe desta historia historia)

AQUÍ MISMO Rubén Casado Murcia


Carmen Moreno

do Dios se equiv oca) (de su último poemario Cuan Cuando equivo

nos acecha a las puertas de estas casas escribí mi testamento con la boca llena de agua de mar para que la llaga de los otros escociera puedo inventarme la vida que me supones vivir dentro de mí es tan tremendamente fácil que dejaría la puerta abierta para que pasaras hasta aquí no vuelvas la cara extiende la mano toca mi sangre mi sangre arrastra los pies por la piel de mis brazos intenta seguir el rastro de la desesperación de la que estoy contrahecho no quieras saber para protegerme doy vuelta a las copas y me acurruco en el vacío mientras pienso en el alcohol para dormirme el sueño me trae sueños terribles me acecha en el aire la realidad de lo que soy me cabe un puñal en este cerebro

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siento que una historia terrible


Su reclamo de útero la llenaba de escoria, la convirtió en sepulcro.

Rebeca Álvarez Casal del Rey

Y en mitad de la nieve se hizo el silencio y llegaron los gatos. Sólo ellos se acercan a la casa sin ojos; felices, hambrientos, ignorantes, cada vez más gordos. Sólo ellos entran y salen por la ya muda chimenea. Su verticalidad inalcanzable la libró de ser rellenada como un bache. No atentaba contra la salubridad algo que expulsa y no alberga. Son más asépticos los gatos a la vista y los cadáveres a oscuras. Insanos eran los acogedores atributos, lo que en la tuerta casa había de cueva primordial.

(del poemario Suponiendo la cicatriz como posibilidad de la herida, Amargord)

Lamento cada vez más débil hasta el fin de las ratas. Avanzado el invierno invierno,, alaridos; desgarra el aire el humo de la chimenea. Atrav esar ladrillos y ccement ement travesar ementoo no es lo mismo que romper con uñas la madera o quebrar un cristal mientras queden cerillas. Mientras palpiten roedores al alcance del hambre.

LA CASA TUER TUERTTA

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Gatos en el selvático jardín de la residencia clausurada. Al principio guiñaba un ventanal y ávida engullía vagabundos su puerta, succionando perros callejeros y ratas. Luego sellaron (por higiene) el ojo impar y el impúdico acceso.


MINIPOEMAS

Quijote Gordo

I Quiero decirte en un verso Lo que eres para mí: Todo el amor.

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II Sin palabras, me expresaste todo Lo que deseaba saber de ti. Me diste un beso. III Ayer eras toda mi alegría, Hoy, sólo el recuerdo. Paz en tu tumba. IV ¿Cómo decir que nos amamos Y que lo sepa todo el mundo? Eres mi hermana. V Cuando tus manos recorren todo mi cuerpo Encuentro la paz total. Gracias por ser mi masajista.

Poemas e ilustración de

Edgar Tarazona


CUARTO MANDAMIENTO Tarde se revela la verdad profunda

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de los deberes antiguos. Resecos y yertos considero mandatos que saturaron de observancia las vigilias de muchos. Que su tiempo ha pasado y que no nos conciernen. Pero la verdad no cesa, persiste más allá de nuestro derogatorio olvido. Indemne al tiempo, se acostumbra a los años y te avisa y te pinza cuando ya corregir no es posible, como si esperara. La vemos (la verdad profunda) en la infracción y en la tacha. Cómo no ver, cómo no vi el sostenido milagro de mi padre. Cómo no honré (obligado estaba y era tan sencillo y tan debido), cómo no celebré su atenuada presencia, que nunca incurrió en la vanidad de llamar la atención. Estaba, meramente, por derecho, como la piedra básica y el fuego inmemorial. (Continúa en página siguente)


Por sólito, por constante, por decente, alcé mi altar y salmodié mi plegaria ante otros dioses de fe dócil y piedad simple. Clausura fui ciego al milagro y a la señal. Por qué antepuse la cuota de mezquindades que a todos nos toca, por qué juzgué lo que estaba fuera de todo juicio y causa.

Por qué no vi, como veo ahora, cuando ya es pasado el tiempo y los hechos son metales. Por qué no sentí, tan pródigo a sentimientos sutiles, la conciencia de un vínculo que no agota la palabra sagrado. Paternidad: ejercicio sereno de la sangre. El milagro y la señal no tocaron mi vida. Clausura soy: nadie me habrá de llamar padre.

Luis Cayo Pérez Bueno

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Practiqué el orgullo del huérfano que se complace en el padre difunto.


«Me llamo Nathalie Quintane / Hello my name is Na-tha-lie-quinta-ne / nací el 8-3-64 / I was born in 1964 in Paris, France / vivo en Digne-les-Bains / I live in the south near the Côte d'Azur / a menudo escribo frases simples / my style is simple, but sometimes complicated / he publicado mis primeros textos en revistas / I published my poems in avant-gardists, or less avantgardists, reviews / hago lecturas en voz alta en bibliotecas o edificios públicos / I can read on my lips or in my head if you want».

Así se presenta durante sus performances la autora de Remarques (Cheyne Éditeur, 1997), primer libro de Nathalie Quintane, en que la observación sensible y crítica de esas pequeñas nadas que vivimos cotidianamente, al volante de un coche o entre las paredes de una casa, nos lleva a replantearnos la aparente intrascendencia de algunas nimiedades que dábamos por descontadas; aforismos que transforman, en palabras de Jean-Michel Espitallier, los estereotipos «en verdades metafísico-sociológicas», no ya para leer, sino para degustar.

Jesús Belotto

Sección de la revista Poe +

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POLYPHÓNIKAS - Traducción poética

Traducciones de


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La soupe lyophilisée n’oblige pas à manger plus vite sa soupe. La sopa instantánea no obliga a tomarse más rápido la sopa. * Quelquefois, on cherche des yeux son appareil, quand un téléphone sonne à la télévision. A veces, uno busca con la mirada el móvil, cuando suena un teléfono en la tele. * Tant qu’on dort sur un matelas posé à même le sol, on ne perçoit pas l’utilité de la table de chevet. Cuando uno duerme en un colchón directamente sobre el suelo, no percibe la utilidad de la mesita de noche. * Le trou de la porte était là avant le mur. El hueco de la puerta estaba antes que el muro. * En balayant, on fait l’expérience concrète de la superficie. Al barrer se hace la experiencia práctica de lo superficial. * Le fait de passer par une fenêtre ne suffit pas à la transformer en porte. El hecho de pasar por una ventana no basta para transformarla en puerta. * Une maison qui s’effondre est la même maison, dans un autre ordre. Una casa que se derrumba sigue siendo la misma casa, en otro orden. * La maison est trop grande pour passer par la porte. La casa es demasiado grande para entrar por la puerta. * Ces miettes étaient autrefois la croûte, sur le pain. Esas migas fueron una vez la corteza, en el pan. * Plus je balaie, plus la poussière devient visible. Cuanto más barro, más se ve el polvo.


Yo, ridículamente incierto tangible sólo por dejar una huella caduca en el sofá de mi salón.

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Yo, realidad transitoria vacío al que nunca han dejado precipitarse. Yo, distante de todo lo anterior humillado por las intensidades que cobijo en la ropa interior. Yo, distancia tangencial a puntos inertes marcados en el mapa que llevo tatuado en la frente.

JOSÉ NAVEIRAS GARCÍA


Jenny Andrea Moreno Rincón De ascájiro a mis nuflas se acerca y me gona, me besa la citleya y me roza las padefas. ¡Âgola!, pues a mí, putídero entre los sarcones amos de la caxuragna. Juega con mi bricelo y moxuslea entre mis rolemas. Luego te me vas sin mas garflar. Tú, ralpaúr pequeño, has jugueteado con mi lánguido erecnómito.

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BAUTÍZALO VOS ...


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ROCKS OFF Hay que dar un baño al hígado para que se convierta en esa fragancia aguardentosa que soporta la glacialidad mariguanera a las 8 de la noche por la Avenida 10 de Julio, buscando un teléfono público, haciendo eses sobre las veredas bailarinas. Le pregunto a una puta que se maquilla, sentada en la cuneta: A la vuelta, en el Internet, dice ella (que en su juventud debió de ser sin duda admitida una joyita esparcida en quizá qué basural), que ahora bajo el frío escarchado de junio, con su escote deshilachado dejaba ver ex profeso los enhiestos pezones que coronaban sus enormes pechos eyaculadores, los captores de c(a)lientes perecederos, pasando a 80 Km. por hora en sus sillas de ruedas. Trato de alejarme, piola y humedecido, pero antes le pregunto care palo cuánto cobra: 20 lucas, dice ella, Hago de todo, dice ella, Hotel incluido, dice ella. (contin úa en página siguiente (continúa siguiente))


Llego a casa, guardo en el primer cajón de mi cómoda la caja de condones y el refresco en sobre.

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Luis Alejandro Escudero

La miro nublado y lúbrico a sus ojos indiferentes, (que tantas veces se han abierto y se han cerrado en un gemido enjuiciado y absuelto, en varias piernas al hombro, o en otros brazos que jamás abrazaron el juego: cerrado el corazón x duelo, x derrumbe, o x motivos de fuerza mayor). Le digo que tiene las tetas más hermosas que haya parido concha alguna, que haya moldeado cirujano plástico alguno, que haya deseado quinceañera cumpleañera alguna Gracias, dice ella, Pero son 20 lucas, dice ella, Me esperan en la esquina, dice ella. Y se sube a un auto fecundo en secreto seminal y viscoso, en minúscula muerte repartida en el botín, en escondite y pillada sin encontrarse, en simulacros de latidos y de caricias que se anulan hasta la próxima esquina.


La

lectora

en

la

Nueve

de

Julio

Fotografía de Lali y texto de Anahí Flores

Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer.

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Jorge Luis Borges (1899-1986), escritor argentino.

CUENTO INVISIBLE

La ciudad de Buenos Aires, en su totalidad, tiene centenas de sitios aptos para la lectura o la locura, según lo que uno escoja. Ella camina con un libro en la cartera. Al llevarlo, el ejemplar es un simple objeto. Permanece en silencio como todo libro cerrado, y puede ser usado como pisapapeles, posavasos o pequeño techo provisorio si nos sorprende la lluvia en la calle. Sólo se transforma cuando un lector ávido lo abre, y eso es justo lo que ella quiere: ser inmediatamente esa lectora que transmute el objeto en libro. Mientras camina, se pregunta en qué lugar se detendrá a abrir su cartera, rescatar el libro y zambullirse en las páginas. No tarda en encontrarlo. En el medio de la Avenida Nueve de Julio, una pequeña elevación de la calle la invita a tomarse unos minutos. El mundo se detiene entre los autos, y la lectora se aleja por los renglones de otra historia.


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Escribo a destajo. A bocajarro. Con premura y desmesura Escribo con insistencia e impertinencia, Entre la fragilidad del tiempo, y la agonĂ­a de tu encuentro. Escribo desesperadamente esperĂĄndote Entreteniendo la madrugada con estos versos abstinentes, mendigos e ingratos. Con versos desiertos. Conversos a ti. Con hambre de ti.

Victoria Dubrovnik


Soñoliento lunes de café y prensa de crímenes repleta y de mentiras, de común afán de vivir sin iras y negros titulares como ofensa.

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Justificar sangre el tirano piensa exhibiendo sus armas, mientras giras página cansado, y con pena miras del expolio imperial una defensa. Harto, ojeas la política errada y mil anuncios, donde el financiero con su inútil mercancía degrada agua, tierra…cuanto al humano agrada. Y con el amargo sorbo postrero con tedio doblas la contraportada.

(De palabras comunes)

Soneto del Lunes

Pedro Rodríguez Palomo


Mar io P ablo Mef is Mario Pablo istto Las palabras más bellas del mundo

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No dije que lo sabía, pero es indudable que ella sentía cómo aquel mal recorría su cuerpo. Prometí ir a verla, sin que mis palabras sonaran a un final que se precipita, al ultimátum del último beso en su frente, ya muy marchita. La habitación en la que había pasado sus últimos meses, estaba vacía y el significado de aquella cama solitaria estremecía las fibras que en mi cansado corazón se despertaban cada día. La vi llegar agarrada a su inseparable bastón. Yo miraba fijamente sus labios, quizás buscando en ellos las palabras más bellas del mundo. Es benigno.


Poe +

en su formato digital se difunde reenviándola a quienes pueda interesar

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También han co laborado en este n úmer o colaborado númer úmero

ista Poe + 7 de la rev revista

Jenny Andrea Moreno Rincón Poeta colombiana Luis Cayo Pérez Bueno Poeta residente en Madrid Carmen Moreno Poeta gaditana afincada en Madrid Cecilio Olivero Muñoz Escritor y creador poético catalán Sebastián Mondéjar Músico y escritor murciano Federico Montalbán López Escritor murciano Edgar T arazona Creador poético colombiano Tarazona Gonzalo Escarpa Poeta residente en Madrid Rubén García Cebollero Poeta catalán Jesús Belotto Traductor poético eldense Lali Fotógrafa argentina Gloria Gil Poeta madrileña Nathalie Quintana Poeta francesa Rubén Casado Murcia Poeta ceutí José Naveiras García Poeta madrileño Héctor Ballesteros Fotógrafo mexicano Luis Alejandro Escudero Poeta chileno Anahí Flores Escritora y lectora argentina Abdelmajid Benjelloun Escritor marroquí Se ovnik Poeta residente en España Victoria Dubr Dubro autoriza Patricia O. (Patokata) Creadora poética uruguaya Puedes la reproducción Pedro Rodríguez Palomo Escritor malagueño mandar tus sin fines Mario Pablo Mefisto Escritor gaditano creaciones a comerciales citando brunojordan1@yahoo.es autores y procedencia procedencia.


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editorial


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Poe + nº 7 en format libro digital