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Domingo 28 de octubre de 2012 / IDENTIDAD

DESPUÉS DE LUCÍA

No es una película fácil ni divertida, pero la historia escrita y dirigida por Michel Franco resulta hipnótica y provocativa, realiza una película bien filmada, cuya pulida manufactura rebasa el estándar del cine independiente gracias a su ingeniosa edición y en esta ocasión un creativo manejo de la cámara subjetiva, lo cual se convierte en un fuerte apoyo de la trama. Por Cuauhtémoc Ruelas esquinadelcine@hotmail.comhttp://esquinadelcine.net/ Algunas personas encontraron la cinta mexicana “Daniel y Anna” pretenciosa e impenetrable, pues su impersonal estilo con la utilización de la llamada cámara subjetiva, provocaba que el drama que se intentaba narrar -sobre unos hermanos intentando reconstruir sus vidas después de un secuestro0- fuera totalmente frío y poco impactante, esto sin mencionar el pobre desempeño de Darío Yazbek Bernal como uno de los protagonistas. A mí por el contrario, la combinación de dicha técnica con una premisa bastante buena me pareció que reflejaba cierto ingenio, pero al igual que mucha gente, no disfruté del todo la película. No obstante,

ese fallido experimento, por llamarlo de algún modo, sirvió para que su primerizo realizador Michel Franco aprendiera lo suficiente como para entregarnos “Después de Lucía”, una cinta impactante por su contenido, relevante por su mensaje y tensa por su estructura, que gracias a la conducción de excelentes actores y por la sobria dirección, demuestra que tal vez Daniel y Ana no fue un capricho personal, sino el debut de una auspiciosa carrera. La historia nos muestra la relación entre Roberto (Hernán Mendoza) y su hija Alejandra, de 17 años (Tessa Ia), y la manera en que después de haber perdido a Lucía –esposa y madre respectivamenteen un accidente automovilístico, deciden salir de Puerto Vallarta e irse a vivir a la Ciudad de México. Ya en su nuevo hogar Alejandra comienza con el pie derecho en

La actriz Tessa Ia sorprende con una excelente actuación

el colegio haciendo nuevas amistades, sin embargo pronto comienza a tener problemas después de que un encuentro sexual con uno de sus compañeros es video grabado y difundido por Internet, por lo que Alejandra comienza a ser víctima de “bullying” y de hostigamiento por parte de sus compañeros. Sin embargo la chica decide no decir nada acerca de su situación, para no preocupar más a su dolido padre, hasta que la situación se comienza a salir de control. Cuando en México se ha intentado abordar el difícil tema del abuso escolar, regularmente ha sido dentro de la pantalla chica (por ejemplo en esa atrocidad lla- Después de Lucía. mada “La Rosa de Guadalupe”) dando como resultado un tratamiento sumamente  melodramático, lo cual es tan exagerado que pasa al terreno inverosímil y rompe la conexión con el espectador. “Después de Lucía” en cambio, no busca alarmar fácilmente ni reflejar una obvia moraleja; bueno, sin duda tiene una intención didáctica, pero no la grita en nuestro rostro; en vez de eso, nos deja asimilar gradualmente las distintas situaciones en las que la protagonista se ve envuelta, así como el efecto que puede acarrear una mala comunicación entre la familia. Y también enseña que la vulnerabilidad de las víctimas puede llegar mucho más allá del riesgo físico. Desde luego es un tema difícil y no muy agradable, pero siento que tiene más validez que nunca, confirmando además que estos casos suceden en cualquier escuela o estrato social.

Pero incluso sin esa intención didáctica la historia escrita por el mismo Franco resulta hipnótica y provocativa, ya que éste realiza una película bien filmada, cuya pulida manufactura rebasa el estándar del cine independiente gracias a su ingeniosa edición y en esta ocasión un creativo manejo de la cámara subjetiva, lo cual se convierte en un fuerte apoyo de la trama. Sobra decir que nada de esto hubiera funcionado sin una sólida actriz en el papel principal. En ese sentido, el director se sacó la lotería con Tessa Ia (en su segundo papel cinematográfico), y espero sinceramente que puedan aprovecharla en más y mejores proyectos. Su interpretación de Alejandra es extraordinaria: al mismo tiempo cálido y trágico. Supongo que un libreto tan exigente no tiene escenas “fáciles”, pero Ia responde con igual profesionalismo y pasión en todo momento, ya sea como una adorable hija apoyando en todo momento a su padre, o bien como la vulnerable víctima cuya integridad se va desmoronando gradualmente. Por su parte Hernán Mendoza llena con total credibilidad el papel del deprimido padre, pues su interpretación es igualmente intensa y detallada; su mera presencia causa inquietud porque transmite sin palabras el intenso dolor que le provoca la pérdida de su esposa. Obviamente todos estos halagos justifican una entusiasta recomendación para “Después de Lucía”, aunque advierto de nuevo que no es una película fácil ni divertida; no es uno de esos dramas que nos hacen llorar un poco, para posteriormente dejarnos satisfechos al salir del cine; por el contrario, podría considerarse incluso algo deprimente al abordar una problemática que cada vez se hace más común no sólo en las escuelas con los adolescentes sino también en el trabajo o entre amigos. En resumen, una extraordinaria cinta que debe de ser vista y analizada por toda clase de público.

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Después de Lucía