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VII JORNADAS DE ESTUDIOS BRIOCENSES

PONENTES: Francisco Javier Rojo Alique, Juan Carlos Viejo Cortijo, Pedro Carlos Rojo Alique, Joaquín Hernández Corral, Carmen Martínez


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Introducción. Avelino González Vega

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“Los Toros en Brihuega en el siglo XVIII” Ponente: Francisco Javier Rojo Alique.

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“Cartas Privadas de emigrantes a Indias” Ponente: Juan Carlos Viejo Cortijo.

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“Crónica de una batalla. Batalla de Brihuega-Villaviciosa” Ponente: Pedro Carlos Rojo Alique

“Festejos Taurinos en Brihuega” Ponente: Juan Carlos Viejo Cortijo. (De las III Jornadas de Estudios Briocenses)

Coordinación de Jornadas: Pedro Carlos Rojo Alique y Francisco Javier Rojo Alique Edita y Promueve: Asociación Cultural “Gentes y Brihuega” Diseño, Maquetación y preimpresión: Print Autoedicion, s.l. Imprime: Graficas Corredor, s.l. Agosto 2008

Ayuntamiento de Brihuega


Estudios Briocenses Jornadas de

VII

DOSSIER ESPECIAL

os días 3 y 4 de agosto de 2007 se celebraron las VII Jornadas de Estudios Briocenses. La Asociación Cultural Gentes de Brihuega es la responsable de organizarlas en las cuatro últimas ediciones.

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El presentador de esta edición, Adelardo Ortega, presidente de la Asociación “Gentes de Brihuega”, además de dar la bienvenida y agradecer al público su asistencia y a los ponentes su esfuerzo, recalcó uno de los objetivos: “…dar a conocer datos o recordar hechos de interés para nuestra localidad y provincia en distintos momentos de nuestra historia…” El estudio previo y el interés por lo nuestro, son la base para afrontar esta sencilla tarea de ir redescubriendo la historia de nuestro entorno. En este sentido cabe señalar otro de los grandes objetivos: “… Aprenderemos, por tanto, más sobre Brihuega y su Comarca…”

Presentación de la Asociación III Centenario. En la presentación de la AIIIC hubo mucha gente y expectación. La alcaldesa, Adela de la Torre habló de consenso fundamentalmente con el grupo socialista para sacar adelante este proyecto. Después habló Sergio David González, que es concejal y Delegado de Medio Ambiente, expuso la voluntad de la Junta de apoyar la asociación y el proyecto; y luego Javier Villa, presidente de esta recién nacida asociación presentó una declaración de intenciones y objetivos que se buscan por y para Brihuega hasta y después de 2010. Miguel Paniagua presentó la página Web de la Asociación: h t t p : / / b r i h u e g a villaviciosa.org/ Terminó todo con una agradable sorpresa: Carmen González enseñó un inmenso cartel en color muy bien conservado, donde se veían los actos conmemorativos del II Centenario.

Más ponencias Abelardo Mazo, se emocionó al presentar en esta ocasión como concejal de cultura, en lugar de hacerlo como miembro de Gentes de Brihuega, del que se sintió orgulloso de pertenecer. Bajo el patrocinio del Ayuntamiento y la colaboración de la Diputación y JCCM. A su vez Abelardo presentó a Pedro Carlos Rojo Alique que disertó sobre una crónica más de la Batalla.

En la mañana del sábado, Javier Rojo disertó sobre un pleito taurino en el siglo XVIII. Fue muy interesante pues desgranó, según los escritos de la época, los eventos taurinos en Brihuega, que eran 3: en el Corpus, el día de la Virgen y en septiembre. Carmen Martínez (Chiqui), presentado por Paloma Raso,

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contó sus experiencias en África (Sudán, Etiopía, etc..) exponiendo una serie de imágenes fundamentalmente de mujeres. Explicaba cómo ella y sus acompañantes eran los centros de atención de los poblados. Juan Carlos Viejo, disertó sobre las cartas de los Emigrantes que mandaban desde Méjico a Brihuega, cómo tardaban 5 meses en llegar, y la forma curiosa de escribir... La mayoría de esas cartas están en el Archivo de Indias de Sevilla y en libros como el de IDA Adman y otros autores hispanoamericanos. Y acabó Joaquín Hernández presentando su libro sobre el 70º Aniversario de la Batalla de Guadalajara en marzo de 1937 y del que es coautor con Pedro Aguilar, Raúl Conde y Pepe García de la Torre. Explicó las 4 partes del libro. La voluntad de los autores era reflejar con imparcialidad las experiencias de numerosas gentes de Guadalajara, dando versiones de personas mayores. Mediante imágenes fue mostrando partes de Brihuega y del Monte Ibarra donde se desarrolló la Batalla.


VII Jornadas de Estudios Briocenses

LOS TOROS EN BRIHUEGA EN EL SIGLO XVIII

En el presente trabajo damos a conocer un documento del siglo XVIII que se conserva en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, y que proporciona algunos detalles sobre la celebración de los festejos taurinos en Brihuega en aquella época. A través de la información que recoge dicho documento intentaremos con posterioridad describir, aunque sea de una manera muy superficial, cómo serían las Fiestas que se celebraban en Brihuega en honor de la Virgen de la Peña en el siglo XVIII, y en especial los festejos taurinos. Francisco J. Rojo Alique

1. EL PLEITO En el año 1768 Bernardo de Brihuega, vecino de la villa del mismo nombre, apeló ante el tribunal de la Real Chancillería de Valladolid una sentencia por la que se le obligaba a abonar 63 reales a otro briocense, de nombre Antonio Cayetano Ruiz, por razón de “el coste de unos andamios que se hizieron para los mozos de la cofradia de Nuestra Señora de la Peña en la fiesta de toros de el año de mil setezientos sesenta y cinco”. En el expediente de dicha apelación se describe cómo en Brihuega los miembros del “Cabildo de Mançebos”, es decir, de la Cofradía de Nuestra Señora de la Peña, tenían la costumbre de instalar unos andamios o barreras, con el fin de presenciar desde allí las corridas de toros que todos los años se celebraban en la villa el día 15 de agosto. El dinero para la construcción de dicho andamio lo adelantaba el miembro de la cofradía que desempeñaba el cargo de procurador. Los gastos por este concepto se le abonaban al año

siguiente, al final del desempeño de su cargo, cuando se renovaba la Junta Directiva de la Cofradía al finalizar la función religiosa en honor de la Virgen de la Peña. El 15 de agosto de 1765 el Cabildo de Mancebos no eligió procurador, por lo que se pidió a José de Brihuega, quien había desempeñado dicho oficio durante el año anterior, que corriera nuevamente con los gastos de las barreras para los toros. Como José se encontraba ausente de la villa casi todo el año, se pidió a su padre, Bernardo de Brihuega, que adelantase el pago en nombre de su hijo, a lo que aquél accedió. Al año siguiente de 1766 la cofradía nombró como nuevos procurador y tesorero a Manuel y Antonio Ruiz. La cofradía tenía ya por tanto un nuevo procurador, y por tal motivo Bernardo de Brihuega pasó a reclamarle los sesenta y tantos reales que, en nombre de su hijo José, había tenido que adelantar de manera extraordinaria para levantar los andamios para la corrida de toros del año anterior. A ello no puso ninguna objeción el

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padre y representante legal del nuevo procurador, Antonio Cayetano Ruiz, que le entregó a Bernardo el dinero de los andamios de inmediato. Para dejar la situación resuelta, a Antonio Cayetano Ruiz sólo le quedaba dar las cuentas a la cofradía y reclamarle el importe de las barreras del año anterior, que él ya había abonado a Bernardo de Brihuega. Para sorpresa de Ruiz, el cabildo se negó a pagarle la citada cantidad, alegando que ya habían entregado a Bernardo de Brihuega más de sesenta reales por dicho concepto. Bernardo de Brihuega había, por tanto, cobrado dos veces el importe de los gastos de las barreras de los toros del año 1765. La primera de ellas, a través de la cofradía de Nuestra Señora de la Peña. La segunda, de manos del padre del nuevo procurador, Antonio Cayetano Ruiz, a quien Bernardo acudió posteriormente a reclamarle la citada cantidad, ocultándole que ya la había cobrado. En vista de lo anterior, Antonio Cayetano Ruiz decidió llevar el asunto a los Juzgados de Brihuega.


DOSSIER ESPECIAL Reclamaba que se le restituyera la cantidad que él había abonado a Bernardo de Brihuega, y más aún cuando el Cabildo de Mancebos de Nuestra Señora de la Peña se negaba a hacerlo, alegando que ya se la habían reintegrado a este último. La denuncia siguió su curso, y a mediados del año 1767 llegó hasta la vicaría de Alcalá de Henares, donde Antonio Cayetano Ruiz demandó que Bernardo de Brihuega le devolviese los 63 reales de las tablas de los toros y las costas que había ocasionado el pleito. El juez de Alcalá citó a declarar a ambas partes y a los testigos que quisieran aportar, y luego condenó a Bernardo de Brihuega a devolver los 63 reales que debía a Antonio Cayetano Ruiz junto con las costas. Bernardo de Brihuega quiso entonces apelar la sentencia, pero como “era la causa de tan cortta entidad” se le denegó su petición. Entonces optó, “sin duda callando esttas circunstancias”, por presentar un recurso ante el tribunal de la Real Chancillería de Valladolid, que era por aquel entonces el máximo órgano de la justicia del reino. A los jueces de la Real Chancillería no les debió sentar nada bien que les hicieran perder el tiempo por una “causa de tan cortta entidad”, y por ello su resolución sobre este asunto fue tajante: en primer lugar, acordaron declarar nulos los autos anteriores que se habían desarrollado sobre este tema, alegando que no se debía haber abierto “proceso por tan nimia cantidad”; asimismo, ordenaron que se multase a los encausados por presentar tal denuncia, e incluso al juez que había admitido a trámite dicha demanda, “hauiendo dado lugar a que las partes haian disipado y disipen malamente sus caudales”.

2. LAS FIESTAS EN HONOR DE LA VIRGEN DE LA PEÑA EN EL SIGLO XVIII ¿Por qué traemos hoy a la luz, dos siglos y medio más tarde, el conteni-

do de un pleito de tan poca monta? Pues porque pensamos que puede contribuir a aportar cierta luz sobre la manera en que se celebraban las Fiestas en honor de la Virgen de la Peña en la Brihuega del siglo XVIII. Con la ayuda de éste y de otros testimonios de la época, a continuación intentaremos describir cómo serían estas celebraciones por aquellos años: Como ocurría en otros muchos lugares de España por aquel entonces, la mañana del Día de la Virgen se dedicaba a las celebraciones propiamente religiosas. La jornada se abriría con la función religiosa en honor de la Virgen de la Peña, que aparece mencionada en el pleito de 1765-68. El otro gran acto religioso del día sería la procesión de la Virgen, que tendría lugar después de la función. De su organización sería responsable la cofradía de mancebos de Nuestra Señora de la Peña que, como su nombre indica, por aquel tiempo estaba formada únicamente por varones solteros. Las ordenanzas de dicha cofradía aprobadas en 1646 establecían que la imagen se debía sacar “con toda veneración, llevándole un palio y su estandarte y otras ynsignias”. De llevar las varas del palio y las insignias que se sacaban en la procesión se encargaban los cofrades de la Virgen, encabezados por sus máximos responsables, conocidos entonces como “alcaldes”, que se encargaban de portar el estandarte y el pendón de la cofradía. La tarde estaría dedicada a la celebración de un festejo taurino. La costumbre de celebrar este tipo de espectáculos es en Brihuega muy antigua, y se encuentra documentada ya en el año 1544. A través de la documentación conservada en el Ayuntamiento sabemos que en el siglo XVIII se celebraban en Brihuega corridas de toros tres veces al año: el día del Corpus, el 15 de agosto y en el mes de septiembre, probablemente el día 8, coincidiendo con la celebración de Nuestra Señora de dicho

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mes. Además, el municipio celebraba con astados cualquier acontecimiento político o social importante de ámbito nacional. Por ejemplo, en el otoño de 1714 se lidiaron seis toros para celebrar la toma de Barcelona por las tropas reales. La fiesta de los toros se organizaría en Brihuega de manera similar a la de otros lugares de España que se encuentran mejor estudiados. De su organización se encargaba, al igual que en otras muchas poblaciones, el Ayuntamiento de la villa. Las autoridades municipales se ocupaban, para empezar, del abastecimiento del ganado para los festejos. A través de los Libros de Actas Municipales sabemos que ya en el siglo XVI los regidores briocenses compraban los astados para las corridas o bien se obligaba a los carniceros locales a abastecer a la villa con un determinado número de toros. Como ocurría en otras poblaciones, a veces esa obligación no se cumplía en su momento: así, en 1546 los carniceros Juan Laínez y Francisco de Aranda pidieron al concejo briocense que se les permitiera cambiar los dos toros que tenían obligación de traer al pueblo para el día del Corpus y para el de San Juan por “vn novillo o vacas muy buenas y que les haran merced”, a lo que los regidores de la villa se negaron, obligándoles a cumplir “lo que esta asentado”. Sabemos que, a principios del siglo XVIII, el ganado bravo para los festejos taurinos de Brihuega procedía de la tierra de Anguix y de Almonacid. Una vez concertada la compra con el dueño del ganado, se iba a buscar las reses a la ganadería y a “probarlas” o medirlas para saber si eran buenas o no. Tras elegir los animales que se iban a adquirir, se conducían hasta unos pastos o dehesas cercanos a la villa, donde esperarían el día de su lidia. Finalmente, la última operación que se realizaría con los toros antes del festejo taurino sería el “encierro”, o traslado de las reses hasta los corrales situados dentro del recinto urba-


VII Jornadas de Estudios Briocenses no, donde se guardaría a los animales hasta el momento de la fiesta. En otras poblaciones de Castilla, el traslado de los toros hasta el lugar de su encierro solía realizarse por la noche, para evitar peligros y alborotos. Aún así, desde siempre los encierros contaron con gran popularidad entre las gentes de la época. Sin duda alguna el origen de los encierros de Brihuega se encontró en estos traslados de las reses a la plaza. La vinculación entre el origen del encierro de Brihuega y los traslados de ganado para las corridas de toros la reflejaba claramente, ya en la década de 1930, el cronista provincial Francisco Layna Serrano, que describía, cómo por aquellos años: “el encierro de los toros efectuado en pleno día, es sin duda, el mayor atractivo de la fiesta …; aunque el propósito es llevar las reses desde las alturas alcarreñas hasta la plaza mayor, todos los concurrentes ponen cuanto pueden de su parte para impedirlo asustando a los animales cuando bajan por “Valdeatienza” … de suerte, que todos los años …. ¡se escapan! Con este motivo, la corrida suele diferirse y las fiestas se prolongan.” Layna estaba describiendo, por tanto, la peculiar manera en la que se celebraban los encierros en Brihuega hasta bien entrado el siglo XX. Es más que posible que este tipo de diversiones ya existiera en la villa en la Edad Moderna, aunque debemos dejar claro, eso sí, que no hemos encontrado ningún dato en la documentación que lo mencione explícitamente en fechas tan antiguas. En los corrales pasarían los toros la noche antes de la corrida, que pensamos que por aquellos años ya se celebraba en la Plaza del Coso. En efecto, el propio nombre de la plaza nos recuerda que allí era donde tuvieron lugar los festejos taurinos en Brihuega durante mucho tiempo, hasta la construcción de la plaza de toros del pueblo, bien avanzado el siglo XX. La plaza del Coso tendría ya entonces una fisonomía parecida a la

actual, resultando lo suficientemente grande y regular como para permitir el buen desarrollo del festejo. Para la celebración de las fiestas taurinas, resultaba necesario transformar de forma sustancial los lugares que constituían su escenario, para convertirlos en auténticos cosos. Lo primero que había que hacer era cerrar el lugar donde se iban a lidiar los astados, tapando los espacios abiertos para evitar la huida de los animales. Los lugares del recinto que no contaban con edificaciones tenían que ser cerrados mediante la construcción de barreras. En el caso de Brihuega, hoy hemos visto cómo de levantar las mismas se encargaban particulares o instituciones, como la cofradía de la Virgen de la Peña, para acomodar con posterioridad a sus miembros durante la corrida. Con más o menos cambios, se trata de una práctica que perduró durante siglos, hasta que se construyó la plaza de toros “La Muralla”, en la década de 1960. Acondicionado de esa manera, el espacio del Coso se convertía en un fantástico escaparate para que los grupos dirigentes de la sociedad mostraran el poder y la posición de dominio que ocupaban en la villa. Para ello, era fundamental destacar de una manera visible sobre el resto de la población. En efecto, las autoridades que presidían el festejo disfrutaban del espectáculo desde un balcón, desde donde mostrarían su poder político y social organizando, reglamentando y controlando la fiesta. Ese balcón no era el del ayuntamiento, que se reservaban para los miembros del concejo y para los procuradores y escribanos de la villa. Al igual que ocurría en otros lugares, en Brihuega los grupos poderosos y privilegiados, al finalizar el festejo, disfrutaban de una colación o comida, que corría a cargo de las arcas municipales. Así, sabemos que en 1717 las autoridades invitadas consumieron, entre otras cosas, vino, “aloxa” y bizcocho. Si la organización del espacio festivo servía para demostrar el poder y la

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posición que los distintos grupos sociales ocupaban en la villa, no resulta extraño que las rivalidades y competencias existentes en el plano político y socioeconómico tuviesen su fiel reflejo en una lucha por los lugares privilegiados por asistir a este tipo de festejos. Así, a principios del siglo XVIII el concejo de la villa decretó que los escribanos y procuradores no se acomodaran en el balcón que el ayuntamiento acondicionaba para las corridas de toros, pues solían faltar asientos a la hora de tomar el refresco que se celebraba al final de las mismas, especialmente si venía algún huésped de fuera. Se establecía que en adelante los escribanos y procuradores se sentaran en el balcón que la villa tenía en el ayuntamiento, siempre y cuando no asistiesen las autoridades municipales. También se les pedía que acudiesen a la comida posterior al festejo taurino después de los miembros de la corporación municipal, con la excepción del escribano municipal y el médico. Cabe además suponer que muchos vecinos de la villa presenciarían el espectáculo taurino desde las casas cuyas ventanas y balcones iban a dar a la plaza. La mayor parte de la población, sin embargo, disfrutaría del espectáculo desde la calle o encaramándose a lugares altos como los tejados. Muy poco podemos decir sobre el desarrollo de los festejos taurinos en Brihuega en el siglo XVIII. El espectáculo no tendría la reglamentación y fisonomía actuales, que fue adquiriendo precisamente a finales de esa centuria. En la época de la que nos ocupamos en este trabajo se puede establecer una distinción entre los festejos taurinos que recogían la herencia caballeresca, donde predominaban la lidia a caballo y el uso del rejón y de la lanza, y aquellos otros que se celebraban para el regocijo popular, con gran participación de gente, que no sólo acudía a presenciar el espectáculo, sino que al mismo tiempo intentaba participar de manera activa en el mismo.


DOSSIER ESPECIAL Pensamos que los festejos taurinos de Brihuega responderían a este segundo modelo, que aún se conserva, con algunas modificaciones, en tantos y tantos pueblos de nuestra provincia y de otros lugares de España. El festejo tendría más bien la forma de una capea popular, donde las reses se lidiarían de manera tumultuaria y anárquica y donde lo predominante eran las suertes de a pie. Lo más habitual sería que los toros se mataran en la plaza, aunque tampoco sería extraño que, si no daba tiempo a lidiar los toros previstos para un mismo día, los que sobraban se devolvieran a los ganaderos y se toreasen otro día. En ocasiones incluso se correría varias veces el mismo astado. De dar muerte a los toros podían ocuparse algunos de los participantes en la lidia, o bien se podían contratar los servicios de “mata-toros”, personas expertas en matar los toros a pie y que ofrecían sus servicios en los festejos de pueblos y ciudades a cambio de cantidades nada módicas de dinero. Junto a la lidia de toros en la plaza, los festejos taurinos pudieron incluir también la suelta de vacas bravas, bien por el mismo recinto del Coso o por las calles y plazas de la villa. Así parece apuntarlo un documento del año 1546, en el que se menciona la posibilidad de llevar “vacas muy buenas” para los festejos taurinos briocenses.

cia que también en el pasado tuvieron las celebraciones festivas en general, y las corridas de toros en particular, en la vida de Brihuega. Las fiestas taurinas ya gozarían de gran popularidad entre los briocenses de la Edad Moderna, quizá no sólo porque de ellas disfrutasen un gran número de espectadores, sino también porque una parte importante de la población, de una u otra manera, participaba activamente en el espectáculo. Se trataría por tanto de un tipo de fiesta extremadamente popular y de cuyo análisis pueden obtenerse múltiples lecturas. Así, puede constituir un excelente instrumento para analizar la estructura y las relaciones sociales de la época: por un lado, se trataba de una “fiesta del poder y para el poder”, en la que las autoridades municipales intentaban monopolizar

su organización, desarrollo y control. Pero al mismo tiempo se trataba de un tipo de festejo que los grupos menos privilegiados de la población consideraban como auténticamente suyo y que utilizaban para transgredir las normas establecidas y disfrutar en un ambiente de cierto desorden, que pocas veces lograban a lo largo del año. Pensamos que resulta de interés un estudio más profundo sobre las celebraciones festivas y taurinas en Brihuega en el pasado, desde la perspectiva de la denominada Historia de las Mentalidades, que está poniendo de manifiesto la importancia que tiene el conocimiento de aspectos como la cultura, la vida cotidiana, las fiestas, o los juegos para llegar a comprender de manera más profunda nuestro pasado y, por añadidura, nuestro presente.

3. CONCLUSIONES A través de este simple esbozo que acabamos de presentar esta mañana, podemos vislumbrar la importan-

Cortesía página web “Plaza del Coso

Bibliografía 1. Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Pleitos Civiles. Pérez Alonso (F). Caja 2795.0003 2. Archivo Municipal de Brihuega (en adelante AMB), Libros de Actas Municipales de Brihuega, años 1544-1548, sesiones de 13 de mayo de 1544, 16 de junio de 1545, 25 de mayo y 8 de junio de 1546. 3. AMB, Libros de Actas Municipales de Brihuega, año 1717, fols. 4r-v. 4. AMB, Libro de decretos de 1708 a 1714, 4 de octubre de 1714. 5. Seguimos aquí la descripción que de este tipo de espectáculos aparece en María Jesús IZQUIERDO GARCÍA – Marco Antonio MILLÁN SARMENTERO, Los toros en Valladolid en el siglo XVI, Valladolid, 1996. 6. AMB, Libros de Actas Municipales de Brihuega, años 1544-1548, sesión de 25 de mayo de 1546. 7. AMB, Libro de decretos de 1708 a 1714, 4 de octubre de 1714. 8. AMB, Libros de Actas Municipales de Brihuega, año 1717, fols. 4r-v. 9. AMB, Libro de decretos de 1708 a 1714. 10. Libros de Actas Municipales de Brihuega, años 1544-1548, sesión de 25 de mayo de 1546.

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VII Jornadas de Estudios Briocenses

CARTAS PRIVADAS DE EMIGRANTES A INDIAS Se reproduce a continuación una serie de cartas tomadas del libro de Enrique Otte, Cartas privadas de emigrantes a Indias, 15401616 (México: FCE, 1993). Más en concreto, se trata de las cartas escritas desde Puebla de los Ángeles por briocenses emigrados a dicha ciudad mexicana a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI. En esas fechas, y en poco más de medio siglo, aproximadamente un millar de personas, sobre una población estimada de cuatro mil, abandonaría Brihuega en dirección al Nuevo Mundo. En Puebla, los briocenses desarrollarían una importante industria relacionada con las manufacturas textiles, reproduciendo en las nuevas tierras la actividad en que se ocupaban en Brihuega. Entre las cartas, predominan las "cartas de llamada", aquellas en que los residentes en las Indias se dirigían a familiares y amigos ofreciéndoles trasladarse a las nuevas tierras, donde encontrarían mejores oportunidades que en su lugar de origen. Pero junto a estas llamadas, aparecen noticias sobre la salud, las preocupaciones e incluso los encargos de los que habían emigrado. Por todo ello, vale la pena recordar aquí dichas cartas y a quienes las escribieron. Juan Carlos Viejo Cortijo

Carta de Diego de Anzures a su primo Andrés Ortega Puebla, 25.II.1571. Muy magnífico señor: Estoy espantado en no haber vuestra merced venido por acá, habiéndosele enviado a suplicar tantas veces por cartas, sabiendo que yo estoy en esta ciudad tan bien acreditado, y que le tengo tienda desocupada a mi costa dos años. Y ahora, como de primero me la haga de venirse con la señora, su mujer, y en esto recibiré yo muy gran contento, ahí envío 2.040 cueros, y envío despacho y poder del señor mi hermano, Rodrigo de Anzures. Ahí le envío a decir que, si hubiere menester alguna cosa de dinero, que se lo dé, para emplear, o para lo que a él más le cumpla, haciendo una obligación de lo que recibe, y enviarme la obligación a esta ciudad a Diego, mi sobrino. Quisiera mucho despacharlo con la hija del amigo. No sé si se hará. Asimismo me hará merced de traer consigo a Antoñico, el hijo de Juan de Pastrana, y le traiga bien aderezado, como si fuera su hijo, porque no estoy aguardando otra cosa sino a vuestra merced, para irme al natural, y por dejarle acreditado, y como ha de quedar. Asimismo, si pudiere, se traiga consigo cincuenta o sesenta libras de añil, que será buen principio para su ganancia, y otros cincuenta o cien pares de cardas desde Córdoba, que también se ganará con ellas, y otras cosas que a vuestra merced le parezca. Y confiando que, vista ésta, vuestra merced se partirá con la primera armada que vendrá, no digo más, sino que Nuestro Señor le tenga de su mano, y a la señora su mujer, y los traiga con bien, como yo deseo, donde quedo, en la ciudad de Los Ángeles, a servicio de vuestra merced, año del Señor de mil y quinientos y setenta y uno, a veinte y cinco de febrero. Su menor servidor de vuestra merced, que sus manos besa.

Diego de Anzures.

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DOSSIER ESPECIAL Carta de Juan de Brihuega a su hermano Pedro García Puebla, 16.I.1572 Señor hermano: La presente es para hacerle saber cómo, gloria a Dios y a su bendita madre, estamos buenos yo y mi mujer e hijo, y aunque a la sazón mi mujer ha estado muy mala de dolor de costado y ha estado muy peligrosa, porque estaba preñada de siete meses, y la sangraron seis veces, y a esta causa llegó a tanto peligro. Tenemos tres niñas y un niño, dos niños que nos han nacido acá, y a Juanico y a Marica que de allá trajimos, sin los que se nos han muerto y lo que mi mujer tiene en la barriga. En lo demás, gloria a Dios, nos va bien, que tengo un obraje con doce telares de paños, con la gente que es menester en él, y tengo cuatro negros y una negra, y estamos bien puestos para ganar de comer, si Dios fuere servido. En ésta no seré largo, por estar el mensajero de partida, que es el que la presente lleva, que se llama Diego Rodríguez, vecino de esta ciudad, grande amigo mío. Si Dios fuere servido, con otro mensajero escribiré más largo de lo que por acá pasa. Lo que en esotras cartas que le escribo le torno a rogar en ésta, y es que yo tengo gran necesidad de él, por tener tan gran trato en mi casa, para regir las perchas y el batán, que apenas hallamos acá oficiales que lo entiendan, por eso le importuno que con su mujer e hijos arrinque (?) lo más presto que pudiere y se venga a esta ciudad de Los Ángeles, y esto no le tenga más que rogar, y si le faltaren dineros, en el navío que entrare para pasar acá, diciendo cómo tiene acá hermana tan rica, le fiarán la mitad del pasaje, que yo lo pagaré en llegando acá todo, y si supiera cierto que su venida había de ser cierta, yo le enviara con que pasara. Al reverendo Juan García Navarro dará mis besamanos, y que me encomiendo en sus oraciones, que ya le escribí en la otra flota; no sé si llegó allá. Al señor Juan Ruiz y a todos mis vecinos en general dará mis besamanos con todos los demás mis señores y amigos, y con tanto ceso. Nuestro Señor guarde la muy noble persona de vuestra merced como yo deseo, y que presto nos veamos juntos en esta ciudad de Los Ángeles, donde quedamos, a dieciséis días del mes de enero de 1572. Beso las manos de vuestra merced.

Juan de Brihuega.

Carta de Macario de Anzures a su hermano Rodrigo de Anzures Puebla, 18.III.1576 Muy magnífico señor hermano: Quisiera yo ser mensajero, para gozar de la vista de v.m. y de mi señor hermana y madre, mas pues no podemos por vista, sea por carta las veces que pudiéremos. Y en esto vuestra merced me la haga no tener descuido, porque para mí y mis hermanos será mucha merced de la salud de todos. Hago saber a vuestra merced la tenemos; con el señor Diego de Anzures y Pedro de Anzures, nuestros hermanos, desean la tengan vuestras mercedes. El señor Diego de Anzures fue alcalde de esta ciudad el año pasado, y cumplió para navidad de este año de setenta y cinco y principio del de setenta y seis. En dejando la vara compró de su majestad ser alférez de esta ciudad y regidor, oficio de mucha honra. Creo que este fin no irá a España tan presto, y como Pedro de Anzures sea escribano, lo mismo, porque con sus oficios no creo irán a España tan presto como quisieran. Desean tener en esta tierra cosas de vuestra merced en quien poder hacer algo de lo que deben a las buenas obras, que de vuestra merced como padre han recibido, porque el nuestro para nos hacer bien nunca tuvimos, no lo conocimos, loado sea Nuestro Señor, sino vuestra merced, y yo lo deseo más que todos. Suplico a vuestra merced, pues tiene otros hijos, que le quedan hijas muchas que poner en recado, envíe a Diego de Anzures, mi sobrino, porque en mi obrador de paños lo he mucho menester. Y yo le daré la mitad del interés, con que favorezca a vuestra merced y a mis sobrinas, pues son pequeñas, y en este tanto ganará de comer largo do yo estoy, y el favor de los señores nuestros hermanos, donde vuestra merced tenga algún remedio para poner en cobro mis sobrinas, conforme vuestra merced es. La misma voluntad tiene el señor Diego de Anzures y Pedro de Anzures, nuestros hermanos, y en esto, que tanto va, ponga vuestra merced remedio, y no lo eche en olvido, y sea en la primera armada. El señor Angulo y su casa creo se irán el armada de setenta y ocho, porque tiene vendida su hacienda. Todos los demás desa tierra, con Gonzalo Díaz y su mujer y los demás que vuestra merced desea saber están buenos. Ganan de comer largo, aunque las alcabalas atajan algún tanto de lo que solían. Mas la tierra es tan buena que todo lo sufre.

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VII Jornadas de Estudios Briocenses Dará vuestra merced mis besamanos y un abrazo a mi señora madre, y a la señora mi hermana, su mujer de vuestra merced, con los señores vecinos Hernando Carrillo y su mujer e hijos, con el señor Lope de Miranda, y todos los demás que vuestra merced me hiciere merced, que será para mí todo el contento del mundo saber siempre de vuestras mercedes. A la vieja ama de mi señora Juana del Ángel me encomiendo, y que si Dios me lleva a España, que yo haré por ella todo lo que me pidiere. Y pues no se ofrece otra cosa, Nuestro Señor guarde vuestra merced por muchos años, como por mí, su menor hermano, es deseado. De esta ciudad de Los Ángeles, y de marzo diez y ocho de mil y quinientos y setenta y seis años. Menor hermano de vuestra merced, que está para sus servicio.

Macario de Anzures.

Carta de Antón Torijano a su mujer Catalina Ponce Puebla, 8.IV.1581 Señora hermana: Recibí su carta y con ella mucho contento en saber que quedaba con salud, que todo lo demás que me escribe bien siento yo lo que allá pasa, y si yo pudiera haber acudido a remediar con alguna cosa, lo hubiera hecho, pero salidos que fuimos de Sevilla pasamos tantos trabajos hasta entrar en esta tierra y tiempos, que jamás otros tales han pasado, que han sido parte para que en enfermedades se me haya pasado el tiempo, y esté al presente sin un real. Y pues fue Dios servido que quedase con la vida, le doy muchas gracias. Yo al presente estoy bueno, bendito sea Nuestro Señor, y quedo en molino y batán de Macario Anzures, donde gano buen partido y entiendo de remediarme. Esta tierra está muy trabajosa, que con más dificultad se gana de comer que no en España, y más los hombres que no tienen mujer. Dígolo, porque desearía de que quisiese animarse y venirse acá, que mejor se podrá pasar la vida que no allá, y ya que no sea sino por sacar a los hijos, que Dios ha sido servido de dejarnos, de tan estrecha tierra. Y pues en esta flota hay tan buena coyuntura, desearía muy mucho que se dispusiese a venir, que para entonces podría ser que Dios me diese alguna cosa para poder estar en casa aparte. Que sólo suben en esta tierra los que ya digo tienen quien les guarde un tomín y les lave una camisa, que lo demás, como se gana, se gasta. Y a esta causa, que tanto otras muchas que hay para que venga, se lo suplico, y por tener entendido la voluntad que me tiene y que lo deseaba más ella por los peligros que no sabiéndolos pueden venir fuera de estar en el servicio de Dios, que es la principal causa, no se lo encargo más por ésta, sino que Nuestro Señor le dé aquella salud y vida que por mí es deseado, y la traiga a que yo la pueda ver con mis ojos. A todos los señores que yo tengo obligación dará mis encomiendas, y que hayan ésta por suya. Francisco Martínez, mi cuñado, quiere venirse a esta tierra, y podría se venir con él. Dirále que haya ésta por suya, y que, aunque está algo trabajada esta tierra, que holgaría de verlo por acá, porque viviría con mayor descanso, y sin tanto trabajo, que el que se aplica, muy largo gana de comer. Y ya digo si viene, yo sé que mirará por ella como yo mismo. A mi padre y hermanos dará está por suya, y le dirá que los trabajos que he pasado me hacen estar sin un real, que harto lo siento de no acudir a favorecerle en su necesidad. Pero que, si Dios me favorece con salud, yo le enviaré alguna cosa lo más presto que pueda. Benito Ponce fue Dios servido de llevársele, y de recién casado. Antón del Castillo queda bueno, y le va muy bien, y asimismo mi amigo Cristóbal Tribucio, los cuales le besan las manos. Bien parece, hermana, la poca cuenta que mis hermanos han tenido y tienen de ella, pues me escribieron que ellos y sus mujeres estaban buenos y de ella no se acordaron. Que a ser otro hombre, o no tener la confianza que yo en ella tenía, pudiera sospechar algo. Y por esto le suplico que por amor de Dios deje esa tierra, y se venga a ésta, y no haga pie en ninguno de ellos. Y porque con mucho contento la estoy aguardando, ceso, sino de rogar a Dios que la traiga con bien, para que en su santo servicio nos gocemos juntos el tiempo que Él fuere servido. En el pliego de Pedro de Anzures me hace merced de enviar el poder, para que pueda vender y cobrar y hacer su voluntad. Irá muy cierto, y de esta ciudad de Los Ángeles, donde quedo, y de abril, ocho, de mil y quinientos y ochenta y un años, señora hermana, el que con mayor deseo la aguarda que no respuesta de ésta, verdadero hermano, Antón Torijano.

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DOSSIER ESPECIAL Carta de Alonso de Viñuelas a su hermano Juan de Viñuelas Puebla, 10.VIII.1583 Deseado hermano: Muchas cartas he escrito a vuestra merced, y si no es de dos, no he tenido respuesta, y creo ha sido la causa no haber enviado a vuestra merced lo que me envió a pedir, y entienda vuestra merced que no ha sido falta de amor sino no haber podido más, porque la tierra está ya tan estragada y esquilmada, que algunos padecen más necesidad que allá, aunque los que quieren trabajar no les falta y ganan de comer, porque como es tierra ancha, nunca falta. Yo he andado hasta ahora reparándome de cosas, y tengo ocho carros en esta ciudad de Los Ángeles, con los cuatro anda el hermano Martín, y con los otros cuatro yo. Espero en Nuestro Señor nos irá muy bien, porque ya vamos ganando de comer, y no tenemos otro deseo sino ver a vuestra merced por acá o cosas nuestras, porque si Dios nos llevare, quede a quien encomendar lo poco que tenemos, y así suplico a vuestra merced, y el hermano Martín ruega lo mismo, se venga por acá lo más presto que pudiere, que acá partiremos con vuestra merced como con hermano, y esto le prometo a vuestra merced de cumplirlo. Y si vuestra merced no pudiere de presente, o no quisiere, nos haga merced de hablar al primo Miguel Riaño y al primo Antón López y a Gil Alonso que se vengan por acá todos tres, o a lo menos los dos, y si todo faltare, no deje de venir el uno, porque tengamos persona de quien fiarnos, que ellos serán aprovechados, y nosotros también, porque de estos indios no hay que fiar, y nos dan mucho trabajo, porque no hacen cosa que les mandamos, si no es a su gusto, y es menester siempre andar encima de ellos. El primo Andrés del Condado está bueno, y le va muy bien, porque tiene una tienda de paños en esta ciudad de Los Ángeles, y tiene mucho deseo que venga por acá alguno de nuestros deudos para acomodarlos. También escribe, y creo que envía no sé qué dineros, y como tiene tan buen oficio y a tanto que está acá, puede enviarlos. A Hernando Riaño, mi primo, y a Juan López, vecino de Algeciras, enviará mis encomiendas, y a María de Vergara y al señor Juan de Pelegrina y a todos los demás vecinos dé nuestros besamanos, y a la señora mi hermana e hijos lo mismo, y plega a Dios seamos puestos allá, que lo que lleváremos, todo ha de ser suyo. De la ciudad de Los Ángeles, a diez de agosto de 1583 años, donde quedo, su hermano que verle más que su vida desea.

Alonso de Viñuelas.

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VII Jornadas de Estudios Briocenses

Carta de Juan de Campos a su hermano Pedro de Campos, el mozo Puebla, 25.III.1589 Recibí una de vuestra merced por la cual supe cómo vuestra merced tenía salud, y había tomado estado con una hija de Juan de Durón, nuestro vecino. Plega a Dios de darle mucha salud a vuestra merced y descanso, como por este su hermano es deseado. Vuestra merced me haga merced de avisarme siempre de su salud por carta, que recibiré yo mucho contento. Si escribiere, escriba sencillamente, y sin darme pesadumbre por otra parte, porque en unas cartas me dora, y en otras me pone del lodo. No había de mirar vuestra merced, sino que soy su hermano mayor, y que no he hecho hasta aquí flaqueza ninguna. Y si vuestra merced se determinare de venir a esta tierra él y nuestro hermano Alonso, se vengan, que de mi pobreza les pagaré toda la costa que hicieren desde Sevilla hasta entrar en la ciudad de Los Ángeles. Y lo que le encargo a vuestra merced, si no tuviere voluntad de venir a esta tierra, que mire por nuestro padre en respetarle y acudir a sus necesidades, y por mis hermanas, que, dándome Dios salud, yo lo pagaré. No les envío a mis hermanas ni a vuestra merced, por enviarle a nuestro padre. Pero, dándome Dios salud, no los olvidaré. A su señor y a su señora dará vuestra merced mis besamanos, y a todos los que vuestra merced viere que tengo obligación. Y con tanto Dios le dé mucha salud y contento en vida de esa mi señora, a quien beso muchas veces las manos. De Los Ángeles, y de marzo veinte y cinco de mil y quinientos y ochenta y nueve años, su hermano, que bien desea, Juan de Campos.

Carta de Pedro Lezcano a su mujer Mariana de Ruba Puebla, 17.V.1606 No sé, hermana mía, cómo encareceros el mucho deseo que tengo de veros. En esto sólo Dios lo sabe, y a Él lo dejo. Habéislo hecho muy mal en no haberme enviado a Juanico, que si él hubiera venido, ya me hubiera yo ido a esa tierra. Mas lo que ahora os suplico es que en todo caso os vengáis vos y vuestros hijos con mi hermano Martín Lezcano, pues está en Sevilla. Que ya tengo enviados recados para que os den a vos y a mi hermano 200 pesos, y los ha de dar Cristóbal Gutiérrez de la hacienda de Juan Gutiérrez de Salas. Y por si acaso no hubieren llegado estos recados, os envío cien pesos en un cajón de Francisco Álvarez, y va consignado a Cristóbal Gutiérrez. Y en la otra flota os envié con Miguel Pérez cincuenta pesos, de manera que con esos cien pesos que ahora van os podéis aviar y enviarme a Juanico, porque los otros cincuenta pesos ya estarán gastados. Cuando éstos lleguen, si vos no queréis venir, avisarme, para que yo me vaya, o me esté aguardaros. Así que con estos cien pesos que ahora van en esta flota dispongáis lo que ha de ser, y de todo me aviséis. Demás de esto me da tanta pena el ver unas cartas tan preñadas, que no sé qué me diga, pues yo sé que habéis recibido en dos veces 100 pesos, y sé yo que sois mujer para ganar la comida con este dinero, y me han dicho que cocéis cada día una fanega de pan, y por otra parte me da pena lo que me escribís. Y si yo lo pudiera remediar, aunque me costara un real otro, Dios sabe si lo remediara, y porque me parece que enfadaré, no digo más, sino daros cuenta de mi vida. Y así digo yo que estoy en una tienda razonablemente acomodado, donde tengo mucho crédito, gloria sean dadas a Dios, y donde gano cuatro reales, que, aunque no son millaradas, mas con lo que es estoy contento. Sólo quisiera veros, para que vos y mis hijos participárades de todo, y esto sólo lo digo porque sé que os doy contento, que no para que se publique. Y por no enfadar más al lector, sólo digo que a Diego de Medina y a mi hermano y a todos los vecinos y a vuestra madre en particular beso las manos, y de la ciudad de Los Ángeles, y de mayo 17 de 1606 años. Mucho deseo ver carta escrita de manos de mis hijos, quien más desea veros que escribiros, vuestro marido,

Pedro Lezcano.

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Festejos Taurinos en Brihuega

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VII Jornadas de Estudios Briocenses

Uno de los documentos del siglo XVI

Este trabajo es el resultado de la información recogida en los libros de actas del Ayuntamiento, el libro del padre Béjar sobre Nuestra Señora de la Peña y en la prensa provincial y local. La exposición la he dividido en cuatro partes según la cronología. No nos referimos a los encierros, que es tema para otra conferencia, ni comentarios de tipo técnico porque no los domino: 1ª parte: siglo XVI (en torno a 1544). 2ª parte: siglo XVIII (1717). 3ª parte: finales del siglo XIX a mediados del XX (desde 1896 a 1965). 4ª parte: la historia más reciente (1965 y la plaza de toros). PRIMERA PARTE (1544-1548)2 En estas fechas, se organizaban festejos taurinos para júbilo y regocijo, festejos de bodas, nacimientos de príncipes, fiestas de santos patrones, por ferias. Las corridas “votivas” se celebraban en cumplimiento de algún voto de carácter religioso: la gente ofrecía a la divinidad en un determinado día la corri-

da de toros, que organizaba y pagaba el concejo (ayuntamiento). 1544. El día 13 de Mayo se acuerda que para la festividad del Santísimo Sacramento (Corpus) se realicen danzas y juegos, así como se envíe a por un toro y que se pague con los maravedíes que debe Juan de Laýnez por el uso de la cañada (camino por donde llevaban al ganado). 1545. El procurador Rodrigo Méndez envía a por un toro y manda que se saque el dinero que fuese necesario. 1546. El 25 de mayo los carniceros Juan Laýnez y Francisco de Aranda preguntaron que por qué están obligados a traer dos toros para el día del Corpus Christi y S. Juan. Piden al ayuntamiento que se contenten con un toro muy bueno y un novillo o vacas muy buenas. Se les dice que haga lo que el ayuntamiento les requiera. SEGUNDA PARTE (1717-1814) 1717. El procurador del ayuntamiento Alonso de la Hoz presenta las cuentas del año ante-

Por Juan Carlos Viejo rior, entre los gastos aparecen los referentes a fiestas taurinas. - 22 reales y medio del refresco en la fiesta de toros de la entrada del Corpus. - 35 reales del refresco de las fiestas de agosto. - 18 reales de refresco de la fiesta de Septiembre. - 88 reales en propinas en las tres fiestas. Aparecen además los recibos. Por ellos sabemos que el refresco constaba de vino, aloxa (parecido al arenque, pez de agua dulce) y bizcochos. 1730. En el libro del padre Béjar se hace referencia a que en la villa de Brihuega en algunas festividades del año se tiene la diversión de toros. En ese año de 1730, durante las fiestas de Nuestra Señora de la Peña, se hundieron las casas del ayuntamiento con más de 300 personas y una caterva de muchachos (en las troneras, en los barrotes del balcón): todos cayeron enterrados, y... el toro en la plaza. Las madres buscando a sus hijos y maridos, los hombres a sus padres y parientes, todo era confusión. El toro se quedó inmóvil en la plaza y ninguno resultó muerto ni heri-

1 Conferencia pronunciada por el autor el día 12 de julio de 2003, dentro de las III Jornadas de Estudios Briocenses. 2 En la lectura de los textos que siguen, pertenecientes al siglo XVI, conté con la colaboración de Pedro Rojo, quien también me facilitó la noticia de las actas municipales pertenecientes al año 1717.

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DOSSIER ESPECIAL do gravemente, lo que para el padre Béjar se debió a la intervención de la Virgen de la Peña. 1799. El alcalde y ayuntamiento de la villa de Brihuega firman una carta. Se leen los nombres de Manuel Abas, Joaquín Bedoya, José Borbolla, Cristóbal Rojo, Santiago Skerret y Juan García. Está dirigida al rey Carlos IV y solicitan licencia para celebrar una fiesta de novillos del país, lidiados y estoqueados y suscriben 100 ducados de donativo. En otro documento el gobernador del congreso se dirige al rey para informar sobre la instancia presentada por el alcalde mayor y el ayuntamiento de Brihuega. El rey concede el 23 de julio un real permiso. 1814. Cristóbal Gómara, hermano mayor de la cofradía de Nuestra Señora de la Peña solicita permiso para celebrar una función de novillos a muerte. El rey contesta concediendo el permiso. TERCERA PARTE (1896-1965) En esta tercera parte la información ha sido recogida de periódicos: Nueva Alcarria, Flores y Abejas, El Briocense, la Crónica a los que han enviado noticias de las fiestas de Brihuega los corresponsales de la localidad. Sigue el programa de fiestas de 1896, para que se pueda apreciar la programación de los festejos en estos años (en los siguientes nombraré solamente los aspectos más destacados), en los que la corrida de toros consiste en un toro por la mañana, y por la tarde tres y el toro de los aficionados. Los dos matadores de este año de 1896 son JUAN ANTONIO CERVERA, “EL CORDOBÉS” (nacido en Montoro, Córdoba, el 1 de mayo de 1866) y MANUEL ROMERO “MANOLÉ” (banderillero madrileño, en 1894 aparece en capeas y novilladas pueblerinas; antes fue carpintero). Día 15 de agosto. Diana por la banda de música de la población. A las nueve de la mañana, solemne misa, cantada por el tenor D. Jaime Pérez y el bajo D. Fernando Sopetegui, predicando el renombrado orador sagrado señor López Anayas. Por la tarde, procesión de Nuestra Señora de la Peña. A las nueve y media de la noche, fuegos artificiales,

dirigidos por el pirotécnico D. José Sánchez. A las once baile en el casino. Día 16 de agosto. Por la tarde se soltarán algunos globos en el Paseo de las Eras. Después se verificará el encierro de los novillos. Día 17 de agosto. A las diez de la mañana, bajada del ganado desde la plaza de San Felipe, apartado y lidia de un novillo, que será estoqueado por el espada Juan Antonio, “El Cordobés”. A las cuatro de la tarde, corrida de tres novillos de muerte por la cuadrilla que dirige el conocido matador Cervera, siendo sobresaliente Manuel Romero, “Manolé”. Después se lidiará el novillo destinado a los aficionados. En los tres días indicados habrá bailes públicos y carreras de velocípedos. Veamos los hechos más destacados de años sucesivos: 1899. La procesión de la Virgen se efectuó el día 16 por la mañana debido a las lluvias torrenciales que cayeron el día 15. “La corrida de toros resultó medianilla”. Los toros se brindan al general Salcedo y otro al marqués de Ibarra. El día 18 es la “lidia del novillo”: se coloca en la testuz del animal un reloj y se le adjudicará al que se apodere de él con más limpieza. El más valiente fue el sepulturero. 1900. Diana a las cinco de la mañana y a las 10 la misa. En la corrida de toros “El Chato de la Nava” dio con limpieza el salto de la garrocha. 1901. Interviene MARÍA SALOMÉ,

“LA REVERTE” (en realidad Agustín Rodríguez; matador de novillos, nacido en Jaén, que toreó como mujer hasta 1908, en que se suprimen las corridas femeninas, continuando su carrera como novillero sin conseguir una buena actuación). 1902. De banderillero aparece ZURINI (Justo Sánchez del Cerro, nacido en Brihuega el 6 de Agosto de 1867; antes fue vidriero y en 1892 se dedicó a los toros; primero fue matador y después banderillero; confeccionaba capotes y muletas en la calle Echegaray en Madrid en un taller; marchó a Casablanca, Marruecos, como conserje de la plaza de toros. 1903. A primeros de agosto se celebra una becerrada presidida por María Luisa Catalina, Manolita Almazán y Blanca Contreras, con Alberto Belmonte como asesor. Los toreros fueron Arturo Contreras, José del Cerro, Julio García, Leopoldo García, Alberto de Mingo, Paulino Martínez, Enrique Menseguer, Juan Catalina, Federico González. Aplausos y revolcones sin consecuencias. 1905. Después de la corrida se suelta un novillo para aficionados que gusten bajar al redondel a capearlo, prohibiéndose hacerlo a los niños y a los ancianos (a fin de evitar desgracias) así como que bajen con palos, pinchos u otros objetos que puedan perjudicar al astado. 1909. Poca animación por la campaña de Melilla. Más de veinte reclutas de Brihuega han sido enviados al

Toros en 1927

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VII Jornadas de Estudios Briocenses frente. 1910. El corresponsal, “El tío Nica”, utiliza esta expresión para describir como estaba la plaza: “En la plaza un lleno completo y un calorcito de buten [de primera de lo mejor]”. 1913. La corrida se pasa al 18 (el 17 era domingo, igual que en 1902). El 16 carrera de pollos y burros. El 17, a las 6, encierro. El 18 la corrida con los diestros GREGORIO GARRIDO y JULIAN SAINZ, “SALERI II” (natural de Romanones). 1915. El ayuntamiento subvenciona la corrida con 1500 pesetas. Una comisión escoge los toros de la corrida. La del año anterior fue buena. El corresponsal, señor Barragán, nos comenta que los toros son de la ganadería de la marquesa de Cúllar y los toreros fueron MANUEL RODRÍGUEZ, “MOGINO CHICO” y ÁNGEL FERNÁNDEZ, “ANGELETE”. 1916. El matador es EMILIO MÉNDEZ. Por la mañana al dar uno de los pases se le arrancó el toro y se quedó fuera del burladero (en la barrera estaban dando palazos), el toro le campaneó aparatosamente, le dieron bastantes puntos y pidieron por teléfono hielo a Guadalajara. El alcalde don Bernardo González dictó un severo bando prohibiendo dar garrotazos en los tableros. El público, dando una nota de cultura, acató de buen grado el oportuno bando de la alcaldía. Esta es la versión de un espectador que llamó al periódico. El corresponsal no menciona nada de los garrotazos ni de que el bando se hizo para evitar ruido al herido. El médico don Guillermo Muela hizo el parte para la prensa. Dos días después se le trasladó a Madrid. 1917. La entrada bastante regular y los matadores fueron “COCHERITO” y MARÍN que, según la opinión del corresponsal, es un suicida. 1918. El ayuntamiento contrata a un agente taurino don Vicente Montes. 1920. En las vísperas de las fiestas dimite el alcalde, señor Ortega, y asume el cargo el primer teniente, señor Centenera. “El conflicto que se nos venia encima no era flojo, pues la corrida de toros estaba sin organizar”. Se reunió el concejo y al fin hubo corrida. El matador fue FRANCISCO FIÑAMA, “EL MADRILES”. La comisión pagó por adelantado al ganadero que

Machaquito

trajo 8 toros para elegir 5, pero se llevó los mejores. Al fin se captura al ganadero y trae los toros. “La entrada un lleno completo y en los balcones y tendidos la mar de chicas guapas”. 1922. Alcalde don Antonio Ballesteros. La ganadería de Miguel de la Morena, de Valdetorres de Jarama. Corrida los días 17 y 18. El espada LUIS MERA pasó las de Caín para matarlos. Cuando el toro estaba muerto llegó a la plaza un novillo con los cabestros desmandados el día anterior; costó trabajo enchiquerarlo. La plaza estuvo hasta los topes. 1925. La corrida fue el día 18 (no se recogieron los toros de encierro). La ganadería de Cecilio López de Arganda del Rey. El primero y el segundo fueron devueltos a los corrales por no reunir condiciones. No se celebró la corrida. 1927. Los toros que traían para las corridas de Brihuega pasaron por los paseos de San Roque y Fuente de la Niña y un toro acometió a una niña que se escondió detrás de un árbol, el toro sufrió heridas al golpearse con el árbol. La población censuró este hecho. El segundo toro fue para un rejoneador ALFONSO REYES. Se incluyó una sección de ciclistas de Guadalajara que hizo bonitos ejercicios. 1928. Año de la Coronación Canónica de la imagen de la Virgen de la Peña. Corridas 17 y 19. En las

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dos corridas torearon SALAMANCA Y FRESNILLO; estuvieron afortunados y valientes; despacharon muy de cerca sus toros con breve y buena faena. “Saleri II” presenciaba la lidia desde el balcón presidencial y a petición del público bajó a la plaza y colocó unos pares superiores, le entregaron una medalla de oro de la Virgen de la Peña recuerdo de la coronación. 1929. El ganado se desmandó y el encierro fue deslucido. La ganadería de Fuenlabrada, que tiene su representante en Trijueque. Los toreros estuvieron trabajadores. Se trató de RAFAEL RUBIO, “RODALITO”, y de JUSTINO MAYOR (de Renera), a los que el ayuntamiento contrató “no reparando en sacrificios”. 1930. A las tres de la madrugada se encerraron unos toros y se fueron a la ganadería a por otros dos toros para celebrar la corrida. Resultó sosa falto bravura, los toros no se prestaron y JUSTINO MAYOR estuvo apático. 1931. Corrida a beneficio de la Sociedad Benéfica y de Fomento Briocense. Los diestros fueron DOMINGUIN CHICO y ANTOÑETE IGLESIAS. 1932. No se celebró completa porque se escapó algún toro. ANTONIO LABRADOR, “PINTURAS”, banderilleó con su peculiar estilo de facilidad asombrosa; en la faena anduvo valiente, con pases de pecho y molinetes; a la hora de entrar a por uvas agarró en todo lo alto una magnífica estocada de la que rodó el noble toro de la ganadería de Hernández (Salamanca) hecho una pelota a los pies del valeroso lidiador. Durante la corrida hubo un fuerte vendaval. 1939. Ganado de Zaballos, muy bueno. Torean “SALERI II”, “EL SEÑORITO”, “CALDERÓN DE LA BARCA” y “BARRERA II”. Hubo muy buena entrada y, ¡cosa rara!, ningún espontáneo. Presidencia: las autoridades locales, la jefa provincial de la Sección Femenina de FET y de las JONS, y delegado provincial de Auxilio Social.... En otras corridas Jefe Provincial del Movimiento, Delegado Provincial de Educación Popular. 1943. Torean PAQUITO RODRIGUEZ y PEPE LUIS ÁLVAREZ PELAYO. 1950. Novillada y charlotada. Un toro para JOSÉ GONZÁLES, “PEPETE”. Y los otros dos con carácter cómico


DOSSIER ESPECIAL Parrita y Choni. La tarde sería trágica para Machaquito, ya que sufrió una fuerte cornada, muy similar a la que le costó la vida a Manolete. Posteriormente salta el charco, pasando a América donde alcanzaría realmente fama y reconocimiento. En 1973 se cortó la coleta, aunque siguió trabajando en el mundo de los toros. Murió el 24 de marzo de 1999, a los 77 años. CUARTA PARTE (1965: LA PLAZA DE TOROS)

Aspecto de los tendidos en una corrida de los años 50

para “El carrusel de la risa” con el gran Zamorano y su troupe. La corrida se aplazó para el 18 y el 20. 1952. La corrida empieza a las 7:30 y no a las 6 como estaba anunciado. La noche se echaba encima y la dejaron para la mañana del día siguiente. 1957. La ganadería de Antonio Sopeña. Los días 17 y18. 1960. La ganadería de D. JOSE MARÍA ARAÚZ DE ROBLES (Molina de Aragón). Cuatro hermosos erales. Los matadores fueron AURELIO CALATAYUD y JOSÉ LUIS MAYOR, los dos matadores de la provincia. El domingo 21 festival cómico taurino musical “Alegrías de España”. El traslado de los novillos a San Felipe el día 16, como es costumbre; no llegaron; se tomaron escenas de este festejo por los operadores del NO-DO y de TVE y después pasaron varias escenas por el telediario de las 9 y media del encierro, de la corrida y de los monumentos de la villa (no todos construidos por Carlos III como se dejó entrever). 1961. ¡YA TENGO AGUA! Llegó el agua a los hogares más humildes: “lo que antes era potestativo de unos pocos, es hoy patrimonio de todos” (corresponsal Francisco Riaza). La obra costó 1.550.000 pesetas. La ganadería, la ya citada de Molina de Aragón, y los diestros, ROGELIO GARCÍA y ANTONIO SÁNCHEZ, de Aranjuez. El domingo festival taurino musical, igual que el año anterior. 1962. La misma ganadería. Siete

reses para los días 17 y 19. Una costumbre ya tradicional: se remoza la iluminación de las calles, poniendo lámparas de mayor voltaje, que dan a la villa un aspecto de gran ciudad. Dos autocares de la Casa de Guadalajara llegan el día 19 para visitar la villa; se hace una novillada en su honor. 1963. La misma ganadería. Novilladas los días 17 y 18 con cuatro y tres reses respectivamente. Torea CARLOS BARTOLOMÉ GÓMEZ, que había triunfado el año anterior. Los espectáculos serán amenizados por la banda de música briocense. 1964. Se suspende la corrida del 17. El 18 torea el novillero JOAQUÍN RUIZ BRIHUEGA, descendiente de esta villa; no tuvo suerte con el ganado. UN PARÉNTESIS: “MACHAQUITO”, TORERO BRIOCENSE Antes de continuar, abramos un pequeño paréntesis para hablar de nuestro paisano, Rafael González Villa, que fue conocido en el mundo taurino con el sobrenombre de “Machaquito”. Nacido en Brihuega en 1921, se decantó por los toros desde muy temprana edad. En 1941, con tan solo 20 años debutó como novillero. En 1944 alcanza su primer gran éxito en la plaza de Bilbao, cortando dos orejas en corrida en la que alternó con Rendón y Alcántara. En agosto de ese mismo año debuta en Madrid, junto a

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En el año 1965 se construye la plaza de toros actual. Empresa constructora: Promotora Briocense SA; constructor: Jesús Ruiz-Pastor; arquitecto: Ambrosio García; aparejador: Señor Romero; encargado: Faustino Sáez. El número de trabajadores fue de 267, incluyendo obreros sin especialidad y con especialidad (ferrallas, encofradores, carpinteros, electricistas y fontaneros). La superficie que se desmontó fue de 5.000 m2. La obra se empezó el 24 de agosto de 1964 y se acabó el 10 de junio de 1965. La construcción de la plaza, de cemento por dentro y por fuera de piedra semejante a la muralla que le rodea, además copia sus puertas. Tiene los adelantos de la técnica moderna: juego de luces en los chiqueros, que se van apagando y encendiendo según va el toro, amplios mostradores y frigoríficos, cafetera exprés. Es como una atalaya sobre la vega del Tajuña, está resguardada de todos los aires. Consta de amplias zonas de aparcamiento, dos amplias cuadras para 10 caballos cada una, quirófano y sala de curas, capilla, cuartos de aseo (cuatro aseos para señoras y cuatro para caballeros), patio de caballos, 10 toriles y 3 corrales para el apartado de reses en el antiguo jardín del convento, 15 potentes reflectores, iluminación en los servicios y dependencias, lámparas en los tendidos altos. Nombrada como “la más moderna y cómoda de España”, lo que hacía prever la disposición de la misma no sólo para festejos taurinos, sino también para actividades deportivas o recreativas (sin duda, el cronista ya pensaba en Miguel Ríos). Para la inauguración ejerció como empresario el señor Canorea, que


VII Jornadas de Estudios Briocenses preparó dos festejos taurinos el 12 y 13 de junio. 12 de junio: corrida de toros con Paco Camino, Manuel Benítez, “El Cordobés” y Andrés Hernando. Ganadería de Manuel Camacho (Madrid). 13 de junio: novillada con “El Monaguillo”, Francisco Rivera, “Paquirri”, y Sebastián Palomo Linares. El precio osciló entre las 50 y las 1.000 pts. (0,30 y 6 €) y en la novillada entre 25 y 350 pts. (0,15 y 2,10 € aproximadamente). El domingo anterior a la inauguración tomó tierra en e1 ruedo un helicóptero con un doble de El Cordobés. La arena fue traída desde Sevilla. En el centro un dibujo alegórico con el escudo de Brihuega y el de Carlos III. Hubo un lleno a pesar del alto precio de las entradas para aquellos años. Los toros de don Manuel Camacho fueron faltos de kilos, los 6 pasaron la dura prueba de la puya con una sola entrada y doblaron alguna vez las patas. El mejor fue el cuarto al que se le dio la vuelta al ruedo. En cuanto a los toreros, Paco Camino deleitó con su toreo de filigrana; Andrés Hernando toreó con el garbo que sabe, convincente, y El Cordobés, la fuerza electrizante del cartel, supo hacer honor a tanta responsabilidad. Durante el mes de junio se programaron algunos festejos pero no llegaron a celebrarse. En los festejos de agosto, el 17 corrida con picadores, en la cual actuaron “El Viti”, Andrés Hernando y Manuel Cano, “El Pireo”, ante toros sevillanos. El día 18 hubo novillada en la cual actuaron Andrés Torres “El Monaguillo”, Francisco Rivera “Paquirri” y Palomo Linares. Entre el 3º y 4º toro se lidió un bravo novillo de nuestro paisano Félix Gamo para el rejoneador D. Juan Pérez de Guzmán, conde de Hoortrante. El día 22 de agosto, domingo, se celebró además una novillada sin picadores, en la que actuaron Rafael Sánchez, José Marín, Curro Machano. Juli Mancilla, Viti II (de Guadalajara) y Pedro Romero Olivilla, con ganado de Gamo y Vera. Respecto a la corrida del 17, cuenta el comentarista Cárieles que El Viti no pudo hacer mucho: en el primer toro se pidió sustituto, pero no hubo, y el

Cartel inaguración

cuarto fue flojo de remos. Andrés Herrando intentó sujetar en pie a su segundo y poco pudo ante el quinto de presencia justita. El tercero, lidiado por El Pireo, se rompió el cuerno contra el peto del caballo; que ¿por qué?: estaba roto antes. Aplausos al final, que no quiso salir a recogerlos, e hizo bien. Sacó todo el buen toreo que lleva dentro en el sexto, toreo del bueno, alzado en hombros y paseo por el redondel, acompañado de Hernando. Cárieles acaba diciendo que lo sucedido no es bueno para esta plaza, a la que se apuntan altos vuelos, no se beneficia con toros pequeños y cambios de ganadería a última hora. Para terminar esta parte de la historia de los festejos taurinos en Brihuega hasta 1965, me gustaría hacerlo con una noticia publicado por Francisco Riaza en Flores y Abejas el 18 de mayo de 1965:

RUMORES QUE PUEDEN SER REALIDADES En este ambiente lleno de magia y prodigio en que nos desenvolvemos constantemente, los rumores, con más o menos fundamento, suelen ser

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siempre la nota peculiar y característica; es como el pan de cada día que se nos da en abundancia, o como imaginarias mariposas que van albergándose en la mente de los briocenses y que se esparcen por el viento de bonanza, cual hojas muertas en el aire veraniego adelantado de este Brihuega que rejuvenece. Cada hijo de vecino pretende saber más proyectos y reformas futuras; todos nos damos “pote” de poseer la rentabilidad de las construcciones y ser los primeros, cual mundanos profetas, en adivinar el brillante porvenir de esta histórica villa y el por qué de todo ello. Se habla insistentemente de la construcción de una gran fábrica de cemento, de una producción de mil toneladas diarias, con un presupuesto de obra de más de 500 millones de pesetas, que empleará unos trescientos obreros, teniendo emplazamiento en los llanos del camino a Villaviciosa de Tajuña. Se comenta que, siguiendo la tradición taurina de la villa, el domingo día 13, por la mañana, tendremos “bajada” de novillos, desde la plaza de San Felipe, y que, a continuación de este encierro, serán lidiadas dos reses. Se piensa dar en esta nueva plaza de toros y en las noches de los días 12 y 13 de junio, grandes verbenas populares, amenizadas por la banda de música provincial y la de esta localidad. Se dice que, próximamente, se procederá a la reconstrucción del antiguo hospital de San José para destinarlo a dicho fin sanitario. Se habla, de que por fin van a ser reconstruidas las iglesias de San Juan y San Miguel, a pesar de que hace unos meses se daban como irremisiblemente perdidas para el culto. Se rumorea que, en cinco años, la población briocense aumentará en una gran proporción, superando los seis mil habitantes. Se habla de llevar a cabo una rápida e intensa repoblación forestal a base de pinos, en las laderas del llamado “Cerro de la Horca”. Y así van circulando por tertulias y reuniones estos rumores que a nadie parecen descabellados porque, en vista de la transformación a que estamos asistiendo, todo es posible en la vida.


DOSSIER ESPECIAL

Batalla de Brihuega - Villaviciosa RELACIÓN DIARIA DE TODO LO SUCEDIDO EN MADRID DESDE EL DÍA 20 DE AGOSTO HASTA EL DÍA 3 DE DICIEMBRE DE ESTE AÑO DE 1710 EN QUE SU MAJESTAD ENTRÓ EN SU CORTE

Crónica de una batalla

Pedro Carlos Rojo Alique espués que se supo la desgracia que tuvieron las armas del rey, nuestro señor, en la batalla de Zaragoza, el día 20 de agosto, se empezó a discurrir con melancolía de la salida de sus majestades a Valladolid, y con las noticias de que los enemigos se asomaban por las vecindades de Cuenca, se puso en ejecución la jornada el día 9 de septiembre por la mañana, que fue espectáculo del mayor dolor para todos sus buenos vasallos, y fuga muy parecida a otra que nos cuentan las sagradas plumas. Siguieron a sus majestades los consejos todos y todos los grandes, con el resto de la nobleza, sin que a nadie sirviese de embarazo la falta de medios ni sobra de accidentes y años. Las señoras salieron unas con la reina, nuestra señora, otras con sus maridos y otras se encerraron en los conventos. Solo quedaron en Madrid o en su circunferencia algunos ministros privados del consejo desde la otra vez, y por eso no le tuvieron ni buscaron en esta, y fue su mayor ruina. Murió en este día el señor duque de Veraguas, presidente de órdenes y consejero de estado, y, sin esperar el entierro, su hijo, el nuevo duque, siguió a sus majestades. Quedó Madrid con la confusión y soledad que se deja

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considerar hasta el día 21, que llegó al Ayuntamiento el teniente general y enviado extraordinario de Inglaterra don Diego Estanope a pedir la obediencia que cuatro regidores fueron a darla al señor archiduque en la ciudad de Alcalá de Henares. Por la tarde de este día se publicó el mismo edicto que en 21 de agosto se había publicado en Zaragoza y decía que sus tiernos llamamientos prometían a la nación española no solo la conservación de sus honras, privilegios y prerrogativas, que dignamente había obtenido de los reyes austriacos, la posesión y goce de sus estados, bienes y haciendas, pero aun esparcir entre los que cumpliendo con su obligación ejecutasen lo que la razón y prudencia dictaba, gracias, honras y mercedes correspondientes, declarando que a los que desatendiendo sus avisos se mantuviesen en su error y por el todo mes de octubre faltasen a prestar el debido vasallaje no serían admitidos en adelante. El mismo día se publicaron otros tres bandos: uno, sobre que nadie pudiese inquietar a otro ni ofenderle; el segundo, para que cualquiera de los soldados del señor Felipe 5º que estuviese en Madrid o en sus hospitales se presentasen dentro de 24 horas por sí, o por segunda persona, pena de la vida, y la misma al que incurriese en el primero. Fue el tercer bando que saliesen de las cárceles todos los presos de estado. Estanope se hospedó en La Florida y su destacamento en las cercanías de este sitio, sobre el río Manzanares. Hubo tres noches luminarias con pocas luces y campanas con poco ruido porque los sacristanes, con el arribo de los ingleses —herejes—,

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estuvieron sorprendidos del susto y con el ojo a las vinajeras, escarmentados en lo amargo de San Bauiles. El día 22 pasó un cabo con sesenta caballos al convento de Nuestra Señora de Atocha y sacaron las banderas y estandartes que nuestro rey tenía ofrecidas a esta gran reina. Y hecha entrega a cada nación de las suyas, las pasearon con una tropa de granaderos por las calles de Madrid y condujeron hasta el campo de Canillejas. Acción digna de reparo, quitar este trofeo los herejes de los pies de María santísima, y empezar con esta a darnos horror de lo que podíamos esperar. Desde este día no cesaron los robos en las calles, ni en las plazas, tanto de día como de noche, sin reservar aun los trapos más despreciables. Los amagos de saqueo general también fueron continuos y, por consecuencia, los sustos. Este mismo día, don Antonio Sanguinero y Zayas, a quien el rey, nuestro señor, había dado el cargo de corregidor en el interín, mandó de orden de Estanope que, pena de la vida, todas las monedas de cualquier calidad que fuesen, así de estos reinos como de los extraños, corriesen y fuesen admitidas, así en esta villa como fuera de ella, trocándose unas monedas por otras con el premio que hasta aquí había corrido, y explicó lo que a cada especie de las de Portugal corresponde. Día 26, se acampó el ejército en las cercanías de Canillejas, y el señor archiduque se aposentó en la quinta del señor conde de Aguilar, a una legua de esta villa. Publicarónse luminarias este día para el 28, en que por la mañana pasó el señor archiduque a


VII Jornadas de Estudios Briocenses oír misa a la virgen santísima de Atocha, por cuya calle, Plaza Mayor y Puerta de Guadalajara hizo su entrada. Y tomando la calle Mayor se salió por la Puerta de Alcalá y se restituyó a la quinta, mal satisfecho de las pocas y tibias aclamaciones con que fue admitido. A primero de octubre, día en que el señor archiduque cumplía 27 años, hubo besamanos de pocos y no conocidos, y también hubo sala de alcaldes, en que presidió don Francisco Álvarez Guerrero, siendo alcaldes don Joseph Sotelo, don Andrés Pinto de Lara, don Joseph Palacios, don Agustín de Cardenas, don Luis de Rivilla y don Pedro Infante. Y por fiscal asistió don Pedro Ramírez. También se nombraron de una vez hasta 40 alguaciles, todos muy hábiles y beneméritos de las plazas y se hizo entender a las señoras refugiadas en los conventos que se restituyesen a sus casas, que de no ejecutarlo así se alojarían en ellas los militares. El día 4 de octubre, se movió el campo de Canillejas, y se puso en El Pardo. Empezáronse estos días los destierros y acusaciones de los leales a su majestad y de los franceses. Y fueron tantas y de tantos que finalmente las hubieron de despreciar, por no dejar el lugar yermo de gente honrada, aunque de miedo se metieron en sagrado muchos. A 6 tomó posesión el nuevo corregidor, marqués de Palomares. A 7, se publicó fiesta de toros para cuando hiciese la entrada el archiduque y se echó bando para que todos manifestaran los caballos, pena de la vida, que se obedeció y no se pagaron, para formar el regimiento con nombre de Madrid. Y por coronel fue nombrado don Bonifacio Manrique de Lara, y así mismo mandaron se formasen otros dos de infantería con nombre de Toledo y Guadalajara, coroneles, el primero el conde de la Puebla de Portugal, y el segundo don Antonio de Villarroel, tenientes generales ambos. Día 12, se enviaron papeles circulares a las señoras grandes para que en el término de cuatro días pasasen a

Toledo, lo que ejecutaron las que quisieron y las que no quedaron en sus posadas. Empezose a montar la Guardia en palacio. A 14 y a 15 se echó pregón, pena de la vida, para que dentro de 24 horas saliesen todos los franceses de Madrid, por convenir destroncar y distinguir para siempre aquella nación de España. A 17 hubo pregón para que se entregasen todas las bocas de fuego en poder de Quincoces, teniente de comisario general. A 18, se explicó que solo se entendía con las de munición. Hubo papel, en 19, de don Ramón Vilana Perlas, circular a todos los prelados de los conventos para que manifestasen a los alcaldes todos los bienes que tenían escondidos pertenecientes a seglares que siguieron a su majestad. A 22, hubo junta de teólogos y juristas para deliberar sobre apoderarse de cuanto se hallase depositado en sagrado. La resulta fue registrar hasta las sepulturas. Y aquí se me ocurre que a don Francisco Parga —que Dios haya—, teniente de cura de la parroquial de San Ginés, era afectísimo al rey, nuestro señor, le enviaron papel con sentencia de destierro un día después de enterrado: tan ciega es la pasión. Y con otros se ejecutó lo mismo. Este mismo día, don Bonifacio Manrique de Lara, nuevo gobernador de Madrid y su partido, renovando, pena de la vida, la prohibición de correspondencia con los leales vasallos de su majestad. Desde fines de octubre mandó que los que se hallasen en las puertas, calles, casas públicas o particulares, que hubiesen venido de Valladolid o de otra parte, sin legítimo permiso, con pliegos o sin ellos, fuesen condenados en pena de muerte afrentosa, sin otras probanzas que sola la aprehensión o declaración de la parte. Aquí tuvo Farruco el gran trabajo que pondera en su historia. A los que haciendo juntas hablasen de las cosas del gobierno, de los aliados o sus armas, fuesen condenados a presidio de 10 años: si fuesen nobles, pena moderada, y si en plebeyos, doscientos azotes y destierro, como

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también a cuantos saliesen a las puertas a registrar tropas o a los hospitales a escudriñar el número de los heridos o a visitar los enfermos, la misma pena, y la de reclusión a las mujeres, con apercibimiento que cualquiera de los expulsos que volviesen a Madrid sería castigado con pena de horca, y los nobles de ambos sexos con garrote. Y, últimamente, que cualquiera que, de día o de noche, en voz sumisa o intelegible, dijese «Viva Felique Quinto», se ejecutase pena de muerte, sin dilación alguna, y sin esperar ni oírles descargo alguno, ni substanciar causa. A 20, don Francisco de Quincoces mandó pregonar que todos los militares, así prisioneros como otros, que hubiesen servido a su majestad, se presentasen dentro de 24 horas, pena de castigo arbitrario y confiscación de bienes a los que los ocultasen, dando la tercera parte a el acusador. Intimose y mandó ejecutar el destierro a gran número de eclesiásticos, seculares y regulares, y desde los primeros días sacaron a los padres maestros dominicos Blanco y Atienza, con el guardián de San Bernardino y el padre maestro Cardona. En 28, mudaron el campo a Villaverde y en 29 se juntó el Consejo de Castilla, que le componían el marqués de Castrillo —gobernador interino—, don Francisco Álvarez Guerrero, don Manuel de Gamboa —nuevo presidente de la Sala—, don Joseph de la Serna —fiscal—, y don Miguel de Esparza —secretario de cámara y justicia, con su regencia del Patronato y gracia interino. En el de Hacienda, fueron nombrados por presidentes don Atanasio de Esteripa, obispo de Licópoli, y por consejeros el marqués de Fuentehermosa, don Manuel de San Martín y Benavente, don Joseph de Palacios, los condes de Belmonte y Clavijo, don Sebastián Valero Montero, por fiscal don Manuel Salcedo y Morquecho, y por secretario don Juan Manuel de Burgos. En Sala de Justicia, don Simón Ibáñez, don Joseph de Omana, don Miguel de Mata, don Juan de Sotomayor, y por fiscal don Francisco


DOSSIER ESPECIAL de Melgar. En la contaduría mayor, el marqués de Canillejas, don Andrés de Ávila, don Diego de Burgos, don Francisco Silveira, y por fiscal a don Prudencio Gregorio de la Fuente. Formose finalmente el Consejo de Indias, como si fuera necesario, que se componía de don Pedro Gamarra y Arriaga, que presidía como más antiguo; el conde de Paredes, don Ramón Portocarrero, don Joseph de Ugarte, don Sancho de Castro —por fiscal—, don Joseph Escalsi, y por secretario de ambas secretarías don Domingo López Calo, aplicados todos al más breve y deseado arribo de galeones y flota. El de Órdenes, como había tantas, no se acabó de formar. En estos días se vieron vender por las calles de Madrid cálices, patenas, copones y de todo género de vasos sagrados y ornamentos que en las iglesias de los lugares circunvecinos habían saqueado los herejes. Y se cuenta más de setenta los templos que sacrílegamente han saqueado, arrojando en algunas partes entre los pies, y en otras vendiendo lo que sin lágrimas no se puede referir: el cuerpo de Cristo sacramentado. También saquearon en esta corte muchas casas de ministros ausentes y de particulares, especialmente de franceses. Y fue cosa de gran compasión el ver tantas tropas de labradores desnudos y cargados de chiquillos que venían a refugiarse a este lugar, en donde encontraban igual miseria a la que dejaban en los suyos. A 2 de noviembre se echó bando para que nadie fuese al campo, pena de 200 azotes. A 5, por haberse acabado la harina del Pósito, y la que habían sacado de los conventos y casas de particulares, como también de las tahonas, empezó a faltar el pan, y también la carne, el vino y todo género de pescados y legumbres, de calidad que todos los días sucedían repetidas desgracias para poderse conseguir. Y, sin embargo de estas, el lugar en este conflicto, se echaron bandos el día 6 y el ocho para que, pena de traidores, bajasen al campo los cerdos, gallinas y legumbres.

El 18, mandó publicar tres bandos don Francisco de Quincoces. El primero, para que los militares que no se hubiesen aun presentado lo ejecutasen dentro de 24 horas, pena de la vida, en la cual incurrían los que les ocultasen. El segundo, para la entrega de vestidos militares, pólvora y balas, y todo lo perteneciente a pertrechos de guerra o tren de artillería. El tercero, repitiendo el de la entrega de armas de fuego, fusiles y carabinas. Y se dio licencia a la justicia ordinaria para prender en habiendo anochecido a todos los militares que fuesen hallados en las calles. Día del Patrocinio de María santísima, a 9 de noviembre, se dio orden a los consejos nuevos para que pasasen a mejorarse a Toledo, respecto de no quedar tropas en Madrid y quedar su autoridad expuesta a los insultos de los muchachos. Y al día 11 tomaron su marcha, incorporándose con el ejército que al mismo tiempo iba marchando hacia Ciempozuelos. Y fue compasión el ver la indecencia y mal avío con que salieron los más, por haber faltado o no haber para todos mulas de la limpieza, ni borricos de yeseros. El día 12, asomó a El Ángel una corta partida de las tropas del rey, nuestro señor. Y fue tan grande la aclamación y regocijo de toda la villa que temiendo don Antonio Sanguinero y Zayas, que había vuelto a tomar vara, algún gran desorden, hubo de dar todas aquellas providencias de buen gobierno, que tan justamente le han dado el crédito en ambas conductas de buen ministro. El día 11 de noviembre, firmó en Ciempozuelos el señor archiduque un decreto refrendado de don Ramón Villana Perlas, y dirigido al corregidor de Toledo, en que decía: «Que habiendo entendido que el detestable artificio de los enemigos pudo atribuir a rigor el decreto de 11 de octubre en que se ordena a las madres viudas, mujeres y hijas de grandes que siguen el partido contrario pasasen a Toledo, cuando fue efecto de mi connatural clemencia el

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apartarlas de la contingencia que al principio pudo recelarse del numeroso y ocioso pueblo de Madrid y asegurar por este medio la decencia correspondiente a sus personas, he resuelto, para evidenciar al mundo la estimación que me deben las de igual jerarquía, ordenar y mandar que todas las viudas, madres, mujeres e hijas de grandes que hubiesen dado cumplimiento al citado decreto, no obstante su contenido, quede la libertad de restituirse a Madrid, o de encaminarse al lugar que les pareciere más conveniente. En el día 23, entraron en El Retiro los dos regimientos de caballería de Piñateli y el de Santiago, mandados por el mariscal de campo don Feliciano de Bracamonte, y a 24, día en que se cumplían los deseados años de la aclamación del rey, nuestro señor, don Felipe Quinto por monarca de España en la villa de Madrid, estas tropas, con superior regocijo, deshicieron la marcha que en 28 de septiembre había hecho el señor archiduque, pues entraron por la calle de Alcalá, calle Mayor, Puerta de Guadalajara y calle de Atocha. Salieron por su puerta a Vallecas, y este mismo día quedó confirmado por su majestad, en el oficio de corregidor, don Antonio Sanguinero y Zarias. Y finalmente, día de san Francisco Javier, a las tres de la tarde, llegó el rey, nuestro señor, al santuario de Atocha, y después de haber dado gracias a esta gran señora, y cantando el Te Deum laudamus, montó a caballo, acompañado de su alteza, el señor duque de Vandoma, y los jefes de su casa y ejércitos, de los grandes y títulos, y de sus reales guardias de corps. Hizo su entrada pública: el concurso y adorno de la carrera, el regocijo y demás circunstancias saldrá por mejor pluma. Yo solo pregunto a los que los vieron si han visto día mayor y, cierto lo desabrido de esta relación, con rogar a Dios que a nuestro católico Felipe 5º nos guarde para azote de la herejía y terror del infierno.


VII Jornadas de Estudios Briocenses RELACIÓN DIARIA DESDE QUE EL REY, NUESTRO SEÑOR, DON FELIPE 5º, QUE DIOS GUARDE, SALIÓ DE ESTA CORTE HASTA LA FELIZ VICTORIA QUE CONSIGUIERON SUS ARMAS EN EL CAMPO DE BRIHUEGA CON TODA DISTINCIÓN DE MUERTOS, HERIDOS Y PRISIONEROS Día sábado, 6 de diciembre de 1710, la majestad del rey, nuestro señor, don Felipe Quinto, que Dios guarde, salió de su palacio a las diez del día en su estufa, y pasó a hacer oración a Nuestra Señora de Atocha, y después tomó el camino de Alcalá, habiendo encontrado la infantería antes del puente de Viveros acampada, a quien se le ordenó marchase. Llegó su majestad a las seis y media a Alcalá, y la infantería quedó acampada en sus cercanías de la una parte, y la caballería y reales guardias de la otra. Día 7, vistiose su majestad temprano, dando orden se avanzase la infantería entre Alcalá y Guadalajara, y que la caballería marchase al puente de esta ciudad, y pasó inmediatamente a oír misa a la capilla del glorioso San Diego. A las ocho salió para Guadalajara, adonde llegó a las tres de la tarde. Hizo alto en el puente, para que pasase el equipaje y la caballería por el vado, que acampó de la otra parte. Día 8, vistiose su majestad a la punta del día, con la noticia que tenía de que la retaguardia de los enemigos se hallaba en la villa de Brihuega, a tres leguas de distancia, habiendo salido destacado un grueso cuerpo de caballería, mandado por el teniente general marqués de Valdecañas. Pasó a las 7 a oír misa a Santa Clara, convento de religiosas, y a las ocho tomó la marcha para la villa de Brihuega, y comió sobre dicha marcha. Llegó a las cuatro de la tarde, y halló tomados los puestos. Es villa murada con castillo y cinco puertas, y de mil vecinos. Mandaban el sitio los tenientes generales marqués de Tuy y don Pedro de Zúñiga. Pusiéronse dos baterías de a cuatro y de a dos piezas. Envioseles un tambor para que la rindiesen, respecto de ser un ejército real quien atacaba la plaza, y no tener nada de regular. Respondieron que el cabo que mandaba cumpliría con su obligación, y hacía de ser atacado por su alteza, el señor duque de Vandomá, gran

admiración. Prosiguiose con hacer fuego hasta la noche.Y por no haber tiendas se quedó su majestad vestido en la estufa. El día 9, se levantó al romper el día a ponerse a vista de la plaza. Y la batería que era de a cuatro piezas se hizo de seis, y la de dos de a tres. Y pusose más otra pieza para batir una de las puertas de la villa y otra de a dos piezas para batir otra puerta de su derecha. Resolviose asaltarla, aunque la brecha estaba imperfecta. Diose el avance por la brecha y por la puerta donde estaba la batería de las dos piezas, que habiendo logrado el abrirla empezó la acción a las cuatro de la tarde y la brecha a cuerpo descubierto la estuvieron nuestras tropas perfeccionando, por ser la orden que se les dio el que solo la mantuviesen, sin asaltarla, haciendo solo la diversión. Y a poco rato, del fuego que por la puerta se hacía, fue herido levemente en la mano izquierda el teniente general marqués de Tuy, que le precisó a retirarse, quedando solo con el mando el teniente general don Pedro de Zúñiga, acompañándole voluntariamente el teniente general conde de San Esteban de Gormaz —que ambos obraron correspondiente a la grandeza de su nacimiento— y el brigadier conde de Rupelmon, y todos los oficiales y soldados en emula competencia. A las seis de la noche, hicieron llamada para capitulación, que se les concedió en esta manera: salir prisioneros de guerra, y los oficiales con sus equipajes sin llevar nada para socorrer las tropas, ni de lo que habían saqueado, y a dos caballos cada oficial. Mandaba el teniente general conde de Stanohop, y había otros dos tenientes generales, ocho escuadrones y ocho batallones, todos ingleses. Solo un escuadrón de portugueses, pero con cabos ingleses. Salieron heridos el brigadier conde de Rupelmon, que murió el día 11 y otros oficiales. Y habiendo tenido noticia su majestad

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que el conde Guido de Estaremberg venía con la vanguardia de su ejército a tres leguas de distancia, mandó destacar la caballería, y que saliesen a observarlos, mandada por los tenientes generales conde de Aguilar y marqués de Valdecañas. Y su majestad hizo noche en el mismo campo que la antecedente, y en la misma forma. Día 10 salió de su estufa a las siete de la mañana, oyó misa y, estando para ver salir la guarnición, a las diez del día tuvo aviso cómo los enemigos venían formados en batalla a nuestro campo. Dio orden que inmediatamente saliesen los prisioneros, y luego montó a caballo y partió en busca de los enemigos, llevando la infantería y dragones. Llegó al campo a las doce dadas del día y púsose nuestro ejército en batalla en dos líneas, mandando la derecha como generalísimo el señor duque de Vandomá, y el centro como teniente general el marqués de Valdecañas y conde de San Esteban de Gormaz, y la izquierda el teniente general conde de Aguilar y el teniente general conde Mahoni. En la derecha de la segunda línea, el teniente general don Joseph Almendáriz y en el centro el teniente general conde de las Torres. Y en la izquierda, el teniente general marqués de Navalmarquende y el teniente general don Pedro de Zúñiga. Y viendo que los enemigos no se movían, los atacamos, empezando a jugar la artillería de una y de otra parte a las dos de la tarde, que duró hasta las cuatro. Y a esta hora empezó el combate, cuyo fuego de una y otra parte fue de lo grande que se ha visto. Y el rey estuvo a los principios a la derecha de la caballería entre ambas líneas, y después se puso detrás de la segunda, por el combate que hacían con sus baterías. Y los enemigos penetraron hasta el centro de nuestra infantería, y este tiempo nuestra caballería por la derecha, con la primera línea, sosteniéndola la segunda, sin necesitar de ella, derrotaron la izquierda de los enemigos, y


DOSSIER ESPECIAL nuestra izquierda a su derecha. Y siendo ya boca de noche se le dio aviso al rey se retirase por parecer venía la infantería enemiga cargando a la nuestra. Y yendo su majestad camino de Torija para hacer alto allí, llegó un oficial mandado por el marqués de Valdecañas, avisándole cómo don Feliciano Bracamonte, estando en las cercanías del enemigo, llegó con su destacamento de mil caballos y que fueron derrotados totalmente los enemigos, y quedan ocupando el campo de batalla, y que por ser de noche, y muy oscuro, no sabía las circunstancias. Y con este aviso, pasó su majestad al mismo campo de Brihuega, donde pasó toda la noche sentado en un timbal y arrimado a una hoguera, que se hizo sin más cama que el suelo, ni otro cubierto que el cielo, pero es verdad que la noche fue toda de agua y nieve. Día 11, a las 11 del día, llegó el teniente general conde de San Esteban de Gormaz a dar noticia a su majestad cómo la batalla se había

ganado, con cuantas circustancias tenía de completa. Oyó su majestad misa y pasó luego a reconocer el campo de batalla, hallándose veinte piezas de cañón y sobre más de ocho mil fusiles, mucha pólvora y balería, estandartes y banderas, y más de 4.000 muertos, galeras, carromatos, coches, fullones, calesas, berlinas infinitas y equipajes infinitos. Por más de legua y media estaba todo cubierto de lo expresado, de camas y de tiendas, y diferentes alhajas había mucho. Nosotros perderíamos entre muertos y heridos más de 1.500 hombres. Y de los oficiales conocidos muertos, don Pedro Ronquillo, mariscal de campo, y el coronel don Féliz Mairmón, y el coronel que era del regimiento de Gironela, y herido de cuidado don Joseph de Almendáriz, teniente general, y otros oficiales. Y volviendo su majestad de reconocer el campo, tuvo aviso de don Joseph Vallejo, que hallándose en el puente del río Tajuña había hecho prisioneros sobre 2.000, y la mayor parte de la caballería. Y su

majestad se vino a hacer noche a este lugar de Fuentes, dos leguas distantes del otro campo, habiendo ido los regimientos de Vallejo y Bracamonte en seguimiento de los que se retiraban. Día 12, a las 4 de la tarde, al salir su majestad de su palacio, a dar gracias a Nuestra Señora de la Alcarria, llegó aviso de don Joseph Vallejo, cómo los prisionero que tenía pasaban de 3.600 hombres, mil cargas de equipajes, muchas banderas, timbales y estandartes. Esto es el suceso verídico, y como testigo de lo más lo afirmo. Y la noche del día ocho en el lugar de Algora hizo prisionero don Feliciano Bracamonte un regimiento de holandeses y prisioneras a muchas de las personas que su desgracia los llevaba siguiendo el otro partido y su dicha los ha dejado en el dominio suave de su legítimo rey, cuyos nombres aunque sé no es bien que yo los diga, si que nuestro ama en el campo de batalla dio orden se dijeran 200 misas, y que se hagan honras en un convento de jerónimos que está allí inmediato.

COPIA DE CARTA DEL SEÑOR DON JOSEPH GRIMALDO, SECRETARIO DEL DESPACHO UNIVERSAL DE LA GUERRA, PARA EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DON FRANCISCO RONQUILLO, CONDE DE GRAMEDO, GOBERNADOR DEL CONSEJO Excelentísimo señor: Habiéndose avanzado antes de anoche, desde las doce de la noche el destacamento de 3.500 infantes y 6.000 caballos desde Guadalajara a Torija, con la noticia de que los enemigos se hallaban en Brihuega, para marchar. Tuvo su majestad noticia antes de llegar a la referida villa, de que la porción que de los enemigos estaba en Brihuega no había marchado todavía, con la cual, sin detenerse un instante, marchó hacia ella con 6 piezas de artillería. Y habiendo logrado llegar a las cuatro de la tarde solo hubo tiempo para rodearla con la caballería, a fin de que no se fuesen los enemigos, y establecer dos baterías, que tiraron algunos cañonazos. Hoy por todo el día desde el amanecer ha continuado la artillería, para hacer brecha por tres partes, y aunque se les intimó por tres veces de rendirse, no lo quisieron hacer, sin que viesen el ejército todo.

A todo esto, no se sabía qué número de gente era la que había en esta villa, pero viendo su resistencia, se resolvió el avanzar por la una de las brechas, como se ejecutó, obrando maravillas las tropas, venciendo la brecha, que estaba muy imperfecta. Y después de ella, y bien de noche, muchas casas, una a una, en que había varios retrincheramientos, en cuyo estado hicieron llamada los enemigos para capitular. Y creyendo que lo más que habría serían dos batallones, salen a hacer la capitulación en nombre de Stanope —cuyo general se hallaba dentro— un teniente general y dos tenientes coroneles, diciéndonos que hay dentro ocho admirables batallones ingleses y ocho escuadrones, y quedando todos, así generales como soldados, prisioneros de guerra, según capitulación, que se acaba de concluir. Sírvase vuestra excelencia publicar y extender esta tan importantísima y

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alegre noticia, con extraordinarios. Y que ayer, junto a Algora, hizo también Bracamonte prisionero de guerra el segundo batallón de Estenope. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años como deseo. Campo real de Brihuega, 9 de diciembre de 1710. POSDATA DE MANO PROPIA Doy a vuestra excelencia el parabién de este suceso, que es el mayor que puede lograr el rey en la presente constitución. Y así conviene que vuestra excelencia la haga publicar luego en Madrid, que la celebrará como sabe, y con la particularidad de la prisión de Estanope. También convendría que vuestra excelencia dé noticias luego a las Andalucías, y que así mismo haga se imprima gaceta en Madrid. Don Joseph de Grimaldo, señor conde de Gramedo.


Portada del libro “Guadalajara 1937: Testimonios de una batalla” que se presentó en estas VII Jornadas de estudios briocenses por uno de los coautores, Joaquín Hernández Corral.

Bombardeo de Brihuega en el año 1937

Además, en estas VII Jornadas de estudios briocenses, Carmen Martínez Pascual, ofreció una conferencia titulada “Memorias de África”, en la que expuso todas sus experiencias en los numerosos viajes realizados por el continente africano, a través de sus imágenes y comentarios de anécdotas.

Desde la organización de estas VII Jornadas agradecemos la colaboración de Carmen Martínez y Joaquín Hernández


Separata nº 10  

VII JORNADAS DE ESTUDIOS BRIOCENSES

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