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La mujer que me deviene‌ Jaime Bravo (Variaciones)


Mujer, montón dorado de sombras y de mimos, tu temible reposo tales dones retrata. Paul Valéry

Con desesperación busco tu cuerpo, el fugaz testimonio, ese deleite… Justo Jorge Padrón

Hembra que entre mis muslos callabas de todos los favores que pude prometerte te debo la locura. Leopoldo María Panero


PRE


I

…su ombligo apenas contiene, a expensas, la sólida hondura de la sal calcárea/ las paredes en las que se apoya vencida por el sueño mortífero, cuan interminables van siendo, concluyen siempre con la inevitable expiración de la luz en graves tinieblas escurridas/ en sus brazos enroscados en un árbol, como sierpes genésicas, sostiene el peso de los grillos quemados/ sus cavernas ominosas separan abruptamente las fuerzas del día y de la noche, y las junta en su único remanso que es de piedra y de carne, lascivas ambas una vez convergidas…


II

…sus estrellas veleras en los apagones galácticos, no son las mismas actrices que en las noches orgánicas actúan en jirones expuestas, tan ajenas pero tan cercanas a su posición, más bien son aves traspasadas por faros perdidos que vienen a acontecerse, en los devaneos, desvanecidos, cuyas cabezas chatas mal imitan al chisporroteo del fuego porque se incendian entre sí, e incineran sus ojos cálidos de oruga sancionada en la lluvia hembra…


III

…con el fin de su llegada a los sordos campamentos del alma declarada en aridez obsoleta, coinciden, todas precarias, las anguilas y los coleópteros a esconderse debajo de los torrentes y detrás de las orquídeas curvadas; ellos partieron desde donde tu sombra, contrastada con el reflejo de la luna en el agua mansa, provino a empujones de torbellinos, sonámbula, y a fuerza de conservar intacta esta piel que desean los ciegos penetrar; ella tradujo las catástrofes que supuran los celos en muerte nada más, en solo retornos de visiones empañadas, de donde se presiente el fin develado en la tan esperada aparición del pubis…


IV

…al irse trasteando, tal como vino, con pies y manos aunadas a un fin, contrastando su proximidad con la rancia distancia, en lontananza sinceramente abyecta, porque le dispersa la sangre moribunda, porque se le confunde con la enrojecida tonalidad que del sol acallado se estampa en su rostro sombreado, y desciende quemándole el falso cuerpo, una antorcha recién apareada, y después un nacimiento en los ojos de un gato atrapado en lo nocturno, del fuego trémulo para avalar volatilizada, esta su fuga hacía direcciones incompletas, abandonando rastros de su pena...


V

…su naturaleza lóbrega es esta naturaleza tendida, de secreta finitud guardada, corroída en ciernes, espurreada por fragmentos calizos de viejas tumbas volcánicas; es esta distención duradera la que no permite forjarla de hierros incoloros, porque se le ve cansina con solo sentirla cargar minerales pesados en el vientre hasta el hartazgo, evitando que le exploten flores de la humedad con que se compone y de esa extraña sal enterrada entre las piernas, finge en ellas su naturaleza combatir a mandíbula batiente…


VI

…quiere de repente otra vez sus ojos para mirarlos; con desespero reclama que no se la arrojen por la borda a los peces ciegos, de la profunda, de la inundada mar, la errabunda gotera de la sal líquida, en piedras confiadas a los trotes de las corrientadas, de inmune desahogo; los quiere recuperar, así sean de perlas en conchas baratas de puertos olvidados, blancas circunferencias sordas, los quiere volver a poseer para capturar un día cualquiera algún espectro bajo el cielo, que se hunde entre sabanas enredadas, como trusas de pescadores, a las piernas de mamíferos azulados; desea por última vez, en una última salida, que tal espectro, vagabundo y soez, no descubra tan pronto su tacto en una piel aún no entibiada, a medio día, en rocas de lagartos sin edad segura y donde ambos en cuya sangres simulen la figura de una larga agonía con la negrura en la carne…


VII

…cuando la puerta no soporte al sopor y a la seducción de los caballos en su paso foráneo, y ésta se habrá, rajada, en pares desiguales compartidas, ella huirá, cortada de manos, amparada en su boca aurea, la mudez de los senos resistirán a derramarse por el aire encerrado, la garganta coagulada de salivares penetrará de a poco por el interior de las cavidades invisibles; el probable ahogo de sí misma sería la novísima partitura a perpetrar, pero ella también huiría sin el cuerpo bello, dejaría todo, todo lo abandonaría a las ostras, con la tersidad que la acompaña en nieblas opacas, secaría con los cabellos sus alrededores alambicados, enturbiada de semen sagrado en prendas quemadas y solo sería nada más que un susto del que aún, embebido y pobre, espera su posible retorno en los territorios de las coles y los bueyes.


VIII

…pero si se cansara de irse tronando, el arañado conjunto de frondas en la espesura de su espalda, los itinerarios raspados desnudaría, ocultos dentro de la trenza magra; la fiebre de la frente felina, delata el escozor de las montañas frías, permite también sentir en la conexión de su tos y el pasto de las pampas, si la alianza de un latido terrígeno deseado en sus idas y venidas por avenidas aplastadas por pies de callos borrados en el polvo, vienen a estar recubiertos por grillos de cantos enamorados, y si nadie saltara sobre ella, o en este Árbol de la vida, que es de muerte y es de orina condenadas, parecería que a un corto trecho pudiera, oliéndola, alcanzarla…


IX

…nadie, acaso ninguno, oscuro pavor en forma de piel retenida al hueso del rostro, es hecho un hedor que conserva su virada, por donde acaso fue succionada desde la raíz; ninguno más atravesado como escarcha bajo la rosa más débil de un jardín con fecha exacta de muerte, ningún miembro desolado, habitado bajo la derrota de su vida en jirones atmosféricas, debe de estar anunciado con temblores, nadie con ánimos de reunir la carcasa de un tiempo reconocible en las líneas curvas de cualquier mano que se pela y se cae; la preñez de cualquiera, una profecía de libélulas en golpes de ventanas sucias, el nacimiento de los meses tan esperados, y esta venida, hace cuatro lustros de pena, que se salva, entretenida y justa, pero agria, pero mujer toda incierta aún…


X (fuga) …a veces con esmero, espero del sello que te difunde en el mundo astral, horadar el sexo arrestado en sus formas, ese imaginario que cada noche se hace colectivo, pero anquilosada de veras, se empobrece porque se muestra oculta, porque nada se yergue si no se está en el suelo, y sucumbe si no se busca así misma en el centro vano de todo rincón, desde donde acosada, brotan amenazadas sus aves bajo el peligro de no saber dónde bajar con el ala prestada, y porque sus vientos cansados le atan los picos con cadenas de esclavos de su reino; y la hambruna descansa nuevamente sobre la tierra seca y pagana, y el agua nace en salivas escurridas, llena de tus restos que en desorden, se propagan, sin fingir desvaríos ya consumados en un cuerpo parecida a la suya…


XI Yerran de veras de mi hembra bendita, una loca y santa sin conciencia, sus firmes piernas ajadas, al borrarse del mapa y hacerse de guaridas de manos raptoras, cansarse sin procurar nada en la hora maldita, y pensar dejarlas atoradas en el cruce de otras con pelos mayores, y fingir que no se le adormecen, después de la noche contra la noche trenzadas, las manijas estrujadas, cuando aún nada tiene el sonido de un apagón siniestro, o un demoro de un grito después de que algo que viene unido por siglos se rompa en cansancios de pocos minutos, y pensar que todo se desborda….


La mujer que me deviene