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Año 12 · Nº 58 · Julio-Septiembre 2012

UN RENUEVO ESPIRITUAL

Elecciones...

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Invitación a los

sedientos

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Año 12 · Nº 58 · Julio-Septiembre 2012

Consejero Espiritual Edgar Chávez Consejo Editorial Jorge Chacón Fernando Saravia Editora Lorena Farrach

La Buena Noticia

Redactores Osberto Ruano Armando Molina Cesar Castañeda Hilda Maury de Medina Lourdes de Castañeda Lissette de Archila

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Elecciones...

Asesor Administrativo Francisco Castañeda

Hoy en el Mundo

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“Dios está contigo”

Espada de la Palabra ¿Qué hago mientras espero?

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Corrección de Texto Paola de Pajares Diseño Gráfico Rony Chiché

Los Milagros Continúan Fuimos hechos para la alabanza de su gloria

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Impresión CIFGA Decisiones En el temor del Señor

Mujeres de Proverbios La comunicación

Vida de Alabanza Invitación a los sedientos

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Entretenimiento ¿Conoces el contenido de cada libro de la Biblia?

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escribenos@revistaaguaviva.com


Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia En nuestro diario vivir nos toca tomar muchísimas elecciones diarias, algunas de éstas, no tan trascendentes, como qué ropa ponernos, a qué hora levantarnos, qué vamos a desayunar, con quién nos iremos al trabajo, etc…. Algunas otras elecciones, un poco más trascendentes, como qué carrera estudiaremos, con quién nos casaremos, etc… Pero hay otra elección sumamente trascendente y la más importante de nuestras vidas que consiste en esto: escoger recibir el regalo de vida eterna que Jesús ya nos dio al morir en la cruz del calvario al derramar su sangre preciosa o, por otro lado, elegir el seguir nuestros propios caminos que nos llevan a la muerte.

La razón por la cual Dios creó a cada ser humano y lo puso en esta tierra fue para tener una relación personal con Él; pero, en su inmenso amor, también nos dio el libre albedrío para decidir tenerla o no; así pues, de cada uno de nosotros depende tomar la elección más importante de nuestras vidas: escoger al Señor y la vida eterna que Él nos ofrece, o no hacerlo. Cuando entendemos que el tiempo que vivimos en esta tierra es sólo un pequeño puntito comparado con la eternidad que podemos pasar con Dios, entonces comenzamos a elegir basados en los principios eternos más que en los placeres temporales que este mundo nos ofrece y es cuando de verdad nuestras vidas comienzan a valer la pena de ser vividas.

Dios mismo, en su palabra, nos exhorta cuando nos dice que escojamos pues la vida, como dice en Deuteronomio 30:19: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”; y continúa diciéndonos “amen al Señor su Dios, obedézcanlo y séanle fieles, porque de ello depende la vida de ustedes…”

Durante este día, tendrás la oportunidad de hacer muchas elecciones, pero no es casualidad que estés leyendo esta revista hoy, pues es un esfuerzo más de Dios para alcanzarte a ti, para que tomes la elección más importante de tu vida: escoger a Jesús como tu Señor y Salvador.

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Elecciones...

Por: Osberto Rua no

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. (Deuteronomio 30:14) 6

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uando se llega el tiempo de elegir autoridades de gobierno en una nación, el ambiente se inunda de propaganda política en todos los medios de comunicación. Los partidos políticos preparan y echan a andar sus estrategias para captar votos, presentan sus planes de gobierno, suenan canciones populares, hacen ofrecimientos, etc. Es importante que nosotros, como ciudadanos responsables, evaluemos las alternativas para tomar la mejor decisión y ejercer nuestro derecho de elegir a las autoridades que regirán la nación durante el siguiente período de gobierno. Esta decisión de alguna manera determina el futuro inmediato de las personas, de las familias, de la nación.


Una decisión trascendente Sin embargo, hoy te quiero hablar de una decisión mucho más importante y trascendente para ti y para toda tu descendencia; una elección que no es sólo para un futuro inmediato, sino para toda la eternidad. Tiene que ver con el lugar donde pasarás la eternidad y la forma de afrontar la vida en esta tierra. Y las palabras claves las dice Dios mismo en Deuteronomio 30:19: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia”. En esta declaración que hace Dios, hay varios puntos importantes que quisiera enfatizar:

1. Hay testigos de la decisión que

tomes: los cielos con sus seres espirituales, serafines, querubines, arcángeles, ángeles, etc., y también la tierra, es decir, las personas que se cruzan en tu vida, darán testimonio de la decisión que tomes, la cual se reflejará en tu estilo de vida.

2.

Dios mismo es quien pone la vida y la muerte, la bendición y la maldición delante de ti. Es importante hacer notar el orden: primero pone la vida y luego la muerte. La opción que aparece en primer lugar me dice que Dios quiere que optes por ella, pero si no lo haces, te advierte que vendrá la muerte. Ahora, ¿de qué vida y de qué muerte habla? Veamos una arista de la vida y de la muerte. Veamos la vida como “unidad con” y la muerte como “separación de”.

Nuestra vida física es unidad con el ambiente físico y la muerte física es separación del ambiente físico. ¿A qué vida y a qué muerte se refiere? Hay tres tipos de vida y de muerte: vida y muerte espiritual, vida y muerte física, y vida y muerte eterna. La Biblia nos enseña que nacemos espiritualmente muertos en esta tierra. Romanos 6:23 dice: ”Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”, en Salmos 51:5 dice: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” y en Efesios 2:1 dice: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”. Esto es la muerte espiritual, es decir, separación espiritual de Dios por causa del pecado. Luego, todos pasaremos por la muerte física, que es separación del ambiente físico. Y por último, la muerte eterna, que consiste en la muerte física sin haber recibido la vida espiritual, es decir, estar separados de Dios por toda la eternidad en el infierno.

3.

Dios dice: “escoge, pues…” Esto me dice que la responsabilidad de elegir es tuya, no de tus padres, ni de tus amigos, ni de nadie más. Dios ya hizo todo lo que tenía que hacer para que tengas vida eterna, pero te dejó la decisión a ti.

4.

La recomendación de Dios es que escojas la vida. Él te hizo para pasar la eternidad con Él, como receptor de su Amor; este es el plan de Dios para tu vida, y no concibe la idea de que pases la eternidad lejos de Él. Dice en Ezequiel 33:11: “Diles: Vivo yo, dice Yhwh el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?”.

Es interesante ver que luego de poner la vida y la muerte, el Señor pone la bendición y la maldición; si escoges la muerte, tu opción es la maldición, pero si escoges la vida, entonces tienes opción a la bendición. En otras palabras, obtienes bendición, si obedeces la voluntad de Dios, o maldición, si desobedeces su voluntad.

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“Crea en Mí, oh Dios, un corazón puro y renueva un espíritu firme dentro de Mí”

(Salmo 51:2)

5. La vida es una persona, su Nombre es Jesucristo. Juan 14:6 dice: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. La forma de escoger la vida y tener el derecho sobre la vida eterna es creer en el Plan de Salvación que Dios Padre diseñó, que su Hijo Jesucristo consumó y que el Espíritu Santo selló, creer que en la plenitud de los tiempos Dios daría a su Hijo para que viniera como hombre a dar su vida por el perdón de los pecados del mundo, a rescatar lo que se había perdido y a reconciliarnos con el Padre. Juan 3:16 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Quizás en este momento te estarás preguntando, ¿qué tengo que hacer yo para escoger la vida? En Romanos 10:9-10 nos dice: “Dios mismo te da la respuesta: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”. Sólo dos cosas: confesar y creer. Escoge pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia

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¿Quieres escoger la vida? Hagamos un alto; llegó el momento de la elección más importante en tu vida; y quiero invitarte a que, si Dios ha tocado tu corazón a través de estas líneas y quieres escoger la VIDA, hagas esta sencilla oración en voz alta, pero primero, debes de haber creído en tu corazón en el Plan de Salvación de Dios por medio de su Hijo Jesucristo. ¿Estás listo? “Señor, reconozco que no he sabido dirigir mi vida y que he pecado. Te pido perdón. Creo que Jesús es el Señor y que Tú le resucitaste de entre los muertos. Te pido Señor Jesús que entres en mi corazón en este momento, te recibo como mi Salvador y mi Señor. Gobierna tú mi vida. Gracias por escucharme y por responderme. ¡¡¡Amén!!!” Si hiciste esta oración de todo corazón, hoy has hecho la mejor elección de tu vida, has optado por la vida eterna y esto afectará también a tu descendencia.


“Dios está

contigo”

Por: Cesar Castañeda

“Hoy en día pasamos por situaciones difíciles, pruebas, problemas, momentos en los que nos sentimos vulnerables, a veces incapaces, impotentes y nos sentimos flaquear. ”

A

nte tales situaciones necesitamos saber que hay alguien que está interesado en nuestra vida, que desea que experimentemos su amor, y aunque tal vez no entendamos por qué o para qué estamos pasando esta situación, Dios está con cada uno de nosotros para pelear cada batalla que enfrentemos. Pueda ser que en nuestro ensimismamiento, la fe tambalee, pero debemos confiar que Él está allí para que salgamos victoriosos. A lo largo de las Escrituras vemos cómo El Señor está con los suyos. A través de su vida, en momentos difíciles o decisivos, Dios se hacía presente para ayudarlos, demostrándoles unas veces su amor por ellos y otras, su poder.

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En el libro de Génesis vemos cómo Dios estaba con José en la casa de Potifar. Asimismo, lo acompañó cuando José estuvo en la cárcel por un delito que no cometió y que fue un momento muy difícil para él: “Pero, aún en la cárcel, el Señor estaba con él y no dejo de mostrarle su amor. Hizo que se ganara la confianza del guardia de la cárcel”… “Como el Señor estaba con José y hacía prosperar todo lo que él hacía, el guardia de la cárcel no se preocupaba de nada de lo que dejaba en sus manos” (39:20-21 y 23). Tan evidente fue esto que cuando le interpreta el sueño al Faraón, éste dice de José: “…¿Podremos encontrar una persona así, en quien repose el Espíritu de Dios?” (41:38). Esto nos hace pensar que, en momentos difíciles, que tal vez no entendamos y en los que buscar a Dios se vuelve complicado, debemos confiar que Él está a nuestro lado. Dios no sacó inmediatamente a José de la cárcel, pero nos dice su Palabra que no dejó de mostrarle su amor.

Dios estuvo con Moisés En la vida de Moisés se muestra que Dios estuvo también con él. Después que el pueblo de Israel se rebeló e hizo el becerro de oro, Moisés le pide al Señor una evidencia de que contaba con su favor para dirigir al pueblo y fue así que Dios le respondió: “Yo mismo iré contigo y te daré descanso” Éxodo 33:14. Después de esto, le pide Moisés que quiere ver su gloria, así que Dios se le mostró de “espaldas” y tuvo una experiencia con Dios muy especial.

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Qué necesarias son estas palabras y qué bello tener una experiencia con Dios, ya que así como Moisés se sentía flaquear ante la misión que Dios le había encomendado, una palabra o un toque de Dios nos reanima para seguir adelante.

Dios estuvo con Josué También vemos en la vida de Josué cómo, al iniciar la conquista de la tierra prometida, Dios le da unas palabras que marcaron su vida para siempre: “¡Se fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará donde quiera que vayas” Josué 1:9. Al iniciar una labor, una batalla, un proyecto, necesitamos atesorar estas palabras en nuestro corazón para que tengamos la firmeza y la confianza de que Él nos sostiene y va por delante y así, en medio de la batalla, sostenernos en su Palabra de vida que nos alienta para seguir adelante y conquistar en su nombre, para que la gloria sea sólo para Él.

Dios estuvo con David También en la vida de David, un hombre que tenía un corazón conforme al corazón de Dios, pero con sus luchas y debilidades, vemos en los Salmos que nos habla de estar cerca de Dios, pero en 1 Samuel 18:14 nos da una clave de por qué era eso: “David tuvo éxito en todas sus expediciones, porque el Señor estaba con él.” Así, en nuestras luchas y batallas, debemos de estar con el Señor para que Él nos dirija en cada una de ellas. En cada uno de los Salmos que David escribió, apreciamos esa hermosa relación que tenía con el Señor:

En el Salmo 23 nos habla de que se siente tan cuidado por Dios que primero le llama pastor y luego nos dice en el versículo 4, así: “Aún si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado, tu vara de pastor me reconforta.” Aprendamos de David que, en tiempos difíciles, de problemas, de prueba, Dios está a nuestro lado, y si no lo sentimos así, busquémoslo para que nos guíe a través de esos valles de nuestra vida, y seremos reconfortados.

Dios es nuestro refugio En el Salmo 32, además de hablarnos de la bendición que es el perdón de Dios, nos habla David de sentir el refugio de Dios y de estar rodeado por Él; en el versículo 7 leemos: “Tú eres mi refugio; tú me protegerás del peligro y me rodearás con cánticos de liberación.” Qué importante es saber que contamos con la protección de Dios si la buscamos y que Él está siempre pendiente para rodearnos con esos gritos de liberación. Es como el socorrista que aunque no puede llegar a la víctima, le da instrucciones para estar en calma y poder salir de una situación difícil. Así también en el Salmo 139 David nos habla de esa constante presencia de Dios, que no importando qué tan alto o bajo estemos (podemos incluso estar huyendo de Dios), Él quiere mostrarnos que está interesado en estar cerca de cada uno, porque el hecho que estés leyendo este artículo es una manera (como otras) que Dios está usando para hablarte y mostrarte que está interesado en tener una relación personal, cercana y estrecha contigo.


“¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia? Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en fondo del abismo, también estás allí. Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aun allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha!” Salmo 139:7-10.

Dios estuvo con Daniel Por último, en la vida de Daniel podemos ver cómo estuvo el Señor en cada momento de su vida, incluso estando desterrado y en medio de tantos desafíos, y cómo otros pudieron ver el amor de Dios en su vida, como el rey Darío que declaró lo siguiente: “He decretado que en todo lugar de mi reino la gente adore y honre al Dios de Daniel. Porque Él es el Dios vivo, y permanece para siempre. Su reino jamás ser�� destruido y su dominio jamás tendrá fin. Él rescata y salva; hace prodigios en el cielo y maravillas en la tierra. ¡Ha salvado a Daniel de las garras de los leones!” Daniel 6:26-27. Es así como se puede testificar de nuestro Dios, que está pendiente de cada cosa que nos pasa y que tiene el control soberano de nuestras vidas, contando a otros lo que Dios ha hecho por nosotros y cómo ha mostrado su poder y su amor en cada cosa que nos pasa, buena o “mala” a nuestros ojos. En el Nuevo Testamento, vemos cómo desde el primero de los cuatro evangelios, Mateo hace el comentario de la anunciación del ángel: “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel” (que significa: Dios con nosotros).” Mateo 1:22-23.

Dios, el Padre se hace cercano a los hombres al enviar a Jesús, quien se hace hombre, y no sólo hombre, se hace siervo para que todo el que crea en el Hijo de Dios: Tenga nueva vida y la vida eterna. Así que si tú no has creído en Jesús, que es el Hijo de Dios, que vino a morir en la cruz del Calvario a pagar la deuda de tu pecado, del mío y el de toda la humanidad, hoy es un buen tiempo para creer. Arrepiéntete de tu pecado, confiesa tu necesidad de Él y cree que la obra de Jesús es completa y suficiente para salvar tu vida de la muerte y del infierno. Acércate al Señor y Él se acercará a ti (Leer Santiago 4:8-10). Después de esto, busca un lugar en donde te enseñen la Biblia y establece una relación entre tú y Dios, y camina con Él el resto de tu vida.

Dios no nos deja solos En este caminar Dios no nos deja solos, nos ha dejado un tutor: el Espíritu Santo que está con nosotros después de creer en Jesús. “Y yo le pediré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de Verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes.” Juan 14:16-17. Más cerca de nosotros no puede estar ya que lo llevamos dentro de nosotros: ¡Él habita entre nosotros!

Uno de los propósitos más importantes en la vida es la Gran comisión, que es predicar de Jesús a toda creatura y hacer discípulos. Jesús nos alienta al decirnos que no estamos solos y nos da una hermosa promesa, lo leemos en Mateo 28:18-20: “Jesús se acercó entonces a ellos y les dijo: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.”

No se angustien confien en Dios “No se angustien. Confíen en Dios, confíen también en mí. En el hogar de mi Padre hay muchas viviendas; si no fuera así, ya se lo habría dicho a ustedes. Voy a prepararles un lugar. Y si me voy y se lo preparo, vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté.” Juan 14:1-3. Esta es nuestra esperanza y nuestra confianza, que así como el novio se va a preparar la casa para la novia (como lo hacían en el tiempo de Jesús), así Jesús se fue a preparar un lugar para su novia (la Iglesia). Preparemos nuestro corazón quitando todo aquello que no le agrada, para que podamos recibir a nuestro novio, casarnos con Él y estar para siempre con Él. Por todo esto vemos que el anhelo de Él es estar con nosotros. Que así sea.

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¿Qué hago

mientras espero?

Esperar. A nadie le gusta tener que esperar, a todos nos gustaría que con sólo pensarlo, pudiéramos tener en la mano aquello que deseamos.

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Por: Armando Molina

in embargo, todo ser humano tiene en algún momento que afrontar la verdad: que sus deseos no le serán concedidos a su manera o en su tiempo. La espera puede ser por algo tan cotidiano como el hacer cola en un banco o para pagar en un supermercado, o el semáforo que sólo nos da un minuto de luz verde mientras a los de la otra calle les da cinco; o puede ser algo de más peso, como los resultados de un examen físico, o la respuesta de si me aceptaron en un trabajo o no. Si vemos en lo profundo del corazón para tratar de encontrar la razón por la cual no nos gusta esperar, una de las cosas que encontraríamos es que no queremos estar en una situación en la que dependamos de lo que hagan otras personas. El esperar nos recuerda que no somos todopoderosos y nos confronta con las limitaciones de nuestros propios recursos. En la Biblia, el esperar no es solamente aguantar a la fuerza el paso del tiempo mientras sucede aquello que anhelamos. Para el Señor, la espera es una herramienta por medio de la cual Él puede obrar en nuestra vida. Nuestra actitud ante la espera está diseñada para manifestar en dónde está nuestro tesoro: ¿En quién hemos puesto nuestra confianza?, ¿A quién encomendamos nuestros problemas? ¿Qué voy a hacer para conseguir aquello que quiero? La actitud que tomas ante la espera te ayuda a responderte a ti mismo estas preguntas.


Si tu reacción cuando te enfrentas a algún momento de espera es desesperación, enojo e ira, estas actitudes te están demostrando que en realidad aún no estás confiando en el Señor para proveerte, defenderte y protegerte. En la Biblia encontramos una promesa de Dios para los que confían en Él: Isaías 49:23 “Los reyes serán tus padres adoptivos, y las princesas tus niñeras. Se inclinarán hasta el suelo delante de ti, y lamerán el polvo de tus pies. Y reconocerás que yo soy el Señor, y que los que en mí confían no quedan defraudados.”

Esperar en Dios produce confianza Nos hace ver hacia delante con una perspectiva que está completamente cimentada en la bondad de Dios. Una persona que espera en Dios es una persona fortalecida en esperanza, sin temor del futuro. No es por nada que una de las promesas más conocidas de la Biblia es aquella que nos asegura que si ponemos nuestra esperanza en el Señor, no nos cansaremos (Is 40:31): El lamento puede servirnos para ver cuan grande es nuestra necesidad de Dios. Es una ocasión para experimentar lo que significa la suficiencia de Dios. Cuando contemplamos nuestros errores y nuestros pecados pasados con arrepentimiento y humildad, esto ayuda a enseñarnos nuestra necesidad de Dios. Nos lleva a darnos cuenta que apoyarnos en nuestra propia sabiduría no es suficiente.

“Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan en el SEÑOR tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán”

Todos nosotros necesitaremos paciencia y constancia en nuestra vida. La Palabra de Dios nos enseña, a través de esta promesa, que en última instancia la fortaleza para perseverar no proviene de la fuerza física ni del poder de nuestra carne. La fortaleza para seguir esperando fielmente día tras día viene de haber puesto la confianza en el Señor, sabiendo que es de su mano que viene la bendición.

No ayudes a Dios Ahora bien, lo contrario a confiar en el Señor es cuando nos rebelamos e intentamos llegar a la meta por nuestros propios medios. Comenzamos a tomar decisiones y a realizar acciones que francamente sabemos que no están conformes a la voluntad de Dios y, sin embargo, seguimos adelante hasta estrellarnos. Un ejemplo de esto es el mismo Abraham, quien había recibido una promesa maravillosa de parte de Dios: el llegar a ser padre de muchas naciones. Sin embargo, ya era de avanzada edad y no tenia ningún hijo. Al ver que el cumplimiento de la promesa tardaba, según él, más de la cuenta, tomó la decisión de tratar de acelerar su cumplimiento recurriendo a métodos que Dios desaprobaba. Tristemente lo único que logró fue provocar sufrimiento y dolor para su familia. Lo que esto nos enseña hoy día es que no podemos ni manipular ni forzar a Dios, no podemos convencerlo mediante alguna treta a que se apresure con sus promesas. Él obra en nuestra vida en su perfecto tiempo; mientras ese momento llega, tengamos confianza. Hagamos todo lo que está a nuestro alcance que no viole ninguno de sus mandamientos, pero más allá de eso, estemos quietos hasta ver la salvación de nuestro Dios.

El salmo 123 nos ilustra esta actitud de confianza reposada en el Señor: “Suplicantes miramos al Señor nuestro Dios, como mira el criado la mano de su amo, como mira la criada la mano de su ama, esperando que él nos tenga compasión”. Sal 123:1-2

Levanta tu vista a Jesús La espera nos coloca obligadamente en una posición de suplica: a la mayoría de nosotros, ésa es una posición que no nos gusta. Preferimos depender de nosotros mismos y no nos gusta pedir ayuda. Mira cómo este salmo usa la comparación de la actitud de un esclavo ante su amo, este siervo mira hacia esa mano porque sabe que sólo de ella podrá venir la provisión, el alimento y la dirección. Este siervo está seguro que, si su amo no interviene, él no recibirá nada. En este caso concreto, el salmista está esperando la misericordia del Señor. La misericordia de Dios va mucho más allá del sólo perdonar los pecados, se refiere a la ayuda de Dios en toda situación que sobrepasa la capacidad humana. ¿Acaso tú no tienes situaciones de este tipo en tu vida? Esa persona que está continuamente esparciendo mentiras sobre ti; aquella situación financiera por la cual ya no sabes qué más hacer; ese pecado en el que estuviste atrapado tanto tiempo y del cual ya te arrepentiste pero aún estás sufriendo las consecuencias; esa enfermedad en tu familia que está consumiendo tus finanzas y para la cual no miras una solución. Lo que la Palabra de Dios te recuerda es que no dejes de mirar (considerar, tomar en cuenta, orar) al Señor. Levanta tu vista hacia Él reconociendo tu situación de necesidad, Él obrará en tu vida, espera en Él. No sólo eso, Él te fortalecerá mientras esperas, te dará la gracia de perseverar sostenido por el poder de nuestro Dios.

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Fuimos hechos

para la alabanza de su gloria

Por: Lorena Farrach

Conocí a mi esposa Pamela en 1986, en mi congregación, y tuvimos una linda amistad hasta 1992, cuando decidimos casarnos en noviembre de 1993.

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E

l Señor nos concedió una buena vida juntos y nos abrió las puertas con un buen trabajo, nos concedió muchos anhelos de nuestro corazón y, principalmente, nos regaló tres lindos hijos: Pamelita, que nació en 1995; Adrián, en 1998 y Juan José, en enero del 2001. Durante el mes de diciembre de ese mismo año, nos encontrábamos de viaje con los niños y mi esposa, quien era médico, cuando me comentó que sentía una pequeña masa en uno de sus pechos; así que el 2 de enero del 2002 se hizo una mamografía en donde le salieron unas células atípicas, pero le dijeron que no era nada de que preocuparse, que sólo le iban a extirpar la masa y que todo iba a estar bien. En junio de ese mismo año se volvió a hacer otro examen de rutina, por lo que fue con su médico y le dijo que había necesidad de operarla de emergencia. El diagnóstico fue devastador para nosotros: ¡mi esposa tenía cáncer!


Vimos la provisión de Dios Esa noche recibimos la llamada de un médico amigo, quien nos dijo que canceláramos la operación hasta hacerle más exámenes y éste fue el comienzo de ver cómo el Señor nos abrió puertas sobrenaturales para la operación, para la quimioterapia y para recibir su provisión a pesar de que no contábamos con un seguro médico. Luego siguieron con los chequeos de rutina y, por seis meses, aparecieron limpios, pero un tiempo después comenzó con un dolor en la pierna y, cuando le hicieron los exámenes, se dieron cuenta que el cáncer se le había pasado a los huesos.

Un nuevo ciclo Así que comenzó otro ciclo en el cual Dios nos abrió las puertas en el IGSS (Instituto Guatemalteco de Seguridad Social), en donde le dieron el tratamiento. Me acuerdo que me levantaba a las 4:30 de la mañana y me iba a hacer cola al IGSS a esperar que abrieran. A las 6:00 a.m. nos daban el turno, así que regresaba a la casa, llevábamos a los niños al colegio y nos íbamos con Pam a hacerle su tratamiento. Así pasó el tiempo en el que nunca la escuché quejarse o atribuir despropósito alguno a Dios. El cáncer luego se extendió al hígado hasta que, el 30 de agosto del 2005, Pam se fue con el Señor, en completa paz.

Mis prioridades cambiaron Al morir Pam, mis prioridades cambiaron, pues le daba menos importancia a las cosas materiales y más a las eternas…

Dios empezó a revelarse a mi vida de una manera diferente, y empecé a aceptar su soberanía sobre mí. Comenzó un proceso de conocerle en una relación personal, pues, a pesar de que me congregaba, ayunaba, oraba y servía en la iglesia, me di cuenta que eso no era todo; era un religioso, y me di cuenta de esto cuando escuché a mi hija de cinco años recitar la misma oración que yo hacía todos los días. Entonces Dios comenzó a hacer cosas nuevas en mí, lo comencé a conocer como un Padre amoroso, que no sólo está conmigo, sino que ríe cuando yo río y también llora cuando yo lloro. Recuerdo que un día estaba en mi acto religioso dándole “gracias” cuando sentí al Señor parado delante de mí que me decía: “¿porqué sos tan hipócrita? ¿porqué me das gracias si no lo estás sintiendo?” y entonces le dije: “Señor, perdóname, te voy a abrir mi corazón tal y como está”. Entonces comencé a sacar toda la tristeza, amargura, resentimiento, que había en él, con la sorpresa de que Dios me acogió y me comenzó a consolar y a enseñar su propósito para mi vida.

Ahí comprendí que una disciplina sin instrucción causa rebeldía en el corazón y es lo que estaba causando en mí el proceso de la muerte de Pam. Entonces Dios comenzó a hablar a mi corazón sobre la fe y sobre que Él tenía planes de bien y un futuro lleno de esperanza para mí y mis hijos, como dice en Jeremías 29:11, aunque en ese momento estuviéramos sufriendo tanto. Entonces le dije al Señor: “Yo no quiero ser un rebelde, estoy sufriendo y necesito que me expliques, a la luz de lo que yo puedo entender, por qué te llevaste a Pam.” Fue entonces que Él comenzó a explicarme muchas cosas, por ejemplo, de cómo se sembró una semilla muy amada para que otros pudieran disfrutar del fruto, ya que el fruto no lo disfruta el árbol que lo produce, sino que es para alguien más.

Dios me comenzó a hablar personalmente Así también, hubo otro evento que me cambió y fue que en esos días discipliné a mi hijo y lo corregí. Cuando se calmó, llegué con él, lo abracé y le pregunté si sabía por qué lo había corregido y me respondió: “No papi, no sé por qué”.

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Hay un tiempo para todo Entonces Dios me habló en Eclesiastés 3 que dice que hay un tiempo para todo y que había un tiempo para llorar; aunque el primer año fue más complicado de lo que me imaginaba, pues estuve parado en el precipicio de la depresión, de tomar pastillas, del suicidio, entre otros… pero Dios me permitió comenzar a profundizar cada vez más en nuestra relación. Tuve la encrucijada de decidir pelearme con Dios o aceptar su soberanía. La Biblia enseña que Él es el Señor nuestro Sanador (Rapha), pero Él es soberano para decidir a quién sanar y a quién no. Entendí en mi corazón que yo no estaba en la tierra para ser el jefe de Dios y decirle a quién sanar, a quién liberar, a quién disciplinar… sino para hacer su voluntad. Así fue como el Espíritu Santo de Dios fue fortaleciendo mi hombre interior durante estos cinco años hasta que hace un año Dios me cambió de trabajo y nació en mí una ilusión de ver más allá de lo que podía ver y, así, seguir el llamado que sentía en mi corazón. En Deuteronomio 30:19b dice: “Les he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendición y la maldición. Escojan pues la vida para que vivan ustedes y sus descendientes…”.

La responsabilidad de escoger es mía, no de Dios. Cada día está lleno de decisiones que tomamos y mi vida es hoy el resultado de esas decisiones que hice en el pasado, ya sean para vida o para muerte.

Fui hecho para su alabanza Así que, desde enero de 2011, en lugar de alejarme de Dios, como muchos hacen cuando Dios no les concede sus peticiones, decidí trabajar tiempo completo en su obra y comencé a pastorear una congregación. Asimismo, hemos comenzado con un grupo de viudos(as), con la carga en mi corazón de ayudarles, pudiendo así ser instrumentos de Dios para que estas personas puedan alcanzar la gracia de Dios y vuelvan a ser felices. Finalmente, después de vivir todo esto, el Señor me concedió entender que yo no estoy en esta tierra para que Dios cumpla mis caprichos, sino que, como dice en Efesios 1:6, fui hecho para la alabanza de la gloria de su gracia.

“Yo soy el buen pastor; y conozco a mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas”

(Juan 10:14-15)

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En el temor

del Señor

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Por: Lourdes de Castañeda

ay en nuestro corazón un anhelo de hacer las cosas sin equivocarnos, aunque eso es precisamente lo que nos hace ser más inseguros o temerosos, lo que afecta siempre en la toma de decisiones. Pero muchas veces damos mal uso a esa incertidumbre, buscando respuestas en otras personas, en experiencias pasadas e incluso consultando adivinos o algo que nos pueda predecir lo que va a sucedernos para asegurarnos que no nos vamos a equivocar. Esto lo que nos muestra en realidad es a quién le estamos dando el control de nuestra vida. Cuando la vida la conducimos sin considerar a Dios, entonces no es Dios quien tiene el Señorío en nuestra vida, aunque expresemos lo contrario. Existe una palabra en la Biblia a la que generalmente le damos otro sentido por lo que entendemos de ella, y es la palabra “Temor”. Conocemos la palabra temor en un sentido negativo, como pavor, terror, miedo. En el lenguaje de Dios, esta palabra cobra otro significado cuando se trata de temor al Señor.

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A todos nos cuesta tomar decisiones, sean pequeñas o grandes, porque nos preocupa escoger bien. Queremos tomar siempre las decisiones más correctas o las más acertadas.


¿Qué es el temor de Dios? La Palabra dice que no debemos temer a los asesinos sino a ÉL. “No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien a quien puede destruir el alma y cuerpo en el infierno.” Mateo 10:28. Pero seguidamente nos dice que Él nos tiene contados hasta los cabellos de la cabeza y que no debemos tener miedo, ya que valemos mucho para Él. (Mateo 10:29-31). Entonces, ¿cómo es que Dios quiere que le temamos pero que no le tengamos miedo?. Para entender el Temor al Señor, primero debemos estar seguros que le hemos conocido como Padre. Jesús vino a traer esta revelación a los judíos, ya que ellos le conocían como Dios, guerrero, guía, pastor, rey, pero no como padre. Cuando Dios se nos revela como padre, ya no sólo lo vemos como ese gran creador y fuerza omnipotente, sino que lo vemos como esa persona cercana que nos ha creado con el propósito de estar cerca de nosotros, porque se interesa en nuestra vida en forma personal. Todo cobra sentido, pues podemos ver que al entregarse Jesús por nosotros, lo que hizo fue pagar el precio que nos correspondía pagar por nuestro pecado para que pudiéramos tener libre acceso al Padre. (Hebreos 10:19-22). A muchos no les gusta ver a Dios como Padre por la imagen deformada que tienen de su propio padre terrenal, pero resulta que Dios no es como los padres terrenales, más bien los padres terrenales debieran ser como el Padre Celestial, pero esto no es así por la misma causa del pecado.

Entonces, Dios es nuestro Padre y quiere que le tengamos confianza, pero a su vez, Él es Dios y es Rey, y merece toda reverencia, honor y gloria. Hacer lo que nos place es hacerlo a Él a un lado y tomar su papel de Rey y Señor, el cual no nos corresponde. Reconocerlo en todo y anteponer su Palabra a cualquier situación, porque no queremos ofender al que nos ha amado hasta el extremo, eso es Temer al Señor. Todos quieren tomar decisiones sabias, pero algunos lo hacen con sus malas intenciones, movidas por su propio orgullo y vanagloria. Si en tu vida tomas las decisiones basado en lo que te conviene temporalmente o en aquello que es lo “mejor” para ti o para la mayoría de las personas o porque ha dado resultado en otros tiempos o circunstancias, entonces eres de los que dirigen su propia vida sin considerar lo que Dios dice. La palabra de Dios nos enseña que el principio de la sabiduría es el temor al Señor (Salmo 111:10; Proverbios 1:7). Esto quiere decir que, al momento de tener enfrente un decisión, debo humildemente acudir ante el Señor y preguntarle a Él qué es lo que yo debería hacer en esa situación.

Hacer lo que Dios me diga Puedo darle al Señor mi opinión y darle todos mis argumentos si así lo deseo, pero, al final, lo que más debo desear es obedecer a aquel que es el Sabio y el Experto en todo, aun cuando lo que venga de Él parezca contrario a lo que tiene “sentido común” o una aparente sabiduría humana. Hacer lo que ÉL me diga, eso demostrará cuán temeroso soy del Señor, aunque yo quede ante los demás como un tonto, ridículo o loco.

Ejemplos de personas que temieron a Dios A lo largo de la historia de la Biblia, encontramos varios casos como éstos que han quedado escritos para alentarnos en momentos en que titubeamos ante las palabras o la guianza del Señor; recordemos a Noé construyendo el arca encima de una montaña; a Abraham, creyéndole a Dios que tendría una descendencia grande a pesar de la infertilidad de su mujer anciana; a Moisés, un tartamudo, librando a un pueblo esclavo de las manos de Faraón; a un Josué dando vueltas y gritando para derrotar a una ciudad fuertemente amurallada; a David, sin armadura alguna, derrotando a un filisteo doblemente más fuerte y grande que él; a Ester exponiendo su propia vida por causa de su pueblo, amado por Dios; a Ezequiel, acostándose sobre su lado izquierdo por 390 días y sobre su derecho 40 días y comiendo pan cocido en fuego de excremento para mostrar al pueblo de Israel y al de Judá sus años de maldad y su castigo; a Daniel, quien prefirió la fosa de los leones a inclinarse ante otro que no fuera Dios; a Oseas, a quien Dios le manda a casarse con una prostituta para mostrar así la infidelidad de su pueblo, Israel; a María, recibiendo humildemente al Señor en su vientre, sabiendo que eso podía causar su propia muerte; y por supuesto, a Jesús, quien renunciando a su divinidad, se hizo como uno de nosotros y como cordero fue obedientemente a morir hasta la cruz pagando como un pecador aun sin serlo. Todos estos, entre muchos más, son ejemplo de aquellos que temían al Señor y que fueron obedientes a Él a pesar de quedar en ridículo, porque conocían al Señor y confiaban plenamente en Él.

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Esto no significa que está bien hacer cualquier ocurrencia que nos venga en mente. El mismo temor al Señor nos guía a no querer hacer nada si no ha sido Dios quien verdaderamente nos haya hablado. Para esto, es indispensable que aprendamos a escuchar la voz del Señor, y por eso debemos conocerlo personalmente, entregarle nuestra vida con completa convicción. “…conocer al Santo es tener discernimiento” Proverbios 9:10.

Los hijos de Dios son guiados por Su Espíritu Romanos 8:14 y 16 nos dice que los hijos de Dios son aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios, y que es este Espíritu quien da testimonio a nuestro espíritu de que somos sus hijos. Sólo quien verdaderamente le ha recibido en su corazón puede reconocer que esto es verdad, pues nadie puede darnos la convicción de que somos de Dios si no es Él mismo desde lo más profundo de nuestro ser. Y esta misma voz interior es la que nos habla en momentos decisivos de nuestra vida, y sabemos con plena seguridad que viene de Dios cuando es confirmada por la Palabra y por muchas otras fuentes que Dios puede utilizar en determinados casos. Lamentablemente, esto pierde su credibilidad cuando hemos visto manoseada la Palabra del Señor por tantos hombres y mujeres. Y aquí también juega un papel muy importante el ser temeroso de Dios o no. Quien en verdad teme al Señor reconoce que, dentro de sí mismo, su carne se opone a todo lo que Dios quiere y muchas veces esa carne logra engañarnos haciéndonos pensar que es muy piadoso lo que deseamos.

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Por esta razón, cuando oramos, debemos pedirle al Señor que nos muestre si hay algo en nosotros que se opone a hacer su voluntad y quiere salirse con la suya, y Dios, que se agrada de esa actitud, es fiel en mostrárnoslo. Aquel que no teme verdaderamente al Señor, piensa que todo lo que pasa por su mente está bien y no es capaz de discernir lo que viene del Espíritu y lo que viene de su carne, porque no camina en el Espíritu, sino en la carne, o simplemente porque en realidad no conoce a Dios aunque diga lo contrario. “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu…. Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él.” Romanos 8:5,9.

El ser temeroso de Dios no nos excluye de cometer errores O de tomar malas decisiones de vez en cuando. Debemos recordar que mientras vivamos en este cuerpo, nuestra carne estará presente para oponerse a las cosas de Dios. Además, el Señor a veces permite que nos equivoquemos para enseñarnos algo mejor. Pero el temor de Dios sí nos libra de la condenación que viene cuando cometemos errores. “El temor del Señor conduce a la vida; da un sueño tranquilo y evita los problemas”. Proverbios 19:23. El temor al Señor hace que cada vez que nos equivocamos acudamos a Él arrepentidos y pidamos su perdón a través de su sangre, la cual Él nos ha dejado (1 Juan 1:9). Y esto nos lleva cada vez más a la santificación que tanto desea ver Dios formada en nosotros.

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. 2 Corintios 7:1.

Oración Por último, sólo quiero que medites en cómo te has conducido ante el Señor. ¿Has tomado en primer lugar su opinión en cada aspecto de tu vida? ¿Te has dejado guiar por su voz y por su Espíritu? ¿Estás convencido de que Cristo vive en ti y que le perteneces a Él? ¿Temes al Señor en tu manera de conducirte por la vida, en tu manera de hablar, en tu forma de vestirte, en tu manera de trabajar, en tu comportamiento en tu hogar, en tu forma de orar y de buscar de Dios? Si tus respuestas han sido por lo menos un NO, busca al Señor con un corazón sincero y humilde y déjame conducirte en una oración: “Amado Padre, hoy quiero reconocer delante de ti que no he sabido dirigir mi vida y me he equivocado. Te pido perdón porque hoy me he dado cuenta de que tú no has sido verdaderamente el Señor de mi vida y vengo a pedirte arrepentido que me perdones y me recibas en tu Reino de amor. Quiero vivir mi vida dirigida por tu Santo Espíritu, ven y lléname de ti, Señor. Dame la certeza de tu salvación en mi espíritu y condúceme por tus caminos. Permíteme escuchar tu voz con claridad y muéstrame cuando me esté desviando de tu verdad. Ayúdame a desear hacer siempre tu voluntad, no importando el costo, y a santifícame a través de tu Palabra y de guardarla todos los días de mi vida. Enséñame a temerte con amor y reverencia, confiando en que tú eres mi Padre amoroso y fiel, Amén.”


La Comunicación

Por: Hilda Maury de Medina

La comunicación efectiva es un aspecto vital en nuestras vidas, que muchas veces pasamos por alto, la damos por hecho, asumimos que el mensaje que quisimos transmitir y que es muy claro en nuestra mente, fue entendido de la misma manera por los demás.

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astimosamente esto no siempre es así, y muchas relaciones se ven afectadas por no preocuparnos por este aspecto tan importante. Estando de visita en Almería, España, conocí a un hombre con muchos años de ser cristiano y bastante conocedor de la historia del evangelio, al grado de haber recopilado datos sorprendentes del pueblo cristiano español. Platicando con él un día, me contó sobre un dolor que había en su vida: la enfermedad que por 20 años llevaba padeciendo su esposa, debido a una mala práctica médica en el nacimiento de su última hija.

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Una visita Mi hija y yo nos propusimos visitarla y a él le pareció bien. Llegamos a su casa y nos encontramos a una mujer que denotaba haber sido preciosa. Me quedé observando su foto de boda: el pelo rubio, el rostro radiante lleno de ilusiones. Me presenté con ella y hubo entre las dos un entendimiento y simpatía sorprendente. Mantenía sus ojos abiertos con una fina cinta de micropore, su oído estaba afectado, su voz también; llevaba en la garganta un fino tubo para respirar y también un sonda en su estómago para alimentarse. Sus manos se movían con agilidad. Para comunicarse usaba una placa de peltre donde escribía y, para entender lo que los demás decían, leía los labios. Yo estaba impresionada por esta valiente mujer y me llamó la atención que, como podía, se esforzaba por mantener limpia su casa y, con ayuda de su hija, cocinaba.

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Sin más preámbulo comenzamos a comunicarnos y noté cómo se relajaba. Me escribió: “no he tenido confianza con nadie, porque me da vergüenza contar mis cosas”. “Haz de cuenta que soy como tu madre.”, le dije; “Siento que la conozco de siempre.”, me contestó.

Comenzamos a platicar Comencé mencionando a su marido y de pronto me escribe: “Él no es lo que parece, me trata mal, me grita y además se queda con mi paga” (que es lo que ella recibe por seguro de invalidez). Asombrada cogí un papel y comencé a escribir lo que llegaba a mi mente del corazón de Dios para ella. Pude transmitirle, con su ayuda divina, un mensaje de esperanza, pues para Él no hay nada imposible. Le escribí además unas instrucciones. Guardó el papel ahí con ella y nos despedimos.

Al otro día, platiqué con una persona, quien junto con su esposo son dueños de una empresa, y el esposo de la señora que visité trabaja con ellos ocasionalmente. Pasó algo sorprendente: sin que yo sacara a colación nada de ellos, me dice: “Fulano la está pasando muy mal, lleva una carga muy pesada, pues la enfermedad de su esposa lo tiene agobiado, quisiera hacer tanto y no puede, ha tenido que hablarle fuerte a su esposa para hacerla reaccionar para que su mente y cuerpo no vayan a quedar atrapados, y” continuó, “él tiene la pena de haber tenido que tomar su paga del seguro para cubrir tantos gastos, de lo contrario se quedarían sin comer; está sin trabajo y sólo tiene el trabajo que nosotros le damos.” Esa es la realidad de una familia, de ese padre y esposo, y yo me pregunto: ¿Cual es aquí el eje de esta situación? La respuesta: la falta de comunicación efectiva como esposos y como padres. ¿Nos estamos comunicando correctamente con Dios y con nuestros seres queridos?


Un buen comunicador Dios es el tremendo comunicador y lo hace a través de grandes pruebas físicas, como lo muestra en Salmo 19:1-4: “Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos, un día emite palabra a otro día y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje ni palabras ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz y hasta el extremo del mundo sus palabras.” David, en su cántico en 1 de Crónicas 16:7 en adelante dice estas palabras: “Dad a conocer en los pueblos sus obras, hablad de todas sus maravillas, que digan en las naciones el Señor reina, proclamen día a día su salvación, resuene el mar, alégrese el campo y todo lo que contiene. Entonces cantarán los árboles de los bosques delante del Señor…” Hace muchos años me preguntaba cómo sería y cómo se cumpliría aquella palabra de Mateo 24:14: “y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones y entonces vendrá el fin”.

Ahora es el día del entendimiento y de la comunicación: alta tecnología, vías rápidas de transporte, satélites, computadoras, celulares, sitios de encuentros en la web; mas nosotros marcaremos nuestras vidas, nuestro entorno y nuestros sueños orando sin cesar. En Efesios 5:19 dice: ”hablando entre nosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en nuestros corazones”. Por lo tanto, nuestra comunicación se mostrará derramando nuestra alma delante de Él. Recordemos a María, la madre de Jesús, en Lucas 1:28 dice: “Entrando el ángel en donde ella estaba le dijo ¡salve muy favorecida! El Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres”. Cuando ella piensa en qué saludo era éste, el ángel replica: “María no temas”, y entonces le anuncia que concebirá en su vientre y dará a luz un hijo y que lo llamará Jesús. ¡Qué gracia y favor obtuvo este ser angélico al comunicarle la noticia, al punto que ella contesta al final: “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra”!

Luego viene algo delicado: María debe decírselo a José. Es obvio pensar que ella quedaba expuesta al vituperio y a la condenación. José pensó dejarla en secreto, pues era un hombre justo e integro. De inmediato recibió un mensaje angélico por medio de un sueño: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu esposa, porque lo que es en ella engendrado, del Espíritu Santo es”. Así el tema de la pregunta es: ¿Nos estamos comunicando correctamente con Dios? ¿Con nuestra familia, esposos, hijos, amigos, vecinos? ¿Después de hacerlo con el Señor, le estamos comunicando a nuestra familia nuestras alegrías, penas, temores, logros, proyectos? Y, finalmente, teniendo el conocimiento de la buena comunicación, erradicaremos de nuestra vida la murmuración y chismes que confunden, las críticas malintencionadas que hieren, todo lo cual no edifica, y vendrá entonces la prudencia que nos instruirá cuándo hablar y cuándo callar. El hombre justo no temerá a las malas noticias; su corazón estará firme, confiado en Dios. Salmo 112:7


Invitación a los

Sedientos

En el capítulo 55 de Isaías, el Señor lanza una invitación. A diferencia de otras invitaciones, ésta no va dirigida sólo a los poderosos o a los que tienen muchos recursos materiales, tampoco es exclusiva para un gremio profesional. 24

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Por: Armando Molina

l único requisito para esta invitación es el siguiente: No tener dinero: “¡Vengan a comprar y a comer los que no tengan dinero!” Isaías 55:1. En este mundo hay muchas invitaciones exclusivas. Hay clubes, restaurantes, fiestas, grupos a los que no fácilmente se entra. Dios, en cambio, hace una invitación para la cual no se requiere ser poderoso, rico o sabio. Isaías 55:1: “Vengan a las aguas todos los que tengan sed.” Pero… para poder atender esta invitación, sí hay una condición que debemos cumplir, esa condición es la de tener sed. Esta sed se refiere a ese reconocimiento en lo profundo del corazón de que hay algo que nos hace falta, de que no somos autosuficientes. Esta sed trae el reconocimiento que las obsesiones del mundo por el poder, dinero, placer y conocimiento no traen verdadera satisfacción. Por otro lado, aquel que está satisfecho en su situación actual sin Dios, no atenderá esta invitación. Algunos están tan satisfechos en su pequeño mundo que sencillamente no tienen sed.


¿Se puede creer en una invitación así? Ahora bien, tu reacción podría ser pensar que cualquier invitación gratis debe contener una sorpresa desagradable; puede que pienses: “¿Se puede creer una invitación así?” ¿Qué pasaría si recibiéramos una oferta vía telefónica en la que nos ofrecen un almuerzo gratis? Inmediatamente se levantarían un número de sospechas en nuestra mente: “Quizás la comida no será buena, o tal vez la comida sí será gratis pero me van a cobrar las bebidas y el parqueo, quizás lo que quieren es hacerme firmar algún contrato, etc, etc.” Pero hay una gran diferencia en este caso y es que el que hace la invitación es el Señor, en Él no hay otra motivación más que la de que nuestra vida sea llenada por lo que es verdaderamente bueno: “agua, vino y leche dados por Dios”. Esto representa vida verdadera, alegría santa y sustento en su Palabra. Claramente se nos dice el precio que nos va a costar: “sin pago alguno” (Is 55:1). El don de vida de Dios es gratuito. No se puede comprar con nuestras riquezas ni con nuestros servicios o talentos. Pero hay un problema, tengamos poco o mucho dinero, estamos acostumbrados a gastarlo de otra manera. El Señor se asombra de que aquellas cosas que no satisfacen son las que se llevan nuestro dinero. Por mucho que hayamos oído la frase “el dinero no compra la felicidad”, ésta no deja de ser cierta. La Biblia lo dice con estas palabras: Isaías 55:2: “¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan, y su salario en lo que no satisface?”

Invertimos tiempo y dinero en remodelar nuestra casa, comprar un carro nuevo, en hacernos una cirugía plástica, en comprar ropa que pensamos nos va a hacer mejor que los demás. También ofrecemos alegremente nuestro dinero en la búsqueda del placer, en tratar de comprar el amor y la aprobación de los demás. Pero aquello que tiene valor eterno, aquello que permanece para siempre, no nos interesa o simplemente pensamos que en el futuro habrá tiempo para ocuparse de ello.

A su debido tiempo, ese descendiente de David vino al mundo, su nombre es Jesús y ahora, tal como Dios lo prometió, está sentado a la derecha del Padre, reinando. En todo esto conocemos que la fidelidad de Dios al pacto que hizo con David es inalterable. Debido a esa fidelidad, podemos confiar en Él.

Escúchenme bien y comerán lo que es bueno (Isaías 55:2)

No debemos presumir que podemos postergar el volvernos a Dios para un vago tiempo futuro. No caigamos ante mentiras tales como: “primero quiero disfrutar mi juventud”, HOY es el día en que el Señor te llama a reconocer que sólo Él es Dios, a clamar a Él de todo corazón, a pedirle que sea Él tu Salvador y Señor, a abandonar el mal camino. No pretendas que más adelante tendrás el deseo o la oportunidad de hacerlo. Si Dios te llama hoy, responde hoy.

Estas palabras en cualquier otros labios serían como palabras que se las lleva el viento, pero pongamos atención, es Dios el que las está diciendo. ¿Quién sino Él puede en realidad definir lo bueno? A diferencia de las ofertas del mundo, cuando Dios decreta que algo es bueno, es porque verdaderamente lo es. Isaías 55:3: “Presten atención y vengan a mí… haré con ustedes un pacto eterno, conforme a mi constante amor por David.” Tan ciertas son sus palabras y sus promesas que se puede decir que son un convenio inquebrantable entre Él y aquellos que confían en su Nombre. Él es digno de que pongamos en Él nuestra confianza. A tal punto es grande su fidelidad que es comparada con las promesas que hizo al rey David. Dios le brindó a David promesas maravillosas, le dijo que un hijo suyo se sentaría para siempre en el trono de Israel.

Isaías 55:6-7: “Busquen al Señor mientras se deje encontrar, llámenlo mientras esté cercano. Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos.”

Isaías 55:7: “Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar, y de Él recibirá misericordia”. Él es generoso para perdonar. Quizás te está costando mucho aceptar que Dios pueda perdonarte, pero parte de la grandeza de Dios es su disponibilidad a perdonar a aquel que se arrepiente. Su misericordia es la compasión que Él siente por el que reconoce su maldad y su necesidad. La mayor manifestación de su misericordia la vemos en la cruz de Cristo. Allí, el perfecto Hijo de Dios entregó su vida por nuestros pecados. Vuélvete a Dios y serás saciado de alimento verdadero que permanece para siempre.

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Por último, cuenta cuántas respuestas correctas tienes, divídelo entre 15 y multiplícalo por 100, para saber tu puntaje porcentual.

Punteo:

1. La vida de Sansón. 2. La vida del profeta Elías. 3. La historia de Abraham, Isaac y Jacob. 4. Cuando Moisés sube al Monte Sinaí para recibir las tablas de la ley. 5. La historia de los 12 espías que fueron enviados a Canaán, y 10 de ellos tuvieron miedo de los gigantes, pero Josué y Caleb confiaron en el poder de Dios. 6. Cuando el pueblo cruza el río Jordán sobre tierra seca. 7. La historia de una mujer moabita, que decide seguir a su suegra a Israel para ser parte del pueblo de Dios.

Responde en el espacio en blanco el nombre del libro bíblico que contiene la historia descrita. Todas las respuestas corresponden al Antiguo Testamento.

Si deseamos ser fuertes en nuestra fe, es nuestro deber como cristianos el leer la Biblia. La Palabra de Dios es un arma poderosa de guerra y es la guía en nuestro caminar cristiano. Si has leído bastante, sabrás contestar sin problemas las siguientes preguntas. ¡¡¡Pero si no sabes las respuestas, es que llegó la hora de leer ávidamente la Biblia!!! -

13. Nombres de los dos libros que narran el regreso del cautiverio del pueblo de Israel a su tierra, teniendo como tema principal la reconstrucción del templo y los muros de Jerusalén. 14. La historia de David y Goliat. 15. La historia de un hombre justo que sufre por la pérdida de sus hijos, sus posesiones y su salud bajo la voluntad de Dios.

12. Dios preguntó, ¿a quién enviaré? Y este profeta dijo: “Envíame a mí”. En ese instante, un querubín tocó sus labios con un carbón encendido tomado del altar.

11. La historia de un joven que se va cautivo a Babilonia, y lo ponen como eunuco al servicio del rey. Allí tiene la revelación profética del futuro de Israel.

8. La historia de una mujer judía, que se casó con el rey de Persia y quien, por su intercesión, salvó de la muerte a su pueblo. 9. Los pensamientos sabios de Salomón puestos en forma poética. 10. Una serie de poemas y cantos escritos por David y otros cantores.

¿Conoces el contenido de cada libro de la Biblia?

RESPUESTAS: 1. Jueces 2. 1 Reyes 3. Génesis 4. Éxodo 5. Números 6. Josué 7. Rut 8. Esther 9. Proverbios 10. Salmos 11. Daniel 12. Isaías 13. Esdras y Nehemías 14. 1 Samuel 15. Job

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Revista Agua Viva Julio-Septiembre 2012