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Año 14 · Nº 64 · Enero-Marzo 2014

UN RENUEVO ESPIRITUAL

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Qué es la Ceguera Espiritual?

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¿En dónde están cimentados mis pies?

www.revistaaguaviva.com


Año 14 · Nº 64 · Enero-Marzo 2014

Consejeros Espirituales Fernando Saravia Marianela de Saravia

Contenido

Editora Lorena Farrach Asesor Administrativo Francisco Castañeda Redactores Osberto Ruano Lissette de Archila Lourdes de Castañeda Cesar Castañeda Armando Molina

Corrección de Texto Paola de Pajares

La Buena Noticia

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Libres

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Hoy en el Mundo ¿Qué es la Ceguera Espiritual?

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Espada de la Palabra Generación tras generación: La fidelidad de Dios

Diseño Gráfico Rony Chiché Impresión CIFGA

Los Milagros Continúan El faro: Un lugar de bendición

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Decisiones ¿En dónde están cimentados mis pies?

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Mujeres de Proverbios Enfrentando las contrariedades de la vida ...

Vida de Alabanza

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No es vuestra la guerra, sino de Dios

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Entretenimiento Trivia de la Bibiia

escribenos@revistaaguaviva.com


Editorial ¡Decidan hoy a quien van a servir! Cuando Josué estaba ya por morir, convocó a los israelitas en Siquem y entre las cosas que les dijo ese día fue: Josué 24:12 “Por todo esto, respeten al Señor y sírvanle con sinceridad y lealtad. Apártense de los dioses que sus antepasados adoraron a orillas del rio Eufrates y en Egipto, y sirvan al Señor. Pero si no quieren servir al Señor, decidan hoy a quien van a servir: si a los dioses a los que sus antepasados servían a orillas del Eufrates, o a los dioses de los amorreos que viven en esta tierra. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.” Y en Josué 24:24: los israelitas respondieron “Nosotros serviremos al Señor nuestro Dios, y haremos lo que Él nos diga.”

Hoy te toca a ti decidir, así como muchos años atrás lo hicieron los israelitas, sobre qué fundamento quieres vivir tu vida…. sí amando, escuchando y obedeciendo la voz de Dios o siguiendo las pasiones de tu carne, lo que el mundo te ofrece o lo que el diablo te induce a hacer… Hoy, como aquel día en Siquem, es día de decisión, y como dice en Deuteronomio 30:19: “En este día pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que les he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendición y la maldición. Escojan, pues, la vida, para que vivan ustedes y sus descendientes; amen al Señor su Dios, obedézcanlo y séanle fieles, porque de ello depende la vida de ustedes y el que vivan muchos años en el país que el Señor juró dar a Abraham, Isaac y Jacob, antepasados de ustedes.” No es casualidad que te encuentres leyendo esta revista en este momento, sino que es un esfuerzo más del amor de Dios por alcanzar tu vida. En Juan 10:10 dice: “El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia.” Hoy, todo lo que tienes que escoger y decir de corazón a Dios es: quiero vivir para ti, ayúdame y enséñame a vivir a tu manera, en el nombre de Jesús, amén.

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La buena noticia Libres

Por: Osberto Ruano

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“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud”. (Gálatas 5:1)

xisten al menos dos posibilidades de ser libre: de una prisión o de un amo que te somete a esclavitud. Una prisión implica un lugar, sin opción de salir, mientras que un amo implica una persona que tiene poder y autoridad sobre tu vida. Para experimentar la libertad, primero tuviste que haber experimentado el encierro y la esclavitud. Aquí surgen varias preguntas: ¿Te sentiste alguna vez esclavo?, ¿De qué o de quién has sido esclavo?, ¿Qué resultados ha dado la esclavitud en tu vida? Observemos el siguiente pasaje: Juan 8:31-36 “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”. Para experimentar la libertad que Jesús te ofrece, el primer paso es reconocer que estás en una prisión llamada “Poder de las tinieblas”, lugar que está condenado a la muerte eterna y al infierno; es como una barca, que se hunde, cuyo capitán es Satanás, y para que la gente no se salga les pone “distractores” para evitar que miren el barco salvavidas que está muy cerca de ellos.

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En esta prisión, tu amo principal es el Diablo. Veamos lo que dice Efesios 2:1-2: “Antes estabais muertos a causa de las maldades y pecados en los cuales anduvisteis, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”. Cristo, el Salvador y libertador, es el único que te puede sacar de esa prisión. Colosenses 1:13 dice: “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”.

¿Eres esclavo? Todos al nacer traemos un sello grabado en nuestro corazón que dice “condenado a muerte” y lo peor es que lo ignoramos. Juan 3:19 dice “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas”. Pero cuando recibes a Cristo en tu corazón te libera de la condenación a la muerte eterna, Juan 5:24 dice: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. Este es un buen momento para hacerte una pregunta: ¿Sabías que estabas en esa prisión llamada poder de las tinieblas haciendo la voluntad del Diablo? ¿Eres esclavo de la condenación eterna?, si tu repuesta es afirmativa, entonces permíteme hacerte la pregunta más importante de toda tu vida: ¿Te gustaría pasar de muerte eterna a vida eterna? Si tu respuesta es: “Si”, permíteme guiarte en una sencilla oración… Léela en voz audible y cree con tu corazón: Señor Jesús, perdona mis pecados, confieso que te necesito, y te pido que entres en mi corazón. Te recibo como mi Señor y Salvador, gobierna tú mi vida. Amén.

¿Pecas porque eres esclavo del pecado? Tu respuesta depende de en qué etapa de tu vida estás, si antes o después de Cristo. Déjame explicarte: Hasta antes de recibir a Cristo pecabas porque eras esclavo del pecado, tu única opción era pecar, porque el pecado era uno de tus amos, pero al recibir a Cristo en tu corazón, también te liberó del poder del pecado y ahora el pecado ya no tiene poder sobre ti. Luego… ¿Quiere decir que ya no pecas más? Quien dice que ya no peca, es un hipócrita y haría mentiroso a Dios (1 Juan 1:10) “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros”. Nadie por muy ungido que sea, puede decir que es tan espiritual que ya no tiene luchas y caídas. Aquí te presento algunas luchas o caídas con las que te podrías identificar: adulterio, fornicación, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, malos pensamientos, hurto, avaricia, la maledicencia, soberbia, insensatez, mentira, murmuración, rebeldía, pereza, vicios. (Listado tomado de Gálatas 5:1921 y Marcos 7:21-22). Un vicio es algo que te esclaviza, que roba tu tiempo, tus emociones, tu salud, tu sueño; en una palabra, tu libertad.

¿Te gustaria pasar de muerte eterna a vida eterna?

Entonces, ¿Quiere decir que si pecas regresas a ser esclavo del pecado? Tienes dos opciones: si confiesas tus pecados y pides perdón por ellos, la Sangre de Cristo te limpia y te libera, pero si practicas el pecado, tu conciencia se cauteriza y puedes regresar a ser esclavo del pecado. Cristo ya te liberó del poder del pecado, pero respeta tus decisiones, y te dice en Gálatas 5:1 que permanezcas firme en la libertad que costó su preciosa Sangre y que no te vuelvas a someter a la esclavitud del pecado. Si te advierte que no regreses a la esclavitud, es porque existe la posibilidad de que habiendo sido liberado, vuelvas a ser esclavo.

Cristo, nuestra libertad La verdadera libertad, sólo te la puede dar Cristo y si ya has gozado de ella, probablemente te estarás haciendo una pregunta: ¿Cómo puedo permanecer firme en esa libertad?. Es interesante observar lo que dice Juan 8:37 “Sé que sois descendientes de Abraham; pero quereis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros”. Dice la Biblia en Juan 1:12 que cuando recibo a Cristo soy hecho hijo de Dios. Ellos eran hijos de Abraham y querían matar físicamente a Jesús, pero cuántos hijos de Dios no quieren sacar a Cristo de sus vidas. Su Palabra no encuentra cabida en ellos porque están tan llenos del mundo, de sus propios criterios, tan llenos de si mismos, que no hay espacio para la Palabra de Cristo. Si inviertes tu vida en conocer cada vez más a Dios por medio de su Palabra y de buscar su Presencia, el resultado es que te vas a enamorar perdidamente de Él, y como resultado de ese enamoramiento, la única esclavitud en tu vida, va a ser para con Dios y es por amor, con resultados de total bendición, paz y gozo en tu vida.

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Hoy en el mundo

¿Qué es la Ceguera Espiritual?

Por: Lissette de Archila

Ceguera espiritual: se denomina así al hombre que camina en ignorancia espiritual, en oscuridad de entendimiento. Es el aspecto de la naturaleza humana, por la cual la persona se encuentra completamente incapacitada para poder comprender las verdades espirituales y aceptarlas como fe salvadora. Cuando estamos ciegos espiritualmente, no vemos la vida como Dios la ve. 8

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ntes de que Jesús partiera de la tierra, dejó una tarea muy importante a la iglesia: Ir y hacer discípulos por todas las naciones, bautizarles y enseñarles a guardar las cosas que Jesús había mandado (ver Mateo 28:18-19). En otras palabras, nos dejaba la tarea de tomar la iniciativa de acercarnos a las personas que aun no conocen a Jesús, predicarles, y luego enseñarles lo que dice la Biblia. Cuando me convertí a Dios, me tomé esta tarea muy en serio. Lo primero que hice fue predicar este nuevo mensaje en mi casa. Lo transmití a mi esposo, a mis hijos, a mis parientes, amigos, y a todo al que encontraba. No tardé mucho tiempo en descubrir que la tarea era mucho más difícil de lo que pensaba pues sólo el Espíritu Santo puede convencer a otros de la verdad. Es más, descubrí que hablarles de Jesús a otras personas era exponerme a rechazo y humillación constante. Por supuesto, cometí muchos errores. Quería convencerlos de manera insistente de que la Biblia era lo correcto, y ellos estaban equivocados. Compraba libros para que los leyeran, les dejaba mensajes grabados, los invitaba a reuniones cristianas, y más. Algunas personas tomaron interés en el mensaje de salvación, y esto los llevó a nacer de nuevo. Pero la mayoría de las personas no quisieron escuchar, y mi insistencia alejó más su deseo de acercarse a Dios.


Cuando llegó el tiempo perfecto de Dios para que yo lo conociera, me buscó a través de una persona que me llevó a un retiro espiritual. En ese retiro, mi ceguera espiritual y mi sordera comenzaron a desvanecerse. En cuanto la luz del evangelio entró en mi, comencé a entender el amor de Dios y su palabra. Los velos de ceguera espiritual me eran quitados conforme leía la Biblia y me unía a Dios en oración. Han pasado muchísimos años desde entonces, y a mayor acercamiento a Dios, mayor es mi entendimiento. Pero ahora me duele mucho que muchas de las personas que amo entrañablemente no tengan la misma percepción de Dios que yo tengo. A pesar de ver mi gozo y el testimonio de Jesús en mi vida, no muestran interés en una salvación personal. Están tan sumidos en la oscuridad como lo estuve yo, y por más que les hable del evangelio, no lo entienden.

El rechazo al evangelio El rechazo al evangelio le pasó incluso a Jesús. Él era la luz, y vino a los suyos, y ellos mismos ni lo reconocieron, ni lo aceptaron. (Juan 1:11 ) Esto me intrigaba mucho. Según yo, todas las personas quedarían tan convencidas como yo de la necesidad de tener una relación de amor e intimidad con Dios. Pero en poco tiempo descubrí que la gran mayoría no estaban interesados en buscar a Dios y conocerlo profundamente. Muchos dudaron de que la Biblia fuera la verdad absoluta. Cuando la leen o escuchan, no la entienden porque están sordos y ciegos a la luz de Dios y, por lo tanto, a su palabra. Están sumidos en la oscuridad espiritual, y no pueden entender el evangelio.

Yo misma estuve en esa oscuridad mucho tiempo, hasta que Dios me llamó. Hubo en mi vida varias personas que me invitaron a tener a Jesús en mi corazón, y los rechacé hasta el punto en que me burlaba de ellos, porque me parecían locos fanáticos, personas raras con las cuales no quería nada que ver. Asistí a varias iglesias por invitación de personas conocidas, y les he de confesar que me sentía incómoda estando allí. No tenía el deseo de sacrificar los deleites de mi vida mundana por algo que me parecía puritano y extraño. Cuánto agradezco el día en que Dios me convenció de buscarlo más de cerca. Viéndolo en retrospectiva, entiendo que una voz audible sólo en mi corazón, la cual identifico como el Espíritu Santo, me invitó a acercarme a Dios.

¿Cuál es el origen de la ceguera espiritual? Se origina en las personas que no desean abrir los oídos y ojos al Espíritu Santo y por eso no pueden entender la verdad espiritual. No pueden obedecer ni hacer la voluntad de Dios, porque tienen un velo que no los deja ver lo que está escrito en su palabra, la Biblia. Pablo se refiere en 2ª Corintios 3: 7-18; 4:1-6 a los velos espirituales. Habla del “dios de este siglo” que, sin duda, es Satanás, como el causante de que los velos sean puestos en las personas para que no puedan entender el mensaje del evangelio. Por medio de la esclavitud al pecado, el orgullo y la incredulidad, mantiene la mente de los incrédulos velada a la verdad.

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2 Corintios 4:4 dice: “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. La Biblia nos explica que un corazón endurecido por el orgullo y el pecado tiene un velo de ceguera. Somos sordos y ciegos a su luz y, por supuesto, esclavos del pecado. Sin saberlo, antes de llegar a ser salvos por el sacrificio de Jesús en la cruz, todo hombre está cautivo en su ceguera. Satanás se encarga de engañarnos con placeres mundanos, falsas religiones y con humanismo como fuente de vida para nosotros. Nos mantiene ciegos a la palabra para que no podamos ser libres. Nos seduce con mentiras para que no busquemos a Dios, y seguimos la voz del enemigo sin entender que jamás encontraremos la paz verdadera en su camino. Cuando una persona está presa por la ceguera espiritual, no puede entender cuando le hablamos de Dios. Está sorda a la verdad, con su conciencia velada. Seguramente le falta paz en su vida, pero no entiende que el camino a la cruz de Jesús es lo que le hará dichosa.

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¿Qué podemos hacer para ayudar? Isaías 29:18 dice: “En aquel tiempo los sordos oirán las palabras del libro, y los ojos de los ciegos verán en medio de la oscuridad y de las tinieblas”.

Tres armas nos da Dios para sacarle de su prisión: Primero, la intercesión constante. Debemos orar por esa persona hasta ver su salvación. Debemos tomar autoridad en el ámbito espiritual, y declarar que se derriban las fortalezas de ceguera espiritual que tienen presa a esa persona. Orar contra los espíritus de engaño y confusión, contra falsas doctrinas, la rebeldía, el orgullo, las adicciones y cualquier otra situación que lo tenga preso. Luego, declarar que la luz de Cristo destruye la oscuridad espiritual de esa persona, y que su entendimiento es alumbrado para comprender el mensaje de salvación. Debemos orar por su arrepentimiento de todo pecado, y porque le sea revelada la gracia y el amor de Dios en lo más profundo de su ser.

Segundo, dar un buen testimonio en nuestra vida. Cuando nuestros seres amados ven el cambio en nuestra forma de ser, y nos ven llenos de gozo, querrán tener lo que nosotros tenemos. El testimonio de un cristiano es poderoso para la conversión de otros, porque transmite vida y paz verdadera. Debemos ser muy cuidadosos de predicar de Cristo a través de nuestras reacciones y nuestra forma de ser. Tercero, dar amor incondicional a la persona. No juzgarla ni criticarla, haciéndola sentir mal por lo que hace. El amor incondicional y el constante perdón es poner en acción el carácter de Cristo, y estamos predicándole de Su amor sin que él o ella lo sepa. Cuida de nunca hacerle sentir juzgado por lo que hace, porque provocará que se aleje de ti. En lugar de ello, hazle saber que lo aceptas así como es, ya que Dios te dará la fuerza para amar a esta persona y guiarla a Él con sabiduría. No le des bibliazos!!! En vez de eso, usa el amor y la paciencia para que sean atraídos al Dios que le predicas!!


Espada de la palabra Generación tras generación: La Fidelidad de Dios

Por: Armando Molina

De entre todas las características maravillosas de Dios, la fidelidad es una de las que se menciona más frecuentemente en la Biblia. Esta fidelidad es ese aspecto de su carácter por el cual sabemos que Él es firme y confiable.

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irme en la lealtad a sus promesas o en cumplir su deber y confiable de tal manera, que podemos esperar que hará lo que ha dicho que hará.

A lo largo de toda su Palabra, Él nos recuerda y nos afirma que su pacto y sus promesas son fieles, esto quiere decir inquebrantables. Tan es así que su fidelidad a sus promesas es más fuerte que las leyes de la naturaleza. Así como estamos seguros que el día sigue a la noche y que el invierno sigue al verano, aun más seguros podemos estar que Dios cumplirá lo que ha dicho. Primero, las leyes de la naturaleza fallarían antes que él deje de cumplir su Palabra, Jeremías 33:20 dice: «Así dice el Señor: “Si ustedes pudieran romper mi pacto con el día y mi pacto con la noche, de modo que el día y la noche no llegaran a su debido tiempo, también podrían romper mi pacto con mi siervo David, que no tendría un sucesor que ocupara su trono, y con los sacerdotes levitas, que son mis ministros.”

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El arcoiris Dios, en su sabiduría, escoge formas de recordar sus promesas y sus pactos con su pueblo, no porque Él necesite hacerlo, sino porque nosotros necesitamos recordarlo. Una de estas señales es el arco iris. Dios le dijo a Noé cuando éste salió del arca, que nunca mas iba a destruir la tierra con un diluvio (Gen 9: 11-13), a partir de ese momento, cada vez que Noé miraba el arco iris se podía acordar de la promesa de Dios. Mucho más adelante, en el último libro de la Biblia (Apocalipsis), volvemos a encontrar un arco iris. Lo encontramos justamente en el centro del universo: alrededor del trono de Dios. Apocalipsis 4:2-3: “Y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.” Esto significa que es imposible ver a Dios sin al mismo tiempo ver la señal de su fidelidad. Dios mismo escoge adornarse con la señal de su pacto. La fidelidad de Dios embellece su trono. En cualquier lugar de Su Palabra que veamos, ya sea en los profetas, los evangelios, las epístolas, los libros históricos, etc. encontramos la fidelidad de Dios actuando a favor de su pueblo, cumpliendo sus pactos y sus promesas. Vemos la fidelidad de Dios en sus promesas, en su perdón, en su corrección y hasta cuando nosotros somos infieles.

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Fiel en sus promesas Fiel en sus promesas. Dios es fiel a sus pactos, alianzas y promesas, Él no se olvida de su Palabra, no la quebranta, nunca duda cuando hace una promesa, ni le falta el poder para cumplirla. Deuteronomio 7:9 dice: “Reconoce, por tanto, que el Señor tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel, que cumple su pacto generación tras generación, y muestra su fiel amor a quienes lo aman y obedecen sus mandamientos”

Fiel aun cuando nosotros somos infieles Humanamente la tendencia de muchos de nosotros es que cuando una persona nos falla o nos traiciona, inmediatamente tomamos la determinación en nuestro corazón de olvidarnos de ella o de pagar con la misma moneda. En contraste a esto, la fidelidad de Dios se extiende mucho más allá de nuestra propia infidelidad. Sin importar cuánto me hayamos descarriado, sin importar el tiempo que ha pasado, el Señor nos dice que Él continuará siendo fiel. Dejar de ser fiel sería contrario a su naturaleza. 2 Tim 2:13: “si somos infieles, él sigue siendo fiel, ya que no puede negarse a sí mismo.” Ahora bien, no debemos interpretar esta fidelidad de Dios en toda circunstancia como una aceptación desinteresada de nuestros malos caminos. Parte de sus promesas nos habla de su firmeza e interés en disciplinarnos cuando hacemos mal y no nos arrepentimos. Pero recordemos que aun cuando nos reprende, lo hace en su fidelidad. Podemos, en todo tiempo, estar confiados que hasta en su

disciplina Él está actuando en base a sus pactos de amor y de paz (Jeremías 46: 28). Proverbios 27:6 “Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece.” Jeremías 46:28 “Tú, Jacob, siervo mío, no temas, porque yo estoy contigo —afirma el Señor—. »Aunque aniquile a todas las naciones por las que te he dispersado, a ti no te aniquilaré. Te corregiré con justicia, pero no te dejaré sin castigo.»” También es fiel en perdonar. Qué maravilloso es tener esta promesa de perdón. Dios no se va a aburrir de perdonarte, por mucho que el enemigo quiera desalentarte y apartarte de Él cuando has caído. 1 Juan 1:9 “Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.”

¿Cuál debe ser nuestra respuesta ante esta fidelidad? La fidelidad de Dios es una fuente poderosa de paz en medio de las tribulaciones de la vida (Sal 27: 13-14). Jesús, con sus palabras, también nos conforta y asegura que está con nosotros hasta el final: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, (Mat 28:20). La fidelidad de Dios nos llena de alabanza y confianza, no nos rendirnos ante las dificultades de la lucha porque Él no nos desamparará. (Heb 13: 5). En resumen, al conocer que Dios es fiel puedo acercarme a Él con seguridad; puedo hablarle en cualquier momento y situación, recordarle sus promesas y pedirle que actúe en base a lo que ha dicho que hará.


Los milagros continúan

El Faro: Un lugar de bendición

Por: Lorena Farrach

En Chicago en el año 2000... “Todo comenzó con un sueño en el corazón de Phil Ephraim, fundador del Campamento El Faro.

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uando Phil viajó a España, tuvo la oportunidad de conocer a Miguel Diez, fundador de REMAR (Rehabilitación y Reinserción de Marginados) y le impactó cómo Miguel, con la ayuda de Dios, podía ayudar a tantas personas alrededor del mundo, pero lo que más le impresionó fue que Miguel podía hacer esto,a pesar de no tener ninguna empresa, mientras que él, que tenía una empresa, no ayudaba a nadie.“, nos cuenta David Vásquez, administrador de El Faro. “Así que, con la idea de comenzar a ayudar,en el año 2003 se le presentó la oportunidad de comprar un terreno que remataban en Punta de Palma, Izabal, Guatemala y, sin ni siquiera ver el terreno, pero con la guianza de Dios, lo compró.

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En enero de ese año,Phil fue con su familia a conocer el terreno, sin saber para qué lo iba a usar. Su familia pensó que había sido una muy mala idea comprarlo, pues no se le veía mucho potencial. El Señor marcó en Phil un proceso claro para trabajar en El Faro: primero se gatea, después se camina y, por último, se corre. Con esto en mente, Phil, con entusiasmo y sin una idea muy clara sobre lo que iba a construir, comenzó primero haciendo un pozo de agua. De esta forma,el crecimiento de El Faro se ha ido dando siempre conforme a las necesidades que han ido surgiendo, construyendo poco a poco un campamento. Ha aprendido a ser fiel en lo poco, para que Dios lo siga guiando a más.”

En Guatemala, en el año 2003… “Al mismo tiempo, en el año 2003”, -sigue contándonos David Vásquez,- “nos casamos con mi esposa Zita, con el sueño de hacer un campamento, un orfanato, un hospital, y un colegio. Y Dios nos habló en Habacuc 2:3.

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“Escribe en tablas de barro lo que te voy a mostrar, de modo que pueda leerse de corrido. Aún no ha llegado el momento de que esta visión se cumpla; pero no dejará de cumplirse.” Así que hicimos los planos en grande, tal y como Dios nos lo dijo. En ese lapso de tiempo se presentaron algunas propuestas de inversiones del proyecto, mismas que nunca se concretaron y que en el fondo sabíamos que no eran las correctas. Eso nos hizo meditar que para la próxima vez debíamos estar seguros que Dios era el que guiaba nuestros pasos. En diciembre de 2004, un amigo nos invitó a comer a su casa y me pidió que llevara un CD con el proyecto, para dárselo a un amigo misionero que iba para España. Pero, en su ruta, primero debía hacer una parada en Chicago, Estados Unidos, para predicar en una iglesia.Así que se lo entregué. En enero de 2005 mi amigo misionero se comunicó conmigo y me dijo que por favor le enviara otra copia del proyecto, que era una larga historia pero que Phil Ephraim se iba a comunicar conmigo.

Nuestros proyectos eran muy similares Cuando Phil me llamó,me dijo que estaba impresionado de que los planes de su proyecto eran muy similares a los míos, así que habían dos posibilidades: o le estaba robando la idea o el mismo Dios estaba poniendo la misma visión en ambos. Además, agregó: “Al parecer tienes la visión, pero no tienes los recursos y a mí Dios me ha dado los recursos, pero no tengo quien lo haga….” “Entonces decidí ir a ver el proyecto”, dice David, “pero la noche anterior, ya en Izabal, Dios fue muy claro en indicarme que no era el tiempo de tomar este proyecto” “Entonces fui al proyecto y le dije a Phil que yo sentía que no era mi visión, pero que le podía dar varias recomendaciones, como: hacer una cocina, un área de recreación, un comedor y también le dije que le quería pedir favor, como pastor de jóvenes de mi iglesia, que si en el mes de julio pudiera traer a los jóvenes a un campamento. Cuando me fui de ahí, le reclamé a Dios por qué me daba una oportunidad tan grande y después me la quitaba. “Y ahora ¿qué vas a hacer conmigo? Siento que me dejaste en el aire…”


Entonces se acercó a mí la Asociación Billy Graham del proyecto “Mi Esperanza” para manejar los medios cristianos para este proyecto por un año; lo cual acepté. Y durante ese año nació mi primera hija y el Señor iba supliendo todo de una manera muy especial. En julio de 2005, fui con los jóvenes de la iglesia al campamento en El Faro y allí estaba Phil para ver que todo estuviera bien, y me volvió a proponer por segunda vez que trabajara con él, pero nuevamente no acepté.

El tiempo de Dios El 1 de noviembre del 2005, justo cuando se terminó el proyecto de “Mi Esperanza”, le pregunté al Señor: “Y ahora ¿qué vamos a hacer?” Ese día me llamo una amiga profeta y me dijo:“Llevo 2 semanas de no dormir por el mismo sueño y se los quiero decir, porque yo no lo entiendo: veo un faro, un muelle y a ti, a Zita y a tu hija ahí. Esto para mí no tiene sentido, pero Dios me dijo que ustedes lo iban a entender.” Entonces supimos que era el tiempo de aceptar la oportunidad de colaborar en El Faro.

En enero de 2006, Phil me volvió a llamar y me dijo que ya había construido tomando las sugerencias que le había dado en aquella ocasión y que ésta era la tercera y última vez que me volvía a pedir si quería trabajar con él y, entonces, con la seguridad de la guianza de Dios le dije que sí.

Busca apoyar a los ministerios existentes para que puedan hacer mejor su trabajo haciendo, cada quien, aquello para lo que ha sido llamado.

Inicié labores

Yo te puedo decir hoy que cuando estás caminando en la voluntad de Dios, Él no anula tus deseos. Si buscas primero el reino de Dios en tu vida, Él te provee más de lo que puedes esperar. Tenemos los sueños, pero sobretodo hemos confiado en Dios; no hemos ido a tocar puertas, sino que hemos orado y Él nos ha confirmado con qué persona trabajar, aunque no tenga la capacidad en ese momento, pues Dios capacita a sus llamados.“

En marzo 2006 inicié labores y desde entonces para la fecha, nuestra relación con Phil se ha ido fortaleciendo y el Faro ha ido creciendo cada año junto con sus actividades: se han realizado 125 campamentos, tenemos escuela bíblica para las vacaciones, más de 50 eventos, club bíblico los domingos, 15 jornadas médicas, en las que se atienden como 1,000 personas por jornada médica y también se les atiende espiritualmente, tutorías, academia de futbol, clínica dental, jornadas de cirugía, jornadas de construcción, club de jóvenes, escuela de música, entre otros…

Camina en la voluntad de Dios

Proverbios 3:5: ”Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y Él te llevará por el camino recto.”

El Faro es una fundación no lucrativa que busca bendecir a la gente. Lo que entra se reinvierte y se les da ofrenda a los voluntarios y misioneros, no es por un salario sino para ser una plataforma para bendecir a muchos…..

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Decisiones ¿En dónde están cimentados mis pies?

Por: Cesar Castañeda

Cuando caminamos, buscamos ir por el lugar más sólido porque si no, podemos caernos, resbalarnos o desfallecer.

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s importante dónde ponemos los pies, porque también nos podemos parar sobre algo peligroso, inestable o indeseable y, así mismo, en nuestro caminar espiritual debemos ver dónde caminamos, en qué nos cimentamos, dónde está seguro y dónde es inestable para no pasar por ahí. Para comenzar, debo saber si mis pies están puestos sobre un cimiento firme y seguro. El profeta Isaías nos habla de ese cimiento firme: “Por tanto, así dice el Señor Dios: He aquí, pongo por fundamento en Sión una piedra, una piedra probada, angular, preciosa fundamental, bien colocada. El que crea en ella no será perturbado.” Isaías 28:16

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Jesús la piedra angular Luego el Apóstol Pedro nos explica ese pasaje y nos dice quien es esa “Piedra angular”: “Jesucristo es “la piedra que desecharon ustedes los constructores, y que ha llegado a ser la piedra angular”. De hecho, en ningún otro hay Salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos.” (Hechos 4:11-12) Por consiguiente, debemos creer en Él y así tener una base firme para nuestra vida. Más adelante nos escribe en su carta, la siguiente invitación: “Acérquense, pues, al Señor, la piedra viva que los hombres desecharon, pero que para Dios es una piedra escogida y de mucho valor.” 1 Pedro 2:4

¿Cómo está tu vida? ¿Sobre qué base están caminando tus pies? Sobre las arenas movedizas del pecado que te botan una y otra vez, sobre la inseguridad y el temor, sobre la bases falsas de las “buenas obras” o del “yo no necesito de Dios porque soy bueno” que, cuando menos lo esperamos, nos dan la sorpresa que son inestables y que no son confiables. Reflexiona, arrepiéntete de tu pecado, de tu maldad, y entrégale el control de tu vida, qué Él sea tu Señor y Salvador y verás que al ponerlo como Roca, como cimiento, será el primer paso firme a una nueva vida en Cristo Jesús. ¿Por qué tengo que cimentar mi vida en Él? La Biblia nos habla de que Su carácter es firme y estable, es confiable y permanece para siempre.

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La Palabra de Dios nos describe cómo es Él y por qué es digno de confianza. Veamos algunos pasajes: “Él es la Roca, sus obras son perfectas, y todos sus caminos son justos. Dios es fiel; no practica la injusticia. Él es recto y justo.” (Deuteronomio 32:4). A medida que vamos experimentando Su carácter en nuestra vida, vemos como Su Palabra se cumple, en medio de las circunstancias permanece fiel y justo. El Rey David lo escribió, porque lo pudo experimentar mientras era perseguido por el rey Saúl que lo quería matar por envidia y lo libró de todos sus enemigos.

El Señor es mi Roca Es mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite! Él es mi protector y mi Salvador. ¡Tú me salvaste de la violencia! Invoco al Señor, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos.” (2 Samuel 22:1-4). También en los Salmos lo describe así: “Tú, Señor, eres mi fuerza; ¡yo te amo! Tú eres mi protector, mi lugar de refugio, mi libertador, mi Dios, la Roca que me protege, mi escudo, el poder que me salva, mi más alto escondite.” (Salmo 18:1-2). Por eso tengo que cimentar mi vida en Él porque es seguro y, además, es confiable.

Él endereza nuestros pasos Si nosotros le permitimos actuar en nuestra vida, creyéndole y obedeciéndolo, Él enderezará nuestros pasos y limpiará el camino, y aunque luchemos contra

los enemigos del alma como el pecado y la maldad, nos ayudará. “El camino del Señor es perfecto; la palabra del Señor es intachable. Escudo es Dios a los que en él se refugian. ¿Quién es Dios si no el Señor? ¿Quién es la roca si no nuestro Dios? Es Él quien me arma de valor y endereza mi camino; da a mis pies la ligereza de venado, y me mantiene firme en las alturas… Me has despejado el camino así que mis tobillos no flaquean.” (Salmo 18:30-33,36)

Él escucha nuestro clamor Hay momentos en los que estamos angustiados, tenemos problemas y en medio de las circunstancias difíciles Él escucha nuestro clamor, nuestra oración. “A ti clamo, Señor, Roca mía; no te desentiendas de mí, porque si guardas silencio, ya puedo contarme entre los muertos. Oye mi voz suplicante cuando a ti acudo en busca de ayuda, cuando tiendo los brazos hacia tu lugar santísimo” (Salmo 28:1-2). Por esto, es necesario que busquemos a Dios en oración, y el Señor nos escuchará y sentiremos cómo afirma nuestros pies en medio de nuestra situación. “Inclina a mí tu oído, y acude pronto a socorrerme. Se tú mi roca protectora, la fortaleza de mi salvación” (Salmo 31:2).


Él es nuestro refugio Así mismo, el Señor es refugio para el cansado, ya que en Él se encuentra reposo, es la respuesta para el necesitado, para el que le busca con una necesidad, sea de salud, económica, espiritual, en las relaciones con los demás, Él nos refugia en sus brazos y sentimos consuelo. “Desde los confines de la tierra te invoco, pues mi corazón desfallece; llévame a una roca donde esté yo a salvo, porque tú eres mi refugio, mi baluarte contra el enemigo. Anhelo habitar en tu casa para siempre y refugiarme debajo de tus alas.” Salmo 61:2-4 (leer también Salmo 62:2,6-7). Podemos derramar nuestro corazón y sentir alivio, podemos ir a Él en busca de una palabra de aliento, y la encontraremos. “Sé para mí una roca de refugio, a la cual pueda ir continuamente; tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.” (Salmo 71:3) Más adelante el salmista nos dice que Él nos libra de la mano del impío, del malhechor y violento, y esto es bello ya que Él nos ayuda con los que quieren hacernos daño.

“Porque en el día de la aflicción Él me resguardará en su morada; al amparo de su tabernáculo me protegerá, y me pondrá en alto, sobre una roca” (Salmo 27:5).

El hacer Su voluntad pone mis pies sobre la Roca Al final del sermón del monte, Jesús nos alerta en que debemos ser hacedores de Su Palabra y no tan sólo oidores de ella. El hacer Su voluntad pone mis pies sobre Roca y no sobre arena. “Por tanto, todo el que oye mis palabras y las pone en práctica es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; con todo, la casa no se derrumbó, porque estaba cimentada sobre la roca. Pero todo el que oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los ríos, soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina” (Mateo 7:24-27).

Así que debemos acercarnos a la Palabra de Dios con un corazón atento y dispuesto, pidamos al Espíritu Santo que nos ayude y Él nos revelará cosas hermosas; pero además, hagamos lo que Dios nos diga a través de Su Palabra, esto nos hará prudentes y no insensatos y nos hará tener los pies firmes sobre la roca.

Edifiquemos nuestra vida en Él Luego de poner a Cristo como la base de nuestras vidas, debemos edificar sobre Él, para construir una vida que sea conforme a Su voluntad y llegar a ser morada de la presencia de Dios. “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular. En él todo el edificio, bien armado, se va levantando para llegar a ser un templo santo en el Señor. En él también ustedes son edificados juntamente para ser morada de Dios por su Espíritu.” (Efesios 2:20-22) Además, viviendo una vida conforme a Sus principios: “Por eso, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, vivan ahora en él, arraigados y edificados en él, confirmados en la fe como se les enseñó, y llenos de gratitud” (Colosenses 2:6-7).

Somos piedras vivas Por último, nosotros somos piedras vivas y debemos de edificarnos todos los creyentes como un edificio en el Señor para que cada uno pueda ofrecer con su vida actos que le adoren y den gloria a Dios como lo dice Su Palabra: “También ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5).

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Mujeres de proverbios Enfrentando las contrariedades de la vida

Por: Lourdes de Castañeda

La vida está llena de situaciones emocionantes que nos sacuden interiormente y nos hacen experimentar un sin número de sentimientos y pensamientos, unos más agradables que otros.

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H

ay veces que quisiéramos prolongar un momento feliz por la eternidad. Otros, que sentimos deseos de huir a algún lugar donde nadie sea capaz de encontrarnos, y otros, que quisiéramos que no fueran realidad, pues nos causan un profundo dolor. Todos experimentamos estas situaciones, sin embargo, no todos aceptamos de igual manera cada situación. Lo importante es que, tanto unas como otras experiencias, deben provocar en nosotros cambios, y eso es lo más difícil de entender. La Palabra de Dios nos dice en Romanos 8:28, que en TODO interviene Dios para el bien de quienes le aman. Tanto lo que consideramos como bueno, como lo que consideramos malo, Dios desea utilizarlo en nuestra vida para que reconozcamos nuestra pequeñez y Su grandeza. Lamentablemente no es así. El ser humano generalmente se atribuye a sí mismo lo bueno que tiene y culpa a Dios por lo malo que le ocurre. Es incapaz de poder ver que tanto lo que tiene, como lo que no tiene, es por misericordia del Señor.


Solemos ver esta vida como lo único que tenemos. Pensamos sólo en estos pocos años que Dios nos da de vida. La vida que vivimos en esta tierra es una oportunidad que Él nos da para decidir si queremos vivir con él o sin él (o sea, morir) por la eternidad, pero esta vida no es el final de nuestra historia. Debido a la condición caída de la humanidad, este mundo se ha deformado con todo lo que hay en él, incluyéndonos. Vemos dolor, soledad, angustias, miedos, inseguridades, robos, asesinatos, guerras, hambre, pobreza, enfermedades y toda clase de sufrimientos, de los cuales ninguno estamos exentos. Sin embargo, Dios, pudiendo habernos dejado solos en esas condiciones, no lo hizo. “Sabemos que somos hijos de Dios, y el mundo entero está bajo el control del maligno”. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero… y la vida eterna” (1 Juan 5: 19-20). En su maravilloso plan, nos ha tratado con bondad, dándonos también toda clase de bendiciones; la belleza de su creación, familia, amigos y personas a nuestro alrededor, con los cuales convivimos y nos ayudamos unos a otros. Si nos ponemos a meditar en todo esto, reconocemos que Dios es realmente bueno, pues nos dio todo a “buenos y malos” (Mateo 5:45). Pero no se quedó allí, Él mismo vino en persona, despojándose de todo lo que le era propio como Dios y Rey, pues sabía que todas esas bendiciones no podían traernos vida eterna junto a Él. Nada en este mundo puede satisfacer el hambre que tenemos de vivir en plenitud.

Jesús vino a deshacer las obras del diablo Era necesario que Jesús viniera a morir para romper el velo que nos separaba de su presencia. Así que al recibir a Jesús en nuestro corazón, Él comienza una obra regeneradora de todo lo que por el pecado se deformó. Viene a deshacer lo que el diablo hizo. “… para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). Y para hacer esta obra santificadora, ¿adivina de que se vale? Sí de TODO: familia, amigos, trabajo, salud, problemas financieros, peleas, desacuerdos, etc... “…todo opera para bien de quienes le aman… ¿Para qué? para que sean hechos conforme a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:28-29). Pero he aquí el dilema que enfrentamos: si creemos que la vida es para que seamos felices, cuando esto no ocurre, no entendemos nada y nos rehusamos a aceptar las desavenencias de la vida. En lugar de ello, debemos saber que, estamos aquí, primero, para conocer a Dios por medio de su Hijo, eso nos trae la mayor felicidad que un ser humano pueda experimentar. Y mientras más le conocemos, Él va deshaciendo toda imperfección en nosotros para llegar a su estatura.

¿Cómo enfrentar las situaciones difíciles? No es fácil responder a esta pregunta cuando no hemos pasado por todas las situaciones. Sin embargo, todos hemos de pasar por las pruebas que pueden sacar la escoria de cada uno y, aunque la prueba no sea la misma,

Dios sabe el fuego que somos capaces de soportar (1 Corintios 10:13). Para estos momentos de la vida, Dios nos ha dejado varios pasajes en su Palabra que nos pueden ayudar a saber cómo debemos enfrentarlos.

Con Clamor Cuando nos encontramos en una situación que nos aflige y nos duele hasta lo más profundo de nuestras emociones, podemos clamar al Señor, que con seguridad Él nos responde y nos da instrucciones. Clamar es llamar, exclamar, gritar, desahogarse. A Dios no le impresionamos con oraciones solemnes o silenciosas, le atraen más las oraciones sinceras que salen desde lo profundo de nuestro ser. No necesitamos “guardar ante Él la compostura”. Al clamarle, debemos hacerlo con honestidad y humildad, diciendo todo tal y como lo pensamos y sentimos. Eso es el clamor y Él mismo nos dice que lo hagamos. “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3). Ver también: Salmo 18-6, Salmo 55:16, Lucas 18-7, Salmo 119-145.

Con entrega Cuando llegamos ante el Señor a presentarle determinada situación, debemos soltarla en sus manos para que Él pueda encargarse de eso. No se trata solamente de entregarle verbalmente las cosas como solemos hacerlo: “Señor, tú ya sabes que esto me cuesta, te lo entrego”, pero luego pensamos por dentro “ya tengo la solución para esto…” Entregarle al Señor algo, es más que eso. En este punto, muchos encontramos dificultad, ya que entregar significa dejar, soltar, rendirse, despojarse de, morir a. A nadie le es fácil morir a aquello que ha sido parte de sí mismo.

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No queremos morir a la comodidad, a la satisfacción, al placer, a lo conocido, a la seguridad, a tener el control, ni a nada ni nadie que nos proporcione todas estas cosas. Dios, amorosamente, permite situaciones dolorosas que nos llevan a soltarnos de las cosas o las personas que más queremos para darnos algo mejor. Es el tipo de sacrificio vivo que a Él le agrada. Puedo estar en alguna situación muy dolorosa, pero si no estoy dispuesto a morir, esa situación puede prolongarse por mucho tiempo más, y repetirse en una u otro forma. “Ciertamente les aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, se queda solo, pero si muere, produce mucho fruto. El que se apega a su vida, la pierde, en cambio, el que aborrece su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna” (Juan 12:24-25). “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” (Romanos 12:1).

Con confianza Sólo Dios es digno de confianza. Los humanos nos engañamos, nos traicionamos y lastimamos continuamente, las cosas son pasajeras y no duran eternamente. Dios, en cambio, cumple con su Palabra y es fiel, nunca nos abandonará ni dejará. Él no cambiará, es el mismo de ayer, de hoy y de siempre. Nuestros problemas cambiarán y todo en la vida pasará, pero Él no lo hará. La dificultad que tenemos con la confianza en Dios, generalmente radica en el orgullo. Creemos que tenemos mejores soluciones y que sabemos controlar mejor las situaciones.

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Nos cuesta confiar en Dios porque no le creemos, porque no le conocemos y porque, honestamente, no queremos soltar el control de nuestra vida completamente. Muchos hemos experimentado una y otra vez que al entregarle al Señor cierta área de nuestra vida, Él toma el control y lo hace muchísimo mejor, pero al operar en otra área de la vida, nos topamos de nuevo con la misma desconfianza. Debemos comenzar siendo humildes y creyendo en Él como niños. Los niños son sencillos de corazón porque reconocen su debilidad y confían en que los mayores saben más que ellos. Dios nos prueba su fidelidad una y otra vez, no hay que dudar, solo confiar. “En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, Señor, jamás abandonas a los que te buscan” (Salmos 9:10). “El Señor libra a sus siervos; no serán condenados los que en él confían” (Salmos 34:22). “Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él actuará” (Salmos 37:5).

Con agradecimiento y alabanza Al ver desde otra perspectiva los problemas de la vida, brota la alabanza al que todo lo puede, al que todo lo sabe y lo conoce.

Podemos alegrarnos, porque sabemos que esa circunstancia pasajera hará que nuestro carácter sea moldeado a la imagen de mi Amado, aunque nos duela y que, a la vez, Su nombre será exaltado. Es un gozo que va más allá de los sentimientos naturales que pueda estar experimentando. Nuevamente esto no es algo facil de hacer, por algo la palabra habla de sacrificio de alabanza y de gratitud, pero cuando logramos enfocar nuestra mirada en Jesús podemos ver Su victoria y gozarnos en Él. “Alégrense siempre en el Señor… No se inquieten por nada; más bien en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias” (Filipenses 4:4,6). Así que, Dios siempre tendrá una respuesta para cada situación de la vida. Su Palabra nos enseña qué debemos hacer, y podemos estar seguros que Él mismo guiará nuestros pasos para caminar en esta vida. Dejemos pues de resistirle dando nuestras propias soluciones. En la obediencia a Él encontraremos paz y descanso para cada situación. “Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la obedecen” (Lucas 11:28).


Vida de alabanza No es vuestra la guerra, sino de Dios

Por: Osberto Ruano

Si tienes a Cristo en el coraz��n, estás inmerso en una guerra en la que hay enemigos que forman alianza en tu contra: Satanás, el mundo y tu propia carne.

A

l hablar de guerra, implícitamente se está hablando de enemigos, de un campo de batalla, de armas, de estrategias de guerras, de varias batallas y de un ganador y un perdedor. Tu carne es como un espía infiltrado en tu territorio, con la misión de destruirte. En Juan 10:10b dice que la misión del enemigo es robar, matar y destruir. Déjame decirte que tu alma fue ocupada abusivamente por el enemigo. El campo de batalla está en tu interior, en tu alma, el terreno que Dios ha determinado conquistar, claro, siempre y cuando tú se lo permitas. En 1 Juan 3:8b dice: “Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”.


Estrategias de la guerra Las estrategias de guerra están en la Biblia, la Palabra de Dios. Y lo más lindo es que allí puedes encontrar no sólo las estrategias de Dios a seguir para obtener la victoria, sino también puedes conocer las que el enemigo va a usar en tu contra, lo cual hace mucho más fácil tus batallas. Vas a librar batallas en las diferentes áreas de tu vida: espiritual, psicológica, física, matrimonial, paternal, financiera y social. Y en relación al ganador, si dejas que Dios pelee tus batallas, y conoces su Palabra y le obedeces, tú tienes la victoria en Cristo Jesús. El título: No es vuestra la guerra, sino de Dios, surgió de un versículo que está en 2 Crónicas 20:15: y dijo: “Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. El Señor os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios”.

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Este capítulo en la Biblia nos narra cuando Josafat, rey de Judá, recibe la amenaza del ataque de los moabitas y amonitas, pueblo más grande y numeroso que ellos. Es interesante observar la reacción del rey Josafat, quien en lugar de buscar alianzas con sus vecinos, se humilla y pide ayuda a Dios, reconociendo su debilidad y pequeñez: v. 20, “¡Oh Dios nuestro! ¿No los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos que hacer, y a ti volvemos nuestros ojos”. En el versículo 13 y siguientes, dice que todo Judá estaba en pie delante del Señor y que precisamente un descendiente de Asaf, varón apartado por el rey David para el ministerio de alabanza a Dios por medio de la música (1 Crónicas 25:1), lleno del Espíritu de Dios, profetizó el versículo que dio origen al título de estas líneas y además, profetizó que Dios pelearía por ellos y les daría la victoria sin que ellos tuviesen que pelear. Inmediatamente el rey Josafat y todo el pueblo, le creyeron a Dios y se postraron y le adoraron, por la victoria que les había sido anunciada.

Cuando obedeces a Dios hay victoria segura A la mañana siguiente, el rey puso al frente de sus hombres de guerra, a los cantores y alabadores a glorificar al Señor por su eterna misericordia y el versículo 22 nos indica lo que sucedió a continuación: “Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, el Señor puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros”. Al conocer el final de la historia se pasa superficialmente, pero quisiera invitarte a que te pongas en el lugar de los cantores al frente de la batalla, cuyas únicas armas eran sus voces y sus instrumentos musicales, viendo a una multitud bien armada que venían dispuestos a matarlos, pero puedes notar que en el momento que empezaron a cantar alabanzas a Dios, éste confundió a sus enemigos y se destruyeron entre sí, sin que el pueblo de Dios tuviera ni siquiera que pelear esta batalla.


Dios te da la victoria y te da armas para que venzas en tus batallas. En el capítulo 6 del libro de Efesios, nos dice que nos vistamos de la armadura de Dios, quien a su vez nos ha dejado la preciosa Sangre de Cristo, su Palabra, su Nombre, su Santo Espíritu, la oración y la alabanza.

Qué rico es ganar batallas sin pelear, ¿no crees? La alabanza es un arma poderosa que Dios nos deja para salir victoriosos en batalla. Al pelear por medio de la alabanza, no te enfocas ni en tu problema, ni en tu enemigo, sino que tu enfoque son las virtudes del Dios Todopoderoso que te ama con amor eterno y que ha dado lo mejor del cielo por ti, que no conoce la derrota y pelea a tu favor. Y lo único que haces es reconocer que Él sigue en control de tu vida y que sus decisiones, aunque a veces no las entiendas, son las mejores y por eso lo alabas. Te encarrilas con su voluntad. Génesis 29:35 dice, hablando del cuarto hijo de Jacob: “Lea concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré al Señor; por esto

llamó su nombre Judá; y dejó de dar a luz”. El significado de la palabra Judá es alabanza.

La alabanza conquista el terreno ocupado por el enemigo Ahora quisiera que me acompañes al siguiente pasaje: Jueces 1:1-2: “Aconteció después de la muerte de Josué, que los hijos de Israel consultaron al Señor, diciendo: ¿Quién de nosotros subirá primero a pelear contra los cananeos? Y el Señor respondió: Judá subirá; he aquí que yo he entregado la tierra en sus manos.” Podríamos decir que cada tribu de Israel representa un área de tu vida y que Judá representa la alabanza.

“Ni lo ALTO, ni lo PROFUNDO, ni ninguna otra cosa creada, nos podrá separar del AMOR de Dios, que es en CRISTO JESÚS, Señor nuestro.”

(Romanos 8:39)

Es maravilloso que a Dios, en su soberanía, le plació darle poder a la alabanza para conquistar terreno ocupado por el enemigo. El enemigo lo sabe, y esta es una de las razones por las que hay tanta resistencia para que alabes a Dios con las formas que aparecen descritas en las Escrituras. Yo te desafío a que le alabes en medio de tus luchas, y verás a tu alma siendo conquistada para la Gloria del Padre. Amén!!!

“El Señor os dice así: No temais ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande; porque no es vuestra la guerra sino de Dios.” (2 Crónicas 20:15)

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Entretenimiento Trivia de la Biblia ¿Cuánto conoces de la Biblia? Subraya la respuesta correcta de las siguientes preguntas. Y luego, corrígete para ver cómo te fue con la puntuación!!

1 1. ¿Quién profetizó que Jerusalén sería restaurada con la visión de los huesos secos? a) Ezequiel

b) Jeremías

c) Isaías

d) Daniel

22. ¿Cómo era Moisés ante los ojos de Dios?

a) Rebelde

b) Engañador y calculador

c) Humilde y justo

¿En quién entró Satanás cuando comía pan? 33. a) Absalón b) Mateo c) Judas Iscariote

d)

44.

¿En la parábola del sembrador, qué representa la semilla?

55.

¿Cuál es el nombre del tercer hijo de Adán y Eva?

66.

¿Quién es el autor y consumador de la fe?

a) El arca

b) La mentira

a) Abel

b) Set

a) Manuel

c) La Palabra de Dios

c) Jafet

b) Pedro

d) Perezoso Faraón

d) El pacto

d) Enoc

c) Pablo

d) Jesús

¿Cómo son llamados los que oyen la palabra de Dios y la guardan? 77. a) Alegres b) Dichosos o Bienaventurados c) Pacíficos d) Orgullosos

¿Nombre de los hijos de Noe? a) Sam, Hageo y Filemón d) Sem, Cam y Jafet

b) Jeremías, Abdías y Set

99. ¿Quién fue llamado amigo de Dios?

a) Job

b) Jeremías

1010 ¿Quién nos dice que viene pronto?

a) Mahoma

b) Jesús

c) Daniel c) Enoc

d) Abraham d) Juan

¿Quién de los siguientes fue llevado vivo al cielo? 1111 a) Elías b) Eliseo c) Isaías d) 12 12

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c) José, Cam y Joel

Daniel

¿Quiénes son las dos personas que sobrevivieron el desierto y entraron a la tierra prometida? a) Moisés y Benjamín

Enero -* Marzo 2014

b) Coré y Nadab

c) Josué y Caleb

d) Aaron y Miriam

RESPUESTAS: 1. a , 2. c , 3.c, 4.c, 5.b, 6.d, 7.b, 8.d, 9.d, 10.b, 11.a, 12.c

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