Page 1

vixibox@gmail.com

Bonfiglioli

la revista del

traje de destierro SEPTIEMBRE 2016 - Nยบ24

San Luis. Argentina

$50


PEDIDOS: vixibox@gmail.com - cel: 2664 340397 en Facebook: Saludablemente Productos naturales


Revista del Taller Literario SILENCIOSOS INCURABLES Directora: Viviana Bonfiglioli

SEMIESFERAS Colaboran en este número: Perla Bordón, Adriana Annecchini, Pablo

Un emperador mandó a construir una pared a mitad del océano para evitar que llegaran los invasores. La obra, que había ocasionado más muertes que una peste, hundía sus cimientos en el fondo del mar y se elevaba hasta las nubes. El mundo quedó dividido en dos semiesferas. Desde cada una de ellas podía verse esa cresta gris embestida por las olas. El tiempo la convirtió en un límite o en un mito; luego occidente y oriente asumieron que su mitad era la única que existía. Y cada una tuvo sus idiomas, sus constelaciones, sus profetas y sus guerras. Una de las mitades ejecutó al cauteloso emperador un minuto antes de que se lo llevara la vejez. En el mar, la pared lo supo y como las mascotas que escoltan la muerte de sus dueños, empezó a disolverse. Dicen que un hombre que pasaba con sus carabelas y sus indultados encontró una grieta por la que pasó a la historia; el muro, ya casi impalpable, se derrumbó sin emitir sonido. Ese día, ambas semiesferas comenzaron el lento proceso de la mezcla o de la conquista.

Fiscbein, María Silvia Belot, Enrique Field, Cecilia Sosa, Silvia Raquel Pérez, María del Carmen Armendáriz, Dolores Valentino, Graciela Parisotto, Daniel Noseda, Hilda Pedroza, Carlos Audisio, Norma Pedroza, Ana Maria Calderoni, Rubén Villar, Ana Claudia Machado, Daniela Silvera, Carmen Colafrancesco, Gabriela Preti, Ana Delia Rodríguez (Yoha), Myriam Aguirres, Celina Amado, María Emilia Gutiérrez Favier, Néstor Demo, Blas Ortiz Suárez, Luciana Blas, V. Bonfiglioli, Guillermo Demo.

Tapa: “El traje” pintura con relieve. V. Bonfiglioli

Contacto: vixibox@gmail.com Facebook: Taller Literario Silenciosos Incurables

Está prohibida la reproducción parcial o total de los textos sin la previa autorización de los autores. Inscripción en el registro de la propiedad intelectual en trámite.

Septiembre 2016 - Nº24

Viviana Bonfiglioli

Revista bimestral

N

uestra mejor artesanía, nuestra prenda a medida. Esa que nos llevó una vida coser con puntadas cortas. Con esmero. Con un bordado confuso; con lazos, bolsillos, ojales. Esa que a veces dejamos caer para mostrar las espinas, la pulpa, las púas y los tajos de la piel. Esa vestidura, que rehacemos para ocultar la fragilidad que late en una jaula de costillas Pero que nuevamente, con una fe que nos prestan volvemos a desgarrar. Para luego ocultarnos mejor, tras su tela vencida. Una y otra y otra vez. Ese pulso que nos lleva de la orilla al fondo de nuestro propio mar. Vestidos y desvestidos de trajes de destierro. Viviana Bonfiglioli


Todavía podía verse el polvo que levantaba el caballo de Ulises cuando Andrés entró en la casa de Penélope. Joha

PRECESIÓN Embadurnado en adobes mezquinos, tapialado de fortaleza, un laberinto de puertas abiertas esperaba ser descubierto. La suma de todas sus partes claudicaba, con la llave precisa, con el aroma perfecto; sorpresivamente, sus genitales giraron en torno al sol y en un equinoccio, lo dejó asomar a través del vidrio polarizado de su miedo. -¿Miedo?- dijo – Qué contradicción. Parece el recuerdo

ha .C

ca

Bonfiglioli

S de una película de segunda que no se puede olvidar. ahora, guirnaldas de momentos adornan un cuello que intenta no hacer planes. Se estaquea al presente

de que la cerradura

La risa de un bebé cosquillea en el centro de mi alma dormida y alimenta mis ganas de ser, de seguir, de esperar el momento de volver a escuchar esa música que dispara el resorte de mi alegría.

sea solo un adorno en aquella puerta.

Norma Pedroza

con agujas delgadísimas, para no irse. Por si acaso, cada tanto se asegura

Ana Claudia Machado


CONFESIÓN Arrodillada frente al sacerdote. Tres Ave Marías, cinco Padre Nuestros y la ilusión del perdón. María del Carmen Armendáriz

Bonfiglioli

PARA MIRARTE MEJOR ..tendría que prender la luz y sin embargo no quiero, no lo voy hacer, no necesito, porque sé la medida exacta de tu boca, casi la mitad de la mía; también el grosor de tus labios y la apertura inquietante, qué tono tiene tu lunar en tu cuello, el brillo inviolable de tus ojos, la altura exacta y micrométrica de tu ombligo, puedo entonces prescindir de la luz para mirarte mejor. Dejemos la luz con su ausencia, y mirémonos piel a piel. Daniel Noseda

Bonfiglioli

EL MERCADO Cuando Juan entró a su casa, después de las compras en el mercado, su mujer lo miró con horror, unos nervios sanguinolentos le colgaban desde la cuenca ocular; desesperada le gritó: - ¡Pero qué te pasó Juan! Él con calma le dijo: -Todo costaba un ojo de la cara. Gabriela Preti


MIS MANOS

Bonfiglioli

MEMORIA No soportaba la acompasada sinfonía de goteras. En la enorme y solitaria casa, siempre alguna canilla sangraba, sobre todo de noche. No podía conciliar el sueño en su cárcel domiciliaria. Paradójicamente la mejor parte de su vida, la había ocupado aniquilando a quienes se permitían soñar. Recuerdos de sus años de plomo, los tremendos crímenes cometidos alteraban sus noches de pesadilla. Desesperado y aturdido, comenzó a quitar algunas canillas en las sombras y a tapar el lugar de donde afloraba el líquido vital. Cuando ya no hubo canillas en la casa, concilió un profundo sueño y nunca despertó.

Manos simples, corrientes ni grandes ni pequeñas, manos apresuradas, nerviosas, manos, que se alborotan ante la presencia de aquél ahora extraño. Manos que sienten frío y desean ser tomadas, suavemente besadas. manos contra manos apretadas al momento del éxtasis. Manos que desean caminar junto a otras manos que las lleve, las arrastre. manos ardientes cuando el corazón aprieta. manos que acarician al desprotegido y consuelan al desconsolado. manos que alivian el dolor de la inocente. Manos que dan un caramelo al pequeño abusado para que endulce su amargura eterna. Manos que toman el brazo del anciano abandonado para que pueda subir un escalón. Manos que se enojan, también, ante ese descuido manos que tapan mi rostro ante la aberración. ¡Cómo no te diste cuenta! ¿Dónde estabas? Manos incondicionales, desinteresadas. Manos que esperan tu beso. Silvia Raquel Pérez Arce

Guillermo Demo


Te veo eterna, desde el fin del tiempo con lágrima herida, profunda, ardiente. Quizás la verdad esté lejos o yo ciego. Adormecido por incompleto o seducido por la locura, presagio de luz o un sueño. Late fuerte, mi corazón dormido. Mi boca entristece las palabras. Y un beso de ojos cerrados, se finge sensual, hasta el éxtasis. Trato de caminar la calle, ésa, que se dibuja al ritmo de mis pasos. Pero siempre estás vos ahí, nena. Eterna. Detrás de cada árbol, en cada piel que se estremece. En ese sexo y en el siguiente.

Bonfiglioli

ALGO POR DECIR Proclamo, denuncio, revelo mi cuerpo carne universal mujer que muestra convivo con ancestrales experiencias y cada una de mis partes en profundas miradas alientan a seguir. Gritos, aullidos, cantos reunidos desde los confines del alma humana, para dar expresión de tú presencia. Sentada, bailando, sangrando o seca de llanto nada podrá evitar tú existencia. Mujer de múltiples rostros sostenida en ti misma, voluntad , coraje, y desesperanzas pero siempre tú mirada impuesta. Carmen Colafrancesco

Rubén Villar

Bonfiglioli


TOQUE DE QUEDA Te espero a las nueve de la noche, cuando queme el silencio en las ventanas. Cecilia Sosa CONTRADESEO Un almacuerpo dice, quebrantando la impecabilidad del silencio, habla con anclaje llenando la boca de decires, modulando un suspiro fragmentado en la intimidad de un beso, evocando la incuestionable sensualidad de la palabra, lanzada para colonizar nuevos sustratos, como una larva acuática, pequeña y juvenil arrastrada por la corriente, entre prerrogativas sicalípticas vespertinas, difiriendo significativamente del sentimiento estoico, cristalizando la rítmica amorosa de la eterna despedida.

Bonfiglioli

María Silvia Belot

Por más que se esforzaba, atinó tan solo a demostrar su felicidad quejumbrosa. Enrique Field Bonfiglioli


Quise guardarme todos los detalles. Me robé todas las luces de los edificios. Me llevé al bolsillo el sonido de los autos que pasaban sin mirar. Me quedé con el incesante cambiar de los semáforos de aquella larga avenida. Rojo. Amarillo. Verde. Me los tatué en la retina. Escondí en lo más profundo de mi cartera los colores y los sabores de los helados y de los caramelos. Apreté bien fuerte en mi mano las risas que íbamos soltando al aire, hasta hacerlas parte de mi piel. Repasé mil veces ese puente Y grabé en lo más hondo de mi memoria cada paso que dimos. No había muchas estrellas, las luces de los edificios las tapaban. Las que nos vieron explotaron de felicidad esa noche. Que fue la primera. María Emilia Gutiérrez

INSOMNIO (Poco Ass Tutos) La noche es una absurda mentira cuando no podes dormir el día siguiente nunca empieza la noche anterior nunca termina. La noche tiene gusto a cigarrillos cuando no podes dormir el reloj marca más lentos los segundos el licor va por las venas. Cuando no podes dormir no estás dormido ni despierto no estás del todo vivo pero tampoco estás muriendo.

Bonfiglioli

ANATOMÍA DE UN RECUERDO


Bonfiglioli

La noche no es un tabique de ensueños cuando no podes dormir cs un pasillo oscuro y largo que atravezás corriendo. Cuando no podes dormir no estás dormido ni despierto no estás del todo vivo pero tampoco estás muriendo. (Recitado) Cuando no podes dormir odias la cama y la almohada, y a vos mismo por imbécil. Es solamente el cerebro que se despega del cráneo, Es esa absurda idea que no te deja dormir. El insomnio es un pasillo que atravezás corriendo a lo largo de la noche interminable, Pero lo que más odias, después del hecho mismo de que llegue la mañana, Es esa puta idea, que va y vuelve, que va y vuelve, Y no te deja dormir.

EN NOSOTRAS SE OYE EL PULSO ¿Qué se sienten tus azules? ¿Dónde habita tu niñez? ¿Acaso la has regalado, o perdido entre tus colores fríos? Eres la madre de todas tus pieles, de todos tus años. Has sufrido, se ha derramado el petróleo sobre tu espalda, creces hacia adentro. Estás embarazada de miedos, embarazada de dulzura, engendras a los hijos de tus instintos. Viajan dentro tuyo mariposas blancas. Se expande en ti la enredadera de los recuerdos, amasando respuestas que no puedes contestar. La suavidad de la carne y la afilada realidad de las garras se combinan en ti. Eres la choza que habita la sangre que circula por los vivos y se derrama entre los muertos

Pablo Fischbein Daniela Silvera


EL ECO DE LAS PANCARTAS Le tributé a la luz que da el hambre, para que lo descubran y lo reparen. Y a la desidia, que no dice nada; le robé las armas, la dejé desnuda y a oscuras, para que me aparté con presteza destinataria. Me fui de viaje con un escaso valijero y los versos de un poema de que “…ya no me haces falta”. Aquí fue que quedé expuesto para el secuestro de la vida, que me entrego en una quimera, a una obra de teatro, en un mundo ficticio, lejos de otro que apenas conozco, de realidades cotidianas. Así lo descubrí a Cortázar discutiendo con La Maga, vi como Beatriz le cuchicheaba a Borges y como Spinetta escribió “Muchacha”, sin prejuicios ni realidades, sonaban los tangos de “La Chicana”. Y mi otra parte, de estar ausente, descubrió la longitud del alma, la poesía del dolor, la melodía de la distancia, la razón que quedó encerrada, el inconsciente libre de puertas y de culpas y libre de permisos y miradas. Ahora tengo legado, tengo recuerdo, ¡¡¡tengo a la luz atrapada!!!

Néstor Demo

Marionetas inertes. Mariposas volcánicas. Rosarios negros. Cadenas largas, hierros oscuros, cruces oxidadas. Encajes apolillados, puntillas desgarradas, y guipures muertos. Espejos que miran atónitos. Relieves de vuelos rotos. Óvulos sangrantes. Flores heridas, laureles vencidos . Frutas olvidadas. Coronas de flores blancas. Gritos de espanto. Metáforas de morgues y cuerpos atiborrados de sensibilidades disecadas. Ana María Calderoni


Bonfiglioli

Bonfiglioli

AHÍ VA ALGUIEN Ahí va alguien intentando no ser atrapado por vendavales ni alcantarillas. Claro que inútilmente, pues se ve polvoriento y arrugado de tantas maniobras evasivas. Pero va, parece que con un ángel, que no debe ser de la guarda porque no le guarda nada, ni las lágrimas derramadas siquiera se las transforma en mágicas cosas que a veces le pasan sin querer como la de cambiar culpas por olvidos y edad por sueños.

ANTES Y DESPUÉS Quisiera poder entender “El Aleph” o los diálogos de “Oliveira con la Maga”. Quisiera saber deleitarme con los altos de Pavarotti y la contundencia abrazadora de Metálica. Pero apenas nací ayer a las azarosas formas de las nubes, al sol que enceguece en la mañana, a la oscura luna iluminada: de tantos ojos que no descubro, de tantas voces que se celan y de vida que se aparta. Como alas anárquicas quedé en el sendero, sin techo y con muy pocas cuadras; para pequeños juegos y distracciones adversas, de manchas y papeles, solitarios como un misántropo, rodeado y observado por multitudes extrañas; tan

Carlos Audisio

ciego que enternece y a la vez, tan despreciable que te arrastra.


Bonfiglioli

Hay galaxias en tus manos celestes manos que hablan cuentan, silenciosas, secretas historias porque duelen de tanto callar. Manos escritas por la vida que no supieron de descanso abren caminos, destraban, amasan vida Manos en espera manos con hastío que adormecen el sueño Manos que transitan el pasado que acercan el punto de encuentro ansiosas de caricias prohibidas que le recuerden quien era. Hilda Pedroza

RUTINA Como todas las mañanas, Luisa, una mujer de cincuenta años, casada hace diez, sin hijos, se levanta más tarde que lo apropiado para llegar a horario a la Clínica. Mientras desayuna, se viste con su uniforme de enfermera, y se esmera en recoger su renegrida melena en una cola con un importante moño rojo, toma su cartera del mismo color que el moño, coloca abundantes gotas de su perfume preferido en su cuello y sale de prisa a tomar el colectivo. Ella sabe que esa mañana no va a ser igual a las demás; y como le ocurre siempre que está insegura, se sentía acelerada, maníaca y nerviosa. Tal cual era costumbre, en el departamento, todo había quedado desordenado como si un huracán lo hubiese atravesado. Esos frecuentes apuros innecesarios y esos desórdenes cotidianos, era lo que tanto irritaba a Adrián; su esposo de cuarenta y un años, muy prolijo, limpio, exigente, y con un ojo feroz para los detalles. Él, como siempre, se había levantado con el tiempo necesario para regar sus plantas a las que tanto quería, vestirse tranquilamente, y llegar a horario al trabajo. De elegancia austera, se había puesto su traje azul el que combinó cuidadosamente con una importante corbata celeste. Sabía que esa mañana no iba a ser igual a las demás. La noche anterior, ambos se habían dormido muy tarde, hastiados por la rutina del matrimonio, aunque compartían la misma cama, a esa hora los dos vivían atractivas vidas virtuales desde la computadora. Adrián, que era tan perfeccionista e intolerante consigo mismo, y se castigaba brutalmente por cualquier falta, mantenía una relación paralela desde hace tres años, que no lo satisfacía plenamente.


Adriana Annecchini

i iol Bo nfi gl

Pocos meses atrás había creado un perfil falso en Badoo y comenzado a chatear con Brisa, una mujer diez años menor que él, positiva, con buen humor y alegría de vivir; estas conversaciones se fueron haciendo cada vez más frecuentes e íntimas, hasta llegar a un tono erótico que lo excitaba bastante. Dado que ambos vivían en Villa Urquiza, habían decidido encontrarse en la confitería que estaba al lado de la estación de trenes. Luisa, con solo salir de su casa se sentía liberada de las insoportables estructuras y exigencias de su marido. Siempre entusiasmada por ideas nuevas, y con buen humor, no toleraba más que todo tuviera que hacerse como él quería, se sentía asfixiada, prisionera. Ella, que pensaba siempre, que la hierba crece más verde en otras praderas. Al llegar a la clínica, tomó su turno de trabajo muy ansiosa y sin poder concentrarse, parecía no llegar más ese momento que tanto esperaba. En ese mismo momento, en su empresa, Adrián, se irritaba más fácilmente que otras veces con los empleados; le incomodaba mucho el ridículo, pero ya no podía dar marcha atrás, dejó sus actividades a medio terminar, y se dirigió a la confitería donde se concretaría la cita tan esperada, a la que tenía que presentarse con traje azul y corbata celeste para ser identificado. Pidió un café y el diario, tratando de serenarse, mientras pensaba que dentro de diez minutos llegaría su nueva conquista, la que tanto lo erotizaba en el chat, y a la que debía reconocer, por una melena negra recogida en una cola con un moño rojo y con una cartera del mismo color colgando de sus hombros.

Vuelo, corro, caigo, callo, sangro, grito. Me arrastro y me levanto, vivo y muero a la vez. Me golpean y lloro, me aman y río. Soy la contorsionista de la vida, me doblo y no me quiebro. Me encierran y soy libre aún. Me violan y no logran robarme el amor. Me matan y sobrevivo en otras. Me maltratan y aún acaricio la vida, y la doy. Me miro al espejo y me reconozco. Celina Amado


Bonfiglioli Bonfiglioli

¿Y si creo en lo que siento?, ¿Y si celebro mis miserias?, ¿Y si me enamoro de mis fracasos?, ¿Y si ato mi corazón a un barrilete y lo obligo a danzar en el viento? ¿Y si dejo que el vértigo me tape los ojos?, ¿Y si bebo el agua derramada?, ¿Y si me indigesto con el fruto prohibido?, ¿A quién le importa adonde fui?, Si ya no estoy, y aun no lo han notado... Luciana Blas

ULTIMO SUSPIRO Navidad: arbolito, regalos, cena compartida en familia, Pelusa la labradora de doce años, se pasea inquieta, Laura con sus diecisiete años trata de calmarla. Llega la medianoche con los brindis y la parafernalia de la pirotecnia. La perra desaparece. Se la traga la noche entre centellas y estruendos. La adolescente enloquece. Crecieron juntas, con un mar de historias compartidas. Despertar con un hocico en la nariz, un lengüetazo tibio secando una gorda lágrima, una voluntad inquebrantable para escuchar sus lecciones, y un turismo aventura disfrutado a pleno: nadar en el dique, buscar piedras para atesorar como mascota. Ya no está. Inútil búsqueda. Pasa el verano, el otoño y llega el invierno, Laura escucha un débil quejido bajo su ventana, se asoma y la ve, corre a su encuentro, la ve mal, la acaricia, la abraza, la mima, siente que en un último suspiro la buscó para morir en la paz de sus brazos. Perla Bordón


El Taller Literario y los Silenciosos Incurables invitamos con orgullo a la presentacion del segundo libro de Dolores Valentino:

Bonfiglioli

Corazón de luna es un libro para leer a la sombra de un árbol, de un sueño, o de la nostalgia. Es un libro escrito en voz baja, con la tinta de las venas, sobre la piel de un jazmín. Es un libro que palpita al ritmo pálido, del corazón de la luna. Es un libro fragante, misterioso, para tomar de a pequeñas dosis, para dejar macerar en la mesa de luz. Para abrir al azar cuando el pecho se ha llenado de vacilaciones, de penas que nos siguen en enaguas. Para leer cuando el amor está en las antípodas y también cuando camina al lado nuestro. Sus páginas emiten una tenue luz amarilla, pero en la noche pueden iluminar tu mirada. Es para los que cultivaron el silencio y saben mirar adentro de las cosas. Tal vez sea un libro invisible para los que van apurados por las calles; tal vez pase inadvertido a los que nunca se detuvieron a descifrar una rosa, una espiga, o el canto generoso del viento. Tal vez no sea un libro para muchos, pero será mucho libro para algunos. (V. Bonfiglioli)

EL EMBRUJO DE LA LECTURA Un rey le dijo a su hijo más chico: Ve, busca la mujer más bella y será tu reina. El niño anduvo, anduvo, anduvo. Siempre había otra más linda por conquistar. Cuando decidió volver, cansado, con el corazón vacío, el reino había desaparecido. Se tiró en la cama y preguntó por él al libro que yacía abierto a su lado, éste le respondió: El único noble que por aquí pasó, hace ya mucho tiempo, fue un tal Don Quijote de la Mancha. Graciela Parisott


HUELES A VERANO Hueles a verano, a tierra mojada por la lluvia. Esta noche te metes en mi cama y se me fuga el sueño. Con audacia de fauno, con besos que socavan el pudor recorres mi ternura, dejándome en la piel aspereza de arena. Estremecida, como una potra en celo que ofreciera sus ancas entrego mi cadera a tu caricia y me arrebujo antes de aceptar que me has vencido. Pero quitas mi sábana me desnudas me conviertes en paloma sin nido inerme, temblorosa Me obligas a separar las piernas a caminar el frío pavimento a cerrar la ventana. Maldito viento sur que hueles a verano. Amanda Coria

MORIR Y NACER Como un poema cincelado en el viento donde las hojas atrapan a su paso las palabras y se graban en las venas nervantes para recorrer tallos leñosos que conducen a raíces volviendo, sanguíneamente, a la tierra, a la piedra y así naciendo como vocablos mudos que otro vientos en otros sueños imaginarán los sonidos. Cuando la carne es mancillada por las llagas en el cálido y sorpresivo ataque de la bestia así el camino, ya cansado, recorrido, dibujará su última huella sobre la arena donde la ha de encontrar una niña nacida del mar para perpetuar aquellos sueños que abortamos. Como la caricia desteñida de una lágrima dibujada en el contorno del dolor, en el agrio sabor de la distancia, cuando las imágenes y los signos se mixturan y el tiempo, sabor a incienso, se adormece en el tacto de las palabras que olvidamos decir, la cósmica galaxia explotará para formar una nueva galaxia. Blas Ortiz Suárez


Bonfiglioli

MANOS Año 1976 Mañana gris de lluvia fría. Camino al destino. Portón de cárcel resignado. Pájaros que huyen. ...... En un rincón la pequeña espera. No sabe porqué pero allí está.

Los pasos del gigante anuncian el calvario. Piensa el él, el de la Cruz. Por un instante se vuelve niebla y desaparece. Pero las manos llegan. Las manos duras. Comienzan a tocar. A raspar. cortan y clavan. Rasguñan. El jadeo la aturde. Ella, se ha transformado en nada. Es destruida. Quemada. Cortada. Sus entrañas queman. Su boca sangra. Quedó ínfima y muda. Sus manos desaparecen. Ya no tiembla ni llora. Ha sido muerta. Su pequeño cuerpo desterrado. Su pequeña mente aniquilada. Nada le han dejado. Nada. Por fin el jadeo termina. Las monstruosas manos se marchan. El gigante se lleva su voz, su vida, su aliento. Myriam Aguirres

Revista septiembre 2016  

Publicación bimestral del Taller Literario SILENCIOSOS INCURABLES, San Luis, Argentina.

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you