Revista de la Familia Salesiana fundada por Don Bosco en 1877.
Director:
P. Simón Martínez, SDB
Consejo Editorial:
Yessica Gómez Giraldo
P. Simón Martínez, SDB
P. David Ricardo Medina, SDB.
Diseño y diagramación:
Mariluz Montoya Muñoz
Juan Camilo Cárdenas Pérez
Marcela Arteche
Ilustración campaña de las emociones: Valeria Cardona Vadel y Cleilvi Elimar Ortiz Colegio Salesiano El Sufragio
Impresión: FUNBOSCO - Medellín
Fotografía: Coordinadores locales de Comunicación Social de Colombia, oficinas de comunicación COM y COB.
Gráficos y fotografías: Coordinadores Locales de Comunicación Social de Colombia, Oficinas de comunicación COM y COB. www.freepik.com
Producción:
Área de Comunicación Social Inspectoría San Luis Beltrán (COM) e Inspectoría San Pedro Claver (COB).
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Portada: Comunicaciones COB
La portada evoca una biblioteca, símbolo del aprendizaje formal. Sobre su cabeza descansa un libro, mientras a su alrededor aparecen personajes coloridos que representan distintas emociones. Estas figuras, con expresiones marcadas y fácilmente reconocibles, visualizan de manera didáctica el mundo emocional que acompaña la vida escolar.
Editorial
La educación de las emociones, en la original intencionalidad educativa de Don Bosco
Mensaje del Rector Mayor Educar en la misericordia
Educación
Emociones y aprendizaje
ABC
Guía practica para entender tus emociones
Educación
Cátedra de la educación emocional
Nuestra Gente
Sobrepensar, un grave problema con buena fama
Los jóvenes opinan
Familia Hoy Niños de cristal y adultos sobreprotectores
Patio Digital Educar desde y para las emociones en clave salesiana
Se comunica que la educación no se limita a la adquisición de conocimientos académicos, sino que incluye el reconocimiento, la comprensión y la gestión de las emociones. 24-26 27-29
Educación
Del latido al Like
Tips
Cuando la mente se vuelve ruidosa
Educación
Educar con el corazón
Educación
Educar para el encuentro
LA EDUCACIÓN DE LAS EMOCIONES, EN LA ORIGINAL INTENCIONALIDAD EDUCATIVA DE DON BOSCO
Por: P. Rubén Dario Jaramillo, SDB - Inspector COB
Al abordar la temática propuesta, lo primero que debemos decir es que ciertamente, en los tiempos de don Bosco, no se habla específicamente de una educación de las emociones; pero lo que sí podemos afirmar es que, en su intencionalidad como educador de la juventud, la formación de las emociones y de los sentimientos, está a la base de la educación integral que él ofrece.
¿Es posible decir que la formación a las emociones, en el Modelo Educativo de don Bosco, tiene un inicio en sí? Personalmente considero que sí y que ha sido un mandato recibido en el sueño que Juanito tuvo de los nueve a los diez años, en el que se le dice: “ponte ahora mismo a enseñarles la fealdad del pecado y la hermosura de la virtud” ; la manera para lograr que aquellos jovencitos que él ve en el sueño se vayan transformando de animales feroces en mansos corderos, es poniéndose en la tarea de enseñarles la fealdad de una vida de pecado y la hermosura de una vida virtuosa.
Por eso, si acudimos a la propuesta original que él mismo dirige a los jóvenes en el primer librito que editó para ellos en 1847 bajo el título “el joven instruido”, encontramos que, ya en la misma dedicatoria les hace una propuesta muy concreta, pues les advierte de dos grandes engaños de los cuales se sirve el demonio para alejarlos de su relación con Dios para llevarlos por el mal camino. El primer engaño consiste en persuadirlos de que “servir al Señor exige una vida melancólica y exenta de toda diversión y placer”; ante dicho engaño, don Bosco les dice: “no es así, queridos jóvenes. Voy a indicarles un plan de vida cristiana que pueda mantenerlos alegres y contentos, haciéndoles conocer, al mismo tiempo, cuáles son las verdaderas diversiones y los verdaderos placeres, para que puedan exclamar con el santo profeta David: Sirvamos al Señor en santa alegría: Servite Domino in laetitia”.
Haciendo frente a este primer engaño, podemos apreciar que en la esencia y a la base de la propuesta educativa de don Bosco, está la formación de las verdaderas emociones que debe experimentar todo joven, mediante un plan de vida que lo lleva a conocer las verdaderas diversiones y los verdaderos placeres y que se concretan en el servir al Señor en Santa alegría; esta será una de las grandes consignas de la cotidianidad en el Modelo Educativo de don Bosco, una vez que, en la vida de Domingo Savio, el jovencito aparece indicando, a cada compañerito que llega a la casa de don Bosco, la manera como deben comportarse y les dice: “aquí hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres y haciendo bien cada cosa que nos corresponde”. Son pequeñas consignas que se convierten en programas de vida, no sólo para Domingo Savio, para Miguel Magone, o para Francisco Besucco, sino para cada jovencito que debe entender que, en la casa de don Bosco, se cultivan la alegría, el estudio y la piedad, como constantes de una propuesta educativa que los conduce por en un verdadero camino de crecimiento humano y cristiano; puede decirse que se trata de un dinamismo de santidad juvenil cultivado en el alegre, exacto y piadoso cumplimiento del deber.
El otro engaño consiste “en hacerlos cultivar una falsa esperanza de vida larga, persuadiéndolos de que tendrán tiempo para convertirse en la vejez o en la hora de la muerte”. Y entonces les dice: “¡Sépanlo, hijos míos, que así se han perdido infinidad de jóvenes! ¿Quién les asegura larga vida? ¿Pueden acaso hacer un pacto con la muerte para que los espere hasta una edad avanzada? Acuérdense que la vida y la muerte están en manos de Dios, quien puede disponer de ellas como le plazca”. Además, “Si empezamos temprano una vida cristiana, la continuaremos hasta la vejez y tendremos una muerte santa, que será el principio de nuestra bienaventuranza eterna. Si, por el contrario, nos conducimos mal en nuestra juventud, es muy probable que continuemos así hasta la muerte, momento terrible que definirá nuestra condenación eterna”; y, si frente al primer engaño les indicó un plan de vida para mantenerlos alegres y contentos, sirviendo al Señor, ahora, frente a este segundo engaño, les presenta, con claridad precisa la que resulta ser la mejor expresión o formulación del conocido sistema preventivo con toda su trazabilidad, como lo diríamos hoy: “Para prevenir una desgracia tan irreparable, les ofrezco un método de vida breve y fácil pero suficiente para que lleguen a ser, el consuelo de los padres, el honor de la patria, buenos ciudadanos en la tierra y, después, los felices habitantes del cielo”.
Pero podemos decir, todavía, que hay un elemento fundante e inspirador del Modelo Educativo de don Bosco y es el que él mismo nos señala en la introducción a la historia Sagrada, es-
crita para sus jovencitos en el mismo año 1847, en la cual dice: “en cada página mantuve siempre fijo aquel principio: iluminar la mente para formar el buen corazón… y de popularizar, en cuanto se puede la ciencia de la Sagrada Biblia, que es el fundamento de nuestra santa religión”.
Este principio es el que da consistencia a la propuesta educativa de don Bosco, para lograr que cada jovencito, en el Oratorio, llegue a ser un buen cristiano y un honesto ciudadano, es decir, una persona que teniendo su mente iluminada por la Palabra de Dios y acogiéndola en el corazón, tiene un proceder bueno y santo, es decir, es una persona que vive, al estilo de la Virgen María, que escuchaba cada cosa y la guardaba en el corazón. Tiene sentido aquella convicción de Domingo Savio, pues él “había arraigado en el corazón, que la Palabra de Dios es el camino que conduce al hombre para llegar al cielo” y, por eso, siendo un principio inspirador de la propuesta educativa de don Bosco, aparece formulado por el mismo Domingo Savio bajo la mirada de don Bosco, en uno de los artículos del Reglamento de la Compañía de la Inmaculada, expresado así: “custodiaremos celosamente la Palabra de Dios y pondremos en práctica cada una de las verdades escuchadas”.
Concluyendo, podemos decir, que la formación de las emociones en la propuesta educativa de don Bosco implementada en su Modelo Educativo, que es el Oratorio, tiene una clara intención y no es otra sino, la de hacer de cada joven un feliz habitante del cielo y, por eso, aquello que les ha dicho en 1847 en el Joven Instruido, sigue siendo la única y misma finalidad expresada todavía en la Carta de Roma del 10 de mayo de 1884: “Uno solo es mi deseo, que sean felices en el tiempo y en la eternidad” . Pero esa perseverancia de don Bosco a dicho principio educativo, es en obediencia fiel a aquel imperativo “Ponte ahora mismo a enseñarles la fealdad del pecado y la hermosura de la virtud.
Givanni BOSCO, Storia Sacra per uso delle scuole, utile ad ogni stato di persone, arrichita di analoghi incisioni. Tipografia-Editori Speirani e Ferrero. 1847. 7. Don Bosco es delicado al mencionar dicho principio, haciendo notar que no es suyo y por eso cita al autor así: In ogni pagina ebbi sempre fisso quel principio: Illuminare la mente per rendere buono il cuore, e (come si esprime un valente maestro) di popolizzare quanto si può la scienza della Sacra Bibbia…… y al pie de página reporta dicho autor: Sac. Feccia nell’Educatore Primario, Prog.
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Educar en la Misericordia
La parábola del fariseo y del publicano (Lc 18,9-14), para nosotros educadores y evangelizadores, no es simplemente un relato moral sobre la soberbia y la humildad, sino una revelación profunda sobre cómo Dios sale a nuestro encuentro y sobre cómo estamos llamados a transmitir esta experiencia transformadora.
La fe como llamada a una relación de misericordia
Cuando el fariseo sube al templo, lleva consigo una imagen de Dios construida a su propia medida: un Dios que registra méritos y deméritos, que premia a los justos y condena a los pecadores. Su oración es una comparación con los demás: «Te doy gracias porque no soy como los otros hombres». Falta una relación auténtica. Solo hay autocomplacencia.
El publicano, en cambio, entra en el templo consciente de su propia indignidad. Su «Oh Dios, ten piedad de mí, que soy pecador» no es desesperación, sino la apertura valiente a una relación posible precisamente porque está fundada en la misericordia. Él intuye lo que el fariseo ha perdido: Dios no es un juez, sino un Padre que espera el regreso de los hijos lejanos.
Para nosotros educadores, esta distinción es fundamental. ¿Cuántas veces, inconscientemente, transmitimos una imagen de Dios más parecida a la del fariseo? ¿Un Dios que observa, evalúa, premia o castiga según nuestras prestaciones espirituales? La educación en la fe favorece el encuentro con la misericordia, una experiencia en la que descubrimos que somos amados porque somos hijos amados incluso en nuestra fragilidad.
Evangelizar significa introducir a las personas en esta relación misericordiosa, porque Dios no espera nuestra perfección para amarnos, sino que precisamente en nuestra pobreza manifiesta la riqueza de su amor. Esta es la buena noticia que debemos anunciar: una relación que transforma desde dentro.
Una relación que nace de la humildad del corazón
La humildad del publicano es la condición que hace posible el encuentro con Dios. Permaneciendo «a distancia» y «sin atreverse siquiera a levantar los ojos al cielo», reconoce la desproporción infinita entre la santidad de Dios y su propia miseria, pero también confía en que precisamente este Dios santo se inclina hacia quien se reconoce necesitado.
En cambio, la oración del fariseo está llena de «yo»: «Yo ayuno», «Yo doy el diezmo». Ha construido su identidad religiosa sobre la afirmación de sí mismo, sobre la comparación con los demás, sobre la demostración de sus obras. Se siente ya lleno, ya llegado, ya justo.
En el ámbito educativo y evangelizador, la humildad del corazón es la capacidad de reconocerse constantemente necesitados de salvación, de no dar nunca por supuesto el propio vínculo con Dios, de mantenerse abiertos al don de su gracia. Es la actitud de quien sabe que la vida cristiana no es una posesión adquirida de una vez para siempre, sino un camino cotidiano en el que uno se deja moldear por la misericordia divina.
Como educadores, estamos llamados a testimoniar primero esta humildad, reconociendo nuestros límites, nuestras fragilidades, nuestra continua necesidad de conversión. Solo así nos volvemos creíbles y creamos espacios en los que también los demás puedan quitarse las máscaras y presentarse ante Dios tal como son.
Ser pecadores amados y perdonados
La conclusión de la parábola es desconcertante: «Este, a diferencia del otro, volvió a su casa justificado». El publicano, que no tenía nada que presentar salvo su propia miseria, lo recibe todo. El fariseo, que tenía mucho que exhibir, permanece en su estéril ilusión.
Dios no justifica a quien se cree justo, sino a quien se reconoce pecador. No llena a quien está lleno, sino a quien está vacío. No se encuentra con quien no siente necesidad, sino con quien implora curación. Es la paradoja evangélica: somos salvados porque, a pesar de nuestro ser pecadores, más
En la educación religiosa contemporánea, la parábola nos indica que cuando reconocemos el pecado nos abrimos a la gracia que transforma. El pecado no nos aplasta.
Ser pecadores amados y perdonados no es un estado de inferioridad, sino la condición propia del cristiano. Es la identidad que nos permite vivir en libertad, sin fingir ser perfectos, sin esconder nuestras caídas, sin construir fachadas de respetabilidad. Es la conciencia de que el fundamento de nuestra vida no está en lo que hemos hecho, sino en lo que Dios ha hecho y sigue haciendo por nosotros.
Testigos de la misericordia de Dios vivida personalmente
El publicano que vuelve a casa justificado se convierte inevitablemente en un testigo. No puede callar la experiencia de haber sido acogido, perdonado, levantado. Su vida hablará de esa misericordia que lo ha transformado.
Y aquí se juega la verdadera evangelización. No anunciamos teorías abstractas sobre la misericordia de Dios, sino que damos testimonio de una experiencia personal. Hablamos de un perdón que hemos recibido, de un amor que nos ha buscado y encontrado, de una relación que ha dado sentido a nuestra existencia.
Para quien trabaja en el ámbito de la educación y la evangelización, esto significa ante todo cultivar la propia vida espiritual como experiencia viva de esta misericordia. Antes de ser maestros, debemos ser discípulos; antes de enseñar, debemos aprender; antes de dar, debemos recibir. La credibilidad de nuestro anuncio se mide por la verdad de nuestra experiencia.
Además, significa crear contextos educativos en los que las personas puedan vivir esta misma experiencia. No ambientes de juicio, sino de acogida; no lugares donde haya que demostrar méritos, sino espacios donde se pueda reconocer la fragilidad; no estructuras donde se adquieren competencias religiosas, sino comunidades donde se experimenta la ternura de Dios.
La parábola del fariseo y del publicano nos recuerda que la educación en la fe es esencialmente una introducción a una relación: la relación con un Dios que nos ama con amor misericordioso, que siempre nos espera, que siempre nos perdona, que hace de nuestra pobreza el lugar de su encuentro con nosotros.
Emociones y aprendizaje
Por: Fabiola Barrera
Coordinadora de
calidad
Centro Social Don
Bosco
Cuando Anna Llenas escribió El monstruo de colores, nos presentó con ternura la historia de alguien que se había “levantado muy raro, confuso, aturdido”. Con palabras sencillas, nos recordó una verdad profunda: transitar nuestras emociones es esencial para alcanzar el equilibrio en la vida cotidiana. Este mensaje, dirigido tanto a niños como a adultos, ha resonado con fuerza en una época en la que hablar de emociones ya no es asunto exclusivo de especialistas, sino parte de nuestra vida diaria.
En las últimas décadas, el creciente interés por las emociones en diversos ámbitos, como el cine, la literatura y las artes, ha ido acompañado de avances significativos en la psicología y las neurociencias. Diversas teorías han intentado explicar cómo se generan las emociones, por qué las experimentamos y qué papel desempeñan en nuestra vida cotidiana.
El psicólogo Paul Ekman fue uno de los primeros en plantear la existencia de emociones universales, como el miedo, la alegría, la tristeza, el asco, la sorpresa y la ira. Según sus investigaciones, estas emociones son inherentes al ser humano y poseen expresiones
faciales reconocibles en todas las culturas, lo que evidencia su carácter biológico y compartido.
Por su parte, el investigador Richard Lazarus propuso la teoría de la evaluación cognitiva, según la cual una emoción surge cuando la persona valora una situación como relevante para su bienestar. En otras palabras, no solo reaccionamos emocionalmente: también interpretamos y otorgamos significado a lo que vivimos. Esta valoración orienta y da sentido a nuestras emociones.
Las neurociencias han enriquecido estas perspectivas al ofrecer una comprensión más profunda del entramado cerebral que sustenta la vida emocional. Hoy sabemos que las emociones no se localizan en un único punto del cerebro, sino que emergen de la interacción de múltiples sistemas: el sistema límbico, donde destaca la amígdala, la corteza prefrontal, responsable de la regulación y la toma de decisiones, y diversas redes neurológicas que integran lo fisiológico, lo cognitivo y lo conductual.
Desde esta mirada integradora, podemos afirmar que la vida emocional no es un accesorio del desarrollo humano, sino uno de sus pilares fundamentales. Si esto es así, ¿cómo concebir el aprendizaje desligado de las emociones?
EMOCIONES Y APRENDIZAJE:
UN VÍNCULO INEVITABLE
Podemos comprender la relación entre emoción y aprendizaje a la luz de los tres aportes teóricos mencionados:
Si las emociones son universales, como propone Ekman, entonces están presentes en cada acto educativo, en cada aula y en cada encuentro entre docente y estudiante. Ignorar su relevancia sería desconocer una dimensión esencial de la persona.
Si, como plantea Lazarus, evaluamos cognitivamente las situaciones, entonces los estudiantes no solo reciben información: también valoran internamente si aquello que aprenden les suscita curiosidad, miedo, frustración o entusiasmo. Esta valoración influye de manera directa en su disposición y apertura al aprendizaje.
Si las emociones poseen una base cerebral integrada, como muestran las neurociencias, entonces todo proceso de aprendizaje activa no solo áreas vinculadas al razonamiento, sino también circuitos afectivos. Aprendemos con el cuerpo, con la mente y con el corazón.
El cerebro, al percibir una experiencia como emocionalmente significativa, decide qué conservar y qué descartar. Así, las emociones no solo acompañan el aprendizaje: lo modulan, lo potencian o, en ocasiones, lo bloquean.
EDUCAR TAMBIÉN ES CUIDAR
LA VIDA EMOCIONAL
Hablar de educación es hablar de vínculos, de motivación, de sentido de pertenencia; es reconocer el temor al error y la alegría del descubrimiento. Por ello, asumir el papel de las emociones en el aula no constituye un lujo pedagógico, sino una condición indispensable para promover un aprendizaje verdaderamente significativo y humano.
Como intuía el Monstruo de colores, sentir está bien. Y cuando aprendemos a reconocer y ordenar lo que sentimos, también aprendemos mejor. Porque no hay aprendizaje sin emoción, ni emoción que no nos enseñe algo sobre quiénes somos y sobre la manera en que habitamos el mundo.
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GUÍA PRÁCTICA PARA ENTENDER TUS EMOCIONES
Por: Miguel Ángel Torres Psicólogo especialista en psicología educativa Oratorio Casa Juvenil Don Bosco - Obra Salesiana Niño Jesús
Hola a ti, niño, niña, adolescente, joven o adulto que estás leyendo esto. Todos sentimos emociones todos los días, aunque a veces no sepamos cómo explicarlas. Sentir no te hace débil ni problemático. Las emociones son una forma en la que nuestro cuerpo y nuestra mente nos hablan sobre lo que vivimos.
Existen cinco emociones básicas presentes en todos: alegría, tristeza, miedo, enojo y desagrado. Todas cumplen una función importante. La alegría nos conecta con lo que nos hace bien y fortalece nuestros vínculos. La tristeza nos ayuda a procesar pérdidas y cambios. El miedo nos protege del peligro. El enojo nos muestra que algo nos parece injusto o que necesitamos poner límites. El desagrado nos ayuda a alejarnos de situaciones, ambientes o experiencias que pueden hacernos daño o generarnos malestar. Todas las emociones son necesarias cuando aprendemos a entenderlas y manejarlas.
Muchas veces no aprendimos a nombrar lo que sentimos. Por eso, la tristeza a veces se vuelve silencio, el miedo se convierte en rabia o la frustración termina en agresividad. Educar las emociones significa aprender a reconocerlas, entenderlas y expresarlas de forma sana.
Puedes empezar con tres pasos sencillos:
1. Reconoce lo que sientes.
Pregúntate: ¿qué estoy sintiendo ahora y en qué parte del cuerpo? Las emociones también se sienten en el cuerpo. El miedo puede aparecer como un nudo en el estómago, el enojo como calor o tensión en el cuerpo, la tristeza como un peso en el pecho y la alegría como energía y sensación de bienestar.
2. Identifica qué provocó esa emoción.
Piensa: ¿qué pasó antes? ¿Una situación, una palabra, un recuerdo? Entender el origen ayuda a responder con más conciencia y no solo desde el impulso.
3. Exprésala de forma sana. Hablar, escribir, respirar profundo o buscar apoyo son formas saludables de manejar lo que sentimos.
Cuando no gestionamos nuestras emociones, podemos reaccionar impulsivamente, alejarnos de los demás o hacernos daño. En cambio, cuando aprendemos a entenderlas, fortalecemos nuestras relaciones y nuestro bienestar.
Desde el carisma salesiano, educar las emociones es acompañar con cercanía, respeto y amor. Cuando una persona se siente comprendida, puede crecer. Entender tus emociones también te ayuda a entender a los demás y a construir ambientes más humanos y esperanzadores.
Por: Yessica Gómez Giraldo
Líder de Comunicaciones - Inspector`ía San Luis Beltrán
La ley 2503 de 2025 busca desarrollar competencias emocionales.
El carisma salesiano ya promueve:
Como recuerda el Cuadro de Referencia de la Pastoral Juvenil Salesiana, educamos integralmente: mente, corazón y voluntad.
La cátedra fortalece lo que ya somos:
Corresponsabilidad:
Escuela y Familia
La escuela debe:
• Informar contenidos y metodologías.
• Formar en autocuidado y prevención.
• Detectar factores de riesgo.
• Activar rutas de protección.
• Acompañar procesos psicoafectivos.
Razón: Educar para comprender lo que siento y por qué actúo así.
Religión: Proyecto de vida iluminado desde el Evangelio.
Amor (amorevolezza)
Acompañar con cercanía, presencia y cariño educativo.
• Un PEI que se sigue ajustando a las necesidades socioemocioanles de nuestros estudiantes.
• Docentes y orientadores capacitados.
• Educación socioemocional en el aula y en el patio desde la Pastoral Juvenil.
• Rutas de atención ante riesgos.
Corresponsabilidad: Escuela y Familia
La familia debe:
• Participar activamente.
• Dialogar sobre emociones en casa.
• Reforzar hábitos saludables.
• Apoyar procesos formativos.
• Informar situaciones que afecten al estudiante.
• Conductas autolesivas.
• Consumo de sustancias.
• Bullying y ciberacoso.
• Violencia y abuso.
• Problemas de salud mental.
La ley enfatiza prevención de: Nuestro Modelo Pedagógico Salesiano lo articula con:
• Cultura del buen trato y del cuidado.
• Presencia activa y cercana.
• El Patio como espacio educativo.
• Acompañamiento personal y dirección espiritual.
La ley incluye evaluación y comisiones nacionales
• Pruebas SABER (ICFES)
• Comisión Nacional de Seguimiento
• Encuesta Nacional de Salud Mental
Don Bosco decía: “No basta amar, es necesario que ellos se den cuenta de que son amados.”
Conoce más de la Congregación
Cuando recibo personas en consulta, la mayoría de las veces piensan bien acerca de su tendencia a sobrepensar. Llegan con ideas aprendidas acerca de cómo el sobrepensar les permite ser “más inteligentes”, “anticiparse a los problemas y estar preparados”, “ser profundamente reflexivos”, y otras tantas cualidades positivas que se atribuyen a raíz de sobrepensar.
Lo que trato de advertir en mis consultantes es que, si bien ellos han aprendido a asociar su identidad con esta tendencia a hilar e hilar pensamientos, hacerlo con demasiada dedicación y durante varias horas al día puede estar manteniendo y reforzando
más problemas emocionales que soluciones. Para hacerme entender, plantearé a continuación algunas definiciones, metáforas y ejemplos específicos acerca de cómo la tendencia a sobrepensar, en lugar de ayudarle, le puede estar perjudicando.
El pensamiento es un proceso natural y necesario del ser humano; no obstante, el sobrepensamiento es una tendencia del acto de pensar que se activa ante situaciones que generan incertidumbre, como por ejemplo: no saber lo que otra persona se quedó pensando sobre sí mismo, no saber qué va a pasar mañana, no saber si se ganará o no un examen, no saber qué hacer con el futuro, y un largo etcétera.
Por: Vanessa Gómez Giraldo Psicóloga especialista
en problemas del espectro de la ansiedad y la depresión
Este proceso de rumiación (sobrepensamiento) suele ser involuntario y difícil de eliminar. A pesar de que los individuos intenten no hacerlo, muchas veces se torna pegajoso y difícil de reducir, en especial cuando no se usan las estrategias adecuadas.
A mis pacientes suelo psicoeducarles sobre este proceso a partir de la siguiente metáfora:
“La metáfora del laberinto” nos muestra a una persona parada afuera de un laberinto que está construido con kilómetros y kilómetros de distancia a lo largo de sus múltiples caminos, con paredes anchas veinte veces más altas que la estatura de un ser humano.
La persona se encuentra justo frente a la puerta principal. Cada vez que piensa en una pregunta, la puerta se abre y, en el interior, se alcanzan a ver las Sirenas de Ulises invitando a entrar. Sin embargo, aún en ese momento tiene la opción de quedarse fuera o entrar.
Si ingresa, la puerta principal se cerrará y podrá ver en frente una serie de puertas que llevan a diferentes caminos entreverados y sin salida. Además, dentro de ese laberinto se encuentran todos los seres mitológicos que podrían llegar a ser un verdadero terror para quien los encuentre.
En todo caso, la persona conserva la posibilidad de quedarse fuera y ahorrarse el terror y la experiencia de atrapamiento. Pero también puede rendirse a la curiosidad, respondiendo a la siguiente pregunta en su mente y permitir que las segundas puertas del laberinto se abran, e ingresar tentada por la curiosidad de saber.
Una vez la persona ingresa allí, ya no puede salir. Estará atrapada horas y horas intentando salir con la estrategia inadecuada: seguir respondiendo preguntas. Y en ese recorrido aumenta la probabilidad de encontrarse con su peor miedo, que le hará pasar una de las peores experiencias de su vida. Esa es la forma en cómo la persona queda atrapada en el laberinto de la rumia, en el laberinto del sobrepensar.
La metáfora la comparto para recordarle a mis pacientes el por qué aprender a tolerar la incertidumbre puede ahorrarles horas y días de sufrimiento. Dicho de forma más clara: no es necesario responder a todas las preguntas que nos hace el pensamiento, en especial si se trata de problemas del futuro sobre los cuales no tenemos nada que controlar.
Por ejemplo, una persona que ha desarrollado ansiedad tiende a evitar un amplio rango de situaciones vitales que pueden llegar a representar algún problema o peligro (real o hipotético). Aquí la rumia funciona como una estrategia que intenta anticipar como se verá una situación futura; pero esta tendencia arrojará una idea de que el resultado será catastrófico, como quien tiene que volar en
avión y anticipa que el avión se cae, aun cuando la estadística muestra que volar en avión es incluso más seguro que otros medios de transporte.
Por otro lado, la rumia intenta generar soluciones constantes que alivien a la persona del malestar anticipado y aumenta la creencia de que preocupándose estará segura. Es decir, si pienso que el avión se va a caer y, por tanto, dejo de viajar, la creencia que se arraiga es que la persona no ha caído con el avión no porque los aviones no se caen todos los días, sino que arraigará la creencia de que no ha caído del avión porque no vuela en avión.
Con el tiempo el encadenamiento de preocupaciones y anticipaciones constantes, sumados a los intentos de evitación, repercute en dificultades para dormir y descansar, lo que aumenta la irritabilidad y la dificultad para disfrutar de actividades agradables. También aparecen distorsiones en la percepción que llevan a no hacer contacto con el placer, incluso cuando se está en actividades que podrían gustarle.
Con el tiempo, la vida cotidiana se catastrofiza y se interfiere la habilidad para resolver problemas, dejándolos sin resolver y acumulando mayor cantidad de problemas, entre los que son reales y los que son hipotéticos. Además empieza a tener dificultades interpersonales, ya sea porque evita verse con amigos o familia o por la misma manifestación excesiva de preocupaciones e intento de control sobre su propia conducta y la de otros. La persona cada vez más pierde contacto con la habilidad de notar lo que es un hecho y construye creencias sobre sí misma de poca efectividad.
Hoy no hablamos de soluciones, más bien desarrollé a propósito el problema. Pero si quedó inquieto con el tema y quiere profundizar sobre una solución, buscar a un psicoterapeuta informado en procesos de rumia o aprender sobre mindfulness y practicarlo podrá ser un buen inicio para mejorar su tendencia a sobrepensar.
POV: ERES JOVEN (PUNTO DE VISTA) DE LOS JÓVENES
Indica que, como fui a misa, me cae bien toda la gente que encuentro en el camino.
HYPE: Emoción por algo
Indica un sentimiento dudoso hacia esa persona.
Indica que me siento un poco enojado porque me toca madrugar.
POV: Punto de vista
Indica que estoy muy contento y quiero bailar.
Conoce más sobre las frases populares de esta generación.
Indica que tengo sentimientos y tus palabras me lastiman.
Indica que me da un poco de pena.
RANDOM: Raro
Se usa cuando quedas perplejo por algo que escuchaste y te resulta increíble.
CRINGE: Pena ajena
CHILL: Relajarse
Se usa cuando te dicen algo que no puedes creer, algo muy raro para ser verdad.
GHOSTEAR: Ignorar
Se usa cuando estás abrumado.
Se usa para referirse a una persona que no sostiene las cosas que dice, haciendo referencia al libro de Rousseau "El Emilio"
En los discursos educativos contemporáneos, la expresión “niños de cristal” ha emergido como una forma de nombrar la aparente fragilidad emocional de algunos estudiantes. Sin embargo, esta realidad no puede comprenderse de manera aislada del contexto familiar y emocional en el que se desarrollan niños y adolescentes. Las emociones de los adultos como el miedo, la ansiedad o la culpa influyen directamente en las pautas de crianza y en la manera como los estudiantes enfrentan las exigencias del entorno escolar.
Esta reflexión surge de la experiencia cotidiana en el acompañamiento psicoeducativo a estudiantes y familias en el entorno escolar.
Desde una perspectiva de educación emocional, la sobreprotección no se interpreta como una ausencia de afecto, sino como una respuesta emocional frente a contextos sociales y educativos marcados por la incertidumbre. En la escuela, estas dinámicas se evidencian en estudiantes con baja tolerancia a la frustración, dependencia constante del adulto y dificultades para asumir responsabilidades acordes a su etapa de desarrollo.
La escuela, especialmente en la educación pública, cumple un rol fundamental como espacio de formación integral. Su función trasciende la transmisión de contenidos académicos y se orienta al desarrollo emocional, social y convivencial de los estudiantes.
Por: Cindy Carolina Gutiérrez Psicóloga educativa
Egresada de la Universidad
Católica
de Colombia
En este proceso, la orientación escolar actúa como mediadora entre familia y escuela, favoreciendo el diálogo, la comprensión mutua y el acompañamiento preventivo.
Educar emocionalmente implica reconocer que el error, el conflicto y la frustración forman parte del aprendizaje. Acompañar sin sustituir, orientar sin controlar y confiar sin abandonar se convierten en principios clave para una crianza emocionalmente responsable. Cuando familia y escuela trabajan de manera articulada, se fortalecen las competencias emocionales de los estudiantes y se promueve su bienestar integral.
La educación emocional es una tarea compartida que exige revisar las emociones adultas que orientan la crianza y la práctica
educativa. Más que etiquetar a los estudiantes como frágiles, se hace necesario generar entornos que favorezcan la autonomía, la confianza y la corresponsabilidad, permitiendo que niños y adolescentes desarrollen herramientas emocionales para afrontar la vida escolar y social.
Desde el carisma salesiano, educar emocionalmente implica acompañar con cercanía y confianza, creyendo en las capacidades de cada niño, niña y joven. Inspirada en el enfoque preventivo, la educación no busca sobreproteger, sino formar personas autónomas, responsables y capaces de afrontar la vida con esperanza, mediante una alianza sólida entre familia y escuela.
Educar desde y para las emociones en clave salesiana en clave salesiana
Por: Angela María Bedoya Cardona Mg en psicología y salud mental y especialista en salud mental del niño y el adolescente Diseño gráfico: Valeria Cardona Badel y Cleilvi Elimar Ortiz
Colegio Salesiano El Sufragio
El Colegio Salesiano El Sufragio comparte para el trabajo en el aula una propuesta formativa centrada en la personalización de las emociones, articulándola de manera coherente con el carisma salesiano y con la vivencia del “encuentro en el patio”, elemento esencial en la pedagogía de Don Bosco. Más que una estrategia puntual, se trata de una apuesta institucional que reconoce que la educación no puede limitarse a la transmisión de conocimientos, sino que debe abarcar la dimensión afectiva como parte fundamental del desarrollo integral.
Personalizar las emociones implica reconocer que cada estudiante vive sus experiencias de manera distinta y que, por tanto, requiere un acompañamiento respetuoso de su historia, su contexto
familiar y sus procesos individuales. No se trata únicamente de nombrar emociones como la alegría, la tristeza o la frustración, sino de ofrecer herramientas para comprenderlas, gestionarlas y canalizarlas de forma constructiva. Este proceso contribuye al fortalecimiento de habilidades como la empatía, la autorregulación y la resolución pacífica de conflictos.
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DESCUBRE LAS EMOCIONES:
DESCUBRE LAS
EMOCIONES: (Furia) es una emoción básica y adaptativa que cumple una función importante en la autorregulación emocional. No es negativo experimentarlo; su aparición suele indicar que se han vulnerado límites personales, que existe una percepción de injusticia o que las propias necesidades no están siendo reconocidas. Lo recomendable es reconocerlo y atender el mensaje que transmite: la necesidad de establecer límites claros o de propiciar un cambio en la situación.
(Asombro) aparece cuando percibimos una amenaza o peligro, real o imaginario. Activa al cuerpo y la mente para reaccionar: el corazón late más rápido, los sentidos se agudizan y la atención se centra en lo que podría ponernos en riesgo. Aunque a veces resulta incómodo, el miedo cumple una función vital: nos protege, nos impulsa a actuar con cautela y nos prepara para sobrevivir o adaptarnos.
(Tristeza) es cuando nos sentimos un poquito apagados o con ganas de llorar porque algo nos duele, nos hace falta alguien o algo no salió como queríamos. Es normal sentirse así a veces. La tristeza nos ayuda a decirle a los demás que necesitamos un abrazo, un rato tranquilo o alguien que nos escuche. Después de un tiempo, nos ayuda a sentirnos mejor
(Desagrado) es cuando algo no nos gusta o nos hace sentir incómodos. Por ejemplo, puede ser un sabor raro, un olor fuerte o que alguien haga algo que nos incomode. Es normal sentir desagrado a veces. Esta emoción nos ayuda a alejarnos de lo que nos hace sentir mal y a cuidar de nosotros mismos.
(Alegría) surge cuando experimentamos bienestar, satisfacción o conexión con algo que valoramos. Se manifiesta como una sensación de energía, expansión y entusiasmo que impulsa a compartir, crear y disfrutar. La alegría ánimo, sino que y el cuerpo: estimula refuerza sociales.
Por: Fernando Duarte Marroquín
Vivimos una revolución silenciosa:
La forma en que las y los jóvenes expresan lo que sienten ha cambiado tanto como la tecnología que usan para comunicarse. Antes, compartir un sentimiento significaba mirarse a los ojos o escribir una carta; hoy, significa enviar un sticker, un emoji o publicar una historia que desaparecerá en 24 horas. Esta transformación es mucho más que un cambio de formato: redefine la experiencia emocional juvenil en profundidad y plantea nuevos desafíos educativos, familiares y sociales (American Psychological Association APA, 2023).
La adolescencia sigue siendo una etapa de intensos cambios biológicos y psicológicos, marcada por la búsqueda de identidad y la regulación de emociones que a menudo son intensas y volátiles. El cerebro adolescente, cuyo sistema de control emocional aún está en desarrollo, contribuye a que estos jóvenes vivan los sentimientos con una intensidad notable. En este contexto, las tecnologías digitales no solo median la comunicación, sino que configuran nuevas formas de sentir, interpretar y expresar las emociones (Zilka, 2021).
Las redes sociales se han convertido en verdaderos escenarios emocionales. Allí, los jóvenes no solo comparten lo que sienten, sino que aprenden cómo expresarlo según códigos visuales, narrativos y simbólicos aceptados socialmente. Investigaciones recientes señalan que la expresión emocional en línea tiende a ser más autorreferencial y de alta activación emocional, especialmente en adolescentes con rasgos de ansiedad o depresión, lo que sugiere que el entorno digital puede amplificar estados emocionales preexistentes (Jin et al., 2026).
Al mismo tiempo, emerge una fuerte presión por mostrar emociones positivas. La literatura académica denomina este fenómeno como “sesgo de positividad”, donde se privilegia la exhibición de felicidad, éxito o bienestar, mientras se invisibilizan emociones como la tristeza, el miedo o la frustración.
Esta performance emocional sostenida puede generar comparaciones constantes y una desconexión progresiva entre lo que se siente y lo que se muestra
públicamente, afectando la autenticidad emocional de los jóvenes (APA, 2023).
Otro aspecto relevante es el uso de recursos simbólicos como emojis, stickers y reacciones rápidas, que funcionan como atajos emocionales. Estos elementos permiten expresar afecto, ironía o malestar de forma inmediata, pero también pueden empobrecer el lenguaje emocional si no se complementan con procesos reflexivos y comunicativos más profundos. Según Zilka (2021), estos códigos no verbales cumplen una función reguladora, pero requieren alfabetización emocional para ser utilizados de manera consciente.
No obstante, el mundo digital también ofrece oportunidades significativas. Para muchos jóvenes, las plataformas virtuales son espacios de apoyo social, pertenencia y exploración identitaria, especialmente cuando encuentran comunidades afines o redes de contención emocional. La clave está en el desarrollo de una inteligencia emocional digital que permita reconocer, expresar y regular emociones de forma saludable tanto en entornos presenciales como virtuales (Jin et al., 2026).
Comprender estos cambios no implica demonizar la tecnología, sino acompañar a los jóvenes en el aprendizaje de un nuevo lenguaje emocional. Un lenguaje que combine la inmediatez digital con la profundidad del encuentro humano, y que permita que detrás de cada emoji siga latiendo un corazón auténtico, capaz de nombrar lo que siente y de construir vínculos sanos y significativos.
Referencias
American Psychological Association. (2023). Health advisory on social media use in adolescence. https://www.apa.org/ topics/social-media-internet/health-advisory-adolescentsocial-media-use
Jin, C., Yang, J., Liang, Z., Qiu, J., Zha, R., Yuan, Z., Shen, Y., & Zhang, X. (2026). Navigating online emotion: Affective patterns and depressive traits in youth digital engagement. Frontiers in Psychology, 16. https://doi. org/10.3389/fpsyg.2025.1736426
Zilka, G. C. (2021). Attitudes, emotions, and the use of emoji in social networking apps by children, adolescents, and young adults. Interchange, 52(3), 337–355.
Por: Solangie Andrea Cortés
Psicóloga con Especialización en Gerencia de Talento Humano - Servicios Inspectoriales
Provincia San Pedro Claver.
En la espiritualidad salesiana creemos que educar es un acto de amor, y que acompañar a niños, niñas y jóvenes en el mundo de las emociones es tan importante como enseñarles a leer, a pensar o a soñar.
Los pensamientos negativos no son enemigos; muchas veces son mensajes del corazón que piden ser escuchados. Desde el estilo de Don Bosco, no se trata de corregir desde el miedo, sino de acompañar desde la cercanía, la razón y la esperanza.
Cuando un pensamiento negativo aparece, detente un momento y pregúntate:
¿Esto que pienso es verdad o es lo que siento en este momento?
¿Qué emoción está hablando dentro de mí?
¿Este pensamiento me acerca o me aleja de los demás?
¿Qué me diría alguien que me quiere de verdad?
Tristeza Temor Desagrado
Tips para acompañar el corazón
Detén el pensamiento, no la emoción: No luches contra lo que sientes. Mejor di mentalmente: “Esto es un pensamiento, no soy yo”.
No te pelees contigo mismo: Sentirte triste, cansado o confundido no te hace débil. Reconocerlo es un acto de valentía.
Cambia el “siempre” y el “nunca”: Los pensamientos negativos suelen exagerar. Prueba reemplazarlos por: “Hoy me siento así” “Esta situación es difícil, pero no permanente”
Me detengo:
¿Qué estoy pensando ahora?
Reconozco:
¿Qué emoción hay en mi?
Cambia la voz interna: Cuando tu mente te dice: “No puedo”, responde con suavidad: “Estoy aprendiendo”.
Respira para volver al presente: Tres respiraciones lentas (inhalar 4 segundos, exhalar 6) ayudan a que el cuerpo se calme y la mente baje el volumen.
Escríbelo y sácalo de la cabeza: Escribir lo que piensas libera espacio mental. A veces, verlo en papel nos hace darnos cuenta de que no todo lo que pensamos es verdad.
Confío y actúo:
¿Qué puedo hacer hoy para cuidarme y cuidar a otros?
Rodéate de voces que sumen: Hablar con alguien de confianza cambia la perspectiva. La emoción compartida pesa menos.
Una mirada desde Don Bosco
Don Bosco creía profundamente en la bondad que habita en cada joven. Acompañar los pensamientos negativos no es controlarlos, es enseñar a mirarlos con esperanza, a no quedarse atrapados en ellos y a descubrir que siempre hay una oportunidad para crecer.
Educar las emociones es formar buenos cristianos y honestos ciudadanos, capaces de convivir, de perdonar, de soñar y de amar.
Porque una mente acompañada, comprendida y cuidada… es una mente que puede crecer.
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Educar con el corazón
La fuerza de la educación socioemocial desde el carisma salesiano
Por: Edwin Nicolai Correa
Rector - Instituto Salesiano San José Mosquera Cundinamarca
Quiero iniciar con un episodio muy conocido en las Memorias del Oratorio de San Francisco de Sales, escritas por nuestro queridísimo
Don Bosco: el encuentro con Bartolomé Garelli, hecho que dio inicio al camino del oratorio salesiano. En este acontecimiento conocemos a un joven de aproximadamente 16 años con profundas vulnerabilidades a nivel afectivo y social: era huérfano (sin padre ni madre), analfabeto y sin formación religiosa básica; muy probablemente se encontraba en condiciones de abandono o desprotección. Esta situación reflejaba carencia de vínculos seguros, poco o nulo apoyo emocional y un alto riesgo de exclusión social.
Don Bosco, desde su estilo particular, lo acoge mediante el buen trato, la escucha atenta, la cercanía afectiva y la creación de una relación de confianza y amistad. Este modo de proceder se concreta en gestos sencillos, pero profundamente
educativos: la palabra al oído que orienta, los buenos días que animan la jornada, la presencia constante en el patio que acompaña y previene, el diálogo personal que sostiene, y las buenas noches que iluminan el corazón antes del descanso. He aquí la clave que nos permite hablar con propiedad de las necesidades de una educación socioemocional y de cómo abordarlas en los ambientes educativos sin que se conviertan en una asignatura más.
Para ello, debemos centrar la mirada en el contexto de la Ley 2503 de 2025, que crea e implementa la cultura de la educación emocional en todos los niveles educativos (preescolar, básica y media). Esta ley surge como respuesta a tres grandes desafíos:
Salud pública: aumento de dificultades de salud mental en la población escolar, evidenciándose en el incremento de ansiedad, depresión, estrés y conductas de riesgo en niños y niñas.
Construcción de paz: necesidad de fortalecer competencias ciudadanas, reconciliación y cultura del cuidado.
Calidad educativa integral: formación del ser, no solo del saber.
Desde esta realidad, descrita por la Ley 2503 como respuesta vital a un contexto social marcado por la violencia, el conflicto y la normalización de la agresión —que ha permeado también el ámbito educativo y familiar—, surge la necesidad de educar para la paz, la empatía y la resolución pacífica de conflictos.
Ante este panorama, es necesario volver al principio fundamental que inspiró a Don Bosco y a toda su obra, condensado en una expresión sencilla y profundamente transformadora: “iluminar la mente para formar el buen corazón”. Este principio, de raíz evangélica, nos recuerda que más que una cátedra socioemocional, nuestras comunidades educativas pastorales tienen en su acción cotidiana el mayor legado formativo: el criterio oratoriano vivido en la presencia cercana del educador, en el acompañamiento personal, en la familiaridad que genera confianza y en los gestos cotidianos que hacen sentir amado al joven.
En él, cada niño, niña y joven encuentra un hogar, una familia, es decir, “un lugar santo, donde se forman santamente para la santidad, por quienes viven santamente”. Por
ello, nuestros ambientes educativos toman como modelo el oratorio, donde cada agente educativo es padre, hermano, maestro, amigo, testigo y referente de vida; alguien que está entre los jóvenes, comparte su vida diaria, acompaña sus juegos, escucha sus inquietudes, orienta sus decisiones y comunica constantemente “eres importante, eres amado, no estás solo”.
Cada presencia salesiana es más que un espacio físico: se constituye en un verdadero ecosistema pedagógico donde la educación socioemocional no aparece como una tendencia moderna, sino como una dimensión constitutiva del sistema preventivo. Antes que corregir conductas de riesgo, busca prevenirlas mediante vínculos significativos, experiencias de fe y una presencia educativa que sana, orienta y da esperanza.
Por tanto, la expresión concreta del amor educativo en una casa de Don Bosco se resume en una convicción profunda: educar es amar, y amar es educar; es crear un ambiente donde cada joven se sabe querido, acompañado y llamado a ser más, gracias a una presencia que saluda, escucha, orienta, anima y bendice cada día de su vida.
Educar para el encuentro
Angela Maria Bedoya Cardona
Mg en psicología y salud mental y especialista en salud mental del niño y el adolescente
Colegio Salesiano El Sufragio
Las problemáticas contemporáneas y las propuestas consumistas de un mundo acelerado, llevan a que nuestros niños, niñas y adolescentes se vean inmersos en ambientes carentes de configuraciones conscientes de su propia existencia. En este sentido, son menos las posibilidades y no se da lugar a ejercicios introspectivos que les permita conocerse a sí mismos y tener las suficientes habilidades para habitar con el otro, de alojarlo como un igual, con empatía, atención y disposición para implantar la construcción de ambientes humanizantes. Estos aspectos resultan indispensables en una actualidad donde prevalece la inmediatez y subjetividades permeadas por demandas estandarizadas, las cuales exigen la búsqueda de estrategias que posibiliten el desarrollo de capacidades para habitar con el otro de forma asertiva y constructiva.
En algunos escenarios se puede observar cómo, en la población estudiantil, el síntoma reflejado en acciones de intolerancia, apatía, conflictos e incapacidad para interactuar, se constituye en la vía para manifestar un conflicto psíquico y la falta de recursos emocionales para gestionar las experiencias del día a día.
En este marco surge el llamado y la necesidad de preparar y acompañar en educación
socioemocional, reconociendo lo singular, lo individual y las construcciones internas, así como explorar su carácter único (lo emocional), pero también contar con una instancia que posibilite lo genuino para convivir con el otro (lo social) comprendiendo que no solo se prioriza el sentir propio, sino que se debe buscar un diálogo entre lo personal y lo colectivo para fortalecer el crecimiento humano, donde convergen las emociones, lo cognitivo, lo relacional y lo existencial.
A partir de esto, se hace necesario que las instituciones, familias, colegios y la sociedad, sean formadas en educación socioemocional, donde cada persona pueda partir de un reconocimiento de sus necesidades personales, fortalecer su autoconocimiento, la autoestima y la construcción de la identidad. Estos aspectos se constituyen en pilares fundamentales para fortalecer la responsabilidad personal, promover una
que recibirá la simbolización de personas capaces de expresar lo que sienten desde el respeto y la empatía.
Desarrollar competencias socioemocionales en nuestros estudiantes permite tener ambientes de sana convivencia, construcción de experiencias significativas, el apoyo mutuo y herramientas para la resolución de conflictos, así como la regulación emocional, dando prioridad a lo singular teniendo presente que cada acontecimiento de la vida genera modificaciones en la estructura del ser humano. La educación socioemocional favorece el darse cuenta de las propias emociones, pensamientos y conductas, posibilitando una mayor conciencia de sí y una lectura más clara del mundo que los rodea.
En síntesis, la educación socioemocional no se limita al desarrollo de habilidades