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BOLETÍN INFORMATIVO Año XXIII, Número 200, Julio - Agosto 2013

VICARIATO REGIONAL DE SANTA ROSA DE LIMA - PERÚ

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“Vete de tu tierra y de tu patria, a la tierra que yo te mostraré”

SUMARIO

Estoy a la puerta y llamo (4) La idea de Dios y de la Misión (6) Relatoría final del I Congreso de Historia de la Orden (13) Los restos del Padre Ricardo descansan en Sepahua y Nembra (19) Falleció en EEUU Mons. Guido Breña, Obispo Emérito de Ica (22) Miscelánea Amazónica (24)


Director: Fr. Samuel Torres Rosas, O.P.

E mail: bolmisdom@hotmail.com

Dirección: Santuario de Santa Rosa de Lima Jr. Chancay 223, apartado 1296 Teléfono (01) 425 12 79

Diseño de edición: Centro Cultural José Pío Aza

Edición electrónica: www.selvasperu.org

Recepción de artículos: Hasta el 18 de octubre del 2013. Enviarlo por correo electrónico

Foto de portada: Misioneras Dominicas del Rosario en Kirigueti


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Editorial

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Esta edición de nuestro boletín lleva un poco de retraso, la estancia en España por motivos del capitulo han motivado esta demora, de la cual quiero pedir mil disculpas.

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Estos meses de Julio y Agosto son espacios de gran significado para nuestro país, Julio es el mes patrio. Ocasión para reflexionar sobre nuestro compromiso por el avance y desarrollo de esta hermosa y generosa tierra, que nos cobija y acoge y a la cual amamos y querernos verla grande, con mayor justicia social, con menos desigualdades, porque Dios ha bendecido esta tierra con innumerables recursos, que no siempre son debidamente distribuidos, Agosto tiene un significado especial para Lima y todo el Perú, celebramos a nuestra querida Rosa de Lima, primera flor de santidad en este suelo americano y para gloria de la orden, hermana nuestra. En esta edición un breve informe sobre como se vivió esta celebración en el Santuario de Santa Rosa, atendido por nuestro vicariato. No podía faltar en nuestro boletín, como es ya costumbre, temas de reflexión y toda la información sobre las diversas actividades que más han destacado en estos meses en el ámbito de nuestro quehacer misionero. Un abrazo Fr. Samuel Torres Rosas, O.P. Director del Boletín

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Estoy a la puerta y llamo

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Fr. Pablo Zabala, OP Misión Colorado

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Estoy a la puerta y llamo, si alguien me abre, entraré y cenaremos juntos.

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Ay Jesús, lo malo es que después no sales, que te haces dueño de nuestras vidas. No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí.

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Ya no hay tiempo para el descanso, nos comprometes en todo, nada nos resulta ajeno. Tanta gente que nos rodea, que se apega a nuestros pasos y espera mucho de nuestras manos. Nos mandas construir una capilla, levantar el albergue para jóvenes estudiantes, armar gallineros, cultivar hortalizas, cavar piscigranjas, atender botiquín, poner inyecciones, curar heridas, hacer de carpintero, mecánico, costurero… Atender la cocina, llenar la despensa, animar a los profesores y alumnos para que cumplan la tarea, implementar la biblioteca, arreglar los ordenadores… ¡Aún más! Organizar la catequesis, dar las charlas presacramentales, apuntar las partidas, acoger a todos. Visitar las comunidades y poblados de la misión, recorrer las aulas, saludar por las casas. Arreglar la camioneta, buscar los repuestos de tantas averías para intentar llegar para bautizar, confirmar o enterrar… También acudir a las reuniones de autoridades, Sagrado Izamiento dominical, asambleas de padres de familia, asociaciones de agricultores, ganaderos, transportistas, comités pro construcción, Frente de Defensa, Comunidad Cristiana, Mayordomos… Escuchar a cada uno que llega con sus solicitudes, problemas, buscar solución y consuelo. Sembrar sonrisas y caricias. ¿Quieres llamar?, pero si la puerta está abierta. Hace tiempo que los chicos rompieron la cerradura, no hay candado ni cerraja que resista.

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Además nunca estoy en casa, desde niño fui a tu casa, allí me educaste y me enseñaste que la vida está fuera, en el dar, en el darse, y así nunca acaba, se multiplica.

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Yo sé que Tú estás en todo, que nos pones de fachada para disimular, que Tú tienes la solución cuando a nosotros nos parece imposible.

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Camino tranquilo porque no me siento responsable sino obrero, empezar sin tener y terminar sin deber es la experiencia de cada obra.

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Como nada es para mí, nada me pueden quitar, nada pierdo, hay alegría en la nada. Pero siento que todavía queda un tanto de egoísmo, de orgullo secreto que acusa nuestra conciencia. Cuando contemplo nuestra casa y comparo con la del vecino me parece que queda mucho por compartir. Vivir con ellos, comer como ellos es nuestra forma de educar, para que puedan vivir como nosotros y aprendan a compartir con los suyos y así todos mejorar. Jesús, puedes llevarte la puerta y te ahorras de llamar o aporrea fuerte y el eco contestará.

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La idea de Dios y de la Misión van con nosotras desde el amanecer

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Hna. Consuelo de Prado Fiesta de Pentecostés 2013

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Cuando el 13 de noviembre de 1913 un grupo de religiosas salían del Beaterio de Dominicas de Santa Rosa de Huesca, para irse a la selva del Madre de Dios en Perú, invitadas por un Obispo dominico, iniciaban un largo éxodo que les cambiaría radicalmente la vida. Eran seis mujeres y con ellas partían los "sueños" de algunas otras que, por el momento quedaban en el Beaterio… Con la salida de Huesca empezaba la experiencia que más tarde daría origen a una nueva congregación misionera en la Orden Dominicana. Al dar los primeros pasos no tenían claridad y menos seguridades sobre el futuro. Como si quisieran mantener vínculos con lo que dejaban atrás, habían formalizado algunos acuerdos con su beaterio de origen. Pero pronto caerían en la cuenta de que era imposible "partir y quedarse". Después de una forzada estadía en el Beaterio de Nuestra Señora del Patrocinio en la Alameda de los Descalzos de Lima, llegaron a Puerto Maldonado en julio de 1915… Y en 1918 se creaba formalmente la nueva Congregación de Misioneras Dominicas del Rosario, en Lima, Perú. Pronto comenzaron a recibir postulantes para la congregación misionera en el mismo Beaterio donde estaban alojadas. Después trasladaron el noviciado a Huacho, y en 1920 abrieron noviciado también en Pamplona (España). Tanto el Obispo Dominico, Mons. Ramón Zubieta, como la Hna. Ascensión Nicol, que asumió pronto el liderazgo del grupo, eran de origen navarro y esas raíces les hicieron volver a su tierra en búsqueda de vocaciones. Y éstas afluyeron en mayor número de lo que habían podido pensar, en una y otra nación. Pero no solo eran jóvenes que ingresaban al postulantado para iniciar su formación. De distintos monasterios españoles de Dominicas hubo voluntarias, mujeres ya maduras, para unirse a la obra misionera en la nueva Congregación. También se unirían, años más tarde, las pocas Hermanas que quedaban en el Patrocinio.

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Algunas mujeres piadosas que vivían en comunidad en Arequipa, con sus bienes hicieron una Fundación que daría origen al colegio Nuestra Señora del Rosario. Dichas beatas se unieron, con el tiempo, a la Congregación recién creada. Y no fueron las únicas. En Cusco también se dio una anexión de este tipo.

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Este proceso tan singular obligó a recrear el carisma dominicano femenino con la incorporación de variadas experiencias y matices diferentes. Lo que ahora llamamos "interculturalidad" fue para ellas un camino obligado que les llevó a unificar en la misión esa pluralidad de experiencias, a recrear un nuevo estilo asumiendo los aportes de todas las tradiciones de las que procedían las Hermanas. Con todo, y más allá de las anécdotas históricas, vuelve una y otra vez la pregunta fundamental: ¿Qué espiritualidad alimentó ese proceso de fusión que dio origen al surgimiento de una identidad más abierta y universal que aquella con la que cada grupo venía? En una visión panorámica, podríamos señalar algunos momentos que recogen etapas diferentes de nuestra evolución espiritual: 1. Desde el Beaterio de Huesca 2. La primera misión en la selva del Perú 3. El sentido de la Congregación hoy 1. DESDE EL BEATERIO DE HUESCA Como era común en monasterios y beaterios de la época, la espiritualidad se expresaba allí en los cauces tradicionales de la observancia regular. Se buscaba a Dios por los caminos de una piedad exigente vivida al margen de las coordinadas históricas y sociales. Al alejarse del "mundo" para servir mejor a Dios, se convertía la clausura en un camino espiritual caracterizado por el sacrificio y la disciplina más rigurosa. Con todo, en Huesca las monjas mantenían una disponibilidad abierta para salir de su clausura y trasladarse a lugares más necesitados. Recibían testimonios misioneros de los Dominicos que trabajaban en Filipinas. Las mediaciones humanas jugaron un papel muy importante en la concreción de la salida. Las que se habían ejercitado en escuchar a Dios a través de las Hermanas y de su consejo sugerente, reconocieron en la visita y la petición del obispo misionero Ramón Zubieta, la respuesta que Dios daba a su ofrecimiento. El "Vete de tu tierra y de tu patria, a la tierra que yo te mostraré", cobraba para ellas plena actualidad y exigencia. Y así las que un día habían dejado su familia para encerrarse en la clausura, abandonaron ahora la paz del claustro y sus estructuras protectoras para iniciar un

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largo viaje confiadas solo en la Providencia. Los años vividos en disciplina monástica las habían adiestrado en renuncias y desprendimientos para acercarse por caminos interiores al "solo necesario".

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Pudiera ser que la misión educativa que venían desarrollando dentro de la clausura, desde hacía mucho tiempo, con la juventud femenina de la zona, fuera el cauce apostólico que les había preparado para proyectarse más allá del monasterio a otros campos misioneros. En cualquier caso, no absolutizaron los medios por los que hasta entonces había transcurrido su vida espiritual. Al salir de la clausura pusieron a prueba su capacidad de adaptación y su creatividad espiritual para abrir nuevos caminos.

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2. LA PRIMERA MISIÓN EN LA SELVA DEL PERÚ

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Puerto Maldonado, lugar ignoto, enclavado en el corazón de la selva peruana, a orillas del río Madre de Dios, fue el marco geográfico en que se puso en marcha el dinamismo misionero que daría origen a la nueva congregación. En el centro de esa dinámica encontramos una experiencia de Dios profunda y contextuada. Las Hermanas tomaron muy en serio los trajines de aquella historia concreta; el mismo Mons. Zubieta le explicó los hilos secretos de la explotación de los nativos de la selva por parte de los caucheros. Y ellas eran conscientes de que el trato que brindaban a los nativos comprometía la autenticidad de su seguimiento de Jesús. Intuyeron desde el comienzo que no había otro camino espiritual por el que pudieran avanzar en la perfección cristiana, si se separaban de una historia a la que habían llegado sin conocerla. El Misterio de la Encarnación en el que se van adentrando desde la vida en la selva, se les va revelando con nuevas dimensiones. En ellas descubren los nuevos rostros que va asumiendo el Hijo encarnado. Tratar a los "chunchos" como hermanos, fue la primera práctica a la que se entregaron, con asombro de los colonos. Dispensando a todos/as un trato humano que resultara coherente con las exigencias de la fe que ellas vivían, van ideando los métodos apropiados para acercar a aquellas gentes al gran mensaje del que son portadoras: "Dios está con nosotros y es el Padre de todos". Inspiradas por el Espíritu del Hijo que hace clamar al Padre con una confianza básica y radical, tradujeron el amor del Padre, su ternura y compasión, revelados en los gestos de Jesús, en la clave del cariño, la acogida y la ternura de su corazón humano. Y lograron que las gentes sencillas accedieran a la experiencia de un Dios gratuito, fuente del cariño que nos regala la vida en plenitud al hacernos hijos suyos. Las Hermanas fueron fortaleciendo, con el apoyo y la compañía del obispo misionero, esta perspectiva del amor solidario, que también llevaba consigo la

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incomprensión y la crítica de algunos sectores de la sociedad limeña que no entendían la ubicación de las "Madres españolas" que, además eran educadoras en un rincón perdido de la selva. No les faltaron presiones eclesiásticas para que se hicieran cargo del Beaterio limeño que a la sazón estaba en decadencia.

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Ninguna dificultad, contrariedad, ni privación logró apartarles de su "nueva vocación". Esta se hacía más honda, y más teológica si cabe, en la experiencia de la confrontación: "Nunca me he sentido tan cerca de Dios…", escribiría la Madre Ascensión refiriéndose a lo que para ella supuso la experiencia de la selva. Era el gran descubrimiento: en el esfuerzo cotidiano por hacerse hermanas de los marginados, y asumir de muchas maneras, la cruz de la incomprensión y de la falta de recursos, experimentaron más cerca la paternidad de Dios que les cambiaba por dentro.

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El despojo de modos de hacer y maneras de vivir, de categorías de pensamiento y de lenguaje, de sensibilidades selectivamente cultivadas, constituyó todo un aprendizaje, con frecuencia doloroso y controvertido, para acercarse, "desde abajo", a los hombres y mujeres de la selva en cuyos ojos descubrieron el brillo divino del rostro del Hijo opacado por la tristeza. Los hijos y las hijas de la selva a quienes se había arrancado su dignidad de personas, encontraron un trato que le devolvía esa dignidad y un amor que les hacía sentirse preferidos. Tratar a los "chunchos" como personas era ejercicio diario de una fe que se iba haciendo más honda. Las Hermanas estaban abriendo una veta preciosa en el seguimiento de Jesús, el Hermano de todos. Empezaron a entender entonces que ningún grupo humano puede quedar fuera de la humanidad que Él asume y que integra en el proceso de divinización que ha puesto en marcha en la historia. Al celebrar esta fe cristo-céntrica en la oración de cada día, sentían la alegría de saberse necesarias para que el amor gratuito y universal de Dios encontrara mediaciones humanas en sus propias vidas convertidas en signos coherentes del mensaje que anunciaban. Maldonado adquirirá con el tiempo un valor simbólico; no será un signo estático, como si todo estuviera fijado desde el comienzo. La primera vivienda de las Hermanas en pueblo viejo, aquella que guardaba "los inicios", se la llevó el río Madre de Dios en una de sus crecidas. En adelante, la itinerancia dominicana pasará a ser rasgo de su identidad misionera. Y no les dejará "fijarse" en el pasado porque la misión convoca siempre desde el futuro, con nuevos desafíos históricos y, por consiguiente, exigencias nuevas. 3. EL SENTIDO DE LA CONGREGACIÓN HOY "Como el Padre me ha enviado, así los envío yo a Vds.: Vayan por el mundo y prediquen el Evangelio a todas las gentes".

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Con este mandato evangélico comienza el texto de nuestras constituciones, remueve en lo profundo las motivaciones espirituales de nuestra vocación. Y ello ocurre siempre en un clima de misterio y trascendencia. No podemos explicar racionalmente el porqué de una llamada que nos sobrepasa. No somos nosotras quienes tomamos la iniciativa. Y cuando volvemos a preguntarnos cómo fueron los comienzos de nuestra vocación, descubrimos que "la idea de Dios y de la misión andaban juntas desde el amanecer"1. Esta intuición premonitoria anticipa en la conciencia la síntesis vital a la que nos va conduciendo progresivamente nuestra experiencia de Dios. Desde nuestra juventud, y algunas desde la infancia, hemos sentido la atracción por la misión. La asimetría existente entre la fuerza de la llamada y nuestra posibilidad de respuesta simboliza abiertamente la gratuidad de un don movilizador de capacidades aún dormidas y en potencia. Como el joven Samuel, fuimos sobresaltadas en nuestros sueños inconscientes y nos vimos introducidas en un espacio nuevo, habitado por una PRESENCIA cercana e interpelante. Toma su tiempo caer en la cuenta de que es Dios el que llama y el que presenta ante nosotras el don de la vocación. El período llamado de formación permite interiorizar ese don que acontece siempre en una tensión fecunda: el sentido de nuestra comunidad viene de la misión y ésta hundirá sus raíces en una exigente experiencia comunitaria. La Congregación vivió intensamente el acontecimiento eclesial del Concilio Vaticano II. Las grandes perspectivas misioneras abiertas por él nos permitieron dar razón de una experiencia espiritual que exigía llevar el Evangelio hasta la periferia del mundo. En efecto, el cambio que para toda la Iglesia impulsó el Concilio, avivó especialmente entre nosotras el deseo y la voluntad de volver a las fuentes y a la primera inspiración del Instituto. Iniciamos, como otras muchas congregaciones, un proceso "complejo". No todas veíamos de la misma manera ese proceso. Entre nosotras había mentalidades religiosas diferentes. La experiencia de renovación posconciliar tuvo también sus años de sufrimiento provocado por esas distintas maneras de entender las exigencias de la misión. Sufrieron especialmente algunas Hermanas que en ese largo período postconciliar tuvieron la tarea de animar, desde el equipo general y algunos equipos provinciales, la marcha de la Congregación. Es justo hacer memoria agradecida de la entrega y sacrificio de dichas Hermanas.

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Bella expresión de la Hna. Piedad Alonso, que fue misionera en Bolivia, con quien conversé del tema en la última etapa de su vida aquejada por el cáncer, enfermedad de la que murió en Madrid.

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Pero el meternos a estudiar a fondo el Documento Ad Gentes del Vaticano II, recreó nuestra vocación misionera para fortalecer la salida de la Congregación hacia distintos continentes2, amplió nuestros horizontes y nos planteó desafíos que desbordaban siempre las respuestas "prefabricadas".

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La vida misionera ha significado, en todo momento, el contexto desde el que Dios nos ha interpelado. En la respuesta a su interpelación nos hemos visto exigidas a profundizar la experiencia del Misterio.

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Experimentarlo como Padre amoroso de todos los pueblos, saber que en el Hijo ha corrido al encuentro con ellos, confesar que es el Espíritu quien hace posible que la historia tenga un anhelo unitario, nos compromete a acoger con gratitud el don de nuestra elección y a responder a él intentando construir una fraternidad universal. Este proyecto de construir fraternidad en un mundo de segregaciones e injusticias ha implicado hacer opciones. El haber reinterpretado el carisma misionero en el marco de la opción preferencial por los pobres es, sin duda, el cambio más significativo del período postconciliar. A medida que pasan los años, sacamos consecuencias nuevas de una perspectiva que demanda conversión permanente, personal y comunitaria, y nos exige despojarnos de toda prepotencia étnica, cultural o religiosa para aportar a la construcción de una fraternidad de iguales. En contextos discriminatorios, atravesados con frecuencia por guerras fratricidas, apostar por una fraternidad universal significa, en última instancia, enfrentarse a la persecución por causa del Evangelio. La entrega de la vida, de toda la vida, en situaciones de genocidio, persecución y violencia, convierte en martirial la experiencia de fraternidad. Las hermanas que en situaciones extremas optan por permanecer al lado de los más débiles dan testimonio de una vida fortalecida interiormente por una mística pascual. Un icono especial son para nosotras las cuatro Hermanas que sufrieron martirio cruento (junto con otros misioneros y misioneras) en el convulsionado proceso de independencia de algunos países en continente africano, en la segunda mitad del siglo XX. Su martirio nos recuerda a todas hasta dónde puede llegar el amor y cuál puede ser el precio de una fraternidad evangélica que quiera ser universal. Es el camino de la Cruz que no se puede esquivar en ninguna experiencia auténticamente misionera. Por ese camino preparamos el acceso a la Resurrección definitiva.

2 Rasgo que ya inició la Fundadora aceptando el pedido de una fundación en China y acompañando personalmente a las heroicas hermanas que se embarcaron para allá sin conocer una sola palabra de chino.

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La fraternidad que queremos construir hoy, en este mundo globalizado, es antes que nada, un don del Espíritu que nos impide cerrarnos sobre nosotras mismas de una manera endogámica. Debe expandirse, gracias a los nuevos paradigmas de la misión en círculos concéntricos. Esta experiencia comunitaria en una Congregación universal, está llamada a convertirse en un carisma simbólico, en las distintas realidades, en tanto que congregue a mujeres de todo pueblo, etnia y cultura, para vivir un diálogo intercultural e integrador de ha de ir más allá de las paredes de nuestra iglesia, como nos ha recordado varias, desde su reciente elección, al Papa Francisco. Desde la integración de las diferencias el Espíritu nos convoca a construir una identidad nueva e inclusiva, nos coloca en la perspectiva de la Comunidad Trinitaria.

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Reconocernos diferentes al interior de la Congregación y queridas y aceptadas en esas diferencias constituye un proceso espiritual en el que aprendemos a ahondar y actualizar la experiencia de la Encarnación del Hijo. Esta perspectiva inspirada en la Encarnación, nos abre a su vez a reconocer imágenes del Hijo en todas las culturas y nos plantea exigencias de vida y de formación que respondan a las distintas realidades. La unidad trinitaria es fuente inspiradora de una comunión que integra las diferencias, trascendiendo los particularismos disgregadores. El empeño por construir una personalidad comunitaria, con la gracia del Señor, es reconocido como gemido del Espíritu que clama en nuestro interior convocándonos a nuevas metas, siempre más inclusivas de fraternidad. Nos reconocemos llamadas, junto con muchas otras personas, a una experiencia de filiación y de fraternidad que tiene rasgos de utopía, y no puede ser obra de nuestra solas fuerzas, es una participación en un Misterio que nos trasciende, y anticipo de un Reino que se nos ofrece desde ahora, pero cuya plenitud acaecerá más allá del tiempo. Se nos ha dado la historia para esperarlo "activamente". Así lo proclama una petición que recitamos en el oficio de laudes del sábado de la IV de Pascua: "Haz que cuanto más esperamos el cielo nuevo y la tierra nueva que nos prometes, con tanto mayor empeño trabajemos por la edificación del mundo presente". El Dios del Reino, anunciado y adelantado por Jesús de Nazaret, cuenta con nosotras para testimoniarlo ante las gentes y nos regala su Espíritu para que podamos recrear el paradigma de la misión en cada continente.

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I Congreso Internacional de Historia de la Orden de Predicadores en América

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RELATORÍA FINAL

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Dra. Lucrecia Enríquez Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile

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(Presentamos a continuación la Relatoría Final de este Congreso celebrado del 24 al 26 de abril de 2013 en el Centro Universitario Cultural-CUC, México, D.F., y leída el viernes 26 de abril, en el Auditorio Fray Angélico del CUC).

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Los que hemos participado en este Congreso compartimos el amor por el pasado y lo hemos convertido en nuestra profesión. La convocatoria que nos hiciera la Orden de Predicadores hace ya tres años nos reunió en una nueva relación que, como investigadores, alumnos de pre y postgrado o miembros de la Orden, no hubiéramos tenido sin este objetivo histórico común: desentrañar el pasado dominico en América. Para todos, esta posibilidad representa una oportunidad y un desafío. Pocas veces una Orden religiosa busca a universitarios para que la estudien. Los que trabajamos en archivos eclesiásticos en diferentes lugares del mundo, sabemos las dificultades que hay para poder consultarlos. Creo que debemos destacar el hecho de que la Orden dominica haya querido desentrañar su lugar en el pasado desde una óptica científica, con hipótesis formuladas por los estudios universitarios. La decisión de continuar en esta línea también está tomada porque este es el primer congreso que, en esta oportunidad, reúne dos aniversarios: los 800 años de fundación y los 500 años de la llegada de los primeros frailes a América, en un momento en que no se tenía dimensión del continente que, paulatinamente, se fue descubriendo y conquistando para la Monarquía española. El Congreso coincide también con una dimensión historiográfica nueva en los estudios americanistas, la que paulatinamente se ha ido desarrollando desde hace unos quince a veinte años. Me refiero a los nuevos estudios que han puesto en contacto archivos de Europa y América a través de tesis, del desarrollo de la investigación histórica en cada país que permite financiar a investigadores que viajan a consultar información en varios archivos en el exterior, reconstruyendo el pasado anterior a los estados naciones o la historia que se entretejió entre los nuevos estados a partir de mediados del siglo XIX. Vivimos un desarrollo generalizado de los postgrados en los últimos quince años que han propuesto nuevas líneas de trabajo. La globalización del presente ha ayudado a la globalización de los estudios del pasado rompiendo, a través de la nueva mentalidad interconectada, las historias nacionales decimonónicas tan estrechas en muchos aspectos.

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Nos hemos reunido historiadores, antropólogos, arqueólogos, teólogos, etnógrafos, filósofos, especialistas en conservación del patrimonio. Todo ello nos invita a la interdisciplinariedad, otra expresión de las globalizaciones del conocimiento en la que nos encontramos, que sin duda supera la visión empirista de las ciencias divididas en compartimentos estancos. Con muchas dificultades, hoy día estamos elaborando un nuevo paradigma científico. La Orden dominica no quiere quedar fuera de este proceso y no tiene miedo a ser estudiada, analizada en su actuación en el pasado desde diferentes perspectivas interrelacionadas. Uno de los elementos que motivó este congreso es exponerse a la crítica universitaria, a la evaluación de su participación en procesos históricos controvertidos como la Inquisición, la evangelización, el contacto entre culturas diferentes, la relación con otras órdenes religiosas, la actuación de miembros de la Orden en el proceso de independencia de América o su posición ante las dictaduras del siglo XX. Pero también en otros procesos históricos en los que hubo aciertos, buenos diagnósticos, criterios de acción que merecen ser rescatados. De las dos acepciones de la palabra crítica que da el diccionario de la lengua española, rescato la primera: "Juzgar las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte", juzgar, evaluar pero según los principios de la ciencia, de nuestras respectivas disciplinas. Ese es nuestro objetivo. De alguna manera preceden a este congreso el de Inquisición que se realizó en Roma, convocado por el papa Juan Pablo II en el contexto del jubileo del año 2000.También en octubre de 2010 hubo un congreso conmemorativo del V centenario de la presencia de la Orden dominica en América, en Salamanca, con el título de "Para una convivencia en la diversidad". Asimismo en Argentina se han hecho en la última década tres jornadas de historia de la Orden, organizadas por la Universidad del Norte de Santo Tomás. Este no es, por tanto, un congreso más, una mera conmemoración. Se inserta en una línea de trabajo y de estudio que ya tiene antecedentes y, esperamos después de este congreso, nuevas proyecciones. Agradezco a la Orden dominica el haber propuesto al Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile para ser parte del comité académico de este congreso. Agradezco también el haberme invitado a colaborar en algunas decisiones temáticas al que espero haber aportado desde mi mirada profesional y universitaria, desde la formación disciplinaria y desde la experiencia de los últimos años de haber trabajado temas vinculados al clero, la religión y la Iglesia. Pero también el congreso nos convoca para buscar nuevos temas, nos propone y nos invita a ello. De hecho la metodología de organización propuesta apuntó a ese fin: recoger ponencias y organizarlas en ejes temáticos amplios que quedaron, de hecho, sin duda desbordados por la realidad pasada.

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Este congreso no es sólo de la Orden dominica, no es solo un congreso de la Iglesia. De hecho muchos de los que estamos aquí venimos con temas que hemos estudiado sin pensar en hacer la historia de esta Orden. Nos hemos estado enterando estos días que hay colegas en universidades de Europa y América que trabajan lo mismo que nosotros, que compartimos intereses temáticos que nos conectan que van a enriquecer nuestros enfoques y nuestras metodologías de estudio.

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Hay también una preocupación patrimonial: conservar para preservar, para transmitir. Creo que la búsqueda de ponentes en esta línea temática responde a una preocupación de la Orden, pero de todos también por conservar y, en parte, descubrir, el patrimonio que guarda en su interior. Algunas ponencias van incluso más allá de este fin al vincular el patrimonio cultural de la Orden con el patrimonio nacional, con su eficacia evangelizadora, con la historia patrimonial de una región. Uno de los puntos fuertes de esta convocatoria es que hay muchos estudiantes de pre y postgrados, que suelen ser períodos de gran fecundidad intelectual, que aportan sus temas, más o menos maduros, sus ideas, sus largas horas de trabajo. Ha sido una decisión consciente de la Orden trabajar con estudiantes, lo que puede garantizar la proyección del trabajo a largo plazo, y proponerles estudiar la Orden en temas que la desbordan, como el de las fronteras con el mundo indígena y, a la vez, la contienen. Pero entremos de lleno en el aspecto temático. Antes de hacerlo quiero decirles que elaboré esta relatoría con la programación general del congreso y con los resúmenes de las ponencias y algunas ponencias completas que fueron enviadas en la primera fecha solicitada por la organización del congreso. Cuatro conferencias magistrales nos convocaron a los participantes más allá de nuestras ponencias y, tal vez, de nuestros intereses. Se enfocaron en temas dominicanos que podríamos denominar nucleares. Una fue expuesta por un miembro de la Orden (Los retos contemporáneos de la Orden de Predicadores en México y América Latina, por Mons. Fr. Raúl Vera López, OP., obispo de Saltillo, México), las otras tres lo fueron por catedráticos universitarios, lo que muestra el gran objetivo del equilibrio del congreso al que hacíamos inicialmente referencia: la inserción universitaria de la temática dominica. Dos de los temas se centraron en el derecho de conquista y la evangelización (La antropología jurídica de Francisco de Vitoria, OP: teoría y praxis de la primera predicación en las Indias, por la Mtra. Flavia Dezzutto, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina), en la predicación dominica propiamente tal y a través de la vida de sus miembros por medio del análisis de la hagiografía (Hagiografía y santidad dominica en el Perú virreinal, por el Dr. René Millar Carvacho, Pontificia Universidad Católica de Chile). Otra apuntó a cómo los dominicos se insertaron en un proceso político, revolucionario (Revolución de independencia y reforma de regulares. Los dominicos de Buenos Aires, por el Dr. Roberto Di Stefano, Universidad de Buenos

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Aires), del que formaron parte y por el cual fueron reformados, junto a las otras órdenes, en Buenos Aires específicamente. La última, proyecta la Orden (Mons. Fr. Raúl Vera López), según los desafíos actuales en México y en América Latina. Las cuatro conferencia, vistas como un conjunto, rompen las barrera nacionales y nos abren a la perspectiva de estudiar la Orden en sí misma, nos centran en elementos que la definen en su inserción religiosa, social, política y cultural: la prédica, la santidad, la preocupación por su relación con su contexto regional y nacional, pasado y actual.

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Pienso que en el futuro se pueden organizar algunas de las mesas fuera del ámbito nacional para acentuar la perspectiva del análisis de que una Orden religiosa, que es una asociación supranacional y supralocal, se arraigó en espacios geográficos diversos, en diferentes sociedades con diferentes orígenes históricos. Creo que este tipo de perspectiva permite observar aspectos como la transición de la monarquía española a los estados naciones en el siglo XIX; y, después, la forma en que la Orden se insertó en espacios ya nacionales; también podemos plantear cómo afectó al gobierno de la Orden esta nueva realidad política (me refiero al estado nación), y de qué manera nació una nueva vinculación entre los miembros de la Orden: dominicos mexicanos, venezolanos, estadounidenses, argentinos, etc. Esta doble nacionalidad, religiosa y del país de origen, puede también haber creado un nuevo equilibrio de gobierno en la Orden misma, haber traído aparejado nuevos desafíos, nuevos métodos de evangelización, nuevas perspectivas de relaciones políticas. Creo también que este congreso tiene que plantearnos temas por sobre los temas. Me refiero a aspectos menos estudiados como la creatividad misional. La necesidad de tomar decisiones sin consultar a una cadena de autoridad llevó a la improvisación, al éxito, al fracaso: todo se conoció al interior de la Orden y se puso en contacto. De ahí las conexiones entre el Perú y México (que algunas ponencias han desentrañado), al compartir los mismos catecismos, las mismas estrategias educativas a través del teatro o basarse en las experiencias europeas del conocimiento de las lenguas de los sujetos a evangelizar. Cuánto puede aprovechar la etnografía de estos contactos iniciales. En la crisis educativa actual, que leemos cada día en los periódicos, ¿es posible rescatar estrategias pedagógicas del pasado en un mundo en que lo visual predomina? ¿Será posible llegar a definir elementos nucleares del aprendizaje que iluminen hoy la transmisión del conocimiento y de la fe? ¿Podremos desentrañar la esencia de la relación pedagógica? Vivimos un despiste pedagógico que propone resolver la falta de calidad en la educación con criterios empresariales: evaluar, medir, echar, sancionar, dar premios, incentivos económicos. Nosotros que estamos aquí, ¿podemos superar lo factual para llegar a decir cómo, muy concretamente, se enseñaba?

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Otro elemento que destaca de las ponencias es la interdisciplinaridad: arqueología e historia ayudan a encontrar el centro urbano más austral del Tawantinsuyo bajo el casco urbano de la actual ciudad de Santiago de Chile, sobre el que se configuró una estructura administrativa eclesiástica de la que el convento dominico fue parte. Teología e historia se vinculan para estudiar el desarrollo de las devociones dominicas, como el rosario. Arquitectura e historia se enlazan para fundamentar un trabajo patrimonial en desarrollo.

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Hay también temas nuevos o poco explorados: el teatro como pedagogía; el arte floral en la liturgia; la arquitectura funeraria conventual; las tradiciones religiosas dominicas que aún persisten en zonas determinadas; la Orden dominica y las mujeres, que es más que las mujeres en la Orden dominica; la relación de los dominicos con las sociedades locales; el funcionamiento de las universidades dominicas; los dominicos en las universidades reales y estatales; los dominicos y la formación del clero secular; la relación con las otras órdenes religiosas; la inserción en la romanización de la Iglesia; los dominicos y la Inquisición en América. Valdría la pena también explorar la influencia arquitectónica y artística americana en el viejo mundo. Pese a la diversidad, predominan los trabajos sobre México y sobre la época colonial. Hay más estudios sobre la relación de los dominicos con los indios que con las poblaciones mestizas y blancas. Pero falta plantearse y profundizar en la pregunta: ¿qué más sabemos de los indios a través de la relación con los dominicos? La Colonia es el período más conocido, más homogéneo en cuanto a temas en diferentes espacios geográficos: doctrinas, cofradías, devociones, historias de conventos, religiosidad popular. Pero los trabajos sobre la relación dominicos-indios casi se acaban con la Colonia y a partir de las primeras décadas del siglo XIX pareciera que sólo se relacionaran con blancos en ciudades. Se pasa bruscamente a un siglo XIX en el que lo predominante parece ser la relación de los dominicos con los estados naciones: reforma de regulares, impacto de la secularización y de las relaciones IglesiaEstado. Algunos ponentes han planteado el impacto conventual del fin de las relaciones predominantes entre Iglesia-política y sociedad del Antiguo Régimen. Me pregunto: ¿debemos plantear una crisis de las órdenes religiosas en el siglo XIX? O la explicación en términos de crisis ¿simplifica procesos históricos más profundos en los que estuvieron implicadas la sociedad, la estructura de las familias, la religión en sí misma y la Iglesia? ¿Qué pasó con la predicación, con la santidad dominica en el siglo XIX? Poco sabemos. Puede ser que los estados nacionales no se preocuparon, como lo hizo la Monarquía, de postular santos sino de inventar héroes. Por último, también puede ser que la re-adecuación de la vida religiosa a un estado cada vez más laico, a una sociedad cada vez más secularizada, redujo la Orden, la enclaustró, la concentró en nuevos desafíos culturales, educativos, aún por desentrañar.

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En el siglo XX la dispersión temática es total: historia de colegios; los dominicos ante los populismos y el pensamiento revolucionario de los '60 y '70; obispos dominicos y el desarrollo del catolicismo. Reaparece la temática de la relación de los dominicos con los pueblos indígenas. Sin duda los temas propuestos están condicionados por los archivos, por la cercanía temporal que impide consultar las fuentes más contemporáneas. Pero no podemos trazar, del conjunto de las ponencias, como si lo podemos hacer para los siglos anteriores, una línea de trabajo. En el fondo no tenemos hipótesis sobre el siglo XX en materias religiosas tan formuladas como para el siglo XIX, por ejemplo. Y eso se nota. Muchos de los temas sobre el siglo XX planteados en la convocatoria no tuvieron eco. Los recuerdo: la relación de la Orden con los gobiernos liberales y los populismos de mediados de siglo,las reacciones católicas de las primeras décadas. Nada llegó tampoco sobre dominicos y el Concilio Vaticano II y sus repercusiones en las conferencias del CELAM; dominicos en el pensamiento revolucionario de los años sesenta a los ochenta y en la teología de la liberación. La relación de la Orden con las dictaduras y su participación en los retornos a la democracia. Extrañamos la ausencia de lo que definió a la Orden en los primeros siglos de su llegada a América: la santidad dominica, la predicación. El estudio del siglo XX de la Orden dominica en América es una tarea pendiente. Ustedes habrán notado que privilegié en esta relatoría el análisis cronológico. Me pareció interesante plantear la pregunta si podíamos encontrar procesos seculares en la historia de la Orden en América. Consciente de que se puede caer en graves errores al responder esta pregunta, porque puede que haya temas que no han sido estudiados, intentaré igualmente plantear, de manera provisoria, y en base a lo que se expuso en este congreso, dos conclusiones generales: 1. La Orden en sus primeros tres siglos de presencia en América desarrolló un profundo contacto con el mundo indígena. Ese contacto se debilitó, o al menos no destaca, en el siglo XIX y se planteó como una recuperación en el siglo XX. 2. En algunos lugares de América, las huellas dominicas en la historia regional, a través de devociones, sermones, procesiones, liturgias y ritos, son aún visibles. El aporte a la evangelización es innegable. Estos dos puntos nos muestran que la Orden en cada momento estuvo vinculada a la realidad histórica que le tocó vivir, inserta, relacionada y comprometida con la sociedad y la cultura en la que se desarrolló.

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Los restos del Padre Ricardo descansan en Sepahua y Nembra

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Fr. Ignacio Iráizoz, OP Misión Sepahua

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El 29 de agosto, víspera de Santa Rosa de Lima, fue la fecha escogida para la colocación de los restos del padre Ricardo Álvarez Lobo en la iglesia del Rosario de Sepahua.

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Nembra, situado en la Cuenca Minera de Asturias, y Sepahua, a orillas del río Urubamba de Perú, han sido los dos escenarios donde el padre Ricardo ha forjado los afectos más profundos de su vida. Nació en Nembra en el seno de una familia profundamente cristiana, y surgen en él raíces de inquietud misionera. Tras hacerse dominico es transplantado al escenario de Misión de Sepahua, en el Perú, río Urubamba, donde va desarrollándose como un gran árbol de la selva en el que encuentran cobijo y vida los pueblos más olvidados de las etnias Piro, Machiguenga, Amahuaca, Yaminahua, Asháninca y otras. La noticia de su fallecimiento nos sorprendió a todos, pues aunque sabíamos de sus altibajos de salud, también conocíamos que todas estas crisis las iba superando por el entusiasmo que le infundía la necesidad de escribir los datos recopilados como antropólogo al servicio de la Misión. Al ocurrir el fatal desenlace de su fallecimiento, su familia en España planteó la posibilidad de incinerar sus restos para poder trasladarlos al panteón familiar en Nembra. También yo compartía esa opinión, pues abrigaba la posibilidad de repartir y depositar en Sepahua una parte. Aprobada esta idea por los superiores, el pueblo yine agradece que descanse entre los suyos a quien consideran su paisano: punolene. Para este acontecimiento adaptamos una parte del templo del Rosario de Sepahua, del que el padre Ricardo fue alma máter de su construcción junto con los padres Venancio Ruiz, Julián Lasheras, Joaquín Barriales, los hermanos Julián Masegosa e Isidoro Nogal y, como maestro de obras, Aquilino Arribas. La mayor parte de ellos ya nos han dejado y yo quiero dejar memoria de su testimonio en

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estas líneas que explicarán el porqué de su representación fotográfica junto a los restos del padre Ricardo. LA IGLESIA La primeras construcción de la iglesia estaba marcada por el contexto históricopolítico de la época. Tiempos de régimen militar filomarxista. Previsores de amenazas expropiatorias de los bienes de los religiosos, se adaptó en la misma construcción del templo habitaciones para los hermanos dominicos. Al ser un bien del pueblo no les afectaría la expropiación. Pasó el tiempo y no llegaron a producirse acontecimientos de hecho pero el templo arrastraba un pegote inadecuado que reducía espacios y afeaba el conjunto. Hace unos años me tocó remodelar y corregir la construcción. Ahora, con motivo de acoger los restos del padre Ricardo, hemos completado la reconstrucción. Creo que muy adecuada y que favorece el conjunto. No obstante, a decir de un experto arquitecto y buen conocedor de la zona, el templo de Sepahua es una construcción sin más complicación que techo y suelo. El techo de madera que soporta mil calaminas, pasados 40 años, su construcción presenta serias deficiencias. El suelo, igualmente descascarillado, necesitaría ser reír accionado. Quizás tampoco hubo suerte en su diseño inicial. Se le encomendó a un arquitecto de Lima, quien pidió y se le facilitó algunas ideas sobre la casa del nativo. Pero diseñado en el clima de Lima, tan diferente al de la selva, resultó un conjunto poco funcional. Un techo muy bajo protegido por mil planchas metálicas son un receptor de calor insoportable para ser ocupado durante el día. Para la época de lluvias, estas mismas chapas, son un repercutor de sonido igualmente insoportable. Estos fallos no se pueden corregir de no diseñarse algo nuevo, por lo que intervenir en nuevas remodelaciones no sería recomendable. Esta es una buena oportunidad para lanzar La necesidad de construir un templo nuevo en Sepahua. La adaptación con motivo de recibir los restos del padre Ricardo ha consistido en la construcción de lo que pudiera ser un retablo lateral con tres espacios asimétricos adaptados al techo del templo. En los laterales nichos abiertos donde se instalan las imágenes de Santa Rosa y otro superior para la Virgen del Rosario. En el centro un espacio cerrado con doble piso, en el superior se colocan las fotos del padre Ricardo y los artífices del templo, junto con los restos y en la parte inferior parte de su obra que constituyen la historia viva de Sepahua. La ceremonia del día 29, de asistencia multitudinaria, contó con momentos de gran emoción por el afecto que despierta en Sepahua todo lo que se refiere al padre Ricardo. En él. Sepahua rinde homenaje a todos los misioneros y familia Dominicana. El Concejo, en sesión solemne, le nombró hijo predilecto de la localidad ya que fue su primer alcalde. Nosotros, por nuestra parte, hemos de decirle que tal y como él nos enseñó seguimos adelante.

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El 09 de julio falleció de un infarto cardiaco, en la ciudad de Miami-EE.UU., a la edad de 82 años, Mons. Guido Breña López, O.P., Obispo Emérito de Ica, recordado por su gran labor con los más necesitados. Su desprendimiento fue tal que era conocido como el Obispo de los pueblos sufrientes, tras el terremoto del 15 de agosto de 2007 que azotó Pisco, Ica y Chincha.

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Falleció en EE.UU. Mons. Guido Breña López, Obispo Emérito de Ica

CELEBRÓ SU CUMPLEAÑOS Sin presagiar lo que iba a ocurrir, adelantándose al 9 de julio, sus hermanos dominicos, junto con sus familiares y amigos celebraron el cumpleaños de Fray Guido Breña, en el Convento del Santísimo Rosario de Lima. En horas de la noche de este mismo día partió rumbo a los Estados Unidos. BUEN ESTADO DE SALUD Mons. Guido Breña, demostrando en los últimos tiempos una mejoría en su salud, se animó a aceptar la invitación de viajar durante los meses del invierno limeño, a las cálidas tierras de Estados Unidos y Canadá, por eso después de pasar un exhaustivo chequeo médico en Lima, los especialistas dieron el visto bueno para que emprendiese viaje al norte. DOMINGO 7, ÚLTIMO ALMUERZO Luego de almorzar con sus familiares en Miami domingo último, Mons. Guido, se dirigió al lugar donde se hospedaba, pero en el camino se sintió mal, desviando su camino hacia una clínica más cercana, dónde llegando le dio un infarto cardiaco que obligó que sea ingresado a la unidad de cuidados intensivos, donde falleció. OBISPO DE LOS SUFRIENTES El 30 de agosto de 2007, en Chimbote, Monseñor Guido Breña López, trasmitió en nombre de los pueblos sufrientes por el terremoto, su gratitud a los peregrinos, sacerdotes, religiosas, religiosas y agentes de pastoral, por los gestos de solidaridad desplegados tras el devastador sismo del 15 de agosto. Desde el atrio de la Catedral de Chimbote, el Obispo de Ica agradeció la cercanía del Papa Benedicto XVI trasmitida por el Cardenal Tarcisio Bertone, SDB, en su visita a Ica y

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Pisco; y destacó que su presencia fue consuelo espiritual para "las familias que lloran por sus difuntos, por sus heridos y por el susto tremendo" que provocó el terremoto en los pobladores.

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"En medio de polvo y sufrimiento, (…) en medio de nuestros sufrimientos queridos hermanos hemos levantado nuestra mirada, nuestro corazón, nuestros brazos a Cristo, el Salvador del mundo", dijo Monseñor Guido Breña, recordando la celebración litúrgica hecha en Ica y Pisco por el Cardenal Tarcisio Bertone y una comitiva de obispos de la Conferencia Episcopal, frente a la imagen del Señor de Luren.

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"Gracias hermanos por vuestras oraciones y solidaridad, que el Señor les conceda siempre verdadera vida", finalizó el Obispo de Ica aquel 30 de agosto de 2007.

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RECIBE CONDECORACIÓN En la Iglesia San Francisco de Asís de Ica, el 03 de diciembre de 2007, cientos de personas asistieron a presenciar la misa de despedida a Monseñor Guido Breña López, quien había sido designado Obispo de Ica, el 04 de octubre de 1973. Rómulo Triveño Presidente del Gobierno Regional de Ica (GRI), su esposa Zonia García de Triveño, el Presidente del Comité de Apoyo a la Región, Monseñor Luis Bambarén, participaron emotivamente en la ceremonia de reconocimiento por los 34 años que Monseñor Guido Breña López dedicó a su actividad episcopal, con la colaboración de Sacerdotes, Religiosas y Laicos, realizando obras sociales, en bien de la Diócesis de Ica, desarrollando además, luego del sismo del 15 de agosto de ese año acciones para la reconstrucción de las iglesias y parroquias destruidas. El GRI, le otorgó la condecoración "Abraham Valdelomar", en el grado de Gran Caballero a Monseñor Guido Breña López, dándole las gracias por su loable y sacrificada labor en su calidad de Supremo Pastor y Padre de la Iglesia Católica de esa región. FUE AYACUCHANO Monseñor Guido Breña, nació en Puquio (capital de la provincia de Lucanas), región Ayacucho, el 9 de julio de 1931. Descubriendo su vocación religiosa, ingresó muy joven a la Orden de Predicadores, siendo Ordenado Sacerdote Dominico el 11 de diciembre de 1954. En 1973, fue consagrado y nombrado Obispo de la Diócesis de Ica. El 24 de enero de 2008, en el marco de la 91ª Asamblea Plenaria, los Obispos del Perú le entregaron la Medalla de Santo Toribio de Mogrovejo, por su generoso servicio a la Iglesia en el Perú, en 34 años de labor episcopal, contribuyendo al enriquecimiento de la fe en nuestro pueblo. Los restos de Fray Guido Breña López, O.P., fueron traídos a Lima, para los respectivos funerales, los mismos que estuvieron a cargo de sus hermanos frailes dominicos de la Provincia Dominicana San Juan Bautista del Perú. Fuente: Diario La Voz de Ayacucho

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Celebración de la Fiesta de nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán

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El 8 de agosto celebramos la fiesta de N.P. Sto. Domingo y lo hicimos en unión con la Provincia San Juan Bautista del Perú. El día anterior tuvimos unas vísperas solemnes que se iniciaron con el rezo del oficio divino y hora menor, en el hermoso coro de la Basílica del Santo Rosario. Luego un almuerzo fraterno y ameno donde participaron también los hermanos franciscanos. Degustamos una sabrosísima "pachamanca". El 8 la misa solemne, presidida por los frailes franciscanos, quienes destacaron la vida y obra de nuestro padre Domingo así como nuestra ya larga y antigua fraternidad. Después de la misa tuvimos un compartir con toda la familia dominicana.


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JULIO - AGOSTO

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SUSTENTACIÓN TESINA

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El 15 de julio, Fr. Hilario Yucra Arnado OP, actualmente destinado en la Misión de Shintuya, sustentó su tesina para la Maestría en Estudios Dominicanos. El tema de investigación fue "La Teología India o Indígena".

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Dicho acto académico se desarrolló en el Convento San Alberto Magno- Lima en presencia del jurado conformado por el Asesor de tesina Fr. Gustavo Gutiérrez, OP., Fr. Daniel Wankun, OP. y Fr. Jorge Cuadros, OP., quienes, al final de la evaluación, le otorgaron una calificación sobresaliente. Estuvieron también presentes todos los frailes de la comunidad de estudiantes, el Prior Provincial de la Provincia San Juan Bautista y el Prior Regional del Vicariato Santa Rosa. Nuestras felicitaciones a fray Hilario por tan buen trabajo de investigación. NOTICIAS JULIO (mes patrio)

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FIESTA DE SANTA ROSA DE LIMA

Como cada 30 de agosto miles de fieles y devotos se visten de fiesta para rendirle homenaje a la patrona de la ciudad del Perú, América y las Filipinas: Santa Rosa de Lima. Rosa de Santa María, es muy querida tanto por los peruanos como por una inmensa cantidad de fieles del mundo entero que llegan, tanto los días previos como el mismo día de la fiesta, para rogar la intercesión de la santa o para agradecer algún milagro concedido. Niños, jóvenes y adultos llegan hasta la casa de la santa limeña para visitar sus instalaciones que datan del siglo XVI y pedirle alguna gracia a través de una carta que depositan en el pozo de 20 metros de profundidad, llamado "El pozo de los deseos". Según la tradición la Santa echo allí las llaves del silicio con que se mortificaba, para evitar la tentación de sacárselo. Como todos los años la concurrencia fue multitudinaria. A continuación una crónica de fotos.

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Cr贸nica en fotos

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Segunda Temporada

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JUEVES AMAZÓNICOS

El Centro Cultural José Pío Aza, continuando con la conmemoración de su décimo aniversario (2003-2013), lanzó nuevamente la actividad de "JUEVES AMAZÓNICOS" programado para el segundo semestre del presente año. Con esta iniciativa, se busca sumar un conjunto de actividades basadas en las expresiones artísticas y reflexiones académicas acerca de la realidad amazónica. El tercer jueves de cada mes, el público interesado tendrá la oportunidad de apreciar a través del arte audiovisual y el diálogo la realidad y cultura amazónica. Igualmente el MUSEO ETNOGRÁFICO AMAZÓNICO abrirá sus puertas gratuitamente en estas fechas para el deleite de visitantes nacionales y extranjeros. Este segundo semestre tiene la siguiente programación: JUEVES, 15 de AGOSTO Cine: "JUGANDO EN LOS CAMPOS DEL SEÑOR" de Héctor Babenco JUEVES, 19 de SETIEMBRE Conversatorio sobre "LA AMAZONÍA EN LA UNIVERSIDAD" JUEVES, 17 de OCTUBRE Videoforum: "EL AVATAR VERDADERO" de David Suzuki Todas las actividades se realizarán a las 6:00 pm en el Auditorio del Centro Cultural José Pío Aza cuya dirección es Jr. Callao - 562, Cercado de Lima (cruce con 1ª Cdra. de Av. Tacna). El INGRESO ES GRATUITO.

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Vicariato Regional Santa Rosa Misioneros Dominicos

Centro Cultural

JosĂŠ PĂ­o Aza Misioneros Dominicos