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colonos en el terreno donde se dio el enfrentamiento entre fuerzas armadas y narcoterroristas que derribaron un helicóptero. Desde agosto han ido regresando todas las familias que estaban recogidas en la casa matsigenka de Quillabamba desde aquellos tristes sucesos. Se advierte también abandono en la comunidad, porque algunos se quedaron a trabajar en Quillabamba, otros lo hacen en la carretera y se ha incrementado la situación de dependencia. Se encuentran con que no les han cumplido ninguna de las promesas: construcción de posta médica, compensación por la pérdida de la cosecha de café, de los animalitos, las calaminas para cada familia, etc. La escuela, con dos profesores con diez alumnos uno y ocho el otro, da sensación también de abandono. Una maestra ya no regresó y en su lugar ha llegado otro profesor quechua. Pasamos el día visitando a las familias cercanas, a los niños en las escuelas y el campamento donde comen y descansan los obreros que trabajan la carretera. Decimos a los alumnos que avisen a sus papás de la reunión que tendremos mañana desde las ocho. Ese día sábado, van llegando casi todos los comuneros y comenzamos la reunión en la escuela. Pero al poco tiempo llega un camión de comerciantes y comienzan a salir los paisanos. Luego llegan las enfermeras de la posta de Yuveni y tenemos nuevas deserciones. Al final, decidimos dejar que comercien y acudan a la consulta integral porque dicen que hace mucho tiempo que la posta no llega. Ha venido un colono de la vecina comunidad de San Martín a pedirnos una misa porque están celebrando el aniversario de la escuela y quieren ofrecerla en honor del Señor de Huanca. Así lo hacemos y compensamos la ausencia de celebración en Lagunas. Al atardecer estamos de regreso en Koribeni con la sensación más agria que dulce de la situación de estas comunidades matsigenkas visitadas, donde la salud y la educación siguen degenerando ante la pasividad de todas las instituciones y también de los propios paisanos y sus federaciones. Los paganos son siempre los niños cuyo presente y futuro no lo vemos nada halagüeño; más bien desastroso si entre todos no ponemos manos a la obra por remediarlo. La misión tiene más de un proyecto y ojalá las demás instituciones y los propios matsigenkas se tomen en serio la negra situación que está dejando el gas de Kamisea en estas comunidades.

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195 2012  

Boletín Misioneros Dominicos, 195 (2012)

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