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Una vez en la comunidad me comunican que con la maestra enviaron oficio a la posta para que subieran por emergencia de varios niños enfermos. No les hicieron caso y en el mes de junio falleció una de esas criaturas. En la escuela son treinta niños con dos maestros quechuas. Pasamos dos días con los paisanos hablando de la salud y la necesidad de que denuncien el abandono en que se encuentra la posta. Me cuentan que tienen tres estudiantes de secundaria en el centro de alternancia de Sampantuari y este año promocionan otros cinco con intención de acudir al mismo centro. Hablamos también de la situación de la comunidad que da sensación de abandono, quizá porque faltan varios de sus líderes. Charlamos también de los pros y contras que está ocasionando al fenómeno del gas de Kamisea y la pérdida de valores familiares, comunitarios, humanos y religiosos. Tuvimos catequesis sobre la exaltación de la cruz y terminamos con una sencilla celebración. Quedamos que nos acompañarían varios paisanos para denunciar en Kimbiri el abandono de la posta de Kintearina y llevar a arreglar la radioemisora que lleva averiada demasiado tiempo, pero cuando llegamos a la carretera y esperamos un buen rato, dichos paisanos no aparecieron. La denuncia no va con estos matsigenkas. De camino de Villa Kintearina a Chirumpiari, visitamos la comunidad de Manitinkiari donde estuvimos en la escuela y charlamos largo rato con la maestra matsigenka, que incluye su lengua a sus alumnos de inicial, así como con varias paisanas de Matsokiato y Tivoriari. En Manitinkiari todos los matsigenkas hablan quechua y esta cultura y estilo de vida se ha impuesto en detrimento de su ancestral tradición. Es por eso que resulta muy difícil congregar a los paisanos para hablar de la situación de las comunidades matsigenkas, porque los quechuas son dominantes ante la pasividad de los nativos, y prevalece la religión evangélica. La siguiente comunidad visitada fue Guayanay, a donde se accede desde Chirumpiari en media hora de carro adentrándonos en la montaña. Por el camino asistimos a las enormes quemas que causan los colonos que han asaltado estas tierras matsigenkas. En uno de esos criminales e incontrolados fuegos, consumieron uno de los postes del tendido eléctrico y ya llevan varios meses sin luz y sin probabilidad que se la restablezcan. Tan solo varios meses atrás que la estrenaron. La sensación que nos dio ya de entrada en esta comunidad, es también de abandono. Se advierte que las tres maestras quechuas educan a sus 40 alumnos matsigenkas en quechua y español, sin una palabra en su propia lengua, pero los niños en sus juegos y charlas todavía la mantienen, con lo que estamos ante la maravilla de niños trilingües que si progresaran en sus estudios, llegarían a ser auténticos políglotas. Nos comentan los papás, luego de interrogarles, que los maestros han estado mes y medio de huelga, y por lo tanto sin tareas en ese periodo. También nos informan que el personal de la posta médica de Chirumpiari llega cada dos o tres meses, a pesar de estar tan cercana y disponer de acceso por carretera. Los que están llegando continuamente y en permanente invasión son los colonos, a ambos lados del río. Siguen avanzando los plantíos de coca ante la pasividad de los paisanos. Algunos denuncian que el

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195 2012  

Boletín Misioneros Dominicos, 195 (2012)

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