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evangelización. Y no pasar por alto aquellas exageraciones que observamos en los informes y declaraciones de los líderes nativos que impulsan actuaciones engañosas en los grupos indígenas.

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Desde mayo del presente año, los misioneros dominicos, observando la evolución del clima del paro en nuestras comunidades y recibiendo informes cada vez más alarmantes de las comunidades del norte, nos hicimos a la idea de que algo grave iba a suceder. Presentíamos, los dominicos, sin ser necesariamente profetas, que en cualquier comunidad nativa, incluidas las nuestras, podrían surgir hechos violentos de sangre. Y así sucedió. Lo constatamos el 5 de junio con tristeza e impotencia. Una masa enardecida y acorralada por el desprecio a sus derechos más queridos se disparó, como una estampida, como un incendio donde alguien se encargó de prender el combustible.

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Los bloques de choque en este triste momento de la historia estaban centrados en el poder político (ejecutivo-congreso) y en los pueblos nativos guiados por su propia desesperación. Pienso que el enfrentamiento sangriento no nace de la nada, no es como una especie de infarto repentino e inesperado. ¿Cómo no tuvo el gobierno suficiente previsión para evitar estos acontecimientos desastrosos ? En abril del 2006, nuestra desdichada democracia inicia la segunda vuelta de las elecciones generales. Los ciudadanos sólo tienen dos opciones: APRA o Humalismo. Los críticos y estudiosos de la vida política más expertos aconsejaban votar por el mal menor -siempre mal- el APRA frente al nuevo movimiento de Humala considerado mal mayor. Y el primero de junio ganó el mal menor tal como aconsejaban los expertos. Así es la democracia, aunque a veces resulte tan empobrecida y bananera. Con esta realidad electoral, con todos sus componentes, no era difícil prever que en algún recodo del camino político saltase alguna sorpresa lamentable. El pueblo hablaba del mal menor recordando el primer gobierno del APRA con su peculiar estilo de los asaltos: bancos, penales, deuda externa, sol, economía. Ahora se encuentran con el asalto que llamamos Bagua. Pero veamos la trayectoria histórica del otro bloque del enfrentamiento: los pueblos indígenas. Cien años atrás ya aparecen las crónicas misioneras informando de las primeras correrías de los caucheros arrasando con las comunidades nativas. Triste historia de matanzas, carnicerías crueles, robos de niños y mujeres vendidos después como esclavos. Personalmente he escuchado los tristes relatos de los testigos sobrevivientes machiguengas y nantis, ya ancianos, pero con una memoria viva y aterrorizada por los horribles espectáculos que les tocó vivir en los ríos Urubamba y Madre de Dios. Este eterno enfrentamiento entre los poderosos e importantes del Perú y los Pueblo Indígenas está sintetizado, simbolizado, de algún manera, en la figura de Fitscarrald. Hemos leído y oído los testimonios gloriosos, alabanzas de presidentes y escritores aclamando a Fitzcarrald como el pionero de la selva, el héroe que logró penetrar en los pueblos amazónicos en busca del caucho. Para las naciones indígenas

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176 2009  

Boletín Misioneros Dominicos, 176 (2009)

176 2009  

Boletín Misioneros Dominicos, 176 (2009)

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