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Q U I L L A B A M B A

parroquial de Quillabamba y en Echarate. (Las Hermanas de clausura celebran, hoy y mañana, a puerta cerrada). Concluida la celebración de los Oficios en el templo parroquial sale la procesión del Santo Sepulcro, que es la más concurrida y solemne. Va lenta, majestuosa, multitudinaria. Todo el peso del cuerpo muerto de Jesús pesa sobre los cargadores. Entre cantos, oraciones y estaciones del Vía Crucis va avanzando el Sepulcro de Jesús por las calles de Quillabamba. Hay gente que llora. Han llegado, como todos los años, muchas gentes de fuera. Muchos campesinos de las Comunidades cercanas y lejanas. La procesión va pisando, con respeto y agradecimiento, abundantes alfombras de flores que hacen homenaje del pueblo a tanto amor de Jesucristo muerto y enterrado por nosotros. En la Plaza de Armas esperaban miles de personas, aguantando con amor, una lluvia pertinaz y penetrante. Al final sonaron todas las sirenas de camiones, carros y mototaxis. Una fuerte algarabía ruidosa alababa a Jesucristo a su manera, mientras nos bendecía el Señor y entraba a su templo. En el Sábado Santo se cambiaron un poco las costumbres de otros años. No se pudo subir a la Cruz de Barrial. Estaban todas las calles cerradas por causa de las zanjas abiertas para el nuevo sistema de agua potable. Por eso el Vía Crucis y los primeros Oficios de la gran Vigilia se tuvieron que hacer en el atrio y en el interior del templo de Santa Ana. El emotivo encuentro de Jesús Resucitado con su Madre Dolorosa se hizo, como siempre, cerca del templo del Señor de la Sentencia. Hubo muchos aplausos y rostros alegres. Después ya fueron todo aleluyas, colores blancos y canciones de triunfo. El Señor Jesús había resucitado de veras, muy de veras. El Señor Jesús estaba vivo, lleno de vida divina. La Misa de la Vigilia tuvo lugar en la Plaza, delante de la puerta de la Parroquia, sobre un sencillo tablado. Y el Domino de Resurrección el pueblo creyente volvió al templo a vivir y experimentar la presencia de Jesús Resucitado. Se llenó en todas las Eucaristías. Jesús estaba vivo, en su Palabra, en los cantos de gozo y amor, en el Pan y en el Vino, en la reunión fraterna. Hasta en el agua bendita, que se repartió abundantemente, para que a nadie faltara el agua santa y purificadora de la Resurrección de Jesús.

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174 2009  

Boletín Misioneros Dominicos, 174 (2009)

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