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C O M E N T A R I O

en realidad sus reivindicaciones. Sin embargo, a pesar de todo, su ilusión no deja de ser ilusión, imposible de concretizarse en una realidad. ¡Cuánto dinero empleado por inculcar la idea de que el nativo no sabe, no tiene, no puede, no vale¡ ¡Millones de soles se distribuyen anualmente en apoyo a la pobreza, a la miseria, a la enfermedad, a la impotencia del nativo sin que éste se levante! ¡No se ha acertado con la realidad ni con el camino! REFLEXIÓN Debemos reflexionar sobre los hechos. Puesto que contra esta fatalidad nadie puede, hay instituciones, como decimos, que proponen ciertos medios para que la desaparición de las etnias no se de o venga despacio y sin traumas personales, sociales y culturales. Se hacen muchos proyectos y se dan muchas ayudas a las sociedades nativas para evitar su extinción. Misiones, ONg. Estado, Compañías petroleras y madereras, proponen sus respectivos programas para sacar de la marginación a las sociedades nativas. Pero lo hacen desde el punto de partida de la incapacidad de dichas sociedades para realizar por sí mismas su propio desarrollo y se presentan como tutoras de éstas en todos los aspectos. En cierto modo se hace caridad, pero negando la justicia. La justicia consiste en dar a cada uno lo suyo. La justicia social, en dar a la sociedad lo que corresponde a ella, es decir, el bien común. La caridad está en dar al otro lo mío y la caridad social, dar al bien común de la sociedad lo mío. Aunque se haga caridad, se falta a la justicia porque no se le da al nativo lo que es suyo, el respeto y la el consideración como persona con derechos. Se le considera marginado y excluido y, por tanto, ni es justicia ni es caridad. La justicia es reconocer a los pobres, a los marginados, sabiendo que estas condiciones provienen de un desorden social intencional y para que haya justicia las dádivas deben reconocer esa situación con ánimo de superarlas. Con la limosna se da al indigente algo que lo deja como estaba, y por ella se le incita a extender de nuevo la mano y mendigar. Pero tanto la caridad como la justicia, no consisten solo en dar y dar sino que suponen que por ellas se debe encontrar el modo de que el pobre adquiera capacidad para que también él de. Es necesario estar al lado de los desposeídos, no únicamente para darles, sino para recibir también algo de ellos. Como personas, para recibir de ellos lo mismo que esperamos recibir de nuestra sociedad, es decir, ser iguales. Si somos empresarios; si somos pertenecientes a Ong; si somos comerciantes; si somos misioneros; si somos de buena voluntad, debemos dar esperando que con nuestras dádivas se capacite a los pobres para que ellos puedan dar también a otros. Si somos cristianos para recibir de los indígenas el Evangelio. Todo lo que reciban los indígenas en compensaciones, aún el Evangelio, es para ellos, pero también es para nosotros si son los indígenas quienes nos los dan. Hay muchos evangelizadores y también muchos que distribuyen sus bienes, que se apropian del Evangelio y de las riquezas, pero no quieren escuchar ni Evangelio ni las sugerencias que les transmiten los indígenas. La paz es fruto de la caridad.

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174 2009  

Boletín Misioneros Dominicos, 174 (2009)

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