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DESCANSA EN PAZ, Mª JESÚS P. Ángel Pérez Casado, O.P. Peña de Francia

¿Quién era Mª Jesús? Aparentemente, nadie, ninguna persona importante... Pertenecía a esa multitud de seres anónimos que conocemos con el nombre de pobres, olvidados de la sociedad y teniendo solo el cobijo de Dios Padre. Ha muerto a los cincuenta años de un cáncer que tenía poco que hacer para acabar con su sufrida vida; supongo que a su entierro no habrán ido más de diez personas, y casi todas ellas familiares: una hermana, unos sobrinos, unos nietitos gemelos de los que enseguida hablaremos, y algunas buenas mujeres que conocedoras de su situación le habían echado una mano. La conocí en mi última visita que hice a Quillabamba (Perú) en mayo del 2006. En su deteriorado cuerpo se manifestaban las cicatrices de una vida ingrata y llena de sufrimientos. La única ilusión que le unía a la vida era sacar a adelante a dos nietitos gemelos de siete años, Ronaldo y Rómulo, que había recogido en su pobre habitación-hogar después de la muerte prematura de su hija, madre de los niños. El padre ya hacía tiempo que había desaparecido sin querer saber nada de sus hijos...

A través de una antigua alumna de los tiempos en que trabajé en Quillabamba, conocí a Mª Jesús que trabajaba barriendo las calles de la ciudad para tener un poco de dinero con que sacar adelante su familia. Unas palabras de afecto y de ánimo, y enseguida me propuso que bautizara y fuera padrino de Ronaldo y Rómulo sus nietos-hijos. Para mí fue un privilegio. El 8 de Junio del 2006 bauticé y fui padrino de Ronaldo y Rómulo, y dos primos más con una historia parecida, aunque al menos a ellos les vivía la madre, hermana de M.ª Jesús. Hubo recordatorios de la ceremonia, y hasta un sencillo almuerzo que compartimos en un pequeño chiringuito... Mª Jesús estaba muy contenta, ya era comadre del Padrecito, y contábamos en compartir las responsabilidades de sus desamparados nietos. Víspera de mi regreso a España fueron a despedirse ella y su hermana a la parroquia. Envuelta en un mar de lágrimas me agradecía con toda su alma todo lo que había hecho por ella... Pero, ¿quién había hecho más, ella por mí o yo por ella? Hace unos tres meses me comunicaron la muerte de mi comadre Mª Jesús. Nada más saber la noticia me encomendé a ella. Le he hecho un altar en mi vida porque estoy seguro que es una gran santa. Se puede decir con verdad que para gentes como Mª Jesús la muerte es un merecido descanso. Los nietos han podido ingresar en una institución que se hace cargo de estos pobres muchachos que viven una orfandad absoluta sin más amparo que las gentes de buena voluntad que Dios pone en su camino. Estoy seguro que su madre que perdieron en la niñez, su abuela que tan duramente luchó en la vida, y su padrino que anda viendo tantas cosas injustas por la tierra, haremos todo lo que podamos de nuestra parte, para que puedan tener una vida más acogedora y digna que la que tuvieron estas santas mujeres.

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160 2006  

Boletín Misioneros Dominicos, 160 (2006)

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