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de miles de indígenas en la libertad, que no han caído en la esclavitud y la dependencia, por haber recibido en la misión una educación cristiana liberadora. Este es un hecho evidente, pero si la actual configuración social y económica del Bajo Urubamba no hace caso a la historia, como lo estamos viendo en muchos de los escritos arriba señalados, será esta misma historia la que pondrá en evidencia lo que son y lo que fueron las misiones en el Bajo Urubamba. Las misiones continúan sus actividades entre los indígenas: Construyen escuelas y postas médicas, mediante la Red Escalar (RESSOP) y de salud (PISAP); otorgan becas a jóvenes nativos; mantienen una formación permanente en las comunidades. La misión no se siente afectada por las publicaciones ambiguas y adversas que aparecen todos los años. Estas publicaciones no han podido opacar la presencia de la misión. Los misioneros tienen varias publicaciones en las que se recogen estudios sobre la zona del Bajo Urubamba y sus gentes, las cuales ahí están presentes en la historia, invitando a su lectura a quienes lleguen al Bajo Urubamba. Pero hoy día la misión no es solo lo que las misiones hacen, es decir, la evangelización, sino la permanencia de la evangelización. Juega en el Bajo Urubamba un factor importante el marketing. Es lo que no pueden utilizar los misioneros porque no tienen dinero, pero que utilizan todos los demás actores interesados en el desarrollo de las sociedades indígenas del Bajo Urubamba: las compañías petroleras, las ONG, los periodistas, las federaciones indígenas. Sin embargo, hay una lección que deben aprender los misioneros. Los indígenas nativos están hoy siendo incorporados como comunidades, como familias y como personas al sistema social, económico y cultural creado con ocasión de la extracción del petróleo, que les ha dado personería y reconocido capacidad para gobernarse y constituirse dueños de sus destinos, de forma que se constata que los indígenas están entrando en una dependencia absoluta del exterior. Pareciera que no se sabe ya si los indígenas dependen de los petroleros o éstos de los indígenas. Pero la misión no actuó nunca así, ha trabajado y trabaja con personal misionero propio, ajeno a la sociedad indígena. La misión no ha incorporado, como han hecho los petroleros, a los indígenas como agentes activos de sus misiones. El sistema misional actual se ve ya desfasado por la historia. Siempre se ha estado pidiendo que la misión debería cambiar de paradigma, es decir, dejar de pensar que el indígena no puede, no sabe, no quiere, no llega, y pensar que sabe, puede, quiere y llega. Los indígenas de las misiones deben buscar no caer en la dependencia exterior y deberían promover dentro de sus comunidades y de las familias extensas, acciones que pongan en evidencia sus capacidades desarrolladas en las escuelas misionales. Acciones tales como las siguientes: 1. Formar instituciones de grupos indígenas, universitarios y maestros, que entren en la coyuntura del Bajo Urubamba con propuestas propias para el bien del presente y del futuro de los indígenas. 2. Promover proyectos comunitarios de desarrollo sostenible. 3. Promover la creación de pequeñas empresas. 4. Comprometerse con la evangelización de los indígenas. 5. Hacer investigaciones educativas, sociológicas, religiosas por los mismos indígenas. 6. Volver a una RESSOP indigenista. Esto, creo yo, causaría un gran impacto sobre la historia moderna del Bajo Urubamba, sobre las misiones, sobre las compañías petroleras, sobre las ONG, sobre las mismas las sociedades nativas y sobre las ciencias sociales y antropológicas. Reflexión. Después de algunos años fuera del Bajo Urubamba, temía no reconocerme. Pensé que los años me habían alejado de mí mismo y temía volver sobre mis pisadas por temor a no encontrar nada en dónde éstas habían empezado, pero no me encontré ajeno. Recorriendo los caminos por donde anduve, encontré una realidad presente entre nosotros desde hace muchos años.

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160 2006  

Boletín Misioneros Dominicos, 160 (2006)

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