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www.enredando.org.ar pretende ser un espacio de encuentro y de referencia para las organizaciones y movimientos sociales, para que se conozcan entre sí sus prácticas, y logren potenciarse de acuerdo a sus propias necesidades. Con este norte caminamos autogestionada y colectivamente desde hace 15 años..

15 años


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Crónicas

desde adentro

Recopilación de artículos publicados en 2016/2017 www.enredando.org.ar

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Primera Edición: Noviembre de 2017 ISBN en trámite

Aclaración sobre la licencia de la presente edición Usted es libre de copiar, distribuir, exhibir, ejecutar la obra y hacer obras derivadas, pero bajo las siguientes condiciones: Atribución. Usted debe atribuir la obra en la forma especificada por el autor o el licenciante. Nosotros respetamos la autoría de los materiales publicados; nuestro fin es fomentar la difusión de los mismos sin apropiarnos de ellos. No Comercial. Usted no puede usar esta obra con fines comerciales. Nosotros no mantenemos con las publicaciones fines de lucro. Lo recaudado se usa para la producción de nuevos materiales, la reparación de los equipos y la difusión de los materiales. Compartir Obras Derivadas Igual. Si usted altera, transforma o crea sobre esta obra, sólo podrá distribuir la obra derivada resultante bajo una licencia idéntica a ésta. Intentamos reflejar en estos puntos la apuesta que hacemos por la libertad de información. Vemos en ellos valores explícitos de una política que se compromete a la construcción plural de la realidad. Así como también un rechazo a los intentos de monopolización del acceso a la cultura de las grandes empresas editoriales. Ninguna de estas condiciones puede dispensarse para la presente obra. Consideramos que más alla de la individualidad en que se han ensamblado las ideas ninguno de éstos podría haberse creado sin la producción plural y colectiva de la que en su momento son parte, y que son meritorios de reconocimiento todas aquellas personas que intervengan con su trabajo en cada aspecto del proceso. Ante cualquier reutilización o distribución, usted debe explicitar claramente los términos de la licencia de esta obra.

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“Crónicas desde adentro”, una publicación “Aniversario 15 años” del Boletín enREDando. Las notas están publicadas en www.enredando.org.ar Asociación Civil Nodo Tau. Rosario. Santa Fe. Argentina.

Escriben: Martín Stoianovich María Cruz Ciarniello Carina Toso Tomás Viú Agustina Verano

Contenido: Parte del andar................................................................................................................4 Un río de contrastes .......................................................................................................8 El grito colectivo............................................................................................................16 En su familia hay una menos .......................................................................................22 Crecer en una canoa .....................................................................................................34 Matapibes, matapresos ...............................................................................................44 Gustavo..........................................................................................................................52 La vida fumigada...........................................................................................................58 Mujeres de Villa Oculta ..............................................................................................68 Migrar para vivir...........................................................................................................74

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Parte del andar...

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arte del andar es ¡Celebrar! y en eso andamos por estos días, celebrando 15 años de un recorrido intenso, desafiante, comprometido y siempre colectivo. Si pensamos en enREDando, pensamos en historias, gestos, abrazos, territorios, luchas, amaneceres, apuestas, dolores, miradas, horizontes, palabras, muchas palabras con voces diversas que apuestan a construir nuevas realidades. Cuando celebramos también historizamos y entonces no podemos dejar de recordar de dónde venimos. enREDando surge en el marco de Nodo TAU y así nombramos a uno de nuestros proyectos fundacionales en el trabajo por la inclusión digital para la inclusión social. En el año 2001 cuando comenzamos con la definición de un amplio programa que llamamos enREDando, planteamos tres líneas de trabajo que organizaron nuestro trabajo durante muchos años. Definimos que queríamos apostar a la inclusión digital, creando espacios de acceso comunitario a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, y hacerlo de manera conjunta con organizaciones sociales. Definimos también trabajar en la capacitación de esas comunidades y organizaciones en el uso de estas herramientas con sentido para ellas de modo que fortalezcan sus acciones. Y también definimos aportar a la visibilidad del hacer de las organizaciones sociales, desde distintos campos. El campo social estaba en efervescencia, el 2001 nos había pasado por encima y las organizaciones sociales y populares estaban asumiendo tareas imprescindibles. Así nació enREDando como un medio para hacer visible ese trabajo de tantos varones y mujeres que decidieron juntarse con otros y otras para atender derechos postergados, a la tierra, a la vivienda, al trabajo, a una educación sexual integral, a una infancia y adolescencias cuidadas, a la salud, a la educación, a la cultura, a un medio ambiente sano, y también a la palabra. enREDando fue creado para ofrecer un espacio donde las propias organizaciones puedan ejercer ese derecho a la palabra, donde su voz asuma otro lugar, donde la agenda se origine en otro lado. Y a la vez un espacio de encuentro, de enredo, un espacio que dé continuidad y fortalezca los encuentros cara a cara en el ámbito de la comunicación digital, un espacio que despliegue todo el potencial del “nosotrxs”. En estos 15 años encontramos continuidades y transformaciones. A cada paso, en 4


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cada etapa, renovamos este sentido y seguimos encontrando que somos una voz necesaria porque seguimos apostando a una agenda imprescindible. Pero también transitamos cambios y fuimos enfrentando desafíos. En estos años concretamos nuevos modos, nuevos medios. Un día comenzamos a difundir nuestra Buenas Prácticas en micros radiales que compartimos con la FM Aire Libre. Más tarde nos sumamos al El Eslabón con un suplemento que difunde nuestras principales notas mensuales. Hoy asumimos otros lenguajes. Hoy apostamos también a la fotografía y al registro audiovisual, mientras seguimos revisando nuestros modos de contar, de narrar. Siempre con la mirada puesta en hacer oír y resonar la voz de quienes protagonizan este movimiento cada vez más amplio, diverso y potente que redefine sus luchas en cada nuevo contexto, como el actual que vuelve a desafiarnos fuertemente desde una realidad que duele y que sigue reclamando que esas voces se escuchen. Fue por eso que creamos enREDando y es por eso que enREDando sigue creciendo y ampliando espacios, voces, modos y enfoques, hoy en el trabajo comprometido de Cruz, Martín, Carina y Tomás y de muchxs colaboradorxs que aportan con sus notas. Esta edición recopila una serie de crónicas sobre las coberturas de esas luchas, en especial la de los organismos de derechos humanos por el reclamo de juicio y castigo y el derecho a la identidad, la de quienes se comprometen en los casos de violencia institucional que se suceden y permanecen impunes, la de quienes denuncian los femicidios y hacen visible los reclamos del movimiento de mujeres, entre otras. En las historias, las voces, las palabras, los protagonismos anónimos, las organizaciones sociales, los barrios, las realidades posibles y las mejores que podamos construir… en eso seguiremos andando y enREDando.

Nodo Tau

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Asumimos el desafío. Escribimos, caminamos, viajamos, escuchamos. Sentimos. El río grita. Gritan los contrastes de esos ríos que nos atraviesan. El cuerpo es una caja de resonancia que duele; que nos duele con cada ausencia. No queremos ni un pibe menos, ni una muerta más por la violencia machista. Entonces escribimos, otra vez. Y otra. Y así salen las palabras, como ríos de contrastes susurrando voces. Lo colectivo es personal y lo personal es político. Ni las rejas ni los muros encierran los sueños. Están, vuelan, bailan. Dibujan horizontes aunque todo nos duela. Migramos. Andamos, errantes, buscando otros caminos. Caminos que huelan a vida y no a venenos. Como hormigas; como pequeños buscadores de historias. Andamos. Decimos que la palabra es un derecho; nuestro derecho. Que el trabajo también lo es. Que queremos Verdad y Justicia. Que el olvido jamás. Que siempre, pero siempre, tengamos memoria. Para seguir escribiendo; para seguir vivxs.

María Cruz Ciarniello (Equipo editorial enREDando)

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Un río de contrastes TEXTO: MARTIN STOIANOVICH FOTOS: RAIZ COMUNICACION Publicada el 14/09/2016


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n grupo de turistas se toma fotos compulsivamente en la base de la Escalera de Selarón, en el barrio Lapa. Cuando pega el sol, brillan mucho más los azulejos que fijó el artista chileno que ya hace más de tres años fue hallado sin vida ahí mismo, sobre su propia obra. Ahora, los turistas disfrutan disparando flashes. Un brasileño que montó una changa a los pies de la escalera deja doblado a su lado la edición del día del diario O Globo que en su título principal resalta la llegada masiva del turismo internacional en el marco de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El centro de la ciudad explota en movimiento constante durante el día y también en la noche. Los televisores de los bares no descansan, cualquier deporte es atractivo y el amarillo de las camisetas de fútbol de la selección local se ve cada un par de metros. La escena puede repetirse todos los días. Río será también la ciudad de los grandes contrastes. La línea 2 del Metro Río pasa por Lapa en una estación reluciente. Hay luces en exceso. Personas haciendo cola en los cajeros automáticos para extraer dinero. Negocios de ropa, recuerdos y merchandising de los Juegos Olímpicos. Quienes llevan una gorra, una remera, un bolso o cualquier cosa con el logo de Río 2016 delatan la invasión de turistas que por estos sectores se hace sentir. Hay carteles publicitarios de empresas nacionales e internacionales y también de políticas públicas: como un cartel de las “Forças Armadas” que se impone ante la mirada de quienes esperan llegar el Metro. Es que los grandes medios de comunicación hablaron del peligro del terrorismo internacional en el marco de los Juegos. La alerta en Brasil se encendió hace un par de años cuando todavía se estaba organizando el Mundial de Fútbol del 2014 y una batería de políticas de seguridad fueron desplegadas con el fin de no interrumpir las ansias de consumo del turismo internacional y la sensación de seguridad de extranjeros y locales. La puerta del Metro se abre deslizándose sin hacer ni un mínimo ruido. Todo anda perfecto. En su interior está pulcro y un altavoz avisa el nombre de las paradas en inglés y portugués, y también larga alguna que otra publicidad. Cuando el Metro va en sentido inverso del centro y sur de la ciudad -puntos más turísticos entre playas y sedes deportivas de losJuegos Olímpicos- el panorama comienza a cambiar y la ciudad de los contrastes empieza a hacerse notar. Al correr de las estaciones, los turistas ya se bajan y van quedando, en su 9


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mayoría, cariocas de la clase trabajadora. El paisaje empieza a cambiar: se ven más de cerca los morros que acumulan casitas hacia arriba, y los grandes edificios ya son parte de un paisaje lejano que va perdiéndose de vista. Las paradas del Metro ya no son cerradas y lujosas, sino más bien angostas y peladas. A la vera del camino, de a ratos, se lucen seguidillas de pequeñas viviendas idénticas, construidas en el marco de planes estatales durante los últimos años. “Esta es otra ciudad”, dice un comunicador local, integrante del equipo del Mutirão Río 2016, un grupo de comunicadores independientes, de medios libres de todo el continente que se encontraron en la ciudad de los Juegos Olímpicos para cubrir los impactos sociales de la organización de este tipo de megaeventos. Para poder conocer y difundir en profundidad esos contrastes que la gran ciudad no pudo ocultar y que en su raíz muestran problemáticas sociales de larga data, pero que se profundizaron desde que Río fue elegida sede de una seguidilla de grandes eventos deportivos. En Brasil los intereses de las clases dominantes comandan los rumbos políticos y económicos del país. La debilitada democracia que dejó el gobierno de Dilma Rousseff allanó el terreno a la ultra derecha, que puso al poder a Michel Temer luego de un golpe de Estado institucional. Una maniobra que dejó al país en las manos de los intereses privados, después de un gobierno que en parte calmó las necesidades de una sociedad castigada por el neoliberalismo de los 90. Aunque por otra parte no: la desigualdad social es una realidad que ni la más sesgada mirada puede negar, y en adelante se prevé que será peor el futuro para los sectores ya excluidos y la clase media que descansaba en sus comodidades . Hoy, la consigna #ForaTemer, de quienes apoyan a Rousseff o bien repudian esta maniobra de la derecha explícita, está a la cabeza de una serie de manifestaciones reguladas por el pasado reciente del propio Partido de los Trabajadores. Reguladas, y limitadas, por ejemplo por la Ley Antiterrorista aprobada por Rousseff en marzo de 2016 por recomendación de su Ministerio 10

de Economía. La ley fue parida al fuego lento de las exigencias de las instituciones financieras internacionales. Brasil, como integrante del Grupo de Acción Financiera contra el Lavado de Dinero y el Financiamiento del Terrorismo, acató los acuerdos para implementar “medidas legales, regulatorias y operativas para combatir las amenazas a la integridad del sistema financiero internacional”, según comunican oficialmente. El GAFI tiene atrás a Estados Unidos, Rusia, Francia, Japón, Alemania, Reino Unido, Canadá e Italia y por lo tanto los mayores intereses económicos del mundo. “La aprobación de las leyes nacionales pasó a ser una condicionante de los órganos financieros internacionales. Tener credencial para los préstamos y las inversiones es tener esta ley aprobada”, analizó para una investigación de Avispa.org el sociólogo y profesor de Relaciones Internacionales de la Pontífice Universidad Católica de Sao Paulo, Reginaldo Nasser. La Ley Antiterrorista, entonces, aprobada en la antesala de los Juegos Olímpicos, se posó como una soga en el propio cuello de la democracia brasileña. Las consecuencias colaterales de la “lucha contra el terrorismo internacional” son hoy la persecución y represión a los manifestantes que repudian la ya consumada estrategia de la derecha. Consecuencias colaterales que se esparcieron por todo el país y que en Río, en el marco de los Juegos, profundizaron las políticas represivas de un Estado que dejó relegados a los derechos de su pueblo pobre. Sin lugar para los favelados El 5 de agosto, el día en que se inauguraron los Juegos Olímpicos, también se realizó una manifestación en la “Praça Saens Peña”, del barrio de Tijuca. Las consignas fueron claras y hablaban de esas problemáticas potenciadas en el marco de los Juegos: desalojos, violencia policial, el impacto ambiental y el enorme gasto de fondos públicos para el evento. “Os jogos da exclusão”, se llamó la movida que buscó visibilizar aquello que está escondido para el extranjero.


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Se habla de gentrificación en Río de Janeiro. La planificación de los megaeventos deportivos trajo aparejado un plan de desalojos forzosos contra los sectores populares con la intención de crear ofertas para el mundo de consumos e inversiones que propone el turismo, además de la especulación inmobiliaria para el acomodamiento de las clases medias y altas. Lo que, además, trae entre líneas al ocultamiento del pueblo pobre. Un caso ejemplar es la construcción del “Porto Maravilha” que implicó el desalojo violento de habitantes de la favela de la Providencia, la más antigua de Brasil. La Secretaría Municipal de Hábitat decide qué casa debe ser demolida para la nueva construcción y cuál será el futuro de las familias desalojadas, entre algún poco de dinero o la promesa de una nueva vivienda. Pero, claro, en la periferia. “Quase 80 mil moradores removidos desde 2009”, titula la edición de agosto del diario “A voz da favela” que ya lleva su séptimo año de circulación. “¿Olimpiadas para quem?”, se pregunta en el artículo principal. El fenómeno de desalojos es una práctica sistemática que apunta contra la población pobre. Según los datos brindados por el “Mapa Río Jogos da Exclusão” son aproximadamente 77 mil personas las que fueron expulsadas de sus territorios desde el 2009, cuando la ciudad fue elegida como sede de los Juegos. Son más de 22 mil familias que en todo Río se quedaron sin casa para que sus tierras sean puestas al servicio de la especulación inmobiliaria. Metro-Mangueira, Vila Recreio II, Vila Harmonia, Vila Autódromo, fueron algunos de los lugares afectados. Todas favelas. El caso de Vila Autódromo se destaca por su magnitud: tres mil moradores fueron desalojados para hacer obras en un río y ensanchar las avenidas Abelardo Bueno y Salvador Allende. “De las 600 familias que vivían en la Vila Autódromo hasta el inicio de 2014, quedaron apenas veinte, que ahora viven en casas construidas por el municipio en el área antigua. El otro 97 por ciento de los moradores fueron reubicados en el Parque Carioca, en Taquara, un conjunto habitacional municipal realizado con los recursos del Programa Minha Casa, Minha Vida”, dice “A voz fa favela”.

De chacinas e impunidades El Complexo do Alemão es un conjunto de favelas que reúne 15 comunidades con cerca de 120 mil habitantes. Sus morros son gigantescos, y sus calles angostas y curvas. Las casitas fueron construyéndose hacia arriba y alcanzan los puntos más altos con las viviendas más precarias producto de las dificultades para trasladar los materiales de construcción. Podría decirse que la favela está urbanizada. ¿Pero qué tipo de urbanización? “Para el Estado significa que puedan pasar carros por las calles y para eso vuelan casas”, dice Lana da Souza, de “Coletivo Papo Reto”, una experiencia de comunicación popular de los habitantes del Complexo, que tiene entre sus objetivos difundir lo que acontece en la favela, ya sean denuncias o experiencias de resistencia. Lo que sucede en el Complexo es también un reflejo de lo que viene pasando en las demás favelas de la ciudad. La principal preocupación de los últimos años es la militarización, la invasión de los territorios por parte de las distintas fuerzas de seguridad, pero sobre todo la Policía Militar y las Unidades de Policía Pacificadora. Estas últimas fueron estrenadas en 2008, en la favela de Santa Marta, en el marco de un programa de Seguridad Pública de la Secretaría de Seguridad de Río de Janeiro y luego se extendieron en 38 destacamentos con la idea de profundizar la “proximidad” en los territorios. También son conocidas las participaciones de las llamadas milicias, grupos de agentes y ex agentes de la policía, bomberos y funcionarios penitenciarios con formación militar que privatizan y venden a la población lo que ellos llaman seguridad. Otra vez, como en distintos puntos del continente, la militarización baja con el concepto de paz a su lado. La contradicción que no expone el discurso, la muestra la realidad: desde 2006 hasta 2015 cerca de ocho mil personas fueron asesinadas a manos de la policía en el Estado de Río de Janeiro, de los cuales casi cinco mil corresponden a la ciudad capital. Las estadísticas que maneja la organización Amnistía Internacional dicen que desde 2007 las cifras fueron decayendo hasta el 2014, año de la 11


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Copa del Mundo, en donde aumentó a 580, para superarse el año siguiente con 645. Las favelas están ocupadas por la Policía Pacificadora. Sus prácticas no son ni responsables ni cuidadosas como lo asegura la página web oficial de los Juegos. Son violentas. La Policía Militar entra en sus “caveirãos” –tanques blindados- y despliega sus ataques con distintas estrategias como disparar a los transformadores de luz para oscurecer el barrio e incendiar los alrededores con el fuego que se desprende de los cables ardiendo. En Complexo do Alemão, las sedes de la Policía Pacificadora se imponen en distintos puntos de los morros y a sus alrededores se reflejan imágenes de lo que es la relación entre la fuerza y los habitantes de la favela. Las paredes están repletas de agujeros que quedaron como recuerdos de las ráfagas de disparos que frecuentan la zona. Las estadísticas que maneja Amnistía dan cuenta de una problemática que logra entenderse mejor cuando se hace foco en los hechos puntuales. En el mismo Complexo do Alemão, en 12

junio de 2007, 1350 oficiales de la policía civil y militar de Río de Janeiro junto a la Fuerza Nacional de Seguridad Pública realizaron una operación que terminó con al menos 19 personas asesinadas, entre ellas un niño de 13 años. “Chacina do Pan”, se llamó el hecho en referencia a los Panamericanos que se desarrollaron ese año. Saliendo de Complexo, el historial de sangre sigue y encuentra episodios inimaginables. Como la “Chacina de Costa Barros”, ocurrida el 28 de noviembre de 2015 cuando cinco jóvenes negros de entre 16 y 25 años fueron acribillados por oficiales del Batallón 41 de la Policía Militar, en el barrio Costa Barros. Los chicos habían salido a celebrar el primer sueldo de uno de ellos, pero recibieron 111 disparos y ninguna advertencia. Carlos, el padre de uno de los chicos de 16 años, hoy encabeza el pedido de justicia mostrando las fotos de su hijo acribillado mientras los policías responsables están en libertad. “En general la policía dice que estas muertes son en legítima defensa, sin embargo lo que Amnistía ha documentado es que las muertes tienen fuertes evidencias de haber sido ejecuciones


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extrajudiciales”, cuenta Renata Neder, asesora en derechos humanos de la organización. La masacre de Costa Barros es un ejemplo extremo de una violencia cotidiana y no es casualidad que haya sido tarea del Batallón 41 de la PM. “Acarí es una de las áreas donde la policía más mata, y su batallón es el que más mata en Río de Janeiro”, dice Neder respecto del 41, responsable de diez de las cuarenta ejecuciones que hubo en el mes de mayo pasado. Las modalidades son infinitas y resaltan las más insólitas, como los llamados “casos de Troya”. “La policía hace una emboscada, se quedan escondidos en una casa por muchas horas, sin que la gente sepa que están ahí. Esperan específicamente a una persona para que pase, y así ejecutarlo”, detalla Neder. Después de consumado el hecho, lo que se teje es el entramado de impunidades del cual ya no participan solo los policías. Aunque los primeros pasos suelen estar en sus manos, según explica Neder: “Una vez que la policía mata, hace de todo para garantizar su impunidad. Cambian la escena del crimen, sacan el cuerpo, intentan criminalizar a las víctimas, les ponen armas en sus manos cuando están muertas para justificar que fue en legítima defensa, amenazan a testigos y líderes de las comunidades o familiares de las víctimas para que nadie sea testigo en contra de ellos”. Este punto trae consigo la arista de los medios de comunicación y el rol fundamental que terminan jugando. “Los grandes medios acaban teniendo un rol de re-criminalización de las favelas y los jóvenes. Reportan a víctimas como sospechosos o criminales aunque no lo sean. Titulan que fueron abatidos sospechosos, hablan de las favelas como territorios de criminalidad y a sus habitantes como potenciales criminales, entonces se acepta que sean asesinados”, analiza Neder, quien habla de un “contra servicio” de la prensa grande. “No ayudan a la investigación, ni a que se haga una discusión sobre una política de seguridad pública que respete los derechos humanos”, agrega. En esta línea opina el periodista Patrick Granja, del diario A Nova Democracia: “El Estado está al servicio de las clases do-

minantes y defiende los intereses privados. La policía y los medios de comunicación también. Entonces, cuando la policía mata a una persona en la favela, el papel de los medios de comunicación es legitimar ese asesinato”. Lo que podría considerarse un engranaje de impunidad, tiene otra parte fundamental en el rol del Poder Judicial para abordar la investigación de estos casos. Desde Amnistía, Neder pone el ojo en el Ministerio Público de la Acusación: “Tiene un doble rol. Son titulares de la acción penal, acusan al involucrado y se encargan de llevar los casos a la justicia. También, según la constitución, deben ejercer el control externo de la actividad policial. Están fallando en los dos roles”. “Hemos intentado poner números a la impunidad”, agrega. Una referencia es el registro del año 2011, en el que se relevaron 220 casos de procedimientos administrativos. De ese total, 183 están en curso, el MPA pidió el archivamiento de 12 casos y solo en uno se presentaron cargos contra los policías responsables. En planos generales, los asesinatos a manos de la policía responden a una estructura de violencia que atraviesa a toda la sociedad de Río de Janeiro, aunque llevándose un gran porcentaje del total de homicidios. El Instituto de Seguridad Pública del Estado de Río de Janeiro brinda sus datos: en el año 2015, del total de 1.255 homicidios registrados, 307 corresponden a hechos en los que intervino la policía, es decir un 19,65 por ciento. El engranaje de impunidad también se sostiene en el panorama general: según Amnistía solo un mínimo porcentaje del total de los homicidios, entre el 5 y el 8 por ciento, son esclarecidos y condenados. Y los pibes remontan barriletes Remontar un barrilete, o varios en grupo, es una costumbre típica de los niños y no tan niños en los barrios de Río. Los pibes andan en eso, dejando perder su mirada en el cielo y posándola bien alto y lejos. En sus barriletes, que ellos llaman “pipa”. Esa es quizás la imagen de la paz que no logrará instalar la UPP. 13


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Pero claro, la policía hizo su parte. Copó el territorio y ya puede brindar su detalle al contraste que insiste en repetirse. Como lo hacen en la favela Babilonia, del barrio Leme, detrás de la explotada playa de Copacabana. Al llegar la noche, en los puestos de comida rápida no hay vecinos comiéndose una hamburguesa. Es frecuente ver las rondas de policías comiendo, con sus armas largas sobre la mesa. Hablando fuerte y riendo. Mirando a quienes pasan. Ocupando. Desde las favelas cuando hablan de un Estado represivo para las clases bajas, también hablan de un Estado racista. Y las estadísticas se suman a esta idea para corroborarla: del total de víctimas que hubo desde 2010 a 2013, el 99,5 por ciento son hombres, el 75 por ciento jóvenes de entre 15 y 29 años, y el 79 por ciento, negros. En este punto se refleja otra parte de una problemática estructural, que pone de manifiesto a la profunda desigualdad social que padece Río de Janeiro. En Babilonia, André Constantine, de la “Associação de moradores da Babilônia”, brinda un panorama de esta situación. “La favela es un Estado policial, donde la única presencia del Estado es represiva”, dice y cuestiona: “Hasta cuándo vamos a discutir el saneamiento básico en las favelas, en pleno siglo XXI. Hay que integrar a la favela a la ciudad, pero no con turismo para que el extranjero suba a la favela”. El discurso político, pero también el trabajo de los grandes medios de comunicación, como así también la industria cultural con mega producciones internacionales, configuraron un concepto de la favela relacionado a la violencia extrema. Allí, según estos discursos, radican los dueños del narcotráfico y los asesinos más despiadados. Allí, como muestra la película Ciudad de Dios, los niños portan armas y asesinan a quemarropa. Mientras, sonríen remarcando el contraste de los dientes con su oscura piel. Porque claro, en las películas, los malos también son negros. Hacia allí, entonces, se apunta la mira a la hora de iniciar la supuesta guerra contra el terror. “La UPP nunca combatió la venta de drogas, porque la favela no tiene traficantes. Los traficantes mandan la droga que llega 14

acá, y acá solo hay vendedores. En su mayoría son jóvenes negros que no pasan los veinte años. A la clase media llega la cocaína y la marihuana manchada con la sangre que corre en la favela”, dice Constantine. Entendiendo que la militarización también es parte de la llamada “guerra contra las drogas”, agrega: “Hay que discutir la descriminalización y la liberación de las drogas, porque la guerra a las drogas no es nada más que la guerra al pueblo negro y pobre”. El narcotráfico es un negocio que nadie niega, pero desde las autoridades políticas se ofrece una visión del tema cuanto menos limitada. Desde Amnistía analizan: “El comercio de drogas ilegales está dominado por grupos y organizaciones delictivas que, la mayoría de las veces, tienen una fuerte presencia armada en las favelas. Esta situación ha servido de pretexto para fomentar un discurso bélico según el cual las favelas son territorios que deben ser recuperados”. Las autoridades hacen foco en los últimos eslabones del negocio, que es la venta por menudeo en distintos territorios. Pero no sigue el camino del dinero, que a pocos metros encuentra a la policía como parte protagonista y necesaria. “En Río es habitual el pago de un arreglo, soborno que los narcotraficantes entregan periódicamente a los agentes de la policía responsables de vigilar una determinada zona”, sostiene Amnistía. Es más fácil apuntar al pueblo. Y más fácil aún cuando la mira está dirigida a los jóvenes negros y pobres. De esta forma también se configura la agenda política, y así se entiende por qué en Brasil cada tanto se habla de la necesidad de bajar la edad de imputabilidad que hoy se mantiene en los 18 años. Incluso a pesar de que la Secretaría Nacional de Seguridad Pública afirma que solo el 0,9 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 16 años son responsables de los crímenes cometidos en Brasil, y el 0,5 por ciento en casos de tentativas de homicidios o asesinatos consumados. Por otro lado, la compleja situación de este sector se agudiza cuando los jóvenes, a partir de los doce años, comienzan a ingresar en el sistema penal con programa socioeducativos. “Las


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fundaciones de socioeducación son prisiones, no ofrecen reeducación, inclusión social y resocialización a ningún menor detenido”, dice Tiago Tunes, profesor de Derecho en la Universidad Católica de Pelotas, en una entrevista para la revista Virus. En consonancia, Tunes apunta a la ausencia de políticas en términos sociales con la mira en garantizar los derechos de la población. “Las políticas aplicadas por los últimos gobiernos fueron exitosas en la disminución de la pobreza extrema, pero no lograron reducir la desigualdad social. De hecho, solo aumenta”, agrega. Educación, salud, cultura, deporte, saneamiento y transporte son los puntos en común en los reclamos de los habitantes de las distintas favelas. Poner sobre la mesa las problemáticas de la favela, son el paso previo al reclamo pero también al comienzo de los procesos de organización de las comunidades. En las distintas favelas hay movimientos sociales, medios de comunicación popular y proyectos culturales que resisten por el respeto a los derechos humanos pero también por la necesidad de replicar las experiencias. Una muestra de esa organización entre favelas fue la movilización realizada el sábado 20 de agosto, día antes del fin de los Juegos Olímpicos, bajo la consigna “Fome de viver”. “Hambre de vivir”, significa. La manifestación fue impulsada por el alarmante, pero previsible, aumento de la violencia durante los Juegos. Se contaron 107 conflictos armados en Río de Janeiro, con 34 personas muertas, de los cuales seis eran policías. Las violentas operaciones policiales ocurrieron, sobre todo, en las favelas Acarí, Ciudad de Dios, Borel, Manguinhos, Complexo do Alemao, Maré, Del Castilho y Cantagalo. “Para que el público olímpicamente feliz sepa la dura realidad que las favelas viven durante los Juegos”, dijeron los organizadores. La “ciudad maravillosa” que las empresas de turismo y los discursos oficiales venden al extranjero, puede ser la que se observa gigante pero poco nítida desde los morros y cerros turísticos como el Pan de Azúcar o el Cristo Redentor. También la que se ve en las playas de Ipanema o Copacabana, ante la mirada vi-

gilante de los helicópteros o fragatas militares cercanos a la costa. O en sus noches ruidosas en el centro, en su emblemática escalera de colores o en sus eventos deportivos.

Quizás los ruidos y las luces temporales pueden impedir ver la otra Río de Janeiro. Una ciudad que puede ser maravillosa, pero por su música, sus bailes y el resto de su cultura originaria y afrodescendiente. O por su naturaleza, la que todavía alcanza a estar ajena a las manos del hombre. Y también por la alegría de la resistencia: la juventud, sus barriletes y su hambre de vivir.

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El grito colectivo TEXTO: MARIA CRUZ CIARNIELLO FOTOS: LA BEMBA DEL SUR Publicada el 24/06/2016


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ía patrio en Rosario. 20 de junio. La noticia –en su versión digital – aparece perdida en la sección policiales. Su título: “un ex convicto fue asesinado a balazos”. El desarrollo de la información es escueto. Nada dice sobre quién era, qué hacía, cuáles eran sus sueños, su búsqueda. De sus ojos grandes. Su sonrisa de niño. De las 9 balas que le marcaron el cuerpo. De su pasión por el fútbol y del dolor que arrastraba tras la muerte de su hermano. De sus pasos de cumbia y el enorme compromiso con las tareas que asumía dentro de la cárcel. De sus escritos y su curiosidad propia de un periodista de calle. La noticia del diario más leído en Rosario solo remarca el rótulo asignado: ex convicto. La historia de vida de Fernando desaparece. No existe. Es apenas objeto de una noticia policial que deshumaniza, despersonaliza, estereotipa, y también señala con el dedo inquisidor: su identidad es la que le impuso el sistema penitenciario. Una noticia que borra huellas; invisibiliza contextos. Que no reflexiona: solo condena sin derecho a ninguna réplica. Fernando está muerto. Fue asesinado de cuatro tiros un 19 de junio de 2016 y la crónica policial solo dice que era un ex presidiario. Y la hipótesis de su crimen: el ajuste de cuentas. Pero hay voces que escriben las historias detrás de las cifras. Gritos que traspasan los muros que imponen los grandes medios de comunicación. “Al Fer no sólo le arrebataron la posibilidad de una vida distinta, le arrebataron un hermano y le arrebataron la vida. Hablemos de identidad, hablemos con propiedad, Fernando era muchas cosas antes de ser un ex convicto, un “preso por robo”. No fue acribillado un “ex convicto”, fue acribillado un ser humano llamado Fernando Gutiérrez. No solo fue acribillado, fue acorralado durante toda su vida por un sistema que excluye y mata. Fernando Gutiérrez no era un ex convicto, Fer era un pibe como yo, como vos.” Así grita La Bemba del Sur. La integran un puñado de talleristas –hombres y mujeres que coordinan espacios de inclusión dentro de las cárceles del sur santafesino. El asesinato de su compañero, Fernando Gutiérrez, los marcó de dolor. Pero también 17


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asoma la bronca. Fernando no era un ex convicto, gritan. Hasta el hartazgo lo dirán, hasta que algunas notas de algunos medios indaguen en las historias de los pibes muertos a tiros en las barriadas rosarinas. “Fernando se murió en un barrio donde el “territorio” se disputa. Otro sentido común construido mediáticamente que refuerza la lógica de amigo-enemigo. Una lógica dominante que cristaliza el sentido: “que se maten entre ellos”. Ese montaje discursivo que coloca a los pibes de barrios pobres en ese lugar de ellos culpables de todos los males, esos monstruos que hay linchar hasta matar. Esos ellos, que han perdido visibilidad pero son una amenaza para ese nosotros moral”, señala el grupo. Fernando –dicen sus compañeros- pudo habitar otros territorios. Esos que se construyen por los lazos, por la confianza. Fernando estaba repleto de vitalidad, potencia productiva, de resistencia. Ese era Fernando. La operación discursiva La construcción mediática de las noticias son variables. Las ediciones digitales de los medios masivos suelen ser las más leídas y replicadas en redes sociales. Son las que –en su inmensa mayoría- solo reproducen las versiones policiales y judiciales. La voz oficial. Y las que contienen, además, los cientos de comentarios de lectores enardecidos promoviendo un discurso que, salvo excepciones, son fascistas. “Al Fer no lo mató la persona que apretó el gatillo, al Fer lo mató el sistema, la indiferencia y la hipocresía. Indignación por cómo se banalizan determinadas cuestiones, por cómo estamos cegados por el odio y por cómo los medios de comunicación nos roban la capacidad crítica y la conciencia social. Me duele el alma sólo con leer los comentarios de la noticia”, dice La Bemba del Sur. También sostiene que “el sistema penal, otra vez y como siempre, auspicia como sostén y fundamento de la 18

muerte de decenas de chicas y chicos que quedan enredados en sus modos de ser, sus lógicas y logra, exitosamente, hacerlos desaparecer.” La nota policial se enmarca en un contexto que tiene, como un primer impulso, estigmatizar a las víctimas. David Moreira fue –primero- para los grandes medios “el ladrón” golpeado por “vecinos” del Barrio Azcuénaga, quienes salieron en defensa de una joven asaltada. A David lo lincharon hasta matarlo, pero fue la fuerza de las organizaciones sociales la que impuso esta verdad en el relato mediático. Así como Franco Casco fue -durante las primeras horas de su desaparición forzada- el pibe “morocho y sospechoso” que merodeaba en la zona de la Terminal de Ómnibus, cuando la investigación –impulsada también por las organizaciones – reveló que en el último lugar donde se lo vió con vida a Franco fue en la comisaría 7ma de Rosario. Su cuerpo, días después, fue hallado flotando en las aguas del Paraná. Si no hubiese sido por el movimiento social al que pertenecían, Jere, Mono y Patom habrían sido los “soldaditos” asesinados en un supuesto ajuste de cuentas. Y así, la lista de nombres con identidades estigmatizantes se transforman en cifras que alarman. Nombres de jóvenes varones, pobres y muchos de ellos, atravesados por su tránsito en la cárcel. Nombres que ya no nombran; solo señalan la etiqueta impuesta. Entonces, Fernando, Elías, David, ya no son quiénes eran. Las etiquetas reproducen los estigmas: menores, ex convictos, malvivientes, pibes chorros. Desde la Bemba del Sur afirman que “la operación discursiva es apelar a los antecedentes penales de la víctima para definir el tándem merecimiento-responsabilidad. Muertes merecidas porque “algo habrán hecho”, y si algo hicieron no es más que el resultado de su propia responsabilidad individual”. Sus vidas no trascienden, tampoco el derrotero que debieron soportar. Al crimen de Rodrigo Udi lo colmó la indiferencia, sobretodo la del Estado. “A Pequi ya lo tenían señalado desde hace tiempo, porque era un chico que salía a robar. Pero nunca


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nadie se interesó en saber que hacía dos meses que había estado rescatado, trabajando con nosotros en el Movimiento Padre Mugica”, dice Néstor, ex cura tercermundista y uno de los referentes de esta organización que tiene su trabajo territorial en una zona del barrio Ludueña. La versión policial –publicada en los principales diarios de la ciudad- señaló que Rodrigo murió como consecuencia de un tiroteo con personal del Comando Radioeléctrico, tras un supuesto robo que habría protagonizado en una fábrica de la zona. El título de la nota del diario La Capital decía: “Un delincuente murió tras robar una fábrica y enfrentarse con la policía”. Ese “delincuente”, era Rodrigo. 18 años. Había estado preso en el mal llamado “Instituto de Rehabilitación para el Adolescente”. Había intentando salir de su adicción a las drogas. Nunca encontró respuestas por parte del Estado. O sí: una respuesta que le provocó la muerte. Fue la organización social la que salió a denunciar que Rodrigo fue víctima de una ejecución sumaria. Pero no importó demasiado: el pibe había robado. “La prensa escrita despliega entonces tácticas discursivas que, a diferencia de lo que sucede cuando las víctimas pertenecen a la clase media o media-alta, contribuyen y refuerzan un proceso de desidentificación y distanciamiento para con la víctima; hecho que, en cierta forma, articula elementos discursivos que terminan por justificar –y merecer– la muerte en suerte”, analizan los talleristas, muchos de ellos, estudiantes y docentes de la Universidad Nacional de Rosario. El dispositivo mediático reproduce el mismo mecanismo para con las mujeres jóvenes y pobres. ¿Qué sucedió con el femicidio de Guadalupe Medina en Villa Banana? ¿Qué ocurre con los femicidios de las trabajadoras sexuales? ¿Cómo operan los discursos mediáticos en la visibilización e información de estos crímenes? “A diferencia de los femicidios de Ángeles Rawson, o de Lola Chomnalez, donde la desaparición fue el primer paso, a Gisela primero le tocó morir, y después ser descubierta. Pero, aunque varíe su secuencia, todos los casos tienen la coincidencia de ser asesinadas dos veces: por el femicida, que no es buscado

ni interpelado, y por los dedos acusadores de los medios. Ya sea desde la acusación explícita o desde el silencio”, escribió la periodista Agustina Verano refiriéndose al asesinato de la trabajadora sexual, Gisela Bustamante. Son siempre las organizaciones sociales, sus familias y lxs militantes involucradxs en los territorios las voces que dan cuenta de sus historias. Las que denuncian los tratamientos de una cierta prensa masiva más preocupada en vender títulos y morbo que en informar con responsabilidad. Una prensa que también es misógina. Desde la Bemba del Sur cuestionan y repudian el tratamiento mediático en el crimen de Fernando. Sienten no sólo un profundo dolor por su pérdida física “sino también por el ejercicio de desvalorización humana que el discurso periodístico, ese discurso apegado a las agencias policiales y judiciales y nunca al ejercicio de los Derechos, inclusive el Derecho a informar y ser bien informado, implementa tras cada palabra escrita”, expresan. Fernando, luego de cumplir su primer condena, intentó vincularse con espacios que el Estado ofrecía para capacitarse, y ese intento fue fallido porque el Estado terminó expulsándolo. “Por no preguntarle de sus deseos, sus trayectorias, sus posibilidades, sus dificultades, por no preguntarle ni siquiera cómo se llamaba, de dónde o por qué venía”, escribieron sus compañerxs con rabia, en un documento público de más de ocho páginas. Me duele hasta los huesos Transcurría el mes de octubre del año 2015. La Bemba del Sur inauguraba la sala cultural, un espacio dentro de la Redonda, la Unidad N° 3 de Rosario. Ese día, Fernando estuvo presente haciendo lo que siempre hacía: colaborar, aportar, sonreir. Pintó algunos de los muros blancos que separan el adentro con el afuera. El recuerdo está vivo. No hay balas que puedan enterrarlo. Ese día, Fernando decoró cada una de las letras, “con prolijidad, interés y amor”, recuerdan. Dibujo un auto colorido en el 19


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margen izquierdo de la pared. Sus ojos brillaban, dice una de las compañeras de la Bemba del Sur, expresando todo su dolor: “Me duele hasta los huesos su muerte y me indigna la hipocresía de esta sociedad, que no conforme con matar simbólicamente a los pibes, justifica y anhela -escudada bajo el discurso de “nosotros la gente bien, trabajadora y civilizada” que leemos y escuchamos en los periódicos, noticieros, en la puerta de casa o en el almacén del barrio- la barbarie de su asesinato. Fernando no era un ex convicto, Fernando era vida, una vida”. En octubre de 2015 faltaban apenas meses para que Fernando alcanzara su libertad. Tenía ganas de vivir. De sortear las gigantescas dificultades que encuentran los pibes una vez que salen de la cárcel. Porque en el “afuera” tampoco hay respuestas del Estado. No las hubo previo a su ingreso a un penal. No las hay una vez que salen. ¿Quién era Fernando? Un periodista. Un amigo. Un compañero alegre y persis20

tente. Un pibe que abrazaba. “Tenía ganas de vivir, de sobrellevar las dificultades, como la de tener 9 balas en el cuerpo y sentir la necesidad de volver a aprender a escribir porque una de sus manos estaba casi inutilizada”, cuentan las voces de quienes sí lo conocieron. Era un intelectual. Un crítico. Alguien que quería, dentro del encierro, disputarle el sentido a la cárcel y a toda la sociedad. Disputar un futuro digno y arrebatárselo a ese discurso comúnmente establecido que dice o determina quién puede y quién no. Fernando además era un impulsor del ejercicio de los Derechos Humanos en las cárceles. “Porque militarla es eso, ejercerlos. Fernando no era un ex convicto, era un amigo con quien nos encontrábamos y abrazábamos en el penal, con quien compartíamos historias, un tipo al que el dolor lo acompañó durante mucho tiempo, el físico pero también el del alma, por haber perdido un hijo cerca de nacer, por haber perdido a su hermano en un accidente de tránsito, por lamentarse de su madre acompa-


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ñando y visitándolo en prisión”, señalan sus compañeros, los talleristas que compartieron sus charlas, sus dolores, sus broncas. Sus amaneceres y sus tardes oscuras en la cárcel. Abrazos, risas, ideales, amor, afecto, miedos. Fernando era todo eso y todo eso extrañan de él, sus amigos y su familia. “Muchos dicen: “total era un pibe villero”, “esos con gorrita que ves por la calle y te cruzas de vereda”, “seguro lo mataron porque andaba en algo o algún ajuste de cuenta”. Yo a Fer lo conocí, tomé mates! Tenía gorrita! Y cuando se reía era como un chico!! Me habló de su familia, de su mamá, de su hermano, de la villa, de la vida, de su vida. En los festivales bailamos cumbia y nos reímos, habitamos ese espacio, creaba y creía. Lo recuerdo sensible, lo recuerdo con cariño, lo vamos a extrañar y ojalá algunas personas que escriben artículos en los diarios comiencen a hacerse preguntas, porque Fernando no era un ex convicto que lo mataron a balazos. Y hay cosas que los balazos no logran matar”. Fernando no era un ex convicto. El grito se repite una y otra vez. Será necesario grabarlo a fuego en la memoria. Son muchos, cientos, los Fernandos arrojados al olvido y al anonimato. “Una muerte simbólica”, dice la Bemba del Sur. En definitiva, “así funciona ese discurso, estableciendo cortes y divisiones para que tengamos a quien señalar como el mal de todos los males, también para tranquilizar a ese sector de la sociedad que festeja la muerte de un pibe que no era un ex convicto, era Fernando, un amigo al que vamos a extrañar y recordar por siempre.” Fernando tenía 24 años. Escribía. Sus notas pueden leerse en la Revista Conexiones. “Buscando un cambio”, “Sobre los jóvenes y la juventud”, el cuento “La habitación del dinosaurio” y su escrito en “Fotos que hablan”; con una reflexión política titulada “Sorpresa en Rosario, la llegada de los gendarmes”, la sección “Entrevistándonos”, el cuento “Después del encierro” y la “Carta a alguien”, son algunas de ellas. Fernando era un periodista, “un curioso que se hacía preguntas, esas que tantos otros parecen dejar de hacerse en el ejercicio cotidiano de su profesión.”

Fernando no era un ex convicto. Y ese grito es hoy una bandera que atraviesa muchas otras vidas. Una consigna que se resiste a naturalizar las muertes de pibes que jamás serán anónimas. La Bemba del Sur tuvo la necesidad de ponerle rostro y relato a esa noticia que los colmó de dolor “porque sentimos que perdimos a Fernando pero también que perdimos la forma de comprender lo que está pasando en la calle.” A Fernando lo mataron dos veces. Primero con cuatro tiros y luego, como señala el colectivo, “con una nota periodística miserable, hecha a medida del energúmeno de sillón que festeja la muerte de pibes que sobreviven de condenas mayores a las de la cárcel. Fernando compartió con los talleristas momentos, recuerdos y deseos, como cualquier pibe de 24 años que quiere zafar de las etiquetas ajenas y ponerse una propia. La etiqueta del diario no es una que se borra con dos sesiones de terapia, es la que se convierte en obituario común de una generación de jóvenes en Rosario.”

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En su familia hay una menos TEXTO: CARINA TOSO FOTOS: enREDando Publicada el 12/07/2017


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va se sentó frente a la jueza con una remera y un prendedor que decían “Justicia por Vanesa Celma”. Uno de los abogados le preguntó qué pretendía con eso. “La verdad, yo necesito saber la verdad”, le respondió. Era el 4 de marzo de 2013 cuando Eva Concepción Domínguez declaró en la causa por la muerte de su cuñada que ya llevaba casi tres años abierta. “A Vanesa la ví nacer y estaba a su lado el día en que murió”. Después de la muerte pudo atar cabos: “En enero de 2010 la vi con un ojo negro. Pero ella decía que era por un robo en un cajero. Después nos enteramos de todas las cosas que él le había hecho, el maltrato psicológico, la violencia que él ejercía hacia ella vulnerando todos los derechos. Estando hospitalizada ella nos pedía que estemos las 24 horas ahí porque tenía miedo, nosotros no sabíamos a qué o a quién”. “En mi familia hay una menos… Basta de femicidios, basta de encubrimiento policial, basta de este sistema judicial mediocre, con fiscales llenos de prejuicios y sin perspectiva de género. Basta de juezas dormidas…”, escribió Eva en su muro de Facebook un rato antes de la declaración. Junto con esta frase también subió una foto de Vanesa en la que tiene su largo pelo recogido. Está maquillada y con una gran sonrisa. En la familia de Eva hay una menos. Vanesa tenía 27 años y un embarazo que cursaba el octavo mes la tardecita que discutió con su pareja, Omar Díaz, y que desencadenó el infierno que le costó la vida. Tentativa de homicidio. Incendio. Incendio seguido de muerte. Estas fueron las carátulas por las que pasó la causa que se abrió el 30 de junio de 2010, al otro día que la joven ingresara al Hospital de Emergencia Clemente Álvarez (HECA) con el 33 por ciento de su cuerpo quemado. Quien puso la carátula de “incendio” fue la entonces responsable del Juzgado de Instrucción N°12, Mónica Lamperti. Una decisión sorprendente ya que según el Código Penal, se trata de incendio cuando lo que se queman son objetos y no personas. También sorprendió que las víctimas fueran dos: Vanesa y Omar, su pareja, aunque este último apenas tenía lastimadas sus manos y más adelante sería señalado por muchos de los testigos como el responsable de prender fuego a la joven. Testimonios que jueces y fiscales decidie23


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ron pasar por alto. “Apasionadamente enamorada de su agresor”, dijo una psicóloga, “Vanesa murió por amor”, dijo la fiscal Lucía Araoz. “Ella no se murió por amor, se murió por culpa de un violento”, dijo Eva. Pero la causa nunca tuvo un imputado, careció de pruebas, las pocas pruebas que había se perdieron, no tuvo investigación y tampoco una perspectiva de género. A pesar de que tanto la jueza a cargo como la fiscal de la causa eran mujeres, su formación e inmersión en un sistema jurídico patriarcal y machista fue la guía para sus decisiones, acciones y resoluciones. … Vanesa y Omar, que tenía 36 años, vivían en la casa de Humberto Primo al 2091 con su hijo Alex de cinco años. Ella estaba embarazada de ocho meses. Esperaba una nena a la que iba a llamar Malena. Ambos habían terminado el secundario en una escuela nocturna, experiencia que desató una crisis en la pareja: ahí Omar conoció a la mujer por la que ya había decidido dejar a Vanesa. Hacía diez años que estaban de novios y seis que convivían. La relación fue de mal en peor durante ese último año. Él se quería ir de la casa y lo había dejado en claro. Con el embarazo ya avanzado, ella intentaba persuadirlo para que cambiara de idea. La casa, que es parte de un barrio de calles asfaltadas, veredas sin acordonar y grandes árboles, tenía la puerta de ingreso de chapa blanca y daba acceso a la cocina comedor. A la derecha estaba el baño y al frente la habitación de la pareja donde comenzó la tragedia. Allí había una cama de dos plazas y dos placares. Al lado de uno de ellos, una mesa ratona. Entre la cama y otro de los placares quedó estampada una mancha en el piso de unos 25 centrímetros de diámetro: el rastro del fuego donde Vanesa estaba parada. De allí la policía se llevó un cubrecamas color verde y un toallón verde claro, elementos que, Omar dijo, había usado para apagar el fuego. Con el tiempo, no se supo 24

nada más de esas prendas. El nene, junto con unos amigos, estaba en el comedor con toda su atención puesta en un videojuego pero de fondo escuchaba los gritos. No era algo inusual. Siguieron jugando hasta que la pelea pasó del dormitorio al comedor y se les plantó enfrente. Apenas la puerta del cuarto de sus padres se abrió el niño presenció una escena espeluznante: su madre ardiendo en llamas. Alex corrió hasta la vereda. “Daniel, mi mamá se prende fuego”, le gritó a un vecino y nunca más volvió a hablar de lo que pasó ese día, a pesar de que estuvo en varias Cámaras Gesell. A los pocos minutos la cuadra fue un ir y venir desesperado: familiares, vecinos, policías. Desde el atardecer de ese 29 de junio de 2010, la vida de toda la familia cambió para siempre. A Vanesa la subieron a un auto y la llevaron directo al HECA. Ahí estuvo ocho meses, yendo de terapia intensiva al quirófano y a la sala de quemados. ... A pesar de que Omar siempre se presentó ante la justicia como testigo, lo hizo acompañado de distintos abogados. Uno de ellos, presentó tres cartas escritas a mano por Vanesa en las que le dedicaba canciones y poemas. Con esto intentó argumentar un instinto suicida en la joven: “Cuando ya me haya ido… No estés triste, no llores. Sólo recuérdame. Cuando ya me haya ido amor, búscame en el horizonte, búscame en el tenue ocaso y me encontrarás en el lucero”, decía una de las cartas. Y en otra le dedicaba una canción de Marcos Antonio Solís: “Si te pudiera mentir, te diría que aquí todo va marchando muy bien, pero no es así. Esta casa es solo pensamiento que me habla de tí. Y es tu voz como este mismo viento, que hoy viene hacia mí. Cada vez me duele perder un minuto más. Aquí sin poder entender porque tú no estás”. Hacía un tiempo que Eva había decidido hacer un curso para formarse como masajista. Pero esa profesión no iba a ser parte


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su futuro. En un giro inesperado supo que su misión era otra. Los masajes quedaron de lado y, en cambio, se anotó en un curso de grafología para entender por sí misma, y en base a esas cartas escritas por Vanesa, qué le había pasado a su cuñada. “Me llamaba mucho la atención que la letra de Vanesa estaba tan prolija y ese curso me sirvió también para entender los dibujos del nene que siempre usaba colores intensos. Necesitaba comprender algunas cosas por mis medios, saber qué había pasado. Más allá de que la conocía, no entendía cómo una mujer embarazada de ocho meses, de 27 años, con toda una vida por delante, esperando a su hija, no se pudo desatar de esa red que tenía dentro de su casa. Su peor peligro estaba ahí y no pudo salir”, afirma. Así fue que salió a pedir ayuda, se capacitó en cuestiones de género y en aspectos judiciales. Cuando se enteró que existía un Encuentro Nacional de Mujeres armó su bolso y fue hacia él. Sabía que en su tarea diaria iba a ayudar a muchas mujeres a pesar de que fue por Vanesa que se puso en movimiento. Charla que había, charla a la que iba. Hizo todos los cursos que brindaba la Casa del Encuentro en Buenos Aires, fue a juicios y analizó sentencias. “Me casé a los 18 años con el que hoy sigue siendo mi esposo. Decidí cuándo casarme, cuándo tener mis hijos, qué nombres ponerles. Nunca sufrí violencia de género. Sí me acuerdo que cuando vivía con mi hermana su marido tomaba y nosotras teníamos que salir corriendo cuando llegaba. En ese momento la policía se llevaba al borracho hasta que se le pase y después volvía. No entendía cómo mi hermana lo aguantaba, era una mina que llevaba la casa adelante pero no podía dejarlo. Después se separó. Pero yo no tuve una experiencia personal de ese tipo, creía que lo normal era que cada una tenía sus derechos”, relata Eva con su voz aguda y suave al mismo tiempo. Esta mujer de 53 años, veía con desesperación la inacción de la justicia tras la muerte de Vanesa. Sabía que si se formaba podía contar con las herramientas para pelear. “Uno supone que

culturalmente las personas que están en el poder judicial son las que te van a dar respuestas, jamás vas a pensar que una fiscal te va a decir ´nena, se murió por amor´. Cuando me dijo eso supe que esto iba para largo”. Más que enojarse con estas situaciones, Eva se angustia. “Acá no sólo se revictimiza a la muerta en un femicidio, sino también a la familia. Cada vez que te dan un papelito, cada vez que te llaman, cada año de impunidad que pasa, cada vez que la justicia no hace nada, todos los familiares sufrimos. Sabemos que la persona ya está muerta, pero queremos al menos ese resarcimiento de decir que se hizo justicia”. Eva lucha y sigue adelante. Sabe que posiblemente a Omar Díaz nunca lo lleguen a detener ni a imputar. Pero eso no la hace flaquear ni le corre la vista de sus objetivos. … Siete años pasaron de aquel 29 de junio. Faltaban diez minutos para las ocho de la noche cuando llegaron al HECA. La piel de Vanesa estaba al rojo vivo y la llevaron directo a la sala del quemado. El 33% de su cuerpo tenía quemaduras: estaban en sus brazos y pierna derecha, en su pecho y su rostro. Él también tenía quemaduras pero muy leves y sólo en sus manos. Dos horas más tarde la denuncia llegaba a la Comisaría 12°. Al otro día se abrió la causa judicial. Las víctimas eran dos: Vanesa Soledad Celma y Omar Alberto Díaz. No había imputado. El juzgado de Instrucción era el 12 y la Fiscalía la número 1. Así empezaba esta trágica historia en el ámbito judicial y con datos que estaban muy lejos de la verdad. Una verdad que hasta el día de hoy no pudo hacerse espacio en los pasillos de los Tribunales Provinciales de Rosario. Siete años y una causa archivada sin juez y en camino a cerrarse definitivamente, ya que quedó dentro del antiguo sistema judicial. Los primeros intentos de tomarle declaración a Vanesa fueron en vano. No podía hablar. Su estado de salud era muy delicado. Estaba en terapia intensiva con quemaduras de segundo 25


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grado. Su embarazo iba por la semana 32. El que sí declaró fue Omar. En la primera declaración que le tomó la policía aseguró que después de una discusión, su mujer “se roció con alcohol y se prendió fuego”, esa fue la versión que orientó la investigación a lo largo de toda la causa, a pesar de que hubo muchos otros testimonios que sostenían lo contrario. Todo había empezado a las dos de la tarde de ese día -dijo él-, cuando Vanesa le mandó un mensaje para que regrese a su casa. Estaba enojada. “Llego a eso de las 17. Cuando comenzamos a hablar ella se puso muy nerviosa. Lloraba. Le había dicho que me quería ir de la casa que compartimos. La discusión duró aproximadamente dos horas”. En todo su testimonio Omar sostuvo que fue ella la que amenazó con prenderse fuego y que él solamente ayudó a apagarlo con un cubrecamas. Mientras Omar declaraba, nacía Malena. Fue por cesárea y enseguida la trasladaron a la Maternidad Martin. Vanesa seguía grave, no podía respirar por sí misma y tenía asistencia mecánica. ... Durante los primeros meses tras la muerte de la joven, su mamá Yolanda, se sentaba en la vereda frente a su casa con un cartelito de cartón que decía “Justicia por Vanesa”. Omar y su familia pasaban, la veían y se burlaban. Todos vivían en el mismo barrio, a menos de dos cuadras. Yolanda tenía cáncer y esa enfermedad terminó con su vida meses después. Ya enferma enfrentó una gran pelea con el agresor de su hija y terminó presa. Los mismos policías que se ocuparon de esconder las pruebas recolectadas en la vivienda de Humberto Primo, la detuvieron y Eva fue quien la sacó ese día de la seccional. “Todavía no tenía mucha idea de cómo manejarme pero sabía que quedar detenida por reclamar justicia por su hija era una locura. Ella se sentaba siempre con el cartelito en la puerta de su casa. Omar un día pasó y le gritó que su hija era una loca. Ella se levantó y 26

lo fue a buscar hasta la casa. Estaba toda la familia y salieron con cuchillas y botellas rotas. La salvaron unas vecinas. Cuando la acompañan a la Comisaría 12° a hacer la denuncia, quedaron todas detenidas”, recuerda Eva. El papá de Vanesa, tampoco pudo superar lo que pasó y cayó en una gran depresión. Pasa mucho tiempo encerrado en su casa. Sólo tiene contacto con el exterior a través de su pequeño almacén. Sus ojos solo se iluminan cuando llegan sus nietos a pedirle plata para la merienda. En todo el recorrido de estos años, Eva se fue encontrando personas que también sufrieron casos de femicidios en sus familias. Y asegura que el proceso por el que atraviesan se repite una y otra vez: les cuesta hablar de lo que pasó. “Para nosotros también fue difícil, pero después veíamos cómo Vanesa salía en los diarios, todos ya la conocían. La familia primero la culpaba, después la fue perdonando. Eso a mí no me pasó”. Cuando la víctima es puesta bajo la lupa, la familia suma al sufrimiento de lo pasó el de ser señalada con el dedo. “Ahí están los familiares de la quemada”, escuchaba murmurar por los pasillos del HECA. A Eva esas palabras le dolían porque ella tenía algo en claro: no importaba por qué Vanesa estaba internada, importaba que se salvara. Por eso, durante la internación Eva dedicó tiempo, mucho tiempo, a cuidarla, acompañarla y contenerla. Le ponía música, le llevaba estatuas de vírgenes. Pasaba horas al lado de la cama llena de esperanza, esperanza que más adelante debería reinventarse en fuerza para la lucha del día a día. Las familias también deben enfrentar otro punto no menor: la situación de los hijos de las víctimas. Son muchos los casos en que esos padres femicidas tienen la patria potestad y los hijos viven con quienes asesinaron a sus madres. Después de la muerte de Vanesa, los niños fueron a vivir con su tía Jorgelina y sus primos. Alex se negó muchas veces a ver a su papá. Sus sueños se transformaron en pesadillas y comenzó a inventar juegos en los que no había mamás. Omar nunca reclamó que vivan con él, solo en varias oportunidades intentó verlos por la fuerza pero


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todo terminó en la justicia y con órdenes de restricción para que no se pueda acercar a los menores. A lo largo de 2016 en Argentina hubo 290 femicidios y como consecuencia 401 hijos perdieron a sus madres, 242 de ellos eran menores de edad, según datos de La Casa del Encuentro. El promedio dice que cada 30 horas una mujer es asesinada en el país, en la mayoría de los casos los agresores son parejas o ex parejas. Gracias a la lucha de organizaciones y familiares de víctimas, hoy esos niños y niñas están protegidos por una ley que priva de la patria potestad a los hombres condenados por femicidio, por lesiones graves contra la madre o sus hijos o por abuso infantil. También incluye a estos delitos en grado de tentativa. … Eva caminaba sola por tribunales y oficinas públicas reclamando que se investigue la muerte de su cuñada pero no tardaría en darse cuenta de que había otras personas en su situación y que muchas de ellas estaban organizadas. Ese sería un gran salto en su vida: ser parte de un movimiento que se estaba volviendo grande, ser parte de un reclamo colectivo que iba más allá del caso de Vanesa y mediante el cual podía a ayudar a mujeres que aún estaban vivas y que corrían peligro. “Un día una amiga me llamó y me dijo que había unas mujeres que se juntaban en Córdoba y Moreno con carteles de chicas muertas por femicidios. Así que me acerqué y me re enganché con las Mujeres de Negro. Después nos sumamos a la Multisectorial. Lo bueno es que no hay ideas partidarias ni religiosas. Es un espacio para visibilizar y sensibilizar”, dice. La agrupación Mujeres de Negro tienen representantes en todas partes del mundo, algunas levantan sus banderas y enfrentan la lucha contra las guerras, otras contra el tráfico de chicos o la trata de personas. Depende de cuál es la problemática que sufre su país. El origen del movimiento se dio en Jerusalén en 1987. Un grupo de mujeres israelitas y palestinas salieron vesti-

das de negro y en silencio para protestar contra la ocupación hebrea de los territorios palestinos. Desde ese día se manifiestan todos los viernes durante una hora bajo el lema "Nuestros gobiernos son enemigos, pero nosotras somos amigas y manifestamos nuestro rechazo a la violencia". La red hoy reúne a mujeres de todos los países de la ex Yugoslavia, Europa, Estados Unidos, América Latina, Asia y África. Cada grupo mantiene una identidad y un camino propios para denunciar la violencia que se ejerce desde los diferentes espacios de poder contra poblaciones, personas o culturas. “Al principio todo lo que hacía era por Vanesa, después me dí cuenta que había otras mujeres que necesitaban ayuda, entonces me lo tomé como un trabajo diario y pude empezar a ayudar. Eso me hace muy bien. Ves otros casos y cómo podés acompañar, porque lo que más necesita una mujer en esa situación es acompañamiento”, expresa Eva. Estar todos los días en la calle y militando se convirtió en su objetivo. Decidió predicar por todos los rincones que las mujeres deben tomar sus derechos para salir adelante. Y, sobre todo, que hay que unirse. “Hace unos años, los movimientos de mujeres funcionaban aislados, pero yo apuesto a redoblar la unión, las mujeres nos tenemos que unir y nos tenemos que defender para avanzar”. Estar cerca, ayudarse, contenerse unas a otras. Seguir luchando porque siempre se puede alcanzar un logro más. Eva remarca que hoy los presupuestos para víctimas de violencia de género no alcanzan, los albergues tampoco. “La mujer que denuncia, que se va de su casa, con o sin hijos, necesita subsistir, necesita una vivienda, un trabajo, sostenimiento psicológico, ya hoy con una ley no nos alcanza”, asegura y agrega: “La escucha a una víctima es lo más importante, cuando te llaman vos nunca sabés por lo que está pasando, sentirse escuchada es muy importante. Nosotros las acompañamos, le informamos pero tratamos que ellas hagan todo, que vayan a la fiscalía, para que estén convencidas. No las podemos obligar a hacer la denuncia si no quieren”. 27


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... A lo largo de las cientos de hojas que componen el expediente judicial por la muerte de Vanesa, hay muchos testimonios en los que el entorno más cercano a la joven expresó la situación de violencia en la que estaba inmersa. Uno de ellos es el de María Antonia Maldonado, enfermera y a quien la familia de Vanesa contrató para que la cuide en los momentos que ellos no podían ir hasta el hospital. Se conocían de antes y quizás esa confianza hizo que Vanesa le contara lo que no pudo confesarle a nadie más. “Una noche comenzó a hablar conmigo y con otra enfermera. Nos contó muchas cosas: que el marido le pegaba ya embarazada, que la obligaba a mentir respecto a los golpes para que la familia no se entere, nos dijo que estaba enojado porque ella había quedado embarazada y que él no quería a la bebé. Sabía que andaba con otras chicas y la relación venía mal desde hacía tiempo. Nosotras le preguntábamos para qué quería un 28

hombre así a su lado y ella nos decía que lo amaba, que fue su primer hombre y que no entendía la vida sin él. En ese momento le preguntamos si su marido había tenido que ver con sus quemaduras y dijo que no, pero cuando la otra enfermera se fue y nos quedamos solas, me contó que ella se tiró el alcohol encima para amenazarlo, para que no se fuera. Él se estaba preparando para irse de la casa, la iba a dejar definitivamente. Vanesa le rogaba que no se vaya. Entonces él agarró el encendedor y le dijo 'si te querés quemar, quemate ya', chispeó y la prendió fuego”. Antes de pronunciar estas palabras la chica le hizo jurar varias veces que no repetiría nada de lo que escuchara. “Lo amaba más que a nada en la vida y no lo iba a acusar. Esto sucedió unos 15 días antes de que le den el alta. Nunca conté nada porque ella me lo pidió y si no se hubiera muerto no lo habría dicho tampoco”, concluyó María Antonia. El relato de esta enfermera pasó desapercibido para la jueza Lamperti, quien apoyó la hipótesis de que todo fue una decisión


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tomada “por amor”. Omar le prometía que iba a dejar a esas otras mujeres y para Vanesa eso era suficiente. Por un tiempo la joven recibió mensajes de algunas de ellas en su Nokia color gris oscuro con ribetes plateados. “¿Qué? ¿Es un hombre que tiene familia? Sí, tiene familia, pero está separado según él. ¿O no es así? Si le mando mensajes fue porque él también me mandó”. “Él dijo que está separado pero yo sé que no, ya sé que miente, pero lo niega. Me encantaría descubrir toda la verdad y para saber la clase de persona que es”. Vanesa siempre lo perdonaba. A Omar lo tenía tatuado en su corazón y en su espalda. … “Se sabía que esto iba a terminar así”, le dijo Omar a Eva mientras estaban sentados, espalda con espalda, en una sala de espera del Heca una de esas largas tardes en las que Vanesa agonizaba. “¿Sí? ¿Por qué?”, le preguntó ella. “Es hija del Chiche”, le respondió haciendo referencia a la relación del padre de Vanesa con el alcohol. “Yo estoy casada con un hijo del Chiche y nunca me puso un dedo encima, ¿Vos podés decir lo mismo, Omar?”, le lanzó Eva. Esa fue la última conversación que mantuvieron porque Díaz nunca más le volvió a hablar. Durante los primeros días de internación, algunas amigas de Vanesa que se acercaron a visitarla ayudaron a Eva a comenzar a hilvanar una historia teñida por la violencia. Los relatos se iban uniendo y, entonces, pudo entender que el intento de robo en un cajero que la dejó con un ojo negro había sido una mentira inventada por el propio Omar y que Vanesa repitió varias veces, que la joven ya sabía de los amoríos de su pareja, que él le decía permanentemente que la beba que esperaba no era su hija y que la había obligado a abortar en dos oportunidades anteriores. Supo que antes también hubo golpes y amenazas, cuyas disculpas llegaban en forma de ostentosos regalos. “Ellos nunca tuvieron demasiado dinero pero él le hacía unos regalos carísimos. Casi

nadie tenía en ese momento un televisor de 29 pulgadas y ella lo tenía. Al nene le hacía regalos como una motito eléctrica, una batería para tocar. Siempre compraba estas cosas después de cada pelea. Pero entonces no lo sabíamos”, dice Eva. Cada amiga pudo reconstruir una parte de la historia ya que, como pasa en muchos casos, Vanesa se alejaba de ellas cuando le comenzaban a aconsejar que se separe de Omar. No les contaba todo a todas. “Omar dice que me tienen envidia”, les dijo una vez. El vínculo que unía a Eva con Vanesa se comenzó a forjar el día que la joven nació y se hizo de hierro en el momento de su muerte. “Ya nació Vanesa”, le había dicho su suegro mientras pasaba por la puerta de su casa. “¿Podés ir hasta el hospital?”, le preguntó y Eva no dudó en agarrar sus cosas y salir. “Estuve con ella a horitas de nacer. Y también me tocó estar en el momento en que se estaba muriendo. Después tuve la tarea de decírselo a mi suegra”. Yolanda estaba ya muy enferma para entonces. El mismo día que Vanesa ingresó incinerada al hospital, a su madre le dio una hemorragia en el útero y cuando la revisó el médico recibieron el diagnóstico de que un cáncer estaba avanzando en su cuerpo. “Ella me pidió que cuidara a Vanesa. Fue como que me dió la posta”. En pocos días la familia tuvo que repartir su tiempo entre el Heca, donde estaba Vanesa en terapia intensiva, el Sanatorio Británico, en el que habían internado a Yolanda y la Maternidad Martin, a donde había sido trasladada la pequeña Malena tras la cesárea. “Fue un momento duro pero salimos adelante”, suspira Eva. También fue difícil compartir el barrio con Omar después de todo lo sucedido. La casa de la pareja, la de Eva, la de Jorgelina y la de sus padres quedan todas a pocas cuadras unas de otras. De hecho, antes de que Vanesa saliera del hospital, su pareja ya estaba compartiendo con otra mujer la vivienda de Humberto Primo. Después se mudó a media cuadra de ahí. “Él sigue libre. Pero yo espero. Sigo en la lucha, reclamando ante la justicia. Siempre hice de este caso una militancia. No hay un año en el 29


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que no ponga un pasacalle. En el último puse “justicia por Vanesa” y que si alguien vio algo también es cómplice de lo que pasó. Se lo puse prácticamente en la esquina de la casa a Omar. Siempre estoy intentando informar a todos de quién es él, que sabemos que le pagó a la policía para que esconda las pruebas”. ... La causa judicial llevaba varios años abierta y todavía no se había hablado ni analizado como caso de violencia de género y mucho menos de femicidio. Recién en agosto de 2013, cuando el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem) se presenta en calidad de Amicus Curiae se comienza a incorporar otro punto de vista sobre la situación por la que venía atravesando Vanesa y sobre su muerte. La presentación la hacen Analía Aucía, abogada, coordinadora del Programa Género y Sexualidad de la Facultad de Derecho de la UNR; Rosa Acosta, psicóloga y abogada; María Noel Severo, estudiante de derecho de la UNR, y Julia Ramos, abogada, todas integrantes del Cladem. “En esta causa, según entendemos, Vanesa Celma ha sido víctima de violencia de género, violencia que tuvo directa relación con su muerte. Consideramos que la calificación del hecho como incendio es una forma de desconocer las condiciones de violencia de género que padeció Vanesa como otras tantas mujeres en nuestro país”, dice parte de la presentación. “Consideramos que las circunstancias que rodean a la muerte de Vanesa Celma constituyen un caso de violencia de género, siendo ésta una línea de investigación que debería ser agotada. Para ello, es necesario incorporar a la causa una perspectiva de género, asociando el hecho en investigación con la historia de agresiones por las que atravesaba la víctima, desde hace años, en su relación de pareja. De esta manera, se podrá comprender que, en la historia de Vanesa Celma, la violencia de género por 30

ella silenciada y negada frecuentemente, tomó cuerpo y palabra, a partir del hecho desencadenante de su muerte”, agrega. Unos meses después, a pedido de Eva, la entonces secretaria de Derechos Humanos zona sur de la provincia de Santa Fe, Nadia Schujman, también realizó una presentación al juzgado con un llamado de atención para jueces y fiscales: “Desde el primer momento de recolección de pruebas materiales fundamentales, hay una marcada impericia en la producción de las mismas, todo lo cual queda corroborado por los dichos de Díaz: 'El encendedor lo encontré tres meses después debajo de la cama tirado, era el mismo porque era color rojo. La botella de alcohol la encontré dos o tres días después en unos tachos que hay al costado de mi casa. No sé si era la misma, era una botella de alcohol'. Producto de la relación de violencia existente en la pareja que la llevó a Celma a una clara posición de sumisión, nunca denunció estos hechos de violencia. Del mismo modo, nunca denunció a Díaz como autor de las quemaduras que le produjeron la muerte”. … A casi un mes de que Vanesa ingresara al HECA, el personal de la Seccional 12° consideró que ya no había más para investigar. Lo que había pasado no era más que un “intento de suicidio”, según la policía. “Si se hubiese investigado, hoy sabríamos otras cosas. Con el correr del tiempo yo estoy más convencida de lo que pasó y todo lo que se tapó, lo que se perdió. Omar pagó para que se escondan pruebas, su familia pagó. Pero no tengo manera de probarlo”. Hay hipótesis que Eva sostiene y no tiene dudas: si la justicia actuara bien desde el primer momento se aclararían muchas dudas sobre las muertes de muchas mujeres. Es más, si la justicia tuviera un real enfoque de género quizás muchas de las mujeres que se animan a denunciar, o no, la violencia que sufren de parte de sus parejas, hoy estarían vivas.


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La jueza Lamperti decidió archivar la causa principal y esta resolución fue confirmada por el juez de la Cámara de Apelaciones, Carlos Carbone. Tras esto, los abogados de la familia de Vanesa, miembros del Centro de Asistencia Judicial (CAJ), presentaron varios recursos de incostitucionalidad ante la Corte Suprema para evitar que esto pase. De todas formas, al haber quedado en el viejo sistema judicial, son cada vez menores las probabilidades de dar marcha atrás. A la par de la causa principal se investigó la desaparición de pruebas contra los policías de la Comisaría 12° por incumplimiento de los deberes de funcionarios públicos. Esto estuvo a cargo de la ex jueza Alejandra Rodenas, quien también llegó a ordenar una autopsia psicológica. Habían sido procesados dos policías, Mariela Natalia Piccirillo y César Carlos Caraballo, y un comisario, Baltazar Manchado, por no haber podido garantizar la custodia de esas pruebas. Los dos primeros fueron finalmente sobreseídos. Los elementos secuestrados aquella tardecita en la casa de Humberto Primo quedaron detallados en el acta labrada por estos policías y forma parte del expediente: “En el domicilio de Humberto Primo 2091, Omar Díaz me hace entrega de un cubrecamas color verde y un toallón color verde claro. Elementos que fueron utilizados para apagar el fuego, procediendo al secuestro de los mismos a los fines legales que correspondan”. Tampoco se supo qué fue de la ropa que llevaba puesta Vanesa cuando ingresó al Heca. No se supo donde terminaron las zapatillas Nike blancas, la campera de lana a rayas, una polera blanca o su jogging gris. Esta causa tuvo además un detalle que marcó un precedente y es que por primera vez en la justicia santafesina: se aceptó a un organismo de derechos humanos como querellante en una causa con policías acusados. La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) Regional Rosario, representada por sus abogados, es parte de esta etapa del proceso.

... Vanesa murió el 22 de noviembre de 2010. Sus ojos se cerraron pasadas las seis de la tarde. Las quemaduras estaban cicatrizando por fuera pero por dentro el fuego había destruido muchos de sus órganos. La autopsia describió de esta forma la causal de la muerte: “falla multiorgánica posterior a injuria térmica en gran quemado. Muerte violenta diferida con unos cinco meses de sobrevida”. En la autopsia también consideran que la responsable de todo fue Vanesa: “Muerte autoinfligida”, dice, pero agrega: “No se descartan otras hipótesis”. La única marca en su cuerpo que era el rastro de algo bueno que le había pasado en los últimos meses la tenía bajo el abdomen: el tajo que le había abierto camino a Malena. “Ella se jugó todo por el todo porque deseaba mucho tener una hija. Tanto era así que le dejó preparado todo el ajuar. Él estaba sin un mango y ella iba a pedir a los camiones de Pampers cuando hacían promociones. Nosotros no tuvimos que comprar nada durante un año para Malena porque Vanesa le dejó todo listo”, recuerda Eva. Haber podido conocer a su hija fue un haz de luz por aquellos días. Habían logrado conseguir un permiso para que la pudiera ver 15 minutos los domingos, alzarla y darle la mamadera. A pesar del dolor en todo su cuerpo, dejaba que las enfermeras extrajeran la leche de sus pechos para alimentar a la beba. En sus cinco meses de internación y apenas tuvo un poco de lucidez, Vanesa comenzó a proyectar la fiesta de cumpleaños de Alex. Esperaba tener el alta para esa fecha y así fue. A pesar de que la familia no estaba de acuerdo, los médicos del Heca le permitieron salir del hospital. Hasta ese momento no se había enfrentado a un espejo, solamente había visto su cara desfigurada en el reflejo de un vidrio y eso bastó para que no quisiera volver a intentar reflejarse en ninguna otra parte. Se instaló en la casa de sus padres y pudo hacer realidad ese festejo tan deseado. Vanesa vio todo desde atrás de una cortina, porque no tenía fuer31


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zas para ser parte de la fiesta. Una semana después volvía descompensada al Heca. En todo este tiempo, hay algo fundamental que Eva no perdió de vista: “Yo pienso mucho en mis sobrinos, en sus derechos, ellos tienen que caminar libremente por la calle, por la vida, y no puede ser que la justicia sea tan opresora con estas criaturas. Todo lo que se hizo mal con Vanesa, ya está. Pero que no se repita. Aprendí tanto que ya sé los recursos que tengo para seguir luchando”. De aquella mujer, ama de casa que aspiraba a ganarse la vida como masajista, hoy ya casi no queda nada. Eva tiene la agenda diaria muy ocupada. Reparte su tiempo entre su familia, los eventos relacionados con temas como violencia de género, parto humanizado, se sigue capacitando cada vez que puede, responde consultas que llegan al espacio de Mujeres de Negro que funciona en La Toma los sábados a la tarde de tres a cinco, y también cuida a un nene, el único de todos sus trabajos que es remunerado.

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Crecer en una canoa TEXTO: TOMAS VIU FOTOS: JULIETA GARCIA Y EDITH DIAZ Publicada el 30/03/2017


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– Hola Edith, ¿qué tal? Me pasó tu número Julieta García. Quería hablar con vos para ver la posibilidad de ir al barrio a hacer una nota. Avisame cuando puedas hablar. – Hola. Perdón que no pude atenderte, estaba haciendo dormir al bebé. Dale. Cuando pueda hablar te aviso. Edith Díaz fue mamá hace unos meses. Por eso no pudo atenderme la primera vez que la llamé. Media hora después el niño se durmió y Edith se comunicó. – Si podés hablar, ahora yo puedo. Ni bien me bajo del 103 negro lo primero que veo a mi espalda es un monstruo de cemento de catorce años: el puente Rosario-Victoria. El flujo de autos es permanente. Es una obra monumental que se ve desde cualquier punto de la costa. Desde su construcción, Victoria creció mucho turísticamente. Se habla del ahorro de kilómetros en ruta que significa esta unión entre Santa Fe y Entre Ríos. Pero el puente cambió también la fisonomía del barrio en el que estoy ahora. Se volvió, por su propio peso, una referencia espacial. Une y divide: antes o después del puente. Viniendo desde Rosario, el Remanso Valerio está después. Me interesa saber si para los vecinos también es una referencia. Intuyo que se manejan con otros códigos espaciales. Voy camino a ´Lalo Pescado Fresco´. Conozco el frente de la casa porque lo ví por fotos. Las fotos del libro de Julieta en el que hay publicadas muchas imágenes que capturó Edith, hija de Lalo y hermana de Ángel. Quién es Julieta, Edith, Lalo y Ángel lo vamos a saber unos metros más tarde. – Una pregunta, ¿la calle Los Platanos?-. La respuesta es un gesto. Más allá, más al frente. La calle Los Plátanos está asfaltada. Al costado hay palmeras, palos borrachos y otros árboles cuyos nombres desconozco que arrojan sombras reparadoras y ayudan a aflojar el calor intenso de febrero. “Las diferencias nos enriquecen. El respeto nos une. G.B. Tu ciu35


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dad”, reza una pintada firmada por la municipalidad de Granadero Baigorria sobre la pared de la garita del colectivo. Me interesa saber lo de las diferencias y el enriquecimiento. Ya veremos. “Aquí carnada. Redes para pesca. Lombrices. Tripas sábalo. Tripas pollo. Armado. Boga. Señuelos”. El cartel es un indicador de que definitivamente me estoy acercando al Remanso Valerio. La imagen del frente de la casa de Lalo pasa a ser 3D. Hace unos días vi la foto publicada en el libro “En esta orilla” y hoy estoy acá. El Cristo abraza la casa; está justo enfrente. Ángel me invita a pasar. Adentro están Edith, Lalo y Eric. Lalo es el padre de Edith y de Ángel. Eric es el hijo de Edith. La familia Díaz se dedica a la pesca artesanal. Viven y trabajan en el río. – ¿Vos querés conocer la historia de acá?- pregunta Lalo. – El barrio más viejo de Baigorria es éste. - En 1876 pusieron la cementera. El horno de Thomas Furthdice Edith. – Hoy eso no existe más. – Eso se cayó, se borró. Ahora hay una casa arriba de ese lugar- completa Ángel. – No duró mucho la cementera. Furth después se fue a Buenos Aires y allá murió haciendo otra cosa. La cementera a la que hacen referencia fue la primera fábrica de cemento Portland de Sudamérica. En la segunda mitad del siglo XIX, un alemán vió el negocio en las barrancas del Paraná. Thomas Furth desmontó la zona y levantó un horno cementero que no duraría mucho y que un tiempo más tarde pasaría a la historia. Sobre las ruinas de ese horno se levantaría el barrio. – Los pescadores vivían en la isla pero tenían que tener un domicilio para votar. Por eso tenían un ranchito de este lado- dice Edith. El barrio se empezó a formar con los ranchos dispersos de los pescadores que se refugiaban durante las crecidas. – En la isla una creciente te corre porque te tapa todo. Cuando las crecientes te corrían de la isla, venías de este lado-. Edith y Ángel hacen referencia a “este lado”. Allá la isla; acá 36

la costa. Los dos hablan en tiempo pasado. Pregunto si esa modalidad continúa hoy. – Es lo mismo- se apura a decir Lalo. – Hoy todavía hay gente que vive en la isla y tiene casa acá. En verano hay mucho trabajo en la isla. Algunos tienen animales y viven allá-. Cuando Lalo llegó al barrio tenía dos años. Hoy tiene sesenta y dos. – Cuando vinimos a vivir acá, hace sesenta años, no había alambres ni tejidos. Nosotros no invadimos nada. No es que lo usurpamos- se defiende, como acostumbrado a los ataques. – Durante mucho tiempo fuimos todo campo- dice Edith. En la zona había huertas y animales. Cuando Lalo era chico, su actividad era evitar que las ovejas pasaran de un campo al otro. Hoy mi alambre termina cuando empieza el tuyo. Lo material y los recuerdos Hasta hace cuatro o cinco años, cuando tenían que ir al hospital y llovía en las calles de tierra, no entraban las ambulancias. Ni los remises. Ni los bomberos. Ni. Nada. Estaban aislados. Edith cuenta que ahora es más fácil porque pavimentaron la mayoría de las calles interiores. Sin embargo, siguen sin figurar en los mapas. – Yo tengo 32 años y fui a la escuela acá. Pero no estamos en los mapas de la ciudad. Cuando a mi sobrina le tocó hacer en la escuela el trabajo del plano de Baigorria, “ubicá tu casa en el plano”, el Remanso no existe-. Una vez más, la realidad supera a la cartografía. – El barrio existe. Pero no está reconocido-. “Remanso Valerio es la comunidad local de residentes ilegales que viven cerca de la base del puente”. Esta frase corresponde a una página web de turismo. Con esta definición se encontró Edith mientras estaba googleando. Puso el grito en el cielo y decidió crear una página sobre el Remanso Valerio. – No estamos debajo del puente. Ni siquiera estamos en Ro-


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sario-. La propuesta de la página es ofrecer otra mirada que se diferencie de la crónica policial. – Para que cuando googleás te aparezca una fuente más confiable: Remanso Valerio es un barrio de pescadores que se asienta en las riveras del Paraná, en la ciudad de Granadero Baigorria. Administramos esta página verdaderos pescadores nacidos en esta zona, criados sobre una canoa, y transmitimos nuestro amor al ancho río y a nuestras costumbres a través de ella. La referencia para llegar al barrio es el puente. Es una suerte de meridiano que te ubica espacialmente. Pero los vecinos tienen otros puntos de ubicación. La primera referencia es el Cristo Pescador. “Del Cristo agarrá para allá o para acá”. Hasta hace un tiempo, debían citar cuatro puntos de referencia: Avenida San Martín, calle Los Platanos, el río y el puente. – Dentro de ese cuadrado, en algún lado estábamos-. Hoy, en el documento de identidad figura: Remanso Valerio y el número de la vivienda. La 33, la 34 y la 205 son las casas de Lalo, Ángel y Edith. El barrio tiene dos partes: en la más vieja viven los pescadores y en la otra zona la gente que se mudó cuando los vecinos lograron tener luz y agua. Para citar a la emergencia médica, la indicación es: frente al Cristo Pescador, a la derecha de la bajada. ´Vamos arriba´, ´allá atrás´, ´vamos abajo´. ´Ir arriba´ significa ir la ciudad, ´allá atrás´ es la parte nueva del barrio y ´abajo´ se refiere al río. Cuando pregunto por el puente, no termino la frase porque Edith se apura a contestar. – A mí no me gusta. Creo que arruinó todo. Me gustaba cuando no había nada. Era hermoso y silencioso-. Si bien no figura en los mapas, el Remanso Valerio es una zona muy codiciada por los negocios inmobiliarios. Después de que lograron satisfacer algunas necesidades básicas, les dijeron que los iban a sacar y que les iban a dar casas en otro lado. Pero los pescadores no se quieren ir. – Yo iba a tercer grado y ya decían que nos iban a sacar- re-

cuerda Edith. En los años noventa el proyecto empresario era poner una sede de la cadena Wal-Mart. Los vecinos hicieron un acampe durante un mes en la puerta de la casa de quien por entonces era el intendente, Alfredo Secondo. Haciendo pescado frito todos los días resistieron el desalojo. – Creo que inevitablemente, con el crecimiento de las ciudades, Rosario va a absorber a Granadero Baigorria. Esta zona es clave porque es muy linda. Tiene playa natural- describe Edith. Lalo es más sintético: “el dinero busca el dinero”. – Para nosotros no es valioso por lo material sino porque es nuestra casa - aclara Edith. – Acá está tu familia, tus amigos, tus recuerdos-. -Acá aprendí a gatear - dice Lalo. Vamos pescando para vivir El bisabuelo de Eric llegó al barrio junto con su hijo, Lalo, que muchos años después sería abuelo de Eric. Antes, Lalo tuvo tres hijos: Ángel, Edith y otra hija que vive en Villa Gobernador Gálvez. Las historias familiares se tejen y se encuentran en un punto: el remanso. El círculo familiar es como el círculo del río. Se concentra, se condensa, se mantiene vivo. Puli, Lalo, Guri, Tribi, Cuca. Todos los pescadores tienen sobrenombres. En el patio de la casa hay una canoa y está llena de redes. Quiero saber cómo se teje una red. – Explicarlo es una cosa y hacerlo es otra- dice Lalo. – Tiene su secreto. Tiene que quedar bien. Ángel aprendió a tejer desde chiquito. – Lo primero es comprar el hilo, que ahora está carísimo. Ahora se usa mucho hilo de cubierta. Lo comprás y se teje. No te puedo decir, lo tenés que ver. Lo primero que aprende un pescador es a andar en una canoa y a manejar el motor. Mientras uno va arreglando el tejido, des37


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enmallando o destripando pescado, el otro maneja. La observación y la imitación son fundamentales. Y también la compañía. Se aprende mirando. Se aprende con otro. – Una de las primeras cosas que tenés que saber es ubicarte en dónde andás por si pasa cualquier cosa o si tenés que volver solo. En la pesca nunca terminás de aprender todo. Cuando Ángel estaba haciendo el segundo año de la secundaria no quiso ir más a la escuela para ir a pescar. Dice que el nivel primario es obligación y que todos lo hacen pero que no pasa lo mismo con el secundario. En tercera persona cuenta su historia. - Con ocho o diez años ya andan manejando las canoas. Abren los tejidos, los limpian, destripan y lavan los pescados-. Está naturalizado. La mayoría se pone a pescar. Pero Ángel dice que los padres en general no quieren que los hijos salgan pescadores. 38

– En un trabajo con un estudio tenés tu lugar, tu sueldo y tu obra social. Con un trabajo en blanco tenés todos los beneficios. El pescador no tiene nada. Vivís el día a día. Si te enfermás y estás una semana en cama, esa semana no se trabaja. No cobramos aguinaldo ni vacaciones-. Los pescadores no gozan de ninguno de los derechos laborales contemplados en la Constitución. No tienen Convenios Colectivos de Trabajo. Pero los hijos se vuelcan al río. – Los hijos se hacen en el río- explica Edith. -Vos no querés que tu hijo pase lo que pasaste vos. En invierno el frío te cala los huesos. No es una expresión, existe, se siente. Si hay lluvia, tormenta o aguanieve, el pescador está pescando. Mientras algunos se levantan a tomar mates el pescador está volviendo a la casa. – Si estás pescando cerca vas a la mañana a tirar el tejido, después a tu casa a descansar un poco y volvés a la tarde. Y después de cenar también volvés a la noche. Si estás pescando el


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sábalo adentro, por ahí salís el lunes y volvés jueves o viernes. Lalo no se acuerda a qué edad empezó a pescar. Dice que se empieza de muy chico. Lo que sí se acuerda es que el pescado más grande de su vida lo sacó cuando tenía 15 años. Era un surubí de 60 kilos. No sabía cómo agarrarlo porque era la primera vez que lo veía. – El pescador es el eslabón de una cadena. Para hacer una cadena hay un eslabón y otro y otro- explica Lalo moviendo las manos. – Con el pescador pasa lo mismo. Tu abuelo, tu padre, vos, tus hijos, tus nietos. Es como una escalera. – La cultura del pescador artesanal es lo que se está extinguiendo- dice Edith. – Es lo que mi abuelo le pasó a mi papá y mi papá a mi hermano. Mi hijo y mi sobrino se están criando en las canoas-. Para Edith, sería bueno que se valorara el bagaje cultural del pescador. – No te digo que la Unesco lo declare patrimonio inmaterial pero sería lindo que se reconozca el valor que tiene-. Ángel también se dedica a construir y reparar canoas. En general las construyen con fibra de vidrio. Antes se usaba madera pero ahora ya no. – La que tengo en la costa la hicimos acá. Hicimos una entre los dos y se vendió-. Ángel va del patio a la cocina. Hace cinco minutos tenía un metro en la mano. Ahora tiene un destornillador. Se disculpa porque tiene que seguir trabajando. De pronto flash – Esa foto es mía. Ésta es de Julieta. Esas empanadas las hice yo. Y ésta receta también es mía-. Vamos repasando con Edith, hoja por hoja, las imágenes de “En esta orilla”: un libro dedicado al Remanso Valerio. Un proyecto de la fotógrafa Julieta García. En el libro hay muchas fotos, algunas ilustraciones y unos pocos textos. La primera particularidad es que todas las fotos fueron sacadas en el barrio. Y

la segunda es que no todas fueron sacadas por Julieta. Muchas de las fotos las sacó Edith. – Hay una vecina que dice que ésta foto no es del barrio, pero sí es del barrio. Ésta foto fue una casualidad. Esa canoa rota sale en todas las fotos. Ésta la tiene Julieta en el whatsapp. Julieta llegó por primera vez al Remanso en mayo de 2014 y valga la redundancia fue un flash. -Llegamos al barrio y flasheamos. Había una fiesta enorme, estaban asando pescados en cantidades para regalarle a la gente. Nos quedamos en la fiesta y comimos ahí. Pero antes nos empezamos a meter al barrio a caminar. Ese fue el primer acercamiento. Todo estaba por pasar. Esa primera vez que fuimos no conocimos mucho a la gente. La mayoría de los vecinos estaban abocados a la fiesta-. Empezó a sacar fotos desde el primer momento en que llegó al barrio. Hacía un tiempo que estaba trabajando con la temática del río con fotos, ilustraciones y dibujos. Venía de una experiencia de fotoperiodismo en la isla Charigüé y a partir de ese momento comenzó a pensar cómo podía trabajar con las comunidades en el río. – Cuando empecé con esta idea, a principios de 2015, tenía ganas de hacer algo que tuviera que ver con el río Paraná. Pero me interesaba darle un enfoque desde lo social. Está la flora y la fauna pero también hay pescadores, hay gente que vive de eso. En la casa de los Díaz el primer recuerdo que tienen de Julieta es que fue con ganas de pintar una pared. Todavía no se conocían y en ese momento nadie sabía que la primera pared que pintaría sería la de Lalo Pescado Fresco. -Nos pusimos a charlar y charlar. Todo el mundo termina acá- dice Edith. – Con Nicolás, mi compañero, hacemos murales. Íbamos a ir a pintar directamente pero dos días antes de ir me encontré con un amigo y me dijo que él conocía a una familia. Nos llevó a la casa de Lalo. Fue el primer contacto que tuvimos- recuerda 39


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Julieta. Ante la propuesta de pintar alguna pared del barrio, la respuesta de Lalo fue contundente: “pinten la pared de mi casa”. Después del primer mural vinieron otros. Después de la casa de Lalo le llegó el turno al sobrino. Para Julieta, la pintura “fue una manera de establecer las relaciones con la gente”. Después llegarían las fotos, la idea del libro, el armado, la edición y la publicación. – Empecé a ver de qué manera armar el guión del libro. Cómo contar la historia. Muchas de las veces que fui ni siquiera saqué fotos porque iba directamente a investigar. Me la pasaba en la casa de Lalo charlando con Edith. Yo llevaba el celular y grababa-. El hecho de ir y volver al barrio, estar en el lugar, permanecer, dejar que el tiempo pase, habilita los hallazgos. Entre Julieta y Edith emergió un hilo común: la fotografía. Edith se crió yendo a la isla con su papá y su hermano. Trabaja desde los dieciocho años. Dice que nunca le faltó nada pero que siempre quiso ayudar. Esperaba ansiosa la salida de la escuela para irse con Ángel y Lalo. A ella nunca se le dio por pescar. Pero le encanta el río y le gusta fotografiarlo. Dice que las fotos surgen de lo que están haciendo en el momento. – Me motiva mostrar lo que yo siento por el río, por la gente, por la cultura del pescador. En cierto modo es mostrarle amor y respeto a mis padres, agradecer la educación y los valores que nos han dado-. Julieta no quería que en el libro solamente estuvieran sus fotos. – Empecé a ver las fotos de Edith y estaban buenísimas. Hay algunas que yo no podría sacar nunca porque no amanezco ahí. Y obviamente tenemos miradas distintas. Durante un año el libro se fue tejiendo junto a las redes. Está dividido en capítulos cuyas portadas las dibujó Nicolás Barreiro. El primer capítulo es una introducción al litoral: imágenes de la flora y la fauna que sitúan espacio-temporalmente. Al principio Julieta pensó en la necesidad de dibujar todo lo que es autóctono. Después lo desestimó. – Los animales son los que voy encontrando. Si hay un chan40

cho, será un chancho-. El segundo capítulo se llama “Hay un barrio” y el último “De pescadores y peces”. El libro es registro documental de un lugar. Es experiencia y devenir. Hablar con Julieta es como contar una historia sobre cómo contar una historia. Escribir, borrar y barajar de nuevo: pescar las fotos. De esa manera los espacios nos atraviesan. La fuerza del gerundio: el estar estando. Otra de las ideas descartadas fue la de incorporar algún elemento de ficción porque ésta se vio nuevamente superada por la realidad. – La historia estaba ahí. Y la gente estaba ahí- dice. Durante el proceso de producción del libro, no encontró apoyo teórico de ninguna investigación formal. Pienso en la importancia del relato oral. Y en la transmisión de ese relato a través de las generaciones.

Como pez en el agua En lo playo, en la laguna, en lo hondo, a fondo, arriba a flor, a media agua. Esos son los lugares por los que se mueven los peces. – El sábalo es lo que más sale-. Las palabras no son de un pescador del Remanso. Quien habla es Julieta, que de tanto ir al barrio conoce bastante. Mientras los pescadores sacan los peces, Julieta (y Edith) sacan la energía de ese momento y la traducen en luz. La fotografía es escribir con luz. La luz está en el movimiento. Antes se buscaba mucho el pescado de anzuelo: pati, moncholo, amarillo, dorado, surubí. Hoy el sábalo es lo que más buscan porque los frigoríficos lo compran para exportar. De todas maneras, el pescador trabaja de lo que saca día a día. – En el mercado interno las parillas buscan boga o dorado. Pero lo que más vedemos es el sábalo y pescado para freír. Es lo que más consume la gente- explica Ángel. Lalo Pescado Fresco tiene clientes de hace años. Son de Ro-


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sario, Córdoba y Buenos Aires. En el barrio no venden porque todos son pescadores. Lalo cuenta que cuando al que va a comprar no le alcanza la plata se lo venden más barato. ´- ¿No tenés un pescadito que no tengo nada para comer? – Sí, más vale. – ¿Me lo podés fiar? – Sí, llevalo´. Me quedo con una frase: en el río nunca te vas a morir de hambre. – Si no lo sacaste vos alguien te va a dar una mano. Todo pescado tiene una medida. – Nosotros pescado chico no vendemos- aclara Edith. Si bien la veda ya no corre, lo que existe es una ley dictada por el Concejo Pesquero de Santa Fe, por la cual los pescadores tienen prohibido trabajar sábados, domingos y feriados. Durante esos días los únicos que tienen el permiso para pescar son los turistas. La pesca del dorado también está prohibida, nuevamente con la excepción de que el turista sí puede hacerlo. Ángel hace una cuenta rápida para aclarar la situación. – Nosotros podemos llegar a usar como mucho 100 anzuelos y nos prohíben pescar los fines de semana. Pero, ¿cuántas lanchas con turistas y cuántos anzuelos tiran ellos? Cuando nosotros pusimos 10 anzuelos ellos pusieron 1.000. Fijate si no está mal hecha la ley. No nos dejan pescar a nosotros que trabajamos para vivir-. Los sábados y domingos hay entre dos mil y tres mil lanchas en el río. Pero pescadores no hay miles. Están censados: hay sesenta en El Espinillo, sesenta en el Remanso, treinta o cuarenta en La Florida. En todo Rosario hay doscientos pescadores. Algunos dejan de trabajar y de comer mientras otros hacen turismo. Otra confirmación del capitalismo: el turismo no se detiene; la pesca artesanal sí. Lalo está atento a todo lo que pasa. El vaso de jugo que me sirvió cuando llegué ahora está transpirando porque hace calor. Mientras habla, seca con un trapo las gotas que cayeron sobre la mesa. Lalo tiene párkinson y tuvo que dejar de pescar. Pero su vida sigue girando en torno al río. Dice que se puede vivir dignamente pero que es necesario que la actividad esté regulada

por gente que sepa de río. – Pescadores- subraya, y repite: pescadores. – Así como existe una regulación para el precio de la leche, debería existir una regulación para el precio del pescado- dice Edith- Para el beneficio y la protección del pescador y de la pesca artesanal. A veces trabajás todo el día y viene alguien y te dice ´te lo compro por dos pesos el kilo´. Y lo tenés que vender porque tus hijos tienen que comer. Con la pesca hay que comprar comida y mandar a los chicos a la escuela. Vivir todo el mes. Hoy el río te da y mañana te saca-. Luisito y Valerio Cuenta la leyenda que los barcos que transportaban maderas las dejaban en el remanso y después las sacaban. Siempre se perdía alguna madera de los árboles y quedaba dando vueltas en el río de forma circular. Atrapada. Un barco que se llamaba Luisito las sacaba. Un día el capitán del barco, Valerio, fue absorbido por el remanso. Esa es la historia que le da el nombre al barrio. – Te podrán contar otras. Pero es lo lindo de las leyendas, no saber dónde termina la realidad y dónde empieza el mito-. Los vecinos dicen que hace mucho tiempo se escuchaba desde la avenida el ruido que hacía el remanso. – Mira para el río- dice Lalo en relación al Cristo. – ¿Por qué está puesto así? Porque te está esperando- . Él junto a su papá estuvieron en la discusión sobre el lugar donde debía estar el Cristo Pescador. La idea es que te reciba cuando venís subiendo. El Cristo te espera con los brazos abiertos. El día del Cristo Pescador es el 26 de mayo. Todos los años, cerca de esa fecha, los vecinos organizan una fiesta popular. En un principio realizaban una misa. Con el tiempo la fiesta se fue agrandando. La idea es hacer pescado asado y ofrecerlo a la gente. Los Díaz saben que Fandermole fue varias veces al barrio 41


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pero ellos no lo conocen, nunca lo vieron. Lalo dice que en general se conoce la canción pero no el lugar. Para Edith hay muchas personas que han buscado el remanso a partir de escuchar el tema musical. En 2003 una banda de Buenos Aires, Los Troncozo, fue al barrio a grabar un videoclip con una versión de la Oración del Remanso. El agua de río viejo golpea contra la orilla brava. Una persona mira el horizonte con el sol ardiendo en la frente. Se sube a su canoa y remonta vuelo en el Paraná. Lalo fue el protagonista del videoclip: Lalo es el paisano serio.

Buen día para todos! Compartimos una foto clásica de nuestro Cristo Pescador, que durante dos décadas ha esperado y recibido a nuestros pescadores que regresan de sus agotadoras jornadas en el incansable Paraná, parado en la cima de la bajada. Hoy en día hay personas que analizan la posibilidad de trasladar nuestro Cristo desde su emplazamiento histórico hacia otro lugar, que resulte visible desde la nueva calle. Desde nuestro humilde lugar de administradores de Remanso Valerio Barrio de Pescadores hacemos oír nuestra voz y decimos NO a esta idea descabellada. El cristo de nuestra gente, de los pescadores, debe quedarse en la cima de la bajada. Digamos NO AL TRASLADO DEL CRISTO PESCADOR. Compartí esta publicación y danos tu apoyo. La publicación de Facebook, vista por 12.000 personas y compartida 200 veces, fue la primera reacción frente al proyecto que tenía el Intendente de trasladar el Cristo con el objetivo de que aquellos que quisieran conocerlo no tuvieran que ir hasta el barrio. Nuevamente es el turismo el que intenta digitar los movimientos. Para los proyectos municipales, la opinión del barrio puede esperar. Pero la respuesta de los vecinos llegó rápidamente: el Cristo es una construcción colectiva. El Cristo no se toca. Edith se pone a cocinar. Dice que tiene que aprovechar el ratito en el que su hijo duerme. En el libro “En esta orilla” también 42

hay publicada una receta suya: el chupín de pescado hecho de modo tradicional. “El que se come en casa”. – Mi abuelo se fue perdiendo. Tenía demencia senil. Pero uno de los últimos días le pregunté qué era el agua clara y me dijo “el agua clara es donde corre”. Y me explicó todo. No te olvidás nunca. En el barrio hay códigos. Cuando alguien muere nadie pone música. – No es una ley, es algo tácito- me explica Edith. La energía del lugar me atrapa cual remanso y quedo dando vueltas en círculo sin poder irme. El calor es insoportable. La ropa se pega al cuerpo. Dicen que allá atrás está tronando. Que se viene una tormenta que puede traer piedra. Yo no pienso irme sin antes ver el remanso.


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“Matapibes, matapresos” TEXTO: MARTIN STOIANOVICH FOTOS: RAIZ COMUNICACION y enREDando Publicada el 24/08/2017


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l comisario Diego José Álvarez cumplió los 37 años de edad, el 25 de octubre de 2014, teniendo la respuesta a una pregunta que por esos días sacudía a Rosario: dónde estaba Franco Casco. Es que en ese momento Álvarez ocupaba el cargo de jefe de la Comisaría 7ma, el último lugar en el que se había visto con vida al joven de 20 años, antes de que su cadáver apareciera 25 días después en el río Paraná. Es septiembre de 2017 y Álvarez, junto a más de treinta policías, son detenidos y llamados a indagatorias por los delitos de desaparición forzada de persona agravada por muerte, por encubrimiento y por incumplimiento de los deberes de funcionario público. Pasaron más de dos años y once meses en los cuales una primera etapa de la investigación, teñida de irregularidades a manos de la justicia provincial y la propia policía involucrada, condujo a que se perdiera material probatorio fundamental en la causa, y que llegara desarmada al fuero federal. En el proceso que continuó, el testimonio de los detenidos durante aquellos días de octubre de 2014 en la 7ma se volvió indispensable. “Yo los gritos de Franco los escuché a la madrugada y después no escuché más nada. A nadie le pegaron tan mal cómo le pegaron a él”, dijo uno de los treinta y tres detenidos que hablaron. Los veintiséis policías de la comisaría 7ma para los cuales la querella que representa al hijo de la víctima pidió el llamado a indagatorias y la detención por el delito de desaparición forzada, son los que trabajaron el 6 y el 7 de octubre de 2014, días en que se cree que el chico fue detenido y asesinado. En tanto, sobre cinco agentes de la Dirección Provincial de Asuntos Internos y una médica legista recaen las sospechas por el delito de encubrimiento e incumplimiento del deber de funcionarios. En un amplio abanico de participaciones, se buscará conocer qué grado de responsabilidad tiene cada uno y de qué forma actuaron, o no, para que durante veinticinco días no se conociera el paradero de Franco, y para que desde entonces haya más preguntas que respuestas en torno a cómo lo asesinaron. Además, hay un pedido de imputación por encubrimiento para tres médicos del Instituto Médico Legal: dos odontólogos y Raúl Félix Rodríguez, un ex empleado de la policía que, 45


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se supo, participaron de irregularidades en las pericias hechas al cadáver de Franco. También se sospecha de un vecino de la comisaría, acusado por encubrir al sostener en reiteradas ocasiones, incluso ante la justicia provincial, la versión de la policía que ya resulta inverosímil. Hay detalles que quedan grabados en la retina y en la memoria. Esos detalles son los que aparecen como denominadores comunes en los relatos de los detenidos que ahora sirven para reconstruir lo sucedido. No será difícil distinguir al policía Esteban Silva, a quien varios detenidos describieron físicamente como un “morochito petiso de rulos”, que tiene domicilio en el barrio Empalme Graneros y a quien señalan como “un adicto a pegar” que le gustaba ocuparse del castigo a los detenidos por averiguación de antecedentes. El testimonio que dice que este policía solía tomar vino en la guardia nocturna, es un detalle que apenas alcanza a decorar el resto de certezas que lo apuntan como el más violento de la 7ma. Este agente estuvo la noche en la que mataron a Franco y los detenidos lo mencionan como “uno de los que más pegaba”. – Por tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que sus pecados sean borrados, a fin de que tiempos de alivio vengan de la presencia del Señor. Otro policía, cabo de cuarto, conocido en la comisaría como “el siervo de Dios” porque tenía la costumbre de predicar su fanatismo religioso, es nombrado por ocho de los detenidos. Cuando Franco estaba encerrado y siendo torturado, le leyó el Hechos 3:19. “Arrepentite, arrepentite”, decía a la vez que los golpes de puño y las patadas retumbaban en la celda. “Te pegaba muy mal, era muy bravo”, contó uno de los declarantes sobre el mismo policía, al que también referencian como “el tuerto” por un problema en uno de sus ojos. Franco estuvo detenido en el cuarto más inhumano de la Comisaría 7ma: un espacio, hoy clausurado, que no llega a medir dos por dos y se conocía como la jaula, el freezer o el buzón, y se usaba para dejar a los detenidos por averiguación de antece46

dentes. No tenía baño, por lo que estaba repleto de mugre, y tampoco tenía un lugar donde reposar. Los detenidos, que por poco podían sentarse, solían pasar horas en ese lugar, parados o engrillados con los brazos colgados de las rejas. Franco llegó a la jaula después del horario de la cena. Apenas lo ingresaron empezaron los golpes. Y los gritos. Y más golpes. Después lo dejaron solo varios minutos. Uno de los detenidos, que estaba en una celda contigua, intentó hacerlo hablar. Franco le dijo que no sabía por qué estaba ahí, que no había hecho nada. Contó que le pegaron un montón y preguntó cómo hacer para tomar agua. El preso le pidió al policía Esteban S. que le pasara a Franco su botella de agua. Entonces abrieron la jaula. Y más golpes. Más gritos. Fueron varias horas de paliza, hasta pasada las tres de la mañana. “Paren, se les va a ir la mano”, dijo una mujer policía. Más golpes y otro más. “Un golpe seco”, dicen los internos en lo que se supone fue el instante en el que a Franco le dieron la cabeza contra la pared. Silencio y ni un grito más. Después el baldazo de agua, sin señales de reacción. Otro interno lo volvió a llamar pero no contestó. “Y viene uno de los celadores y me dice que salga de la puerta porque me iba a tirar a mí también”, relató después. “Verdugos”. “Dónde está el pibe”. “Ustedes saben que al pibe lo cagaron a palos acá”. A los pocos días los presos hicieron un motín para protestar contra la superpoblación de la comisaría, pero el reclamo estuvo acompañado por la bronca y la incertidumbre de lo que había pasado esa noche. “Cuando sucede algo así existe un código carcelario de que se reclama la persona, sea del ambiente o no sea del ambiente se reclama porque es algo injusto para nosotros los detenidos”, explicó uno. Algunos, sin embargo, creyeron que a Franco le habían dado la libertad. Mientras tanto, afuera, por esos días la madre y el padre de Franco Casco recorrían la ciudad preguntando por su hijo. In-


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cluso entraron a la comisaría 7ma el 8 de octubre. Ahí, primero, les dijeron que no había ningún detenido con las características de Franco, y después les dijeron que le habían dado la libertad la noche anterior, pero que el chico decía llamarse Franco Godoy. Los cálculos, por su parte, dejan las peores conclusiones: es probable que el cadáver de Franco haya estado en la comisaría cuando sus padres lo fueron a buscar. El revuelo en las calles, impulsado por movilizaciones de la familia Casco junto a organizaciones políticas, sociales y gremiales, llegó a los medios de comunicación. Dentro de la comisaría, los detenidos vieron por los noticieros de los canales Tres y Cinco que estaba desaparecido un joven que había estado detenido en la misma 7ma. “Sacamos números y fechas y ahí en seguida nos dimos cuenta que era el chico que había estado gritando. Después escuchamos la noticia que lo habían encontrado tirado en el río y ahí nos asustamos un montón, porque pensamos que nos podía pasar a nosotros”, contó uno de los detenidos. – ¡No se hagan los guasos porque son matapibes, matapresos, yo sé que mataron al pibe ese! Los gritos que se escucharon durante el motín, entonces, volvieron a cobrar sentido. La primera medida en la comisaría fue certera: cortar el cable de la televisión. La versión policial (o cómo se planifica una desaparición forzada) El relato policial está construido por un intento tras otro de encaminar la investigación hacia cualquier destino que no los comprometa. Al menos se les hizo imposible desmentir que Franco estuvo detenido en la 7ma. Partiendo desde ahí es que la policía ofrece un relato que a grandes rasgos encuadra no tanto en el marco de la ley pero sí en el accionar cotidiano de la policía, que más allá de las irregularidades conocidas, como las detenciones por portación de rostro, son legitimadas por el dis-

curso público. Un gran obstáculo a sortear que tuvo la policía fue justamente la presencia de detenidos en la 7ma que podrían haber visto algo. Fue a partir de esa inquietud que cortaron el cable de la televisión, y cambiaron el trato a los presos en lo que pareciera ser un intento de manipulación. A uno de los detenidos, de los que más escuchó la golpiza a Franco, lo trasladaron a otro penal de la comisaría. Luego, atenta la policía al reclamo del preso de ser trasladado a otra unidad, le prometieron: “Si acá no pasa nada te van a trasladar a la unidad 3”. Es que ya se había empezado a rumorear sobre la muerte de Franco y en la comisaría se preveía la visita de defensores y agentes de Asuntos Internos. Por esos días por la 7ma pasó una defensora pública y Asuntos Internos. Del testimonio de los detenidos no hay demasiada claridad en torno a esta cuestión. Son más bien dudas. “Una mujer uniformada, que dijo que era de Asuntos Internos, entró a hablar con nosotros. Era una ‘sondeada’ para ver qué era lo que sabíamos. Los detenidos decían que ya la habían visto trabajando adelante en la comisaría”, dice uno de los presos. Otro menciona que durante las declaraciones a Asuntos Internos siempre había un policía en la puerta escuchando y mirando. Solo algunos, entonces, se animaron a contar lo que realmente sabían. Luego dijeron que fue un poco por miedo, pero con conocimiento de causa. “Estábamos todos amenazados, nadie quería decir nada. El cabo de cuartos decía que si alguien hablaba de qué pasó con Franco le iban a armar una causa”. Hacia afuera de la comisaría, el trabajo de la policía continuó. Que la madre y el padre de Franco hayan ido tan pronto a preguntar ahí mismo, y se hayan topado con el propio jefe, quizás sirvió para acotar las posibilidades de encubrimiento. Por eso les dijeron que Franco había estado detenido por desacato. Que a raíz del llamado de un vecino comenzaron a patrullar y lo encontraron, que el chico se puso violento, que estaba como drogado y que para calmarlo lo llevaron a la comisaría. Que pasado un rato, luego de que lo revisara la doctora María Elena Z., lo 47


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trasladaron en patrullero al domicilio de sus familiares en Empalme Graneros. Que, como no encontraron la casa, lo volvieron a llevar a la comisaría para finalmente darle la libertad pasadas las diez de la noche. Para los investigadores del caso esta versión es inverosímil de punta a punta. Es una mentira que, encubierta, encierra otra mentira. La policía dice que este procedimiento tuvo fecha el martes 7 de octubre, pero todo indica que la detención ocurrió un día antes. Para el lunes 6 de octubre Franco tenía pensado volver a su Florencio Varela natal, en Buenos Aires, después de haber estado en Rosario de visita a familiares durante una semana, y fue camino a la estación de trenes que terminó topándose con la policía. El testimonio de uno de los detenidos será clave para determinar este detalle: dice que los días de visita son martes y jueves, y que la detención de Franco se produjo la noche previa a la visita del martes. 48

Los abogados que representan la querella, por parte del hijo de la víctima, e intervienen en la causa como lo hace la Defensoría Pública Federal y el fiscal Marcelo Degiovanni, sostienen que la desaparición forzada de Franco tuvo distintas aristas. Una de ellas se da vía telefónica. Está constatado que desde la comisaría se comunicaron con el fiscal Álvaro Campos durante el 7 de octubre. Pero toda la comunicación fue por esa vía, por lo cual se sospecha que haya sido armada como parte del encubrimiento. Se sabe que las detenciones por averiguación de antecedentes se resuelven por teléfono y generalmente no pasan a mayores. Lo propio sucede con la participación del vecino de la comisaría, Daniel C., quien se acopló a la versión policial brindando el mismo relato sobre la supuesta detención de Franco el día 7. Lo que se estima es que Daniel C. encubrió a la policía sosteniendo un relato de hechos que en verdad no sucedieron.


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Otras irregularidades se dan en el libro de guardia de la comisaría: a través de un cotejo con tres libros de guardia anteriores y tres posteriores se pudo ver la particularidad en el procedimiento en que supuestamente se detuvo a Franco. Al llamado del vecino, que fue registrado en el teléfono personal del jefe de la comisaría, no se le otorgó un número de referencia en el libro. Tampoco el Acta de Procedimiento del libro de guardia tiene un número de registro. En los otros libros, sobre otros operativos, estos datos sí aparecen. Tampoco hay registro del número de procedimiento que se suele pedir al 911 cuando se realiza una detención en la vía pública. “Estas omisiones y manera de registración en el caso de la aprehensión de Casco, resultan llamativamente diferentes a las que son de estilo en el resto del libro de guardia de la dependencia”, explican los abogados querellantes en el texto presentado para solicitar las indagatorias. También, destacan, resulta sospechoso que ante el llamado del vecino haya sido el jefe de la comisaría el que salió a la calle, puesto que no era una práctica habitual en la 7ma ni lo es en ninguna comisaría. Cuando Franco ingresó a la 7ma le cambiaron el apellido y el número de DNI. También hizo su parte la médica de policía, María Zelaya, quien declaró en una audiencia de habeas corpus cuando todavía no se conocía la noticia del hallazgo del cadáver. Ese día dijo que había revisado a Franco, y que había constatado que estaba “perdido en tiempo y espacio”. De esa declaración surgen varias irregularidades. Una es que los propios policías que trabajaron el 7 de octubre aseguran no haber visto a la doctora. Otra es que según los libros de guardias de distintas comisarías, la médica estuvo en cuatro dependencias en tan solo 45 minutos. Respecto a este detalle, un trabajador cercano a esta mujer aseguró que el tiempo promedio de atención en cada seccional es de unos 15 o 20 minutos. A Franco, según el relato policial, le dieron la libertad cuando previamente se le había diagnosticado que estaba perdido tiempo y espacio. La propia Zelaya en una suerte de contradicción aseguró que

cuando se realiza un diagnóstico de ese tipo lo que se decide es el traslado del paciente a un centro de salud. A estas maniobras de la policía se les suma también el ocultamiento de información a los familiares de Franco, que desde un primer momento fueron a preguntar a la 7ma como también lo hicieron en hospitales, la morgue y otras comisarías. Elsa, la madre de Franco, quien hasta su muerte en agosto de 2016 encabezó el pedido de justicia por su hijo, declaró en distintas oportunidades que no le quisieron mostrar el libro de guardia, que los policías se contradecían de un día al otro, y que en los alrededores de la comisaría se iban despegando los afiches con la cara de Franco que ella pegaba mientras recorría la ciudad buscándolo. “Es una desaparición forzada por cuanto dicha detención o privación de libertad se llevó a cabo por agentes gubernamentales de las fuerzas de seguridad, y con posterioridad a la detención, e incluso después de que la ejecución se llevó a cabo, lo funcionarios estatales se negaron a revelar la suerte o el paradero de Franco Casco, negando que el hecho se haya perpetrado en absoluto”, indica la solicitud de indagatorias presentada por los abogados Salvador Vera, Nicolás Vallet y Guillermo Campana. Hasta el momento el foco de las acusaciones está en la policía. Pero no deja de inquietar el derrotero de participaciones de otros funcionarios en donde también se destacan irregularidades. Por eso también se acusa al médico Raúl Félix Rodríguez del Instituto Médico Legal junto a dos odontólogos. Las sospechas, que recaen por encubrimiento a la policía, aumentaron cuando en la causa apareció un supuesto ADN de Franco que no coincidía con las muestras de los padres del chico. A partir de ahí se solicitó un allanamiento al IML, y aunque la Fiscalía no lo realizó, sí pidió informes y de esa manera se conoció que había material que el IML no había brindado a la causa. Se trata de un informe pericial odontológico que para los investigadores es falso y busca desligar la existencia de violencia física en el cadáver de Franco. 49


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De la misma manera, aunque aun no haya medidas concretas tomadas en este aspecto, se sospecha de la participación de la Prefectura. A través de fotos que fueron enviadas de forma anónima a una persona allegada a la investigación, se supo que al momento de retirar el cadáver del agua, el mismo tenía sogas en un brazo y una pierna. Las sogas nunca más se vieron, y así se abre la puerta a la posible participación del encubrimiento por parte de la Prefectura, desde donde al momento de declarar aseguraron que no utilizan sogas para retirar cuerpos del agua, y que a Franco lo levantaron con una embarcación que tiene una plataforma al ras del agua. Lo que se concluye, entonces, es que a Franco lo fondearon para ocultar su cadáver en el río. En tanto, continúan sin ser despejadas las sospechas y dudas que caen sobre el poder político y el poder judicial. Por acción u omisión, la participación de funcionarios del gobierno provincial y del aparato judicial abonó no solo a la hipótesis policial sino también a que en momentos claves de la causa -es decir los días en que a Franco se lo buscaba con vida- no se tomaran medidas de prueba que podrían haber sido fundamentales. Ignacio Del Vecchio, quien por entonces ocupaba el cargo de secretario de Control de las Fuerzas de Seguridad, se ocupó de validar el débil testimonio de supuestos testigos que habían visto a una persona con las características de Franco deambulando por la zona de la Terminal de Ómnibus, en momentos en los que el chico ya estaba muerto. Lo mismo sucede con el fiscal Guillermo Apanowicz, quien dejó en manos de la propia policía santafesina la primera etapa de la investigación. Hasta el entonces gobernador de la provincia, Antonio Bonfatti, habló del caso y minimizó la movilización popular que para principios de noviembre comenzaba a pedir justicia. Era la necedad de no querer admitir lo que ahora es la versión de los hechos que llegará a juicio: a Franco Casco lo asesinó y lo desapareció el Estado.

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Gustavo TEXTO: CARINA TOSO FOTOS: HIJOS Santa Fe y Hasta Encontrarte Publicada el 23/03/2016


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uchos años después Gustavo entendería el significado de uno de los primeros recuerdos de su vida. Le iba a llevar tiempo darle forma y contenido a esa escena que por años dio vueltas en su cabeza: él y su hermano Diego paraditos en algún lugar del cementerio municipal de Santa Fe. Esperando. Es que le habían dicho que su mamá los iba a ver allí pero que tenían que estar ellos dos, solos. Recuerda que su abuela le había puesto cartas y dinero en sus bolsillos. Les dijo que se lo tenían que dar a su mamá cuando llegue. Pasó un rato. Nada. Pasó mucho tiempo más pero no llegó. Gustavo no sintió miedo. Sintió ansiedad y esperanza por ver a su madre a quien ni siquiera recordaba. Durante años guardó esas imágenes en su memoria para después poder entender. A medida que fue creciendo le fueron contando. Poco a poco, como un gran rompecabezas, su historia se iría armando pieza por pieza. Ese recuerdo era de un día del año 1981. Su abuelo materno había muerto y lo iban a enterrar en el cementerio municipal de Santa Fe. Lo que no sabía Gustavo en ese momento, y tampoco Diego, es que su abuela había recibido un llamado telefónico en el que le decían que su hija, Graciela Susana Capocetti, desaparecida desde el año 1977, iba a ir a ver a sus hijos al cementerio, siempre y cuando ellos estén solos. La llamada fue anónima y no tardarían mucho en darse cuenta que también había sido una mentira. Una jugada amarga. Una de las tantas que la familia afrontaría a lo largo de los años. ... Gustavo López Torres es hijo de desaparecidos. “Mi historia comienza mucho antes de que yo naciera”, afirma. Sus padres eran militantes montoneros. Vivían en Santa Fe. Gui53


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llermo Ángel López Torres era estudiante de abogacía y su mamá, Graciela Susana Capoccetti, estudiaba Letras. Se conocieron en esa época de estudiantes en la Universidad Católica. Juntos comenzaron a militar en la Acción Católica hasta que se unieron a la Juventud Peronista y a Montoneros. En el ’73 se casaron. Un año después nació Diego, hermano mayor de Gustavo, y decidieron mudarse a Paraná. El hecho de militar en Montoneros ya los había puesto en alerta. Tanto que una tarde, mientras Guillermo le estaba enseñando a manejar a Graciela, los paró la policía y les pidió los documentos. Se los dieron. Les pidió los papeles del auto. No los tenían. El policía les dijo que lo acompañen hasta la comisaría. “Estaciono y me bajo”, le respondió Guillermo. Y en una maniobra arrancó y se fue. Desde ese momento quedaron en la lista de buscados y sin documentos. Vivieron tres meses en la casa de un familiar en Guadalupe hasta que recibieron la orden de la organización de trasladarse a Rosario. Era fines de 1975. Consiguieron una casa en Bv. Segui y Vera Mujica y un pase directo a la clandestinidad: Guillermo fue desde ese momento Carlos Franco, le decían el Indio, y Graciela pasó a llamarse Elena. “Yo nací en el ’76, en el Hospital Provincial de Rosario. Una de las anécdotas que me contó mi tía, hermana de mi papá, es que mi viejo llegó al hospital con un bolso con ropa. Mi vieja se cambió, como si fuera una visita, me metieron adentro del bolso y se fueron, como si terminaran de visitar a un familiar. De esa forma no me tuvieron que registrar ni dar a conocer su verdadera identidad”, relata Gustavo. Así, se convirtió en uno de los tantos niños a los que la dictadura cívico-militar les marcó un camino a transitar de por vida: crecer entre dudas, entender la palabra desaparecido como parte de ellos mismos, perder a sus padres, buscar a un hermano o hermana que podría haber nacido mientras su madre estaba en cautiverio, luchar, reconstruir su historia, volver a luchar por su derechos y los de todos. 54

... La pareja y sus dos hijos, vivieron un año en Rosario. “Mi papá empezó a trabajar de albañil y su vecino era su ayudante. El 18 de agosto de 1977, bien temprano, lo fue a buscar y mi papá le dijo que él se adelante porque tenía la bicicleta rota. El chico miró la bicicleta para ver si estaba pinchada o algo, pero ve que estaba todo bien. Pensó que quizás tenía algún problema con la mujer o algo de ese estilo y se fue”, dice Gustavo y aclara que todo esto se lo contó el ayudante de su papá, muchos años después. Supone que su padre algo sabía de lo que estaba por pasar. Quizás ya tenía información de que podían encontrarlo. Todavía no eran las ocho de la mañana. Guillermo agarró la bicicleta para salir pero cuando llegó a la calle se encontró con varios camiones del Ejército. Intentó volver pero le dieron la voz de alto y un disparo mortal al mismo tiempo. “Los vecinos vieron como lo metieron en un auto. A mi vieja, que estaba embarazada de cinco o seis meses, la subieron al mismo auto. A mi hermano y a mí nos llevaron en otro vehículo”. Graciela alcanzó a esbozar una explicación para Diego: “Voy a comprar zapatillas al centro con la policía, vuelvo enseguida. Cuidá a tu hermano y no te separes de él”. “Desde ese día no los volvimos a ver nunca más”, dice Gustavo. – ¿Tenés recuerdos de tus viejos? – No, la verdad que no, no tengo ningún recuerdo. Yo tenía un año en ese momento. – ¿En qué crees que te pudo haber cambiado la vida el hecho de haber pasado de muy chico por estas situaciones? – Estas situaciones son parte de mi vida, es mi historia, y no veo mi vida de otra forma. … Gustavo y Diego fueron trasladados a un Juzgado de Meno-


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res en Rosario. Estuvieron ahí unos tres días. “Una de las policías que trabajaba en ese lugar vio que me había salido un sarpullido en la cabeza y como su marido era médico me llevó a su casa para que me revise. Mientras que otra policía decidió hacer lo mismo con mi hermano y se lo llevó a su casa, supongo que deben haber pensado que no era un lugar para nosotros”, explica Gustavo. Fueron tres meses los que vivieron los hermanos López Torres en los hogares de estas mujeres. Los tres añitos de Diego le sobraron para reclamar aquello que su madre le había pedido la última vez que la vio: que cuide a su hermano más chico. Por eso pedía todo el tiempo ver a Gustavo, por lo que las mujeres decidieron que los chicos se visitaran asiduamente. “El 15 de noviembre de ese año salió en el diario El Litoral de Santa Fe y en La Capital de Rosario, un aviso con nuestras fotos que decía que habíamos sido dejados en la vía pública y que si algún familiar nos reconocía que nos busquen en el Juzgado. Ese mismo día, mi abuela materna y mi abuelo paterno fueron a buscarnos”, cuenta Gustavo. “Cuando me dijeron que éramos hijos de desaparecidos, en mi mente eso representaba que no estaban, no sabía darle significado a la palabra, no entendía que era un desaparecido, pensaba que iban a volver”, agrega. Ya con su familia, a medida que pasaban los años, Gustavo se acostumbró a decirle papá a su abuelo y mamá a su abuela. Se preguntaba por qué eran mayores que los padres de sus amigos. Tampoco entendía por qué una de sus maestras de primaria –iba a una escuela católica- le hacía rezar para que sus padres aparecieran. “No terminaba de entender. Sabía que no estaban, pero cuando me preguntaban no sabía qué decir porque no estaban ni muertos ni sabía dónde estaban”. Al mismo tiempo lidiaba con los comentarios de sus compañeros que le decían que era “hijo de terroristas”, con los consejos de sus docentes que les recomendaban a sus abuelos que lo vigilen de cerca por “su situación”. Puertas adentro de la casa tam-

poco fue fácil para Gustavo contar con los datos necesarios para construir su historia. Su abuelo paterno era militar retirado. “Fue difícil la niñez con mi abuelo. Nunca nos dijo nada, era muy cerrado, nunca se habló del tema, ni para mal ni para bien. Yo estoy totalmente agradecido porque nos crió. En 1999, cuando él muere, mi abuela me empieza a contar algunas cosas. Algo que siempre me hacía dudar era que mi abuelo al ser militar no había hecho mucho por su hijo. Gracias a Dios, cuando mi abuela me empieza mostrar documentos y cartas, veo un montón de Habeas Corpus que él le había escrito a Videla y a altos militares, desde su posición de retirado, pidiendo por su hijo y por su nuera embarazada. Eso me dejó mucho más tranquilo”. ... Con un panorama más claro y con mucha información nueva, Gustavo logró abrir en el año 2003 una causa judicial en Rosario por la desaparición de sus padres y también abrió la búsqueda de su hermano o hermana que podría haber nacido meses después de que se llevaran a su madre. “Empezaron a aparecer datos que no tenía. Uno de ellos es que mi vieja realmente estaba embarazada de seis meses”, asegura. Algunos datos llevaron a hacer una prueba de ADN con una joven pero el resultado fue negativo. -¿Cómo es transitar este camino de búsqueda? – A mí me ayuda mucho mi familia, mi mujer y mis hijos. Hoy que a nuestros viejos se los reivindique ante la sociedad es un orgullo y una tranquilidad para mis hijos de que sus abuelos hayan dado la vida por sus ideales, por un país para todos. Eso es lo que nos da fuerza para seguir buscando y militando, teniendo la esperanza todos los días de encontrar a nuestro hermano o hermana apropiado. – ¿A través de lo que te contaron, cómo podrías describir a tus padres? 55


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– Yo no tuve la suerte de disfrutarlos, pero por lo que me contaron, mi viejo era una persona muy bondadosa. Mi abuela una vez le hizo un pulóver y al otro día se lo había regalado a un pibe porque vio que tenía frío. Yo creo que para luchar como lucharon y dar su vida por todo esto, y por nosotros, creo que eran personas especiales. De mi vieja me dijeron que era brava, con un carácter bastante especial, que estaba muy convencida de lo que hacía. Eran personas alegres, con muchas ganas de vivir y de hacer cosas por esta Argentina. Y creo que lo hicieron. Por eso seguimos buscando, esto es una lucha de toda la vida.

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La vida fumigada TEXTO: MARIA CRUZ CIARNIELLO FOTOS: enREDando Publicada el 12/11/2016


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El primer objetivo es juntarse, porque ya juntarse es un acto revolucionario”, dice Fernando mientras prepara el auto. Todo parece estar listo para iniciar la caravana y compartir tres días en defensa de la vida. El colectivo Rosario es un Pueblo Fumigado recorre cientos de kilómetros con este objetivo: enlazar luchas contra el extractivismo. La tercera caravana trazará la ruta que separa Rosario de Basavilbaso. Dos ciudades enclavadas en dos provincias castigadas por el agronegocio. Santa Fe y Entre Ríos. Un mapa del litoral que tiene miles de hectáreas fumigadas con glifosato y cientos de vecinos enfermos de cáncer. El punto de partida es el barrio Universidad, en la zona sur de Rosario. Allí hay 180 silos que contaminan el aire que respiran los vecinos. Desde hace 5 meses algunos de ellos empezaron a juntarse; a provocar ese acto revolucionario del que habla Fernando. La organización se llama VACCA y lo que intentan es denunciar que esa bruma de humo que se observa cada vez que los silos de almacenamiento de granos entran en funcionamiento, los está envenenando. Luis Cuello asegura tener en su casa un frasquito con las cascarillas de maíz, trigo, soja, que fue juntando. “El polvillo es una cosa increíble. Le pasás un trapo al televisor y al otro día tiene polvo.” Este vecino que vive frente a los silos también sostiene que en los patios de las escuelas, las maestras se cansan de barrer cascarillas. “Los silos para mí son omnipresentes. Están siempre. Cuando sopla el viento del noreste es terrible. Y cuando hay viento sur lleva la nube al centro de la ciudad”, señala. Son las seis de la tarde y la temperatura en Rosario roza los 40 grados. La caravana está a punto de partir: la primer parada es Victoria. En uno de los cinco autos que salen de Rosario viaja Miryam Gorban, nutricionista y titular de la Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UBA. Miryam acaba de llegar de Guaminí, provincia de Buenos Aires, donde se realizó el Encuentro de Agroecología y antes también estuvo en La Haya, participando de la Asamblea de los Pueblos junto a más de 200 personas. 59


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Miryam no descansa. Con sus 85 años contagia vida. Además de la sabiduría en cada una de sus palabras –certeras al hablar de cómo el mercado concentrado de los alimentos atenta contra la soberanía alimentaria de los pueblos - Miryam impulsa y empuja para que todas las asambleas de Argentina emprendan una gran marcha federal en defensa de la vida. “Somos un pueblo en lucha, porque tenemos que cambiar este modelo. No importan los metros, hay que prohibir el glifosato. Nos tenemos que organizar, unir y hacer la Marcha Federal por la vida, entonces vamos a ver si no nos van a dar bolilla”. En Victoria y Rosario del Tala, la caravana se detiene a plantar un árbol junto a organizaciones del lugar: “Plantate por una vida sin venenos” dice el cartel enterrado en la tierra. En ambas ciudades, la realidad no difiere de la que cuenta Luis en Rosario; o la que padecen a diario los pueblos del sur santafesino. Tampoco en Nogoyá, donde la Caravana hace noche para luego –en las primeras horas del sábado- continuar el viaje hasta Basavilbaso, hacia el Primer Encuentro de Pueblos Fumigados de Entre Ríos. … Felipe y María Julia forman parte del Grupo Ambiental que nació en Nogoyá. Decidieron formarse en asamblea cuando comenzaron a tomar dimensión de lo que es el fracking. “En un primer momento éramos muchos”, dice Felipe. Cerca de 60 vecinos se autoconvocaron, se informaron e investigaron acerca del impacto que esta tecnología extractiva podría llegar a generar en su provincia. Sorpresa fue cuando vieron que la Cuenca Chaco Paraná – que incluye Entre Ríos y Santa Fe- era uno de los destinos codiciados por las multinacionales. “De llevarse a cabo esto, estaría en peligro el Acuífero Guaraní que es la reserva de agua potable. Empezamos a dar charlas en las escuelas, a juntar firmas por una ordenanza municipal, por la ley provincial”, cuenta 60

Felipe. Esas charlas y esa movilización vecinal lograron poner freno a los proyectos. En Nogoyá hay una ordenanza que prohíbe el fracking, son 37 en todo Entre Ríos, y se espera que pronto se apruebe el proyecto de ley –que cuenta con media sanción en la Cámara de Senadores- para extender la prohibición en todo el territorio entrerriano. “Hasta que no salga la ley no estamos cubiertos, porque el subsuelo de Nogoyá es potestad de la provincia, pero hay voluntad de sancionar esa ley, estamos trabajando para introducir algunas modificaciones al proyecto”. Nogoyá no está sola en esta lucha. También en Concordia se conformó una Asamblea ambiental que en el 2014 bloqueó los camiones que iban a realizar prospección en Uruguay. Camiones que, por otra parte, incumplían las medidas de seguridad para poder circular. Facundo recuerda esa noche con detalles: fue uno de los cuatro compañeros que se llevaron preso luego de ser reprimidos. Recién a fines de 2015 culminó el largo proceso judicial que debió enfrentar. “El fiscal de la causa dijo que nosotros no habíamos cortado la ruta cosa que era cierto, pero dijo que lo que estábamos haciendo ahí no era por nosotros sino por todos nosotros y eso ya era un avance”, dice Lita, compañera de Facundo. Concordia está apenas a unos 30 kilómetros de San Salvador, la ciudad que es conocida como “la capital del cáncer”. Allí, un relevamiento que realizó el Campamento Sanitario de la UNR arrojó conclusiones desoladoras: más de la mitad de la población padece algún tipo de cáncer como consecuencia de las fumigaciones en el cultivo del arroz. Concordia sufre otra problemática poco visible. Ya no se trata solo del fracking sino de una silenciosa contaminación que provocó la muerte de un empleado de la empresa Blueberries S.A. La historia de Edgardo Ferreyra es contada por el periodista Patricio Eleisegui en su libro Fruto de la desgracia y hace referencia a la producción de arándanos en la zona. Denuncia la aplicación intensiva de pesticidas, la liviandad o inexistencia de


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controles que aseguren la inocuidad de la fruta cosechada y la consagración de un modelo de negocios que obtiene ganancias siderales a partir de prácticas de producción prohibidas en otros lugares del mundo. “Yo comí arándano envenenado, ¿vio? Desde el año 2009, cuando entré a trabajar comí siempre. En el 2012 fuí y comí de vuelta. Había caído piedra y para no perder la fruta, la empresa le echó químicos. Quería que la fruta haga cáscara otra vez. Eso es lo que me contaminó a mí. Ahora tengo todo el cuerpo tomado con linfomas” decía Ferreyra a finales de abril de 2014. Meses después fallecía en el Hospital de Concordia. El libro está a dedicado a Fabián Tomasi, oriundo de Basavilbaso, ex aplicador afectado por los agrotóxicos. Del grupo ambiental de Nogoyá hoy quedan apenas 10 vecinos ¿Qué sucedió con el resto?. Cuando comenzaron a tomar como propia la lucha contra las fumigaciones, la mitad dejó de participar. Dice Felipe: “Mucha gente dejó de venir porque en la planta urbana seremos unos 27 mil habitantes, y todos tienen algo que ver con el dueño del campo, o es mi cliente o es mi paciente. De hecho, la mamá de mi señora tiene varias hectáreas en Nogoyá y es productora agropecuaria y hoy no somos más de 10 en la reunión, cuando en realidad éramos 60 personas”. Esas 10 personas están intentando modificar la actual ordenanza de manejo, comercialización y aplicación de agrotóxicos en el éjido urbano que es totalmente permisiva. Según Felipe, en cualquier parte pueden fumigar y no están fuera de la ley. Pero más allá de los límites y los metros, Felipe es contundente: “queremos que se cambie el modelo productivo”. Además, están solicitando a la intendencia que se realice un campamento sanitario para dimensionar lo que está sucediendo en Nogoyá. “Hace un par de años, un compañero que estudiaba conmigo, viene y me dice que en la escuela hay un chiquito que trae un certificado donde el médico firma que cada vez que fumigan en su casa, el chiquito tiene problemas respiratorios y estomacales.

Efectivamente eso era así. Hicimos público ese certificado y se armó un revuelo tremendo”. … Roberto Lazcano es médico, director del Centro de Salud en Villa San Marcial, que se encuentra a pocos kilómetros del paraje rural Santa Anita, en Basavilbaso. Fue uno de los primeros que acudió al pedido desesperado de Mariela Leiva, docente de la escuela rural 44, aquel día en que un mosquito fumigó mientras los alumnos estaban en clase. “Hace 10 años atrás la gente estaba desesperada, tomaban mate abajo del árbol y las fumigaban”, cuenta Roberto, un especialista cuya voz es de las pocas que denuncia lo que a diario vé en su pueblo. El de Roberto es un grito en medio de un desierto. Con el tiempo, sus denuncias comenzaron a cobrar fuerza a partir de la conformación y el respaldo de la Red de Médicos de Pueblos Fumigados. Y hoy Roberto no está solo. “Yo siempre digo”, dice y continúa: “Lo único que dejan entre el límite del campo de ellos para dentro, es el ancho de la rueda de la plegadora”. La ordenanza que tiene Basavilbaso se sancionó en el año 2003, luego de un suceso tristísimo, relata: “Hubo más de 20 personas afectadas en un barrio periférico San José, de Basavilbaso. Murieron cerca de 180 animales, y ante la falta de acción, cuando yo me entero, me voy al barrio, y les dije que me consigan dos animales recién muertos para poder hacer la denuncia. Con eso, hice la denuncia en fiscalía, y al otro día se dispuso un operativo de allanamiento, y tuve que acompañar cada procedimiento, habían fumigado calle por medio, de 15 metros de ancho. Eran 3 insecticidas, sin ningún tipo de control. Al dueño del campo se lo terminó multando”. Para Roberto, hablar de distancias es un “engaño”. Sirve, claro está. Pero para los efectos crónicos y agudos que provocan los agroquímicos en la salud, es lo mismo. “Nadie puede mane61


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jar el aire, y el comportamiento físico químico de la atmósfera, eso es imposible.” De Basavilbaso es también Jennifer Heitt, una de las hijas de la docente Mariela Leiva, y médica de la ciudad. “Soy médica de trinchera porque así lo elegí”, se presenta. “Quiero agradecer a Damián Verseñazzi que fue mi profesor, doctor de la última materia de la facultad, donde nos enseñó que ser médico no es solo atender enfermedades en una guardia o en un consultorio”. Jeniffer participó del Campamento Sanitario que se realizó en María Juana, Santa Fe. “En María Juana, como una de los 104 médicos que nos recibimos, pude ver que en el pueblo donde hay unos 7000 mil habitantes, hay muchísimos molinos. Fuimos en un momento donde estaban levantando todas las cosechas y el polvillo no nos dejaba respirar. Le preguntamos a la gente cómo hacía para vivir con todo esto: ellos nos contaban que más alla de no poder respirar, había algo muy importante: 62

hacía 15 años que no tomaban agua de red, todo era agua de pozo”. Pero esa agua de pozo tampoco es potable. Lo que toman en María Juana es agua envasada porque todas las napas están contaminadas. ¿De qué? se pregunta Jeniffer. “La Municipalidad dice que es arsénico, pero no es solo eso. No hay estudios que puedan revelar cuáles son todos los contaminantes que tiene el agua”. El campamento de María Juana reveló lo peor: que la principal causa de muerte en la localidad era el cáncer. Entre el 2011 y 2014 se esperaba un registro de aproximadamente 30 casos pero el dato fue alarmante: encontraron 80 casos. El aumento era un 40 % superior a lo normal. Como en otras localidades, el intendente comunal local es un empresario agrícola y lo mismo ocurre en Basavilbaso. Una de sus medidas fue suspender la ordenanza de María Juana que al menos, prohibía las fumigaciones aéreas.


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En la zona rural de Basavilbaso, en noviembre de 2015, Jeniffer Heitt realizó un control sanitario en tres escuelas rurales, una de ellas fue la N° 44 de Santa Anita. También destacó que hay solo un pediatra para el control del niño sano. “Si los chicos se enferman no tienen asistencia pediátrica sino de un médico generalista, porque a la pediatra solo se le paga para hacer un control del niño sano”. En este relevamiento cuenta que lo que más le llamó la atención fue el incremento de enfermedades respiratorias y alérgicas. Pero que en la Escuela 44 además, observó que las bocas de los niños estaban minadas de llagas. El día anterior, la escuela había sido fumigada. “Una de las niñas de la escuela era mi hermana, cuando le miré la boca no podía creer la cantidad de úlceras que presentaba. Eso lo fui viendo en las otras nenas. El 50 % de los chicos de la Escuela 44 estaban minados de aftas en la boca. No podemos aseverar que fue producto de la fumigación del día anterior, pero es mucha casualidad.” La primera vez que la docente Mariela Leiva llamó para solicitar ayuda lograron, a duras penas, que una ambulancia se acercara. “Los chicos ya estaban vomitando y nadie se quería hacer cargo”, dice su hija e insiste: “Hay que hacer no decir. Es necesario que los camiones sanitarios vayan a las escuelas, hay que seguir luchando por los chicos.” En Monte Maíz, el relevamiento que llevó adelante el equipo que coordina el médico pediatra y neonatólogo Medardo Ávila Vazquez, junto a la Universidad de la Plata, arrojó que el pueblo, uno de los más ricos, se encuentra entre los más afectados por las fumigaciones en la provincia de Córdoba. Allí observaron, además de la escasa existencia de monte y pajonales, que existe una gran cantidad de silos que acopian granos, ubicados en el medio del pueblo. Las cascarillas que se desprenden de estos acopios están cargadas de agrotóxicos. “La gente no puede creer que esos acopios sean una entidad de generación de enfermedades respiratorias envenenadas. Encon-

tramos que la cascarilla tenía glifosato en alta concentración, tenía también endosulfán, ampa, atrazina”. Son esas mismas cascarillas las que respiran los vecinos de Barrio Universidad en Rosario, a tan solo dos minutos del Monumento a la Bandera. Por eso, la ciudad es también “un pueblo fumigado”, grita la Caravana en cada lugar donde se detiene a plantar un árbol por la vida. El estudio de Monte Maíz se llevó a cabo en el 2014. La incidencia normal de niños con asma es de aproximadamente un 13%. “Allí era de un 40%”, remarca Avila Vázquez. Vivir en la zona donde el viento lleva la cascarilla significaba tener un 50% más de riesgo de padecer asma. Pero ese dato no es el único: lo que observaron es que las escuelas rurales estaban prácticamente despobladas. Y que había más cantidad de agroquímicos en el pueblo que en el interior de los campos. ¿A qué se debe esto? Sencilla razón: encontraron 22 despósitos de agroquímicos y solo 4 estaban registrados. “Los mosquitos entraban por todos lados. A los campos iban a fumigar cada 10 días, pero el equipo de fumigación estaba en el pueblo. Era cómo si fumigaran todos los días. Los niveles de contaminación en la plaza, o cerca de la vereda de los depósitos de agroquímicos era mucho más alta que en el campo. Y encontramos que había más concentración de casos de cáncer en el radio donde estaban los depósitos, cuya exposición era más alta. Y las familias de Monte Maiz cuya actividad principal era agrícola, que sumaban 900 personas, tenían 3 veces más cáncer que el resto de los vecinos del pueblo”. En el año 2014, en Monte Maíz se diagnosticaron 35 casos de cáncer. Pero la cantidad esperada por el Ministerio de Salud para esa población era de 11 o como máximo 13. Es decir, había 24 enfermos más de cáncer en ese año. Entre 2009 y 2014, se registraron 104 casos de cáncer cuando la media no debiera haber superado los 44. Pero no solo es cáncer lo que muestran los mapas de la salud socioambiental. Malformaciones congénitas y abortos espontá63


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neos también aparecen como otros de los registros que aumentan en estas poblaciones. “Nosotros vemos que en la terapia de neonatología se llena de chicos malformados cuando antes no pasaba. Hay tasas del 4 o 5 % cuando tendría que ser de 2. Y es injusto que los chicos tengan estas enfermedades cuando no tendrían que tenerlas”, señala Medardo. En Chaco, por ejemplo, una Comisión de la Cámara de Diputados revisó las historias clínicas de la maternidad de Resistencia y encontró que en el año 2008 había una cantidad de 186 niños malformados. La curva ascendente de este registro coincide con la curva que muestra el aumento del área sembrada con soja transgénica. Al mismo tiempo, los abortos espontáneos también fueron incrementándose. “Esto no se vé en las ciudades, no sucede lo mismo que en estos pueblos”, asegura Avila Vazquez. “Normalmente el 3% de mujeres en edad fértil puede perder un embarazo en 5 años. En Monte Maíz encontramos el 10%, en Barrio Ituzaingó era el 23%.” Roberto Lazcano, médico rural de Basavilbaso sostiene que hace más de diez años vienen observando lo que hoy ya es inocultable. “En los últimos 4 meses diagnostiqué 4 tumores cerebrales, en una población de 800 habitantes”. Roberto se refiere a San Marcial. Y continúa: “Tengo una sobrina pediatra que trabaja en el Hospital de Uruguay (departamento) y otras chicas de Basavilbaso que están haciendo la residencia en pediatría. Y mi sobrina me comentó que le llamaba la atención la cantidad de nenes malformados que llegaban, de la zona de Colón y San Jose”. … Las escuelas rurales están siendo fumigadas en Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires. La denuncia llegó a los medios de Rosario: en Casilda, una escuela había sufrido la fumigación mientras los chicos estaban en clases. “Mientras ingresábamos al predio escolar vimos en inmediaciones de la zona una ma64

quina fumigadora tipo mosquito pero no pensamos que estaba trabajando hasta que entramos al colegio y al cabo de un tiempo comenzamos a sentir un fuerte olor a agroquímicos proveniente del exterior”, señaló la coordinadora del núcleo escolar. Es decir: la problemática, aunque no siempre sea visibilizada, está latente. En Entre Ríos, desde el gremio docente han decidido impulsar una campaña provincial y el principal motor de denuncia son las propias maestras. Mariela Leiva es una de ellas: sufrió amenazas pero allí está: siendo protagonista de una lucha desigual en su comunidad. No duda en levantar la voz cada vez que una escuela es fumigada a escasos metros ni tampoco en exigirle a las autoridades provinciales que no se conformen con la mera aplicación de multas a los productores. Al igual que tantxs otrxs, Mariela pelea por intentar cambiar el modelo productivo. Y lo hace desde su lugar de resistencia: defendiendo la salud de los pibes y también, siendo capacitadora de sus propias colegas. ¿Cómo actuar ante una fumigación? ¿Cómo se deben recoger las muestras para luego poder hacer la denuncia? El conocimiento práctico fue todo un aprendizaje. Damián Marino es Doctor en Química y uno de los coordinadores del equipo de la Universidad de La Plata que lleva adelante un monitoreo ambiental en escuelas rurales de Entre Ríos, expuestas a los plaguicidas. “Queremos ver cómo empoderar a estas maestras para que puedan dar sustento a la defensa de algo tan básico y elemental como es el derecho a la educación de un niño en un ambiente sano”, señala. El modelo productivo provoca el desplazamiento, asegura Marino. Se indigna cada vez que recuerda las palabras que las autoridades le dijeron a otra maestra rural, Ana Zavaloy, docente de San Antonio de Areco: “Les pagamos una combi para que lleven a los chicos al pueblo así nosotros seguimos produciendo”, “¿Y su derecho de estar donde tiene que estar? ¿Y su historia en el campo?”, se pregunta Marino. “Ese tipo de atropellos también ocurren y son las maestras las que ponen el


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cuerpo en esta batalla”. El trabajo que lleva adelante el equipo que coordina Damián Marino se ocupa de recoger las muestras de aire, suelo y agua en estas escuelas. Pero no lo hacen solos. La participación de las maestras es clave: “es importante que los docentes capaciten a otros, entonces cuando ocurre un evento de fumigación que es una situación muy compleja el docente tiene que tener la suficiente solvencia y capacitación para que pueda actuar de manera rápida. Por eso trabajamos con docentes para que sepan cómo pueden tomar una muestra de aire, una muestra de agua, qué cuidados tienen que tener, ellos se convierten en técnicos muestradores”. También los chicos son parte de este estudio ambiental: “ellos opinan, cuentan su historia, su realidad”. En San Antonio de Areco se llevó a cabo el mismo estudio ambiental. Allí, en la escuela donde trabajaba la docente Ana Zabaloy, los chicos tomaban agua con arsénico. “A Ana le decían que tomaran esa agua y que no joda. Ella se tomaba el trabajo de ir a comprar agua envasada porque decía que la salud de los niños era su responsabilidad”. La zona lindera de los campos de producción estaban apenas a 5 metros de los juegos de los chicos. Los resultados del trabajo de Marino arrojaron que en el suelo del patio de la escuela había plaguicidas, fungicidas y compuestos de plaguicidas viejos que se habían usado antiguamente y que eran persistentes en el ambiente. Por supuesto, el nivel de contaminación aumentaba en la zona cercada al alambrado. “Cuando uno evalúa lo que era el material particulado que estaba dando vuelta en el aire, había un cóctel de plaguicidas y eso estaba a 5 metros de la entrada de ingreso al aula”. El gran problema que se advierte en las escuelas es que en muchos casos, la cooperadora de padres está integrada por productores y que los papás de los chicos, en su gran mayoría, son empleados rurales. Esto cuenta Damián Marino: “En una escuela, un día, la directora nos preguntó ¿por qué se hace esto en mi escuela? ¿Qué le digo a los padres el día lunes? ? Era una

mujer que se sentía hostigada, “a mi me fumigan” dijo, “yo lo sé, pero ahora encima el lunes tengo que ir a enfrentar a los padres”. Muchas veces, estos padres terminan fumigando los caminos que van al aula de la escuela, o fumigan los alrededores de las bombas de agua para que no crezca el yuyo, esta idea de que no hace nada está muy instalada y lo aplican dentro de la escuela.” … Ana , Mariela, Eli. ¿Qué dicen sus nombres? ¿sus historias? Maestras, amas de casa. Hubo un día, un momento, en que estas mujeres decidieron sumarse a una lucha que nunca es solitaria. El ejemplo de las Madres de Barrio Ituzaingó así lo demuestra. Sus vidas cambiaron desde el preciso instante en que Eli se sumó al Bloqueo en Malvinas Argentinas; en que Ana decidió dedicar su tiempo a contar la realidad de su comunidad y denunciar los estragos del modelo sojero; en que Mariela se puso al hombro la campaña Paren de fumigar las Escuelas y va por cada una de ellas plantando un cartel que dice que no fumiguen porque allí hay pibes estudiando. Salieron a denunciar que el veneno que respiramos y consumimos a través de los alimentos está afectando la salud de poblaciones enteras. Que el químico que Eli lleva en su sangre no solo la afecta a ella. Es el químico que se lleva la vida de cientos de personas que enferman producto de una contaminación persistente. Que las llagas que los niños tienen en sus bocas en la escuela de Santa Anita son las mismas que otros niños tienen en San Antonio de Areco. Que esos dibujos que los alumnos de Ana hicieron, denunciando con sus trazos las fumigaciones cotidianas de las que son testigos a diario, son el mapa ambiental de un país cuyo modelo productivo nos está envenenando. “Yo tengo en químico en sangre desde el 2007, por la mo65


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lienda de los bidones con glifosato que hacía mi vecino,que esta al lado de mi casa. Este hombre los traia de los campos, los cortaba con una sierra y después los ponia en una máquina y hacía pan rallado. Yo empiezo con vómitos, diarrea, dolor de cabeza, mareos, no podía comer, perdí la vista en 4 meses. Yo no sabia que era eso. No lo denuncié en su momento y hoy me arrepiento, porque tengo efisema pulmonar, el sistema central nervioso alterado, hoy tendría que estar tomando 10 medicamentos. Yo hubiera estado tranquila en mi casa si esto no me hubiera pasado. Me sumo justamente por eso, yo no busqué enfermarme, a mí de prepo me enfermaron, yo vivo en Malvinas, ahí tengo a mi hijo, ¿cómo no voy a salir a pelear? Para mi el Bloqueo a Monsanto fue una experiencia de vida tremenda”, cuenta Eli. El acampe contra Monsanto logró una victoria impensada: que este gran monstruo desistiera de instalar la planta en el barrio cercano a la capital cordobesa. ¿Cuál fue la clave? Para Eli, un factor fundamental fue el apoyo que recibieron de todo el país, e incluso del extranjero. El bloqueo a Monsanto se transformó en un ícono de la lucha socioambiental. “Para mí fue desaprender para aprender de nuevo”, dice Eli. Desaprender todo lo que implica la comodidad de un hogar para aprender lo que significa la solidaridad entre vecinxs en un acampe que duro tres años, 1 mes y 14 días. Ana Zavaloy es maestra jubilada de la escuela N° 11 de San Antonio de Areco. Hoy se dedica a dar charlas y continuar la lucha que emprendió como docente, defendiendo la salud de los chicos. “En julio de 2014 fumigaron en el campo lindero a la escuela con 2,4 D. En esa circunstancia, accidentalmente inhalé el veneno y tuve una parálisis facial que duró 15 días y una afección pulmonar que tardó dos meses en irse. Eso fue una toma de conciencia para mí”. El olor a veneno era insoportable. Fueron los niños quienes identificaron ese olor. “Es el del mosquito seño”, le dijeron. “El nivel de exposición de estos chicos y de sus familias era tre66

mendo. Tomé conciencia del modelo productivo en el que estamos insertos y de cuál es su costo humano. La gente ya no produce sus alimentos en el campo, perdió la costumbre de hacer sus huertas familiares, las escuelas están despoblándose y esto a los productores les encanta.” Los dibujos hechos por los chicos de la Escuela Rural 11 de San Antonio de Areco son reveladores. Dice Ana: “Los chicos empezaron a contar sus experiencias cotidianas, y empezamos a hacer ese registro con dibujos. Fui atesorando estos testimonios a través de dibujos”. Luis, 6 años: “cuando viene el tractor que fumiga mi mamá me dice que me quede adentro, pero a mi me gusta mirar”. La casa de Luis está “pegadita” al campo donde fumigan. El mosquito pasa por arriba de su casa. Yéssica, 10 años: “Un día veníamos a la escuela en moto con mi mamá y mi hermanito y de repente había un mosquito fumigando. El olor era muy fuerte, me hizo muy mal, me dolía mucho la cabeza”. Yéssica tiene problemas respiratorios y una sinusitis crónica con sangrado de nariz producto de la exposición constante a los agrotóxicos. Alfredo, 12 años: “Cuando fumigan en casa nos metemos adentro rapídisimo porque el sembrado está bien cerquita. A veces las avionetas pasan fumigando arriba de nuestra casa, pegan la vuelta y pasan fumigando arriba de la casa del vecino.” Antonella, 8 años: “Cuando estaba en la casa del abuelo, pasa el avión fumigando” Damián, 6 años: “Cuando Tata fumiga, nosotros nos metemos adentro. Esperamos un ratito y salimos a andar en bici”. Tata es el abuelo de Damián, y su abuela padece una afección de piel muy fuerte. Ella misma cuenta que la ropa la tiene que lavar dos veces debido al fuerte olor a veneno que les queda. “La gran mayoría de empleados rurales están en negro, están en condiciones inhumanas, y denunciar al patrón es quedarse sin trabajo. Viven circunstancias muy difíciles”, cuenta Ana. ”Denunciar esto me trajo amenazas y muchos enemigos. Estamos


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formando la Red de Docentes por la Vida en Buenos Aires, y se repite la historia. Están solas en su pueblo, con amenazas y el total desamparo de autoridades y del gremio. Hay mucho por hacer. Logramos sancionar una ordenanza que deja mucho que desear, pero al menos establece 100 metros de distancia y 2000 metros para las fumigaciones aéreas, que deben informar 48 horas antes y un registro de aplicadores que no existía. Con la ordenanza al menos se realizan inspecciones y se realizan multas, que son irrisorias”. Ana Zabaloy insiste que la lucha hay que darla junto a las familias, junto a los docentes. Que la escuela tiene un rol fundamental: denunciar, sobretodo. “Es necesario ayudar a crear conciencia en la comunidad y en los pueblos. Y es necesario incorporar la temática al proyecto educativo institucional. En la escuela pusimos educación ambiental y salud como eje del proyecto institucional, y a partir de ahí surgieron muchas cosas, como por ejemplo, rescatar el saber de la gente del campo que saben muchas cosas acerca de los cultivos, poner en cuestionamiento otros conocimientos, generar en los chicos la costumbre de ser críticos de su realidad y hablar de soberanía alimentaria. Si estamos en las escuelas tenemos que asumir este compromiso”.

guerra, de violencia y de liquidación de la vida. Tenemos que irnos reforzados en la convicción de que estamos jugados definitivamente. A vencer, porque no nos queda otra”.

El Primer Encuentro de Pueblos Fumigados de Entre Ríos trazó historias en común. Fortaleció la lucha. Generó nuevos lazos. “Si habremos de morir, vamos a morir luchando”, dice Daniel Verseñazzi, integrante del Foro Ecologista de Paraná. Es domingo, se acerca el mediodía y la partida. Daniel cierra: “Nos quieren sacar del territorio, en algunos casos lo logran y en otros no. El gran plan de ocupación territorial es la expulsión a fuerza de venenos. Lo dice la AAPRESID, la sociedad rural lo dice, que cuando les toca hablar manifiestan que el campo no es para que viva gente. Que esta manera de entender el mundo y las relaciones, y el contacto, y el andar, el decir, el reir, el llorar, el quererse y el amarse triunfe ante esta locura de miseria, de 67


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Mujeres de Villa Oculta TEXTO y FOTOS: AGUSTINA VERANO Publicada el 23/01/2017


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a siesta en Villa Oculta puede quemar de varias maneras. Desde sus silencios respetados en las horas de calores sofocantes, o bien a través de las historias que se cuentan debajo de un árbol, en el fondo del patio de una de sus vecinas. Siguiendo el trazo centro – oeste de la ciudad capital santafesina, y cercano a un barrio amigo, Santa Rosa de Lima, el barrio Villa Oculta, levantado gracias a las manos de familias que se dedicaban al cirujeo, late con las historias que hacen que hoy pueda seguir en pie. Historias que tienen sus raíces desde hace más de 45 años. La primer imagen al entrar es la de un puente que esconde calles de tierra que en sus primeras pisadas, son disfrazadas con asfalto. Los murales hechos por lxs chicxs acompañan el ingreso al barrio y a medida que se avanza, la calle se vuelve más angosta lo que hace que las casas estén más cerca. Siguen las bicicletas de todos los tamaños, la mayoría manejada por pibxs de no más de 14 años que se encuentran en “la canchita”, mientras entran y salen los carros. – No me vas a hacer llorar... La siesta silenciosa es interrumpida por la risa de María, quien lanza esa frase y encuentra en la mirada cómplice de su compañera, “La Petro”, una manera de romper los nervios previos a la entrevista. A María y Petrona se las puede describir simplemente como vecinas de Villa Oculta, pero faltarían algunas palabras que acompañen su definición, su historia: mujeres, cirujas, madres, compañeras, luchadoras. El mate que se pasan como posta es lo que las tranquiliza. Porque revolver las historias, a veces, pesa. Quien primero se anima a retroceder unos años es María. La pregunta no es fácil, ni precisa. 69


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-¿Cuándo empezaron con la lucha? -Cuando empecé en el Movimiento de Desocupados en Lucha tenía 15 años, fui mamá a esa edad, tenía que trabajar y el único medio que había era el Movimiento, me anoté y ahí empecé a trabajar. Pensé que era “voy me anoto y me mandan a limpiar barrios”, no iba con la mente de voy a pelear por tal cosa, y a medida que pasó el tiempo, entre marchas y reuniones, escuchar a la gente y ver las situaciones que se estaba viviendo, mi mente se fue abriendo y viendo las necesidades y las cosas que pasaban en Santa Fe. Y hasta ahora seguimos, estamos en el grupo de cirujas. Petrona, con la mirada fija en María, aguarda paciente que ella termine de contar. Pero antes de hablar, espera. Respeta los silencios de su compañera porque también son sus silencios. Y es en ese hueco que ella decide complementar el relato de su amiga. -Cuando empecé en el Movimiento de Desocupados en Lucha de Santa Rosa de Lima tenía 32 años. Fue en ese momento que me había quedado sola con mis hijos, me vine a vivir a Villa Oculta y estuve tres meses sin trabajo hasta que me enteré del movimiento fui y me anoté buscando un trabajo, pero también lo que más deseaba era ir, marchar y protestar para tener un trabajo efectivo, aunque nunca lo tuvimos, siempre tuvimos cuadrillas de meses, trabajamos limpiando zanjas, cortando yuyos, todos esos trabajos, pero nunca tuvimos ni quedamos en un trabajo efectivo en ningún lado. El mate pasa más rápido, las sombras se achican en ese calor que caracteriza a los últimos días de diciembre de una ciudad en donde el clima suele traicionar. A su lado está Cacho, su compañero del Movimiento, de los tiempos donde la frustración parecía eterna, de las asambleas de cirujas, las recuperaciones y las micro luchas cotidianas. Acompañando, acompañándolas. Trabajar en carro no es delito 70

María y Petrona parecen de la misma edad, aunque en verdad hay años que las diferencian. Lo que las une es la misma energía por querer cambiar lo injusto, como dicen ellas “no solo en las grandes luchas, sino también cuando vamos a tomar unos mates a lo de un compañero que no está bien, eso también es luchar”. “Si el compañero está mal, está enfermo, o desmotivado porque se cansó de pelear, la lucha no sirve, porque no estamos todos”. En el año 2012, ambas se sumaron a lo que tiempo después se nombró “Asamblea de Cirujas en Lucha”, en el barrio Santa Rosa de Lima. Las reuniones se hacían todos los sábados por la mañana en la casa de Otilia Acuña, una de las Abuelas de Plaza de Mayo, con la idea de organizarse para luchar contra la discriminación y persecución que lxs cirujas vivían por parte de la policía, como también de la asociación SOS Caballos, quien además les secuestraba de manera ilegal sus animales. En esta etapa de sus historias, el tono de voz con el que empiezan a relatar se pone más firme, quizás porque esa firmeza es necesaria para contar un proceso que hasta el día de hoy las define, porque ser mujer arriba de un carro, recorrer las calles, y además, luchar por la dignificación y los derechos es motivo de firmeza. Porque este proceso también fue y es contra un sistema que siendo mujer oprime dos veces. – Desde que empezamos en el movimiento de desocupados en lucha nos descubrimos como éramos, el ser luchadoras, salir adelante, de ir y luchar y decirle a quien sea en la cara lo que a nosotras nos parece justo, y pelearla con quien sea y siendo mujeres, porque siempre nos discriminan a las mujeres pero nosotras siempre tomamos la palabra, vamos al frente. Los hombres siempre acompañan, pero es muy difícil que ellos hablen, porque es como que nosotras sabemos manejar la casa, sabemos las necesidades que tenemos, como la estamos pasando, y el hombre es difícil que hable, que opine, siempre dicen “vayan ustedes que hablan más”, pero ellos acompañan. Creo que somos las mujeres las que siempre encaramos la lucha. La mirada de María a Petrona luego de hacer esa declaración


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refleja orgullo, y además, empatía. Entonces, ella la completa. – Yo pienso que a través de la lucha una cambia. Una aprende a ser solidaria, a salir a la calle, a pelear por el otro, porque yo en mi caso, con 15 años qué iba a salir a la calle a reclamar por mi vecino. Te hace más humana. Y te pone mal cuando ves a un compañero que no tiene pan para darle a sus hijos, sobre todo en estos tiempos, y te afecta, también en lo familiar. En mi caso, yo me iba a la mañana y volvía a la noche, y un día, de andar tanto en la calle, se me plantaron mis hijas y me dijeron “mami vos no te olvides que tenés dos hijas en casa”. Y que se yo, yo llegaba a mi casa contenta, porque salía a la calle a pelear por mí y por todos y eso es algo que la lucha te cambia, te cambia el pensar, si tenés que salir a la calle a poner la cara lo vas a hacer porque las necesidades son todas iguales. Creo que eso se aprende a través de la militancia, el ser solidaria, el poder ayudar a alguien, así sea con ir y dar un abrazo. Los secuestros ilegales La Asamblea de Cirujas fue variando sus lugares y sus integrantes, como también sus objetivos. Comienza en Santa Rosa de Lima en el 2012, en un momento donde la persecución hacia quienes reclamaban por la dignidad de su trabajo era diaria. Estas dos mujeres pueden contarlo en carne propia porque fueron víctimas tanto de esa persecución como también del secuestro ilegal de sus yeguas por parte de la asociación SOS Caballos. Petrona lagrimea un poco pero la firmeza que todavía acompaña sus palabras espanta los resabios oscuros de esa búsqueda, de esa lucha. Porque cuando ella nombra a su yegua evidencia un sentimiento que cada integrante de la asamblea deja en claro para contrarrestar el discurso “proteccionista” de dicha asociación: el caballo es parte de la familia. - Cuando me sacan la yegua, que me la secuestra SOS Caballos, nosotras hace un mes que estábamos participando de la

asamblea, mi yegua no la tenía trabajando en ese momento porque estaba preñada de siete meses, y la tenía descansando. Eso fue en mayo, un mes de mucho frío que no hay pasto porque en el invierno se seca, entonces mi hijo la ató para ir a cortarle junco en contra de la autopista y ahí se ve que la policía lo para, se hace presente SOS Caballos y me la lleva con el pretexto de que mi yegua tenía desviación crónica de columna, una enfermedad deformante en las patas y anemia infecciosa, diagnóstico del veterinario de SOS. Me la secuestran, estuvimos luchando mucho tiempo, con todos lo que conformábamos la asamblea, con organizaciones, instituciones, las Abuelas de Plaza de Mayo que nos apoyaban, marchando, reclamando. Nos llevó un año y medio. SOS Caballos había dejado dicho en la comisaría de Santo Tomé que la yegua iba a estar en la ruta 1 camino al Ubajay, nosotros fuimos a ver si estaba ahí, y al final en ese lugar no había más caballos. Y después cuando mi yegua malpare, el 17 de julio, nos enteramos dónde estaba por el informe del veterinario, y que estaba en Desvío Arijón. Yo por ahí no entiendo por qué mi yegua malparió la cría, si SOS caballos dice que tiene veterinarios, que cuidan los caballos. ¿Por qué motivo malparió? ¿Por qué perdió al potrillo? Yo la tenía descansando, no trabajaba, yo no la maltrataba. Después de un año y medio de luchar el juez nos devolvió el animal, y la recuperamos”. Un antes y un después. La yegua la recuperan después de caminar una y otra vez las escalinatas de Tribunales, de presentar denuncias en INADI, de soportar la discriminación de una asociación que proclama una protección basada en la clase y que se resume en la frase de su presidenta: “La miseria no justifica el maltrato”. La lucha hoy Cuando Petrona repasa la lucha de estos años y la variación de sus objetivos, mira hacia abajo y empieza a enumerar. María la observa, y sonríe. Describir estos años en enumeraciones bre71


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ves hace que no quede otra que dimensionar cómo esos abrazos, esos mates y las tantas asambleas han virado el rumbo de ciertas cosas. Han movido algunas fichas. – Como grupo lo bueno que conseguimos fue que los veterinarios de la facultad de Esperanza llegaran al barrio, atendieran a los cirujas, ya hace tres años consecutivos que atienden a los caballos. También conseguimos que el proyecto contra la tracción a sangre que presentó el gobernador Lifschitz se frenara, es un logro muy grande. Además, haber frenado a la policía. Porque a los compañeros se los trata mal de parte de la policía, ya de paso del maltrato que tenemos de SOS caballos, tratarnos a los cirujas de negros delincuentes, la policía también, y golpearnos. 72

María no puede evitar contar uno de los momentos que considera más difícil en este proceso. – Nosotras estuvimos trabajando en una cuadrilla, había muchas personas que se habían quedado sin nada, y fuimos a pedir trabajo, pedimos en la Municipalidad esa cuadrilla de limpieza para el barrio y estuvimos trabajando un año, y al año cumplido al señor Intendente se le da por querer desalojar a la gente que vivía en una zona que supuestamente él dice que es inundable, que es reservorio, un lugar que es alto, que no se inunda, y al oponernos a que nos tumben las casas nos echaron de esas cuadrillas ,sin pagarnos ese último mes. Pero la lucha sigue porque todavía se les sigue sacando a los compañeros los caballos, los compañeros siguen estando sin ninguna fuente de laburo, y ellos


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lo único que te dan es una cuadrillas por cuatro o seis meses y después la gente se queda sin nada, encima para que te den esa cuadrilla tenés que entregar tu caballo, tu carro y una vez que se te termina eso ¿Qué haces? Ambas callan. El barrio sigue en silencio y el sol quema más. El silencio es necesario porque a veces repasar lo vivido te deja sin aire. Acá hay dos mujeres que cuentan sobre una lucha que va más allá de ellas. Las atraviesa. Desde aquel día en que se unieron al Movimiento de Desocupados en Lucha, nunca más se quedaron quietas. Petrona ríe cuando escucha la última pregunta, que en realidad va acoplada a las anécdotas que cuentan sobre los días en que salían ellas dos, con su yegua a cirujear. -¿Qué significaba para ustedes salir a cirujear? María: “Salir a cirujear para nosotras, aparte de trabajar, era como, viste que en la casa vos tenés que lavar, limpiar, cocinar, el salir era nuestro descanso, no era decir “oh, tenemos que salir a cirujear”, no. No veíamos la hora de salir, atar el carro y a cirujear, nuestro momento” Petrona: “Siempre en la calle algo te pasa, y salir a cirujear era como cuando alguien dice “tengo un descanso me voy al shopping, al parque, a pasear”, bueno, nosotras era ir a cirujear, ese era nuestro momento. Siempre nos reíamos, nos pasaba algo gracioso, y traíamos cosas para la casa, ya sea comida, ropa, calzado. Sacábamos nuestra buena moneda, para su casa y la mía. Y nos divertíamos mucho.” -¿Qué es lo que extrañan de salir? María: “Ahora, si nos ponemos a pensar, vemos la necesidad. Porque ahora si un hijo nuestro no tiene zapatillas, en ese tiempo salíamos a cirujear y conseguíamos. Ahora no podes salir porque te quitan los caballos, no podes entrar a la zona céntrica que es el lugar donde la gente tira más cosas, y que vos podés conseguir algo, ya no lo podés hacer porque ya prohibieron la entrada al centro y la única entrada que está disponible para salir a cirujear son las zonas bajas ¿qué podes juntar ahí?,

la gente que es igual que nosotros. Y en una zona que tenías veinte carros cirujeando ahora tenés cincuenta, porque ya no podes entrar más al centro. Ahora tenés que elegir entre comer o comprar un par de zapatillas.” Petrona: “Para mí es muy triste lo que hizo el gobernador de presentar el proyecto para que se prohiba la tracción a sangre en toda la provincia, sin tener proyectos de trabajo para la gente. Y más en este difícil año que vivimos, donde la desocupación fueron miles de empleados despedidos, empresas y comercios que han cerrado por la situación económica. Lanzar este proyecto, donde en toda la provincia van a quedar miles de familias sin trabajo y sin que nadie se haga responsable del bienestar de esas familias. Es ver a los compañeros con la cabeza gacha, que te dicen “no tengo nada, perdí los negocios, no tengo para darle de comer a mis hijos”. Te da tristeza decir “no quiero salir porque tengo miedo de que me agarre SOS Caballos o la policía y me quite el caballo”. “Tengo miedo de salir a trabajar” ¿vos entendés lo que es eso? Y al gobierno no le conviene que venga el turista y vea la pobreza, entonces sacaron los carros del centro. Si vemos las mejoras que se están haciendo, en los barrios no hay nada. Tenés que salir y cortar una ruta para pedir que en tu barrio se eche ripio. Pero a los bulevares se los viven arreglando, ponen planteras en el medio de la calle, escaleras mecánicas, estacionamientos subterráneos que te tiran a la mierda un parque, los árboles, no les importa. ¿Y el pobre? Pobreza cero. Hay que exterminarlo al pobre, que no cirujeen más, que se caguen de hambre.”

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Migrar para vivir TEXTO: TOMAS VIU FOTOS: enREDando Publicada el 18/04/2017


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l 9 de octubre de 1980 nacía en la ciudad de Querétaro, en México, Iván Torres Leal. En ese entonces nadie podía saberlo pero 29 años más tarde, en octubre de 2009, vendría a la Argentina. Estudió la carrera en Ciencias de la Educación en México y allá ejerció mucho tiempo como docente en la educación media. Vino a Argentina para hacer el doctorado en la facultad de Humanidades y Artes de la UNR. -Jugaba también mi deseo de conocer Argentina, de estar y vincularme con gente de acáIván se acercó desde la música. – En México se escuchan algunos cantantes argentinos. Yo los había visto en vivo y me gustaba el ambiente que tenían: Los Fabulosos Cadillacs, La Bersuit, Los Auténticos Decadentes, Los Pericos-. Janeth Ganán nació en la costa sur de Ecuador, en la provincia de El Oro que limita al norte con Guayas, al sur y este con Loja, al noreste con Azuay y al oeste con la provincia de Zarumilla del departamento de Tumbes que pertenece a Perú. Nació en 1975, tiene 42 años. En 2006 vino a Argentina por amor. – Habíamos vivido un tiempo en Ecuador con mi pareja pero él extrañaba su tierra y yo le dije ´sí, dale, vamos´-. César es peruano y tiene 60 años. La ciudad dónde nació se llama Mollendo, pertenece a la provincia de Islay y al departamento de Arequipa. Es una ciudad balneario y está a doce kilómetros del segundo puerto del Perú que es Matarani. Mollendo es el eje de la zona sur porque ahí se reciben los hidrocarburos. – Mi mujer se vino a Argentina en el mes de mayo de 2007 por cuestiones de laburo. El trabajo para las mujeres en Perú es muy escaso, muy difícil-. César trabajaba en el transporte de combustibles para los asentamientos mineros. – Yo me vine dos meses después. Llegué un domingo 15 de julio y al día siguiente tuve la suerte de encontrar laburo-. 75


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ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) surgió al término de la segunda guerra mundial para ayudar a los europeos desplazados. En principio tendría un mandato de tres años y después se disolvería. En 1956 se encontró con la llegada masiva de refugiados cuando las fuerzas soviéticas aplastaron la revolución húngara. Cualquier expectativa de que el ACNUR sería pronto innecesario desapareció. En 1960 la descolonización de África generó la primera de múltiples crisis de refugiados en ese continente. En las dos décadas siguientes, fueron los desplazamientos masivos en Asia y América Latina. Hacia finales de la década había nuevas situaciones de refugiados en África y repitiendo la historia también había personas que llegaban a Europa a causa de las guerras en los Balcanes. A finales del 2015 había más de 65 millones de personas desarraigadas en el mundo: 37,5 millones de personas desplazadas internas, 12,8 millones de refugiados, 3,7 millones de personas apátridas, más de 3,2 millones de solicitantes de asilo, 2,3 millones de refugiados retornados. En Argentina, la población migrante representa un 4,5% del total de la población: casi 2 millones de personas, de los 43 millones que viven en Argentina, nacieron en el exterior. Iván vino solo. Conoció a su directora de tesis vía mail. – Me contactaron con ella, le escribí y le mandé mi proyecto. Ella me lo corregía. Y en esos vaivenes aceptó ser mi directora. En ese momento el presidente de México era Felipe Calderón, impulsor de la famosa guerra contra el narco. – Yo estaba con ganas de venir porque estaba decepcionado por una situación que había en México de derechismo muy exacerbado. La derecha estaba muy avalada y la llamada guerra contra el narco representaba un flagelo contra la población-. Janeth se separó de su familia cuando vino a Rosario. Pero una vez en estas tierras formó un nuevo núcleo familiar. Hoy tiene tres hijos, uno es ecuatoriano y dos son argentinos. – Toda mi familia está en Ecuador. Acá creamos una nueva 76

familia con mi esposo y mis hijos. Pero el resto está allá. Este año logré ir después de seis años. Nosotros somos cinco así que no es fácil trasladarse-. Ella hace reemplazos como asistente escolar. Dice que son esporádicos y que no le permiten tener estabilidad laboral. Es Licenciada en Comunicación Social pero dice que no puede ejercer. – No tengo contactos y eso me complica para conseguir trabajo. Si hubiera nacido acá tendría mis relaciones. Pero no conozco a nadie. Además los medios son un gran monopolio y eso dificulta insertarse. También debe ser cuestión de suerte. Pero si viene alguien de Europa seguramente le sea más fácil conseguir trabajo en los medios-. Urdimbre y trama – Sí, ¿qué vas a llevar? – Pimiento y zanahoria. – ¿Y cuánto sale la palta, don? – Quince cada una. César trabaja en la verdulería de calle Cerrito con Hugo y María, también peruanos. Mientras atiende a los clientes, me cuenta que a Hugo lo conoció acá. – Es un compatriota que me dio la mano. Antes trabajé tres años en una cochera. Después la cochera cerró, me contacté con Hugo y acá me quedé-. Dice que tenía ganas de laburar y que le pareció una buena posibilidad venir a Argentina. “Acá es más sencillo. En Perú hay servicio por terceros porque todo es privado”. – Déjeme que le abro la bolsita- le dice a una clienta mientras sigue hablando conmigo. Según me cuenta, en Perú es posible


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tener un negocio pero hay mucha competencia. – Así como acá está la AFIP allá está la SUNAT (Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria). Son muy estrictos fiscalizando los tributos. Acá estoy tranquilo y la gente es muy amable. Mi lema es que si viajé 5.000 kilómetros no me voy a hacer mala sangre acá, ¿no? Vine a hacer una nueva vida-. Al año de que César había llegado vino su hija, y seis meses después, el hijo con el nieto y la nuera. – La familia que formé en Perú la tengo acá. Todos laburamos. Mi hijo es técnico en soldador universal. Y mi hija es bar tender y también trabaja de niñera alternando con un tercer trabajo en el Jockey Club-. Iván se adaptó muy rápido y conoció mucha gente de golpe. – Puede ser por la extranjería que muchos me hablaban. En la ciudad siempre fui asiduo a saludar a todo el mundo por la calle. En ese momento me jugó a favor ser extranjero-. Sin embargo, recuerda a algunas personas con rostros de fobia. – Esa fobia no es tan marcada contra México sino sobre gente de Perú y de Bolivia. Puede ser porque México está lejos y hay más personas de los otros países. Creo que no nos contextualizan como un país tan pobre. Existe el complejo de que vas a pegarle al que está peor que tú-. Hay una idea fuertemente instalada en algunos discursos hegemónicos acerca de que los inmigrantes vienen a sacarles el trabajo a los argentinos. – Hay gente que lo decía explícitamente y otros no tanto. En algunas ocasiones, cuando he llegado a conseguir trabajo, hubo gente que me ha dicho ´cómo siendo mexicano conseguiste trabajo si yo no consigo siendo argentino´-. Iván dice que las personas que le han dicho esas cosas han sido una minoría. – Son las personas que después empiezan a presumir sus orígenes de otras latitudes lejanas. Sus familias vinieron de otros

continentes. Pero cuando se trata de ver que las personas de otros países tienen trabajo, ahí sí son bien argentinos-. El 10 de enero de 2001 Marcelina Meneses y su bebé de diez meses, Joshue Torres, viajaban en tren camino al médico cuando fueron empujados del tren en movimiento a la altura de la estación Avellaneda en Buenos Aires al grito de “boliviana de mierda”. Marcelina y Joshue murieron. La bronca y el empujón fueron acompañados por una frase: “los bolivianos les sacan el trabajo a los argentinos”. Cuando le pregunto por las políticas del gobierno nacional en relación con los migrantes, César cae en la trampa de los prejuicios que se alimentan desde los medios monopólicos de comunicación y que muchas veces se reproducen mecánicamente. – Hay gente que no debería estar acá porque no vino a laburar. De cien compatriotas veinte son laburantes y el resto no. Pero yo no tengo que discriminar a nadie-. Dice que si a sus compatriotas no los conoció en Perú menos los va a conocer acá. Le recuerdo que a Hugo lo conoció en Argentina. – Son excepciones- dice. En el mundo del tejido y de la tela, la urdimbre es el conjunto de hilos longitudinales que se mantienen en tensión en un marco o telar. El hilo que se inserta sobre la urdimbre se llama trama. El discurso de César forma parte de la trama que se teje sobre la urdimbre. Los discursos reproducidos socialmente están en relación con las condiciones de posibilidad. En 1902 la Ley de Residencia habilitó a que por razones de “orden público” cientos de inmigrantes italianos, españoles y franceses fueran rápidamente deportados cuando estaban luchando por sus derechos laborales. Por el año 2000 se produjeron asaltos y ataques muy violentos en algunas quintas de Escobar, en la provincia de Buenos Aires. El blanco común de esos ataques fueron los trabajadores quinteros bolivianos. El discurso mediático ha calado hondo. La estrategia es enfrentar a unos contra otros, en este caso, peruanos contra peruanos. César cayó en las redes discursivas y quedó atrapado. 77


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– Es un país muy bondadoso y muy rico en todo sentido. Y sus ciudades son cosmopolitas, hay gente de todo el mundo. Algunos han aprovechado las oportunidades que el país les ha brindado. Pero otros aprovecharon las bondades para hacer maldades como, por ejemplo, para meter la drogadicción-. Yendo a los números, según datos del Ministerio de Justicia de la Nación, las personas extranjeras detenidas por delitos relativos a drogas suman 1.426 (mil cuatrocientas veintiséis), lo que representa el 0,06 por ciento de la población inmigrante que habita nuestro país y el 2% de los 71.464 (setenta y un mil cuatrocientas sesenta y cuatro) personas que cumplen pena privativa de la libertad por cualquier delito. Según información del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución de la Pena del año 2015, la población extranjera en cárceles asciende a 4.449 (cuatro mil cuatrocientos cuarenta y nueve). Este grupo representa el 6,2% del total de la población carcelaria de nuestro país. 78

Sin embargo, el contexto político de derechización a nivel nacional y regional habilita y legitima algunos discursos xenófobos. Iván dice que “se está viendo un espejo de esa derecha mexicana que estaba incipiente”. – Ahora también a nivel internacional con el arribo de Donald Trump. Ya existía pero se está volviendo más cínica. La gente se da la libertad a sí misma de soltar términos que antes no se animaba. Ahora que hay un clima exacerbado de derechización la gente está diciendo cosas aunque no sean políticamente correctas-. La construcción de la otredad El 30 de enero de 2017 se publicó en el Boletín Oficial el Decreto 70/2017. En los considerandos, figura que “cada Estado Nacional tiene la prerrogativa soberana de decidir los criterios


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de admisión y expulsión de los no nacionales”. Y también habla de “una situación crítica que amerita la adopción de medidas urgentes”. Pero los datos estadísticos indican que el porcentaje de extranjeros vinculados a delitos es bajo y que además se mantiene estable en el tiempo. Otro de los considerandos justifica la medida “ante recientes hechos de criminalidad organizada de público y notorio conocimiento” pero no detalla cuáles son esos hechos que en principio circularon en la opinión pública. Se reforma por un decreto del poder ejecutivo la Ley Nacional de Migraciones 25871 del año 2003 que fue votada y aprobada en ambas cámaras. El decreto establece un procedimiento sumarísimo de expulsión incluso por faltas migratorias y delitos leves. Se posibilita la detención de migrantes desde el inicio de ese trámite y una detención indefinida si la persona recurre la orden de expulsión. Los plazos para la presentación de recursos para los migrantes sujetos a trámites de expulsión se reducen a tres días hábiles. Por otro lado, se concentran las facultades en la Dirección Nacional de Migraciones (DNM), un órgano de carácter administrativo, limitando la revisión de instancias superiores y del poder judicial. En síntesis, los fundamentos del decreto establecen una relación entre las personas migrantes y la criminalidad. – Es una aberración y una falta de respeto a una condición humana que es migrar. Las poblaciones son migrantes. Es parte de la historia de la humanidad. También es un reflejo de las leyes antimigrantes de Estados Unidos. Y es una expresión de la forma de cosificar a sectores sociales como los responsables de las situaciones críticas para desviar la atención de los verdaderos responsables- dice Iván. Para él, “primero los migrantes latinoamericanos fuimos los culpables de la crisis en Argentina, después fueron los manteros que en su mayoría son africanos. Ahora falta que algún día se diga que los verdaderos responsables son las personas dedicadas a la mega minería a cielo abierto, al fracking, a los monocultivos y a los grandes fraudes bancarios”.

Janeth cree que “se tiene que dar marcha atrás con estos decretos que nos afectan porque además suman a la xenofobia, al repudio y a la intolerancia que hay contra los extranjeros”. Por las dudas, aclara: “No quiero que se fomente todo esto. Ya tenemos bastante con lo que hay actualmente. No está bien que haya una ley que lo respalde”. Ella dice que “así como hay gente que te da la mano también están los que te miran mal únicamente por ser ecuatoriana, peruana o boliviana”. Sindicalistas, pibes con gorra, piqueteros, activistas, militantes, pueblos originarios, diversidades sexuales, manteros, migrantes. La lista al estilo John Wilkins podría continuar. Junto con el odio crece el individualismo y avanza la conformación de los guetos. Se señala al otro, al “distinto”. -Está teniendo éxito la campaña de la construcción de la otredad. Generar la noción del otro como el peligroso y el presunto culpable para construir esa burbuja de odio mientras las verdaderas fuerzas de opresión siguen circulando con impunidad- explica Iván. “Lxs migrantes somos parte de la construcción de la Argentina, construcción potenciada por la diversa y basta riqueza cultural que aportamos, por la enorme fuerza de trabajo que ayuda día a día a construir con nuestro esfuerzo la cadena económica y productiva. Somos hombres y mujeres que no sólo creemos en la unidad como patria grande, como hermanxs latinoamericanxs, sino que además creemos en la potencia de la dignidad humana desde la solidaridad, desde el amor. ¿Qué pasaría si lxs migrantes paramos? Se detendría la rueda económica del país. Porque migrar es un derecho, porque discriminar es un delito, porque el DNU 70/2017 es xenófobo e inconstitucional, sumate a PARAR CON NOSOTRXS!” El 30 de marzo de 2017 se realizó un paro de migrantes para exigir la derogación del Decreto 70/2017. La fecha no fue casual. El 30 de marzo pero en 2006 murieron bajo el fuego cinco niñas y niños y una mujer embarazada en un taller de costura clandestino ubicado en el barrio porteño de Caballito. La mayor parte 79


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pertenecía a la comunidad boliviana. En un mismo lugar trabajaban y vivían 60 personas. Once años después, con un juicio donde sólo se procesó y encarceló a dos talleristas mientras los dueños siguen sin ser investigados por la justicia, los y las migrantes decidieron parar. Iván, que todos los años vuelve a México a visitar a su familia, dice que “hay miedo a movilizarse por temor a que la ley tenga operatividad y haya represalias legales migratorias”. -Debemos reconocer que el derecho de migrar va de la mano del derecho de trabajar. Migrar y no tener oportunidades es el mismo flagelo a los derechos humanos-. Hay sectores de la economía que son movidos casi exclusivamente por los migrantes, como el sector de la construcción con mucha mano de obra paraguaya. – Pero hay muchos otros sectores que mientras sobreviven también están moviendo la economía- agrega Iván. – En México hay una gran comunidad de argentinos. Creo que es la comunidad de extranjeros más grande que hay. Y están logrando posibilidades económicas de subsistencia. Así debe ser. Como acá pasa con los bolivianos, peruanos y paraguayos, allá los migrantes centroamericanos son los que más están sufriendo. Son un blanco fácil de cualquier vulneración-. Tu Cristo es judío César quiere hacer un emprendimiento propio pero dice que “ahorita uno va capeando el temporal porque está medio complicado”. – Primero quiero establecerme y tener una vivienda. Pero el piso está movido con el cambio de gobierno-. Janeth conduce un programa en Aire Libre, la primera radio comunitaria de Rosario y una de las primeras del país. El programa se llama “Explosión Boliviana” y arrancó al poco tiempo de que la radio empezara a transmitir. Lleva 19 años al aire y Ja80

neth tomó la posta hace cuatro años. – El programa lo hacía mi suegro que era boliviano. Él empezó a andar mal de salud y yo le empecé a ayudar. Y después él se fue y quedé yo. Lo que hacemos es pasar música, noticias y los llamados de la gente-. Janeth cuenta que el programa se empezó a ampliar y que no se escucha solamente folklore boliviano sino música y noticias latinoamericanas. – Es un poco más abierto. No me puedo quedar centrada sólo en Bolivia porque no es mi país-. “Tu cristo es judío, tu democracia es griega, tu pizza es italiana, tu café es colombiano. ¿Sólo tu vecino es extranjero?”. Esto rezaba, valga la paradoja, uno de los spots que convocaban a parar el 30 de marzo. -Empecé a notar la variedad y la construcción de la argentinidad. A veces destruyendo esa variedad o cosificándola se vuelve folklórica. Yo trabajo con la comunidad qom y también conozco jóvenes mocovíes, collas, mapuches y wichis. La argentinidad es más de lo que esa minoría quiere construir sobre esa base fundante que es un mito. La migración interna casi nadie la menciona y si lo hacen es para verla desde la inferioridad o la lástima. Pero también hay mucha gente que está problematizando eso, poniéndolo en cuestión y sumándose a las luchas-. Las palabras son de Iván, que habla de resistencia y de organización. – He tenido la oportunidad de ser parte de algunas organizaciones de base desde la educación popular. Estoy convencido de que no hay otra que organizarse. Está bueno reconocer la potencia de Argentina. Hay sectores importantes que están desnaturalizando el mito del crisol de razas. Acá aprendí mucho sobre movilización y luchas desde abajo. Falta que más gente se contagie-.


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Rosario, Santa Fe, Argentina. Noviembre 2017

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