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EL DÍA EN QUE LE PEDÍ

PERDÓN

A DANIEL ORTEGA P. Bosco José Rodríguez Alvarado, C.Ss.R. Misionero Redentorista


EL DÍA EN QUE LE PEDÍ PERDÓN A DANIEL ORTEGA

P. Bosco José Rodríguez Alvarado, C.Ss.R.

Un domingo, después de haber presidido la santa misa, cuando era párroco de la parroquia Santísimo Redentor o comúnmente llamada El Redentor, en Managua, Nicaragua, una señora se me acercó y me dijo: Padre Bosco, permítame decirle algo. Iba muy bien en su homilía, se ve que usted sí las prepara, hasta que comenzó a despotricar en contra del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Mire, padre, yo vengo a esta parroquia porque me gusta cómo usted explica el Evangelio. Pero últimamente, la mitad de sus homilías son un discurso político. Sepa usted, y sé muy bien que lo sabe, que entre sus feligreses hay sandinistas, liberales y conservadores. Debería revisar si en su corazón hay resentimiento y, si lo hay, ese sentimiento adverso es el que le lleva a desviar su mensaje evangélico, sobre todo los días jueves y domingo. Se lo digo de corazón, padre, porque lo estimo. Y se lo digo cara a cara, sin murmuración. Las palabras de aquella hermana del Camino Neocatecumenal rondaron mi mente por varias horas y días, aunque yo continuaba, según ella, ´despotricando´ en mis homilías en contra de los sandinistas. Y así era. Sus palabras me llevaron a reflexionar y a meditar sobre mi actuar en la santa misa. Tenía que escrutar humildemente todos los rincones de mi corazón. Hice un viaje al interior del centro de mi persona. Y así fue. Viajé al interior de mi conciencia. Es el viaje más difícil que el ser humano puede realizar. Pero con la antorcha potentísima del Espíritu Santo y su gracia santificante, el viaje es llevadero y luminoso. En mi oración personal, reflexión y meditación descubrí que, en realidad, mi corazón escondía un gran resentimiento hacia don José Daniel Ortega Saavedra. ¿Por qué?

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EL DÍA EN QUE LE PEDÍ PERDÓN A DANIEL ORTEGA

P. Bosco José Rodríguez Alvarado, C.Ss.R.

Es de muchos conocida la situación que nuestra bella Nicaragua sufrió en la década de los años de 1980. Miles de familias nicaragüenses abandonamos nuestra tierra para ir a vivir un exilio doloroso. Una de las cosas por las que guardaba un resentimiento atroz, era por la gran persecución sistemática que el Gobierno sandinista hizo en contra de la Iglesia católica en esos años. Aunque el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal dijera lo contrario. El Gobierno sandinista se burló abiertamente de las celebraciones en honor a la Inmaculada Concepción de María, fiestas o celebraciones que los nicaragüenses llamamos “las purísimas”. Politizaron, en cierto modo, las tan sonadas fiestas ´agostinas´ en honor a santo Domingo de Guzmán. Persiguieron a muchos sacerdotes, religiosos y altos prelados que hoy en día, paradójicamente, se han hecho afines a los ideales rojinegro… ¡Sorprendente! Estos clérigos saben muy bien, como lo sé yo, que la Iglesia católica, en su Código de Derecho Canónico, prohíbe terminantemente hacer política partidista (canon 287 § 2). La tarea de la Iglesia es evangelizar. Se evangeliza cuando se anuncia la vida, pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. El Concilio Vaticano II, en la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, dice que la Iglesia está llamada a ´participar de los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo´. Los jerarcas de la Iglesia no deben o no debemos participar en política estrictamente partidista. Pueden participar en política en sentido amplio, mas no en sentido estricto. El buen lector preguntará: ¿Qué significa política en sentido amplio? Política en sentido amplio significa buscar el bien común. Hoy en día, san Juan Pablo II le diría a cada uno de estos ministros del Señor, lo que un 4 de marzo de 1983, blandiendo el dedo le dijo al sacerdote y poeta -digno de mi admiración y respeto- Ernesto Cardenal: “Usted debe regularizar su situación”.

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P. Bosco José Rodríguez Alvarado, C.Ss.R.

Pero, ¿qué es el resentimiento o rencor? La definición es la siguiente: “Sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o daño sufridos y que se manifiesta en palabras o actos hostiles”. Mucho disgusto sentí por la ofensa hecha a san Juan Pablo II en su primera visita que hiciera a Nicaragua el 4 de marzo de 1983. El santo polaco fue objeto de irrespeto, orquestado por el Gobierno sandinista. Y no solo eso. Por el acto sacrílego de interrumpir al sumo pontífice en el momento en que presidía la eucaristía, el acto más sagrado de nuestra santa fe católica y apostólica. Momento en el cual san Juan Pablo II respondió con voz sonora y vibrante: “La primera que quiere la paz es la Iglesia. ¡Silencio!” En aquella Plaza 19 de Julio, que más tarde el pueblo rebautizó como ´la plaza maldita´, los manifestantes irrespetuosos no guardaron silencio. Aquella señora que me abordó después de la santa misa tenía razón. No podía seguir predicando a Jesucristo y resintiendo en mi corazón. ¿Tenía razón aquella amable mujer? Sí y mucha. ¿Había motivos para guardar rencor hacia don Daniel Ortega? Claro que sí. Entonces, ¿para qué pedir perdón, cuando el ofendido he sido yo?, preguntará el amable lector. Yo le contestaré con las sabias e iluminadoras palabras de un gran maestro de espiritualidad y oración: padre Ignacio Larrañaga. Dice Larrañaga: “Perdonar es abandonar o eliminar un sentimiento adverso contra el hermano. ¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado? El que es odiado vive feliz, generalmente, en su mundo. El que cultiva el rencor se parece a aquel que agarra una brasa ardiente o al que atiza una llama. Pareciera que la llama quemara al enemigo; pero no, se quema uno mismo. El resentimiento solo destruye al resentido. El amor propio es ciego y suicida: prefiere la satisfacción de la venganza al alivio del perdón. Pero es locura odiar: es como almacenar veneno en las entrañas. El rencoroso vive en una eterna agonía”. ¡Cuánta verdad!

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P. Bosco José Rodríguez Alvarado, C.Ss.R.

El día sábado 9 de agosto del 2008, en la catedral metropolitana Inmaculada Concepción de Managua, el cardenal Miguel Obando y Bravo celebraba sus bodas de oro sacerdotales, en las que participó don Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo. Uno de los tantos medios oficialistas que ahora hay en Nicaragua, colgó sus titulares así: “El Compañero-Presidente de Nicaragua Daniel Ortega Saavedra participó este sábado en la celebración religiosa realizada en la Catedral Metropolitana de Managua, Inmaculada Concepción de María, en ocasión de conmemorarse las bodas de oro de los 50 años de vida sacerdotal del cardenal de la paz, su eminencia Miguel Obando y Bravo”. Daniel Ortega vestía una camisa blanca, lo recuerdo muy bien, remangada; por cierto, no bien remangada, pues la camisa era de una talla más. Al momento de la paz decidí aproximarme a Daniel Ortega y a su esposa, doña Rosario Murillo. Los tuve frente a frente y me presenté. Estaba muy nervioso. Sentí que mi voz era como un hilo. Era la primera vez que veía a Daniel Ortega en persona. Señor presidente, le dije; señora, me dirigí a ella. Soy el padre Bosco Rodríguez, párroco de la parroquia Santísimo Redentor. Por muchos años le he guardado rencor por todo lo vivido en la década de 1980. Por el exilio, por la situación en que se vio Nicaragua y por la persecución en contra de la Iglesia católica. Y eso fue todo lo que le dije. No había tiempo para más. Era el momento de la paz. No dije más, así de sencillo. No recuerdo exactamente lo que él me dijo, pero sí las palabras que su esposa, doña Rosario, me dirigió. Ella fue muy amable, agradeció mis palabras, las que calificó de lindas, sinceras y nobles. Esa no fue la única vez que intercambié palabras con la actual pareja presidencial. La segunda vez fue en el mítico restaurante El Rincón Español, de don Julio Tirado, ubicado por la estación de Bomberos, frente al antiguo Estadio Nacional Dennis Martínez. Lugar que, por cierto, frecuentaba Anastasio Somoza. Y la última vez, fue cuando me llamaron del Ministerio de Gobernación para bendecir un altar dedicado a la Virgen María; ya que dicho ministerio está en territorio de la parroquia El Redentor. En esa ocasión estaban, la señora Murillo; la ex alcaldesa de Managua, doña Daysi Torres; la ex ministra de Gobernación, doña Ana Isabel Morales, que siempre fue muy amable con quien les escribe.

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EL DÍA EN QUE LE PEDÍ PERDÓN A DANIEL ORTEGA

P. Bosco José Rodríguez Alvarado, C.Ss.R.

¿Qué siento hoy y qué le diría a Daniel Ortega y a su esposa, Rosario Murillo? Siento REPUDIO. Mas no odio ni rencor. Le diría que el pueblo de Nicaragua sigue siendo reprimido y asesinado por grupos afines a su Gobierno. Que al pueblo de Nicaragua se le está negando el derecho a manifestarse libremente como lo contempla la Constitución Política de la República de Nicaragua. Que los hechos violentos en contra del ejercicio de la libre manifestación pacífica son inaceptables. Pediría justicia. El pueblo reclama justicia y la democratización del país. Cese la amenaza continua en contra de nuestro obispo auxiliar Silvio José Báez. La diría, también, que el pueblo pide elecciones libres. En pocas palabras: queremos que Nicaragua vuelva a ser República. Cuando llega el resentimiento o rencor a nuestras vidas y no lo manejamos adecuadamente en su momento, ese sentimiento puede llegar a ´paralizarnos´ emocionalmente. Entonces, nos visita también el dolor vestido de amargura con deseos de venganza; tales deseos consumen poco a poco a la persona que sufre por resentimiento o rencor. Decía el filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, Friedrich Wilhelm Nietzsche, lo siguiente: “Nada en la tierra consume a un hombre más rápidamente que la pasión del resentimiento”. Podemos vivir por muchos años como prisioneros del resentimiento. Por eso, cuando Nelson Rolihlahla Mandela salió de la cárcel dejó atrás el resentimiento. Dijo en una ocasión: “Al salir por la puerta hacia mi libertad supe que, si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero”. Yo encontré la sanación del sentimiento maligno y nocivo hacia Daniel Ortega por la vía del perdón. Esta es mi experiencia, la que guardo como un tesoro inconmensurable. Yo no quería seguir agarrando una brasa ardiente.

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P. Bosco José Rodríguez Alvarado, C.Ss.R.

BIOGRAFÍA El autor, Bosco José de Jesús Rodríguez Alvarado es misionero redentorista. Nicaragüense por gracia de Dios. Hijo de Juan Bosco Rodríguez Medal y de Josefa del Socorro Alvarado de Rodríguez. Fue bautizado un 30 de marzo de 1967, en la parroquia ´Sagrado Corazón de Jesús´ del barrio Monseñor Lezcano. Hizo sus votos temporales en la Congregación del Santísimo Redentor el 6 de enero de 1991, en Tegucigalpa, Honduras. Recibió el orden del diaconado en 1995, en Chalatenango, El Salvador, por manos de S.E. Mons. Eduardo Alas; y en ese mismo año, el 1 de julio, recibió el orden sacerdotal por manos de S.E.R. cardenal Miguel Obando Bravo, en Managua, Nicaragua.

ñora de Fátima’, en El Salto, San Rafael del Sur. Con ´temor y temblor´ –como afirma él mismo- ha ejercido el apostolado de la pluma. Cuenta con alrededor de cincuenta escritos inéditos y editados de género y subgénero literario narrativo y didáctico.

El Señor, en su infinita misericordia, y su Madre Santísima, le han permitido al padre Bosco José servirle en su Iglesia Santa y Católica, y en la Congregación del Santísimo Redentor, en diferentes apostolados: como párroco (del Santísimo Redentor o El Redentor de Managua por varios años), superior, vicario, socio de prefecto, miembro del EMICAR, rector del Santuario Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en San Salvador, cronista, editor del boletín REDENTORISTAS AC y actual presidente del Secretariado de Vida Comunitaria y Espiritualidad. En el año 2001, en una experiencia en la Arquidiócesis de Managua, se le encomendó la fundación de una nueva parroquia, la parroquia ‘Nuestra Se-

Para él, ser misionero redentorista significa colaborar en la Iglesia con su misión esencial: la evangelización, que “consiste en anunciar el Amor infinito del Padre revelado por Cristo en el Espíritu”, según lo enseñó el papa de su niñez, el beato Pablo VI en su vibrante y sonoro mensaje en la “Evangelii Nuntiandi”. Y muy en sintonía con lo que nos enseña hoy el papa Francisco en la exhortación apostólica «Evangelii Gaudium” y la bula «Misericordiae Vultus”.

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*Algunos escritos anteriores del autor:

P. Bosco José Rodríguez Alvarado, C.Ss.R.

2011, dedicado al P. Roberto Bolaños. “ Revista Conmemorativa”, Santuario y Parroquia Santo Cristo de La Agonía”, 2015. “Santa María del Perpetuo Socorro, Madre de Misericordia. Recopilación de textos», 2016, dedicado a los oblatos redentoristas de la provincia de América Central.

«En Jesucristo hay abundante redención», 1ª y 2ª edición, 2006 y 2007, respectivamente. «Revista Conmemorativa» En Jesucristo hay abundante redención, 2007. «Crónica breve de la abundante redención en Nicaragua», 2008. «Santos Cristos de Managua”, 2008, dedicado al cardenal arzobispo de Managua, Leopoldo José Brenes S. “Madre mía del Perpetuo Socorro”. Breves notas sobre esta advocación”, 2009. “Necrología del R.P. Ricardo Alonso Yárritu, “Misionero de dos Mundos. Escrito compartido con el R.P. Roberto Bolaños, 2009. “Santo Dominguito de Managua” 2010. Versión electrónica, 2014. “La iglesia Nuestra Señora de Los Dolores: Más allá de su arte. Aspectos de su belleza espiritual”

*Algunos de sus escritos inéditos: «Ensayo sobre San Alfonso», 1988. «San Antonio de Padua», 1993. San Salvador, El Salvador. «Santa Misión en San Rafael de Chalatenango», El Salvador, 1993. Cuento “Dos vidas, siete rosas y un mes…” 2001. “Reseña histórica de la Parroquia del Santísimo Redentor”, 2010. “Abundante Redención en Nicaragua-Misioneros Redentoristas” 2010. “Testigo de mi propia historia”, a modo de autobiografía, 2011.

Diagramación y diseño: Marco Hidalgo

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El día en que le pedí perdón a Daniel Ortega  
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