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Sin embargo, el hecho de que la anécdota se encuentre reducida a su mínima expresión no significa que el relato carezca de momentos trascendentes. La particularidad es que hay que buscarlos en movimientos más intelectuales que narrativos. Un quiebre dentro del relato, en sí una descripción perfecta de cómo funciona la paranoia, se presenta cuando el dueño de la madriguera sale y se pone a vigilar la entrada, sintiendo que se mira dormir desde afuera: "Se me hace entonces como si estuviera no delante de mi casa, sino de mí mismo mientras duermo, y tuviera la dicha de poder dormir profundamente y al mismo tiempo vigilarme con todo rigor". Que el texto empiece con la historia ya terminada le da a "La madriguera" su verdadero carácter ulterior, casi testamentario. Si bien se trata de un texto igual de maniático que muchos de los anteriores, los laberintos de su protagonista parecen tener una salida. La resignación y la impotencia que acostumbran dominar los textos de Kafka se transforman aquí en una suerte de nostalgia optimista, incluso de cara al fin inminente. Se supone, de todas formas, que en el relato hacía su aparición un segundo animal. Esto ocurría en las últimas páginas, hoy perdidas. Sólo queda de ellas el testimonio de Dora Diamant, tal como lo recogió Max Brod, según el cual no faltaba mucho para que tuviera lugar la "lucha decisiva" en la que "el héroe cae derrotado". Ese enemigo que parece avanzar desde el interior mismo de la madriguera sería, siempre según Diamant y Brod, la tuberculosis que aquejaba a Kafka, quien al parecer se refería a su "torturante tos" como "El Animal". La situación política de aquella época permite otras interpretaciones. Como soñó Ricardo Piglia en Respiración artificial , no es descabellado pensar que Kafka intuyó el horror que se estaba gestando en una prisión de Baviera, con un libro que se sigue traduciendo aún hoy. Y a la vez, en una lectura radicalmente distinta (y qué caracteriza más a un clásico que la multiplicidad de interpretaciones a las que da lugar), este relato tampoco resulta ajeno a la actualidad, pues a fin de cuentas también habla del deseo de vigilancia absoluta de quienes, obsesionados por la seguridad, viven encerrados en su propios miedos paranoicos y ven el mundo como una confabulación de peligros contra ellos, temerosos propietarios de una madriguera. © LA NACION

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Kaafka La madriguera  
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Articulo periodistico

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