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B USA Ilustración del libro «Casa de Muñecas». Patricia Esteban Erlés y Sara Morante. Ed. Páginas de Espuma.

REVISTA FEMINISTA DE CREACIÓN Y ENSAYO Nº 3. Junio 2015 Distribución libre y gratuita ISSN 2386-8430


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B USA

REVISTA FEMINISTA DE CREACIÓN Y ENSAYO

BLUSA Nº3 www.revistablusa.com revistablusa@gmail.com Responsables de la edición: Carmen G. de la Cueva y Sara Herrera Peralta Lugar de edición: Sevilla (España) y París (Francia)

Carmen G. de la Cueva es periodista, feminista, editora y poeta. Ha vivido en Alemania, México, Praga y Londres. Dirige la web sobre literatura y feminismo La tribu de Frida: www.latribudefrida.com Dirección y Edición Biografías y Narrativa Sara Herrera Peralta es poeta y diseñadora gráfica, autora de una decena de poemarios, aficionada al baile flamenco y la fotografía, viajera incansable, no se fía de las personas que nunca sonríen. www.saraherreraperalta.com Dirección, Edición, Diseño y Maquetación Poesía, Traducción, Ilustración y Especial de la casa

Alba González Sanz es licenciada en Filología Hispánica y Máster en Género y Diversidad por la Universidad de Oviedo, donde hace su tesis. Ha publicado los poemarios Apuntes de espera (Torremozas, 2010) y Parentesco (Suburbia, 2012). www.albagonzalezsanz.es Feminismo

Patricia Sánchez es licenciada en Humanidades y doctoranda en Comunicación. En horario de oficina, se dedica a comunicar sobre Europa y un mar sostenible; a tiempo completo, busca la poesía allí por donde va. http://instagram.com/passtiche Fotografía

Cristina Oñoro Otero es licenciada en Filosofía y doctora en Teoría de la Literatura. De niña le encantaba leer e inventar mundos imaginarios y ha tenido la fortuna de poder dedicarse de adulta a ambas pasiones. Actualmente trabaja en la Universidad de Estrasburgo. Relecturas feministas


María Fernanda Ampuero escribe narrativa de ficción y de no ficción. Su obra ha sido traducida al inglés, portugués, alemán, inglés e italiano. Ha publicado Lo que aprendí en la peluquería (2011) y Permiso de Residencia (2013). Prepara un libro de crónicas sobre la crisis española y una novela. Forma parte de antologías de cuentos como Huellas en el mar (Miami, 2014) u Ómnibus (Madrid, 2013). http://www.fronterad.com/?q=blog/2809 Crónica Agustín Galli es sociólogo por la Universidad de Buenos Aires, Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Torcuato Di Tella y Máster en Política comparada Mundo Musulmán, por Sciences Po Paris. Residió en Egipto, Siria y el Líbano, y actualmente lo hace en París, donde realiza trabajos de investigación sobre Siria y el Líbano. Oriente Aloma Rodríguez es licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado tres libros: París tres (Xordica, 2007), Jóvenes y guapos (Xodrica, 2010) y Solo si te mueves (Xordica, 2013). www.alomasimpe.com Maternidad

Helena Astorga Productora y Gestora Cultural. Agitadora y activadora cultural incipiente. Filóloga Inglesa en momentos extraños. Cometido inmediato: potenciar espacios culturales y de creatividad. ‘No tengo un talento especial, solo soy pasionalmente curiosa’. Flamenco

Silvia Terrón es poeta, periodista y traductora. Dirige la revista literaria bilingüe (español-francés) Alba Paris. Ha publicado La imposibilidad gravitatoria, (Torremozas, 2009) y Doblez (Ediciones Liliputienses, 2014). Escribe guiada por sus preposiciones favoritas: bajo, contra, entre, tras. www.silviaterron.com Música

Natalia Ruiz-Poveda es Historiadora del Arte, hispanista, hispanófila y poeta. Amante de todas las expresiones artísticas, vive en el sur de Francia, donde es profesora de español y activista. Cree en la cultura, en la educación y en las personas. www.nataliaruizpovedavera.blogspot.com.es Artes visuales


Ya no somos islas a la deriva Como suspendidas en el vacío, desvinculadas de cualquier genealogía y sólo insertas de forma a menudo excéntrica en el universo cultural heredado, falsamente neutro. María Mercè-Marçal Cuando nos planteamos crear una revista feminista, un espacio donde reivindicar la creación de las mujeres, pensamos que era algo necesario, pero también algo divertido y creativo. Y desde que nos estrenamos con nuestro primer número hemos recibido críticas entusiastas por parte de nuestros lectores y lectoras. Porque BLUSA es una revista también para el público masculino. Sin embargo, sabemos que existen personas que creen que dedicar una revista (una editorial o una antología) a la obra de mujeres, exclusivamente, es sectario, parcial y una reivindicación que, a estas alturas de la historia, ven poco precisa. Esas personas creen que el feminismo es lo contrario de machismo y que lo que toca ahora es ser igualitario, es decir, que BLUSA se dedicara a la difusión de


la obra de hombres y mujeres. ¿Qué sería lo correcto? ¿Un 50% para cada uno? Y nosotras nos preguntamos, ¿no es extraño que editoriales, antologías y revistas se sigan dedicando a la obra casi exclusivamente de hombres dejando de lado la mayor parte de la producción de las mujeres? Parece ser que lo feminista es algo que atañe solo a las mujeres y lo masculino nos engloba a todas. BLUSA nos hace falta. En un país donde la Real Academia Española (RAE) tiene tan solo seis sillas ocupadas por mujeres y, en toda su larga historia, solo habría que sumarle tres más de un total de 46 sillas, es una obligación moral apostar por la literatura que escriben las mujeres. Ojalá que algún día deje de ser necesario, eso significará que en la vida y en la literatura las mujeres y los hombres contamos lo mismo. Las obras de las mujeres ya no son islas a la deriva desprendidas del continente de la literatura universal. Ya no escribimos desde los márgenes. Tampoco queremos pensar que toda la literatura de mujeres deba ser como un archipiélago, un conjunto de islas agrupadas por su condición de género. Lo único que tenemos en común las escritoras es que el mundo, a veces, nos extraña y nos confunde y en ese intento por aprender a vivir, la escritura llega como asidero para no caer. ¿Y acaso los hombres no sienten el mismo extrañamiento? El género no es lo que nos hace diferentes, pero el feminismo propicia el apoyo y la alianza necesaria para reclamar nuestro lugar. Cuenta Mª Ángeles Cabré en Leer y escribir en femenino que para fundar una genealogía, primero hay que comprender la ausencia de la voz de mujer y leer los discursos que la silencian. Cuando se escribe, igual que cuando se siembra, hay que saber sobre qué terreno se reescribe. Trazando el camino para la lectura de nuestras abuelas y madres literarias es cómo las hijas y nietas podremos trazar el camino para la escritura futura. Hay que seguir la senda de las que vinieron antes como la escritora Monserrat Roig: “Hemos aprendido a leer entre líneas los textos de Teresa de Ávila, de sor Juan Inés de la Cruz, de Madame de Stäel. Y hoy, las mujeres que escribimos sin miedo a considerarnos nosotras mismas escritoras, nos guiñamos un ojo a través de los papeles”.

Carmen G. de la Cueva

Sara Herrera Peralta


Feminismo. Re-visiones

7

Relecturas feministas

11

Poesía

13

Traducción

25

Ilustración

30

Fotografía. Reveladas

40

Narrativa

55

Crónica. Ella, la crónica

66

Música. Sin arreglos

68


Maternidad. Ser madre hoy

74

Mujeres de Oriente

76

Writing a Woman’s Life. Biografías

82

Flamenco. Quejío y Mandil

89

Artes Visuales - Colors

99

Especial de la Casa

105


No pasarán Alba González Sanz

I. El cuadro Cuando entré en la casa por primera vez, me atrapó la luz. Supe cuál sería el cuarto de trabajo, el lugar de los libros. El hueco reservado para el cuadro de Frida Kahlo, La columna rota, que se ha convertido en mi metáfora. Firmé un contrato de alquiler y empecé tímidamente a poner un mi delante de la palabra casa. Entonces llegó la mudanza y, después, poco a poco, las pequeñas decisiones que van haciéndola verdaderamente la extensión de lo que soy. Cuidar el espacio como quien cuida el cuerpo porque así, en cierto modo, lo cuidamos. La mayor parte de las paredes está aún desnuda. Lleva tiempo decidir las imágenes que nos harán de espejo en cada estancia, que nos recordarán el quién de lo que somos día tras día. La lámina con la “Poética” de Javier Egea esperaba enrollada y hace unos días, pequeño pueblo en armas contra la soledad, la coloqué en un marco y pensé que ya era tiempo de colgarla en la entrada. Es noche electoral. Me fijo despacio en la dedicatoria de ese soneto, a Aurora de Albornoz, y sé que ella, hoy, sonreiría. Blusa · 7

Aurora de Albornoz cuidó espacios, cuidó palabras. Académica y poeta, la define una lengua entre dos continentes, una lucha entre el exilio y la voluntad rotunda de que a la España de los años setenta le llegará un poco de la luz que en esas décadas había alumbrado a algunas repúblicas de América Latina. Aurora de Albornoz cuidó el convencimiento de que la historia y el idioma hermanan si se usan con el empeño digno de la justicia entre los pueblos y sus gentes. Quizás hoy la habrían llamado bolivariana. II. Retrato Nacida en Luarca, Asturias, en 1926, su infancia es prado verde y poesía hasta que estalla la guerra y se instalan en su centro el temor a los aviones, refugios antiaéreos; el temor a las sacas que en la noche desaparecen vidas. Pasa la guerra y, ante el desastre, su familia pone rumbo a Puerto Rico amparada en dos palabras: doble nacionalidad. En su genealogía, parentesco con los Albornoz que ocupan cargos durante la Segunda República,


con Severo Ochoa, con un mundo que la violencia ha desaparecido. En San Juan ingresa en la universidad y se forma entre los restos de una intelectualidad allí desperdigada. Por maestro, entre otros, el Juan Ramón Jiménez que tanto influirá en sus versos. Y poco a poco, además de la lengua y el contacto con esa otra tierra que también es la suya, llega a su vida la política en una forma que se aleja de partidos concretos y que, andado el tiempo, se expresa sobre todo en la forma en que su obra académica comprende la literatura del exilio; en que su forma de escribir ensayo, de escribir pensamiento, se escapa a los cauces cerrados y simples. Conoce el París donde se imprimen los libros que tibiamente pasan los Pirineos como también vive desde América el camino revolucionario que emprenden Cuba, Nicaragua, luego Chile. Quiere volver. Sabe que debe volver porque a España también puede llegarle esa luz. Doble nacionalidad. Regresa definitivamente a Madrid y allí trabaja como puente de pensamiento entre las dos orillas. De alguna forma, traduce el mismo idioma en sus acentos. Su casa, en la madrileña calle Méjico —con esa j atravesada todavía hoy en el callejero— se llena de libros y también acoge reuniones clandestinas de un Partido Comunista con el que no se casa pero en el que se comprende. Con una elegancia quizás desconcertante reparte periódicos, pasquines, palabras, del mismo modo que imparte clases en la universidad y se afana en que la literatura de los países americanos llegue aquí a las aulas. Cuida el espacio. Escribe.

Aurora de Albornoz.

su vera a los poetas más jóvenes que para finales de los setenta intentan otros rumbos. Encrucijada pero no frontera, jamás límite.

Es noche electoral.

III. Transición

Recuerdo a Aurora de Albornoz entre las figuras de muchas mujeres hoy oscuras que se desempeñaron en la literatura y en la política en ese período final de la dictadura y la llamada transición. Gentes que entonces hicieron Muere el dictador, el país se despierta camino, dejaron huella, pero cuyo legado de una mañana con su traje a estrenar de experiencia vital y trabajo intelectual o creativo democracia. Pero Aurora de Albornoz sabe queda desdibujado tras su muerte más allá quizá que eso no basta. Lleva tiempo tomando de la memoria de quienes las quisieron, de notas de una peculiar autobiografía a la que cierto prurito académico, de algunas fotos que bautiza como Cronilíricas y en la que guarda establecen conexiones no narradas en la historia la mirada sobre un mundo en cambio desde oficial. Es noche electoral y llevamos meses la que ella es: mujer de galerías interiores, ser escuchando que aquello que pasó cuando de varios escenarios. Educada en lo mejor que pudo dar, desde el exilio, la España republicana, España entró en los ochenta debe revisarse. Por eso pienso en la Aurora de Albornoz escondida pero a la vez hija también de nuestra América. en Cronilíricas pues ya entonces, en caliente, en Poeta en los versos modernistas que, al tiempo, se expresa en lo social que es propio a parte de el momento, había quien decía que el proceso no estaba saliendo del todo bien. su generación, de igual modo que acoge a 8 · Blusa


Y es que los muchos espacios que cuidó la poeta y ensayista no encontraron asiento firme en el proceso a través del cual este país abandonó la dictadura. Pensemos en quien se ha criado en los valores y conocimientos de la Segunda República, en quien ha vivido un exilio que, además, estudia desde la poesía. En quien es a la vez americana y de esa tierra también toma las luchas (pedir la independencia de Puerto Rico, los países que históricamente marcan los hitos de la izquierda internacional de la segunda mitad del siglo XX). Pensemos en la mujer joven que allá en San Juan lee y se forma en los textos del marxismo dentro de una comunidad en la que se hallan no sólo esos cachorros, niños del exilio, sino figuras como la de un Tierno Galván al que ella recuerda en sus memorias como el alcalde digno, el hombre honesto, que intentó con todo otro Madrid. Al regreso, lo complejo. Su propio partido, aunque no lleve en el bolso un carnet que la acredite, toma decisiones que se vuelven dudosas a la luz de nuestro presente y que entonces también fueron debatidas. No se fía del todo del PSOE, se pregunta si los nietos de Pablo Iglesias sabrán hacer o habrán dejado, en el camino, la memoria nutricia del partido anterior a 1936. No se encuentra tampoco en la cultura, en esa sociedad del espectáculo que tan bien se aclimata en varias de sus capas a la nueva situación. Y, sin embargo, en su hacer no pierde la esperanza, reservando la duda para ese libro póstumo en el que habla de quienes se equivocaron de bando, no pasarán, Ernesto Cardenal, los brigadistas, patria o muerte, Allende, disparos en la Casa de la Moneda, venceremos. Todos los muertos que se suman, imparables, a la lista de muertos, conforme se hace mayor y va perdiendo a quienes la reflejaban de algún modo reconocible. Por eso sus memorias no son ni quieren ser un recuento al uso. Hay reseñas profundas, hay recuerdos de viajes, reflexiones políticas y un intento de definir su lugar en lo poético, tan alejada en cierto modo de una categorización sencilla. El último fragmento en el que estaba trabajando, dirigido a su cuñada, refleja la intersección entre el descontento y el motor de vida y luz que movió siempre sus actos. Escribe: “Se nos siguieren muriendo cosas y seres, Carmen, y aunque tenemos paz y libertad, Blusa · 9

aquí estoy, ya ves, juntando palabras que sueñan lo que perdimos. Estoy desde el comienzo de una nueva década sintiendo que qué poco me queda por hacer, soñar, aunque me quede este recurso inútil de juntar palabras y seguir, seguir ¿hasta dónde?, en busca de una utopía que comienzo, a veces, a situar en el pasado, en algún lugar del pasado, aunque no, porque hay, tiene que haber una salida o una entrada o lo que sea, quién sabe dónde, en qué mundo, mundos, que tendremos que seguir buscando mientras estemos en éste, a pesar de todo lo que a nuestro alrededor sigue muriéndosenos”. Es casi 1990 y la escritora no ve claro su espacio, pero no renuncia, se niega a la renuncia, porque la búsqueda y la palabra son el único cometido que la convierte en ser humano. Es noche electoral y Aurora de Albornoz vivió algunas noches, con o sin urnas, de aquel tiempo que hoy reevaluamos para intentar pensar un futuro en común. La de un 23F que le impide un viaje hasta Ferrol para hablar de poetas gallegos en el exilio, la de una navidad en la que se legaliza por fin el Partido Comunista. Tantas noches con Madrid como escenario y los muchos fantasmas de todas las vidas que en sus calles intentaron resistir y que hoy, como el de la propia escritora, no conocemos. La recuerdo porque sé cuánto más útil sería no haber perdido los lazos, los retazos e hilos en collage, de su vida a nuestra memoria y a nuestro hacer hoy, en este preciso momento. La recuerdo porque me pregunto si nos ayudarían su figura y la de otras olvidadas en ese tiempo convulso del que hoy nos llegan recuerdos deturpados por la propaganda electoral. La recuerdo porque hoy puede ser alcaldesa de Madrid alguien que también se encuentra entre varios espacios, físicos y de sentido, que era joven y luchaba cuando Aurora de Albornoz ya apuntaba en su cuaderno algunas inquietudes. ¿Sabremos cuidar a quienes son puente de aquel pasado? ¿Podremos respetarlo como lo verdaderamente digno a pesar de lo lejos que en el fondo hoy tenemos esa época? Transición es una palabra que esconde nuestra desmemoria. Es ya una abstracción construida en el relato de los hechos, utilizada sin duda en beneficio de unas u otras tesis. Pero


Aurora de Albornoz, Vicente Aleixandre y Angelina Gatell, inaugurando la tertulia Plaza Mayor en enero de 1966.

la vida es tozuda y nos devuelve, plena actualidad, a una mujer como posible alcaldesa de Madrid que tiene en su biografía los lazos, el puente, la palabra no perdida aún de esa historia. Una pequeña píldora contra una orfandad que ni siquiera sabemos que padecemos. Esa que se esconde en las palabras y hechos de mujeres como Aurora de Albornoz, siempre a caballo de dos mundos y empeñada en su diálogo.

borrando todo aquello que no alimenta la ira. Pienso en Aurora de Albornoz porque es ejemplo cercano y querido de esa brecha, en que su deseo de contarse era crónica, sin duda, pero era lírica, poema, mirada limpia en el verso que parte del respeto profundo que impone el empleo de la palabra. Pienso en sus letanías, repetidas a lo largo de las páginas de ese libro final. No pasarán. Venceremos.

Yo añado: ojalá.

Es noche electoral y, de algún modo, me pesan los fantasmas entre libros. Me pesa no poder hablar con ellos de una forma en la que su experiencia no se quede en la hipótesis y algunos nombres, retazos, de cómo fue lo que en su origen era, sin duda, más complejo. Hace solo cuarenta años pero nos falta anclaje porque es esta una tierra de continuidad escindida, a matacaballo, incapaz de hacer línea firme de su historia. Quizá para evitar reconocernos, sin duda motivada por la violencia que va perlando las décadas y 10 · Blusa


Elegir nuestro nombre Cristina Oñoro Otero

Un día leí en un artículo que no son los padres sino los hijos quienes deciden su propio nombre. Que las listas onomásticas y las discusiones durante el embarazo sirven de poco, pues en realidad es la niña o el niño quien envía señales inequívocas para dejar claro cómo quiere llamarse. Así, del mismo modo que elegimos a nuestra madre y a nuestro padre, también escogemos antes de nacer cuál será el nombre que queremos llevar el resto de nuestra vida. La idea de que escogemos nuestro nombre me pareció muy seductora. Pero, durante mucho tiempo, tuve enormes dificultades para aplicarla a mi caso particular. Cristina –me decía yo desanimada mientras hacía memoria– es nombre de infanta Blusa · 11

imputada, de presidenta populista y autoritaria, de reina regente. Cristina es un nombre tan internacional como hueco. Por no hablar de su etimología y significado: como ponía en uno de esos cuadritos que colgaba encima de mi cama cuando era pequeña, Cristina significa «la esclava del señor». ¿Cómo iba yo a haber elegido ese nombre? Ante este ejército de Cristinas tan poco inspiring, un día decidí pedirle ayuda a mi madre. ¿Por qué me llamasteis así? ¿Era el personaje de un libro que leías en aquel momento?, pregunté esperanzada. ¿Una revolucionaria francesa? ¿O una científica importante y desconocida? ¿O acaso era el nombre de una bisabuela inolvidable? Mi madre me respondió con su habitual laconismo:


«Pues si te digo la verdad no tengo ni la menor idea. Si volvieras a nacer, sin duda no lo escogería». Lo cierto es que muchas mujeres experimentan todos los días esta misma sensación de orfandad no sólo en relación con sus nombres sino también con el lenguaje y la cultura. ¿Por qué nos llamasteis así?, se preguntan tras cerrar Madame Bovary o La Odisea. ¿Qué quisisteis que nombraran las palabras «Emma», «Penélope», «Helena» o «Gertrudis»? ¿Qué deseos expresan sus nombres? Pero, como me hizo entender mi madre con su fina ironía, somos nosotras y no los otros quienes pueden responder a estos interrogantes. «¿Por qué me llamasteis así?», me dije, quizás fuera una pregunta mal planteada. Reencontrarse con nuestro nombre exigiría formular otra muy distinta: «¿Cómo me llamo?». Yo me reencontré con mi nombre muchos años después de leer aquel artículo. Fue el día en que cayó en mis manos La ciudad de las damas, un libro publicado en Siruela que estaba firmado por una completa desconocida para mí: Cristina de Pizán. Aún recuerdo el temblor de mis manos al abrir el libro. Como pude ir leyendo, Cristina había nacido a finales del siglo XIV y, según los estudiosos, no era solamente la primera feminista de la historia sino «el primer escritor profesional», es decir, la primera persona que se había dedicado a la escritura por dinero. Viuda desde muy joven, Cristina desarrolló una intensa carrera literaria durante el siglo XV con la que pudo mantener a sus hijos y su madre.

Cristina se refiere a las ideas misóginas que, en libros de las más variadas materias, eran defendidas por los autores de la época. Poco después de esta escena inicial, Cristina es visitada por las tres Damas (Razón, Derechura y Justicia), quienes la animan a «darle la vuelta a esos escritos» y a levantar una ciudadela desde la que las mujeres puedan defenderse: «Tú», «querida Cristina», «querida hija», le repiten, «Tú serás la elegida para edificar y cerrar, con nuestro consejo y ayuda, el recinto de tan fuerte ciudadela». La ciudad, claro está, es el propio libro que escribe Cristina. Allí desmonta con inteligencia e ingenio las invectivas lanzadas contra mujeres dignas y cultas de todos los tiempos. Cuando cerré el libro supe que había encontrado mi nombre. Pero, quizás, lo más importante no fue descubrir con orgullo que yo me llamaba Cristina como Cristina de Pizán, la primera escritora y feminista de la historia. Lo más importante fue encontrar esa ciudad llena de mujeres que defendían el suyo con dignidad y cultura. Escribir –querida Cristina– tal vez sea eso. Entrar en la ciudad de las damas para defender nuestro nombre.

La ciudad de las damas, uno de los libros que más me ha gustado de mi vida, está escrito en forma de diálogo. En las primeras páginas leemos: Sentada un día en mi cuarto de estudio, rodeada toda mi persona de los libros más dispares, según tengo costumbre, ya que el estudio de las artes liberales es un hábito que rige mi vida, me encontraba con la mente algo cansada, después de haber reflexionado sobre las ideas de varios autores.

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Martha Asunción Alonso Martha Asunción Alonso (Madrid, 1986) es licenciada en Filología Francesa y titular de un máster en Historia del Arte. Como docente, ha residido en diferentes destinos de la Francia hexagonal y de ultramar. Su poesía ha obtenido distinciones como el Premio Adonáis, el Premio de Poesía Joven RNE o el Premio Nacional de Poesía Joven “Miguel Hernández”, otorgado por el Ministerio de Cultura. Es autora de los poemarios Wendy (Pre-Textos, 2015), Skinny Cap (Libros de la Herida, 2014), La soledad criolla (RIALP, 2013) o Detener la primavera (Hiperión, 2011), entre otros. www.librosdelaherida.blogspot.com.es

KINTSUGUI (Para Robin) Pienso en la resiliencia. Los psicólogos la definen como “la capacidad de los seres vivos sujetos para sobreponerse a situaciones adversas y períodos de dolor emocional”. Pienso en la resiliencia. La Real Academia de la Lengua Española la define como “la capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía”.

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Pienso en la resiliencia. Mi diccionario, por orden, propone los sinónimos: resistencia, fortaleza, aguante, firmeza, fuerza, tolerancia, vigor, fondo, paciencia, flema, resignación. Y sufrimiento. Pienso en la resiliencia de lo que nadie busca en Internet. Por ejemplo, las manos que trenzaron mi pelo en los noventa. Mis hermanas curándome las alas al curarse. Por ejemplo, los muros. O el amor. Hace siglos de daño que en Japón se practica el arte del Kintsugui. Consiste en venerar la grieta, amar cada fractura, toda falla; besar la cicatriz. Cuanto más rota estuvo, más hermosa es la taza que hoy levanta tu sed.

Cáceres, 5 de abril de 2015. (poema inédito)

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Lola Nieto Alarcón Lola Nieto Alarcón (Barcelona, 1985) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Actualmente, realiza una tesis doctoral y trabaja como profesora de secundaria. Coordina la revista Kokoro, donde colabora habitualmente. Ha escrito artículos de crítica literaria que han aparecido en revistas como Sesión no numerada, Calidoscopio, Ómnibus, Las Nubes o Contrastes. Ha publicado alambres (Púlsar-Kriller71, 2014).

Ellas Son idénticas

las dos abren la puerta

la puerta caminan por un pasillo largo y ancho

saludan

cierran

No se puede saber adónde lleva Camina él

detrás de ellas y mira cómo avanzan el paso es sincronizado exacto izquierda y derecha y así así Caminan muy juntas

juntas

la pierna derecha de ella y la izquierda de ella

tocándose Una manta las envuelve un extremo echado sobre el hombro izquierdo de ella

y el otro sobre el hombro derecho de ella Él

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camina detrás Llevan zapatos idénticos calcetines idénticos

Él camina

detrás y no sabe adónde van El pasillo es largo y ancho y a los lados esparcidos

por el suelo

hay juguetes Se giran a la vez de pronto ya están frente a él: queremos pedirle algo muy importante para nosotras hablan a la vez

no

la otra mueve

habla una pero

los labios como si hablara o habla también

no

se puede saber es algo realmente importante y por eso le hemos llamado nosotras vivimos aquí

nosotras deseamos morir

aquí nacimos aquí

cuando era invierno

quisimos nacer a la vez y nuestra madre no pudo soportarlo

ella murió

y

nosotras

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estamos aquí vivimos

Hablan: habla ella y luego ella eso parece parece que mientras ella habla ella mueve los labios luego al revés pero no se puede saber con certeza es confuso habla o hablan habla y hablan lo mismo da nosotras nacimos cogidas de la mano así nos cogimos de la mano antes de nacer y así nacimos

quisimos nacer a la vez y cogidas de la mano quisieron separarnos pero no pudieron los médicos pensaron que estábamos unidas por la piel

pero eso es mentira estamos unidas porque nos damos la mano y nunca nos hemos dejado de tocar estamos unidas porque queremos y nadie puede ir en contra de nuestra voluntad siempre ha sido así

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Cuando ella habla parece oírse un eco pequeño como si ella también hablara y al revés

Cuando ella habla parece oírse un eco pequeño como si ella hablara también

no somos hermanas esto es otra cosa nos damos la mano una vez dejamos de darnos la mano pero no podemos contar lo que vimos no se puede saber y no lo haremos nunca Esta casa es muy grande en realidad no sabemos cómo de grande es no se puede saber con precisión Se giran a la vez siguen avanzando por el pasillo Él camina detrás mismo peinado

Llevan el

tienen el pelo corto rizos de color blanco y a veces violáceo depende de cómo dé la luz tienen

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la cara idéntica y maquillada igual

los párpados verdes los pómulos rosados los labios rojos Son viejas muy pequeñas de estatura sorprendentemente ágiles tienen ojos pequeños y negros muy brillantes como cuatro gotitas de petróleo Cuando miran sus rostros parecen separarse ligeramente de los cuellos así miran con esa enorme avidez los ojos redondos y negros miran con la curiosidad y la inocencia de los perros Miran así pero luego de mucho mirar ya no parecen curiosos ni inocentes parece que hubieran visto algo que no se puede saber De pronto vuelven a girarse ya están frente a él: vivimos aquí en esta casa es enorme nunca hemos salido creemos que fue nuestro padre quien nos encerró en una parte de la casa

nos traían comid comida un día nos dejaron de traer comida y cuando tuvimos hambre

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golpeamos la puerta hasta romperla encontramos a un anciano muerto en una habitación creemos que era nuestro padre lo lavamos

lo peinamos lo tumbamos sobre una cama y

lo hicimos desaparecer

creemos que hicimos lo correcto desde ese día

nosotras mismas nos procuramos la comida la hacemos aparecer pero esto es distinto

esto es realmente importante para nosotras

necesitamos su ayuda

Vuelven a girarse Siguen avanzando por el pasillo Él camina detrás Susurran y ríen una risita corta y pícara ¿quién ríe? ¿ella o ella? ríen a la vez o es ella y luego ella En este instante empiezan a cantar: el universo aquí nosotras aquí nosotras o el universo

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gira gira gira y vuelve a girar cómete este pedacito de canción y harás que todo vuelva a empezar Se giran y le miran fijamente: aquí puede suceder todo pero no se puede saber con seguridad

No podemos salir de aquí pero necesitamos que otras

vengan por eso

le pedimos su ayuda para que otras vengan y continuar

quizá seamos nosotras mismas las que siempre volvemos eso no se puede saber No importa ahora necesitamos su ayuda siempre la necesitamos cuando llega este momento y usted siempre está aquí queremos que nos una ahora sí queremos que nos corte la carne por el mismo

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sitio y que nos por el hueco

una

lo hará sabemos que

lo hará sólo

así moriremos

a la vez no estaremos nunca solas sólo usted puede hacerlo si lo hiciéramos nosotras mismas dejaríamos de darnos la mano y eso no lo haremos nunca Él camina por el pasillo abre la puerta sale en el exterior es invierno no sabe muy bien dónde está se mira las manos y en una de ellas lleva su maletín en la otra todavía tiene una mancha rojiza No sabe muy bien dónde está Recuerda algo la música de una canción quiere regresar volver al lugar de donde viene saber qué ha sucedido la música de la canción se borra y no puede retener la melodía oye a un niño llorar no una niña recuerda es una niña no dos niñas o una niña una niña o dos oye llorar a la vez ellas nacen cogidas de la mano recuerda eso acaba de suceder por eso ha ido a la casa por eso está ahora aquí por eso tiene una mancha rojiza y su maletín por eso camina y todo siempre continúa así

(poema inédito)

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Sofía Castañón Sofía Castañón (Xixón, 1983), filóloga, trabaja como realizadora en la productora Señor Paraguas. Ha publicado los poemarios “Animales interiores” (Premio Asturias Joven 2006), “Últimas cartas a Kansas” (Premio Pablo García Baena 2007), “La noche así” (2012), “La otra hija” (2013) y “Prohibido silbar” (Tenerife, 2014); y los cuadernos “La sombra de Peter Pan” (2009) y “Culpa de Pavlov” (Premio Jóvenes Creadores del Ayto. de Madrid). Es autora también de los poemarios en asturiano “Tiempu de render” (Premio Nené Losada 2009) y “Destruimientu del xardín” (2012). Ha sido becaria de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes en el año 2009-2010. Es una de las poetas Voz + Joven 2010 de La Casa Encendida. Ha dirigido la película documental Se dice poeta (2014). www.sofiacastanon.es

Si vuelvo a dar el pecho será algo entre esa criatura pequeña necesitada y mi cuerpo. Pero será además algo mío, tan mío como cualquier otro gesto de ofrenda libre y propia. Si vuelvo a dar el pecho retrataré los pezones y su agua blanca como me dejo retratar la sonrisa. Porque mi cuerpo es sonrisa en todas sus maneras cuando mi cuerpo quiere ser sonrisa. Si vuelvo a dar el pecho diré que doy dos pechos, hablaré de ello como quien habla de una apasionante novela cien veces al día sin que nadie tenga que decir otra vez con eso, qué pesada.

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Si vuelvo a dar el pecho no tendré miedo a que el pecho, el cuerpo, la leche, lo que se vierte de mí, eso que soy, no esté a la altura. Y no me sonrojaré al contar el extraño placer que produce alimentar un cuerpo caliente. Un placer tan animal que se opone feliz a ese mundo pastel de colores asépticos y toallitas. Si vuelvo a dar el pecho no pensaré en el día en que deje de hacerlo igual que cuando hago el amor no pienso en que un día ya no más. Si vuelvo a dar el pecho -y aunque no lo vuelva a hacerno me veré niña adulta ni adulta anciana ni niña nunca porque hace tiempo elegí los peldaños de la mitad de la escalera.

Cumpleaños Un inventario es la caja que esa anciana lleva entre las manos si es que has apresado el momento en una foto, porque los sonidos no se guardan. Cada grabación es la recreación de lo que sonó. [Sí, pienso el sonido como agua que se aleja] El oído entiende que todo dura poco. La cabeza, qué cabezota, es otra cosa. Inventariar el año. Inventariar los años. Durante el recuento van sonando canciones. ¿Cuánto hace que escuchas esa música? ¿Y si fuera el ruido continuo quien nos salvara de lo fugaz de todo esto? (poema inédito)

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Etel Adnan

Traducción: Teresa Soto Etel Adnan (Beirut 1925) estudió Filosofía en la Sorbonne de París. En 1955 emigró a Estados Unidos para realizar estudios de posgrado en UC Berkeley y Harvard. Fue profesora de filosofía en el Dominican College of San Rafael, California, entre 1958 y 1972. En 1972 regresó a Beirut y colaboró con Al Safa y L’Orient le Jour. Desde 1977 reside en Sausalito, California. www.eteladnan.com Teresa Soto (Oviedo, 1982) es autora de los libros de poemas Un poemario (Rialp, 2008, Premio Adonáis), Erosión en paisaje (Vaso Roto, 2011) y Nudos (Arrebato Libros, Madrid, 2013). Ha vivido en Estados Unidos, Italia, Egipto y Líbano. Actualmente reside en Madrid. Fue incluida en la antología de Antonio Jiménez Morato Poesía en mutación (Alpha Decay, 2011).

ETEL ADNAN, “THE INDIAN NEVER HAD A HORSE”, THE POSTAPOLLO PRESS, SAUSALITO, CALIFORNIA, 1985, 103 PP. I. The Indian never had a horse (pp. 3-9) La certeza del Espacio me llega a través del vuelo de los pájaros. Está gris afuera y hay un temblor: la palabra niebla pesa demasiado.

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El guardián del zoo envía su carta de amor a la alcaldesa de San Diego La leona en su leonera se desmayó en el Día de los Inocentes el hombre se colgó en su jaula. ** Una abeja se enamoró de una flor de melocotón. Shakespeare escribió una historia sobre ello. El sudor me corre por el cuerpo. Los cauces de los ríos están secos. Se nos olvidó lavarles los dientes a los indios antes de la matanza final. ¡Oh, qué perfecta la tarde! ** ¿Por qué el cielo es del color de la lejía? De su sangre brotó hierba verde y se usaron mesas de picnic para sus oraciones macabras. Cronkhite Beach se fue a China. Recogemos las piedras que quedaron y caminamos marcha atrás hasta la falda de la Sierra. ¿Dónde está la reina de Inglaterra? ** No hay barcas en el Río y la belleza del mundo deslumbra. Tres astronautas están de vuelta. En el jardín una hoja sola tiembla.

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Los montes son mejores que los elefantes y la Montaña es el último arrendajo. Rimbaud se adentró demasiado en Abisinia. Había demasiados volcanes en Adén. ** Mandó hacer un collar con los huesos de su madre porque los caballos venían de España. Se movía por el país como una espada. Rojo era su color, como el de la tierra. Mi sangre no era roja, ni tampoco mis ojos. Los gusanos son los únicos que no conocen la diferencia entre la luz del sol y la oscuridad. La sirena de niebla gime la pérdida del viento.

ETEL ADNAN, “FROM A TO Z, A POEM”, THE POST-APOLLO PRESS, SAUSALITO, CALIFORNIA, 1982. “From A to Z” consta de 26 poemas, escritos en abril de 1979, en Nueva York, tras el accidente nuclear de Three Mile Island. (Traducción de los siete primeros poemas) a ¿es es es que prefieres al cuervo y a la vaca a mí es decir: el lenguaje y la nube?

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b Abril es el mes más cruel y diciembre el más oscuro Se acabaron el East River y el cielo radiactivo Manhattan está amaneciendo en vez del SOL c Flores grandiosas están cayendo justo después de la lluvia Samuel Beckett bebe té a sorbos en la esquina de Wooster y Spring. d Alboroto uno y dos el alcalde está muerto desde el East End al West End los trenes están cayéndose a pedazos como hacía Marilyn Monroe.

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e Ronald tiene una escupidera la laguna tiene la luna entre las piernas jugando a la pelota. f Dos peniques en la alfombra hacen que una mujer se incline como un soldado volviendo de la guerra g Las habitaciones están llenas de ruido en estos días en que los ángeles se cubren los rostros con sangre ¿Si te dijese que te quiero te creerías que los aviones vuelan por la noche?

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Sara Morante Sara Morante estudió Artes Aplicadas en España y en Irlanda, y ha asistido a varios talleres de litografía de Don Herbert, en Arteleku (San Sebastián). Premio Euskadi de ilustración 2012 por La flor roja de V. Garshín. Recibió el Premio Nacional de Arte Joven, categoría ilustración del Gobierno de Cantabria en el año 2008, y sus trabajos han sido seleccionados y expuestos en el IV Premio Nacional de Litografía Ciudad de Gijón 09, Inmersiones 09 y Espacio Zuloa de Vitoria (ilustración ganadora del Good Shi(r)t 2010). Ha ilustrado los libros Diccionario de literatura para esnobs, de Fabrice Gaignault, Los Zapatos Rojos de H. C. Andersen, La Flor Roja de Vsévolod Garshín, Xingú de Edith Wharton, Señal de Raúl Vacas, Los Watson de Jane Austen y Casa de Muñecas de Patricia Esteban Erlés. Asimismo ha realizado diversas colaboraciones en prensa y publicidad, y comisarió la exposición de ilustradoras y escritoras alavesas Rara Avis, para la Diputación Foral de Álava. Acaba de publicar su primera novela: La vida de las paredes (Lumen, 2015). Seleccionamos algunos de sus dibujos. www.saramorante.com

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Soledad Córdoba Patricia Sánchez

Delirium II. Soledad Córdoba

Instalarse en las imágenes de Soledad Córodoba es aceptar inevitablemente vivir en su mundo inventado. En su obra, su cuerpo comienza siendo el cuerpo de la artista y va mutándose para ser un paisaje de naturaleza indómita, un sueño o el taller donde tiene lugar su acto de creación. El cuerpo de Soledad Córdoba nos señala perplejidad y asombro, dolor y mutación, silencio y preguntas, magia y muerte. Soledad Córdoba nos lanza preguntas, y se pregunta con su cuerpo, con sus universos fantásticos y con los elementos de la naturaleza. Con cada interrogante afirma al mismo tiempo su propia capacidad creadora. Hay algo terriblemente hipnótico y seductor en sus imágenes. A veces reconfortan y otras perturban, pero nos atraen y nos llevan al centro de ese universo propio del que sólo queremos saber más. A través de esta entrevista, hacemos un pequeño recorrido por su trabajo con ganas de acercar al lector de una forma más completa a la obra y a la artista. 40 · Blusa


En el Statement de tu página web descifras las claves de tu obra: “Con mi obra exploro los territorios de confusión donde confluyen las fronteras de la realidad y la ficción, lo comprensible y lo sobrenatural, lo bello y lo siniestro, lo conocido y lo extraño. También me inquieta la relación que tenemos con los elementos de la naturaleza y valoro lo fantástico como una forma de trascender a nuestro ser.” Todos estos elementos se manifiestan claramente en tu trabajo y me gustaría, si pudiésemos, irlos desmenuzando con estas preguntas. En la primera parte de tu obra (identifico Lacrima, Del cuerpo e Ingrávida, en total entre los años 1999 y 2005) el sujeto principal de tus fotografías es el cuerpo humano, un cuerpo de mujer, el tuyo, que con gesto casi impasible se ve alterado por diferentes agresiones. En Ingrávida, el arte, la imaginación, toma más protagonismo y se perfila como aquel lugar que, como decía Louise Bourgeoise, puede sanar. ¿Qué te lleva a tomar el autorretrato y a centrar tu obra en tu propio cuerpo como forma de expresión?, ¿qué reflexión haces en cuanto a la capacidad curativa del arte? El autorretrato comenzó en mi obra como una forma de utilizarme como soporte y objeto de diferentes acciones que describían procesos de transformación. En estas primeras obras estaba muy presente la búsqueda de la identidad de hecho era algo que me obsesionaba. Esta búsqueda no estaba encaminada a describir mis estados emocionales y físicos de forma literal o autobiográfica sino tratarlos de una forma más bien velada y críptica pues me interesaba plantear preguntas y conseguir una comunicación más amplia con el espectador a través de la evocación. Por otro lado, la utilización de mi imagen hacía más auténtica la acción. Inevitablemente esta idea de experimentar en mi propio cuerpo todas esas mutaciones o excrecencias respondía a un acto de catarsis, no sé si terapéutico o no pero sí a una pulsión. Blusa · 41

Después de Ingrávida, en Un lugar secreto (2006-2009) los mecanismos de la creación cobran más relevancia en tu obra al mismo tiempo que los elementos naturales surgen con fuerza en tus imágenes. El cuerpo quizás aparezca representado con una mayor carga de angustia y dolor. ¿A qué se debe este desplazamiento del protagonismo del cuerpo hacia la mente simbolizada en esos elementos naturales que ocupan buena parte de tus composiciones?, ¿hay alguna relación entre la expresión de dolor del cuerpo y la presencia emergente de la naturaleza en tu obra? A medida que iba trabajando sobre mi cuerpo las ramificaciones y protuberancias configuraban, sin ser del todo consiente, elementos que no pertenecían realmente al cuerpo sino añadidos inorgánicos que sugerían organicidad, me di cuenta que éstos se iban acercando hacia objetos pertenecientes al mundo natural. Es a partir de ahí desde donde me planteé la importancia de la naturaleza como un lugar, un nuevo espacio rico, bello e incluso perturbador. La necesidad de situarme a mí misma no ya únicamente como el sujeto de mi obra sino más bien como un protagonista ensoñado y atrapado en esa franja desdibujada y confusa que invita a transitar por lo real y lo inverosímil, lo bello y lo siniestro. Así mis imágenes empezaron a participar de lo fantástico al tiempo que en todas ellas subyacía la incertidumbre, lo doloroso e incluso la muerte de una forma enmascarada. En tu siguiente trabajo En el silencio (2009-2012), das un paso más y la naturaleza no sólo es el escenario de tu fotografía sino que también 
incide directamente sobre el cuerpo, amenazándolo o acompañándolo en su belleza. ¿Qué ha hecho que esta reflexión sobre la naturaleza y el cuerpo vaya asentándose en tu obra? De igual modo, vemos que la gama cromática de tu obra va dulcificándose en este punto, ¿a qué se debe? En estas obras se produce un cambio fundamental, dejo de ser definitivamente el sujeto y objeto principal para considerar el


paisaje y los espacios naturales como el cuerpo que contiene a ese sujeto. La naturaleza como contenedor y el ser humano como espectador. La naturaleza en su magnitud, indómita, bella que se expresa. De igual modo sigo en la línea de tratar a través de las imágenes los mecanismos del inconsciente y en este caso la naturaleza se observa como una vía para transcenderse a uno mismo y crear nuevas realidades. La creación de nuevas realidades es otro tema que he ido trabajando a lo largo de mi obra y creo que esto se debe a la capacidad que tiene el ser humano de crear e incluso de destruir. El ensueño, el sueño… ha sido otro de los hilos conductores en mi trabajo que no abandono pues desde este estado tenemos la capacidad de ser plenamente libres. La aparición de luz natural en estas obras ha sido esencial pues la luz es un elemento más que aporta en muchas de ellas una calma tensa. Es cierto que la gama se ha ido dulcificando y las imágenes tienen una intencionada clave alta aunque no por ello suaviza el contenido, mi intención es enfatizar en la poética de las imágenes. A lo largo de los años, la representación de tu cuerpo está muy presente en la mayor parte de tu obra, ¿qué buscas expresar con él?, ¿por qué el autorretrato?, ¿te ha interesado representar tu cuerpo como cuerpo de mujer? El cuerpo siempre ha estado presente a lo largo de mi obra, supone un espacio de reflexión al tiempo que su representación, es la reafirmación de que todo acto creativo parte de una experiencia y una asimilación. El cuerpo es lo que tenemos, éste es mi credo desde que creé mi primera obra con conciencia artística. Sobre el cuerpo, desde el cuerpo y en el cuerpo experimentamos nuestra existencia, para mí 
es la materia prima más amplia e inagotable con la que trabajar pues el cuerpo no tiene porqué estar presente para hablar de él y eso en definitiva es lo que hace que siga creando. Sé que al utilizar mi cuerpo como mujer inmediatamente me sitúo en el género porque como he dicho es lo que soy y lo que tengo.

Otra constante en tu obra es la presencia de lo onírico y el subconsciente. ¿De dónde surgen esos universos fantásticos, como sacados de un sueño, que se recogen en tus obras? Los mecanismos del subconsciente han sido otro de los temas que he tratado también a lo largo de mi obra. De hecho porque mi forma de crear parte de esos mecanismos, es decir que en un intento de reorganizar todo lo que he experimentado se presenta de repente una imagen. Considero mi investigación artística como un proceso, en este hecho procesual se van generando obras que son las que a su vez dirigen el propio proceso. Para mí es fundamental
 la observación de todo cuanto me rodea es una de las herramientas capitales para crear, cualquier elemento hasta lo más insignificante puede encerrar la clave de mi siguiente obra. Lo fantástico es algo que he tenido en cuenta, estos universos fantásticos aparecen por la necesidad de buscar la poética de la imagen y transitar en terrenos perturbadores de lo aparentemente normal. En tu último trabajo Limbo (2012-2014), el espacio de la creación, el taller, parece incluso reemplazar el espacio del artista, hay una voluntad de trasladar el peso emocional de la obra del cuerpo al espacio de la creación, ¿podrías contarnos cuál ha sido tu voluntad creadora en este caso? Del mismo modo, vemos algunos símbolos que nos hacen pensar en la muerte, como la presencia de un sudario negro, la calavera… ¿qué deseas transmitir al respecto? En Limbo me enfrento al acto de crear y de alguna forma me planteo la desaparición de mi imagen como parte de la obra, aparezco y desaparezco y en este juego de velar y desvelar está presente el estado de crisis. He creado siempre desde ese estado, es un estado productivo pues de ahí parte el autocuestionamiento, la reflexión y de esa búsqueda por entender qué es lo que sucede surgen las imágenes. Igualmente Limbo sigue proponiendo la idea de ensueño, sueño y sueño lúcido como ese estado para reflexionarse. 42 · Blusa


Las imágenes que creo tienen una clara intención poética y la poesía trabaja con unos mecanismos en los que se hilan muchos estímulos, sensaciones, experiencias y en sí mensajes que proponen un diálogo libre con el espectador. En la serie Atelier me centro en el acto de crear por parte del artista, es también un homenaje y una forma de situar el hecho de crear como un acto sagrado. El espacio del estudio se convierte en un santuario, un escenario que se va transformando, llenando y vaciando con objetos inertes (ramas, hojas, telas…) que me fui encontrando en mi estancia en París. En esta serie el artista es transmutado en el espacio del atelier y es a este cuerpo al que le suceden cosas, se transforma, sufre e incluso muere o duerme… La idea de muerte está presente en Limbo pero especialmente en la serie Delirium donde quise evidenciar ese hecho por medio de elementos muy claros como las calaveras, el pájaro moribundo o la danza macabra. Soledad Córdoba, a pesar de tu juventud, has sido reconocida por premios nacionales y expuesto en galerías internacionales de gran prestigio, ¿cómo ha influido en tu carrera el hecho de ser mujer? No sé si me ha influido o no, he ido poco a poco formando parte del circuito artístico. Es una carrera de fondo indistintamente para mujeres como para hombres. ¿Cuáles son tus referencias?, ¿alguna mujer? Mis referencias son variadas y proceden de varios campos el arte, el cine, la literatura y la música. Sí, tengo referencias de mujeres. En mis comienzos me sentí fascinada por la obra de Ana Mendieta y como ésta utilizaba el cuerpo, Helena Almeida, Francesca Woodman, también el arte feminista de los sesenta desde el que las mujeres reivindicaban más visibilidad y trabajaban con la autorrepresentación de su cuerpo, especialmente he admirado los Blusa · 43

trabajos de aquella época realizados por Marina Abramovic, Carolee Scheemann, Gina Pane… y muchas más. Defines tu arte como una exploración o una búsqueda, y asimismo la investigación académica ha supuesto una parte importante de tu trayectoria, ¿cómo se han comunicado estas dos facetas indagadoras? Mi tesis complementa alguna de las inquietudes dentro de mi investigación artística. El mundo académico deviene un poco distinto, de hecho, los mecanismos que utilizo para la creación artística son diferentes, a veces se complementan y otras divergen. La conciliación es parte de mi ejercicio diario y realmente mi trabajo académico como docente universitaria se alimenta claramente de mi experiencia y mi labor como artista. ¿Qué podemos esperar de Soledad Córdoba en el futuro? Sigo trabajando en mi obra, es mi pasión y mi forma de vivir.

www.soledadcordoba.com


Fr谩gil. Soledad C贸rdoba

Atelier V. Soledad C贸rdoba

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Creando I. Creando II. Creando III. Soledad C贸rdoba Blusa 路 45



En el silencio VI. Soledad C贸rdoba Blusa 路 47


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En el silencio XII Soledad C贸rdoba



Ingr谩vida I. Ingr谩vida II Soledad C贸rdoba Blusa 路 51



Ingr谩vida III. Ingr谩vida IV. Soledad C贸rdoba Blusa 路 53



Sibisse Rodríguez Sibisse Rodríguez nació en Oviedo, hace treinta y dos años y pico. Estudió Filología Hispánica en Asturias y Teoría Literaria en Madrid, escribió poemas y cuentos desde que sabe escribir y ha ganado algún que otro premio con ellos, como el Eugenio Carbajal de relatos con Bajo Cero o el premio de la Voz de Asturias de microrrelatos con Polvo negro, polvo blanco y también quedó finalista en el García Baena de poesía joven con el poemario Nanas para niños muertos. Ha colaborado en El Comercio, en el suplemento Cultura de La Nueva España y en el suplemento Brixel de Les Noticies. Dirige la revista Lunula del Ateneo Obrero de Gijón y la revista Enterarte de la Universidad Popular de Lorca. Ha participado en el grupo de teatro Sumergidos y también ha publicado el libro-juego de aventuras Las decisiones de Sandra y el cuento Dos perros en la antología La edad del óxido. Ahora vive en Lorca y está colaborando con el grupo de rol La Marca del Este en el testeo y la corrección de aventuras. www.estejardin.blogspot.fr

Sazura Cuando no podía dormir, cuando daba vueltas retorcida, fría o húmeda en la cama, siempre pensaba en el mismo cuento. Era un cuento triste, pero me ayudaba a conciliar el sueño. Aún me ayuda cuando lo demás no funciona, me calma y me arrulla como una joven mamá hermosa y tibia. Esta noche te lo voy a contar, no vaya a ser que un día tampoco tú puedas dormir, que también te fallen todos los recursos.

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Es el cuento de un pescador. No recuerdo su nombre. Recuerdo que iba pescar cada noche. No pescaba de día, pescaba sólo cuando la luna brillaba en el cielo, cuando todas las luces estaban apagadas, cuando el faro era la única lámpara que seguía encendida. Pescaba cuando todos los demás pescadores estaban durmiendo plácidamente junto a sus mujeres calientes y blanditas, después de un largo día de trabajo, después de que las manos les quedaran más duras que el día anterior y la piel más morena y la frente más arrugada. El pescador, al que llamaré para entenderme Juan, no quería salir con ellos y tampoco tenía ninguna mujer que lo atara o que le exigiera que regresase a casa por la noche. Juan decía que pescaba mucho mejor de noche, cuando todo estaba en silencio, cuando los peces no podían ver las redes y cuando el sonido de la caña era lo único que rompía la calma del mar. No era fácil su decisión, él lo sabía, pero tampoco habría querido plegarse a lo que hacían los otros, plegarse a la vida rutinaria, a los hijos chillones, a las charlas de plaza, a que los demás te preguntaran por tu vida, por tus planes, a tener que comparecer y dar respuestas. Él prefería la complicidad de la noche. Por supuesto que se sentía sólo ¿quién no habría de sentirse solo?, pero encontraba en esta soledad una certeza que nadie le podía quitar. De alguna manera creía que el resto de pescadores también estaba solo, pero que se engañaban a sí mismos. Y Juan no, no iba a engañarse, iba a enfrentarse con sus propios fantasmas cada noche, con la única compañía de las estrellas. Cada noche les hablaba a las estrellas, les contaba historias, tonterías que se le ocurrían día a día, les contaba lo que había comido y si los peces picaban esa noche o no. Les preguntaba cosas e incluso a veces se enfadaba porque no le contestaban. Juan ponía tanto fervor en todo lo que les decía que se quedaba horas enteras esperando la respuesta. Pero claro, la respuesta nunca llegaba. Las estrellas viven alejadas de todo lo humano, y es muy difícil de que algo de lo que le ocurra a un hombre --menos aún a un pobre pescador-- les interese. El trabajo de las estrellas es brillar, y con eso tienen suficiente. Muy pocas veces escuchan. Sin embargo alguna, de vez en cuando, lo hace. Más por curiosidad que por verdadera preocupación o empatía. Suelen ser estrellas jóvenes, inexpertas, que no se toman muy en serio su trabajo de brillar y se dedican a ver que ocurre en la tierra, con esos seres tan curiosos a los que pocas veces pueden ver, porque de noche cada uno va a su casa y las calles quedan desiertas y todo está en silencio.

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Había una estrella en especial, una que brillaba tanto que apenas tenía que esforzarse en brillar más. Era una estrella muy bonita, casi la primera que aparecía en la noche después de Venus. Se llamaba Sazura. De su nombre sí que me acuerdo, porque aún no he conocido a nadie que sepa olvidar el nombre de una estrella cuando lo conoce. Sazura se quedaba encandilada mirando a Juan. Todas las noches le escuchaba y le encantaba oír sus historias, sus cuentos, sus rutinas, la comida que había preparado o quién le había comprado los pescados esta vez. Sazura escuchaba en silencio, y cuando Juan reía Sazura reía con él y cuando Juan lloraba Sazura se ponía triste. Ella comprendía a ese hombre, comprendía por qué pescaba en las noches y comprendía por qué estaba solo. Muchas veces a ella le hubiera gustado contestar a todas las preguntas que Juan se hacía, pero guardaba silencio. Brillaba y guardaba silencio. Hasta que un día no pudo aguantarse más y cuando Juan preguntó, como tantas otras veces, “¿por qué me gusta estar solo?” ella no se contuvo y respondió: --No estás solo. Nunca estás solo. Yo estoy contigo. Juan al principio se asustó. no sabía de dónde venía aquella voz tan dulce, tan melodiosa, que era como un canto que le acariciaba por dentro.

-Tú, ¿quién eres tú?

-Soy Sazura, la estrella que está sobre tu cabeza.

Juan levantó la vista, sin poderse creer lo que estaba escuchando, y allí la vio. Más bonita y más brillante que todas las estrellas. También Sazura estaba sola, porque no formaba parte de ninguna constelación.

-Sazura, qué nombre tan bonito.

-Sí. Me temo que nunca lo olvidarás. Nadie se olvida del nombre de una estrella.

-Yo me llamo Juan.

-Lo sé. Sé que te llamas Juan. Me lo has dicho miles de veces. Y así siguieron hablando, y el pescador empezó a sentir calor dentro de su cuerpo y la noche le pareció cada vez más hermosa y... cuando el alba comenzó a despuntar en el horizonte y Sazura tuvo que irse a descansar y se iba apagando lentamente… Juan no podía contener las lágrimas.

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-No. No te vayas.


-Tengo que irme. El sol me quemaría con su luz si siguiera aquí. -¿Mañana volverás? -Mañana volveré.—rió Sazura.

Así que Juan se marchó también a descansar, pues había sido una noche intensa y necesitaba pensar en todo lo que le había ocurrido, pensar en Sazura, en su voz, en lo bonita que se veía su luz aquella noche, en las respuestas que por fin alguien (aunque fuera una estrella) le dio a sus preguntas. No quería dormirse, porque en el fondo temía que todo hubiera sido un sueño, que su imaginación le hubiera jugado una mala pasada y que la estrella no fuese más que su propio deseo hecho luz. Incluso llegó a temer olvidar el nombre de la estrella. Pensaba en la noche siguiente, y en que lo primero que haría sería llamar a Sazura, porque, de eso estaba seguro, ya no podría nunca más vivir sin ella. Pobre pescador. No sabe que lo más difícil de las estrellas no es recordar su nombre, sino precisamente olvidarse de él. Muchos lo han intentado y, hasta donde yo sé, nadie lo ha conseguido nunca. Ni siquiera en la vejez más decrépita, ni siquiera cuando el alzheimer o la demencia devoran todos los demás recuerdos y los viejos no son capaces ni siquiera de atarse el cordón de los zapatos o de reconocer a sus propios hijos. Cuando un hombre se mira al espejo y no es capaz de reconocerse, incluso en esos momento es capaz de pronunciar letra a letra el nombre de la estrella que, probablemente, sólo haya oído una vez, en medio de una noche, porque a alguna se le escapa de vez en cuando su nombre. El cuento sigue y es largo. Cuenta después cómo Juan iba cada noche a ver a Sazura y cómo hablaban y cada vez les costaba más despedirse durante las mañanas. Cuenta cómo se enamoraron y lo difícil que era para ambos hablar de este amor con nadie. Cuenta que las demás estrellas se reían de Sazura diciéndole que ya que se enamoraba de un hombre por lo menos podía haber elegido un príncipe o un noble, o al menos un gran artista --porque los artistas, decían, estás más cerca de nosotras— pero que en cambio había elegido a un pobre pescador, que no tenía más que una cabaña y un jergón de paja. Los pescadores también se reían de Juan. Decían que estaba loco, que cómo iba a enamorarse de una estrella, que tantas noches despierto le estaban haciendo mal a la cabeza y que sería mejor que se juntara a pescar con ellos a plena luz del sol o su mal ya no tendría remedio.

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Como imaginarás, esta historia es extensa. Unos no se enamoran en dos páginas. Fue después de muchas conversaciones y muchos silencios, después de canciones y miradas, y este amor se iba reafirmando con cada risa de los otros, con cada persona o estrella que se pusiera en contra. Así que llegó lo inevitable. Llegó un día en que Juan fue al pueblo, compró un anillo (el más bonito que se podía permitir con su escaso dinero), esperó a que llegara la noche, cogió su barca, remó hasta el lugar más tranquilo y hermoso, esperó a Sazura y, en cuanto la vio aparecer, se arrodilló y le pidió que se casara con él. Sazura le dijo que antes de darle una respuesta tenía que hacerle ella otra pregunta. -Por supuesto.—dijo Juan temblando de emoción.

-Bien. Mi pregunta es, ¿qué es lo que más te gusta de mí?

Juan se lo pensó un momento, porque había muchísimas cosas que le gustaban de Sazura y tenía que elegir con cuidado, porque de ello dependía la respuesta de la estrella.

-Tu brillo.

-Entonces sí. Me casaré contigo.

Y aquí me hubiera gustado que acabara el cuento, aquí cuando Sazura accede a la proposición de Juan y con los dos enamorados mirándose a años luz de distancia, con la luz de Sazura iluminando el anillo de compromiso y con la respuesta de Juan aún temblando en el aire. Pero no. No acaba aquí. Además si acabara aquí tampoco ayudaría mucho este cuento a conciliar el sueño. Por lo menos a mí no, porque habría algo que quedaría a medias, que estaría mal explicado, algo como roto, fragmentado, sin sentido, y nada me impide más el sueño como la falta de sentido. En cuanto pienso en algo que no me creo del todo tengo que darle vueltas hasta que cuadre, hasta que se complete. Y claro, así no hay quien se duerma. Decía que me hubiera gustado (al menos a esa parte de mí a la que le gustan los finales felices le hubiera gustado) que acabara ahí la historia. Pero el caso es que no acaba aquí y mi deber es contar las historias hasta el final.

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La vida de ellos fue feliz. Nadie podría atreverse a decir lo contrario. Él con su pesca, ella con su brillo incandescente y los dos con su amor inacabable. Él volvía pronto a casa para acostarse con ella, para penetrar su piel plateada y acariciar el límite del mundo en su cuerpo. Ella cantaba canciones en el idioma antiguo de los astros y le traía piedras maravillosas de los confines del Universo. Pasaron días y pasaron meses. Incluso me atrevería a afirmar que pasaron años en esta felicidad temblorosa pero segura que los embargaba. Se amaban tanto que daban ganas de llorar. Tanto se querían que él trataba de estar el mayor tiempo posible con ella, y ella trataba de atenuar su brillo para no desvelarlo. Vivir con una estrella no es fácil. Lo saben aquellos de vosotros que han vivido alguna vez con alguna. Por la noche su luz es más intensa que la del sol, pues si el sol no es más que una estrella que está muy lejos imaginaos la luz que puede dar tener un sol en la propia casa. Juan intentaba cerrar los ojos para conciliar el sueño de madrugada, pero los rayos de luz se colaban por entre sus párpados cerrados y herían su retina como dagas muy afiladas. -Te amo, mi vida, pero ¿no podrías brillar un poco menos?-- decía casi en un susurro. Y Sazura lo intentaba. Intentaba con todas sus fuerzas de apagar esa luz que le salía de dentro y que no sabía cómo controlar. Cada noche lo intentaba con más fuerza y cada noche su luz era más tenue, aunque al principio Juan no notaba demasiado la diferencia.

-¿Has dormido bien esta noche?-- preguntaba esperanzada.

-No he podido pegar ojo-- contestaba él con tristeza y el atisbo de enfado que nos invade cuando hemos dormido mal.

Y pasaban los días.

-Hoy sí, ¿verdad? Hoy he conseguido apagarme casi del todo.

-Querida, brillas tanto como ocho soles.-- Decía él besándole la frente.

Y seguían pasando. -¿Y esta mañana? He notado que has conseguido dormir un poco.

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-Sí, hoy un poco mejor, pero sigues brillando como siete soles. -Amor mío, no puedo dejar de brillar, lo siento tanto...-- sollozaba Sazura. -Y no quiero que dejes de brillar, cariño, sólo que bajes un poco tanta luz. Ya sabes, como en los días nublados. Yo puedo dormir en un día nublado.-- la consolaba Juan. Y así Sazura aprendió a brillar menos, un poco menos cada vez y cada vez Juan podía dormir más plácidamente. Le empezó a coger gusto a dormir por las noches, pues sentía el cuerpo tibio de ella, brillar como un nido de luciérnagas a su lado y eso le calmaba, y eso le hacía tener sueños bonitos y noches dulces y disfrutar de los placeres del amor cuando cantan los grillos y el viento mece las copas de los árboles. Ella se sentía orgullosa. Lo hacía feliz y eso también la hacía a ella ser feliz. Ahora se tomaba su esfuerzo para brillar menos en parte como una prueba de amor y en parte como un deporte. Cada noche quería superarse a sí misma. Cada noche buscaba apagarse un poco más, que él se quedara más tiempo tranquilo, descansando su aliento sobre el pelo de ella. Pero las estrellas no pueden dejar de brillar, por mucho que lo intenten, o al menos no pueden dejar de brillar sin consecuencias trágicas. Una madrugada, cuando Sazura tenía el brillo de una única luciérnaga aleteando perdida en la noche consiguió apagar de un soplo esta única luz que le quedaba. Juan se despertó inquieto. A su lado estaba un cuerpo rígido y frío. Era un cuerpo que ya no era de Sazura ni de nadie, porque estaba muerto. La estrella se había apagado por completo, y cuando una estrella se apaga, entonces muere. Por la noche vemos la luz de las estrellas que han muerto hace miles de años, porque la luz dura más que la propia estrella. Sin embargo la luz de Sazura ya no la verá nadie, pues se apagó segundos antes de que la estrella se muriese. Se apago quizás por amor, quizás por compasión o quizás por ignorancia. Puede que nunca lo sepamos. Juan nunca lo supo. Lloró desconsoladamente. Lloró como nunca antes había llorado, a gritos, sin apenas lágrimas pero con un ruido horrible en su garganta. Los barcos que pasaban junto a su casa volvieron a creer en Escila y Caribdis y en las sirenas y en las harpías cuando escucharon sus sollozos. Primero se culpó a sí mismo. Luego culpó a la injusticia del mundo. Más tarde culpó a la grandeza de su amor, pues un amor tan grande no podía durar para siempre. Después dejó de culpar a nadie.

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Metió el cuerpo sin vida de su amada en su barca y remó hasta que sus brazos se quedaron sin fuerza. Remó sin pensar en volver, invirtiendo toda su energía en llegar a las aguas más limpias y más profundas del océano. El mar estaba en calma, parecía como si el dios del mar también estuviera triste por la estrella que solía rielar sobre sus aguas, o al menos respetara el dolor inmenso del pescador. Allí, en silencio, Juan introdujo a la que había sido su estrella dentro del agua. En ese momento, el cuerpo de Sazura se deshizo. Juan vio cómo se convertía en medusas luminosas, en animales extraños que palpitaban como un corazón con una bombillita en su interior. No tenían, por supuesto, el brillo de las estrellas, su brillo era más bien el de las carreteras mal iluminadas o el de las velas, pero fue suficiente para que Juan pudiera ver su estela hasta el fondo del mar y para que sintiera que Sazura seguiría viva mientras las noctilucas (años más tarde un científico de la región les daría ese nombre) palpitaran en los más profundo del océano. Juan dejó de pescar. No quería herir el mar con sus anzuelos, pues el mar era ahora el hogar de su amada. Me gustaría deciros que murió de pena, o que se arrojó al mar y se perdió para siempre tratando de seguir la luz de las noctilucas, o que perdió la voz y se quedó triste y solo mirando al horizonte, pero lo cierto es que tuvo una vida bastante larga y razonablemente feliz. Le empezó a coger gusto al vino y cada noche iba a la taberna a beber unas copas, sólo para pasar el mal trago, sin llegar a emborracharse demasiado. Le empezó a coger cariño a la tabernera y ella a él. Lola era una mujerona amplia y alegre, que se movía con la ligereza de una mariposa pero que poseía la belleza de una ballena blanca. Primero se gastaban bromas, luego Juan empezó a quedarse hasta tarde en la taberna para estar a solas con ella, luego se hablaron a media voz y luego se buscaron las bocas. Así hasta que un día se casaron. Juan no le habló nunca de Sazura. De hecho no volvió a hablar de ella con nadie. Hasta tal punto se lo guardaba en secreto que él mismo empezó a pensar que había sido como un sueño muy largo o que lo había vivido en otra vida y no en esta que estaba viviendo. Si alguno de vosotros ha vivido alguna vez con una estrella lo sabe bien, que cuando pasan los años esa época no forma parte del pasado, sino de otra región a medio camino entre la fantasía y la realidad, una región que puede generar nostalgia a veces, pero que nunca duele. Sin embargo, a veces como si rezara el padrenuestro y a veces como si recordara una canción de la infancia, Juan repetía una y otra vez su nombre en voz baja: Sazura. Sazura. Sazura. Tal vez sea su nombre lo que me ayuda a conciliar el sueño, o el arrullo de las noctilucas, o el brillo incandescente en mi cama, un brillo que no se apaga nunca. Leandrero Dick

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Roxana Popelka Ha publicado los libros de poesía Ciudad del Norte (1989). Simplemente nada común (1991), y la antología de poesía Cumpleaños feliz, que reúne poemas desde 1989 a 2009 (2010). Poemas y relatos suyos han sido incluidos en numerosas antologías. Ha publicado el libro de relatos Tortugas acuáticas (Baile del Sol, 2006) y Tan lejos de Dios (Baile del Sol, 2014) así como la novela titulada Todo es mentira en la películas (Baile del Sol, 2009). Co-dirigió la revista literaria Lunula del Ateneo Obrero de Gijón. Actualmente colabora en las revistas Revista de letras, Diagonal y Culturamas de Madrid. Es codirectora y guionista de varios cortometrajes: La vida en un corto (2003), El aparcamiento (2005). Este último ha resultado ganador en la edición 2005 del Festival de Cine de Gijón (día de Asturias), y seleccionado en el festival de cine independiente de Canadá. 38 Toneladas: documental artístico sobre la desaparición de la escultura de Richard Serra, fue premiado por la Comunidad de Madrid, edición 2008. www.roxanapopelka.blogspot.com

La zanja Mi padre hubiera querido otro varón, como mi hermano, pero nací mujer. Nunca hemos hablado del asunto pero sé que las niñas le fastidian. Tiene prejuicios, eso es. Cree que todas llevan un lazo en el pelo, o prendedores con forma de corazón, y que les gusta el color rosa. También piensa que las niñas corren poco, que no son valientes. Pero yo no soy así. Siempre tuve claro que si no imitaba a mi hermano sería una carga para mi padre, me odiaría. Así que desde que tengo uso de razón repito instintivamente las hazañas de mi hermano; si hay que encaramarse hasta lo más alto de la rama de un árbol, trepo sin dudar. Cuando baja sin manos una cuesta en bicicleta, desciendo pegada a su lado. Si le da por cruzar el río embutido en unas botas de pescar, lo sigo, aunque la corriente me arrastre y no me permita avanzar.

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Mi atuendo está acorde con la situación; nada de faldas o vestidos que impidan la libertad de movimientos que necesito, ni de complementos ridículos tipo; bolsos de larga bandolera, diademas en el pelo, anillos o cualquier otro símbolo que pueda sugerir que soy una niña. Nunca he tenido muñecas, supondría una deshonra, aunque he de confesar que a veces observaba asombrada a otras niñas mientras pasaban horas jugando con ellas; cambiándoles los vestidos, o paseándolas en sus cochecitos. Precisamente usábamos esos trastos, mi hermano y yo, para subirnos encima y rodar por el angosto pasillo de nuestra casa. Con los años también he aprendido a orinar de pie. Al principio con bastante torpeza. Lo salpicaba todo, aunque después de mucha práctica soy capaz de abrir las piernas y meterme por entre la taza y controlar el chorro del pis desde que sale del conducto urinario hasta que cae justo en la taza del váter. Nadie lo sabe. Ni en el colegio, ni mi hermano. Ni siquiera mi padre. Cierro la puerta con pestillo y jamás permito que entren conmigo al aseo. Es un secreto. De cuando en cuando mi hermano se queda mirándome. Estoy hinchando la rueda de la bicicleta y me pregunta con su habitual ingenuidad mientras busca en el cajón alguna cinta de música para poner en su nuevo cassette:

-¿Por qué nunca traes a casa a tus amigas?

- No creo que quieran venir – respondo.

- Llámalas, si no lo haces nunca vendrán.

- No insistas, no me apetece, no quiero que nadie venga a casa, contesto impasible. No sabe qué decir, así que se levanta de la silla y escoge una cinta de la Creedence Clearwater Revival. Escucho atenta Suzie Q. Trato de tararear el estribillo de la canción. Ahora pone Put a Spell on you. No me importa. Cualquier tema del grupo me gusta. Lo dejo solo en la habitación mirando por la ventana, hay unos cuantos eucaliptus secos. En definitiva no hacía nada de lo que se suponía que debía de hacer una niña. Era libre, era feliz. Al menos eso pensaba, pero sobre todo tenía la completa certeza de que mi padre estaba orgullosa de mi. Contaba con su aprobación, con su confianza. Estaba claro que no era un varón, pero tampoco era una típica niña. Era algo indeterminado y caminaba con inocencia por los contornos de la imprecisión.

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Todo iba bien. Mi padre creía en mí, lo sé. Me valoraba por mi arrojo al tirarme de cabeza desde la roca más alta de aquella poza, o por saber conducir, aunque no tuviera edad para ello; me despertaba temprano, no había tráfico, todo despejado: “Bien, ahora para en esta cuesta, pon punto muerto, mete la primera y sal despacio, sin calar el coche”, decía cuando me llevaba a practicar. Quería que supiera conducir cuanto antes, decía que conducir era tan importante como saber leer, así que, aunque amedrentada, trataba de manejar lo mejor posible. Pero algo ocurrió y cambió el curso de los acontecimientos. Me veo con 14 años, me levanto de la cama, voy al cuarto de baño, descubro mis bragas manchadas de sangre, salgo corriendo a comprar, muerta de miedo, de vergüenza, un paquete de compresas. Es el final pienso, esto sí que es el final, me digo. Debo encarar la situación y decirle a mi padre: tengo la regla, se acabó. Pero no tengo valor. Dejo pasar los días y mientras lo voy pensando, mientras pienso cómo se lo voy a decir, cómo le voy a explicar todo aquello, mientras las cosas van asentándose en mi cabeza, tiro las compresas por el váter porque nadie tiene que enterarse de esto, aunque sea una tontería, para mí no lo es, y sigo tirando las compresas por el váter hasta que se atasca. Entonces mi padre me pregunta si sé por qué se ha atascado. Le miento, le digo que no sé nada, que no he tirado nada. El váter queda inutilizado. Tenemos que orinar en otro sitio. He montado un gran follón en casa, todo por las malditas compresas, por mi estúpido temor. Tenía que venirme la regla –pienso– justo en este momento. Bien, hasta cuándo querías prolongar el acontecimiento, me digo. Entonces veo a mi padre y a mi hermano, a los dos, cavar una zanja en el jardín para comprobar por qué se ha atascado el váter. Están haciendo un hoyo enorme, lo levantan todo. Levantan las baldosas, la acera y yo estoy horrorizada, estoy temblando, no quiero verlos. Voy a dar un paseo, a intentar distraerme. Vuelvo y oigo a mi padre que me llama. Tiene puestos los guantes de cavar porque está cavando la maldita zanja. De pronto veo cómo coge una compresa medio mojada, deshecha. La saca de la profundidad del agujero y la coloca frente a mis ojos, puedo verla con total precisión; está embarrada, ensangrentada. Me la enseña, no dice nada. Baja la cara. Es el final...

Todavía no sé cómo pude llegar a traspasar el límite.

*Relato publicado en el libro “Tortugas acuáticas”. Editorial Baile del Sol, 2006.

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Josefina Maravilla María Fernanda Ampuero

No.

ruina más de una vez a su familia por dejarse el dinero en empresas enloquecidas-.

No se lo hicieron fácil.

Josefina Carabias Sánchez Ocaña (Ávila, 1908-Madrid, 1980) era una niña brillantísima que no se iba a quedar tan tranquila con leer, escribir y contar, es decir, con lo justito para Pero mírala ahí, en París, o mírala ser, como su padre graznaba, buena mujer y allá, en Washington, en sus tiempos como buena madre. Así que tuvo un cómplice: su corresponsal. Mírala escribiendo sobre la Liga de Fútbol -¿una señora?- o mandando artículos primo Eduardo que la ayudó a matricularse a escondidas para terminar el bachillerato. Y sobre la II Guerra Mundial para periódicos un modelo: su madre, Carmen, era quien en argentinos con una niña colgando de la teta. realidad llevaba las riendas de la economía de Mírala, en serio, mírala, huyendo a un exilio negro con el marido preso en alguna cárcel de la casa y salvaba a la familia del hundimiento España, volviendo a ese país que ahora era de cotidiano tras las descabelladas inversiones del padre, sobre todo en el mundo de los toros y de Franco y no suyo, reinventándose, otra vez. los caballos. Y dime, dime, si no te maravilla. Josefina, como suelen hacer las chicas que quieren salvarse de los padres que graznan ¿Quién se hubiera imaginado que el buena madre, buena mujer, se marchó a padre era uno de esos señores que decía que las mujeres no debían estudiar más de la cuenta Madrid –adiós, pueblo odioso, odiado, adiós-, donde se instaló en la Residencia de Estudiantes -y qué significaría más de la cuenta en esa cabeza obtusa de hombre que casi lleva a la y se inscribió en Derecho y se pateó las calles

¿Y a qué mujer se lo hacen fácil?

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y se encontró con Pío Baroja y Valle Inclán y fue, suponemos, todo lo feliz que se puede ser cuando una es joven y está haciendo lo que ha soñado, en la ciudad donde lo ha soñado. Al poco tiempo, esta morena de cejas perfiladas, pelo corto, ondas al agua, labios muy oscuros, o sea, a la moda de la época, se involucró con la intelectualidad madrileña que se reunía en El Ateneo. Empezó a escribir en la revista Estampa que entonces era de un primo suyo, Vicente Sánchez Ocaña. En una foto de ese entonces se la ve toda de negro, camisa manga corta y pantalón largo. Josefina Carabias Lleva una corbata negra con blanco, estampada y una mano, la izquierda, dentro del bolsillo del pantalón. Mira fijo a la cámara, no se sabe si Josefina sobrevivió gracias a las crónicas que está a punto de reír o de dejar de hacerlo. enviaba a medios argentinos desde París. En esa foto, Josefina es la mujer más molona del planeta.

Reinventarse no es fácil y menos cuando en tu país hay un dictador. Josefina volvió a España, pero ya no podía escribir de casi nada Poco después demostró que lo era. de lo que ella solía escribir. Bah, ni siquiera Hizo una de las entrevistas más famosas de se lo permitían, su filiación republicana era entonces, una que fue comentada en los pasillos visible desde cualquier parte como el sol. Así jurídicos y políticos de todo el país. Se trataba que en un periódico, Informaciones, tuvieron de una mujer, Josefina que tenía 23 años, la genial idea de ponerla a escribir de fútbol entrevistando a otra mujer, Victoria Kent Siano, -¿para cansarla?-. Hizo unas crónicas con tanta jurista malagueña que el día que fue nombrada chispa, tan suyas, que se compilaron en un libro Directora de Instituciones Penitenciarias. Era llamado La mujer en el fútbol. 1931. Eran dos mujeres. Casi nada. Si a alguien se le puede llamar pionera Luego de esa entrevista, la joven Josefina en el periodismo español es a esta mujer. Carabias fue imparable. Escribía, además de en Estampa, en La Voz, Crónica, Mundo Gráfico. No sólo fue la primera mujer periodista Hizo cosas interesantísimas –y otras no tanto- en en escribir sobre fútbol, sino que ganó los periodismo: se infiltró en un hotel madrileño premios Luca de Tena y Mariano de Cavia y durante ocho días para contar cómo era además durante un régimen que no la quería y trabajar en él, cubrió concursos de misses –era viceversa. Además, tanto se echaba de menos mujer-, pero también escribió sobre política y su tono, su riesgo, su búsqueda de sabueso en todos los temas que cayeran en su escritorio. política que Informaciones decidió mandarla de corresponsal a Washington para que, al menos, Todo iba bien. desde allá vuelva a escribir como ella, vamos, que deje el fútbol. Josefina se enamoró y se casó con José Rico Godoy y tres años después tuvo una hija, Josefina Carabias prácticamente murió ¿les suena?, la escritora Carmen Rico-Godoy, en la redacción. Hay una foto suya, muy pero llegó el año feo, el 36, y la familia, sonriente, muy de pie, muy parecida a la republicana hasta las trancas, tuvo que exiliarse chiquilla de negro y corbata, en 1980, el año de en Francia. En un viaje a España en 1939, José su muerte. Está junto a Santiago Carrillo y, por Rico Godoy fue encarcelado y no lo dejaron en la expresión que tiene en la cara, parece que libertad hasta 1943. Durante esos tiempos, tiene ganas de entrevistarlo. Blusa · 67


Tormenta con aparato eléctrico. Fakuta Silvia Terrón

Foto: Carlos Molina

Que la escena pop en Chile está en plena forma no es ninguna noticia. Javiera Mena, Dënver, o Álex Anwandter lo atestiguan. Fakuta deja su impronta con un pop electrónico en el que música y letra son indivisibles. Más que canciones son historias, pero historias que sólo se pueden escuchar y vivir bailándolas. En el tiempo transcurrido entre “Al Vuelo” (Michita Rex, 2011) y “Tormenta solar” (Quemasucabeza, 2014), Pamela, que hace ya muchos años que responde al nombre inventado de Fakuta, ha profundizado en las fuerzas que atraen y asustan a la vez y que todos llevamos dentro. Una lección de cómo apropiarse de palabras y ritmo para encontrar, compartir y disfrutar un lugar en el mundo. 68 · Blusa


¿Necesitas estar o crear un espacio determinado para que tu música surja o tenga presencia? ¿Cómo de distintos son esos espacios cuando creas y cuando estás en un escenario? Necesito un espacio íntimo para componer. De hecho, en mi casa tengo un micro estudio, es casi del tamaño de un closet. Lo veo como mi propia cápsula espacial porque ahí estoy rodeada de mis teclados, mis máquinas y mi computador y todo se comienza a armar ante mí, como si fuese una ampliación de mi mente, no necesito más espacio que ése. Y cuando estoy en el escenario es el otro extremo del proceso: es cuando la idea ha crecido y crecido y ya está terminada o está a punto de terminar, porque quizás termina cuando llega al oyente que está frente a mí. Entonces ese gran espacio también es como la expansión de mi mente. Ahora estoy en pleno proceso de aprendizaje para dominar ese espacio. Eres también arquitecta. ¿Qué paralelismos ves entre ambas profesiones, entre la creatividad y la necesidad para encontrar una estructura para la misma, sea en un edificio o en una canción? Muchos, lo que dices: las estructuras; también el trabajo de texturas. Es muy parecido también el trabajo de construcción, por ejemplo hay que comenzar por la obra gruesa, pero el trabajo más largo es el de los detalles. Creo que me decidí a hacer música en serio durante la universidad. Antes de los 18 yo era puro instinto musical, pura inspiración y me dejaba llevar mucho por las sensaciones. Por esto disfrutaba demasiado de tocar con amigos, pero sola me sentía muy insegura de poder hacer canciones, por ejemplo. Después de aprender a proyectar en arquitectura pude también aprender a proyectar la música y así ordenar mis ideas y aprender a controlar lo que quería hacer, a dirigir y conceptualizar y a lograr muchos niveles de detalles. Las canciones son edificios fantásticos, porque logras emocionar a las personas y nadie resulta herido durante un terremoto, por ejemplo. Blusa · 69

Los nombres crean un contexto, un espacio de acción. ¿Hay algo que te permita hacer el nombre de Fakuta que Pamela no haría nunca? Creo que he escuchado mi nombre demasiado en situaciones como la notaría, el banco, la lista de la clase en el colegio y siempre me pareció demasiado impersonal. Fakuta es una palabra que yo inventé y que no tiene significado, entonces es como una hoja en blanco para ser llenada y de la cual me puedo apropiar. Me pareció buena idea usar esta palabra justamente porque no tenía ninguna carga detrás ni poética ni histórica, sólo podía haber futuro con ella. Entonces sí, quizás me permite alejarme de la humanidad de mi otro nombre, pero tampoco lo veo como una doble identidad. Es un apodo que he usado en la cuenta de hotmail y fotolog desde comienzos de los dosmiles, y la gente me conocía así también desde antes de mi música, así que igual ya está bien humanizado. Tus letras tienen una presencia literaria, sumerges al que escucha no sólo en la música, sino en la historia, en lo que estás contando. ¿Cómo es tu proceso de escritura? Al principio no sabía mucho lo que hacía. Cuando era más chica me gustaba escribir cuentos y supongo que tengo una fuerte vocación por entretener, pero para escribir las letras de mis canciones no tenía referentes de lo que debía hacer. Sólo sabía que tenía que ser sincera y así partieron las primeras canciones, contando emociones muy profundas que tenía, a veces de manera más directa y otras usando más metáforas porque ni yo misma podía descifrar bien qué sentía, a veces es así. Ahora me siento más consciente en cuanto a escribir letras. No sé si lo haré mejor, pero me doy cuenta de que comunicar algo es un asunto poderoso y espero algún día entregar un contenido importante. Por ahora soy muy feliz de que puedan sumergirse en mis historias. Lo que sí es cierto es que para mí la escritura de letras tiene que ser simultánea a la creación de las melodías y a la composición: es cuando se logra el impulso de manera más perfecta para decir o cantar algo.


Foto: Jon Jacobsen


Hablas de una “lucha con las cosas”, de cómo se puede conectar con el mundo a través de la música y el baile mucho mejor que a través de aquello que nos cuentan, que muchas veces no es real, o la necesidad de que sean ciertas las cosas que inventamos como manera de construir nuestra realidad. ¿Cuál es tu forma de resistencia frente a “esta máquina que nos quiere atrapar” de la que hablas en “Fugitivos”? ¿Qué hay en los cimientos de aquel lugar donde encuentras tu pertenencia? Uf, creo que soy una desadaptada desde siempre y por eso mis canciones hacen una crítica que, para mí, es a la sociedad, o a la adultez, o a lo que está predeterminado. No me gustan las predeterminaciones, me gusta partir de cero, pensar desde cero. Y quizás los cimientos son esos, quizás los estoy construyendo recién y mi lugar de pertenencia lo sabré en algún futuro. No me preocupa descubrirlo tan pronto, me gusta disfrutar el proceso. Hablas de tormentas en varios temas del último disco. ¿Crees que es el fenómeno natural que mejor define el momento presente? Quería que el disco representara una fuerza descontrolada y gigante. Hablo de muchos fenómenos, de la naturaleza y de los animales, hay un anhelo de volver a ser un poco más como ellos, un poco más salvajes. También hablo del mar, que me parece infinito, hermoso y terrorífico a veces, y las tormentas lo mismo, me gustan pero me asustan y esa fuerza está escondida en todas las personas y en las mujeres un montón, un poder que puede llegar a asustar. En el disco está todo el tiempo el ánimo de sacar eso a flote, de dejar que esas fuerzas aparezcan, que salgan, que ardan, que eso se sienta en la música también, que te haga moverte y bailar. No sé si estos fenómenos definan el momento presente, quizás nos definen como parte de la naturaleza y puede ser esta energía la que debamos invocar para hacer cambios importantes en nuestras vidas o en el planeta tierra. Blusa · 71

El proyecto de Fakuta empezó como autogestión, con el sello Michita Rex. ¿Qué has aprendido en el proceso que te gustaría que alguien te hubiera contado al principio? Soy mala para arrepentirme del pasado. Como dije antes me gusta disfrutar el proceso y estoy muy contenta de cómo se han dado las cosas, de a poco, sin perderme pasos. He aprendido a ser más profesional en estos últimos años, ensayar más, preocuparme más de los detalles, a ser más puntual y a ser el jefe de mi pyme. Quizás esto último alguien me lo podría haber explicado mejor antes (!), pero los aprendizajes han llegan en su momento justo. ¿Cómo ha sido tu experiencia como mujer solista en la escena musical chilena? ¿Qué ha cambiado entre “Al vuelo” y “Tormenta solar”? Por una parte pienso que ser solista acá ya está súper instaurado, pero ahora hay un regreso a tener bandas igual, porque en un momento casi todo el mundo era solista. Por otra parte lo de ser mujer siempre es un tema, cuesta bastante más que te tomen en serio cuando eres mujer. Si eres hombre es automático, haces tu asunto y punto. Si eres mujer pasas por un montón de evaluaciones, partiendo de lo más superficial a lo más profundo, pero cuesta igual que lleguen a la evaluación de lo fundamental, que es la música, y creo que esto no es sólo en Chile. No me quejo tanto, porque actualmente hay muchos fans para la música chilena y cada día menos trolls, pero aún siento que cuesta dejar de ser un objeto visual y pasar a ser una creadora para el resto de las personas, creo que es difícilmente lo primero que piensan. En cuanto al proceso de los discos, en “Al Vuelo”, como era un disco más sutil, quedó mucho esta imagen de dulzura (quizás por lo rosado del disco sumado a mi voz de caricatura) y creo que en la realidad estoy muy lejos de eso (risas). Bueno, el rosado me gusta y quería ser descarada al usarlo en ese disco, pero realmente hay más aristas en mi personalidad y en mis canciones, algunas más oscuras y más raras y que en realidad también representan mi cotidianidad. Amo el humor y sobre todo el humor negro, amo las películas de terror, amo


a John Waters y soy fan de las personalidades borderline. Sentía que había que explorar más por ese lado. “Tormenta Solar” va más hacia eso también. ¿Con qué músicos te gustaría colaborar en el futuro? Sería bueno instalar algunas amistades por España para ver si salen colaboraciones con algunos músicos de allá, me gusta mucho todo lo del sello Austrohúngaro y podría ser con alguna de sus bandas, amo el disco de SINGLE, también Hidrogenesse. Me gusta también Elsa de Alfonso y SVPER. Hay que ver si resulta. Por ahora tenemos planes con Coiffeur de seguir haciendo cosas juntos, es un aprendizaje muy grande poder juntarnos, ponernos al día en lo que hemos estado escuchando e intentar aprender las nuevas tecnologías. Somos unos nerds. ¿Hay algún sueño musical que ya se haya hecho realidad? ¡Tocar en el Primavera Sound es un mega sueño que está por cumplirse! Y bueno, en

general poder viajar a lugares lejanos para presentar mi música y lograr conexión con personas que viven tan lejos de mi realidad, es un sueño que se está haciendo varias veces realidad. Es bonito sembrar por internet y llegar a cosechar a los lugares reales. ¿Qué mujeres consideras como tus referentes o te inspiran y por qué? Siempre son músicos: a Rita Lee la admiro un montón, creo que todo lo que ha hecho en su vida lo ha hecho con humor, es una reina para mí, del humor y de la sensualidad. También admiro a Dolly Parton. Amo la emotividad de los artistas de country a pesar de que no sigo el estilo, y ella es una compositora inmensa. Creo que se merece mucho más reconocimiento de lo que ya tiene en la historia de la música pop. Y Violeta Parra, una adelantada para su tiempo como mujer en Chile, una compositora genial y sin igual.

Foto: Jon Jacobsen 72 · Blusa


En este 2015, ¿a quién deberíamos estar escuchando, leyendo o viendo? El último disco de Roisin Murphy “Hairless Toys”, nada de lo que ella haga nunca podría estar mal. Es una futurista y quisiera ser su amiga. Hace poco pude leer “Mano de Obra” de Diamela Eltit, una escritora chilena. El libro es una cruda metáfora del pensamiento mercantil de esta era, estuve muy de acuerdo. Y películas he visto muchas últimamente, pero no ve viene a la cabeza ninguna para recomendar ahora. Así que recomendaré mi favorita de Darío Argento, “Phenomena”, porque sale un orangután.

*Fakuta actuó por primera vez en España el 28 de mayo en el Festival Primavera Sound. www.fakuta.cl

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Aloma Rodríguez

Ensayo general Conforme se aproximaba la fecha probable de parto, las llamadas aumentaban: familiares y amigos se interesaban: “¿todavía nada?” era la pregunta retórica con la que empezaban casi todas las conversaciones. Nadie tenía más ganas que yo de dejar de estar embarazada (quería recuperar mis rodillas, poder ponerme zapatos de mi número y dejar de sudar al más mínimo esfuerzo) y me molestaba la recurrencia de la pregunta, como si fuera decisión mía ponerme de parto y cumplir estrictamente con la fecha marcada por la ginecóloga o como si en caso de que me pusiera de parto fuera a ocultarlo. El día en que salía de cuentas metí un plátano en la bolsa de tela y fui en metro hasta el hospital: tenía cita en monitores. Pasaría una hora conectada a un aparato que mediría la frecuencia cardiaca del feto y buscaría signos de que el parto se acercaba (lo que llaman dinámica uterina). El plátano era porque si el feto no se movía, habría que estimularlo comiendo algo: prefería un plátano a un sobre de azúcar. Tumbada en la camilla leía y bebía agua. Al otro lado de la cortina, diferentes embarazadas comentaban diferentes contratiempos a lo largo de sus diferentes embarazos. Casi todos disparaban mis peores pesadillas. Me esforcé por no escuchar. El feto se movió y todo estaba bien, aunque seguía tranquilo. Salí algo enfadada: la enfermera me había dicho que no tenía pinta de que me fuera a poner de parto y me dio cita para una semana después, el 15 de mayo. Como era fiesta en Madrid, me explicó la chica de recepción, lo mejor era que ingresara por urgencias.

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Una semana después, mi novio, mi enorme panza y yo entramos en urgencias: era como un ensayo general. En la ventanilla expliqué que no estaba de parto, no tenía contracciones, solo venía a mi cita de monitores. Les conté con extremada delicadeza lo que me había explicado la chica de recepción una semana antes, con ese tono suave que he perfeccionado a lo largo de los años cuando tengo que pedirle a un profesional que haga algo que tal vez no siga el protocolo. Me dieron una pulsera con mi nombre impreso y la fecha. Un celador simpático hasta el agotamiento nos guió hasta el ascensor y nos acompañó 
en el trayecto. Tenía el pelo rubio y lacio y hacía bromas todo el rato. Iba a entrar en la sala de monitores en la que entraría el día que me pusiera de parto. Me tumbé en una camilla. Me pasaron la cinta alrededor de la barriga, divida por una enorme cicatriz que no había dejado de estirarse y alargarse. En la sala vacía se oía el latido del feto: los corazones de los futuros bebés van sorprendentemente rápido; como un tren o un caballo al galope. Nos dejaron ahí a mi novio y a mí. Aprovechamos para grabar un vídeo en el que salgo con los labios hinchadísimos, el pelo con más volumen del que he tenido nunca y un color sonrosado en las mejillas; los beneficios de la progesterona. Un rato después, estaba sentada al lado de la ginecóloga, las dos frente a una pantalla de ordenador: me estaba dando cita para inducirme el parto dos días después. Me explicaba el proceso: primero la prostaglandina, que iniciaría la dilatación, y si todo iba bien, 12 horas después empezarían las contracciones. Cuando le pregunté si había que esperar a llegar a los 5 centímetros de dilatación para poner la epidural, se rio. Me dijo que era evidente que no había tenido contracciones y que se ponía en cuanto se podía, si yo la pedía. Estaba aterrada. Le pregunté si podía hacer algo para ponerme de parto. No me atreví a decirle que ya había hecho algunas cosas que según mi madre y la leyenda urbana inducían el parto, como limpiar los cristales. Me miró la barriga antes de responder. Mientras tecleaba mis apellidos me dijo: “mantener relaciones sexuales”. Miré a mi novio. Me sonrió. Luego escuchamos la explicación científica de por qué follar provoca el parto. En la calle hacía demasiado calor para mí: estaba enfadada, no tenía ropa de verano que ponerme, pesaba demasiado, y no podía hacer nada para acelerar las cosas, excepto follar y andar. Y ninguna me apetecía demasiado. Mi novio llevaba la bolsa con la botella de agua y trataba de calmarme. “Esta tarde nos vamos a pasear, Alomi”, me decía. Nos cruzamos con el enésimo amigo. Señaló mi barriga mientras decía: “¿ya debes de estar a punto?”. “Eso espero”, respondí. Luego, seguimos caminando hasta nuestra casa. Cuando mi novio me preguntó qué quería comer, ya tenía en la cabeza una lista de las posturas más cómodas para seguir el consejo de la ginecóloga.

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La importancia de interesarse por el feminismo islámico Agustín Galli

Es verdad, el título es casi una provocación. O una invitación, o un pedido, o, porqué no, una advertencia. Esta sección tiene la oportunidad de entrevistar a una mujer que representa algo distinto. Un feminismo que busca otra cosa, y que pone en discusión ciertas certitumbres del feminismo “occidental”. Por eso creí que además de hacer como de costumbre, una introducción sobre la socióloga iraquí y francesa, como ella misma se define, había que decir algo sobre el feminismo islámico. Más allá de presentar sus escritos, y un libro que causó bastante revuelo en Francia, editado por Zahra Ali, titulado Féminismes islamiques (Feminismos islámicos). El feminismo islámico, o los feminismos islámicos dada su variedad, es polémico, y es materia de discusión, no solo para las feministas tradicionales, sino también para muchas mujeres musulmanas que consideran una innovación “feminizar” el islam, una de las tres grandes religiones monoteístas. Y que además, tiene contradicciones, quizás producto de su corta vida. Pero no por eso deja de ser interesante, tanto en su construcción como en sus objetivos y discusión de un feminismo que muchas veces tiende a convertirse en una forma de pensamiento único. El islam y la mujer musulmana siempre fueron materia de fascinación y rechazo por parte de nuestro occidente triunfal. Desde el arte orientalista de principios del siglo XIX, con el célebre pintor francés Eugène Delacroix como uno de sus máximos exponentes, que reflejaba esa mujer/ harén oriental que mostraba una imagen llena de sensualidad y sexualidad, hasta la mujer/velo que genera rechazo en amplios sectores de la sociedades occidentales dieron acogida a cientos de inmigrantes musulmanes. El islam sigue siendo fascinante en un sentido amplio y las mujeres musulmanas su mayor objeto de deseo y rechazo. 76 · Blusa


El feminismo islámico se construyó a principios de los años 1990 a imagen y semejanza de lo que ocurrió con el feminismo negro (black feminism) en los Estados Unidos en los años 1970 o con el trabajo del fundador de la Sri Lankesa Kumari Jayawardena Feminismo y nacionalismo en el tercer mundo (Feminism and Nationalism in the Third World) que hacía hincapié en que no solo existían diferentes feminismos, sino también diferentes mujeres, diferentes contextos, diferentes clases sociales, religiones, etc. Así el feminismo “occidental” (entre comillas, ya que no es necesariamente lo mismo el feminismo en Francia, España o Estados Unidos) es también en estas ópticas una forma de imperialismo, forzando a la(s) mujer(es) a buscar una forma única de liberación y búsqueda de la igualdad. El feminismo islámico inició entonces diferentes caminos, uno de los cuales fue revisar las fuentes del islam, el Corán como los dichos del Profeta Mahoma (los hadiths en árabe), el derecho musulmán (el fiqh en árabe), un trabajo fascinante y que denunciaba el carácter machista de la construcción de la tradición musulmana. Parte del hecho de que el islam es una religión que promueve igualdad entre los géneros, que luego fue malinterpretado, manipulado y utilizado por sociedades paternalistas, más allá del hecho de que esta nueva religión impuso reglas nuevas que sí mejoraron la suerte de las mujeres en sociedades mayormente nómadas, como uno puede observar en las sociedades preislámicas. Algunas de sus más célebres representantes fueron y son autoras como Leila Ahmed, Margot Badran o Amina Wadud, así los trabajos de la marroquí Fatima Mernissi, aunque esta última no se considera feminista islámica. Además surgieron en esta misma década movimientos feministas musulmanes en diferentes países musulmanes, como el caso de la Revista Zanan en Irán, el grupo Sisters in Islam o el movimiento Musawah (igualdad en árabe) en Malasia (ver sus sitios en inglés http://www.sistersinislam.org.my y www.musawah.org), o el portal de Facebook islamic feminism, que contiene material interesante sobre dicho movimiento, y que buscan mostrar que el islam no discrimina a las mujeres, dando diferentes herramientas a las mujeres musulmanas. Las mujeres musulmanas no son todas iguales. Y sus historias están escritas por diferencias lingüísticas, étnicas, históricas, geográficas, e incluso por la forma que tomó el islam en cada contexto. No es lo mismo el islam en Mali, Indonesia, en el Líbano o India, como no lo es el cristianismo o el judaísmo en diferentes países del mundo. Y estas mujeres musulmanas también han cambiado. Si vamos a la literatura, basta con ver la representación de la mujer egipcia a principios del siglo XX en las novelas del gran escritor Naguib Mahfouz y la imagen de las mismas en las novelas de la literatura árabe contemporánea, en autores como Alaa AlAswany, Khaled Al-Khamisi o Nihad Sirees, entre muchísimos otros. Aquí vemos mujeres que tienen una presencia realen la esfera pública, ocupándolo, apropiándoselo y pasando por problemáticas modernas. Pero volvamos al feminismo islámico. Es a finales del siglo XIX cuando el mundo árabe y musulmán entra en ebullición y en discusión con el choque producido por el imperialismo europeo. Las mujeres no fueron la excepción, y menos aún el feminismo. Es Egipto sin duda uno de los países pioneros en poner en el tapete la liberación de las mujeres como un eje esencial de la entrada a la modernidad de las sociedades arabo-musulmanas. Así se formaron grupos feministas en diferentes países musulmanes, a imagen y semejanza de movimientos feministas en otros lugares del mundo. Pero a raíz de la crisis de los países musulmanes en todos los sistemas sociales, son muchas las cuestiones que se pusieron en discusión, y una de estas es la cuestión femenina/feminista. Dejar de lado la copia de los modelos occidentales y buscar su propio desarrollo. El feminismo islámico es precisamente eso. Podemos poner en discusión que se deje de lado el universalismo del feminismo occidental, pero también el feminismo occidental peca de reduccionismo en su visión de la mujer: la mujer no es un individuo homogéneo, sino que por el contrario está atravesada por cuestiones de clase social, étnicas, y cientos de etcéteras. Probablemente el feminismo con adjetivos y con muchas “s” finales sea el futuro del feminismo. Blusa · 77


¿Cuáles son, en su opinión, los principales obstáculos a la libertad femenina en los países árabes y musulmanes?

Zahra Ali

Entrevista a Zahra Ali Zahra Ali es una joven socióloga francesa de origen iraquí, que trabaja sobre el feminismo en Iraq tras la invasión estadounidense en 2003. Sus artículos nos muestran su militancia y su compromiso con la causa feminista. Es verdad que desde un punto de vista distinto al feminismo occidental, pero que plantea cuestiones tanto desde el punto de vista teórico, como desde el epistemológico y el histórico —que muchas veces las mujeres occidentales pierden de vista. Y en esta pérdida de vista se deja fuera de la discusión y de la problemática feminista/femenina a tres cuartas partes de las mujeres en el mundo: musulmanas, budistas, hinduistas, cristianas, no blancas, etc… que consideran al feminismo clásico como un entramado colonizador. Punto de partida de una larga discusión que empieza con Zahra Ali. Entre otras… inshaallah! Antes de comenzar la entrevista nos gustaría saber quién eres. Estoy terminando actualmente una tesis en sociología en la Universidad EHESS (Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en Lengua Española) que se trata de la militancia política de las mujeres en Iraq tras la invasión estadounidense. Además yo soy iraquí y francesa, militante altermundialista, antirracista y feminista musulmana.

En todas partes las mujeres se enfrentan a discriminaciones, formas de desigualdad en el trato y en los múltiples derechos. Es fundamental comenzar hablando en plural, es decir, que las sociedades donde las poblaciones son mayoritariamente musulmanes son diversas: entre Marruecos, Malasia, Iraq, Arabia Saudita y Mauritania, hay diferencias sociológicas, económicas y culturales de importancia. Un punto de partida es hacer este esfuerzo de distinción y dar cuenta de la diversidad política, cultural, social, religiosa y étnica de las sociedades donde la población es mayoritariamente musulmana. Una vez que ya tomamos en cuenta este comienzo, no podemos entonces pensar estos espacios geográficos de manera homogénea. No podemos reducir a un único factor los obstáculos a las libertades de las mujeres. Así, hablar de un “islam” indiferenciado como factor principal de la “opresión” de las mujeres musulmanas, es por definición no solamente reductor sino también esencialista. Voy a hablar de Iraq, que es el objeto de mis investigaciones. Desde el punto de vista del derecho, las mujeres iraquíes están enfrentadas a desigualdades, a través del Código de Estatus Personal (CSP) que no garantiza la igualdad en materia de divorcio y herencia, y justifica estas desigualdades en nombre del Islam. Pero, cuando seguimos más de cerca la evolución del CSP que fue establecido en 1959 después de la instauración de la primera república iraquí en 1958, vemos que fue reformado muchas veces. En 1959, siendo entonces la cultura política iraquí dominada por el anti-imperialismo (en contra del colonizador británico) y por el Partido Comunista iraquí, el CSP garantizaba la igualdad en materia de herencia, y una casi total igualdad en materia de divorcio. Bajo 78 · Blusa


¿Qué es el feminismo islámico? ¿Por qué es importante comprender esta aproximación al feminismo? Saddam Hussein, fue reformado de manera progresista en el sentido de una pérdida de derechos para las mujeres en los años 1990. Hoy, y desde la invasión y la ocupación estadounidense, el CSP no había sido nunca tan cuestionado en un sentido tan conservador y regresivo para los derechos de las mujeres. La fragmentación de Iraq y el surgimiento y auge de los partidos políticos conservadores, resultados directos de la invasión y ocupación estadounidenses, cuestionaron todos los beneficios adquiridos por la república de 1958, y los derechos de la mujer en materia de estatus personal (casamiento, divorcio, herencia) son hoy por hoy gravemente cuestionados. Así, en nombre de un mismo “islam”, el CSP ha sido, siguiendo los contextos políticos y sociales, reformado de manera progresista o regresiva. Por lo tanto, la evolución de los derechos de las mujeres debe leerse en función del contexto. Es necesario tener en cuenta las diferencias entre las mujeres: una mujer de un medio rural y pobre no tiene acceso al mismo derecho a la educación, a la protección social, etc., que una mujer de clase social acomodada y de un medio urbano. En Iraq, hoy, existen también diferencias entre las regiones y la pertenencia comunitaria: una mujer sunita que vive bajo la organización Estado Islámico en Mosul no disfruta evidentemente de los mismos derechos que una mujer chiita de Bagdad. Blusa · 79

Los feminismos islámicos, es decir las formas de reivindicación por la igualdad tomando como fuente y referencia la religión musulmana, son diversos. Puede tratarse de un trabajo sobre el CSP, apuntando a empujar a los gobiernos de los países en cuestión a adoptar una lectura del islam que esté de acuerdo con la igualdad de los sexos y así reformar el CSP en un sentido progresista. Puede también tratarse de un trabajo de concienciación de las mujeres en las sociedades donde el islam es una referencia cultural, ideológica (notablemente a través de los partidos islamistas) y legal (el CSP), para informarlos que existen lecturas igualitaristas de la religión. En el contexto actual, donde los partidos políticos, los gobiernos, y los movimientos sociales se reivindican a través del islam, el feminismo islámico representa un útil ideológico y político mayor, buscando pesar en las relaciones de poder. Las mujeres que se apropian de las lecturas de los textos religiosos, invierten los espacios de poder y contribuyen a subvertir a las autoridades religiosas. De forma más general, el feminismo islámico es también una forma de militancia política: para mí es una postura global tomando como fuente la espiritualidad y la mística musulmana, basándose en la idea de Tawhid (la unicidad de Dios en árabe), para luchar contra todas las desigualdades y de opresión, ya sean de raza, de clase social o de género.


Para los feminismos islámicos, una parte importante de la búsqueda e investigación han sido las fuentes del islam, como entre otros, los trabajos de Fatima Mernissi. La pregunta es entonces la siguiente: ¿es el islam el problema o es la mirada machista lo que creó una tradición anti-femenina? El debate entre texto (Corán y Sunna) e interpretación de los textos es infinito. Para la mayoría de las feministas musulmanas es posible extraer de los textos una visión emancipadora e igualitarista del islam. Así, serían las malas interpretaciones del texto en el curso de la historia y no el texto en sí mismo lo que sería machista. Yo estoy de acuerdo con esto, y milito por lecturas igualitarias y emancipadoras de los textos religiosos. Pero el matiz que yo aporto a ese discurso es que en realidad el texto no existe fuera de contexto y que será siempre sujeto de discusión y debate. Asimismo, pienso que se trata ante todo de relaciones de poder, más que la esencia del texto en sí mismo. Así es como la militancia feminista es también importante, para pesar en las relaciones de poder. ¿El velo forma parte de esta tradición machista en el islam? Esta es una revista feminista para los hispanohablantes/ hispánicos, y el islam es visto con muchos prejuicios, sobre todo la cuestión de las mujeres. ¿Es el velo un problema para la liberación de la mujer musulmana? ¿O es una parte de la identidad de la mujer musulmana? El velo, o el pañuelo que cubre la cabeza de numerosas musulmanas, está sujeto a debate en el seno mismo de la tradición jurídica musulmana. La mayoría de las escuelas jurídicas y de las interpretaciones dominantes consideran que este sería obligatorio, y constituiría una vestimenta que protege a las mujeres de la mirada masculina impúdica. Una minoría de sabios y expertos jurídicos no lo considera obligatorio.

Por mi parte, pienso que aún es necesario tener en cuenta el contexto: para algunas mujeres significa una forma de resistencia a un modelo de feminidad occidental impuesto a las sociedades musulmanas, por otra parte significa un rechazo del conformismo y una reivindicación de una forma alternativa de modernidad. En algunos contextos, tiene también un sentido opresivo y conservador. Una vez más no hay que generalizar, y sobre todo debemos detenernos en el sentido que las mujeres que lo llevan le dan, y la función que ocupa en los diferentes contextos en los que se utiliza. Aunque el feminismo islámico ha tenido un desarrollo extraordinario en los últimos veinte años, ¿cuál es su influencia real en las sociedades musulmanas? Yo pienso que el movimiento por ejemplo, es un movimiento que ha tomado una importancia considerable, y ha logrado dar a las militantes feministas en el seno de diferentes comunidades musulmanas a las que ellas pertenecen, una herramienta de militancia mayor. 80 · Blusa


¿La igualdad de la mujer en el mundo musulmán ha sufrido una regresión en los treinta últimos años? ¿Es esto a causa del modelo feminista occidental en este espacio cultural? ¿Es este modelo feminista/femenino una forma de imperialismo cultural? Para volver sobre el caso de Iraq, sí, los derechos de las mujeres y sus condiciones de vida han sufrido regresiones considerables, notablemente en razón del imperialismo que ha destruido literalmente el país después de 1991 y que lo ha sumergido después de 2003 en un caos político y sin precedentes en lo que concierne la seguridad. El choque feminismo colonial/feminismo autóctono ha sido reforzado por las intervenciones militares imperialistas. Es evidente que cuando Laura Bush justifica la invasión militar en Iraq en nombre de “la liberación de las mujeres iraquíes” su declaración tendrá repercusiones en las militantes feministas iraquíes en el terreno que deberán permanentemente mostrar que ellas no han sido occidentalizadas y que su reivindicación de igualdad no está en contradicción con la “cultura” o el “islam”. El feminismo colonial contribuye a anquilosar y ralentizar la militancia de las feministas en las sociedades musulmanas, ya que crea situaciones de tensión y de rechazo. Blusa · 81

Según muchas escritoras árabes, uno de los problemas de lo que se ha dado en llamar “primavera árabe” es la ausencia de las mujeres en los diferentes procesos de transición. ¿Que piensa usted al respecto? Yo creo, de hecho, que la participación masiva de las mujeres en las manifestaciones en la calle no ha sido seguida en el plano de la representación política en el seno de las asambleas que llegaron al poder desde el surgimiento de los movimientos insurreccionales calificados como “primavera árabe”. Con la excepción de Túnez, que sigue siendo un ejemplo muy positivo por el momento, en el resto de los países, los movimientos de las insurrecciones populares no han triunfado, y hoy por hoy se ven obligados a regresar a las calles. ¿Cuáles son según su punto de vista las perspectivas futuras para las mujeres musulmanas y para el desarrollo del feminismo islámico? Yo pienso que el acceso a la igualdad, la lucha contra la pobreza y la miseria, y luego el acceso a la salud, a la educación, así como a la paz y la seguridad. Hay que luchar por esto para que las reivindicaciones de igualdad de las feministas musulmanas puedan tener eco.


Una joven escritora en el infierno I Carmen G. de la Cueva

Detesto las biografías porque solo se interesan en tus amantes y tus excentricidades.

Martha Gellhorn

Corría el verano de 1936 cuando Martha Gellhorn se despertaba cada mañana en la casa de H.G. Wells en Londres obligada por su anfitrión y desesperada por la sola idea de tener que sentarse a escribir en el jardín hasta la hora del almuerzo. Maldecía el momento en que había aceptado la invitación del escritor. Cuando pienso en una joven y ambiciosa americana de veintisiete años en la casa del autor de La guerra de los mundos no puedo evitar sentir un poco de envidia. Yo me habría levantado saltando de la cama, me habría vestido deprisa, un poco de rubor en las mejillas, una horquilla para controlar mi insurrecto flequillo y habría bajado corriendo por las escaleras para estar sentada a la mesa con la mermelada en las tostadas antes de que Wells hubiera siquiera abierto la puerta de su habitación. A la media hora ya tendría mi máquina de escribir dispuesta sobre la mesa junto con un buen montón de folios en blanco y así llegaría a ser la más fiel discípula. Pero Martha era una rebelde y Wells, con sus más de setenta años, era por entonces un abuelo cascarrabias que quería ver a la niña triunfar. Gellhorn y Wells se habían conocido en la Casa Blanca como invitados de Franklin y Eleanor Roosevelt unos meses atrás. Edna, la madre de la joven, era una antigua militante feminista que destacó como activista a favor del voto femenino y muy amiga de la primera dama. Cuando se encontraron por primera vez, Wells se volvió loco por ella. La llamaba pelele, la aconsejaba sobre la escritura, le daba dinero a cambio de que ella le informara de los acontecimientos y las últimas modas en Estados Unidos y le enviaba cartas picantes –que incluían las palabras trópico, labio o perla dorada–, donde imaginaba los más sugerentes escenarios en los que cumplir sus fantasías. Sabiendo esto, yo, más prudente que nadie y con cierto desapego por los hombres de más de cincuenta años con ínfulas de Humbert Humbert, habría rechazado la invitación a la metrópolis británica. Pero corrían los locos años 30, y todavía nadie imaginaba 82 · Blusa


que quedaban por delante la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial. Martha tenía veintisiete años, estaba sin trabajo, sin amantes y se sentía halagada por las atenciones del experto escritor. Martha Gellhorn nació en San Luis, Misuri, en 1908 y abandonó la universidad para hacerse escritora a los veinte años. Puedo imaginarme cómo una muchacha hermosa y con talento podría llegar a aburrirse ante la previsible vida del Medio Oeste americano que se le venía encima: salidas a tomar helado por las plazas, conocer a algún hombre que superara el escarnio de sus padres, guardarse toda la ambición y los sueños en los cajones más recónditos de su cuerpo y criar hijos. Pero Martha no quería eso. Ella quería ser escritora y pensó que el lugar más interesante para serlo era París. Llegó a París con una máquina de escribir y 75 dólares en el bolsillo. Allí se embarcó en una relación de más de cuatro años con Bertrand de Jouvenel, un bien relacionado periodista que era hijastro (y dicen que hasta llegó a ser amante por un breve período de tiempo) de la legendaria Colette. Allí Martha fue feliz porque podía soñar con encontrarse en los salones de todo París con escritores, periodistas, editores y gente que estaba haciendo cosas. Al poco tiempo, ya había superado su provincialismo, vestía trajes de Schiaparelli, trabajaba en la sede parisiense de Vogue y se vinculó a grupos de izquierdas y pacifistas. No todo era un camino de rosas para nuestra joven promesa: Bertrand estaba casado y era un hombre que dependía emocionalmente de ella. Su padre, un ginecólogo bastante liberal, era el menos conforme con la relación y llegó a decirle que “hay dos clases de mujeres, y tú perteneces a la otra”. En 1934, Martha rompió con Bertrand y volvió a Estados Unidos al calor del hogar y al aburrimiento de los infinitos paseos en compañía de su madre. Pero entonces pasó algo que dio un giro a su vida, un giro inesperado y brutal que cambiaría su forma de verlo todo. Martha comenzó a trabajar para la Administración Federal de Ayuda de Emergencia (FERA) haciendo informes sobre las terribles condiciones de vida de la gente en las zonas rurales de todo el país tras la Gran Depresión. En aquellos años, Estados Unidos tenía a un cuarto de la población en paro y la gente se moría de hambre y enfermedades derivadas de la pobreza en las zonas más alejadas de las grandes urbes. Martha acompañó a la fotoperiodista Dorothea Lange recorriendo las tierras más remotas. La joven estaba tan desquiciada con lo que se iba encontrando que en una cena en la Casa Blanca le confesó a Eleanor Roosevelt que “todos los parados tienen pelagra y sífilis”. Se volvió tan desobediente en aquellos años, que llegaron a despedirla por haber instigado un motín entre un grupo de trabajadores de Idaho sobre los que estaba escribiendo un reportaje. En ese momento exacto fue cuando se encendió la mecha de su compromiso. Durante aquel tiempo también había escrito una novela en clave chick lit sobre tres amigas universitarias que iban en busca de sexo y se preguntaban acerca del sentido de la vida, pero en el camino solo encuentran desilusión y enfermedades venéreas. Se tituló Qué loca búsqueda en honor al poeta Keats y cosechó críticas negativas y la decepción de un padre, quizá, demasiado exigente. Martha estaba tan destrozada que llegó a escribirle a Jouvenel en una carta “que mi libro haya sido un fracaso ha significado para mí mucho más de lo que había imaginado”. Pero ella estaba decidida a enmendar los errores de su juventud y quería escribir “grandes cosas sólidas que se te echen encima y te llenen la mente de gloria y terror”. Entonces inició una serie de retratos semificticios sobre las víctimas de la Gran Depresión que se llamó Los problemas que he visto: una sindicalista, una prostituta adolescente, una abuela que tenía que vivir del subsidio del paro. Y así es como le encontramos sentido a la aparición de Wells en esta historia. Este es el libro para el que el escritor británico le había encontrado editor y por eso la invitó a pasar el verano en su hermosa mansión de Londres cerca de Regent´s Park. Cuando se publicó tuvo reseñas muy apasionadas y entusiastas, hasta su padre se sintió orgulloso de ella. Martha había conseguido hacer algo a la altura de su prometedor talento. Decidió mudarse a Nueva York para empezar de nuevo. Ambiciosa y perseverante como era, intentó conseguir trabajo en la revista Time y en The New Yorker. Pero desgraciadamente, el optimismo no duró mucho. Su padre murió poco después de un ataque al corazón y así, con la muerte del mismo sobre los hombros y el rechazo de las dos publicaciones, pensó que había llegado el momento de regresar a Europa y escribir una novela Blusa · 83


Martha Gellhorn

sobre los pacifistas franceses y alemanes que habían conocido la masacre de la I Guerra Mundial, una idea que le había robado el sueño durante los años que pasó en París. En Hotel Florida. Verdad, amor y muerte en la Guerra Civil, un brillante ensayo sobre la vida de seis escritores en la Guerra Civil Española (Martha Gellhorn y Ernest Hemingway; Gerda Taro y Robert Capa; y Arturo Barea e Ilsa Kulcsar) escribe Amanda Vaill que una vez en Londres, Martha Gellhorn consiguió librarse del Wells más romántico (este se había enredado con Moura Budberg, una antigua amante de Máximo Gorki) y se conformó con el papel de mentor. Le confesó que creía en ella, en su talento y en el porvenir como escritora que la esperaba si conseguía disciplinarse. Él se empeñó en que se levantara a las ocho de la mañana, desayunaran juntos y cada uno en un lugar diferente de la casa, escribieran durante horas. Pero ella no era capaz de acatar semejantes órdenes disparatadas. Era una escritora errática y espontánea que necesitaba disfrutar de las distracciones que podía proporcionarle una ciudad como Londres y eso era contrario a la idea de madrugar. Pero un día, decidió darle una lección a Wells y llevó a cabo un plan: se sentó con la máquina de escribir en el jardín y tecleó hasta dar por concluido “Justica nocturna”, la crónica del linchamiento de un labrador negro de diecisiete años que había presenciado cerca de Mississippi. El tono severo y notarial de Martha hacían que la historia fuera mucho más espeluznante. A Wells le gustó el texto y consiguieron venderlo a The Spectator en Londres y al Reader´s Digest en Estados Unidos. Acababa de demostrarle al escritor lo que podía hacer si se lo proponía. Pero no todo era lo que parecía. El descaro de Gellhorn llegaba muy lejos porque se había inventado la historia completamente. Nunca oyó a la víctima “soltar un alarido terrible, como el gañido de un perro”. 84 · Blusa


Martha Gellhorn

Martha había conocido a un camionero cuando trabajaba en la FERA que le había contado que estaba volviendo de una “fiesta de corbata” que era como llamaban a los ahorcamientos clandestinos de negros y había conocido a un hombre al que le habían linchado a su hijo. Y con ese par de anécdotas Martha construyó la crónica de un episodio ficticio como si hubiera ocurrido de verdad. En aquellos meses fue cuando recogió sus crónicas sobre la Depresión en un libro que llevó por título The Trouble I’ve Seen y se publicó con prefacio de H.G. Wells ese mismo año. Cobró su cheque, se olvidó del tema y se trasladó de nuevo a París donde todo había cambiado mucho desde su última estancia. En 1936 Alemania estaba gobernada por una dictadura antisemita a manos de Adolf Hitler. En marzo de ese año, las tropas del dictador habían invadido ilegalmente Renania, una comarca fronteriza en el nordeste de Francia y algunos de los pacifistas del círculo de Jouvenel, habían girado a la derecha y decían que los verdaderos enemigos era los comunistas y los judíos. Incluso Jouvenel parecía inmerso en esa órbita fascista. Había publicado una entrevista con el führer donde este decía que amaba a Francia, pero en sus memorias Mein Kampf escribía que era Francia era “enemiga mortal de nuestra nación”. París ya no era una fiesta: las calles estaban llenas de vagabundos, gente sin empleo, pobreza y matones fascistas que se dedicaban a hostigar a todo aquel que fuera diferente. Aunque Martha empezaba a sentir que necesitaba hacer algo con su vida y comprometerse con una causa, sus padres la habían educado para que siempre intentara poner la verdad en cuestión. La joven no se sentía cómoda con la atmósfera “abyecta” de París donde los huéspedes del Ritz se quejaban de que no había personal suficiente para hacerles las camas. Y decidió irse a Alemania donde comenzó a documentarse para su novela en las hemerotecas de Stuttgart y Múnich. Alemania resultó ser un país “tóxico” lleno de gente uniformada y banderas con esvástica. Los letreros de Juden verboten (Prohibido a los judíos) cubrían las ciudades y era algo que resultaba descorazonador para Martha pues sus padres eran medio judíos. En esos momentos, en España estallaba la Guerra Civil y los periódicos alemanes hablaban del gobierno republicano como “la Blusa · 85


Martha Gellhorn

chusma de cerdos y perros rojos”. Martha no aguantó más los horrores de Europa y decidió volverse a San Luis. Una vez en el medio oeste pensó que lo mejor que podía hacer durante el largo invierno que se avecinaba era acompañar a su madre viuda y esperar a que algo – emocionante, trepidante– ocurriese. Estaba preparada para “empezar desde cero” y dispuesta a disfrutar un poquito de la fama codeándose con el poeta Edgar Lee Masters y la novelista Margaret Ayer Barnes, ganadora del Pulitzer, en una charla en la feria del libro de Nueva York, algo terriblemente inesperado ocurrió. Cuando volvió de París, su libro se había convertido en un éxito y el texto “Justicia nocturna” había servido para que Eleanor Roosevelt se lo entregara a Walter Francis White, director de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (NAACP), que llevaba varios años intentando aprobar una ley contra los linchamientos. White le escribió una carta a Martha para que testificara ante un comité del senado. Qué se le pasaría por la cabeza a la joven escritora aquellos días cuando supo que si lo hacía estaría mintiendo a Dios y al Estado. Y si no lo hacía, tendría que contarle a la primera dama toda la verdad. ¡Qué dilema! Gellhorn se decantó por escribirle una animada carta a la primera dama en la que, de alguna manera, se arrepentía, pero donde confesaba “por lo visto soy una escritora (o una mentirosa) muy convincente, ya que todo el mundo se creyó que había sido testigo directo de un linchamiento que en realidad me había inventado”. No podemos culpar del todo a Martha porque las revistas habían aceptado su crónica sin preguntar ni a ella ni a su editor la veracidad del asunto y ahora ella quería ser “una chica valiente que iba a arreglarlo todo solita”. Después de todo aquello, seguía pendiente su intervención en la feria del libro de Nueva York. Cuenta Amanda Vaill que Martha casi nunca había hablado en público cuando le llegó el 86 · Blusa


momento de intervenir en el International Building en pleno complejo del Rockefeller Center en la Quinta Avenida presidido por la estatua de bronce de Atlas que levantaba el peso de la tierra sin esfuerzo. Era un frío día de finales de noviembre y conociendo el tema de la intervención que le habían asignado a Martha (Escuchar a Estados Unidos) a una se le quitarían las ganas de salir siquiera de la cama. Los anteriores ponentes habían hablado sobre el estado de la literatura, pero Martha quiso demostrar a los asistentes que los escritores son los responsables de desarrollar la conciencia social del pueblo, que los escritores “debían dramatizar, difundir y vender la democracia” a los lectores porque, si no lo hacía, “se arriesgaban a que les ocurriera lo que estaba pasando con los escritores alemanes”. Unos días después, cuando le contaba a la primera dama el episodio, se burló de los demás ponentes, sobre todo de la escritora Margaret Ayer Barnes quien “había contado que había tenido que pedir información a su marido sobre las quiebras de bancos para poder incluirlas en sus novelas. Qué patético era, decía Martha, «asumir en público el papel de mujer» de una forma tan lamentable, cuando en realidad la escritura era una «actividad igual que la fontanería»”. La soberbia de nuestra joven Martha –después de días leyendo sobre ella una acaba sintiendo que es como de la familia– no tenía límites puesto que lo que dijo Barnes no tenía nada que ver con el papel que a la mujer se le tenía reservado. Ella era una escritora profesional que justo ese mismo día, unas horas antes, había impartido un taller sobre la necesidad de que los escritores verifiquen sus fuentes porque “si el autor cometía un fallo, mil lectores lo iban a detectar enseguida”. La tormenta provocada por su falsa crónica ya casi había pasado y toda la familia decidió irse a Cayo Hueso a celebrar la Navidad. Fue idea de la madre de Martha con la intención de distraer a sus hijos en las primeras fiestas sin su padre. Una cartel luminoso sobre la fachada de estuco anunciaba el nombre del local “Sloppy Joe´s Bar”. No estaban acostumbrados a tomar cócteles en pleno invierno, pero quisieron hacer algo diferente para olvidar y la isla situada en el extremo más meridional del continente era un lugar perfecto. En un extremo de la barra había un hombre alto y corpulento leyendo un periódico con unos pantalones cortos atados por un cordel. El extraño alzó la vista y vio al trío de desconocidos: Alfred, el hermano de Martha que estudiaba medicina, Edna y la propia Martha con su melena cobriza más espectacular que nunca y un hermoso vestido negro de verano. Ya os podéis imaginar. El rostro de Ernest Hemingway no pasaba desapercibido en ninguna parte y la joven fue directa hacia él para presentarse. Él había sido su ídolo desde siempre. Martha tenía una foto suya colgada en la pared de su habitación de la universidad. No cuesta figurarse hasta dónde llegaría el fanatismo. Dispuesta a fantasear, podría llegar a pensar que, si yo me encontrara en una chiringuito de una playa de Cádiz con Jonathan Franzen, haría exactamente lo mismo. Así que no puedo culparla. Pero además de lo evidente, los críticos habían comparado la prosa cortante de Gellhorn con la de Hemingway y aquello no podía ser una coincidencia. Los dos se sentaron en la barra a contárselo todo. El escritor le habló de que sus dos mujeres habían estudiado en San Luis (por entonces, Hemingway seguía casado con Pauline) y que él conocía la ciudad porque vivió allí cuando era joven. Estaba tan cómodo que se ofreció a enseñarles a los tres las ensenadas más escondidas de Cayo Hueso. Y cumplió su promesa: acompañó a los Gellhorn durante tres semanas de vacaciones. Martha se quedó una quincena más, según ella misma, se convirtió en “un elemento decorativo más de la casa de los Hemingway, como una cabeza de antílope”. Juntos bebieron copas hasta el amanecer, nadaron en el mar, hablaron infinitamente sobre lo que escribían y sobre la guerra en España. Ella le llamaba “Ernestito” y él “hija”, apodo que utilizaba siempre que se dirigía a una mujer más joven. Pauline, la mujer de Hemingway, debió de darse cuenta de que algo ocurría entre los dos porque cada vez que alguien le preguntaba por su marido ella contestaba lo siguiente: “me temo que Ernest está muy ocupado enseñando a escribir a la señorita Gellhorn”. Poco podía hacer Pauline. El escritor estaba totalmente obsesionado con la Guerra Civil española y de todo su círculo Martha era la persona que mejor conocía la situación que se estaba viviendo en Europa. Ambos se entusiasmaban hablando de la posibilidad de un viaje a España para conocer la guerra de Blusa · 87


primera mano ya que a Hemingway le habían ofrecido escribir un reportaje sobre la contienda española. Aquello parecía destinado a suceder. El propio donjuán confesaba avergonzado a un amigo que era “un idiota con las mujeres. Siempre acabo pensando que tengo que casarme con ellas”. Y qué podemos decir de Martha a estas alturas. Seguía siendo asombrosamente joven, escribía bien, tenía la valentía de la inconsciencia y estaba enajenada por su conquista. Martha llegó a escribirle una carta a Elanor Roosevelt en la que le contaba que “les parecía que quedaba muy poco tiempo para hacer algo” y que debían “trabajar todo el día y toda la noche, pero también tenían que vivir, y amar a la mayor cantidad de gente que pudieran conocer, y hacerlo todo deprisa, muy deprisa, porque cada día les quedaba menos tiempo”. Gellhorn dejó San Luis y Hemingway fue tras ella para concretar los detalles de su viaje con John Wheeler, el hombre que le había propuesto hacer el reportaje, y con los escritores John Dos Pasos y Archivald MacLeish que también estaban planeando viajar a España para hacer una película sobre la guerra. Martha había encontrado finalmente ese algo emocionante, trepidante que le iba a proporcionar un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento: “Yo me voy a España, con los chicos. No sé quiénes son esos chicos, pero aun así me voy con ellos”.

Continuará…

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Entrevista a MAUI Helena Astorga

MAUI. Creadora de canciones. Utrerana. Sobrina de Bambino. Ahijada artística de Martirio. Observadora de realidades. Provocadora de risas. Liberadora de adrenalina. Devoradora de experiencias. www.soymaui.com

Buenas noches, Maui. Me gustaría saber cuándo, cómo y por qué decides dedicarte a la música. Yo de chica tuve estudios de música en el cole con una monja, Madre Luján, que me enseñó a tocar el piano. A parte de las clases ordinarias de música del colegio, yo estudiaba lenguaje musical, leía y tocaba la flauta. Teníamos unos métodos que, cuando yo estudié Magisterio, me di cuenta de que eran métodos súper modernos. Con 4 años, en vez de terminar el cole a las cinco de la tarde como mis compañeros, me quedaba con Madre Luján hasta las seis y media. Aprendí con el piano desafinado que había allí ¡No le eché horas! Blusa · 89

Con ocho años le pedí a mis padres que me apuntaran al Conservatorio. Era super chiquitito; sólo tenía tres o cuatro profesores. Estaba en el Ayuntamiento de Utrera, en un aula que habían habilitado ahí. Éramos cuatro bichos raros. Yo hice el grado elemental de piano y paré. Después llegó mi rebeldía del instituto. Seguía haciendo música pero de otra manera. Con unos amigos montamos un grupo de rock y hacíamos conciertos en garitos, en nuestra propia casa, como guateques. Nos gustaba el rock punky. Una cosa grave.



En el instituto di con un grupo de gente al que le gustaba estudiar y al final yo también lo terminé viendo como un objetivo imprescindible. Cuando me planteé estudiar en la universidad, como no tenía ni un duro para poderme ir a Granada a hacer Magisterio- en Sevilla no estaba la especialidad-, me planteé estudiar Arte Dramático. A lo largo del COU me preparé unas oposiciones para entrar en el CAD de Sevilla pero para mi sorpresa mi padre pegó un pelotazo con Los Centellas, con ‘El Toro y La Luna’. Nos dijo que podíamos pedir un deseo cada uno. Mi hermano pidió el carné de conducir, mi madre pidió una cocina y yo pedí una carrera en Granada. En el momento en que pisé Granada y vi un conservatorio y un cello, pensé que tenía que estar ahí- descubrí el cello por primera vez en mi vida-. Estuve 11 años estudiándolo. Con 4 discos en el mercado, nos remontamos al año 2003. Granada. Nacimiento de Maui y lo Sirénidos. Yo llegué y vi Granada como ahora he visto Madrid: la inmensidad en comparación con Utrera. Al llegar, me apunté a un coro de música antigua, a un cuarteto de Gospel de voces negras, toqué el órgano de la catedral
 de Granada —me subió allí el organista de
 la catedral y me enseñó cómo funcionaba—. Aquello era impresionante. Yo estaba descubriendo un universo. En el clásico, en la música antigua… Luego los grupos de pop empezaron a llamarme: Los Niños Mutantes, Los Planetas. Hice coros y colaboraciones con muchos grupos del pop y la fusión de allí. Conocí al Puchero del Hortelano, porque estudiaba con ellos Magisterio, y colaboré con la banda con el cello y de corista.

maqueta ya estaba ‘Para no pensar en nada’. Recuerdo que la presentamos a unos concursos que había a nivel regional y los ganamos todos. Nos llamaban de todas las provincias. Luego la formación fue mutando. ¿Por qué decides probar etapa vital y musical en Madrid? Para mí fue una intuición. Yo tenía ganas de adrenalina. Me veía preparada para eso y de repente me planteé que Granada era un sitio muy romántico para componer y para hacer las cosas que he hecho pero que yo tenía que seguir creciendo y que había llegado un momento en el que había montañas, paredes, que no dejaban crecer más ni al proyecto ni
 a mí. Me veía preparada, con 36 años y tres trabajos hechos, sabía a lo que iba. Primero, a experimentar la sensación de entregarte de lleno a una cosa, en el sitio adecuado, con la adrenalina de ir tú sola, de tener que empezar de cero. Es lo que a mí me apetecía: experimentar otros sonidos. Y también a nivel vital, no sólo musical, de crecimiento personal. Maui y María Luisa Ramírez A mi María Luisa Ramírez me llama Hacienda o Madre Luján. Yo no me puse el nombre de Maui con idea de un nombre artístico; me lo puse porque yo de chica no sabía vocalizar mi nombre. A mi me preguntaban cómo me llamaba y yo decía ‘Mauisa’, hasta que empecé a quitarle letras y me quedé en Maui.

Hace un tiempo leí un artículo en el que Bambino decía que él conocía perfectamente los cantes del flamenco porque su casa era gitana. De hecho, Después de un tiempo, le enseñé a Pablo, explica que comenzó desde el flamenco el contrabajista del Puchero, las canciones que más ortodoxo pero que él comprendió yo llevaba componiendo desde el instituto y que a Mairena y a esa generación no los me dijo que había que sacarlas, que había podía mejorar. Entonces decidió hacer que grabarlas. Yo quería dárselas al Puchero una cosa que fuera él, ni mejor ni peor, pero Pablo me animó a que las grabara él. Correr riesgo. ¿Tu relación con el independientemente del Puchero y así nació flamenco en Utrera cómo ha contribuido Maui y Los Sirénidos. De hecho, en origen, los a tu visión del flamenco hoy en día? músicos del Puchero y los Sirénidos eran los mismos. Grabamos una primera maqueta pero El flamenco está dentro ya, en el disco la grabamos para mí, para los amigos y para duro. Yo a la hora de componer no pienso en dejarla en los bares de Granada. En esa un palo. Yo pienso en la canción y en la letra. Blusa · 91


Lo que pasa que en mi ritmo interno aparece, con las propias palabras, una bulería, una soleá o un tanguillo. Todos son canciones. El bagaje que tengo- los grupos con los que he colaborado, la música que he escuchado, mis estudios de clásico- me ayuda a que todo se mezcle, a que yo pueda hacer unas armonías diferentes o unas formas diferentes que conforman mi manera. Mi sello es mi manera de componer. ¿Bambino? Para los modernos de Malsaña, Bambino es lo más. Yo me quedo alucinada. A mi me mandaron el otro día una foto de un bar que hay en Barcelona que tengo que ir porque es todo íntegro de Bambino. Bambino es un referente porque cogió canciones sudamericanas, y algunas propias, que escogía porque tenía ganas de cantar al desamor. El ingrediente básico es que tenían que tener mucha fuerza letrística, de desgarro, de sufrimiento y de desamores. Todo siempre a un nivel mu’ fuerte, mu’ alto. Yo por lo que veo en mi padre, las canciones eran hechas a medida de temas que a él le apetecía en ese momento contar. Y entonces mi padre, a través de esa temática, se centraba y escribía una letra. Luego escogía canciones sudamericanas pasadas por bulerías. Es decir, él lo que hizo fue romper con los moldes clásicos de cantar por bulerías en estrofas y coger las canciones y meterlas por fiesta. Si Bambino terminó siendo un referente porque cantaba con fuerza y desgarro sobre temas que a él le quemaban y porque rompió moldes, ¿en qué crees tú que estás contribuyendo al mundo de la canción? Yo digo, como Tomás de Perrate siempre me dice, que nosotros tenemos la suerte de contar con unos medios increíbles para poder aprender una barbaridad de cosas y escuchar todo tipo de músicas, cosa que mi Tío Bambino no tenía a su alcance. Nosotros con un clic podemos escuchar lo último que se está haciendo en Noruega. Entonces, si tú tienes ganas de aprender, , ahí tienes ya una cosa que es evolución. La evolución también está

en el conocimiento. Mi tío Bambino tenía un carácter, una potencia de voz, tenía claro lo que quería hacer y dirigía mucho con su cuerpo; con su voz, mandaba. Y creó ese clima, ese estilo. Yo tengo unos estudios. He evolucionado un poco en el sentido de tener más posibilidades, más herramientas. Entonces, yo creo que mi música es más sofisticadita, más rica en giros armónicos. También rompe con las cadencias y giros que tú te esperas normales en el flamenco o en otras músicas. Siempre es como un ‘giro Maui’. La armonía creo que es un sello mío. Si hubiera que destacar algo en mi música, sería también eso. También tengo la capacidad de tocar varios instrumentos. Yo por suerte he tenido una educación musical que a Bambino le hubiera encantado tener pero que por el tiempo que le tocó fue otra manera de hacer. Con lo que voy es con más conocimiento. También escribo, que él no escribía. Él sabía lo que quería contar pero no escribía. Tienes un mundo interior que te hace especial y mágica en el cómo miras la realidad. Eres un ser al que le ocurren cosas que no nos pasan al común de los mortales ¿Cómo influye eso en tu composición letrística? Tienes que ir por la vida como observador y es muy difícil ir por la vida como observador porque normalmente la vida te atrapa en el ritmo diario de’ tienes que trabajar, tienes que subirte al metro’ y es difícil mirar con otros ojos. Yo estoy entregada a mirar con otros ojos. Si voy a comprar el pan y de repente veo algo que no es una cosa peculiar, que no es para fijarse, yo me tengo que fijar y sentarme allí. Perder el tiempo que tenga que perder pero es que está pasando algo ahí que me está diciendo algo. Yo con mi barra de pan ahí me siento y miro la situación y cavilo yo sola. Esto ocurrió con ‘Dejarse llevar’. Bajé a la calle a comprar pan una mañana y vi a una chiquilla en una plaza columpiándose. Yo pensaba ‘hay que ver esta chiquilla, lo tranquila que está, que está casi dando la vuelta en un columpio, el padre está mandando un whatsapp, solamente la mira cuando está el 92 · Blusa


columpio cerca para volver a empujar pero ella se siente segura’. Y ya me fijé en todo lo que me rodeaba, como si fuera una foto que la niña va a guardar para siempre, como una cosa que para ella es la tranquilidad, la protección: su padre. Yo casi nunca cuento las historias de las canciones. Esta, concretamente, parece completamente de amor, de amor con sexo y todo, pero la base está en la niña. Miguel Ramírez: barbero, guitarrista de Bambino, compositor, miembro de las Centellas y padre de Maui ¿Qué significa Miguel Ramírez a nivel artístico para ti? Mi padre se pasaba el tiempo con un calcetín metido en la guitarra estudiando los ‘picaitos’. Él nunca fue un gran guitarrista pero acompañaba muy bien y fijaba un sello muy personal a la gente que acompañaba. Mi padre siempre estaba con sus canciones. Él compone. Por ejemplo, compuso temas para Bambino, letra y música, como ‘Como las olas del mar’. A Bambino le encantaba. Es más, si no iba mi padre, le faltaba algo. Utrera Es mi raíz.. Es el sitio donde hay que volver para seguir creciendo. La raíz para mi es importante en la música que hago y en la vida. Es un sitio donde tengo que ir, que me ayuda a encontrarme conmigo. Para mi Utrera es la fiesta flamenca. Todavía hoy en día yo voy a Utrera y sé que voy a coincidir con equis personas y se va a formar la fiesta. Ahora, en el flamenco de Utrera hay muy poquita gente y muchas ganas, entonces se forma. Y a mi me consideran una parte de ello. Utrera Blusa · 93

Es mi raíz.

Hace unos días, pensaba en voz alta sobre la situación actual de la creatividad femenina. Tengo la sensación, igual errónea, y claramente subjetiva, de que pocos proyectos interesantes, creados
y liderados por mujeres, han florecido en los últimos años. Pero de momento, me viniste a la cabeza como una gran mujer rodeada de grandes mujeres. Por ejemplo, Martirio. ¿Cómo encaja el puzle de la vida para que termine siendo tu madrina artística? Cuando murió Mario Pacheco yo tenía un contrato editorial con Nuevos Medios. Tras el fallecimiento de Mario, cerró la discográfica, y Warner, con quien también teníamos un enlace, no me decía nada sobre mi próximo trabajo ‘Problemología’. Yo quería grabar ya mis canciones, pagar yo mi disco, porque ya no se podía hacer de otra manera, y no podía hacerlo porque tenía un contrato editorial. Yo estaba como con una camisa de fuerza porque aunque tuviera el dinero o pidiera un préstamo alguien iba a ganar el dinero con mis canciones y no sabía ni quién era esa persona: heredero o heredera de Mario Pacheco. Era una situación muy difícil y no podía hacer más que intentar localizar a la gente. No pudo ser y al cabo como de cuatro o cinco meses Martirio me pregunta a través de las redes sociales que cómo me iba, porque Mario, antes de fallecer, le había hablado de mi. Le había dicho que le recordaba mucho a cuando la conoció a ella, por lo rarito, por la personalidad, por lo parecido de nuestras carreras. A mi también me habló de ella, me regaló un disco de ella. Yo cuando vine la última vez a reunirme con Mario me bajé a Granada escuchando el disco de ‘Martirio. 25 años. En directo’. Ese fue el primer contacto con Martirio. Ella me dijo que existía una heredera, que era María Pacheco, y que no era de ley que yo no pudiera tener una libertad, que María seguro no tendría ningún problema en romper el contrato, que ella la iba a localizar . Y así fue, rompimos el contrato. Es decir, el primer contacto con Martirio fue como mi ángel de la guarda. Después de eso, ella vino a Granada a hacer una conferencia de ‘La Mujer y la copla’ y la


promotora que la llevaba me llamó para que fuera a conocerla. Ahí fue donde nos vimos por primera vez. Ella estaba en su camerino, con sus gafas, haciéndose fotos con todo el mundo, y yo me quedé para la última, y cuando le dije ‘Maribel’, me reconoció la voz, se quitó las gafas de inmediato y cuando se quitó las gafas yo me quedé impactada. No me esperaba esos ojos saltones, verdes, mirando pa’ dentro. Esa noche lo pasamos muy bien; fuimos a comer unas tapitas con un grupo de gente. Salí a fumar y ella me dijo que salía conmigo y nos pusimos a hablar y notamos las dos que había una química impresionante. Al poco tiempo yo tenía un bolo de ’10 años de Maui y Los Sirénidos’ en Utrera y me dio por preguntarle si quería venir a cantar y me dijo que sí. Se vino para Utrera, estuvo en mi casa comiendo carrillá, vino al teatro, cantó con nosotros- no un tema sino tres- y allí ella se sintió un poco mi madrina. Y a partir de ahí han salido las cosas solas. Yo puedo decirte, como nos comentaba el otro día un compañero común, que Martirio tiene la magia de embelesar al público en un segundo. Posiblemente, ella te ha pasado esa herencia en vida. Es palpable en tus directos, que en milésimas de segundo eres capaz de implicar a la gente en tu embrujo musical y en tu empatía personal. A mi con Martirio, como público, me ha pasado. Cuando la escuché la última vez cantar una canción de Sabina, me fijé en la letra mucho más que cuando la cantó Sabina porque la expresa de una manera, gesticula, pronuncia y siente la letra tanto que te la transmite y te enteras de algunas cosas que a lo mejor no las habías pillado antes. A mi ella me envuelve totalmente en su espectáculo. A mi, personalmente, lo que me gusta es mirar a la gente a la cara, contarle las cosas y que la gente salga de allí limpia. Ya sea porque se ha reído, ya sea porque ha llorado. Me gusta remover las emociones de la gente. Al final es un objetivo en esta vida. Es como la misión, digamos, por encima de la música, con lo que yo me divierto, con lo que me gusta a mi aprender. Por encima de eso hay una función en la vida.

Recientemente ha llegado otra gran mujer a tu vida: María Pacheco. La persona encargada de volver a darle vida a Nuevos Medios. Nuevos Medios fue una compañía que apostó, de la mano de su fundador, Mario Pacheco, por la música española, destacando la producción y distribución de proyectos de flamenco abiertos al contacto con otras músicas (Ray Heredia, Martirio, Jorge Pardo). Parece que María, situándose dentro de una nueva generación, va a seguir en la búsqueda de la genialidad. ¿Qué historia mágica te une a este sello discográfico? Yo a Mario Pacheco lo conocí en una entrega de los Premios de la Música Independiente (UFI), donde me entregaron el premio al Mejor Álbum Flamenco 2009 por ‘Un ratito más’. Yo no sabía quién era él y mi catetismo llegaba hasta el punto de no saber qué era Nuevos Medios. Toda la música de Nuevos Medios es con la música que me he criado pero como no teníamos dinero, yo lo que tenía eran casetes grabados de Ray Heredia o Pata Negra. Era la música que le gustaba a mi padre. Mi padre tenía la radio de un coche puesta en la pared con los cables pelaos’ y ahí metíamos las cintas y escuchábamos las canciones. Entonces, claro, yo no sabía nada de discográficas. Yo escuchaba esa música pero no sabía qué era Nuevos Medios ni quién era Mario Pacheco. Entonces, en la gala de esos premios hicimos un directo del tema ‘Un ratito más’ y cuando terminamos Mario se vino pa’ mi y me dijo que estaba interesado en lo que yo hacía, que le había parecido algo muy diferente y que si queríamos reeditar el disco de ‘Un ratito más’ o hacer algo con él. Cuando yo llegué a casa, investigué quién era Mario Pacheco y descubrí que la música que yo escuchaba de chica venía de ahí. Hice reuniones con él y con otra gente que en ese momento estaba interesada por mi trabajo, que también mostraron su interés a raíz del directo del tema que hicimos en la gala de aquellos premios. Estaba toda la industria discográfica ahí y la gente preguntándose de dónde había salido ésa que era tan graciosa. 94 · Blusa


Después de todas las reuniones decidí evidentemente quedarme con Mario porque las reuniones con Mario eran ‘tráete la guitarra a la oficina’ y se ponía a apuntar en una libreta. Siempre pienso “dónde estará esa libreta y
 qué escribiría”. Él me aconsejaba porque iba a producir el disco conmigo; no era un disco que iba a hacer yo. Llegamos al acuerdo, que en vez de reeditar, que hubiera sido lo rápido y lo fácil para entrar en Nuevos Medios, sacaríamos nuevo disco con todas aquellas canciones nuevas que yo ya tenía compuestas. La idea es que fuera un trabajo grabado con tranquilidad, con un buen productor, Tino di Geraldo. Fue una experiencia de cercanía total. Mario no quería sonido sirénido. Él decía que yo no era cantante, que yo era otra cosa y que yo tenía que soltar algo que tenía dentro y que todavía no había sacado. Me tiraba, me tiraba y me tiraba para ver hasta dónde llegaba yo. Me provocaba. Entonces grabamos la maqueta y él se la llevó con un cariño inmenso. Así fue mi relación con Mario. Mario fallece y María decide volver a abrir el año pasado Nuevos Medios. Con María ha sido una coincidencia en el espaciotiempo. Justo yo había acabado de grabar y ella llamó a Jorge Camarlengo para decirle que iba abrir la discográfica y Camarlengo le dijo que yo acababa de terminar de grabar ‘Viaje al interior’. Es entonces cuando ella muestra interés. Me pide que le mande las cosas (ella creía que yo ya había fichado con otras personas y por eso no había mostrado interés antes). Y un día me llamó para felicitarme, que le había encantado. Ella ha sentido las dos cosas: que le gustaba este trabajo y que era una continuidad de algo en lo que su padre había puesto la mano y se había quedado a medias. Así que yo creo que soy el nexo entre la etapa antigua y la etapa nueva. Como el que nace el 31 de diciembre. Hablando de grandes mujeres: Martirio, María Pacheco… Pienso que tú eres una mujer fuerte por muchos motivos. Creo que has tenido que posicionarte dentro de una sociedad gitana matriarcal y de un ámbito muy masculino del flamenco. Tú, como mujer y como gitana, con tu personaje estrambótico… Blusa · 95

Claro, ahora volvemos a lo antiguo. Ahora me voy a la Fernanda y a la Bernarda. Dos hermanas, a las que en esa época, su padre no las deja ser artistas, y que se tienen que ir a Japón diciéndole que se van a Sevilla, llevándose una anafe para poderse hacer el pucherito. En Japón la Fernanda, dicen, se subió a un rascacielos y gritó ‘Dónde queda Utrera, dónde queda Utrera. Mi pare’ nos va a matar’. Iban las dos hermanas juntas, solas, gitanas, en esa época y engañando para poder cantar. Yo tengo que luchar muchas veces con los fantasmas de mi infancia. Por ejemplo, el machismo que hay en la parte flamenca, en la familia, en el barrio (El Polígono del Tinte) y yo eso he intentado denunciarlo de alguna manera en las canciones. Pero denunciarlo de una manera que me pueda reír de mi misma, de lo que me ha sucedido, y que otras personas se puedan sentir identificadas y puedan mejorar, si cabe, la situación. Hay que echarle guasa a la situación pero a la vez decirla, exponerla ahí. Yo también a veces me he sentido de alguna manera un reflejo de libertad para las gitanas. Recuerdo que a veces las niñas del barrio le decían a sus padres: ‘la Niña de Ramírez se va a Granada y tú no me dejas’. Creo que de alguna manera levanta conciencia y hace que hayan pensado ‘si ella puede yo también’. Aunque, después de mi han ido pocas porque eso va lentito, sí que hay gente que da ese paso porque lo ha visto en ti. Nos centramos en lo que está por llegar. Cuarto disco: ‘Viaje al interior’. Esta vez en solitario, ¿cómo nace este trabajo? Hay de todo, hay un popurrí porque ‘Viaje al interior’ es un poco provocado. Yo digo que esto es una disca porque todo el proceso ha sido diferente; todo es nuevo para mi. Yo siento como si yo hubiera ‘parío’ éste y los anteriores trabajos. Si los anteriores son discos y éste es diferente en todo tiene que ser una disca. Yo personifico muchas veces los objetos, los que me simpatizan. Creo que un disco contiene vida. Entonces yo digo ‘esta disca es una hijaputa, es una disca mala, ésta sale pa’ conquistar, antes de salir ya está ella conquistando, se han enamorado de ella todos. Y ahora ella va a hacer su camino independiente y vete a saber a


quién conquista ella sola’. Lo hago así porque mi imaginación me lleva a esas cosas. En realidad es provocado porque llegué a Madrid habiendo trabajado ya durante un par de años un sonido nuevo, por necesidad, con Diego Guerrero, en acústico. Yo estaba con Los Sirénidos y en paralelo iba con Diego porque no podíamos ir tanta gente. Algunas veces desnudaba la banda y me iba con el pianista, Petaca, sola, guitarra y piano, otras veces contrabajo y piano… Entonces yo ya traía algunas canciones hechas de Granada. Por ejemplo la ‘Soleá de la corriente’ que estaba hecha para mi tío Tomás (Tomás de Perrate). Yo quería plasmar el sonido que ya venía trabajando con Diego, hacerle una foto y que pudiera servir eso como una carta de presentación para un nuevo camino en solitario. Entonces tuve que provocarlo un poco. Yo, a veces cuando provoco el movimiento y todas las piezas están en funcionamiento, bajo presión, funciono mejor. Hay veces que la inspiración está mejor, no sé por qué, parece que el cuerpo sabe que lo tienes que hacer y algunas cosas las provocas y otras nacen con mucha naturalidad. Normalmente las que provocas te sirven sólo de ejercicio, no se quedan, pero te ayudan. Entonces, yo traía un par de canciones de Granada, otras tres de discos anteriores que me apetecía retomar con este sonido y que Diego se empecinó en trabajarlas, y canciones que nacen aquí en Madrid. Algunas nacen antes de tener la idea de grabar y otras nacen componiendo ya para el disco, como ‘La canción inacabada’ que habla de eso mismo, de que no estoy inspirada y no me sale. ¿En qué se basa tu proceso compositivo? Mayormente me sale. Tienes que ir con la libreta todo el rato en esa época. Yo puedo escribir sobre algo porque quiero hacer un ejercicio pero luego nunca termina siendo una canción. Lo que necesito es estar tranquila, en sitios silenciosos y observar. Vivir emociones también es muy importante. Cuando tú estás apalancado, en una situación cómoda, no provocas la inspiración con tanta facilidad como cuando tú misma te echas al toro. Cuando tú

coges la guitarra, empiezas una idea de algo que te ha sucedido, que has visto, algo que quieres contar, empiezas con la guitarra y sale a la vez la melodía, la armonía y la letra. Ya luego siempre se mejora aunque hay algunas que salen a la primera. Tu proyecto es una obra de arte en sí: nuevas composiciones, nueva visión musical, nuevo sonido, diseño de ropa, elegante diseño de disco, videoclip. Esto implica un gran equipo, un equipo de artistas. Cuéntame un poco sobre él. En la parte musical Diego Guerrero es el mago, el que produce el disco y tiene la magia. Diego estaba contento con la materia prima que es lo importante. La parte del diseño gráfico lo ha llevado Nic Lund. Le ha puesto una ilusión y una entrega tremenda y doble trabajo. A parte del diseño del disco, a ciertos mecenas se les daba como recompensa una edición especial artesanal que le ha llevado hacerla un trabajito importante. La edición especial son grabados con serigrafía, pan de oro, y trabajos en popup. Muy curioso, como si fuera un libro de cuentos era la idea. Miriam Yeleq es la que ha hecho la fotografía y vídeo. El Kunke, cantante de la Banda, ha venido a ayudarnos a hacer el making off de la sesión de fotos. Jorge Camarlengo que es el ideólogo de muchas cosas. Es un solucionador de problemas. Para mi, en Madrid, ha sido un timón. Mi diseñadora Bárbara Mouriño en Utrera, y alguna vez me ha vestido Fran de Gonari. Voy alternando pero de toda la vida la que más ha estado conmigo ha sido Bárbara. Yo le cuento cualquier película que se me ocurre, por ejemplo, me apetece un traje de gitana japonés y de repente ella se inspira, tiene su mundo mágico y te lo entrega cinco minutos antes de la actuación y está perfecto. El videoclip de Baldosas Amarillas lo ha grabado Santo Veiga con un equipo de profesionales, lo hicimos en un par de días, aquí en Madrid. Fue una experiencia muy chula también. Se grabó en las Vistillas. 96 · Blusa


¿Qué tiene de curioso el proceso de producción de ‘Viaje al interior’? Nosotros, al principio, cuando nos sentamos a hablar de cómo queríamos el disco, el concepto del disco era desnudo. Diego tiende a meter muchas pistas, a él le gusta. Sin querer, le sale ahí una big band de momento pero yo le propuse ese reto: intentar hacer algo desnudo. De repente había una canción que los dos la escuchábamos como muy llena, por ejemplo ‘De baldosas amarillas’, y trabajábamos de qué manera podíamos hacer eso sin tener un sonido de banda, porque yo quería respetar el sonido que hay en el resto del disco. Entonces empezamos a experimentar con percusiones vocales, instrumentos de juguete y sonidos orgánicos (bolsas de papel, yogures con una cucharilla) . Un trabajo de investigación que, en gran parte, Nasrine Rahmani hizo. El único instrumento real que hay es la guitarra que interviene con mucha delicadeza. Al final, este tema se quedó con muchas pistas pero sonaba orgánico, no sonaba grande. Y en el resto de los temas, Diego de primeras, cuando los escuchaba con la guitarra, ya escuchaba todo lo que venía después, incluso los arreglos, que los soñaba. Viaje al interior es un trabajo compuesto de 11 cortes en los que colaboran maestros como Martirio, Jorge Pardo, El Kanka, Raúl Rodríguez, Rycardo Moreno y un largo etcétera. Colaboraciones gourmet. Yo sé que a ti te gusta mucho la cocina y ‘jamar’ (comer en caló) y me gustaría que a todas esas colaboraciones las identificaras con un plato. Oy, oy, oy, oy. Madre mía…Rycardo sería algo super castizo. Sería un plato de cocido con su pringá y todo. Rycardo sería algo muy densito porque es lo que él ha aportado al disco. Él ha aportado la densidad que te aporta un cocido. Cosa antigua, auténtica y de calidad. Hecha a fuego lento. Blusa · 97

Raúl yo creo que ha sido, no sé muy bien si llamarlo la sal o el azúcar, porque ha hecho como que se unan dos orillas. Cuando yo llamé a Jorge (Pardo) para que participara en el disco, le dije que tenía un tanguillo marinero pero que ese mar no tenía olas y así ‘istierco’ no podía ser, porque un mar sin olas no tiene sentido. Le dije: ‘si tú no vienes y no tenemos olas, el mar no tiene sentido’. Se vino y lo entendió perfectamente. Tu oyes las olas, los barcos zarpando…Y ahí me faltaba Raúl porque en ese tanguillo, al final, que ya se queda la isla con todas sus cosas de colores y su riqueza, y el mar con sus olas y con su to’, lo que une todo eso es el tres flamenco de Raúl. Entonces sería la sal en una orilla y la azúcar en otra. Así que Jorge sería una sardinita muy bien hecha. Martirio para mi sería un plato hecho con ingredientes propios de la tierra pero cocinado moderno. Sería una cosa como delicatessen, exquisita, pero que los ingredientes que tienes son de la tierra. Por ejemplo, en mi pueblo hay un sitio que no paran de darle premios, y que tiene todo de productos de la tierra pero muy bien presentado y te lo comes y lo flipas. Pues Martirio hace una cosa así; tiene lo moderno y el ingrediente familia, de raíz. Es un plato que te lo comes y lo disfrutas. El Kanka… yo creo que el Kanka es un helado de chocolate. De esos que te quita la depresión. Eso es el Kanka en este disco. Mira, es un tema para disfrutar, para saborearlo bien. Él sería como un postre fresquito. Desde que me llegó el disco a mis manos lo escucho una vez al día, mínimo. Revisando ‘Viaje al interior’ he llegado a una idea, absolutamente subjetiva, pero que me convence plenamente: este trabajo es una oda a la vida. Una composición de extractos de esas canciones me dan la razón ¿Voy encaminada en lo que para mi significa tu disco? ‘Y aquel instante en que dimos por hecho cada cual en su derecho de perder el talante’


‘Si a fin de cuentas lo importante resulta ser el camino’ ‘Deshojarse y florecer morir tres veces por segundo y volver a nacer que se pare el tiempo aquí que no hay nada que tenga que decir’ ‘Que el tiempo anda con prisas y a su modo proceso’ … Quiero perderme en tu universo Aunque no exista un regreso’ … que entre risas y disgustos te hipnoticen sus vaivenes y entonces quieras agarrar cada segundo’ Viaje al interior es resultado de una experiencia que yo he provocado, que yo quería vivir. Yo quería emocionarme, y emocionarte es dejarte llevar, lanzarte a que te sucedan cosas y vivir la experiencia a tope, venga lo que venga. Y eso es la vida, entregarse a lo que toque, sin cerrarse a nada ni poner muros para que no sucedan las cosas. Vivir. Yo lo que quiero es que el espectador se sienta identificado, que al entrar en mi mundo y descubrir sus paisajes sonoros, sus puestas de sol, las cositas que hay dentro de Maui, se sienta identificado y hago su propio viaje interior, que al final lo tenemos todos. ‘La vida había que bebérsela a grandes sorbos’. Miguel Vargas ‘Bambino’. Gracias, Maui, por mirarme un día pa’ dentro y llevarme de la mano a tu mundo interior. 98 · Blusa


¿A quién dispara Niki ? Natalia Ruiz-Poveda

En unas declaraciones de 1965 para la televisión pública francesa, Niki de Saint Phalle dirá: “Para mí, mis esculturas representan el mundo femenino amplificado, la locura de la grandiosidad de las mujeres, la mujer en el mundo de hoy, la mujer al poder”. De madre americana y padre francés, la artista autodidacta, fotógrafa, cineasta, escultora, pintora, performer y diseñadora gráfica, nos mostrará a lo largo de su trayectoria una inexplicable e intensa relación entre su vida privada y su trabajo artístico hasta la disolución de sus límites. Las vivencias de Niki marcarán su discurso transformador, insurrecto, constituyéndose como un icono ineludible del feminismo de nuestros días. Marcada por una estricta y conservadora educación, se casará en Nueva York a los dieciocho años con un amigo de la infancia y de la familia: el poeta Harry Matheus. Niki Blusa · 99

pertenecía a una familia de la “aristocracia” estadounidense, y por aquél entonces, comienza a trabajar como modelo para algunas revistas de moda. Su vida parecía perfecta. Un marido, un trabajo dentro de lo que las convenciones sociales esperaban de una mujer como ella, familia bien relacionada… tras nacer su primera hija, se mudarán a París. Pero la artista guarda un secreto, y en 1953, con veintitrés años, le diagnostican una depresión nerviosa estando de vacaciones en el sur de Francia, y es ingresada en un hospital psiquiátrico, en Niza, cuna de los Nuevos Realistas. Es entonces cuando comienza a pintar. “Tuve la suerte de toparme con el arte, pues tenía, en el plano psíquico, todo lo necesario para ser una terrorista”, declarará años después. Totalmente autodidacta, Niki descubrirá en este contexto que el arte podía servirle en sí mismo como enfermedad y cura, como exploración de sus propios fantasmas.


Niki de Saint Phalle en train de viser, photographie en noir et blanc rehaussée de couleur extraite du film Daddy, 1972. (détail) © Peter Whitehead.


Como para muchos y muchas artistas, la creación nacida de la enfermedad y del dolor será su propio método de sanación, de autoconocimiento y de relación con el mundo. “Comencé a pintar entre locos, y es así como descubrí el sombrío universo de la locura y su sanación, así como aprendí a traducir a la pintura mis propios sentimientos y miedos, mi violencia, mi esperanza, mi plenitud”, dirá al respecto. Niki se acerca a las bases de algunas corrientes que surgirán coetáneamente, como el Art Brut y su busca por los trastornos y la psicología humana. A partir de este momento, despierta en Niki un deseo de huida, de libertad, una obsesión que escondía uno de los secretos más oscuros de su pasado, y que no desvelará hasta el final de su carrera: la violación por parte de su propio padre, a la edad de once años. The outsider Los dos primeros años de creación compulsiva su obra se centrará sobre todo en la construcción de un álbum de familia, retratos, maternidades, autorretratos, escenas de casa –en 1955 nace su segundo hijo- y motivos decorativos. Niki retrata su propia cárcel personal: su entorno doméstico, su familia. Se da cuenta de que ha sido prisionera del género. Un par de años después su arte se irá encaminando hacia composiciones más narrativas, en las que entrarán figuras imaginarias que conformarán el núcleo de sus mitologías personales. Traza un análisis de la feminidad a través de criaturas en su mayoría fantásticas: monstruos, sacerdotisas, animales, diosas, niñas, castillos, catedrales, motivos de la naturaleza… la mayor parte de sus creaciones rescatarán la figura femenina para diseccionarla y reconstruirla.

dispara a la obra de arte. Las balas rompen las latas de pintura que se escondían tras el lienzo, dentro del relieve. La pintura sangra, y enlaza en técnica con el contemporáneo “action painting” norteamericano, aunque para ella no es solamente algo emocionante y sexy, sino también trágico: no se trata de crear a través de los disparos, sino de cambiar lo ya creado. Es un proceso personal. Niki utiliza su cólera para modificar sus propias obras: la pintura es la víctima y la creación. ¿Quién es? ¿Acaso su padre? ¿Su madre, inexistente? ¿El patriarcado? Para Saint Phalle, la obra disparada no es sino la sociedad misma, con su propia violencia, y la hostilidad de los tiempos que corrían. Para ella, estos disparos suponen una liberación personal. Un modo de compartir con el mundo su dolor, y de dejarlo ir. A través de ellas, llega al sentimiento de la inmortalidad. La destrucción y la creación se encuentran en un mismo acto artístico, como en los ritos chamánicos. Las “Shooting paintings” son una provocación a una sociedad que la dejaba fuera, la obra que lanzó su fama internacional. Después de la tormenta Un año después, Niki es invitada a unirse a los Nuevos Realistas. Dispara a esculturas griegas, las que definen el canon, las que discriminan y se cuestiona la bestial autoridad masculina en la sociedad.

Tras los disparos todo era posible: la rabia se había ido y dejaba paso al dolor. La ausencia de un referente materno le hará crear su referente propio y construir un sistema de valores desde cero. De este modo, en 1958, Niki empieza a concebir sus figuras recuperando elementos de la naturaleza, Poco después, en 1960, Niki deja a su deshechos y fragmentos, y ensamblándolos familia para seguir una carrera independiente. en torno a una figura central. Se acerca así al Conoce entonces al escultor Jean Tinguely. El ready-made, a Duchamp y al neodadaísmo. artista suizo, dirá Saint Phalle, será el primer hombre ante el que se sienta una igual. Su idilio Rota en su interior, Niki intenta unir todas las piezas posibles de su alma, como una dura treinta años, hasta la muerte de éste en representación de la vida. Es así la mujer: 1991. Al mismo tiempo comienza a investigar las posibilidades de la pintura viva. Es el germen belleza fragmentada, rota, ensamblada, transformadora. de las “Shooting paintings”, de 1961: la artista Blusa · 101


Les Tirs.

Por primera vez su trabajo es más consciente y reflexivo. Los objetos que componen estas mujeres son tétricos: muñecos rotos, brazos, pedazos de plástico, ropas, rostros. Se trata de una representación simbólica de su dolor, de un exorcismo de una agonía que no sabe cómo gestionar. Ensambla para olvidar, para vengarse; para renacer de los escombros, para ser su propio refugio. Construye así mujeres embarazadas, de parto, vestidas de novia, a caballo. Todas ellas son expuestas como víctimas: crecen en su dolor. La agonía se transforma en fuerza, y Saint Phalle se lanza a un mundo más íntimo y femenino. Es el germen de las Nanas.

Durante los años sesenta la artista desarrollará series de esculturas de gran tamaño, coloridas, festivas, voluptuosas. Siente admiración por el color y el mundo onírico y fantástico de Gaudí, y en este espíritu crea su propio universo femenino, donde arte y vida son uno solo. Presentadas como arquetipos primitivos, fuertes, felices y poderosas, son una metáfora del género empoderándose. A base de polyester, papel maché y otros materiales, con estas monumentales composiciones femeninas Saint Phalle defiende la creación de una nueva sociedad, esta vez matriarcal. En 1966 es invitada al Museo de Arte Moderno de Estocolmo para construir una Nana gigante encuadrada en un mundo más mitológico y misterioso: una gran diosa de la fertilidad, que pare y absorbe visitantes, y que pocos meses después será destruida. 102 · Blusa


Nanas

El arte, la mujer, la naturaleza, la vida Unos años más tarde, en 1978 marchará a Italia, donde trabajará durante quince años en El Jardín del Tarot, su primera gran obra ambiental. Concebida en un terreno cercano al mar, representa figuras arquetípicas, consiguiendo al fin la verdadera unión entre el arte y la naturaleza. Este jardín se convirtió en una obsesión para Niki, aunque para esa época empieza a desarrollarse con fuerza en ella la enfermedad: será víctima de una esclerosis múltiple. Con estas obras al aire libre, Saint Phalle quiere crear una nueva cosmovisión: espejos, colores, movimiento… intenta representar la muerte como misterio de la vida. Los labios, los ojos o los escudos son símbolos recurrentes. Y en esta nueva visión del mundo, un tema central: la mujer que conquista sus demonios y su propia fuerza interior. La dicotomía entre el bien y el mal deja paso a la de creación y destrucción. La mujer sale al encuentro del universo, rechaza el hogar. Blusa · 103

Sus figuras femeninas son sacerdotisas, domadoras de monstruos, salvajes, fértiles, animales, principio y fin a partes iguales. Encontramos además figuras masculinas que representan la carta de El Emperador: simboliza protección de la sociedad, la ciencia, la guerra. Después de esta obra le diagnostican problemas en el sistema respiratorio provocados por el polyester, y decide trasladarse al sur de California, donde se dedicará a las esculturas públicas, y donde en 2000 diseñará un parque en Escandido, su última creación. Su obra es un ejemplo y un referente del arte femenino y feminista de nuestros tiempos, y de ahí que no podamos omitir su trayectoria vital al hablar de su arte: de la rabia, pasando por el dolor y el sufrimiento, Niki llega a la regeneración y finalmente a la plenitud, gracias a su fuerza creativa. En una entrevista le preguntan por su condición de artista y madre: dirá que la mujer no necesita ser madre para sentir que lo es, puesto que la familia y la maternidad han sido para ella una prisión. Saint Phalle pare su arte, engendra su lenguaje, inventa una nueva cosmogonía, es creadora, y esa es, para ella, la verdadera esencia de las mujeres.


Le cheval et la mariée.

Su obra es un ejemplo y un referente del arte femenino y feminista de nuestros tiempos, y de ahí que no podamos omitir su trayectoria vital al hablar de su arte: de la rabia, pasando por el dolor y el sufrimiento, Niki llega a la regeneración y finalmente a la plenitud, gracias a su fuerza creativa. En una entrevista le preguntan por su condición de artista y madre: dirá que la mujer no necesita ser madre para

sentir que lo es, puesto que la familia y la maternidad han sido para ella una prisión. Saint Phalle pare su arte, engendra su lenguaje, inventa una nueva cosmogonía, es creadora, y esa es, para ella, la verdadera esencia de las mujeres. 104 · Blusa


Entrevista a la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad Sara Herrera Peralta

¿Qué actividades realizáis en la organización? Nace por una cuestión de justicia social, de rebeldía y de denuncia. Hace dos años comenzamos a poner en práctica la idea de poner una asociación en marcha, acorde con nuestros pensamientos, ideas, actitudes… es decir, gitanas como nosotras. Nuestra unión se cocina de forma natural y espontánea. En casa de Aurora invitándonos a pasteles, café, té… Y en dichos cafés surgió Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad. Nuestros diálogos intensos y, a veces, discrepantes, construyeron nuestro propio feminismo gitano, invadidas de las rebeldías, inquietudes y protestas que nos surgían desde nuestras entrañas a cada una de nosotras. Tan diversas y tan iguales. Blusa · 105

¿Cómo se formó y cuántas personas formáis parte de ella, cómo os organizáis? Durante cuatro meses el grupo de mujeres fundadoras nos dedicamos a recopilar información acerca del movimiento feminista en general siendo conscientes de que para la construcción de una corriente intelectual feminista gitana había elementos y líneas del “feminismo payo” que no sería posible incorporar a nuestro discurso. Después de meses intensos de trabajo y formación Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad elaboró sus estatutos que hoy podéis consultar en nuestra página de Facebook. Y a partir de ahí comenzamos nuestra actividad de participación y concienciación.


¿Cuándo y por qué nació la asociación? Presentamos la asociación por todas las comunidades a las que podemos ir visibilizando y promoviendo la misión de la entidad. El fin último es poder crear un movimiento social real, participativo y empoderar a las mujeres gitanas en toda España. Además de la creación de redes de trabajo y activismo feminista contando con la colaboración de las mujeres payas de España. ¿Qué barreras encuentra la mujer gitana para acceder al empleo? La primera barrera tiene que ver con los prejuicios de la sociedad mayoritaria. Que somos vag@s, no queremos estudiar, somos suci@s, agresiv@s, ladrones… Que no nos adaptamos y que nuestro oficio es estar en la casa y criar hijos... También la falta de formación, las cargas familiares y la discriminación. Las instituciones, organizaciones y asociaciones no cubren las demandas de las gitanas porque no tienen en cuenta las necesidades reales sino lo que les interesa que se vea: justificar las subvenciones haciendo talleres que no las forman para tener acceso a un empleo sino en labores domésticas, corte y confección, cocina, etc. ¿Es la educación otra problemática para la mujer gitana? ¿Por qué? Porque hace treinta años existían escuelas puentes solo para gitanos; porque hasta que no llega la Constitución, no somos considerados ciudadanos de pleno derecho con un acceso real a los servicios públicos, incluida la educación. Después de seiscientos años de intentos de exterminio, persecuciones, expulsiones, políticas asimilativas, solo hace treinta y cinco años que comenzó a darse el contexto que permitiese que el pueblo gitano accediera a los centros educativos. Actualmente, los niños tienen un mayor nivel de instrucción escolar que el de sus padres

Representantes de la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad

porque la generación anterior apenas tuvo acceso a la educación. ¿Qué es lo mejor y lo peor que habéis vivido como representantes de la asociación en este tiempo? El ser conscientes y conocedoras de que el movimiento feminista ha estado ignorando a la mujer gitana y no lo ha incluido en su discurso. Hemos sido invisibles. Y sí ha habido mujeres gitanas que iniciaron la lucha, desde su casa, su familia, su asociación, desde su entorno más cercano. Agradecidas estaremos eternamente a estas ancianas feministas gitanas que han sido las grandes heroínas para nosotras y son totalmente desconocidas. Lo peor es la falta de apoyo que hemos encontrado en algunos casos con mujeres payas, no creen que ser gitana y feminista sea compatible. ¡Sin miedo a la libertad! 106 · Blusa