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Idea original de Fabio JimĂŠnez Acosta y Elena de Troya.


VIVIR EN LA CIUDAD Es casi un hecho que todo el primer mundo es ciudad. Todo el primer mundo es ciudad porque casi todo el primer mundo se ha criado y vive en una ciudad. Hemos aprendido a desenvolvernos entre miles de estímulos, entre la sobrealimentación unos y la marginación y el cobre otros. Estamos epistemológicamente condicionados. Cuando caminamos por lo poco de naturaleza, si es que este sustantivo sigue teniendo sentido, no podemos pensar si no desde las coordenadas de semáforos, edificios y ascensores. Aluviones de gente siguiendo el ritmo del tráfico y los horarios marcados por la ingeniería social. Miramos a la naturaleza como si fuera otra cosa distinta a la que es (la pregunta por la naturaleza es eterna, pero en nuestro tiempo ha tomado esta forma). Como este fanzine busca ser de todo menos reaccionario, "Vivir en la ciudad" no busca simplemente oponerse al "mundo moderno" (un recurso ya demasiado usado y cutre), sino que nace con el fin de poder acercarnos a la subjetividad de individuos de toda clase, artistas o no, que comparten el tener un barrio, un trabajo, ir a clase... de forma que podamos ver, más de cerca, qué es eso de vivir en una ciudad y cómo nos hace mirar al mundo.


Olvidé cómo caminar por este inerte cuerpo de cemento y hierro, eterno creador de soledades compartidas. Cada calle, cada esquina resulta una derrota a la par que el más puro de los anhelos por contemplar como las llamas purifican. El hedor de la frivolidad adherido a cada paso de estas avenidas y el yugo de las agujas de giro frenético como algo inherente a su carácter. Vomitando ritmos y ciclos desnaturalizados que fuerzan a omitir los instintos. La felicidad vacía en venta tras cada pantalla y la belleza forzada que aplasta inunda las paredes. Rituales de interacción podridos y carentes de fondo. Estás maldita y te llevo dentro.


Txusan


CIUDAD Ciudad, mi tierra represora, veneno en botella de marfil de sonrisas fingidas, para una dulce esclavitud que hoy hay que agradecer. Madre con un hijo rebelde, que en cuanto ésta no mira, se siente libre como una libélula y sus compañeras de expedición, ajenas a los depredadores, las criaturas grandes, los monstruos de las profundidades, los ojos que miran del cielo, sin saber qué ocurrirá, ni a donde van, pero seguras de que volverán con una aventura a la espalda, y nuevas criaturas con las que compartir un trecho del camino. Pero la ciudad asesina al caminante, que forja su identidad en un océano de juicios y límites, lleno de falsas identidades colectivas, donde lo marginal ya está muy visto, y los verdaderos marginales muy ocultos en las sombras del sueño de respirar bajo el fango.


CANSADA:

En la catedral de tus huesos se esconden las palabras que impulsan el resorte de tu corazón podrido. Esos ojos que escudriñan tus entrañas no son más que luces marchitas. Pero no temas, no te harán daño, alumbrarán tu camino sin pedir nada a cambio, pero siempre mostrándote con voz ilusoria que tu existencia, no es más que un mero gránulo a punto de desaparecer en el horizonte. Incluso tu sombra -fiel compañera que nunca te abandona-, te recordará constantemente que dejar la puerta de una jaula abierta no invierte el hecho de que esa jaula exista. Y que TÚ, eres el siguiente lote de carne fresca que debe ser escrupulosamente empaquetado y atesorado para una posteridad, donde esos sueños del pasado ya no tienen cabida. La masa grumosa te asfixia a pasos agigantados y tu bolsillo se ha convertido en un reloj de arena inexorable. Qué es lo que te queda, te preguntas: tu identidad ha sido corroída por los sórdidos muros y tu autoestima absorbida por los deberes establecidos que mantienen en pie los pilares del orden y la paz ficticia. Decides buscar a una nodriza que te ampare y comprenda; porque estás cansada, demasiado cansada. Entonces, ella aparece, y ya no hay más caras de cartón, más escenarios inertes, más dolor ni frustración. Ya no hay más...TÚ.


No es verde, es negro harina y polvo y tabaco y caliza húmeda. Chicle sucio que limpia las bocas secas que llevan toda la noche bebiendo. Luz que gasta y no alumbra, sol que calienta y no luce, sólo quema cucharas de cemento, agua envenenada y fuentes vacías llenas de hormigas. Sentidos polvorientos, hormigueo en los dedos disociación De repente estás y no estás en el suelo, andas volando porque has de ir. No quieres oler porque te sabe la boca a no saber vivir.


DESINTEGRACIÓN Corroídas, calles negras sin vida, dios de acero y cieno. Ríos de fango, gente nadando, corriente de vapores y perdición. Arrastra, arrastra, lleva contigo esta fosa primigenia. Gritos desesperados. Frío. Orillas secas, arena descomponiéndose, barcos varados, nada navegará nunca, nada volará nunca, nada nunca. Este páramo yermo, hastío engendrado de una madre estéril, vientres infecundos. Arráncame de este desierto, garras que despedazan desde dentro, silencio de duelo. Palpitan, estertores de bruma, rocío corrupto, negro. Mueren, calma que cubre de tranquilidad el cansancio. Sopla y se desvanece, brillo mate de óxido en el espíritu.

Herida abierta, almas supurando, desintegrándose.


CIUDAD DORMIDERO

15 minutos me ligan al sosiego la (in)utilidad y la pérdida de consciencia onírica. 12 kilómetros me liberan de la queja la genética y los aburrimientos incompatibles. Carretera a una ciudad prestada que no me ha visto crecer pero sí empezar de cero.


Nacidos en un clima de hormigón, se escuchan los movimientos de las cámaras que te siguen por las grises calles de la ciudad, el llanto es apagado por las bocinas que son pulsadas con violencia, y evaporado en el asfalto que hierve bajo tus pies, bajo las suelas de tus zapatos. Las pastillas son cocinadas con amor por las farmacéuticas que te quieren sometido en este clima abiótico contaminado. Mientras tanto los televisores se vuelven maravillosas ventanas de diversión, que no son más que tristes cajas de madera que te mantienen sedentario a beneficio del negociante, a obscuras, con luces artificiales. Las plantas gritan de agonía, desesperadas por rayos de sol que se deslizan silenciosos por la ventana. Arrastrando su hambruna el Hijo del Cemento caminaba por la calle de su barrio, se dirigía a un almacén, ahí la comida lo esperaba, muerte, carroña para su consumo, eligió cuál sería su plato del día, carne de res. Él era la res, solo que aún estaba vivo, ella estaba muerta. Ya no escuchaba sus lamentos, habían quedado atrapados tras los fríos muros del matadero. El hijo del cemento siguió con su rutina, luego de comer, el trabajo. Se subió al ómnibus, este se deslizaba a una velocidad estándar, atrapado en la calle con cientos de otros autos también atrapados, pulsando ruidosamente sus bocinas, generando la sensación agobiante de estar rodeado de gigantes de fierro, que en algunos años estarían oxidados. El hidrocarburo de su motor despidió grandes nubes grises que se mezclaron con el oxígeno que los hijos del cemento respiraban. Las bocinas de los autos atormentan los cerebros de las personas que ocultan su tristeza tras una máscara de antidepresivos, y los que no, los derrite el malestar acústico. Al llegar a la oficina el hijo del cemento se sentó, lleno de tinta papeles, no sabía que estaba haciendo, que bosque irían a talar cuando firmara aquellos papeles, lo único que sabía era lo que quería, lo que le darían por llenar aquellos papeles blancos de garabatos de tinta. Tomo un café que aplaco un poco su pernicioso sueño y siguió rellenando espacios blancos. Al terminar volvió a su hogar. En el camino un hombre temblando de frio se acercó con un cuchillo, lo amenazo y se llevó la maleta, que estaba llena de hojas y tinta. Corrió lejos y el hijo del cemento lo vio fundirse en la obscuridad de la noche. Al rato había un patrullero dando vueltas, alumbrando la noche con su sirena, el hombre se asustó y tiro el maletín a la basura, las hojas salieron disparadas y revolotearon como palomitas blancas manchadas en aquel callejón, los policías lo vieron, y lo mataron a golpes. El cuerpo del hombre se pudrió entre la basura, al menos no tendrá que seguir con esa farsa al menos no será un títere más en este espectáculo de cámaras. El hijo del cemento abrió la puerta de su casa, se sentó en el sillón, tomo un vaso de vodka con pastillas para callar los gritos que su alma profirió durante el día, gritos de culpa y de impotencia. Y se sumergió en la piscina estúpida del espectáculo televisivo. Luego se quedó dormido Soñé que trabajaba Se despertó y salió a la calle. Otro día más.


NiĂąo Ahogado


PARAÍSO TERRENAL

Entre los suelos manchados por el paso de los años se encuentra mi cielo, donde convergen realidad y sueños. Donde mi niña se hizo mujer, donde pensar era desconectar, donde vivir es soñar. Un ser natural de tronco desgastado por los humos en vano y los llantos convertidos en efímera realidad. Más le debo a este árbol que a los milagros. Aquí me despido, mi querido árbol, tus arterias enroscadas no pudieron soportar la devastación humana. Mi refugio vegetal, mi paraíso terrenal.


Carmen Westerveld


Tengo un "problema" emocional porque vivo en la ciudad. Mi "problema" es la maldita-bendita sensibilidad. Maldita porque me hace temblar. Bendita porque me hace cuestionar. La ciudad en la que vivo toda ella sucia esta. Policías coches centros d salud mental. Y lo que más miedo me da es el maltrato que se enmascara detrás. Has visto sus caras al pasear???? Prefiero mirar al suelo antes que desafiar. Por alguna extraña razón que no atisbo a imaginar las serpientes unidas a ese dolor están. En la pared de mi habitación un cuadro de ellas colgué para que me protejan y alivien mientras aquí esté. Los días veo pasar y nada veo cambiar. Impotente me siento ante tanta calamidad. La tempestad-ciudad hace tambalear mi barquito de cartón, y como soy pequeñita morirme a veces deseo yo. Quieren controlarme, quieren alienarme. De luto estoy a la montaña marcho hoy. Con las serpientes a reencontrarme voy.


Elena de Troya


CIUDAD

Se ve bien la ciudad, pero también mal, será por mi miopía, será porque sigo en ella, un día más. Será porque hoy la apatía no me afecta, pero tal vez mañana si, la ciudad es cambiante. Yo también. La ciudad me obliga a estar en movimiento, camino por ella y muchas otras ella camina sobre mí. Quizás es en esas veces cuando me cae mal, cuando no quiero ser parte de ella. Otras, en cambio, el que está encima soy yo, la sobrevuelo y me para, lo vuelvo a intentar y me deja, me vuelve a parar, para al final volverme a escapar. Juega conmigo y se cansa, lleva haciendo esto desde que tengo uso de razón, al final, me conoce mejor que nadie, me observa todos los días. En la ciudad no se está tan mal, la polución me da igual, el ruido no me molesta, nací y crezco en ella. Aquí soy uno más, a ella no le importa nadie, se vale de nosotros para justificar su estatismo. La ciudad nos sobrevive. La ciudad me sobrevive.


M.


En ese momento en el que atardece y se mezclan los colores en el cielo busco el horizonte para ver cómo el Sol se esconde. Qué impotencia cuando, rodeada de edificios, me tengo que contentar con mirar el cielo que cubre mi cabeza. A veces imagino que ando entre árboles centenarios, y que todo cuanto me rodea no es más que vegetación que me ayuda a respirar. Qué frustrante cuando, volviendo a la realidad, puedo ver cómo las raquíticas plantas viven enjauladas, pues nos place ver así la vida.

Camino, siempre con prisa, aunque rara vez corro. Busco en la mirada de los extraños algún gesto de complicidad. Aspiro una bocanada de aire, ojalá me calmase.

No es rara la ocasión en la que camino mirando al suelo, pues necesito encerrarme en mí misma. Qué extraño cuando, siendo animales de la misma especie, tienes ese sentimiento de querer evitar a tus semejantes.

Observo los balcones, las losas o las escaleras, las alcantarillas, las señales de tráfico, los bancos, o cualquier otro sitio con pequeños recovecos. Qué claustrofóbico cuando, con sólo un simple vistazo, compruebo cómo la vida intenta abrirse paso a través de la ciudad.

Me abruma la sensación de vivir en algo artificial, en algo que ni si quiera está muerto, pues no nació con vida, sino a su costa. En una mole gris, que atrapa, aísla y comprime. Siempre tenemos en la boca eso de “cárceles de cemento”, y aunque sea una idea muy trillada puede que también sea la más certera.


Mardrรถm


Intramuros Murmuras Murallas Que asfixian Tus entraĂąas I Inquebrantable Violas tus pisadas Reprimiendo su ser Te amoldas al asfalto Que te impide ver I Inconsciente Arrastras a raudales almas de alquitranes Aras de Antares a braza abstraes Quieres ser Y eres, nadie.


A unos minutos del centro se encuentra mi barrio. Tiene dos nombres: el de tradición católica, Bº de la Concepción, y el que hace mención a sucesos sangrientos que por suerte ya no se dan, nombre favorito por las lugareñas, Quitapellejos. Su fama es variopinta, igual que las calles, las casas y los vecinos que lo forman. La infancia aquí ha sido privilegiada, en la falda de una montaña entre pinos, almendros, palmitos, margaritas, vinagretas, lavanda, tomillo, romero, lagartijas, gatos, perros y cucarachas. Pero están degradando las futuras infancias. Han talado una parte importante del monte para construir una urbanización adinerada separada del barrio con un muro y rejas, y para acceder allí hay que rodear todo el barrio para que sus habitantes no tengan que pasar por aquí. Por su puesto, cuentan con seguridad privada. Donde antes hacíamos cabañas de madera sobre un pino gigante, escuchábamos los renacuajos de la balsa y veíamos bajar un hilillo de agua ahora yacen chalets. La adolescencia, curiosa, es donde empezamos a enlazarnos con el centro de la ciudad y sus golosinas, el cine, las tiendas, los bares... y la gente que allí habita. Las bajadas al centro se hacen cada vez más inevitables al tener que estudiar allí. Las amistades empiezan a extenderse más allá del barrio y se crean lazos y hábitos integrados en el centro de la ciudad. La crudeza de la realidad azota cuando somos adultas y somos un poco más conscientes de muchos aspectos. El barrio forma parte de la ciudad y aunque hay una gran diferencia entre amanecer escuchando los pájaros o escuchando el tráfico, entre jugar corriendo por las calles... a jugar en el patio interior de un edificio,... los barrios forman parte del entramado y las personas que allí habitamos estamos integradas en su dinámica capitalista. Alcanzamos cierta madurez y vivimos asfixiadas con tantas obligaciones, nos falta tiempo para dedicarnos a nosotras mismas. Comemos alimentos envenenados, importa más su aspecto externo y durabilidad en el tiempo que su sabor, su procedencia o salubridad. Respiramos aire contaminado y nuestro cuerpo se ve envuelto en ondas y señales malignas para él. ¿Huir de la ciudad o enfrentarnos a ella? ¿Desde dentro o desde fuera?


Se me sale el alquitrรกn por los ojos porque los animales salvajes no tienen culpa del alcoholismo del hombre. El estado de auto-anulaciรณn nunca fue el estado de los seres con garras, cuernos crestas, colmillos, escamas y veneno. No son animales los borrachos y las putas; los kinkis, los parados y las amas de casa. Son animales los que andan solos de la manada empezando una guerra en el seno de su alma donde caen las fregonas al paso de la zorra astuta golpeados cencerros por las sendas mรกs obtusas.


Fabio Jiménez Acosta

Muere el sol en el horizonte frías sombras de campanarios nos bañan enfrían nuestras almas que buscan cobijo en las esquinas esquinas ocupadas por cuerpos amorfos vendiendo amor amor ofrecida por la santa iglesia católica ciudad de autómatas con cráneos llenos de excretemos excrementos pútridos que se vomitan en sermones dominicales paseos dominicales por calle infectas de aromas armas nauseabundos desprendidos por sus falsos ríos ríos de vidas que antaño bañaron huertas hurtas marchitas que dieron sus últimos frutos pavimento y hormigón humedecido con sangre cráneos enterrados bajo asfalto nunca mas pies desnudos que pisen la tierra sentirás la tierra desde tu ataúd ataúd enterrados bajo edificios


Carlos Difunter

SOMNOLENCIA Sangre,sudor,gargajos,cemento skizo amor,abrazos violentos aceras,rencor,princesas y sapos mendigo pasiones en oscuros barrios Labios de mármol,ojos de cristal piel de alquitrán,corazón de metal amor odio ,no odio nada mas matame como la droga,no te dejare jamas Como anillo al dedo ,cual manzana al tiesto yo seré el gusano ,que te coma por dentro podrido talento,desperdiciado esfuerzo basta y robusta ,echándole un pulso al tiempo


Primitive


COLABORADORAS: No [portada] - https://www.facebook.com/No-existo-1728533967403479/ Txusan Innana Ira Cunda - https://www.facebook.com/Ira-Cunda- 234132063629393/ Sunny Pebé - https://www.facebook.com/sally.pebe.art/ Pedro Baños Bluemīnda - http://matisse-morte.blogspot.com.es/ Niño Ahogado Carmen Westelverd Yara Guerrero - https://www.facebook.com/yaraguerreroilustracionydemas/ Elena de Troya M. Mardröm Miss Regadera - https://www.facebook.com/MissRegadera/ Heredera Fabio Jiménez Acosta Primitive Carlos Difunter Lara Bujanda [contraportada] - https://www.facebook.com/subterranean.prints/


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