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La sostenibilidad del sistema de pensiones

España se enfrenta a una de las decisiones más trascendentes a largo plazo: ¿qué porcentaje de revalorización aplicar a las pensiones? La discusión real no tiene que ver con si “nos podemos permitir” una subida para 2013 acorde al IPC (3,5%) o al IPC con impuestos constantes (1,5%). Todo presupuesto es elástico, y donde cabe un rescate a Bankia bien caben 1.500 ó 3.000 millones de euros adicionales de gasto en pensiones. La diferencia entre la congelación de las pensiones y una subida de las mismas del 1,5% supondría un 0,15% adicional de déficit público, cifra tolerable una vez Europa ya ha asumido que España incumplirá de nuevo su objetivo de déficit, y cifra también pequeña para los votos en juego. En cambio, la trascendencia de la decisión tiene que ver con la sostenibilidad estructural del sistema español de pensiones, un problema independiente de la crisis y del debate sobre el tamaño

del Estado o sobre la naturaleza de la gestión pública o privada de las pensiones.

La franja naranja señala cada año la proporción de población por encima de los 67 años, la nueva edad de jubilación. Una franja que en 2049 englobará a la gran masa poblacional que actualmente se encuentra entre los 25 y los 50 años. A la situación actual se le conoce como la “ventana de oportunidad demográfica”: en la actualidad hay una proporción históricamente elevada de personas trabajando –incluso a pesar de la tasa de paro actual-, los cuales aportan recursos al sistema, manteniendo a una proporción históricamente baja de menores y ancianos. Esta situación de oportunidad se revertirá paulatinamente con el paso de los años. Aunque hoy hay 21 personas mayores de 67 años por cada 100 personas en edad de trabajar; esa cifra subirá hasta alcanzar los 51 mayores por 100 cada adultos en el año 2049. En este sentido, incluso en un momento con una tasa de dependencia excepcionalmente baja, la gravedad de la situación es tal que la Seguridad Social ya ha entrado

en números rojos, déficit que está siendo maquillado con transferencias corrientes de la Administración Central. No obstante, esto último es un problema coyuntural. El problema estructural se encuentra en que la dinámica de aumento del gasto ya ha comenzado a exceder a la capacidad de crecimiento real de la economía. El crecimiento del gasto en pensiones tiene tres componentes; examinémoslos por separado:

Un shock demográfico único en la historia de la humanidad El origen del problema se encuentra en una perturbación demográfica que la humanidad no había experimentado hasta hoy: la última fase de la transición demográfica, cuya principal manifestación ha sido la caída de la natalidad por debajo del nivel de reposición. A partir de los 70, las tasas de natalidad se reducen a la mitad tras el boom de la postguerra, creando una especie de ola demográfica que, gráficamente, se puede mostrar de la siguiente manera (datos basados en las proyecciones oficiales del INE):

1.- El crecimiento de la inflación. La actualización de las pensiones según la inflación, para evitar la pérdida de poder adquisitivo, es una norma habitual en todos los países desarrollados. No obstante, para estudiar el problema de la sostenibilidad podemos ignorar el papel de la inflación comparando el aumento real del gasto en pensiones –es decir, sin tener en cuenta las revalorizaciones en función de la inflación- respecto al aumento del PIB real.

ECONOMÍA

Abel Fernández Javier García

“El origen del problema se encuentra en una perturbación demográfica que la humanidad no había experimentado hasta hoy”


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