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BENITA ISABEL PANTIGA GARCÍA: Una mujer obligada a dejar su trabajo.


Continuamos con las historias ferroviarias.

Os hablo, seguidamente, de Benita Isabel, de Casa Pantiga. Esta mujer hoy no puede disfrutar de una jubilación del Carreño porque cuando decidió casarse, una norma de la época la obligó a coger la excedencia forzosa. A que nos parece lejana la historia, ¿verdad?. Sigue leyendo y verás que no tanto.

Benita Isabel entró con 15 años a trabajar en el Carreño, donde coincidió con tres de sus hermanos que también trabajaban en el Carreño.


“Necesitaban a una persona, y mi padre habló de mí a los encargados del Carreño, y me pasaron los meses que me faltaban para los 16 años. Entré en la limpieza, estuve 11 años trabajando. Estuve muy a gusto. Además, a mi madre le parecía bien que trabajara y me trataban como a una reina, me lo hacían todo en casa, yo no tenía que hacer nada, a veces ni la cama. Estuve muy bien en aquella época. Todos/as me apoyaron.” “Entré en 1939, en la Estación de Candás, hasta que me casé en el año


1951. Estuve en total, 11 años allí, y fui muy feliz. Éramos una gran familia, todos nos conocíamos, y yo al ser la pequeña todos se portaban muy bien conmigo. Todo muy bien, eso sí, ganábamos muy poco. Si no me llegaba, y era yo la que le pedía a la mi hermana que me prestase dinero (risas). Yo era muy presumida, gustábame la ropa, vestir bien...No es porque lo diga yo, pero estaba muy bien de aquella. Lo pasaba muy bien, iba a trabajar, estaba a gusto y llegaba a casa y lo tenía todo hecho. Podía salir, muy bien. Que recuerdos de aquella época de mi vida, que fue mi juventud, desde los 16 hasta los 27 que me casé.” “Por la mañana, a las 8:00, limpiábamos el material del suministro, del día anterior, los limpiábamos todo, cristales, suelos y si tenías tiempo algo por allí fuera. Había asientos de primera y de segunda, y cuando se les rompían las fundas, era yo quién se los cosía.” “Cuando yo trabajaba, en casa me lo hacían todo, viví como una marquesa, así que no tenía ningún problema con el horario ni con las horas que estaba fuera de casa. Por decirte que de soltera no freí ni un huevo, vivía como una señorita, eso sí puedo decirlo. Si hacía algo era porque quería. Teníamos una hermana de mi madre soltera, que la pobre cogió todas las responsabilidades de todos, la probina.”

Pero para Benita Isabel, el trabajo en el Carreño duró poco. Una ley de la época que obligaba a las mujeres casadas a dejar sus empleos la separó del ferrocarril.

“Eso es lo que me sucedió a mí, en el año 1951. Como había poco trabajo por aquella época, cuando las mujeres se casaban las mandaban para casa, para que los hombres tuvieran trabajo. Mira tú, si precisamente


cuando me casé fue cuando más lo necesité. Cuanto lo sentí, era poco lo que ganaba, pero menos era nada. Pero había que respetar las leyes. Si llega a ser ahora, me “ajunto” ( jajajaja) con el marido, como hacéis ahora, y no pierdo el trabajo que tanto me gustaba tener. Fui boba. Menos mal que no me salió mal el matrimonio, y he sido muy feliz, pero durante muchos años eché en falta aquellos años, en los que trabaja. Mi juventud.”

Esa juventud quedaba reflejada en algunas anécdotas sucedidas mientras trabajaba en el Carreño.

“Un día, salí de verbena, y a la hora de levantarme se me hizo tarde, y llegué con retraso, 5 minutos. No podías llegar ni un minuto más tarde. Cuando llegué, estaba el jefe en la puerta, que me preguntó que a qué hora se entraba, y le respondí que a las 8, pero es que me descuidé un poco. Y me dijo, que marchara pa casa, y que al próximo día llegara más temprano. Marché llorando para casa, y no me atrevía a decirlo en casa, de perder el trabajo por 5 minutos. Pero nada, al día siguiente fui y todo como siempre. Es la única anécdota.” “el día de Año Nuevo, eran las 6 de la mañana, iba yo pa trabajar, estaba todo oscuro a esas, pero yo iba sola. Antes, en la paso a nivel que está en la Matiella, había una guardesa y una caseta. Cerca había una estaca, donde se enganchaban las cadenas que se ponían para que no pasara la gente al pasar el tren. Ese día, desde casa ya había visto una sombra junto a la estaca, pero pensé que sería la sombra del mismo palo. Salí de casa, pero al irme acercando a la estaca me di cuenta de que al lado había un hombre con una gabardina, que cuando vio que me acercaba se subió los cuellos de la gabardina, para que no se le viese la cara. En ese momento,


yo no tenía otro sitio por donde pasar, así que decidí preguntarle con toda la confianza, a pesar de que no lo conocía le dije: ¡ Madre! ¿Qué haces ahí? ¿Cómo madrugaste tanto?, y cuando estuve a la altura de la caseta, escuché que me preguntaba: ¿De qué me conoces?. Mira, que miedo me entró cuando escuche la voz. Me paré, me agaché, cogí las madreñas en la mano porque estaba lloviendo, y eché a correr, que si llega a ser un tren no me pilla. Si quiero volver a correr como aquella vez sería incapaz. Recuerdo que me tiré en un asiento de primera, que eran como sofás, y un compañero, Avelino comenzó a preguntarme qué era lo que me había pasado que me había puesto tan nerviosa. Cuando fue ver a quien era el hombre desconocido ya no estaba, y nunca supe quién había sido el hombre que me había dado aquel susto. Mi padre decía que debía de ser un conocido, que venía de fiesta y no debía de estar muy bien, y se tapaba para que no lo conociera. Pero desde ese día no volví yo sola, fíjate lo que había podido pasar, yo sola, con 17 años, a esas horas sin luz.... no que quiero acordar, pero de aquella no se pensaban tanto las cosas como cuando ya eres más mayor.”

Benita Isabel, no dudaría en repetir la experiencia en el Carreño:

“Con todo eso, volvería. Ahora mismo si pudiera, tal y como estábamos, con la misma gente. Conocí a muchas amigas, amigos... y ganando lo que ganaba. Fue algo maravilloso para mí. Una pena que me tuviera que ir. Después de unos años, se quito esa ley y algunas de las compañeras que también habían tenido que irse volvieron, pero para mí ya era demasiado tarde. Podían las que no habían marchado desde unos años en concreto, y a las de 1951 no nos tocó.”


Ahora toca el tiempo de estar con la familia, de disfrutar con su hija y nietos/as.


Benita Isabel Pantiga García: una mujer obligada a dejar su trabajo.  

Relato de una mujer ferroviaria, con motivo del Centenario del Ferrocarril de Carreño

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