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Bienvenidos a un número más. ¡El tercero, que se dice pronto! Antes de que te sumerjas entre estas páginas, donde encontrarás contenido de lo más interesante, desde la Blaster queremos darte las gracias. Gracias si no es el primer trabajo que lees de nosotros, gracias por permanecer atento a nuestras novedades y por creer en nuestro trabajo. Pero si nos lees por primera vez, si has descubierto nuestra humilde labor en pos de la difusión de aquello que nos apasiona, de proyectos más inadvertidos pero no por ello menos importantes, a ti, gracias por apostar a ciegas por nosotros. En la Blaster creemos firmemente que exite un montón de gente talentosa con proyectos increíbles ansiosos de ver la luz, gente valiente que todavía no ha tenido una buena oportunidad. Y precisamente para eso hemos nacido nosotros. Si has estado, gracias por volver; si empiezas ahora, te invitamos a quedarte. Porque nosotros no nos vamos a ninguna parte. ¡Bienvenidos al tercer número de la revista Blaster!

blastermagazine.com 2


CONTENIDO

Número 3 - Enero 2020

Arte de portada de José Gabriel Espinosa

Entrevista

RAYCO CRUZ / 4

Cine y televisión

EL CINE CINGALÉS Y ALOKO UDAPADI, por Adrián Trujillo / 8 STAR WARS: UN LEGADO EN EXPANSIÓN, por Luis Domínguez / 12 KIMETSU NO YAIBA, por Narés García / 16

Literatura

LA TIERRA NEGRA, reseña de Adrián Trujillo / 18 UNA CORTE DE ROSAS Y ESPINAS, reseña de Yolanda Jorge / 20 Y VENDRÁ LA OSCURIDAD, reseña de Nadia Bello / 22

Codirectores y editores ADRIÁN TRUJILLO JOEL GALLEGO LUIS DOMÍNGUEZ Redacción ADRIÁN TRUJILLO LUIS DOMÍNGUEZ NARÉS GARCÍA YOLANDA JORGE NADIA BELLO JOEL GALLEGO DAVID HERGA

Novela gráfica y cómic

Agradecimientos especiales JOSÉ GABRIEL ESPINOSA RAYCO CRUZ

MÚSICA

Blaster no se hace necesariamente responsable de las opiniones vertidas por los colaboradores en sus artículos.

SÚPER PUTA, por Joel Gallego / 24

SYBREED: DISTOPÍA, CYBERPUNK Y TRANSHUMANISMO, por David Herga / 26

Arte

JOSÉ GABRIEL ESPINOSA / 28 JOAN BELLS / 32

Eventos

ANIMETRAJE / 36

Videojuegos

ENTREVISTA A JAVIER CASTRO, por David Herga / 38 ENTREVISTA A GABRIEL JIMÉNEZ, por Joel Gallego / 42

Relatos

NO HAY FUTURO, de Rayco Cruz / 46 EL REFLEJO DE LA RISA, de Eva Jenner / 52 DEEP DAY STORIES, de Axer Ramírez Ferreira / 58 ENTRE EL CENTENO, de José Luis Díaz Marcos / 65

Boletín de novedades / 72 Créditos de imágenes: 1. Rayco Cruz 2. Chathra Weeraman 3. Lester James Peries 4. Vimukthi Jayasundara 5, 6, 7. Chathra Weeraman. 8, 9, 10, 11. Lucasfilm 12. Ufotable 13. Mercurio Editorial 14. Planeta 15. Umbriel 16, 17, 18. Manel Fontdevila 19. Danny Bosch 20. Sybreed 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29. José Gabriel Espinosa 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36. Joan Bells 37. Efrén Fernández Agudo 38, 39. Andrew Gallego 40, 41. Javier Castro 42, 43, 44, 45, 46. Gabriel Jiménez. Imágenes del Boletín de novedades de sus respectivas editoriales.

©Blaster 2020. Reservados todos los derechos. Prohibida su cita, reprodución, edición o transmisión total o parcial por cualquier medio y en cualquier soporte sin la autorización escrita de los titulares del copyright. Si quiere contactar, diríjase a blastermagazine@gmail.com si necesita reproducir algún fragmento de esta obra. https://blastermagazine.com es la página oficial de la revista. Para cualquier cuestión, sugerencia o solicitud, diríjase a blastermagazine@gmail.com

Facebook: facebook.com/revistablaster Web: blastermagazine.com Instagram: @blastermag Blaster, revista de fantasía y ciencia ficción de carácter trimestral de carácter gratuito. ISSN: 2659-9694 Editado en Santa Cruz de Tenerife por Blaster Ilustración de portada: JOSÉ G. ESPINOSA

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RAYCO CRUZ


ENTREVISTA

RAYCO CRUZ ENTREVISTA A

Rayco Cruz, oriundo de Las Palmas de Gran Canaria, es un ávido lector y un escritor de lo más fascinante. Desató su talento narrativo y creativo desde muy joven y se ha mantenido al pie del cañón desde entonces. Fruto de esa creatividad nació la saga La Senda del Destino y su canal de difusión literaria, Fantaseando.

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ola, Rayco. Vamos a empezar por el principio, remontándonos a cuando todavía no te habías enfrentado a la página en blanco. Dinos: ¿cuál fue tu primus movile? ¡Hola! Todo empezó con un diario, como muchos chavales y chavalas de mi generación que tenían algo que decir, sentimientos que explorar y palabras dentro de si que dejar salir al exterior. Fue algo que desarrollé durante años y me sirvió para aprender a poner por escrito lo que pasaba por mi cabeza, a hilvanar las palabras con cierto sentido y que fuera legible. Creo que ese proceso me ayudó a desarrollar músculo e inquietud por la escritura. Después de eso, algo de poesía que pronto dio paso a relatos cortos y alguna noveleta. El resto, como se suele decir, ya es historia. Hace unos años, tu primer gran triunfo fue que tu relato corto Hargür pensó fuera nominado a los premios Scifiworld. Aunque digo tu “primer triunfo”, ¿lo consideras

ADRIÁN TRUJILLO @haliaxsyn

como tal o hay algo que se nos escapa? No sabría decirte. Quizás sea mejor decir mi único triunfo en ese sentido. Fue todo un orgullo recibir esa nominación, pero lo cierto es que apenas tuvo repercusión alguna. Hace unas cuantas semanas tuvimos la oportunidad de hablar contigo acerca de tu campaña de crowdfunding para hacer la edición conmemorativa del décimo aniversario de La sombra de Pranthas, la historia que dio el pistoletazo de salida al que sería tu proyecto más ambicioso hasta la fecha: la saga de La Senda del Destino. Dime, ¿qué vibraciones te dejó esa campaña? Fue toda una montaña rusa de emociones. Al principio fue un subidón, porque recibí muchos apoyos en los primeros días, pero después la cosa se paró de manera significativa. Eso me dejó un poco de mal cuerpo, lo reconozco. Llegaron los últimos días y parecía todo perdido, pues aún faltaba bastante para lograr el objetivo. Pero lo que ocurrió después fue una de las cosas más

increíbles que me han pasado: un montón de amigos y amigas, compañeras y compañeros del mundillo literario dieron un paso al frente colaborando o promoviendo y, al final, el mecenazgo salió adelante. Esos días fueron mágicos. No tengo palabras para describir lo que sentí en esos días vibrantes. Pasé de la decepción a la euforia en apenas unos días. Alucinante.

La Senda del Destino, aunque empieza por La Tierra Negra y continúa con Adalid, es una saga con continuidad, pues sus obras son correlativas. Sin embargo, La sombra de Pranthas y La maldición de Hilena forman parte del mismo mundo, aunque de forma independiente. ¿Qué puedes contarnos sobre esto? ¿Por qué hacer dos novelas independientes ambientadas en el mismo mundo y no una saga larga, tan de moda en el género? La cronología de publicación empieza con La sombra de Pranthas y, cuando me senté a escribirla, no quería que fuera una serie y, si llegaba a serlo, que fuera de novelas autocon5


clusivas. Había un cierto aire de decepción entre los aficionados al género por la gran cantidad de sagas que se estaban cancelando por parte de las editoriales o se estaban alargando demasiado (ambas cosas están pasando de nuevo) y quería evitar que la gente se viera obligada a esa continuidad forzada con mis obras. Con La maldición de Hilena seguí el mismo criterio, pero la siguiente fue imposible dejarla en un único volumen, y así nace la trilogía (que será tetralogía) La senda del Destino. No estaba planeado así, pero la historia fue marcando las pautas. Aunque tus estudios son de ingeniería técnica industrial, has dicho abiertamente que el mundo de los libros te sacó de allí poco tiempo después, hecho que te llevó a abrir tu propia librería. ¿Qué puedes contarnos de Sueños de Papel? Fue un proyecto precioso que me permitió conocer desde dentro el otro lado del espejo del sector literario: el del vendedor de libros, la distribución y algunos entresijos de la edición que son un poco más desconocidos. Conocí a muchísimos autores que a día de hoy considero amigos. Aún encuentro clientes por la calle que me saludan recordándome lo bonita que era la tienda o la pena que le quedó cuando tuve que cerrar. Creo que la de librero sigue siendo una bonita vocación para mí. ¿Es duro compaginar la vida de escritor con otros trabajos? Sí, sin duda alguna, sobre todo si tienes un negocio propio que exige un horario extenso. Escribir requiere unos mecanismos 6

mentales en los que es difícil centrarse cuando otro trabajo ocupa, como es mi caso, casi todo mi tiempo en un día. La parte más mecánica, que es la de sentarse delante del ordenador a teclear no es el problema; lo duro es cuando necesitas tiempo para sacar adelante una idea o un proyecto y el día a día, las exigencias del trabajo y la familia, no te lo permiten. Eso es lo que peor llevo, pues siento que necesito avanzar más en algunos proyectos y no da la vida para llegar a ellos. Puede llegar a ser frustrante. ¿Y qué me dices de compaginar el trabajo, con ser escritor, lector y además youtuber de tu propio canal, Fantaseando? Jajaja, eso ya es de vicioso. Solo gracias a rascarle horas al día logro alguna de vez en cuando

para grabar y editar un vídeo. Leer es menos problemático, afortunadamente, pues lo hago donde sea y como sea, incluyendo en formato audiolibro. La lectura es una pasión y siempre se encuentra hueco. Así como escribir necesita cierta serenidad y calma, que no puedo hacerlo en cualquier sitio, leer me resulta tan fácil como respirar y todo lugar es adecuado para hacerlo. El canal es otra faceta a la que me gustaría poder dedicarle un poco más de tiempo. Me gusta mucho el contacto con la gente, ese feedback que me proporciona el canal. Disfruto mucho haciéndolo. Supongo que Fantaseando vio la luz para cubrir el vacío que dejó el cierre de Sueños de Papel, ¿no? Alguien debía seguir dando voz a aquellos que no la tenían. ¿Estoy en lo cierto?


En parte sí, de alguna manera. Siempre tuve esa tarea de visibilización en la librería y sigo haciéndolo ahora. El verdadero origen estuvo en el hecho de que no conseguía que el blog funcionara como yo quería, y pensé en probar este formato tan de moda para intentar llegar de esa manera a mis lectores. Creo que fue una decisión acertada. Los blogs, en mi experiencia, están muertos. ¿Cuál es el feedback que has tenido en las redes respecto a Fantaseando? ¿Por qué crees que gusta o disgusta a aquellos que visualizan tu contenido? He encontrado allí a un montón de buenos lectores, gente que sabe del género fantástico y opina con conocimiento de causa, buen juicio y respeto. También a algún otro troll, pero estos son los menos. Yo creo que gusta porque voy sin artificio, sin actuar ni hacer el payaso cuando me pongo delante de la cámara. Soy yo mismo contando mis batallas lectoras y puede que eso conecte con la gente. Además, suelo hablar de autores autopublicados o menos conocidos, no solo de grandes editoriales, y eso se ve poco últimamente. El hecho de pertenecer a grupos como Fantasy Club o Círculo de Fantasía me pone en contacto con libros y escritores que de otra forma podrían pasarme desapercibidos. Eso es algo que me gusta llevar al canal también. Muchos somos conscientes de que escribir una novela es algo tedioso, pero para auténtica odisea, lograr publicar con algún sello editorial, sea clásico o de autoedición. Dime, ¿qué experiencia has tenido en ese mundillo?

Lo cierto es que me considero afortunado, a pesar de todo. Empecé con Mundos Épicos y Bilenio con coedición y después he encontrado un buen hueco en Mercurio Editorial, donde confían en mi trabajo casi a ciegas. También he recibido algunos rechazos, como todos, pero es verdad que he tenido un buen respaldo hasta ahora. Además, en este momento tengo varios trabajos pendientes con dos editoriales nacionales que se han interesado en mí y que tengo que desarrollar a lo largo de este año 2020. Esa sensación de que hay alguien que aprecia tu obra, que está esperando por ti para que le envíes algo y valorarlo, es muy gratificante.

¿Y fuera de Canarias, ya en territorio nacional?

Como escritor, la experiencia ha sido muy buena. Pero lo mejor para mi ha venido cuando he conocido a otros autores a los que ahora considero amigos. Eso es lo que me llevo más valioso de este mundillo que, a priori, es tan competitivo y exigente.

Por último, ¿cuál será el último lanzamiento de La Senda del Destino? ¿Cuándo podemos esperar el tercer volumen de la saga? Los que hemos leído las dos primeras partes estamos ansiosos desde hace algunos años…

Dentro de Canarias hay talento más que suficiente para llenar suficientes números de esta revista para los próximos tres o cuatro años. Sin embargo, ¿qué figuras destacaría dentro de el terror, la ciencia ficción y la fantasía dentro de la literatura? ¿Cuáles, en tu opinión, merecen tu mayor admiración?

Pues estoy trabajando en ello, aunque vaya despacio. 2020 iba a ser el año de U’rkoan, la tercera entrega, pero tengo algunos compromisos que completar antes de ponerme a tope con esta novela. Pero para tranquilidad de todos diré que está muy avanzada y que puede ver la luz en 2021 con toda probabilidad. Estoy deseando ponerme a ello, porque el final va a ser apoteósico y estoy ansioso por saber si la conclusión que tengo en mente gustará a quienes me han seguido desde el primer día. Cruzo los dedos porque así sea.

Buf, me es muy difícil mencionar solo unos pocos, pues tengo muchos amigos en el mundillo y no querría dejar a nadie fuera, pero sí diré que tenemos una generación muy interesante a la que cualquier lector debería echarle un ojo, tanto en género fantástico como en misterio y terror.

A nivel nacional recomiendo a cualquier autor del Fantasy Club, a los que pueden conocer a través de las antologías editadas por Ediciones Arcanas, o del Círculo de Fantasía. Cualquiera de estos autores y autoras es una elección sobre seguro, porque hay mucho nivel ahí. ¿Algún consejo para las generaciones futuras? Sí, que lean mucho y que compren libros, da igual en qué formato. Necesitamos más lectores y menos adictos a los teléfonos móviles.

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EL CINE CINGALÉS Y ALOKO UDAPADI

CINE

ADRIÁN TRUJILLO @haliaxsyn

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n esta ocasión vamos a hablar del cine cingalés, o lo que es lo mismo, cine hecho en la República Democrática Socialista de Sri Lanka. El primer y más importante paso que dio el cine cingalés tuvo su momento en 1957, con el filme Rekava (Lester James Peries), escrito, dirigido, producido y grabado en Sri Lanka1. El argumento de la película gira en torno a Sena, un joven que habita en la aldea de Siriyalas al que un músico errante le augura un futuro próspero para con él y para su aldea, advirtiéndole de que será un gran sanador. Y así fue durante un tiempo, logrando proezas como devolverle la vista a su amiga anula con un «toque mágico», hasta que Sena pierde su poder y la aldea se sume en la desgracia. Aunque ligeramente costumbrista, y con pinceladas de melodrama familiar —en el caso de Rekava la familia es la aldea— que recuerdan a la obra de Yasujiro Ozu (1903-1963), lo cierto es que esta cinta tiene cierto componente de realismo mágico —o incluso realismo épico—, en tanto que este «toque mágico» del que hablan los habitantes de Siriyalas es una realidad que está ahí, que estaba predestinada a estar, una habilidad de Sena superior a todo lo terrenal. La cultura 8

cingalesa siempre se ha caracterizado por su espiritualidad, y ese talento de Sena no estaba lejos de lo que ellos aceptaban como válido. Como curiosidad, añadiremos que Rekava fue nominada a Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes en su 57.º edición, siendo así la única película hecha en Sri Lanka que ha ostentado dicho honor. Después de que Peries causara un gran impacto entre toda una generación de realizadores, se estableció un nuevo modelo para los rubros de actuación, de guion y de música. En especial esto último, se empezó a producir una vasta cantidad de música original para películas en lo que llamaremos la «edad de oro del cine cingalés», entre los años 50 y 70. Aunque bien es cierto que gran parte de la industria musical para cine se limitaba a imitar canciones populares procedentes de la India (y por tanto en hindí). Un año más tarde del estreno de Rekava, en 1958, el gobierno proteccionista de Sri Lanka, en un fervoroso nacionalismo ya establecido tras lograr su independencia 10 años antes, levantó una prohibición que prohibió a los cineastas cingaleses realizar películas fuera del país. Esto

provocó que, entre otras cosas, la minoría tamil del sector privado comenzara a importar películas y proyectarlas en sus salas de cine. Estos sucesos dieron pie a calentar aún más la relación entre tamiles y cingaleses, y fue entonces cuando el gobierno crea la Corporación Estatal de Cine2 con el fin de regular estas y otras prácticas, llegando incluso a adquirir un estudio de revelado que cerraría poco después por la ineficiencia y la corrupción. Otra de las medidas proteccionistas que el gobierno nacionalista cingalés impuso para luchar contra la actividad del sector privado tamil fue la prohibición de importación de películas en lengua hindí. Desde ese momento, el cine de Bombay de ese momento quedó vetado en territorio cingalés. Pero lejos de obtener mayores beneficios, este decreto alentó a los productores a copiar este cine, a realizar adaptaciones en peor calidad recurriendo a técnicas manidas y agotadas en su esencia. Finalmente, el gobierno cingalés se ve obligado a levantar la prohibición, dejando que el cine hindí volviera a llenar las salas de cine.

Gamperaliya (Lester James Peries, 1963) fue la segunda pelí-


cula que el director cingalés trajo al mundo, que llegó incluso a valerle dos estatuillas (una a mejor director y otra a mejor película) en los Premios Sarasaviya de 1965, el galardón más importante en el mundo cinematográfico otorgado en Sri Lanka. Tal y como comentábamos antes, la edad de oro del cine cingalés tuvo lugar entre los años 50 y los 70 gracias a las aportaciones del cine tamil, la influencia del cine hindí y las reinterpretaciones de este del cine cingalés, así como las obras originales donde destacaron figuras como el ya mencionado Lester James Peries. A partir de los setenta destacaron también varios directores, en especial Vasantha Obeysekara (Wesgaththo, 1970; Palagatiyo, 1979; entre otras), Dharmasena Pathiraja (Ahas Gawas, 1974; Bambaru Habit, 1978; entre otras); y el menos conocido Titus Thotawatte, que produjo varias películas de acción y que trabajó junto a Peries y Willie Blake como editor de Rekava en 1956. Después de esto, el cine cingalés tomó un camino más serio y crudo cuando en 1983 trece sol-

dados del ejército de Sri Lanka fueron abatidos por la minoría tamil, que dio lugar a una guerra civil que se extendió por todo el país en pos de la supremacía étnica. Como resultado y durante estas revueltas, gran parte del trabajo fílmico tamil, que recordemos poseía la mayor variedad de trabajos de todo Sri Lanka, quedó destruido en los incendios durante los enfrentamientos de los primeros días. Hasta la década de los 90, el cine cingalés se limitó, en mayor o menor medida, a reflejar la cruda realidad que vivían los habitantes de Sri Lanka, especialmente el de las mujeres, durante estos conflictos propiciados por la LTTE3 y el ejército nacional. El toque original de cineastas como Peries se perdió, así como ese huma-

nismo urbano que caracterizaba al cine cingalés hasta entonces, dando pie al horror al que, en contrapartida, los japoneses trataron de evadir con el nacimiento del manga y el anime tras la Segunda Guerra Mundial4. La llegada de nuevos cineastas independientes propició nuevos trabajos más alejados de la línea anterior, provocando que en 2005 Vimukthi Jayasundara se convirtiera en el primer director de Sri Lanka en ganar el premio Cámara de Oro en el Festival de Cannes con su trabajo Sulanga Enu Pinisa (2005), pero este hecho no consiguió devolver a la vida la gran época dorada del cine cingalés, produciéndose apenas 15 películas en el año 2009 en todo el país5. En los últimos años, Sri Lanka ha producido varias películas de elevado presupuesto que han obtenido un nada despreciable éxito de crítica. Estas cintas de corte épico, como lo son Aba (Jackson Anthony, 2008); Maharaha Gemunu (Jayantha Chandrasiri, 2015) Paththini; Vijayaba Kollaya (Sunil Ariyanatha, 2016 y 2019 respectivamente); y Aloko Udapadi (Chathra Weeraman, Baratha 9


Hettiarachchi) —de la que hablaremos a continuación en mayor profundidad— han supuesto un verdadero lavado de cara al cine made in Sri Lanka, codeándose por primera vez con lo fantástico dentro de historias basadas en hechos reales. Para ver un ejemplo de esto hablaremos de Aloko Udapadi, la ópera prima como director de Chathra Weeraman y como codirector de Baratha Hettiarachchi, y antes de meternos de lleno en ello hablaremos sobre su argumento. La trama gira en torno a la historia del Rey Valagamba, sus esfuerzos por reunificar el Reino de Anuradhapura y por preservar la herencia sagrada de las enseñanzas de Buda. El Reino de Anuradhapura fue el primer reino establecido en 10

la antigua Sri Lanka por el rey Pandukabhaya en el 377 a.C. Sin meternos en asuntos históricos, en el año 103 a.C asciende al trono Valagamba, apenas 5 meses después de ser coronado, el Reino de Anaradhapura sufre una invasión del sur de la India por cinco jefes dravidianos (Pulahatta, Bahiya, Panya Mara, Pilaya Mara y Dathika) que gobernaron

hasta que el propio Valagamba reunificó a sus huestes y derrotó a cada jefe, recuperando el control de su nación, devolviendo al pueblo su riqueza y sacándolos de la hambruna. Reinó posteriormente desde el 89 al 77 a.C.

Asistimos, pues, a la historia del clásico viaje del héroe, o como Brandon Sanderson denomina, el «síndrome de Campbell»6 pero visto desde una perspectiva que atañe directamente a la historia antigua local, donde el héroe no nace como un pobre descarriado, sino que por el contrario ha sido despojado de todo lo que era y tenía para volver al lugar al que pertenecía. En el caso de Aloko Udapadi nos encontramos con un argumento que es bastante similar a la historia real, ubicado precisamente entre el final del primer reinado de Valagamba hasta que recupera el trono, eso sí, aderezado por toques de cosecha propia. Durante todo el filme podemos ver a un Uddika Premarathna comprometidísimo con su papel dentro de la piel del rey Valagamba, y asistimos con sorpresa


a una de las actuaciones más convincentes que ha dado por fruto el cine cingalés en los últimos años, así como la más verosímil de las dos horas de metraje. Y es que, acostumbrados a las «sobreactuaciones» del cine hindí —que muchas veces no es así, sino una muestra más de lo diferente que es la forma de hacer cine en estos países respecto al occidental—, actuaciones tan serias y comprometidas son un extraño jarro de agua que capta nuestra atención. En cuanto al sonido vamos a hablar no solo de su excelente diseño, en ocasiones incluso hasta minimalista, sino también de una fantástica banda sonora de Milinda Tennakone, en la que la que percusión es un elemento fundamental, así como los instrumentos de viento y, en especial, un absoluto despliegue y dominio coral en cingalés y, por momentos, en tamil, con letras de corte espiritual cercanas al budismo, un tema recurrente durante toda la película. La mescolanza resultante entre argumento y las melodías que la acompañan es, sin lugar a dudas, excepcional. Si hablamos de inspiración,

Aloko Udapadi bebe del cine hecho en la India sin ninguna duda. Si tenemos en cuenta que en Sri Lanka hay actualmente una fuerte afición por el cine hindí, hasta el punto de que muchas películas se proyectan en cines con subtítulos en inglés y a través de los canales de televisión locales subtitulados al cingalés y al tamil, podemos darnos cuenta de esto sin problemas. Pero son sus encuadres, ese enfoque que tiene la cámara a darle en ocasiones exagerada épica a sus protagonistas, o esos planos a media altura que por otro lado los pone a una altura terrenal. Algo así podemos ver, por ejemplo, en la primera parte de bilogía Baahubali: The Beginning (S. S. Rajamouli, 2015), pero venimos viéndolo desde hace muchísimo tiempo, desde antes de Aba (Jackson Anthony, 2008), ya incluso por la época de Peries. Como curiosidades, desde Aba, la película cingalesa que en su momento fue la más cara de la historia de Sri Lanka con un presupuesto de unos 60 millones de rupias esrilanquesas, los proyectos de gran presupuesto se han disparado. En este caso, Aloko Udapadi ha costado la friolera de 130 millones de rupias esri-

lanquesas, unos 650.000 euros al cambio. También, la obra de Chathra Weeraman y Bharatha Hettiarachchi logró hacerse con varias estatuillas en diferentes festivales de cine, como 8 premios en el Derana Film Awards 2018, el Premio Especial del Jurado en los Signis Sri Lanka 2018 y cinco galardones en los Hiru Golden Film Awards7. En algunos documentos, Rekava aparece como una película de Ceilán. Este es el nombre que recibía este país hasta su independencia en 1948 y su posterior renombramiento en 1972. 1

Actualmente Corporación Nacional de Cine o National Film Corporation in Sri Lanka. 2

Liberation Tigers of Tamil Eelam, fue una organización tamil fundada en 1976 fundada por Velupillai Prabhakaran, y que se disolvió con la muerte de su líder en 2009 tras 26 años de guerra civil. 3

Véase: A. TRUJILLO, El cine japonés. El anime como live action, Blaster No. 2, pp. 8-11. 4

Según las estadísticas publicadas por la Corporación Nacional de Cine de Sri Lanka. Durante los años 5070, Sri Lanka producía una media de entre 50 y 60 películas anuales, cayendo a apenas 5 o 6 durante la represión del gobierno nacionalista (exceptuando las obras indias adaptadas por la industria tamil). 5

Artículo académico publicado por Brandon Sanderson paralelamente a su novela Elantris (2005), que le serviría para graduarse en la Universidad Brighan Young. 6

Tanto los Derana Film Awards, como los Signis Sri Lanka y los Hiru Golden Awards son importantes galardones cinematográficos dentro del circuito de Sri Lanka, impulsados por el canal de televisión TV Derana, por Roman Catholic y por la cadena televisiva Hiru TV respectivamente. 7

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CINE

STAR WARS: UN LEGADO EN EXPANSIÓN Un fugaz vistazo a través de su historia

LUIS DOMÍNGUEZ @luisgdr22

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l pasado 20 de diciembre se estrenaba mundialmente Star Wars: El Ascenso de Skywalker, noveno —y por lo que se sabe hasta el momento— último episodio correspondiente a la trama de las aventuras de los Skywalker. Con esta película se da cierre a nueve episodios compuestas por tres trilogías y cuarenta y dos años de aventuras galácticas, con las que Star Wars se ha proclamado como una de las sagas más importantes e influyentes en el ámbito de ciencia ficción, fantasía e incluso como saga de culto del cine. No obstante, esta última entrega de la saga Skywalker no ha supuesto el éxito taquillero que esperaba la compañía del Ratón, no al menos en su primera semana de estreno. Esta es la única entrega que se ha quedado por debajo de los doscientos millones de dólares recaudados en Estados Unidos en su apertura. Esto, sumado a otros factores, ha supuesto que muchos afirmen un supuesto fracaso de la franquicia. Además, cabe decir que ya desde el episodio VIII de la saga (Star Wars: Los últimos Jedi), las opiniones y críticas del público y de los fans se habían roto y había generado discrepancias abismales 12

sobre el rumbo que había tomado la trilogía, amenazando así la certeza de una última entrega con todos sus seguidores rendidos a una despedida a gusto de todos. Bien es cierto que recientemente otros grandes proyectos han tenido sus encontronazos con la crítica con respecto al final que se les ha dado (ejemplo de esto son: la superproducción de HBO, Juego de Tronos, criticada por su notable falta de consistencia en sus últimas temporadas y por dejar un final que no ha terminado de convencer a muchos; y por otro lado, tenemos como final lleno de incógnitas y con ciertos resquemores, el de Vengadores: Endgame, que ya no tanto por su final en sí mismo, sino por el legado que deja y la inabarcable incertidumbre sobre qué es lo que le espera al universo Marvel a partir de ahora). No obstante, en el caso de Star Wars se podría decir que los tropiezos vienen desde hace años, para ser más específicos, desde la compra de Lucasfilm a manos de Disney, y no precisamente por la adquisición de la franquicia de George Lucas, sino por el planteamiento y los tiempos para llevar a cabo todos los proyectos que quería realizar la nueva compañía.

En un repaso breve, The Walt Disney Company adquirió Lucasfilm en 2012 por 4.050 millones de dólares. Desde entonces, se planteó un proyecto que estrenaría una película por año, comenzando con el episodio VII (Star Wars: El Despertar de la Fuerza) en 2015 y al que le seguirían Rogue One (2016), Star Wars: Los Últimos Jedi (2017), Solo (2018) y Star Wars: El Ascenso de Skywalker (2019). Sin embargo, y como antes se mencionaba, desde Los Últimos Jedi se empezó a palpar el desconcierto y el malestar de cada vez más seguidores del universo galáctico al ver que el material de Star Wars iba en aumento, con un ritmo constante, pero sin un rumbo claro y, en opinión de muchos, con una sobresaturación de ideas que no aportaban mucha novedad. El propio CEO de Disney, Bob Iger, admitía el pasado noviembre lo siguiente: «Dije públicamente que creo que hicimos y lanzamos demasiadas películas en un corto período de tiempo». Feo asunto. De esta forma, los factores que se fueron sumando desde el estreno de Star Wars: Los Últimos Jedi, pasando por Solo, que supuso un fracaso rotundo en taquilla e hizo recular a Disney


con respecto a los proyectos de secuelas y spin off que ya tenían planteados a futuro, ha ocasionado que el respetable llegue, en cierto modo, un poco desanimado al que se prevé como final de la saga de sus amores. Sin embargo, y dejando un momento la saga Skywalker de lado, es cierto que Disney ha echado el freno a gran parte de sus proyectos para la gran pantalla, ya que Solo les supuso un batacazo considerable y El Ascenso de Skywalker no está recaudando lo esperado… pero la compañía de Mickey Mouse ha buscado una alternativa que, por el momento, les está dando resultados. Esta alternativa no es más que el formato series, un formato que ya amenaza desde hace años al cine en general por su alto rendimiento y consumo en plataformas como Netflix, HBO, Amazon Prime Video y desde este pasado noviembre, Disney+. Tal ha sido la apuesta de Disney por llevar las historias de Star Wars

al formato series, que con su primer intento han dado de lleno en la diana. The Mandalorian ha supuesto una auténtica revolución y revelación en el panorama mundial del streaming y las series de televisión, a pesar de haber sido estrenada únicamente en Estados Unidos, Canadá y Países Bajos. Además, el proyecto desde un principio supuso una apuesta fuerte y clara por parte de Disney, ya que tanto los nombres de sus creadores, reparto y directores, es de primerísimo nivel. Así, desde principios de 2019, Disney confirmó que se estaban gestando proyectos de series como la de Obi-Wan Kenobi, serie spin-off que narrará las aventuras del maestro Jedi tras la purga de jedis orquestada por el emperador y Lord Sith, Darth Sidious, junto a su pupilo Darth Vader, otra serie spin off dedicada al personaje Cassian Andor, capitán de la Alianza Rebelde que aparece en Rogue One liderando la misión del

robo de los planos de la Estrella de la Muerte, y por último, la tan deseada y exigida séptima y última temporada de The Clone Wars, serie que se vio cancelada por Lucasfilm al año siguiente de ser comprada por Disney y que acabó su andadura con seis temporadas y 121 episodios. Por el contrario, los pocos proyectos cinematográficos que tenía en la palestra Disney para estos próximos años se han visto comprometidos y en su mayoría han quedado paralizados. Bien sea por falta de directores que se atrevan a abordar un nuevo proyecto de este universo, o por la incertidumbre de cómo reciba el público un nuevo material, alejado de la trama que durante 42 años les ha llevado a las butacas y a la gran pantalla. Teniendo en cuenta este panorama, está claro que Disney se ha dado cuenta que las series le permitirán ampliar, ahondar y explorar más y mejor cada as13


pecto de las historias que propongan. Ya sea a nivel de trama, de historia o de personajes, las series relacionadas al universo Star Wars han demostrado que no solo conservan la esencia básica y original que caracterizó a Star Wars desde sus orígenes, sino que han conseguido completar el universo de una manera muy acertada. Claros ejemplos de esto son las anteriormente mencionadas Star Wars Rebels, The Clone Wars o The Mandalorian, que añaden material nuevo y expanden aún más la trama principal de los Skywalker. Dos de estas series (Star Wars Rebels y The Clone Wars) son de animación 3D CGI y nos han dejado arcos argumentales de una calidad abrumadora, como por ejemplo, el del personaje Ashoka Tano, aprendiz de jedi a cargo de Anakin Skywalker, que además de ahondar en los sentimientos de su maestro, nos permite vislumbrar los errores que iban cometiendo poco a poco los jedi en tiempos de las Guerras Clon, antes de desembocar en la tan conocida «Venganza de los Sith». Aparte de la jedi Tano, nos encontramos con una infinidad de historias y personajes interesantes y jugosos, como la tripulación de la nave rebelde El Espíritu, compuesta por dos Jedi (Kanan Jarrus y Ezra Miller), una mandaloriana exiliada (Sabine Wren), la capitana twi’lek Hera Syndulla y un lasat rebelde llamado Garazeb Orrelios. Esto en estas dos series de animación, pero si tenemos en cuenta el live action que causa sensación ahora mismo, se puede ver que The Mandalorian plantea nuevas puertas argumentales y una ampliación de la historia que nadie esperaba, pero que todos han acogido con los brazos abiertos. Al igual que materiales 14

como Rogue One, esta serie ha demostrado que sabe hacer de nexo entre la caída del Imperio y la creación de la Primera Orden, un material que a priori podría parecer prescindible, pero que, por lo contrario, demuestra que puede ampliar aún más el horizonte inexplorado de las historias creadas originalmente por George Lucas. Tal ha sido la expansión del universo Star Wars en el formato series que incluso se puede apreciar que muchos recursos y puntos planteados por estas se han llevado a las películas. Por ejemplo, la conexión, por medio de la fuerza, de los jedi con las criaturas, o la reaparición de personajes que se daban por muertos, como es el caso del emperador Palpatine (Darth Sidious) que, si bien pensamos que su fin fue en El Retorno del Jedi a manos de Darth Vader, el arco argumental que despliegan las series sobre el regreso de Darth Maul nos dejaba claro que no todos los personajes terminan su andadura en Star Wars solo porque los veamos desaparecer en una caída por un conducto desde una altura considerable. No obstante, el universo de Star Wars desde que comenzó su andadura, allá por 1977, no se detiene en su contenido cinematográfico y televisivo, pues desde hace años hemos podido gozar de material adicional en el formato de los videojuegos. Incluso previamente a la compra de Lucasfilm por parte de Disney, ya disfrutábamos de videojuegos como los Star Wars: Knights of The Old Republic, que nos permitieron conocer algunas de las teorías planteadas por George Lucas para narrar las historias previas a la trama de

los Skywalker, como la Antigua República, las guerras entre Sith y Jedi y los secretos de ambos bandos. Posteriormente, y tras la unión Disney-Lucasfilm, llegaron títulos como Star Wars Battlefront I y II, donde, entre otras cosas, se planeta la idea de que el emperador Palpatine haya sobrevivido, o el Star Wars Jedi: Fallen Order , que narra las vicisitudes de un joven Jedi que logra escapar de la purga de la Orden 66. Teniendo en cuenta esta amplia variedad de material warsie , cualquiera podría pensar que cada pieza de este universo cinematográfico funciona y se plantea del mismo modo que el anterior o el siguiente, pero lo cierto es que esto, en absoluto, es así. La compañía del ratón ha dejado al descubierto que no ha tratado el proyecto de la trilogíasecuela del mismo modo, ni con la misma fórmula, que proyectos como Rogue One, Solo o The Mandalorian . En lo que a las secuelas respecta, Disney sabía ya desde la compra de Lucasfilm que era su apuesta clara para tratar de alcanzar al UCM en taquilla y en repercusión, por ello, desde el episodio VII ( El Despertar de la Fuerza) ya plantearon esquemas de películas con ciertos tonos marvelianos, con guiones cargados de diálogos y puntos de humor que más que parecerse, calcaban los recursos utilizados en Marvel desde 2008. Sin embargo, llegó Rogue One en 2016 y dejó claro que, o bien Disney no iba a usar la misma plantilla para todas las entregas de Star Wars , o alguien se plantó delante de Mickey Mouse y le dijo que no, que la fórmula Marvel no se utilizaría en esa ocasión o al menos, no de la forma que se pretendía.


Sin entrar en críticas u opiniones personales, el propio CEO de la compañía, Bob Iger, declaró: «Simplemente creo que lo que hace especial al universo Star Wars es que menos es más», dejando claro que no hace falta sobrecargar cada película o episodio de épica, nostalgia o humor para hacer disfrutar al público y, sobre todo, maravillarlo como se le maravilló hace 42 años. A pesar de esto, a día de hoy no se sabe con exactitud el porqué del distanciamiento de enfoques y tonos entre proyectos dentro del mismo universo, pero sin duda ha causado revuelo y una infinidad de críticas a lo largo y ancho del globo durante estos años y película tras película. Bien puede tratarse del enfoque de cada director y de sus propias exigencias o, por el contrario, de las exigencias inamovibles e indiscutibles de Disney.

Lo cierto es que, para bien o para mal, esta última trilogía ha tocado a su fin, dando un supuesto cierre a la historia que comenzó en 1977 y que ha aunado a, posiblemente, tres generaciones en las salas de cine por más de cuatro décadas. «Supuesto cierre» porque ya ha habido dos cierres a esta historia anteriormente, pero parece que al igual que el emperador Palpatine, se resiste a decir adiós del todo y a retirarse a descansar, hasta que otro nuevo adalid se decida a tomar el testigo y despierte la Fuerza de nuevo. Con respecto al futuro de las entregas de Star Wars en la pantalla grande, por ahora solo se conocen rumores que conducen a una posible trilogía ambientada en la Antigua República. Este proyecto se situaría unos 400 años antes del comienzo de la saga Skywalker y trataría temas como la Regla de Dos, instaurada por

los Lores Sith (entre ellos y su posible aparición, Darth Bane). Sin embargo, en el panorama televisivo o de streaming, tenemos un abanico un tanto más amplio y cercano a la vista: la segunda temporada de The Mandalorian se estrenará mundialmente en otoño de este mismo año, la serie del capitán rebelde, Cassian Andor, está prevista para el próximo año (2021) y faltaría por confirmar el año de estreno de la serie correspondiente a uno de los personajes más emblemáticos de la saga y el universo Star Wars, la serie Obi-Wan Kenobi está confirmada, pero no así su fecha de estreno. Nos guste en menor o en mayor medida, lo que está claro es que nos espera una década cargada de material de este universo galáctico, que se expande película a película, serie a serie, a ritmo de sables lásers, naves y blasters .

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CINE/ANIMACIÓN CINE

NARÉS GARCÍA @NaresGarcia

KIMETSU NO YAIBA

EL EXITOSO MANGA DE LA WEEKLY SHONEN JUMP ASALTA EL MUNDO DE LA ANIMACIÓN

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imetsu no Yaiba —titulada Demon Slayer en su versión inglesa y Guardianes de la Noche en la española— se ha convertido, en poco tiempo, en uno de los animes mejor valorados y más populares de la historia. Prueba fehaciente de su éxito son sus calificaciones en plataformas como Filmaffinity —donde cuenta con una nota media de 8— o IMDb —donde los usuarios la han valorado con una media de 8’9— y las numerosas reseñas positivas en foros, blogs y plataformas especializadas. La ficción, creada por la autora nipona Koyoharu Gotōge, nace en el año 2016 cuando se publica en Japón el primer volumen del manga, que, en la actualidad, 16

NARÉS GARCÍA @NaresGarcia

cuenta con un total de 18 entregas editadas por la prestigiosa Shūkan Shōnen Jump, una publicación semanal dirigida principalmente al público adolescente masculino y que ha sido soporte de otras historias tan alabadas y conocidas como One Piece, Naruto o Dragon Ball. Como consecuencia del éxito del manga, se estrena en abril de 2019 la serie animada —que ya cuenta con 26 episodios, con una duración aproximada de 24 minutos cada uno— basada en el material original de Kimetsu no Yaiba, producida por el estudio de animación Ufotable y dirigida por Matsushima Akira. En ella se cuenta la historia de Kamado Tanjirou, un joven que vive en las montañas

con su madre y sus hermanos y que se dedica a la venta de carbón para poder sustentarlos. La trama arranca con la ruptura de este modus vivendi, ya que, al volver Tanjirou del pueblo donde lleva a cabo su actividad comercial, se encuentra a toda su familia masacrada por un demonio que, además, ha convertido a su hermana Nezuko, la única superviviente, en uno de su especie. A partir de ese momento, y tras su encuentro con un cazador de demonios llamado Giyu Tomioka, el objetivo de Tanjirou es ingresar en el gremio de los cazadores de demonios para poder encontrar una cura para su hermana. Respecto a la trama y partiendo de lo que conocemos hasta el mo-


mento, resulta evidente que no es especialmente original ni innovadora, pues se basa en el tradicional maniqueísmo —o tendencia a reducir la realidad a una oposición radical entre lo bueno y lo malo (DLE, 2014)—. Sin embargo, una de sus grandes virtudes es su efectividad, ya que, pese a su aparente sencillez, consigue atrapar al espectador desde el primer minuto. Además, a medida que avanzamos en la historia, vemos matices interesantes que la distinguen de otras ficciones del género, como, por ejemplo, el hecho de llegar a empatizar o ponerse en el lugar de algunos de los demonios a los que se enfrenta Tanjirou, hasta el punto de humanizarlos, lo que puede considerarse como una pequeña ruptura con esa oposición radical entre el bien y el mal. Asimismo, Tanjirou encarna el prototipo de héroe del género shōnen, un joven que se esfuerza para conseguir sus objetivos y que no se detiene ante ninguna circunstancia por difícil que sea. Con toda seguridad, el aspecto más sobresaliente e impactante

de Kimetsu no Yaiba es su animación. El trabajo de Ufotable es enormemente respetuoso con el estilo de Koyoharu Gotōge, y la ejecución resulta impecable y espectacular, sobre todo en lo que respecta a las escenas de acción. Un buen ejemplo es el del estilo de lucha de Tajirou, denominado respiración de agua, cuya animación parece estar inspirada en La gran ola de Kanagawa (1830-1833), estampa japonesa de Katsushika Hosukai. Otros de los elementos que también llaman la atención por su animación son el fuego y la sangre. Esta última tiene una presencia importante, dado que, muchas veces, se hace hincapié en el apartado más visceral, relacionado con la violencia gráfica (decapitaciones, mutilaciones, etc.). Otra de las grandes virtudes de la serie es la música, responsabilidad de Kajiura Yuki, que resulta fundamental para transmitir sensaciones en el espectador y que es reflejo, en muchos casos, de los sentimientos de los personajes. Esto es especialmente relevante en un anime cuyas

señas de identidad son el terror, la tensión, el miedo y también la violencia, pues es la banda sonora la que nos permite transportarnos a ese lugar y momento, algo que Kajiura Yuki ha conseguido con sus composiciones. En conclusión, podemos afirmar que Kimetsu no Yaiba ha irrumpido con fuerza en el panorama dedicado al género shōnen y se ha convertido ya en uno de los animes mejor valorados de todos los tiempos, superando en las calificaciones de los espectadores a otras grandes producciones ya veteranas como Dragon Ball, One Piece o Naruto y también a otras coetáneas como, por ejemplo, Dr. Stone. Pese a la sencillez —quizás aparente— de la trama, las aventuras de Tanjirou y su hermana Nezuko, que cobran vida gracias a la brillante animación de Ufotable y a la música de Kajiura Yuki, han conseguido atrapar al público, que espera ansioso el estreno de la película Kimetsu no Yaiba: El tren infinito, previsto para el año 2020, que será la encargada de narrar los siguientes pasos de nuestros protagonistas. 17


LITERATURA

LA TIERRA NEGRA

La Tierra Negra es la primera parte de La Senda del Destino, la saga de fantasía épica de Rayco Cruz, autor grancanario que con esta novela consagra su nombre como uno de los referentes de la fantasía en Canarias y en España.

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uidado: «A traición y sin piedad, la ciudad de Angôr’an ha sido conquistada y su rey asesinado». Así reza el principio de la sinopsis de la contraportada de La Tierra Negra (2014), la primera parte de una saga bautizada como «La Senda del Destino» concebida por Rayco Cruz, escritor grancanario que hace algunos años nos trajo La Maldición de Hilena (2011) y La Sombra de Pranthas (2009; que en este mismo año verá la luz nuevamente en una edición conmemorativa por su décimo aniversario). Tanto en esta novela como en las anteriormente mencionadas, nos pondremos en la piel de Árghot Grandël, un hechicero con demasiados años a sus espaldas que trata de encontrar desesperadamente su Destino, su fin último en la vida que le ha tocado vivir. Sin embargo, hay que hacer un par de aclaraciones para evitar confusiones: tanto La Sombra de Pranthas como La Maldición de Hilena son novelas autoconclusivas aunque compartan protagonista, y La Tierra Negra es el pistoletazo de salida de una saga —originalmente concebida como una trilogía— que seguirá la senda, también, del hechicero Árghot. 18

ADRIÁN TRUJILLO @haliaxsyn

En este punto de partida acompañaremos, a lo largo de sus más de 500 páginas y 48 capítulos no solo a nuestro protagonista de ojos violetas, sino también a Ulea, una víctima más de la conquista de Angôr’an por

la curiosidad. Pero, ¿qué sucede cuando todos los personajes son tan interesantes y sus capítulos tan intrigantes como para querer saltar al siguiente tan pronto como sea posible? Lo diré: que cuando te vienes a dar cuenta La Tierra Negra ha tocado su fin.

«Su historia ya es lo suficientemente rica para atraer a un público afín al fantástico».

la Orden Kariteas; a Preas Mor, hijo del difunto rey de la ciudad caída; a Tarkon Anan el Oscuro, comandante del ejército invasor y fiel devoto de Kares, el Dios Oscuro… En definitiva, varios coprotagonistas que hacen que cada capítulo sea dinámico. Este último detalle es el mismo que emplea, por citar un ejemplo, George R.R. Martin en Canción de Hielo y Fuego , un mecanismo que hace que al acabar un capítulo de un personaje tengas la necesidad de seguir leyendo los siguientes, pese a no ser del mismo personaje, hasta dar con el siguiente del que te sembró

Un absoluto maestro de la narración, Rayco Cruz decora cada párrafo con una prosa espectacular y tecnicismos propios de las novelas de fantasía épica, esas ambientadas en un mundo a todas luces medieval. Sin embargo, y posiblemente es lo que más apasiona de esta obra —y la que distingue a sus publicaciones ambientadas en el mundo de Thera—, es que su estilo narrativo, pese a ser elaborado y autoconsciente de sí mismo, no presume de estereotipos clásicos de obras del género que sirvan como reclamo del lector: pese a su sutil complejidad, la lectura es amena. ¿Por qué no esforzarse en acercarse más a esos estereo-


tipos comerciales? Porque no los necesita: su historia ya es lo suficientemente rica para atraer a un público afín al fantástico y lo suficientemente apasionante para servir como reclamo a los que no son simpatizantes del género.

el entorno que edifica la historia como sólidos pilares de roca: desde aquellos que vienen y van, hasta aquellos que simplemente aparecen para dar forma a los seres de pesadilla que forman parte de las filas del ejército flissano-karitea: los gorgs.

Fascinante, por otro lado, la construcción de los personajes. Cada uno es un mundo, y cada uno de esos mundos está francamente bien trabajado. Árghot destaca por encima de los demás, claramente por el bagaje que lleva a sus espaldas y por ser el protagonista, pero el resto no se queda atrás. Preas Mor anhela la venganza y la revolución de su gente. Es un líder nato, más cercano a las formas del pueblo que a los de sangre real, un gobernante que pese a su inexperiencia como rey dirige a su pueblo poniéndose frente a ellos y no tras ellos. Ulea, posiblemente uno de los personajes más profundos de la novela, es una mujer de coraje salvaje harta de romperse en pedazos tras la caída de la ciudad. Tarkon Anan, oscuro, brutal y fiel devoto de los suyos, ávido de guerra para mayor gloria de Kares, provoca tanto terror como aquel a quien sirve.

Y mientras Árghot Grandël se ve forzado a participar en un conflicto del que no tenía intención alguna de formar parte, su Destino, incierto como siempre, lo conduce al epicentro de los problemas, azotado por las constantes visiones que la Madre derrama en su mente, forzado a descubrir qué tiene ella para él, por qué lo empuja a meterse en la peor de las situaciones una y otra vez. Nos encontramos, pues, ante uno de los planteamientos propios de la fantasía épica: un héroe que acaba siéndolo (muy a su pesar o no) porque ha sido señalado como el elegido, como el adalid.

«Su Destino, incierto como siempre, lo conduce al epicentro de los problemas, azotado por las constantes visiones». Los demás personajes, secundarios, algunos con más relevancia en la historia que otros, también tienen una construcción rígida tras ellos, y ayudan a conformar

Inabarcable como pocas, La Tierra Negra posee todos los ingredientes que este insigne género exige: héroes, enemigos sometidos por la sombra y una amenaza que se cierne sobre todos ellos por igual, el fenómeno que da título a novela, que empuja a los pueblos a emigrar, a luchar contra otros para librarse de esa epidemia endémica que destruye toda vida y somete a la hambruna, y a sabiendas de la desesperación de estos, el grupo maligno que se aprovecha de la situación para recuperar su poder arrebatado, poderosos como nunca antes, guiados por la presencia de un mal mayor al que solo nuestro héroe puede hacer frente.

Destino , ya publicada, que lleva por nombre Adalid (2016), y proseguirá en una tercera parte (aunque no será la última) titulada U’rkoan, aún sin fecha de publicación prevista.

«Decir que Rayco Cruz está a la altura es quedarse corto: es un referente absoluto en Canarias, en España». Así pues, y sin necesitar el contexto de La Sombra de Pranthas o de La Maldición de Hilena , La Tierra Negra es por todos los medios una excelente elección si quieres zambullirte por primera vez en el género, una más que acertada opción si buscas más aventuras dentro de la épica fantástica y un punto de partida idóneo para adentrarte en las profundidades de un mundo excepcionalmente construido, ricamente detallado y tan o más apasionante como las obras de esos autores cuyos nombres resuenan por encima de otros. Decir que Rayco Cruz está a la altura es quedarse corto: es un referente absoluto en Canarias, en España y en toda la comunidad hispanohablante. Si Árghot Grandël es el adalid de la Madre, Rayco Cruz es nuestro adalid del género.

La Tierra Negra continúa con la segunda parte de La Senda del 19


LITERATURA

UNA CORTE DE ROSAS Y ESPINAS

Sarah Janet Mass (Nueva York, 1986) se graduó en Escritura Creativa por la Hamilton College de Clinton en 2008. Apenas cuatro años más tarde publicaría la que sería su primer gran proyecto, Trono de cristal, y tres años después lanzaría al mercado Una corte de rosas y espinas.

S

arah J. Maas, estadounidense de nacimiento, debutó en 2012 con su primera novela de alta fantasía Trono de cristal, que pertenece a una saga de siete libros encasillados dentro de la literatura juvenil. Años más tarde publicó su segunda serie: Una corte de rosas y espinas y hasta la fecha ha sido nombrada escritora superventas de The New York Times. Sara J. Maas se ha ganado un lugar dentro de la literatura young-adult fantástica, tanto así que en marzo de 2018 se confirmó que Una corte de rosas y espinas será llevada al cine por Constantin Film, contando además con el apoyo de Piers Tempest y Jo Bamford de Tempo Productions y con Rachel Hirons como guionista. Además, para la portada de la novela en todas sus ediciones se ha contado con el artista e ilustrador australiano Adrian Dadrich, siendo autor también de las portadas de Una corte de niebla y furia (2016); y Una corte de alas y ruina (2017). La historia de Una corte de rosas y espinas nos presenta a Feyre, una joven desesperada, pues su vida y la de su familia dependen de ella. Enfrentada al hambre más absoluto, no dudará en ir al bosque prohibido 20

YOLANDA JORGE @she.wonders.why

y matar si es necesario. Pero su osadía la convierte en prisionera del misterioso Tamlin, quien a pesar de su aparente frialdad la hará descubrir una ardiente pasión que marcará su destino. Lejos de su familia y su mun-

do, Feyre tendrá que tomar una decisión capital para salvar todo lo que ama. Ahora, con todas las cartas sobre la mesa, vamos a abordar este enorme trabajo.

«Si bien se trata de un retelling de La Bella y la Bestia la autora nos abre las puertas de un universo completo y extenso».

Aun cuando la historia que se nos presenta abarca milenios, todo comienza con una joven mortal de diecinueve años y sangre. Feyre se ve obligada a cazar en el bosque para garantizar el sustento de su familia después de haberlo perdido todo. Siendo la mediana de tres hermanas, con un padre postrado y una madre fallecida, Feyre y los suyos luchan contra la pobreza y la hostilidad día a día. Cuando Feyre dispara la flecha de fresno y asesina a un lobo todo su mundo cambia. Y es que toda acción tiene consecuencias. El lobo era un inmortal, uno de esos seres que viven en tierras de leyendas al otro lado del muro, y ahora debe pagar un alto precio por su gravísimo error. Su vida por la del inmortal, así lo dicta la ley del Tratado. El Fae que se presenta en su casa deja muy clara la deuda; Feyre deberá dejarlo todo atrás e ir con él al reino de los inmortales sin posibilidad alguna de volver a ver a su familia, lo único que podrá llevarse a su nueva vida son promesas. Si bien se trata de un retelling de La Bella y la Bestia la autora nos abre las puertas de un universo completo y extenso, que poco a poco va separándose de la historia tradicional hasta conseguir su propia esencia. El mundo que J. Maas nos presenta está marcado


por un pasado manchado por la sangre y un presente que pende de un hilo. Antaño, antes del Tratado, mortales e inmortales convivían en un equilibrio desparejo donde los humanos estaban oprimidos por la esclavitud. Después de la gran guerra se levantó un gran muro de inmenso poder para garantizar la paz, separando al nuevo reino mortal y al reino de Prythian, donde siete altos faes gobiernan desde sus Cortes. Sara J. Maas ha puesto empeño en crear desde cero la complejidad de este universo, hechizándonos con el encanto de los Fae y sus Cortes y costumbres, desde Corte Verano a Corte Invierno, Primavera, Otoño, Amanecer, Noche y Día. Cada alto lord que gobierna posee un poder ligado profundamente a su Corte.

»Sarah J. Maas nos ayuda a empatizar con su protagonista describiendo sensaciones y pensamientos con soltura». Tamlin, Alto Lord de la Corte Primavera, le descubre a Feyre un mundo de nuevas posibilidades. Si bien ha sido llevada lejos de los suyos contra su voluntad y al principio el odio que siente la protagonista por los inmortales es casi infinito, pronto comprende que no todas las leyendas son ciertas ni que el repudio que creía tener hacia dichos seres puede más que su propia curiosidad. Desde el principio, la autora nos deja migas de pan, permitiéndonos imaginar que nuestra prota-

gonista no encaja en el lugar al que pertenece. Sarah J. Maas nos ayuda a empatizar con su protagonista describiendo sensaciones y pensamientos con soltura. Feyre es intensa, tanto que no hay matices grises, lucha por lo que ama, juega desde las sombras, se enamora puramente y su carácter domina las páginas. Tal vez ese sea el motivo por el que se rinde precipitadamente ante la belleza de Tamlin y lo extraordinario que su nuevo mundo resulta ser. Juntos comienzan una relación idílica, en ocasiones casi platónica, en la que Feyre lo entrega todo aun cuando la aparente perfección de Tamlin se quiebra por momentos. Existe una maldición que azota a la Corte Primavera y amenaza con extenderse por todo el reino de Prythian, existen secretos que es mejor mantener encerrados. Feyre no es bienvenida y Rhysand, Alto Lord de la Corte Noche, enemigo de Tamlin y gran temor en las tierras inmortales, lo deja claro. Su oscuridad tiñe la segunda mitad del libro, lleno de misterio y siniestras intenciones.

«En este punto, encontramos aquello de lo que todo el mundo habla, esa pluma de la escritora que jamás te sacia porque siempre te deja con ganas de más».

bre al que ama Feyre tendrá que adentrarse en Bajo la Montaña, el mismísimo infierno, y superar tres crueles pruebas impuestas por el gran mal que azota Prythian. En este punto, encontramos aquello de lo que todo el mundo habla, esa pluma de la escritora que jamás te sacia porque siempre te deja con ganas de más, de descripciones atentas y reales que nos mantienen impacientes por conocer qué ocurrirá en la siguiente página, y en la siguiente… La desesperación y la astucia de Feyre jugarán un papel primordial, en una lucha interna que nos encogerá el corazón. Ahora más que nunca debe pagar su deuda, demostrando así que en el mundo de los altos fae ser humana no es una debilidad. El amor y la muerte nunca han estado tan cerca. «Agradece que tienes tu corazón humano, Feyre. Deberías sentir lástima por los que no sienten nada» En definitiva, Una corte de rosas y espinas lo tiene todo para llegar a ser una gran historia, la doncella en apuros que te patea el trasero, misterio, maldiciones y profecías, amor predestinado y acción. No te dejes llevar por el aparentemente predecible comienzo, después todo son sorpresas.

Cuando la historia parece asentarse la autora sorprende con situaciones que erizan la piel y te mantienen en vilo, página tras página. Para salvar al hom21


LITERATURA

Y VENDRÁ LA OSCURIDAD

El pistoletazo de salida de la trilogía de Katy Rose Pool arranca de la mejor manera posible: personajes repletos de credibilidad habitando un sofisticado mundo con todos los alicientes necesarios para ser una de las grandes promesas venideras.

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aty Rose Pool es una escritora que vive en Berkeley, California. Creció en Los Ángeles, donde su padre, siendo guionista, le enseñó acerca de la estructura de los tres actos, la caracterización y la composición de una historia, todo esto antes de que ella supiera atarse los zapatos, como ella misma afirma. Estudió Historia e Inglés en U.C. Berkeley. En sus propias palabras: «me gusta desayunar sándwiches y acudir a cócteles elegantes, alentar a los Golden State Warriors en la cancha, y los libros que me despiertan por dentro». Y esto último se nota. Su novela Y vendrá la oscuridad es el primer libro de la trilogía La Era de la Oscuridad, su gran debut en el mundo editorial. Es precisamente de este tomo del que vamos a hablar. Durante generaciones, los Siete Profetas vaticinaron el fin de las guerras, hasta que desaparecieron, dejando una última profecía que predecía la llegada de la Era de la Oscuridad y el nacimiento de un nuevo Profeta que podía salvar al mundo... o causar su destrucción. En mitad del caos, cinco vidas se cruzarán: Un príncipe exiliado. Una asesina implacable, la Mano Pálida. Un líder divido entre su deber y su cora22

NADIA BELLO BÁEZ @bookscuore

zón. Un jugador con la habilidad de encontrar a cualquier persona o cualquier objeto. Una chica al borde de la muerte. ¿Serán ellos los salvadores o los destructores de la humanidad?

Es genial cuando un libro deja ese vacío al terminarlo, al pasar la última página y saber con certeza que, aunque haya acabado, ha conseguido hacerte viajar, sentir y vivir. En este caso, Y vendrá la oscuridad lo consigue; siendo el debut de la autora, es capaz de atraparte de lleno desde las primeras páginas de esta historia de fantasía, el primer volumen de una trilogía que augura mucha acción en sus continuaciones.

«El mundo que se nos presenta es largo, vasto, complejo».

Cien años atrás, los Profetas cayeron, desaparecieron, dejando una última profecía inacabada: un último profeta nacería para librar al mundo de la Era de la Oscuridad, nacido con la luz del cielo y siendo heredero de una visión bendita. Sin embargo, el tiempo parece agotarse cuando el Reino de Herat cae bajo la sublevación del Hierofante, el líder de los radicales llamados Testigos, dispuestos a condenar a aquellos nacidos con la Gracia. La revuelta obliga al príncipe Hassan, heredero al trono de Herat, a abandonar su pueblo y huir junto a su tía y el resto de los refugiados a Palas Athos, ciudad donde se preceden los asesinatos por parte de La Mano Pálida, una temida homicida. Al tiempo, La Orden de la Última Luz llega a la ciudad y anuncia por fin su hallazgo más esperado: han encontrado al último profeta. Jude, el primogénito directo de El Guardián de la Palabra, es nombrado predecesor del puesto con todas las responsabilidades que eso conlleva; completar la última Profecía y encontrar al elegido que librará al mundo de la oscuridad… Así pues, el nuevo guardián emprende su misión junto a su equipo para proteger con su vida al hallado en Palas Athos, mientras que en el otro extremo de la ciudad un muchacho con la Gracia de la Vista,


una de las más extrañas y poderosas, vive una pesadilla constante desde hace años, huyendo del mismísimo miedo, del futuro y del pasado. Solo al leer el párrafo anterior nos damos cuenta de algo evidente: el mundo que se nos presenta es largo, vasto, complejo. Y especialmente bien edificado.

«La trama avanza significativamente hilando los actos de cada uno de ellos». Poco a poco, la vida de los protagonistas colisiona, aunque de forma inesperada y significativa en muchas ocasiones. La trama de cada personaje contiene una dosis de tensión y entresijo que logra engancharte hasta el final, tejiendo una perfecta telaraña en la que desembocan razones y pasados oscuros. Las imperfecciones de los personajes, sus fallos y dudas, sus sentimientos y miedos, hacen que se pueda empatizar con ellos sin esfuerzo. El desarrollo de la historia es apremiante y conciso, un ritmo que juega con las posibilidades de un futuro capaz de desconcertarte, como si de una profecía inacabada se tratase…, resultando gratamente estimulante. Los capítulos están escritos desde distintos puntos de vista de los cinco protagonistas, en los que la trama avanza significativamente hilando los actos de cada uno de ellos, dejando ver entre las sombras de sus pensamientos, de sus sentimientos, de sus temores o ambiciones. Sin duda el plato fuerte de esta historia es el desarrollo de los personajes a medida que la historia va tomando forma.

La ambientación se expone en un mundo de fantasía con reinos y pueblos, razas y etnias diferenciadas y especiales, dando cabida a guerreros, monjes, guardianes, y gente con el don de la Gracia. Existen cuatro Gracias del cuerpo, capaces de otorgar diferentes habilidades; la Gracia del Corazón sirve para aumentar la fuerza, la agilidad y la velocidad, ésta Gracia es la que más se manifiesta en los luchadores. La Gracia de la Sangre sirve para dar y extraer energía, con el fin de curar o dañar, especialmente útil para sanadores. La Gracia de la Mente se basa en el don de la alquimia, ya que sirve para crear objetos imbuidos de propiedades únicas. Y, por último, la Gracia de la Vista, la menos común y la más insólita, sirve para percibir y localizar seres vivos. Estas cuatro Gracias juegan un papel principal, adherido a algunos de los protagonistas y dividiendo a la sociedad elocuentemente.

«El compendio de habilidades, profecías y personajes es el gran punto positivo de esta historia». Cabe destacar lo enigmático de las profecías de la historia, ya que pueden ser interpretadas de mil maneras diferentes, con margen de equivocación. Aunque existe poca información acerca de los Siete Profetas y de su caída años atrás, resulta estimulante ver cómo todas las piezas encajan a la perfección a medida que la historia florece y da su fruto. El compendio de habilidades, profecías y personajes es el gran punto positivo de esta historia, eclipsando la deliberada intuición

de la trama y el final, que tal vez sea predecible. Pese a la cantidad de páginas que contiene la novela, el ritmo es ameno y conciso, con una pluma directa que en alguna ocasión anda escasa de detalle, dejando al espectador un amplio abanico de posibilidades en su imaginación. El mundo de fantasía creado se sostiene en su credibilidad por la buena estructuración de capítulos y el deliberado desvelo de territorios, costumbres, reinos, legiones o la mismísima profecía, la cual no se revela completamente hasta un punto álgido de la historia. Dividido en tres partes y con una narración en tercera persona desde los diferentes puntos de vista de los personajes, Katy Rose Pool logra la conexión y la simpatía hacia los protagonistas, convirtiendo sus vivencias y sus pensamientos en un puente directo hacia el lector. De cualquier manera, no se puede negar que este primer libro de la autora es un viaje excitante y con muchos frentes abiertos; la introducción a su mundo de fantasía destaca por la sutileza y la elegancia, todo expuesto a un tiempo sin pausas. Parece que Katy Rose Pool ha entrado por la puerta grande y para quedarse, sin duda. Una fantasía que habla de oscuridad, profecías, amor y deber.

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SÚPER PUTA

CÓMIC/N. GRÁFICA

La superheroína más transgresora y visceral

JOEL GALLEGO @MediaSonrisa

M

anel Fontdevila (1965) es un dibujante de cómics natural de Manresa. Conocido por su humor satírico y reconocible en su estilo de dibujo, se hizo popular por sus series como La parejita o Para ti, que eres joven, junto a Albert Monteys en la revista El Jueves, desde 1995 hasta el año 2014. También como humorista gráfico ha destacado en colaboración habitual de eldiario.es. Pero lo que realmente destacaremos en este artículo data del año 2007. Hablamos de un cómic publicado en la editorial Glénat tras dos años de duro trabajo, y que ha acabado siendo probablemente uno de los cómics españoles más importantes y transgresores: Súper Puta.

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Nos encontramos ante una obra que muy difícilmente se puede definir de una manera exacta e inequívoca, donde los absolutos no tienen cabida. Es producto de una experimentación esquizofrénica excelente, sin ningún boceto ni guión previo que canalizasen lo proyectado. Esto da como resultado un cómic muy visceral y provocador, pero que al mismo tiempo no dejar de ser recatado, sesudo y especialmente adulto si juntamos todas estas características, ya que no se trata de ganarse a un público ni de agradar a una mayoría, sino de contar algo con la creatividad más directa y potente posible. Una conexión directa entre el autor y el lector. Es una lectura única en su especie y forma donde sorprendentemente el ritmo narrativo fluye con una

extraña armonía llena de recursos concretos muy ricos y certeros que acaban creando un conjunto global de lo más razonable. Aquí es precisamente donde la provocación trasciende más allá del título, que es un mero atractivo más. Es donde la imagen, que está dentro de la propia secuencialidad lógica del cómic, acaba convirtiéndose en un tipo de lectura que invita a la reflexión y al desvarío. La obra de Fontdevila mejora con cada lectura, relectura y repaso que se le dé. Quizás no entiendas nada la primera vez que lo leas… Quizás tampoco la segunda… Y puede que a la tercera saques algunas conclusiones precipitadas. Pero desde luego, lo que sí se puede afirmar es que la experiencia va mejorando a medida que nos sumergimos entre las viñetas. Todo se aprecia


mejor. Incluso, puede pasar que, después de un largo tiempo tras la última vez que leíste Súper Puta y lo dejaste en tu estantería cogiendo polvo cuidadosamente, lo vuelvas a leer y te encuentres a ti mismo diciendo: «Me cago en la (súper) puta… No recordaba que esto fuera tan maravillosamente denso». Y es que, si tratamos de encontrar el sentido de la lectura, es posible que volvamos una y otra vez al mismo punto de partida bajo la búsqueda de esa premisa. De entrada lo que nos encontramos de una manera más o menos clara y elaborada es con una parodia satírica del arquetipo de superhéroe quien, aun poseyendo un gran poder, no quiere poseer ninguna responsabilidad. Esta premisa se usa como conducto para plasmar una serie de reflexiones, pensamientos e ideas aparentemente inconexos, como si se tratase de un viaje directo y sin anestesia a la psique humana y las dicotomías y contradicciones propias del ser humano y su existencia, donde el deseo lo es todo y, al mismo tiempo, nada. Esto gira en torno a Súper Puta y su archienemigo Nicomedes Gómez, quienes poseen una visión diametralmente opuesta sobre

los conceptos planteados, siendo dentro de los mismos personajes donde se resuelvan realmente esas batallas. Pero Súper Puta es esto y más. Mucho más. Es una obra que se cataloga como una rara avis indispensable y a la cual se le debe prestar una especial atención.

Cabe añadir además que se le tiene un especial cariño dentro del mundo del cómic e incluso de muchos autores españoles de lo más consagrado en el panorama nacional e internacional.

El dibujo de Fontdevila es sencillamente fascinante. El texto es algo muy presente dentro de la obra y que además se integra de una forma muy rompedora, aunque en un principio parece una ruptura fuera de lo normal, es algo que te acabas haciendo con ella, creando así de este modo un lenguaje propio dentro del comic. Analizado en su conjunto, todo a nivel formal resulta realmente cautivador. Y todo de su puño y letra. Más de 100 páginas en los que se trata de afrontar con una escritura automática una historia compleja ya de por sí, donde el subconsciente impera sobre el propio dibujo con un resultado de lo más críptico y extrañamente coherente, con un desenlace que casi no podría ser de otra forma. Sea como sea, Manel Fontdevila, consciente o no de ello, nos dejó un legado con este cómic de gran valor e importancia para aquellos que quieran acercarse al arte secuencial del cómic bajo otras nuevas perspectivas más provocativas, experimentales y distintas, sea bien como lector o bien como creador. 25


SYBREED

MÚSICA

DISTOPÍA, CYBERPUNK Y TRANSHUMANISMO

DAVID HERGA @HergaDavid

S

ybreed es una banda suiza que inició sus andadas allá por el año 2003, en Ginebra, como proyecto de las creativas mentes de Benjamin Nominet y Thomas Betrisey. Llamados anteriormente Rain, decidieron cambiar su nombre a una mezcla de los vocablos synthetic y breed, en toda una declaración de intenciones. Su música es una amalgama de sonidos que ellos autodenominan death wave, aunque su repertorio sonoro es muchísimo más amplio, con pasajes que van desde

el black metal sinfónico hasta el synth pop ochentero, pasando por el metal industrial más agresivo y electrónico. Con cuatro discos lanzados al mercado, la banda decidió dar un parón en el año 2013 debido a razones personales, abandonan26

do así uno de los proyectos más prolíficos e interesantes que nos ha brindado el mundo de la música.

The Pulse of Awakening fue su álbum más ecléctico, con una cantidad de matices gigantesca y una producción pulida y perfecta, que servía de base para una interpretación musical más digna de haber sido interpretada por una máquina que por un ser humano. Sus letras no iban a ser menos, y ese es el aspecto que cubriremos a continuación, ya que la temática de las

letras firmadas por el señor Nominet, fan declarado del cyberpunk y el pensamiento transhumanista, abarca una serie de tramas de corte futurista, que quizá, como ocurre muchas veces en la ciencia ficción, más que en una ensoñación de mundos futuros, nos hallemos ante una dura crítica de nuestra socie-

dad más contemporánea disfrazada de metáfora. Una sociedad que comienza a despertar de un teatro de manipulación sistemática a diferentes niveles. Sin más dilación y entrando en materia, este sería el posible mensaje que se puede extraer de entre estas líneas sobre tecnología y apocalipsis. El disco comienza con Nomenklatura, un corte contundente y técnico que nos deja claro ante lo que nos encontramos. Su letra reza: «está en todas partes, un sólido muro de mentiras, diseñado a escalas masivas, y aún así, aguantamos y toleramos» y probablemente estemos ante una crítica a la sociedad moderna, donde vivimos vidas vacías, donde la felicidad se vende en forma de productos y tecnología como algo superficial mientras estamos en realidad rotos por dentro. Continuamos con A.E.O.N, donde Ben nos escupe: «soy una ficción, pero en tu cabeza solo existo para entretener, para evitar que las masas despierten» y aquí, quizá la mira apunte hacia la religión, herramienta que ha servido a unos pocos para controlar a muchos a lo largo de toda la historia, usando a peones como transmisores de mentiras convertidas en verdad con el único fin de definir lo que es correcto a nivel moral para el beneficio de los líderes.


El siguiente tema es Doomsday Party. Quizá el más arriesgado en su propuesta musical ya que es el que más elementos electrónicos incorpora, pero que sale triunfante como el single principal del disco. Su letra es bella y metafórica. Nos habla de una fiesta que se celebra el día del juicio final y aparentemente podría tratarse de un desastre nuclear: «a diez mil grados fahrenheit», «el horizonte brilla en blanco brillante», «gritemos hasta que todo se vuelva negro», pero quizás, y solo quizás, esta sea un aviso a los jóvenes que llevan el hedonismo al máximo en interminables noches de ocio nocturno y consumo de sustancias: «sabemos que no durará para siempre. No es más que una mentira, un frágil sustituto de la felicidad y aún así, queremos definir la línea donde la vida y la muerte se unen. Donde la noche y el día se entrelazan». Quién sabe… Seguidamente rompe Human Black Box, una letra que nos habla en primera persona, donde el autor nos dice que «solía luchar para cambiarlo todo… creí que acabar con el sufrimiento iba a ser fácil», «apoyamos la blasfemia y bendecimos la hipocresía para finalmente votar por la destrucción», por lo que podríamos suponer que estas líneas hablan sobre la élite política, a la que llama monstruos, aunque alberga una esperanza de que todos los imperios caerán algún día y nos invita a observar, ya que «no tenemos ningún medio para cambiar el curso del destino». A partir de aquí, las canciones varían entre líricas más personales y auténticos manifiestos cyberpunk. Destacamos algunas.

I am ultraviolence se presenta como el corte más agresivo

de todos. Su letra: una oda a la violencia en su estado más puro. ¿Quizá nos encontramos ante el nacimiento de una inteligencia artificial con un propósito diferente al que le habíamos asignado? «Quiero aplastar este mundo, empapado en sangre». ¿Está este nuevo ser lanzando una amenaza directa al ser humano? «Porque podría enfrentarme al mismísimo Creador». Parece que sí.

Electronegative es un buen ejemplo de futuros distópicos. Benjamin vuelve a colocarnos en la duda temporal: «Es fácil confundir a un cerdo en traje de negocios con un hombre». El objetivo ahora son las grandes corporaciones, y no es de extrañar que la codicia y la humillación se hayan convertido en la norma para unir y regular a la humanidad. Meridian A.D. vuelve a esa faceta más intimista, filosofando sobre lo efímero de nuestra existencia y como queremos vencer a la propia muerte, haciendo uso de la tecnología y la ciencia, tema muy

recurrente en los filósofos transhumanistas. Este tercer disco de Sybreed fue lanzado en Japón con una canción en exclusiva para los nipones, Flesh Doll For Sale, y a nivel conceptual, esta decisión no podía haber sido más acertada en un país donde en 2004 se abrió el primer burdel con muñecas robóticas. Hablamos de las ginoides —o robots con apariencia de mujeres— que han sido creadas con el único fin de la satisfacción sexual. La letra de este tema juega a ponernos en la piel de un usuario de estos robots, que siente una fuerte atracción, casi enfermiza, adictiva, y la contradicción interna; el protagonista es consciente de lo artificial de este ser, pero aun así no puede escapar del morbo que le produce su falta de vida: «Tu piel es una mentira tan perfecta...Nunca tengo suficiente de tu dulce y engañosa delicia, que me quema como una herida».

The Pulse Of Awakening supuso un antes y un después en el devenir de Sybreed. El más arriesgado de su corta carrera como banda y el que sentó sus bases a nivel compositivo y de producción. A nivel lírico, Benjamin Nominet culmina aquí una ya prolífica carrera con un excelente trabajo en el que mezcla con acierto temas trascendentales enmascarados como mundos imaginados, abiertos a múltiples interpretaciones. Existen rumores de que una reunión de la banda podría ser posible en no mucho tiempo, y por el bien de la humanidad en general, y del arte en particular, confiemos en que este combo de mentes privilegiadas formado por Ben y Thomas vuelvan a unir fuerzas para brindarnos discos tan buenos como este. 27


ARTISTAS

PORTAFOLIO

JOSÉ G. ESPINOSA JOSÉ GABRIEL ESPINOSA ES UN ILUSTRADOR MURCIANO ESPECIALIZADO EN LO FANTÁSTICO Y EN LA CIENCIA FICCIÓN. ATRAÍDO DESDE MUY JOVEN POR EL MUNDILLO DEL CÓMIC Y LA LITERATURA MÁS ÉPICA, HA TRABAJADO COMO ILUSTRADOR DE PORTADAS PARA RECONOCIDOS ESCRITORES Y EDITORIALES DEL GÉNERO, ASÍ COMO ILUSTRADOR DE CARÁTULAS PARA ALGUNOS GRUPOS DE MÚSICA Y MAPAS DE FANTASÍA COMO EL RECOGIDO EN LA ORFÍADA, DE VÍCTOR CONDE.

J

osé Gabriel Espinosa (Murcia, 1979) supo desde muy pequeño que dibujar era lo suyo, que la ilustración era la vocación que lo perseguiría durante el resto de su vida. Muy joven ya se aficcionó a las novelas gráficas y cómics, cuyos personajes versionaba, si bien el culmen de su formación fueron sus Estudios Superiores de Ilustración y Diseño Gráfico en Murcia. Complemento a su currículum fueron diversos cursos de formación en diseño gráfico, así como algunos enfocados al terreno de la animación, el cómic y la ilustración publicitaria. Sin dejar de lado sus proyectos más personales, se ha movido en los últimos años en el ámbito de la publicidad, como director de arte de algunas campañas premiadas en festivales especializados (Premio Mejor campaña «Metalec» 2006, finalista premios Scifiworld 2012 con la portada de La sombra de Pranthas), así como en diversos proyectos de televisión y cine de animación (Metalco Motors, Luíco, La Joya de Tudmir, etc.). En 2009 entró a formar parte del equipo de artistas y diseñadores de Mundos Épicos Grupo Editorial, para quienes llevó a cabo di28

versos trabajos antes de embarcarse en la elaboración de la portada de mayor calado dentro de esta editorial: la de la edición española de Terra Incognita (Mundos Épicos, 2009), trabajo de Kevin J. Anderson. Algunas de sus obras más representativas de los últimos años son Mother Winter, publicada y nominada en la categoría de «Ilustrador revelación 2009/2010» en la revista Heavy Metal Fantasy Magazine. Además de la portada de Terra Incognita ya mencionada, Flora para Editorial Holocubierta, que creó gran sensación entre los lectores. Las últimas publicaciones de José Gabriel son las cuatro portadas de Ana la de Tejas Verdes (Almuzara, 2013), la conocida serie de televisión, que se convierte en el primer trabajo de ilustración infantil por parte del autor en una fuerte apuesta de esta editorial.

Actualmente se encuentra ilustrando todo el universo de Tera de Rayco Cruz, así como en el proyecto The Eternal Maze de este y Víctor Conde. También compagina esto con otros proyectos y encargos de autores y editoriales, así como sumergido en la preparación de su propio libro de ilustraciones para conmemorar sus trece años de trayectoria profesional, con fecha esperada para verano de este mismo año.


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ARTISTAS

PORTAFOLIO

JOAN BELLS ILUSTRADOR Y PINTOR A TIEMPO COMPLETO DE SUS RATOS LIBRES, JOAN BELLS UTILIZA LA ESCALA DE GRISES CON LA HABILIDAD PRECISA PARA SUSTRAER LA ESENCIA MISMA DE SU TRABAJO, AQUELLO QUE PERSIGUE, QUE NO ES OTRA COSA QUE LA MÍNIMA EXPRESIÓN DE LA BELLEZA A TRAVÉS DEL CLAROSCURO, SIEMPRE GUIÁNDOSE POR EL HOMENAJE MÁS PROFUNDO POR SUS GRANDES ÍDOLOS Y PASIONES: EL CINE EN SÍ MISMO.

en la esencia misma, el claroscuro como su bandera y símbolo de abstracción en su mínima —pero elaborada— expresión. La pintura y el dibujo es su válvula de escape de «esta realidad», que le aburre, que nunca ha entendido, y en la que no se siente identificado. Además, es amante de la lectura, y fiel seguidor de Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft, hasta llegar a Stephen King, lo que facilita bastante su sugestión al género que frecuenta en sus obras.

P

intor e ilustrador canario interesado y apasionado desde siempre por las películas clásicas y en particular las de género fantástico y terror, influenciado sobre todo por los iconos del género de la etapa dorada de la Universal Studios y también de la Hammer Productions, filmes que crearon atmósferas que reflejaban el blanco y negro, el estilo artesanal y artístico en cada metraje, Joan Bells persigue todos y cada uno de los elementos característicos que distinguen a estos trabajos tan emblemáticos. 32

Ya desde muy temprana edad, intentaba plasmar sus criaturas y personajes en las paredes de la habitación, libretas del colegio, o cualquier otra superficie en la que pudiera dibujar o colorear, hecho que a menudo le ocasionó algún quebradero de cabeza. Joan utiliza el negro como color predominante, y acompañado de grises, a modo de metáfora e invitación al autodescubrimiento de cada uno de nosotros, como si de un viaje de exploración a nuestros miedos más primitivos se tratara, tratando de ahondar

El artista reside en el Sur de Tenerife (Islas Canarias), alternando su trabajo con la pintura y atendiendo encargos a demanda para compradores que son amantes de su estilo y temática. Debido a esto, dio un paso a mayor sutileza y así fue como se marcó el reto de pasar de los iniciáticos lápices o rotuladores, a dar forma y vida a sus obras en óleos y lienzos, los cuales ya han tenido varios itinerarios en espacios expositivos de la isla.


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EVENTOS

A

nimetraje (antiguamente conocido como Festival de Cine Anime de La Palma) arrancó su quinta edición —precisamente estrenando nombre— entre los días 2 y 5 de enero. ¡Y qué manera de arrancar! Cinco años después de su arranque, Animetraje regresó pisando más fuerte que nunca. Dispuestos a comerse el inicio de año, el evento ha celebrado su edición más grande y ambiciosa hasta la fecha. Hasta entonces, Animetraje había contado

siempre con proyecciones clásicas, como Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995) y La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata, 1988), Perfect Blue (Satoshi Kon, 1997) en su tercera edición, y Akira (Katsuhiro Ōtomo, 1988) en la cuarta. Este año, sin embargo, han decidido saltar a la piscina llevando consigo una propuesta arriesgada, especialmente tratándose de un lugar tan remoto —pero no por ello menos importante— como la isla de La Palma. Esta apuesta no ha sido otra 36

ADRIÁN TRUJILLO @haliaxsyn que traer a la sala del Teatro Circo de Marte (Santa Cruz de La Palma) tres preestrenos y un estreno de reconocido prestigio mundial con la ayuda de Selecta Visión. Conscientes de que el público al que querían dirigirse originalmente no era otro que el conocedor del mundo del entretenimiento japonés (entiéndase manga y, por extensión, el anime), pero sin eludir la responsabilidad de atraer por primera vez a un público desconocedor del mundillo, Animetraje trajo filmes y actividades de lo más diversas. Yendo directamente al grano, el primer día arrancó con un tributo con respecto al décimo aniversario de la muerte de Satoshi Kon, director de laureados filmes de animación japonesa como la anteriormente mencionada Perfect Blue, así como Tokyo Godfathers (2003) y Paprika (2006), un emotivo homenaje presidido por el manager de Selecta Visión. Acto seguido, y sin dar tregua a un público familiar y comprometido, se proyectó Ride your wave, la nueva película de Masaaki Yuasa, a quien pudimos ver dirigiendo la exitosa Devilman Crybaby para Netflix de hace dos años basada en el manga

de Gō Nagai. Esta película, además de estar todavía en salas de festivales, logró alzarse vencedora con el premio a Mejor Película de Animación en el Festival Internacional de Shanghái (China) y en el Sitges Film Festival (España). Esta proyección contó con la asistencia de 180 personas aproximadamente, una cifra que se engloba dentro de los límites del año anterior. Arrancaba el segundo día con la actividad Trivial Crunchyroll, seguido de la charla «El estreno de Your Name y cómo se hizo en España» a las siete de la tarde de la mano de Javi Puertas, responsable del departamento de cine de Selecta Visión. Apenas una hora más tarde, la sala rompería todos los récords de asistencia del festival en todas sus ediciones con 260 personas —superando así las 232 que tuvo Mary y la flor de la bruja (Hiromasa Yonebayashi, 2017) en la cuarta edición— con la proyección del nuevo trabajo de Makoto Shinkai: Weathering with you (2019), que levantó una andanada de efusivos aplausos en cuanto aparecieron las líneas de crédito. El tercer día no empezó con menos fuerza. Para ir abriendo boca, Javi Puertas repetía sobre la tarima impartiendo la charla «Estrenos de Selecta Visión a lo largo de su historia», donde se hizo un recorrido de la distribuidora catalana y su gran trabajo trayendo a tierra espa-


ñola los grandes títulos japoneses. Poco después de acabar, iniciaba la segunda charla programada dirigida por Jota Vamps, uno de los mejores cosplayers de Canarias y campeón en tres ocasiones del premio a Mejor Cosplay en el evento Tenerife Lan Party, momento aprovechado también para la exhibición de cosplays de otros participantes a lo largo de una pasarela ubicada para tal efecto. Durante este tiempo, y previa proyección que serviría de remate al tercer día, hubo un torneo de cartas Magic impulsando a la participación el propio festival.

aceptación por parte del público asistente, congregando a un total de 195 personas.

apenas 100 visitantes, una cifra nada despreciable si se pone en perspectiva respecto a las pasadas ediciones.

El último día, quizá el más flojo —no por su calidad, en absoluto despreciable—, coincidía con la cabalgata de Reyes Magos, hecho que adelantó la proyección la última película

Remataba la faena del tercer día la proyección del preestreno de Human Lost (2019), de Fuminori Kizaki, responsable de habernos traído joyas como los anime de Basilisk (2005) y Afro Samurai (2007). Con un estilo CGI que recuerda a las animáticas de los JRPG japoneses, esta película nos traía una adaptación futurista de la obra Indigno de ser humano, de Osamu Dazai que acabó provocando una gran

a las 18:00 (frente a las demás, que se proyectaron a las 20:00). Este último filme que pondría el cierre a Animetraje 2020 no fue otra que el preestreno Children of the sea (2019) de Ayumu Watanabe, responsable también de las series Space Brothers (2012) y Phoenix Wright (2016).

Originalmente Animetraje fue colocado en las fechas mencionadas para que el último día coincidiera precisamente con el cumpleaños de Hayao Miyazaki, un dulce toque que buscaba el homenaje y la cercanía al cine japonés. Sin embargo, y precisamente por lo complicado de las fechas, desde Animetraje se baraja desplazar la próxima edición a otro momento, con la mirada fija en fechas veraniegas, donde el público esté más libre, menos atareado y el ocio esté a la orden del día.

La asistencia de este último día se vio mermada precisamente por la coincidencia eventual, logrando

¿Qué más se puede decir? Animetraje ha llegado, y lo ha hecho para quedarse. Esperemos que el futuro la haga envejecer de la mejor forma posible, que nos permita disfrutar de proyecciones de calidad y que nos deje hacerlo desde la comodidad de casa, pues esa cercanía que consigue, ese buenrollismo que destila, no se consigue en ningún sitio.

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JAVIER CASTRO


VIDEOJUEGOS

JAVIER CASTRO ENTREVISTA A

Javier Castro (Madrid, 1971), conocido como Chope, es artista de múltiples disciplinas. Ha trabajado en el mundo de la publicidad, la ilustración, la fotografía, la imprenta y más recientemente en el mundo de la animación y de los videojuegos, donde destaca su faceta como modelador y texturizador de obras como los Castelvania de MercurySteam. DAVID HERGA @HergaDavid

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uenas Javier. Para empezar, ¿cómo te definirías?

Mis estudios son de ilustración, así que lo adecuado sería decir que soy ilustrador, aunque personalmente no me gustan las definiciones, cada uno que me vea como quiera. En los videojuegos soy texturizador pero hago un poco de todo, también soy modelador en ocasiones, también dibujo cuando puedo y esto último es lo que más disfruto, especialmente cuando lo hago para mí, cuando mi mente está libre de ataduras y todo fluye de forma natural. Me encanta hacer caricaturas. Siempre me ha parecido un reto deformar a alguien y que sin embargo se siga pareciendo. Además, con ellas puedo transmitir alegría. Dibujando a gente en el metro me di cuenta de que podía hacer reír, aunque hay quien también se enfada (risas). ¿En qué proyectos te encuentras inmerso en la actualidad? Actualmente estoy trabajando con Breach Studio, en el videojuego The Harvest. Puedo contar poco sobre él, como que será un shooter espacial en mundo abierto. ¿Y cuál es tu cometido en la realización de The Harvest?

Me encargo del modelado y texturizado de varios elementos, como pueden ser rocas. ¿Por qué no nos cuentas algo acerca de tu dilatada trayectoria? Podría remontarme hasta mi infancia. Puedo decir orgulloso que jugué al Space Invaders (risas), y ello fue lo que me marcó de alguna forma para iniciarme en el mundo de los videojuegos. Obviamente a esa edad no sabía qué pasos tenía que seguir, y de hecho empecé cuando era un veinteañero. Entré en este mundo casualmente cuando me llamaron para colorear el concept art de un director artístico en Mercury. Se

trataba de un estudio pequeño en esa época, y a partir de ahí empecé a probar distintos departamentos, entre ellos el de texturas. Como vieron que se me daba bien permanecí mucho tiempo en él. Mi primer videojuego fue Scrapland, luego Clive Barker’s Jericho, luego la saga completa de Castlevania Lord Of Shadows, y luego Riders, que actualmente se llama Spacelords, donde también realicé trabajo de modelado. También he trabajado en el cine, en una serie infantil llamada Treasure Trekkers, un proyecto de B-Water Studios basada en un libro sobre unos ratoncitos que buscan tesoros.

En Castlevania: Mirror of Fate te encargaste de dirigir el departamento de texturas. Un puesto con una enorme responsabilidad. ¿Qué recuerdas de esa experiencia? Te puedo contar que dimití una vez durante el proceso (risas). Al principio no sabía si iba a ser capaz. Hay mucho jaleo a la hora de coordinar departamentos. Muchas reuniones, discusiones, dolores de cabeza... Hay veces que la mente parece que va a explotar, pero finalmente salió todo bien. Mucho mejor de lo que me esperaba. 39


¿Cómo es el día a día en el trabajo de un estudio de videojuegos? La verdad es que es como cualquier otro trabajo. Tienes un horario que cumplir y en mi caso además de dirigir también tenía que desempeñar mi trabajo como uno más, pintando. Sinceramente no tiene nada de especial hasta que llega el momento final, cuando se lanza al público el producto final y puedes jugarlo y recrearte viéndolo. En el caso del departamento de texturas, recibimos un modelo tridimensional y nuestro cometido es pintarlo, de manera que se alcance el objetivo marcado de la forma más efectiva posible. Una textura de metal tiene que parecer metal y una de tela tiene que parecer tela. Lo definiría como darle vida a ese modelo en gris. Pese a que se trata una parte muy importante en el proceso, no deja de ser un eslabón más en la cadena donde todo es crucial, aunque por desgracia, cuando hay que reducir recursos, donde primero se hace es en las texturas, ya que ocupan un volumen grande de espacio. Como artista, ¿sientes que hay libertad creativa? En mi campo no mucha, ya que tienes que replicar algo que otra persona ya ha diseñado previamente. Quizá los que sí la tienen son los dibujantes, diseñadores y artistas conceptuales. Conozco varios que son de otro mundo, y no te hablo a nivel mundial, sino de España. He tenido la suerte de trabajar con artistas con mucho talento. ¿Alguno en especial? Puedo nombrarte a José Luis Vaello, tiene una visión artística brutal y me siento muy afortunado de haber trabajado con él; y Jorge Benedicto, que es de lo mejor que he visto en cuanto a diseño de personajes. 40

Has trabajado en la primera división de la industria del videojuego en España. ¿Qué volumen de trabajo y estrés podemos esperar a semejantes niveles? El volumen de trabajo es constante. Y respecto al estrés, este se hace patente cuando se acercan las fechas de entrega y se empiezan a acumular objetivos. No obstante, el tener que lidiar con diferencias entre jefes y compañeros es muy frustrante en ocasiones y esto en mi opinión resulta mucho más estresante que el volumen de trabajo en sí. Todo parte de una organización previa que en muchas ocasiones suele ser defectuosa, y ello repercute irremediablemente el día a día en un estudio. Siendo director de un departamento siempre tendrás un mayor contacto con el director general, con el que puedes llegar a tener muchas discrepancias sobre cómo hacer las cosas. Por lo que veo, poco tiene que ver lo que nos cuentas con lo que pudiera parecer desde fuera… Puede que el público en general tenga una cierta idealización sobre lo que significa crear un videojuego. Desde fuera suele parecer todo muy atractivo. La gente se te acerca y hace comentarios muy positivos sobre nuestro trabajo. Luego también difiere mucho si la persona que hace una crítica es artista o no, y esto es importante, porque cuando llevas tanto tiempo trabajando en un mismo proyecto, tiendes a perder la perspectiva sobre tu propio trabajo, eres menos objetivo y peor aún, en nuestro caso, perdemos la perspectiva de cómo se está desarrollando el proyecto a nivel global. Por ejemplo, muchas veces en nuestro departamento no sabemos qué está ocurriendo en otros departamentos hasta después de mucho tiempo.

Después de tantas horas invertidas trabajando, tanta tensión acumulada, ¿queda ilusión por probar el producto terminado? A veces no (risas). De hecho, he tenido rachas muy largas en las que he renegado por completo de un videojuego en el que he trabajado o incluso no he sido capaz de encender una consola durante mucho tiempo. Durante tu estancia en Mercury, trabajasteis para Konami y Nintendo. ¿Hay mucha diferencia entre trabajar para una empresa española y mastodontes como las compañías niponas? Sí, desde luego. En base a mi experiencia te puedo decir que Nintendo tiene un control absoluto sobre todos los detalles. Además, la organización es extrema. Respecto a Konami he tenido la suerte de que confiaran en nosotros a la hora de crear los Castlevania y gracias a eso tuvimos una libertad creativa muy notable. En ese entonces tuviste la oportunidad de conocer en persona a Hideo Kojima. ¿Cómo fue la experiencia de conocerlo? Nos hizo una visita para supervisar el trabajo que estábamos realizando. Pudimos hacernos fotos con él, aunque tuve una sensación de distancia. Estaba muy protegido por su equipo, en el sentido de que no querían que estuviéramos muy pendientes de su presencia y que ello afectara al desarrollo normal del trabajo, así que debería decir que no se convirtió en un día muy especial o diferente a otro día cualquiera. ¿Qué opinión tienes sobre las nuevas generaciones de videojuegos y consolas? Pues sinceramente, intento mante-


nerme al margen. Me gusta el factor sorpresa. Creo que es evidentemente que todo va a cambiar de forma drástica. Hay un nivel de potencia nunca visto y es difícil saber cuál va a ser la evolución de las nuevas tecnologías del entretenimiento. Quizá no en las siguientes generaciones, pero sí tengo por seguro que en algún momento será imposible distinguir algo real de algo que no lo es. Me llama la atención la realidad virtual y espero que todo ello dé lugar a experiencias agradables de jugar sin dejar

¿Mejor una buena campaña o un buen modo multijugador?

de lado una buena historia. Que no se pierda un buen argumento porque el aspecto visual sea preferente. Me he topado con juegos indies que me parecen increíbles pese a no ser un portento tecnológico.

dedicarle mucho tiempo a un juego. Si sumamos misiones secundarias y otros extras, se extiende al infinito, aunque repito que en mi opinión son igual de gratificantes tanto las buenas campañas, como un modo multijugador bien implementado.

Hablando de indies, ¿cuál de ellos resaltarías?

Limbo me ha encantado. Y hay uno llamado Thomas Was Alone que se basa en figuras geométricas. Apenas hay texturas, pero me parece una idea muy diferente y muy bien llevada. Visualmente me gustó mucho Little Nightmares. Es un juego muy original.

Depende de los gustos de cada persona. A mí me gustan las dos cosas. Me viene a la cabeza el último Call Of Duty. Tiene una campaña que es de lo mejor que he visto y el multijugador funciona muy bien. Esto es un plus si no dispones de mucho tiempo para jugar. Puedes echarte unas partidas de forma esporádica y vivir igualmente la experiencia. Con una campaña extensa necesitas

Hablando de modos multijugador, y especialmente en los tiempos que corren, destacan hoy por hoy el tema de los micropagos, especialmente en esta clase de juegos. ¿Qué opinión te mercen? El tema de los micropagos no es nuevo en el mercado de los videojuegos, pero cada vez se extiende

más. A mí personalmente me parece una estafa. Si es cierto que se crea un contenido que requiere de un proceso y un trabajo por parte de las empresas del sector, pero no aporta nada al juego en sí, lo que consiguen es crear un sistema de ludopatía en los chavales, lo cual me parece bastante peligroso, si es verdad que compra el que quiere, pero creo que engancha a la gente, ¿quién no quiere tener el personaje más bonito o el arma más chula con la skin más bonita o lo que sea que cada juego ofrezca? No aporta nada al juego en sí, ni a la experiencia de jugarlo, que realmente es lo importante. Por desgracia es algo que no está controlado de ninguna manera. No quiero pensar lo que se puede gastar un chaval con una tarjeta de crédito a mano y sin el control de sus padres. Es algo que da mucho dinero a las empresas y seguro que ocasiona trastornos en más de una familia. Hace tiempo leí una noticia sobre el Clash Royale. No sé si ponía que ganaban 2 millones y medio de dólares al día… No estoy seguro. Exagerado ¿no? Y, para terminar, ¿algún consejo a nuevos artistas que estén interesados en introducirse en el mundo de los videojuegos? Les diría que no vayan con la idea de que es un mundo maravilloso. Hay mucho esfuerzo acumulado, mucho desgaste y al final es un trabajo como otro cualquiera y muchas cosas no son lo que parecen. Es verdad que puedes llegar a trabajar en algo que te gusta, y eso es muy importante, pero esto puede transformarse en un arma de doble filo. A mí me ha pasado y no solo en videojuegos, también en publicidad, en cine y en todo lo relacionado con el mundo artístico. 41


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GABRIEL JIMENEZ


VIDEOJUEGOS

GABRIEL JIMÉNEZ ENTREVISTA A

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1991, Gabriel Jiménez Cabrera es director de fotografía y técnico de cine. Actualmente compagina su trabajo como editor de vídeo y fotografía con el desarrollo de videojuegos, entre los que destacan trabajos como Rainbrawl, Quiubtu, DEEXIT y más recientemente The Last Waywalker.

H

ola Gabriel. Gracias por concedernos esta entrevista. Pero lo primero es lo primero… Desde la redacción de Blaster, conocemos que eres fan de Hideo Kojima y de su carrera y obra artística. Así que nos gustaría aprovechar para preguntarte sobre ello... ¿Dirías que Hideo Kojima ha sido tu mayor referente como creador de videojuegos? En el ámbito de la creación de videojuegos diría que sí, aunque he estado influenciado por más obras y creadores dentro del sector. Luego entraría cine, literatura, animación y cómics como añadidos a mis referencias cuando se trata de crear algo.

JOEL GALLEGO @MediaSonrisa

Podría decir que lo que he jugado de Kojima es lo más que me ha marcado a lo largo de mis años como jugador, ya no porque sean buenos juegos o no, sino por lo que se profundiza en los temas que tratan sus obras. ¿Algún título en especial a destacar? Si tuviese que separar o destacar un título que me marcara en especial, ese sería Metal Gear Solid 3: Snake Eater. Es un juego que, en la época, no me entraba en la cabeza como era posible que tuviese tanto, o que tuviese, desde mi punto de vista, un balance tan bueno entre historia y jugabilidad. De hecho, fue el primer

juego que me hizo llorar. Bueno, todo tiene un inicio. ¿Cuál es el tuyo? ¿Cuándo comenzaste a interesarte por la creación de videojuegos? Comencé a interesarme por los videojuegos desde pequeño. Siempre decía que quería ser diseñador de videojuegos cuando fuera mayor, me encantaba sumergirme en sus historias y descubrir secretos en sus mundos. Cuando llegó la hora de elegir carrera, la ingeniería informática me echó para atrás: no me apetecía introducirme en ese estudio y barajé otras opciones. De niño solía dibujar mucho, incluso dibujaba mis propios cómics, pero a medida que crecí me

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fui alejando del dibujo y no me veía motivado para meterme otra vez en él. Así que una alternativa que tenía bastante clara fue decantarme por estudiar cine. Es un medio donde podía contar historias y al menos esa necesidad podía cubrirla. Cuando estaba acabando mis estudios, en 2017, tocamos temas relacionados con el 3D. Recuerdo que lo que me llamó la atención fue la fotogrametría y me puse a buscar información. Ahí fue cuando descubrí que a día de hoy existen motores de videojuegos que facilitan con sus herramientas el aprendizaje, así que decidí sentarme por las tardes en casa a estudiar y a buscar más información. Esto último lo sigo haciendo hoy, no deja de ser una búsqueda constante de conocimiento.

la temática. Esto lo puedo aplicar a todo en lo que he trabajado, pero en mis dos últimos proyectos es donde más he profundizado este valor. Dejar claras las bases que quiero intentar trasmitir con lo que voy a

¿Qué proceso sueles tener a la hora de pasar una idea a la pantalla?

crear. Es quizás lo que más me cuesta enfocar, ya que tengo que tener en cuenta si voy a conseguir que se entienda el mensaje y cómo puedo llegar a ese objetivo con el jugador. Una vez tengo esto claro, viene la

Primero pienso mucho en el concepto, donde entran las mecánicas y

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etapa en la que necesito imaginar. Qué tipo de cosas o escenas pueden funcionar para representar el concepto. Esta es una etapa en la que, con lápiz en la mano y un folio en blanco, me pongo a escuchar música que me trasmita el concepto que he pensado y hago garabatos rápidos con lo que me vayan trasmitiendo las diferentes canciones. Así, fabrico sobre unas mecánicas muy sencillas un componente visual que llame la atención. Una vez tengo esto, el proceso se agiliza. Empiezas a ver si funciona o no, qué hay que cambiar, qué hay que quitar, qué puedes dejar… Supongo que dentro de todo ese desarrollo habrá partes que te

gustarán más y otras que te darán más pereza ¿Cuáles son esas partes contrastadas? Lo más que me gusta es imaginar situaciones que se vean auténticas, cuesta bastante pero dentro del proceso creo que es lo que más me gusta. La parte visual, cómo se ve algo y porqué. Lo que menos, sin embargo, es programar una idea. En la cabeza siempre me suena fácil la manera en la que quiero llegar a algo, pero en la práctica me cuesta horrores terminar con algo que se asemeje a lo que había pensado en un principio. De hecho, dudo que alguna vez haya conseguido llegar a la idea que tuve


al inicio. Yo no soy programador y se nota la carga cuando me toca ponerme a trastear. Sueles ser un asiduo de la Zona Indie de videojuegos dentro de la TLP Tenerife. ¿Cómo ha sido tu experiencia a lo largo de este tiempo? Agradable. La Zona Indie siempre ha sido un sitio donde he conocido a gente muy capaz y cada año que pasa se nota la mejoría de los que repiten y el alto nivel con el que vienen los nuevos participantes. Diría que en compañerismo cada año va a mejor, de hecho, la edición 2019 puede que sea el mejor año que he pasado en la zona gracias a los compañeros. En cuanto a organización, creo que el evento tiene que mejorar mucho ese aspecto. En el año 2018 fuiste uno de los 13 finalistas de la V Edición de los Premios PlayStation con el juego DEEXIT, de Rainbrawl Studio. ¿Qué nos cuentas sobre ese proyecto?

DEEXIT es el primer proyecto que se acerca a lo que quiero aportar al medio del videojuego. Anteriormente había hecho experimentos, demos y conceptos de juegos que, pudiendo resultar divertidos o no, no iban más allá de eso. Con DEEXIT si me apetecía ir más allá y hacer lo que de verdad quiero hacer: crear un videojuego que presente una historia, con personajes y un mundo propio que entregue un mensaje al jugador. DEEXIT es un videojuego que significa un montón para mí a nivel personal, aparte de que está basado en una historia personal. Es el proyecto que realmente me ha dado valor después de tanto esfuerzo. Bueno. Y este año 2019 eres actualmente uno de los 20 semifi-

nalistas con The Last Waywalker. ¿De qué trata este nuevo proyecto?

The Last Waywalker es un proyecto pensado para ser un juego pequeñito. Es un boss rush donde debemos adaptar el avatar a los ataques de los diferentes jefes finales, los cuales se basan en colores. No es un juego donde debas atacar, el objetivo es aprender a defenderte para superar las batallas. The Last Waywalker es un juego que nos lleva por las diferentes etapas de la depresión. La intención o el mensaje que quiero dar con el juego es hacer ver que la depresión es un tema delicado y que está más presente en la sociedad de lo que se puede llegar a pensar. No es un juego terapéutico, pero sí que busca entregar un mensaje de apoyo y concienciación al que lo juega. Hay disponible una demo a la que se puede acceder desde aquí: https:// gabriel-jimenez-cabrera.itch.io/thelast-waywalker-concept-demo ¿Existe alguna conexión entre DEEXIT y The Last Waywalker? Son dos juegos que se diferencian bastante entre sí, tanto por temática como en sus mecánicas. Por ahora solo puedo decir que coexisten en un mismo universo, no voy a decir de qué manera porque es algo que, lo justo, es descubrirlo jugando. Pero

están ahí. Después de esto, ¿estás trabajando en algún nuevo proyecto del que se pueda saber? Tengo muchísimas ideas para más adelante, ideas que no encajan en lo actual por conflicto con las mecánicas, pero antes debo acabar lo que tengo en mis manos ahora mismo, que no es poco. ¿Y qué es de ti? ¿Qué hay en tu vida más allá de los videojuegos? Bueno, en el ámbito profesional me dedico a la edición de vídeos y fotografía digital. Aparte, creo mis propios proyectos, los cuales voy llevando poco a poco. Participo en pequeños cortos y alguna que otra campaña de publicidad. Mi objetivo es poder dedicarme al videojuego y volcarme por completo ahí, aunque necesitaré tiempo. Por otro lado, estoy retomando la vida deportiva, que ya tocaba. ¿Y ahora... qué? Pues ahora a seguir trabajando para llegar a todas las metas. Con tiempo y constancia espero llegar a mis objetivos mínimos y cuando llegue a ellos iré abriendo nuevas metas a partir de ahí. Siempre hacia adelante. 45


RELATOS

NO HAY FUTURO

K

RAYCO CRUZ

ent observaba la estrella y era muy consciente de que estaba a punto de provocar el fin de la humanidad. Para su sorpresa, no sentía nada en ese momento. Ni felicidad por el objetivo cumplido, ni euforia, ni remordimiento. Era como si ya estuviera muerta. El fin era inminente. Tras unos días en órbita alrededor de la estrella, la IA le acababa de indicar que la Reina de Dragones había iniciado la maniobra que la sacaría de la órbita estacionaria, lo que, de forma irremediable, llevaría a la nave a desaparecer contra el astro. Había pasado varias horas introduciendo claves de control para desbloquear todos los sistemas automáticos que la nave tenía previstos para evitar tal contingencia. Todo estaba calculado. Tenía un libro de procesos inmenso que le indicó cada paso que la inteligencia artificial iba a dar, cada medida de seguridad que iba a tener que anular, para poder ir por delante de ella e impedir que pudiera restaurar todo lo que Kent fuese haciendo. Había supuesto un esfuerzo enorme llegar hasta ese punto: la culminación de quince años de trabajo, maquinaciones, reuniones secretas, persecuciones y muerte. Por ese motivo, cuando la última señal de alarma se extinguió y comenzó el encendido de los motores para sacar de órbita a la Reina de Dragones, Kent se reclinó en la silla de mando y se dispuso a esperar el subidón de euforia que no llegaba. Ahora que estaba hecho, que no quedaba nada por lo que luchar, se sintió vacía. Se puso en pie y se dirigió al bar que ella misma había organizado en el puente de mando gracias al saqueo de los camarotes de todos los miembros de la tripulación. Se sorprendió de la gran cantidad de botellas que obtuvo de botín, sobre todo si se tenía en cuenta que el alcohol estaba prohibido a bordo de forma taxativa. Solo dedicó unos instantes a localizar una botella de su gusto, colocar un vaso sobre una pantalla apagada y servirse una buena dosis de líquido dorado. Después, se giró de nuevo hacia la imagen de la estrella. Sabía que estaban a mucha distancia aún, pero también que en poco tiempo estarían tan cerca que la nave empezaría a sufrir daños estructurales para acabar frita mucho, mucho tiempo antes de estar siquiera lo suficientemente cerca como para apreciar los detalles a simple vista. Antes de eso, las protecciones de la pantalla no 46

serían suficientes para filtrar la radiación ultravioleta y la intensidad lumínica, por lo que solo podría saber lo que ocurría afuera por los datos que le aportara la nave. La inteligencia artificial empezaría a fallar, por lo que tampoco podría fiarse de esos números. Regresó al asiento. No se apreciaba ningún cambio, pero el proceso estaba en marcha y era irreversible. Se descubrió a sí misma imaginando cómo iba a morir. Había tantas opciones que repasarlas todas era un absurdo: desde quedarse sin oxígeno hasta llegar al final, cosa poco probable, y reventar junto con la astronave. La misma existencia de aquella bestia mecánica era un insulto a la humanidad. Su mirada se desvió hacia el suelo. Muchas cubiertas más abajo dormían miles de personas, ajenas a lo cerca que estaban de la muerte. Se habían dormido con el sueño de despertar en algún planeta habitable que sirviera de cuna para la Nueva Humanidad. A Kent se le escapó una sonrisa al pensar que sería hermoso despertarlos a todos justo unas horas antes del fin para que se dieran cuenta del lugar al que su codicia y su egoísmo les habían llevado. La idea era tentadora, pero lo más seguro era que la mataran a palos al saber que ella era la responsable y, de todas las formas posibles que tenía de morir, esa era de las menos apetecibles. Este pensamiento le hizo recordar el peso que tenía en su costado izquierdo. Se desplazó un poco y desenfundó la pistola que llevaba allí. Había sido todo un éxito logístico introducirla en la nave, pero había valido la pena solo por tener la seguridad de que sería ella quien elegiría la forma y el momento de hacerlo. Su alma de soldado no veía otra forma mejor de despedirse que con el sonido del arma al soltar el pulso de luz. Sería tan rápido y limpio que habría muerto antes de terminar de apretar el gatillo. Glorioso. Solo le quedaba elegir el momento preciso. Echó un largo trago de su vaso mientras evaluaba las opciones. ¿Justo en el último momento? ¿En este mismo instante, para que no tuviera ocasión de arrepentirse? Miró la pantalla de notificaciones de la silla del capitán y comprobó que el proceso era irreversible. En apenas unas horas, la atracción gravitacional de la estrella sería tan poderosa que los motores de la nave, aun a toda su potencia, no serían capaces de hacerla salir de


ella. De hecho, los ingenieros habían dedicado años de estudio a establecer la ruta más precisa que esquivara estos puntos delicados. La inteligencia artificial se encargaría de las contingencias, pero el rumbo sería invariable durante todo el tiempo que durara la travesía. Aun así, la estructura exterior del casco se había diseñado de tal forma que aguantaría alguna desviación porque contaban con que la IA tendría tiempo de revertir el rumbo y evitar el peligro antes de que fuera demasiado tarde. Pero llegaría un momento en que la temperatura sería demasiado elevada y la radiación destruiría la nave. Echó otro lingotazo y miró a su alrededor, a ese puente de mando más grande que muchas casas que había conocido de niña. Luces de todos los colores parpadeaban sin cesar, a pesar de haber anulado las alarmas de emergencia. Decenas de pantallas mostraban datos de todo tipo en gráficas; paneles de control anunciaban el estado de todos los parámetros vitales de esta inmensa matriz que era la Reina de Dragones. Sus sistemas, precisos hasta el más mínimo detalle, estaban controlados por cientos de personas que formaban su tripulación y que ahora dormían, ignorantes de su destino. Kent disfrutó del silencio. Todo ese espacio, todo ese dinero invertido en salvar a la élite mundial… Era grotesco. Con la yema de los dedos pulsó el panel que tenía más cercano y accedió a la lista de pasajeros. Allí reconoció al vicepresidente de Estados Unidos, decenas de mandatarios europeos, incluidos los presidentes de España, Francia e Italia; el rey de Inglaterra; cientos de políticos africanos de todas las escalas, entre ellos varios déspotas y tiranos y algunos de los propietarios y propietarias de las mayores fortunas del planeta. Dos mil cuatrocientas noventa y dos personas de las más altas esferas mundiales. Por supuesto, había personas de clases más modestas, pues alguien tendría que poner en marcha el nuevo mundo, ¿no? Carpinteros, agricultores, maestros, ferrallistas, ingenieros, albañiles… Encontró peluqueros y un buen puñado de comadronas. Pero no había que indagar mucho para darse cuenta de que los apellidos de muchos de estos coincidían con los de los primeros. Hasta para salvar a la humanidad primaban las influencias y los favores. —Qué asco. Solo se dio cuenta de que lo había dicho en voz alta cuando los pasillos vacíos le devolvieron el eco de su voz. De pronto, una parpadeante luz roja apareció en el panel. Kent analizó los datos que le mostraba la pantalla. ¬—¡Mierda! Apuró el contenido su copa, cogió la pistola y salió del puente a toda prisa.

Lázaro despertó sin un solo aspaviento. La consciencia llegó a él de forma muy lenta, como si se descongelara en vez de regresar del bioestasis. Lo primero que sintió fue sed. Una sed atroz y agobiante mientras la cápsula que lo cubría se abría. La observó desplazarse con ojos de mirada aún borrosa. Lo siguiente que experimentó fue frío. Por un instante quiso volver a dormir, como un niño que madruga antes de ir al colegio y lo único que desea, lo mejor que le puede ocurrir en ese momento, es volver a taparse con su manta favorita y cerrar los ojos unos minutos más. Una voz en su oído lo sacó de su ensoñación con un sobresalto. —Sujeto: Lázaro Apestegui Carrión. Origen: España. Edad: veintinueve años… Las palabras siguieron invadiendo su cabeza con la voz átona y femenina de la inteligencia artificial para recordarle quién era. No tenía aún fuerzas para mover el brazo y sacarse el chisme de la oreja, así que lo dejó terminar, aunque dedicó un buen rato a recordarle su profesión, dirección en la Tierra, los nombres de sus familiares más cercanos y un largo etcétera que escuchó con atención hasta que llegó a la sentencia final. —Tiempo transcurrido hasta el fin del bioestasis: tres mil setecientos cuarenta y cinco días, seis horas, veintitrés minutos y un segundo. Lázaro escuchó esta cifra y trató de convertirla en años, pero su mente estaba demasiado aturdida todavía y desistió al segundo intento. A pesar de ello, algo le decía que había algo raro en ella, que no encaja bien en sus recuerdos. De pronto, unas ligeras punzadas comenzaron a recorrerle el cuerpo desde la punta de los dedos. Supo que eran las pequeñas descargas eléctricas destinadas a reactivar la actividad muscular. Un buen rato más tarde un parpadeo azul surgió en algún punto a su izquierda al mismo tiempo que la voz le informaba de que el proceso de estimulación neurológica había concluido y le invitaba a levantarse de manera gradual. También le advirtió de que era normal que sintiera vértigos y mareos. Lázaro dedicó algunos minutos a accionar cada parte de su cuerpo por separado y comprobó que todo estaba en su sitio y se movía con cierta normalidad, aunque sentía las extremidades rígidas, como si tuvieran goma en su interior. «Esto va bien», pensó. Decir que sintió vértigos cuando se sentó y dejó caer los pies fuera de la cámara de sueño era quedarse corto. Fue como si todos sus órganos se volvieran del revés, incluido su cerebro, antes de regresar de forma desordenada. Si su estómago hubiera tenido algo dentro habría vomitado. Un pinchazo en la sien anticipó un buen 47


dolor de cabeza. Entendió entonces por qué apenas se hablaba del despertar en el curso que había recibido sobre el viaje y el sueño. En las semanas que duró aquel entrenamiento, apenas se habían dedicado unos minutos a explicar este momento. Dos nuevas punzadas lo sobresaltaron cuando las agujas que lo habían mantenido hidratado y nutrido durante el viaje se retiraron de sus brazos. Se miró las manos y las sintió esqueléticas. Las mangas de lo que en su día fue un traje ceñido colgaban fláccidas debido a la pérdida de peso que había sufrido. Temió el momento de enfrentarse a un espejo. El siguiente capítulo no fue mucho mejor: ponerse en pie. De alguna manera logró mantener todo en su sitio, tanto sus tripas como el equilibrio, hasta que se sintió con la suficiente confianza como para dar un paso. El suelo estaba helado. Entonces cayó en la cuenta de algo: no sabía a dónde ir. Miró a su alrededor. Una luz cenital alumbraba su cápsula, pero el resto de la gigantesca sala de camas estaba a oscuras. Solo unas pocas como la suya se vislumbraban en su entorno. El silencio era total. En algún punto parpadeaban algunas luces de diversos colores, pero no era capaz de determinar su procedencia. ¿Era el único que había despertado? Le habían explicado que regresarían de la estasis por oleadas, pero en grandes grupos, no de forma individual. ¿Dónde estaban los demás? Trató de recordar si había otras salas con camas, pero lo cierto era que no tenía ni idea. De pronto, como si la nave detectara su zozobra, una luz se encendió a una docena de metros a su izquierda. Un panel brillaba con la palabra «Salida» en varios idiomas. Los entendía todos. Al mismo tiempo, varios puntos de luz en el suelo le indicaron el camino a seguir sin tropezar con ninguna cápsula. Con pasos temblorosos se dirigió hacia ese punto, pero se le erizó el vello de la nuca al sentirse rodeado de tanta oscuridad. Miró hacia atrás y observó cómo su cámara se cerraba y la luz sobre ella se apagaba. Al verlo se sintió un poco nostálgico. ¿Cuántos años había pasado allí dentro? Ese espacio minúsculo había sido su hogar, cálido y acogedor, y ahora se encontraba solo en un gigantesco cascarón que parecía vacío. Aceleró el paso hasta llegar al letrero, bajo el cual se iluminó una puerta que se abrió de inmediato. Al otro lado había más oscuridad. Solo cuando logró reunir valor para dar un dubitativo paso hacia adelante, varias luces se encendieron. El resplandor, más intenso que el de la sala de las camas, le perforó las retinas y le hizo cubrirse los ojos con las manos. Cuando se sintió preparado, levantó la mirada y se encontró en un pasillo bien iluminado que terminaba en otra puerta. Se pasó la mano por la cabeza en un gesto involuntario y se sor48

prendió al notar que el pelo le había crecido. Al empezar el viaje habían rapado al cero a todos los pasajeros por una cuestión de higiene, pero ahora aparecía varios centímetros más largo a pesar de la estasis. No dedicó mucho tiempo a pensar en si eso era normal o no porque su estómago empezaba a rugir. Necesitaba comer algo y rápido. Más decidido ahora que había dejado atrás las sombras del gigantesco dormitorio, dio un paso adelante, dispuesto a encontrar a alguien a quien preguntarle cómo llegar al comedor. —¡Hola! —dijo mientras avanzaba—. ¿Hola? Ninguna respuesta. Recordó que la inteligencia artificial de la nave era casi omnipresente, pero no recordaba cómo debía activarla o dirigirse a ella. —¿Nave? —preguntó y se sintió estúpido. La nave, por supuesto, no respondió. Si había alguna manera de hacer aquello, si se la habían explicado en algún momento, lo había olvidado. Al llegar a la mitad del pasillo, una fuerte ráfaga de aire procedente de las paredes lo sacudió y lo recorrió de arriba abajo. Fue tan repentino que se le escapó un gritito por el sobresalto. —Desparasitación preventiva completada — dijo la voz en el pequeño auricular que aún llevaba en la oreja. Experimentó cierto alivio al escuchar de nuevo unas palabras. De alguna forma le hacía sentir menos solo. Menos abandonado. —¿Hola? —le dijo al auricular, y otra vez se sintió tonto cuando no recibió respuesta. Esa voz era un automatismo y no una comunicación de la inteligencia artificial. Siguió adelante. En ese momento deseó haber prestado más atención a los cursos previos al sueño en los que le explicaron el funcionamiento básico de la astronave, así como la ubicación de los servicios elementales. Trató de no sentirse abatido y pensó que pronto encontraría a alguien, que la tripulación era la primera en despertar y que tendrían que estar cerca, en alguna parte. Empezó a temblar por el frío que le subía por los pies descalzos. La garganta le ardía por la sed. Por fin llegó a la otra puerta y se abrió con un siseo. Había alguien al otro lado. Era una mujer, esbelta y delgada, vestida con un pantalón y una camisa normales. Llevaba el pelo tan corto como él. Otra pasajera. Antes de tener tiempo de alegrarse, la recién llegada le apuntó con un arma. —No des ni un paso más. Mientras dirigía al pasajero de regreso al puente, Kent trataba de explicarse cómo era posible que alguien hubiera despertado. Salvo ella, nadie debía abandonar el


sueño. Había seguido todo el protocolo al pie de la letra, tal y como se lo habían explicado. Había anulado cualquier tipo de respuesta automática de la inteligencia artificial, había deshabilitado los sistemas de emergencia, había desactivado las alarmas… Aprender todo lo necesario le había costado, a ella y a todos los demás, años de estudio. Estaba segura de haberlo hecho todo bien, pero… —La puta IA ha encontrado la forma. El hombre se giró un poco hacia ella. —¿Perdón? Kent presionó el hombro del pasajero para que siguiera hacia adelante. Estaba nerviosa y no sabía bien por qué, ya que nada de lo que pasara podría cambiar el curso de los acontecimientos. Estaba convencida de que el proceso que había iniciado era irreversible, pero también lo había estado de que ningún pasajero podría despertar y ahora tenía a uno de ellos ante sí. Sentía que la nave le había hecho una jugarreta solo para joderle el triunfo final, la muerte solitaria y heroica que tanto ansiaba. —Calla —respondió, sin más. Por algún motivo, el hombre no estaba nervioso. —Esto es un malentendido. No sé quién se cree usted que soy, pero si me lleva ante algún miembro de la tripulación… —No hay tripulación. No hay nadie. El hombre guardó silencio, como si necesitara unos minutos para asimilar la información. Por fin, llegaron al puente. Kent indicó al pasajero que se sentara en uno de los asientos de los oficiales. —Me llamo Lázaro —dijo el hombre—, y la pistola no es necesaria. Acompañó sus palabras con un gesto de las manos para indicar que no tenía nada encima aparte del pijama de estasis, holgado y ridículo. —¿Dónde está todo el mundo? —preguntó a continuación. Kent guardó el arma en la cartuchera, no muy convencida. Después, se sentó en el sillón del capitán. De repente se dio cuenta de que tener un testigo de sus acciones podía no ser tan malo, después de todo. —Solo estamos tú y yo —respondió con una sonrisa socarrona. Lázaro miró alrededor, como si necesitara una confirmación visual de que, en efecto, no había nadie más con ellos. —Tengo hambre —dijo, cuando regresó la mirada a la mujer—. Y mucha sed. A Kent se le escapó una carcajada espontánea. Supuso que no había nada de malo en que comiera algo. Tecleó un par de veces en la pantalla táctil y, unos minu-

tos más tarde, se abrió un panel al fondo de la estancia. Tras él había un pequeño dispensador en el que había aparecido una bandeja con algunos alimentos envasados y una botella de agua. Kent no se molestó en identificar la comida. Lázaro no esperó a que le dieran permiso y se abalanzó sobre ella. Regresó a su asiento y vació la botella de un trago. Después atacó lo que parecía ser algún tipo de sándwich. Emitía ruiditos de satisfacción mientras devoraba aquel frugal tentempié. Kent se limitaba a observar, pero en su mente repasaba todo el protocolo de actuación para saber si se le había escapado algo o si, por el contrario, había hecho todo bien y la IA había logrado burlar su actuación para despertar a ese hombre como un último acto de defensa a la desesperada. Pero, ¿qué esperaba que pudiera hacer un único pasajero, desarmado y confuso, contra el final irreversible que había preparado para la Reina de Dragones? La respuesta era sencilla: nada. Llegar a esta conclusión relajó un poco a Kent. —¿Por qué solo hemos despertado nosotros? ¿Hemos llegado al destino? —preguntó Lázaro al terminar de comer—. Necesito más agua. Kent tecleó de nuevo y la nave les sirvió tres botellas más. Lázaro vació una segunda sin pestañear. —No hemos llegado. No lo haremos nunca, me temo. Lázaro la miró, confundido y a la espera de una explicación que Kent no sabía si tenía ganas de dar. —Y no va a despertar nadie más. Jamás. El hombre se envaró. Kent esbozó una sonrisa. Aquello era divertido. No todos los días una podía alardear de ser responsable de la práctica extinción de la especie humana. —No entiendo… Kent lanzó un suspiro. Tocó otra tecla del panel de control y apareció la imagen en tiempo real de la estrella. Pareció como si todo el puente se iluminara con el resplandor. —¡Oh, Señor! ¿Eso es el sol? —No —respondió Kent—, pero a todos los efectos es como si lo fuera. Quizás solo era su imaginación, pues sabía que era imposible, pero le dio la sensación de que la estrella era un poco más grande. —No entiendo nada… La expresión de Lázaro era abatida y no dejaba de mirar en todas direcciones, pero en el puente solo encontró sombras. Kent había apagado casi todas las luces, por lo que solo el resplandor de los pilotos que parpadeaban en los distintos paneles de mando aportaba algo de insuficiente claridad y les daba a sus rostros un aspecto sombrío y fantasmagórico. 49


Kent se levantó y se acercó a la pantalla con la imagen de la estrella. Era tan hermosa… —Esto es el fin, Lázaro. El fin de todo. Se acabó. C’est fini. En el plazo de unas horas, un día como máximo, esta nave dejará de existir y con ella toda su carga. Kent escuchó cómo Lázaro tragaba saliva. —Pero, pero… La soldado le dejó unos minutos para asimilar la noticia. Durante todo ese tiempo no dejó de balbucear. Le irritaba, así que continuó. De pronto y para su sorpresa, se dio cuenta de que necesitaba contar aquello. —Hace más de diez años que planeamos esto. Formo parte de un grupo de personas preocupadas llamado Ocaso. El devenir de la humanidad, el camino de autodestrucción que había iniciado, la destrucción del planeta, nos llevó a unirnos para tratar de encontrar una solución. Hicimos de todo: protestas, manifiestos, algunos sabotajes que no sirvieron para nada… Nuestra oportunidad llegó con las astronaves y el programa Nueva Humanidad. Tuvimos la gran suerte de que el programa contrató a una empresa amiga para implantar los controles de seguridad informáticos y vimos en ello nuestra oportunidad de hacer algo realmente importante para proteger la Tierra. Kent regresó a su asiento y miró a Lázaro a los ojos. Él no era capaz de articular palabra. —Teníamos que salvar el planeta y, para hacerlo, la humanidad tenía que desaparecer. Fácil, ¿verdad? Estuvimos diez años preparándonos, formándonos, para, llegado el momento, entrar en la tripulación de cada una de las astronaves como parte del equipo de seguridad de sistemas. Estaba todo programado para que despertáramos en unos momentos muy precisos. Yo fui la última. Kent sacó de un bolsillo un pequeño dispositivo con una pantalla táctil y se lo lanzó a Lázaro. Este, torpe aún por el despertar, no lo retuvo y tuvo que recogerlo del suelo. En él aparecía un listado de nombres. Lázaro supo enseguida que eran los nombres de las otras astronaves, las que llevaban al resto de elegidos por el programa Nueva Vida. Junto a todos esos nombres aparecía la palabra «offline». —No puede ser. Veinticinco naves… Kent esbozó una sonrisa orgullosa. —Todas destruidas. —Pero, pero… Eso son más de cincuenta mil personas… —La supuesta élite de la civilización humana — Kent torció el gesto en una expresión de repulsión—. Prevaricadores, egoístas, usureros, explotadores que solo pensaban en sí mismos y en su dinero, que destruyeron el planeta y después huyeron en estas naves. Lo único que dejaron detrás fueron los despojos, un mundo 50

inhabitable y a millones de personas sin ninguna posibilidad de sobrevivir en un entorno cada día más hostil. Kent se levantó de nuevo. Dio una vuelta sobre sí misma con los brazos abiertos, como si tratara de abarcar todo cuando la rodeaba. —¿Cuánto ha costado construir esta nave, Lázaro? Cientos de miles de millones. ¿Sabes cuánto bien se podía haber hecho en casa con todo ese dinero? Pero no. Construyeron estos chismes en el ejercicio de egoísmo supremo y decidieron que ellos eran los elegidos para sobrevivir. ¿Con qué derecho? En Ocaso decidimos que no tenían ninguno, así que tomamos nuestra propia decisión. —Habéis condenado a la muerte a cincuenta mil personas e, indirectamente, a toda la raza humana. La sonrisa de Kent destrozó a Lázaro y ella se congratuló por ello. —Así es. ¿No es grandioso? La humanidad no se merece el planeta que la naturaleza le ha dado como hogar. El destino más justo para nosotros es extinguirnos. Lázaro se levantó de pronto, a pesar de sus movimientos aún lentos, y se acercó a la pantalla del capitán. Kent se lo permitió. Que toqueteara todo lo que quisiera. De todas formas, mantuvo la mano derecha cerca de la empuñadura del arma. Observó cómo el rostro del pasajero cambiaba desde la decisión inicial, convencido de que encontraría una solución, hasta la decepción final cuando, tras unos minutos infructuosos, alzó la mirada hacia ella. Tenía el rostro congestionado y estaba al borde de las lágrimas. —Estamos condenados… —dijo en un susurro. Los labios le temblaban y hacía un gran esfuerzo por no gimotear, como si su estúpido orgullo masculino prevaleciera incluso en aquellos terribles momentos. Kent, como toda respuesta, se limitó a mirar a la fastuosa estrella que se había convertido en su destino final. Sintió, más que verlo, cómo Lázaro se lanzaba contra ella, hecho una furia. Apenas tuvo tiempo de girarse antes de que impactaran y acabaran los dos en el suelo, enlazados, tan cerca que los golpes que le lanzaba apenas lograban impactar. A pesar de ello sintió como un puñetazo casi infantil le hacía crujir la nariz y un reguero de sangre comenzaba a manar de ella. Empezó a forcejear para quitárselo de encima. Lázaro estaba fuera de sí, manoteaba y gritaba en un intento de descargar su furia de algún modo. A Kent casi empezaba a resultarle divertido verlo ahí, sentado a horcajadas sobre ella y comportándose como un niño. No le hacía verdadero daño, pero admiraba esa actitud en el pasajero. De pronto, sin saber muy bien por qué, aprovechó un momento en el que Lázaro se detuvo a coger aire, le sujetó la cabeza con las dos manos y, con un mo-


vimiento rápido, le besó en los labios. Él no tardó ni un segundo en devolverle el beso, como si toda la rabia se hubiera canalizado de sus puños a su boca. Al instante siguiente estaban los dos desnudos sobre el frío suelo del puente de mando. Follaron como salvajes, como si no estuvieran a millones de kilómetros de casa, como si no estuvieran a punto de presenciar el final de la raza humana, como si no hubiera nadie más en el universo que ellos dos, como si se conocieran de toda la vida y no fueran dos extraños que no sabían el uno del otro hasta quince minutos atrás. Nada importaba ya. Terminaron los dos sudorosos y jadeantes, tirados de cualquier manera. Ninguno habló. Kent se levantó y se vistió con parsimonia. Lázaro alternaba la mirada entre su cuerpo desnudo, menudo y flaco, y la estrella de la pantalla. Una lágrima se escapó de sus ojos. —¿Por qué? —preguntó, sin mirar a Kent. —¿Por qué, qué? —Kent sabía muy bien a qué se refería, pero quería escuchar la pregunta correcta. Terminó de abotonarse la camisa y comprobó que la pistola estaba en su sitio. Como le pasaba siempre después del sexo, observó a Lázaro y solo vio un cuerpo desagradable. Cogió los pantalones del suelo y se los tiró en una indirecta poco sutil. Lázaro se puso en pie y comenzó a vestirse, aun más despacio que ella. —¿Por qué has perdido la fe hasta este punto? A Kent se le escapó el aire en un quejido de mofa. —¿Hablas en serio? —preguntó—. ¿Dónde has estado los últimos doscientos años? La humanidad hace siglos que debería haber desaparecido de la faz de la Tierra para que el planeta pudiera recuperarse del destrozo que le hemos ocasionado. Antes de saber de la existencia de las astronaves, cuando el planeta comenzó a sacudirse esta plaga a base de catástrofes naturales y envenenamientos, en Ocaso nos alegramos y hasta lo celebramos. Era tarde, pero quizás no estuviera todo perdido. Algunos estudios afirmaban que, una vez el ser humano hubiera desaparecido, el planeta se recuperaría en poco tiempo. Y, ¿qué hacemos nosotros? Nos metemos en naves gigantes y nos vamos a joder otros planetas. Y para más horror, solo van unos pocos elegidos y los demás nos quedamos atrás, condenados a luchar por la supervivencia como animales. Sin apenas recursos naturales, ellos están tan condenados como los que estamos aquí. Sin tecnología, sin materiales, con las sociedades rotas… Los próximos años en la Tierra serán un caos sin parangón. Pero vosotros habéis decidido huir. No lo merecéis. La Tierra no lo merece y, desde luego, no vamos a permitir que hagamos lo mismo en otro sitio.

—No tiene por qué ser así. La tecnología ha avanzado, somos más conscientes de nuestros errores. Lo haremos mejor. Kent soltó una carcajada. —Hemos oído eso muchas veces. Eres un ingenuo, chaval —señaló con el dedo hacia abajo, hacia las bodegas de carga—. Esa gente solo piensa en su dinero y su propia supervivencia. Harán lo mismo una y otra vez. Al principio todo irá bien, seremos todos amigos y creceremos. Al poco tiempo las rencillas, los celos y el orgullo nos separarán y comenzarán las luchas entre nosotros. Los recursos parecerán inagotables hasta que, siglos después, también los hallamos agotado. No, Lázaro, no merecemos más oportunidades. ¿Cuántos planetas tenemos que destruir para convencernos de que somos un cáncer que solo sabe alimentarse de su anfitrión hasta que lo destruye? —Me niego a aceptarlo. —Me temo que no tienes opción. En ese momento, una luz roja se encendió en el puente y una sutil alarma invadió el aire a su alrededor. —He aquí, el momento glorioso —dijo Kent— en el que todo llega a su fin. La soldado sintió que todo por lo que había luchado, todas las privaciones, las frustraciones y las horas de insomnio que había sufrido, habían merecido la pena solo por ver llegar este instante: la Reina de Dragones se acercaba al punto de no retorno. Los escudos empezaban a fallar. En apenas unos minutos, la estructura empezaría a resentirse por el exceso de calor. Poco después, la nave se volatilizaría. Se preguntó si sería en una fabulosa explosión que nadie admiraría o si se desintegraría por partes, como un asteroide que se acerca demasiado a la atmósfera de la Tierra. Lázaro, solo vestido con los pantalones, había clavado la mirada en la estrella. El resto del mundo había dejado de existir. —Aún no… —dijo, entre lágrimas—. Íbamos a empezar de cero, a construir un mundo mejor… La nave a su alrededor se sacudió. La alarma aumentó de intensidad. Varias luces se encendieron en diversos paneles. Kent esbozó una gran sonrisa. También ella fijó la mirada en la estrella. La IA había oscurecido aún más la pantalla para compensar el aumento de intensidad lumínica. Por un extraño impulso que ni ella entendió, le dio la mano a Lázaro, como una madre sujeta la de su hijo justo antes de cruzar un paso de peatones. —No te sientas mal, chaval. Algún día tenías que morir. 51


RELATOS

EL REFLEJO DE LA RISA

M

EVA JENNER

i hermano está a punto de llegar para recogerme y aún no sé a dónde vamos a ir exactamente. Lo que sé es que hay unos cuantos sitios pensados y que me encargó que lo decidiera yo. Posiblemente vayamos a algunos de esos sitios que tanto le gusta explorar en busca de alguna historia creepy o siniestra. Alguno de esos cuentos o leyendas urbanas que tanto nos apasionan a ambos. Puedo decir con orgullo que es algo que hemos sacado de nuestro padre, el cual murió hace unos cuantos años cuando aún éramos unos niños los dos. Apenas teníamos 10 años cuando nos dieron la noticia y siempre tuve en mi conciencia que no vi a mi padre una última vez. Ninguno lo vimos. Lo único que conservábamos eran sus cuadernos de apuntes, donde anotaba cada leyenda que descubría, historia que encontraba o lugar que visitaba. Crecimos con nuestra madre, la que tanto se empeñaba en hacernos rechazar esa pasión por las leyendas y los temas sobrenaturales. Decía una y otra vez que íbamos a terminar locos, al igual que papá. Mi padre había pasado algunas temporadas en centros psiquiátricos. Así nos lo contaba la familia cuando hablábamos de él, al menos lo poco que conseguíamos hablar de él. Ya que siempre intentaban callarlo y no era uno de esos temas favoritos para poner en la mesa en las reuniones familiares. Pero sé de primera mano que mi padre había estado con tratamiento para la ansiedad y la depresión en más de una ocasión y que incluso en algún momento intentó suicidarse. Por esa razón él mismo decidió ir a un centro. Y por eso mi madre se empeñaba en decirnos que íbamos a terminar como él. Tengo muchos fragmentos de recuerdos en mi cabeza cuando iba con mi padre en busca de historias, casas con leyendas, a museos… pese a ser una niña siempre consiguió que me interesara por el mundo de lo extraño, confuso y los misterios sin resolver. Con mi hermano igual. Además, apenas nos llevábamos un par de años él y yo y esa escasa dife52

rencia de edad nos hizo que ambos compartiéramos muchas cosas. Cuando papá murió hicimos un pacto: Ambos dedicaríamos al menos una vez al mes o un fin de semana del mismo a ir a alguno de los lugares que él había anotado en sus cuadernos y había visitado. Era algo que habíamos hecho desde que teníamos vehículo propio, ya que todos los sitios que teníamos pendientes nos pillaban considerablemente lejos. Mi padre, además, tenía un álbum de fotos de todos sus viajes y de cada experiencia vivida, así como las que dejó anotadas que quería visitar en un futuro. Éramos como esos hermanos de la tele que iban por ahí cazando demonios y seres sobrenaturales, salvo que mi hermano y yo no teníamos un impala del 67 y mucho menos éramos unos súper cazadores que cazaban cosas extrañas. Entre otras cosas porque eso no existía. Y que conste que no es algo que me gustaría que pasara, pero sí que me gustaría tener ese coche, para qué negarlo. Miré el reloj y llegaba tarde, cosa que no me extrañó. Mi hermano pequeño no destacaba por su puntualidad cuando quedábamos. Así que mientras venía me senté en el ordenador y empecé a mirar las siguientes rutas a seguir después de ésta. Teníamos un puente de 4 días, así que íbamos a aprovechar y a hacer turismo de leyendas por más de una zona, dependiendo de las que nos pillase en el camino. Por suerte, todas estaban en la misma ciudad, de hecho, estaban en la misma zona y la misma calle. Cada una con una cronología que destacaba entre ellas, pero una sí nos provocó la suficiente curiosidad como para visitarla antes que a las otras. Mi móvil sonó y pude leer en la pantalla que era mamá. Pero decidí no cogérselo porque iba a empezar con la misma monserga de siempre e íbamos a terminar discutiendo y con mi hermano y yo haciendo lo que nos diera la gana. Sí, siempre tenía mucha obsesión con lo que


hacíamos mi hermano y yo, desde que las noticias estaban en alerta con que había varios asesinatos en una zona que mi hermano y yo habíamos comentado varias veces, estaba insoportable. Por esta razón intentamos siempre evitar que nos escuche, pero no siempre tenemos éxito. Poco después de la llamada de mi madre escuché la bocina del coche de mi hermano, que desde luego no era el impala que tanto ansiaba yo. Así que cogí el cuaderno y las rutas que había elegido y salí por la puerta. Mi hermano, como siempre, llevaba suministros en el coche para lo que pudiera pasar, ya que no era la primera vez que teníamos que dormir en el coche parando en cualquier lugar de la carretera. Salimos a eso de las 6 de la tarde, y eso que habíamos quedado a las 4 y media, y teníamos al menos dos horas de camino. Paramos en un área de servicio cuando llevábamos poco más de una hora. Nos tomamos un café y seguimos nuestro camino. Hasta que llegamos al sitio que habíamos acordado mi hermano y yo cuando le puse los apuntes nada más sentarme en el coche. Además, le enseñé las posibles visitas que podíamos hacer después. Cuando nos bajamos del coche, que habíamos aparcado unos 200 metros más atrás porque todo estaba plagado de vegetación y barro, fuimos andando con cuidado hasta el sitio en concreto. Cruzamos un pequeño riachuelo de fango hasta llegar a una señal que indicaba con una flecha el camino que buscábamos. Era una aldea maldita, la que tantas veces habíamos visto en internet, la que contaba muchas leyendas e incluso había sido tema de conversación en un programa de televisión como Cuarto Milenio. La aldea tenía una construcción de, mínimo, el siglo XIII o principios del siglo XIV, y aún conservaba parte de la estructura demostrando unos buenos cimientos que te dejaban aún andar por ella. Derruida, destrozada, y llena de escombros y vegetación nos adentramos en una leyenda que contaba que varios de sus habitantes poseídos por la locura empezaron a matar gente y que nunca se encontraban los cuerpos. Sólo había desaparecidos que nunca volvían a casa y poco a poco la aldea fue quedando completamente desierta. Se habían hecho investigaciones, visitas y se había puesto grabadoras escuchando así distintas psicofonías que alertaban que ahí había actividad paranormal. Era una zona totalmente apartada, en las afueras del pueblo y que comunicaba directamente a través de un pequeño puente de piedra con otra zona

que también tenía alguna que otra leyenda. Me enamoró el silencio que habitaba allí, la cantidad de vegetación que destacaba su nulo mantenimiento y por supuesto me pareció de muy mal gusto las pintadas satánicas que había en la zona, así como mensajes de «Si entras, no podrás salir». Definitivamente esta zona histórica había sido el banquete de muchos niñatos con muy poco respeto por las leyendas. Era un tema que me apasionaba y, aunque no creía en nada, siempre tuve un gran respeto y admiración por todo lo que rodeaba lo que mi padre nos enseñó e inculcó desde niños. Desde las historias que nos contaba hasta lo que habíamos leído en sus cuadernos. Mi hermano iba echando fotos con su móvil a cada resto de habitación que veía. Se podía distinguir aún entre tanto escombro lo que era unidad familiar o lo que era una tienda. Me recordó vagamente un videojuego que jugábamos mi hermano y yo, y que plasmaba muy bien lo que era la época del viejo oeste. Incluso recordé aquel capítulo de Embrujadas donde una de las hermanas viaja a esas zonas para intentar salvar a un fantasma que estaba atrapado en una maldición y estaba ligado a una de sus hermanas… Precisamente por tanta ficción me era difícil creer que había algo más allá. Dentro de las habitaciones podías encontrar desde cuadros descoloridos, raídos y destrozados por la humedad, hasta sillones que apenas podían considerarse como tal del avanzado estado de deterioro que tenían. En los techos que aún quedaban en pie se veían marcas negras de humedad y trozos que se habían caído. El blanco perdió su claridad hacía ya varios siglos, y todo estaba siendo un bufé libre para la vegetación que se iba abriendo paso y lo iba propagando todo de distintas hierbas y matorrales. Llamó mi atención una habitación llena de espejos rotos que aún mantenían algo de brillo en sus cristales destruidos. Todo lleno de polvo, plantas y telarañas, se podía escuchar en cada paso que dábamos con el silencio el gruñido de las ratas que merodeaban por ahí. Cómo crujían los trozos que pisábamos, muestras de chimeneas viejas, más antiguas que yo, y las pintadas, cada cual más perturbadora que la anterior. Además, había una escalera medio destrozada que amenazaba con caerse si alguien ponía más peso de la cuenta encima, así que no quise tentar a la suerte y me quedé con ganas de subir a la planta de arriba de una de las casas. Era inquietante pasar por debajo de esos te53


chos o esos arcos pensando en la posibilidad de que se cayeran y nos pillara allí. La adrenalina de lo prohibido, el morbo de lo desconocido y la intriga del misterio nos hacía sentir el corazón como una bomba a punto de explotar. Subimos por un camino de tierra, encontrando en el trayecto alguna que otra prenda de ropa y lo que me dio más escalofríos, un zapato de un bebé. Lo sé, puede parecer una tontería, pero esas cosas me daban mucho respeto. Llegamos hasta lo más alto de la zona tras subir unos escalones de piedra gruesa y antigua, que parecía de estilo barroco y que pese a estar destartalada se conservaba muy bien dentro de lo que cabía. Desde ahí podíamos ver todo el terreno, visualizando a lo lejos del puente cómo unas luces de colores resaltaban y bailaban. Claramente era la policía, y aquel sitio era el siguiente en nuestra lista de turismo. Cuando bajamos con más dificultad que con la que subimos, tuvimos que volver a pasar por la habitación de los espejos y sentí un escalofrío cuando pasé por la puerta, que era de madera y estaba hinchada por los años y la edad, y estaba medio descolgada y casi partida por abajo. Volví a entrar y vi cómo los espejos que estaban rotos hacía apenas un rato, ahora estaban en perfecto estado y brillaban como si tuviesen polillas en su interior. De hecho, me pareció ver la silueta de un hombre con sombrero pasar a través de él, pero supuse que eran imaginaciones mías. En cualquier caso, mi hermano me alertó que teníamos que irnos de ahí y que fuéramos rápidamente hasta la siguiente zona donde estaban las sirenas alumbrando. Me llamó la atención que desde ahí no se escuchase ni un ápice del ruido que éstas provocaban, no estaba tan lejos como para no oírse. Cuando volvimos a la entrada y pasamos por el fango que habíamos pisado en un principio, pudimos acceder hasta el coche. Nos pusimos el cinturón y miré el móvil, que aún estaba sin batería, para observar detenidamente las fotos que habíamos hecho y que iba a colocar en mi Instagram después, cuando estuviese en casa tranquila. En una de las fotos me percaté que varios cuadros donde no se veía nada, o eso creía yo, ahora se veían siluetas de un hombre, puertas y más puertas, y caras que no conocía de nada. Más que nada porque me costaba distinguir la apariencia humana. Además, descubrí que depende de la foto los espejos estaban rotos o estaban completos, estando sólo agrietados ligeramente. Mi hermano arrancó y al cabo de unos mi54

nutos llegamos hasta la zona donde estaban las sirenas, las cuales empezaban a sonar casi de repente, como si hubiéramos dejado un lugar completamente insonorizado para adentrarnos en un espacio «real y normal». Un coche de policía tenía en su interior un hombre sentado en un estado de ausencia total, como si acabase de sufrir algún shock, mirando hacia abajo y apenas podía ver su cara. Cerca de él uno de los policías con una sonrisa desencajada miraba a una chica que estaba terriblemente nerviosa, casi podía percibir el temblor de su cuerpo y cómo se aferraba a una manta para reconfortarse. Cuando se fue la policía y ella se quedó ahí me acerqué hasta ella, pidiendo a mi hermano que me esperase ahí, que entre mujeres quizás era más fácil o accesible para ella explicarme lo que había pasado. Se apoyó en una pared apartada del búnker y de la gente y después de un largo silencio asintió, me miró y me dijo que me iba a contar la historia, aunque pensaría que estaba loca. Y así fue como comenzó. 1 hora antes dentro de aquel búnker… Me despierto en un local abandonado lleno de congeladores enormes, con suficiente comida como para los próximos 5 años. Todo está desenchufado, por lo tanto, el olor a comida podrida inunda la estancia provocando un olor nauseabundo que me dan ganas de vomitar. A duras penas retengo las arcadas que mi cuerpo genera y que consigo apaciguar poniendo mi mano sobre mi boca. Veo un cartel en una de las paredes donde sale una cara conocida, familiar, que sé que he visto en algún lugar, pero no consigo ubicarlo en mi mente. La gente que está conmigo no la conozco de nada y sin embargo se apegan a mí intentando buscar una salida al igual que yo en este laberinto tóxico de putrefacción. Desde hace días las noticias no paran de sacar reportes de varios asesinatos en la zona. Todos presentan los mismos patrones, pero sin embargo las pruebas circunstanciales dejan pistas que no conducen a nadie en concreto. Cada noche me voy con esa idea en la cabeza a dormir, pensando en quién podrá ser, por qué, cuándo actuará... me pilla muy cerca cada escenario del crimen que ha tenido lugar. Escucho de fondo una melodía clásica, que reconoz-


co como Spring Waltz de Chopin. Ese hombre que está sentado en un piano negro en mitad de la sala, se levanta y viene hacia mí, ignorando por completo los dos chicos que están conmigo. Viste una chaqueta de paño oscura que le llega por encima de las rodillas, una bufanda a rayas verdes y un sombrero antiguo negro y destartalado. Sus manos están tapadas con unos guantes que no tienen cobertura en los dedos, y su pelo largo sobresale por el gorro que lleva en su cabeza. Sonríe momentáneamente mientras sus ojos parpadean un par de veces antes de cerrarse. Me coge de la mano y tira de mí para indicar que le acompañe. Me suelto, asustada por la apariencia de este tío que parece un viejo chalado. A decir verdad, aparenta unos 60 años, pero bajo esas pintas de dejadez no sé cuál puede ser su edad realmente. En verdad no me importa, sólo me interesa lo que hago aquí y cómo salir de este extraño lugar. Seguimos a ese extraño por un camino oscuro, húmero y que parecía estar en el subsuelo. Abrimos varias puertas mediante un interruptor para entrar en salas vacías, sólo con cajas apiladas en su interior. Cada sala tenía una puerta que daba a otra y parecía no haber fin. Hasta que una de las habitaciones contenía más congeladores y un armario grande de madera en una de las paredes. Con una sonrisa de oreja a oreja nos hizo un gesto de la mano para que echásemos un vistazo en su interior. En el congelador había restos, vísceras, tripas, sangre coagulada. Olía a muerte infecta, podrida. Y ante nuestro gesto de asco y desagrado sólo recibimos una risa atronadora que retumbaba por toda la habitación. Cuando abrí la puerta del armario tuve los reflejos suficientes para apartarme y evitar que el cuerpo sin vida de un hombre cayera sobre mí. Chillé del impacto, pero más chillé cuando fui consciente de que estábamos con un asesino psicópata ahí, solos, sin posibilidad de huir. Vi a mis acompañantes, retroceder asustaos mientras se chocaban con la puerta cerrada por la que habíamos entrado. Se dieron la vuelta, irracionales para aporrear de manera consecutiva el muro metálico que nos separaba de otro espacio seguro. El loco no hacía más que reírse mientras se iba por la puerta siguiente ignorando nuestra presencia. Desconcertada seguí a ese hombre intentando dar con la salida. Los dos chicos me siguieron, tan asustados o más que yo.

Otra melodía empezó a sonar, cuando habían pasado unos minutos desde que la anterior se apagó. La Sonata N.º 9 de Chopin sonaba cada vez más fuerte a medida que seguía el camino donde el asesino se perdía. El olor a podrido se fue evaporando, sin embargo, el olor a sangre y óxido seguía estando, molestando brevemente la garganta. Se veía lo suficiente como para avanzar, pero si tuviéramos que huir no sabríamos por dónde tirar. Hay cuatro puertas, dos de ellas selladas con tablas de madera que hacen una cruz. Cada puerta tiene un número puesto, «I, II, III, IV». Sólo las pares están abiertas. Entro por la 2, llegando a un escenario totalmente paralelo al que había visto anteriormente. Un salón perfectamente arreglado con un sillón de cuero rojo. Una mesa en el centro con un jarrón de flores blancas, una lamparita encendida en uno de los laterales y un cuadro de Picasso, el de una chica frente al espejo de 1932, encima de una chimenea que parece recién apagada, aún con las ascuas enrojecidas echando humo y calor. Una taza medio vacía con un olor parecido al café estaba en el suelo, como si alguien la hubiese puesto ahí adrede. Pero sobre todo estaba vacío. No había gente, ni loco, ni cuerdos, ni nadie. No tenía salida más que una ventana tapiada con ladrillos. Me di la vuelta y salí por donde había entrado, aceptando que la salida no estaba por ahí. Fui a la puerta número 4. Dentro había una televisión encendida y con interferencias que no terminaba de emitir señal alguna. Junto a una pared había dos policías de espaldas que sostenían algo entre sus manos. Nos dicen que están buscando a un asesino en serie que tiene aterrorizada la zona desde hace días. Nos interrogan, pidiendo que contemos cada dato que tengamos sobre las personas que hayamos visto aquí. Le hablo del hombre, pero no consigo decir nada importante porque no sé quién es. Una mujer con el pelo blanco que sujeta un moño, gafas redondas sobre la nariz, y vestida de negro, nos trae una taza de un líquido inoloro, caliente, amargo, según uno de los chicos que venía conmigo, porque yo no me iba a beber esa mierda de una anciana que no conocía de nada en un sitio donde no sabía cómo había acabado, con un loco que se ríe y que no sé donde está. Los policías se desvanecen, como un holograma instantáneo que ves en un videojuego. El acompañan55


te que había probado el líquido empieza a desvariar, diciendo cosas sin sentido, palabras extrañas en un idioma que no lograba identificar y sólo consigue reír. Reír sin parar. Me aparto de él, ambos ríen, él y la señora. El otro compañero tira la taza contra la pared, yo la acerco a mi nariz, pero sigo sin llegar a reconocer ningún aroma. Corre, el chico que ha tomado eso, corre sin mirar atrás, riendo sin parar, pegando un portazo cuando se ve que llega a otra sola. La mujer se lleva la mano a la cara y arrastra la piel con ella, dejando la piel despellejada, goteando sangre y una especie de gelatina mientras sigue riendo sin parar y se vuelve a alejar. La siguiente puerta nada más abrirla contiene el cadáver del chico que estaba con nosotros. Tenía la piel arrancada, pudimos identificarlo por el cuerpo, la ropa, y la cartera que llevaba en su bolsillo. Donde miramos esperando encontrar algo, sin saber muy bien el qué. Ahora el pánico se apoderaba de nosotros, se oía el latir acelerado de nuestro corazón, retumbando nuestro pecho como si quisiera salir y huir de allí al igual que nosotros. El olor se volvía inestable, tóxico, fétido, como momentos antes habíamos notado. Seguimos avanzando por el único camino que veíamos disponible para ir, encontrando más y más cuerpos igual, con la cara arrancada. Esta vez miramos en los bolsillos al igual que la anterior y lo único que encontramos es la cartera, con el carnet. Estaba claro lo que pasaba, pero teníamos que centrarnos en buscar una salida antes de terminar como ellos. No me había dado cuenta que la música que sonaba hacía rato había cesado, y que otra estaba en la lejanía, invitándome a seguirla para descubrir una posible salida. Aunque todo cuanto había seguido antes había terminado en lo mismo. Puertas y más puertas que no llevaban a ningún lado, salvo a un loco. Sueño de amor de Franz Liszt llenaba mis oídos acercándome, sin saberlo al final de mi pesadilla. Pero me encontré ahí, mi compañero echando sangre por la boca, observando que detrás tenía a un hombre y que su cara era el de uno de los cadáveres que había visto momentos antes. Eché a correr, mirando para atrás lo bastante para ver cómo le arrancaba la cara y se la ponía, persiguiéndome ahora sin darme tregua para huir. Corrí, lo más rápido que pude, pero él era más grande que yo y cada zancada suya era tres veces 56

la mía, así que me alcanzó cuando tropecé con uno de los cuerpos despellejados y caí de frente contra el suelo, quedando atontada un momento mientras me intentaba poner en pie para volver a huir. Me agarró de un pie, tirando de mí y volviendo a caer, mirándome a la cara mientras me cogía de las manos para que le mirase a la cara, riendo sin parar. Cuando le clavé los ojos en su rostro vi el de mi acompañante, el que momentos antes había matado. «Soy Deetz y quiero jugar contigo... Debes ayudarme y venir conmigo…». Nunca supe cómo logré zafarme de él y salir corriendo. Quizás saqué fuerzas de donde no las había en mis últimos momentos de vida para intentar escapar, no lo sé. Clavé mis uñas en su cara y la piel se desquebrajó, dejando todo el músculo ensangrentado y viscoso al aire, dándome tanto asco como pavor esa escena y logrando escapar cuando él se apresuró a buscar la piel que había caído por el suelo, despedazada. Corrí gritando, pidiendo auxilio, pero él me seguía. Llegué a una habitación con gente sentada a unas mesas. Cuanto más corría yo intentando gritar su nombre para que lo oyeran más se acercaba a mí, evitando que en el esfuerzo de correr lograse chillar. Conseguí que me mirasen y logré decir «El asesino es Deetz, es Deetz. Viene a por mí». Me tiré en el umbral para que me vieran y él saltó, sobre mí, sin importarle la cantidad de gente que estaba en la habitación. Acudieron todos a mí en masa, para echarse sobre él y atraparle, evitando que lograse huir una vez más. Fue detenido y metido en el coche. Cuando estábamos viendo los primeros rayos de sol que entraban por la puerta abierta del búnker donde estábamos, yo y el grupo de gente que había conmigo, nos acercamos hasta la policía que le detuvo. «Era el asesino que atemorizaba la ciudad. De alguna manera inexplicable conseguía cambiar su aspecto, cogiendo la piel de sus víctimas para asesinar cada vez bajo un aspecto diferente y jugar con la policía. Sin embargo, lo que no sabíamos era que también podía cambiar de cuerpo». Y la boca del policía cambió de posición, para mostrar una risa macabra y empezar a reír sin control. Mientras que por la ventana del vehículo el presunto detenido estaba sin rostro e inerte sobre el asiento. Nunca se conseguiría coger al asesino, pues cambiaba de rostro y cuerpo a voluntad.


Fin del testimonio de la chica. La miraba anonadada, callada sin saber qué decir, desconcertada, nerviosa, intranquila… Pero sobretodo, incrédula. Saqué mi móvil y le enseñé las fotos que había hecho en la aldea maldita, y ella se puso a aguantar el llanto hasta que no soportó más y empezó a derramar lágrimas intentando apartar la vista. —Por favor… dime… ¿Esto te suena de algo? —Son ellos. —¿Ellos? ¿Quiénes? —Las caras… son los que estaban en el búnker, las caras que vi. Las puedo reconocer, aunque estén así… podría reconocerlas en cualquier parte porque jamás olvidaré cómo ese loco se ponía esas caras. —¿Estás segura? –Pregunté una vez más, deseando en una gran parte de mí que no fuera lo que imaginaba, y en otra pequeña parte pidiendo que lo fuese. —Sí. Deetz… imposible olvidar ese maldito nombre y esas horribles imágenes. —Gracias por hablar conmigo y confiarme lo que te ha pasado… espero que puedas recuperar tu vida tras esto. Estoy segura que lo harás. Un sanitario se acercó hasta a ella y la cogió del brazo para llevársela. Yo me fui con mi hermano. Cuando me senté en el coche y me quedé en silencio y empecé a recabar en mi cabeza todo lo que habíamos hablado la chica y yo, me tuve que agarrar el pecho, coger aire y echar mano de un cigarro. —¿Qué pasa, hermana? —Creo que papá está vivo. —¿Qué dices? —El asesino cambia caras se llama Deetz. —¿Qué? ¿Cómo el de las historias que nos contaba papá cuando éramos pequeños? —Sí… pero no sólo eso. La chica me contó que vio muchas caras y cuando le enseñé el móvil con las fotos que había hecho en la aldea las reconoció a todas, diciendo que las había visto en ese búnker. —¿Y qué? Vamos… ¿no me digas que te vas a creer toda esta película? —Los espejos… unas veces están bien, otras están rotos, tienen sombras, caras, y me ha descrito la misma imagen que yo vi con mis propios ojos. —¿Y qué crees que pasa? —Creo que papá es el asesino, que nunca murió y que esos espejos tienen algo que ver.

—¿Papá un asesino? ¿Estás loca? —O sea, no creo que sea totalmente él, sino que algo que hay con esos espejos lo ha hecho así. —Vale, sé que esto es muy fuerte y es de locos, y que estamos siempre investigando y explorando historias de lo más raras, pero precisamente por eso, y porque tú nunca crees en nada… ¿no crees que te está jugando la cabeza una mala pasada? —Quiero ir a esa aldea otra vez. —Creo que no es buena idea. —Tengo que descubrir qué tienen los espejos, y si es el reflejo de nuestro padre lo que hay ahí, escondido entre risas.

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RELATOS

DEEP DAY STORIES

A

AXER RAMÍREZ FERREIRA

l principio le costaba recordar, pero nunca olvidará el punto de partida de esta historia. Estaba profundamente dormido cuando un escalofrío le recorrió todo el cuerpo mientras oía en su cabeza susurros incoherentes. Le perturbó tanto que despertó. Al despertar se dio cuenta de que estaba dentro de un maletero al golpearse en la cabeza con la parte de arriba de este al intentar levantarse. No entendía lo que sucedía y lo primero que se vino a la cabeza fue gritar para que alguien le sacara de allí, pero no sirvió y empezó a buscar la manera de intentar salir de allí. Primero probó a abrir el maletero buscando algún resquicio desde donde tirar. No hubo suerte, luego se le pasó por la cabeza golpear hasta romper la puerta del maletero, que por suerte para él la puerta cedió y consiguió salir: —¡Al fin libre! —dijo gritando alegre de haber salido de aquel estrecho lugar. Estaba contento por salir, pero su felicidad no iba a durar mucho: —¿Dónde estoy? ¿Y qué hacía dentro de ese maletero? Así es. No sabía nada acerca de que le llevó a estar dentro del maletero de un coche accidentado en la cuneta de una carretera en mitad de un bosque. —Este lugar no me suena de nada y ese coche... Creo que lo he visto en alguna parte... Es el coche de mi amigo Alejandro —dijo en voz alta hablando consigo mismo. Decidió mirar en el coche a ver si estaba su amigo Alejandro, sin embargo, en los asientos no quedaba más que sangre y cristales rotos. —Esto es horrible —pensó destrozado. Se le escapaban unas lágrimas a Sula, quien sentado en el asiento trasero observaba con mirada perdida aquella escena. Al rato de estar ahí sumido en la tristeza escuchó un aleteo fuera del coche que atrajo su atención, en la carretera había una pluma blanca y a su lado una carta que ponía lo siguiente: «Sientes desesperación, se te derrumba tu alma ver ese coche, pero no hay nada que puedas hacer aquí. Es tiempo de irse, has de avanzar si quieres aún tener alguna posibilidad de sobrevivir. En la guantera hay un paquete llévalo a su destinatario, no 58

tiene perdida si sigues la carretera en dirección norte. No pierdas más tiempo y date prisa; confío ti. No tengo nada más que decir hasta pronto». —Esto debe ser alguna broma en la guantera, no hay ningún paquete; seguro esto lo ha hecho Alejandro y... Exart. ¡Exart! Él seguro que estaba en el coche en el asiento del copiloto quizás siempre van juntos. Debe ser él quien está haciendo todo esto. Seguro que en la guantera hay una carta y pone «Te lo creíste» o alguna tontería de esas. —Dijo dirigiéndose de vuelta hacia el coche. Al abrir la guantera encontró que el paquete tenía una nota puesta que ponía «Advertencia: No abrir el contenido de este paquete solo puede ser abierto por el destinatario». Desobedeciendo la nota la arrancó y se dispuso a abrirlo, pero cuando quitó aquella nota comenzó a sentir un dolor como si le clavaran agujas en las manos. Miró sus manos y estaban llenas de pequeños agujeros de los que estaba brotando sangre. No sabía qué hacer y recordó que, entre otras cosas, Alejandro era muy hipocondríaco y llevaba un botiquín en uno de los compartimentos que había bajo los asientos traseros. Allí encontró otra nota que ponía: «Todos los errores tienen cura, aunque algunas veces esa cura puede ser la muerte. Cuidado con las equivocaciones. Una podría ser lo último que hagas». Sula se desinfectó y vendó sus ensangrentadas manos. Viéndose en aquel estado no le quedaba otra de intentar seguir las indicaciones de la nota y entregar el paquete. Con la esperanza de que ello sirviera para encontrar a sus amigos inició la marcha con el paquete en una mano y en la otra el botiquín, por si hiciera falta. Caminó y caminó por la inhóspita carretera que atravesaba aquel bosque repleto de enormes árboles. A los veinte minutos algo le hizo detenerse: Era un árbol gigantesco tan grande que cada una de sus raíces tendría una longitud del cuello de una jirafa y el grosor de la tripa de una ballena. El árbol estaba repleto en su tronco de nombres tallados. Sula observó algo diferente en uno de los nombres el punto de la «i»


del nombre Irena sobresalía. Sula lo apretó y el árbol comenzó a temblar. Todos los nombres tallados mezclaron sus letras hasta formar una frase: «Los que mejor conocen el camino son quienes llevan toda su vida viviendo en él». Este acertijo fue tan sencillo y evidente para Sula que no tuvo ni que pensarlo dos veces. La respuesta era clara. Los árboles son los que marcan el camino, intentar atravesar por donde los árboles se interponen sería un grave error, había que seguir en la dirección donde estos dejaban un sendero libre para andar. Fue por la izquierda y pronto algo aceleró su paso unas manchas rojas en el suelo. Sería sangre de uno de sus amigos se preguntaba fuese lo que fuese siguió su rastro hasta tal punto de acabar desviado por otra ruta hasta un boquete lleno de basura. Se oía un ruido cerca de donde terminaba el rastro de sangre. Algo estaba rebuscando entre la basura. Se trataba de un perro… Sin hacer ruido Sula lo observaba a cierta distancia: —Es un perro, eso está claro, pero hay algo en él extraño; su presencia parece sobrenatural, sus ojos ámbar están inyectados en sangre, sus dientes son demasiado grandes para la boca que tiene y esos músculos no parecen propios de un perro de estatura mediana. Además, siento como que lo he visto antes se parece tanto a ¡Lucky! —dijo esto último gritando. Al oír ese nombre el perro se giró hacia Sula, soltó un gruñido y fue a atacarle. Sula no supo reaccionar y fue mordido en la pierna. El perro estaba bien agarrado a la pierna de Sula y este tuvo que darle como mejor pudo con una piedra en el hocico para que le soltara. El perro dejó en paz a Sula. Sula vendó su pierna y como buenamente pudo se puso a investigar aquella basura entre ella encontró enganchada en un hierro un collar de perro no poseía ningún nombre grabado, pero había colgado en él una llave. En la llave estaba grabada la palabra Esperanza. —Tú no eres merecedor de esa llave. —Dijo alguien desde el interior de la basura. —¿Quién está ahí? —Has dado una buena lección a ese perro sarnoso. Podrás llevarte la llave claro, pero nunca te servirá de nada si no cambias. Sula estaba enojado por no entender lo que pasaba y mientras le escuchaba buscaba de donde provenía la voz. —Crees tener lo necesario y apenas sabes nada realmente. Sula se tuvo que introducir entre la basura para seguir la voz. —Tu mente es tan limitada jamás compren-

derías. Sula ya estaba casi, pero algo sucedió: —¿Qué intentas? —No podrás encontrarme hagas lo que hagas. Sula llegó hasta el lugar del sonido. Era una mesa y una silla solitaria en una zona que formaba una especie de cúpula de basura. Apenas se podría ver nada si no fuera por una vela encendida que había en la mesa. En la silla no había nadie sentado. Solo había un medallón de color aguamarina en ella. —Considéralo como un regalo. Buena jugada intentando seguir mi voz para encontrarme. Sin embargo, aún te queda mucho por aprender. —¿Para qué se supone que me sirve el medallón y la llave? —No te lo pienso decir, averígualo tú mismo, sigue tu camino y en él encontrarás las respuestas. —¿Ni siquiera me puedes dar una pista? —¿Quieres una pista? Hay una piedra gigantesca que parece un dedo al lado de un acantilado, no muy lejos de aquí. Deberías ir. Llegaba la puesta de Sol y, bajo el anaranjado cielo en aquel acantilado del que nacía una cascada, se erguía solitaria la roca que parecía un dedo apuntando al cielo. Sula se acercó a la roca a observarla mejor y no existía nada en especial. Era una roca normal. Sula, desanimado por la falsa pista, se sentó al borde del acantilado a pensar sobre su existencia mientras su mirada se perdía en aquella cascada. Su ruido ensordecedor apaciguaba a Sula. Al menos hasta que por descuido se le resbaló de sus manos el medallón y cayó por el acantilado. Sus ojos quedaron clavados en aquel acantilado, pensando con ira si ya de paso, por qué no tirarse él también y renunciar a todo. Entonces en voz alta y mirando al horizonte dijo: —Definitivamente eso es lo que haré. Se acabó mi viaje aquí. Quien quiera este paquete tendrá que cogerlo de las manos de mi cadáver. Sula saltó directo de cabeza hacia las rocas del fondo del acantilado. A gran velocidad se acercaba hacia su irremediable destino, pero algo pasó, sintió un fuerte dolor en su cabeza como si algo le atravesara y luego todo se volvió oscuro: —Solo hay oscuridad. ¿Estoy muerto? —Flotar en el vacío es divertido. ¿No crees? Pero ahora no hay tiempo que perder. Es hora de irnos. ¡Despierta! Entonces Sula despertó, miró dónde estaba ahora. Era el asiento trasero del coche de Alejandro, el cual estaba intacto y se encontraba aparcado en un mirador y era de noche. Alejandro y Exart no estaban dentro del coche. A dónde se podían haber ido 59


pensó Sula. Fue a intentar salir del coche cuando de repente aparecieron de sopetón Alejandro y Exart. Parecían muy nerviosos y subieron con apuro al coche: —¿Qué ha pasado? Os noto asustados —dijo Sula inquieto. —Lo importante ahora es salir de aquí —dijo Alejandro quedándose casi sin aliento. —¿Qué sucede? —Como bien dijo Alejandro, vamos primero de todo a marcharnos de aquí. ¡Alejandro arranca el coche! —Eso intento.... —¡Arráncalo ya, tío! —dijo Exart algo alterado. —Que no consigo… Creo que la batería está mal. Sula, ¿puedes bajarte y empujarlo? Sula se bajó y empezó a empujar el coche; pronto empezó a ponerse en movimiento. Sula corrió a abrir la puerta del asiento trasero para volver a entrar al coche, pero no se abría: —¡La puerta no se abre! —dijo con cierta desesperación Sula. —¡Prueba con la otra! —dijo Alejandro. —Tampoco. ¡Probad vosotros a abrirlas desde dentro! —Exart lo intentó, pero no hubo suerte. Las puertas estaban bloqueadas y la única opción que quedaba era el maletero. Para fortuna de Sula, pudo meterse en el maletero. —Es algo incómodo este maletero, pero es mejor que nada. ¿Qué tal vais ahí delante chicos? —Pues más o menos Sula, la verdad solo espero que esto función. Si no, no sé qué será de nosotros. —¿A qué te refieres? —¿Tienes la lente puesta a buen recaudo? — dijo Alejandro a Exart, ignorando a Sula. —Sí, la tengo en mi riñonera. —Excelente, tenemos que llegar cuanto antes allí. Poco después algo sucedió. Un fuerte estruendo se oyó en el techo del coche. —¿Qué ha sido ese ruido? —dijo Sula extrañado. —No puede ser. ¡Otra vez no! —dijo Alejandro ignorando de nuevo a Sula. —¿Qué hacemos…? —preguntó Exart sin poder terminar sus palabras. —¿Exart? ¿Qué te sucede? —Me tiene —dijo entrecortado Exart y aguantándose el dolor que sentía. —No... ¡Esto es el fin! —dijo Alejandro 60

mientras veía a su amigo siendo agarrado por aquello que había irrumpido en el coche. —Aquel ser poseía gran fuerza y levantó el coche. Se disponía a lanzarlo para acabar con las vidas de aquellos que estaban dentro de él. —Aquí acaba todo... —dijo Alejandro llorando. —Aún queda una opción. Mira la guantera —dijo Exart a duras penas. —¿Estás seguro de que servirá? —dijo Alejandro asustado y tembloroso. —Exart no le quedaba fuerzas para hablar y su mirada decía claramente que no había otra opción. —Está bien... ¡Todo o nada! Se oyó un potente ruido y luego, silencio. El ser cogió el coche a continuación y lo lanzó. Sula se quedó en shock y no dijo nada. De repente un impacto y todo se volvió oscuro de nuevo. El dolor de cabeza volvió a Sula y se encontraba de nuevo en el vacío flotando. —Vaya. De nuevo estas aquí. —¡Y tú también, Voz sin cuerpo que hay en el vacío! —Así que ese es mi nombre… ¿No? —¿El qué? —El nombre que me has puesto. —No. —Bueno tampoco me gustaba. Cambiando de tema, ya va siendo hora de marcharse... —¿A dónde? —No lo sé. Solo soy una «Voz sin cuerpo que hay en el vacío». —Genial. La única persona con la que puedo hablar y va y se ofende. —¡Cállate ya! ¡Y lárgate de una vez! Sula vuelve a despertar. Esta vez está en el maletero del coche. Una vez más tiene que salir de él con el mismo método y, cuando consigue al fin salir, otra vez vuelve a estar en el mismo sitio en el que despertó la primera vez. Sula no entiende lo que sucede. Debería estar muerto después de la caída y ahora está de vuelta en la situación de inicio. Todo igual y ese sueño que tuvo… ¿Era acaso lo que había llevado realmente a estar el coche así o tan solo era solo una pesadilla? Todo a Sula le parecía ilógico y, transcurrido los hechos pasados, ya no es capaz de saber si está dormido, si está despierto o si quiera está vivo. Todo está igual que al principio excepto por dos detalles: El paquete está dentro del coche, cuando originalmente lo encontró en la carretera, y por otro lado en su bolsillo aún sigue aquella llave que tiene grabada la palabra Esperanza.


Sula no era capaz de comprender esa situación y solo pudo llegar a una conclusión: Lo único lógico que puede hacer es entregar ese paquete. Esta vez no puede distraerse. Sea lo que sea que se presente en su camino no se desviará ni aceptará más falsas pistas. —¡Está claro que no habrá nada que me haga cambiar mi rumbo! —¿Ni siquiera tu buen amigo Alejandro? — dijo una voz proveniente de la copa de un árbol. —¿Cómo? —dijo y dirigió su mirada hacia dónde provenía la voz. —¿Qué tal Sula? —¿Alejandro? —Llevo la cara de Alejandro... Así que sí, debo de ser Alejandro. —Un momento. ¿Qué haces ahí arriba? ¿Y dónde está Exart? —Haces muchas preguntas. ¿Por qué no paras de preguntar tanto y dejas que la naturaleza te dé su opinión? —No te sigo... —¿Has visto el arbusto aquel cerca del coche accidentado? —Sí. —Míralo en profundidad y verás que hay algo especial oculto en él. —Sula se acercó hasta el arbusto mientras Alejandro sigilosamente se acercaba a Sula: —Eso es, sigue, estoy seguro que había algo ahí — dijo Alejandro haciendo la voz como si hablará de lejos. Cuando estaba justo a las espaldas de Sula, Alejandro se arrancó su cara, y la piel dejó al descubierto un aspecto muy distinto, un aspecto monstruoso. Largas uñas, ojos rojos, pelaje oscuro que parecían más que pelos montones de gusanos y pequeños insectos retorciéndose. El pobre Sula parecía perdido, pero antes de atacar la bestia, Sula se dio la vuelta y le clavó un trozo del espejo del retrovisor en el ojo. —Te equivocaste «Alejandro». Quizás la luz al reflejarse en este trozo de espejo te hizo pensar que era algún tipo de piedra preciosa, pero como puedes ver es solo eso un oportuno espejo que delató a tiempo tu intento de matarme, monstruo. —Brillante. sin duda, pero no te creas que tu suerte durará eternamente, Sula. —Bueno, eso ya lo comprobaré yo mismo. —El monstruo se fue desvaneciendo en la distancia, según cruzaba la espesa vegetación del bosque. —Está claro que he de entregar ese paquete.

No sé ni cómo ni por qué, pero ese paquete debe contener algo muy valioso, y a quién se lo tengo que llevar seguro tiene la clave para salir de aquí. Sula cogió el paquete y continuó su camino. Ahora no se desvió por las manchas de sangre que anteriormente le llevaron hasta aquellas montañas de basura; tampoco fue al acantilado solo siguió por la carretera. Se hizo de noche y empezó a llover. Sula estaba empapado y en vez de buscar un lugar donde refugiarse, seguía sin parar, hasta que algo insólito pasó en aquella carretera. Una chica que llevaba un paraguas y un chubasquero pasaba caminando con una linterna. Sula estaba impresionado y se quedó mirándola. La chica, al notar su mirada, se acercó a él y dijo: —Disculpe… ¿Sucede algo? —¿Eres real? —Sí, por supuesto. —¿No eres un monstruo con una cara de humano? —Pero ¿qué dices…? Bueno. Adiós, tío raro. —Espera…Tú vas en la misma ruta que yo. ¿Puedo ir contigo? —No sé, es que pareces demasiado raro. —Por favor. Estoy cansado, empapado y tengo mucho frío. —Está bien… Puedes venir conmigo, pero como te comportes de forma inusual otra vez te dejo tirado. —Vale. —Bien. En ese caso, acércate a mí para compartir el paraguas. —Por cierto, no me he presentado. Me llamo Sula. —Yo me llamo Irena. —¿Qué hacías caminando en mitad de la lluvia sin paraguas? —Me dirigía a un sitio. —¿A dónde? —No lo sé. En el paquete solo pone que he de seguir por esta carretera y ya. —Entiendo. ¿Y tienes que entregar ese paquete? —Exacto. —¿Estás seguro que no dice nada más? —No que yo sepa. —¿Me dejas echarle un vistazo? —Claro. Irena revisó a conciencia el paquete y encontró una pequeña esquina saliente de la que asomaba la punta blanca de algo similar a un papel. Irena sacó cuidadosamente aquello y resultaba ser la foto anti61


gua de una casa terrera. —Vaya, esto puede ser de gran ayuda. —Esta casa creo que la he visto alguna vez. No está muy lejos de aquí... —¿Me sabrías llevar hasta esa casa entonces? —Sí, pero está ya muy oscuro y está lloviendo, así que como mi casa está en esa misma dirección pasaremos la noche en ella y ya mañana a primera hora vamos a entregar el paquete. ¿Te parece bien? —Sí, la verdad me vendrá bien descansar. Este día se ha vuelto interminable y estoy hecho polvo. —No te preocupes. No queda mucho para llegar. —Genial. Mi cuerpo necesita ya un lugar donde descansar. —¿Y tu estómago qué dice? ¿Tienes hambre? —Pues sí... Sin embargo, tampoco quiero molestarte. —Tranquilo, lo hago con gusto, aunque seas un tipo muy raro. Al cabo de 5 minutos llegaron a la casa de Irena. Se trataba de una gasolinera abandonada. Allí entraron en la cafetería. Irena encendió la luz y empezó a preparar una taza de café a Sula mientras este observaba el interior. Al suelo le faltaban baldosas, había taburetes rotos y crecía pequeñas plantas en algunas partes del suelo. Las bombillas del techo en su mayoría estaban fundidas, la larga mesa de la barra era de madera maciza, pero en ella alguien cuya fuerza debía de ser considerable había rayado gran parte de la superficie de uno de los extremos, dejando escrito sílabas sueltas sin ningún sentido a pesar de todo ello. Dentro de lo que cabe, el entorno estaba limpio y el sistema eléctrico funcionaba más o menos bien: —Si quieres, siéntate en uno de los asientos acolchados que hay al lado de las ventanas —dijo entregando a Sula la taza de café. —No hace falta. Estoy bien aquí en la barra. —Como prefieras. Si me disculpas voy a ir un momento al baño. Irena se fue al baño y había dejado el bolso allí, en la barra cerca de la vieja máquina registradora. A Sula le pudo la curiosidad y, al observar que estaba abierto, asomó la cabeza para ver lo que había dentro. Para su sorpresa estaba casi vacío y lo único interesante era una cinta de cassette que ponía en rotulador negro «Reprodúceme». Oportunamente había precisamente allí una radio en la que se podía escuchar cassettes. Sula, un tanto temeroso al invadir la intimidad de Irena, se pensó dos veces si valía la pena sacar la cinta y reproducirla. Finalmente se 62

decidió a cogerla y ponerla en la radio. De repente. Irena volvía cuando estaba a punto de empezar a reproducirse la cinta. Velozmente agarró un servilletero y lo lanzó contra la radio. Esto no rompió ni mucho menos la radio ni los lectores de cinta, sin embargo, sí que detuvo la reproducción de esta. —¿Sabes, Sula…? Todos los errores tienen cura, aunque algunas veces esa cura puede ser la muerte. Cuidado con las equivocaciones. Una podría ser lo último que hagas. —Oye, perdona, me pudo la tentación. —Solo te digo una cosa, Sula… Si quieres reproducir la cinta es asunto tuyo. Yo por mi parte estaré en mi cuarto. Si necesitas algo, es la segunda puerta a la derecha, subiendo aquellas escaleras. Solo hay una cama en esta casa, así que es una lástima, pero tendrás que dormir como mejor puedas en uno de estos sillones acolchados. Lo único que te puedo facilitar es una manta y un par de almohadas. —De acuerdo. —Te recomiendo irte a dormir. Mañana nos levantaremos temprano para llevarte a esa casa a entregar el paquete. —Entendido. Buenas noches, Irena… Que descanses bien. —Igualmente. La tentación pudo con Sula y tras oír cómo cerraba la puerta de su habitación, Sula puso la cinta: Cinta: «Radio documental ¿6? No me acuerdo muy bien cuantos llevo ya, bueno no importa, lo importante es que acabo de dar con un hallazgo que podría permitirme huir de aquí así que espero que esta o la próxima sea mi última cinta. He encontrado lo que parece ser una especie de túnel, no parece hecho por un animal. Sus paredes están reforzadas con viejas placas de hierro y según puedo ver también parece tener unas cañerías, ¿se tratará de un pozo no quepo en mi asombro? (se oye un ruido), Acabo de oír algo. ¿Será el ruido de la presión del agua que lleva esas viejas tuberías de bronce? (Se oye otro ruido) ¡Qu_ dem_ni_s alg_ _e ha g_o_pe_do y s_ me h_ c do l_ gr_b_d a! (Se oye entrecortado) (Se oye un impacto) (Se deja de oir a la persona que narraba) I ere_a e (Lo dice una voz distinta) Tres, siete, cuatro, siete, dos manzanas, peras hasta un melocotón, encuentra la puerta donde el jamón. (Dice en susurros de nuevo la misma voz)». Ahí acabó la reproducción. Sula sabía claramente qué hacer. Ese lugar que encontró la persona


de la cinta es la clave para salir de aquí. Es cierto que la parte final es desconcertante, pero esas últimas palabras debían ser el acertijo que llevaría a la cueva. Todos lo que dijo se trataban, sin duda, de lo que se podía encontrar en una despensa. Sula fue a la cocina y allí en el congelador encontró el jamón y, junto a él, tras unas cajas de cartón, una puerta cerrada con un código, el cual no era otro que el que dijo en la cinta la segunda voz: 37472. Tras la puerta había un pozo oscuro del que no se veía el fondo. Sula no le quedó otra que saltar en él. Llegó al fondo habiendo sufrido unas pequeñas lesiones en la pierna. Ante él había una única cavidad por la que seguir adentrándose. Llegó al lugar que narraba la cinta. El lugar albergaba unas bombillas en la parte superior, pero estaban todas apagadas o probablemente fundidas. Se encontraba para su suerte iluminado por unas setas fluorescentes. Su llamativo color atrajo a Sula y este las acarició en las yemas de los dedos. Se le quedaba pegado un polvo brillante que desprendía la seta. Sula continuó luego de ello con su camino. Pronto parecía que el recorrido se estaba volviendo confuso. Las cavidades eran todas iguales, así que Sula ideó una estrategia usando el polvo de las setas: Pintó marcas en las rocas para saber por dónde había pasado. Usando este método y tras mucho andar y manchado con la pringosa esencia de aquellos hongos, salió por una cavidad tras ella a un campo de hierba verde iluminado por una luz que salía de una abertura en lo alto de la cueva. Según avanzaba por el tranquilo prado se encontró con una caseta, un pequeño riachuelo y montones de árboles frutales. Había melocotoneros, perales y manzanos. ¿Era acaso aquello un paraíso oculto quizás? A lo lejos en la caseta salía alguien de dentro de ella. Para sorpresa de Sula no era otro que Alejandro e iba acompañado de Exart. —¡Exart! ¡Alejandro! —gritaba mientras eufórico iba corriendo hacia su encuentro. Sula se estaba acercando hacía ellos, pero entonces sintió un dolor en la pierna había un jabalí mordiéndosela: —Pero ¿qué haces? ¡Quita bicho…! ¡Exart, Alejandro echadme una mano que no me suelta la pierna! Exart y Alejandro no se movían. —¿Chicos? ¿Qué os pasa? ¡Ayudadme! —gritó desesperado. —Tres, siete, cuatro, siete, dos. Manzanas, peras hasta un melocotón encuentra la puerta donde el jamón. —Esas palabras... ¡Eres él de la cinta! Pero…

¿por qué te pareces tanto a mis amigos? Nada de esto tiene sentido. ¿Qué pasa aquí? Sula se miró las manos y su cuerpo estaba lleno del pringue de las setas. Supuso que aquellas setas le estaban dando alucinaciones. Usando todas sus fuerzas, golpeó al jabalí una patada y lo apartó. Arrastrándose, fue hasta el riachuelo para limpiarse y mojarse la cara para ver si eso le ayudaba. Parecía que poco a poco iba volviendo a la realidad. Todo aquel campo de hierba se sustituyó por un campo de setas. La cabaña seguía allí, pero estaba destartalada y Alejandro ya no estaba y Exart era en realidad un esqueleto. El jabalí tampoco se encontraba. Sula intentó levantarse, pero estaba muy débil por su cojera sumada a los daños en su sistema neurológico por efecto de las setas. Sula estaba muy cansado y solo quería dormir pronto con su visión que era cada vez más borrosa. Vio algo, una figura humana alada. Sula pensó que era un ángel que venía a llevárselo al cielo… Sula no opuso resistencia y fuera lo que fuera aquello, según sintió Sula cuyos ojos ya estaban cerrados por completo, estaba siendo llevado por la figura que volaba suavemente por la cueva. Sula se quedó envuelto en la oscuridad total no veía ni oía nada, hasta pasado un largo rato. —Es tiempo de irse. —¿Al cielo? —dijo Sula en voz muy apagada en la completa oscuridad. —Pero ¿qué dices? Tenemos llevar el paquete. —¿El qué? —¡Venga Sula! Sula se despertó. Estaba en uno de los sillones acolchados: —No lo entiendo. Estaba hasta hace un rato en una cueva bajo este lugar. Anoche puse la cinta y usando la información de esta encontré una entrada secreta en la despensa. —Sula, eso lo habrás soñado. —Te lo demuestro. Pon la cinta. —Esto no tiene sentido, Sula... —Hazme caso y verás que no miento. —Sula, no pienso hacer eso. No me he levantado temprano para esto. Me voy a mosquear. Deja eso. ¿Vale? —Está bien —dijo Sula cabizbajo. —Bien. No nos entretengamos más. Irena y Sula fueron a paso ligero hasta el lugar. En media hora más o menos llegaron a la casa. La vieja casa terrera estaba en un inhóspito páramo cercano a un lago. 63


—¿Es aquí seguro, Irena? No parece que pueda vivir nadie en esa casa. La mayoría de sus ventanas están rotas, la pintura ha prácticamente desaparecido de la fachada y ha quedado un horrible gris moribundo, alrededor la pradera está llena de hierbajos y los pocas plantas que han quedado de lo que pare parterre están secas y marchitas. —Eso no es lo importante aquí. ¿Has visto aquella gran piedra con un agujero que la traspasa de lado a lado? —¡Sí, qué bonita! —dijo Sula sarcástico. —Ven conmigo para verla mejor. Se acercaron hasta la piedra. Estando al lado, Sula pudo percatarse de una inscripción en ella: «Todo un mundo a través de este ojo, una nueva perspectiva con cada mirada» Walker Tank —¿Qué significará esto? —Significa que ha llegado la hora de abrir el paquete. —Pero será para Walker Tank. ¿Dónde está Walker? —Él está ahí, Sula, donde siempre ha estado los últimos 20 años. —Vaya... —La única opción es que abramos nosotros el paquete. —Lo he intentado, pero me hice daño. —Probaré yo. —Tú misma, pero que conste que te advertí. —Irena abrió sin dificultad el paquete. —¿Cómo has hecho eso sin hacerte daño? —Quizás tenga truco. Bueno veamos que contiene. —dijo Irena sacando el contenido del paquete. —¿Es una lente? ¿Para qué servirá? —Muy sencillo, Sula, ¿ves el agujero de la piedra? Ahí va la lente. —¿Cómo lo sabes? —Es lógico que un padre enseñaría a su hija cómo funciona su mayor descubrimiento. ¿No? —Pues sí... Espera… ¡¡¿Qué?!! ¡¿Cómo que hija? —Así es, Sula. Mi nombre es Irena Tank. —Esto… es muy sorprendente. —Sí, pero ahora pon la lente en su sitio. —Sula puso la lente y el suelo empezó a temblar. Una gran onda expansiva se extendió por todos los alrededores. —¿Qué ha pasado? 64

—Ahora que la lente está puesta, si miras a través de ella podrás acceder a un nuevo plano superpuesto sobre el actual. De este modo podrás ver cosas que antes no era posible y acceder a nuevos lugares. —Pero, ¿qué me estás diciendo? —Es difícil de explicar. Digamos que se ha abierto una nueva oportunidad para que encuentres a tus amigos. E incluso más. Ahora, he de irme. Quizás nos veamos en otro momento. Adiós. Dicho esto, Irena despegó unas enormes alas blancas y se marchó volando. «Este es el fin de nuestra historia, por ahora…».


RELATOS

ENTRE EL CENTENO

P

JOSÉ LUIS DÍAZ MARCOS

ero ninguno sabe resolver las adivinanzas que inventamos nosotros mismos con los moldes difusos y extravagantes de nuestras diversas vi-

das (¿y quién sí, ahora que lo pienso?)».

La noche en que todos tuvimos gripe.

Shirley Jackson

1 Henchida de felicidad por las notas de Mendelssohn, «¡Chan, chan, chachááán…!», una flotaba, sí, flotaba, maravilloso vestido de novia en el brazo de mi padre, mientras, suspiro a suspiro, ambos navegábamos rumbo al altar, rumbo a aquel puerto de oro y luz en el que Felipe, el hombre de mi vida, «¡Qué guapo! ¡Por Dios, qué guapo!», amarraría para siempre mi corazón. ¿Qué podía fastidiarse? En las bodas de otros, muchas cosas. En la mía, en la nuestra, miel sobre hojuelas, nada. Absolutamente nada. Seríamos felices, «¡Mucho, mucho, mucho!», y comeríamos perdices, «¡Todas, todas, todas!», por los siglos de los siglos de los siglos. Así de ingenua, por no decir otra cosa, era yo. Aunque, recordándome ahora, y siendo justa, ¿qué otra cosa podía esperarse entonces de mí, princesita guardada entre blondas a quien la vida, la auténtica y absurda vida, aún no había echado el ojo? Próximo ya el fin de la marcha nupcial, «¡Sí, mi amor! ¡Sí para siempre!», alcé la vista y descubrí, sobre el retablo, las vidrieras más hermosas del mundo: nunca la luz, estuve segura, había reflejado colores tan armoniosos, tan sublimes, tan... «…brillantes… ¡Y… y cada vez más! ¿Prueban ilum?» «¡FLOUSH!», centelleó el arco iris, chispazo bíblico. —No… no veo… ¡Ay, papá, que no veo! ¡¡Ay, que me he quedado ciega!! —¡¿Qué te pasa, hija?! ¡¿Qué dices?! —sintió el buen hombre. —¡¿Te encuentras mal, amor mío?! —corrió él.

—¡Ay, la niña! ¡Ay, la niña, que dice que no ve! —deploró mi santa madre. Gritos, apuros… Todos me hablaban, todos me sostenían. —¡Tranquila, nena, que eso son los nervios! —¡Señor cura, por favor, un traguito de agua bendita! —¡Venga, venga: no la agobiéis! Y, de repente, también de repente… Silencio. Soledad. —¡¿Q-qué…?! ¡¿Por qué nadie habla?! ¡¿Ddónde…?! —medí, horrorizada—. «¡No os vayáis! ¡Venid, que no veo!». «¡¡Por Dios, no me abandonéis, que no veo!!». Así estuve, desamparo vivo, durante un tiempo tan confuso como infinito. Así hasta que, «¡Ay! ¡Ay, que parece que…!», la ceguera comenzó a reverberar y a ser consumida, «¡… que veo! ¡¡Veo!!», por la tenue luz de la iglesia. Me acerqué a un atril de candelas. «¡Gracias, Virgen mía! ¡Gracias!», loé. «Como dijo alguien, habrán sido eso, los nervios de la… ¡¡Mi boda!! ¡¡Nuestra boda!! ¡¿Y… y dónde están todos, por qué se fueron?!». Me llevé las manos a la cabeza, agobiada, exhausta. Fue al descubrirme, «¡¿Qué… qué me ha…?!», cuando lo advertí: Mis juveniles dedos, los propios hasta entonces de aquellas veinticuatro primaveras, se me habían consumido hasta la misma ancianidad. —¡Y los brazos! ¡Y el escote! ¡Y… y las piernas! Y… ¡Ay! ¡Ay, la cara! ¡¡La cara!! ¿A qué venía, medio hilé, el susto ocular, la pérdida de todos y, ahora, exceso de males, aquel súbito y aterrador envejecimiento? Grité. Dios mío, cómo grité. 2 —¡Cálmese, señora! ¡Por favor, cálmese! Frenética como estaba, no había sentido su aparición, su proximidad, su contacto. Era un hombre. De traje oscuro. Con alzacuello. —Tranquila… Sí… Así, muy bien… —¿…? 65


—Soy Alberto, el párroco. —N-no… ¡Usted no es el…! El párroco es don Julián, el mismo que me bautizo y que, hoy, iba a casarme, a casarnos… —Insisto: el sacerdote, el único sacerdote de esta casa, Nuestra Señora de Belén, es un servidor. Desde hace ya casi nueve años. Y, hoy, además, no tengo previsto celebrar ninguna boda. —¡P-pero… qué dice?! ¡No puede ser! —Sí puede ser, señora. Puede ser, y es, se lo aseguro. —¡Qué no! ¡Y deje de llamarme «señora»: so, solo tengo…! La visión de mi repentino deterioro volvió a hundirme. —¡María Santísima, qué escandalera! Tome mi mano, por favor. Tome mi mano y sentémonos… Gracias a su paciencia y consuelo, logré balbucear, «¡Snif!», los apuntes básicos de mi inaudito revés. «Entiendo…», asintió al fin. Mentira. A juzgar por sus expresiones, el pobre don Alberto, ya carne mendaz de confesionario, no había entendido nada. Pero sí había supuesto, «¡A ver!», lo que, cualquiera en su lugar, habría supuesto: que aquella mujer, o sea, yo, estaba… —¡Y no estoy loca, eh! —¡No, no! Nadie ha dicho eso… —adelantó, raudo—. A veces, y como alguien dijo, ocurre que… que somos criaturas de las circunstancias. Y las suyas son, ciertamente… Resulta que… que hoy, quince de febrero de dos mil veinte, contando usted, Luisa, vein… veinticuatro años, tenía previsto contraer matrimonio en esta parroquia, pero, sin saber cómo ni por qué, se ha quedado misteriosamente sola, ha envejecido de repente y ni siquiera el oficiante es… —Don Julián. —Don… —suspiró Alberto—. Escuche, Luisa: debo decirle que está en… en un error, en un grave error. Verá… Hoy es quince de febrero, sí. Pero no de dos mil veinte, como piensa, sino de dos mil —me cogió las manos—… sesenta. Quedé ojiplática. —Sí, así es. Comprendo… Pero, aunque le resulte difícil aceptarla, esta es la verdad: desde aquel día, el de su boda, el de aquella boda, han transcurrido… —¡¿Cu… cuarenta… años?! Cabeceó, empático. —Si asume ese hecho, Luisa, verá que todo lo demás se explica por sí solo. Aturdida, contemplé el bálsamo de sus dedos entre los míos, su relativa frescura contra mi decadencia. «¡¿C-cómo es posible?! ¿Qué… qué ha sido de mi 66

vida? ¿Y por qué no la recuerdo? ¿Acaso, aunque no lo vea, soy víctima, otra víctima, de…?». Busqué la luz de los vitrales, sobre el retablo: «¿Qué… qué sentido tiene todo esto?». —Luisa… Venga, acompáñeme. Recogí, como pude, mi maravilloso vestido de novia, ahora antigualla inútil, y desandé con aquel hombre que no era mi padre, «¡Ay, mi padre!», el mismo pasillo, «¡Chan, chan, chachááán…!», que, cuatro décadas antes, una había navegado rumbo al altar, rumbo a aquel puerto de oro y luz en el que otro hombre, el de mi vida, «¡Ay, mi cielo!», iba a amarrar para siempre mi corazón. 3 —Salga, Luisa. Sin miedo. «“Sin miedo”, dice…». Nos acercamos a la verja. Al otro lado, la plaza, los edificios y, entre estos, la desembocadura de varias calles. —¿Y bien? ¿Qué le parece? «Una… una pesadilla… ¡Una condenada pesadilla!». —¡No… no puedo creerlo! ¡No es posible! Estuve aquí esta misma mañana, ¡hace apenas…!, y, ahora, … Es como… como si el que pone las calles, que se dice, las hubiera trastocado. ¡Fa… falta el quiosco y… y han sustituido el pilón! ¡Y hay viviendas nuevas! Y los coches… Y la gente… ¡Madre mía, la gente… qué ropas, qué peinados, qué… pintas! —¿Comprende, Luisa? ¿Comprende que el único misterio, por así llamarlo, que hay en su actual circunstancia es el simple paso del tiempo? —No, no lo entiendo.... ¡Me niego a entenderlo! ¡Me niego a entender que alguien o algo, quién sea o lo que sea, me haya robado cuarenta años de mi vida! ¡Nadie, usted tampoco, debería entender algo tan horrible, tan… tan monstruoso! —Luisa, por favor: déjeme… déjeme ayudarla. —¡No, gracias! No necesito su ayuda, esa ayuda. Como le dije, no estoy loca. O, al menos, aún… Suspiró. —Dígame una cosa: ¿recuerda dónde vive, su dirección? ¿Sabe si es vecina del pueblo? «¡Vecina, vecinísima!». Subí mi maravilloso vestido y crucé, «¡Ay, los huesos!», la reja. —¡Luisa, espere! —¡No! ¡No puedo: ya llego cuarenta años tarde!


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«¡¿Y qué iba a pensar?! ¡¿Qué habría pensado yo si hubiera tropezado con una… anciana que dijera lo que digo?! Pues eso: que estoy… Pero no es el caso. ¡Bien sé que no es el caso! Aquí y ahora, el problema no es mi juicio, tan bueno como de costumbre, sino el juicio, si lo tiene, de la realidad, de las circunstancias. Y yo, como ha dicho el propio don Alberto que somos todos, solo soy otra criatura, otra mártir, de estas extrañas, extrañísimas, circunstancias…». —¡Mira, mira! —¡Y va sola! —¡Pobre mujer: le habrán dicho que no a estas alturas?! «Calle… Nº…». «P, por fin… ¡Supongo! Porque, tras solo unas horas, tras cuarenta años, y aunque el camino sigue conduciendo a Roma, y Roma sigue siendo Roma, creo, no todas las piedras del camino, por así decir, siguen siendo ya las mismas. ¡Ay, es todo tan… tan...! ¡Si, fíjate, que hasta la luz y el aire se… se perciben distintos! Tanto como ellos, los demás. No puede ser coincidencia ni truco de mi mente el hecho de no haber tropezado desde la parroquia hasta aquí, ruta básica, con ninguna, absolutamente ninguna, cara ya sabida siquiera de lejos. Imposible: si en mi barrio ya no me suena nadie, nadie, es porque ya nadie, nadie…». «2º I». Acerqué la oreja: «E, eso es la… la tele… ¡Están viendo la tele! ¡¡Están dentro!!». —¡¡Abrid!! ¡¡Papá, mamá!! ¡¡Bruno, Teresa!! (¡Ding, dong! ¡Ding, dong! ¡Ding, dong!). ¡¡Abrid, que soy yo, Luisa!! Segundos después, taconeo y… —¡¿Qué coño hace?! —Abrió un extraño—. ¡¿No es ya mayorcita para tocar timbres?! —P, perdone… ¿Podría decir a mis padres, o a mis hermanos, que… que salgan, por favor? —¡¿A sus qué?! —A Tomás y María, mis padres. O a Vicente y Teresa, mis hermanos… —Pero ¡¿qué dice, señora… señora novia?! ¡Aquí no vive nadie de toda esa gente! ¡Aquí vivo yo solito! ¡Y desde hace siglos! —D-debe haber algún error… —¡Sí, el suyo! ¡Hala, a freír monas! «¡BLAM!». «” …yo solito! ¡Y desde hace siglos!”. N, no… ¡NO! ¡¡NO!!», caí en la cuenta. «Claro: si el día de mi boda, este y aquel, ellos, mis padres, ya superan y superaban los… los sesenta y cuatro años que yo misma tengo ahora… Cabe pensar entonces que, después de

tanto, tantísimo tiempo… ¡Ay, no! ¡Ay, mis pobres padres, que están…! ¡¡AY, AY, AY!!». Como ya me sucediera con don Alberto en Nuestra Señora de Belén, de pronto descubrí mi renovada desesperación en otros brazos. Ahora, en unos femeninos: los de una vecina, supuse. De una vecina, por supuesto, tan ajena a mí como el resto de la presente humanidad. —¡¿Qué… qué le pasa, señora?! ¿Se encuentra bien? ¿Le han hecho algo? —¡¿Qué… qué sentido tiene…?! —¿Qué dice? Qué sentido tiene… ¿el qué? —¡Todo! ¡¡Qué sentido tiene todo! 5 Es de noche, aquella noche, y estoy en la cocina de mis padres. Tengo veinticuatro años y mañana, ya hoy mismo, si los nervios me lo permiten, voy a casarme con el hombre de mi vida. Nunca he estado tan, tan… —¡Chan, chan, chachááán…! ¡Señorita, pronto señora, qué hace usted despierta ya tan tempranísimo! —chilla Teresa, en la puerta. —¡Que susto, leche! Y no grites, que vas a despertarlos… —¡No creo! Seguro que están ya como nosotras: contando los minutos. —¡Y qué minutos! Se me están haciendo los más largos de mi vida… ¡Ay, hermana mayor, que esto ya está aquí! ¡Qué me caso! ¡Qué me caso de verdad! —Y no sabes cuánto me alegro... —G, gracias… Hoy va a ser un día… —Prométeme una cosa. —Lo que quieras. —Que, en el banquete, cuando tires el ramo, me darás con él en la cabeza. —Eso: ¡la próxima, tú o tú! Reímos. —¡¿Ya con el desfase?! —sorprende ahora Bruno, el menor. —¡¿Qué te decía, nena?! ¡Otro que no puede dormir! —¡Otro que habéis despertado, par de cacatúas! Menudo jaleo… Y ya imagino por qué: «Te lo juro, nena: me he comprado una lencería tan sexy, tan sexy, que a mi hombre se le va a eructar, o a erectar, o cómo se diga, ¡hasta el pelo!». —¡Tú siempre pensando en lo mismo! —¡Anda y piérdete, chaval! ¡Piérdete! 6 Caí del sueño a la vigilia con mis propias palabras, 67


arrepentimiento vivo, aún en mi cabeza: «…y piérdete, chaval! ¡Piérdete!». «¡Ay, mi Bruno! ¡Y mi Teresa! ¡Y mis…! ¡Ay, pobres! ¡Ay, pobres todos nosotros!», sentí descubriendo mi nueva situación: yacía en… en… A un lado, fantasma inerte en un perchero, «¡Mi vestido! ¡Ay, mi vestido de novia!». Al otro… —¡¡Ah!! ¡¿Q, quién es…?! ¡¿D, dónde…?! —Tranquila, Luisa, ¡tranquila! No pasa nada… —¡¿P, por qué… por qué todo el mundo se empeña en que esté tranquila?! ¡¿Por qué todos me dicen que no pasa nada cuando sí pasa?! ¡¿Eh?! ¡¿Por qué?! —Calma, por favor. Calma… Me presento: soy el doctor Cifuentes y estamos en un hospital. Exactamente, en el Hermosilla. Ha sufrido una crisis nerviosa y ha estado durmiendo desde su ingreso en el día de ayer. —Ayer… ¿Durm…? —Sí, que buena falta le hacía. —Sabe cómo me llamo… ¿Me conoce? —Ahora, sí. Y no gracias a nuestros registros, sino a la policía a través de sus huellas dactilares. Increíblemente, parece no haber sido atendida por ninguna dolencia en los últimos… —¡Cuarenta años! ¡Ya se lo digo yo: no he sido atendida ni desatendida ni nada de nada en los últimos cuarenta años! —¿Ha… ha residido en el extranjero? ¿Viene de…? —No, no vengo de ninguna parte. ¡Vengo de otro tiempo! No sé quién o qué, ni de qué forma, pero he perdido, ¡me han robado!, cuarenta años de mi vida. ¿Lo entiende? Yo tampoco. —Mejor, Luisa, mejor… hablamos de eso más tarde. Ahora, me gustaría que recibiese a otra persona, alguien que espera aquí mismo, en el pasillo. —¿Q-quién… es? ¿La…? —Prefiero dejar que eso lo decida usted. Hable con ella y luego… aclaramos dudas. —Bien… Igual… ¡Igual, vete tú a saber, hasta me suena! 7 Tras un tiempo de cuchicheos y palabras sueltas, el médico asomó con otra anciana. Menuda y frágil, la expresión de esta parecía reflejar la congoja propia de una penitente que hubiese dado la vuelta al mundo de rodillas. Pasito a pasito, «Así, cójase…», vinieron hasta mi cama. Su penoso ánimo me recordó, invertidas las juventudes y el cariz de los hechos, al mío con mi 68

padre rumbo al altar, rumbo a aquel puerto de oro y luz en el que el hombre de mi vida, «¡Qué guapo! ¡Por Dios, qué guapo!», amarraría para siempre mi corazón. —¿Y bien, Luisa: reconoce a la señora? «Pobrecita… Pobrecita ella también…». —Pues no: resulta que no me suena… —¿Ni siquiera…? —No… ¿Cómo se llama? A lo mejor, por el nombre… —Me llamo… —balbuceó la aludida—…me llamo… Teresa… —Teresa… ¡Cómo mi hermana! Yo tengo, tenía, una hermana que también… La abuela sonrió: —Sí, Luisa… Tenías, y tienes, una hermana llamada Teresa: yo soy esa… aquella Teresa… —¡¿U, usted… usted es… tú?! ¡¡Nonono!! Ambos, médico y «¡¿Tere?!», asintieron. —Está comprobado —informó Cifuentes—. Sin ninguna duda, absolutamente sin ninguna duda, ustedes dos, Luisa y Teresa, son hermanas. —Sí… Yo también llevo cuarenta años esperándote, cuarenta años esperando a que celebres el banquete de tu boda, a que tires, por fin, el ramo y me des con él… Acuérdate, nena. Me lo prometiste la noche anterior, en nuestra cocina… Y así como el otoño desprende las hojas caducas, las palabras de Teresa, «¡De Teresa, por Dios! ¡¡De mi Teresa!!», descosieron, ¡plof!, cuarenta fantasmales años que yo también debí vivir. «¡Cómo pasa el tiempo cuando el tiempo se detiene!», pensé mientras mis ojos, los ojos de mi memoria, «¡Claro que me acuerdo!», fundían a estas dos viejecitas con aquellas dos bobas que fuimos. —Cuarenta años y… y parece que fue ayer… —Parece y lo fue, Tere. Lo fue. 8 —¡Cuéntame! Necesito saberlo antes que cualquier otra cosa… —pedí—. Porque, aunque no lo creas, ni yo misma, a estas alturas… —¿No sabes qué ocurrió? ¿En serio? ¿Aún… aún no? ¿Ni un quién o un qué, ni un por qué…? —Nada. Por no saber, ni siquiera sé, antes de que me lo preguntes, dónde he estado, si es que he estado en alguna parte. Para mí, este robo, el de mi vida, ha sido eso, una especie de… de escamoteo entre el entonces y el ahora, un falso dobladillo en la tela de mi existencia. ¿Suena, y es, absurdo? Sí. ¿Es, suene como suene, cierto? También. Pero es la verdad. O, mejor dicho: mi verdad, la única que tengo… ¿Y… y


vosotros? ¿Cómo lo vivisteis vosotros? ¿Qué pasó allí, al otro lado? —Pues, si te soy sincera, tampoco lo sé. ¡Pero ni yo ni nadie! Tu evaporación, sí, evaporación, fue tan… tan… Veníais nuestro padre, que en gloria esté, y tú por —¡Ay, nuestro padre! ¡Y nuestra madre! ¡Ay, mi querida madre también! Asintió. —Como te decía, andabais padre y tú por el pasillo de la iglesia; saliste «¡Ay, que no veo! ¡Ay, que no veo!»; enseguida te rodearon los más próximos y… Fue, ¡créetelo!, como esos trucos de magia en los que ahora estás, ahora no estás, y, después, ¡plim!, apareces entre el público. Solo que tú ya no apareciste por ninguna parte y los demás tampoco supimos ver, si lo había, el maldito truco. ¡Y mira que le dimos y redimos vueltas y revueltas! Pero, ya luego, al cabo de los años, y como ocurre siempre, la vida nos venció por agotamiento y no nos quedó otra que digerir la cruda realidad: no estabas y no estabas. ¡Y a dormir con los ojos abiertos, que mañana será, o no, otro día! —«¿Qué sentido tiene todo esto?». Seguro que tú también te lo has preguntado muchas veces. —¡«Muchas veces», no, Luisa: siempre! ¡A cada momento! Y no solo respecto a ti, ¡qué no es poco!, sino respecto a tantísimas otras cosas que, o también me han pasado, o también me habría gustado que me pasasen. ¡Ay, si yo te contara! —¡Eso quiero, Teresa: que me cuentes de pe a pa qué ha sido de vosotros! Antes de que el tiempo, este tiempo maldito, si es que ha sido él, siga haciendo de las suyas y nos vuelva a separar, ¡Señor!, por los siglos de los siglos. 9 —Como puedes suponer, como cualquiera podría suponer, tu… nos empujó a los cuatro por el precipicio. Si, también a él, a nuestro Bruno. «¿Leíste aquella novela…? ¿Cómo se llamaba? El… El vigi… No… El… ¡El guardián entre el centeno! Siempre la he asociado a nuestra... Siempre me ha parecido que tu… obró en nosotros como deseaba obrar el protagonista de aquella historia, pero al revés, justo al revés: aquel chico pretendía ser eso, el guardián, el salvador, de tantos niños que, inocentes y solos, jugaban en un campo de centeno, sobre un precipicio. A nuestra familia, en cambio, tu…, figurado verdugo más que guardián, nos enseñó lo que ya sabíamos: que la vida, aunque hermosa, también es, o puede llegar a ser, terriblemente injusta, terriblemente… Y si esto es lo que hay, y lo que hay es esto…

». Adultos más niños que nunca, echamos a correr, a acelerar, a huir, también entre el centeno, «¡Más rápido, más rápido, más rápido!», hasta que, de un modo u otro, cada uno a su manera, acabamos saltando, más que cayendo, por el abismo de la desesperación. A mí, «¡Qué se acaba el mundo!», me dio por correr, por acelerar, por huir hacia... Aunque fuera sin ti ni tu ramo, nena, yo también debía, yo también necesitaba, casarme. Y me casé. 10 —¡Ya ves tú: más tonta y no nazco! Aunque… ¡Ay, Señor! —¡¿Qué dices?! ¡Te casaste! ¡Tú sí te casaste! —Sí, hija, sí… «¡Chan, chan, chachááán…!». Y desde aquel día, casi desde aquel mismo día, cada vez que oigo la dichosa marcha, para mí más fúnebre que nupcial, se me… —¿Y… y eso…? —Pues lo que te decía: necesitaba hacer borrón y cuenta nueva, ser otra en otra parte, nacer de nuevo, y me subí al primer tren que se puso a tiro. Así, sin más. Y, claro… Ni por asomo aquel tren, qué narices, era el oportuno ni llevaba, ¡por favor!, a ningún otro destino que no fuera su propio descarrilamiento. «¿Y qué hago?», me dije. «¿La maleta? ¿Huyo de nuevo y sigo tomando trenes? ¿Y si el próximo tampoco es el adecuado? ¿Y si tampoco lo es el siguiente? ¿Y si…?». Pues no. Me abroché el cinturón, apreté los puños y seguí trayecto hasta que… —…os divorciasteis. —No. Hasta que se mató. Hace seis años. En un accidente de coche. —¡Vaya! ¿Y tuvisteis, tienes… hijos? —Sí. ¡Mira, en eso sí he tenido suerte! Dos: Juan y Paula. En cuanto salgamos de aquí, te los presento. —Dos… dos sobrinos. ¡Tengo dos sobrinos! —Y sobrinos-nietos, porque ellos también… —¡Ay! ¡Por Dios, qué alegría! No veo el momento… —Sí… ¡Menuda sorpresa para todos! —Y… Dime, dime ahora… ¿Y Bruno, nuestro Bruno? ¿Qué ha sido de él? 11 —Buena pregunta... —¡¿Cómo?! ¿No…? —Recordarás que, casi desde la cuna, nuestro hermano pequeño fue también nuestro James Dean particular, nuestro rebelde sin causa: siempre al mar69


gen de todo y siempre, o casi siempre, también contra todos. —¡Y tanto que me acuerdo! Lo que nuestra pobre madre batalló con él… —Pues ocurrió que su particular huida entre el centeno, lo llevó hacia el lado oscuro del precipicio: a él no le dio precisamente por casarse, como a mí, sino por frecuentar peores compañías de las que ya frecuentaba, por consumir más y peores venenos de los que ya consumía, por… Y así, en poco tiempo, nuestro Bruno, nuestro James Dean, pasó de ser un indomable a convertirse, si no lo era ya entonces, en un… Se metió en un lio gordo de drogas, lo pillaron y pringó, como decían, unos... dieciocho o veinte años. Algo así. Mientras vivieron, los padres y yo lo visitamos religiosamente. Luego, yo sola, sin acompañarme ni una sola vez, ¡ni una!, mi querido esposo. Así hasta que, cumplida buena parte de la condena, la de ambos, llegó el día de su primer permiso. «Ven, Bruno, ¡ven a mi nueva casa! ¡Con tu nueva familia!». Pero no vino. Ni volvió a la cárcel. Lo pusieron en busca y captura… y hasta hoy. —Y yo… «¡Anda y piérdete, chaval!», le dije aquella noche. «¡Piérdete!», le dije… ¡Dios bendito! Y todo culpa mía… sin serlo… ¡Ay! Perdóname, Bruno, ¡estés donde estés! ¡Perdóname tú, Teresa! ¡Y que me perdonen también nuestros padres! Ellos que… ¡Pobrecitos! —¡Qué tenemos ni tenemos que perdonarte, Luisa! No te castigues, que eso, ahora, y sin haber hecho nada, tampoco tiene mucho sentido. Y ellos, nuestros mayores… Nunca te señalaron. Nunca. Pero, sin explicaciones ni consuelo posible, sin sus otros dos hijos, también más ausentes que presentes, y, casi sin ellos mismos, aguantaron lo que pudieron: o sea, poco. En cuestión de dos, tres años… Primero, padre. Luego… —¿C-cómo no me voy a culpar… si me he perdido, no solo mi propia vida, sino también la vuestra? Me lo he perdido todo, absolutamente todo. —Mira el lado bueno del asunto, si es que lo tiene: también te has ahorrado mucho dolor. Mucho. —¡No digas eso, Teresa! ¡Vosotros, al fin y al cabo, habéis vivido! ¡Habéis tenido esa oportunidad, la mayor de todas! Pero yo… yo no he tenido nada de nada de nada. Sin sentir ni padecer, he estado… muerta. ¡Muerta! No hay comparación posible, Tere. ¡Claro que no la hay! Dame a elegir entre el dolor y la nada, y yo siempre elegiré el dolor. ¡Siempre! —Sí… Quizá… quizá tengas… Aunque haya momentos que… Ay, Luisa, ¡qué egoístas somos! ¡Perdóname ahora tú a mí! 70

Nos abrazamos. —Escucha: miedo me da preguntártelo, pero, ¿qué fue también de él, de Felipe, el hombre que estaba destinado, ¡ay, el destino!, a ser el amor de mi vida? ¿Tuvo mejor suerte que yo? Dime… dime que sí... —Y eso te digo, Luisa: Felipe sí pudo elegir entre el dolor y la nada. Y, como habrías hecho tú misma, él también escogió el dolor. 12 Imaginé su incredulidad, su angustia, su vergüenza, su odio… Imaginé su loca escapatoria entre el centeno, su salto al vacío… Imaginé, ¡ay!, mi herida cicatrizada en otros labios, en otras pieles, en otros corazones… Imaginé… —¿Y sabes… sabes dónde…? Necesito verlo, pedirle también disculpas… Necesito, sobre todo, eso, que… —Sí, sé dónde está. Y supongo que no habría problema en… Pero también te digo, Luisa, que él… él ha cambiado mucho. Mucho. —Lo imagino. También imagino eso. Pero imaginar no implica, necesariamente, asumir. Claro que no. De hecho, y como recordé aquella misma tarde cuando, ataviada con la reliquia de mi traje nupcial, testimonio cierto e innegociable de mi anterior existencia, Teresa y yo visitamos a Felipe, imaginar ni siquiera implica imaginar bien. Ni eso. «Dios mío, ¡qué atroz! ¡Qué atroz e injusto es el látigo del tiempo!», sentí, consternada. Y se me ocurrió entonces una idea, «¡Sí!», cuya puesta en escena todos, presentes y ausentes, víctimas del dolor unos y también de la nada otros, merecíamos. Delicadas al principio, las sonrisas, «¡Bendito gesto!», fueron germinando. También la de Sonia, hija huérfana de madre y única descendiente del viudo Felipe. 13 Henchida de pena por las notas de Mendelssohn, «¡Chan, chan, chachááán…!», una pedía, sí, pedía, «¡Señor!», maravilloso fósil de novia en el brazo de mi Tere, mientras, pasito a pasito, ambas naufragábamos rumbo al altar, rumbo a aquel puerto de oro y luz en el que Felipe, el hombre de mi anterior existencia, «¡Qué acabado! ¡Por Dios, qué acabado!», nunca… ¿Qué podía torcerse en la celebración de una segunda ceremonia, esta, orquestada solo como una suerte de desagravio romántico, como un homenaje póstumo a aquel porvenir muerto hacía ya setenta y


dos horas para mí y cuarenta años para los demás? Nada. Y no porque todo estuviera derecho precisamente, «¡Virgen Santísima!», sino porque cualquier cosa susceptible de derrumbarse ya se había derrumbado y más que requetederrumbado. Aún con Teresa en el pasillo, «¡Ay, Felipe, qué chiripa la tuya, después de todo, con tu sofá de ruedas!», alcé la vista, como entonces, y descubrí, sobre el retablo, las vidrieras. Y ya no me parecieron las más hermosas del mundo. Por no parecerme, «¡Puf!», ni siquiera me parecieron…: «Así de ingenua, por no decir otra cosa, era yo. Aunque, recordándome ahora, y siendo justa, ¿qué otra cosa podía esperarse entonces de mí, princesita guardada entre blondas a quien la vida, la auténtica y absurda vida, aún no había echado el ojo?». Y la luz… «¡Si hasta la luz, polvorienta y sucia, parece tener arrugas! Si… si hasta… ¡¿Qué?! N, no… no… ¡O, otr…!». «¡FLOUSH!», centelleó el arco iris, chispazo bíblico. —No… no veo… ¡Ay, Tere, que no veo! ¡¡Ay, Tere, que no veo como hace tres días, como hace cuarenta años!!

Pero la luz, «N, no… ¡¡No!!», me trajo la felicidad que yo anhelaba, la de aquella vida aún entre el centeno, sino, «Los mismos… Somos los… Salvo Sonia y don Alberto, seguimos siendo los suicidas del precipicio…», la más triste de las decepciones. Esta nueva ceguera solo había sido una, otra, cruel mofa de… «¡Maldito seas, quién seas o lo que seas! ¡Maldito para siempre!», escupí a los vitrales. Reparé en Felipe, vacío en su silla, ante el altar. —Hola, Felipe… —me acerqué. —Ho, hola… —¿Te acuerdas… de mí? ¡Eh, amor mío, te acuerdas de mí? —Sí… —sonrió—. Choco… chocolate… —¿Qué… qué sentido tiene todo esto, Felipe? —articulé, retórica—. ¿Qué… qué sentido…? —¡Chocolate, mamá! —explotó, enfurruñado—. ¡Quiero chocolate!

14 —¡¿Q-qué dices, nena?! ¡N, no me asustes…! —¡Siéntese ahí mismo! ¡Mejor siéntese, señora! —¡Serenidad, por favor! Calma… Como entonces, ahora todos (don Alberto, Sonia y Teresa), tres salvo el disminuido Felipe, me sostenían. —¡N, no os vayáis! ¡No me dejéis sola otra…! ¡¡Otra vez no!! —¡Tranquila, Luisa, que aquí estamos y aquí estaremos! Tú… tú respira y… y… Reconfortada así en las tinieblas, albergué, de pronto, la súbita esperanza de que… «¡¿U, una… segunda oportunidad?! ¡¿Este alguien o algo… me concede una segunda…?! ¿Se está revirtiendo lo que fuera que…? ¿Recobraré ahora, espero, la vista para retomar mi vida en aquel punto y seguido, para terminar de una vez por todas con este monstruoso punto y aparte?». —¡¿Seguís ahí?! —¡Claro que seguimos aquí! ¡¿No sientes mi mano, nena?! —¡¿Y… y nuestros padres?! ¡¿Y… y Bruno?! ¡¿Y la familia y los amigos de aquel día?! ¡¿Han… han vuelto?! ¡Por Dios, hermana, dime que sí! ¡Di…! ¡Ay! ¡Ay, que parece que…! ¡Ay, que veo! ¡¡Ay, que vuelvo a ver!! 71


NOVEDADES LITERATURA

El lamento de la sirena Autor: Libertad Delgado Editorial: Khabox Género: Fantasía Número de páginas: 280

Ecos del inframundo (antología)

Autor: Varios autores Editorial: Ediciones Arcanas Género: Varios Número de páginas: 304 72

Réquiem por los cuentos de hadas Autor: Eva L. Torres Editorial: Titanium Género: Fantasía Número de páginas: 476

Crónicas de la señora de Lunamore Autor: Consuelo Pascual Editorial: Onyx Género: Fantasía Número de páginas: 518

Vesna Autor: José Luis Alemán Editorial: Círculo Rojo Género: Fantasía Número de páginas: 314

Efímera Autor: Juan F. Valdivian Editorial: El Transbordador Género: Fantasía oscura Número de páginas: 362


NOVEDADES CÓMIC Y MANGA

La Patrulla Condenada (vol. 2 de 4)

Autor/es: Grant Morrison, Kelly Jones, Richard Case Editorial: ECC Comics Género: Ficción, superhéroes Número de páginas: 320 Edición original: Doom Patrol (31-40, EE. UU.)

Death Note: Edición integral

Autor: Tsugumi Ohba, Takeshi Obata Editorial: Norma editorial Género: Shonen fantástico policíaco Número de páginas: 2400 Edición original: Death Note All-in-One Edition

El buscón de las Indias

Autor/es: Alain Ayroles, Juanjo Guarnido Editorial: Norma Editorial Género: Ficción literaria Número de páginas: 160 Edición original: Les indes Fourbes

Las bestias de Wizdoms

Autor: Nagabe Editorial: ECC Comics Género: Shonen adolescente Número de páginas: 232 Edición original: ウィズダムズ のけものたち (JP)

Marvel Comics 1000 Autor/es: Varios autores Editorial: Panini Comics Género: superhéroess Número de páginas: 96 Edición original: Marvel Comics 1000

Bestias salvajes Autor: Loic Godart Editorial: Nuevo Nueve Género: Fantasía postapocalíptica Número de páginas: 104 Edición original: Les bêtes sauvages 73


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¡GRACIAS! No podía faltar la página de agradecimientos, aunque esta vez procuraremos no extendernos demasiado (je, je). Este tercer número, una vez más, no solo no nos corresponde a aquienes escribimos estas líneas, sino también a todos aquellos que han ayudado a que volvamos más fuertes que nunca para empezar este 2020 con buen pie. Esos agradecimientos son para Yolanda Jorge y Nadia Bello, por el esfuerzo que supone leerse un libro y desglosarlo para traernos las reseñas que nos han regalado. También para David Herga, sin cuyos contactos no hubiéramos podido hablar con el fantástico Javier Castro ni gozar del apasionante lirismo de Sybreed. También a Narés García, que nos desglosó con precisión de cirujano el trabajo de Koyoharu Gotōge. Un hueco hay también para Efrén Fernández Agudo, por contarnos de primera mano lo vivido en Animetraje 2020. Pero hay que hacer dos menciones especiales en esta ocasión. En primer lugar al alucinante José Gabriel Espinosa, cuyo trabajo artístico nos ha resuelto desinteresadamente la brutal portada de este número. Y en segundo lugar al fantástico Rayco Cruz, que ha compartido su tiempo con nosotros para contarnos más sobre el extravagante mundo editorial, sobre su propio trabajo y especialmente por habernos cedido en exclusiva uno de sus relatos. Esperamos que lo hayan disfrutado como merece. Por último, gracias a aquellos que nos hicieron llegar su trabajo para el concurso de relatos, y una vez más, enhorabuena a los seleccionados. ¡Nos vemos en el próximo número!

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Blaster No. 3 | Enero 2020  

Tercer número de la revista de fantasía y ciencia ficción Blaster, con entrevista exclusiva a Rayco Cruz, artículos de interés de Star Wars,...

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