Blaster No. 2 | Octubre 2019

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CINE

EL CINE JAPONÉS EL ANIME COMO LIVE ACTION ADRIÁN TRUJILLO @haliaxsyn

E

s innegable que alguna vez en nuestra vida, especialmente siendo jóvenes —e incluso ya no tan jóvenes— hemos escuchado esa terrible frase de «los dibujos animados son para niños» y toda su similar nomenclatura, ¿me equivoco? Ojalá que sí, pero me temo que no soy el único que ha tenido que criarse rodeado por ese error. ¿De dónde sale esta concepción? ¿Quién firmó que todo «dibujo animado» es para niños? Seguramente alguien que nunca ha tenido el valor de adentrarse en otros mundos más allá del western televisivo, el cine de acción más conservador, cualquier mundo que no sea el animado… Quién sabe. Lo único que ha de tenerse claro es una verdad tan irrefutable como la siguiente: al igual que existe películas «live action» para un público juvenil también lo existen para uno adulto, y lo mismo sucede con la animación. Sí: existe animación enfocada a un público adulto. Para poder entrar en materia sin dar demasiados rodeos planteo la siguiente serie: Haha o Tazunete Sanzenri (1976) o como puede que te suene todavía más, Marco1. La serie basada en el relato Marco, de los Apeninos a los Andes, del escritor italiano 8

Edmondo de Amicis, es posiblemente el ejemplo más reconocible de esto mismo: sí, había gracias que a los niños —y los no tan niños— podían hacer sonreír, un disparatado mono que se aleja bastante del costumbrismo que estaba intentando plasmar, pero poniéndolo en perspectiva, Marco es un drama mayúsculo, una auténtica tragedia de época, donde el factor de la emigración es un pilar fundamental, la soledad, la necesidad que tiene el protagonista por lanzarse al mundo prácticamente a ciegas en busca de una madre cuya localización desconoce. Es una aventura, sí. Es una aventura hecha con dibujos animados, sí, no lo vamos a negar. Y es disfrutable para todas las edades. Pero también es una obra inicialmente concebida para un público adulto, para ahondar en la reflexión y no en un simple entretenimiento para niños. Marco es un drama, y como tal hay que valorarlo. Disney, por su parte, lleva la práctica totalidad de su existencia haciendo cine centrado para un público infantil y juvenil, a excepción de algunas obras más oscuras (como la incomprendida Taron y el Caldero Mágico (1985)2 de Ted Berman y Richard Rich). Otras productoras también han hecho lo propio, pero si podemos poner un ejemplo

de dónde se puede observar con evidente claridad la diferencia que hay entre un tipo de animación y otro ese es sin duda el mundo del anime japonés. La cultura del manga (esta palabra que utilizan los japoneses para referirse a cualquier historieta gráfica) empezaría a ganar fuerza y nacería como tal tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Después de la rendición de Japón ante el poder estadounidense, la población japonesa había quedado mermada. Los ánimos de la sociedad habían quedado por los suelos tras haber perdido familias enteras y sus hogares debido a los continuos bombardeos. Ello provocó que la población japonesa requiriera nuevos entretenimientos con el fin de superar la difícil posguerra3. Así empiezan a aparecer las primeras historietas de corte manga, viendo su verdadero nacimiento con los «libros rojos»4, unos tomos de aproximadamente doscientas páginas en blanco y negro y fabricados con papel de mala calidad, ideales para comercializarlos en una sociedad azotada por la pobreza. Dos años más tarde después del fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1947, aparece La nueva