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Sean bienvenidos a Blaster, la revista de fantasía y ciencia ficción que llevamos tiempo fraguando. Blaster es una revista de género fantástico y ciencia ficción —así como todos los subgéneros que abarca— con sede en Canarias. Surgimos como un proyecto para dar voz a todos aquellos artistas, escritores, cineastas, diseñadores… que quieren hacerse un hueco en el mundo. Un oasis cultural de género para los que sientan en la fantasía y la ciencia ficción su segunda casa. Además de novedades de escritores y artistas noveles, también trabajamos gente consagrada para difundir su nombre, y siempre en la medida de lo posible con contenido exclusivo e inédito. Este es nuestro primer número, uno con el que estamos absolutamente contentos, al que le hemos dedicado todo nuestro esfuerzo, nuestra pasión y nuestro amor por esto que nos une. Esperamos, de todo corazón, que esta revista, la Blaster, signifique tanto para ustedes como para nosotros. Disfrútenla como merece. Blaster ha llegado, amigos. Y ha llegado para quedarse.

blastermagazine.com 2


CONTENIDO

Número 1 - Julio 2019 Arte de portada de Joel Boeri

Entrevista

VÍCTOR CONDE / 4

Cine y televisión

JUEGO DE TRONOS: ¡LARGA VIDA AL REY!, por Narés García / 8 NUEVAS JOYAS DEL CINE INDIO, por Adrián Trujillo / 12 ENDGAME: EL FIN DE UNA ERA, Joel Gallego / 14 APOCALIPSIS VOODOO, por Luis Domínguez / 18

Literatura

Codirectores y editores ADRIÁN TRUJILLO JOEL GALLEGO LUIS DOMÍNGUEZ Redacción NARÉS GARCÍA JOEL GALLEGO ADRIÁN TRUJILLO EL ÁRBOL BLANCO LUIS DOMÍNGUEZ CRISTIAN BLACKBEARD SERGIO M. T.

LA ORFÍADA, reseña de Adrián Trujillo / 22 HISTORIA DE AOS I. LA CANCIÓN DEL JINETE, reseña de Sergio Morales / 24 AYANTEK, reseña de Cristian Blackbeard / 26

Agradecimientos especiales JOEL BOERI VÍCTOR CONDE

Novela gráfica y cómic

Blaster no se hace necesariamente responsable de las opiniones vertidas por los colaboradores en sus artículos.

Arte

©Blaster 2019. Reservados todos los derechos. Prohibida su cita, reprodución, edición o transmisión total o parcial por cualquier medio y en cualquier soporte sin la autorización escrita de los titulares del copyright.

EL LEGADO DE GO NAGAI, por Joel Gallego / 28 YO, ALTARRIBA, por El Árbol Blanco / 30

JOEL BOERI / 32 VERÓNICA MG / 36 CRISOL CROWLING / 40

Eventos

CHARLAS DE CINE / 44 TENERIFE BACKVERSE 2019 / 45

Videojuegos

MEMORYZARD: MAGE INTERSHIP, por Adrián Trujillo / 46

Relatos

ESTERILIZADORES, de Víctor Conde / 48 ÁVALON ZACE, de Adrián Trujillo / 57 NUEVOS TIEMPOS, VIEJAS COSTUMBRES, de Cristian Blackbeard / 63 SEMILLA, de David Dunkel / 69

Boletín de novedades / 74 Créditos de imágenes: 1. Pidotiempo 2. Víctor Conde 3, 4, 5, 6 HBO 7. Arka Media Works 8. Kairos Kontent Studios 9. Eros International 10, 11, 12, 13, 14. Marvel Studios. 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21. El Hombre Invisible Films 22. Plaza & Janés 23. Adrián Trujillo 24. Insólita 25, 26, 27. Go Nagai 28. Vanessa Gómez 29, 30. Antonio Altarriba · Keko 31. Joel Boeri 32. Verónica MG 33. Crisol Crowling 34. Charlas de Cine 35. Tenerife Backverse 36, 37, 38. Play Medusa 39. Material promocional de sus respectivas editoriales.

Si quiere contactar, diríjase a blastermagazine@gmail.com si necesita reproducir algún fragmento de esta obra. https://blastermagazine.com es la página oficial de la revista. Para cualquier cuestión, sugerencia o solicitud, diríjase a blastermagazine@gmail.com

Facebook: facebook.com/revistablaster Web: blastermagazine.com Instagram: @blastermag Blaster, revista de fantasía y ciencia ficción de carácter trimestral de carácter gratuito. ISSN: 2659-9694 Editado en Santa Cruz de Tenerife por Blaster Ilustración de portada: JOEL BOERI

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VÍCTOR CONDE


ENTREVISTA

VÍCTOR CONDE ENTREVISTA A

Nacido en Santa Cruz de Tenerife, Víctor Conde es el seudónimo de uno de los referentes de la ciencia ficción, la fantasía y el terror en España. Ha destacado en numerosas ocasiones con sus obras narrativas, siendo una de las más recientes La Orfíada. Combina sus habilidades narrativas con el guion cinematográfrico.

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ola, Víctor. Nos gustaría agradecerte, antes que nada, que nos dedicaras un momento para realizar esta entrevista. Dentro del equipo hay algunos acérrimos aficionados a tu obra. Dicho esto... ¡vamos a empezar! ¿Cuándo surgió la necesidad de escribir? Quiero decir, ¿cuál fue el principal impulsor de que un día decidieras sentarte, papel y tinta en mano, y empezaras a hacer el borrador de tu primera historia? Con el arte siempre pasa igual: todo parte de la necesidad de expresar una necesidad interior, de dar salida a una voz que busca expresarse de alguna forma. En mi caso, la literatura y el cine me habían gustado desde siempre, pero resultó que el país donde yo había nacido y el tipo de películas que me habría gustado hacer eran totalmente incompatibles. Así que me decidí por darle caña al papel, que lo aguanta todo. Y lo demás es historia. Eres un escritor canario. Sabiendo las dificultades que tiene nuestro género para salir adelante en las Islas, ¿qué te

ADRIÁN TRUJILLO @haliaxsyn

impulsó a dar el paso y que no quedara en una simple anécdota? Porque nunca intenté salir adelante en las islas. Desde mis primeros cuentos ya supe que si quería salir adelante en este mundillo, tendría que mezclarme con la gente que ya hacía literatura fantástica en España, y pasar a formar parte de su grupo. Así, mis primeros cuentos salieron en Axxón (una revista argentina) y en Artifex (madrileña), y mis primeras novelas se publicaron en Madrid, también. Yo nunca he creído en la insularidad como símbolo de identificación, siempre me he visto a mí mismo como un escritor universal.

Crónicas del Multiverso se alzó victoriosa en el prestigioso Premio Minotauro, un hecho que te catapultó a la fama y que hizo resplandecer tu nombre. ¿Cambió mucho tu vida desde entonces? ¿Qué destacarías, tanto positiva como negativamente? Bueno, que te den un premio siempre mola un montón, tanto por su dotación económica, que en aquel momento era considera-

ble, como por la fama o el prestigio que te da. Negativamente no hay nada que destacar, todo lo que recuerdo delpremio y de sus implicaciones fueron cosas positivas. Y ya te digo, ser premiado por tus compañeros de profesión mola un huevo. Mucha gente tiende a pensar que existe un antes y un después en un escritor, y la línea que separa esos dos tiempos es aquella en la que está la obra con la que dio el salto. ¿Considerarías que esa línea es Crónicas del Multiverso, o por el contrario fue con una obra anterior o con una posterior? Hombre, con esa novela lo hubo, sin duda alguna. Pero es que si echo la vista atrás considero que hay muchos “antes y después” en ella. Hay un a/d de mi primera novela, “El tercer nombre del emperador”, porque fue ella la que le dijo al mundo ¡eh, existo, estoy aquí! También hay un a/d de Crónicas del Multiverso, y otro después de La Orfíada. En tu recorrido como autor, destacando obras de ciencia ficción, fantasía e incluso 5


terror, cabe hacer mención a una obra que, si bien está enlazada con este último género, se aleja de lo que acostumbramos a ver. Hablamos de Los Fantasmas de La Candelaria. ¿Qué destacarías de esta obra y de su proceso creativo en com-paración con lo que usualmente haces dentro de tu ámbito como escritor? Esa obra fue un divertimento, unas risas que me eché con un colega. No tiene nada de especial. En tu haber se hallan alrededor de 30 obras concluidas. Sé que La Orfíada, publicada en 2017 con la editorial Plaza & Janés, te llevó prácticamente una década darle forma. ¿Considerarías que es esta tu magnun opus o hay otra de la que estés más orgulloso. Hay muchas más, por lo menos 50. Sí, La Orfíada es mi mejor novela con mucha diferencia. Es la gran novela por la que me gustaría que me recordasen. Y no lo digo de coña, como el personaje de Burt Reynolds en Boogie Nights.

«La Orfíada es mi mejor novela con mucha diferencia. Es la gran novela por la que me gustaría que me recordasen». Volviendo a hablar de La Orfíada, esta novela está ambientada en un gigantesco mundo fantástico, nutrido en todos los aspectos posibles. Tras acabar extenuado de las 600 páginas y las otras tantas 6

de apéndice, no pude evitar preguntarme “¿habrá más historias ambientadas en El Gran Reino?”. No me refiero a una segunda parte de esta obra, sino a nuevas aventuras que sucedan en el colosal mundo que has edificado, (¿quizá también narradas por Autólica de Sandria?).

Muchos autores consagran su tiempo y esfuerzo a gestar obras con el fin de que sean mejores que cualquier otra, especialmente entre las suyas propias, y a veces, de forma inevitable, aparece alguna oveja negra. ¿Hay alguna obra o proyecto del que te arrepientas haber realizado?

Sí, ya hay una segunda parte terminada. Espero publicarla pronto. Se llama El Bosque Eterno, y no es ni secuela ni precuela, sino “mientrastantocuela”. Es decir, que transcurre al mismo tiempo que los acontecimientos de la novela original, solo que en las islas del sur, donde está pasando algo muy gordo paralelo a lo que ocurre en el Gran Reino. Y gracias por usar la palabra “extenuado”: yo también me sentí así, je je.

No, en realidad no. Todo lo que he escrito, desde lo más sublime a lo más perverso, como dirían Les Luthiers, lo he hecho desde el corazón. Me gusta todo, aunque claro, siempre hay cosas que mejorarías… No sé si muchos de tus seguidores conocerán esta faceta tuya, pero cabría mencionar ese “retrojuego de rol de fantaterror”. ¿Cómo nació


Walpurgis, así como su desarrollo? Yo siempre he sido muy fan de los juegos de rol, con el D&D a la cabeza. Aun hoy en día juego mucho con mis colegas. Y todo jugador que se precie ha querido desde siempre sacar al mercado su propio juego, eso es un común denominador en este hobbie. Yo lo hice con Walpurgis, a partir de una idea muy divertida, la de homenajear las viejas películas del fantaterror español e italiano. ¡Y ha tenido mucho éxi to! A ver si saco tiempo para seguir desarrollando ese juego, porque desde luego, entre tantos proyectos, voy a morirme… Cambiando de tema, ¿dónde tienes tus manos puestas ahora mismo? ¿Cuál será la próxima gran aventura de los personajes de Víctor Conde? Ahora tengo pendiente de publicación varias cosas que ya están terminadas, entre ellas una novela cómica estilo La guia del autoestopista galáctico pero en clave medieval, y varias novelas

inéditas de la saga del Metaverso. Y luego, Dios dirá.

«Ahora tengo pendiente de publicación varias cosas que ya están terminadas, entre ellas una novela cómica estilo La guia del autoestopista galáctico pero en clave medieval» Por último, hay mucha gente, especialmente autores del lugar en el que vives, a los que les gustaría saber cómo zambullirse en el mundillo de la escritura y la publicación, ¿qué les recomendarías en ambos casos, tanto en el aspecto de la escritura como en la de la publicación?

a autopublicarse en Amazon no tiene. Y cuando le dices que nola tiene, se enfada. Pero es un gran error. Hay que practicar mucho y estudiar mucho para ser escritor, y hacerse cursos de corrección de estilo. Y luego, hacer que te conozcan visitando los foros, asistiendo a las ferias especializadas (como la Hispacón, en el ámbito de la literatura fantástica). Todo eso es esencial. Muchísimas gracias por tu tiempo, Víctor. Te confesaremos que me dejaste con los dientes largos con esa “segunda parte no segunda parte” de La Orfíada. Ansioso me hallo, y como yo, posiblemente muchos más. Quedamos a la espera de noticias tuyas y estaremos al pendiente de cualquier novedad. Nada, gracias a vosotros.

Lo primero, que aprendan bien a escribir. Creemos que sabemos pero es mentira: hace falta muchísima preparación que normalmente la gente que se lanza

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JUEGO DE TRONOS: ¡LARGA VIDA AL REY!

CINE

NARÉS GARCÍA @NaresGarcia

Y

se acabó. El pasado 20 de mayo se emitió el último episodio de la temporada final de Juego de Tronos, un capítulo que cierra un ciclo que comenzó el 17 de abril del año 2011 y que ha ‘coronado’ esta producción de la cadena estadounidense HBO, inspirada en la saga Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin, como la serie más premiada de la historia. La ficción cuenta ya, entre otros muchos, con un total de 47 premios Emmy, a la espera de que se hagan públicas las nominaciones para la siguiente edición de estos prestigiosos galardones, que se celebrará en septiembre de este año. Asimismo, sus datos de audiencia han experimentado un crecimiento exponencial a lo largo de sus ocho temporadas, lo que la ha convertido mundialmente en un fenómeno de masas. Según un artículo titulado “Las cifras de Juego de Tronos”, aparecido en el diario El Confidencial, la primera temporada fue vista por un total de 9.3 millones de espectadores, la segunda por 11.6 millones, la tercera superó esta cifra y se situó en 14.4 millones, que nuevamente fueron sobrepasados por los 19.1 millones de la cuarta, los 20.2 millones de la quinta, los 25.7 millones de la sexta y los 32.8 millones de la séptima. La octava y última temporada, como era previsible, también ha obtenido unas cifras sin precedentes, superando en varias ocasiones a lo largo de su 8

emisión el récord de espectadores. El capítulo de estreno, emitido el 15 de abril, fue visto por un total de 17.4 millones de personas en Estados Unidos, según un comunicado de HBO, del que se hizo eco la Agencia EFE . Sin embargo, este no fue el capítulo más visto, ya que, según informa el diario El Mundo, el episodio final fue seguido por un total de 19.3 millones de espectadores, que suponen la mejor marca histórica para la serie y para HBO. Además, según publica el citado medio, cinco de los seis capítulos más vistos de la historia de la serie pertenecen a la temporada final y han contado «con una media por episodio de 44,2 millones de personas entre ‘streaming’, DVR, ‘on demand’ y los que no quisieron perderse la emisión regular». Dicho esto, no es difícil entender por qué la adaptación de Canción de Hielo y Fuego se ha convertido en un fenómeno planetario de carácter social, cultural, económico, etc. No en vano han sido muchos los padres que han decidido bautizar a su prole con nombres oriundos de los Siete Reinos, como Daenerys, Arya, Khaleesi, etc. También se han tomado algunos personajes como imagen de movimientos reivindicativos como el feminismo, pues las mujeres de Juego de Tronos desempeñan un papel fundamental en una sociedad tradicionalmente “de hombres”. Esta relevancia conlleva también

su explotación mercantil, reflejada en la existencia de productos de todo tipo (tazas, camisetas, figuras, llaveros, etc.) adornados con los blasones, los lemas o los personajes de Poniente. Pero la producción de HBO y la saga literaria de la que es hija no solo han invadido la cultura popular, sino que también se han abierto paso en ambientes académicos y son objeto de estudio en diversas disciplinas y campos del saber. En este sentido, el Congreso Internacional Juego de Tronos: Claves desde las Humanidades, organizado el pasado mes de mayo por la Universidad de Sevilla y la Universidad Pablo de Olavide, supone una iniciativa pionera. Creo que esta pequeña introducción nos permite ponderar el peso del fenómeno Juego de Tronos en nuestra sociedad. Un universo literario y televisivo de este calibre, dados sus antecedentes, había generado unas expectativas muy altas en lo que toca a su última temporada, y esta no ha dejado, para bien o para mal, indiferente a nadie. Ha sido un cierre agridulce, pues en sus seis episodios conviven elementos sobresalientes con otros que no han satisfecho el horizonte de expectativas, especialmente si los comparamos con el nivel ofrecido en sus entregas anteriores. Esta dualidad ha provocado una enorme división entre los espectadores, lo que ha desembocado en discusiones constantes en redes sociales entre


partidarios y detractores, en análisis y críticas mordaces, en alabanzas desmesuradas, etc. Dado este panorama y siguiendo la máxima de Aristóteles que reza que la virtud está en el justo medio, en las siguientes líneas analizaré los aspectos que —desde una perspectiva estrictamente personal y, por tanto, no exenta de subjetividad— contribuyen a esta fragmentación maniquea. Huelga decir que no pretendo darles la razón a unos o quitársela a otros, sino evaluar desde la posición más objetiva posible el trabajo de D. Benioff y D. B. Weiss y su equipo. Dos de los aspectos más criticados de esta temporada han sido las inconsistencias de guion y el ritmo narrativo. Hay una frase proverbial que dice que «las prisas no son buenas consejeras», y creo que la prisa es el defecto fundamental de esta octava temporada, pues es este apresuramiento el que desemboca en las inconsistencias de guion y de ritmo narrativo. Recordemos que, a pesar de que HBO ofreció a sus creadores la posibilidad de financiar más episodios, se trata de la entrega con menos capítulos de la serie, si bien se incrementó la duración de estos. Una de las inconsistencias de guion más evidentes y comentadas es lo que se ha dado en llamar “el descenso a la locura de Daenerys”. ¿Cómo es posible que alguien que se ha caracterizado por su sentido de la justicia y por su voluntad de liberar al pueblo del yugo de la tiranía queme una ciudad y a todos sus habitantes después de su rendición? ¿Cómo es posible pasar de la cordura a la locura extrema en un solo capítulo? La respuesta es la prisa, el apresuramiento. Muchos, entre los que me incluyo, han argumentado que durante las siete temporadas anteriores se han dejado pistas que permitían entrever la locura de Dae-

nerys, heredada de su padre Aerys, el Rey Loco; que ella ya había demostrado su inmisericordia con sus enemigos, que acababa de perder a Missandei, a Jorah, a Viserion y a Rhaegal, etc. Todo esto es cierto, pero no es óbice para admitir que la construcción de la trama no está equilibrada. Ese cambio hubiese sido mucho más natural y climático si se hubiese construido con un ritmo narrativo adecuado. Otro de los “agujeros” de guion más comentados es la muerte de Rhaegal a manos de Euron Greyjoy y su Flota de Hierro. Nuevamente el ritmo narrativo desempeña un papel fundamental, ya que el asesinato del dragón se produce justo después de que Daenerys y sus asesores comentaran, en la mesa estratégica, que Cersei contaba con la poderosa Flota de Hierro. ¿Cómo es posible que si Daenerys y sus asesores sabían esto fuesen por mar a Rocadragón? ¿Cómo no ve Daenerys desde el cielo una flota de tal tamaño, preparada para una emboscada? Nuevamente, el metraje es limitado y los responsables del guion no consideraron que hubiese tiempo para construir este suceso de una forma más consistente y verosímil. Al contrario, la respuesta de D. Benioff a esto fue que Daenerys se olvidó de la Flota de Hierro. Estas declaraciones incendiaron a los espectadores, que criticaron

duramente la explicación, y fueron blanco de numerosas bromas en las redes. Sin embargo, no solo la premura causa inconsistencias en el guion de esta temporada. Otros “agujeros” sacrifican la coherencia de la trama para dotarla de espectacularidad y provocar sorpresa en el espectador. Un ejemplo claro es el papel de Arya Stark como mano ejecutora del Rey de la Noche, pues durante las temporadas anteriores se había ido construyendo una enemistad manifiesta entre el soberano de los muertos y Jon Nieve —a la postre Aegon Targaryen—. Los espectadores esperaban una batalla espectacular entre estos dos personajes y la decisión de que fuese Arya fuese quien acabase con la amenaza de los Caminantes Blancos provocó reacciones de todo tipo, desde la euforia hasta la decepción. No obstante, lo cierto es que, pese a ser una escena espectacular y sorprendente, no existía una construcción narrativa previa que la avalase. En definitiva, el problema no es que Arya mate al Rey de la Noche, sino que no haya un desarrollo narrativo coherente. En este sentido, se ha hecho referencia a una charla de G. R. R. Martin, donde comentaba que había leído en algunos foros a gente que había descubierto cómo terminará su saga, pero que aun así no se plantea cambiar el final 9


solo para sorprender a sus lectores, ya que sería algo que no tiene un planteamiento ni unos cimientos narrativos: «Claro, podría hacer que salgan alienígenas y eso seguro que sorprendería a la gente. Nadie predeciría eso, pero arruinaría la saga». Otro caso que sigue esta línea es la llamada “armadura narrativa” de algunos de los personajes, que se ven inmersos en situaciones en las que la lógica no permite atisbar su salvación y, sin embargo, logran sobreponerse a ellas. Esos personajes son necesarios para el desarrollo de la historia y por ello gozan de una suerte de inmortalidad. Hay que destacar que el error, en este caso, no es esa “armadura narrativa” en sí misma, pues existe en prácticamente cualquier obra de ficción; la verdadera falla es situar a los personajes en esas situaciones —a pesar de que su destino no es morir en ellas— con el objetivo de crear suspense y tensión (por ejemplo, Sam Tarly durante la batalla contra los Caminantes Blancos en el polémico tercer episodio de la temporada). Por último, no podemos dejar de comentar los diálogos. Juego de Tronos es famosa por sus espectaculares diálogos y por la gran cantidad de frases lapidarias que nos ha ofrecido durante todas sus entregas. Sin embargo, esta temporada no ha 10

brillado en ese aspecto y muchas veces se ha percibido un cierto simplismo. Un caso prototípico en este sentido es el de Jon Nieve, cuyos diálogos han estado repletos de repeticiones de frases como “no lo quiero” (en referencia al Trono de Hierro) o “eres mi reina”, lo que se ha materializado en una ola de burlas y bromas hacia su personaje. Este defecto puede estar determinado por la ausencia del material literario de George R. R. Martin en estas últimas temporadas, ya que los mejores diálogos eran reproducciones más o menos fieles de los parlamentos que el autor estadounidense reflejaba en sus libros. A esta “orfandad del apoyo literario” se han achacado también gran parte de las fallas de guion y el ritmo narrativo frenético e inconsistente. Cambiamos ahora de tercio para analizar algunos de los aspectos más destacables de esta última temporada. El primero de ellos es el apartado visual y los efectos especiales, que una vez más han sorprendido por su verosimilitud y su espectacularidad. El ejemplo más evidente es que Juego de Tronos cuenta, desde mi punto de vista, con los dragones mejor diseñados y más realistas de la historia de la industria cinematográfica y televisiva. Del mismo modo, los departamentos de

maquillaje, prótesis y vestuario han vuelto a sobresalir, dotando a la serie de una caracterización exquisita de sus personajes. Podemos sumergirnos un poco más en el trabajo de estos departamentos creativos en el documental La última guardia, que versa sobre todo el proceso de rodaje de esta temporada, y donde asistimos, por ejemplo, al trabajo de caracterización de personajes como el Rey de la Noche. Además, estos seis capítulos nos han dejado escenas e imágenes fastuosas, dotadas de una importante carga simbólica y dramática. Por ejemplo, Drogon fundiendo el Trono de Hierro, símbolo del poder y de la corrupción que este provoca en el ser humano. El dragón de Daenerys cierra así un ciclo, pues el trono fue forjado por el fuego de su antecesor Balerion, dragón de Aegon I el Conquistador. También es digna de mención la escena en que Daenerys desmonta de su dragón en una composición en la que se fusiona con sus alas, “convirtiéndose” así ella misma en un dragón, símbolo del poder. En el apartado musical, la banda sonora, de la mano de Ramin Djawadi, ocupa el trono de la excelencia. La elección musical en cada una de las escenas contribuye notablemente a la articulación del ambiente dramático deseado, y es capaz de despertar en el espectador tensión, emoción, nostalgia, felicidad, etc. Asimismo, el compositor logra combinar temas que hemos escuchado durante temporadas anteriores, creando piezas nuevas de una poderosa simbología y con una gran carga emocional para los espectadores. Así, por ejemplo, la muerte de Jaime y Cersei está acompañada por una sinfonía magnífica que aúna “Light of the seven” y “Rains of Castamere”. La dirección y la interpretación se-


rán los dos últimos temas que abordaremos. En cuanto al primero, han sido varios los directores que han trabajado en esta temporada, pero quiero mencionar especialmente el trabajo de Miguel Sapochnik, quien se encargó de los dos episodios con mayor carga bélica: “La larga noche” y “Las campanas”. Ya conocíamos la maestría de Sapochnik para la dirección de este tipo de episodios, pues fue quien estuvo al frente de “Casa Austera” y “La batalla de los bastardos”, pero con estos dos capítulos se ha confirmado. “La larga noche” es la batalla más larga de la historia de la televisión y se desarrolla en una completa oscuridad, aunque el guion tiene algunos defectos. Sapochnik consigue crear una atmósfera de tensión, miedo y confusión que nos permiten sentir cómo sería encontrarse inmerso en una batalla. Lo mismo sucede en “Las campanas”, donde destaca el momento de tensión en que suenan las campanas de la rendición de la ciudad, y Daenerys, llevada por la rabia y la ira, materializa el lema de su casa: fuego y sangre. En cuanto a la interpretación, destaca el trabajo de Emilia Clarke, que encarna a la perfección a Daenerys

Targaryen —su rabia, su ira y su propia destrucción—, un personaje que según la actriz forma parte de su vida y de ella misma. El máximo exponente de su interpretación es el discurso imperialista que ofrece ante los inmaculados y los dothraki, para el cual se inspiró en las disertaciones de Hitler. También son destacables las actuaciones de Peter Dinklage, como Tyrion Lannister, y Lena Headey, como Cersei Lannister. Para terminar, y aunque hemos sido críticos con algunos aspectos del guion de esta temporada, hay que decir que el segundo capítulo, escrito por Bryan Cogman, es una oda a Juego de Tronos y destila un enorme cariño y respeto por la serie; de ahí que sea considerada como la mejor escritura de esta última entrega. En conclusión, Juego de Tronos ha llegado a su fin con una temporada que no ha conseguido generar consenso entre sus espectadores. Creo que es evidente que esta no es la mejor temporada de la serie, más bien podríamos calificarla como una de las más endebles, si bien este juicio está determinado por la excelencia a la que nos tiene

acostumbrados y la consiguiente exigencia y las expectativas que pesan sobre ella. Dicho esto, creo que, con sus virtudes y sus defectos, ha sido un cierre digno para un fenómeno mundial que comenzó en 2011 y que se ha convertido, a mi juicio, en la mejor serie de televisión de todos los tiempos —amén de la más premiada—. Esta no es, sin embargo, una despedida definitiva al mundo de Poniente, ya que HBO está trabajando en cinco proyectos relacionados con este universo, uno de los cuales ya está en proceso de rodaje. Asimismo, los lectores seguimos esperando pacientes —«las cosas que hacemos por amor»— las dos últimas entregas de la saga literaria, que es un producto diferente a la serie —aunque madre de esta— y que alberga más personajes, más tramas, más páginas y quién sabe si un desenlace inesperado. Como respondió el propio G. R. R. Martin a la pregunta de si lo que resta de la saga literaria será distinto a la serie: «Bueno… la respuesta es sí… y no… y sí… y no…». Parafraseando un tuit de Ediciones Gigamesh, editorial que publica Canción de Hielo y Fuego en España, «el Juego se acaba, pero la Canción continúa».

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CINE

NUEVAS JOYAS DEL CINE INDIO

La cara más épica del cine hindú

ADRIÁN TRUJILLO @haliaxsyn

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odos hemos escuchado hablar de esas películas tan malas que echan los domingos por las tardes en prácticamente cualquier canal. Obras majestuosas de la inventiva como la gozosamente laureada saga de Sharknado, productos absurdos como Pirañaconda o, más absurdo si cabe, Megatiburón vs Crocosaurio. Potencial cinematográfico puro que, tal y como cabría esperar de ello, acaba siendo un deleite para los que buscan un entretenimiento fugaz sin ningún tipo de rigor. Ninguno inventa nada nuevo: desde la época de los videoclubs, cuando ibas buscando una buena película y acababas escogiendo

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laque tenía la portada más brutal, ya podías intuir que lo que llevabas bajo el brazo era un bodrio de proporciones épicas. Lo intuías, sí, pero decidías jugártela. El resultado acababa siendo un filme turco, indonesio o indio compuesto por fragmentos de otras películas y escenas propias, creando una historia tan rocambolesca como demente. Y obviamente regresabas al videoclub con cara de pocos amigos a devolver la mayor porquería visual que has puesto en tu reproductor VHS o DVD y volvías a caer en la trampa. De la cárcel se sale, de las películas malas con buenas carátulas no, como dice la broma.

Aparece entonces, por la época de los años 70, el término “Bollywood”, que trata de aunar la esencia del cine más elaborado en Bombay, en la India. Aunque por error, por cultura popular y desinformación, se asocia este concepto a todo producto cinematográfico realizado en la India, pero no es el caso. Bollywood nace con la firme convicción de que, alejado de esos productos maltratados que otros cineastas tratan de llevarnos a los videoclubs, podían hacer su propio buen cine con su propio sello de identidad. Es entonces cuando nace el verdadero cine indio, lleno de una magia que no acostumbra-


mos ver en el mundo occidental. Provisto de grandiosas escenas musicales, con bandas sonoras con tintes locales, la industria cinematográfica de la India ha logrado hacerse un hueco en el mundo, avanzando lenta pero inexorablemente, y nos ha regalado en los últimos años una serie de películas que se codean con la épica más depurada, la fantasía más melodiosa y las aventuras más dignas de la Tierra Media de Tolkien. Sinceramente: si de verdad alguien sabe de épica, esos son los creativos hindúes. Si quieres una prueba de ello te reto a ver Baahubali: The Beginning y Baahubali: The Conclusion, una duología reciente de la mano de S. S. Rajamouli que nos transporta a la Mahishmati recogida en el Mahabhárata, un texto épicomitológico de la India. En ellas podemos ver escenas tan fantásticas como maravillosas, exepcionalmente filmadas y de un estilo muy resaltado por los estándares de la

Y es que el cine hindú tiene unas ideas asombrosas que, gracias a su desparpajo y a su forma de ver el mundo, no temen mostrar. Muchas veces, el cine se limita a sí mismo en pos de una narratividad y un estilo que tenga sentido común, ese con el que siempre asociamos las películas e intentamos ligarlas al mundo real. Y es que no puede haber mayor falacia que la de pensar que el cine, en términos generales,

India. Ello también incluye una serie de situaciones, momentos e ideas que, a ojos occidentales, no pueden chirriarnos más, donde el sentido común abandona la sala para dar paso a una fantasía mayor, algo que desafía todo lo que esperamos ver para ofrecernos algo que ni en sueños veríamos en el cine al que Hollywood nos tiene acostumbrados.

es un pulcro reflejo en nuestra sociedad. No. El cine es arte, y el arte no siempre tiene que ser un espejo del mundo. Eso los indios lo tienen muy claro, y si tienen que hacer algo, a sabiendas de que desafía esa lógica que constantemente trata de atarnos, lo hacen. Porque no están rodando un documental, sino una historia y una fantasía que merece darse el lujo de ser libre consigo

misma. Manikarnika: Queen of Jhansi es una película de Radha Krishna Jagarlamudi y Kangana Ranaut cuenta con todo lo anteriormente mencionado pese a estar basada en los hechos reales de Rani Lakshmibai, una de las figuras femeninas más importantes de la rebelión de la India de 1857. Podemos entender que películas como la duología de Baahubali, basadas en textos ficticios de la cultura india pueda tomarse algunas (o bastantes) licencias a la hora de exagerar los hechos, luchar contra las leyes físicas y el sentido común, pero contemplar esto en trabajos como Manikarnika: Queen of Jhansi, o Bajirao Mastani y Padmaavat (ambas de Sanjay Leela Bhansali), basados en hechos reales y en datos históricos corroborales, es cuanto menos desconcertante. Pero es ahí, exactamente en estas situaciones y con estas decisiones donde se desata el verdadero potencial del cine made in India. Es en esas precisas escenas absurdas pero bien ejecutadas lo que hace de visualizar el cine hindí como un deleite para todos los que buscan algo nuevo, un cine de verdad que se codea con la verdadera imaginación, porque para ver el mundo tal y como es nos basta con pasear por la calle, pero para disfrutar del arte... hay que hacer esfuerzos, y este merece la pena. 13


CINE

ENDGAME: EL FIN DE UNA ERA Y ahora, ¿qué?

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l Universo Cinematográfico de Marvel ha conquistado las pantallas de todo el mundo. ¿Y ahora qué? Los superhéroes propios de Marvel Comics llegaron para quedarse. Y así lo han demostrado durante más de 10 años. «La moda de los superhéroes» a la que muchos apuntaban y definían como una fórmula caduca ha demostrado ser un nuevo género en sí mismo, siendo un nuevo fenómeno estadounidense que se compara ya con lo que fue en su momento el western. La acción nos sitúa con Endgame en el punto y final de una etapa del conocido Universo Cinematográfico Marvel, pero no es el final definitivo de este proyecto que se lleva consolidando y asentando de una forma lógica y estructurada desde el principio. Pero… ¿realmente fue así? ¿Cuál fue el origen de todo esto realmente? Para responder a esta pregunta tendríamos que irnos a la época más lúgubre de la brillante Marvel: Los terribles y oscuros años 90. Marvel Comics fue comprada en 1988 por Ron Perelman, quien tomó una serie de medidas cuestionables entre las que cabe destacar el aumento del precio de los comics y diversas inversiones dudosas, como la desastrosa adquisición de Heroes World Distribution, que hicieron que la compañía se situase en una delicada 14

línea. Y si a esto le sumamos la crisis por la que pasaba la editorial debido a la fuga de los artistas principales que habían sustentado los comics del momento como fueron Jim Lee, Todd McFarlane o Rob Liefeld como consecuencia de los problemas con los derechos de autor, el caos estaba servido: Marvel estaba al borde de la bancarrota. Fue entonces cuando Marvel empezó a vender los derechos cinematográficos de muchos de sus personajes y grupos de superhéroes. De este modo, FOX tuvo los derechos de los X-Men y, posteriormente, de Los 4 Fantásticos. Sony, por su parte, se quedó con SpiderMan. Lionsgate matendría los derechos de Man-Thing y Universal tendría los derechos conjuntos de Hulk y Namor. Por otro lado, Marvel Films, que se podría considerar como la precursora de Marvel Studios pero con un enfoque basado en la venta de derechos, hizo que surgieran películas como las de Blade, Punisher o Daredevil, mediante acuerdos con New Line Cinema, Lionsgate y FOX respectivamente. Marvel, tras la desesperación que la hizo alejarse del borde

JOEL GALLEGO @mediasonrisa del abismo al que se había visto arrastrado, se dio cuenta de que la venta de los derechos y los acuerdos comerciales no les habían salido tan rentables como esperaban debido a la cantidad de dinero que las películas estaban recaudando y las escasas cifras que veían por ello mediante el merchandising. Entonces, en 2008, Marvel mueve ficha y se arriesga con un personaje mediocre en el mundo de los comics y prácticamente desconocido para la cultura popular, pero que supuso


el comienzo de una nueva edad dorada de Marvel. Nace, de este modo, Iron Man. La cinta, dirigida por Jon Favreau y protagonizada por Robert Downey Jr., se nos presenta como un proyecto totalmente independiente, donde la idea de hacer un universo cinematográfico interconectado era, como mucho, una conversación de bar entre colegas. Los Vengadores (2012) aún quedaban lejos y pensar en ello era un chiste. Y de ese chiste, de ese simpático pensamiento fugaz, pasaron a hacer lo que supondría uno de los sellos distintivos de Marvel Studios: la primera escena post-créditos. Ahí veríamos a un Nick Furia que derivaba del aspecto de la versión Ultimate de los comics y que, precisamente, pillaba como referencia al propio Samuel L. Jackson. El círculo referencial se cerraba y tuvimos una escena sin muchas pretensiones en la que se coqueteaba con una iniciativa de superhéroes nueva para el cine y conocida para los comics: Los Vengadores. En el mismo año 2008, surgió la primera gran película olvidada del Universo Cinematográfico Marvel, que fue nada más y nada menos que El Increíble Hulk, donde Edward Norton (que posteriormente sería relevado por Mark Ruffalo) protagonizaría una cinta cuya única conexión sería otra escena post-créditos metida a mitad de producción y proyecto, pero que empezó a dar forma a algo mayor. Universal y Marvel Studios llegaron a un acuerdo en el que la primera cedía los derechos a la segunda, pero esta no podía hacer películas independientes de Hulk. Pasaron 2 años para volver a ver a Iron Man en la pantalla con su esperada secuela. Pero antes, cabe mencionar la noticia que revolucionó a la industria: Disney, que había esta-

do atenta a Marvel y viendo el éxito de Iron Man y lo que podía venir, tras unas negociaciones que vinieron desde septiembre de 2009, adquirió el 1 de enero de 2010 La Casa de las Ideas. Por otro lado, Marvel quería afianzar bien el terreno por donde pisaban y entonces, a partir de este momento es donde las escenas post-créditos que tanto gustaban a los fans empezaron a cobrar una importancia considerable, siendo usadas como trampolín al siguiente proyecto. A veces de forma más canónica y otras de manera más informativa, pero siempre manteniendo un hilo comunicador en común. Y es que, el Universo Cinematográfico Marvel, por absurdo que parezca, sentó sus bases mediante las escenas postcréditos. Un clip oculto después de los créditos, fuera del metraje de la película y de apenas unos segundos de duración, hicieron posible el proyecto que concebimos a día de hoy. En 2011, un año después de Iron Man 2, Marvel Studios estaba en movimiento y vuelve a arriesgar con dos películas: Thor y Capitán América, a la cual le ponen el subtítulo de “El primer Vengador”. Fue en ese momento exacto cuando se pusieron las cartas sobre la mesa: esto va en serio y el proyecto de Los Vengadores va a ser una realidad. Y lo fue. En el año 2012, el sueño se cumple: Los Vengadores nace. Un éxito

dirigido por Joss Whedon donde todos los personajes de las películas anteriores se unen y además a estos se les suman la Viuda Negra y Ojo de Halcón para completar la formación, en detrimento de Ant-Man y La Avispa respecto a la formación original de los comics, optando por un equipo algo más moderno. En esta película es cuando por primera vez miramos al cielo y a lo que puede haber más allá. Nos empezamos a concienciar de que hay un universo más extenso y amplio de todo lo que habíamos visto en la Tierra del Universo Marvel. Logro desbloqueado. Fin de la «Fase 1». Aun así y tras el éxito de Los Vengadores, la «Fase 2» empieza con mal pie y llega con dos películas en el año 2013 que no cuajan bien entre el público y la crítica: Iron Man 3 y Thor: El mundo oscuro. Pese a todo, no dejan de ser muy rentables, así que el show continúa. Llega 2014 y, por el contrario, Marvel Studios saca dos películas arriesgadas, evolucionando la fórmula del cine de forma específica y con buen resultado. Capitán América: El Soldado de Invierno, resultó ser un acercamiento a la acción de espías bajo un enfoque y tratamiento más adulto. Por el contrario, Guardianes de La Galaxia fue un producto que, pese a estar dirigido a un público más amplio y más cercano en la línea de la industria, resultó ser 15


más arriesgado en su propuesta, ya que se abría la brecha cósmica del Universo Cinematográfico Marvel con un grupo de personajes totalmente terciarios y desconocidos por muchos fans incluso de los comics. Ambas películas fueron un gran éxito aceptado entre el público y la crítica, pero sorprendió el grupo de Star Lord y, definitivamente, sirvió como preludio y adelanto a lo que vendría posteriormente. En 2015 Marvel sigue su calendario con Vengadores: La Era de Ultrón y Ant-Man. Pese a repetir la fórmula de volver a unir al grupo, La Era de Ultrón no llegó a cuajar del todo entre la aceptación del público. Por otro lado, Ant-Man resultó ser una película que, de forma simpática y desapercibida, rescató a los personajes clásicos que faltaban del grupo de Los Vengadores para hacerles justicia. Fin de la «Fase 2». Se acerca el fin. El desenlace del proyecto Marvel Studios llega con la “Fase 3”. Esta

comienza en 2016 con Capitán América: Civil War y Doctor Strange. Por un lado nos presentan a una película más cercana a Los Vengadores, partiendo de la base del comic homónimo del mismo subtítulo, pero quedando por debajo de las expectativas del público lector. Lo más destacable fue la inclusión, para sorpresa de todos, del buque insignia de Marvel: Spider-Man. Lo que de16

mostró un acercamiento por parte de Sony a colaborar y unirse al carrito del dinero. Por otro lado, Doctor Strange nos abre la puerta a las distintas dimensiones y realidades, dejando unas claves que podrían ser el comienzo del Multiverso (Cinematrográfico) Marvel. Entonces, en 2017 se pasaron de 2 películas anuales a 3, que fueron Guardianes de la Galaxia Vol.2, Spider-Man: Homecoming y Thor:Ragnarok. Star Lord y compañía vuelven a recordarnos que «la verdad está ahí fuera» y que el universo Marvel es más amplio que el ombligo de la Tierra mediante una película que supone una madurez y tratamiento más personal y pausado para los aventureros espaciales. Spider-Man: Homecoming nos trae a nuestro amistoso vecino definitivamente al UCM, bajo un aire fresco y alejado del tono y enfoque del tratamiento que había tenido la trilogía de Sam Raimi y las dos películas de Amazing. Thor: Ragnarok supuso un cambio en el paradigma del personaje, dando un nuevo enfoque y evolución al Dios del Trueno y llevando al personaje a unas cotas de popularidad

y aceptación que no había conseguido de forma tan efectiva, uniendo además tramas con Hulk en lo que muchos lectores de comics reconocerán en World War Hulk. 2018 es el año. Después de ser reconocida por la crítica, Black Panther -cuyo personaje fue presentado en Civil War- obtuvo 3 Oscars de los 6 a los que estaba nominada, siendo la primera película Marvel que no consiguió ni uno, ni dos, sino tres de estos premios. Entonces llegó Vengadores: Infinity War. Thanos fue el verdadero protagonista de la película. Y todo el mundo, todo el universo, guardó silencio con un simple chasquido de dedos. Después del vuelco que dio Infinity War a los corazones de los espectadores, se estrenó Ant-Man y La Avispa, que el público notó como película de paso, pero que explicaba el destino del personaje y su ausencia. En marzo de 2019, Capitana Marvel calentaba motores con una película que nos introdujo empoderamiento femenino que estaba a la altura del icono asentado en las páginas de los comics, resultando un éxito entusiasta que sorprendió y acalló a muchos detractores en busca de polémica. Entonces, habiendo pasado un año desde Infinity War, llegó Vengadores: Endgame. El final definitivo llegó de la única y


mejor manera que podrían haberlo hecho: haciendo honor a todos y cada uno de los personajes de la saga y a todas y cada una de las películas. Si en Infinity War el protagonista indudable era Thanos, aquí el peso recae esencialmente en la base fundamental del Universo Cinematográfico Marvel: Los Vengadores. Infinity War y Endgame suponen las dos últimas partes de todo un proyecto. La primera rompió con las reglas establecidas. Nos mostró al mejor villano hasta el momento, nos hizo empatizar con él y nos hizo cómplices y espectadores de las últimas consecuencias de toda esa epopeya. Hizo lo impensable. Y funcionó. La segunda se recompone desde los escombros de la primera, construyendo unos nuevos cimientos sobre los que sustentar una carga heroica sin precedentes, con actos y consecuencias, sacrificios y recompensas. Ambas son el Born Again del UCM. La película tiene una presentación con acercamiento personal y emotivo

en lo que vendría siendo la presentación de la misma. La catástrofe y la ruina están presentes en un paisaje desolado y marchito. No es una película de superhéroes. Es un drama donde los superpoderes brillan por su ausencia. El factor más humano de cada uno de los personajes brilla mediante las lágrimas derramadas por los caídos. En el nudo de la cinta es cuando nace la esperanza. Y es precisamente aquí donde empieza el repaso a la historia cinematográfica de Marvel, siendo una parte bastante autorreferencial y retrospectiva con algún que otro guiño maravilloso a los comics y con el que sería el último cameo del gran Stan Lee, que era ese señor canoso, con gafas y bigote, de actitud afable y simpática que aparecía en toda película Marvel -sea de donde sea- y, por supuesto, uno de los padres de muchos de los personajes de los comics. Es en este punto, además, donde se sitúa parte del grueso de la acción que nos lleva hasta el clímax de la película.

Y es que el final del filme llama a la épica del héroe clásico. Un camino que ha sido recorrido y que lleva a la culminación del relato, que se cierra de una forma agridulce, tierna y emotiva. Supone el punto de madurez para todo fan de Marvel que nos aleja de las idas y venidas de los comics y nos acerca más a la vida real. Se aleja del superhéroe para ser más humano. Y eso supone conocer nuestras limitaciones personales y nuestra situación en la vida como mortales. Es una despedida. Y nadie quiere decir adiós. Snap! ¿…Y ahora qué? Pues a seguir con la vida. Aceptar el cambio. Córtate el pelo y búscate un trabajo ¿Qué esperabas? Pero una cosa está clara: El epílogo que supone Spider-Mar: Lejos de casa para el final de la «Fase 3» marcará la futura deriva de Marvel Studios. Para todo lo demás, ¡EXCELSIOR!

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CINE

LUIS DOMÍNGUEZ @luisgdr22

APOCALIPSIS VOODOO LA COMEDIA FANTÁSTICA DE ACCIÓN QUE HA DESBLOQUEADO EL INTERÉS POR EL CINE CANARIO… ¡PARECE COSA DE BRUJERÍA!

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amos a situarnos. Años setenta, Los Ángeles (California), calles y autopistas abarrotadas de automóviles viejos y de último modelo, cadenas hoteleras prometiendo un paraíso de disfrute, nuevos diseños de bañadores femeninos causando furor, pantalones acampanados y cómo no, las fuerzas del bien y el mal campando a sus anchas por la ciudad, pero esta vez de un modo… ¿diferente?

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LUIS DOMÍNGUEZ @luisgdr22

Tras cinco años desde la muerte de su compañero, el oficial de policía Charlie Vargas vuelve a la ciudad de Los Ángeles en busca de venganza. Junto a su nuevo compañero, White Chocolate, se ven envueltos en una batalla apocalíptica contra un súper villano que se hace llamar Papá Voodoo y su banda de funk: “The Funky Zombies”. El terror que siembra este antagonista se basa en su música, pues a ritmo de funk convierte en

zombis a todo aquel que escucha sus melodías. Esta lucha entre el bien y el mal contiene tantos elementos como la propia indumentaria de Papá Voodoo, pudiendo encontrarnos con kung fu, lucha mexicana, vudú, zombis, amor y hasta un sacerdote con conocimientos paranormales experto en el uso de katanas. Una vez situados en este marco de trama, debemos desvelar (por si alguien no se había dado cuenta)


que la ciudad de Los Ángeles no es más que un cuidado y elaborado disfraz que se mimetiza por momentos con nuestra ciudad chicharrera de Santa Cruz de Tenerife, la verdadera protagonista como escenario principal. En este caso, la ciudad tinerfeña sirve de nexo y de lienzo en blanco para las numerosas referencias que se hace en la película al cine de los setenta y ochenta americano, a la música y al estilismo de aquellos años. Apocalipsis Voodoo está plagado de estos guiños a películas míticas (obras de culto en su mayoría) de dos de las grandes décadas que marcaron un antes y un después en la cultura general mundialmente. Así, películas como The Warriors, Asalto a la comisaría del distrito 13, Rocky, Karate Kid, The Evil Dead (Posesión Infernal en Espa-

ña), Star Wars (referencia a Yoda) e incluso una escena que evoca a la perfección a El Padrino, nos colocan ante un claro homenaje con cuerpo de comedia y alma de fantasía. Es cierto y bien sabido que, en el cine americano de aquella época, la reiteración de fórmulas a la hora de hacer películas llegó a tal punto de exceso que la sátira y la comedia empezaron a hacer apariciones notables. En el caso de Apocalipsis Voodoo (2018), se ha utilizado noventa y cinco minutos para hacer lo que yo considero un “fifty-fifty”, ya que la película se entiende íntegramente como una comedia, pero no deja de ser a su vez, un canto y un rendido homenaje a las virtudes y no tan agraciadas características del cine de los setenta y ochenta. A modo de flashback incluso, las

actuaciones en este largometraje nos transportan a esas sobreactuaciones en el cine de acción, ciencia ficción y fantasía de aquel entonces. Un aspecto importante que quiero destacar de la película es la originalidad de su trama, a pesar de estar cubierta por capas y capas de humor y de ser una comedia que usa como hilo conductor la fantasía. A lo que me refiero con esto es que, al estar en pleno 2019 con todos los desarrollos y avances tecnológicos que ha habido en el cine, nos hemos acomodado en la idea de que las películas y series de tv que tienen miles de efectos visuales y digitales, luces y colores equivalen y engloban las etiquetas “ciencia ficción” y “fantasía”, dejando de lado en muchos casos uno de los aspectos más importantes del cine

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en general… su argumento-trama. Sin embargo, Apocalipsis Voodoo se basa y defiende un argumento original que no te deja indiferente. Además, lo hace apoyándose en temas distintos pero bien fusionados en el metraje como son, el vudú o brujería sumada a la música, lo policíaco y los zombis. Cabe destacar que, todos estos temas y aspectos se van desarrollando sin necesidad de un excesivo uso de efectos especiales, destacando la buena escenografía, el notable trabajo de maquillaje y los efectos visuales. En cuanto a los aspectos más técnicos de la película, quisiera destacar especialmente uno que sin duda me ha sorprendido gratamente de una forma que no esperaba… su fotografía. Desde que empieza el metraje no paras de recibir información en forma de imágenes bien compuestas, con un aspecto y ambientes en las escenas bien definidos y con unos juegos de luces y tonalidades de colores que, en determinados momentos, no parecen propios de producciones a esta escala. Los movimientos de cámara aportan una buena dinámica a las escenas de acción y una buena consistencia en la composición visual de la imagen. Lo cierto es que, si desde el principio de la película la fotografía nos va atrapando poco a poco, los 20

últimos veinte minutos de película son una traca espectacular de fotografía muy bien ejecutada. Sin duda, el trabajo de Gabriel García (director de fotografía) y el equipo de escenografía se ha notado sustancialmente, ya que han realzado aún más el trabajo que hay detrás del guión y la historia de Apocalipsis Voodoo. En muchas ocasiones incluso, nos puede parecer que no estamos ante escenarios situados en la isla de Tenerife. Si en Suecia se enorgullecen de tener una obra tan llamativa y sonada como Kung Fury (2015), que ha despertado el interés mundial de los amantes de la ciencia ficción, la fantasía y la nostalgia por los años ochenta… aquí en Canarias podemos decir y estar orgullosos de que Apocalipsis Voodoo sea nuestro Kung Fury y una de nuestras puntas de lanza. Salvando las distancias en cuanto a presupuesto, recursos, recaudación, etc. La película dirigida por Vasni J. Ramos nos brinda un humor, una historia y una puesta en escena fresca y concisa que, al igual que el mediometraje sueco y otros proyectos muy sonados en estos últimos años, se deja ver e incita al respetable a darse una vuelta por el cine no tan comercial al que nos tienen acostumbrados las

grandes compañías y productoras y, a darle una oportunidad a las producciones y proyectos locales, regionales y nacionales. Sin adentrarnos nuevamente en comparativas, Apocalipsis Voodoo también ha volado fuera de casa y no ha hecho un mal papel. Ha pasado por festivales como el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid (CutreCon VII) y otros tan reconocidos como el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya (Sitges) o el Festival de Cannes, dejando en muy buen lugar el cine canario de fantasía y ficción. Además, la película cuenta con notas nada desdeñables en páginas importantes de crítica de cine como Filmaffinity o IMDb, con un 6,7 y un 7,8 respectivamente. Apocalipsis Voodoo ha ido recolectando buenas críticas y éxitos desde su estreno en junio del año pasado y, a día de hoy sigue despuntando allá donde se proyecta, pero su director Vasni J. Ramos no para, y es que el mes pasado presentó en el Festivalito La Palma el cortometraje Amarás al prójimo, llevándose de la isla bonita el premio Estrella al Cortometraje Social. No cabe duda: que en Canarias tenemos ideas, recursos y sobre todo, mucho potencial por explotar en el ámbito cinéfilo.


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LITERATURA

LA ILÍADA CONTEMPORÁNEA

La Orfíada, de Víctor Conde, se inspira indudablemente en los poemas épicos de la antigüedad, como la Eneida de Virgilio o las obras de Homero, y al igual que las obras de este último, está compuesto de dos partes divididas en cantos: De la Vida y la Muerte y Del Amor y la Ira.

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onocí la existencia de esta novela porque la encontré en la librería de mi pueblo cuando buscaba nuevas aventuras que devorar. El color azulizo de su portada me llamó la atención y me recordó un estilo más cercano a la novela histórica de las antiguas guerras del imperio romano que otra cosa. No soy tan amigo de la novela histórica, pero aun así me llamó la atención. Luego me fijé en quién era su autor e inmediatamente saqué la cartera. Siento cierta devoción por Víctor Conde desde hace años, y tras haber leído varias historias suyas, estaba preparado para una nueva aventura. No podía estar más equivocado. Con La Orfíada bajo el brazo llegué a mi casa y, por ende, a internet. Busqué información de la novela, porque siempre gusto de informarme un poco de todo antes de meterme de lleno en ello. Encontré la cuenta de Facebook del autor y una publicación del mismo en el que informaba a los lectores de que esta novela había tardado en escribirla la friolera de diez años, y en ese momento declaraba que esa obra había dejado de ser suya para pertenecernos a nosotros, a los lectores. También había una última indicación que ofrecía un extenso apéndice con todo aquello que no cupo en el libro impreso. Con ayuda de éste, aseguro que La Orfíada gana mucho más de lo que se imaginan. 22

ADRIÁN TRUJILLO @haliaxsyn

Reconozco que justo antes de empezar a leerla seguía con el prejuicio de que era una novela histórica. En esto no estaba tan equivocado, lo reconozco, aunque también puedo dar fe de que La Orfíada es mucho más que eso: es fantasía

«La Orfíada es la obra paciente de un orfebre que no tiene miedo de tomarse su tiempo para que sea tal y como debe ser». pura, de la más exquisita y depurada. Una de las primeras impresiones que te llevas cuando te adentras en sus páginas es que la prosa no es ni de lejos a la que puedes estar acostumbrado, no si no sueles leer

esos textos clásicos a los que indudablemente alude constantemente: es evidente la clara referencia que hay en La Orfíada a historias clásicas como la Ilíada o la Odisea de Homero. Si no estás acostumbrado a leer algo endiabladamente elaborado en su prosa, complejo en sus formas y los propios tecnicismos que hacen que la obra funcione, como en su día hizo Umberto Eco con El Nombre de la Rosa, créeme cuando te digo que justo al lado de este tomo de más de 600 páginas vas a tener un diccionario. Desde el primer momento queda patente el empeño que ha puesto Víctor Conde para narrar todo lo que hay que contar en la novela, y lo ha hecho con el cariño y el esfuerzo que solo florece tras años de trabajo. Así, La Orfíada es la obra paciente de un orfebre que no tiene miedo de tomarse su tiempo para que sea tal y como debe ser. El colombiano Nicolás Gómez Dávila dijo en su día que el escritor que no ha torturado sus frases tortura al lector, y cuando a esta novela se refiere, no me cabe duda de que Víctor Conde las hizo sangrar. El autor se ha focalizado en hacer de su trabajo un homenaje a los textos clásicos, como ya comenté antes, y ha logrado así un cariz peculiar del todo inusual en el mundo editorial actual: ¿dónde se ha visto una novela de proporciones épicas


ambientadas en un mundo fantástico que emule la sofisticada prosa de Homero fusionada con la versatilidad de la prosa contemporánea? No sé cuántos libros habrá, pero este es el mayor ejemplo reciente de ellos. Quizá uno de los puntos más loables de la obra sea el llamado worldbuilding, la construcción del mundo en el que está ambientado. La Orfíada tiene lugar en las tierras del Gran Reino, un fragmento de un mundo fantástico que pide a gritos una expansión de sí mismo, presumiblemente un spin-off, porque después de acabar francamente agotado de la lectura -no solo por lo esmerado de su prosa, sino porque la historia no deja indiferente a nadie-, necesité más. Apuesto a que cualquier lector que tenga entre sus manos un libro que le encante puede entender este sentimiento: el que no acabe, y que al hacerlo, ofrezca más y más. Afortunadamente, ese spin-off por el que suplicaba es una realidad que llegará, con suerte, más pronto que tarde. El Gran Reino recuerda a esos mundos fantásticos que están más próximos del mundo antiguo que de las maravillas de La Tierra Media, y aunque no posee razas genuinas sí que está bien surtida de sociedades, de gentes, de costumbres, de regiones con sus conflictos y sus propios problemas, de imperios encontrados, leyendas y canciones, y especialmente de relaciones en todo aquello que acabo de mencionar. Es este detalle el que da unidad a todo lo que conforma El Gran Reino, y es su mística en aquello que sobrepasa lo meramente mortal lo que aporta ese juguillo, esa esencia que fascina como poco es capaz de hacerlo. Respecto a la historia, se desarrolla desde varias perspectivas a la vez, siendo las más importantes (aunque no las que más me encantaron)

las historias de Hesión, un general del Gran Reino enfrentado con el sádico Yaroslav —también general del Gran Reino—, de noble porte y cimentado en el honor más puro. Por otra parte, la historia de Eithne, una joven con quien comparte el mayor de los amores por Hesión y que tiene una misión en su vida: renovar la alianza con los antiguos dioses y recuperar la magia del mundo. Todo ello mientras se desata una serie de intrigas palaciegas que hace danzar a todos los personajes, tanto secundarios como principales, al son de música de marionetista y al redoble de los tambores del Kan Magnus, el monstruoso rival del Gran Reino, ambos en guerra activa. Quizá otro de los puntos más sobresalientes de la novela, aparte de la creación del vasto universo, sería el otro punto de vista, el del personaje más carismático de toda la novela: Autólico de Sandria. Desde un principio, Conde apuesta por un juego metaliterario, en el que asegura que el libro que posee

«Aunque la divinidad se codea con el mundo mortal, lo único de lo que te dan ganas es de seguir leyendo, lenta, cómodamente, sentado en un sofá con una taza de café en la mano» entre sus manos no es obra suya, sino una adaptación en prosa del mismísimo Autólico de Sandria, un hombre letrado del mundo en el que se ambienta La Orfíada. Si a eso le añadimos que su historia está contada “bajo su punto de vista” y que el mismo Autólico interviene brillantemente durante toda la novela, nos encontramos

con uno de los detalles más destacables de la obra. Una cosa que quizá me disgustó un poco de la historia es el final. No es que sea malo, sino que la historia, desde principio a fin, ha demostrado poseer una épica destacable, ha mantenido un nivel de hazañas exageradas pero bien medidas, y es su final tan realista, tan humano, el que me saca un poco de la ficción. Los personajes se vuelven, en las últimas páginas, más humanos de lo que me hubiera gustado, sin embargo, son exactamente lo que tienen que ser, independientemente de que a un servidor le fascine más o menos. Otro punto quizá más reprochable, y regresando a lo que comentaba anteriormente de la prosa basada en las epopeyas de la antigua Grecia, es precisamente que hay partes que carecen (o mejor dicho, flaquean) de esa virtud: la narrativa se vuelve más calmada, el diccionario del que hacía mención ya no es tan necesario, y todo se vuelve más mundano. Y con ello, también el ritmo de la novela. No obstante, no decae en ningún momento hasta hacerte pensar en dejar de leerlo: la historia te atrapa de principio a fin, algo que en sí mismo es dificilísimo de lograr, y aunque la divinidad se codea con el mundo mortal, lo único de lo que te dan ganas -porque es a lo que invita- es de seguir leyendo, lenta, cómodamente, sentado en un sofá con una taza de café en la mano. Esas partes las dirige el sosiego, uno bien ejecutado aunque, eso sí, algo excesivo. En definitiva, La Orfíada es una historia antigua y a la vez moderna, contada de forma vetusta y actualizada, y aunque la amalgama en sí misma pueda hacer que te preguntes “¿es buena idea?” yo te puedo asegurar que sí. Y si tu idea es perderte en un nuevo como nunca has visto, este mundo, es tu mundo. 23


LITERATURA

EL PERIPLO DEL JINETE

La Canción del Jinete, la primera novela de la tetralogía Historia de Aos del autor Adrián Trujillo Marrero da el pistoletazo de salida a una nueva saga de fantasía épica, ambientada en el atípico mundo de Eg’d Aos.

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l artista y escritor Adrián Trujillo Marrero se estrena en el mundo literario con una obra de fantasía, una creación genuina que cuenta con múltiples elementos tanto clásicos como inéditos en el género. Magia, leyendas, guerras, seres fantásticos, canciones y una sociedad poliétnica enganchan desde un primer momento, todo ello aderezado con una aventura en búsqueda de la verdad, plagada de obstáculos y curiosos personajes que vienen y van en el transcurso de la misma. Muchas otras sorpresas esperan a aquel que decida continuar sus andaduras con La Canción del Jinete. Se nos invita en La Canción del Jinete a seguir de cerca las aventuras del joven Lathyro, un muchacho lleno de curiosidad por el mundo y un afán por conocer la verdad subyacente a las cosas que, como es de esperar, le llevará a sobrepasar sus límites y fronteras. La motivación clara del personaje es de los elementos más inspiradores de la obra. A nivel interno por el tesón que muestra Lathyro en su actuar; a nivel externo porque hace de él un personaje realista y verosímil. En la misma línea, aquellos personajes con los que se cruza tienen una personalidad bien definida y en la mayor parte de las situaciones, aquellas relevantes, un motor interno justificado que les impulsa a obrar de forma coherente y consistente. Esto que 24

SERGIO M. T. @sirsergiomoral pudiera parecer una obviedad es ciertamente un elemento crucial en cualquier historia que se precie si lo que se quiere es simular una realidad alternativa, donde el escritor no es un dios que decide todo lo que ha de acontecer, sino

que se puede ver forzado a ponerse en la piel de personaje, tomar decisiones y dejarse llevar, haciendo que la historia fluya de forma natural, nunca forzada. Todo ello permite sumergirse en la historia y empatizar profundamente con los personajes. Si uno está dispuesto a ello, claro. La historia se desarrolla en Eg’d Aos, que en el la propia lengua de la historia significa «Tierra de Todos». En líneas generales podemos decir que el escenario tiene base en la época medieval europea, suplementado con aquellos elementos que permite la fantasía y la imaginación. Comienza la trama en la

isla de Iluzà, donde todos poseen ojos color lapislázuli, peculiaridad que no debe pasar por alto, pues tiene un papel protagonista tanto en la cultura histórica interna del libro como en los acontecimientos que se suceden y que tocan de cerca a Lathyro. Su vida transcurre en la pobreza, en robar para vivir, en dormir con un ojo abierto, en un mar de preocupaciones que se ven algo eclipsadas por la naturaleza alegre y curiosa del muchacho. Todo hasta que un desconocido lo rescata de una peliaguda situación y decide acogerlo a su propia manera. Esto desata toda una serie de acontecimientos y es sin duda un gran punto de inflexión en su vida, llevándolo a recorrer gran parte del reino, interactuando con otras razas, poniendo en riesgo su vida y creando profundos lazos en el camino. Es también destacable el contexto histórico que tiene como fondo el libro. La sensación de que ha llegado uno cuando toda la acción ha pasado es inevitable, pero nada más lejos de la realidad. Los secretos que los ganadores de una guerra entre razas han ocultado al mundo gritan por salir a la luz, aunque el esclarecimiento de los detalles no promete tener una pronta resolución. Además, la tensión entre las razas está condenada a desembocar en nuevas situaciones conflictivas, dotando de acción


y tensión a esta novela de fantasía. Por supuesto, no todo en el libro es jolgorio o batalla: los sentimientos también encuentran su hueco entre las páginas e invitan a la reflexión y la introspección. Todos los aspectos básicos se recogen en este ámbito desde la visión personal y la mente del mismo Lathyro, resultando un tanto irracionales o incoherentes en ocasiones y demostrando así una vez más la verosimilitud del protagonista como personaje humano de ficción. Entre las peculiaridades de la obra destaca la inventiva de una amplia gama de especies. No solo nuevos y únicos animales pueblan este mundo, también la flora en su conjunto es absolutamente original. Sus propiedades, sabores, olores, formas… Todo ello elaborado con sumo cuidado, descrito eficientemente, dibujándose semejante variedad en la mente de aquel que lee. La fauna y la flora dotan así al fantástico mundo de Aos de vitalidad y color, despertando la curiosidad del lector y proveyendo de un marco global que fomenta de nuevo la inmersión del lector en la historia. Además, estas invenciones no quedan en un plano anecdótico, sino que son empleadas o tratadas a conveniencia por los personajes y tienen un papel activo en este nuevo mundo de fantasía en general y en la aventura de Lathyro en particular.

«Las analogías con el mundo real en aspectos similares despiertan de forma natural una crítica social». Asimismo, y como ya se ha anticipado, se incluyen diversas razas a la altura de la humana, como son los snorak, los tnaig o los yrah, todos con sus tradiciones, religio-

nes, idiomas e incluso estereotipos. Más allá de las características que estas especies puedan tener, resulta de particular interés las interacciones entre ellas. De la ausencia de contacto hasta la cooperación, pasando por el odio más profundo, pudiendo este ser terriblemente irracional o consistentemente justificado. Sea intencionadamente o no, las analogías con el mundo real en aspectos similares despiertan de forma natural una crítica social, una condena a fomentar las diferencias y un llamamiento a la hermandad por el bienestar psicosocial de los implicados. No queda ahí el carácter reivindicativo de la obra, pudiéndose interpretar una crítica al acontecer de los hechos en la historia y a la forma en que éstos se transmiten y quedan grabadas. También a la obcecación en actuar de determinada manera y no cuestionar lo que se nos viene dado, o a preservar las tradiciones por muy burdas o contraproducentes que estas puedan ser. Los lectores más ávidos encontrarán en La Canción del Jinete un estilo y prosa no triviales. La intencionalidad en el léxico y la escritura en general permiten una lectura ligera a la par que interesante. La reciente incorporación de Adrián Trujillo al público no debe, pues, ser interpretada como falta de experiencia, sino al contrario: como el resultado de un arduo trabajo y un interés, esfuerzo y éxito en el refinamiento de las técnicas que a otros, como meros lectores, nos quedan lejos del alcance. Dedico una especial mención al mimo del que gozan los detalles, englobando en este conjunto a la riqueza en la creación de especies animales, vegetales y seres antropomórficos, así como las descripciones de situaciones y entornos. Las vidas de los personajes, la historia de las regiones, las variopintas orografías, las ciudades, las múltiples

tradiciones, las canciones —que rezo sean audibles algún día— y un largo etcétera, incluidas sutilezas que me cuesta verbalizar. Queda claro que la obra que tenemos delante reúne más que suficientes elementos, agradablemente entrelazados, para que el lector solo tenga que preocuparse de buscar un lugar tranquilo para margullar en la historia y perderse en las páginas.

«Hay muchos cabos sueltos que se verán firmemente anudados en las siguientes entregas». Como es usual, la historia no acaba cuando termina el libro. Hay espacio para la imaginación y la especulación, ofreciendo más horas de júbilo fantaseando sobre lo próximo que hubiera de ocurrir. Esto no significa que exista un final completamente abierto, sin conclusiones. De hecho, la historia tiene su propia conclusión, y en palabras del propio autor, hay muchos cabos sueltos que se verán firmemente anudados en las siguientes entregas, cuyas ideas ya están ampliamente desarrolladas y revisadas. Por consiguiente, apostar por La Canción del Jinete es apostar por un disfrute a largo plazo. La Canción del Jinete es por tanto una elección excelente accesible tanto al público veterano en el género como a aquellos que quieran estrenarse en los mundos de fantasía, ofreciendo un trasporte duradero a un reino de aventuras e intriga que poco distan de lo que uno busca encuentra en las más conocidas entregas de épica. La intriga y las aventuras no dejarán a nadie indiferente. Es sin duda alguna un título que estaré orgulloso de tener en mi estantería. Altamente recomendado. 25


LITERATURA

EL FUEGO DEL AYANTEK

Miriam Jiménez Iriarte nos regala una obra inusual tanto en su contenido como en su nomenclatura. Ayantek es el producto final de retorcer las cosa hasta su extremo.

L

a autora de esta obra es Miriam Jiménez Iriarte, natural de Pamplona y nacida en 1975. Fue la ganadora del I Premio Ripley de Ciencia Ficción y Terror en 2017, con su relato Granja-357. Forma parte de la Sociedad Tolkien Española y pertenece al Proyecto Artemisa, que desarrolla junto a un grupo de escritoras valencianas, centrando sus obras en los géneros de ciencia ficción, fantasía y terror. Ayantek, lanzado por la editorial Insólita en abril de este mismo año, es su primera novela y posee características de estos tres géneros. No es una novela fácil de catalogar, ni de experimentar, pero es una experiencia única que recomiendo sin lugar a dudas. No a todo el mundo le gustará, pero tengo claro que a nadie dejará indiferente. La excelente portada ilustrada por Fran Mariscal Mancilla atraerá tu atención. Y mis palabras serán el cebo que intentará atraerte a leerlo. Te advierto: esta novela es como un chupito de absenta en ayunas. «En este mundo duele todo». Crodak. No te voy a engañar, antes de leer este libro debes mentalizarte sobre algunas cosas. Casi hasta el final va a persistir esa sensación de confusión. Experimentaras de manera frenética los hechos y, en muchas ocasiones, sentirás que te 26

CRISTIAN BLACKBEARD @usuario falta el aliento. Te vas a adentrar en un mundo que es dolor, sufrimiento, decadencia, una oda a la supervivencia. Huele a sangre, a sexo, a excrementos y a vísceras recién extirpadas. Sabe a cerveza, a mejillones, a tierra y sobre todo a

FUEGO. Lo envuelve el sonido de los llantos, de los gritos, de súplicas ignoradas, del tintineo metálico y de huesos quebrándose. Se siente oscuro, aterrador, frío y cruel. Su manera de escribir es directa, con frases cortas de palabras milimetradas. Huye de la hiperdescripción y carga cada párrafo de intención. Con ello busca dar datos justos y precisos sobre lo que está ocurriendo, así tu cerebro tendrá que potenciar la imaginación para rellenar todos los huecos, ocupando así toda la atención. La distracción obliga a releer las escenas. Tu experiencia y la mía posiblemente sean diferentes, y eso le da mucho

potencial. Busca hacerte partícipe directo de lo que les ocurre a los personajes, bajo mi punto de vista, con gran éxito. De su narrativa destaco las escenas de acción y la ambientación general, en ambos casos con matices transmite a la perfección la atmósfera del momento. Sus palabras son certeras y se dirigen a donde duele. Todo ocurre muy rápido, como en fotogramas encadenados, es una lectura que invita a dejarse llevar por la espiral frenética que propone la autora. Es fácil empezar a leer, muy difícil parar e imposible de olvidar. Custodiado entre sus páginas, encontrarás un entorno hostil del que apenas obtendrás explicación, salvo que se desarrolla en tres ciudades, Avacornis, Phadag-Llungan y Champtalion. Pronto entenderás sus normas. La sociedad está dividida en dos grupos: los Bendecidos, elegidos por los dioses, que poseen un misterioso Don el cual utilizan para sanar, viven en la zona rica de las urbes y están vinculados a la Voz, quien gobierna todas las vidas, mediadores de las deidades a las que llaman Ghyldif. Del otro lado están los Durmientes, la mayoría de la población, desprovistos del Don, marginados que viven en las zonas más desoladas, empujados a hacer lo que sea necesario para vivir un día más, lo que sea. Al caer la noche extrañas criaturas azotan el mundo, las llaman Zamu-


ris, que persiguen y asesinan a todo lo que se mueve sin la protección adecuada. Durante parte del año cae lluvia ácida. La vida humana es una mercancía. Ansían alcanzar el Ayantek, que entienden como el paraíso y luchan con todas sus fuerzas para evitar caer en el UdHaddkram, su antítesis, similar al infierno. La historia está contada en tercera persona, con la particularidad de que carece por completo de diálogos internos de los personajes, no llegamos nunca a conocer cómo piensan del todo y eso da mucho margen a la interpretación. La autora realiza un juego de desorientación con quienes se embarcan en la travesía de esta lectura, juega con la narrativa desde el punto de vista de diferentes personajes, que van alternándose capítulo a capítulo para dar desarrollo a la historia, sin dejar nunca claro los lapsos de tiempo. Resulta palpable la constante sensación de subjetividad. Este es un mundo que se compone de muchas realidades distintas que se distancian y pliegan constantemente, convergiendo entre sí. Con respecto a los personajes, inicialmente se nos presenta a Asterkia, una recia mujer que no se lamenta por las duras condiciones que le han tocado vivir. Pelea como una guerrera para salir adelante, la violencia y el FUEGO son sus mejores herramientas. Junto a ella va Crodak, un niño que está a su cargo. Posteriormente conocemos a Kora, la hija del director de la Escuela de Sanación de la ciudad de Avacornis, Dalcido. Pese a ser de un linaje de Bendecidos y a sus múltiples esfuerzos, su Don no ha despertado y su vida se ve muy condicionada por ello. Gracias a ella conocemos el contexto de la ciudad, de la escuela y de la sociedad, conocemos también a Yune, una particular niña pequeña con un innato sentido de la supervivencia,

pero sobre todo lo conocemos a él. Maese Fiacco es el profesor de anatomía, y pronto comprendemos su pasión por los experimentos y sus depravaciones, que representa, en cierta medida, la decadente esencia del mundo que ha creado la autora.

«La construcción y la evolución de los personajes va en sintonía con la quintaesencia del propio mundo». En la taberna a la que llaman Dragón Azul conocemos a otro de los personajes. Un mercenario que se hace llamar Chotocabras. Es un orgulloso champtaliano. El color de su piel le hace protagonista de viejos odios, de una hostilidad manifiesta por gran parte de la población. Pronto descubrirá que la ciudad esta controlada desde las sombras por Lobo, una misteriosa persona que utiliza a un grupo de mercenarios para imponer su voluntad. Esta banda esta comandada por Puño y materializada en sus Dedos, otro de los personajes que tiene su protagonismo dentro de la narración. Por último, cabe nombrar a Mysthael, un extraño demonio. La construcción y la evolución de los personajes va en sintonía con la quintaesencia del propio mundo. El clásico binomio de buenos frente a malos, con sus características tradicionales queda obsoleto para describirlos. El concepto del Periplo del Héroe/Heroína se presta en esta novela a un amplio debate. En definitiva, la autora nos presenta un mundo muy lejano de lo políticamente correcto de nuestros días, ahí no se salva nada ni nadie. De un análisis más profundo de los aspectos sociales que refleja en sus

líneas me gustaría destacar el papel protagonista que tienen los que generalmente son secundarios, los menos favorecidos, es decir, los que no son la élite. También, la crueldad o el dolor que representa esta obra de ficción no esta tan alejada en ciertos aspectos de la realidad que se vive en muchos rincones de este, nuestro mundo real. Esto hace que, aun sabiendo que sus pilares son la ciencia ficción y fantasía, la historia resulte creíble, terriblemente creíble. Por otra parte, los aspectos sobre tradición y religiosidad están presentes en el fondo de la novela, así como la gran brecha entre las clases sociales. Con respecto al final, a mi personalmente me ha gustado. La novela en general me ha dejado exhausto, en cierta manera conmocionado y me ha obligado a reflexionar. Deja un sabor en el paladar que tarda unos días en diluirse. Como la absenta. Dicen que el diablo vive en los detalles. Mi espíritu de historiador brama a causa de esos claroscuros que jamás son explicados al detalle. La curiosidad araña mis entrañas anhelando conocer más sobre la historia pasada del mundo y, sobre su futuro. Es un libro que te invita a releerlo, a buscar respuestas ocultas a todas esas preguntas. He de confesar que elegí esta novela por su sinopsis, algo captó mi atención. No conocía la obra de la autora, pero después de terminarlo puedo asegurar que jamás la voy a olvidar. Estoy decidido a continuar con la lectura de sus múltiples relatos. Su trabajo es una experiencia que quiero repetir. Espero que esta sea la primera de muchas recomendaciones literarias. Y, sobre todo, deseo haber despertado en ti la curiosidad suficiente para que te des la oportunidad de experimentar lo que Miriam Jiménez Iriarte esconde entre las tapas de Ayantek. 27


EL LEGADO DE GO NAGAI

CÓMIC/N. GRÁFICA

Devilman y la catastrófica existencia del ser

JOEL GALLEGO @MediaSonrisa

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l diablo está en los detalles. No podía ser de otra forma. Eso lo comprendía Go Nagai, así como entendía las dicotomías existentes en la naturaleza del ser humano y, por extensión, las de la propia divinidad. Go Nagai, padre del archiconocido Mazinger Z, también creó otra obra que, si bien no llegó a las cotas de popularidad del robot gigante, ha tenido una repercusión significativa en la cultura nipona influenciando a autores como Kentaro Miura o Hideaki Anno, con sus respectivas obras Berserk y Neon Genesis Evangelion. Hablaremos entonces de esa creación que ha susurrado a gritos: Devilman. Pero antes, amarrémonos el cinturón y conozcamos un poquito a su creador e historia previa. Go Nagai (Wajima, 1945) es uno de los mangakas más conocidos e influyentes del género. Dio el salto a la fama con su obra Harenchi Gakuen en 1968, pu-

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blicada desde el primer número de la revista Shonen Jump. Aquí introduciría elementos que serían característicos de sus obras, basados en la violencia y el erotismo. Es considerado el primer manga ecchi, incorporando estos elementos en el manga moderno de corte juvenil. Esta deriva rompedora de tabúes sociales que en un principio benefició a la Shonen Jump, fue demasiado polémica e impactante para la sociedad japonesa del momento, demonizando al autor y toda su obra. Cuando Go Nagai decide cerrar su obra en 1972, lo hizo de la manera más abrupta, polémica y escandalosa posible, posicionando a los detractores de la obra como los ejecutores del propio final de la misma. Así pues, Nagai encontró su camino a seguir, siempre teniendo muy en cuenta los límites establecidos y jugando con la provocación como aliada a favor del cuestionamiento de los límites éticos y morales,

siendo de este modo reconocido como el primer mangaka seinen. En 1971, el mangaka crea Mao Dante, un relato crudo y violento inspirado en La Divina Comedia, en el que plantearía de forma bastante serena el enfrentamiento del bien y del mal, utilizando a los demonios como vehículo del relato, el cual quedó inconcluso por motivos nunca especificados. Pese a ello, el manga es un éxito que atrae la mirada de la atenta Toei Animation, quienes querían transportar la historia al anime, pero de distinta forma. De este modo, en 1972, nace Devilman. Inspirado claramente y de forma directa de su anterior manga, Nagai desarrolla una misma historia con dos tratamientos muy distintos y una resolución diametralmente opuesta. Por un lado, el anime le daba la oportunidad de tener un acercamiento hacia un público más amplio y joven; por otro lado, el manga exploraba de una forma más violenta y cruel el mismo planteamiento, dirigido a un público más adulto. Pero ambas compartían, no solo el hecho de tener a un demonio que lucha contra demonios, sino la profundidad terrenal de la misma historia en sí, trascendiendo el mito y forjándose mediante el humano que debe afrontar este tipo de cuestiones en un relato puramente antibelicista y que nos plantea lo terrible de la condición del ser humano. Cabe mencionar que, gracias a


este manga nació la que sería, y de lejos, su obra más conocida. Mazinger Z surgió en el mismo año como un mero entretenimiento para desconectar del agobiante proceso creativo al que el mangaka se sometía con Devilman. Así pues, en julio de 1972, se estrena la adaptación al anime de Devilman y, en diciembre del mismo año, Mazinger Z. Ambas obras acabarían siendo versiones bastante más descafeinadas y adaptables a un público más amplio que las obras originales. Especialmente la demoníaca. Desde entonces, tal y como pasó con Mazinger, Go Nagai, con el paso de los años ha hecho, rehecho, participado y aprobado una cantidad enorme de remakes, crossovers, animes, ovas, enfoques nuevos y totalmente diferentes y nunca antes vistos de la misma historia. Tenemos algunos pocos ejemplos de mangas como Devilman, Shin Devilman, Violence Jack, Devilman Returns, Devilman Lady, Devilman Grimoire, Devilman vs Hades y animes como Devilman, Mazinger Z vs Devilman, Devilman: Genesis y Devilman: Silene,Devilman Lady, Amon: Apocalipse of Devilman, Cyborg 009 vs Devilman y el más reciente Devilman: Crybaby. Entre otras muchas adaptaciones más en los mismos e incluso otros medios. Es destacable especialmente la

última adaptación de esa vorágine demoníaca surgida en 1972. Y es que, en enero del 2018, Masaaki Yuasa y Netflix trajeron de vuelta al demonio mediante Devilman: Crybaby, un remake fresco y ágil que adaptaba la esencia fiel de la historia original a nuestra realidad más actual y rabiosa. Gracias a esta nueva versión, la obra de Go Nagai ha expandido sus horizontes llegando y calando de manera más notable y generalizada a la sociedad occidental, sirviendo como impulso para conocer (y reconocer) la obra de Nagai a un nivel mucho más internacional, con una repercusión que trajo consigo bastante polémica, tal y como se esperaría de ella. Además, hay que mencionar que, pese a las innumerables versiones existentes, los factores en común son los mismos y mantienen milagrosamente la esencia del propio Go Nagai, que parten de la historia base en la que Akira Fudo, un joven tímido e introvertido que representa una bondad absurda, es poseído por Amon, el señor de la guerra demoníaco, convirtiéndose en una mezcla de humano y demonio. De ahí, sorpresa, su título: Devilman. A partir de aquí, Akira no solo tendrá que luchar contra el mismo, sino contra otros demonios, enfrentándose a verdades demasiado dolorosas y crudas en un mundo

que, ya sin demonios, no es precisamente amable. En España, aunque de forma un tanto tardía, cabe mencionar que la editorial IVREA empezó a publicar Devilman Grimoire en diciembre de 2018, que se completará con un total de 5 tomos. Esta es una nueva versión del clásico, con un acercamiento hacia la brujería y los aquelarres propios de la misma, pero manteniendo la esencia del original, con la idea original del propio Go Nagai y un guion y dibujo de la mente y mano de Rui Takato. Por otro lado, Panini Comics, empezó en abril de este 2019 a publicar en lo que serán 3 tomos, el manga original bajo el título Devilman: The First. Este es el producto original nacido de los sesos del propio Nagai. Ambas han sido obras inéditas en España hasta la fecha, estando

ante un suceso único e histórico del manga en este país. A ver si dejamos de apretarle un poco las tuercas a Mazinger y bailamos un poco más en los aquelarres de Amon. 29


YO, ALTARRIBA

CÓMIC/N. GRÁFICA

Repaso a la obra, a la vida.

EL ÁRBOL BLANCO @El_Arbol_Blanco

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al vez hoy en día el comic más vendido sea el manga japonés, o los títulos de grandes franquicias como son Marvel o DC. Pero los amantes del arte gráfico conocen, además de todo eso, a grandísimos autores capaces de plasmar ideas rocambolescas pero muy interesantes entre sus páginas. Si nos queremos acercar al comic producido en España hay una serie de autores a los que no podemos ignorar. Tal vez si pensamos en historietas divertidas

Española y una ama de casa muy religiosa. Sus padres, Antonio Altarriba Lope y Petra, parecía que no podían ser más distintos, algo de lo que ha presumido el autor varias veces. Su padre vivió exiliado en Francia desde el fin de la Guerra Civil Española hasta principios de los años 50, cuando volvió a Zaragoza. Por su afinidad con el país vecino, la familia pasaba largos veranos en Francia con amigos de su padre de la época de la guerra.

se nos venga a la cabeza el gran Ibañez con Mortadelo y Filemón, pero desde luego si pensamos en historias con un toque realista, maduro y mordaz nos acordaremos de Antonio Altarriba. Nacido en Zaragoza en 1952, fue fruto del amor de un anarquista excombatiente en la Guerra Civil

Tras un problema con uno de sus socios, pronto le embargaron a la familia todos sus bienes y propiedades, dejando a la familia en la penuria. A pesar de ello, Antonio pudo estudiar Filología Francesa y llegar a ser catedrático de la Universidad de El País Vasco. Siempre le gustó escribir, y según

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él mismo afirma, creaba cómics desde temprana edad. Fue en los años 80 cuando comenzó a publicar obras suyas con el grupo Bustrófenon y colaborando luego con el dibujante Luis Royo en sus obras De Vuelta (1983) y Desfase (1987). Continúa publicando desde entonces, aunque su salto a la fama y los premios nacionales e internacionales llegan en el año 2009 con El Arte de Volar, dibujado por Kim. En esta obra, madura y real, plasma la historia de su padre desde su nacimiento en 1910 hasta su suicidio en 2001. Un guion que trata de ser objetivo y crudo, donde plasma a toda la generación de supervivientes de una guerra y el vaivén entre campos de trabajo y precariedad en los territorios coexistentes de Francia y España. La historia comienza y termina con la vida de su padre, el protagonista, tirándose desde el balcón de la residencia de ancianos donde está viviendo. Años después, Antonio vuelve a colaborar con Kim publicando El Ala Rota (2016), que es la otra cara de la moneda de El Arte de Volar. En este comic biográfico, la protagonista es Petra, la madre de Antonio Altarriba, y entre las dos novelas gráficas se forma un díptico que repasa la historia


política y social de la España del siglo XX. En su lecho de muerte en 1998, donde comienza la historia, Antonio descubre que su madre no puede doblar ni desdoblar el brazo izquierdo. «¿Desde cuándo?», le preguntó. «Desde siempre», le respondió sin más detalles. Nadie de la familia, ni siquiera su padre, se dieron cuenta jamás de esta invalidez. Antonio ata cabos y cree descubrir que el problema probablemente radique en el intento de asesinato de su abuelo hacia Petra nada más nacer ella. «No sé cómo pudo esconder y disimular esa invalidez toda la vida. Nunca se quejó. Luego piensas y ves que de niño me decía, “cógete de mi brazo”, “de este”, especificaba, y en las fotos siempre lo tenía doblado. Eso refleja ese anonimato y el silencio en que vivían las mujeres de su generación, que no le daban importancia a sus vidas, que no creían que debían ser contadas y que pasaron cuidando de los demás. Eran invi-

sibles, como ella hizo invisible esa minusvalía. Son la trastienda de la historia». Los autores se centran en este caso en contar cómo vivió Petra, siempre al cuidado de su familia, y aprovechan su protagonismo para contar la realidad de las mujeres durante la caída de la monarquía, la Segunda República, la Guerra Civil, la dictadura franquista, el exilio y la Segunda Guerra Mundial. Otra de sus obras más aclamadas ha sido Yo, Asesino. Publicada en 2014 en colaboración con el dibujante Keko, la historia gira en torno a Enrique Rodríguez, un profesor universitario de Historia del Arte en la universidad del País Vasco aficionado a matar. Enrique no mata por venganza ni por obtener algo a cambio: Sus impulsos van más allá y se centran en el placer de arrebatar una vida.

La historia comienza con una sencilla frase que resume toda la historia: «Matar es un arte». Enrique se considera un verdadero artista en este placer, y los autores aprovechan todas las posibilidades para mostrar una historia realista y cruel. Los dibujos de Keko, además, al ser crudos, usando solo el blanco y negro, con la única presencia del color rojo de la sangre, casan estupendamente con la historia que nos cuentan los dos autores. Cabe añadir una segunda parte, Yo, Loco, un thriller psicológico que trata los problemas mentales bajo una perspectiva íntima y dura. En esta obra, además, existen varios cameos y referencias a su predecesora, formando una lectura perfectamente individual pero que además cobra como proyecto un carácter más estructurado e interconectado. Fue publicada en este 2019, repitiendo el equipo creativo de los galardonados artistas. Se espera cerrar el proyecto con una tercera parte, de la que de momento sólo se conoce el título: Yo, mentiroso. Antonio Altarriba tiene decenas de obras publicadas, además de las nombradas, entre guiones, ensayos y novelas. Tal vez quedarnos sólo con un puñado de ellas sea como vislumbrar la luz al final del túnel de lo que este autor puede proporcionarnos, ya que sus guiones demuestran una madurez que lo alejan bastante de los cómics más superficiales a los que la industria nos tiene acostumbrados. Y es que, al darnos a conocer una obra tan íntima y personal, este autor nos permite acercarnos un poco más a la complejidad de las relaciones y la psique humana. Un poquito más a nosotros mismos. 31


ARTISTAS

PORTAFOLIO

JOEL BOERI JOEL BOERI NACIÓ EN LA LAGUNA, TENERIFE. DESDE UNA EDAD MUY TEMPRANA MANIFESTÓ SU INTERÉS POR LA ILUSTRACIÓN. ACABÓ EL GRADO EN BELLAS ARTES EN LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA . DENTRO DE SU TRABAJO DESTACAN SUS OBRAS INFLUENCIADAS POR LA NATURALEZA Y DE UN CORTE ARTÍSTICO CON CLARAS REFERENCIAS DEL STUDIO GHIBLI.

J

oel Boeri nació en La Laguna el 28 de octubre de 1995 y se crió en el seno de una familia multicultural.

Siempre inspirado por el dibujo, la pintura y el arte en general, mostró un gran interés por el campo artístico a una edad muy temprana. Siendo muy joven decidió iniciar sus andaduras, como muchos otros en su entorno antes que él, tomando clases particulares de pintura. Pero no fue hasta que llegó a segundo de bachillerato cuando estudia seriamente la posibilidad de dedicarse a ello. Así pues, un año más tarde, se matricula en el grado en Bellas Artes en la Universidad de La Laguna, brindándose la oportunidad de estudiar de primera mano las verdaderas bases del dibujo. Aunque a sí mismo se considera un artista versátil y polifacético, siempre sintió una gran atracción por los paisajes, transformando esto en una auténtica devoción. Desde que comenzó a trabajar el paisajismo por primera vez, supo que ese sería el camino que seguiría y que acabaría por añadir 32

a toda su obra de su propio toque personal. Con esta idea en mente, Joel aprendió a dotar sus trabajos de un lenguaje más plástico y surrealista, un estilo que va a medio galope entre los fantásticos mundos que nos ofrece Hayao Miyazaki en sus obras con Studio Ghibli y su propio estilo, único y personal. Pese a los elementos fantásticos —en cualquiera de sus formas— que utiliza frecuentemente en todas sus obras, los elementos y las bases del paisaje se conservan por encima de estos. Para Joel, el paisaje es el fundamento básico de su obra, y respetarlo es el Santo Grial de la misma. En sus propias palabras, su obra

inclina su temática hacia una traducción «mágica y espiritual» de la propia naturaleza. Así, la contempla, la analiza, la transporta a su dominio, la vuelve a contemplar y la transforma a su antojo, plegándola hasta obtener lo que preten-

de: un mundo único que te sacude las entrañas del alma.


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ARTISTAS

PORTAFOLIO

VERÓNICA MG VERÓNICA MG ES UNA ARTISTA VISUAL 2D, ILUSTRADORA Y DISEÑADORA GRÁFICA. DIO SUS PRIMEROS PASOS EN TENERIFE Y HA SEGUIDO DESARROLLANDO SU CARRERA HASTA AHORA ENTRE MADRID Y BARCELONA, DONDE CURSÓ UN POSGRADO EN ILUSTRACIÓN APLICADA EN LA BAU. SU MEDIO ES EL ARTE DIGITAL, EL DISEÑO DE PERSONAJES Y EL CONCEPT ART.

V

erónica Martín, más conocida como Verónica MG, es una ilustradora y artista conceptual venezolana. Graduada en Diseño por la Universidad de La Laguna, ha desarrollado su carrera como profesional del sector en Canarias, así como en Barcelona tras graduarse en el posgrado de ilustración por la BAU Design College of Barcelona. Empezó desde muy joven a dibujar todo aquello que se le ponía por delante, siempre llena de inquietudes, retándose a sí misma a trabajar aquello que más le costaba y a fortalecer lo que más la fascinaba. Comenzó obsesionada con el dibujo tradicional, entre las que destacan varias obras que ha expuesto en diferentes salas de exposición como Merkarte, el Tenerife Espacio de las Artes, el Círculo de Bellas Artes, entre otros. Dentro de las técnicas tradicionales, Verónica se desenvuelve mejor con el lápiz, la tinta, el gouache y las acuarelas. Sin embargo, y consciente del impacto que tienen las técnicas di36

gitales en los nuevos tiempos, también se ha desenvuelto eficazmente con estas técnicas. Pocas son las herramientas digitales que no conozoca, realizando obras de corte más artístico en Photoshop, Procreate, SAI, Krita... hasta otras de estilo más técnico, como es el caso del Illustrator o programas de vectorización similar. Esa flexibilidad ha sido, precisamente, la que la ha ayudado a abrirse camino en el mundillo, realizando trabajos de ilustración para distintos medios como las revistas Principia y Gamereport (ambas de Madrid). También le ha permitido trabajar como pixel artist para la empresa de videojuegos canaria PlayMedusa. Si quieres conocer más sobre el trabajo de Verónica MG, no dudes en echarle un vistazo a su

web portafolio, o a sus redes sociales, donde puedes encontarla en Instagram, Artstation, Behance y Twitter.


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ARTISTAS

PORTAFOLIO

CRISOL CROWLING CRISOL CROWLING ES UNA ILUSTRADORA QUE COMBINA DE FORMA MAGISTRAL LA TÉCNICA TRADICIONAL CON LA DIGITAL. CON UN ESTILO QUE RECUERDA A LAS OBRAS DE VICTORIA FRANCÉS, HA DESARROLLADO UN APARTADO VISUAL ÚNICO EN EL QUE SE DESENVUELVE DE FORMA EXCEPCIONAL.

ferente del dibujo fantástico que, en ocasiones, recuerda al trabajo de la valenciana Victoria Francés.

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risol Crowling es el pseudónimo artístico de la ilustradora grancanaria (aunque actualmente viviendo en Tenerife) Crisol Rodríguez Medina. Graduada en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, esta joven artista nacida en 1992 ha volcado todo su tiempo y su talento en la ilustración, convirtiéndose poco a poco en un re40

Su estilo es una mescolanza entre el arte tradicional, empleando para ello técnicas mixtas, con toques en digital. Dentro de sus herramientas destacan el uso del café, los pasteles, los lápices de colores, las acuarelas y la magia que solo el software es capaz de otorgar. Con una meta bastante clara, Crisol Crowling tiene entre sus objetivos trabajar en una editorial como ilustradora, y mientras sus objetivos van dando sus frutos, realiza trabajos por encargo en compañía de sus dos adorables gatas, Bicho y Sureña. Asegura que la inspiración no procede de un único lugar, sino que tiene diferentes orígenes:

desde la contemplación de las obras de sus artistas favoritos hasta escuchar música o leer grandes historias. Todo ello ha generado que Crisol Crowling haya podido desarrollar un estilo propio, fácilmente distinguible, que lleve por enseña su sello de identidad y su propia calidad artística.


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EVENTOS

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n el año 2014, unos exuniversitarios asiduos a Multicines Tenerife y a “Comic al cine” —antiguas charlas organizadas en este lugar—, decidieron poner en marcha un proyecto que vería la luz dos años más tarde, en 2016. Estos exuniversitarios son Ramón A. Trujillo, Fernando de Iturrate y Alberto Nubla, fundadores, precursores y miembros activos de Charlas de Cine. Este proyecto nace de la idea y necesidad de traer a la gran pantalla clásicos del cine de cualquier género, y una gran variedad de películas y proyectos menores, bien sean internacionales o de índole nacional, regional o local. Así, Charlas de Cine se ha encargado de traer durante estos tres últimos años a Multicines Tenerife (C.C. Alcampo La Laguna), títulos de culto como Psicosis, Encuentros en la Tercera Fase, 2001: Una odisea en el espacio, El día de la bestia, y también títulos más recientes, de gran impacto y con muy buena acogida por el público en las charlas, como Errementari: El herrero y el diablo, Blade Runner 2049, Alien: Covenant o Matrix (en su 20.º aniversario). Además, cabe destacar sus “Ciclos de Cine”, que se desarrollan a lo largo de todo un mes y constan de proyecciones referentes a un autor/a – director/a o a una temática en particular. Sin ir más lejos, este mes de julio el ciclo de cine en el que colabora Charlas de Cine con Aula de Cine ULL, tratará la temática “Tim Burton” y se proyectarán 44

LUIS DOMÍNGUEZ @luisgdr22 cuatro títulos de este director, Mars Attack, Ed Wood, Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet y Big Fish. A todo esto, sumar que la gran mayoría de proyecciones se hacen en versión original subtitulada al español, ofreciendo al espectador un mayor acercamiento a la autenticidad pura de las películas. Con esto, lo que busca Charlas de Cine es promover un espacio abierto a ver, disfrutar y hablar de las películas, o como dijo uno de sus fundadores en una de las charlas (Ramón A. Trujillo), «devolverle al cine lo que es del cine, que la gente vaya al cine porque es donde deben verse las películas, y que se hable y opine libremente tras una proyección». Sin duda, se ha ido consiguiendo a lo largo de estos años, pues en la mayoría de los casos, tras las proyecciones, los asistentes, organizadores e incluso los invitados especiales se lanzan a compartir sus ideas y opiniones sobre el metraje proyectado, creando así tertulias muy interesantes e instructivas. La iniciativa y modus operandi de las charlas y coloquios posteriores a la proyección de cada película se ha mantenido y potenciado, a causa de la relación entre el interés por el tema de la película y la asistencia de expertos del tema tratado o gente implicada en ella (directores, guionistas, actores, actrices, etc). De esta forma, si asistimos a un evento de Charlas de Cine no solo estaremos viendo una película en su versión original subtitulada al español, sino que además cabe la posibilidad de poder

entablar conversación y crear debate con alguien del equipo responsable de llevar a cabo la película que se acaba de proyectar, o con especialistas que pueden aportar más datos interesantes al mostrado en el metraje. En cuanto al porqué se eligen o cómo se eligen las películas que se proyectará en los ciclos de cine o en las proyecciones especiales individuales, se trata básicamente de atender en la mayoría de los casos, a propuestas de asiduos a las Charlas de Cine, a propuestas del propio equipo interno de Charlas, o por fechas y aniversarios de las películas. Charlas de Cine, desde su nacimiento hasta ahora, ha logrado financiarse por medios privados (empresas, organismos, etc) y públicos. Este último, consta de la venta en taquilla recaudada en cada proyección o de ayudas facilitadas por el Ayuntamiento de la Laguna, dependiendo del caso. Entre los colaboradores más destacados de Charlas de Cine, además de Multicines Tenerife (que da sede y cabida a este proyecto), nos encontramos con TumbaAbierta, Fundación Cine+Cómics, “Días de Radio, Noches de Cine”, Ksa Mario y Juan Antonio Ribas Subtítulos y Ediciones Digitales. Todas estas entidades, páginas o empresas han ayudado a levantar y mantener Charlas de Cine hasta la actualidad, y no solo esperamos que siga siendo así sino que, desde la Blaster, deseamos que este gran proyecto se expanda y mejore aún más con el paso del tiempo.


EVENTOS

El evento de difusión de la fantasía y la ciencia ficción en Tenerife

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enerife Backverse 2019 nace de la iniciativa privada llevada a cabo por el equipo de creación de eventos de Apocalipsis Events Canarias, destacando las figuras de Eduardo Yunta (director de empresa) y el asistente creativo de la empresa, Miguel Blanes. La idea de hacer realidad un evento como este se basa principalmente en habilitar y poner en el calendario canario un evento de calidad, dedicado única y exclusivamente al disfrute y la recreación de la ciencia ficción y la fantasía, ya que son temas que no han sido muy bien tratados en las Islas Canarias. Dado que la cantidad de eventos de esta índole escasean en las islas, Tenerife Backverse 2019 busca ofrecer por primera vez una experiencia única y envolvente, preparada con el fin de llegar al corazón de todos los fans de las grandes sagas cinematográficas, televisivas y literarias de las décadas de los ochenta y noventa. Se prevé que los asistentes sean introducidos en un verdadero parque temático de cine, televisión, literatura, cultura, ocio y comercio obedeciendo a una única y todopoderosa temática: la ciencia ficción y la fantasía. Según nos cuenta el director de Apocalipsis Events Canarias, Eduardo Yunta, «Tenerife Backverse 2019 ha cuidado al milímetro cada detalle en sus

preparativos para brindar a sus asistentes una experiencia completamente nostálgica, especial y única». Desde la estética y ambientación del lugar, los espacios de ocio habilitados, el tipo de música que se podrá disfrutar, las ponencias, los invitados especiales e incluso el propio recinto, están pensados para que los asistentes tengan a mano todas las posibilidades y actividades que ofrece el evento. Las actividades destacadas por el momento, son el mercado gastronómico, las ponencias y charlas que tendrán lugar durante las tres jornadas de evento, talleres y concursos, zona de tiendas, música en vivo, exposiciones y como no, invitados especiales. Eduardo Yunta y el resto del equipo de Apocalipsis Events Canarias nos desvela que, al igual que otros eventos, este se ha organizado con la finalidad de apasionar a los asistentes, esta vez con la experiencia Tenerife Backverse, pero que, sin duda, esta vez se ha volcado un fuerte potencial de cultura geek y mucho amor por los años ochenta y noventa. También nos aseguran que ha sido un duro trabajo tanto interno como externo de la promotora, y que por ello, están seguros que el público responderá bien y será recompensado con grandes sorpresas, para bien por supuesto. El acceso al evento, aunque

controlado (por prevenciones municipales), será de entrada libre, es decir, sin costo alguno. Una vez dentro, sí que habrá que abonar la cuantía de cada artículo o recuerdo que compres o consumas. De todo esto y más, podrá disfrutar y ser testigo el público desde el viernes 23 de agosto hasta el domingo 25 en el complejo Zentral Center de Arona, Los Cristianos. Además, el hotel que se encuentra en el interior del Zentral Center ofrecerá ofertas especiales a aquellos visitantes que quieran alojarse mientras disfrutan del evento en el recinto. Sin duda, desde la revista Blaster, les animamos a que asistan a este gran evento cuya temática compartimos, ya que vemos en él una oportunidad única y novedosa de poder disfrutar de primera mano de las temáticas que más masas han arrastrado y siguen arrastrando en la historia del cine, la televisión y la literatura. Sin que quepa lugar a dudas, será mejor vivirlo a que te lo cuenten.

Promotora: ApocalipsisTF Facebook: BackVerse Web: https://backverse.com/ 45


VIDEOJUEGOS

MEMORYZARD: MAGE INTERSHIP

El proyecto dungeon-memory de PlayMedusa

ADRIÁN TRUJILLO @haliaxsyn

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lay Medusa, la desarrolladora de videojuegos independientes nacida en Canarias, surge después de que Israel Castro y Luis Antón se presentaron a una game jam de una semana (Pyweek) en el año 2009. De esa colaboración apareció el título Lawn Fairy, un jueguito, en palabras del propio Luis “sencillito pero resultón”, y también sucedió lo inevitable: el nacimiento de Play Medusa. Con la idea original de publicar sus propios videojuegos en la App Store, Play Medusa derivó en la construcción de videojuegos aplicados a la promoción de productos de terceros. Poco a poco, Play Medusa se fue articulando hasta orientarse en el diseño y desarrollo de videojuegos para terceros, sin dejar de lado sus propios títulos. Por el estudio han pasado auténticos profesionales del sector, destacando a Juan Manuel Vargas Villate como modelador, Aitor Lozano en programación, Irene Antón Canalís como colaboradora gráfica, así como los propios fundadores, Israel y Luis. Además de ellos, tienen colaboradores recurrentes para proyectos concretos, como es el caso de Elena García Izquier y Aythami Santana en ilustración y modelado, Verónica Martín Garrido y Borja Santana en pixel art y Alberto Mireles en programación. 46

Actualmente, el equipo fijo está compuesto por Aitor y Luis en programación, Alby Ojda como diseñador narrativo e Israel Castro. Aunque el catálogo de Play Medusa es bastante amplio, esta vez vamos a centrarnos en uno que actualmente tienen en desarrollo: Memoryzard: Mage Intership. Para ello, hemos realizado una serie de preguntas que Luis Antón, que ha tenido la bondad de hablar con nosotros. Qué tipo de juego es Memoryzard? Je, ese es uno de los cuatro proyec-

tos en curso que tenemos, pero tal vez el más peculiar. Es un cruce entre el clásico juego de memoria de parejas de cartas (Memory) y un dungeon crawler. Las parejas de cartas tienen distintos efectos que alteran la partida: permiten al mago protagonista acumular poder; le hacen daño (hay parejas a evitar) o lanzan un hechizo determinado (de ataque, curación o alteración de estado). ¿Cómo surge la idea? A mis críos les encanta un Memory de animalitos que les regalaron hace tiempo. Un día, con todas las cartas sobre la mesa, se me ocurrió si tendría sentido un juego donde las parejas de cartas tuvieran efectos sobre la partida. Acumular puntos, pasar turnos, esas cosas. Y tirando del hilo con Alby Ojeda y Aitor Lozano durante la Island Jam V (en la que participamos como mentores) decidimos darle una oportunidad a la idea. ¿Qué es lo que más quebraderos de cabeza les está dando el proceso de desarrollo? ¡Coordinarnos con el artista! Alberto Hernández Rivera es un pedazo de profesional con una calidad artística increíble que conocimos en la misma Jam y a quien le encantó el proyecto y se animó a participar.


Pero está hasta arriba de trabajo y es un lío ponernos de acuerdo para quedar. Por suerte no es preocupante porque hay otros proyectos en curso y podemos ir a su ritmo. ¿Cuánto tiempo llevan de desarrollo? En tiempo real de prototipado (que es la fase en la que está) no llegará a una semana. Es un juego relativamente sencillo. ¿Cuánto creen que tardarán en terminarlo? La idea es primero tener lo que se llama un ‘corte vertical’ del juego. Una experiencia que a ojos del jugador sea completa, desde la primera pantalla y el menú principal al propio juego, pero sin contenido. Es decir, lo mínimo imprescindible para poder jugar uno o dos combates y ver de qué va el juego, con la calidad artística que tendría el producto final, pero sin invertir tiempo en crear todo el contenido que requeriría el producto final (más hechizos, enemigos, fondos, narrativa…). Si ese corte vertical del producto gusta entonces seguiremos con el juego completo. ¿En qué motor se moverá el juego? Por lo general, tanto para los juegos propios -incluido este- como para los servicios, usamos Unity, aunque también le damos fuerte a Phaser.

todos los públicos. Pero no descartaría hacer una versión con gráficos más infantiles especialmente orientada a niños. Además de en castellano, ¿estará traducido a más idiomas? Es la idea, sí. De hecho nuestros juegos ni siquiera suelen estar en español sino en inglés, puesto que se publican para todo el mundo. Pero ultimamente estamos añadiendo distintos idiomas y trataremos de hacerlo con este inglés, español, francés, alemán e idealmente chino. Mínimo español e inglés que podemos hacerlo nosotros, el resto dependerá de la acogida que tenga.

¿A qué público está dirigido?

¿Para qué plataformas será lanzada?

Pues mis críos (3 y 5 años) juegan en mi teléfono cuando me lo pillan, así que sabemos que podría funcionar entre niños. La estética que le estamos dando es muy cartoon, la especialidad de Alberto, por lo que en principio será para

Para empezar estará disponible en PC. Incluso ya hay una versión prototipo jugable. Pero esa misma versión funciona en Android. Si finalmente se publica una versión completa será primero en PC, luego iOS y Android.

¿Tendrá contenido extra de pago o estará completo? En principio será premium, es decir, completo y de pago. ¿Qué precio tendrá una vez lanzado? No lo hemos planteado todavía, pero dependiendo de la cantidad de contenido estará entre tres y cinco euros. Para finalizar, ¿hay fecha de lanzamiento, aunque sea aproximada? Esperamos que antes de fin de año, pero al ser un producto propio depende del tiempo (el que nos deja el trabajo para terceros y nuestras vidas personales). Si quieres conocer más a fondo el trabajo de Play Medusa no olvides visitar su página web (https://playmedusa.com), escribirles a info@playmedusa.com y en redes sociales como Twitter -donde tienen mayor actividad- y en Facebook. 47


RELATOS

ESTERILIZADORES

M

VÍCTOR CONDE

artín estaba oyendo música de fantasmas otra vez. Después de cada Esterilización, el espacio alrededor de cada planeta se quedaba preñado de una radiación de fondo un tanto histriónica. Era como si millones de espectros cantaran a la vez en un coro preñado de estrellas, dándole forma de sonetos a sus desdichas. A Martín le encantaba escuchar esa música desde sus oídos postizos, las antenas de la nave. Encontraba un extravagante placer en preguntarse qué dirían esos fantasmas en esas letras que no podía entender, y si le estarían echando a él la culpa de algo. Para cualquier persona sin sensibilidad musical aquellos sonidos serían solo ruido, una molesta algarabía de electrones disparatados rebotando en las esquinas de la radiación gamma. Eso es lo que le decían sus compañeros de trabajo, los otros tripulantes del HTK Si puedes leer esto estás demasiado cerca, pues mientras ellos escuchaban a Barry Holly y a los Peppers por los auriculares, él se ponía largas cintas de sonidos post-Esterilización. Era como escuchar un mantra de un millar de voces tibetanas, un cántico diseñado para elevar su mente a nuevos espacios y a nuevas sensibilidades. Únicamente alguien con mucho oído podía verle su lado zen a la destrucción de un planeta. Estaba solo en el puente de mando, un agujero tubular que más parecía un sepulcro lleno de lucecitas que la carlinga de un avión. El ingeniero que había diseñado las naves de clase Luciérnaga, como la Si puedes leer esto estás demasiado cerca, se las había dado de artista y había metido a la tripulación de cabina en un pozo, con una escalerilla central y seis sillas dispuestas en círculo alrededor. Las paredes eran un collage de botones, pantallas, diodos e indicadores, siempre ardiendo, siempre latiendo en avisos blancos y rojos, siempre lleno de vida. Había un ventanal, pero, curiosamente —otro exabrupto artístico del diseñador—, estaba a sus pies. Lo pisaban, restregándolo con la suciedad de sus zapatos. Martín y O’Kammon eran los únicos que lo limpiaban, de vez en cuando. Para que se pudieran ver las estrellas. O’Kammon era el biólogo barra médico barra proveedor de deliciosa munición farmacéutica de la nave. Por eso todo el mundo lo adoraba, y lo respetaba más que a nadie. Incluso más que a la capitana. Pero 48

después de lo que había ocurrido con ella, y del estado de ralentización temporal al que se había sometido por propia voluntad mediante uno de los cócteles de O’Kammon, ya nadie tenía demasiadas oportunidades de hablarle. Ni de sentirse identificado con ella. La capitana Consuela Nerendy estaba en otro plano de realidad. Y luego estaba Érika, claro. Érika la ingeniera, la experta en computación, la hechicera de la robótica. La tía con los melones más grandes que jamás había subido a una de aquellas naves, debido sobre todo a que puesta de perfil no cabía junto con otra persona por los pasillos. Y eso podía generar un serio problema en momentos de emergencia. Lo siento, chati, no puedo cruzar por ese pasillo a menos que tú salgas antes. O eso o me restriego contra tus montañas siempre erguidas, duras como las condiciones de vida en una glaciación precámbrica. Martín había soñado a menudo con ese escenario, y su mano hasta se sabía de memoria las sacudidas que hacían falta para que su herramienta terminase tocando el aria final. Si tuviera que compararlos con música, O’Kammon sería una canción dodecafónica y sin melodía reconocible, muy explosiva, llena de una energía arrogante pero a la vez cautivadora y carismática. El clásico tío que cuando te decía «vete a la mierda» te daban ganas de hacerle caso para demostrarle que jugabas en su bando. Que tomabas en consideración sus insultos. El propio Martín, navegante diplomado, sería una cancioncilla a medio volumen que la gente tarareaba pero a la que jamás incluiría en su lista de grandes éxitos. Tan fácilmente retentiva como obviable si había otro éxito más enfático que poner en su lugar. Y Erica... bueno, había dos poderosas razones por las que les gustaba tenerla en la nave. A pesar de que era un tema hard rock pasadísimo de rosca y siempre encantado de conocerse. Martín estaba solo en el puente de mando, con los auriculares puestos y escuchando la sinfonía de las almas muertas del último planeta esterilizado, NTJ622H76. Un susurro llegado del exterior, una llovizna de arena fina. Un polvo centelleante llenaba sus ojos: billones de estrellas reunidas en un lanzamiento en tirachinas de efectos doppler, allá en la distancia. El planeta


esterilizado se alejaba de ellos, al tiempo que los motores de la nave la aceleraban hasta ese punto en que cualquier distancia dejaba de ser altitud para empezar a ser considerada añoranza. Entonces, alguien abrió la compuerta superior. Martín se quitó los auriculares. —Cómo va —preguntó Érika con su habitual tono neutro. Siempre se dirigía a los demás como si formaran parte de su ejército de robots. —Por ahora, todo bien. El vector de aceleración es estable. Esa estrella enana blanca es más floja que un pulso entre dos koalas. Su gravedad no nos afecta, a menos que bajemos hasta el quincuagésimo decimal. —Estupendo. ¿Alguna notificación de Control Principal? Martín chequeó la radio. Había un mensaje en espera desde hacía un par de horas, y él acababa de darse cuenta ahora. Había estado distraído con sus fantasmas. Carraspeó, poniendo cara de estar inmensamente ocupado haciendo algo importante, y se descargó el paquete de datos. —Ejem, sí. Acaba de entrar ahora mismito. Vamos a escucharla. En la pantalla apareció el rostro del comandante en jefe Óktobar. Tenía un rostro tan anodino que hasta parecía irreal, como si alguien hubiese querido ensamblar una persona echando mano de tantos denominadores comunes que a cualquiera que la mirase le parecía un engaño, una marioneta sin vida. Tenía la particularidad de parecerse a un millón de cuñados de un millón de nueras distintas. —Coño, se parece a mi cuñado —susurró Martín, y subió el volumen. —Atención, tripulación, capitana Nerendy... Me alegra saber que han erradicado el peligro que suponía esa forma de vida en NTJ-622H76. Nuestras mentes computacionales afirman que dentro de solo quince millones de años habría podido evolucionar a una raza belicosa enemiga de la humanidad, y con potencial para exterminarla. En este momento solo eran una sopa de bacterias venenosas que ya había infectado a algunos colonos, pero si hay algo que define al alto consejo mundial de la Tierra es que le gusta pensar a largo plazo. —¿Nadie se ha molestado en informarle del estado actual de la capitana? —susurró Érika. —Yo no lo he hecho. ¿Tú lo has hecho? —No. —Pues creo que O`Kammon tampoco. —Pues dejémoslo así. Total... El comandante se tiñó de verde por culpa del cuadrante fosforescente del contador que había a la derecha de la pantalla. Y siguió hablando:

—Me alegra informarles de que hemos detectado otro planeta con vida potencialmente peligrosa, en las cercanías de la nebulosa BH90-210. Fue localizado por una nave mercante que tuvo que hacer una parada de emergencia para sofocar un fuego en sus bodegas. Algo relacionado con las provisiones de papel de váter que salió mal. En fin, la tripulación informó que había una protocivilización allí que ya había inventado la rueda, y que incluso estaba construyendo sus primeras armas tipo catapulta. Los ordenadores de la central de mando han estimado que en un plazo no mayor de seis mil años estarán en condiciones de desarrollar propulsión hiperlumínica, y plantarse en las puertas de nuestra casa con pepinos de destrucción masiva. Hay que actuar, señores: ya saben lo que hacer. Cumplan con su obligación y después hablaremos de ese merecido permiso que se está haciendo de rogar. Óktobar fuera. Al final de la transmisión venían comprimidos los datos de la posición del nuevo planeta, y su órbita estimada. Martín hizo un rápido cálculo y dedujo que con los impulsores al máximo podrían estar allí en solo dieciocho meses. Bueno, habría que pedirle al farmacéutico uno de sus cócteles explosivos de tiempolento, o los ensueños con Érika convertirían su precioso astrolabio en un acordeón. —Vamos p’allá. —Avisaré a los demás —dijo la ingeniera, y subió las escaleras bamboleando su espléndido trasero. Por Dios, se mordió el labio inferior: qué habría hecho él para merecer aquello. «Informe clasificado sobre la astronave clase Luciérnaga HTK Si puedes leer esto estás demasiado cerca, en misión de cinco años para eliminar posibles amenazas de civilizaciones alienígenas: NOMBRE DEL CAPITÁN: Doctora Consuela Nerendy, astrofísica. DATOS TECNICOS DE MEDIDAS Y PESOS: Ver archivo .FDX adjunto. TRIPULACIÓN: Tres personas y doce mecanoides parcopensantes. Todos a cargo de la ingeniera jefe Érika Bhoobs. ARMA PRINCIPAL: Cañón de radiación subespacial Apokaliptus 7000, con capacidad para nueve disparos a plena potencia antes de tener que volver a dique seco para recargar. Cada disparo causa una reacción en cadena en cualquier atmósfera planetaria dada, que genera una onda nociva para toda clase de vida que se expande geométricamente por el cuerpo planetario, esterilizándolo con márgenes de error de menos del 0’078%. No se conoce ningún tipo de organismo capaz de resistir el envenenamiento por radiación del Apokaliptus. 49


INFORME DE MÉRITOS DE LA MISIÓN: Hasta la fecha, la Si puedes leer esto estás demasiado cerca ha cumplido óptimamente su misión, esterilizado cinco cuerpos astrales que contenían vida potencialmente peligrosa para los intereses del alto consejo terrestre. Esos cinco ecosistemas extrasolares actualmente no son más que eriales de polvo calcinado, por lo cual el consejo felicita merecidamente a nuestros campeones. La Tierra está más a salvo si está sola en el universo, y es gracias a vosotros, muchachos. PROBLEMAS POTENCIALES DE LAS MISIONES: No se han observado problemas realmente preocupantes. Las naves de clase Libélula son extremadamente sofisticadas, y sus tripulaciones, gente muy bien entrenada. A la única prohibición estricta del código de estas naves —nunca jamás acercarse a la Tierra con un cañón Apokaliptus armado y listo para disparar— solo se le ha sumado hasta ahora el problema psicológico de la convivencia en el espacio durante tanto tiempo de un grupo reducido de personas. Por eso las tripulaciones consisten en dos varones y dos hembras. Los psicólogos afirman que eso es bueno para la moral, a pesar de que a todos se les suministran drogas anuladoras de la libido cada día, durante todos los años que dura la misión. El teniente encargado de tal medicación —el doctor O`Kammon, en el presente caso— se hace responsable del dopaje controlado de sí mismo y de sus compañeros. Fin del informe». La tripulación se había reunido en la sala de dopaje para otro ceremonial psicodélico, como les gustaba llamar a los chutes que les suministraba O`Kammon. Desde que habían averiguado cómo crackear la máquina dispensadora de pastillas, y sobre todo, cómo manipular el laboratorio para destilar sus propias drogas de diseño, el viaje se había vuelto infinitamente más placentero. La órbita de la enana blanca que habían seguido hasta entonces se desplazó con un cabeceo, y la nave puso proa a la lejanísima BH90-210. Dieciocho meses eran un intervalo demasiado largo para sobrellevarlo sin un poquito de yupis-chupis químicos. Mientras O`Kammon hacía su magia, y metía a cada cual su pedido en su pastillero personal, la música de los irlandeses «Desayuno Psicodélico», cuatro veces ganadores en Eurovisión, sonaba en los altavoces. Había un ambiente general de fiesta. Tras la ventana, las estrellas huían, confundidas en una vaga luminosidad purpúrea. —¡Brindo por el éxito de la misión! —exclamó Martín, estrellando su copa con la de Érika. Le sopló un matasuegras en la cara—. ¡Prrrrt! ¡Otro disparo y otro planeta lleno de vida al carajo! 50

—Vale, tío, déjalo ya. No seas pesado. —Venga, bellezón, que el camino es largo. ¿Te llevo a dar un paseo en mi buga? —Que seas el piloto no me impresiona lo más mínimo, Martín —resopló ella con hastío mientras se apuntaba a otro copazo de vodka y limonada. La destiladera ilegal que se habían montado en la bodega era una auténtica obra de arte, construida con el material reservado a las reparaciones de emergencia de la nave, y estaba fuera del alcance de las cámaras. —¿Has informado a la capitana del nuevo destino? —preguntó O`Kammon, mientras sacaba las pastillas del dispensador de su máquina mágica y las metía en sobrecitos. Cada uno de estos tenía unas iniciales pintadas con rotulador por fuera: O`K, M y E. —Se lo escribiré todo en la pizarrita, dentro de un rato, y se la pondré delante de la cara. Supongo que terminará de leerla... de aquí a un par de años. Todos estallaron en una carcajada. —Eso es rapidez ejecutiva, y lo demás es tontería. ¡Eh, Dos Montañas, aquí tienes las tuyas! —Te he dicho que no me llames así —se enfadó la ingeniera, pero aceptó el sobrecito. —¿Qué le has pedido al camarero esta vez? — quiso saber Martín, cargando otro matasuegras en la recámara. —Águilas Vuela-lejos. De color turquesa. Son más cuquis. —Psé. No sé por qué tienes que volar tan lejos teniendo lo que tienes aquí. Si nos dejaras, tanto O`Kammon como yo podríamos... —Me haríais sentir mujer, ¿verdad? —dijo ella con sorna—. Mira, pirindolo: aunque los dos fueseis los dos últimos especímenes del macho humano que quedasen en la galaxia, no me acercaría a vosotros ni para pedir limosna. Mis androides pueden darme lo mismo, durante más tiempo y con más precisión ergonómica. No os necesito para nada. Martín chasqueó los dedos, como si al fin se hubiese revelado un misterio del calibre de quién mató a Kennedy, o por qué los precios de la soda ambarkiana cayeron por debajo de los de la gaseosa de Venus. —¡Así que ese era el truco, por eso aguantabas tanto tiempo sola en este viaje! ¡Serás...! Ella le lanzó una mirada asesina. —Seré... qué. —Esto... —El matasuegras se le desenrolló, fláccido—. Nada, una estupenda profesional. —Ah. Pensaba. —Las tuyas. —O`Kammon le pasó su sobre al piloto, y se metió el suyo propio en el bolsillo. Llevaba puesta su escafandra reglamentaria, con los típicos arreos de alambres y cables sobre el pecho. La espalda


la tenía pintada con espray, luciendo un mensaje que proclamaba: «¡SI EL MANUAL DE INSTRUCCIONES DE LA VIDA TIENE FÉ DE ERRATAS, NO LO CORRIJAS!». —Bueno, chicos, me retiro a mis aposentos —sonrió Érika, y le pasó un dedo juguetón por la entrepierna a su robot—. Mister Treintaysiete Cm y yo tenemos mucho de qué hablar. Cuando se fue, Martín dejó escapar un «puta», y se marchó por la esclusa. Antes de desaparecer de su vista, sin embargo, O`Kammon le preguntó: —¿Adónde vas? ¿No pensarás deprimirte otra vez y encerrarte en el cuarto de baño con tus cómics del Abejorro Atómico durante tres días, verdad? Mira que el otro retrete no funciona. —Tranquilo, solo bajo a la bodega a tener un momento de serendipidad conmigo mismo. A ver si con la ayuda de la fenomenología y de estas amiguitas —sacudió el sobre— encuentro algo por lo que valga la pena luchar en este universo. —Te has puesto a escuchar demasiada música de esa que a ti te gusta, ¿verdad? ¿Los fantasmas de los planetas arrasados te acusan de ser su verdugo? —Muchos no se dan cuenta de que ya están muertos. —Y luego añadió, inopinadamente—: Como nosotros. La bodega estaba casi a oscuras, pero le gustaba así. La luz que entraba por el ventanal bastaría para iluminar sus creaciones con manchas de color preciosas, lisérgicas, más agradables cuantas más pastillas rodasen garganta abajo. Reconoció un olor a reactivos y vestigios de un perfume acre. ¿Telurhidratos? Martín se sentó en mitad de la bodega, junto a cajas de suministros «solo para caso de emergencia» que habían sido saqueadas por diversión. Se puso en posición de loto delante de su máquina. La había construido él mismo, con un poquito de ayuda de los robots. Era su gran creación, su obra maestra; lo único que lo mantenía cuerdo cuando la gracia de todo lo demás —incluidos la química y el sexo— fallaba. No era una consola de videojuegos, pero una vez la pusiera en funcionamiento, extirparía de su piel aquella grasitud de aprensiones confusas que lo aplastaba desde que empezó la misión. Cogió un bote de jabón líquido que había robado del baño, y vertió un chorro en el embudo de la máquina. Luego le habló al aire: —Computadora, desconecta la gravedad artificial de la bodega. La flotabilidad en un medio tan diáfano como el aire siempre era acogida con un cosquilleo. Martín se sujeto con la punta del pie a la propia máquina, que

estaba anclada al suelo; se tragó a palo seco dos pastillas y empezó a soplar por los diecisiete tubos del ingenio. Parecía un órgano gigante de esos de catedral, pero su función no era expulsar música, sino arte efímero. Arte de pompas de jabón. La gente no sabía lo bellas que podían llegar a ser las pompas en gravedad cero: al expandirse en todas direcciones sin ninguna cortapisa, se transformaban en un mosaico de cristales teñidos con los colores del arco iris, placentas líquidas cuyos fetos se habían sublimado en torrentes de gases, tanteando las paredes con sus invisibles manos. Eran fantasmas cuya eterealidad estaba a un paso de la de los sueños, a dos y medio de las pesadillas; una herramienta para sondear lo inverosímil en cuyas formas barrocas la mente podía encontrar más de una coincidencia con ideas que no tenían sentido fuera del subconsciente. Los fantasmas cristalinos le miraron, y Martín, puestísimo de fenilmetamidrato, les preguntó: —¿Sois las almas de todas esas vidas inocentes que hemos exterminado? ¿Es esto un tribunal sumarísimo? El espejismo de jabón se expandió con tentáculos que serían la alegría de cualquier artista no figurativo. —Respuestas... las buscamos sin parar, y no encontramos sino más preguntas. Cada una de ellas tendría que liberar una carga de deuda moral para con nosotros mismos y el universo. El cosmos está lleno del gran manto vibrante de las ideas, de la vida... ¿y qué hacemos? Cauterizar grandes zonas de ese manto con nuestros fálicos lanzallamas tecnológicos, simplemente porque tenemos miedo... miedo de lo que podría llegar a suceder si alguna de esas nuevas ideas nos diera alcance... La droga prendió fuegos en su cerebro, convirtiendo su pensamiento en una caída a través de mil vórtices que se arremolinaban en huracanes abisales. Cien dimensiones reducidas a una abstracción filosófica del cero astral. Sin llegar a caer en una simplificación pueril de magnífica extravagancia, el edificio de pompas de jabón tocó una de las paredes, y se desintegró con una cascada de ¡plops! tan instantánea que apenas pareció secuencial. Martín siguió soplando por los tubos, engendrando más espectros —burbujas que se montaban unas a otras, que copulaban, que se fundían entre sí—, mientras gritaba: —¡¡Conducidme al purgatorio, nací con un pase VIP!! La alarma empezó a sonar menos de seis horas después, cuando a todos se les había pasado —más o 51


menos— el efecto de las drogas. Érika había ido a informar tanto al médico / biólogo como a la capitana Consuela. Aunque entregarle el informe a ella había sido lo más fácil, obtener una respuesta no sería posible en menos de cuatro días. Todo venía a cuento de una profunda depresión que le había dado a la capitana unos meses antes. Esas depresiones tenían un acrónimo que cada cual podía descifrar a su antojo, pues nadie sabía a ciencia cierta qué significaba: DSSE. Algunos decían que eran las siglas de Depresión por Síndrome de Soledad Extrema. Otros apostaban por Déjame Sin Sentido Explícito. Y los más cínicos por Dando por Su Santo Exoculo. Porque no era fácil convivir con una persona así, con depresión patológica y ostentando a la vez un cargo de responsabilidad. Por eso, y quizá porque necesitaba que los años que quedaban de misión pasaran en pocos días o se tiraría ella misma por la esclusa, Consuela se inyectó el cóctel más potente de aquella farmacia. Y todo con la connivencia del pobre O`Kammon, que había entrado en razón y le había dado su visto bueno profesional después de que ella le apoyase en la sien una pistola de protones. El resultado de ese cóctel era una dilatación extrema de la percepción del flujo temporal en el hipotálamo. Para la capitana, los días se habían reducido a segundos, las semanas a minutos, los meses a horas. Su cuerpo se movía en cámara ultralenta, aunque para su cerebro todo seguía estando bien. Ella levantaba la mano para rascarse la barbilla y su cerebro lo percibía como un movimiento fluido de pocos segundos de duración, pero en realidad en el mundo exterior habían pasado noventa horas. Verla desde fuera era como asistir a la proyección de una película que solo te enseñaba un fotograma cada muchísimos minutos. La tenían guardada en su cabina. Guardar era un término un poco despectivo cuando se trataba de un ser humano, pero era la verdad: ni retenida ni confinada. Almacenada. A ojos de la capitana pasaban cosas a su alrededor tan rápidas que no era capaz de verlas: aparecían carteles con mensajes escritos frente a sus ojos y se esfumaban en el aire cuando alguien los retiraba. Su ropa cambiaba cada equis tiempo y se sentía lavada y bañada por robots casi invisibles, que hacían el trabajo en cuestión de milisegundos. Era una vida extraña, siempre conectada a un tubo de alimentación intravenosa y dependiente de un pañal, pero ella había preferido vivirla así antes que enfrentarse a la claustrofobia del vacío. Cobarde, opinó Martín. Pero salvo desnudarla como a una muñeca y tirársela sin que nadie más se diera cuenta —cosa que nunca había podido hacer 52

porque la maldita Érika siempre tenía robots vigilándola—, la capitana no tenía ahora ninguna otra utilidad. Si se le ocurría dar una orden sobre algún acontecimiento, cuando acabase de darla el acontecimiento o era historia vieja en el registro de a bordo o había acabado matándolos. De hecho, desde hacía unas semanas había iniciado un movimiento de teclear algo en un panel con números. Nadie sabía qué significaba, ni qué pretendía conseguir con ello, pero para cuando lo terminara probablemente él y Érika ya tendrían hijos. —¿Qué es esa alarma? —preguntó O`Kammon cruzándose con él en el estrecho pasillo. Cachis, ya podría haber sido la ingeniera. —Ni idea. Empezó a sonar de improviso. —Como todas las alarmas, ¿no? —Uhm... ahí le has dado. —Martín sonrió—. Qué curioso, ¿no? Bajaron al foso de mando y ocuparon sus sillas. Érika ya estaba allí, con la expresión satisfecha del sexo abundante y pleno. Los dos desearon estrangularla. —El radar de largo alcance ha detectado un objeto extraño en trayectoria de colisión con nosotros —informó la ingeniera. —¿Y nos despiertan para eso? —se burló O`Kammon—. Será el típico asteroide. Esquívalo. —No es un asteroide… —«imbécil», le faltó añadir—. El ordenador ha tratado de esquivarlo, pero el objeto nos persigue, acoplándose a nuestro rumbo y velocidad. Los dos hombres cruzaron una mirada. —Define «nos persigue». —Pues eso, lo que oyes. —Érika se encogió de hombros—. El ordenador cree que es algún tipo de nave inteligente. —Control Central no ha informado de ninguna otra exploradora de espacio profundo en esta zona, ¿no? —Que yo sepa, no. Además, hace un momento hablé con ellos y me llamaron loca. Me dijeron que, en efecto, no hay ninguna nave terrícola en siete pársecs a la redonda, por lo que debe tratarse de un error de la instrumentación. Pero a mí, esto no me suena a error. —Señaló la pantalla donde un eco clarísimo de radar, correspondiente a un objeto más o menos el triple de grande que la Si puedes leer esto, se les acercaba corrigiendo su trayectoria cada vez que ellos hacían lo mismo. Todos se miraron en silencio. Aquello solo podía significar una cosa, y era algo que por supuesto estaba postulado en los manuales del Servicio de Esterilización, pero que ningún astronauta esperaba realmente ver en vida: una nave alienígena. Un primer contacto.


Era un escenario que nunca se había dado hasta ahora: la humanidad, en su cruzada de limpieza genética del cosmos, había encontrado docenas de especies proto-civilizadas en otros tantos planetas explorados, pero ninguna con la suficiente inteligencia como para decir «hola». Al menos, ellos nunca se habían molestado en saludarles. Si ese punto verde en la pantalla era lo que todo el mundo estaba pensando, sería la primera vez que una astronave terrícola se encontraba con un vehículo de contacto de tecnología no humana. Y ni siquiera sabían si había protocolos para eso. —¿Alguien… alguien sabe si tenemos alguna directriz para aplicar? —preguntó Martín, inseguro—. ¿Hay algún apéndice en el manual que cubra el contacto con alienígenas parlantes? —Los hombres siempre pensando en apéndices… —rezongó la ingeniera. O`Kammon rebuscó rápidamente en la memoria de la computadora, pero sacudió la cabeza. —Creo que no. Bueno, parece que entre el epígrafe 1892/U, «Qué hacer si el sistema de reciclaje de agua de la nave falla: pastillas azules para los retretes», y el 1894/U, «Cómo cantar correctamente y sin desafinar el himno glorioso de los Brunnen-G», había una entrada que se ha borrado. Lo único que se lee del título es «Alienígenas…» y algo sobre «primer c…». No hay nada más. —Mierda —barruntó Martín, poniéndose a los mandos. Desconectó el control automático de ruta y se ciñó el cinturón de seguridad—. Vamos a tener que hacer eso que tanto terror nos da. Lo único para lo que nunca nos han entrenado. —¿Controlar vuestra libido? —preguntó Érika. —No… Improvisar. La nave redujo la velocidad hasta que el bonito embudo de chispas llameantes dejó de rodearla. Eran las partículas de polvo estelar, que se incineraban en contacto con el campo de protección. Había gente que a esas velocidades las confundía con estrellas que pasaban de largo. El comunicador hizo un zumbido para llamar la atención. Martín apartó la vista del póster levantado por las esquinas de Miss Diciembre, que llevaba mucho colgado encima de la consola de ingeniería, y pulsó el botón del altavoz. En la pantalla apareció el rostro del jefe de misión-control Dolittle. Su voz parecía suavemente irritada. —Atención, tripulación del… —Aquí hubo un estallido de estática—. ¿No habíamos quedado en que se dirigirían al nuevo sector para esterilizar ese pla

neta? Hemos detectado una variación muy errática de su trayectoria. ¿A qué están jugando? Martín se ajustó bien un imaginario nudo de corbata. —Eh… hola, control central, eh… Aquí el piloto. El motivo de nuestras raras variaciones de trayectoria es que se nos acerca un objeto con capacidad para alterar de modo inteligente su rumbo. Esto… la ingeniera jefe y el doctor coinciden conmigo en que se trata de algún tipo de artefacto alienígena. Esperó unos minutos a que llegara la respuesta. La rejilla del detector de espacio profundo seguía emitiendo chasquidos y pitidos. Un escueto mensaje anunciaba: «Tiempo de interceptación: veinticinco segundos. Veinticuatro, veintitrés…». La respuesta llegó. Dolittle parecía enojado. A ninguno de los mandamases le hacía gracia que sus subordinados se topasen con un problema que no fueran capaces de manejar, ya que entonces les tocaría pensar a ellos. Y no estaban acostumbrados. Un jefe se enojaba cuando un piloto pronunciaba la palabra «extraterrestre», por todos los quebraderos de cabeza que llevaba implícitos… y se encolerizaba cuando la explicación trivial —esta consola no funciona— resultaba ser falsa, o cuando la segunda explicación trivial —este tipo está chiflado— tampoco resultaba certera. Lo que más le molestaba al jefe era que Martín no tenía un historial de locura; su comportamiento, hasta entonces, había sido intachable. La alternativa era que el radar dijera la verdad y que en serio hubiese una nave no terrestre ahí fuera a punto de hacer contacto. Dolittle encontró esta línea de pensamiento desagradable, y la apartó. —Está bien, vamos a pensar en este desagradable asunto como si mereciera una mínima consideración. Ya conocen el capítulo 225 del manual, el que se refiere a este tipo de situaciones. Repásenlo y pónganlo en práctica. Yo, por mi parte… —Otra tormenta de estática—. …Así que poco puedo hacer desde aquí. Poco… —La transmisión se cortó. —Hace honor a su apellido, desde luego — dijo Érika, cruzando los brazos sobre sus perfectos pechos—. Dolittle, el hombre que hace muy poco. O nada. —¿Había un capítulo 225? —preguntó el médico, repasando el tocho impreso a siete colores del manual, en hojas ignífugas—. ¡El nuestro solo llega hasta el 224! —Pues menudo marrón —gruñó Martín, e intentó hacer un último quiebro a ver si sus perseguidores desistían… pero no funcionó. El contador digital de proximidad llegó a cero—. Atención, estamos a punto de verlos… Las dos naves cayeron hasta una situación de 53


parada total, y acabaron una frente a la otra como si se miraran fijamente. Los tres tripulantes en activo de la Si puedes leer esto se asomaron con cara de estupor a las ventanillas, y vieron lo que tenían delante. Les costó creerlo. Se trataba de un objeto artificial, no cabía la menor duda. Pero era el aparato más feo, extravagante, inexplicable, desatinado y estrambótico que hubiese podido imaginar la mente humana. Para empezar, no parecía ser metálico sino orgánico, y no fue hasta que las ondas del analizador se atrevieron a tocarlo que la computadora se dio cuenta de que su fuselaje estaba tallado en una única pieza de cerámica de alto impacto. Tenía protuberancias por todas partes, pinchos, cánulas, orificios, espículas y tentáculos, todo ello distribuido con fina imparcialidad sobre su casco. Alrededor de la nave y a poca distancia orbitaban pequeños satélites, aparentemente a la deriva, hechos de un material meteorítico desgastado y con funciones inconcebibles. No cabía duda: aquel trasto no era terrícola. —¿Y… y ahora qué hacemos? —tembló O`Kammon. —Supongo que llamarlos. Hola, qué tal están —sugirió Érika—. ¿Hago yo los honores? Los tres acabaron peleándose por ser el que manejara el intercomunicador. Al final, el honor fue de Martín, no por consenso sino porque se conocía mejor las debilidades de los demás: en el caso de la ingeniera, las cosquillas, y en el del médico, que tenía menos fuerza en las manos que un tití con osteoporosis. Se llevó el comunicador a la boca y apretó el botón. —Esto… ¡hola! —Fue lo mejor que se le ocurrió—. Somos, eh… —Se dio cuenta de lo poco apropiado que sería decir la verdad en estas circunstancias. «Hola, somos un equipo de destrucción planetaria de la Tierra y venimos a hacer papilla vuestros mundos. ¿Hay café?»—. Venimos… eh… en son de paz. Llevadnos ante vuestro líder. Érika le palmeó el hombro. —Bravo, Einstein. —¿Qué querías que dijera, la verdad? —No, pero hasta mi androide habría encontrado un saludo mejor que ese. —No me hables de androides, chata, porque te juro que… Un chasquido en la radio los asustó. Una voz claramente sintetizada, hablando en su mismo idioma, dijo: —Seres de la especie primate evolucionada del tercer planeta, se os saluda. Somos los Vrl, habitantes de una estrella a treinta y dos coma nueve años luz de vuestro sol. El eco electromagnético de vuestras prácticas de «limpieza» llegó hace poco hasta nosotros, y 54

decidimos, como se dice en vuestra jocosa lengua, tomar cartas en el asunto. Los terrícolas se miraron, asustados. Justo hacía treinta y dos años que el Servicio de Esterilización había empezado su gloriosa cruzada por el cosmos. Lo que había tardado la onda de choque del primer planeta en ser destruido en viajar a la velocidad de la luz hasta el sistema Vrl. —Como comprenderéis —siguió diciendo la voz con aire de inevitable y fatigada conclusión, como un juez cansado que debe emitir otra sentencia de muerte—, no podemos permitiros proseguir con vuestro hobby. Los demás planetas de esta galaxia también tienen derecho a existir, y vosotros no sois quiénes para decidir su destino. Así que hemos enviado un destructor-aniquilador en rumbo de interceptación con vuestro planeta para que lo destruya. Sed felices lo poco que os queda de vida, y como dijo un sabio, una vez, «mirad siempre el lado positivo de las cosas». La comunicación se cortó, y el caos estalló en la cabina de mando. —¿Destructor-aniquilador? —gritó Martín—. ¡No me gusta nada cómo suena eso! —¡Maldita sea, ya sabía yo que acabaría llegando este día, lo sabía! —sollozó O`Kammon—. ¡Y ni siquiera he vendido mis acciones de Lehman Brothers aún! ¡Tengo que contactar con mi agente de bolsa! —¡No podemos dejar que esos cabrones se salgan con la suya! —exclamó la ingeniera, tecleando rápidamente unas órdenes en la consola. —¿A qué te refieres? —¿No es obvio, tontorrón? ¡Tenemos a nuestra disposición la mayor arma del universo, y sea lo que sea ese destructor, seguro que no es más voluminoso o masivo que un planeta! ¿Ves a dónde quiero ir a parar? Martín se frotó la barbilla, una conveniente sonrisa satánica empezando a nacerle en la cara. —Creo que sí… ¡Venga, preparémoslo! ¡Borremos de la existencia a esos cabrones que van por el universo haciendo lo que les da la gana! ¿Con qué derecho, joder? Del dicho al hecho, por desgracia, mediaba un largo trecho, pues un disparo del cañón Apokaliptus 7000 llevaba su preparación. No era apretar el botón rojo y ya está. La pila termonuclear tenía que empezar a cargarse como mínimo un par de días antes, acumulando la potencia suficiente y comprimiéndola, para que el disparo saliera limpio. La nave alienígena, sin embargo, les demostró que no podía esperar tanto tiempo. Aceleró rumbo al Sistema Solar a una velocidad que los terrestres podían igualar, pero no superar. Martín puso la Si puedes leer esto a máxima potencia, a todo lo que


daban sus propulsores, y se lanzó en persecución del artefacto alienígena. La computadora estimó que, a esa velocidad, no lo interceptarían hasta que hubiese llegado a la órbita de la Tierra. —Va a ser muy justo… —murmuró Martín, e intentó depurar el vector de trayectoria todo lo que pudo. Los días transcurrieron en medio de un latente nerviosismo. Los tripulantes procuraron mantenerse ocupados, Martín informando al mando terrestre… (Sí, Tierra, aquí la Si puedes. Esta es la situación, y seguimos sin papel higiénico a bordo, sobre todo ahora que debido a la tensión intestinal hace tanta falta. ¿Qué? ¿Que ya han detectado un objeto masivo que se dirige hacia la Tierra? ¿Y que nosotros somos la única nave de clase Luciérnaga que puede interceptarlo? ¿¡Pero qué coño es esto, un episodio de Star Trek!?) …O`Kammon informando al mando femenino… (Verás, Érika, tú sabes que muchas veces, a lo largo de la historia de la humanidad, los hombres y las mujeres se han visto comprometidos en situaciones desesperadas. Situaciones en las que solo queda un varón y una hembra vivos en un entorno completamente aislado, y la supervivencia de la especie depende de… ya sabes, de que se lleven bien. Ahora que la Tierra va a ser destruida, y nosotros somos los únicos seres vivos que quedan de nuestra especie, ¿querrías morir sin antes…? ¿Cómo? ¿Que me vaya a dónde…?) …Y Érika intentando quitarse de encima a los moscones y descifrando el mensaje que la capitana Consuela llevaba escribiendo desde hacía semanas. Cuando al fin lo terminó, el ánimo de la ingeniera se conturbó. Porque, mucho antes de que ella supiera que estaban metidos en serios problemas, la capitana tiempo-ralentizada había volcado todos sus esfuerzos en una simple frase: HAY ESPERANZA Érika le sonrió a través del cristal de aislamiento. Y asintió, contrita. Sí, la esperanza es lo único que se pierde. De eso sabían mucho sus «moscones». La Si puedes leer esto llegó al Sistema Solar una semana después, con solo un par de horas de retraso con respecto a la nave alienígena. Y justo a tiempo, pensó Martín, pues en su radar detectaron algo que solo podía ser descrito como un nivel de caos absoluto, dentro del sistema. Los tres miembros en activo de la tripulación estaban en la cabina de control, preparados para todo.

Para cualquier cosa que vieran allí. Pero ni siquiera esa preparación mental previa pudo prepararlos para lo que vieron: Ocupando todo el espacio visible al otro lado del cristal había una esfera monstruosa y horripilante, como el cerebro de un titán cósmico que se hubiese plegado sobre sí mismo. Tenía varios miles de kilómetros de diámetro, y una velocidad angular relativamente escasa. Era de color negro, antirreflectante, y parecía una extrapolación hacia las insondables cotas del horror del diseño de la pequeña nave alienígena que ya habían visto. Con muchos más cuernos, con más valles, con más aros de fuego, con más características robadas a un genuino tour de force del horror primigenio y lovecraftiano. Los tres se quedaron pálidos. —¿V… veis lo que yo…? —tembló Martín. El médico y la ingeniera asintieron. No les llegaba la voz a la garganta. Había cruceros de guerra terrestres revoloteando alrededor del dios maligno, pero, curiosamente, aún no lo estaban atacando. —Deben de temer su reacción, el contraataque. Bien, le daremos su merecido. Nos sobran dos cosas: huevos y potencia de fuego. —El piloto chasqueó los nudillos—. ¡Preparad el arma! Una comunicación entrante les llegó por el canal de máxima prioridad. En pantalla apareció, entre un torbellino de distorsiones, el preocupadísimo rostro del jefe Dolittle. —¡Luciérnaga HTK… —Estática—. …por la órbita cinco, y el…! —Más estática—. ¡…un ataque directo sobre…! —Otra distorsión, y por último—: ¡… lación de los reglamentos de seguridad del…! Se cortó en seco. La flota terrestre empezó a bombardear despiadadamente la pequeña nave de los Vrl, pero al planeta del terror ni lo tocaron. ¿Tanto miedo tenían? —Cañón de megapulso Apokaliptus 7000 listo y apuntado —anunció Érika con una mirada feroz—. Cuando usted quiera, capitán. —No soy el capitán —dijo Martín—. Pero, vale, para el caso… Pulsó el botón rojo. Sintieron el familiar encadenamiento de reacciones físicas que conllevaba cualquier disparo del arma: el temblor tras las paredes; el flujo energético epitelial iluminando las venas y arterias del reactor atómico; la momentánea atenuación de todas las luces de la nave… Por delante de esta apareció lo que ellos llamaban familiarmente «la pera luminosa»: en el espacio, separada unos cien metros de la bocacha del cañón, una singularidad se estaba formando de la nada. Una pera de 55


luz que atrajo hacia sí remolinos concéntricos de energía y creció exponencialmente hasta alcanzar su masa crítica. Entonces, se deshizo en cuatro cuerdas que se abrieron por una longitud de muchos kilómetros, y que empezaron a girar y avanzar a miles de metros por segundo en dirección al planetoide del terror. —Chupaos esa, babosos E.T.s… De repente, ocurrió algo impensable: uno de los cruceros de guerra terráqueos les disparó a ellos. No a la nave alienígena, que ya enfilaba la salida del sistema por los túneles subluz… sino a la Si puedes leer esto. El rayo vino empaquetado en su familiar vaina de radiación verdosa, e impactó justo en el centro de la pequeña clase Luciérnaga. Hubo un estallido secuencial de brillos y llamas y de cinética comprimida en los despojos. Los tripulantes, aterrados, corrieron a las cápsulas de escape. —Pero ¿qué demonios…? —protestó O`Kammon—. ¡Oh, venga ya! ¡Mira que tenéis mala puntería, artilleros de mierda! ¡Nos disteis a nosotros en vez de al enemigo, capullos! —¡Deja de lamentarte y corre, culo frío! —le espetó Érika, y se metió con él en una de las cápsulas. La nave se estaba partiendo literalmente en dos a su alrededor: allá donde todavía había aire podían oírse sonidos de chatarra desgarrada, de cubiertas troceadas por el fuego, de una nave que se moría partiéndose en pedazos—. ¿Y Martín, qué ha sido de él? —¡No lo sé, venía detrás de nosotros! Pero allí no estaba; no en la misma cápsula de escape que ellos. Tampoco había ninguno de los molestos droides de la ingeniera, cosa de la que el médico se alegró sobremanera. Cuando la esférica cápsula fue escupida con un tosido al espacio, ellos dos fueron sus únicos inquilinos. Los retrocohetes automáticos les permitieron dejar de girar como una peonza. Al mirar por la ventanilla, las cejas salieron repelidas de sus párpados por el dantesco espectáculo: el planeta enemigo estaba siendo recorrido por las letales ondas de la radiación Apokaliptus, que estarían convirtiendo el cuerpo celeste en un auténtico infierno al nivel del suelo: todo lo vivo que hubiese allí sería ahora un plato a la barbacoa. ¡Y atreveos a quejaros! En órbita se habían tranquilizado un poco las cosas, pues la nave enemiga, la pequeña, había saltado ya, dejando a los cruceros que querían cazarla con un palmo de narices. Esos mismos cruceros habían sido destruidos también por lo que llamaban la onda de rebote, un efecto secundario del Apokaliptus que, si pillaba una nave de esas cerca, la reducía también a cenizas. Ya no quedaba rastro, pues, de ninguna nave humana en las cercanías. 56

Pero lo peor, lo que más les dolió, fue ver a su querida HTK Si puedes leer esto estás demasiado cerca desintegrándose en millones de pequeñas y calientes piececitas, que se abrían en el vacío como un surtidor de muerte. La que había sido su hogar durante los últimos años cayó solemnemente en acto de servicio, ¡nada menos que tras haber salvado a la Tierra!, por culpa de la negligencia de un tirador loco. —Dios, espero que la pobre Consuela haya tenido tiempo para… consolarse, antes de que la pillara la onda expansiva —murmuró O`Kammon. —No lo creo… —dijo la ingeniera—. Moriría a velocidad hipersónica, y ni siquiera su espíritu se daría cuenta hasta que… ¡Cuidado! Se agarró a las mamparas cuando la onda de rebote los alcanzó. La cápsula se llenó de un pulso estroboscópico, actínico, que los hizo gritar de dolor. Pero al rato, cuando pasó, tanto el médico como Érika estallaron en vítores y gritos de alegría. —¡No nos ha matado, estamos vivos! ¡Es un milagro! —¡Sí, sí que lo es! La radio se activó sola con la voz de Martín: —¿Hola? ¿Chicos, estáis ahí? La ingeniera agarró el comunicador, eufórica. —¡Martín! ¿Estás bien? ¡Creímos que habías muerto en la explosión! —No, logré llegar hasta la bodega… —La voz del piloto estaba serena, desprovista de inflexiones. Era la voz tranquila de un hombre que al fin se ha reunido con su Dios, o con lo que fuese que le estuviera esperando al final de su vida, y había decidido que el encuentro valió la pena—. No pude llegar a las cápsulas. —¿No? —se extrañó O`Kammon—. Pero, entonces, ¿cómo es posible…? —Mirad por la ventanilla. Lo hicieron, y los dos rieron a mandíbula batiente ante lo increíble y surrealista del cuadro: había esferas policromadas flotando en el vacío, llenas de colores iridiscentes. Muchas, muchas esferas llenas de arcoíris anudados sobre sí mismos. ¡Pompas de jabón! Y dentro de una de ellas iba Martín, con su traje de vacío puesto, flotando como un bebé dentro de la ecografía de la madre. Les estaba haciendo gestos de saludo con la mano. —¡Ja ja ja, viejo intrigante! ¡Tú y tus pompas de jabón! ¡Al final has sobrevivido gracias a ellas! —Sí, pero no por mucho tiempo. Me queda aire para diez escasos minutos, y vosotros no tenéis capacidad de maniobra para venir a buscarme… Estoy muerto ya, pero pienso disfrutar de mis últimos momentos teniendo un momento zen conmigo mismo y con el espacio profundo. Esto que estoy


diciendo en voz alta ahora forma parte de mi epifanía… —No digas tonterías, amigo, alguien nos recogerá en breve —sonrió el médico—. Es cierto que la onda de rebote ha destruido parte de la flota, ¡pero la Tierra está a salvo! Enviarán a alguien. —¿Seguro? —El tono de Martín se volvió triste—. ¿Tú ves la Tierra por algún lado? —¡Claro! Está ahí, justo donde… eh… Érika y O`Kammon se miraron, confundidos. Martín tenía razón: el planeta madre no aparecía por ninguna parte. Solo estaba aquel enorme cuerpo oscuro y malévolo, el destructor-aniquilador, que flotaba allí más muerto que un cometa. Flotando en… en… En la misma órbita donde debería estar la Tierra. Justo en la misma. —No sé cómo lo hicieron —decía la voz de Martín, cada vez más alejada, más apagada—. Quizás no tenían la tecnología para destruir planetas, como nosotros, pero puede que sí la de alterar nuestras percepciones, lo que veíamos y escuchábamos… Puede que sí que hubiesen enviado un destructor a la Tierra, pero no el que pensamos que era… Inmersos en el horror, Érika y su compañero se dieron cuenta de lo que habían hecho: ellos habían arrasado su mundo madre. Y también las naves que había en sus cercanías, conteniendo lo poco que quedaba de la especie humana que no había perecido con la radiación. Sin quererlo, se habían convertido en agentes del enemigo, y en la guadaña de la Parca. Ahora solo quedaban ellos, ellos tres, como últimos especímenes de la otrora orgullosa raza. —Adiós, amigos, hasta la próxima vez, si nos vemos… —se despidió Martín, y mientras lo hacía, su pompa de jabón llena de arcoíris se hacía más y más diminuta en la oscuridad—. Adiós. Y si algún día tenéis hijos… decidles que la mejor canción de la historia del siglo XXI… fue esta… Lo último que se escuchó de él fue una canción rock que se llenaba de estática y que se hacía cada vez más débil, desapareciendo, desapareciendo, desapareciendo… hasta que solo quedó el silencio. Érika y O´Kammon se miraron durante un rato. Al final, ella dijo: —Oh, está bien, idiota. Has tenido que exterminar a toda la especie humana para conseguir lo que querías, ¿no? Venga, hazme el amor. Quiero quedarme embarazada. El pulso del médico latía al borde del paroxismo mientras ella se quitaba la camisa del uniforme y el sostén. —¿E… en serio…? —Claro. Solo quedamos nosotros, ¿no? Pues venga;

si la supervivencia de la especie está en la estacada, empecemos cuanto antes. O`Kammon, al que la supervivencia de la especie le importaba literalmente un pimiento, se bajó los pantalones, dispuesto a darlo todo por la bandera y por la Patria… …Hasta que se miró la entrepierna. Y también la de Érika. No quedaban órganos genitales en ninguno de los dos. La onda radiactiva los había atrofiado, plegando la carne sobre sí misma como si fueran muñones cauterizados por el fuego. Ni él tenía órganos sexuales, ni Érika tampoco. Ahora mismo, los dos estaban tan dotados para el sexo como los muñequitos de plástico que se vendían para los niños del siglo XX. O`Kammon miró hacia arriba, alzó los brazos y les gritó a todos los dioses habidos y por haber un terrible, profundo y muy sentido: ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOOOOOOOOOOOOOOOOOO…! Ese grito trascendió la frontera de la cápsula y se convirtió en una onda electromagnética que recorrió durante muchos miles de años la galaxia. Y mucho, muchísimo tiempo después de ser emitido, cuando llegó hasta sistemas solares lejanos y los oídos de especies inteligentes lo registraron, hizo que temblaran de miedo, pues se preguntaron qué horrible final podría haber sufrido la civilización que lo emitió. Qué cosa, en todo el universo, podría ser lo suficientemente terrible como para que una civilización entera lanzara tal aullido al extinguirse.

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RELATOS

ÁVALON ZACE

E

ADRIÁN TRUJILLO MARRERO

se día el viento acariciaba todas las superficies con la suavidad que tiene un recién nacido para apretarte un dedo. El cielo azul estaba surcado de extrañas y finas líneas de nubes muy blancas, y el sol caía inclemente, pero en ningún momento hubo sensación de bochorno. Era un día como cualquier otro. Pero eso necesariamente no significaba que fuera un buen día. En los jardines de las afueras del palacio de la Gran Familia de Stoirmeg, esos que daban al bosque norte ubicado en lo alto de la más alta meseta de la región, se respiraba una absoluta tranquilidad, esa quietud impropia de las grandes ciudades o de los lugares densamente poblados, pero en aquellos jardines la sensación era siempre la misma. Siempre y cuando, claro, él estuviera allí. Y en ese momento, lo estaba. Se hallaba sentado con las piernas estiradas sobre la verde y fresca hierba. El rocío de la última serenada humedecía todo, haciendo que los primeros rayos del sol arrancaran brillos únicos a cualquier sobre las que ellos incidieran. Desde la lejanía, y en el centro del jardín, podías adivinar la silueta del más alto y grueso árbol, uno que, como por mística, te alentaba a adentrarte en el pequeño oasis de calma. Él tenía la espalda apoyada en ese mismo tronco. Tenía los ojos cerrados, y esa misma brisa que sacudía las hojas de las ramas le mecía con gracilidad los mechones del pelo negro que le caían lisos enmarcándole la cara. La propia humedad del árbol traspasó las telas, mojándole la piel. Portaba una ropa sencilla, demasiado sencilla para ir acorde a los designios de su Familia, en demasiada disonancia respecto a aquellas vestimentas que lleva la gente que lo solía rodear día y noche. No creía que esos ropajes lujosos le perteneciesen a él por el hecho de haber nacido donde lo había hecho, cercado por la gente por la que estaba rodeado, y a decir verdad, se sentía más cómodo con la ropa común. ¿Qué tenía de malo? Quizá lo más extraño no era su atuendo sencillo: había muchas cosas suyas que llamaban la atención de la gente cuando lo analizaban de arriba abajo. En ese momento blandía un laúd, un laúd de extrema belleza, de madera negra y clavijas de plata. ¿Dónde 58

se había visto a alguien de noble cuna tocando melodías como cualquier bardo, trovador o bufón con talento? Era una de esas cosas que lo acusaban de raro. De extraño. Pulsaba las cuerdas en el mástil y las hacía sonar golpeándolas con un extraño plectro triangular plateado, un peculiar regalo que había recibido tiempo atrás de manos de unos seres que no eran ni hombres, ni tnaigs, ni snoraks. Con él, la música salía sola, y había llegado a averiguar, con el tiempo, que las melodías que lograba arrancar de aquel instrumento eran interpretaciones de los sentimientos de su propia alma. Esa era otra razón para ser señalado: a la gente le gusta la música que conoce, y si lo que interpretaba era su misma esencia, una tan extraña como extravagante, tampoco lo comprenderían. Las notas musicales llenaban el ambiente, y un público vivo y silencioso se deleitaba con ellas. Las plantas y árboles no se movían, pero él estaba seguro de que se divertían de una forma u otra, y los animales, que se habían acercado hasta él, se habían puesto a su alrededor en posiciones de reposo, con los ojos cerrados, y todos sin excepción se sentían felices, plenos, pues ese día su alma estaba tranquila y serena, y el entorno lo notaba. La calma hecha música. La paz se interrumpió de pronto, cuando la tierra, las hojas y las ramas secas que había en el suelo comenzaron a quejarse del peso de alguien que no discriminaba a la hora de avanzar. Los animales abrieron los ojos de pronto. La música se interrumpió. Los animales corrieron y se camuflaron en el bosque, y él se quedó esbozando una sonrisa triste, mirando a la mujer que se aproximaba. —¿Qué deseáis, Ilenya Darion? —preguntó él con tono sereno. La mujer que lo contemplaba desde su inmensa altura era la descendiente directa de la familia más importante al servicio de la suya, los Darion. Con la única misión de servir y protegerlos, los Darion lograron ganarse el favor de la Gran Familia Stoirmeg y su linaje se remontaba muchos otoños atrás de los que ambos habían vivido. —Vuestro padre os convoca, señor Ávalon. —Aunque hablaba con firmeza se sentía una intrusa, y eso Ávalon lo sabía. Después de todo, para el


mundo ya no era simplemente Ávalon Zace de Stoirmeg—. Desea que os reunáis con él en el salón principal. —¿Es tan importante que no puede esperar? —Lo desconozco. —Parecía la verdad—. Solo me ordenaron daros el mensaje. Volved cuando lo creáis conveniente, aunque si me permite el consejo, yo iría cuanto antes: vuestro padre no parecía tener buena cara. «Mi padre nunca tiene buena cara… Y no es para menos». —Iré con presteza. Idos. —Sí, mi señor. Se levantó con parsimonia cuando Ilenya abandonó el jardín, dejándolo de nuevo en silencio. Los animales volvieron a asomarse cuando se creyeron de nuevo bajo el amparo de la seguridad, pero tuvo que decepcionarlos a todos cuando se sacudió la tierra de la ropa, guardó el plectro y se colgaba a la espalda el laúd. —Volveré más tarde —les dijo, y todos a una volvieron a desaparecer entre la maleza. Ávalon fue hasta el salón principal, tal y como su padre le había hecho saber. Recorrió el camino hasta allí con extrema calma. Encontró a hombres y mujeres por el camino, ya en las proximidades del propio palacio, pero nadie le ofreció una reverencia, no solo porque él odiaba que lo reverenciaran y todo el mundo lo sabía, sino porque ya nadie le tenía el mismo respeto que cuando era un niño. Por supuesto le tenían respeto, pero no era el respeto de la grandeza, sino el respeto de la incertidumbre, del desconocimiento, del miedo. Ni siquiera los niños se le acercaban, y de ellos muy rara vez obtenía una mirada que no fuera fulminante. Incluso alguna vez llegó a recibir alguna pedrada de los más liantes. Pero no le guardaba rencor a nadie. ¿Cómo podría hacerlo? Nadie puede culpar a nadie por tener miedo a algo. Llegó al salón principal más rápido de lo que le hubiera gustado. Si hubiera sido por él hubiera prolongado su paseo los próximos tres o cuatro otoños, pero aunque no le gustaba sentirse alguien especial por haber nacido entre los Stoirmeg, lo cierto es que tenía unas obligaciones que, muy a su pesar, debía cumplir. —¿Para qué exigís mi presencia, padre? — preguntó Ávalon cuando se halló frente a su progenitor, en medio de un lugar amplio y limpio, de altos muros, esbeltas columnas y bellas vidrieras que contaban historias antiguas que ya estaba aburrido de escuchar. —Hay conflictos en el norte, en Duineg — anunció su padre, solemne. No parecía que diera una

nueva, sino una primera frase en la que apoyar las demás, como un recordatorio de que había cosas pendientes por hacer. —Lo sé. Y no me gusta que los haya. —Por eso estás aquí. Quiero que vayas a paliar esos conflictos en persona. La gente te escuchará. —Son vuestros vasallos. Yo no quiero saber nada al respecto. Además, el pueblo me teme. —Y con razón. Eres atípico hasta decir basta. Pero no puedes rehusar. Cuando el Dios de la Muerte me dé el punto final tú serás mi sucesor, y mis vasallos, los tuyos. Tienes un deber que cumplir. —Nunca he deseado vuestro puesto, padre. —Soy consciente de ello, pero son tus gentes. Tu deber es velar por ellos. Darles paz y armonía, no permitir que se maten entre ellos. —Ahora mismo no son mis gentes, sino las vuestras. Si hay alguien que está dejando que se maten, ese sois vos. Por tanto, id y velad vos por ellos. —Siempre que hablaba con franqueza a su padre temía que se encolerizara, que no soportara las verdades que le escupía a la cara, pero su padre siempre había sido alguien con un temple encomiable. En cierto modo, eso le gustaba, y también, eso había logrado que no abandonara Stoirmeg varios otoños atrás. —Tienes razón en todo, pero eres mi hijo hasta que deje este mundo, y mientras tanto, obedecerás. Irás al norte y frenarás el conflicto a como dé lugar. Ya me he puesto en contacto con el señor de Duineg, al sur. Ahora mismo tiene muchísimos problemas, pero te estará esperando en la frontera con Caeg. Ve y convéncelo de abandonar toda esta barbarie. Amenázalo con traición o con una ejecución. Lo que haga falta. ¿Algo que objetar? —Nada, padre. —Se resignó con un suspiro—. Partiré de inmediato. —¡Y cambiaos el atuendo! —exclamó antes de que saliera por la puerta principal. No solo no se cambió de ropas, sino que ni siquiera paró para dejar su laúd en sus aposentos. Recogió su capa negra y un macuto con bastantes provisiones para el trayecto. Su padre dispuso para él un carruaje tirado por bratanzias y una escolta de diez soldados para la travesía, pero dio un rodeo para evitarlos y se aventuró a su misión en soledad: no llevaba bien la compañía. Ávalon descendió la meseta serpenteando entre las sombras que los edificios proyectaban hasta el Gran Camino que llevaba al norte. Allí, sin lugar donde permanecer oculto, lo recorrió bajo la atenta mirada de cientos de personas, pero nadie le dijo nada, y él lo agradecía. Una vez la ciudad quedó atrás y el bosque 59


se abría paso ante él, se adentró en sus entrañas. Y solo cuando se supo totalmente solo, su amigo acudió a su llamada. Ávalon acarició el hocico de su gotascuro, aquella violenta, peligrosa e indomable bestia, y el animal le lamió la cara con cariño. —Hola, Soryk. ¿Te apetece dar un paseo? Necesito que me lleves hasta el sur de Duineg. — Hubo un segundo de silencio y el gotascuro le lamió la cara de nuevo. Ávalon aprovechó para montar en su lomo y sujetarse a su pelaje—. Ve rápido, pero no te canses demasiado. Los gotascuro cuentan con la ventaja de que son mucho más ágiles y rápidos que los bratanzias, y desde luego eso haría que llegara antes a su destino, pero no muchos eran capaces de montarlos. A decir verdad, nadie conocía a otra persona además de él que fuera capaz de controlarlos de la manera tan misteriosa con la que lo hacía, y era esta la principal razón que hacía que la gente se mostrara tan hosca y distante con él. El viento le golpeaba el rostro y la melena larga le acariciaba la piel. Sentía la fuerte musculatura de Soryk bajo su pecho y le dio un poco de envidia no poder ser él. Despreocupadamente libre. El gotascuro saltaba de roca en roca, de rama en rama, y levantaba una veloz estela de polvo a su paso. Y solo se detuvo cuando alguien se cruzó en su camino. El hombre primero contempló con miedo la presencia que se había plantado frente a él. Ávalon, por su parte, no pudo evitar esbozar una nostálgica sonrisa. La noche cayó como una sábana que el viento decidió llevarse hasta que se cansó de ella. Estaba todo silencioso y oscuro. Era una buena noche, y también un buen momento para parar, descansar y, por qué no, compartir un diálogo con el único amigo que tenía Ávalon, aunque quizá usar el término «amigo» era excesivo. Sin embargo, a ninguno de los dos parecía importarles. Balliant Baelar era un hombre sencillo, al menos de apariencia. De tez blanca por vivir a la sombra de la biblioteca, ojos suspicaces y complexión delgada. Pareciera que la más mínima brisa se lo llevaría hasta el confín del continente. No obstante, era uno de aquellos hombres que se instruían desde jóvenes en el Templo del Saber de Namivia por la gracia del Dios del Conocimiento. Un erudito en su campo. Era joven, sin duda. Demasiado para todo lo que había logrado en tan poco tiempo. A los tres otoños de su nacimiento entró en el Templo del Saber demostrando una facilidad asombrosa para el apren60

dizaje, a los catorce ya podía ejercer de enseñante a los señores menores de los vasallos de Stoirmeg, a los quince ya estaba capacitado para ser un verdadero médico, químico y muchas otras ciencias, y a los dieciséis ya tenía la capacidad incluso de instruir a los mismos señores de cada región humana, como Duineg y Caeg, un hecho harto encomiable teniendo en cuenta que muchos, en el mejor de los casos, solo lograban eso cuando habían visto pasar los primeros treinta otoños de su vida. Sin embargo, y aunque las ofertas no le faltaron, Balliant no quiso dedicarse a la enseñanza o la curación, sino a la documentación dentro del campo de la biología, tanto animales como de plantas, pero especialmente de la fauna. Eso le había generado un montón de problemas y dificultades, pues no todos los seres eran tan amigables como los covaliones o los piriones. Estudiar a, por ejemplo, un gotascuro, conllevaba sus riesgos. —Hace tiempo que no nos vemos —dijo Balliant con jovialidad después de prender un fuego ayudado de yesca y perdernal. —Solo un poco. El tiempo pasa rápido. ¿Qué has estado haciendo? —Recopilando más información de los animales. Son más difíciles de estudiar que las plantas sí, pero también más fascinantes. Y por supuesto, terminando de escribir Nogardo. Te agradezco la ayuda que me prestaste. —No fue nada. ¿Ya tiene aspecto de libro que puedas enseñarme? —¡Oh, sí que lo fue! —exclamó—. Jamás nadie ha visto a un solo nogardo y ha vivido para contarlo. Por algo son los enviados por el Dios de la Muerte. Y respecto a lo segundo… no. Podrás leerlo, si quieres, cuando lo haya terminado. Las cosas a medio hacer solo provocan confusión. —Todo lo que comentas es cierto. Pero tú los has visto. —Lo miró con socarronería—. En las aguas del sur de Ìlka. Y estás vivo. —Porque iba contigo. —Aprovechó para tenderle un trozo de pan que había calentado cerca del fuego—. Los nogardos venían dispuestos a matarnos, pero cuando se acercaron a ti parecían cachorritos. Cachorritos colosales, pero cachorritos al fin y al cabo. —Tuvimos suerte —se excusó. —¡Ja! ¡Suerte, dices! ¡Eso no es suerte, amigo mío! ¡Ojalá poseyera ese extraño don que tienes tú! No sabes lo que me facilitaría el trabajo de investigación. Y ni qué decir si fuera a mí a quien la gente llame Jinete de las Bestias. Me dejarían en paz con lo mío. Todo ventajas.


—Puede ser. Los hombres son crueles, así que seguramente lo harían. Si poseyeras ese poder, no serían muchos los que te dirigirían la palabra, y quienes lo harían sería por cortesía o porque no les queda más remedio. —No hay muchos que me dirijan la palabra de todas formas. —No te relacionas con nadie. Solo pendiente de tus estudios. —Ávalon sonrió y le tendió su odre de vino. —Tú tampoco, y aquí estamos los dos. —Ciertamente. Brindo por nosotros. Ambos dieron un largo trago y compartieron el pan y el fuego hasta que este se extinguió bajo el sereno nocturno y del pan no quedaron sino las migajas. Balliant se recostó bajo unas ramas anchas, junto a un bolso de tela en el que llevaba su cuaderno de notas, plumas, alcohol de limpieza y tinta negra muy densa. —¿Vas al norte? —preguntó Balliant antes de que Ávalon lograra conciliar el sueño junto a Soryk, que ya se hallaba profundamente dormido: Balliant no temía a los gotascuro como lo hacía todo el mundo, y eso había hecho de él una agradable compañía. También ayudaba saber que la bestia no lo atacaría si Ávalon estaba cerca, o al menos, si no se lo ordenaba. —Sí. Tengo asuntos que tratar para mi Familia. —Vaya… Estás tan a disgusto como imagino, ¿verdad? —No te haces una idea. —Pues ten cuidado. Las cosas están feas por ahí. —Soy consciente de ello. Mañana llegaré a mi destino, si Soryk tiene la bondad de correr tan rápido como hoy. En cuanto me despierte con las primeras luces del alba, me iré. —¿Y si aún duermo cuando despiertes? —Seguirás durmiendo. Y cuando despiertes, ya no estaré aquí. —¿Sin despedirte? —Sin despedirme. He acampado contigo en medio de demasiados lugares y sé perfectamente que tu despertar no es en absoluto amigable. La última vez me arrojaste un puñado de tierra y seguiste con tu letargo. —No lo recuerdo. Ni ahora, ni cuando me lo contaste. Pero sigue sonando tan divertido como entonces. —Contuvo una carcajada. —Espero que nos volvamos a ver. —Pasa una buena noche y ten un buen día, si mañana no estoy en pie para deseártelo. Y buena

suerte, Ávalon. La necesitarás allá a donde vas. —Lo mismo te digo, compañero. —Ávalon sonrió y cerró los ojos. Casi exactamente como había predicho, Ávalon se despertó justo antes de que el sol lo despertara. Simplemente una casualidad. Soryk, por su parte, estaba ya en pie, y Balliant dormía a pierna suelta, lanzando ronquidos de lo más estridentes. «Es un milagro no haberlos escuchado en toda la noche». Montó sobre el gotascuro y le pidió que empezara a moverse, rumbo al norte. —Hasta otra —le dijo al soñoliento Balliant. Y de cuatro rápidas pisadas, Soryk ya lo había dejado atrás. La forma de la guerra se hizo palpable cuando, cerca del castillo del señor de Duineg, no había más que campos quemados, cosechas de humo y tierras de ceniza. Olía a muerte, a una muerte antinatural. Olor a carne vieja. No olía como la carne que asaban los hombres en el palacio para la Gran Familia. Era un olor ponzoñoso que daba arcadas, un aroma que provocaba tristeza y una honda angustia, insondable. Ávalon frenó el paso de su gotascuro y avanzó lentamente por el camino, evitando que este pisara los cadáveres cuya cantidad aumentaba progresivamente a medida que se acercaban al castillo. Cuanto más próximo estaba, más muerte hallaba y más lástima sentía. Tragó saliva. No era la primera vez que estaba ante un paraje semejante. Desde que su padre había subido al poder, los conflictos en las regiones del norte de Eg’d Eron se sucedían constantemente, originadas por disputas territoriales principalmente, pero sin dejar de lado la política y la economía. No sabía la cantidad de veces que había tenido que ir por orden de su padre a evitar que se matasen, pero esta vez habían llegado a las manos de la forma más catastrófica. Sintió náuseas y unas ganas frenéticas de huir de aquel camposanto. Aquella batalla se había originado porque el señor de Caeg había perdido a su único heredero por enfermedad, una gran pérdida teniendo en cuenta que no había más descendientes de su estirpe. Duineg estaba al corriente de esto, y sabía que si quitaban de en medio al señor de Caeg, todo su territorio tendría que anexionarse, por proximidad, con el suyo. El señor de Duineg inició, entonces, una guerra camuflada por conflictos políticos y económicos, pero el verdadero objetivo, aunque no explícito, estaba en boca de todos. Y el triste resultado de esto 61


era toda aquella masacre que se extendía ante él. Las casas estaban destruidas y los pequeños pueblos devastados. El castillo estaba entero, pero el puente levadizo se hallaba consumido por el fuego y la muerte. La fosa estaba llena hasta la mitad de cuerpos sin vida. Y cerca de todo, una niña sollozaba, abrazando con demasiada fuerza los cuerpos de alguien que no se movían. Ávalon desmontó del gotascuro, que lo siguió con cuidado, sin dejar de observar con alerta todo a su alrededor. Pisaba la grava y hacía que esta hiciera un ruido atronador bajo sus pies entre el silencio abismal que se respiraba, pero la niña apenas se inmutó. —¿Te encuentras bien, muchacha? —preguntó. Sabía que no lo estaba, al menos psicológicamente, pero guardaba la esperanza de que no estuviera herida. La chica dejó de repente al hombre y a la mujer a los que asía con fuerzao, y alzó la vista, una mirada cargada de odio y lágrimas. Unas lágrimas tan densas y un odio tan sincero que le encogió el corazón. —¡Tú! ¡Ésto es por tu culpa! —exclamó con voz angustiosa. —¿Mi… culpa? —Miró en derredor y no vio más que muerte y desgracia. No quería creerse que eso había sido por él. No. —¡Sí! Ojos lapislázuli, ojos de Stoirmeg… ¡mis padres murieron por tu culpa! Ellos querían huir más al sur, conmigo… ¡Pero estos hombres se mataban por gente como tú! ¡Por ganarse tu favor! ¿Por qué? No lo puedo entender… ¿Qué culpa teníamos nosotros? —Yo… No lo sé… —Aquella niña lo había dejado sin palabras. La angustia cogió la forma de un nudo que le constriñó la garganta. —¡Yo tampoco! —gritó y se puso en pie, blandiendo un puñal que recogió del suelo. Soryk no se inmutó, y él no se movió. Corrió hacia él con intenciones homicidas. ¿Por qué no se movía? ¿Sabía que, en el fondo, era culpa suya? ¿Sería este el final que los Dioses del Camino esperaban de él, muerto a manos de una niña que lo había perdido todo? Si su existencia provocaba toda aquella desgracia, merecía el punto final. Si ese era su sino, lo aceptaría. Antes de que llegara a él, el silbido de una flecha se adivinó en el aire, y su extremo perforó a la niña por la espalda, apareciéndole por el centro del pecho. Soltó el cuchillo cuando vio la punta y derramó unas lágrimas, más de resignación por no completar a su venganza que por ver que su vida acabaría 62

allí. Antes de que cayera al suelo, Ávalon se abalanzó y la cogió entre sus brazos sin poder hacer nada más. Clavó en él una mirada envenenada y susurró sus últimas palabras: —Es… culpa tuya… —Y en ese momento, expiró. —Menos mal que he llegado a tiempo, ¿eh? —dijo un hombre portando un arco y un carcaj medio vacío. Detrás de él había otros tres, a bastante distancia, pero observaban con cuidado. Todos, cubiertos de tierra, sangre y brea—. ¡Un segundo más y esa despreciable chiquilla hubiera matado al heredero de Stoirmeg! ¿Os encontráis bien, señor Ávalon? Antes de que pudiera seguir hablando, Ávalon enterró las rodillas en el suelo y dejó a la niña a un lado. Se miró las manos, temblorosas. El gotascuro saltó sobre aquel individuo y lo partió por la mitad con sus fuertes fauces. Sus compañeros contemplaron el espectáculo, horrorizados, y echaron a correr en sentido contrario. Ávalon se echó las manos a la cabeza. «¿Todo es mi culpa? ¿La guerra es culpa mía? —Volvió a mirar a su alrededor, y luego a la niña, que poco a poco se hundía en un charco de su propia sangre—. La muerte de todos… La de esta niña… ¿tengo que vivir con esto? ¿Heredaré esta desgracia? ¿Seré la causa del mal que asolan estas tierras, este mundo?». Se levantó con pesadumbre, víctima de una amargura inimaginable. Si Eg’d Eron se empeñaba en matarse, no sería por su culpa. Entonces, Ávalon montó sobre el gotascuro con su laúd a la espalda, y regresó más al sur, con la capa ondeándole al viento y las lágrimas bañando sus ojos. No quería ser el motivo de tanta desgracia. No quería ser la razón por la que Eg’d Eron se desangrara de aquella manera. Poco a poco, la niebla del bosque en la que se internaban se tornó más densa, hasta el punto en el apenas veían a unos pocos palmos de distancia. Pero no le molestó, y desde luego no trató de volver a separarse de aquel denso manto blanco. Ahora él quería estar allí, y no volvería a salir jamás. Aunque ello pudiera significar su muerte. Esa fue la última vez que se vio con vida al Jinete de las Bestias. Los hombres de todo Eg’d Eron lo buscaron ardua y afanosamente, pero nadie dio con él. Fue entonces cuando dejaron de llamarlo el Jinete de las Bestias. Fue entonces cuando su leyenda y las canciones le dieron un nuevo nombre, y por todo Aos fue conocido como el Jinete Perdido.


RELATOS

NUEVOS TIEMPOS, VIEJAS COSTUMBRES

L

CRISTIAN BLACKBEARD

a Tierra, nuestro bello planeta, cuna de la humanidad. Testigo impasible de la crueldad con la que la trataron aquellos a los que dotó de vida. Drenamos su cuerpo hasta que quedó enferma y famélica. Para finales del siglo XXI el planeta agonizaba, y nosotros con él. Los gobiernos continentales no pudieron (o más bien, no quisieron) revertir la situación. El hambre, las pandemias, las catástrofes naturales y la violencia llevaron al ser humano al borde la extinción. La ambición y la sed de poder de unos pocos despertó los peores instintos de muchos. Nuestra especie se comía a sí misma. Al borde del abismo, cuando todo parecía perdido, el orgullo que nos había condenado, nos salvó. Las grandes empresas, los engranajes económicos de todo un planeta, el poder en sí mismo, se autoproclamaron salvadores de la humanidad, victoriosas donde la política y la sociedad habían fracasado, llevando al colapso al planeta. La enfermedad vendida como la cura. Lo compramos sin mirar. Así surgió el neo-feudalismo, sacrificamos nuestro pasado para sobrevivir. De las cenizas se levantaron cinco grandes corporaciones, a ellas se les entregaba la vida propia y la de tres generaciones futuras. Empezó el éxodo, como ratas abandonando el barco. Fue más sencillo dejar morir a la Tierra que salvarla, aun teniendo los medios. Era más rentable expandir y colonizar. El porvenir estaba en las estrellas. Cinco siglos después todo ha cambiado, pero en el fondo, todo sigue igual. No debemos olvidar el pasado, es la única manera de entender el presente y de mirar al futuro. El dinero cambia la historia, pero no la convierte en la verdad». C.B. Arcano de la Historia de la Tierra. [Fragmento desencriptado]. X 12, luna del planeta Gliese, sector América, subsector Méjico. En la rocosa superficie del satélite, la colosal estructura de metalmigón observaba inerte el paso del tiempo.

La que una vez fue la insignia del poder tecnológico en cuanto a defensa planetaria se refiere, era ahora un gran campo de escombros olvidado. Testigo de batallas pasadas. Desde la órbita, se podía contemplar cómo el complejo sistema de baterías de plasma estaba separado en dos mitades por un cráter que cruzaba de este a oeste. Como una herida abierta en la superficie que sangraba escombros que orbitan su cuerpo. A unos kilómetros al oeste, la estructura causante de semejante panorama reposaba en el cráter que se generó al impactar contra la corteza lunar. Una nave de combate clase Conquistador. Dentro de su cabina de mando, la capitana del navío se negaba a dejarla en el olvido. Prácticamente a oscuras, la silueta de Amelia era apenas perceptible, salvo por el reflejo anaranjado de la holopantalla tintineando en sus ciberbrazos. —Liam, estado del puente de mando —solicitó mientras seleccionaba una canción en la lista de reproducción de su unidad sináptica. —Presurización estable, niveles de oxigeno al 40%, contaminación del aire controlada en torno al 14% —explicó una sintética voz masculina. —Bien, al menos las últimas reparaciones han servido para poder estar aquí dentro sin el traje. Informe de energía del sistema Caronte, por favor — replicó ella, haciendo un ademán de impaciencia con sus dedos articulados. —Energía por debajo del 12%, sistema Caronte en modo hibernación. Unidades de 001 a 029 estables. Fallos en 030 y 031, estado: inactivas. Sin respuesta diagnóstica. Posible déficit de soporte vital prolongado. Se recomiendan reparaciones urgentes. Soporte vital estimado para las unidades en reposo: 3 ciclos. —La voz carente de expresividad recitaba los datos sin ser realmente consciente de que estaba comunicando la muerte de dos miembros de la tripulación. Amelia retrocedió unos pasos hasta tocar con sus talones su antigua silla de mando y se dejó caer. Sentía como la rabia le subía como una corriente eléc63


trica por su columna metálica. Con un destello de su pensamiento el reproductor musical comenzó a emitir I’m Broken de Pantera. La música analógica de la Tierra conocida como metal siempre había despertado en ella una sensación representativa de sus sentimientos como ninguna obra de psicomúsica. El beat de la batería, como el latido frenético de una vida al borde del colapso. Los riffs crudos, rápidos y directos. La voz cargada de energía, de vitalidad, alzándose para que se escuchara por encima del resto de sonidos del mundo. La libertad del espíritu humano. La hacía sentir viva. Porque ella también se sentía rota. Literalmente. —ALERTA DE SEGURIDAD. —La voz de asistente de mando devolvió a la capitana al mundo real. Antes de que pudiera reaccionar, la alarma contaminaba su interfaz de usuario. Solo hacía algunos meses que la habían reconstruido, sangre, metal, cables y esa maldita bacteria alienígena. Era una presencia sutil, ínfima pero perceptible. Algo vivo entre la carne y el metal de su cuerpo. Aún no había tenido tiempo de acostumbrarse al nuevo modelo de comunicación sináptico. Miles de pequeñas incisiones en diferentes partes de la cabeza le insertaron una versión mejorada del producto favorito de la humanidad. Sentía la alerta en lo más profundo de su cerebro, era molesto, intenso, como un parásito que escarbaba dentro, luchando por escapar. Por suerte duró menos de dos segundos. —¡Odio que hagas esa mierda, Kai! —gritó la capitana, mirando directamente a la figura holográfica que se había materializado segundos antes en el centro de la sala—. Me va a estallar el maldito cerebro. —Si algo te hace estallar el cerebro es ese ruido ilegal que llamas música. —Señaló la figura predeterminada. La llamada estaba encriptada, por lo que la imagen holográfica que mostraba era un monigote estático. —Me estaba preguntando cuánto tardaríais en rentabilizar la inversión. ¿Qué tengo que hacer? —Se ha visto comprometido un cargamento de ciber-implantes de grado militar. Las pruebas indican un robo desde dentro. Tienes que viajar al sector Canadá, localizar la señal de seguridad, e informar al grupo de extracción. —La voz era hipnóticamente siniestra, como si una voz masculina y otra femenina susurraran a la vez, imponiendo su voluntad. —A lo único que se puede ir a ese subsistema es a saludar a la muerte —dijo mientras le daba la espalda al monigote—. Es un suicidio. Deberías enviar a tus fuerzas especiales a recuperarlo. —Quince millones. Transferidos a tu cuenta 64

personal cuando se confirme que el material ha sido asegurado. Suficiente para sacar tu nave de esta tumba y recuperar a tu tripulación. Podrías volver a navegar. —Esta vez, su voz sonó con un tono más persuasivo, con palabras melosas. La esencia del embaucamiento—. ¿Qué me dices? «Como si tuviera opción. Actualmente mi vida os pertenece —pensó Amalia» —Envía los detalles —contestó solemne mientras se perdía en la oscuridad del fondo de la sala—. Y vuelve a poner la música. Planeta Miniluv, sector América, subsector Canadá. La travesía hasta su destino fue un placentero suspiro que se prologó dos semanas a bordo de su nave ligera de transporte, modelo Knarr. Le encantaban esos viajes, había nacido para surcar las estrellas, donde otras personas tardaron años en adaptarse a vivir en el espacio, ella lo había conseguido en tan solo algunos meses. Las cámaras de hibernación siempre le producían sueños intensos, que solía anotar al despertar para no olvidarlos. Pero desde que tenía implantes cerebrales, estos se habían vuelto más lúcidos, como fragmentos de su vida que se repiten en bucle, obligándola a recordar. En esta ocasión pudo experimentar cómo era su vida como capitana en la Armada de Defensa Planetaria del sector América. Un prodigio tecnológico, con el mejor blindaje y armamento que la humanidad había podido construir, además dotado con el nuevo sistema Caronte. Parecía la vida de otra persona. Se encontraba en la plataforma de observación, un gran pasillo abovedado que recorre como una aleta la parte superior de la nave. El fundido negro del espacio, como un lienzo sobre el que pintar el firmamento. Sobre el cristal, el reflejo de su tripulación, hombres y mujeres que durante años sirvieron bajo el mismo techo, le arrancaba una sonrisa. Las mismas personas que tras su caída en acto de servicio eran introducidas en unidades de soporte vital para pasar a formar parte de los sistemas de la nave. Una tripulación eterna. Una nave con alma. «Progreso», lo llamaban. Ver sus caras, aunque fuera en sueños, le ayudaba a recordar el motivo por el cual tragaba con toda la situación. No dejaría que desaparecieran en silencio. Los devolvería a donde pertenecían. Los superiores los ignoraron deliberadamente. Pero Amelia no. Una vez que la nave estaba a buen recaudo en los muelles, la capitana se enfundó su gabardina de tres cuartos color rojo escarlata. Esa era su favorita. La de la suerte. Presentía que la iba a necesitar. Tras recoger el maletín con sus herramientas de trabajo,


se dirigió a las enormes pasarelas que conectaban las cubiertas de atraque para civiles con las turbopistas. La megaurbe estaba compuesta por anillos concéntricos separados por muros de seguridad. Y conectados por carriles aéreos de alta velocidad, que enlazaban como arterias todos los distritos de la ciudad. Solo los estratos sociales más altos tenían acceso a los anillos interiores, donde se situaban lo que un día fueron las naves semilla del Proyecto Éxodo. En la actualidad, eran los centros de poder del planeta. La capitana sabía que, si tenías dinero, la forma más rápida y segura de moverse es contratar un transporte automático, sin intermediarios humanos: el frío y vigilante servicio proporcionado por la corporación de la zona. Durante las casi dos horas que duró el trayecto a su destino, tuvo tiempo de observar la magnífica obra de ingeniería creada por la humanidad. Ochenta años había tardado el bombardeo biológico en alterar la atmósfera del planeta para hacerlo habitable. En los ochenta años siguientes, la ocupación del planeta había triplicado la población inicial de la fundación, y actualmente la quintuplicaba. Vivió sus momentos de esplendor durante el siglo y medio que duró la explotación minera intensiva. Ahora, con la corteza planetaria agujereada y con los recursos agotados, el bienestar dejó paso a la decadencia. Ese lugar albergaba a millones de personas de todas las clases sociales diferentes, pero para la inmensa mayoría, la mayor prioridad era buscar un lugar donde vivir, algo que comer y sobrevivir un día más. Estaba atardeciendo y las nubes que se agrupaban en el cielo amenazaban lluvia. Desde esa altura la vista lejana del centro de la ciudad era imponente. La descomunal nave había sido modificada para convertirse en un edificio que albergara todos los medios necesarios para controlar la colonización del planeta, el color negro de su superficie brillaba al contacto con el sol dando la sensación de estar hecha de ónice, y miles de luces guiaban la vista hasta la batería de plasma que coronaba la estructura. A ambos lados del horizonte de la ciudad, dos monstruosas agujas de roca y acero se alzaban como guardianas de los costados de la megaurbe. Una fina capa en torno a toda la fachada, como si de un gran telón de luz y color se tratara, proyectaba publicidad ininterrumpidamente día y noche. Ahí dentro vivían millones de personas, dos ciudades dentro de otra ciudad enorme. Las madrigueras no tienen ventana al exterior y la gente pasaba meses sin ver la luz del sol. Su destino era el tercer anillo, con un nivel de acceso clase B. Por suerte para ella aún conservaba el estatus social de militar y traspasó las barreras de

seguridad sin incidentes. Mientras caminaba en dirección al punto de encuentro con su enlace en la ciudad, escuchaba Sweet Dreams de Eurythmics. Amelia disfrutaba mirando la despreocupada vida de cuantas personas se cruzaba cada vez que visitaba un barrio importante. La clase media, con trabajos y vivienda vitalicios. Un estatus lo suficientemente bueno como para vivir en zonas limpias y seguras, pero no tan destacados como para vivir en las zonas de la clase alta. La gente andaba de aquí para allá con una perpetua prisa, siempre con algo importante entre manos. «O eso creen —pensó Amalia». No estaba segura de si sentía envidia al verlos felices y despreocupados, aislados de la cruda realidad del mundo que les rodea, o si le daban lástima por haber decidido vivir autoengañándose. El cuerpo físico y material había alcanzado el nivel de forma de expresión artística: la época de los ciber-implantes estéticos había llegado para quedarse. Entre tantos millones de personas, no había, en apariencia, dos iguales. La libertad de modificar sin límites. Si podías pagarlo. La starnet era otra cosa. Todo estaba conectado, todos tenían que estar contactados. La interfaz sináptica era el implante inicial de cada persona y se consideraba en cierta manera como un segundo nacimiento. Sin ella es como si no fueras nadie: la presencia en la red es tan importante como existir físicamente. En prácticamente todos los sectores era obligatorio tenerlo instalado y actualizado, al menos, el modelo básico. Con esta interfaz, cada persona tenía un perfil en la gran red de redes, el grado máximo visto hasta esa fecha en telecomunicaciones espaciales. Una de sus funciones básicas consistía en que, por medio de un simple vistazo, se podía conocer todos los datos básicos de su vida. Información como el nombre, rango social, corporación a la que pertenecía, así como un sinfín de datos que pasaban a significar quién eres, tu sector de trabajo, la zona en la que vivías, los lugares donde acudías a comer y con quién te relacionabas, sin posibilidad de esconderse, y muy pocas de poder cambiarlo. Claro está que, en base al modelo instalado y el rango social, se puede ver mayor o menor cantidad de información. Existen maneras de ocultar o modificar esa identificación digital. El poder todo lo puede. La zona designada para el encuentro resultó ser una reserva natural. Una enorme superficie abierta, de grandes extensiones de césped, flanqueada por un anillo de cedros que aíslan a la vista de extraños y curiosos. Para la capitana era la primera vez, en mucho tiempo, que veía con sus propios ojos tanto verde en mitad de una colmena. Sus ojos, con ese fulguran65


te color azul sintético, evaluaban el entorno mientras una pequeña niña de pelo castaño y dedos acusadores se le acercó. —Ya era hora de que aparecieras. Llevo dos horas esperándote en este nido de insectos —le reprochó, mientras la apuntaba con los dos dedos que sostenía una varilla humeante. —Esto tiene que ser una maldita broma… ¡Mi contacto es un mimético! Fantástico —suspiró la capitana de forma despectiva. No le gustaba nada la situación. «Estas criaturas, humanas o lo que sean, son mascotas letales, más vale que me ande con cuidado. No dudará en traicionarme si cree que corre peligro la voluntad de su amo —pensó fríamente». —Llevo cinco años destinado en este planeta asqueroso. Si alguien puede ayudarte a cumplir el objetivo, ese soy yo. Sin mí te estarán desguazando las pirañas al caer la noche. ¿Quieres oír el informe o no? —A pesar de su cuerpo infantil, la voz sonaba firme, dura y daba la impresión de que estaba a punto de perder la paciencia. —Estoy deseándolo —espetó mientras se cruzaba de brazos. Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer sobre ellos. «Esto cada vez se pone mejor». —He podido rastrear la señal de seguridad. Proviene de alguna parte del sector industrial del anillo quince. No debería llevarnos mucho tiempo localizarla una vez estemos por la zona. Ahí entras tú, con esos ojos tan caros que tienes —decía mientras caminaba en círculos, apurando hasta la última calada de humo púrpura—. He conseguido un transporte aéreo para desplazarnos hasta la zona sin llamar mucho la atención. Las fábricas están controladas por una organización llamada La Plaga. Es previsible que tengamos problemas —explicó mientras tomaba de la mano a Amelia y la incitaba a continuar andando en dirección a la zona de cedros, tirando al lado contrario la varilla aún ligeramente humeante. —¿Tienes los informes de seguridad sobre ellos? —preguntó mientras aceptaba seguir el juego de madre e hija que el mimético le proponía. La tomó de la mano y caminaron juntas siguiendo la línea de árboles mientras se completaba la descarga y el desencriptado de los informes pirateados que el mimético le estaba compartiendo. —Fanáticos del culto del Fin de los Días, no son numerosos, pero hacen mucho ruido. Han tomado la apariencia de los médicos durante la Peste Negra en la Tierra. Creen que tienen el poder de controlar las plagas para azotar a la humanidad por sus pecados. Fanáticos. Usan implantes maxilares como 66

máscaras en forma de pico de cuervo, que decoran con colores llamativos y a las que dibujan caras siniestras. En los informes se señala que en el pico guardan dosis de narcóticos para potenciar sus capacidades en el desarrollo de sus cometidos delictivos. Lo más perturbador de todo es que crían especies de ratas genéticamente alteradas. Las controlan por medio de implantes neuronales y un sistema colmena. Con ellas realizan sus repartos de narcóticos y vigilan el territorio. Y si algo hay de sobra en esta ciudad son roedores. —Si sabiendo todo esto las corporaciones americanas les permiten seguir existiendo, supongo que el negocio será rentable —dijo Amelia resignada. Con la mirada puesta en el cielo, fue testigo de la breve fracción de segundo que se podía observar el cielo nocturno desde la superficie de la ciudad. Ese ínfimo instante entre que acaba el ciclo solar y comienza el lunar, momento en el cual desde todas las construcciones se encendía alguna fuente lumínica, sumado a la constante publicidad, que ocupaba hasta donde alcanza la vista. Dando inicio al nuevo ciclo, las alarmas avisaban a todos que comenzaba el toque de queda. Cualquier persona sin autorización que se encontrara fuera de su zona designada de habitación sería reducida usando fuerza letal. —¿Para qué van a arriesgarse a perder su poder atacando a una corporación rival? —consiguió decir la capitana cuando se detuvo al fin la alarma. La lluvia comienza a caer con más fuerza. —No es mi trabajo saberlo, pero quizás solo sean idiotas. Los humanos hacen cosas estúpidas constantemente para tener más poder, a veces con buenos motivos, otras con malas ideas. ¿Realmente importa? —preguntó la niña encogiéndose de hombros. Se estaba preparando para encender otra varilla púrpura, refugiada de la lluvia bajo la gabardina de la capitana—. Deberíamos movernos. Pronto será la hora asignada. —En marcha —las palabras le salieron como un reflejo. En el fondo sabía que por mucho que la situación le resultara sospechosa no cambiaba el hecho de que tenía que llevarla a cabo sí o sí—. Por cierto, aún no me has dicho tu nombre —dijo mientras se separaba y guardaba una distancia prudencial mientras andaban hasta el vehículo. —Nosotros no tenemos nombre, no somos personas, no tenemos identidad. Pero si te quieres referir a mí de alguna manera para sentirte más cómoda, puedes llamarme Ower —canturreó, mientras esbozaba una enorme sonrisa y saludaba amablemente con mano en señal de presentación. Al sur del complejo industrial, en el anillo


quince, Amelia y Ower estaban situados en el tejado de una nave de almacenamiento. Desde esta posición elevada podían escanear el entorno para localizar su objetivo. Todo estaba extrañamente tranquilo. Salvo por el tintinear constante de las gotas de lluvia sobre las superficies metálicas no se veía u oía nada. La distribución de las construcciones que estaban ante ellos se articulaba en torno a una gran zona al aire libre que, según los planos, era la zona de carga y descarga del material acabado. Al oeste, los tanques de almacenamiento para los compuestos que utilizan en la planta de procesado, la cual se distingue claramente en el lado opuesto. El fruto de las dos enormes chimeneas que crecían desde sus entrañas alimentaba de manera automatizada a la fábrica en sí misma, justo al norte de donde se encontraban. En su interior, un entramado de articulaciones robóticas en cadena ensamblaba las diferentes partes que darían como resultado las codiciadas manufacturas. Repitiendo un mismo patrón una y otra vez. «La danza del desarrollo» la llamaban. En este caso era una fábrica de piezas de metalmigón, Este material era el pilar fundamental de la revolución constructiva del imperio colonial de la humanidad. «Es muy extraño que esté sin protección —pensó la capitana mientras barría la zona con sus sensores». Desde que llegaron a la zona habían pasado a comunicarse vía sináptica por un canal seguro, así ahora solo tenían que pensar en comunicarse y no necesitaban hablar. Cuando el brillo azul en los ojos de la capitana remitió de intensidad, el mimético intuyó que ya tenía un mapa minucioso del lugar y que podrían ponerse en marcha. —La señal proviene de alguno de esos contenedores de la zona central. No puedo precisar con más claridad: algo le produce un cosquilleo en mis escáneres. Me cuesta concentrarme en un punto concreto. Quizás sea algún sistema de defensa —explicó mentalmente. Sentía una sensación extraña, como un hormigueo en la parte trasera del cerebro, no doloroso, pero si perceptible. —Tendré que acercarme más para comprobarlo. No estamos solos. He marcado en el mapa la posición de dos guardias que están a la vista. Parece ser que son de La Plaga. Pocos implantes, armas automáticas, máscara de punta de cuervo decoradas de manera siniestra —dijo en voz baja mientras descendía del techo y se perdía entre las sombras de los callejones en la dirección de uno de los guardias—. Es hora de hacer mi parte. Todo ocurrió muy rápido. Desde donde se encontraba, Amelia pudo seguir con la mirada la manio-

bra de aproximación de Ower hasta su objetivo. Lenta y sigilosamente la niña se acercó hasta estar situada en un nivel superior a él. En lo que se tarda en parpadear, de su boca surgió un apéndice de tono plateado que silbó en el aire que lo separaba de su presa. El aguijón impactó en el cuello, por debajo de donde comenzaba la máscara. La sacudida eléctrica lo noqueó antes de que su cerebro fuera capaz de entender lo que había ocurrido. De un salto, la infantil figura se colocó junto al cuerpo y tras extender la mano, comenzó a emanar de ella una sustancia, que de haber estado cerca, la capitana se habría dado cuenta de que olía a lavanda fresca. Empapó todo el cuerpo y transcurridos diez o quince segundos ya no quedaba ni resto del cuerpo. Ni el del guardia, ni el de la niña. El mimético ahora había adoptado el aspecto del recién desintegrado. A la capitana el espectáculo le había parecido grotesco y tuvo que hacer un ejercicio de voluntad para no vomitar. —Voy a echar un vistazo más de cerca. Usa tus herramientas y cúbreme —dijo mientras se acomodaba en su nuevo aspecto y echaba a andar dirección norte. Incluso la voz desde su pensamiento sonaba muy diferente, más seria, más sombría. «¿Tiene una personalidad propia y adapta o convive con la que absorbe o por el contrario, cuando se transforma, se convierte en una copia de esa persona? —reflexionó Amelia». De camino al centro del complejo, el mimético se cruzó con otros tres guardias, que entre la indumentaria y la identificación digital encubierta era imposible determinar nada su aspecto. Se encontraban apostados en lugares estratégicos, entre las sombras de las construcciones, vigilantes. Cuando Ower estaba a la altura del primer contenedor de manufactura, un destello y el posterior estruendo rompieron la tranquilidad de esa noche lluviosa. Amalia detectó desde su posición cómo se aproximaban dos vehículos terrestres a gran velocidad por el noroeste. Al llegar a la valla protectora que separaba los tanques de almacenamiento con la árida zona colindante una figura emergió del interior con un lanzacohetes de hombro. El impacto abrió una brecha por la que penetraron al complejo. Segundos después los nueve guardias apostados en el lugar comenzaron a abrir fuego sobre los invasores. Los proyectiles sólidos y las descargas de energía no detenían la carga. Los dos semi-blindados de color verde militar se detuvieron en forma de cuña al llegar a la zona de los contenedores. De su interior, la capitana pudo distinguir al menos doce siluetas. Por las ciberarmaduras ligeras que llevaban, comprendió que se trataban de las fuerzas especiales de alguna organi67


zación con muchos recursos. No tuvieron ninguna oportunidad: la superioridad táctica y tecnológica de los asaltantes transformó rápidamente a los defensores en sanguinolentas masas de carne, cable y metal. Aprovechando la confusión, Ower había conseguido llegar hasta el origen de la señal. —La señal es auténtica, objetivo localizado. Tenemos que iniciar la extracción — dijo en la red interna, con un tono de voz que no podía ocultar su alegría. Mientras, el grupo de asalto se desplegaba por la amplia zona de mercancías, caminó a donde se encontraba oculto el mimético. —¿Extracción? ¿Cómo que extracción? Nos superan en número y en equipamiento. Derribarán la nave antes de poder llevarnos la carga. Que los grupos de la corporación se encarguen de eso —contestó ella mientras mantenía en la mira a las figuras que se acercaban cada vez más a su objetivo. Cuando el grupo estuvo a mitad de camino, serpenteando entre los almacenamientos, Amelia localizó movimiento en el tercer nivel de la fábrica. Una figura de rostro oculto tras la máscara de la plaga observaba la situación. —Para cuando lleguen será demasiado tarde, capitana —señaló el mimético, claramente nervioso—. Tenemos que proteger esta carga a toda costa. Llama a la nave —sentenció. Aparecieron de la nada. Miles de ratas enormes, del tamaño de gatos domésticos. Las mismas que repartían los estupefacientes. Se juntaron formando un río de pelaje gris y marrón que ocultó el suelo de la zona central del complejo. Cuando llegaron a la altura de los mercenarios ya era muy tarde. De manera espontánea, como palomitas dentro de un caldero, las cargas explosivas que portaban las ratas comenzaron a detonar. Frente a los ojos de la capitana el grupo de asalto se convirtió en polvo, difuminado en el aire. Comprendió lo que debía hacer. Era el momento de emplear su herramienta de trabajo. Un rifle antitanque modelo Y110, conectado neuronalmente con su cuerpo. El cráneo reforzado del señor de la plaga resistió el primer impacto directo, estrellando su cuerpo contra pared. Pero no resistió el segundo. Las explosiones se detuvieron. Todo se quedó en calma de nuevo. Gracias a la nave de transporte, llevaron el contendor a zona segura. Dentro de la zona privada de los mulles de atraque del planeta. Mientras esperaban al grupo de extracción de la corporación japonesa, Amelia no pudo resistir ojear su interior. Al fin y al cabo, se había jugado la vida por recuperarlo. La humanidad no solo se había modificado a 68

sí misma hasta generar una forzada evolución, creando como resultado una especie superior. En su infinita arrogancia también había creado una especie nueva, más concretamente una subespecie. El denominado cuarto grupo social. Mano de obra para las colonias con ambientes más hostiles. Creados a nuestra imagen y semejanza, pero simplificados, sin libre albedrio. No podían reproducirse de manera natural. Al menos eso creía Amelia hasta ahora. Dentro del contenedor, una mujer cuarta dormía en la cámara de hibernación con las manos sobre el vientre.


RELATOS

SEMILLA

A

DAVID DUNKEL

sí son las cosas...

«La Luna. Solíamos soñar con vivir allí. La conquista del universo comenzaba por descubrir el comportamiento de la vida humana en el astro más cercano y habitable. Aquel yermo blanco-azulado sobre el que imaginábamos perros flotando, sobrevolando los porches de los vecinos y aterrizando quién sabe dónde. Los jóvenes se perdían en sus fantasías diurnas con los ojos abiertos y clavados en aquella esfera brillante. Sin embargo, aquellos que habían vivido suficiente negaban con profundo odio irracional aquello que no entendían. ¿Por qué marcharse del planeta que les había dado la vida? ¿Avaricia? ¿Ego? ¿Necesidad? La verdad era tan simple y obvia que sus opiniones no fueron escuchadas, y mucho menos puestas a debate. Las negociaciones fructificaban allá donde se llevasen a cabo, uniendo a científicos y empresarios (la más necesaria de la simbiosis), y personalidades de diferentes ámbitos sociales, culturales, y políticos; creando un movimiento centrado en la cooperación por el bien común y la supervivencia de la especie humana. La gran mayoría de las naciones del mundo conocido unidas bajo un mismo propósito: Prosperar». Allen cerró el libro con gesto abatido mientras resoplaba. No creía ni una sola de las palabras que se aglutinaban como animales sedientos en un abrevadero del desierto, página tras página, mentira tras mentira. A pesar de ser un libro oficial y jactarse de contener información histórica fiable y contrastada, no era el único en la ALSET que repetía dichas líneas como un mantra oxidado. La verdad no se encontraba en esos materiales didácticos que les eran proporcionados. La verdad era un bien altamente valioso en aquella infraestructura flotante de dimensiones colosales, que navegaba sin rumbo fijo a merced de las corrientes de energía estelar. La verdad se había vuelto peligrosa. Y el joven era plenamente consciente de ello. Por eso disimulaba bien sus pensamientos, aunque cada vez le costaba más frenar su lengua ante aquellos que ostentaban el poder (debido quizá a los desajustes hormonales). A sus dieciséis años, Allen se consideraba un chico maduro. No solo por su físico portentoso, sino por su capacidad de escucha y habla. Sabía cómo mantener largas

conversaciones con personas mayores, alejadas de la típica palabrería febril. Además, sabía llevar a su terreno a muchos de sus superiores, aunque conocía sus limitaciones y no intentaba meter el hocico en aquellas madrigueras de las que sabía iba a salir herido. Por supuesto, esos temas no eran los mismos que trataba con sus amigos. Y es que, a pesar de ser un pequeño hombre en potencia, seguía siendo un niño. Un niño alto y delgado, medianamente musculoso, de tez blanca como el brillo de las estrellas lejanas, facciones bien parecidas, dientes perfectos, ojos obviamente marrones, y un amenazante pelo rojizo. Este último detalle es el que había polarizado su vida en dos direcciones muy marcadas. Aquellos que podía contar con los dedos de una mano, sus amigos. Y el resto de la tripulación, quienes le habían hecho saber que no era digno de servir a los propósitos de la nave. Es normal que te preguntes el porqué, pero él lo sabía desde el momento en que tuvo uso de razón. Allen Mars era diferente. Y tanto la Administración, como los ciudadanos de la ALSET así se lo hacían sentir. Burlas, mofas, amenazas, agresiones, aislacionismo… El chico no había recorrido precisamente un puente de rosas sobre ríos de miel. Todos los ojos se fijaban en su figura a todas horas, allá donde fuese. Y aquel día no era distinto. Allen se levantó de su cubículo semitransparente con aquel tedioso libro, y dos tomos más que versaban sobre otras materias. Apagó las luces pasando su mano derecha sobre el panel de control, y esperó (como siempre) al mensaje de agradecimiento que aparecía en aquella pequeña pantalla cuando finalizaba su uso. Al darse la vuelta un chico mayor que él le propinó un fuerte golpe en el hombro al pasar a su lado. Dos de los libros habían salido volando hacía el cubículo, cuyo panel alertaba ahora sobre el buen mantenimiento del mobiliario y las instalaciones. —¡Mira por donde caminas, error! El joven se había parado con actitud chulesca esperando una respuesta. Allen se giró, recogió sus manuales del suelo impoluto y recién pulido, y se marchó sin decir nada, mirando hacia nada en concreto mientras escuchaba onomatopeyas gallináceas tras de sí. Sumido en sus pensamientos, atravesó la biblioteca, el hall de esta, la pequeña área de descanso —con enormes butacas, sillones, y plantas aromáticas—, y una vez llegó al 69


pasillo principal, otro hombre más alto y fuerte que él le bloqueó el paso de nuevo. —Acompáñeme, Mars. —espetó escueto el agente. —¿Por qué, si puedo preguntar? —Allen respondió pausado mientras observaba cómo fruncía el ceño el hombre vestido de azul que se erguía ante él. Sabía que no tenía nada que temer, pues era un agente de nivel uno. —Debería usted saberlo. —Miró la pantalla integrada en la manga derecha de su traje—. Desorden público, y vandalismo. —Ah, sí. Allen cerró los ojos, respiró profundamente y siguió resignado al agente por entre aquellos laberínticos pasillos. Aquella sensación de desamparo era abrumadora, pero no nueva. Compuerta tras compuerta fueron dejando atrás los módulos de Educación y Ciencia. Los colores de las franjas lumínicas que se extendían por el suelo iban cambiando, los olores eran distintos de zona en zona, pero había algo que no cambiaba. Esa mirada hacia su pelo. Cuando hubieron caminado durante algo más de veinte minutos, el agente se paró frente a un arco de seguridad adyacente a un área restringida a civiles. Pasó su brazo por delante de un cilindro blanco semitransparente que salía del suelo, y miró al chaval indicándole que entrara. Una puerta deslizante se abrió sin hacer ruido y descubrió una de las tantas salas de Gestión y Control Civil de la ALSET. Allí, varios funcionarios jugaban a una especie de ping-pong con la mirada puesta en sus ordenadores: pantalla, teclado, pantalla, teclado, pantalla, teclado… El sonido de las teclas era más notorio que el inexistente chismorreo, muerto tras una serie de políticas de bienestar social y salud comunitaria implementadas por la Administración. Incontables informes pasaban por delante de sus ojos, y la velocidad a la que los leían, procesaban, y emitían actos a favor o en contra, era pasmosa. Uno no podría leer tales documentos ni en el doble de tiempo en que ellos los despachaban. Allen, sin embargo, no sentía ni el más mínimo interés en los procesos que allí se llevaban a cabo. Estaba demasiado acostumbrado a entrar en módulos y salas de ese tipo. Y es que en muy pocas ocasiones habían sido su agresor, o agresores, los que habían terminado en aquellas sillas incómodas (adrede). Las mesas se disponían en filas de tres funcionarios mirando hacia el centro, un pasillo por el que se tenía que caminar para realizar cualquier trámite. Así se podía sentir la presión de miradas que juzgaban en silencio, inquisitorias y frías. Por mucho que las leyes y normas prohibiesen el parloteo y la crítica barata en horario laboral, el ser humano no había cambiado mucho desde 70

que abandonaron la Tierra. En su interior, muy adentro, en ese lugar oscuro y olvidado, todavía crepitaban ascuas de odio. Si fuimos capaces de destruir un planeta entero, ¿por qué íbamos a abandonar esa técnica de prejuicios que tan lejos nos habían llevado? En los libros se hablaba de aquel afán de destrucción, y lo describían como algo pasado… arcaico. Nada más lejos de cruda realidad. Todos esos ojos resecos observando al joven pelirrojo escondían la semilla del fracaso futuro. El agente y Allen se pararon en la cuarta fila, donde un señor con bigote y ojeras de un tono enfermizo aguardaban a su siguiente víctima como una araña en su red. La Administración había tendido ante ella una red viscosa y de olor putrefacto de la que pocos podían escapar cuando la encontraban de sopetón. Allí estaba él. Maduro, ajado, aburrido, y por lo que aparentaba, en fase de auto-cremación mental. El agente se aclaró la voz con ínfulas de discurso. —Allen Mars. Quinientos dos. Códigos veintiuno y treinta y cuatro. Omi… —Ya se lo que significan, Raz. —cortó tajante el funcionario—. Siéntate. —Allen obedeció la orden que le había dado el anciano mental. —Vuelvo a mi puesto. Una vez haya finalizado las diligencias pertinentes, ruego informe de inmediato al puesto de mando. Y en cuanto a usted —miró desde arriba al joven—, espero no tener que volver a escuchar su nombre. Al menos esta semana. Empezamos a pensar seriamente en su futuro en este entorno. Si sigue así, tendremos que… —Ya sabe lo que pasará, Raz —volvió a cortar al agente—. Ahora, si no te importa… —Cogió aire antes de seguir hablando— tengo unos informes que rellenar, y una charla con este sujeto. Gracias. Con esa sentencia abandonó el contacto visual con el agente azul que se estiraba cada vez más en algún tipo de reacción primigenia a una afrenta de poder como aquella. Le había dejado en ridículo ante un delincuente reincidente. Pero poco podía hacer contra el aparato más poderoso de la Administración: su cuerpo funcionarial. Al menos en cuanto a escala jerárquica se refiere, ya que los agentes del orden entrenaban duro, y en condiciones extremas en módulos especialmente construidos para ese propósito. Y los funcionarios… digamos que cumplían con su ejercicio diario estipulado, y una vez mandados los datos a la central, se abandonaban. Abel, como rezaba la placa que blandía sobre su mesa, no presentaba ningún tipo de amenaza real, pero Raz se había sentido terriblemente afrentado. Dio media vuelta, agarró su porra, y con paso firme y militar abandonó la sala ante la atenta mirada de los cuervos. El funcionario comenzó a escribir con su teclado.


—Así que desorden público… —Chasqueó la lengua. —Eso dice el informe del agente —respondió Allen altivamente, pero consciente de su situación. —Ya sé lo que pone el informe. Sólo estaba pensando… —Sí, pe… —... en voz alta… La terrible forma de comunicación de aquel hombre, le hacía parecer como si viviera en otra dimensión, y su imagen se recibiera en esta con cierto retardo. Quizá nuestros sistemas no estuvieran dispuestos todavía para tal ingeniería universal. Quizá, simplemente resultara ser así de espeso. Como un vaso de gelatina proteica con sabor a naranja. Sus ojos pasaron del teclado a la pantalla, y en un juego inesperado, se clavaron con fuerza en los de Allen. Tras unos instantes de meditación, y habiendo bostezado internamente unas dos veces, volvió a su ordenador y rellenó con gran rapidez y capacidad un formulario de tipo sancionador. En él se estipulaba una multa a pagar por el autor de los destrozos, y una sanción lúdica, por la cual no podría asistir a eventos en plazas, módulos, y salas dedicadas al ámbito del ocio público. Sus dedos se movían como sardinas en un cardumen, huyendo de algún depredador. Ágiles, con movimientos más espásticos y memorizados, que sutiles y razonados. Una maquinaria perfectamente engrasada por el sistema. Algo de lo que sentirse orgulloso en aquel inmenso trozo de metal flotante. Una vez hubo finalizado el informe, giró la pantalla hacia Allen y movió el ratón hacia una opción denominada «anular». El informe borró los datos de los campos que Abel había rellenado, dejando un precioso formulario en blanco. El chico estaba confuso. Alegre, sí. Pero confuso. ¿Por qué habría hecho tal cosa un señor que ni le conocía? ¿Qué razón tendría para ir en contra de lo que le habían mandado? Fue al ver una especie de mueca en la comisura de los labios de Abel, cuando Allen entendió qué estaba pasando. Esa mímica sonrisa extraña le indicó al joven que se encontraba ante alguien que no le iba a juzgar por quién era, sino por cómo era. —Tienes muchos expedientes disciplinarios, con un patrón repetitivo —dijo—. Deberías dejar de juntarte con gente que no… —Allen esperó— … te va. Como este animal que traías como compañía. Alguien debería ponerle un bozal. Y luego enseñarle dónde puede mear, y dónde no, porque le daremos con un periódico en la nariz, ¿verdad? Siempre olisqueando y marcando su territorio, saltándose las normas que ellos mismo han impuesto. Es bastante insultante hacia aquellos que tenemos al menos una neurona funcional, y somos conscientes de lo que realmente ocurre. No es la primera vez

que leo tu nombre. Has aparecido en muchas de estas mesas, incluida la mía en más de una ocasión. Siempre me había preguntado qué clase de persona serías. Por qué haces lo que haces. Pero al mirarte a los ojos lo sé. Reconozco al instante cuándo alguien se sienta aquí forzado por la autoridad y su deseo de control, y no por haber perturbado el orden público. No suelo equivocarme. De hecho, nunca me he equivocado. Todas las personas a las que he librado de una multa, me lo han agradecido fuera del horario de trabajo. Solemos tener charlas a no viva voz, pero sí lo suficientemente audibles como para que algún oído avizor de cuenta sobre nuestra intención. Abel no solo había recobrado color en sus mejillas, y algo parecido a un atisbo de felicidad en su cara, sino que también hablaba diferente. Es como si otra persona hubiera poseído momentáneamente a un señor con bigote y depresión. Allen tenía los ojos abiertos como platos. No sabía ni qué decir. Solo mostraba una fascinación atónita ante aquella transformación. —¿Y cuál es esa intención…? A pesar de haber formulado la pregunta en un susurro, el semblante del funcionario se tornó regio, y volvieron a resurgir las ojeras. Los pómulos se desinflaron en un suicidio depresivo, y sus manos volvieron a subirse al teclado. Mientras dirigía su mirada de nuevo hacia la pantalla, espetó: —La única intención de esta conversación es que se levante usted, y se dirija de inmediato a su módulo habitacional. Le sugiero… —Volvieron las pausas— Que reflexione sobre lo que tanto la autoridad… como yo… le hemos sugerido. Esperamos… no tener que volver a verle por aquí… señor… Con tal brusquedad, Abel quedó fijo en su memorizado baile tecnológico, sumido en la lectura y resolución de otros tantos informes que le llegaban constantemente. Una pequeña luz comenzó a parpadear para indicarle al joven que debía levantarse y abandonar la sala. Allen recogió sus cosas, y cruzó el pasillo en dirección a la puerta, pero justo antes de atravesarla, se giró para ver de nuevo al funcionario cambiante, inmutable. Impasible. ¿Qué había ocurrido? Aquella había sido sin duda la conversación más extraña de su vida, tanto por el contenido, como por las formas. No podía describirla de forma alguna, y en su cabeza no dejaban de brotar dudas y términos confusos. Solo tenía clara una cosa: el funcionario que le había abierto la puerta lo miraba con los ojos muy abiertos y fijos en los suyos a que emprendiera la marcha. El vapor del agua caliente ascendía armoniosa a la vez que se condensaba y bailaba en caída libre hasta chocar contra sus pies y transformarse en incontables gotas más pequeñas, invisibles al ojo humano. El agua golpeaba 71


fuerte su cuello, relajando la tensión del día, y masajeaba su espalda con ríos irregulares en vez de manos. Allí, solo, en el más absoluto silencio, únicamente roto por el agua, Allen contemplaba sus pies. Todos sus dedos guardaban una simetría casi perfecta, como si de los cimientos perfectamente concebidos en una mesa de dibujo se tratasen. Obviamente, el diseño genético permitía que los seres humanos fueran casi perfectos, a tenor de algunas pequeñas (y todavía imprevistas) imperfecciones, que se localizaban más en el apartado estético, que en lo esencial de la estructura ósea, muscular, y orgánica en general. Todos los niños y niñas nacidos en la ALSET debían ser el eje del que toda la nueva civilización dependería. Los planes eran claros, y las instrucciones precisas, por lo que era sumamente fácil seguir el proceso de fecundación y control genético y hormonal sin presentar problemas. Además, la Administración había dotado a los científicos, médicos y cuerpos dedicados a la reproducción de las más pioneras soluciones, tanto teóricas como tecnológicas, para resolver cualquier tipo de inconveniencia presente en cada proyecto. Sin embargo, y como bien nos había enseñado la historia, la vida siempre encuentra atajos para recordarnos que no somos dueños de ella, sino más bien una amalgama de títeres a su entera y final disposición. Allen era un claro ejemplo de ello. A pesar de haber superado las pruebas de diagnóstico como óvulo fecundo, hasta casi su última revisión antes de nacer, la especial característica que le definía había roto los esquemas de los profesionales. Estos se habían vuelto locos intentado encontrar una explicación al suceso, rebuscando en todos y cada uno de los archivos referentes a su evolución. Sea como fuere, nunca la encontraron, y decidieron ver cómo el nuevo individuo crecía y desarrollaba su anomalía genética. Obviamente, los cuidadores tuvieron recelo de aquel ser de extraño aspecto, y no se calmó hasta que la científica jefe bajo la cual residía el expediente de Allen, les hubo explicado que no existía ningún tipo de problemática con el niño. Debían hacerse cargo de él como el resto de nuevos individuos, sin alterar en ningún caso ni uno solo de los protocolos de cuidados y educación. Cierto es que dicho acatamiento se produjo de mucho mejor ánimo tras la firma de varios fejes funcionariales sobre un documento que proveía a estos cuidadores de una bonificación a su salario, ínfima, pero de verdadera importancia en cuanto a la rendición del aparato para con los ciudadanos resultaba. Como era habitual, la mujer que le dio la vida desestimó sus derechos de maternidad y entregó plenos poderes a la Administración. Un trámite obligatorio, mas no carente de significado. Otro mecanismo con el que controlar a la población y mantenerlos aletargados 72

y serviles. Sí, ninguno de sus progenitores se hacía cargo de sus vástagos en este nuevo mundo sumido en las sombras del espacio. Todas las criaturas eran propiedad de la Administración, y por tanto criados y educados por ella. Nadie escapaba a la perfecta trampa social que el Salvador, David Diamond, había creado. Un laberinto de aciertos sociológicos y psicológicos, que hacían de la ALSET un paraíso controlado, supuestamente alejado de las conductas pasadas del ser humano, y en el que la especie avanzaría en su transformación hacia la utopía creada en su cabeza. Todos y cada uno de los nacidos en la nave poseían un contrato con aquel sueño. Un contrato con el sometimiento a reglas estrictas que eliminaban en cada generación algo de nuestra conducta intrínseca. Un experimento grandioso en el que participaron cien parejas fértiles y a los cuales se les practicaron infinidad de pruebas, tanto genéticas como socioculturales y psicotécnicas. Todos y todas eran de estatura media, o alta, de complexión no muy fuerte, y no muy endeble, pelo castaño o marrón (de nacimiento, huelga decirlo) y ojos marrones y comunes. Nadie que no cumpliera con aquellos requisitos podía presentarse a las pruebas secretas, a las que más de una madre desesperada acudió hace cinco generaciones en la Tierra, engañando en primera instancia a los médicos, y descubriendo más tarde que no era apta, siendo señalada como una estafadora. Solo los elegidos embarcaron el uno de agosto de 2079 en la base de Cabo Cañaveral. Desde allí pondrían rumbo al infinito en busca de un mundo en el que volver a empezar, dejando atrás los egoísmos y vanidades que habían llevado su planeta natal a la total ruina y ulterior muerte. Se tenían informes de transmisiones de hasta treinta años después del lanzamiento, momento en el que el espacio enmudeció, y entendieron por fin, que el mundo como lo conocían había acabado, y tenían el deber y la obligación de crear uno mejor para las generaciones venideras. El científico y filántropo multimillonario David Diamond creó ese mundo de luz y esperanza para cien familias que supieron cuál era su destino, y acataron con total sometimiento las nuevas normas. A partir de aquel despegue, todo cambió para ellos. Antepondrían el bienestar y el futuro de la humanidad, antes que los propios deseos. Las unidades familiares fueron reemplazadas por unidades de cópula, y el sexo quedó restringido a un acontecimiento regularizado y escalonado. No todos tendrían hijos a la vez. Ciertas unidades de cópula se dedicarían a la tarea mientras el resto conformaban los recién creados ámbitos de trabajo, y cambiarían de posición una vez finalizado el proceso de gestación y nacimiento. Además, las mujeres deberían esperar cinco años antes de volver a engendrar una vida, y esta debía


ser fruto de una unión diferente a cualquiera anterior para procurar una variabilidad genética completa y no incurrir en problemáticas medievales. A pesar de tener toda esa información en la cabeza, Allen se encontraba más confuso a cada segundo que pasaba. No entendía el porqué de toda aquella pantomima. La ALSET no era una utopía. Las personas no eran felices. Vivían en una especie de hipnosis, entre luces y sombras. Muchos desconocían la verdad, otros preferían no ser conscientes de ella, y muy pocos la atesoraban como lo que era. Una gota de agua en el desierto más cruel: un erial existencial en el que la más mínima sospecha de individualidad podía costarle a uno algo más que una multa. El joven había presenciado el aislamiento, y el posterior abandono de unas cuantas personas ajenas al control férreo de la Administración. Aquellas multitudes silentes presenciando cómo a un individuo se le metía en una cápsula y se le enviaba fuera de la nave con provisiones para un año, le paraba a uno el corazón. Una demonstración de músculo de la Administración. La cápsula siempre era lanzada en dirección tal que los habitantes de la ALSET no pudieran ver su rumbo, o a su solitario tripulante perdiéndose en el inmenso negro. —Menuda mierda —balbuceó creando torbellinos de agua en sus labios—. ¡Apagar! La ducha leyó su orden y en una milésima de segundo cerró los conductos de agua. Un extractor comenzó a funcionar a toda potencia, y el vapor se disipó en el tiempo en que el chico salió de la ducha, alcanzó una toalla, la puso sobre su pelo, y se presentó ante el espejo. Se observó conscientemente durante unos minutos, de arriba abajo, buscando alguna respuesta a las incógnitas que plagaban su mente. Quería saber con locura de qué hablaba Abel. Necesitaba creer que existía algún tipo de movimiento de resistencia, un hálito de esperanza en aquella habitación cargada de humedad en la que un joven desnudo se sentía entumecer. El frío comenzó a filtrarse desde las paredes. Secó su cuerpo concienzudamente y vistió su sexo. Antes de salir aplicó sobre sus axilas un spray que eliminaba el olor producido por el sudor; un invento que el Salvador había presentado a los ciudadanos como un logro en la carrera hacia el confort absoluto. Echó un último vistazo a sus ojos y nariz, y salió a la habitación, donde se tumbó sobre la cama. Su mirada se perdió en el cuadrado de luz que iluminaba el dormitorio. Las paredes de un blanco pulcro se fundían con los muebles y el suelo. Todo era blanco. De esa manera, el uso de los colores no rendía cuentas a particularidades, o egos, sino a recursos y facilidades. Así, los agentes vestían un código de tres colores, según su escala: azul, rojo, y negro. El primero representaba a los agentes del orden,

hombres y mujeres cotidianos con acceso a porras eléctricas y métodos de contención. El segundo lo vestían los policías, un término que siguió vigente en la ALSET, porque a los equipos de dirección les pareció lo suficientemente amenazador como plantar cara a cualquier tipo de actuación no acorde al orden establecido. De hecho, no era tan común verles pasear, sino más bien dirigirse a toda prisa, corriendo o en pequeños vehículos unipersonales, hacia algún altercado. El negro, por su parte, se les otorgaba a aquellos funcionarios dentro de la policía que prestaban un ejemplar rendimiento o fidelidad leal y total a la causa: los antidisturbios. Aunque comúnmente no se les denominaba de esa forma. Ejército, militares, negros; a cada cual más recurrente. La gente joven solía tener una etapa en la que intentaba salirse de los cánones establecidos por la Administración, y gustaban de renombrar todo aquellos que ya tuviera uno. Lo más divertido era que algunos métodos, o unidades, o entes que se crearon en la nave tuvieran nombres existentes en órganos similares en la Tierra. Allen estaba solo. Rodeado de mucha gente que no sentía lo que él, y que ni siquiera se molestaban en entenderle. Todo era blanco. Blanco y transparente. Nadie era más que nadie. Nada era más que nada. Y él… bueno, él sobresalía entre el resto. Su maldición no era simplemente ser diferente. Su castigo era tener la llave a una genética no permitida, a una línea que sabía que no podía transmitir. Ya con quince años se le anunció que no entraría en los programas de cópula, como sí lo haría el resto de sus amigos fértiles (ya que existía cierto grado de invalidez en el esperma de algo más de un veinte por ciento de los nuevos habitantes). Sus colegas tendrían caras conocidas a las que mirar y no sentir nada. No cómo él, que sabía exactamente qué tipo de sentimientos saldrían de su mente si fuera capaz de engendrar y ver a sus hijos e hijas. Sabía perfectamente que lucharía por tenerlos en su poder, y no regalarlos a un experimento en el que se borraba la identidad del sujeto y se le colocaba en una cinta de procesamiento automatizado. Claro está, era infinitamente más fácil manejar a este tipo de ciudadanos que a unos librepensadores, críticos y que pudieran ofrecer algún tipo de resistencia. Una resistencia que se dibujaba en aquel techo. Una chispa que parpadeaba en aquel cuadro de luz. Un atisbo de color más allá de la gran oscuridad cristalina, sombra del Salvador. Quería pensar con todas sus fuerzas que Abel era uno de ellos. Quería pensar que él podría también serlo. Quería pensar… y pensaba. Fue en ese momento cuando supo que era uno de ellos.

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NOVEDADES LITERATURA

El arcano y el jilguero

Historia de Aos I. La Canción del Jinete

Autor: Ferran Varela Editorial: Ediciones El Trasbordador Género: Fantasía oscura Número de páginas: 374

Autor: Adrián Trujillo Marrero Editorial: Letrame Género: Fantasía épica Número de páginas: 570

El imperio en llamas

N Mundos Mundo pequeño

Autor: John Scalzi Editorial: Minotauro Género: Ciencia Ficción Número de páginas: 312 74

Autor: Roberto López-Herrero Editorial: Alethé Género: Fantasía, ciencia ficción. Número de páginas: 392

Ayantek Autor: Miriam Jiménes Iriarte Editorial: Insólita Género: Fantasía, ciencia ficción. Número de páginas: 416

Autonomous Autor: Annalee Newitz Editorial: Minotauro Género: Ciencia ficción. Número de páginas: 320


NOVEDADES CÓMIC Y MANGA

Question: El diablo está en los detalles

Autor/es: Tommy Lee Edwards, Rick Veitch Editorial: ECC Comics Género: Noir, superhéroes Número de páginas: 144 Edición original: The Question núms. 1-6 USA

Tekkon Kinkreet: All in One

Autor: Taiyô Matsumoto Editorial: ECC Comics Género: Seinen de fantasía, policíaco Número de páginas: 624 Edición original: Tekkon Kinkreet: All in one JP

Rumble 4: Alma sin piedad

Autor/es: David Rubín, John Arcudi, Dave Stewart Editorial: Astiberri Género: Fantasía, terror Número de páginas: 160 Edición original: Rumble: Soul without pity TP

Devilman: The First (II)

Autor: Go Nagai Editorial: Panini Manga Género: Seinen de fantasía oscura Número de páginas: 368 Edición original: Devilman. The First

La Era Quantum Autor/es: Wilfredo Torres, Jeff Lemire, Dave Stewart Editorial: Astiberri Género: Ciencia ficción, superhéroes Número de páginas: 176 Edición original: The Quantum Age TP

Dr. Stone 8 Autor: Boichi, Riichiro Inagaki Editorial: Ivrea Género: Shonen de fantasía Número de páginas: 200 Edición original: Dr. Stone vol. 8 JP 75


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¡GRACIAS! Como no podía ser de otra forma, el equipo de Blaster tiene mucho que agradecer a quienes de manera directa o indirectamente han hecho este primer número posible. Para empezar, queremos darle las gracias a nuestras familias, amigos, parejas y mascotas por el apoyo que nos han dado en la lucha constante que es poder realizar un proyecto así. Muchas gracias también a los vibrantes colaboradores y a toda maravillosa persona que, con su alma caritativa y sin ánimo de lucro, han ayudado a sacar adelante este proyecto y conseguido rellenar las páginas de este primer número. Muchísimas gracias, además, a nosotros mismos por un trabajo del que sentirnos orgullosos y en el que seguiremos dando guerra. Intentaremos mejorar número a número para estar a la altura. ¡Prometido! También, agradecer a todo aquel que se ha tomado su tiempo para conocernos, para hojear estas páginas y para hacer que esta revista tenga sentido. Por último, nos gustaría dar un agradecimiento especial, un agradecimiento deluxe a ti, nuestro querido lector, que ahora mismo estás leyendo estas palabras de agradecimiento, en este preciso instante y que has llegado hasta la última página. Esperamos que llegues hasta el último punto de este número y de los siguientes. ¡Te esperamos en el próximo de la Blaster! Una vez más, ¡gracias!

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Blaster No. 1 | Julio 2019  

Primer número de Blaster, revista de fantasía y ciencia ficción

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