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VIAJE A CABALLO POR LAS PRO VI NC IAS

WILLIAM l\IAC CANN

cu adro, se ofreció an te nosotros una vasta extensión cubierta de plantas de nabo y cardos gigantes. Poco tardamos en llegar al pueblito de Morón, que tiene una pequei'i'a iglesia; a eso de mediodía nos detuvimos en la casa de la posta. Allí nos ofrecieron, como ún ico almuerzo, huevos duros y algunos tragos de agua. Por la tarde - h abiendo reanudado el camino-, dejamos atrás una arria de mulas que marchaba de regreso a su provincia. distante seiscientas millas. Es costumbre entre los arrieros, llegada la noche, descargar las bestias y con la misma carga formar un ancho circulo dentro del cu al pastan en libertad los an imales. Encienden un gran fuego, sobre el que asan la carne, y duermen alrededor del fogón. Apenas habíamos p asado esta arria de mulas cuando encontramos un con· voy de carretas de bueyes que se había detenido para hacer noche; uno de los carreteros estaba degollando un animal para la cena, mientras los otros desuncían los bueyes y los dejaban comer libremente. Poco después de entrado el sol, llegamos a la vi lla de Luján. E n la mañana siguiente visité la iglesia. El párroco estaba celebrando la misa, y asistían algunas mujeres, arrieros y carre teros. En esta iglesia se guarda la ven erada imagen, sobre la que se cuenta la siguiente tradición: llevaban en cierta oportunidad, de Buenos Aires a Chile, por el camino a través del país, dos imágenes en talla de la Virgen, cuando, de pronto, el carro donde viajaba una de ellas, empezó a encontrar obs· táculos en el camino y al fin se rompió en las proximidades del río Luján. Es te accidente fue considerado milagroso, creyéndose que la Virgen se rehusaba a cruzar la corriente. En· tonces resolvieron erigir una iglesia en las márgenes del arroyo. Más tarde se levantó un magnífico edificio, consagrado a la misma devoción, que costó setenta mil pesos plata y empezaron a llegar ofrendas, procedentes de todo el país. Estas ofrendas consisten en objetos de oro y plata, y simulan brazos, manos y otros miembros, emblemas de los beneficios que los creyen· tes han creído alcanzar con sus votos. La imagen se encuentra en el centro del altar mayor, mirando hacia la n ave de la iglesia, pero cuando se trata de presentarle una ofrenda, el

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ARGENTl~AS

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sacerdote la hace girar hacia el oomaTÍn. Llaman así a una capillita colocada tras del altar, donde la virge n puede ver a los donan tes y sus ofrendas. Los ex-votos de las gentes pobres consisten generalmente en cirios que se encienden en honor de la imagen. Además, cuarenta a cin cuen ta capellanías están vinculadas al santuario y los ingresos provenientes de dona· ciones pías, superan a los de la Catedral de Buenos Aires. Después del almuerzo montamos a caballo, y, habiendo cruzado un rústico puente de madera tendido sobre el río, echa· mas a ancl ar campo afuera. Por la tarde nuestro postillón que, según pudimos luego comprobarlo, ignoraba la verdadera ruta, se detuvo ante una casa de agradable as pecto, diciéndonos que habíamos llegado a la posta. Los dueños de casa nos sacaron del error, haciéndonos ver que estábamos equ i~ vocados, pero al mismo tiempo nos invitaron bondadosamente a desmontar y a participar de un asado. El patrón nos ofreció también caballos de refresco; se mostró muy orgulloso de sus cabalgaduras y para probarnos su buena cond ición ordenó al menor de sus h ij os que viniera con nosotros como g uía, con· duciéndonos a buen paso. Fiel a sus instrucciones, el pequeño nos acompañó preced iendo la marcha con tanta rapidez como si fu éramos en una partida de caza. Así atravesamos praderas de muy buenos pastos y espesos cardales donde pacían tropas de ganado y rebaños de ovejas. En esta forma llegamos al pueblo de Areco, distante siete leguas, haciendo el recorrido en menos de una hora y media. Areco es un villorrio en decadencia, que tiene tam bién una iglesia. El número de casas abandonadas y de cercos derruidos, demuestra que ha sido en otro tiempo una población próspera. Aquí estuvieron como prisioneros, el ge neral Beresforcl y los oficiales de su estado mayor. Después que salimos del pueblo, cruzamos el río, que es vadeable en esta época del año. En otras estaciones, los viajeros deben pasarlo sobre una balsa, h aciendo nadar a los caballos. A mediodía nos acercamos a la casa de una familia acomodada y laboriosa. El propietario nos invitó a comer y a dormir la siesta, instándonos para que retard áramos la partida hasta la entrada del sol. En estas region es, durante


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WILLIAM MAC CANN VIAJE A C,\BALLO 1'011. LAS PROVINCIAS AltCFN1IN¡\<\

los meses de verano y en las horas cálidas del día tod 1 mundo tiene el hábito de dormir la si ,o e

~~~~n~I~~iel:~!~~~a invitación, y_bien re~~:,st:o~~~;~é:c~~tl:' con el aire

agrada~ee~~lu:~:::;~~·r.prosegllImOS

nuestro viaje

ca~li~s s:bret~rdeE cruz~mos

en balsa el fío Arrecifes, con los na o. ste no es corren toso y profundo el' ~~~c;:o'ér dad~ la naturaleza de sus orillas, podría c~!.tr~ir~~ Al d' ~.n. uen puente de madera, con poco gasto ' lá la slgmente, por la noche, entramos en la ciue!ae!'de S N lCO (s Pasamos ant 1 < an '11 '1 es por e campamento del general Man. SI a, en as afueras del pueblo, 4 Puesto a considerar sobre estos rimel' ' nuestro viaje, hallé que las primeras PJ'omad~~ mcueathraob,dalaS 'dde muy grat L . 1 11 SI o < a~. as tierras cultivadas, la general laboriosidad ¿ue ~dvertla, daban al paisaje un aspecto sonriente. Hacia 'la al~rec la, y por el lado del río Paran á, los campos aparecían , f~s. y ondulados, pero a la izquierda se extendían llanuras In lllItas y monótonas. ., NOsot~os nos habían~os apartado del camino real, desde Lu. Jan, y, _ urante tres di as, con muy pocos intervalos, marcha.

~~~~aP~~ ~~1~~ pl~:~~~asaI~~~!erptaosrde

cardos enormes, algunos . momentos se hace ml r lCl avanzar entre los cardales' las sene! Iy (1· . ' as san tan estrechas q.ue apenas permIten pasar a un solo caballo. Estas hierba~ gIgantes, molestan tanto al caballo como 1 " L ~~br:s .se defiend~n las piernas por lo g:n;l~:te~~~ ~~ ~~:~e~ o eJa suspendIdo a la cabecera de! recae! V" experimentados d ' o. laJeros más d y. e mas recursos, usan al efecto unas defensas. e cuero c~rtldo. Yo carecía de una y otra COsa me vi obl~gado a SufrIr llluchas molestias. Existen tres varieJades de ~~:l:s cada una de e,lIas i~e!ica alguna particularidad e!el 1 . ve1ces, y a la dIstanCIa, estos cardales dan al terreno ~o/~pecto (e un extenso trigal verde; otras veces toman el co. . e un sembrado de maíz, cuando está mad uro El suelo, en esta parte, es mucho más one!ulae!~ que en el f' '1

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.. El genera l MansiIJa adtlálltt. (N. del T.) se encontraba en Santa Fe, como se verá más

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sur, pero asciende en forma tan suave e impercepliblc y lit superficie es tan vasta y uniforme, que no puede aplcciar~c nada que merezca el nombre de colina. Con todo, habíamos subido a unos mil pies, desde que dejamos la ultima llanura hasta que volvimos a bajar al mismo nivel. Árboles no hahíamas visto, a excepción de algún ombú solitario y pequcilos montecillos artificiales. Esta parte del pais es también, por otros motivos, superior a las regiones del sur y est,,l mucho mejor regada. La población, igualmente, es más numerosa. Tal circunstancia se debe a que, en los tiempos del descubrimiento, el Paraguay fue centro principal de la Conquista y los españoles se desparramaron por estos rumbos, fundando ciudades y erigiendo iglesias. No lejos de la ruta que seguíamos, se encuentra el paraje de Obligado, donde con motivo del reciente bloqueo, las escuadras de Francia e Inglaterra atacaron las baterías y bruloles del gobierno argentino, en su propósito de forzar el paso y remontar el río hasta Corrientes. A pesar de que en este combate - generalmente mal juzgado- perdieron ]a vida cientos de ciudadanos nativos, a nosotros se nos recibió con la mayor deferencia. San Nicohls de los Arroyos dista sesenta y cinco leguas de Buenos Aires y es la ciudad más importante de la provincia, si exceptuamos la capital. Se halla situada en condiciones muy favorables para el comercio; es probable que en tiempos no Jejanos posea un tráfico floreciente. Las calles se cruzan en ángulo recto, hay aceras embaldosaelas y faroles para el alum· brado público. Las casas son de azotea y de un solo piso. La iglesia está en la plaza y frente a la puerta principal se le· vanta una gran cruz de madera. Junto a la iglesia está el cuartel; guardan su entrada dos piezas de artillería, El go· bierno de la ciudad está bien organizado; existen dos escuelas de varones y varias otras para niñas. Como residentes extran· jeras, hay varios italianos y algunos pocos vascos. En la ciudad no hay fondas para viajeros, pero nuestro postillón, eles· pués de algunas averiguaciones, nos condujo a una casa de familia donde se nos trató con toda urbanidad y benevo· lencia. Vimos solamente dos casas de comercio al por mayor.


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William Mc Cann. "Viaje a caballo por las provincias argentinas"