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SIOOTB #1

She is one of the boys E.M.Molleja


SINOPSIS Dylan Carter siempre ha sido «uno de los chicos», siempre se ha sentido más a gusto teniendo amigos chicos que entre las sonrisas hipócritas de las chicas. Desde niña, se ha juntado con un mismo grupo de chicos lindos (según todas en su escuela), con su hermano mayor Chase, y otros dos que probablemente sean los más asquerosos del planeta, Sawyer Brown (el engatusador, encantador, jodidamente atractivo) y West Collins (el grotesco, carismático, mariscal de campo). Ella ha sobrevivido a sus 17 años de vida a fuerza de eructos, gases, palabrotas y otras cosas que ninguna chica se atrevería a hacer delante de los «dioses» que tiene como amigos, pero ellos no la ven como nada más que uno de ellos. ¿Qué crees que pasará cuando Dylan pase un verano completo con sus primas, lejos de Chase, Sawyer y West? Las cosas se volverán locas cuando regrese, convertida en toda una persona diferente, bueno, físicamente. Convertida en lo que verdaderamente es: una chica.


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Ediciones Frutilla INDICE

Prólogo….............................................................................….. 9 Capítulo 1..............................................................................… 13 Capítulo 2....................................................................….....….. 17 Capítulo 3………........................................................................ 21 Capítulo 4….......................................................................……. 26 Capítulo 5….......................................................................……. 29 Capítulo 6….......................................................................……. 33 Capítulo 7……...................................................................…..... 37 Capítulo 8…....................................................................…….... 40 Capítulo 9…....................................................................…….... 43 Capítulo 10……..................................................................….... 46 Capítulo 11……..................................................................…..... 49 Capítulo 12……........................................................….............. 52 Capítulo 13….....................................................................……. 56 Capítulo 14…….....................................................................…. 59 Capítulo 15…….................................................................…..... 62 Capítulo 16…….................................................................…..... 65 Capítulo 17……............................................................….......... 68

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Capítulo 18….................................................................……. 71 Capítulo 19…….................................................................…. 74 Capítulo 20…….................................................................…. 77 Capítulo 21…….................................................................….. 80 Capítulo 22……........................................................….......... 83 Capítulo 23….................................................................……. 86 Capítulo 24…….................................................................…. 90 Capítulo 25…….................................................................…. 94 Capítulo 26…….................................................................….. 99 Capítulo 27……........................................................….......... 102 Capítulo 28….................................................................……. 105 Capítulo 29…….................................................................…. 108 Capítulo 30…….................................................................…. 112 Capítulo 31…….................................................................….. 115 Capítulo 32……........................................................….......... 120 Capítulo 33….................................................................……. 123 Capítulo 34…….................................................................…. 126 Capítulo 35…….................................................................…. 129 Capítulo 36…….................................................................….. 132 Capítulo 37……........................................................…........... 137

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Capítulo 38….................................................................……. 140 Capítulo 39…….................................................................…. 144 Capítulo 40…….................................................................…. 148 Capítulo 41…….................................................................….. 152 Capítulo 42……........................................................….......... 156 Capítulo 43….................................................................……. 160 Capítulo 44…….................................................................…. 166 Capítulo 45…….................................................................…. 170 Capítulo 46…….................................................................….. 175 Capítulo 47……........................................................….......... 179 Capítulo 48….................................................................……. 184 Capítulo 49…….................................................................…. 188 Capítulo 50…….................................................................…. 193 Capítulo 51…….................................................................….. 196 Capítulo 52……........................................................….......... 201 Capítulo 53….................................................................……. 205 Capítulo 54…….................................................................…. 209 Capítulo 55…….................................................................…. 215 Capítulo 56…….................................................................….. 219 Capítulo 57…….........................................................….......... 223

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Capítulo 58….................................................................……. 228 Capítulo 59…….................................................................…. 235 Capítulo 60…….................................................................…. 240 Epílogo .....…….................................................................….. 246 Agradecimientos ..............................................................…. 255 Sobre la autora ..............................................................…... 256

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Para mis lectores, Sin ellos no soy nadie

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Prologo —Chase, tienes que jodidamente salvarme de esta familia de locos. ¡Mierda, hombre!, me volveré loca si estoy un segundo más aquí —le chillé a mi hermano mayor a través de la conexión de Skype. Vi cómo se reía a carcajadas, mostrando sus perfectos dientes, no pude evitar sonreír sarcásticamente debido a que él se estaba burlando de mi puta miseria. No se había dejado de burlar desde el momento en que nuestra madre nos informó que yo pasaría el verano con la tía Deph aquí, en New Orleans. —Joder, Chase, hablo en serio —repliqué irritada, ya que no paraba de reír. —Relajante, hermanis, solo te quedan… —miró a un costado por unos segundos y luego movió sus ojos verde oscuro hacia mí— 10 semanas de exilio. —¿Por qué mamá tuvo la grandiosa idea de que pasara tiempo con mis estúpidas primas este verano? —Le pregunté mientras me aseguraba que ninguna de las mimadas de Katia y Lana estuviese escuchando. —Bastante fácil, ella quiere que te comportes como toda una niña bonita, quiere una hija, no tres hijos, supongo —me contestó tomando un trago de su cerveza. Puse los ojos en blanco y di un respingo al escuchar su puerta abrirse. Sonreí automáticamente al ver que eran Sawyer y West. Apenas pasaba una semana de haberme ido y ya quería que se terminara el verano para volver con ellos. Necesitaba una revancha de la última competencia de eructos, el maldito de West hizo trampa, estaba bastante segura que saldría campeona, como siempre. —Mierda, ¿qué haces? ¿Estás viendo porno? —Saltó West sobre la espalda de Chase, viéndose curioso. Se escuchó la carcajada de Sawyer en el fondo, lo cual me hizo sonreír aún más. Cómo extrañaba a estos condenados. —Oh, solo es Dylan —West, empujó a mi hermano fuera de la silla, para poner su tonificado trasero de jugador en ella—. ¿Qué hay, bebé? —Ella está por suicidarse —se burló Chase mientras se levantaba del suelo de su habitación, pasando una mano por su liso castaño cabello. —Dinos, ¿cómo va la tortura? Sawyer se dejó ver en la cámara, con una media sonrisa en su rostro, su ondulado cabello dorado

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estaba alborotado como siempre y sus ojos verde esmeralda estaban posados en mí mientras esperaba mi respuesta. Él era tan jodidamente sexy, que a veces me hacía sentir nerviosa, pero entonces recordaba lo idiota que era y se me pasaba. —Todos en esta familia son vegetarianos, he comido cosas que tengo miedo de preguntar lo que contienen. La tía Deph tiene una pizarra llena de reglas y cosas que debemos seguir en la casa, una de ellas es no decir malas putas palabras, ¿pueden creerlo? No sé ni siquiera cómo mierda he sobrevivido una semana. Las habitaciones de las chicas son tan rosadas que no puedo entrar sin marearme y solo hablan de chicos, chicos, chicos y chicos, no tienen una jodida idea de lo que son los chicos en verdad, y viven diciéndome que me vería mejor vistiendo de otra manera, usando maquillaje y estúpidas cosas como esas. —¿Deberíamos ir y secuestrarte? —Intervino West dedicándome una de sus sonrisas de «Soy muy sexy y lo sé» —. Pregunto, primero… ¿Tus primas están buenas? Podríamos secuestrarlas a ellas también. —¡Hey! —Chase lo golpeó con fuerza en la cabeza—. No hay nada que preguntar, hombre. Hice una mueca de asco mientras le dedicaba un gesto de desaprobación. —Eres asqueroso, ¿ya no tienes suficiente con tirarte a media escuela? —Cuestioné cruzándome de brazos. —Solo estaba preguntando, joder, Chase, no vuelvas a hacer eso —le pidió West a mi hermano mientras se llevaba la mano a su cabeza, adolorido —¿No has hecho nada para divertirte? —Preguntó Sawyer llevándose a la boca la cerveza —que era de mi hermano—. ¿Nada de fiestas, clubes, bares, sexo, alcohol? Sabes, cosas de verano… ¿Ningún chico? —¿Sexo? —Los ojos de Chase saltaron de ira por un momento—. ¿Chico? ¿Qué coño hablas, Sawyer? No pude evitar reírme. Mi hermano y yo podíamos divertirnos muchos con los chicos, y ser los mejores amigos del mundo, y tratarnos de «idiota, estúpida» y decirnos malas palabras, como todos unos chicos, pero él estaba consciente de que era una chica, y que era su hermanita, la cual debía cuidar de idiotas como West o Sawyer. —Al lugar más lejos que he ido es a la iglesia, a hacer labor comunitaria. —Gruñí, enojada de recordarlo. —Mierda, pobre chica —Los claros ojos de Sawyer se agrandaron de sorpresa—, quizá sí deberíamos ir por ti. —¿Qué haces? —Preguntó una femenina voz a mis espaldas. Di un respingo de sorpresa y me volví hacia mi prima, Katia. Al parecer había estado haciendo

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ejercicio, ya que traía ropa deportiva y su hermoso liso cabello negro recogido en una alta cola de caballo, a decir verdad, mis primas eran realmente lindas, tenían ese aspecto de chicas populares. Bien vestidas, bien peinadas, siempre decentes y… femeninas, MUY femeninas. —¿Es ese Chase? —Ella acercó sus ojos celestes a la laptop mientras se quitaba los audífonos—. ¡Chase! —¡Katia! —Le respondió mi hermano en su mismo tono, pero claramente fingido—. Hace tiempo que no te veía, te ves realmente genial. —Sí, tus pechos se ven realmente geniales. —¡Gloria a Dios que solo yo en la habitación pude alcanzar a escuchar el asqueroso comentario de mi calenturiento amigo West! —Tú también has cambiado mucho —Katia sonrió encantadoramente—, ¿quiénes son tus amigos? —Ellos son los idiotas de Sawyer y West. —Me apresuré a decir, ya se los había mencionado antes.— Entran a nuestra casa como si fuese la suya, por eso se encuentran ahí. Ellos se rieron entre dientes ante mi comentario. —Somos su llaga en el culo —Dijo Sawyer divertido, para luego llevarse la mano a la boca, como recordando algo—. Lo siento, no quise decir culo. Tapé mi cara entre mis manos, aguantando la risa. Por eso es que principalmente escojo a chicos sobre chicas, ellos son más divertidos, nunca te traicionan, nunca hablan a tus espaldas, siempre están para ti, aunque estos tres sean quizá los más idiotas que he conocido, los quiero como a nadie. Katia lucía realmente incómoda, pero a la vez, podía notar, con mi don de chica, que ella se encontraba contemplando «a los dioses» que podía ver en la pantalla, como todas las chicas hacen en el momento en que los ven. Sí, son bastante atractivos, populares, «perfectos» a la vista de cualquiera, pero yo era casi inmune a sus encantos. Claro, porque yo los he visto hacer competencias de quien se lanza el mejor gas o quien eructa por más tiempo. He arrastrado a mi hermano repetidas veces a su habitación hecho mierda, luego de fiestear como dios manda y créanme… A veces me arrepiento de no grabar sus «shows», él llora, se ríe y comparte secretos que muchas veces preferí no saber. Como cuando me dijo una vez que mataría a Sawyer por decirle que yo tenía un bonito trasero. Sí, eso fue algo que no quería saber. —Así que, ¿no vendrán ni siquiera por un momento? —escuché que Katia les preguntaba a los chicos, ahora sentada en donde yo me encontraba hacía minutos. Vaya, para ser una «chica de iglesia», era bastante rápida. —Planeábamos llevarnos a Dylan secuestrada, pero recordamos las consecuencias que nos traía

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eso.— Comentó West divertido. Me imaginé que había recordado la vez que trataron de jugarme una broma pesada cuando estaba en preparatoria y bueno… terminaron con unas fuertes patadas en donde no les da el sol. —Ella estará bien aquí, la primera semana siempre es así… —Katia se volvió a mirarme, dedicándome una sonrisa que no pude descifrar, una sonrisa atrevida, ansiosa… ¿Dónde carajo estaba la dulce Katia que nunca opinaba?—. Descuiden, la mantendré ocupada, se los aseguro. —¡Hey! ¿Qué se supone que significa e…? —Antes de que Chase terminara la pregunta, ella ya había terminado la llamada. —¡Hey! ¿Pero qué coño te pasa? —Expresé algo enojada—. ¿Por qué hiciste eso? —Porque es hora de que tu verano realmente comience, Dylan. —Y ella comenzaba a asustarme. ¿Acaso era bipolar?— Tienes que aprender a que si quieres que mamá confíe en ti y te dé todo lo que tú quieres, solo finge un poco, como Lana y yo. —¿Ok…? —No podía cerrar mi boca debido a la sorpresa. ¿Ven? Por esta clase de cosas es que prefiero juntarme con chicos. Las chicas usualmente son unas totales locas. —¿La tía Stephanie quiere convertirte en una niña bonita? Pues vamos a hacerlo, a mi manera. —Ella sonrió mientras me levantaba de un tirón, jalándome de mi camiseta del equipo de fútbol americano de la escuela, que West me había regalado en mi cumpleaños hace años. Y solo les diré una cosa: esa fue la última vez que hablé con mis chicos en todo el verano, ya que estaba muy ocupada haciendo bastante jodidas cosas con mis primas, que no se imaginarán las que fueron. Solo estaba ansiosa de ver la cara de mis amigos cuando volviera… sobre todo de Sawyer y West. Había cambiado mucho en el verano.

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1 —Ya estoy saliendo y espero que sus culos estén esperándome en la estación en cuanto llegue, ¿me entiendes, Chase? —le demandé a través del teléfono, ya subiéndome al tren, con destino a casa. Aunque mi verano no fue tan malo como esperaba, al fin, volvería a casa. Ya me había despedido de mi tía y de Katia y Lana, lo único que me dijeron antes de irme fue: «Ve y mueve ese gran trasero en esos sexys shorts, ve por ellos, D.» Ellas habían tirado casi toda mi ropa «masculina» y me habían llenado la maleta de ropa nueva. No era ropa color rosa, ni nada que me hiciera sentir mareada, era ropa que me permitía usar, sexy, diferente… pero a la vez seguía siendo yo, solo que con unos arreglos, un ligero corte en mis ondas castañas, un poco de maquillaje, sexy ropa que me encantaba. Nunca creí decir esto… pero me divertí mucho con las chicas. Sí, CON CHICAS. Pero ahora tenía que volver a la realidad, a enfrentar las caras y las burlas que se venían cuando los chicos me vieran así. Bueno, al menos sé cómo defenderme bien. Lana, Katia y yo, habíamos hecho muchas cosas en el verano. La tía Deph no sospechaba que en vez de ir a «reuniones con grupos pacíficos», íbamos a fiestear como si no hubiera mañana. Mi problema era que como soy bastante tolerante con la bebida y ellas no, muchas veces me tocaba arrastrarlas como a Chase escaleras arriba, sin que nadie se diera cuenta, llevándome un susto de vez en cuando. No sé por qué, pero me sentía tan jodidamente bien que se me olvidaba responderles los emails a los chicos, pero en ningún momento dejé de pensar en ellos, preguntándome si la estaban pasando tan bien como yo. Claro que la pasaban de maravilla, una chica por noche, me supongo yo, siempre ha sido así. Aspiré el aire de Columbus City mientras bajaba del tren, al fin estaba en casa, quería tomar una siesta que durara una semana, no había dormido nada bien los últimos meses… Gloriosas resacas. Saqué mi teléfono para marcarle a Chase, caminando dentro de la estación con mi equipaje ya en mano. ¿Se había vuelto más pesado o qué mierda? —¿Dónde diablos estás? —dije en cuanto mi hermano contestó el teléfono. —Estamos esperándote en la salida, mueve tu trasero hasta aquí. Colgó el teléfono antes de que pudiese reprochar y maldije antes de comenzar a caminar hacia la

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salida, pasando por una multitud de sudorosas personas. Todo en mí saltó de felicidad cuando vi a mis tres chicos parados justo en la puerta de la estación. Mi hermano Chase vestía una de sus habituales camisas a botones, con sus jeans favoritos y unas Vans, siempre le ha gustado lucir cómodo. West, llevaba una ajustada camiseta del equipo de Baltimore de fútbol americano, unos jeans negros y unas Converse negras. En cambio, Sawyer siempre había sido el más limpio y cuidado, ya que tenía que mantener su reputación de chico encantador, vistiendo una camiseta gris bajo una chaqueta de cuero y unos jeans gris oscuro, acompañándolos con unas muy lindas zapatillas Nike negras. Siempre me ha encantado su estilo, Sawyer siempre había sido lo más cerca de un «Dios», como todas lo llamaban en la escuela. Me acerqué a ellos sonriente, ansiosa por ver sus reacciones, pero al parecer ellos estaban realmente ocupados mirando por encima de la multitud, buscando por mí. Estaba a unos putos metros de ellos, ¿cómo no podían verme? ¿Tan cambiada lucía? —Tontos. —Los llamé lo suficientemente alto para que me escuchasen. Los tres voltearon al mismo tiempo y se quedaron un largo rato mirándome, asegurándose que fuese verdaderamente yo. Les devolví la mirada con un poco de fastidio. —¿Solo se quedaran ahí paralizados sin decir nada? Hombre, ya me estaba dando hambre. —¿Y qué coño te pasó a ti? —West dio un paso atrás de la sorpresa, pestañeando repetidas veces. Todos habían paseado sus ojos desde mis vans negras con tachuelas doradas, subiendo por mis desnudas piernas, hasta mis diminutos shorts de denim y llegando hacia mi nueva camiseta de Led Zeppelin atada sobre mi ombligo, como aún no estaba acostumbrada a mostrar mucha piel, la acompañé con una chaqueta de estampado militar. Además de que notaron que llevaba maquillaje. —¿Eres tú… Dylan? —Preguntó Chase frunciendo el ceño. Parecía estar en una especie de procesamiento mental. Le pasaba cuando su única neurona sobre-trabajaba. —Pareces… una chica… —Sawyer no podía apartar sus ojos de mí. Puse los ojos en blanco tratando de no sonrojarme por su estúpidamente cierto comentario. —Bueno, la última vez que fui al baño seguía teniendo una vagina, entonces supongo que sí, soy una chica.—Bromeé sarcásticamente. Los tres rieron entre dientes, hasta parecían estar aliviados, ellos se estaban percatando de que seguía siendo yo. —¡Puta sea! Me has dado un susto tremendo, Dylan, pensé que la tía Deph había logrado cambiarte —Resopló mi hermano acercándose a mí para ayudarme con equipaje—. Pensé que te habíamos perdido, hermanis.

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—Salgamos de aquí, necesito arreglar unos asuntos antes de esta noche.—Comentó West sonriendo con travesura. —¿A quién te tirarás esta noche, West? —Enarqué una ceja mientras lo miraba a los ojos, esperando su evidente respuesta. —Iremos a una fiesta, bebé. —Contestó con sus ojos azules revoloteando de excitación. —La fiesta de fin de verano —Me explicó Sawyer dedicándome una media sonrisa—, este año será una fiesta rompe-culo. ¡Estará genial! —Y tú, sexy shorts, vendrás con nosotros. —West pasó su brazo sobre mis hombros, poniendo todo su robusto peso sobre mí. —Hey, idiota, no soy tu mesa, fuera de aquí. —Lo empujé lejos divertida, él sabía que odiaba cuando hacía eso. —Sí, te llevaremos, pensamos que es una compensación por el hecho de que no fuimos a secuestrarte en New Orleans y pasaste todo un verano con Hitler —Me explicó Chase mientras salíamos hacia el aparcamiento—. Ni siquiera te dejaban ver una fiesta por TV. Sí, claro, si tan solo supiera. —¿Acaso tenían TV? —Preguntó Sawyer divertido. Los cuatro soltamos una carcajada. —Sí, tenían TV… solo una y con canales restringidos.— Le contesté encogiéndome de hombros. Se volvieron hacía mí, mirándome como si estuviese loca. —¿Me estas jodiendo? —Expresó West con ojos muy abiertos—. Vaya, eso sí que es una mierda. —En fin, ya la tortura pasó hermanis, es hora de que festejemos al estilo Columbus City.— Mi hermano me sonrió y luego nos vimos caminando hacia su auto. Cuando ya estábamos cerca, no pude evitar escuchar el absurdo, pero digno comentario de West. —¿Dylan siempre ha tenido ese jodidamente ardiente trasero?— Escuché que le preguntaba a Sawyer en un «susurro». Puse los ojos en blanco. —Sí, West, siempre ha estado ahí —Sawyer le contestó escuchándose algo fastidiado—. Créeme, siempre ha estado. —¿Y cómo mierda no me había dado cuenta? Una pequeña sonrisa saltó sobre mi rostro. Pero... ¿por qué sonreía? ¿Acaso me gustaba que me miraran de diferente forma?

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Joder, son West y Sawyer de quien hablamos, ellos son el último estereotipo de novios que desearía tener. Debía sacudir esos pensamientos y enfocarme en LA FIESTA.

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2 Le rogué a Chase que fuéramos primero a comer algo —preferiblemente, comida rápida— , antes de pasar por casa y tener que lidiar con los chillidos de emoción de mi madre mirando mi cabello y mi maquillaje con su sonrisa de «Al fin, lo logré» pegada en su rostro. Aunque sabía que quería ver la reacción de mi madre como fuese, prefirió aceptar mi oferta, así que nos detuvimos a comer en Mikey’s, la cafetería-bar más popular en nuestro vecindario. Sus hamburguesas de carne con extra queso fundido eran celestiales. Mierda, estaba muerta de hambre. El lugar me encantaba, la verdad, era mi lugar favorito para estar. Tenía ese ambiente de Cafetería de los 70’s, piso de cuadros negros y blancos, sillas rojas, una magnifica Rockolla, muchos retratos de Elvis entre otros artistas que nunca me he parado a ver. Era algo muy al estilo Memphi’s. Enseguida tomamos una mesa y Paige se nos acercó, haciéndome poner los ojos en blanco automáticamente. Paige era la mesera de Mikey’s que calificaba como la diosa del sexo, según los chicos. Síp… ella ha pasado por las manos de Chase, Sawyer y West casi al mismo tiempo. Sin ningún pudor. Era una completa zorra. Una verdadera. —¡Ah! Dylan, has vuelto a la ciudad. —Me saludó mientras sonreía ampliamente, dejando ver el trozo de chicle que masticaba entre sus dientes. Ugh. —¿Cómo fue tu verano? —Aunque no podía negar que no era una total perra. En cambio, era bastante agradable, solo que le encantaba demostrar MUCHO su CARIÑO hacia los hombres. —Estuvo realmente genial —Le contesté dedicándole una forzosa sonrisa—. Me divertí mucho. —Me alegro bastante… Entonces, ¿lo de siempre? —Nosotros asentimos, nos guiñó el ojo y luego se fue caminando, contoneando sus anchas caderas como si fuera a partirse por la mitad. —Aún no puedo creer que se la hayan tirado —Resoplé mientras me recostaba sobre el asiento—. ¿Acaso no tienen un poco de sentido común? —Lo entenderás cuando tengas sexo, bebé —Se explicó West esbozando una linda sonrisa—, para un hombre no es fácil resistirse a eso. — Señaló el levantado culo de Paige. Puse los ojos en blanco de nuevo, haciendo una mueca de asco e indignación. —Olvidé con quien hablaba. —Dije en tono burlón, cruzándome de brazos.

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—Aunque tú no estás tan mal, Dyl, dime… ¿desde cuándo tienes un trasero tan sexy?— Preguntó mientras se inclinaba sobre su asiento y me echaba una divertida mirada. —¡Joder, es mi hermana, West! —Le reprochó Chase viéndose disgustado— La cual me encantaría que se quitara esos shorts en cuanto llegue a casa antes de que alguien se los arranque… con los ojos. —Por mí no hay ningún problema —Sawyer me dedicó una coqueta sonrisa—. Está bien como está, hermano. No pude evitar sonrojarme por tantos halagos, lo cual me hizo enojar conmigo misma porque no era algo usual en mí. —Dejemos de hablar del culo de mi hermana, por favor —Pidió Chase en un gruñido. Ya estaba enojado—. ¿Podríamos hablar de la fiesta de esta noche? —Bien, ¿cómo se supone que iré? ¿Crees que mamá dejará que vaya con ustedes? Apenas los puede ver, los odia. —Comenté algo divertida al imaginarme la magnífica cara de mi madre al hablarle sobre la fiesta. —Eso es pan comido, Dylan, solo relájate, ¿de acuerdo? —Sawyer, que estaba junto a mí, pasó su brazo encima de mis hombros y me apretó cariñosamente contra él. Esto era algo habitual entre nosotros, pero algo había cambiado, estas extrañas sensaciones que sentía alrededor de estos babosos me comenzaban a preocupar. ¿Qué carajo me hicieron Katia y Lana en New Orleans? Se suponía que solo sería un cambio físico, en mi agenda de verano no decía por ningún lado: «Volverme una chica idiota que le gustan los chicos idiotas.» No poder estar alrededor de ellos actuando normalmente, no estaba en mis planes. Aunque sabía que no sería «uno los chicos» para siempre. Le sonreí a Sawyer de vuelta. —Sorpréndanme. —Les dije antes de que las hamburguesas llegaran y le dedicara toda mi atención a mi bebé con extra queso. Mierda… cómo extrañaba Mikey’s. *** Luego de que Chase y yo dejáramos a los chicos en Mikey’s, ya que no queríamos tener que discutir con mamá, nos dirigimos a casa. Estaba tratando de evitarlo a toda costa, la verdad era que no quería ver a mamá aún, no quería escucharla en cuanto me viera.

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¿Por qué simplemente no viví con papá? Mis padres se divorciaron cuando tenía 10, y no los culpo, la verdad no tengo ni una puta idea de cómo se casaron, los dos son realmente diferentes, son como el agua y el aceite. Mi madre es una obsesiva-compulsiva que siempre viste de marca y se preocupa por su imagen como si su vida dependiera de ello. En cambio, mi padre es bastante agradable, liberal y humilde, por eso es que me llevo mucho mejor con él, además de que está bien con el hecho de que sea amiga de Sawyer y West. Explíquenme… ¿Desde cuándo un padre común acepta que su «bebita» esté todo el tiempo con chicos? Mamá fue tan insistente que el juez le dio la custodia de nosotros dos, ya que nuestro hermano mayor Marcus tenía 18 en ese entonces. Síp, soy la única «chica» genéticamente de la familia. Casi nunca vemos a Marcus, por eso no se los había mencionado antes. Él trabaja en una empresa en Seattle como publicista, lo vemos solo en ocasiones especiales. Él es todo un chico perfecto, la verdad es que extraño su compañía, él solía ser más cariñoso de lo que Chase puede llegar a ser conmigo. Él sí me trataba como una chica. —¡Oh, querida! —Ugh, aquí viene. Esa chillona voz me sacó de mis tranquilos pensamientos. —Qué hermosa te ves —Ella se acercó para abrazarme, lastimando mi mejilla con sus grandes aretes de diamantes—. Me encanta la nueva tú. —Sigo siendo yo, querida madre —Le comenté sonriendo con hipocresía—, la misma Dylan. Su sonrisa se fue desvaneciendo de su «perfecto» rostro, hasta que sus labios formaron una línea recta. —Estoy jodidamente cansada, así que debería tomar una siesta antes de salir esta noche. — Anuncié quitándole mi equipaje a Chase de sus manos. Mi madre me miró con horror al escuchar la palabra con «J», tanto que Chase y yo nos aguantamos una fuerte carcajada. Me encantaba hacerla enojar. Era como mi deporte favorito —además del fútbol americano. —¿Salir esta noche? ¿A dónde se supones que irás? —me preguntó cruzándose de brazos. —Tendremos una noche de hermanos, madre —Chase se acercó a mí para pasar su brazo por mis hombros—. Solo Dylan y yo, para celebrar su regreso a la ciudad. Ella nos miró con suspicacia. —¿Cómo estoy segura de que no estarán con esos tontos que tienen como amigos? —Mis manos se hicieron puños en cuanto escuché el ofensivo comentario de mi madre. Chase se dio cuenta y

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me dio un ligero apretón en el hombro en un intento de calmarme. —Estaremos en Mikey’s toda la noche, puedes simplemente preguntarle a Breenan si estábamos ahí, sabes que él no te mentiría. Hoy es noche de karaoke. —Me encantaba que mi hermano fuese un experto en mentir. Con tan solo una llamada al amable dueño de Mikey’s, Breenan, para decirle que le dijera a mamá que estuvimos todo el rato ahí, él se lo diría sin chistar. No era la primera vez que lo hacíamos mentir por nosotros. Ese señor era el mejor. —Bueno, solo no lleguen tarde, yo estaré jugando Bingo con mis amigas en el Club, así que no sé a qué hora llegaré, ¿de acuerdo? —Entonces, ella simplemente tomó su bolso, se echó una mirada en el espejo y luego se dirigió hacia la puerta—. Bienvenida de vuelta, Dylan. Le sonreí como despedida y en cuanto desapareció de nuestras vistas, explotamos en risas. —Eso fue bastante fácil —comentó Chase divertido—. Ahora, prepárate hermanis, esta noche será larga. Y yo no podía esperar.

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3 ¿Qué debería usar para la fiesta? Tenía este montón de ropa encima de mi cama, aún debatiendo en mi cabeza lo que iba a usar en LA FIESTA. ¿Pero por qué rayos parecía una típica chica superficial las cuales tienen miles de prendas y aun así no saben qué usar? No lo sé, me estaba comportando muy extraño últimamente. Usualmente solo escojo lo que esté limpio y a la vista, solo una olida para confirmar que pueda usarse y listo, me iba a la escuela. Ahora tengo que pasar tres horas mirando el montón de ropa, sin saber cómo vestir, ¿sexy?, ¿al estilo Dylan?, ¿conservadora? No tenía idea de esta mierda. Así que simplemente pensé como Katia y opté por usar una blusa gris teñida con vuelos blancos, podía verse mi abdomen, pero me importaba una mierda, la verdad. Hoy saldría a divertirme, a enseñarles a West, Sawyer y a Chase, que Dylan Carter se había convertido en una fiestera profesional. Bueno, en fin, combiné mi blusa con unos claros jeans ajustados con un cinturón rosa neón y unas vans grises, todo lo acompañé con mi gorra (plana) favorita, la cual West me había obsequiado el día que ganó ese gran partido de fútbol contra la escuela de Bashmore, estaba tan feliz que lo hizo, me obsequió su gorra favorita. —Hermanis, ¿ya estás lista? West y Sawyer estarán aquí pronto. —Le escuché decir a Chase tras mi puerta. —¡Ya casi termino de arreglarme! —Le hice saber mientras me colocaba una pizca de brillo de labios. La puerta se abrió haciéndome dar un respingo, Chase asomó su cabeza con una expresión de confusión jodidamente graciosa. —¿Acabas de decirme que tú, Dylan Paige Carter, estabas arreglándote? —Me preguntó de la forma más burlona que pudo. Puse los ojos en blanco, divertida. —¿Quién eres y qué has hecho con mi hermana? —Oh, jódete, Chase —Le enseñé el dedo del medio y él soltó una carcajada—, ella sigue exactamente aquí. —Síp, y espero que su asco hacia los hombres como los jodidos de mis amigos siga exactamente ahí también —Él al parecer escuchó con atención lo que había dicho y luego se echó a reír—.

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Sería realmente imposible que te fijaras en uno de ellos, no sé por qué me preocupo, te conozco lo suficiente. Sí, claro… él tenía toda la razón del mundo. ¿Cierto? —Estoy lista, vámonos. —Me limité a decir mientras le sonreía incómodamente. *** —Bebé, cada vez me sorprendes más. —El comentario de West me hizo poner los ojos en blanco automáticamente. Íbamos en camino a la fiesta en el auto de Sawyer, el cual no dejaba de mirar por el retrovisor hacia donde nos encontrábamos West y yo, nuestros ojos se habían encontrado un par de veces, solo que traté de ignorarlo y no pensar el por qué se comportaba de esa forma. —Te he dicho que odio cuando están encima de mí, apártate. —Empujé a West lejos mientras él se reía divertido. —Eso no lo dirás cuando estén encima de ti haciendo tú sabes qué. —Comentó con una de sus asquerosas sonrisas. —¡Ugh, eres un idiota! —Expresé asqueada, para volverme hacia el frente, cruzándome de brazos. —Y me adoras. —Me susurró al oído mientras me plantaba un asqueroso beso en la mejilla. Puse los ojos en blanco y sonreí. Esta noche no quería que nadie me molestara. Quería divertirme. El olor a alcohol, marihuana y otras sustancias mezcladas, azotó violentamente mi nariz al momento de cruzar la puerta de la casa de James Fewman, el anfitrión de la fiesta. La música estaba tan alta que no pude escuchar lo que Chase me dijo antes de desaparecer entre la multitud que se encontraba en la espaciosa sala, ¿o era el comedor? No tenía ni una jodida idea, todo el lugar estaba repleto de gente y las luces parpadeantes no me dejaban diferenciar los lugares. —¡¿Quieres jugar?! —Sawyer gritó en mi oído. Me volví hacia él, para darme cuenta que estaba inclinado hacia mí, tanto que nuestras narices chocaron. ¿Y ahora por qué me sonrojaba? —¡¿Jugar a qué?! —Le pregunté tratando de ignorar ese incómodo momento. —A «gira la botella». —Intervino West con una sonrisa pícara en su rostro.

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Oh no... ¿Qué estaban tramando? —No creo que sea buena idea. —Negué con la cabeza mientras me encogía de hombros. —¡¿Qué?! —Expresó West soltando una carcajada, mostrando sus perfectos dientes—. Bebé, tienes que vivir un poco, «gira la botella» es el juego más ardiente que existe en el mundo adolescente, claro, luego de «7 minutos en el paraíso». —No creo querer besar a ningún chico asqueroso o aun peor, alguna chica. —Les dije aún no muy segura. Sonaba divertido… y venía aquí a divertirme, así como lo hice en New Orleans. ¿Qué tenía que perder? Era una fiesta. —Oh, vamos. —West me tomó del brazo y comenzó a arrastrarme hasta el grupo de personas sentadas en unos sofás. Conocía a Debbie, de mi clase de Historia el año pasado. James, el anfitrión y amigo del alma de los chicos. Y a Cameron, un chico bastante guapo y considerado decente por mí, lo conocí una vez que iba saliendo de su entrenamiento de natación y casi me lleva por delante. Me cayó bastante bien, literalmente. ¿Entienden? ¿Literal? ¿Cayó? Bueno, ese fue un chiste bastante malo. —¿Podemos unirnos? —Preguntó Sawyer divertido, dándole un golpe en forma de saludo a James. —¡Mierda hombre, claro que sí! —Exclamó él mientras hacía espacio para nosotros— ¿Dylan Carter? ¿Eres tú? ¡WOW! ¿Qué te pasó? Traté de ignorar ese comentario. —Pero les recomiendo que tomen esto antes de jugar. —Él sacó una botella con algo extraño dentro, no podía distinguir qué tipo de alcohol se trataba, solo sé que West le arrebató la botella de las manos y le dio un gran trago. —¡MIERDA, MI GARGANTA SE QUEMA! —Se rio divertido—. Toma un poco, D. Me extendió la botella, mirándome con ojos ansiosos, no podía decir que no, sabía que al final me convencería, así que mandé todo al infierno, la tomé entre mis dedos y me la llevé a la boca. Sentí como si me hubiese tragado una cerilla encendida. Comencé a toser con fuerza hasta que abrí los ojos y podía ver a tres West mirándome aún, todo parecía estar dando vuelta. ¡¿Pero qué rayos era esto?! ¿Una clase de droga mezclada con alcohol? Era una bomba. Y estaba lista para jugar. Digamos que al sentarme recuperé un poco mi visión, podía percatarme que el juego ya había

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comenzado y que por alguna razón, me sentía ansiosa. Debbie fue la primera que tuvo que besar a otra chica que no conocía y yo solo le pedía a Dios que no me tocara alguna, sería capaz de salir corriendo, bueno… si pudiera correr en estas condiciones. Luego de 7 turnos más, James giró la botella. La miré con atención mientras comenzaba a disminuir su velocidad. Cameron y yo. West y yo. Una tal Christine y yo… Se detuvo entonces. Sawyer y yo. —Esto será épico, mis queridos amigos —Se burló James irguiéndose en su puesto. ¿No era que estaba tan ebrio como nosotros?— Mi querido Sawyer, haz tu magia… 5 segundos. Con lengua. Me quedé quieta donde estaba en cuanto vi a Sawyer levantándose de donde se encontraba, luciendo una de sus grandes sonrisas. —¡Ve por ella, tigre! —Escuché que gritó West dándole una palmada en el trasero. Comenzaba a sudar frío, ¿por qué me sentía tan nerviosa? Era solo un beso. Un beso de Sawyer, Sawyer Brown, el idiota que se lanza gases frente a mí, él que a veces se queda a dormir en casa y sale en calzoncillos sin importale mi presencia. Ese Sawyer que se tira a una diferente cada semana. No tenía de qué preocuparme. No podía preocuparme por eso. Solo tenía que besarlo y ya. —Bien, hagamos esto. —Le dije cuando ya se encontraba frente a mí, estábamos cara a cara. Él no dijo nada, simplemente bajó su mirada a mis labios y se quedó observándolos por unos largos segundos, se veía bastante concentrado y tranquilo. De repente, puso una mano sobre mi rostro y me acercó a él. Sus labios embistieron a los míos sin dejarme siquiera tomar aire. Me sorprendí de su repentino cambio, pero eso no me detuvo para comenzar a corresponderle el beso. Mi mente no estaba funcionando bien, ya que lo único que pensaba era seguir devorando sus labios. Apretarlo más contra mí. Saborearlo por mucho más tiempo. ¿Por qué carajo pensaba en eso? El toque de su lengua me hizo dar un respingo. Sin separarme de él, abrí aún más mi boca para darle paso a su lengua, que de un segundo a otro, ya se encontraba jugueteando con la mía. Sentía que estaba devorándome. Solté un pequeño gemido al notar que sus manos ahora estaban en mi cintura y las mías se movieron hacia su sedoso cabello. —Hey, hey, ya han pasado como 10 segundos… —La voz de West se escuchaba bastante lejana. Jadeé cuando Sawyer se atrevió a mordisquear mi labio inferior, la sensación que me transmitía

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nunca la había experimentado antes. —Ya estuvo… —Entonces, de un jalón, West nos separó. Sawyer y yo nos miramos directo a los ojos. Si sus labios se veían así de rojos, ¿qué quedaría con los míos? Él no decía nada, ni se movía, solo estaba ahí… mirándome. Y yo solo tenía que decir algo. —Oh mi Dios.

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4 —Creo que esto ha subido de nivel, hombre —Se burló James jalando a Sawyer para que volviera a su asiento—. Tómalo con calma. Él esbozó SU sonrisa mientras se dejaba caer en el sofá, sin dejar de mirarme. —Alguien tiene que enseñarle, ¿no es así? —Se echó a reír con arrogancia. Idiota. Idiota. Idiota. Que te den. Me bajé de la nube de inmediato. Caí en la cuenta de que solo estábamos jugando. Que él solo estaba jugando. Típico de mi amigo Sawyer. Bueno, entonces estaba lista para poner en práctica todo lo que había aprendido en el verano. Yo también había aprendido a jugar. —Siguiente turno. —Le gruñí a James mientras me levantaba a arrebatarle la botella de su regazo.— Necesito otro trago. Él me dedicó una sexy sonrisa mientras me veía tomar otro gran trago. Me sentía mejor que nunca. Me sentía libre. Estaba jodidamente volando, sentía que podía hacer lo que quisiera. La Dylan vestida en ropa holgada, eructando y tirándose gases, que había estado antes del verano, ella ya no existía. La que estaba era una Dylan versión mejorada, una Dylan nueva… Una Dylan sexy. Y no podía negar que me gustaba… y que estaba lista para aceptar el cambio. Ahora mismo, en esta fiesta, con estos tontos. —Dale vuelta, James. —Le ordené echándome hacia atrás, soltando una carcajada sin ningún motivo. Estaba tan ebria que no sabía lo que hacía. Él me obedeció aún divertido por mi actitud de «A la mierda todo». Vi como la botella daba vueltas, me sentía tan llena de energía, tantas ganas de bailar, saltar y con tantas ganas de hacer demostrar mi punto que, por alguna razón, detuve la botella y la moví por mi cuenta para que quedara entre James y West. Alcé la vista hacia ellos y les di mi mejor sonrisa atrevida. Ellos me miraban como si no pudieran creer lo que estaba haciendo. Y créanme… yo no tenía ni puta idea de por qué me estaba comportando así tampoco. —Oh, se detuvo en el medio. —Espeté fingiendo inocencia—. ¿Eso significa que tengo que

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besarlos a ambos, cierto? —Supongo. —James se irguió entusiasmado, dándole un golpe a las costillas de West— ¿Qué esperas, hermano? —Esto será épico, bebé. —Me aseguró West mientras me miraba con un brillo ansioso en sus hermosos ojos. Me levanté decidida. No dejaría que ningún chico me hiciera quedar como tonta, nunca en mi vida había permitido eso y este día no era una excepción. Sawyer logró sacar la chica en mí y ella estaba lista para contraatacar. Nunca debió haber dicho esa simple frase, simplemente lo hizo para seguir con su reputación de idiota, bueno, para esto hacen falta dos. Caminé hacía ellos no sin antes echarle una mirada Sawyer, que se encontraba con el ceño fruncido mientras presenciaba la escena, como si estuviese conteniéndose. Pero ya no había marcha atrás. El primero que se atrevió a besarme fue James, que por cierto, casi me ahoga con su lengua. No sentí nada. Solo sentía su lengua moverse como un gusano dentro de mi boca. Sí, sabía cómo besar, pero simplemente no sentía absolutamente… nada. Eso fue hasta que sentí unos labios besando mi cuello y mis piernas temblaron inconscientemente. Esto se estaba saliendo de control. Sentía las manos de James atrapando mi rostro mientras me besaba y las de West apretando mi cintura. Me percaté que él comenzaba a trazar un camino de besos desde mi cuello hasta mi oreja. —¿Ahora cómo se siente esto? —Me susurró mordiéndome levemente el lóbulo. Dejé escapar un gemido entre los labios de James. Me sentía drogada… más drogada de lo que estaba o, eso creo. —Mi turno. —West empujó a James para darse paso. Pero en vez de comenzar a besarme de una —como todos ya lo habían hecho—. Se detuvo a mirarme seductoramente a centímetros de mi cara, se acercó a mí y me comenzó a besar las comisuras de los labios. Luego, pequeños besos con mordidas incluidas, haciéndome cerrar los ojos para disfrutar mejor… Y cuando pensé que no podía hacerme algo peor, su lengua se abrió pasó gentilmente, lo que me volvió loca. Creo que una diminuta parte de mi cerebro sabía que esto mañana iba a hacer un problema, todos estábamos ebrios, quizá drogados, alterados y haciendo una casi orgía en este maldito lugar, pero no podía negar que la sensación de ser besada por Sawyer… y por West, era algo que no podía explicar, bueno sí… sentía tanto calor que quería quitarme la ropa. —West… —Jadeé entre sus labios, su aliento a alcohol y menta me inundaban por completo.

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West Collins, un maldito experto en besar a una chica y llevarla al cielo. —Te dije que sería épico… —Susurró para separarse un poco de mí, con los ojos cerrados, acarició mi nariz con la suya, haciéndome estremecer. Después… simplemente apretó sus labios con los míos una vez más y abrió los ojos, separándose de mí. Volví a escuchar la música a todo volumen, a las personas gritando, riéndose y bailando. Segundos atrás todo parecía estar en pausa. —¡Creo que me he puesto cachondo! —Comentó un chico que no había visto antes aquí, ¿o sí?, ¿ya estaba ebria cuando llegó? No recuerdo una mierda, o quizá fue el beso que me hizo olvidarlo. Me di la vuelta al recordar a Sawyer, pero mi sorpresa fue…que él ya no estaba ahí. Se había ido. Y luego de eso, no recuerdo haberlo ido a buscar, ni recuerdo haber recordado que tenía un hermano que estaba en la fiesta. Me divertí y como nunca, tanto que ni siquiera recuerdo cuándo terminó la fiesta, a qué hora nos fuimos… ni en dónde dormimos. Definitivamente, esa fue una fiesta rompe—culo.

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5 ¿Acaso alguien me había golpeado la cabeza con un martillo? Porque el dolor de cabeza que tenía era realmente insoportable. Primero. ¿Dónde coño estaba? Segundo. ¿Qué mierda pasó ayer? Tercero. Necesitaba una pastilla para la resaca, urgentemente. Abrí los ojos lentamente, sin mover mi cabeza, ya que sentía como si mi cerebro estuviese desprendido y dando vueltas por ahí. Incluso peor. En cuanto mi vista se volvió más nítida, me di cuenta que definitivamente esta no era mi habitación. Las paredes eran de un color vino y el techo estaba pintado de azul marino, eso era lo único que podía distinguir hasta el momento. Cuando me erguí, pude tener una mejor vista del desconocido lugar donde me encontraba, y entonces… pude saber dónde rayos estaba. A juzgar por los trofeos de fútbol americano, medallas, posters de jugadores de la NFL, y el aparente desorden con sudor a hombre... Estaba en la habitación de West. ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué estaba en su habitación? ¿Dónde estaba él? —¡Ugh! —Me quejé cuando me levanté de la cama, sentía un zumbido en la cabeza insoportable—. ¿West? Pude escuchar un quejido proveniente del baño, segundos después un golpe y luego la puerta abriéndose de tirón, dejando ver a West sin camisa mientras se sobaba la cabeza, luciendo adolorido. Entonces comencé a recordar lo que había hecho en la fiesta. Sawyer. Beso extraño. West. Beso ardiente. ¡MIERDA! Por favor díganme que esto no pasó en verdad. Díganme que no los besé… a ambos. —¿Qué coño hacías en el baño? —Traté de mantener la calma y no sacar conclusiones aún. Quizá simplemente estaba alucinando.

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Sí, debía ser eso. —Ugh, no me grites aún por favor, tengo un maldito dolor de cabeza. —Gruñó cerrando los ojos por un momento. Sacudió la cabeza y luego los abrió, dedicándome una extraña sonrisa. Pasé una mano por mi cabello con nerviosismo y aclaré la garganta. —¿Cómo llegamos aquí? —Le pregunté cruzándome de brazos, calmada—. ¿Y dónde están todos? —No tengo una mierda de idea, bebé —me contestó divertido—. Solo sé que fue la mejor noche que he tenido. ¿Él recordaba? ¿O no? ¿Qué se supone que significa «la mejor noche que he tenido»? ¿Debía de estar asustada? Maldición, odiaba tener que lidiar con mis preguntas. —No recuerdo nada de lo que hice. —Mentí mientras me aproximaba a su mesita de noche, para tomar mi teléfono. Tenía un mensaje de texto de mamá. Querida, la noche se alargó y no llegaré hasta mañana, espero que estén en cama a las 12am. Regresaré temprano, duerman bien. Suspiré de alivio y me volví hacia West, quien tenía una expresión algo extraña en su rostro, me miraba con el ceño fruncido, como si estuviese examinándome. Como si estuviese descifrando algo. —¿En verdad no recuerdas nada de lo que pasó anoche? —Él enarcó una ceja, como si me conociera lo suficiente y supiera que estaba mintiendo. —Mi cabeza explotará en cualquier momento si no me tomo una aspirina, iré abajo y revisaré si los chicos están allí. —Me apresuré a decir para luego esquivarlo y poder respirar al salir. ¡QUÉ IDIOTA SOY! ¿Cómo pude besar a Sawyer? ¿Cómo pude besar a West? Fue una cosa que juré a mí misma nunca hacer, en verdad, lo juré con mi vida. SÍ, cuando estaba en 7mo grado tuve una amiga, la única de toda mi vida, se llamaba —se llama— Becka, y nos llevábamos jodidamente bien. Éramos parecidas, nos gustaban las mismas cosas, pero me reventaba al ver lo tonta que se volvía cuando ellos dos aparecían, eso era lo único diferente de nosotras, que a ella le afectaba ese tipo de cosas, y a mí no. Un día me contó que Sawyer la había besado con lengua y que había sido su primera vez, que lo había disfrutado y que estaba ilusionada con él, tanto que dijo que le pediría salir. Días después, ella trató de hacerlo en la escuela y él la humilló frente a sus amigos, diciéndole que eso nunca había pasado.

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Estuvo tan devastada, la vi llorar por una semana, Sawyer le había roto el corazón. Entonces de la nada, comenzó a evitarme y a dejarme de hablar, como si yo tuviese la culpa de lo sucedido. Fue ahí cuando juré que nunca iba a dejar que ningún chico se metiera bajo mi piel, sobre todo Sawyer o West, esos eran los principales… y que las chicas nunca eran verdaderas amigas, en algún punto te dan la espalda. Sí, estoy realmente jodida. Volviendo al presente. Bajé las escaleras en busca de los chicos, mientras miraba alrededor de la asombrosa casa de los Collins, siempre había estado enamorada de los decorados. La madre de West, April, era bastante agradable y cálida conmigo, me trataba como a una hija más y me caía mil veces mejor que mi propia madre, pero casi nunca estaba en casa, ya que su trabajo no se lo permitía. —¿Dylan? —Solté un largo suspiro lleno de alivio al escuchar la voz de Chase proveniente de la cocina. —Trata de no hablar tan alto, que mi cabeza está que… —Me detuve en seco al ver que Sawyer también se encontraba ahí, él también pareció entrar en una especie de pánico interno, ya que dejó de comer su cereal para mirarme fijamente. Él también recordaba todo. Genial. —Buenos días, a los dos. —Chase miró sobre mi hombro algo sonriente, segundos después, sentí la respiración de West en mi cuello. —Mi resaca es putamente gloriosa, hermano. —Expresó West poniendo sus manos sobre mi cintura, su risa resonó en mi oído derecho. No pude evitar estremecerme debido a su tacto. ¿POR QUÉ ME PASABA ESTO A MI? —¡Desayunemos! —Tomé la oportunidad de saltar lejos de West, luego me arrepentí de haber hecho ese brusco movimiento ya que mi cabeza zumbó de nuevo. Tomé un vaso de agua antes de comenzar a comer, no tenía cepillo dental así que no pude lavarme los dientes. West me sirvió una taza de leche con cereal y nos sentamos todos en la espaciosa barra de la cocina. Todos con la cabeza metida en el tazón. Se podía notar a kilómetros de distancia la tensión que había entre nosotros. —¿Qué pasó en esa fiesta? —Preguntó Chase con un tono de voz lo suficientemente serio como para que los tres levantáramos la vista de golpe. West miró a Sawyer. Sawyer a mí y yo a West. Nuestras caras nos delataban por completo. Recordábamos cada detalle de la noche anterior, definitivamente.

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Chase nos miró enarcando una ceja y por un momento entré en pánico, creyendo que nos había descubierto. —Sé lo que pasó anoche… —Mi corazón casi se sale de mi pecho al escuchar eso— Tuve sexo con una muy jodidamente ardiente rubia. Casi pude escuchar nuestros suspiros de alivio. —Bueno, entonces tendré que decir que yo he anotado con una chica realmente ardiente también. —West inmediatamente miró hacia mí, sonriendo perversamente. —Yo también. —Intervino Sawyer, imitando el movimiento de su amigo. ¿Qué rayos estaba pasando aquí? No. No. No. Aquí nadie anotó con nadie, por favor, dejen de mirarme, además, el estúpido de Sawyer no debería estar diciendo eso, ahora que lo recuerdo… según el: «Solo me estaba enseñando». Maldito idiota. —Buscaré mis zapatos, ya vuelvo. —Solo quería escapar de esta incómoda situación lo antes posible. Cuando iba a comenzar a subir las escaleras, sentí a alguien tomándome de la cintura para darme la vuelta. Me quedé sin aliento por un momento y luego miré a West un poco molesta. —¿Qué mierda…? —Le reclamé evitando demostrar mi nerviosismo. Él rio entre dientes y acercó su rostro al mío lentamente. Deja vú. —Al parecer sigues sin saber cómo mentir —Susurró divertido—. Sé que recuerdas todo. —¿A qué te refieres? —Vaya, hasta yo estaba sorprendida de lo calmada y natural que sonaba. —Solo te diré una cosa… —Se acercó tanto a mí que por un momento pensé que iba a besarme de nuevo— Dylan Carter, desde hoy oficialmente dejas de ser «uno de los chicos», por lo menos para mí. Me quedé estática por unos segundos. ¿Qué… qué acababa de decir? Desde este momento estoy consciente que vendrán problemas… y muchos.

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6 Dios, no saben cuánto iba a extrañar las vacaciones. Y me di cuenta de eso cuando me levanté esta mañana para el primer día de escuela. Les digo, mamá tiene que comprar un despertador nuevo, la canción de Smells Like Teen Spirit me había sobresaltado tanto, que lo terminé estrellando contra la pared. El pobre no sobrevivió. Por otro lado, tenía una segunda razón por la que no quería ir a la escuela. Esa razón —o quizá dos razones— se llamaban Sawyer y West, a los que desde ese día luego de la fiesta, hace cuatro días exactos, estaba tratando de evitar a toda costa. Me sentía bastante estúpida al respecto, pero simplemente no quería lidiar con ellos, sabía que no estaba bien hacerlo, ya que hemos sido amigos por tanto tiempo y ahora con un simple «momento», todo se estaba yendo a la mierda. Tenía que ser honesta conmigo misma, por parte era mi culpa, en primer lugar, nunca debí permitir que Sawyer me besara, a consecuencia de lo ocurrido, terminé besando a West y metiéndome en este lío. Chase aún no tenía ni idea de lo que había pasado, pero estaba consciente que en algún momento comenzaría a sospechar ya que las veces que los dos habían venido a casa, buscaba alguna excusa para no estar alrededor de ellos. Las palabras de West aún me seguían atormentando. «Desde hoy oficialmente, dejas ser una de los chicos». La piel se me erizaba con tan solo pensar lo capaz y astuto que West podía llegar a ser. ¿En qué rollo me había metido? Joder. —Querida, Chase ya te espera abajo, apresúrate o llegarán tarde. —Me anunció mamá haciéndome dar un respingo y salir de mis locos pensamientos. Terminé de peinar mi cabello, tomé mi bolso y me acerqué a la puerta para abrirla, lo primero que mamá vio fueron los pedazos del despertador en el suelo. Me dedicó una mirada de desaprobación. —Ah sí, hay que comprar un nuevo despertador. —Le dije al darme cuenta de por qué estaba molesta. Ella iba a decir algo, pero yo simplemente la esquivé para comenzar a bajar las escaleras. No quería discutir esta mañana, iba a ser un largo día.

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—¿Destruiste el despertador? —Me preguntó Chase con una sonrisa divertida dibujándose en su rostro. Me encogí de hombros mientras tomaba una manzana de la barra de la cocina. —¿Cuál es? ¿El quinto que rompes? —Se rio divertido, dirigiéndose hacia la puerta. —Sexto, de hecho. —Solté una risita y le di un mordisco a mi manzana, para luego salir hacia el auto. Sí, era muy temperamental en las mañanas. *** Chase aparcó su Jeep Rubicon 2009 verde militar —la cual papá le había comprado en su cumpleaños número 17— en su lugar habitual en la escuela, junto al Mustang GT rojo de Sawyer y la Tahoe gris de West. Genial, ellos nos esperaban sobre el auto de Sawyer. —¿Qué coño esperas? Baja del auto que tengo que cerrar. —No me había dado cuenta que Chase ya se encontraba fuera del auto. Mi corazón estaba un poco inquieto y eso me hacía maldecir internamente. Tenía que tratar de olvidar si quería que todo volviese a la normalidad. —¿Listos para volver a la tortura? —Bromeó Sawyer cuando estuvimos ya suficientemente cerca. —Bueno, pregúntaselo a Dylan, hoy ha roto el sexto despertador en lo que va del año —Dijo mi hermano divertido mientras ponía su brazo sobre mis hombros—. No me gustaría ser su marido, no me imagino cuando despierte por las mañanas, él tratará de darle un beso de buenos días y ella lo dejará inconsciente. Todos soltamos una carcajada ante el ocurrente chiste de Chase. Yo no era tan mala, ¿o sí? —Pues yo estoy dispuesto a ser noqueado todas las mañanas. —Terció West en modo de burla. Pero al ver como se formaba una sonrisa traviesa en su rostro mientras me miraba, sabía que no estaba bromeando. —¡Vamos, hombre, ya hablamos de esto! —Le reprochó Chase haciendo una mueca de asco. Sawyer rio entre dientes, solo que pude notar que eso no llegó a sus ojos. —Entremos, debemos buscar nuestros nuevos horarios —Sugirió Sawyer viendo la hora en su

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reloj—, solo ruego que no nos toque clase de Geografía con el profesor Timothy, ese viejo es todo un hijo de puta. Los tres asentimos apoyándolo enérgicamente, mientras comenzábamos a caminar dentro del edificio. En el pasillo, todo sucedía como siempre, las chicas de preparatoria y secundaria volteaban a ver a mis amigos, y a mí me miraban con fastidio o quizás odio, me valía la más mínima mierda la verdad, ya estaba acostumbrada a sus miradas asesinas. Típicas chicas envidiosas, deberían buscarse una vida o quizá un muñeco inflable que pueda acompañarlas. Los chicos ahora parecían mirarme de forma diferente, algunos que al parecer nunca me habían visto con detenimiento, ahora me escaneaban de pies a cabeza, algunos se mordían el labio y lo único que eso causaba en mí, eran unas náuseas anormales. —Dylan. —Me llamó la voz de Sawyer, me di cuenta que solo estábamos él y yo, ya que West y mi hermano se encontraban retirando los horarios. —¿Qué hay? «¿Qué hay?» ¿En serio, Dylan? ¿Eso es lo mejor que pudiste decir? Idiota nivel: Tú. —Quería… quería disculparme por lo que pasó en la fiesta. —Me dijo rascándose la cabeza, mirando al suelo. ¿Acaso… estaba nervioso? —Por lo del beso. —Especificó mirándome a los ojos, esa extraña expresión en su rostro hizo que mi corazón se ablandara, pero solo un poco. —Me alegra oírte decir que te arrepientes de haberme besado. —Me encogí de hombros fingiendo estar decepcionada. O quizá no estaba fingiendo tanto. Últimamente no sabía cómo controlar mis aparentes cambios de humor. Él se echó a reír divertido y yo me di cuenta que se encontraba peligrosamente cerca. —Nadie ha dicho que me arrepiento. —De repente, su divertida expresión cambió a una más seria. Mi corazón comenzó a latir con más fuerza cuando acercó su mano a mi rostro y acarició mi mejilla para luego colocar un mechón de mi cabello tras mi oreja. —De la única cosa de la que me arrepiento es de no haberte llevado conmigo luego de eso. Sentí como si toda la sangre de mi cuerpo hubiera subido a mis ahora calientes y rojas mejillas. Eso me había tomado jodidamente desprevenida. —Cariño, me da un gran gusto verte. —Escuché una voz femenina dirigiéndose hacia Sawyer.

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Él claramente se tensó de inmediato y vi cómo el pánico atravesaba sus ojos. —Dijiste que volverías a la habitación el día de la fiesta, pero nunca lo hiciste, me dejaste con ganas de más. —Quise tener una mejor vista de la aparente zorra en celo que no tenía ningún pudor de decir esas cosas. Y cuando vi de quien se trataba, mi garganta casi se cierra por la sorpresa. Bajita, piel blanca, cabello rojizo, grandes ojos verde esmeralda y linda sonrisa. No me podía creer lo idiota y maldito que era Sawyer, que después de todo, evidentemente… Se había tirado a la que alguna vez fue mi mejor amiga, Becka.

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7 Casi vuelvo a caer en su juego. Últimamente me pasaba mucho y eso me comenzaba a molestar. No quería hablar con nadie, ni muchos menos con Becka, no habíamos cruzado ni una palabra desde el momento en que dejó de hablarme en 7mo grado. Claro, ella sabía exactamente quién era y aun así siguió ignorándome para seguir coqueteando con el gran idiota de Sawyer. Se había vuelto una completa perra, ahora era una de las amigas de la Zorra Stevens, digo, Zoe Stevens, la chica más popular de la escuela y la única en toda la escuela —y quizá de todo el mundo— que no soportaría entablar una conversación sin querer lanzarle un puñetazo en la cara. Me entenderán cuando me encuentre con ella. En fin, escapé de ese tan irritante momento para entrar a mi primera clase del año, Química, la cual no sé si era tan aburrida que no presté atención o si simplemente mi mente estaba en otro lado. Probablemente eran las dos. En cuanto la campana sonó, casi me lanzo fuera del aula, no quería estar ni un minuto más dentro de ella con el profesor Dereck escupiendo mi cara con cada palabra que decía. Mala mía por sentarme frente. Iba a comenzar a caminar, cuando sentí a alguien tocando mi brazo para atraer mi atención. Mi boca luchó por no abrirse al ver al chico que tenía frente a mí. Ni de coña era alguien común aquí. Era delgado, pero se veía que estaba en forma, era de piel blanca y ojos increíblemente azules, su cabello era abundante, brillante y ondulado, de un castaño claro, casi rubio. Él solo estaba ahí, dedicándome una pulcra y cortés sonrisa. —¿Ahora sí tengo tu atención? —Su perfecto acento inglés me hizo despertar. —¿A qué te refieres? —Pregunté frunciendo el ceño, sacudiendo levemente la cabeza. ¿Nos habíamos encontrado antes? Ni puta idea. —A que somos compañeros en química, solo que estabas muy distraída como para notarlo. —Se explicó sin dejar de sonreír. Sus pómulos eran tan… mierda. —Lo siento, es que tengo otras cosas en la cabeza —resoplé viéndome avergonzada—. ¿Eres nuevo aquí?

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—Sí, estudiante de intercambio de New Castle —dijo él pasándose una mano por su cabello—. Soy Matthew, Matthew Fitzgerald. —Dylan, Dylan Carter —me presenté aceptando su apretón de manos. —¿Dylan? Ese es un nombre… —De chico, es un nombre de chico, lo sé —Reí mientras cambiaba de posición mi bolso—. Culpa a mi padre. Él rio entre dientes. Wow, era demasiado atractivo. —A juzgar que no le prestaste la mínima atención a la clase, te informo que tendremos que hacer una tarea juntos. Asentí lentamente, comprendiendo ahora por qué me hablaba, simplemente por una tarea. Cuando Matthew iba a decir otra cosa, mi cara se descompuso al ver que Sawyer se acercaba a nosotros. —¿Te encuentras bien? —escuché que el chico nuevo me preguntaba al ver mi repentino cambio de humor. —¿Podemos hablar? —Sawyer ya se encontraba frente a mí. Jódete. —Ya estamos hablando. —Me crucé de brazos, algo irritada. No quería ser parte de sus juegos, me rehusaba a caer una vez más. —Sabes a lo que me refiero, Dyl… —Resopló mirándome a los ojos, con expresión de disculpa—. Déjame explicarte… Solté una seca carcajada. —No hace falta, no me debes nada, ninguna explicación. —Le dije sonando tranquila. —Estaba ebrio —comenzó a hablar, sin dejar de mirarme, aparentemente ignorando lo que había dicho. —Todos lo estábamos —espeté poniendo los ojos en blanco—, es por eso que no tienes que explicarme nada, ya que no tomo eso como un asunto importante, así que prefiero que olvides lo que pasó. Eso es, Dylan, sé madura. —¿Debería encontrarme contigo luego? —carraspeó Matthew algo incómodo. Mierda, me había olvidado de él. —¿Y quién coño eres tú? —Sawyer enarcó una ceja hacía él, mirándolo de arriba abajo, molesto. Puse los ojos en blanco ante su falta de cortesía.

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—Soy Matthew Fitzgerald, el chico nuevo. —Se presentó luciendo divertido de su «chiste». —Y el que ahora se va conmigo —señalé mientras me movía hacia su lado, aprovechando la oportunidad. Sawyer me miró algo sorprendido. —¿Qué? Síp, él nunca había sido dejado hablando solo por una chica. Pero para todo hay una primera vez, ¿no? —Tenemos que organizar una tarea de química, te veré luego, en el almuerzo quizá. —Me apresuré a decir, arrastrando a Matthew conmigo hacia mi casillero. —¿Es ese tu novio o algo así? —preguntó Matthew cuando ya estuvimos en mi casillero, cuando ya estaba mucho más calmada. —No —resoplé sacando mi nuevo y gordo libro de Historia-. Es uno de mis mejores amigos. —Oh. —Él asintió lentamente, como si hubiese comprendido algo muy importante—, así que tu mejor amigo está enamorado de ti. Entiendo. Solté un bufido incrédula, para luego echarme a reír. —Se ve que aún no sabes quién es Sawyer Brown, ni quién soy yo tampoco —comenté divertida—. Solo hemos tenido una noche loca, creo que deberías saber que yo soy un poco… diferente al estereotipo de chica común. Técnicamente no tengo amigas, solo amigos. —Me doy cuenta de eso. —Él me sonrió mientras me miraba con atención-. Si fueses una chica común me hubieses hablado en tono seductor, me hubieses estado tocando y guiñado el ojo, eso es lo que siempre hacen —Se encogió de hombros—. Y me alegra de verdad que no seas así, me asustan ese tipo de chicas. Le sonreí divertida, cerrando mi casillero al fin. —Créeme, a mí también. —Lo apoyé comenzando a caminar junto a él hacia la clase de Historia. Me alegraba tener un amigo nuevo para mi corta lista de amistades.

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8 Me vi deslizando mi bandeja por la barra a la hora del almuerzo, tenía un hambre tremenda — como siempre—, pero no había nada que me apeteciera, nunca hay nada que me apetezca en esta estúpida cafetería, así que terminé eligiendo una chuleta de cerdo con patatas al horno, una extraña ensalada y de postre un rico flan de chocolate. Bueno, quizá tomé dos. Mis pies automáticamente caminaron hacia nuestra mesa habitual, en todo el medio del lugar, en «la zona de los populares». —¡Hermanis! —Me saludó Chase mientras me sentaba en la mesa, junto a West— ¿Cómo te ha ido en tu primer día? Inconscientemente dirigí mi mirada hacia Sawyer, quien parecía tener sus lindos ojos verdes clavados en mí. ¿Acaso no debería estar tirando con alguna otra chica? —Sobreviviré —Me encogí de hombros, comenzando a comer mi almuerzo—. Aunque quisiera irme a casa. —Eh, hablando de irse a casa... —Chase se revolvió el cabello algo nervioso—. Tengo que hacer algo después de clases, así que no podré llevarte a casa. Oh, genial. —¿Hablas jodidamente en serio? —Dejé de comer para mirarlo asesinamente. —Sí, pero no te preocupes, West se ha ofrecido a llevarte. Oh, súper genial. —La dejaré sana y salva en su casa, hermano. —West pasó su brazo por mis hombros y me apretó contra él. Por alguna razón, esta vez no lo alejé, como habitualmente hago. Eso comenzó a preocuparme. —Quiero tus manos fuera de sus pantalones, ¿quedó claro? —Mi hermano lo señaló con el dedo acusadoramente. Él solo soltó una divertida carcajada. —Entendido, jefe —West le hizo un saludo militar y luego sentí sus labios rozando mi oído. Me tensé instantáneamente. —Todavía sigue en pie, ¿sabes? —Mis vellos se erizaron y tuve el instinto de escapar, pero luego

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pensé que se vería muy obvio y me quedé quieta, sin siquiera volverme hacía él, ya que sabía que sería lo suficientemente peligroso y no quería arriesgarme. ¿Qué seguía aún en pie? ¿Lo que me había dicho días atrás? ¿Esas palabras que aún estaban en mi mente rondando buscándole lógica? Rayos, esto me comenzaba a afectar más de lo que pensaba. Cuando él estuvo a una distancia razonable para poder voltearme y reclamarle, lo primero en que me fijé fue en su sonrisa de satisfacción, como si estuviera feliz de que estaba causando ese efecto en mí. ¿Por qué todos los hombres eran tan asquerosamente iguales? —¿Puedo sentarme? —Todos miraron sobre mi hombro mientras enarcaban una ceja, pero yo me tomé mi tiempo, sabiendo de quien se trataba. Ese acento era inconfundible. Matthew. —Y… ¿tú quién eres? —le preguntó West examinándolo con la mirada. —Es mi amigo, Matthew —contesté enarcando una ceja—. ¿Hay un problema con eso? La expresión amenazadora de West se desvaneció por completo cuando le contesté. Una sonrisa se curvó en un rostro e hizo un espacio entre él y Janice —una chica del equipo de porristas—. Esta se vio ofendida, lo cual me hizo sonreír. Ninguna de las porristas me caía bien, a decir verdad. —¿Por qué no lo dijiste antes? —expresó él incitándolo a sentarse—. ¿Eres el chico nuevo, no? —Sí —Matthew sonrió radiante mientras tomaba asiento. —Bienvenido al cielo —West pasó un brazo sobre sus hombros—. Presiento que nos llevaremos bien. Sawyer tenía una épica cara de póker. Sabía que no le agradaba para nada Matthew. Celos, ¿quizás? El almuerzo transcurrió más normal de lo que creía, West le sacaba conversación a Matthew mientras que Sawyer trataba de evitarlo e ignorarlo a toda costa. Era un poco descortés de su parte, apenas lo conocía y ya lo parecía odiar. Pero era algo típico en él. Debía de actuar así y no arruinar su «reputación». ***

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—Al fin el día escolar terminó. —resoplé en voz baja mientras caminaba hacia la salida, en un intento de escapar del aventón de West. Pero no tuve éxito, ya que cuando iba a cruzar el aparcamiento, su camioneta me obstruyó el paso. Maldición. —¿Creías que escaparías de mí, bebé? —me dijo con su típica sonrisa traviesa. —Cállate, tonto —le gruñí adentrándome en la camioneta resignada—, solo llévame a casa, tengo cosas que hacer. —¿Qué tipo de cosas? —preguntó irónico, poniéndose en marcha—. Tú odias estar en tu casa, deberías aprender a mentir, ¿sabes? Puse los ojos en blanco mientras me cruzaba de brazos, mirando hacia el camino. Tiene razón, odio estar en casa sola. —¿Por qué no vamos a otro lado mejor? —Él hizo que lo mirara mientras una pizca de picardía cruzaba por sus ojos. —¿Como a dónde?... ¿Qué no tienes práctica hoy? —le pregunté frunciendo el ceño. —Nop, no tengo, hoy serán las pruebas para los nuevos —explicó viéndose divertido—. De esta no te salvas, bebé. Sostuve su mirada por un segundo, como cuando una niña está tratando de descifrar lo que alguien está pensando... Aún no estaba segura si era buena idea irme con él. Una parte de mí estaba gritando «Claro que sí», pero esa era la misma parte que me está causando estos problemas y por eso quiero evitarla a como dé lugar. —Has respondido muy tarde, yo tomo el silencio como un sí. ¿En qué mierda me estoy metiendo?

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9 —¿Paintball? —Paintball, bebé. —Sonrió West mirando el campo como si fuese un niño con juguetes nuevos. —Ni de coña —Negué con la cabeza dando un paso atrás—. Sabes que apesto en esto. He tenido malas experiencias en este juego las veces que he venido, con solo decirles que ni siquiera termino de pisar el campo cuando ya estoy eliminada. No tengo ni la más mínima puntería. —Te enseñaré a jugar, no te preocupes —me aseguró pasando su brazo por mis hombros y besando mi cabello—. Déjame buscar mi reservación para comenzar. ¿Qué rayos había sido ese gesto? ¿Reservación? ¿Acaso sabía que iba a venir con él? Qué idiota. Esperé por él mientras lo veía hablando con la chica tras el mostrador, carismático como siempre. Sentía este escenario tan diferente a la última vez que estuvimos aquí. Caí en cuenta que todo era diferente, diferente en el sentido que ya esos momentos antes de que este loco verano pasara, esos momentos ya no volverían, ya no sería parte de los chicos, ahora estaba siendo tratada como una chica y no sé si me terminaré de acostumbrar nunca a todo esto. Nunca pensé en West como un chico-chico, o sea, en el sentido romántico o algo así… Bueno, a decir verdad en ocasiones anteriores, he tenido extraños sueños no solo con él, sino con Sawyer, pero solo pensaba que pasar tanto tiempo con ellos me estaba afectando. Pero al parecer mis hormonas eran las únicas saboteadoras aquí. —¿Lista? —Di un respingo al darme cuenta que West ya estaba frente a mí. —Dije que no quería jugar. —Me crucé de brazos irritada. —Está bien —respondió él en tono despreocupado. Segundos después sentí cómo sus brazos me alzaban y me cargaban sobre su hombro. ¡Cómo odiaba cuando hacía eso! —¡Maldita sea, bájame! —le grité dándole golpes en su espalda. Él parecía tan cómodo, tan relajado, como si estuviese cargando con una simple almohada. Estúpida fuerza de jugador. —Me veré obligado a ponerte el traje yo mismo si sigues resistiéndote, bueno, técnicamente no obligado, porque sería bastante agradable tener que hacerlo —opinó divertido, casi podía ver su cara de satisfacción.

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Dejé de luchar, me quedé quieta por unos segundos. Sabía que él era capaz de hacer eso y más. Resoplé con frustración. —Está bien, mierda, jugaré contigo, ahora bájame. —Acepté algo fastidiada. Escuché su risa mientras colocaba mis pies de nuevo en tierra firme. —Me encanta saber tus debilidades —me susurró con una extraña mirada en sus ojos. ¿Qué coño le pasaba? —Iré a buscar mi traje para cambiarme, te veo en el campo —me apresuré a decir mientras lo esquivaba, ya que lo comenzaba a notar demasiado cerca. Luego de difícilmente colocarme el traje de Paintball, salí a regañadientes de los vestidores y me dirigí hacia el campo. No había rastros de West por ninguna parte y sabiendo cómo era él de sigiloso, podía sorprenderme en cualquier momento. —Primer tip. —El aliento de West sobre mi oído hizo que mis piernas temblaran levemente. ¿Cuándo dejaría de hacer eso? —Siempre mantente alerta —Él seguía con su boca pegada a mi oído, haciéndome cosquillas con sus labios—. Toma tu pistola, está cargada. Aclaré la garganta mientras volvía en mí, dándome la vuelta hacia él para tomar mi arma. —Hora del juego. —Me miró con travesura para luego tomarme de la mano y arrastrarme con él. Luego de estar alrededor de dos horas bajo las indicaciones y consejos de West, me sentí a gusto estando con él. Nos divertimos mucho en la hora de enseñanza, casi nos tratábamos como solíamos hacerlo, pero él siempre arruinaba el momento tratando de coquetear conmigo. Pero ahora la cosa se había puesto seria, ya que jugaríamos 1-1 antes de irnos y yo ya me sentía como una completa veterana. Estaba lista para patear su lindo culo. —¡Que gane el mejor! —gritó West desde alguna parte del campo. Ya nos encontrábamos escondidos. Solté una carcajada mientras me movía hacía otro escondite rápidamente, tenía que estar alerta y ser sigilosa. Tuvimos unos 30 minutos simplemente moviéndonos de lugares, sin querer atacar aún. Yo podía escuchar sus pasos y eso era mi alarma para huir hacia otro sitio, me divertía ser tan ingeniosa, todos esos trucos los había aprendido en menos de 2 horas. Él había sido un buen profesor. —Bien, es hora de la guerra —escuché a West exclamar desde un terreno en medio del campo—. Sal y arreglemos esto para irnos, tu hermano ya debería haber terminado su asunto.

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Joder, me había olvidado de Chase. La verdad quería ganar y demostrarle a West que había aprendido rápido, tanto así que lo había derrotado. Mi maldad salió a floté y lo apunté con la pistola desde donde me encontraba, él permanecía parado mirando a los lados, en busca de mí. Sonreí con malicia. Jalé el gatillo con mi dedo y al disparar la bolita de pintura, caí sobre mi espalda debido al impacto. Me levanté triunfante para ver el resultado de mi victoria y por un momento entré en pánico al ver a West tumbado en el suelo, sin moverse. ¿Acaso le había dado en donde no debía? Porque habían pasado varios segundos y todavía no se movía. —¡Mierda, West! —expresé quitándome la careta mientras corría hacía él—. ¿Estás bien? Estaba muerta de preocupación. Le quité su careta llena de pintura roja para inspeccionar su estado, él se encontraba con los ojos cerrados y expresión neutra. ¿Se había desmayado? Oh Dios, no. Me acerqué a él para verificar si estaba en lo cierto, y cuando estuve lo suficientemente cerca de su rostro, comenzó a abrir los ojos. Puse mis ojos como platos mientras me trataba de separar de él, pero me tomó del cuello para mantenerme a esa distancia, irguiéndose lentamente, sin dejar de mirarme. —Así que te gusta jugar sucio, ¿no? —susurró bajando su vista hacia mis labios, para luego encontrarse con la mía de nuevo. Me comenzaba a poner nerviosa. Una sonrisa se curvó en sus labios, perversa y traviesa. Esa era su sonrisa de «estoy a punto de atacar». —Bueno, eso te costará. Y segundos después, sus labios ya habían impactado con los míos.

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10 Mierda. No podía creer que le estaba correspondiendo el beso. Mi cuerpo se había convertido en gelatina en cuanto sus labios tocaron los míos, era una sensación inexplicable, el contacto con su piel era una nueva experiencia. Una nueva y agradable experiencia para mí. Sabía que él lo estaba disfrutando, ya que notaba como sonreía entre besos, hasta que al parecer quiso llevarlo al siguiente nivel y con su lengua pidió que abriera mi boca para profundizar el beso. Y eso hice. Lo admitía. Admitía que esto me estaba gustando y quería que el beso siguiera y siguiera, no quería que se separara de mí por nada. Estaba disfrutando de su contacto. West, ¿qué rayos me has hecho? En medio de un gemido, sus dientes atraparon mi labio inferior y jalaron suavemente, dejándome sin aliento por unos segundos. Comenzaba a sentir más calor y mis mejillas se sentían a fuego vivo. Bien, esto tenía que parar ya. Y como si los dioses me hubiesen escuchado, mi teléfono comenzó a sonar en el bolsillo de mi traje, haciéndonos dar un respingo. Se trataba de Chase. —Eh… ¿Dónde coño estas? —Su voz sonaba disgustada—. Llegué hace 30 minutos y me encuentro con que no estás aquí. Le lancé una mirada de pánico a West, quien se encontraba muy hundido en sus pensamientos mientras se tocaba sus labios, mirando a la nada. Lo golpeé con fuerza en el hombro para que reaccionara. —¡Argh! ¿Qué pasa? —se quejó mirándome sobresaltado. —Chase pasa. —Mascullé tapando el micrófono del teléfono. Segundos después, ya me lo había arrebatado de las manos. —Está conmigo —Él esbozó una gran sonrisa mientras se levantaba del suelo—, estaba aburrida y le di una tarde de diversión. Todo en orden —Puso los ojos en blanco—. Sí, me mantuve fuera

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de sus pantalones, hombre, tranquilízate. Bufé con ironía. Él se volvió hacia mí mientras me guiñaba el ojo divertido. Qué tonto. —Está bien, la llevaré a casa —rezongó con fastidio—. Bien, bien, mierda adiós, Chase. Lo vi mientras colgaba el teléfono, comenzando a analizar lo que acababa de pasar. Había besado a West, y lo había disfrutado. Esto se estaba volviendo cada vez más raro. —Hora de ir a casa, bebé —anunció West acercándose a mí para darme el teléfono de vuelta, lo miré estirando mi mano para tomar el aparato, pero antes de que eso sucediera, su brazo se retiró rápidamente. —¿Qué haces? Dámelo —gruñí molesta de que en esta situación siguiese jugando conmigo. Él sonrió divertido. —Dámelo o le diré a Chase que rompiste tu promesa de mantenerte fuera de mis pantalones. — Lo amenacé cruzándome de brazos. —¿Me estas culpando por besarte? Dime, ¿quién fue la que siguió el beso? —Me retó sin quitar esa maldita expresión de «Esto me está matando de risa». Me quedé paralizada por un momento debido a su repentina pregunta, ahora mismo no sabía qué responder a eso, la verdad, estaba jodidamente confundida. —Yo… yo no te correspondí el beso.— Y ahí va de nuevo el tonto y ridículo vómito verbal. Esto comenzaba a hacerse costumbre. —Claro… y los New York Giants son mejores que los Pittsburgh Steelers —se rio West pasando su brazo por mis hombros—. Vamos a cambiarnos antes de que Chase te rastree con su GPS y venga a cortarme la cabeza. No pude ocultar que ese comentario fue gracioso. ¿Cómo podría estar más de 5 segundos molesta con estos tontos? *** Por suerte, mi hermano no pudo alcanzar a West, ya que este me empujó fuera del auto para evitar el sermón —o quizá el golpe— que Chase tenía listo para él y no lo culpaba, aunque West tuviese fuerza, Chase podía patear su culo con facilidad.

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No quise escuchar lo que él tenía que decirme, necesitaba pensar y mucho. Y quizá necesitaba hablar con un amigo, mejor dicho, una amiga. Una chica. Jugueteé con mi teléfono, aún dudando en la idea de llamar a Katia para pedirle un consejo, pero era algo que tenía que hacer, no había otra persona con quien pudiese hablar sobre este tipo de cosas. ¿Con Sawyer? Ni de coña. Busqué a mi prima en mi lista de contactos y conté hasta tres para luego pulsar el botón de llamada. Síp, esto era un poco complicado para mí, mi orgullo se llevaba un golpe. Sonó, sonó y sonó, hasta que me cansé de esperar a que alguien atendiera el puto teléfono y lo colgué enojada. Bien, estaba sola en esto, estaba sola con estos confusos pensamientos que pasaban por mi cabeza. No creía que yo quisiera comenzar algo con West, hemos sido amigos desde aquella vez que lo golpeé por equivocación en la nariz, en la fiesta de cumpleaños de Chase cuando tenía nueve años y no quiero joder todo eso debido a las hormonas saboteadoras. Todo estaba pasando demasiado rápido, las cosas se me estaban viniendo encima desde el momento en que pisé la estación de tren luego de ese loco verano. Todo se estaba saliendo de su maldito orden natural. Mi celular sonó en un bip y lo tomé para leer el mensaje de texto que había recibido. ¿Podemos hablar? Estoy en Mikey’s, ¿puedes venir? Mi ceño se arrugó al ver lo que decía el texto de Sawyer. Bien, iré. Resoplé mientras tomaba mi chaqueta para salir, quería terminar de dejar claras las cosas. Sawyer no siempre podía obtener lo que quería y en este caso, esa era yo.

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11 Mikey’s no quedaba muy lejos de mi casa así que no me molestó caminar sola, además, no le diría a Chase que me llevase, ya estaba lo suficientemente cabreado. Ya había oscurecido y hacía un poco de frío, en cuanto llegué a Mikey’s no había nadie excepto Sawyer y los trabajadores. ¿Tan tarde se había hecho? —¿De qué quieres hablar? —Me senté frente a él, luciendo a la defensiva. —«Hola Sawyer. ¿Cómo coño estas? Dime, ¿de qué quieres hablar?» —Él hizo una mala imitación de mi voz. Puse los ojos en blanco con fastidio. —Va en serio, debo volver a casa antes de que se den cuenta que no estoy —le dije mientras me cruzaba de brazos. —¿Puedes dejar esa actitud por un momento? —Me pidió luciendo frustrado. —¿Qué actitud se supone que deba tener contigo? —le pregunté enarcando una ceja. Nos quedamos mirando desafiantes. —Mira… —Sawyer juntó sus manos sobre la mesa y se encorvó hacía mí, mirándome directamente a los ojos—. Sé que lo que pasó en la fiesta es más importante para ti de lo que haces ver. Sé que te enojaste porque me acosté a Becka luego de que te besé. Mis mejillas comenzaban a arder, pero no sabría decir si era por la vergüenza o por la rabia. Vaya, me encantaba su forma de hablarle a las chicas. —Bastante delicado de tu parte —comenté con todo el sarcasmo que pude encontrar en mi voz. —Joder, ese no es mi punto —expresó, pasándose una mano por su rubio cabello, con nerviosismo—, lo que quiero que sepas es que lo que pasó con Becka no significó nada, ¿de acuerdo? Lo hice porque… —Se detuvo en seco y resopló. Parecía frustrado consigo mismo. ¿Qué le costaba tanto decir? —Lo hice porque me enojé cuando te vi besando a James. —Me espetó entonces, haciéndome abrir los ojos como platos. Un silencio sepulcral se hizo notar en ese momento. No sabía qué decir a eso.

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—Es tu turno de decir algo —me despertó Sawyer que no había dejado de mirarme en los últimos largos segundos, buscando alguna reacción de mi parte. —¿Por qué me estás diciendo todo esto? —le pregunté bajando un poco la guardia ahora—. ¿Por qué te enfrascas tanto en darme explicaciones? Solo fue un simple beso, no nos estábamos casando o algo así. —Realmente tienes la actitud de tu hermano. —Una fugaz sonrisa se asomó por sus labios— ¿Aún no entiendes lo que trato de decirte con esto? Obviamente sí, imbécil, solo que me estoy haciendo la tonta. —Dylan, ¿en verdad me vas a hacer decirlo? Sí, tenía que admitir que me divertía verlo a punto de un colapso nervioso, parecía como si fuese a confesar algún delito o algo así. Sawyer miró por encima de mi hombro, dándose cuenta que teníamos compañía. Me di la vuelta para ver quién era la persona que nos interrumpía y Paige se encontraba «limpiando» el mostrador mientras miraba disimuladamente en nuestra dirección. Se me había olvidado lo entrometida que a veces llegaba a ser. —Vamos afuera. —Antes de que pudiera reprochar, ya su mano se cerraba en mi muñeca y me arrastraba hacia el oscuro aparcamiento. ¿Acaso hoy era el día de arrastrar a Dylan a donde quieras? Tenía que admitir que esto me estaba comenzando a poner nerviosa. En mi mente sabía exactamente lo que quería decirme, pero no estaba lista para escucharlo, ya suficiente había tenido con todo el asunto de West y no sé si podría soportar otro balde de agua fría. —¿Recuerdas esa vez cuando tenías 11, y fuimos a la granja del tío Carl? —Sawyer me preguntó mientras se recostaba sobre su auto, lucía más tranquilo e incluso sonriente. Bipolar. —Sí, esa fue la vez que nos fuimos todos a jugar en la soga del lago. —Recordé reprimiendo una sonrisa, ese día es uno de mis favoritos, nos escabullimos de los padres de Sawyer y nos fuimos a un lago cerca de la granja, West, Chase y yo, estuvimos toda la tarde ahí, para luego aguantar un gran sermón por parte de todos al volver. —Recuerdo que tú no querías entrar al agua y que Chase te obligó —Él rio, alzando su vista hacia la mía—. Y a mí en secreto me gustaba cuando te enojabas. Te veías linda. Y ahí venía de nuevo, la sangre calentando mis mejillas. —Sawyer… —Necesitaba detener esto, vine aquí a aclarar, no a complicar más las cosas. —Dylan, déjame terminar —me cortó dando un paso hacia mí.

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—Ok, ok —dije un poco nerviosa debido a que se estaba acercando demasiado. —Me imagino que recuerdas también que esa noche cuando todos dormían, nos escabullimos de la habitación y vimos las estrellas juntos, ¿cierto? —Cierto —afirmé, agradeciendo que la oscuridad no delatara el color rojo que tenía de nuevo en mis mejillas. —Bueno, la verdad es que no me fije en las estrellas ni un segundo… —Dio otro paso más, haciéndome tener que alzar la vista, lentamente, sin moverme de donde estaba. Mi corazón comenzó a golpear mi pecho. —Estaba demasiado ocupado mirándote a ti —Él hizo una pausa y sonrió—. Te veías tan nerd mientras explicabas los diferentes tipos de estrellas y dónde estaban ubicadas las constelaciones. Por alguna razón, me contagié de su sonrisa. ¿Me estaba hipnotizando o qué mierda? Porque en ese momento, estaba completamente fuera de mi carácter. —Ese fue el día en que me di cuenta que no eras solo la hermana menor de Chase. Creía que no podía acercarse más, pero joder, ya prácticamente se encontraba encima de mí… y yo no hacía nada para detenerlo. ¿Qué era lo que tenía que venir a aclarar? Su mirada penetrante me estaba haciendo olvidar la verdadera razón por la que estaba aquí. —Fue el día que en que me di cuenta que eras una hermosa, diferente… chica. Tragué saliva con fuerza, su rostro se había convertido en algo borroso debido a que se encontraba a centímetros del mío. Bueno, ahora sí todo estaba fuera de control.

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12 Ninguno de los dos respiraba. No nos habíamos movido, el pánico me había dejado paralizada y a diferencia de West, él no estaba aprovechándose de ello, ya que simplemente esperaba que dijese algo. —¿Por qué estás diciéndome esto ahora? —le susurré, sin moverme ni un centímetro. —Estaba esperando el momento adecuado —respondió, bajando su mirada a mis labios. Solté una irónica carcajada. —Créeme, este no es el jodido momento para decir eso —espeté dando un paso atrás, volviendo a la realidad—. He tenido bastante por hoy. —¿A qué te refieres? —me preguntó frunciendo el ceño. Y esto se pone cada vez mejor. No le diría nada acerca de lo que había pasado con West luego de lo que me había dicho, y probablemente si abro mi bocota las cosas terminarían verdaderamente mal para todos. Incluyendo a Chase en esto. —He tenido un largo día, estoy cansada y necesito dormir —me apresuré a decirle—, debería irme a casa. —Te doy el aventón —me propuso, al parecer dándose por vencido en tratar de sacarme información. —No, gracias, si Chase llega a escuchar el auto, no pasarías de esta noche. Él rio entre dientes. —Te creo —comentó aún divertido—. Bueno… Otra vez estaba invadiendo mi burbuja de espacio personal. —Mañana seguiremos hablando del asunto —susurró sin apartar la mirada—. Buenas noches, Dylan. Me alarmé cuando me percaté de que su rostro comenzaba a acercarse al mío y por alguna razón, mis ojos comenzaron a cerrarse, esperando el impacto de sus labios con los míos... pero lo único que sentí fue algo aterrizando en mi frente. Abrí mis ojos lentamente, encontrándome con el rostro de Sawyer, sonriéndome por alguna razón. —Buenas noches —dije atropelladamente, dando pasos atrás—. Sí, sí, nos vemos mañana.

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¿Podía haber actuado más estúpido? Creo que no. *** —Solo tomen una jodida pistola y mátenme ahora —comenté en voz alta, viendo el poster del Baile de Bienvenida en la cartelera escolar. «Este año la cosa será un poco diferente. Chicas, siéntanse libremente como chicos e inviten a su cita. ¿Preparadas? ¿Listas? ¡Ataquen!» —Esto debería ser realmente vergonzoso para el género femenino. —Seguí dando una crítica bastante constructiva para mí misma. —Pero por desgracia no lo es. —Una perfecta voz con acento inglés me hizo sonreír. ¿Desde cuándo Matthew había estado tras de mí? —¡Hola! —Lo saludé alegremente, volviéndome hacia él. No sabía por qué, pero esta mañana me había levantado de buen humor. Sin romper ninguna cosa. Sin encontrarme con mamá al salir. Todo iba bastante bien, para ser tan temprano en la mañana. —Veo que pensamos lo mismo sobre eso —Matthew me sonrió encantadoramente mientras señalaba el poster tras de mí—. Qué cosas bizarras que hacen los americanos, ¿no? Me reí y asentí con la cabeza. —De ninguna manera invitaré a un chico al baile —aclaré comenzando a caminar junto a él por el pasillo—. Ni siquiera me gustan los bailes. ¿Vestidos largos? Ni en un millón de putos años. Él soltó una carcajada, la cual fue interrumpida por Zor…, perdón, Zoey. ¿Qué quería su plástica y sobre-maquillada presencia? —¡Dylan! ¡¿Cómo estás?! —Wow, un poco más alto y me tapo los oídos para no escuchar su irritante chillido. —Eh… ¿Bien? —No entendía su repentino interés en mí. Ella movió su rubio cabello de forma estúpidamente coqueta y ahí fue donde me di cuenta lo que la zorra quería. Tenía que ver con la atractiva presencia de mi nuevo amigo. —¿Qué es lo que quieres? —le pregunté enarcando una ceja—. Si quieres invitar a Matthew al baile solo hazlo, no me uses para llegar a él.

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Casi sentí cómo su veneno saltó de sus ojos y aterrizó en los míos. —Dylan, somos amigas, no tienes que comportarte así. —Bastante mala su imitación de niña buena. Una completa hipócrita, se los dije, les dije que no les gustaría conocerla. —No me jodas, Zoey. —Me crucé de brazos.— Al menos ten un poco de pudor, ¿vale? Ella frunció los labios y su cara se tornó roja, estaba cabreada, realmente cabreada. Pero luego tomó una respiración profunda y se volvió hacia Matthew, con una falsa sonrisa en su rostro. —Soy Zoey Stevens, capitana de porristas. —Se presentó extendiendo su mano hacia él. —Matthew… —Fitzgerald, lo sé —lo cortó ella jalando la mano de él y estrechándola con fuerza.— Supongo que leíste ya el póster del baile. —Sí, lo hice —dijo Matthew luciendo un poco incómodo, lanzándome una mirada de «sálvame». Entonces, la campana lo salvó por mí. —Tenemos clase de Matemática juntos, así que… —Tomé a Matthew de la muñeca.— Nos veremos, Stevens. Zoey me dedicó una mirada asesina antes de que camináramos lejos de ella. —Que no te asuste. —Me reí cuando estuvimos lo suficientemente lejos— No todas las americanas son así. Él se unió a mis risas. —Créeme que si voy a ese baile, lo haré contigo, ya que no le diría que sí a ninguna otra —me confesó encogiéndose de hombros. —Y dado que eso es poco probable, creo que me quedaré en casa viendo alguna maratón en MTV. —¿Por qué crees que es poco probable? —Detuve mi paso para volverme hacia él, frunciendo el ceño. —Porque técnicamente irás con tus amigos, con Sawyer o West —opinó, como si fuera lo más obvio del mundo. —Matthew, a estas alturas ya deben tener parejas, quizá hasta una chica en cada brazo. —Le hice saber. Técnicamente era cierto. Las chicas aprovecharían esta oportunidad para pelearse como fieras por ser sus parejas, eran tan desvergonzadas como para hacer una especie de competencia para ganarse el puesto, algo así había pasado hace algunos años, fue realmente horrible, creo que en cierto punto me avergoncé de tener una vagina. —Deberías guardarme un puesto en tu sofá para ver ese maratón —bromeé divertida.

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Él se quedó mirándome por unos largos segundos, con una sonrisa extraña en su rostro. —Bienvenida seas, entonces. Por alguna razón, me sonrojé. ¿Quién no lo haría con semejante individuo sonriéndote de esa forma?

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13 —Así que, ¿cuántas propuestas han tenido hasta ahora? —le preguntó Chase a Sawyer y West a la hora del almuerzo. —Shannon Brandon. Erika Louis. Sarah Kennedy. Margaret Parsons. Janice Parker. Meghan Cooper. Natalie Bennett. Sherrie Madison. Chanel Damons. —Nos contó West bastante sonriente—Cassidy Nichols y… —Vaya, hombre —intervino Chase, alzando las cejas con sorpresa—. No sé qué pasa conmigo entonces, solo cinco chicas se me han acercado en el transcurso de la mañana. Qué conversación tan profunda la que estaban teniendo. —Casi treinta chicas se me han acercado hoy.— Todos nos volvimos hacia Sawyer. Bueno, esto se estaba poniendo interesante. —Mierda, me has ganado, Saw. —Admitió West riendo entre dientes. —Entonces, ¿quién será la afortunada? —preguntó mi hermano ahora curioso. En realidad, todos estábamos curiosos por saber. —Ninguna —respondieron los dos casi al unísono. —¿Qué? ¿En serio? —Chase se echó hacia atrás, para luego partirse de risa—. Me tienen que estar jodiendo, chicos. Los dos lo miraron con una ceja enarcada. Parecían hablar en serio, cosa que me sorprendió a mí también, ya que ellos usualmente llevaban dos chicas a los bailes. Traté de mantener la calma y no pensar en la razón por la que ellos ahora se comportaban así. —¿Están enfermos? —expresó Chase al darse cuenta que ellos no reían—. ¿Acaso…? —Estoy esperando a que alguien en específico me invite —se explicó Sawyer, mirando disimuladamente hacía mí. Mierda, mis sospechas habían sido totalmente aclaradas. Ellos no habían elegido a nadie debido a mí. —Yo también —terció West, haciendo que mis entrañas se retorcieran. Genial. —Ustedes, West Collins, Sawyer Brown, están rechazando a cantidades de chicas solo por una, ¿en serio? —Ese fue el comentario más machista que había escuchado en mi vida, pero bueno, ¿qué podía esperar de James?

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—¿Acaso están esperando por las mismas chicas que dijeron que habían conocido en la fiesta?— Chase indagó. ¿Comenzaba a hacer calor o era solo yo? —¿Qué chicas? —James enarcó una ceja, algo confundido, encorvando su cuerpo sobre la mesa para escuchar con atención. ¿Habían apagado el aire acondicionado o qué? El calor se hacía cada vez más intenso y mi corazón comenzaba a acelerarse también. Esto no podía seguir el rumbo que me estaba imaginando. —West y Sawyer al parecer fueron flechados por alguna chica en tu fiesta. —Se burló mi hermano divertido. —¿Chicas? Ellos pasaron casi toda la noche conmigo, jugando a «gira la botella». —Ok, James debería callarse ahora—. A menos que… —Mi corazón dio un salto cuando su mirada se encontró con la mía. Maldición, tenía que hacer algo antes de dijera algo que no debía. —¡Joder! —Me levanté de un tirón, algo con algo de euforia—. Si van a seguir hablando de las chicas que se tiraron o de las que se tirarán, díganme para irme a vomitar. Chase fue el único que soltó una carcajada, los demás solo me miraban con atención. —Vamos hermanis, siéntate. Bien, dejaremos de hablar sobre eso. —Me sonrió toscamente. Puse los ojos en blanco fingiendo fastidio y me volví a sentar, un poco más calmada. —Y tú, ¿a quién vas a invitar? —Miré a Chase y enarqué una ceja con ironía. —¿Crees que yo sería capaz de invitar a un chico? Ni de coña —le dije volviendo a mi comida—. Probablemente termine con Matthew viendo una maratón en MTV en su casa. —No pude evitar sonreír al recordarlo. Por cierto, ¿dónde se había metido? —¿Matthew? —Sawyer, West y Chase expresaron al unísono, sobresaltados. ¿Qué? ¿Había dicho algo malo? —¿Desde cuándo son tan buenos amigos? —preguntó mi hermano frunciendo el ceño. —Desde que compartimos el mismo pensamiento acerca del estúpido baile —le contesté encogiéndome de hombros. —Vamos, Dylan, deberías ir, este contaría como tu primer baile. —Me rogó mi hermano—. Tienes que divertirte un poco, además, este año nos graduamos, así que deberías ir a cada baile por nosotros. Puse los ojos en blanco. La propuesta era relevante, casi se me olvidaba que los tres se irían a la

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universidad este año y eso significaba que se irían de la ciudad también. Todos. Dejándome sola en mi último año de secundaria. Quizá Chase sí tenía razón, debería ir, pero para eso necesitaba: Una pareja, y un vestido, y mi orgullo me hacía apestar en encontrar ambas cosas. Pero sí, como dije antes: Para todo hay una primera vez, ¿no? —Bien —acepté entre dientes, escondiendo mi rostro en mi bandeja. —WOW. —Casi todos en la mesa me miraron con sorpresa. —Oh, que les den —les gruñí tratando de no sonrojarme—. No hagan un escándalo de esto. Todos rieron y yo comencé a pensar que había metido la pata. *** —Dilo. Di un respingo y me volví hacia la persona que me había tomado tan desprevenida. West permanecía recostado a un casillero, sonriéndome. —¿Decir qué? —le pregunté cruzándome de brazos. —«West, ¿quieres ir al baile conmigo?» —me imitó con tono burlón. Solté una carcajada. ¿En serio creía que iba a hacer eso? —Me matas de risa. —Reí con sarcasmo—. ¿En realidad crees que haré eso? —No —respondió, encogiéndose de hombros mientras se acercaba peligrosamente a mí—. Pero el baile es en dos semanas, así que tengo tiempo para convencerte a que lo hagas, bebé. Él ya estaba lo suficientemente cerca de mí como para distinguir qué colonia se había echado esta mañana. Aún no había logrado controlar las hormonas saboteadoras. —Buena suerte con eso. —Fue lo único que pude decir antes de retirarme a mi última clase del día.

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14 Pasaré la tarde con Matthew en Mikey’s. Tarea de química. Te veo en casa de West. Le di enviar y le sonreí a Matthew mientras buscábamos un asiento en Mikey’s. —¿Te gusta el lugar? —le pregunté un poco curiosa—. Porque este es uno de mis lugares favoritos para estar. —Es bastante divertido —contestó mirando a su alrededor—. Me encanta la Rockolla. No pude evitar reír. —Pediré unas bebidas, siéntate si quieres —dije, buscando mi billetera para sacar mi dinero. —¿Qué haces? —Él detuvo mi mano, luciendo divertido—. Yo lo compraré, tú vete a sentar. Le sonreí agradecida y lo dejé en la barra con Paige claramente coqueteando con él, pero traté de no prestarle atención, ya que venía aquí a hacer una tarea —bastante importante, por cierto— y no tenía tiempo para esas cosas. No tenía tiempo para estar debatiendo la razón por la que sentía esta extraña sensación de querer arrancarle la cabeza a Paige. Esparcí los libros por la mesa y comencé a leer para adelantar un poco el trabajo. Segundos después, dos grandes vasos de malteada de chocolate aterrizaron frente a mí. —Gracias —Alcé la vista hacia Matthew—. El del chocolate es mi favorito. —El mío también. —Él sonrió mientras se sentaba frente a mí—. Además, Paige me lo dijo. Nos volvimos hacia ella, la cual enseguida le guiñó el ojo a Matthew pícaramente. Clásico de Paige Donovan. —Bastante dulce de su parte —comenté sarcásticamente, algo cortada—. Bien, comencemos con esto. —Bien. —Se rio entre dientes, sacando los apuntes de su mochila. ¿Le estaba divirtiendo verme enojada o qué? ¿Y por qué tenía que ser tan lindo hasta cuando se burlaba? *** —Dylan…

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Matthew y yo alzamos la vista, volviendo a la realidad. Había pasado ya una hora y estábamos por terminar al fin, mi cabeza estaba a punto de explotar de tanto analizar este puto tema. Y como si mi cabeza pudiera soportar más análisis, ahí se encontraba Sawyer, frente a nosotros. ¿Cómo sabía que estaba aquí?... ¿No debería estar con los chicos? —Eh… ¿Qué haces aquí? —le pregunté entornando mis ojos, con suspicacia—. Hoy es viernes, tarde de NFL, ¿no deberías estar con los chicos en casa de West? —Dylan, el juego empieza en una hora —me recordó con una extraña sonrisa dibujada en su rostro—. Y Chase me dijo que estabas aquí… —Le lanzó una mirada a mi compañero—. Con Matthew. —¿Qué tal, Sawyer? —Él lo saludó amigablemente. —Como sea —lo escuché murmurar con fastidio, para luego dirigir su mirada hacia mí—. Nosotros tenemos una conversación pendiente, ¿recuerdas? Claro que recuerdo, de todos modos el rojo de mis mejillas ya me estaba delatando. —Sí —mascullé, clavando la mirada en la mesa. —Entonces… ¿terminaste? —me preguntó, ignorando totalmente a Matthew. Como siempre. —Eh… —No sabía si debía irme o no. —Sí, ya terminamos por hoy —me cortó Matthew antes de que pudiese seguir, comenzando a recoger sus libros—. Toda tuya, Sawyer. —Eso es lo que pretendo, chico inglés —comentó él con una sonrisa -claramente- hipócrita. Bueno, esa frase me había tomado desprevenida. —Nos vemos luego, Dylan. —Matthew se acercó a mí y besó mi mejilla antes de retirarse. —Deberías ser más amable con él —le reproché terminando de guardar todo en mi mochila—. Es un buen chico. —Y eso es lo que no me agrada. —Él arrugó la nariz, siempre lo hacía cuando comenzaba a enojarse—. Es muy bueno para ser verdad. —¿De cuándo acá te volviste tan desconfiado? —pregunté enarcando una ceja. —Desde que usas shorts —respondió dedicándome una media sonrisa, una de su repertorio de conquistas—. Ahora vamos. Él tomó mi mochila antes de que pudiese decir algo y pronto me vi en su auto, de camino a casa de West. —¿Ahora me dirás a lo que te referías la otra noche? —me preguntó de repente.

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Me removí incomoda en mi asiento. —Es solo que elegiste el «momento adecuado» equivocado —contesté, sintiendo mis mejillas arder de vergüenza—. Ni siquiera sé por qué me dices esto ahora. Sawyer se volvió hacia mí y luego sacó el auto de la carretera bruscamente, haciendo que mi corazón comenzara a latir con fuerza. —¡¿Qué mierda fue eso?! —expresé sobresaltada, mirándolo asesinamente—. ¿Quieres matarme de un paro cardiaco? —¿Sabes por qué te dije lo que sentía ahora? —me espetó apagando el motor del auto—. Porque desde el momento en que te vi en la estación de tren, usando solo unos shorts, con tu cabello suelto y lindo maquillaje, lo único que he sentido son unos jodidos celos hacia cualquier chico que intente mirarte o acercarse a ti. Me di cuenta entonces que era hora de hacer algo al respecto antes de que alguien se me adelantara. Wow. Eso había sido bastante… intenso. Y lindo. —Yo… —Mi nerviosismo me estaba afectando en mal momento. —Oh, al demonio —exclamó, viéndose desesperado acerca de algo. Y lo único que pude ver entonces, fue su rostro acercándose al mío.

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15 Pero luego se detuvo. Su rostro se encontraba a un suspiro del mío, como si estuviese meditándolo mejor, como si lo estuviese pensando dos veces. Y mi respiración se había agitado. Mucho. Demasiado. —Detenme si no quieres que te bese ahora —susurró, haciéndome volver por alguna razón al día de la fiesta, su intensa mirada me transmitía algo que me hacía sentir un extraño cosquilleo en mi estómago. Mis ojos bajaron a sus finos labios lentamente, y se quedaron ahí, unos largos segundos, para luego subir hasta sus verdes ojos de nuevo, tal y como lo había hecho él anteriormente. Y eso al parecer fue suficiente respuesta. Abrí mucho los ojos, dándome cuenta que los labios de Sawyer ahora se encontraban apretando los míos, y que sus manos tenían mi rostro encarcelado. Mi corazón parecía querer salirse de mi pecho y eso no era buena señal. Además, estaba debatiendo la razón del revoltijo que tenía en el estómago. ¿Eran náuseas o en verdad esto me estaba gustando? Definitivamente creo que me estaba gustando, casi tanto como el de aquella noche, no, me estaba gustando mucho más que ese. No estábamos ebrios, ni acompañados, ni obligados a hacerlo… Esto no era un jodido juego… estaba pasando de verdad. El beso se estaba tornando muy ardiente, bueno, yo me estaba tornando muy ardiente, literalmente, sentía mis mejillas ardiendo. Sawyer dejó descansar mis labios por un momento y lentamente trazó un camino de besos desde mi mejilla hasta mi cuello. Lo besó un par de veces, haciéndome estremecer… para luego separarse de mí, aunque solo un poco. Su rostro estaba enrojecido y sus ojos me miraban con un increíble tono más brillante de lo habitual. Sé que había dicho esto antes, pero mierda, tengo que decirlo de nuevo: Oh mi Dios. —Así que… deberíamos llegar antes de que comience el partido —mascullé, tratando de recuperar el aliento aún.

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—Solo… un momento… por favor. —Me pidió, dándose la vuelta hacia la carretera. Tomó una profunda respiración, con los ojos cerrados. ¿Acaso…? Miré hacia abajo por un momento y entendí la razón por la que estaba actuando así tan de repente. Él solo estaba tratando de calmarse. Su pequeño amigo se había emocionado un poco, al parecer no estaba acostumbrado a dejarlo hasta solo besos. Aunque también admito que nunca pensé que sería capaz de poner así a un chico. Y mucho menos a Sawyer Brown. —Lo siento. —Se disculpó, abriendo los ojos de repente—. No quiero hacer nada que no quieras. Controla Dylan, debes controlar los malditos sonrojos repentinos. —¿Podemos…irnos ya? —comenté sin mirarlo a la cara, no quería que se diera cuenta la vergüenza tremenda que sentía en estos momentos. —No —me espetó, haciéndome dar la vuelta un poco sorprendida. Se acercó a mí rápidamente y me depositó un pequeño beso en los labios. —Ahora sí podemos irnos —me sonrió encantadoramente y encendió el auto, para ponerlo en marcha. —Tonto. —Puse los ojos en blanco, disimulando una estúpida sonrisa. Bien, la cosa se estaba poniendo seria aquí. *** —¡Oh, al fin! —West abrió la puerta para nosotros, sonriente como siempre—. El partido comienza en 20 minutos, ¿dónde mierda han estado? —Estaba terminando mi tarea con Matthew —le dije, abriéndome paso hacia la cocina, antes de que se diera cuenta que estaba mintiendo. —Sí, yo la esperé para traerla conmigo —escuché que Sawyer le dijo a mis espaldas. Mis mejillas se llenaron de color. Joder, tenía que parar de hacer eso. —Bien, ¿trajiste la cerveza, cierto? —le preguntó Chase a Sawyer en cuanto entró a la cocina. —Mierda, lo olvidé —expresó él pasándose una mano por su cabello. —¡Hombre! ¿Cómo olvidas algo así? —le reprochó mi hermano histérico—. La noche de NFL no es noche de NFL sin una buena ronda de cerveza.

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Puse los ojos en blanco. —¿En serio es tan importante? —cuestioné con ironía—. No hay tiempo para eso, el partido comenzará pronto. —No importa, iré —Sawyer resopló fastidiado—. Te traeré tus malditas cervezas, ¿bien? West y Chase rieron entre dientes. —Voy contigo —espetó entonces Chase tomando su chaqueta—. Así compro unos bocadillos, para variar. ¿Qué? No, no, no… de ninguna manera me quedaría sola con West, no después de lo que me dijo sobre el baile. —¿Por qué no dejas que Sawyer lo compre por ti? —me apresuré a decir. —Hermanis, sabes que me gusta elegir bien lo que como —comentó él, acercándose a la puerta—. Además, tengo que asegurarme de que no lo envenene mientras no veo. —Si quisiera matarte, lo haría lentamente —bromeó Sawyer divertido—. Mueve tu trasero, estamos perdiendo tiempo. —Yo también te quiero, hermano. —Se rio Chase. Un dramático «NO» -casi como Star Wars- resonó en mi cabeza en cuanto vi a los chicos salir hacia el recibidor. Y de repente, solo éramos West y yo en la sala. Solo mátenme ahora.

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16 Nos quedamos unos largos minutos sentados viendo infomerciales, completamente en silencio. Hasta que no pude aguantar la tensión. —¿Tienes palomitas de maíz? —le pregunté a West rápidamente, sonando bastante tranquila. Así es Dylan, lo haces bien. —Primera alacena a la derecha. —Me indicó con una sonrisa no muy propia de él. Creí que lo había dejado en la sala viendo TV, pero en cuanto me puse de puntillas para abrir la alacena, unas manos —sus manos—, se cerraron sobre mi cintura y segundos después sentí cómo colocaba su barbilla sobre mi hombro. —Dylan… —susurró West en mi oído, suavemente—. Dime, ¿qué me has hecho? —¿De… de qué hablas? —vacilé, tratando de zafarme de sus brazos, pero él me apretó contra sí de nuevo, haciéndome chocar contra su… amigo. ¿En serio? ¿Él también? ¿Qué coño les pasaba a los hombres estos días? ¿Acaso no podían mantener tranquilo a su amigo por unos segundos? —Me has tenido bastante ocupado estos días. —Su respiración comenzaba a hacerme cosquillas… y a tornarme nerviosa—. Pensando mucho, ¿sabes? —¿Sobre qué? —Tragué saliva con fuerza, sin moverme ni un centímetro. No era recomendable moverse en situaciones como estas. ¿Dicho por quién? Por mí. —Sobre la razón de por qué no puedo dejar de pensar en ti —me espetó, rozando su nariz sobre la piel de mi cuello. Dios, ¿por qué me pasaba esto a mí? —No sé por qué, pero lo primero que quiero hacer siempre que llego a la escuela es verte. No sabes las ganas que me dan de besarte cada vez que te veo, en serio, joder, en la hora del almuerzo tengo que controlar mis ganas de lanzarme encima de ti frente a todos. Y en este momento, lo único que quiero hacer contigo es que nos besemos, hasta que no podamos respirar. Estaba estática, sin habla. Ya, esto en serio comenzaba a asustarme. No podía creer lo que oía, ya habían sido dos veces en un día, iba a tener un ataque de pánico si no paraban ahora, porque aunque era la primera vez que escuchaba algo tan dulce y decente salir de la boca de West Collins, en lo único que podía pensar era en Sawyer y el beso que nos habíamos dado hacía pocos minutos atrás.

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Y eso… no era algo normal. —No sabes cuánto te deseo, Carter. —Esas palabras habían sido tan llenas de intensidad y lujuria, que los vellos de mis brazos se erizaron sin poderlo evitar. Pero, entonces, la única parte de mi cerebro que había estado funcionando bien en las últimas locas semanas, comenzó a procesar y analizar con detenimiento las palabras de mi amigo West y las de mi amigo Sawyer. Había una delgada línea —o quizá no tan delgada— entre las palabras que habían dicho. Había quizá una gran línea en cuanto sus verdaderos sentimientos. Y me di cuenta que si esto no se aclaraba pronto, la cosa se pondría fea. —West…—Me di la vuelta en cuanto sus musculosos brazos me dieron la oportunidad. Él me estaba mirando como nunca creí que miraría a alguien. No tenía expresión burlona. Ni tosca. Ni divertida. Ni inmadura. Ni juguetona. Ni atrevida. Ni de West. Sus lindos ojos me miraban… con profunda seriedad. Y yo no podía creer lo que veía. —¿Por qué…? —Apenas fue audible mi pregunta. —¿Por qué no? —Su ceño se frunció solo un poco, pero esa expresión aún seguía ahí. Me estaba acostumbrando a sus juegos de palabras que utilizaba para ligar. —No sé lo que me hiciste, bebé. —Una sonrisa comenzó a curvearse en sus carnosos labios—. Pero, mierda, estoy a punto de perder la cabeza. —No creo que eso sea cierto, mariscal de campo Collins. —Traté de bromear para liberar tensión y él de inmediato supo a lo que me estaba refiriendo. —Eres sexy-hermosa —me espetó, para luego echarse a reír—. Si eso realmente existe. Bien, ahora puedes callarte antes de que comiencen mis hormonas saboteadoras a salir. Maldición, Chase, apresúrate. —¡Demonios! —El grito de Chase proveniente del recibidor, hizo que West perdiera contacto visual —y físico— conmigo, al fin dejándome libre de su encarcelamiento, ya que estaba acorralada entre su cuerpo y la barra de la cocina. Él me dio una última mirada antes de salir del lugar para unirse con los chicos en la sala. Me tardé un poco en seguirlo debido a mi desconcierto. —¿Por qué gritas? —le pregunté a mi hermano en cuanto entré a la habitación. —No pudimos encontrar una tienda donde vendieran Twinkies de vainilla —bramó disgustado, dejándose caer en el sofá.

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Siempre se comportaba como un niño cuando no podía conseguir los Twinkies de su sabor favorito. —Vaya, es una verdadera tragedia —comenté con sarcasmo. Sawyer rio divertido. —Casi se cae a golpes con el grasiento Billy cuando le dijo que no había más de vainilla. —Nos contó él poniendo los ojos en blanco—. En fin, ¿quién quiere cerveza? —preguntó, levantando las latas. —¡Aleluya, hermano! —expresó West casi arrancándoselas de la mano. —Siéntense ya, el partido está por comenzar. —Nos dijo Chase, aún cabreado como un bebé. Los tres reímos con ironía mientras tomábamos asiento, Sawyer junto a Chase, yo junto a él y West junto a mí. Genial, ¿no creen? Como siempre, West me tendió una manta para estar más cómoda, era prácticamente mía, ya que desde que tengo uso de razón, en cada noche de NFL la he usado para mantenerme en calor mientras vemos tranquilamente el partido. Abracé mis rodillas para ponerme cómoda —¿Puedo? —me susurró Sawyer, apuntando con su dedo mi manta—. Creo que hoy hace un poco de frío, ¿no crees tú? Algo estaba tramando. Pero no podía decir que no. —Claro —dije, extendiendo la manta hacia él. Él me sonrió, y fue entonces cuando sentí cómo su mano viajó por mi pierna derecha hasta aterrizar sobre la mía, donde entrelazó nuestros dedos, para luego volverse hacia la TV, como si nada estuviese pasando bajo esa simple manta. Aunque no pude evitar sonrojarme. Hasta que vi cómo Chase nos echó un vistazo por el rabillo del ojo. Y creo que palidecí.

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17 En el transcurso del partido no pude concentrarme como debía, teniendo en cuenta que Sawyer parecía no dejar de hacer círculos con su dedo pulgar sobre mi mano, lo cual hacía que mi corazón bombeara con irregularidad… y eso comenzaba a hacerme cuestionar si tenía problemas cardíacos o si quizá sus encantos estaban comenzando a hacer efecto en mí. Tenía que admitir que era así, ya estaba cansada de estar en negación. Tenía sin dudas un gran problema. Siempre temí que esto pasara, pero estaba pasando… me costaba creer que en realidad estoy sintiendo algo más que un asco-amistoso hacia Sawyer. Y eso estaba asustándome. *** Desde hoy comenzaba la misión de encontrar una pareja y comprar un vestido. El baile era en una semana y desde aquel viernes que pasamos en casa de West, no he podido dejar de pensar en las palabras de ambos. Pero sobre todo…en las palabras de Sawyer. Mi mente debatía seriamente sobre a quién debería invitar. Sí, me prometí a mí misma que sería flexible por un momento y me atrevería a invitar a alguien, mi orgullo recibió una gran bofetada, pero creo podría soportarlo. Sawyer se estaba comportando últimamente muy bien conmigo, me daba mi espacio, pero raramente también estaba ahí y me sentía bien a su alrededor, ahora estaba 100% segura de que Sawyer no era un completo idiota después de todo. Pero West había estado actuando raro también. Demasiado dulce, nada de atrevido, eso me hacía sentir más confundida de lo normal, no sabía si era solo parte de su juego de «Invítame al baile» o es que la cosa iba en serio. Era lunes, y en cuanto Chase y yo aparcamos en nuestro sitio habitual en la escuela, pretendía salir para encontrar a Matthew y charlar un poco con él, pero antes de hacer eso… él me detuvo. —Dylan. —Su seriedad me asustó un poco—. ¿Puedo preguntarte algo? Lo miré con recelo.

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—¿Qué pasa? —le pregunté tratando de actuar con normalidad. —¿Si estuviese pasando algo me lo dirías, cierto? —Tuve que luchar contra mis nervios para permanecer calmada. —¿Algo cómo qué? Él resopló y luego sacudió la cabeza. —Nada, olvídalo, solo me estoy volviendo loco. —Su típica sonrisa encendió su rostro, haciéndome suspirar de alivio—. No hay ni una puta manera de que sea cierto. ¿Qué sea cierto qué? ¿Será que… Chase comenzaba a sospechar lo que pasaba entre los chicos y yo? Espero que no. Pero tampoco podía dejar esto pasar, tenía que descartar la idea de invitar a alguno de los dos al baile, era demasiado arriesgado como para hacerlo. Gracias a Dios que me encontré a Matthew mientras iba a mi primera clase del día, estaba dispuesta a hacer algo que nos mantuviera contentos a todos por el momento. —Matt —atraje su atención, un poco dudosa de hacer lo que iba a hacer. —¿Qué tienes en esa mente tuya? —Se volvió hacia mí, risueño como siempre, diciendo eso debido a la expresión que tenía en el momento. ¿Cómo podría ser tan lindo siempre? Cerré los ojos con fuerza y simplemente lo solté: —Mierda, ¿quisieras ir al baile conmigo? Abrí mis ojos de golpe y me encontré con un muy sonriente y divertido Matthew. —Dylan. —Se rio, dando un paso hacia mí—. Claro que sí, estaba esperando que me lo dijeras. Su impulsivo abrazo me tomó totalmente desprevenida. —Solo hay un pequeño problema —confesé encogiéndome de hombros, algo avergonzada—. Apesto eligiendo vestidos. Mi amigo rio entre dientes. —No te preocupes por eso, Dyl —me dijo pasando su brazo sobre mis hombros con delicadeza—. Hoy iremos de compras luego de la escuela. Yo invito. —¿Qué? No tienes por qué… —Shhh —me calló—. Me gustaría obsequiarte eso, así que no digas nada. Wow, otro punto definitivo para el inglés Matthew.

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—Dime que no es cierto. —Escuché la voz de Sawyer a mis espaldas y segundos después su mano me jaló para darme vuelta hacia él. —¿Que no es cierto qué? —Fruncí el ceño soltándome de su brusco agarre. —Zoey me acaba de decir que irás al baile con el chico inglés —me reprochó, luciendo enojado. Me crucé de brazos, un poco cortada. —Es Matthew, ese chico inglés es Matthew —farfullé disgustada, odiaba cuando él menospreciaba a Matthew, todo por los estúpidos celos. —¿Por qué lo invitaste a él? —espetó, quizá alzando un poco la voz, ya que unos chicos de preparatoria nos examinaron con la mirada. Miré a los lados en busca de algún lugar donde pudiéramos hablar en privado y por suerte encontré el cuarto del conserje Ramón. No dudé dos veces en encerrarnos ahí sin que nadie se diera cuenta. —Deja de ser un tonto —mascullé mirándolo a los ojos. —Solo pensé que… iríamos juntos. —Él se encogió de hombros. —No quiero causar problemas, es mejor así —me expliqué—. Chase ha estado sospechando. —¿Esto se trata de lo que Chase piense, o es que en verdad querías ir con el chico inglés desde el principio? ¿Y qué coño le pasaba ahora? No tenía tiempo para esto. Me encontraría con Matthew en cinco minutos y odiaba tener que lidiar con la paranoia sin sentido de mi amigo Sawyer. —Tengo que ir con Matthew a comprar mi vestido, ¿de acuerdo? —le hice saber, echándole un vistazo a la pantalla de mi celular—. No entiendo por qué te estás comportando así, deja de ser tan paranoico, ni siquiera somos pareja, Sawyer. Él dio un paso atrás, abriendo mucho los ojos. Y ahí me di cuenta que no debí decir eso. Aunque era la verdad… o no, no lo sé… ¡Mierda! ¡¿Ven cómo las cosas se complican?! —Jodidamente perfecto, Dylan —expresó dedicándome una dura mirada—. Jodidamente perfecto. Y luego salió, dejándome con la palabra en la boca.

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18 —¿Estás bien? —Matthew apretó mi brazo mientras nos bajábamos de su auto en el centro comercial—. Desde que salimos no has hablado mucho. Fijé mí vista en el suelo, recordando la estúpida discusión con el estúpido de Sawyer, era realmente idiota de su parte ponerse con niñerías como esas. —Estoy bien —le aseguré, dando mi mejor sonrisa—. Ahora salgamos de esto antes de que me dé un ataque de pánico por tantos flecos, brillos y toda esa mierda. Él soltó una carcajada. —Relájate, Dylan —me pidió, colocando sus manos sobre mis hombros y mirándome fijamente—. Disfruta de las compras. —Sí, tienes razón, debería hacer eso. —¿Cómo podía decirle que no a esos lindos ojos? —Bueno, entonces…¿Qué esperamos? —Antes que pudiera contestarle, él ya me estaba arrastrando hacia el interior del lugar. Matthew parecía saber lo que hacía, entramos a varias tiendas, pero al parecer ningún vestido de los que veíamos le llamaba la atención, sentía que todo el asunto era un tanto bizarro, mi pareja del baile me escoge el vestido mientras que yo veo de lejos. Eso era totalmente fuera del orden natural de la secundaria. Pero me parecía mucho mejor de este modo, ya que técnicamente Matthew estaba pasando a ser un íntimo amigo ya. Luego de pasar horas caminando sin parar, cuando ya los pies me dolían y quería jodidamente irme a casa a descansar, decidimos —decidió—, probar a una última tienda antes de largarnos. Y como siempre… acepté. —Creo que vi algo, ven. —Sentí como su mano se cerraba sobre la mía y nos adentramos a la tienda, nunca me dejaba reprochar. Se veía a simple vista que era costosa, y me sentí mal de que él se hubiera ofrecido a pagar por el vestido. —Señorita —llamó a una de las mujeres que al parecer trabajaban allí. La mujer —bastante linda y joven—, lo miró de arriba abajo, como si estuviese deleitándose con semejante chico, segundos después, comenzó a examinarme a mí y nuestras manos tomadas, frunciendo el ceño de una forma muy grosera.

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Me atreví a mirarla enarcando una ceja, haciéndole ver que me había dado cuenta de lo que estaba pensando. —¿Vieron algo que les guste? —Por fin respondió la rubia, de forma frívola. —Sí, mi amiga acá quiere probarse ese vestido. —Le indicó Matthew señalando algo a lo lejos. Hasta que me di cuenta que el vestido que señalaba era hermoso. Largo, de un color rojo escarlata, su tela parecía ser suave y tenía detalles de piedras plateadas en la parte de arriba. Era algo que nunca había usado antes… y que nunca pensaría en usar en mi vida. —De ninguna manera, Matt —reproché, algo asustada del despampanante vestido. —Dylan. —Él me lanzó una mirada de desaprobación. Oh, mierda. —Bien —expresé, arrebatándole el vestido a la chica, quien ya lo había buscado. Ni me fijé si me había mirado mal. Probablemente sí lo había hecho… Y a mí no me importaba ni una cuarta de mierda. Tenía que admitir que me quedaba bastante bien, en realidad, me veía linda, por así decirlo, el rojo resaltaba mis ojos claros, y bueno, sí era cómodo. Sí, aceptaba que era perfecto. —Déjame verte —escuché la voz de Matthew afuera. Comencé a sentir mis mejillas arder. —No puedes, es de mala suerte —bromeé dando una vuelta completa para apreciarlo mejor. —Eso es en las bodas, Dylan —Rio divertido—. No me engañes, sal de ahí, preciosa. Gruñí para mis adentros y salí del probador a regañadientes, tratando de hacer caso omiso a la palabra «preciosa». Los ojos de Matthew se pasearon de arriba abajo, y una linda sonrisa comenzó a surgir en su rostro. ¿Qué? ¿Tanto le daba gracia verme así? —Te ves…—Se acercó más a mí y acercó sus labios a mi oído—. Te ves perfecta. Sabía lo que estaba tratando de hacer y no podía esperar el momento de reírme de esto después. La rubia puso una cara de fastidio épica en cuanto vio aquella escena… que se veía bastante comprometedora. Me encantaba joder a las chicas como ella. —Gracias. —Bueno, el sonrojo fue verdadero. —Señorita, me envuelve este vestido para pagarlo, mi novia se lo lleva. —Él me guiñó el ojo

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divertido. Ese término se escuchaba bien cuando salía de su boca. Vaya, Dylan, ¿qué te pasa? Contrólate. —Claro —refunfuñó con los brazos cruzándose en sus prominentes pechos. Me quité el vestido y vi a Matthew mientras lo pagaba. No me dejó verle el precio, supuse que era demasiado costoso y que si lo veía saldría corriendo, así que simplemente lo dejé. Como parte del acto, salimos tomados de la mano, claro, no sin antes lanzarle una mirada asesina a la chica que nos atendió. Odiaba a las chicas discriminadoras y hurgadoras, me reventaban, la verdad. ¿Qué mierda les importaba a ellas la vida de los demás? Cualquiera podía estar con cualquiera. Probablemente ellas terminarían con un hombre obeso y asqueroso, con el que se casarían por el simple hecho de que es millonario. —¿Esos no son los chicos? —me preguntó Matthew mirando a lo lejos. Mierda. Mierda. ¿Qué hacían ellos aquí? ¿Qué hacían Sawyer, James, West y Chase en un puto centro comercial? Ellos odian venir aquí. Y yo aún estaba tomada de la mano de Matthew. Y ellos ahora nos estaban mirando. Sawyer nos estaba mirando. Su expresión no era nada buena. Ni la de Chase. Ni la de West tampoco. ¿Por qué no podía pasar una tarde tranquila? Joder.

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19 —Hola, ¿qué hacen aquí? —Los saludó Matthew cortésmente. Me solté de su agarre en cuanto pude. —Vinimos a traer a las chicas a comprar sus vestidos —contestó Chase mirándolo con recelo. La típica mirada del jodido hermano sobre-protector que es. Esperen… ¿Chicas? ¿Qué chicas? —¿Es que ya tienen pareja para el baile? —Mi amigo Matthew se me adelantó en la pregunta. Todos se miraron la cara con expresiones diferentes, para luego volverse hacia nosotros. —Sí, mi amigo inglés —Le respondió West, con una extraña sonrisa en su rostro y sus ojos aún permanecían posados en mí, como aquella vez que estábamos en su habitación, cuando me examinaba para saber si mentía. Esto no podía ser más incómodo. Y Sawyer no había dicho nada, todavía seguía mirando a Matthew con los ojos entornados, parecía un lobo apunto de atacar a su presa. Sí, creo que era un término un poco exagerado… aunque quizá no. —Felicidades, me alegra que hayan sorteado a una chica para que pudiera ir con ustedes —dije con completo sarcasmo, para liberar tensión.— ¿Quiénes fueron las suertudas? Cuéntenme, esto será bastante interesante. No entendía mi repentino disgusto. Sí, si lo entendía la verdad. —West irá con Janice. —La zorra narcisista.—Yo iré con Zoey. —Bien hecho hermano, elegiste a la puta.— Y bueno, Sawyer irá con Becka, ¿recuerdas? Tu amiga de 7mo. La sangre se me subió a la cabeza. En ese momento él se volvió hacia mí, sabiendo que mi reacción no iba a ser buena. El muy imbécil había hecho esto a propósito, estaba bastante segura de esto. Había dado justo en el blanco. Justo. En el puto. Blanco. —Claro que la recuerdo, idiota —expresé furiosa entre dientes, sin querer ni siquiera mirar a Sawyer. No sabía porque comenzaba a formarse un nudo en mi garganta.

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—¿Te encuentras bien, Dylan? —me preguntó Matthew mirándome con preocupación. No, no lo estoy. —Solo estoy cansada —le contesté sonriendo vagamente simulando tranquilidad—. ¿Puedes llevarme a casa? —Claro, vamos. —Él me devolvió la sonrisa, pero sabía que aún seguía preocupado. Sabía que se había percatado de que algo estaba mal. —Así que el señor británico perfecto está saliendo con la señorita Dylan Carter. —James abrió su odiada bocota en forma de burla. Cállate, por favor, hombre, no es el momento. —Realmente increíble —siguió burlándose divertido. —Nosotros no estamos saliendo —farfullé—. Mejor nos vemos en casa, hermano —me despedí de Chase impaciente. —Espero que tengas cuidado con lo que haces, Fitzgerald. —Lo amenazó Chase ignorando completamente lo que le había dicho. Y esto cada vez se ponía mejor. —Chase, no empieces. —Le pedí en un suspiro—. Solo… nos vemos en casa, ¿bien? Él se volvió hacia mí y me frunció el ceño, creo que eso se debió a que mi tono de voz había perdido su «tono-defensivo-automático». —Bien. —Fue lo único que me dijo antes de dejarme ir. *** —¿Qué fue todo eso? —me preguntó Matthew mientras conducía a mi casa en su nuevo Volvo S60 plateado. —Nada. —No tenía ganas de hablar de ello. —Sabes que puedes decirme lo que sea —presionó—. Creo que ya somos lo suficientemente amigos, ¿no? —Sí, lo somos —afirmé, encogiéndome de hombros—. Es solo que… —Esto se trata de esa tal Becka, ¿estoy en lo cierto? —Se volvió a mirarme por un momento y a juzgar por mi cara, supo que era cierto. Nunca quise hablar de esa época con nadie, en realidad es porque no tenía a nadie con quien hablar de ello. Sería ilógico haberlo hecho con alguno de los tres, ya que eran amigos y en esa

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temporada yo le dejé de hablar a Sawyer por unos meses debido a lo ocurrido. Me separé del grupo un poco, pero entiéndanme… estaba iniciando una nueva etapa, la adolescencia y esa mierda. Me afectó, era mi única amiga. —¿Qué pasó con esa tal Becka, Dylan? —volvió a preguntarme, esta vez con más autoridad. —No pongas mi nombre y su nombre en una misma oración, por favor —le gruñí cruzándome de brazos con irritación. —No seas infantil —reclamó poniendo los ojos en blanco con fastidio—. ¿Acaso estás molesta porque Sawyer irá con ella al baile? —¡No! —me apresuré a decir. Quizá mucho. Él asintió lentamente, viéndose divertido. —¿Entonces qué es? —siguió interrogándome mientras aparcaba frente a mi casa. Tragué saliva con fuerza, sopesando si en verdad hablar de ello o no. —Becka fue mi mejor amiga en 7mo grado… —comencé a contarle. Matthew solo apagó el motor del auto y se volteó hacia mí, poniéndome su completa atención. Bien, descartaba la opción de huir de esto. —…Éramos bastante unidas, hacíamos todo juntas, nos contábamos todo, sabíamos todo de la otra. —Oh Dios, esto era ridículo—. El problema era que constantemente hablaba sobre lo hermoso que era Sawyer Brown y lo tanto que quisiese besarlo. —Puse los ojos en blanco al recordarlo—. Y lo logró, pero el idiota de Sawyer se comportó como un imbécil, como habitualmente se comporta, y luego ella dejó de hablarme. Comenzó a tratarme mal, se convirtió en una completa perra y ahora me importa una mierda, ¿de acuerdo? Becka no es nadie para mí. Alcé la vista para saber si Matthew seguía escuchándome y ahí se encontraba, con sus hermosos ojos posados en mí. Para el poco tiempo de amistad que llevábamos, sabía que era capaz de escuchar mis quejidos todo el día si fuese necesario. Era lindo. Era apuesto. Era agradable. Era lo más cercano a perfecto, en mi opinión. No era Sawyer. No era West. Era mi amigo. ¿Y por qué te estás acercando a él, Dylan? ¿Por qué quieres besarlo, Dylan? ¡¿Y por qué lo estás haciendo?!

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20 Así como tan rápido hice aquella estupidez, tan rápido terminó el beso. Fue un impulso. Fue el momento de debilidad. Fue un momento de clara idiotez. No podía creer que había besado a Matthew Fitzgerald. Luego de ese incómodo momento, lo único que hicimos fue mirarnos a los ojos, completamente estáticos, ninguno de los dos estaba esperando que eso pasara y gracias a Dios la puerta no tenía seguro y pude escapar antes de que dijera algo. Sé que fue un movimiento estúpido, pero como ven… ya nada podría sorprenderles viniendo de mí. Esto ya estaba fuera de control. Joder, ¿en verdad iba arruinar otra amistad? Completamente genial. —Hey, hey, ¿qué pasa? —Frené en seco al escuchar la voz de mi queridísima madre—. ¿Dónde está tu hermano? Y lo que faltaba para seguir con este día de locos. —No lo sé. —Le gruñí en un intento de escapar. No estaba para aguantar sus momentos ahora. —¿Discutieron o algo así? —Me preguntó, volviéndose hacia su libreta de cuentas. Como siempre, poniéndole más atención a su dinero que a sus propios hijos. —No, mamá, estamos bien, gracias por tu preocupación —mascullé con mis labios fruncidos de disgusto—. Si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer que esperar a que me mires siquiera. Ella quedó sorprendida por un momento. ¿Qué pasa contigo hoy Dylan Carter? Creo que necesito acostarme un rato. No dejé que mamá me reclamara o comenzara a darme una estúpida charla, necesitaba urgentemente encerrarme en mi habitación y quizá golpearme contra la pared hasta aprender la lección de no seguir todos mis impulsos. Me di un baño que hizo que me relajara un poco. Sin duda este día se había vuelto el peor, ganándole al día después de la fiesta de fin de verano. Sostuve mi teléfono, sin saber qué hacer realmente. Tenía dos opciones, una: Llamar a Matthew y disculparme por todo; o dos: Arrepentirme en lo

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que quedaba del año escolar por arruinar lo que podía llegar a ser una muy buena y verdadera amistad con un chico que no trate de besarme en cuanto se le da la oportunidad. El sonido proveniente de mi teléfono me hizo dar un respingo. Era una llamada entrante. Y era de mi tan ansiada prima Katia. Creo que Dios estaba escuchando mis lamentos. —Señorita Dylan Paige Carter Whitmore. —Aquella dulce voz era música para mis oídos—. Al fin tengo el placer de hablar con usted. No pude evitar sonreír mientras ponía los ojos en blanco. —Estuve llamándote —le repliqué—. Bueno, fue una sola vez… pero el punto es que no contestaste el puto teléfono y en serio te necesitaba. —Lo siento, estaba en la iglesia. Por cierto, mi madre me sermoneó por no apagar el teléfono durante la misa, así que muchas gracias. —Escuché como se reía—. En fin, ¿por qué me necesitabas tanto? Cuéntame, que luego te tengo noticias. —Esto tomará bastante tiempo —resoplé, poniéndome cómoda sobre mi cama—. ¿Tienes suficiente? —Creo que sí, todos salieron, incluyendo a Lana —comentó. Pude escuchar el crujido de su cama, era bastante molesto, no tuve tiempo de arreglarlo cuando estuve allá. ¿Qué? Mi padre me había enseñado a reparar diferentes tipos de cosas. —Suelta la sopa, soy toda oídos. Tomé aire antes de comenzar a contarlo todo lo que había pasado. De principio a fin, desde el día en la estación de tren, la fiesta, los besos, las confesiones, los jodidos sentimientos, Sawyer, West, Matthew, incluso le hablé sobre Becka, ella simplemente intervenía con un «Hmm. Ok. Continúa. Interesante. Oh Dylan. Increíble.» Por último le hablé sobre lo que había pasado el día de hoy. Y su comentario me tomó totalmente desprevenida. —Es gay —me espetó, como si estuviera muy segura de lo que decía. —¿Gay? —Fruncí el ceño—. ¿Quién es gay? —West, West es gay, Dylan —farfulló con sarcasmo, casi pude ver como ponía los ojos en blanco. Sí, era simplemente ilógico pensar que West podía ser gay. Primero las zorras volarían antes de que eso sucediera. Bien, de vuelta al asunto.

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—Entonces de quién hablamos, Katia —cuestioné con fastidio. —Hablamos del Sr. Perfecto Inglés. Imposible. —Ni de coña. —Solté una sonora carcajada—. No hay manera de que Matthew sea gay. —Dylan, ponte a pensar, ni siquiera un inglés promedio se comportaría de esa forma. Ni tendría ese sentido de la moda. Ni se asustaría cuando una chica se le acercara. ¡Por dios! ¿Crees que un chico heterosexual —y extranjero— no caería ante los encantos de una chica americana? ¡Estamos en el siglo XXI! Los chicos estos días solo piensan en bragas y en lo que hay tras ellas. ¿Por qué crees que se siente cómodo contigo? Porque supo que no intentarías nada con él —o bueno, hasta donde sabía—. Dylan, tienes que ser realista, ni en un millón de años a un chico como Matthew podrían gustarle las chicas. Me quedé pensativa por unos largos segundos. Comenzaba a unir piezas y a creer en las palabras que mi prima estaba diciendo con tanta seguridad. Había pequeños detalles que me estaban haciendo dudar. Pero, ¿en serio podía ser cierto? Nunca se me pasó por la mente esa idea. El «muy perfecto para ser verdad» de Sawyer cruzó por mi mente por un momento. Matthew Fitzgerald, ¿gay? —Yuju, ¿Dylan? —La voz de Katia me despertó—. ¿Estás en shock, cierto? Tengo razón, ¿cierto? Aún no estaba segura que fuera cierto. —Yo opino que deberías preguntarle, no perderás nada —terció mi prima. —Katia, no puedo creer que lo besé. —Me llevé la mano a la frente, llena de puta vergüenza—. Soy una tonta, debe pensar que soy otra chica estúpida de esas. Ella soltó una carcajada. —Tranquila, creo que él tiene claro que no eres una estúpida chica de esas —dijo divertida—. Así que relájate y haz lo que te aconsejé, me agradecerás. Respiré hondo, dándole la razón. —Ahora que estás relajada, ¿puedo decirte las noticias? —¿Qué noticias? —Le pregunté curiosa. —La tía Stephanie nos invitó a la cena de acción de gracias —me contestó, oyéndose entusiasmada—. No veremos más pronto de lo esperado, querida prima. No pude evitar sonreír. Necesitaba esto.

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21 Caminé por el pasillo de la escuela en busca de Matthew. Tenía que aclarar el asunto, de verdad, necesitaba hacerlo, no había logrado dormir por culpa de lo que Katia me había dicho, mientras más analizaba las cosas, más apuntaba que ella tenía razón. Estaba 100% decidida a saber la verdad. Quería encontrarlo lo antes posible, antes de arrepentirme de hacerle tan desagradable pregunta. —¡Hey! El robusto cuerpo de West me interceptó cuando ya había visualizado a Matthew a lo lejos, colocando sus libros en su casillero. —¿Podríamos hablar un segundo? —Me pidió, con esa expresión de chico bueno que estaba comenzando a odiar. —¿Podría ser después? —pregunté, asegurándome que Matthew siguiese allí—. Es que tengo algo que hacer. —No, tiene que ser ahora —respondió tomándome del brazo para detenerme. Lo miré un poco sorprendida por su repentino agarre. —Joder, ¿cuál es el problema? —me volví hacia él irritada, incitándolo a hablar con más rapidez. —¿De verdad estás saliendo con Matthew? —me preguntó cruzándose de brazos de manera acusadora. —Oh no, no, no… ¿tú también? —expresé anonadada—. ¡No hay nada entre Matthew y yo!, ¿de acuerdo? —Creo que ya había tenido suficiente con la discusión de Sawyer—. Joder, West en verdad no tengo tiempo para esto. —¿Cómo que yo también? —Él frunció el ceño confundido—. ¿Acaso…? Mierda genial, Dylan, lo que faltaba, eres una maldita genio. —En serio tengo que irme ahora, nos veremos en el almuerzo —me apresuré a interrumpirlo. Y logré escapar antes de que esto se tornara peor. Por suerte, aún lograba ver a Matthew, quien ahora hablaba con algunas de nuestras compañeras de clases, unas inofensivas nerds. Mi pulso se aceleró en cuanto me di cuenta que era ahora o nunca, era solo una pregunta, «Eh, Matthew, ¿eres gay?» y ya. Era bastante fácil. Bastante simple. ¿No?

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¡Diablos no! Esto era jodidamente difícil, incómodo, bizarro, y mucho más bizarro luego de haber tratado de besarlo en su auto. Culpo profundamente a Becka y a Sawyer de ello. Detuve mi paso justamente con él dándome la espalda. Toqué su hombro con mis dedos y esperé a que se diera vuelta para darle mi mejor sonrisa de «Disculpa por ser tan idiota». —Hey. —Me saludó algo sorprendido de verme, también se le veía incómodo—. Dylan. Ay Dios, esto es tan estúpido. —Hola. —Lo saludé de vuelta, alzando la mano con timidez—. Creo que deberíamos hablar… tú sabes, de lo que pasó… ayer. Matthew se me quedó mirando por un momento, juraría que estaba pensando lo mismo que yo. En nada más que hacer que enfrentarlo. —Sí, creo que deberíamos. —Él se rascó la cabeza. Bien, aquí voy. —Lo siento, fui una tonta, es que estaba molesta, estaba molesta por culpa del estúpido de Sawyer y por la perra de Becka, ¿de acuerdo? Fue un impulso, fue tonto, fue imprudente, debes pensar que soy una de esas chicas que se lanzan encima de cualquier tipo, no es que digo que eres cualquier tipo, es que… —Tomé un poco de aire, ya que no había hecho ninguna pausa por miedo a arrepentirme—. El punto es Matthew, que lo siento, no debí hacer eso, lo menos que quiero hacer es ahuyentarte, has sido muy bueno conmigo desde que nos conocimos y me agradas mucho, de verdad lo siento. Él se acercó un paso a mí, y una pequeña sonrisa se fue curveando en sus labios. —¿Ahora es mi turno? —preguntó encogiéndose levemente de hombros. —Supongo que sí. Justamente, el timbre comenzó a sonar. Bastante oportuno, director Patch. —Dylan, ¿alguna vez te has saltado una clase? —Su mirada se volvió de complicidad. Me estaba gustando el rumbo que estaba llevando esta conversación. —Matt, ¿en serio crees que no me he saltado una clase nunca? —Me reí divertida—. Por favor. —Bueno, esa es otra cosa que tenemos en común. —Él me sonrió, tomando mi mano—. Nadie notará nuestra ausencia. Y antes de que pudiera decir algo, me estaba arrastrando hacia algún lugar.

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Nos escondimos tras las graderías del campo de fútbol americano. Era un lugar seguro ya que nadie pasaba por aquí, solo venían las parejas cachondas que se escondían para tener una sesión tranquila de besos y toqueteos. ¿Por qué sé todo esto? Pregúntenselo a West. —Dyl. —Matthew atrajo mi atención, invitándome a sentarme junto a él sobre el césped. ¿Sería buen momento para preguntar lo que he querido preguntar desde temprano? —Creo que eres una chica maravillosa —comenzó a hablarme, como si estuviese a punto de rechazarme. Quizá eso era exactamente lo que hacía. —Tienes ese toque diferente que atrae a muchos hombres. Eres bonita, inteligente, sarcástica y estoy seguro que eso es lo que tiene a West y a Sawyer tan encantados. Le lancé una mirada de asombro. —A diez mil kilómetros de distancia se puede notar —comentó divertido—. En fin, Dylan, lo que intento decirte es que… —Clavó sus lindos y verdes ojos en los míos, con expresión seria, respiró hondo y siguió—: Créeme que si me sintiera atraído por las chicas, estaría ya completamente enamorado de ti. En mi mente no hubo nada más que aplausos. No me sorprendí. No me enojé. Lo único que tuve fue un increíble alivio interno. Ya no tenía que mencionar ni preguntar nada del tema. Matthew era gay, me lo acababa de confesar. Y yo estaba bien con ello. Me sentía feliz de aparentemente ser la primera que lo sabía.

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22 Nos quedamos un momento en silencio. Los dos mirábamos a lo lejos, veíamos como el conserje Ramón recogía colillas de cigarrillos mientras lanzaba lo que al parecer eran maldiciones en español. El moreno me caía bien. Nunca nos delataba, así que era uno de mis viejos favoritos, luego de Breenan, por supuesto. —¿No estás enojada por no habértelo mencionado antes? —me preguntó, viéndose confuso, haciéndome dar un respingo, estaba bastante concentrada en entender lo que Ramón decía. Dos años de Español tenían que servir para algo. —¡Claro que no! —salté, dándole un leve golpe en el brazo—. Estoy feliz por ti, por habérmelo dicho. Además, ahora no me siento como una completa tonta. Él me sonrió, radiante, sus ojos brillaron de entusiasmo, haciéndome sonreír a mí también. —Yo también estoy feliz de que lo sepas —me confesó, volviéndose abruptamente hacia Ramón—. Al menos ahora tengo a una persona con quien puedo libremente hablar de ello. Pude ver la tristeza pasar por sus lindos ojos. —¿Y tus padres no lo saben? —Sí, ahora venía mi ronda de preguntas, había tanto que quería saber sobre Matthew Fitzgerald. Resopló, su rostro se descompuso ahora claramente, y por un momento me arrepentí de haber mencionado eso. —Esa fue una de las razones por la que nos mudamos aquí. —Se encogió de hombros—. Tenía -tengo- una pareja, su nombre era Patrick, era un buen chico y me sentía feliz, pero papá aún no lograba asimilar mi homosexualidad así que saboteó la relación. Un día llegué de la escuela y él simplemente me dijo «Empaca tus cosas, hijo, nos vamos a América». —Wow, eso es… duro —comenté sintiéndome cada vez peor con su situación. Nunca pensé que un chico alegre como Matthew, pudiera tener un padre tan hijo de puta. Lo siento, pero tenía que decirlo, con todo respeto a cualquier mayor, pero no me llevo bien con ese tipo de personas. —Mamá trató de convencerlo de quedarnos, pero él ya había conseguido hasta un trabajo. —Siguió relatando, con su vista ausente—. Y en un abrir y cerrar de ojos, ya me encontraba esperando en el aeropuerto un avión con destino aquí. ¿Sabes? Ni siquiera me dejó despedirme de Patrick.

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Completo hijo de puta, como ya dije. —Creo que comienzo a odiar a tu padre. —No pude evitar decirle, haciéndolo sonar como una broma—. Y ni siquiera lo conozco. Él se rio entre dientes. —A pesar de todo es un buen tipo —opinó risueño—.Te agradará cuando lo conozcas. Sí, claro. —Ahora yo puedo confesarte que en verdad me encanta el vestido que elegiste para mí — comenté, queriendo terminar de hablar de ese tema. No quería saber más nada de su padre ya que probablemente lo terminaría odiando de verdad. Él soltó una carcajada. —Vaya, Dylan, eso me halaga —bromeó con ese tono sarcástico que sonaba tan divertido en su acento inglés—. Debió ser realmente horripilante tener confesarme eso. —Eres un tonto —Reí divertida, golpeándolo levemente en su brazo, de nuevo. —¿Quieres causarme un hematoma o qué? —se quejó sobándose el brazo, haciendo una mueca de dolor. —¿Hematoma? ¿Quién mierda dice hematoma estos días? ¡Es un morado! ¡Qué hematoma ni qué hematoma! —exclamé con dramatismo, para luego partirme de risa. Matthew puso los ojos en blanco. —Sawyer y West no podrán cerrar la boca cuando te vean en él —me espetó, pasando su brazo por mis hombros repentinamente, haciéndome callar de tirón—. Apuesto que te verás incluso más hermosa que Becka. Esta conversación había tomado un giro un tanto desagradable para mí. —Apuesto a que estarás equivocado. —Me volví hacía él, mirándolo con frialdad. —¿Hasta dónde llegará tu odio hacia Becka? Debes seguir adelante, te saldrán arrugas si sigues preocupándote por eso —se burló pasando sus dedos por mi ceño que estaba ahora fruncido—. Ni siquiera sé por qué Sawyer aceptó ir al baile con ella, suponiendo que él sabe que la detestas. Resoplé, recordando la estúpida discusión. —Lo hizo porque está dolido, piensa que con eso me lastimará también, se está comportando como un maldito niño, siempre lo hace cuando está muy enojado por algo —le expliqué sintiendo mis mejillas arder de rabia—. Cayó muy bajo esta vez, la verdad. —¿Y por qué discutieron? —preguntó curioso, poniéndose más cómodo, como si esperara un testamento de mi parte. —Por ti —dije en un suspiro.

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Él se irguió en su lugar y me miró un poco sorprendido. —¿Por qué discutirían por mí? —comentó frunciendo el ceño con confusión. —Porque es un jodido celoso. —No pude evitar gruñir. Matthew no hizo nada más que soltar una carcajada. —¿Sawyer celoso de mí? —Ahora me comenzaba a asustar, necesitaba parar de reír. Ahora—. Eso es imposible, ni siquiera te he coqueteado. —Supongo que se siente amenazado por… eso. —Señalé su rostro. Luego su ropa. Su cuerpo. Y su cabello. Vamos, era pulcro y perfecto. Mucho para ser verdad. Y él simplemente se volvió a carcajear. —Deja de reírte antes de que te orines los pantalones. —Me comencé a levantar, sacudiendo mis jeans en el camino. Ya comenzaba a darme picazón en el trasero por el césped. —Levanta tu trasero, faltan… —revisé mi celular, al mismo tiempo que la campana sonó—. 0 segundos para que termine el primer período. Lo ayudé a levantarse mientras trataba de calmar sus espasmos, su rostro se había tornado tan rojo como el de un tomate. ¿Cómo podía seguir siendo tan lindo incluso cuando quería matarlo? Bueno, ese era el dilema de mi vida. Si saben a lo que me refiero. Caminamos hacia dentro del edificio, saludando a mi amigo Ramón de camino, él simplemente nos dijo «Hola, chicos.» y siguió exclamando cosas en español, que pude reconocer como «¡Estos malditos niños de ahora!» Cruzamos el pasillo principal con sigilo, para que nadie se diera cuenta que veníamos del patio. Hasta que sentí una mano aterrizar en mi hombro. —Me encanta cuando pillo a tórtolos escurridizos. —Maldecí para mis adentros al escuchar esa molesta voz. ¿Por qué de todos los profesores de esta escuela, Timothy —Alias, Hijo de puta—, tenía que cacharnos? ¿Por qué?

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23 «Encontraron a Dylan y a Matthew besándose bajo las graderías y por eso los llevaron con el director». «Timothy encontró a Carter y al chico nuevo en una situación comprometedora». «Dylan oficialmente sale con el chico nuevo, ¿quién lo diría?» Si volvía a escuchar otra mierda como esa, rompería la cara de él o ella que estuviera comentándolo. Los rumores de lo ocurrido se habían esparcido más rápido de lo que imaginé. Y eso no sería todo, ya que aún no sabían las buenas nuevas: Matthew y yo no podríamos ir al baile. ¿Gracias a quién? Al Profesor Timothy —Cabeza de condón— Gilbert. Él lució con todo su esplendor su sobrenombre «Hijo de puta», exageró la historia para hacer nuestra pequeña falta mucho más grave de lo que realmente era. Digamos que el Director Patch es conocido por ser fácilmente manipulado por los profesores como Timothy, y como él al parecer siente un profundo odio hacia Chase y hacia Sawyer —por ponerle ese sobrenombre—, estaba desquitándosela conmigo. No podía negar que estaba molesta porque no iría al baile, pero me preocupaba más la hora del almuerzo, cuando tuviera que sentarme con los chicos y alguno de ellos explotara debido a los rumores sobre Matthew y yo. Temía por Matthew, ya que se sentaría conmigo. —Deja de disculparte —le dije a él mientras nos acercábamos a la cafetería, con las obvias miradas de las personas clavándose en nuestros cuerpos. Púdranse, chismosos. Matthew se había estado disculpando desde nuestra clase de Química hasta ahora. Creía que era su culpa lo que estaba pasando, según él, fue el de la idea, pero nadie me estaba amenazando, ¿no? —Yo soy la que debería estar disculpándose, gastaste dinero en un vestido que no usaré —me encogí de hombros. —Oh, descuida, algún día lo podrás usar. —Él me dedicó una sonrisa que me hizo sentir mucho mejor. Entramos a la cafetería y como me lo supuse, casi toda esta se volvió hacia nosotros, mirándonos de reojo desde que entramos hasta que tomamos nuestra bandeja y elegimos nuestra comida. Qué patéticas eran estas personas.

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—Vaya, esto se volvió peor de lo que esperé —comentó Matthew caminando junto a mí hasta la mesa matutina. —No te sorprendas aún —mascullé por lo bajo, pensando en los chicos. —Tienes tres segundos, chico inglés. —Chase comenzó a levantarse en cuanto nos sentamos, con las manos echas puños. No, por favor. No hagas esto ahora. —Tienes tres segundos para levantarte y caminar lejos, antes de que me lance sobre ti, amigo —espetó con una mirada que intimidaba a cualquiera. Busqué ayuda con la mirada, pero fue en completo vano. Sawyer tenía la mirada del centro comercial, la de un depredador a punto de atacar, pero parecía estar pegado en la mesa, controlando sus impulsos. West, a quien considero un poco más cuerdo en momentos como este (a pesar de ser jugador de fútbol americano), parecía esperar el momento en que Chase se lanzara encima de Matthew. Al igual que todos en la mesa. —Uno… —Contó mi hermano, todos esperaban ansiosos—. Dos… Excepto yo. Yo no permitiría que eso pasara. —Ni lo pienses, Chase. —Jalé a Matthew tras de mí—. Cálmate. —¿Cómo mierda quieres que me calme, Dylan? —me miró con brusquedad—. ¿Sabes todas las cosas que están diciendo? Dime, ¿él te llevó ahí? —¡¿Qué?! ¡No, joder! —expresé estupefacta—. ¿En verdad crees que haría algo así? ¡No es verdad lo que dicen! Me estaba alterando un poco. —Matthew y yo solo estábamos hablando, se nos pasó el tiempo, Hijo de puta nos pilló y nos llevó con Patch, simplemente eso pasó. —¿Qué hacían entonces debajo de las graderías? ¿Creen que ese es un maldito lugar para solo hablar? ¿Me ves cara de tonto o algo así? —¡Que te den! —le espeté con furia, empujándolo en su pecho, no se movió mucho, pero entendió lo enojada que estaba. Todos nos miraban sorprendidos. —Ahora no iremos al Baile por su puta culpa, ¿no crees que sea genial? Debes estar feliz ahora, ¿no? —Ahí venía el nudo en la garganta de nuevo. Odiaba este tipo de discusiones con Chase. —Imbécil. —Fue lo último que le dije antes de irme de ahí, jalando a Matthew conmigo.

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*** Luego de ese enfrentamiento en la hora del almuerzo, no quería hablar con nadie que no fuera Matthew, aunque no logré verlo hasta la salida, ya que no teníamos más clases juntos. Me dijo que tenía algo que hacer y me pareció mejor porque quería caminar a casa hoy. Sola. Sin nadie que pudiera fastidiarme, enojarme, acelerarme el pulso, ni nada por el estilo. Estaba comenzando a pensar que debería tomar clases de yoga, o ir a un puto spa para liberar todo este innecesario estrés que había adquirido estas últimas semanas. La última vez que Chase y yo habíamos discutido de esa manera, fue cuando tuvo una novia llamada Britget, él se podría decir que… estaba un poco enamorado, y bueno yo descubrí que ella lo engañaba con uno del equipo de Polo Acuático, pero cuando se lo dije él no me creyó y me acusó de estar celosa de ella, me enojé tanto que rompí y tiré un brazalete que me había comprado para mi cumpleaños. No nos hablamos por un mes. Y lloramos cuando nos reconciliamos. El momento épico que vi llorar al fuerte, de hielo, seco como una pasa: Chase Carter. Eso es de familia, tengo que admitir. El inconfundible sonido de la bocina de una camioneta me hizo pegar un respingo y volver a la realidad. Fruncí el ceño y seguí mi paso, no quería hablar ahora con él. La Jeep Rubicon de mi hermano llegó a posarse a mi lado, de reojo me percaté que comenzaba a bajar su ventanilla. —Dylan. —Trató de llamar mi atención. —Jódete, Chase —le gruñí sin volverme hacia él. —Entra a la camioneta, Dylan —me pidió. —¿Qué parte de joderte no entendiste? —Esta vez no pude evitar volverme hacia él, con brusquedad. —Lo siento —se disculpó, desviando la mirada por un momento. Lo hacía siempre, cuando estaba verdaderamente apenado por algo. —Te creo. Si me dices que no pasó nada, no pasó, ¿de acuerdo? —Alzó la vista de nuevo y me dedicó una leve sonrisa. —Sabes que no haría algo así, no soy ese tipo de chicas, Chase —me crucé de brazos, el nudo en la garganta comenzaba a hacer efecto de nuevo.

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—Lo sé, lo sé —resopló, saliéndose del vehículo—. Es solo que he estado un poco paranoico estos días, Dylan, es que te has puesto tan… linda, que a veces mi lado de hermano sobre protector se torna intenso. Luché mucho por no sonreír. —¿No será que estás enamorado de mí? —le dije divertida—. Eso sería jodidamente raro, sepárate, guarda distancia, amigo. —¡Puaj! ¡Diablos no! ¡Eres muy fea para mí! —exclamó él asqueado, para luego reírse—. Me gustan las rubias, hermanis. Y de un segundo a otro, su pecho parecía estar ahogándome en un abrazo de oso. —Ahora entra, vamos a casa. Y así mis amigos, era una discusión-reconciliación de hermanos.

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24 Este día sería bastante tranquilo. Mamá había salido de viaje de negocios. Chase iba al baile. Pasaría la noche en vela viendo un maratón de MTV de South Park. ¿Qué lindo que sería mi día, no? Luego de un par de días, superé la impotencia que sentía porque no iría al baile. Me desperté tarde, o bueno, Chase me despertó para que lo acompañara a buscar su traje. Aunque quise matarlo, luego me di cuenta que no tenía más nada que hacer y simplemente lo dejé vivir por el momento. —¿Segura que no quieres que me quede? —me preguntó mientras yo terminaba de anudarle su corbata gris—. Podríamos ver películas toda la noche. —Chase, a ti te encantan los bailes —le dije sonriendo—. Estaré bien, puede que llame a Matthew para que me haga compañía. —No creo que esa sea una buena… —Chase —reproché cruzándome de brazos—. Pensé que ya estábamos bien acerca de esto. Matthew no es esa clase de chicos. A menos que tengas un cuerpo escultural y un pene, él es inofensivo. —Bien, está bien, solo no quiero llegar por la mañana y encontrarme con su cuerpo tumbado en el sofá —dijo encogiéndose de hombros. —¿Y tú volverás por la mañana? —le pregunté enarcando una ceja divertida—. Lo dudo mucho. Él se rio entre dientes. —Me veré obligado a eso si Matthew viene a nuestra casa. —Luego de unos cuantos tragos y unas cuantas canciones, ni siquiera te acordarás de mí — comenté poniendo los ojos en blanco. —Probablemente no. —No pude evitar reír. —Creo que ya deberías irte, me imagino que tienes que pasar buscando a la Zorra, digo, Zoey. —Le sonreí con hipocresía. —Tienes razón, tengo que pasar por ella. Él se vio en el espejo por última vez, para luego yo verme acompañándolo hacia la puerta. —No me esperes despierta, hermanis —me guiñó el ojo antes de salir.

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Descuida, eso no pasará. Me acerqué a la cocina para sacar mis municiones para la noche: Bolsa de Cheetos. Gran tazón de palomitas. Una bolsa XL de bolitas de queso. Queso Cheddar y como nunca puede faltar… la gigantesca botella de Coca-Cola. Mañana probablemente tendría una diarrea épica, pero no me importaba una mierda, tenía el estómago de un chico. Me instalé en el televisor de la sala, con las piernas extendidas y cubriéndome del frío con una horrible manta color rosa que mi madre había comprado hace poco. Así me sentía bien, tranquila, en casa, sin tener que arreglarme para un estúpido baile, solo éramos la TV, mis pequeñas municiones y yo, nadie más que pudiera interrumpir nuestro sincero amor. Hasta que luego de dos capítulos de South Park, mi teléfono comenzó a saltar sobre la mesa mientras sonaba como desquiciado. —Más vale que sea bueno, Fitzgerald. —Me erguí en mi lugar. Matthew se rio. —Créeme que sí lo es —dijo segundos después—. Ponte el vestido, maquíllate y espérame allá, iré a tu casa en 30 minutos. Me levanté del sofá rápidamente. —¿Qué mierda dices? —expresé confundida—. ¿Por qué quieres que me ponga el vestido? ¿A dónde vamos? ¿Recuerdas que nos prohibieron la entrada al Baile? —Nadie dijo nada de ir al baile, Dylan. —Él resopló con fastidio—. Solo haz lo que te digo, me agradecerás. —Pero… —¡Hazlo y punto! —Y sin dejarme decir nada, el muy idiota me colgó el teléfono. Me tardé un poco en acomodar toda la situación. Tenía 30 minutos para bañarme y arreglarme el cabello, ya que lo tenía echo una bola de estambre. 30 minutos para maquillarme decentemente, y ni siquiera sabía qué era lo que Matthew tramaba. Milagrosamente logré hacer las primeras dos cosas con un poco de tiempo de sobra. Mi cabello estaba peinado en una alta cola de caballo bastante apretada, tengo que decir, pero era lo más fácil y rápido que sabía hacer. No se veía mal, se veía elegante y mis pómulos resaltaban. En fin, ahora faltaba el maquillaje. Un poco de color rosa en las mejillas. Sombra oscura con delineador negro (mi favorito). Máscara para las pestañas. Brillo labial… y listo.

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Y en ese preciso instante, alguien tocó el timbre. Supuse que era Matthew así que me apresuré a bajar las escaleras. El corazón se me fue a la garganta en cuanto abrí la puerta y me encontré con un peligroso y jodidamente atractivo Sawyer parado frente a mí. ¿Qué hacía él aquí? ¿Y vestido así tan elegante, con ese traje tipo «Hombres de Negro»? ¿Por qué coño no estaba en el baile con Becka? Sus sorprendidos ojos se pasearon de arriba abajo con lentitud, desde mis sandalias de tacón plateadas, mi vestido rojo, hasta mi maquillado rostro, que estaba luchando por no tornarse del color de mi vestido. —¿Qué… qué haces aquí? —Pude preguntar al fin—. Deberías estar con Becka, en el baile. —Cancelé de último minuto. —Sus ojos ahora parecían estar clavados en mi rostro—. Wow, Dylan, luces hermosa, más que hermosa… Luces…muy, muy hermosa. Mierda, Dylan, tienes que controlar los latidos de tu corazón. Ahora. —¿Por qué no fuiste al baile? —Tragué saliva con fuerza, ni siquiera sabía si debería dejarlo entrar. —¿No es obvio? —Sawyer dio un paso hacia mí, su deliciosa colonia me embriagó por un momento. ¿Qué te pasa ahora, Dylan? Se supone que estás enojada con él. —¿Para qué ir si no estarías ahí? —Se encogió de hombros, su mirada era tranquila, sus ojos brillaban ansiosos. ¿Dónde mierda estaba Matthew? —Ni siquiera quería ir con Becka. —Él dejó salir un resoplido de fastidio de entre sus labios. —¿Entonces por qué aceptaste ir con ella? —No pude evitar preguntarle, cruzándome de brazos, claramente cortada por el tema—. ¿Para herirme? Porque déjame decirte que funcionó. —No, no, no… —Se apresuró a decirme, viéndose de pronto desesperado, sus manos aterrizaron en mis hombros, haciéndome estremecer un poco—. No fue por eso. Enojada, Dylan… enojada. —Estaba furioso por lo de Matthew, lo admito, pero sabes que no te haría algo así, sé lo que Becka te hizo. Y acepté porque me amenazó con decirle a Chase sobre tú y yo si no iba con ella. —¿Qué? ¿Cómo diablos sabe ella sobre eso? —Tercié abriendo los ojos como platos—. Además, no me vengas con que no me harías eso, Sawyer, te la tiraste en la fiesta porque estabas enojado conmigo, ¿recuerdas? —No hicimos nada esa noche, Dyl, ella me lo dijo, estaba casi perdiendo la consciencia y me

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fui de ahí antes de que algo más pasara —me explicó sobándome los hombros con delicadeza. Sus ojos seguían clavados sobre los míos desde que abrí la puerta y eso hacía que mi autocontrol comenzara a fallar. —La besaste en 7mo también, por tu culpa ella dejó de hablarme. —Un nudo comenzaba a crecer en mi garganta. —¿Qué? —Él me miró confundido, para luego echarse hacia atrás por la sorpresa—. ¿Becka te dijo eso? Dylan, nosotros no nos besamos. Ella trató de hacerlo en la fiesta de tu cumpleaños y yo la aparté, por eso fue que dejó de hablarte, porque le dije que no quería hacerlo. ¿Eso tenía siquiera sentido? —¿Qué tenía que ver yo en eso? Era cosa de ustedes, no entiendo por qué dejó de hablarme a mí —opiné aguantándome las lágrimas, no quería arruinar el reciente maquillaje. —Porque le dije que estaba enamorado de ti —me espetó dejándome sin palabras esta vez. Todo tenía sentido. Becka había inventado toda la historia, había llorado sobre mi hombro, para luego desaparecer y convertirse en una total perra, mejor dicho, ya era una perra antes de eso. Ella dejó que tuviera una mala idea de Sawyer, dejó que me distanciara, dejó que me sintiera mal por lo que había pasado, dejó que sufriera sola por algo tan egoísta como eso… Celos. Las lágrimas inundaron mis ojos y sin poderlas detener por más años, comenzaron a bajar por mis mejillas. —Dylan, ¿estás bien? —me preguntó Sawyer, podía notar lo sorprendido que estaba. Nunca me había visto llorar antes, ni siquiera por caerme de una bicicleta. Él me secó las lágrimas suavemente con sus dedos. Alcé la vista hacía él y ahí se encontraba. ¿Cómo no pude darme cuenta antes? ¿Cómo pude hacerlo esperar tanto para darme cuenta que me gustaba tanto como yo a él? Dylan Carter y su orgullo se separarán en esta ocasión. —¿Puedes besarme? —le pregunté, con la voz ronca. Lo vi acercarse sin chistear y cuando sentí su respiración azotar mi rostro, cerré los ojos y esperé el contacto de sus labios con los míos.

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25 Sus labios se unieron gentilmente con los míos mientras una de sus manos viajó hacia mi cuello, para apretar nuestros rostros en un muy apasionado beso. No sé cómo logró terminar de entrar y cerrar la puerta, cuando parecía tan ocupado jugueteando con mi lengua y mis labios. Mis manos se enredaron en su rubio cabello, jaloneándolo más cerca de mí. Su boca sabía a menta, como si se hubiese preparado para esto… como si hubiese sabido que esto pasaría. Eso me recordó… —Espera. —Me separé de él un poco, haciéndolo abrir los ojos de golpe, saliéndose de su trance—. ¿Matthew tuvo algo que ver con todo esto? Él resopló, pegando su frente con la mía… una sonrisa se curvó en sus lindos y ahora provocativos labios. El muy hijo de puta había planeado esto, estaba bastante segura. —Luego de la discusión entre Chase y tú, él habló conmigo y me explicó todo. —Sawyer se rio entre dientes—. Tengo que admitir que me siento un poco avergonzado de haber sentido celos hacia un gay. ¿Qué? ¿Matthew se lo había dicho a él? ¿Había hecho eso por mí? Dios, tenía que llamarlo. —Está completamente loco —expresé, separándome abruptamente de Sawyer para buscar mi teléfono en la sala. ¿Dijiste que te daba pena no poder usar el vestido que elegí para ti? Te di una razón para hacerlo. Disfruta tu noche con Sawyer (o bueno, no tanto). Tú me entiendes. P.D: Ni se te ocurra llamarme, no te contestaré. Puse los ojos en blanco al ver el mensaje de texto de Matthew. Luego tendría una conversación con ese chico. —Palomitas. Cheetos. Coca-Cola. Cheddar, mierda, ¿tratabas de suicidarte aquí? —Sawyer llegó a la habitación y me abrazó por la espalda mientras veía divertido el desastre que tenía en la mesita. Reposé mi cabeza en su pecho, sintiéndome cómoda de repente. —Veía una maratón de South Park, disfrutando de mi momento de soledad, hasta que llegaste.

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—Me volví hacia él y le sonreí—. Yo tenía tantas ganas de ver a Eric —el gay reprimido— lanzándole maldiciones al pobre Kyle y tú llegaste a alborotar mi retiro. Él soltó una carcajada. —Sé que te gusta que yo esté aquí en este momento —me susurró en mi oído, dejando un beso de camino—. Y, a mí me gustaría sentarme a ver al gay reprimido de Eric contigo, toda la noche si es necesario. No pude evitar reírme. —Pero no estoy dispuesta a compartir mis municiones contigo —cuestioné cruzándome de brazos. —No necesito eso, puedo entretenerme con otra cosa. —Su mirada bajó hacia mis labios, haciéndome sonrojar. Lo empujé levemente. —Está bien, está bien, me comportaré —rezongó sonriendo encantadoramente—. Me limitaré a mirarte, entonces, es lo que he hecho siempre. Mi corazón al parecer estaba emocionado, ya que sus latidos estaban bastante acelerados… ¿o era simplemente yo? Síp, era yo… quizá quería besarlo otra vez. Definitivamente necesitaba besarlo otra vez. —Oh, ven aquí. —Jalé de su saco para acercarlo a mí e impactar sus labios con los míos de nuevo. No pasaron ni cuatro segundos cuando ya me encontraba siendo aplastada por su pesado cuerpo en el sofá. Se las ingeniaba para sacarse el saco sin dejarme de besar y tengo que decir que el vestido no ayudaba a la comodidad, tanto que mi odio hacia los vestidos largos comenzó a volver. Si hubiera sabido esto, me habría puesto algo más cómodo. Tonto Matthew. La piel de mi cuello ardía bajo sus besos, y cada vez pensaba menos en lo que estaba pasando, lo único que estaba en mi mente ahora era Sawyer y yo, besándonos en el sofá, como si no hubiese mañana. Pero sí había mañana, y por eso tenía que parar esto antes de que esa parte de mi cerebro que siempre se activaba en momentos como este, me guiara a alguna cosa mayor. Sawyer se encontraba muy ocupado haciendo un camino de besos desde mi mandíbula hasta mi clavícula, donde entonces sentí su lengua haciéndome cosquillas… y no pude evitar jadear. Vale, suficiente, no creía poder aguantar por más tiempo.

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—Sawyer… —Mi voz sonó más como un gemido que otra cosa—. Espera. —Tiré de su cabello con suavidad, recobrando la compostura. Él se detuvo en seco y alzó la vista hacía mí, tenía los ojos brillantes como aquel día en su auto y un gracioso gesto de disculpa. —Lo siento, lo siento —dijo mientras se levantaba, dejándome respirar—. No quise… —Está bien. —Me reí de su cara—. No hay por qué disculparse. Me acerqué para depositarle un beso en sus ahora hinchados labios. —Pon MTV —le pedí, levantándome del sofá—. Iré a cambiarme. Gracias a Dios pude quitarme la cola de caballo o bueno, lo que quedaba de ella, ya me estaba comenzando a dar dolor de cabeza. Me tardé un poco en buscar algo decente y no conservador que pudiera usar. Todas mis pijamas eran sweaters gigantes y pantalones deportivos, pero esta noche no quería usar nada de eso… quería verme bien o bueno, verme algo más provocativa. SÍ, quería verme así para Sawyer. Era estúpido tan solo tener que decirlo, pero era la verdad. Opté por usar una gigante camiseta de mi padre, sin nada más, solo mi ropa interior y la camiseta. Qué más cómoda y provocativa podía estar. Vaya, Dylan, deberías callarte ahora, casi suenas como una chica. —Whoa, ¿qué pasó contigo? —Me sorprendí al bajar las escaleras y encontrarme a un Sawyer en calzoncillos —rojos y con patitas de cachorro, sus favoritos, para ser específica— y su camisa blanca completamente abierta, echado en el sofá viendo South Park. —¿Qué? Odio los trajes, además… no es la primera vez que me ves en calzoncillos. —Se encogió de hombros divertido. Cierto. —Por cierto, te prefiero así que en el vestido. Me gusta más el estilo Dylan —confesó, para luego hacer un ademán para que me uniera a él en el sofá. Estuvimos hasta no sé qué hora viendo y riéndonos de las locuras de esas caricaturas. Se sentía bien estar con él y tratarnos casi como siempre, la única diferencia era que a veces no podíamos dejar de besarnos, era algo bizarro, la verdad. ¿Sonaría raro decir que le agradecía un poco al profesor Timothy por no dejarme ir al baile? Sí, sonaría raro, él seguía siendo un hijo de puta.

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Me desperté sintiendo un brazo apretando firmemente mi cintura y abrí mis ojos como platos cuando me di cuenta de que nos habíamos quedado dormidos en la sala. ¡Mierda! ¿Qué hora era? Quité con cuidado la mano de Sawyer mientras este roncaba suavemente sobre mi cabello. Logré levantarme sin despertarlo, y agradecí que tuviera el sueño pesado. Miré la hora y vi que eran las 9:30 de la mañana, Chase de seguro se había ido con la zorra a otro lugar, ya que si hubiese llegado, estaríamos probablemente muertos. Subí a mi habitación y entré directo al baño. Me lavé los dientes y el rostro, para quitarme el ahora arruinado maquillaje. Me cambié de atuendo y bajé de nuevo para observar cómo estaba Sawyer. Él seguía profundamente dormido. No pude evitar sonreír al recordar la noche anterior, aún no podía creer que me estaba comportando de ese modo. Tan… ¿enamorada? Esa era una palabra muy grande aún. No sabía exactamente cómo me sentía. El timbre de la puerta me hizo dar un respingo y regresar a la realidad. Me apresuré a abrir y casi pude verme a mí misma palideciendo. —Hola —me saludó West con expresión adormilada—. ¿Cómo fue tu noche? —¿Qué haces aquí tan temprano? —Traté de no sonar nerviosa. —Vine porque Chase me dijo ayer en el baile que pasarías la noche sola —me contestó, dejando escapar un bostezo. —No te hubieses molestado en venir tan temprano, pareces un zombie —me burlé, sonriendo con nerviosismo—. Debiste tener una noche larga. —Me fui temprano. —West se encogió de hombros—. Igual no dormí bien, tenía el impulso de venir. —Sonrió a medias—. Estuve debatiendo en mi cabeza si debería o no, pasé el resto de la noche en eso —confesó divertido. Él hizo un ademán para entrar, pero me interpuse en el camino. De ninguna manera podía ver a un semidesnudo Sawyer durmiendo en la sala. Me miró confundido, con el ceño fruncido. —¿Quieres ir por algo de comer? —me apresuré a decirle, dedicándole mi mejor sonrisa—. Estoy muerta de hambre, incluso cuando hice una mezcla de comida chatarra mortal.

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Su expresión se suavizó y segundos después, el risueño West había vuelto. —Yo también estoy muerto de hambre —confesó tocándose el estómago—. ¿Mikey’s? Asentí con la cabeza, di una última mirada dentro de la casa y luego cerré la puerta tras de mí. Mierda, presentía que me estaba metiendo en problemas.

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26 Salí por un rato, espera hasta que vuelva, no tardar… No, no, no… eso se vería de mal gusto. Borré de nuevo el mensaje de texto que trataba de enviarle a Sawyer. Ya era la tercera vez que lo borraba, no sabía qué coño escribirle para poder tener la cabeza tranquila. Sentía unos jodidos nervios nada normales, me había arrepentido de inmediato de venir con West y dejarlo a él solo en casa. ¿Por qué simplemente no le dije la verdad a West? ¿Por qué no solo lo dejé entrar? Porque en vez de eso, acabé teniendo un ataque de pánico, pensando en esos pocos segundos, las consecuencias que traía decirle la verdad ahora. Esto no se trataba solo de West, Sawyer y yo, se trataba de Chase y de cómo le afectaría todo esto a él. Sí, lo hacía, y mucho. Tenía miedo de que se volviera un caos, donde tanto nosotros como Chase, perdiéramos algo muy importante. Una larga amistad. —Has estado distraída desde que llegamos. —West me hizo dar un respingo. No me había dado cuenta que había vuelto. Aclaré la garganta y sacudí levemente la cabeza. —Estoy bien, solo muerta de hambre. —Le sonreí levemente mientras comenzaba a comer mis waffles. Él solo me miraba con atención. Mierda, se me olvidaba que era West el «sé cuándo mientes.» —¿Y cómo fue el baile? —pregunté, sonando lo más relajada que pude. —Ha habido mejores —me contestó, picando su montaña de pancakes con su tenedor—. Supongo que hacía falta Sawyer. No sé ni qué mierda pasó con él, ni siquiera llamó para avisar que no iría. Entonces, como una completa tonta, me atraganté con un pedazo de comida. Genial. Qué oportuna tu torpeza, Dylan. —¿Qué pasa contigo hoy, bebé? —Se rio West divertido, extendiéndome un vaso con jugo de

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naranja—. Tómalo con calma, caníbal. Lo acepté mientras asentía con la cabeza. —¿Por qué Sawyer no iría al baile? —comenté mirándolo a los ojos en un intento de retirar sospechas. —No lo sé. ¿Tú sabes algo? Digo, ¿te llamó a ti o algo? ¿Eso había sido alguna especie de indirecta? ¿O simplemente la culpa estaba jugando conmigo? —No he oído de él desde mi discusión con Chase. —Le di otro bocado a mis waffles. No hagas contacto visual. No hagas contacto visual. —Lo llamaría, pero probablemente esté durmiendo. —Se rio entre dientes—. Él es peor que un jodido oso. Sí, probablemente seguía dormido... en mi sofá. —Creo que no fue porque no quería ir con Becka —opinó finalmente dando su primer bocado de comida—. No lo culpo, en serio odio a esa chica. Sí Dylan, escuchaste bien, puedo llegar a odiar a una chica. Vale, eso había sido gracioso. Y tampoco era el único que sentía aquello hacia la chica, con la cual por cierto, tendría una breve charla en cuanto pudiera. —Tantas cosas que te hizo Becka, ¿no? Sawyer debió estar loco para invitarla, ¿no? Me atreví a mirarlo con suspicacia. Esta conversación estaba dando un giro bastante sospechoso. ¿Acaso él…? Y en el momento que estaba por decir algo, mi teléfono comenzó a sonar. —¿Quién molesta tan temprano a Dylan Carter? —expresó West divertidamente curioso. Sawyer. Calma, Dylan. Tú tienes esto, solo tienes que sonar relajada. —Oh, mira, es Sawyer —le hice saber mientras contestaba, con una ridícula efusiva voz. Él solo asintió lentamente y se inclinó sobre la mesa, como si estuviera dispuesto a escuchar lo que le diría. ¿Por qué se estaba comportando de manera tan extraña? —Conque así se siente levantarse y no encontrar a nadie a tu lado, o no encontrar a nadie en toda la casa, por lo que veo. —Su voz no sonaba tan feliz. Oh Dios. Mi estómago se sintió enfermo al escuchar sus palabras. —¿En dónde coño estás metido? —comencé a hablarle, aclarando la garganta. —¿Qué? ¿Estás jugando conmigo, Carter? —replicó sonando confundido esta vez—. No es para

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nada gracioso, no estoy de humor. —Sí, Sawyer, estoy con West en este momento y me dijo que no fuiste al baile. ¿Dónde coño estás? —¿West? ¿Qué haces con West? —me preguntó con recelo—. Y no conmigo. —Estamos en Mikey’s, West fue por mí temprano para venir a desayunar —Creo que no pude decir eso con más maldito énfasis—. Trae tu trasero aquí pronto. —¡Oh! Pero, Dylan, esper… —Colgué, sintiendo un gran alivio dentro de mí, con eso ya lo tendría claro. Por ahora. —Sawyer viene enseguida —le dije a mi amigo presente con una muy exagerada sonrisa. Dylan, ¿cuándo aprenderás a mentir como tus otros hermanos? ¿Dios? ¿Me estás escuchando ahora? ¿No me diste ese don porque soy chica, cierto? Pues muchas jodidas gracias, Señor Dios. —Así que… —West le dio un gran trago a su jugo, para luego depositar el vaso sobre la mesa con más fuerza de la necesaria—. ¿Cuándo será el momento en que me dirás la verdad? —¿Qué verdad? —Mi reacción simplemente empeoró la única oportunidad que tenía de aunque sea arreglar esto. Él puso los ojos en blanco y por encima pude ver que su expresión había cambiado totalmente. Y en el mal sentido. —¿Sabes?, creo que es bastante difícil que un Mustang GT rojo pase desapercibido, y más si está aparcado junto a tu casa a las nueve de la mañana en un fin de semana. —Se encogió de hombros con total sarcasmo. Nunca había escuchado hablar a West así tan seriamente disgustado antes. Y joder, me había olvidado de ese pequeño gran detalle. —¿Cuándo planeabas decirme que Sawyer aparentemente pasó la noche en tu casa? ¿Y que al parecer no soy el único chico que te quiere para sí mismo? —me preguntó, cruzándose de brazos. Tragué saliva con fuerza, su mirada era dura y fría, haciendo que el revoltijo de mi estómago se agudizara, ya que sabía que eso solo podía significar una cosa… que estaba realmente molesto. —Soy todo oídos, bebé. Moraleja: Nunca trates de mentirle a West Collins

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27 Estaba totalmente perdida. Ya no había razón para mentirle más, sería inútil. Como ya han visto, West era un jodido experto en detectar mentiras, sobre todo las que venían de mí. —¿Y bien? —Él seguía esperando por mí—. Explícame qué coño pasa, porque de verdad aún estoy intentando entender por qué Sawyer pasaría la noche en tu casa, cuando solo estaban él y tú. Tenía unas jodidas ganas de salir huyendo, pero sabía que eso no iba a servir de nada. —No sé qué quieres que te diga. —Dios, qué tonta eres, ¿no pudiste decir algo más inteligente? —La verdad, Dylan, quiero la verdad —me replicó bajando un poco la voz al darse cuenta que la chismosa de Paige parecía estarnos mirando de manera extraña. Genial, ¿qué pensará de mí ahora que me ha visto en varias ocasiones teniendo unos comprometedores momentos con chicos diferentes? Y no simples chicos, con Sawyer y West, mis supuestos mejores amigos de toda la vida. —Sawyer… —comencé a hablar, buscando las palabras adecuadas para decir lo que tenía que decir—. Él, pues él, tú sabes… en la fiesta, lo que pasó… luego de eso, todo… —No es cierto —intervino con una extraña risa, una amarga—. La chica de la fiesta eras tú, ¿no es así? Simplemente me limité a asentir con la cabeza, sintiendo mis mejillas calentándose. —Vaya. —Él se echó hacia atrás y soltó un largo suspiro mientras miraba hacia la nada por unos segundos, se veía algo desorientado—. De verdad pensé que con quien tenía que estar preocupado era con Matthew, pero ya veo que la cosa se volvió complicada. No sabía si debía hablar o comentar algo, la verdad es que estaba echa un maldito lío. No estaba segura de por qué, pero no quería entrar en detalles ahora sobre lo que pasaba con Sawyer, ya que ni siquiera sabía lo que estaba pasando con exactitud. No estaba segura aún de lo que sentía por él, ni de lo que sentía por West, todo ahora era tan prematuro que lo único que quería hacer era encerrarme en mi habitación e hibernar hasta que las cosas volvieran a ser como antes. Sí, eso me podría servir. —No pasó nada con Sawyer anoche —le dije sin mirarlo a los ojos, me sentiría más intimidada de lo que ya estaba—. Él solo decidió acompañarme. No le estaba mintiendo, no había pasado nada de lo que sabía que él estaba pensando. Él me miró por un momento y luego asintió lentamente.

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—Por lo que veo, hemos roto todas las reglas principales en el manual de los mejores amigos —comentó con una sonrisa fugaz pasándole por el rostro—. Regla 2º: La hermana de tu mejor amigo es intocable, piensa en ella como un pedazo de carne. Sí, claro, eso sería imposible en esta situación. Mi estómago se revolvió y maldecí por lo bajo en cuanto sentí mis mejillas llenarse de calor. No es momento para ustedes hormonas, por favor, váyanse a joder a otro lugar. —Regla 1º: La novia/enamorada/exnovia/pretendiente o cualquier otro término de tu mejor amigo, es aún peor que intocable, es prohibida, es platónica, es tóxica. Y bueno, ahí va otra regla quebrantada, ¿no, bebé? ¿A dónde estaba tratando de llegar con esto? Porque sentía que sus palabras tenían un extraño doble sentido. —¿Qué estás tratando decirme con eso, West? —le pregunté con suspicacia. —Que no me pienso retirar de esto —me contestó con expresión seria, sus ojos estaban entornados y estaban mirando directamente a los míos, haciéndome sentir nerviosa—. Que ya que estamos enviando a ese manual a la mierda, tendré que ganarme tu corazón e irme por encima de Sawyer si es necesario. ¿Qué? Me tienen que estar jodiendo. ¿Ahora me venía con esto? ¿En serio? ¿Es esto una novela de esas baratas de la televisión? ¿Desde cuándo West se comportaba como un completo loco romanticón? ¿Desde cuándo siquiera se proponía luchar por una chica? ¿Por una chica como yo? —¿Por qué estás diciendo eso? —le cuestioné dejando escapar un resoplido—. Aquí nadie tiene que ganarse a nadie, esto nunca debió resultar así en primer lugar. Él se deslizó por el asiento de cuero rojo hasta llegar a mi lado, deteniéndose con su rostro cerca al mío. Mi respiración comenzaba a fallar. —Me gustas, Dyl —susurró con una intensa mirada posada en mí—. Es la primera vez que me siento tan extraño hacia una chica y no me preguntes por qué, porque la verdad es que no tengo ni la más jodida idea de por qué me siento de esta manera. —A través de su mirada podía ver que estaba siendo sincero. Y eso me mataba. —Siempre me siento cómodo a tu lado y te quiero para mí, Carter, quiero que estés a mi lado, y aunque me duela tener que hacerlo, estoy dispuesto a pasar por encima de Sawyer si eso es lo que me toca hacer. Estaba tan cerca, que podía ver con claridad la pequeña cicatriz que tenía en su nariz, la cual se

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había hecho jugando un partido hace años. —¡Oh miren quien está aquí, Sawyer Brown! —El grito de Paige me hizo volver a la realidad y separarme de él rápidamente. West volvió a su lugar sin dejarme de mirar, segundos después, Sawyer apareció frente a nuestra mesa, con una gran sonrisa en su rostro. Solo mátenme ahora, ¿pueden? —¿Qué hay, chicos? —Lo saludó empujándome a un lado para hacerse espacio junto a mí. —¿Qué hay contigo, hombre? Me quedé esperándote ayer en el baile, amigo, aunque no fui el único, Becka también estuvo esperándote. —West había vuelto a la normalidad con tanta rapidez que lo envidiaba, yo apenas podía respirar normalmente de nuevo. Mientras ellos se perdían en una conversación de la cual no quería ser parte, Paige llegó a nuestra mesa. —¿Qué comerá el señor Brown hoy? —Sawyer se volvió hacia ella y le dedicó una amable sonrisa. —Solo tráeme algo de beber, Paige —le pidió él guiñándole el ojo divertido. —Enseguida, guapo. Antes de irse, Paige me lanzó una mirada, sabía a lo que se estaba refiriendo. Me había cubierto. Ese efusivo saludo hacia Sawyer no había sido espontáneo, ella estaba tratando de ayudarme y yo le agradecí por eso con una simple mirada. Ella me guiñó el ojo disimuladamente y segundos después, desapareció de mi vista. Me volví hacia los chicos, ellos ahora estaban hablando sobre una especie de fiesta de Halloween, a simple vista parecía que todo estaba bien, pero la verdad es que todo estaba muy jodido, realmente jodido. Y que apenas estaba comenzando. Y sabía que por un lado o por el otro, esto terminaría mal, muy mal.

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28 —No lo entiendo, Dylan —me comentó Matthew sacudiendo la cabeza—. Pensé que la habías pasado bien con Sawyer. —¡Lo hice! —le dije algo histérica—. En serio lo hice, pero entonces vino West y yo… —resoplé, ya se lo había tratado de explicar más de dos veces, pero al parecer no me estaba siguiendo. Caminábamos hacia nuestra clase de Química, era lunes por la mañana y no creía poder con tanto drama tan temprano, y menos un jodido lunes, cuando simplemente me dan ganas de romper otro despertador, pero no lo hice porque mamá me amenazó con que si lo hacía, no me compraría otro nuevo y me despertaría una hora antes todos los días solo para enseñarme la lección. Eso había sido suficiente para contenerme. —Y tengo que agradecerte por lo que hiciste, fue bastante lindo. —Le sonreí tratando de calmar mis nervios—. Gracias. Él me devolvió la sonrisa y pasó un brazo por mis hombros, ya era algo con lo que me estaba acostumbrando. —Ay, Dylan, tu cabeza está hecha un lío, ¿no? —me preguntó en un suspiro—. ¿Qué se supone que harás? —Estaba esperando algo así como un consejo de tu parte —le contesté mientras detenía mi paso—. Al parecer tú sabes más de este tipo de cosas que yo. Matthew simplemente se carcajeó. —No soy ninguna Oprah Winfrey —dijo divertido, aún partido de risa. Malditos ingleses. Le lancé mi mirada asesina de «no dormí bien así que bromees conmigo.» —En realidad no sé qué deba decirte, ya que no estamos hablando de un chico, si no de dos, de dos muy atractivos chicos que están tras de ti —se explicó dejando de reír al ver mi mirada—. Yo no puedo decir en esto, eres tú, pensé que si Sawyer hacía eso te ayudaría a decidir, pero creo que fue en vano. Gruñí de frustración mientras seguía caminando. Él no me estaba ayudando para nada. —Dime algo. —Él me alcanzó—. ¿De qué estás tan confundida? ¿Qué es lo que en verdad te preocupa acerca de este asunto? Me volví a detener, pensando en lo que me decía con más cuidado.

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—¿Qué es lo me preocupa? —Lo miré con los ojos muy abiertos—. ¡Todo, todo me preocupa! Me preocupa que esto acabe mal, me preocupa que se peleen entre ellos, me preocupa que no se vuelvan a hablar nunca más, me preocupa que Chase los maté a golpes… me preocupa que mi hermano se quede sin amigos por mi puta culpa. Tomé el aliento que había perdido por haber hablado con tanta rapidez. Wow, eso me había hecho bastante bien, me había quitado un poco de peso de mis hombros. Gracias Matthew, por hacerme explotar. —Ahí está. —Matthew chasqueó la lengua con una sonrisa en su rostro—. Eso es lo que te pasa. Lo miré con completa confusión. —No estás confundida, solo tienes miedo —opinó poniendo un mechón de mi desarreglado cabello tras mi oreja. —¿A qué mierda te refieres? —le pregunté frunciendo el ceño. —Tú ya has tomado una decisión, solo que tienes miedo de que si eliges al uno, pierdes al otro, y que si tu decisión afecta mucho a esa persona, Chase los perderá a ambos —respondió, mirándome a los ojos—. ¿Estoy en lo cierto? ¿Que no era ninguna Oprah Winfrey? Matthew acababa de sembrar en mí una pregunta bastante profunda para mí misma. ¿Era eso lo que pasaba? ¿En verdad lo que tenía era miedo? ¿Estaba volviéndome paranoica por algo que simplemente tenía que decir en voz alta? Definitivamente tenía que pensar bien las cosas. —No lo sé, ahora estoy peor, muchas gracias. —Él puso los ojos en blanco y entramos a la clase de Química justo antes de que el profesor llegara y nos cachara aún fuera del salón. Ya no quería más problemas con Patch de momento. *** Matthew me había dejado sola a la hora del almuerzo, dijo algo sobre ir a la biblioteca, pero yo no le estaba prestando mucha atención, estaba escuchando una interesante conversación de un grupo de porristas, ellas hablaban acerca de un partido de fútbol americano amistoso contra Elite Thorton High, una escuela cercana de chicos ricos. ¿Por qué no me había enterado de aquello? West debía estar practicando ahora mismo, bastante preocupado. ¿Y por qué me estaba preocupando tanto por eso? Les contaré la razón. ¿Saben esa cicatriz que les conté sobre West en su nariz? Esa se la hizo en un juego contra

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Thorton High, aquellos chicos no saben lo que significa la palabra «amistoso», imagínense que el golpe fue tan fuerte que él quedó inconsciente por unos minutos, los minutos más largos de mi vida, tengo que admitir. Desde entonces siento un profundo odio hacia esa estúpida escuela y claro, los chicos también, sobre todo West, que prometió patear sus traseros en el próximo juego. Es decir, en el juego de hoy. Mi lunes no podía ponerse peor. Se me había quitado el hambre de tan solo pensar en el partido de esta noche, así que desvíe mi camino hacía la cafetería y comencé a caminar hacia el patio, mejor dicho, hacia el campo de futbol. Sabía que los chicos también estarían allá. Para mi desagradable sorpresa, los chicos efectivamente se encontraban sentados en las graderías viendo a los del equipo practicar… junto con Becka y las porristas. Y mi lunes sí podía ponerse peor. —Ahí estas hermanis —me saludó Chase risueño haciendo un espacio a su lado para que me sentara—. Estaba por avisarte que estaríamos aquí. Sawyer, quien estaba a mi izquierda, se acercó a besarme en la mejilla. —Hola —me susurró con una pequeña sonrisa en su rostro. —Hola —le contesté tratando de no sonrojarme. Gracias a Dios que Chase no se percató de eso, estaba entretenido hablando con Zoey. Pero al parecer Becka sí lo hizo, ya que nos miró a los dos en una forma molesta. No sabía qué diablos hacía aquí, yo estaba conteniéndome para no lanzarme sobre ella y golpearla con fuerza en el rostro, aún tenía una conversación pendiente con ella, de momento no podía, pero definitivamente iba a hacerlo, eso era un hecho. —¿Puedo decirte algo? —me preguntó Sawyer de repente, haciendo que me volviera hacia él. Su rostro estaba peligrosamente cerca y tenía una media sonrisa curvada en sus labios —Estoy esperando el momento de que estemos solos. —Sus labios se habían acercado a mi oído—. Para así poder besarte como se debe. Sentí cómo toda la sangre se me subió a las mejillas. —¡Collins! ¡Concéntrate, hombre! —El grito del Coach me hizo dar la vuelta automáticamente. West se levantó del suelo y limpió el césped de sus pantalones blancos con sus manos. —Lo siento, Coach —se disculpó. Me percaté de que aunque llevaba su casco, su mirada era en nuestra dirección. No pude evitar sentirme incómoda.

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29 Ah, cómo me encantaba el bullicio de un partido en vivo. Ya era de noche y nos encontrábamos todos en las graderías, esperando a que el partido comenzara. Habían bastantes personas, casi toda la escuela estaba presente, claro, más los niños ricos de Thorton que estaban sentados del otro lado. Ugh, cómo los odio. Gracias a West, pudimos conseguir asientos en la primera fila, donde se podía apreciar mucho mejor el juego, exactamente como a mí me gustaba. Sí, yo en serio era una loca fanática del futbol. —Bonita camiseta. —No me había percatado que ya habían terminado de calentar. Le puse los ojos en blanco a West mientras cruzaba los brazos sobre la camiseta del equipo que él me había obsequiado, la cual decía «Collins» en la parte de atrás. ¿Qué? No tenía otra cosa referente a la escuela que pudiera usar. —¿Dónde están los chicos? —me preguntó notando los tres espacios vacíos junto a mí. —Sawyer y Chase fueron a comprar bocadillos, y Matthew debe estar por llegar —le contesté mirando la hora—. ¿Y tú? ¿Listo para patearles el culo a esos niños de mami? Él soltó una carcajada. —Más que listo —dijo sonriendo mientras se sentaba a mi lado—. Quiero que estés bastante atenta en el juego, ¿de acuerdo? —¡Claro que estaré atenta! ¡Amistoso mi trasero!, esto será una guerra. —No pude evitar exclamar con euforia. Creo que estaba muy entusiasmada por esto. —Vaya, no lo digo por eso, calma, groupie del futbol. —Se rio divertido, mirándome risueño—. Lo digo porque en cada touchdown que haga, quiero que mires hacia mí, y si te estoy mirando, eso significa que va dedicado a ti. Me atraganté con mi propia saliva y comencé a toser, claramente nerviosa… y estúpida. ¿En verdad tenía que decir ese tipo de cosas ahora? ¿Tenía un partido importante y se le ocurría jugar al Latin Lover ahora? Genial. —Te ves linda cuando te sonrojas —comentó él al ver mi aparentemente rojo rostro. Lo golpeé levemente en la cabeza, tratando de no lucir muy afectada por lo que acababa de

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decirme. —¡COLLINS! ¡Ven aquí ahora! —¿Por qué el Coach tenía que ser tan gritón? —Tienes un partido que jugar, vete, vamos, sabes que odio que estén encima de mí —le reproché empujándolo para que se levantara. West se rio entre dientes y de repente tomó mi barbilla para luego depositarme un efusivo y sonoro beso en la mejilla. —Está bien, te dejaré. —Se levantó—. Deséame suerte bebé. Y sin esperar respuesta de mi parte, trotó lejos hacia donde estaba la banca de nuestro equipo. Resoplé con cansancio. Estos chicos en serio estaban poniéndomelo más difícil de lo que ya estaba. Comenzaba a dudar sobre lo que me había dicho Matthew en la mañana. Mi corazón estaba hecho un lío, ahora más que nunca. —¿No ha comenzado? —Una voz con acento inglés me hizo pegar un respingo. Hablando del Rey de Roma. —¿Por qué tardaste tanto? —repliqué tomándolo del brazo para sentarlo rápidamente junto a mí—. West está a punto de hacerme perder la cabeza. Matthew me miró enarcando una ceja. —¿De qué tanto me perdí? —Él me dijo que… —¡Llegamos justo a tiempo! —Qué inoportunos que eran estos chicos—. Hazte a un lado, inglés, me sentaré con mi hermana esta noche —le ordenó Chase a Matthew en tono descortés. Él lo tomó por su jersey azul para quitarlo de su camino y se puso cómodo junto a mí. ¿Cuándo iba a dejar de tratar mal a mi querido amigo gay? Lo miré irritada por un momento, cruzándome de brazos. —¿Qué? —Él se encogió de hombros, haciéndose el tonto—. Mira, ya va a comenzar el juego, no te querrás perder nada. —Idiota —le gruñí para volverme hacia el campo. No quería perderme de nada. *** JODIDO JUEGO EL QUE HABÍAN TENIDO.

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Sinceramente lo amé. Nuestro equipo se había lucido, había dejado en alto el nombre de la escuela, como West me lo había prometido, le habían enseñado una lección a los de Thorton, y lo hicieron sin que nadie saliera herido. Ah, y West anotó la mayoría de los touchdown, lo que significa que sí, él me miró en todos. —Esto amerita fiesta de celebración, mis queridos amigos. —Chase llegó abrazándome por detrás mientras charlaba con Matthew y Sawyer. —¿Fiesta un lunes? —Matthew se extrañó. —Los americanos somos fiesteros, deberías saberlo, chico inglés —se burló mi hermano obviamente molesto—. James ya lo tiene todo planeado, ¿qué dices si vamos un rato, Dyl? Pude ver de reojo cómo Sawyer asentía disimuladamente. —Solo por un rato, ¿de acuerdo? Quiero estar temprano en casa —rezongué sin más remedio. —¡Genial! —Saltó Chase jalándome del brazo—.Vamos, ¿qué esperamos? —¿Qué hay de West? —se preguntó Sawyer mirando hacia los lados en busca de él—. ¿No viene con nosotros? —Él se fue con los del equipo, lo veremos allá, vamos. Minutos después, ya estábamos de camino a casa de James. Una de las nuevas canciones de Fall Out Boy estaba sonando a todo volumen cuando entramos a la casa, era increíble cómo ya todas las personas se encontraban alocadamente tomando y bailando. ¡Sí que se movían rápido! —¡Sawyer y yo iremos por unas cervezas! ¡¿Quieres una?! —me gritó Chase en el oído. Negué con la cabeza y vi cómo él arrastraba Sawyer hacia otra habitación, este último me dedicó una extraña mirada de disculpa. Creo que se debía al hecho de que no habíamos pasado mucho tiempo juntos en todo el día. Me paseé por el recibidor mientras esperaba, arrepintiéndome de haberle dicho a Matthew que se fuera a casa. Hubiese sido genial tenerlo para platicar en medio de toda la locura. —¡Ahí estás! —West apareció de la nada, parecía bastante feliz—. ¡Te he estado buscando! —¡Felicidades! —expresé contagiándome de su entusiasmo. —¡Ven! —Me tomó de la muñeca y antes de que pudiera darme cuenta de lo que pasaba, me estaba llevando escaleras arriba. Nos detuvimos en medio del pasillo, no parecía haber nadie alrededor y estaba algo oscuro. —Aquí está más tranquilo. —Me sonrió mientras me miraba a los ojos y se colocaba frente a

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mí. El pasillo no era tan espacioso así que choqué contra la pared en un intento de mantener distancia. Comenzaba a pensar que esto había sido una mala idea. —Les pateé el culo a los niños de mami, tal como me lo dijiste —bromeó sin dejar de mirarme con intensidad. Mantén la calma, Dylan. —Sí, me di cuenta de eso —le dediqué una nerviosa sonrisa sin desviar la mirada. Su mano se posó en mi mejilla y comenzó a acariciarla con su dedo pulgar, entonces, me percaté de que su rostro comenzaba a acercarse. ¡Huye, Dylan, huye! Muy tarde, sus labios ya habían aterrizado sobre los míos. Pero algo estaba mal, eso no había sido más que un roce, un simple e inocente beso. Simplemente presionó sus labios con los míos por un segundo y luego se separó, dejándome algo sorprendida, la verdad. —Lo siento, pero tenía que hacerlo —me susurró con su rostro aún a centímetros del mío. ¿Desde cuándo West Collins besa de esa manera y se disculpa por ello? Un extraño sonido a mi derecha captó mi atención y me hizo empujar a West lejos de mí. —¿Qué fue eso? —giré mi cabeza rápidamente. —Tranquila, no hay nadie aquí arriba —me aseguró él haciéndome que lo mirara de nuevo. ¡No, no! ¡¿Qué mierda estoy haciendo?! —Deberíamos volver —me apresuré a decirle, escapando antes de que me detuviera. ¿Había sido alguien o en verdad ya estaba volviéndome paranoica?

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30 —¿Disfrazarme? ¿De qué se supone que me voy a disfrazar? —le repliqué a Chase mientras nos bajábamos su camioneta—. Quizá de una conejita de Playboy, ¿qué dices? Me vería sexy, ¿no? Su graciosa cara de póker me hizo soltar una carcajada. —No es gracioso, hermanis. —Sus palabras me hicieron reír aún más. Se acercaba Halloween, y con eso se acercaba también la fiesta de disfraces que haría West en su casa. Todos estaban entusiasmados, literalmente, todos los estaban, por los pasillos de la escuela solo se hablaba de eso. ¿De qué se disfrazarían? ¿Cómo sería la decoración? Y bla, bla, bla. Dadas las circunstancias, la jodida fiesta no era algo tan importante en que pensar ahora. Si saben a lo que me refiero. —¿Entonces de qué debería disfrazarme? —le pregunté divertida. —No lo sé, de monja me parece bien —respondió contagiándose de mi sonrisa—. O de esas árabes que se tapan todo excepto los ojos, ese me parece mejor. Definitivamente irás de árabe. —Ni de coña —Negué con la cabeza—. No sé ni cómo pueden respirar esas mujeres. En serio. Los dos reímos al unísono. —¿Qué es tan gracioso? —Sawyer se nos acercó luciendo bastante risueño. —Que Dylan irá vestida de monja a la fiesta de disfraces —le explicó mi hermano mientras entrabamos los tres juntos al edificio rojo-ladrillo llamado escuela—. Es un buen disfraz, ¿no crees, Saw? —Absolutamente, yo le puedo conseguir uno se esos trajes, mi abuela es una loca católica. —Me volví hacia Sawyer enarcando una ceja, él simplemente me guiñó el ojo con travesura. Qué idiotas eran todos. —Odio tener que dejarlos, pero tengo algo que hacer en la biblioteca —Chase se dio media vuelta para encararnos. —¿Biblioteca? —Sawyer y yo dijimos al unísono, para luego mirarnos la cara incrédulos. Los Carter éramos alérgicos a esos lugares. Éramos como los vampiros y el sol, claro, poniendo a los brillantes de Twilight como excepción. —Solo… los veré después —se apresuró a decir antes de desaparecer entre la gran cantidad de estudiantes. Traté de ignorar ese extraño acontecimiento que acabábamos de vivir mi compañero y yo, y

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enfocarme en el tema de las monjas y sus trajes. —Así que… ¿debería pedirte el número de tu abuela para ver si puede conseguirme un traje de esos? —le pregunté a Sawyer sarcásticamente. Vi cómo reía entre dientes, mostrándome ese lindo hoyuelo que se le formaba en la comisura derecha de sus labios. ¿Era yo u hoy él se veía diferente? No lo sé… se veía… algo… provocativo, más atractivo de lo usual. Dylan, calma tus hormonas, ¿qué coño estás pensando? —¿Por qué no apoyas mi idea de disfrazarme de conejita Playboy? —Hice un puchero fingiendo estar molesta. Sus ojos volaron a los míos y un brillo de picardía destelló en ellos. Me esforcé bastante en no sonrojarme mucho. —¿Conejita Playboy? —Él se quedó pensativo por un momento—. Suena bastante tentador… Esa sería una excelente idea si estuviéramos los dos solos, pero ya que es una fiesta, y que todos los chicos entonces estarán mirando tu trasero y tu cuerpo, voto por el de monja. Mierda, no te sonrojes de nuevo, Dyl. —¡Ja! Borra esa imagen de tu mente ya que nunca la verás en la realidad —le reproché deteniéndome en mi casillero. —Déjame soñar —expresó curvando una media sonrisa. Puse los ojos en blanco mientras colocaba la combinación en el candado para abrir mi taquilla. —Estaba pensando… —comenzó a hablarme, con su cuerpo recostado sobre el casillero contiguo y su rostro ligeramente inclinado hacia mí, haciéndome oler su colonia—. ¿Por qué no le decimos a Chase sobre esto? Casi dejo caer mis libros por la sorpresa. ¿A qué venía todo esto? Mejor dicho, ¿Qué era «esto» exactamente? Luego de aquella noche no tenía una definición para «esto». —¿A qué te refieres con esto? —le pregunté disimulando mis claros nervios hacia el tema. —Sobre nosotros —contestó buscando mi mirada—. Quiero que estemos juntos, Dylan, así como novio-novia, ¿entiendes? Públicamente, gritarlo a todo pulmón si es necesario. Algo en mi estómago se revolvió al escuchar sus palabras, no era un revoltijo-indigestión, era un revoltijo diferente, uno que nunca había sentido antes. —No sabes cuánto tengo que aguantarme para no tomarte la mano o besarte cuando quiero. — Su mirada era tan sincera, tierna y brillante que por un momento tuve el impulso de besarlo y

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abrazarlo. Y entonces las palabras de Matthew me cayeron como un balde de agua fría. «Tú ya has tomado una decisión, solo que tienes miedo a que si eliges al uno, pierdes al otro, y que si tu decisión afecta mucho a esa persona, Chase los perderá a ambos.» Oh, no. Eso era exactamente lo que estaba sintiendo en este momento. ¿O no? ¿O sí? Pero no sabía si estaba lista para hablar de Chase sobre esto, si aún le guardaba resentimiento a Matthew por algo que ni siquiera pasó, ¿qué mierda pasaría cuando se enterara que sus mejores amigos han estado tratando de conquistar a su hermanita a sus espaldas? —¿Dylan? ¿Estás bien? —Sawyer me habló al mismo tiempo que la campana comenzó a sonar, haciéndome despertar. Necesitaba a Matthew. AHORA. —Sawyer… —resoplé recobrando la compostura, él seguía mirándome fijamente a los ojos—. Yo… tengo… tenemos que ir a clase —me acerqué a besar su mejilla, mi corazón latía muy rápidamente y mis manos sudaban. Me sentía bastante desorientada ante el descubrimiento que acababa de tener mi mente. Estaba echa un puto lío. —Hey. —Él me tomó del brazo cuando ya comenzaba a caminar—. Prométeme que pensaras en mi propuesta, ¿sí? Asentí con la cabeza vagamente. Créeme, sí que lo pensaría. —Ya he esperado suficiente, no creo poder esperar más. —Fue lo último que me dijo antes de depositarme un beso en la mejilla y caminar lejos en dirección opuesta a la mía. En ese momento, vi a Becka junto con las chicas del equipo de porristas y esta me dedicó una extraña mirada de recelo y me acordé de hacer una cosa. Nota mental: «Cosas que hacer en el día»: 1.— Hablar con Matthew. 2.— Enseñarle una lección a Becka luego del primer periodo. 3.— Tomar una decisión final. Genial, mi miércoles sería bastante ocupado.

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31 Estuve inquieta toda la clase, mi pierna parecía tener un tic nervioso, no podía dejar de moverse y miraba el reloj a cada cinco segundos, esperando a que fuera hora de salir y encontrarme con Matthew. En esas dos horas que estuve encerrada en el salón de clase, decidí hablar con Becka en la hora del almuerzo. Sin alterarme, sin violencia (bueno, trataría de no usar la fuerza) solo necesitaba dejarle saber lo mal que me había sentido estos años por algo que ni siquiera había pasado. Solo eso. —¡Hey! ¡Ahí está mi americana favorita! —Una parte de mi cerebro se calmó al ver a Matthew caminar hacia mí—. ¿Qué hay con tu cara? —Él detuvo su entusiasmo al ver mi expresión. —Tengo que hablar contigo —le dije jalándolo de su polo para llevarlo hasta uno de los tantos salones vacíos. —¿Qué es tan importante que tienes que encerrarme aquí? —me preguntó frunciendo el ceño. —Pensé en lo que me dijiste, Oprah Winfrey —expresé tratando de ponerle un poco de humor al asunto, era algo que hacía cuando estaba algo nerviosa. Matthew asintió lentamente, incitándome a continuar hablando. —Tenías razón, Matt, ya he tomado mi decisión, de hecho, desde hace mucho tiempo ya he estado sintiendo cosas extrañas hacia él y no me había dado cuenta hasta ahora. Me siento cómoda junto a él, Matthew, me siento segura, siento que puedo confiar en él, puedo ser simplemente yo y que no me va a juzgar por eso. A decir verdad es que no entiendo cómo pude tardar tanto y perder tanto tiempo, supongo que pensé que lo que sentía era solo parte de la pubertad, pero me estaba engañando a mí misma… Soy una tonta enamorada, joder, qué cursi es todo esto. —Hablaba con tanta fluidez y seguridad que hasta a mí me sorprendió lo que estaba diciendo, no podía creer que estaba confesando esto en voz alta. Él dio un paso hacia mí, colocó una mano en mi hombro y me dedicó una reconfortante y linda sonrisa. —Siempre pensé que lo elegirías a él —me dijo—. Él es un buen chico, está bastante enamorado de ti, Dylan, trátalo bien, lo vale. No pude evitar sentirme ofendida. —¿Por qué crees que lo trataría mal? —repliqué divertida—. Te dejaré un «hematoma» la próxima vez que digas algo así.

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Soltó una sonora carcajada. —¿Ves? A eso es a lo que me refiero —me cuestionó Matthew controlando los espasmos de la risa. Puse los ojos en blanco. —En fin, señorita Dylan «enamorada» Carter —se burló con un elegante acento inglés, tomándome del brazo—. Si ya terminó con su tan difícil confesión, deberíamos ir a clase, para luego poder encontrarte con tu «amor» y decírselo a él. Esto sonaba aún más cursi en acento británico. Bueno, al parecer tenía que acostumbrarme. *** Los nervios de tener que demostrar mis sentimientos a la hora del almuerzo se vieron opacados por la satisfacción que tendría al aclarar esos asuntos con Becka, sentía que debía ser directa, madura y genuina, trataría de no caer en provocaciones y hacerla arrepentirse de haberme mentido, en una manera sana y limpia. Ya estaba cansada de los jodidos problemas. La mesa de las chicas «muy populares y cool» estaba a dos puestos de la de nosotros, así que dejé mi bandeja con los chicos y me dirigí hacia aquella mesa, sintiendo sus miradas de confusión en mi espalda. Solo termina con esto, Dylan. —¿Qué trae a la única Carter que es fea a esta mesa? —Becka enseguida comenzó a botar veneno por su boca—. ¿No deberías estar allá eructando con los chicos? Todas se echaron a reír. ¿Desde cuándo se había convertido en una especie de «líder»? Solté una sarcástica risota, tratando de controlar mis impulsos asesinos. No venía a pelear, venía a aclarar. No venía a pelear, venía a aclarar. —Tengo que hablar contigo, será rápido, así que muévete —le pedí entre dientes, mi mirada estaba clavaba en sus claros ojos esperando respuesta. —¡Ja! ¿En verdad crees qué iré contigo a algún lado? —Ella me enarcó una perfecta y horriblemente depilada ceja—. Sigue soñando, Carter, eso quisieras. Respira hondo, Dylan, sé madura, recuerda.

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—Contaré hasta tres, Ashton, ¿qué prefieres? ¿Que diga lo que tengo que decir frente a todas tus…? —Me volví hacia su plástica secta—. ¿«Amigas»? ¿O que vayamos afuera y hablemos a solas? Tienes tres segundos para decidir —Ya estaba cansada de seguir el maldito protocolo. Becka hizo sonar con fuerza su silla mientras se levantaba molesta. Vi como todos en la mesa de los chicos se volvieron hacia nosotras. Sabían cómo esto terminaría. —¿Y quién eres tú para darme órdenes? —preguntó con frivolidad—. Me tienes que estar bromeando, ni te conviene hacer esto, Dylan, te aseguro que no. ¿Me estaba amenazando acaso? Oh, por favor, tienen que estar jodiéndome. —¡Ugh! Tanto desperdicio de saliva contigo me da sed. —Ella hizo una mueca de asco y esa fue la gota que derramó el vaso de mi paciencia. —¿Así que tienes sed, no? —le pregunté mientras tomaba el jugo de manzana que se encontraba encima de su bandeja—. ¿Quieres refrescarte un poco? Pues aquí tienes, cariño. La expresión y el grito épico que soltó en cuanto le eché todo el vaso de jugo en su sobremaquillado rostro, casi me hacen soltar una carcajada, pero no se preocupen, ya tenía a toda la cafetería riéndose de ella por mí. —¡Qué refrescante! ¿No, Ashton? Una mirada fulminante cruzó por su rostro. Si las miradas mataran, ya estuviese teniendo una convulsión en el suelo. Y cuando pensé que este show no podía ponerse mejor, su mano rápidamente tomó impulso y comenzó a acercarse velozmente hacia mi rostro. La detuve con facilidad antes de que me diera una bofetada. Dile no a la violencia, Becka, por tu propio bien. —¿En serio? —le gruñí furiosa, apretándole la muñeca con tanta fuerza que no pudo contener un chillido de dolor—. ¿En serio ibas a golpearme? —La senté en su silla de un tirón. Ahora sus ojos reflejaban miedo. Me incliné hacia ella, sin dejar de apretar su muñeca. —¿Por qué no le dices a tus amiguitas lo perra que eres? —le susurré muy cerca de su rostro—. La dulce, la inocente Becka Ashton, la que nunca partía un maldito plato, pero que en realidad partía una vasija completa. «La que tenía una amiga, una verdadera amiga, la cual se preocupaba mucho por ella, pero, ¿qué pasó? Esta inocente y linda chica le mintió, la tomó como una idiota, no solo a mí, sino a otras personas también. ¿Sabes qué, Becka? Eres tan patética que me das lástima. ¿Ese numerito de chica inocente? Demasiado falso. Lo único que no ha cambiado mucho desde entonces es que

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sigues siendo una completa, egoísta, envidiosa, JODIDA PERRA.» Estaba conteniéndome, no quería que el nudo que tenía en la garganta se convirtiera en lágrimas, no valía la pena llorar dos veces por esta chica tan patética. ¿Vieron lo que pasa cuando no cooperan? —Ah, y otra cosa... —Me acerqué a su oído para que solo ella pudiera escuchar—. Yo me quedé con el chico al final. Mi mirada se encontró con la suya y nos quedamos así unos segundos. Me atreví a soltar su muñeca, donde había dejado una gran marca roja de mis dedos. —La única perra aquí eres tú, Carter —la escuché decir a mis espaldas con tanto odio que me hizo dar la vuelta. Listo, la dejaría sin dientes. De un segundo a otro, nos encontrábamos girando sobre el suelo esquivando golpes. Luego de uno que otro jalón de cabello de su parte, logré montarme encima de ella y tomar sus brazos para dejarla inmóvil. —¡¿Qué mierda fue lo que dijiste?! —le exigí saber furiosa. —Vamos a ver quién se queda con el chico al final, PERRA —me dijo tratando de zafarse de mi agarre entre quejidos. Esta chica en verdad se merecía un buen golpe. Directo en la cara. Con mi puño. Pero antes de que eso sucediera, sentí unos musculosos brazos enroscarse en mi cintura y jalándome lejos de Becka mientras yo pataleaba gritando que me soltara quien quiera que fuese. —¡Joder, déjame ir! ¡Le partiré su maldita cara! ¡Argh! —expresé increíblemente cabreada. Hasta que olí esa colonia. —¡Tranquila, Dylan! —gritó Sawyer con sus brazos aún sosteniéndome con firmeza. —Llévala afuera antes de que alguien se dé cuenta de esto, Sawyer —escuché que Matthew le dijo. Ahora en lo único que podía pensar era en golpear a Becka. Me vi a mi misma alejándome de la multitud sorprendida mientras Matthew se quedaba con Chase y West, quienes parecían sostener a Becka así como Sawyer lo hacía conmigo. —Suéltame, demonios —le seguía reprochando a Sawyer cuando ya nos encontrábamos en el desolado pasillo entre el gimnasio y la biblioteca—. Dije que ya me calmé. Sus brazos dejaron de hacer fuerza contra mi cuerpo y mis pies tocaron el suelo. —¿En qué rayos pensabas? —Él me tomó de la barbilla para hacer que lo mirara, me comenzaba a arder la mejilla izquierda, supongo que era debido a algún rasguño de parte de esa puta.

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—Aún no he terminado con ella —gruñí tratando de escapar. Quizá no estaba calmada por completo. —¡Dylan, por favor! —me espetó acorralándome entre los viejos casilleros y él—. Recobra la compostura, ¿bien? Cálmate —me dijo en tono más suave. Me resistí a su acorralamiento mientras lo miraba enojada, mi corazón estaba todavía acelerado y mi cuerpo lleno de adrenalina, no podía dejar de pensar en lo cerca que estaba de lastimar gravemente a Becka. Mi cuerpo quedó inmóvil en el momento en que las manos de Sawyer atraparon mi rostro y sus labios impactaron contra los míos con fiereza. Entonces, toda la ira que tenía dentro de mí se esfumó con increíble rapidez.

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32 Me estampó contra los casilleros, haciendo que estos hicieran un molesto ruido que no ayudaba a mi repentino dolor de cabeza. No sabía si era la mezcla de emoción, adrenalina, ira, sorpresa o alguna otra cosa que estaba sintiendo en este momento, que hacía este beso tornarse tan ardiente, intenso y excitante. Él estaba prácticamente devorando mi boca con la suya, mi lengua arremetía contra la suya con desesperación, como si no tuviera suficiente y quisiera más, mucho más. Estaba mareada, embriagada, drogada… su beso había servido como un sedante de lo que pasaba a nuestro alrededor, al parecer nos habíamos olvidado de todo. Los dos. Esto había llegado al punto de que mis piernas se habían enroscado en su cintura y solo él y los casilleros me sostenían. Mis manos apretaban su cuello para que nuestros rostros permanecieran lo más juntos posibles y él sostenía mis caderas para poder mantener el equilibrio. Creo que necesitaba aire. Sawyer se dio cuenta de que ya era suficiente y se separó de mí, lentamente, como si no quisiese hacerlo. Wow, nunca había sido besada así en mi vida. —¿Ahora sí estás calmada? —me susurró con voz ronca, mirándome con las pupilas dilatadas, el cabello desordenado, rostro enrojecido y labios hinchados. Ni siquiera quería imaginarme cómo me encontraba yo. Él besó con suavidad la mejilla que me ardía mientras me hacía poner de pie con cuidado. Agradecí de todo corazón al casillero tras de mí por sostenerme, ya que mis piernas parecían estar temblorosas. —¿Te duele mucho? —me preguntó examinando el rasguño. En realidad, no, solo me ardía un poco. —¿En serio me estás preguntando eso? —le contesté sonriendo vagamente—. ¿A mí, Dylan Carter? Sawyer soltó una suave risa. —Cierto, tú eres toda una guerrera. —No pude evitar reír. Vaya, el revoltijo del estómago se hacía cada vez más molesto. —Pero creo que deberías ir a la enfermería a curarte —sugirió dando un paso atrás, con gesto de

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preocupación. —Si vamos ahí la enfermera me preguntara que pasó. ¿Qué le diré? ¿«Fui demasiado estúpida como para caerme»? —le enarqué una ceja, dándome cuenta que ya podía caminar con normalidad. —¿Entonces qué puedo hacer para que te sientas mejor? —Él volvió a acercarse a mí, esta vez con una sonrisa de picardía. —¿Dejarme golpear a Becka, tal vez? —opiné encogiéndome de hombros. Él puso los ojos en blanco divertido y acarició mi mejilla sana delicadamente. —Tengo una mejor idea…—Terció mientras su rostro se inclinaba hacia el mío. —Chicos. —Los dos pegamos un respingo y nos separamos rápidamente. Una ola de nervios me azotó en cuanto vi a West parado a metros de nosotros, mirándonos con el ceño fruncido, bueno… mirándome, específicamente. ¿Por qué Sawyer estaba actuando con tanta tranquilidad cuando yo simplemente sentía algo de pánico de lo que estaba por venir? —¿Qué pasó con Becka? —le preguntó Sawyer a West con serenidad, tomando mi mano y entrelazando nuestros dedos de manera afectiva. Eh… ¿Qué coño estaba pasando aquí? West se distrajo un poco viendo nuestras manos, para luego sacudir la cabeza. —Uh, Becka… sí, sus amigas se la llevaron de la cafetería, así que todo despejado —respondió luciendo incómodo. Miré a West y luego a Sawyer, un tanto desorientada por lo que estaba pasando, ¿Por qué Sawyer se sentía libre de tratarme como su chica frente a West? ¿Y por qué West no estaba gritándonos y reclamándonos por habernos «cachado» o algo así? —No te preocupes, Dylan. —Al parecer West notó que me sentía un poco fuera de lugar—. Ya Sawyer me lo contó todo. —Sus palabras tenían un sentido oscuro que nada más yo podía entender. Me sentía horrible. —Oh, sí. —Sawyer hizo que lo mirara—. Él es nuestro mejor amigo, ¿cierto? Así que tiene derecho de saber, él está bien con nosotros, no te preocupes. Sí, él está que salta en un pie de felicidad. —¿No estás enojada? —me preguntó mirándome con esos ojos que hacían despertar mi revoltijo en el estómago. Esto no era jodidamente justo. —No, está bien, tienes razón —Él me dedicó una linda sonrisa y se acercó para dejarme un

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rápido beso en los labios. Qué genialmente incómodo era esto. —Pues… —West aclaró la garganta—. ¿Volveremos juntos a la cafetería? ¿O los dejo solos por un momento más? Esto era una tortura. —Regresemos todos juntos antes de que Chase venga por nosotros —comentó Sawyer caminando hacia nuestro amigo West. —¿Dónde está Matthew? —le pregunté a West, sonando lo más calmada posible. —Supongo que esta con Chase esperando por nosotros —Él se encogió de hombros con indiferencia. —¿Pueden decirle que venga? —les pedí deteniendo mi paso—. Estaré aquí. Sawyer se volvió y me miró algo confuso. —¿No quieres entrar de nuevo? —Prefiero quedarme aquí —Los dos sonreímos y él asintió comprendiendo—. Solo dile a Chase que fui a arreglarme, y trata de que no te escuche cuando hables con Matthew, puede que le arranque la cabeza, las jodidas ganas no le faltan. Los tres reímos entre dientes. —Descuida, yo lo mantendré entretenido, bebé —La sonrisa que West me dedicó no llegó a sus ojos. La culpa me consumía. Se alejaron caminando por el largo pasillo y cuando no pude verlos más, logré respirar con más tranquilidad. Tomar una decisión siempre trae este tipo de consecuencias. Pero simplemente me sentía como mierda. Y aún faltaba tener que decírselo a Chase.

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33 —Tengo que hablar con él —le susurré a Matthew mientras él parecía estar muy entretenido buscando en el perchero un disfraz de su gusto. —¿Hablar con quién? —me preguntó sin siquiera mirarme. —Con West —contesté golpeándole el brazo, mirando a lo lejos cómo West y los chicos miraban la sección de máscaras de monstruos. ¿Acaso me había estado ignorando desde que entramos a la tienda? —Cierto, tienes que hablar con él —comentó volviéndose hacia mí—. ¿Quieres que te ayude en algo? Puse los ojos en blanco divertida. —Creo que estás bastante emocionado por la fiesta de disfraces, ¿no es así? —Me desvié un poco del tema. Desde que habíamos decido venir de compras después de clases para comprar nuestros disfraces, Matthew había estado entusiasmado por la idea. ¿Era alguna cosa particular en homosexuales o era algo normal? —Lo estoy. —Él me sonrió encantadoramente—. Me encantan las fiestas de disfraces, mis amigos y yo las hacíamos todo el tiempo en New Castle. —Pude notar algo de nostalgia en sus ojos. —¿Y… has visto algún disfraz que te guste? —le pregunté señalando el perchero, había tantos colores y texturas extrañas que me mareaban un poco, la verdad. Aún no había visto algún disfraz que me deslumbrara y que hiciera a mi dignidad mantenerse intacta. No bromeo, estoy hablando aquí de «diabla sexy», «policía sexy», «ama de llaves sexy», «gatita sexy», «ángel sexy». ¡Por el amor de Dios! Esto parecía ser más una tienda de disfraces eróticos que otra cosa. No había ningún disfraz donde no mostrara la mayor parte de mi trasero. —¿Qué tal este traje del guasón? —Señaló Matthew sacándolo a la vista. No estaba mal. Podía ver a Matthew completamente enfundado en ese traje púrpura. En realidad, él se vería guapo con cualquier cosa que se colocara encima. —No está mal, el púrpura resaltaría tus ojos —opiné dedicándole una aprobatoria sonrisa. —¿Y qué tal este para ti? —Él sacó un traje (o bueno, micro traje, pedazo de tela, como lo quieran

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llamar) de cuero, traía un sombrero y ligeros, con una especie de fusta que lo acompañaba. —Ni en un millón de putos años. —Casi me carcajeó a todo pulmón—. Chase no me dejaría siquiera pagarlo si lo viera ahora mismo. Matthew se rio entre dientes. —Bueno, solo digo que Sawyer se sentiría bastante afortunado de tenerte si usas algo que te haga ver sexy —me dijo con una sonrisa de travesura—. Vamos, Dyl, tienes que arriesgarte un poco. Inconscientemente me di la vuelta hacia Sawyer, que por suerte nos observaba, le sonreí nerviosa mientras él me devolvió el tímido saludo con un guiño, haciéndome sonrojar estúpidamente. ¿Por qué tenía que ser tan jodidamente lindo? —No lo sé Matt, Chase en serio me mataría —resoplé encogiéndome de hombros—. Además, estamos planeando decirle acerca de lo que está «pasando» entre nosotros y quiero ser lo más cuidadosa posible. —Yo puedo ayudarte con eso. —La mirada que tenía en sus ojos no me estaba gustando—. Dylan Carter, definitivamente usarás un sexy disfraz para esa fiesta. Lo vi un poco estupefacta mientras rebuscaba en varios percheros, bastante concentrado y con expresión de diversión. ¿Por qué tenía que tener un amigo gay que me corrompiera de tal manera? —¿Qué dices de este? Pienso que es perfecto para ti —me preguntó poniendo a la vista un convincente disfraz de gladiadora. No era ni tan revelador, ni tan aburrido. Era sexy a mi manera, era algo que podía molestarme en usar. La falda era lo decentemente corta, y aunque se veía que la parte de arriba tenía que quedarme asfixiantemente ajustada… no me quejaba, además, me encantaba que fuera de gladiadora-guerrera patea-traseros, me definía por completo. Oh, qué más daba, Matthew me lo haría comprar de todos modos. —Bien, me lo llevaré —Se lo arrebaté de las manos y lo escondí en mi espalda para pagar por él y que Chase no se diera cuenta. —Así se habla, amiga. —Me felicitó mi amigo inglés con una sonrisa burlona pegada en su rostro. Tonto. *** Luego de que Matthew comprara su disfraz del guasón, West de algo así como un John Travolta

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en Grease, Sawyer de marinero y Chase de pirata, cada uno se fue a sus hogares. Tenía urgentemente que hablar con West, pero sería muy obvio si simplemente llegara y le dijera eso frente a los chicos, así que decidí estar un rato en mi habitación pensando en las cosas que le diría, antes de llamarlo para poder encontrarnos en algún lugar. Quería ser bastante cuidadosa, ya que no sabía con exactitud lo que le había dicho Sawyer, y aunque West podía ser un jodido sex symbol, frío y mujeriego, tras toda esa capa de sensualidad, había alguien sensible que yo había tenido el placer de conocer en estos últimos intensos meses. No sentía lástima por él, simplemente me sentía mal por tenerlo que poner en esta situación con uno de los mejores amigos de su vida, ellos nunca habían tenido que escoger entre una amistad y una chica. NUNCA lo habían hecho, y digamos que el único consciente de que eso era lo que estaba pasando exactamente era él, puesto que Sawyer no tenía ni una puta idea de lo que había estado pasando. Escuché cómo el teléfono sonaba unas cuantas veces y luego de unos pocos segundos, West me atendió. —¿Cuál es el problema, Carter? —Su voz no sonaba como habitualmente lo hacía. —Eh… me preguntaba si podíamos hablar, si podíamos encontrarnos para hablar —me corregí sintiéndome algo torpe. Escuché su suave risa a través del teléfono. —¿Puedo pasar por ti? Me tardé en responder para levantarme de mi cama y salir un momento al pasillo, quería asegurarme que mamá y Chase estuvieran en sus habitaciones, así no podrían escucharme salir. —Supongo que sí —le susurré cerrando con cuidado la puerta tras de mí, no quería hacer ruido—. Pero, ¿a dónde…? —Bien, espera por mí, estaré ahí en cinco minutos —me dijo antes de colgar la llamada. Tomé una boconada de aire mientras bajaba las escaleras sigilosamente, esta conversación era inevitable.

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34 Estábamos los dos en silencio mientras nos dirigíamos a no sé dónde. No sabía ni me atrevía a preguntar a dónde íbamos, simplemente dejé que el escogiera el lugar, eso era lo que menos me importaba. —Oh, vamos, Dyl, esto parece un funeral —espetó West girando su cabeza hacia mi dirección por unos segundos—. Aquí no ha muerto nadie así que puedes hablar conmigo con normalidad. Me removí incómoda. —Cierto, lo siento. —Me encogí de hombros—. ¿A dónde vamos? —A mi lugar favorito —Él me dedicó una media sonrisa mientras se volvía hacia la carretera. Al mirar también, me percaté de que nos encontrábamos frente a la gran reja que cerraba la escuela de noche. ¿Qué mierda hacíamos aquí? ¿Acaso estaba pensando en entrar sin permiso a la escuela de noche? Ni de coña, nunca había sido capaz de hacer eso. —¿Qué hacemos aquí? —le pregunté extrañada—. ¿No estarás pensando en que entraremos ahí, o sí? —Quizá no por la puerta principal —comentó buscando algo en la parte de atrás de su camioneta—. Pero sí entraremos. —Estás demente, West. —Lo miré atónita mientras se bajaba de la camioneta sosteniendo su balón de futbol americano. Parecía tan tranquilo con esto que me ponía nerviosa. —No lo estoy, lo hago casi todo el tiempo, vengo aquí cuando me siento presionado, o pensativo, incluso cuando estoy un poco bajado de ánimos. El campo es mi lugar favorito, eso ya lo sabes, ¿cierto, Dyl? —Cierto. Su mano atrapó la mía y antes de poder darme cuenta, nos encontrábamos rodeando el edificio entre la oscuridad, dirigiéndonos hacia una especie de atajo o puerta secreta hacia el campo. Y efectivamente había una abertura en el cercado, donde fácilmente hasta un hombre robusto podía entrar. Las luces aún iluminaban el verde césped y tengo que decir que me sentía bien, un lindo campo como este, de noche, completamente solo, era algo maravilloso. ¿Por qué West no me había mencionado esto antes?

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—He venido muy seguido estas últimas semanas —me confesó arrastrándome hacia el medio del campo—. Me quedo hasta que las luces se apagan, normalmente lo hacen a las 10pm, supongo que Ramón no tiene alguna otra cosa que hacer en su casa y se queda hasta tarde en su cueva. No pude evitar soltar una risita. —¿Quieres jugar un rato? —propuso, dedicándome una sonrisa traviesa, estaba comenzando a quitarse su chaqueta. —West… —resoplé. No había venido a jugar, venía a charlar—. Deberíamos hablar, no creo que… —No hablaré contigo hasta que juguemos un mini-partido, uno contra uno, sé que quieres, Carter, no te hagas la difícil —me desafió lanzándome rápidamente el balón. Gracias a Dios lo logré atajar antes de que aterrizara en mi cara. Sonreí. Oh, joder, al diablo. —Eres hombre muerto, mariscal de campo Collins —me burlé también deshaciéndome de mi chaqueta—. El primero que anote tres touchdowns gana, ¿de acuerdo? —Pan comido, bebé. —Fue lo único que me dijo antes de ponerse en posición. Sabía que era algo imposible poder ganarle a West. Él era jodidamente veloz y tenía una increíble agilidad, aunque estuviese jugando lo más suave que podía, igual logró ganarme con facilidad. Les digo, intenté con todas mis fuerzas, pero él solo tenía que levantarme y listo, me quitaba el balón. —Siempre has jugado como un chico —West se rio, dejándose caer sobre el césped—. Bastante ruda, siempre me gustó. Imité su movimiento. Estaba acalorada y sudorosa al igual que él, las piernas se me comenzaron a acalambrar debido a tanto correr. —¿Ahora sí podemos hablar? —pregunté mirándolo fijamente, dejando atrás los rodeos. Él alzó la vista hacia mí con una expresión complemente diferente a la que tenía hacia unos segundos. Ahora se encontraba serio y neutral. —¿Qué quieres que te diga? —Hizo un leve encogimiento de hombros—. El interrogatorio está abierto desde ahora. Dispara, Carter. Mi estómago se revolvió. —¿Desde cuándo lo sabías? —cuestioné moviéndome un poco más cerca de él, para quedar frente a frente—. ¿Y por qué no le dijiste a Sawyer lo que había estado pasando? Tuviste la oportunidad de pasar sobre él como me habías dicho, ¿por qué no lo hiciste? Él miró al suelo por un momento y luego sus ojos volvieron a los míos, listo para responder.

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—Me sentí… extraño cuando él me pidió que lo aconsejara. Se sentó conmigo y comenzó a contarme toda la historia, todo lo que había estado sintiendo desde que éramos niños, hasta ahora… —Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios—. Debiste ver cómo le brillaban los ojos y con los términos que hablaba sobre ti, nunca lo había visto hablar de esa manera acerca de una chica y eso me hizo realmente sentir como mierda. —Hizo una pausa para erguirse de donde estaba recostado y mirarme más de cerca—. Sawyer está bastante enamorado de ti, Dylan, sería un hijo de puta si decidiera estropear eso. Su ahora triste mirada, hacía que mi nudo en la garganta aumentara. ¿Por qué me sentía tan mal? —Cuando te dije eso en la cafetería pensé que en verdad podría hacerlo, estaba jodidamente seguro, pero luego de que Sawyer hablara conmigo, me di cuenta de que no importa lo tanto que yo este enamorado de ti, nunca le haría eso a un amigo, y menos a él, que ha estado ahí para mí desde siempre —No sabía si eran las luces o en verdad los ojos de West estaban más brillantes de lo habitual—. Y estoy consciente de que así como sé cuándo mientes, sé cuándo estás diciendo la verdad. Sentía unas incontrolables ganas de echarme a llorar. —¿A qué te refieres con eso? —Me atreví a preguntarle. Él acercó su mano a mi rostro y acarició mi mejilla, con una sonrisa fugaz cruzando por este. —Que él te gusta, como tú a él —susurró pegando su frente con la mía—. Y tengo que respetar eso. West simplemente se inclinó y presionó sus labios con los míos por unos cortos segundos. Por alguna razón, no me sentí amenazada, ni enfadada, ya que sabía que no se trataba de nada más que un último inocente beso. Las luces que alumbraban el campo se apagaron de tirón, pero ninguno de los dos se movió hasta luego de unos largos segundos, cuando sentí que West se levantaba, tomándome de la muñeca para guiarme, ya que todo estaba bastante oscuro. —Hay que ir a casa ahora. —Lo escuché decir, para luego dejar que me guiara hacia la salida.

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35 La falda se veía un poco más larga cuando no estaba puesta en mí. Me miré al espejo un poco indecisa. Mi cuerpo se veía MUY voluptuoso en este disfraz, más de lo que me imaginé, y la falda, bueno… la falda se levantaba en cada paso que daba, dejando ver parte de las pantis que hacían juego con los colores del disfraz. Mataría a Matthew. El corsé aplastaba mis senos y los hacía sobresalir, y mi cintura se veía más pequeña de lo que era. Giré para poder verme de perfil, ¿ese trasero había estado siempre ahí? Gracias a Dios que la capa roja cubría algo de piel allí atrás (si saben a lo que me refiero). —¡Dylan! —Chase me gritó, haciéndome dar un respingo—. Sawyer está abajo, tengo que terminar con el maquillaje, ¿tú ya terminaste? —Eso se escuchó bastante gay. —Me reí con fuerza—. Y sí, ya terminé, tú sigue con tu maquillaje hermano. Él soltó una sonora y sarcástica carcajada, y segundos después, escuché su puerta cerrarse. Ya estaba lista. Me había puesto las sandalias de cuero marrón que me llegaban hasta casi las rodillas, mis muñequeras de cuero y había dejado mi cabello suelto, usando muy poco maquillaje. No me veía tan mal, solo temía la opinión de Chase cuando viera mis senos tan apretados y mis piernas tan descubiertas. Pero, nah, me importaba más la opinión de Sawyer en cuanto me viera. Que por cierto, ¿había dicho Chase que ya Sawyer se encontraba abajo? Perfecto. Tuve que luchar bastante para no reírme al ver a Sawyer en su gracioso traje blanco con azul y gorrito de marinero. No se veía mal, era solo que se veía tiernamente sexy a su manera. ¿Cómo mierda lograba aquello? Cuando se percató de mi presencia, sus ojos se abrieron de par en par, inspeccionándome de arriba abajo con pícara lentitud, se veía aún más sorprendido que cuando me vio en el vestido que Matthew compró para mí. Esta vez simplemente dejé que me sonrojara. —Estoy empezando a creer que me quieres causar un paro cardíaco.— Una linda sonrisa se curvó en sus labios mientras se acercaba a mí—. Este disfraz me parece mil veces mejor que el de conejita de playboy, mi sexy guerrera.

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No pude evitar soltar una carcajada. —Eso de sexy guerrera no funciona conmigo, Popeye —le dejé saber mientras señalaba su disfraz. Su mirada viajó hacia las escaleras por unos segundos, para luego tomarme de la muñeca y jalarme hacia la solitaria sala. Tomó mi cintura con sus brazos y con facilidad me subió a la cabecera del sofá, para poder estar a su misma altura, entonces, me sonrió con travesura. —Te ves muy bien hoy —me susurró muy cerca de mis labios, haciéndome sonrojar de nuevo—. Aunque la falda es muy corta, pero… eso me beneficia más a mí que a cualquier otro, así que estoy bien con ello. Enarqué una ceja, siguiéndole el juego. —¿Ah sí? ¿Por qué te beneficia más ti? —pregunté curiosa, mirándolo con atención. —Porque yo soy el único que puede tenerte así, y los demás solo pueden mirar —contestó guiñándome el ojo divertido, para luego plantarme un beso, el cual hizo mi corazón latir más rápido y mis piernas temblar mientras le correspondía con ganas. Vaya, Dylan, ¿desde cuándo te has vuelto una experta en este tipo de cursi cosas? Duramos unos cuantos segundos sin dejar de besarnos ardientemente, sus manos apretaban mis muslos desnudos contra él para evitar que me fuera hacía atrás y caer… Y no me molestaba en absoluto que tuviera sus manos ahí. ¿Por qué no me molestaba? Bien, suficiente por hoy, Popeye, esto se está saliendo de control. —Tómalo con calma. —Sonreí, separándolo de mí a duras penas—. Chase bajará en cualquier momento. —Tienes razón —rezongó depositando un rápido beso en mis labios antes de dejarme bajar. —Hablando de Chase, ¿se lo diremos hoy, cierto? —pregunté mordiéndome el labio. Él asintió la cabeza con serenidad, abrazándome con cariño. —Se lo diremos cuando acabe la fiesta, ¿bien? —dijo besando mi cabello—. No queremos arruinarle la noche. —¡Ya estoy listo! —Nos separamos por instinto en cuanto escuchamos la voz de Chase. —Me parece bien. —Fue lo último que le dije a Sawyer antes de dirigirnos hacia el recibidor. El pirata Chase bajó las escaleras luciendo atractivo y entusiasmado como un niñito pequeño, tanto que no pude evitar reírme. —Tardaste más que una chica —me burlé—. Me sorprendes, hermano. —Que te den, querida hermana. —Se acercó a mí para pasar su brazo por mis hombros—. Hoy

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me divertiré como nunca y ni tú, ni tu atrevido disfraz van a impedirlo. Agradecí que estuviese bien con mi disfraz, y también esperaba que estuviese bien con lo de Sawyer y yo luego de que se lo dijéramos. *** Princesas, conejitas, gatitas, magos, zombies, entre otras criaturas que me encontré en cuanto entramos a la terroríficamente decorada casa de los Collins. Lo primero que hicimos fue a buscar al anfitrión, o sea, a West, quien por suerte se encontraba en la cocina junto con la mitad del equipo de fútbol. El único que me llamó la atención fue James y su gracioso disfraz de PSY. Y pues claro, West se veía bastante bien con su disfraz de John Travolta, que por alguna razón era perfecto para él. Se veía realmente atractivo. —Dylan, tu disfraz es… —Me miró de arriba abajo—. Es… te queda muy bien —dijo con una mirada que solo yo comprendí y de inmediato me sentí extraña. Todavía estaba en proceso de dejar de sentir esa tan jodida culpa o lo que sea que fuese por lo que había ocurrido. —Te ves sexy —comentó James con una sonrisa pícara—. Me gusta el escote… y la falda. Casi me dan ganas de vomitar. —Cuida tus palabras, J. —Lo amenazó Chase cruzándose de brazos—. Si no quieres bailar el Gangnam Style con un ojo morado. Todos soltamos una carcajada. Así se habla, hermano. —Bueno, ya fue suficiente, es hora de bailar, ¿bien? —expresó West tomándome del brazo—. Bailemos, bebé. Miré a Sawyer y este simplemente sonrió en modo de afirmación, luego me vi arrastrada hacia la improvisada pista de baile por West. Bien, esta sería una larga noche

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36 Mientras bailábamos, logré divisar a Matthew en su traje del guasón charlando con un chico en la parte de la sala. Aunque tenía ganas de saludarlo, no quise ir a molestarlo, ya que ustedes saben… no ha tenido nada de acción desde que llegó a América. Hay que darle un poco de crédito a mi querido amigo: ha estado siendo mi Oprah desde que nos conocimos. No era justo interrumpirlo. —Sawyer me dijo que hoy le dirían a Chase sobre su relación. —West me espetó, haciéndome poner toda mi atención en él de nuevo. —Sí, lo haremos cuando la fiesta termine —me encogí de hombros, tratando de sonar casual. —¿Cómo crees que se lo tomará? —preguntó haciéndome dar una vuelta completa, siguiendo el ritmo de la canción. —No lo sé… —resoplé—. Pero espero que sea bien. —Yo también lo espero. —Y ahí de nuevo esa mirada que tanto odiaba. Esa mirada que me hacía sentir algo extraño en la boca del estómago. ¿Culpabilidad? —¿De qué hablan dos de mis personas favoritas? —Los dos dimos un respingo y nos volvimos hacia un bastante sonriente Sawyer—. ¿Ya puedo tener a mi chica de vuelta, hermano? Pude ver cómo West asentía con la cabeza con una expresión un poco incómoda. —Claro, amigo, yo iré por un trago, ¿quieres que te traiga algo, Dyl? —Una cerveza estaría bien —respondí mientras le dedicaba una leve sonrisa. Él simplemente hizo un ademán con su cabeza y desapareció entre la multitud. —Matthew parece estar pasándola bien, ¿no crees? —me dijo Sawyer divertido, señalando a Matt con la mirada. —Me alegro de que así sea, siento que no lo he dejado, tú sabes… conseguir chicos, ya que todo el tiempo hemos estado debatiendo mis jodidos problemas amorosos y poco hablábamos de los suyos —comenté sonriéndole. —¿Problemas amorosos? —Enarcó una ceja con confusión—. ¿Qué tantos problemas son esos? Tragué saliva con fuerza. Mierda, ¿por qué no cierras tu bocota, Dylan? —Matthew me ha escuchado quejarme acerca de ti todo el tiempo —le comencé a explicar en un intento de arreglar la estupidez que había dicho—. Y me ha aconsejado hacer muchas cosas, sabes que no soy la número uno en toda esa cursi mierda… Lo que quiero decir es que él siempre

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escuchaba lo que tenía que decir acerca de ti, ¿me entiendes? Él asintió lentamente, riendo entre dientes. —Entendido, mi sexy guerrera —me susurró al oído, su fresco aliento hizo que mis vellos se erizaran. La canción que estaba sonando no la conocía, pero tenía un ritmo que me gustaba, era algo seductor, y a la vez animado-tecno… y fue entonces cuando sentí las manos de Sawyer posarse en mis caderas para acercarme a su cuerpo lo más que pudo. Sus manos movieron mis caderas de un lado al otro mientras las suyas seguían el ritmo. Me reí y puse mis brazos alrededor de su cuello, sin dejarlo de mirar y de mover mis caderas con sensualidad. Sawyer parecía estar impresionado, lo que me hacía sonrojar. Tengo que añadir que Katia y Lana me dieron unas increíbles lecciones de baile durante el verano, así que creo que lo estaba haciendo bastante bien. Todo iba de maravilla... hasta que alguien tocó mi hombro. Becka, Becka… Becka… ¿en serio tenías que aparecer ahora? —Siento la interrupción, pero necesito hablar con Sawyer con urgencia. —Su nivel de frivolidad y atrevimiento comenzaba a molestarme. —¿Qué es tan importante que interrumpes así? —le preguntó Sawyer disgustado. —Créeme, lo valdrá. —Eh, la sonrisa en su rostro no me estaba gustando—. ¿Puedes venir conmigo un momento? Bueno, los dos pueden venir si quieren. Enarqué una ceja. —¿Qué es lo que quieres, Becka? Tienes bastante valor al aparecerte así frente a mí —le hice saber cruzándome de brazos. —Si vienen conmigo, entenderán lo que digo —explicó fastidiada, para luego dirigirse hacia la sala, donde la seguimos. Sí, tenía mucha curiosidad en lo que tenía que decirnos. —¿Puedo tener la atención de todos, por favor? —expresó Becka en voz alta, cuando extrañamente la música había cesado. Los presentes se volvieron hacia ella, algunos un poco cortados por haberles quitado la música. Esto comenzaba a asustarme un poco. —Sobre todo la tuya, Sawyer. —Su mirada voló hacia nosotros—. ¿Quieres que te diga algo realmente gracioso acerca de «tus amigos»? ¿De qué estaba hablando esta perra? —¿Qué es lo que está haciendo, Dyl? —me preguntó Sawyer al oído, su voz no trasmitía otra

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cosa que confusión. —Bueno, si a ellos se les puede llamar tus amigos. —Ella se rio mientras se volvía hacia el gran televisor detrás y conectaba alguna cosa que no pude identificar. Pude percatarme de que West se encontraba bajo el marco de la sala, luciendo tan confundido como todos. ¿Qué coño estaba pasando aquí? El corazón se me fue a la garganta en cuanto el televisor se encendió y dejó ver un video. Un video de West y yo, besándonos en el pasillo, aquel día de la fiesta de celebración. Esto no podía estar pasando. Por favor, díganme que esto no estaba pasando. Mierda. Mierda. Mierda. Todo lo vi en cámara lenta por un momento. La cara de satisfacción de Becka. Cómo Sawyer miraba el video, el cual se repetía una y otra vez, su expresión era indescriptiblemente horrible. Sentía que iba a vomitar. Miré a West, en busca de ayuda, él se abrió paso entre la multitud para llegar hasta nosotros, sin dejar de mirar a Sawyer con un gesto de disculpa en su rostro. —Sawyer, puedo… —Y antes de dejarlo hablar, el puño de Sawyer arremetió con fuerza contra su cara, tirándolo al suelo. Las personas soltaron un grito de horror al ver que este se le había lanzado encima y tenía a West inmovilizado sobre la alfombra, con intenciones de lanzarle otro golpe. —¡Defiéndete, imbécil! —escuché que Sawyer le gritó arrugando su chaqueta de cuero—. ¡¿POR QUÉ MIERDA NO TE DEFIENDES?! ¡Eres un maldito cobarde, West! ¡Lo sabías! ¡Sabías que estaba enamorado de ella y me hiciste eso! Maldición, tenía que hacer algo antes de que… —¡¿Pero qué mierda está pasando?! —Antes de que Chase llegara… Su atención se desvío por unos segundos hacia la pantalla de la TV, donde el video seguía repitiéndose. Miró a los chicos y luego a mí, con los ojos muy abiertos de sorpresa y sus manos convirtiéndose en puños. Oh no, no, esto tenía que ser una puta pesadilla. —¿Qué es todo esto? —preguntó con tanta dureza que el nudo en la garganta que sentía se intensificó. —¡Pensé que eras mi amigo! ¿Cómo mierda pudiste hacerme esto? ¡Maldición, West, yo te lo dije todo! —Al parecer Sawyer aún no había notado la presencia de mi hermano.

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—¡Paren ya! —James tomó a Sawyer de la camisa para levantarlo, pero este trataba de resistirse. —¡¿Cómo pudiste besar a mi novia?! ¡Eres un jodido traidor, ¿lo sabías?! —le exclamó a West mientras este se levantaba del suelo, limpiando la sangre de su nariz. —¿Novia? —Intervino Chase volviéndose hacia mí bruscamente—. ¡¿Novia?! Su intimidante mirada me hizo sentir diminuta. —Dylan, explícame qué es lo que coño está pasando aquí. ¿Oí mal o él acaba de llamarte su novia? —exigió saber, sus ojos estaban llenos de ira, a punto de explotar—. Dylan, no estoy obteniendo una respuesta, ¿ahora te quedaste muda o qué? —Chase, yo… —Las lágrimas comenzaron a salir sin ser llamadas—. Íbamos a decírtelo. Soltó una sarcástica risotada. —¿Decírmelo? ¡Vaya! ¡Qué maldita manera de enterarme! Cuando uno de mis mejores amigos está golpeando a otro de mis mejores amigos, por el simple hecho de que uno de ellos besó a la novia de otro… pero eso no es lo jodidamente gracioso, no, lo gracioso es que esa chica por la que pelean es nada más y nada menos que mi hermana. ¡Grandioso, ¿no?! Bajé la cabeza avergonzada, limpiando las lágrimas inútilmente. —Nosotros nunca quisimos… —¡No quiero escucharte, Dylan! —Me hizo callar, sus ojos brillaban, podía notar que estaba dolido—. A ninguno de ustedes… —Se volvió hacia West y Sawyer—. Están bien llenos de mierda, todos. Dicho eso, comenzó a abandonar la sala, pero antes de que eso pasara, se detuvo en seco. —Ah… —Dio media vuelta y se acercó a Sawyer, para luego propinarle un puñetazo en el rostro, haciéndolo tambalear desorientado—. Ahí tienes mi bendición, «amigo». No podía moverme del sitio. Estaba estática. Atónita. Todo lo que estaba temiendo que pasara, estaba pasando en una sola noche, con tanta rapidez que me aturdía. Sawyer me miró con el ceño fruncido mientras se sobaba la quijada, las ganas de llorar no me abandonaban y lo que su mirada me transmitía no me estaba ayudando para nada. Era dolor, tristeza, enojo, odio, no lo sabía muy bien, pero no era nada bueno. —Bueno, ahí van dos pájaros de un tiro, salió bien después de todo —terció Becka con una sonrisa pegada en su rostro en cuanto Sawyer también abandonaba la sala. Esas palabras habían hecho una pequeña descarga eléctrica en mí, me habían espabilado y habían despertado la ira, la rabia y el odio que sentía hacia ella en todo su esplendor. Me acerqué a ella, las chispas de rabia casi se podían apreciar saliendo de mi cuerpo. No le di tiempo de hablar, ni de andar con rodeos, tenía todo un caos desatándose alrededor, pero no iba

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a resistirme de hacer esto. Un directo, hermoso, épico, gran puñetazo en su horrible rostro. Ella exclamó un «¡Ay!» horrorizada, tapándose la nariz con ambas manos. —Tienes suerte de que no te rompa otras partes de tu cuerpo, perra —le gruñí dando pasos atrás—. Te salvas porque tengo otras cosas más importantes que hacer. Y sin mirar a West, Matthew o a las demás personas, fui en busca de Sawyer y de Chase.

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37 Salí de la casa en busca de alguno de los dos. Sawyer no parecía estar en ningún lado y cuando me dirigí hacia donde se suponía que estaba aparcado el auto de Chase... este ya no se encontraba. Él se había ido. Mierda. —Acaba de irse. —La repentina voz de Sawyer a mis espaldas me hizo dar un respingo del susto. Se encontraba sentado sobre uno de los ataúdes decorativos, en la oscuridad, lo único que podía ver bien era su disfraz blanco, con razón no lo había encontrado antes. Estaba bastante aliviada de ver que no se había marchado. Tenía que resolver esto. —También estaba buscándote a ti —le dije mientras me acercaba a él. —¿Para qué? ¿Para decirme más mentiras? —Vi como su ceja se levantaba de manera irónica. Auch. Eso había dolido. —No digas eso. —Me incliné para poder verlo a la cara mejor—. Lo siento, ¿bien? En verdad lo siento, nunca quise que esto pasara, quería que todo terminara en paz, así que no te dije lo que había pasado con West porque sabía que te pondrías así y lo que menos estaba buscando era que discutieran entre ustedes. —¿Terminar qué en paz, Dylan? ¿Desde cuándo ha estado pasando esto entre ustedes? —me preguntó, levantándose de tirón. Su enojo había aflorado de nuevo. —Y dime la verdad, no quiero que me ocultes más nada. Tragué saliva con dificultad debido a que el nudo en la garganta se hacía presente nuevamente. —Desde que volví al final del verano —comencé a explicarle—. Las cosas se volvieron locas desde que volví de New Orleans. Era como si ahora todos me vieran desde otro punto de vista, luego de la estúpida fiesta y del estúpido juego de la botella, West estuvo cortejándome y coqueteándome al mismo tiempo que tú. Fui tan jodidamente tonta que no hice nada al respecto por miedo a que pasara lo inevitable, pensé que podría manejarlo, que era una especie de juego… —Sorbí por la nariz, percatándome de que ya estaba llorando—. Pero entonces comencé a sentir cosas extrañas y el asunto se me fue de las manos, todo se volvió un lío y no podía salirme de él,

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porque sabía que si lo hacía, de algún modo u otro su amistad terminaría. Sawyer, lo último que quiero es que eso pase. Tuve que parar y tratar de respirar ya que los sollozos no me dejaban seguir hablando. Todo lo que tenía dentro de mí estaba surgiendo en el exterior, todo el miedo, los sentimientos reprimidos, estaban saliendo con mis lágrimas. —Cuando hablaste con West sobre lo que pasaba entre nosotros, él se dio por vencido, Sawyer, me dijo que lo había hecho porque no quería estropear las cosas entre ustedes… y porque sabía que yo sentía algo por ti. Las lágrimas eran tan incontrolables que me molestaba no poder detenerlas, odiaba llorar, no iba conmigo, pero esta vez simplemente no podía dejar de hacerlo. Joder, nunca había llorado tanto en mi vida. —No quiero que discutan, de verdad no q… —No pude terminar mi discurso, ya que él se había acercado y me había envuelto con sus brazos en un asfixiante abrazo de oso. —Maldición, no llores. —Sentí su aliento sobre mi cabello—. Odio cuando lloras, por favor no lo hagas. Enterré mi cabeza sobre su pecho y calmé mi llanto mientras aspiraba su deliciosa colonia, esa que me hacía tranquilizar tan rápidamente. —Lo siento —susurré con la voz ahogada—. Debí habértelo dicho. —Sí, debiste hacerlo. —Él me tomó de la barbilla para que lo mirara—. Pero te entiendo, o bueno, estoy tratando de hacerlo y ponerlo sobre la ira que estoy sintiendo, todo esto no es solamente tu culpa, ¿de acuerdo? No quiero verte llorar nunca más, esa no es la Dylan que quiero ver. —Sus pulgares limpiaron mis mejillas mojadas. Desde aquí cerca podía ver lo enrojecida que estaba su mejilla debido al golpe de Chase. —¿Hablarás con West entonces? —le pregunté encogiéndome levemente de hombros, mirándolo a los ojos. Pude ver que casi sonreía. —No me presiones —pidió pegando su frente con la mía—. Creo que el problema ahora es Chase, puede que West y yo logremos resolver las cosas, pero tu hermano es un poco difícil. ¿No viste su expresión? Parecía un puto asesino serial. Quise reír, pero lo único que salió fue un extraño sonido a consecuencia del llanto de hace unos segundos. —Mira quien habla, si James no interfiere, le hubieses roto la nariz a West. —Lo miré acusadoramente enarcando una ceja. —Sí, hubiese hecho eso y más, no sabes lo furioso que estaba —resopló, cerrando los ojos por

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un momento para controlar su ira. —Bien, bien, Hulk-Popeye o como sea que te haces llamar ahora —bromeé enroscando mis brazos en su cintura—. No te molestaré más por esta noche, no quiero que sigas furioso conmigo. —No estoy furioso contigo —me dijo acariciando mi mejilla con su mano—. Nunca podría estar «furioso» contigo, quizá enojado, pero no «furioso». Puse los ojos en blanco por la lógica que tenía eso. —¿Acaso no te diste cuenta que mientras hablabas lo único que quería hacer era abrazarte y besarte para que dejaras de llorar? Has encontrado mi punto débil, Carter —replicó al fin despegando sus labios en una sonrisa. No pude evitar sonrojarme y contagiarme de su sonrisa. Ya casi había olvidado lo que había ocurrido, en un segundo estábamos discutiendo, llorando, reclamando… y al otro estábamos acurrucados, con nuestros rostros tan provocativamente cerca. Definitivamente teníamos trastornos bipolares, era algo normal en adolescentes, lo leí en alguna parte. —Además, no le daré el maldito gusto a Becka de vernos separados. —Tomaré nota de eso. —Me reí refiriéndome a lo del punto débil, para luego sacudir la cabeza—. ¡Diablos no! Nunca lloraría para llamar la atención, eso sería realmente patético de ver, solo las chicas hacen eso. Ugh, qué humillante. Él miró risueño. —Y aquí vuelve mi Dylan favorita —comentó luciendo divertido—. Ahora, ¿qué quieres hacer? ¿Quieres entrar de nuevo? ¿O quieres que te lleve a casa? De vuelta a la realidad. —Creo que prefiero que me lleves a casa —le pedí bajando la cabeza—. Chase debe estar allá y debo hablar con él lo más pronto posible. Sawyer colocó un mechón de mi desordenado cabello tras mi oreja y se acercó a depositarme un corto beso en los labios. —Está bien, te llevaré a casa. Una sombra moviéndose en la entrada llamó mi atención y cuando caminamos cerca, vi la espalda de un chico en chaqueta de cuero entrando de nuevo a la casa. El estómago se me revolvió un poco… ¿West nos había estado escuchando todo este tiempo? Rayos, ¿por qué siempre pasaba eso?

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38 —¿Quieres que vaya contigo y hable con él también? —me preguntó Sawyer mientras aparcaba frente a casa. —Creo que no sería buena idea —le contesté mirándolo a la cara, mordiéndome el labio—. Hablaré con él hoy y veré cómo resulta, te llamaré mañana, ¿de acuerdo? —Está bien, como tú quieras. —Se acercó a mí—. Te veré mañana entonces, D. —Buenas noches —me despedí, esperando a que me diera un beso en los labios—. Y deberías ponerte hielo en tu mejilla, parece que está inflamada. —Lo examiné pasando mi mano por su suave rostro. Él me dedicó una media sonrisa. —Joder, aún no me decido sobre cuál Dylan me gusta más, si la que todos conocen o esta, la que se preocupa, la que expresa lo que siente, la que se comporta como una muy linda novia — bromeó depositándome otro beso en mis labios. Puse los ojos en blanco, agradeciendo mentalmente a la oscuridad por ocultar lo sonrojada que me encontraba. —Ahora ve y ten cuidado. —Su sonrisa se desvaneció por completo. —Lo dices como si me fuera a enfrentar a una especie de monstruo o algo así —le dije frunciendo el ceño, un poco confundida. —Los dos sabemos cómo Chase puede llegar a comportarse cuando está realmente enojado —se explicó encogiéndose de hombros. Él tenía toda la razón. —Buena suerte —me dijo antes de bajarme del auto y verlo partir. Vi la camioneta de Chase aparcada frente a nuestro garaje mientras caminaba hacia dentro de la casa. Sentí un poco de alivio al saber que había llegado a salvo, enojado y conduciendo, no siempre era buena combinación. La casa estaba tranquila, las luces de la cocina y de la sala se encontraban apagadas, así que me supuse que mamá estaba durmiendo o simplemente revisando cuentas en su habitación, probablemente era la segunda opción, sabía que ni siquiera iba a asomarse a ver si habíamos llegado bien o no. ¿Qué mierda le importaba eso a ella? Ninguna, en realidad.

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Me encontré de pie frente a la habitación de Chase, dudando en molestarlo, con tan solo pensar en lo que me venía, me daban ganas de irme a dormir y dejarlo para mañana. Pero no, esto era algo que debía enfrentar esta misma noche. Golpeé mis nudillos contra la puerta un par de veces y él no respondió. Estaba segura de que me ignoraba. —Chase, sé que estás ahí, abre la puerta, por favor —le pedí en voz alta. —Déjame explicarte todo. Nada. —No me iré hasta que abras —expresé tocando repetidas veces la puerta—. ¡Maldición, Chase, abre la puerta! —¡Vete a la mierda, Dylan! —Su repentino grito me hizo dar un paso atrás de la sorpresa—. ¡No quiero hablar contigo, así que desaparece! —¡No me iré hasta que abras la puerta y hablemos del tema! —exclamé comenzando a molestarme. —¡Pues ponte cómoda! Gruñí con fastidio y me dejé caer en el suelo, apoyando mi cabeza sobre la puerta. De ninguna manera iba a dejar esto pasar, en algún momento tenía que salir de ahí. Esto era estúpido, se estaba comportando como un niño, sabía que tenía razones (muchas) para estar furioso, pero ni siquiera había escuchado toda la historia. No recuerdo cuántas horas estuve esperando despierta, tenía un frío tremendo y no me había cambiado el disfraz, hasta que en algún momento no pude soportar el cansancio y el sueño me venció. *** Un fuerte golpe en la parte de atrás de mi cabeza me hizo despertar la mañana siguiente. Me quejé mientras abría los ojos y dejaba que mi vista se acostumbrara a la claridad. Me encontraba tirada en el suelo del pasillo, mirando el techo de la habitación de Chase. Entonces, recordé que me había quedado dormida apoyada en su puerta. Me senté mientras me frotaba los ojos… y ahí fue cuando me percaté de que Chase caminaba hacia las escaleras, con un bolso colgando de su hombro. Hoy era domingo, ¿por qué rayos cargaría un bolso? —Hey, hey. —Me levanté rápidamente para seguirlo escaleras abajo—. ¿Por qué tienes un bolso? ¿Qué harás?

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Él ni siquiera se volvió a verme. —Pasaré unos días en casa de papá —dijo buscando las llaves de su camioneta. Whoa, whoa… esperen, ¿qué había dicho? —¿Estás hablando en serio, Chase? —repliqué tomándolo del brazo para que se diera la vuelta—. ¡¿Aunque sea puedes mirarme cuando te hablo?! —Ahora mismo no puedo permanecer en la misma casa que una persona tan mentirosa como tú —me espetó girándose bruscamente hacia mí. Guardé silencio. —No puedo cruzarme con alguien que se besuquea con mis dos «mejores amigos» a mis espaldas. Un nudo se formó en mi garganta, sus palabras tenían un horrible sabor amargo. —No sé quién eres en estos momentos, ¿dónde está esa Dylan que dijo que los chicos eran un completo asco? ¿Dónde está la que siempre decía que Sawyer y West eran los chicos más detestables del mundo? Quiero saber dónde maldición está, la quiero de vuelta, esta Dylan solo se ha estado comportando como una completa p… Mi mano no pudo contenerse y terminó dándole una fuerte bofetada antes de que terminara la frase. ¿Eso era lo que pensaba de mí? ¿Pensaba que era una puta? ¿Una perra? Me dedicó una mirada asesina por unos largos segundos, podía ver cómo su mandíbula se tensaba y sus dientes rechinaban. Luego, cerró los ojos con fuerza. —Necesito tiempo a solas —masculló entre dientes, sin abrir aún los ojos—. Quizá mucho. No creo poder hablar del tema por ahora, así que simplemente deja que me vaya. Sus palabras salieron con tanta dureza que quedé estupefacta. Él en verdad estaba dolido. —Dile a mamá cuando despierte que estaré con papá. —Al fin abrió los ojos—. Lo saludaré por ti. Traté de buscar alguna señal de arrepentimiento o algo parecido, pero lo único que podía ver en su mirada era decepción y más decepción… Y eso me hacía sentir como mierda. —Adiós Dylan —se despidió tomando su chaqueta del perchero para salir. Permanecí plantada en el suelo mirando la puerta cerrarse a mis narices. Esta vez no sería fácil arreglar todo. Escuché mi teléfono sonar a lo lejos, despertándome, y me apresuré a subir las escaleras en busca

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de él, me supuse que lo había dejado en el suelo del pasillo y gracias a Dios ahí estaba. El nombre de Matthew deslumbró en mi identificador de llamadas y no pude contener mi felicidad interna. —Hasta que al fin contestas el teléfono. —Tengo que admitir que su voz me calmó. —Acabo de despertarme —le expliqué apoyándome contra la pared, dejando escapar un resoplido. —Estuve llamándote anoche pero no contestaste, después de lo que pasó fui a buscarte pero ya no estabas, me tranquilicé cuando Sawyer me dijo que te había llevado a casa y gracias a Dios que logró entender la situación. —Hablaba tan rápido que me costaba entender su alterado y frenético acento inglés—. Me dijo también que hablarías con Chase, ¿cómo salió eso? —Se fue con papá —resoplé bajando la cabeza al recordar sus duras palabras—. ¿Quieres que nos juntemos? En verdad necesito estar contigo ahora mismo. —Está bien, ¿en Mikey’s en 10? —preguntó escuchándose más calmado y cuidadoso. —Que sea en 15, tengo que cambiarme el disfraz primero —sugerí. —¿Qué…? Casi pude ver su expresión de confusión. —Es una larga historia, te veré allá, ¿de acuerdo? —comenté antes de colgarle la llamada.

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39 Casi todo el día domingo lo pasé con Matthew, simplemente conduciendo por la ciudad. A decir verdad me ayudó bastante a relajarme y pensar mucho acerca de muchas cosas, acerca de lo que haría con Chase… Nada, no haría nada por el momento, ¿él quería su espacio? Tendría su espacio entonces. Sabía que era lo mejor si quería que las cosas se arreglaran. Sawyer llamó un par de veces para asegurarse que estaba bien y me gustaba de esa manera, él entendía que todos necesitábamos un día libre para poder respirar y pensar con claridad todo lo ocurrido. En cuanto a los siguientes días, en la escuela todo el mundo estaba enterado sobre la gran y violenta pelea entre los tres dioses Sawyer, West y Chase, y claro, no podían faltar las miradas de odio y repulsión hacia mí, ya que el video de la discusión (y del beso) misteriosamente había sido enviado hacia todos los teléfonos de los estudiantes. Sí, claro, «misteriosamente»… Maldita Becka. Sawyer trataba de actuar como si nada hubiese pasado en cuanto al problema de West, casi lo trataba como siempre, pero en las horas de almuerzo siempre había un pequeño incómodo silencio de parte de las demás personas, era como si esperaran que él se le lanzara encima a terminar en cualquier momento de golpearlo o algo así. Chase ni siquiera nos miraba, ni siquiera saludaba, ni siquiera se sentaba cerca de nosotros, pasaba de largo por pasillos cada vez que nos encontrábamos, se estaba aislando completamente y comenzaba a odiarlo, ya que eso era lo que había estado evitando. Se acercaba Acción de Gracias y no saben cuánto anhelaba la llegada de Katia y Lana, las necesitaba en Columbus City con urgencia, ahora más que nunca. Me preocupaba mucho la cena, Chase estaría ahí, Marcus vendría de Seattle, la tía Deph con su raro esposo Donald… y mamá obligándome a organizar la mitad de todo por el simple hecho de que no podrá con todo sola, sobre todo con cocinar. Ella nunca ha cocinado nada bueno en su vida. Ella siempre intenta aparentar que somos «Una increíble familia feliz» cuando vienen visitas, es como si quisiera demostrar —sobre todo a la tía Deph— que es la mejor en el trabajo de ser madre soltera-divorciada, cuando la verdad es que es una completa mierda. —Hoy no puedo, Sawyer —le repetí por vigésima vez mientras caminábamos hacia el aparcamiento. Me estaba invitando a ver una película, pero ya mamá estaba comenzando

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a asignarme tareas, la de hoy se trataba de: «Comprar el pavo y todos los ingredientes para rellenarlo, estaré todo el día en el trabajo. Besos, mamá». ¡Yupi! Miren cómo salto de entusiasmo. —Tengo un pavo que comprar —expresé con voz sarcástica. Él resopló, deteniéndose frente a su auto, mirándome a los ojos. —Bien, entonces iré contigo al supermercado. —Las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa—. No me dejas alternativa, Carter. No me parecía tan mala idea, además, él ya me había estado buscando y llevando en su auto todo el tiempo desde que Chase nos aplicó la tonta «Ley del Hielo». —Eso sería de MUCHA ayuda —enfaticé encogiéndome levemente de hombros. —¿Pues qué esperamos? —Se acercó a mí para un beso y luego me abrió la puerta del auto con las miradas de algunas chicas acuchillando nuestras espaldas. Jódanse, Sawyer Brown ya no está disponible. Wow, no puedo creer que acabo de decir eso en mi mente. Nunca creí que ir al supermercado fuera tan divertido, excepto por aquel extraño chico llamado Scott que no sabía ni dónde mierda estaba cada cosa. ¿Quién rayos le daba trabajo a una persona que se pegaba las etiquetas de los precios en sí mismo mientras estaba sentado sin hacer nada? —¿Quién se supone que hará el pavo? —me preguntó Sawyer curioso al tiempo que llegábamos a mi casa—. Porque si lo hará tu madre, comenzaré a comprarte pastillas para la indigestión desde ahora. No pude evitar soltar una carcajada. —Probablemente termine preparándolo yo y ella simplemente estaría viéndome hacerlo, presionándome a terminar rápido —comenté dejando mi chaqueta en el perchero del recibidor—. Siempre nos toca prepararlo, a Chase y a mí…—bajé la voz un poco a lo último. Pero sabía que él había escuchado. —¿Por qué no dejamos las cosas en la cocina, e improvisamos un poco? —propuso rodeando mi cintura con sus brazos—. Ya que no fuimos a ver una película, podríamos sentarnos y ver una en la sala, ¿qué dices? —¿No te quitaras la ropa esta vez, no? —le pregunté divertida, recordando la noche del baile de bienvenida. —No si tú no quieres que lo haga —respondió con una sonrisa pícara deslumbrando en sus labios. Touché.

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—¿Y qué si quiero que lo hagas? —Enarqué una ceja, moviendo mi rostro más cerca al de él, retadoramente. ¡Vaya! Dos en menos de dos horas, Dylan, deberías controlarte un poco. Nah, al diablo, ¿para qué controlar mis hormonas ahora? Soy una adolescente, tengo un jodidamente apuesto novio frente a mí. Estamos solos en una casa, es como el ciclo natural, es solo algo que fluye, ¿saben? BIEN, me callaré ahora antes de que me avergüence más de lo que ya estoy por haberles mencionado eso. —Entonces hazlo tú misma —me susurró luciendo divertido, nuestras narices chocaron debido a lo cerca que nos encontrábamos. Eso sonaba bien para mí. Deslicé mis manos sobre su camisa a cuadros, desabrochando los botones de camino. Él me miraba a los ojos un poco sorprendido al principio, pero luego sus manos soltaron las bolsas que cargaban y apretaron mi cintura mientras sus labios impactaban los míos. No sé cómo, pero logramos caminar desde el recibidor hasta la sala sin dejarnos de besar muy ardientemente, nuestras lenguas eran agresivas la una con la otra y tengo que decir que mi corazón se había acelerado salvajemente en segundos, sus besos bajaron desde mi mandíbula hasta mi cuello y se sentó en el sofá jalándome consigo, haciéndome sentar a horcajadas sobre él. Eh… su amigo ya estaba poniéndose feliz. Sus manos ahora estaban bajando por mi espalda, trazando un cosquilloso camino antes de detenerse unos segundos en el borde de mi camiseta, paramos de besarnos para vernos a la cara, era como si estuviese preguntándome si podía seguir. Le di mi respuesta en un apasionado beso. Era la primera vez que me dejaba llevar tanto… y se sentía realmente bien. —¿Debería pasarme a saludar después? —Casi me caigo hacia atrás debido al gran salto que di en cuanto escuché una voz a mis espaldas. Una atractiva versión de papá joven se encontraba de pie bajo el umbral, mirándonos con una expresión muy difícil de explicar. ¿Qué rayos hacía Marcus aquí tan pronto? ¿Y cómo había entrado? —Conque este es el pequeño Sawyer Brown. —Marcus rompió el silencio incómodo mientras entraba a la sala con una extraña sonrisa en sus labios—. Mierda, has crecido bastante desde la última vez que te vi… bueno, los dos han crecido bastante —comentó haciendo énfasis. Sawyer y yo nos reímos nerviosamente, tratando de recobrar la compostura, y la dignidad.

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—Tienes razón, ha pasado bastante, Marcus —dijo él colocándose encima uno de los cojines del sofá para cubrirse… si saben a lo que me refiero. —¿Cómo entraste? —le pregunté disimulando mi vergüenza. Sin tener mucho éxito. —Mamá dijo que no estaría aquí para recibirme, como siempre. —Puso los ojos en blanco antes de continuar—. Así que usé mi llave de respaldo, ¿recuerdas? La que saqué sin su permiso para escaparme por las noches. Asentí sonriendo, ¿cómo olvidarlo? —Ahora, podemos dejar pasar todo eso que vi por un momento, para que vengas y le des un gran abrazo a tu hermano mayor que tanto te extrañó. —Sus brazos se abrieron esperando por mí… y yo no dudé en abrazarlo con fuerza. Dios, no me había dado cuenta lo mucho que había extrañado su presencia hasta ahora. Sí, mis amigos, me encontraba abrazando nada más y nada menos que al otro Carter.

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40 —Siento lo que pasó hace rato... —Me disculpé con Marcus mientras comíamos un gran tarro de helado en su antigua habitación, la cual estaba exactamente igual a como la había dejado, todos sus trofeos de futbol americano y premios de mejor deportista del año de la secundaria estaban en su lugar. Ya era de noche y Sawyer se había ido hace unas horas, tenía que estar temprano en casa para cuidar de su hermanita Claire. Sí, Sawyer tenía una hermanita de 5 años. —No tenías que ver eso. Él se rio entre dientes. —Oh vamos, Dy, eres una adolescente, es bastante normal, no hay de qué avergonzarse, son cosas que pasan. —Terció divertido—. Además, tengo que admitir que estaba un poco cortado, pero cuando vi que se trataba de Sawyer, me tranquilicé, él siempre ha cuidado de ti, así que no lo veo como una amenaza. Es un buen chico. Mis mejillas comenzaron a calentarse de vergüenza. —Siempre supe que en algún punto pasaría algo entre ustedes, fuese un beso o... algo más. — Se encogió de hombros tomando otra gran ración de helado para llevárselo a la boca—. En fin, mamá me dijo que Chase está quedándose con papá, ¿qué hay con eso? ¿Pasó algo con ella? No me extrañaría si fuese eso. —No, no fue con ella… —Bajé la cabeza ahogando mi voz—. Tuvimos una discusión. —¿Qué? —Marcus casi escupe su helado—. ¿Tan fuerte fue la discusión que decidió irse? Mierda, ¿por qué discutieron? —West, Sawyer, algunas cosas que pasaron…—murmuré sin atreverme a mirarlo a la cara, comenzaba a sentirme enferma de nuevo. —¿West, Sawyer? ¿Algunas cosas que pasaron...? —Él me miró enarcando una ceja mientras ponía el tarro de helado a un lado—. ¿Qué esperas para decirme esas «algunas cosas que pasaron»? ¿A quién debo golpear? ¿Qué pensaría mi hermano de 25 años acerca de mí, si le digo acerca de lo que estuvo ocurriendo todo este tiempo? —¿Comenzarás a hablar? ¿O quieres que use mi fuerza? —me amenazó dándome esa mirada que tanto recordaba como la mirada de «si no haces lo que te digo te daré vueltas y te haré vomitar.» Sí, él hablaba bastante en serio, repetidas veces me había hecho devolver mi cena debido a eso.

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No tuve más remedio que contarle. Todo. Con detalles. Marcus nunca había sido del tipo que juzgaba, aunque en sus días de escuela era el más popular mariscal de campo, nunca se le subió a la cabeza, siempre había tenido un buen corazón y mucho más con nosotros dos, a diferencia de Chase, él primero escuchaba con atención y luego te decía su opinión, pocas fueron las veces que se enojaba hasta el punto de lanzar el primer puñetazo a cualquiera y eso era lo que me gustaba de él. Marcus era como West en sus «años de gloria», de hecho, él fue quien le regaló su primer balón de fútbol americano, cuando tenía 11. —Wow... —expresó echando su cuerpo hacía atrás—. Entiendo que la manera en que Chase se enteró de todo esto fue bastante jodida, pero se comportó como un completo imbécil al no escuchar lo que tenías que decir antes de reaccionar así. Yo creo que esto no se trata de lo que hay entre Sawyer y tú, esto se trata de que no quiere darse cuenta del hecho que ya no eres una niña, ni mucho menos un hermano «parte de su pandilla», él tiene que entender que eres una chica y son cosas que pasan, como ya dije, los adolescentes hacen cosas jodidas, meten la pata, se enamoran, discuten, es algo con lo que tiene que lidiar. Nunca estuve más de acuerdo con él en mi vida… Tenía toda la razón, eso era, enterarse de que su hermanita ha crecido había sido un golpe bajo para Chase, ahora lo entendía todo. Dios bendiga a Marcus Carter. —¿Sabes qué? Voy a llamarlo y a pedirle a su trasero que este aquí en la puerta de esta casa en 20 minutos —espetó levantándose de tirón de la cama—. Ustedes tienen que aclarar las cosas mientras yo esté aquí, vine a pasar mis vacaciones navideñas con mi familia, todos juntos, eso somos Chase, tú y yo, ¿de acuerdo? —Marc, creo que es muy tarde para eso, ¿por qué no lo dejas para mañana? —Traté de calmar su repentino momento de entusiasmo—. Estoy cansada, ¿sí? Él se quedó viéndome por unos largos segundos. —Bien, tienes razón, pero mañana traeré su trasero aquí, y los de West y Sawyer también, así todo quedara en paz entre los cuatro. ¿Había dicho que traería a todos aquí? Ni de coña. —Eso es una mala idea, ¿acaso quieres ver sangre? —Bueno, quizá exageré un poco con mi dramatismo. O quizá no tanto... —Dylan, ¿quieres arreglar esto o no? —me preguntó cruzándose de brazos—. Esto es lo mejor que podemos hacer.

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—Sí, sí, está bien, tú solo convence a Chase, yo le diré a los chicos, ¿bien? —rezongué sin más nada que hacer. Sabía que lo haría de todas formas. —Me parece justo. —Una sonrisa se asomó en sus labios, rayos… tenía exactamente la misma sonrisa de Chase, esa que tanto extrañaba—. Ahora que ya tenemos un acuerdo y que me dijiste que estás cansada, ya me imagino por qué… —Idiota. —Le lancé la almohada más cercana al tomar la indirecta pervertida que acababa de decir. —Deberías ir a dormir, mañana será un largo día. —Se rio completando la oración divertido. —Buenas noches, de verdad me alegra de que estés aquí, te he extrañado mucho —confesé levantándome de la cama para comenzar a irme. —Yo también te he extrañado mucho, hermanita. —Me depositó un beso en la frente antes de que saliera de su habitación. *** Este era realmente el momento más incómodo que había vivido. Nos encontrábamos todos en la sala. West, Sawyer y yo sentados sobre el sofá grande, Chase en el sillón y Marcus parado justo en el medio de todo, este último nos miraba con atención. Habían pasado unos minutos desde que nos sentamos y ninguno decía una palabra, podía ver cómo Chase se veía fastidiado y claramente enojado con Marcus por haberlo engañado para traerlo aquí. —¿Ya puedo largarme? —farfulló Chase comenzándose a levantar del sillón. —Siéntate. —Marcus lo señaló con el dedo con brusquedad, dedicándole una mirada asesina. Si estuviéramos en una situación diferente probablemente me hubiese reído de su cara. —De aquí no se levanta nadie hasta que no digan todo lo que tengan para decir —retomó mi hermano con voz autoritaria—. ¿Qué pasó con los amigos inseparables? ¿Qué pasó con ser comprensivos entre ustedes? Mi otro hermano se cruzó de brazos e hizo un gesto de enojo y fastidio como un niño pequeño. Típico. —Ya que nadie quiere hablar primero… —Tengo algo que decir, Marcus. —Sawyer interrumpió a Marcus antes de que este terminara de hablar. Todos vimos cómo él se levantaba. Chase alzó la vista hacía él disimuladamente, pero sabía que

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Sawyer tenía toda su atención, simplemente estaba haciéndose el difícil. —Yo amo a Dylan. En verdad amo a tu hermana, Chase. Algo en mi estómago comenzó a dar vueltas y mi corazón salió disparado en cuanto escuché aquellas palabras, por alguna razón miré en dirección a West y este se encontraba hundido en su asiento, luciendo incómodo, al igual que los demás. Entonces luché por recobrar la compostura y concentrarme en escuchar lo que Sawyer tenía para decir.

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41 —Llevo seis años de mi vida enamorado de esta chica —Su dedo se levantó en mi dirección, haciéndome sonrojar intensamente—. Durante esos seis años la he visto de lejos, en la zona de amigos, ¿y sabes por qué?, porque tenía miedo de que tú te pusieras como loco y que dejaras de hablarme. Pensaba que nuestra amistad era lo suficientemente verdadera como para joderla tan pronto. ¿Sabes lo que son seis años de aguantarme todo eso, solo por ti? Chase no decía nada, no se movía, simplemente se limitaba a mirarlo, así como todos nos manteníamos haciendo. —Y entonces me decido hacerlo, a tomar las riendas, a ganarme su corazón, ¿y tú te cabreas por eso? Es como si no merecía estar con tu hermana, ¿es eso? ¿Crees que no la merezco, Chase? Dímelo ahora mismo. —Su discurso había pasado de tierno a un poco agresivo en menos de un segundo. Mi hermano seguía sin decir nada. Y me estaba comenzando a molestar su silencio a mí también. —¿Prefieres a un completo imbécil como su novio? ¿A un total desconocido? ¿El cual no sabes con qué te saldrá o qué esperar de él? Creo que me conoces lo suficiente para saber que nunca le haría daño a Dylan, o me aprovecharía de ella de algún modo. —¿Ah sí? ¿Cómo sé que lo que me dices es cierto? —Chase al fin reaccionó, levantándose del sillón para estar a su mismo nivel—. Tienes razón Sawyer, te conozco bastante bien, quizá demasiado bien, ¿me entiendes? Sé muchas cosas sobre ti, sé de tus antiguas conquistas, de las chicas que te has tirado y dejado solas en la cama porque no querías atarte a ninguna relación. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una verdadera relación? ¿Cómo puedo yo estar seguro de que no le harás eso a ella? Chase solo estaba buscando excusas, ¿acaso no había escuchado todo lo que él le estaba diciendo? Mierda, hasta yo estaba consciente de que Sawyer nunca me lastimaría, era una sensación de bienestar cada vez que me encontraba con él, que me lo decía y me hacía sentir segura. Vaya, en serio me estoy volviendo una chica cursi. —Estoy parado aquí ahora mismo, diciéndote todo esto, diciéndote que la amo y que la cuidaré, arriesgándome a recibir otro golpe de tu parte. ¿Cuándo rayos me habías visto hacer esto por alguien? —le preguntó Sawyer luciendo un poco más calmado que antes. La expresión de mi hermano Chase se suavizó casi completamente, como si estuviese analizando bien las palabras de su amigo.

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—Tienes que creerle. —El corazón se me fue a la garganta cuando West se levantó también. ¿En serio no podían simplemente discutir esto sentados? Esto parecía la escena de una serie entre Gossip Girl y 90210, imagínense. Claro, no es que yo vea ese tipo de series todo el tiempo, solo cuando estoy aburrida y hago zapping. Esas son series muy de chicas. En fin, de vuelta a la discusión. —¿Por qué lo estás defendiendo? —Chase se volvió hacia West—. Se supone que ustedes deberían estar peleados también, además, tienes suerte de que Sawyer ya te había golpeado, porque estaba listo para partirte la cara esa noche, creo haberte dicho millones de veces que te mantuvieras fuera de sus pantalones. —Ok, nos estamos desviando del tema principal. —Ya no podía estar con más rodeos, si seguían por este camino, terminarían los tres más peleados que antes y caeríamos en lo mismo. Todos se volvieron hacia mí, sorprendidos de que al fin había intervenido. —Chase… No podía creer lo que estaba a punto de hacer, pero era la única manera de que él tomara una decisión de una vez por todas, era la única opción para saber lo que él pensaba y lo que estaba dispuesto a hacer de verdad. Mi orgullo quedaría por el suelo luego de esto. Hacer este tipo de cosas no estaba en mí. —Haré lo que tú decidas —me acerqué a él sin dejar de mirarlo a los ojos—. Al final eres mi hermano, ¿no? Así que si quieres que esto acabe, lo hará, solo si tú lo deseas así, ¿de acuerdo? Pude notar cómo Sawyer se me quedaba mirando un poco perplejo, como si no creyera lo que escuchaba. —¿Qué estás haciendo? —me preguntó por lo bajo. Manipulación, ese horrible don de chicas llamado manipulación, psicología inversa o como mierda llamaban a esto. Chase y yo nos miramos fijamente por un momento. Tomé la mano la mano de Sawyer y entrelacé mis dedos, dándole un cariñoso apretón, haciéndole saber a mi hermano cuánto estaba segura de esto, cuánto estaba segura de que él era el indicado. Luego de unos largos segundos de silencio, su mirada se desvió hacia Sawyer, dio un paso adelante y quedó a centímetros de su rostro. —Bien, acepto esto —farfulló—. Si llegas a lastimarla, recuerda que puede que vayamos a la misma universidad y no será lindo, amigo, no será nada lindo para ti, juro que te haré la vida imposible, Brown.

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—Descuida, eso no pasara. —Una sonrisa estaba esforzándose por no desprenderse de los labios de Sawyer. —¿Así que los perdonas? —intervino Marcus dedicándole una media sonrisa—. ¿A todos? ¿Hasta a West? Chase puso los ojos en blanco y asintió con la cabeza. —¿Acaso tengo otra opción? —rezongó al fin dándome un indicio de sonrisa—. Son ustedes contra mí, no tengo otra opción, si digo que no, probablemente se lanzarían sobre mí y yo quedaría indefenso. No es justo. No pudimos evitar reír. El ambiente se estaba aligerando, podía sentir cómo mis hombros se hacían más livianos. No más peso para ellos, gracias a Dios. —Así me gusta, hermanito. —Lo felicitó dándole unos golpecitos —no tan golpecitos— en la espalda—. Que te comportes como un chico maduro. —Pero no me oculten más cosas, ¿de acuerdo? —Nos pidió con una mirada de sinceridad. —Créeme que luego de esto, no me quedarán más ganas de ocultarte algo —comenté lanzándome a sus brazos, necesitaba abrazarlo, lo tenía de vuelta. Tenía a mi hermano de vuelta. —Más te vale, hermanis. —me susurró mientras me devolvía el abrazo—. Perdón por todo lo que te dije. Sentía ganas de llorar, pero no lo haría, estábamos en una situación alegre, así que joder, ¿para qué iba a llorar? —Descuida, solo olvidemos eso. —Por alguna obvia razón, no me quería separar de él. —¡Perfecto! —saltó Marcus risueño—. ¿Quién quiere cerveza? Yo invitaré hoy. —¡Aleluya! —expresó West entusiasmado. Chase me soltó abruptamente. —¡Venga!, vamos antes de que se arrepienta. —Él bromeó sorprendido que el más tacaño de los Carter estaba ofreciendo pagar algo. —Pequeño idiota —le dijo Marcus dándole un golpe detrás de su cabeza. Soltamos una carcajada, divertidos. Los chicos comenzaron a abandonar la sala en busca de sus cosas, cuando Sawyer me detuvo antes de empezar a salir con ellos. —¿Cómo supiste que él aceptaría? —me preguntó enarcando una ceja.

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Le sonreí, rodeando su cuello con mis brazos para acercarlo a mí. —Nos convenciste a los dos con tu discurso —contesté, pegando mi frente contra la suya—. Yo solo le di un empujoncito para que lo admitiera. —¿O sea que lo manipulaste? —terció con una expresión divertida—. Cada vez me sorprendes más, Dylan. —No se lo digas a nadie —le pedí bajando la voz—. Arruinarías mi reputación. Él se rio entre dientes y acarició mi mejilla suavemente. —Te amo —me dijo acercando sus labios a los míos, para darme un pequeño beso. —Bien. —Su cara se crispó por un momento al no escuchar respuesta de mi parte, haciéndome reír. No era que me costara decirlo por no sentirlo, era solo porque no estaba acostumbrada a ello. Pero estaba lista para hacerlo, eso era como me sentía exactamente hacia él... o eso creo. —Porque yo también lo hago —solté, sin importar nada más. El brillo en sus ojos al escucharme decir aquello hizo que mi corazón diera un vuelco. Y luego de besarnos un poco más, salimos y nos unimos con los demás. Había que celebrar que las cosas al fin estaban de vuelta en su lugar.

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42 —¿Crees que sea correcto eso? Digo, ¿no estoy equivocada? —le pregunté a Matthew mientras nos encontrábamos sentados en mi sofá, viendo TV y esperando a que mis primas llegaran—. Es una buena idea, ¿cierto? Mamá se había tomado el día para ir por ellos a la estación. Sí, el show estaba por comenzar, pronto verían una nueva faceta de mi «increíble» madre, solo esperen, esto será realmente divertido. Matthew me estaba acompañando el día de hoy, los chicos habían salido al gimnasio. En verdad no me pregunten por qué coño habían hecho eso, pero no pude decirles que no, ya que apenas se estaban reconciliando y tenían que ponerse al tanto, no podía detenerlos, tenía que dejarlos sudar sus arrepentimientos. —No lo sé, entiendo que quieres que West esté lo más cómodo posible con la situación, pero no puedes obligarlo a cambiar sus sentimientos tan rápido —opinó mi amigo gay encogiéndose de hombros—. No digo que no le des una ayudadita, puedes hacerlo, es solo que no estés tan segura de que va a funcionar. Como yo lo veo, Dylan, está difícil. Sé que es algo tonto pensar que quiero que todo esté en su balance natural de nuevo, y eso significa que West debe volver a la normalidad, volver a su estado «soy muy sexy, las conquisto a todas y lo sé, bebé» ¿Me entienden? Es por eso que tengo la ligera esperanza que con la llegada de Katia él pueda volver al juego. Ella es genial, es el estereotipo de chica que cualquier chico podría querer, lo puedo decir yo, estoy consciente que ella es una persona increíble y perfecta para él. Solo espero que West se vea interesado. Recuerdo que en aquella llamada de Skype habló sobre sus senos. Eso era algo, ¿no? Mierda, esto tenía que funcionar. ¿Aunque... por qué me preocupaba tanto por eso? —Intentar no cuesta nada, ¿cierto? —comenté dedicándole mi más optimista sonrisa, levantándome de su lado—. ¿Quieres algo de tomar? Me vendría bien algo de alcohol para poder soportar a mi madre y los putos cambios bipolares que tendrá estos días. Matthew soltó una carcajada e imitó mi acción para acompañarme a la cocina. —¿Por qué quieres forzar a West a seguir adelante? —Su pregunta me había tomado más desprevenida de lo que creía.

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Me volví hacia él, encogiéndome levemente de hombros. —Simplemente quiero que todos estemos, bien, felices… —respondí, bajando la voz—. Katia podría… —Dylan, no puedes forzar a nadie a «estar bien», si las cosas pasan, pasan, si no, no. —¿Por qué este chico tenía que ser tan profundo con sus palabras y sembrar preguntas que ya pensaba que no surgirían de mí?—. Y mucho menos puedes forzarlo a desenamorarse de ti. Bajé la cabeza, sintiéndome avergonzada de repente. Él tenía razón, eso era lo que quería, una vía rápida para que se desenamorara de mí, era exactamente lo que estaba buscando hacer… Joder, no debería sentirme culpable o extraña acerca de esto. —Yo solo los presentaré, ¿de acuerdo? —defendí mi propuesta con algo convincente—. Dependerá de ellos lo demás. Una sonrisa se formó en sus labios. —Suficientemente justo —aceptó sin dejar de sonreír. Unos segundos después, escuché cómo la puerta principal se abría con brusquedad… y supe que mis chicos habían vuelto de ejercitarse, no había ninguna duda. Sudorosos, olorosos y horrorosamente desarreglados, se encontraban los cuatro parados en el recibidor, parecían hablar de algo interesante, ya que ni notaron mi presencia, hasta que aclaré la garganta y arrugué mi nariz debido al insoportable olor. Podía con los fluidos y olores corporales de una sola persona, ¿pero de cuatro chicos a la vez? ¡Que alguien les regalé un jabón… o quizá dos! —¿Ya recuperaron su hombría? —bromeé acercándome a ellos. Todos me sonrieron burlonamente a la vez. —Si me disculpan, necesito tomar una ducha antes de que mamá llegue con los invitados y le dé un casi paro cardiaco al vernos así —anunció Marcus, depositándome un beso en la frente, para subir las escaleras lentamente, como si estuviera adolorido. —El atleta Carter ya está un poco viejo para hacer ejercicio, ¿no? —Me reí divertida al ver sus movimientos. Él no hizo nada más que sacarme el dedo del medio sin volverse a mirarme. —Mierda, Marcus tiene razón —terció Chase, con un claramente fingido gesto de preocupación—. Deberían irse antes de que mamá llegue y los vea aquí… y luciendo así, probablemente le daría una bajada de azúcar. Nos miramos por un momento con unas épicas caras de póker… entonces partimos en sonoras

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carcajadas. Buen chiste, Chase, buen chiste. —¿A qué hora crees que esté aquí? —me preguntó mi hermano mientras nos movíamos todos hacia la cocina. Los chicos como siempre, como si fuese su propia casa, dejaron sus bolsos tirados junto a la puerta. Típico. —Pues… —Casi aterradoramente la puerta principal volvió a abrirse, anunciando la llegada de nuestros invitados. —¿Qué es ese olor? —Oí decir a la voz de la tía Deph. Esto iba a ser bueno. —¡Dylan, Marcus, Chase! —Ugh, el molesto chillido de nuestra madre—. ¡Vengan a saludar a sus tíos! Hora del show. Chase y yo nos miramos aguantando la risa, saliendo de la cocina junto a los demás. La cara de mamá al ver a tantas personas ahí era impagable, realmente impagable. ¿Ya les dije que ella odiaba a los chicos? Creo que sí. —¿Cómo está, señora Hassen? —La saludó Sawyer con una sonrisa divertida en su rostro. —¡Dylan! —Sentí todo el peso de Katia sobre mí en un amistoso abrazo, el cual le devolví con mucho gusto, olvidándome de la cara de mi madre por un momento. No había cambiado para nada en estos meses que no nos vimos, seguía igualmente hermosa que siempre, al igual que Lana, que permanecía más enterrada en su teléfono que en el mundo real. —Al fin llegaste —le susurré dándole un cariñoso apretón antes de dejarla ir. Katia me sonrió radiante y pasó su mano por su largo sedoso cabello. —Sí, al fin llegué, estaba muriendo por hacerlo —comentó poniendo una cara de fastidio y mirando disimuladamente a sus padres—. De verdad, estaba muriendo. Tuve que reprimir una carcajada. —¿Dónde está Marcus, querida? —Mamá interrumpió nuestro reencuentro. —Dándose una ducha, señora S. —le contestó West por mí, guiñándole el ojo de camino. Ella lo miró con un poco de repulsión y arrugó la nariz. —Hijos… —llamó nuestra atención, parecía estar tratando de controlar algún ataque de pánico o algo así—. ¿Por qué no salen con sus amigos… por ahí? Pueden llevarse a las chicas con ustedes, podrían enseñarles el vecindario, ¿no? Sería divertido para ellas.

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Amaba a estos chicos, de verdad lo hacía. —Me parece buena idea —dije sin poder evitar ocultar una sonrisa de satisfacción. —¿Qué esperamos entonces? —preguntó Chase acompañando a mi sonrisa—.Vamos a Mikey’s.

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43 Antes de salir tuve una lucha con ellos para que accedieran a darse un baño primero, luego de unos cuantos golpes de mi parte, decidieron hacerlo. West tenía que estar limpio y guapo para que pudiera comenzar con mi plan. —No puedo creer que ese sea Matthew —me comentó Katia, mirando en dirección a los chicos que se encontraban comprando bebidas para nosotras—. Dios mío, no puedo creer que sea gay. —¿Es gay? —terció Lana con los ojos muy abiertos, al fin despegándolos del teléfono—. Ese Dios inglés, ¿es gay? Asentí con la cabeza mientras aguantaba la risa. —Créeme, eso pensé en cuanto me enteré de que lo era. —Reí suavemente sin poder evitar recordar aquel momento. —En fin, aún no hemos tenido tiempo para hablar. —Las vistas de las hermanas se posaron en mí—. ¿Qué ha pasado? ¿Sawyer o West? ¿Ya te decidiste? ¿Quién es el afortunado? —Pues… —¿De qué hablan las chicas por acá? —Pegamos un respingo y nos dimos cuenta de que los cuatro estaban de vuelta. Sawyer me empujó para hacerse espacio junto a mí y más allá le siguieron West y Matthew, dejando a Chase del otro lado con las chicas. —Solo poniéndonos al tanto de algunas cosas —dijo Katia guiñándome el ojo. —¿Ah sí? —El chico a mi lado pasó su brazo por mis hombros y me dio un cariñoso apretón—. Conque algunas cosas, ¿eh? Ella completamente entendió la indirecta, sus ojos se abrieron con sorpresa, pero no era esa «sorpresa alegre, efusiva», era solo eso, sorpresa, lo cual me pareció algo raro. Debía discutir eso con ella después. —Sí, querida prima, estos dos andan juntos —añadió Chase poniendo los ojos en blanco con indiferencia. —Wow, felicidades chicos —expresó sonriéndonos ampliamente—. Me alegro mucho por ustedes. Sawyer le sonrió de vuelta con gratitud, depositándome un tierno beso en la frente. —Aw, que lindos se ven —terció Lana mirándonos con ojitos de bambi.

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—Vale, vale, paren, estoy a punto de vomitar —interrumpió mi hermano fastidiado—. Cambiemos de tema, ¿bien? Lana se echó a reír. —Bueno, ¿qué harán ustedes mañana además de cenar con su familia? —preguntó mi prima menor dándole un sorbo a su bebida—. Podríamos juntarnos luego, me gustaría conocerlos mejor —confesó mirando coqueta a Matthew. ¿Qué parte de completamente gay no entendió? —Pues yo estoy disponible para lo que sea, ni siquiera tendré una cena familiar. —Me volví inmediatamente hacia West, luciendo confundida. —¿Qué? ¿Por qué? —indagué frunciendo el ceño. —Mamá tiene que trabajar toda la noche, así que me toca quedarme viendo TV mientras como comida pre-calentada. —Él sonrió, pero esa sonrisa ni cruzó por sus ojos. Me sentí bastante cortada. Y entonces, se me ocurrió una magnífica idea. —¿Por qué no vienes a cenar con nosotros? —Eres toda una puta genio, Dylan—. Así puedes probar mi rico pavo. —Nuestro rico pavo —me corrigió Chase con gran énfasis—. Y sí, Dyl tiene razón, ¿para qué estar solo en tu casa cuando puedes venir? Será bueno tenerte en casa. —Insisto, West, debes venir —tercié con mayor firmeza. Este no se me escapaba. West se quedó en silencio por unos momentos, sopesando nuestra propuesta. Hasta que sus labios se elevaron en una REAL sonrisa y supe que aceptaría. —Está bien, iré. —Su mirada se encontró con la mía, enviándome esa sensación que tanto odiaba sentir. ¡Mira así a Katia, no a mí, por amor a Dios! Ni siquiera le había hablado a ella desde que llegamos aquí. —¿Qué hay de ti, Sawyer? —La voz de Chase me hizo desviar la mirada. —No puedo, estaré fuera de la ciudad con mi familia todo el fin de semana —le contestó el chico a mi lado. Esperen, esperen, ¿cómo es que yo no estaba enterada de esto? Hasta el momento él me había asegurado que pasaría el fin de semana conmigo y las chicas. Y también «iríamos» a una cita sorpresa que tenía para mí. Pero ya veo que no.

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Él se dio cuenta que lo miraba de manera extraña y acercó sus labios a mi oído: —Iba a decírtelo, papá me lo dijo esta mañana. Visitaremos a mis abuelos, lo siento. No podía discutirle eso, era su familia, aunque admitía que estaba decepcionada por el hecho que estaría fuera el fin de semana. —Está bien, no importa. —Me encogí de hombros, volviéndome hacia mis primas. Al final de la salida, West vendría a cenar y se quedaría. Y Matthew trataría de escapar de sus padres luego de la cena, así que sería una bonita noche después de todo, descartando que Sawyer no pudiera estar presente. *** —¿Qué hay contigo? —le dije a Katia con suspicacia, quien se encontraba rebuscando en su maleta alguna prenda que ponerse para la cena de esta noche. —¿Qué hay conmigo de qué? —me preguntó sin encararme, concentrada profundamente en lo que hacía, como si fuese algo de vida o muerte. Cosas de chicas y la ropa. —Ayer, tu reacción fue muy extraña cuando Chase te contó acerca de lo mío con Sawyer, parecías sorprendida —comenté sentándome sobre mi cama, cruzándome de brazos—. ¿Qué fue todo eso? —Ah —recordó, ahora volviéndose hacia mí—. Es solo que creí que ibas a quedarte con West, es todo. Fruncí el ceño con confusión. —¿Por qué coño creerías eso? —Porque tú sabes, hasta donde pude analizar de lo que me dijiste ustedes son como uña y mugre, son exactamente iguales, les gustan las mismas cosas, siempre te diviertes con él aunque no quieras verlo y a él obviamente le encantas, además que sabe todo de ti. Son el uno para el otro, al menos eso fue lo que creí yo —se explicó en un encogimiento de hombros—. Pero si así es como quieres las cosas, está bien. Sus palabras tenían sentido y deseé que no las hubiera dicho. Tenían demasiado sentido, tanto que me dejaron pensando en todas las cosas que le había contado acerca de West y yo, y en cuál había sido el motivo de su conclusión. Ahora más que nunca debía de juntarlos a los dos.

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Había extrañado muchas cosas de convivir con mis primas, menos el tener que soportar unas lecciones de moda de su parte. Era estúpido para mí utilizar algo tan formal como un vestido para una simple cena en mi propia casa, pero Katia y Lana me obligaron a usar uno, ya que ellas usarían vestidos también. El que escogieron no solo lo odiaba por ser un vestido, sino también porque había sido un «regalo» de mi madre en un intento de hacerme vestir más femenina. —Es sexy y elegante, no te quejes —me replicó Katia viéndome en el espejo. Era color negro, de cuello cuadrado y considerablemente ajustado—. Se te ve genial. —Lástima que Sawyer no te verá en él —terció mi otra prima quien se encontraba del otro lado de la habitación tratando de enfundarse en su ajustado vestido verde. —Que te den, Lana —le gruñí no queriendo recordar esa triste información. —Ahora busquemos unos zapatos de tacón que hagan juego. —Ella dio un salto hacia mi armario. —No hay ni una razonable manera de que me hagas usar zapatos de tacón en mi propia casa. — Le dejé bastante claro—. Usaré mis Vans favoritas. Las dos me miraron con horror. —Saben que no me obligarán. —Chasqueé la lengua con fastidio, mientras hacía a un lado a Katia para aventurarme en mi desordenado armario en busca de mis Vans color negro. —Bien, está bien, tú ganas, sabemos que no hay ningún remedio contigo —resopló ella sacando su enorme kit de maquillaje—. ¿Usarás maquillaje? ¿O también te rehusarás a eso? Puse los ojos en blanco. —Si me maquillas como un payaso juro que patearé tu trasero —la amenacé dejándome caer sobre la silla de mi escritorio. —Ah, Dylan, cómo te extrañamos —suspiró acercándose a mí rápidamente, como si me fuese a arrepentir de haber accedido. Probablemente sí lo hubiese hecho. Unos treinta minutos después, las tres ya bajábamos a unirnos con nuestra familia. El rostro conmocionado de mi madre al verme en el vestido me hizo tener ganas de vomitar. —Oh, querida te ves preciosa. —Me puse tan rígida como un palo en cuanto se acercó para abrazarme—. Sabía que algún día te dignarías a usar ese vestido. —Sí, sí, no es un jodido gran asunto, madre —farfullé con mi cabeza metida en su cuello, oliendo su asfixiante colonia.

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Ella me apretó más de lo necesario antes de dejarme ir. A veces me pregunto por qué no estudió actuación en vez de administración, le hubiese ido mucho mejor. Su talento para esto es nato. —¡Hermanis, ven a ayudarme con esto aquí! —Salvada por el grito de mi hermano. —Con permiso, señores —dije con mi fingida voz de cortesía. Chase me sonrió al entrar a la cocina. Esta noche usaba una camisa de cuadros casual y pantalones negros. Lo envidiaba, al menos él podía usar algo cómodo. —Ayúdame a poner la mesa —me pidió contando los platos y cubiertos—. Ah, y ya West está en camino. Genial, esta noche sería todo acerca de juntar a Katia con él. —Perfecto. Y dime, ¿por qué rayos hay diez platos si somos nueve? —le pregunté al darme cuenta que había uno de más. Que yo sepa, no habíamos invitado a nadie más que a West. Su sonrisa de travesura me hizo sentir más curiosa. —He invitado a alguien —además de West— que a mamá le encantará tener aquí hoy —contestó haciendo énfasis en «encantará». —¿A quién invitaste, Chase? —Papá no tenía ningún plan para hoy, así que le dije que viniera y se nos uniera. ¿Papá vendría a cenar con nosotros? Esto sería jodidamente épico. —Te quiero, ¿lo sabes? —Me reí divertida mientras lo ayudaba a llevar los platos a la mesa. —Lo sé, lo sé —me respondió, soltando una carcajada. No pasó mucho tiempo cuando alguien tocó el timbre, tuve que abrir yo, ya que los demás estaban muy entretenidos hablando en la sala de idioteces. Tenía que escapar lo antes posible, antes de que mi cabeza explotara. No me extrañó que fuese West, quien por cierto, se veía bastante bien en su camisa de botones color azul, la cual estaba abierta y dejaba ver una camiseta gris con un estampado de la banda Queen. Y lo último que noté fue que traía una botella de vino en su mano. —Vestido de cóctel y tus Vans favoritas. Me gusta esa combinación —dijo mirándome de arriba abajo—. No podía llegar con las manos vacías y traje vino, iba a traer unos cuantos six-packs de cervezas, pero esto me pareció más apropiado para una cena de Acción de Gracias. —Estaba esperando que trajeras unas cervezas para cuando esto se acabara, las íbamos a necesitar. —Fingí estar decepcionada. —Sí las traje, de hecho —Él se rio entre dientes divertido al ver mi expresión—. Las dejé en el auto mientras tanto.

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No pude evitar reírme. —Me has salvado la vida —expresé con dramatismo. Soltó una carcajada, al mismo tiempo que una silueta masculina se acercaba a sus espaldas. —¡Papá! —Me lancé a sus brazos en cuanto confirmé que era él. —Tengo que venir hasta aquí para poder verte la cara, dije que me visitaras cuando llegaras del verano y no lo hiciste —reprochó deshaciendo el abrazo y dedicándome un puchero—. Ya no quieres a tu viejo. —Lo siento, tuve muchos inconvenientes. —Me encogí de hombros apenada. MUCHOS inconvenientes. —West, me alegra verte. —Él se acercó a saludar amigablemente a mi amigo.—¿Qué haces aquí? ¿Eres el novio de mi hija ahora o qué? Estuve a punto de sonrojarme. —¿Cómo está, señor J? —Lo saludó West de vuelta, luciendo un poco incómodo—. No, no lo soy —susurró entre dientes. —¿Jeff? —La cabeza de mamá se asomó por el recibidor—. ¿Qué-qué haces aquí? La tía Daphne, Donald, las chicas y mis hermanos se asomaron en el recibidor al igual que mi madre. La cara de mi tía y de mamá casi me hacen reír. No era un asunto tan grande como para estar casi hiperventilando. Papá no era el anticristo o algo por el estilo. Aunque para mamá podía llegar a ser algo peor que eso. —Yo lo invité. —Intervino Chase acercándose a nosotros junto a Marcus para saludar a nuestro padre con un rápido abrazo. —Jeff. —Tía Daphne le gruñó fríamente en forma de saludo—. Luces horrible. —Daphne —le respondió él del mismo modo—. Luces como una anciana, el botox no te está funcionando muy bien. Auch, eso me dolió y no fue conmigo. Ah, adoro a mi padre. —Bien. —Mamá tomó una larga y profunda respiración con los ojos cerrado—. Creo que es ya es hora de la cena. Todos se removieron incómodos por el momento y comenzaron a caminar hacia el comedor. Esta noche sería larga… y no en el mal sentido.

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44 El momento de tensión se aligeró más cuando ya nos encontrábamos sentados en la mesa, todos concentrados más en sus platos que en la presencia de los demás. Había obligado a Katia a sentarse justo frente a West e ignoré el hecho de que este último me lanzó una extraña mirada. Sabría que estaba tramando algo si sostenía su mirada, así que simplemente la ignoré. Al paso que iban estos dos, no pasaría absolutamente nada. West la ignoraba por completo, como si fuera solo cualquier pedazo de carne. Bueno, no, algo peor que eso, él adora la carne en realidad. —West, ¿por qué no nos cuentas acerca de la posible beca deportiva en Princeton? —le dije rompiendo el infernal silencio. Él dejó descansar su tenedor sobre la mesa para alzar la vista hacia mí, viéndose sorprendido por la pregunta. —Bueno, sí... el entrenador de Princeton vino a verme hace unas cuantas semanas, dijo que tengo potencial y si sigo sano y con buenas calificaciones es posible que tenga una beca para la próxima selección de la universidad —explicó sonriendo ampliamente con orgullo. ¿Quién diablos no estaría orgulloso de eso? Hasta yo lo estaba. —Wow, eso es genial. —¡Al fin señales de vida en el planeta Katia-West!—. Felicidades. —Gracias. —Él le dedicó una pequeña sonrisa—. Estando en el equipo de Princeton tendré más oportunidades para entrar a algún equipo de la NFL, específicamente en los Pittsburgh Steelers. —Así se habla, hermano —intervino Chase apoyando a su equipo favorito. Es decir, NUESTRO equipo favorito. —Los Pittsburgh Steelers tienen bastante defensa, pero los Saints de New Orleans tienen mucha ofensiva —terció el tío Donald, quien no había hablado en toda la noche—. Prefiero a los Saints. Los tres lo miramos horrorizados. Eso había sido peor que una bofetada para nosotros. Y entonces nos vimos sumergidos en una enérgica discusión acerca diferentes equipos de fútbol americano cuando papá aseguró que los New York Giants le pateaban el trasero a todos los demás equipos y Marcus lo apoyó a él. Chase, West y yo, contra Donald, papá y Marcus. Las chicas —y ancianas—, solo nos miraban de manera extraña. Nuestros puntos eran más convincentes que los de ellos, así que ganamos el pequeño debate.

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—¿Qué hay de ustedes? Katia, ¿cuál es tu equipo favorito? —le preguntó West, parecía estar animado y dispuesto a entablar conversación. Vamos, esta es la oportunidad perfecta. —Pues, no soy muy fanática del fútbol americano, en realidad, ni siquiera sé de lo que hablan —le contestó encogiéndose de hombros avergonzada. —Oh, está bien. —Su sonrisa se desvaneció y estuve a punto de hacer un palm-face. Mala respuesta, Katia. 0 puntos para ti. El resto de la cena concurrió con fastidiosa tranquilidad. Quería ver un poco de acción de parte de mi madre y de la tía Deph por la repentina presencia de papá, pero las dos se relajaron a medida que la botella de vino se vaciaba y se reemplazaba por otra. Luego que la cena terminara, los adultos se llevaban de maravilla, reían, hacia bromas y hablaban como si fueran los mejores amigos del mundo en el comedor. Creo que vi a mamá sentándose junto a papá. Oh Dios, no, por favor. Nosotros tomábamos cervezas en la sala, Matthew se había logrado escapar de su casa y se mantenía lo más lejos de Lana posible, esta no era muy tolerante al alcohol y con tres cervezas encima ya coqueteaba descaradamente con mi querido amigo gay. Era algo divertido de ver, me encantaba la expresión de terror de Matt. —Aww, miren, videos caseros de Dylan. —Katia sacó unas cintas apiladas de un cajón debajo de la TV—. «Cumpleaños Nº 12 de la pequeña Dylan». ¿En serio? Puse los ojos en blanco. —A mamá le encantaba grabar todo —le expliqué dándole un sorbo a mi cerveza—. Fue horrible tenerla todo el tiempo filmando cualquier mierda. —Tenemos que ver eso, pagaría mil dólares si es necesario para ver a esta chica de niña — expresó Matthew levantándose de tirón, claramente queriendo escapar de las garras de Lana. —Ni de coña. —Negué con la cabeza con energía—. De ninguna manera. —Traeré el VHS. —Chase me sonrió con malicia mientras se disponía a abandonar la habitación. —¡Chase! —le reproché molesta. —¿Qué tiene de malo? Eras muy linda de niña —comentó West riendo entre dientes. Le mostré el dedo del medio para luego cruzarme de brazos. ¿Por qué sentía las mejillas calientes? Joder. Unos cortos minutos después, mi hermano regresó con el viejo aparato en sus manos. Genial, ahora todos estaban entusiasmados en ver una simple y aburrida cinta de mi fiesta de

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cumpleaños. Los efectos del alcohol en adolescentes eran notorios. El video comenzó con unos prematuros Chase, West, Sawyer y yo corriendo por el patio trasero jugando a fútbol americano. Éramos Chase y yo, contra ellos dos. Mamá sostenía la cámara mientras me gritaba que entrara para arreglarme y recibir a los invitados. Por mi parte, recuerdo que no me cambié nunca y estuve toda la fiesta usando unos viejos pantalones de Chase, una blusa de tirantes negra y una gorra de baseball de papá. —Así que no cambiaste mucho entonces —me susurró Matthew quien se encontraba sentado a mi lado—. Misma Dylan de siempre. El escenario cambió y ahora estábamos reunidos con nuestros otros amigos, comiendo como cerdos y riéndonos por algo que no recuerdo. Y ahí estaba Becka, sentada junto a mí abrazándome cariñosamente, riendo conmigo. Perra. En un punto, la cinta se tornó entretenida de ver. Eran buenos tiempos, divertidos. Tiempos sin problemas donde podíamos disfrutar sin que nos importara una mierda lo que pensaran los demás. Oh sí, definitivamente fueron buenos tiempos. Luego de la escena del pastel y el «cumpleaños feliz», la pantalla se volvió negra y cuando creímos que el video se había terminado, una nueva escena apareció de la nada, al parecer mi madre -la inteligente-, la había dejado encendida mientras limpiaba el desorden del jardín. Un extraño movimiento tras el gran árbol de nuestro jardín captó mi atención inmediatamente. Eran dos personas, estaba segura, podía ver sus zapatos. ¿Qué?, esperen, ¿qué mierda…? Esos dos pares de zapatos los conocía… Hijo de la gran puta. Esto tiene que ser una broma. Mis sospechas fueron confirmadas al ver el largo cabello de Becka asomarse por el árbol. Los cuerpos de Sawyer y ella estaban cerca, y podía notar que su cabeza se movía de un lado a otro… Se estaban besando. —Mierda, está grabando aún, ¿cómo se apaga esto, Dios mío? —Mi madre acaparó todo el lente de la cámara con su ojo. Segundos después, la cinta terminó. —Así que ahí estaba él, me dijo que iría al baño —expresó Chase como comprendiendo alguna cosa—. Desde joven es todo un cachondo ese Sawyer. Bueno, al parecer no fui la única que notó ese detalle.

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¿Por qué demonios me mentiría? Idiota. Imbécil. Lo mataría. Qué tonta eres, Dylan, qué tonta. —Tengo que ir al baño —me excusé levantándome del suelo, puse todo mi esfuerzo en no sentir un nudo en la garganta, pero no era algo fácil. Ninguno me impidió irme, ellos no sabían lo que yo sabía, lo que Sawyer me había dicho con tanta seguridad que le creí. Jódete, amigo, estás en graves problemas.

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45 No era el hecho lo que me encabronaba, eso había pasado ya hace cinco años. Lo que me molestaba era que tuvo el descaro de mirarme a los ojos y mentirme como si fuese lo más natural del mundo. ¿Qué le costaba decirme la verdad en ese momento?¿Cómo se le ocurría mentirme de esa manera? Y sobre todo… ¿Acerca de qué otra cosa me había mentido entonces? Pensé que era diferente. Me quedé sentada en las escaleras, simplemente calmando mi frustración y debatiendo en mi mente si llamarlo o no. Que le den, no lo llamaría, ni contestaría sus llamadas hasta que volviera y hablara con él de esto. Cara a cara. En caso de que se mereciera un buen puñetazo de mi parte. —Eres una idiota, Dylan Carter, una completa idiota —farfullé en voz alta, dejando escapar un gruñido luego. —No, no lo eres. —La voz de West me hizo pegar un respingo del susto. —No vuelvas a aparecerte así en un momento como este, podrías haber salido mal herido, Collins —le advertí recuperando el aliento. Él se echó a reír mientras tomaba asiento junto a mí. —¿Qué haces aquí? Deberías volver con las chicas y platicar con ellas. —De ninguna manera le hablaría de este asunto a él, así que me desvié del tema tan rápido como pude. —¿Por qué lo haces? —me preguntó repentinamente, mirando ahora con expresión seria. —¿El qué? —Fruncí el ceño un poco perdida. —Esto. Me he dado cuenta toda la noche —masculló—. Has estado tratando de acercarme a Katia. ¿Por qué lo haces? ¿Es porque dije aquella vez que tenía buenos pechos? Sé que me escuchaste ese día —bromeó sonriendo. No pude evitar reír ante su chiste. —Dyl, no necesito que me juntes con nadie. —Él volvió a su expresión de seriedad—. No es que tu prima no esté ardiente, sabes… —Hizo un pervertido gesto con sus manos en sus pechos. Puse los ojos en blanco divertida, dándole un leve golpe detrás de su cabeza. —Es solo que no estoy interesado. —Se encogió de hombros—. Realmente no estoy interesado. —Sonaba como si hasta él mismo estuviese sorprendido de sus palabras. El playboy West Collins no estaba interesado en coquetear con una chica como Katia. Era algo

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de qué sorprenderse. —¿Cómo es que no lo estás? Ella es hermosa, y es totalmente tu tipo —le pregunté confundida. —Lo sé, es solo que no le gusta el fútbol americano y no tenemos mucho en común —cuestionó alzando su mirada hacia mí—. ¿Sabes qué es lo peor del asunto? —¿Qué? —Sostuve su mirada por unos segundos. —Que antes no me importaban una mierda ese tipo de detalles. Me removí incómoda en mi lugar, sabiendo exactamente a lo que se refería con eso. Nos quedamos mirándonos directamente a los ojos. Sin movernos. Solo ahí, casi leyéndonos las mentes. Él sabía que algo andaba mal conmigo, por eso había venido a revisar. Y yo sabía que el plan Katia-West quedaba descartado por completo. Dylan, sé que estas enojada con Sawyer, pero creo que deberías ya recobrar la compostura, el momento está tomando un rumbo que no debería. Lo que nos hizo cortar el contacto visual fue el estridente timbre de mi teléfono. Hablando del jodido de Roma, y Sawyer que se asoma. No lo pensé ni dos veces y desvié la llamada con todas las ganas del mundo. Imbécil. —¿Por qué no contestas? —Mi compañero frunció el ceño. —No es importante —le espeté con dureza—. Deberíamos volver con los demás. Me apresuré a levantarme, estaba segura de que si miraba una vez más, confirmaría que me encontraba muy molesta acerca de algo. No quería responderle preguntas a nadie, mucho menos a él. West no se merece lo que le hago pasar. —¡Los he pillado! —El grito de mi padre nos hizo sobresaltar a ambos. Vaya, estos estaban pasándola en bomba, ¿no? Su rostro estaba encendido, por lo que supuse que ya habían pasado a la quinta o sexta botella de vino de la noche. —¿De qué hablas, pa? —No pude evitar reírme de su estado de ebriedad. —Aquí solitos, en la oscuridad, ustedes dos. No me mientas, pequeña, sabes que tu padre es muy abierto con estas cosas. ¿Son novios o no? Me agrada West, no hay por qué ocultar nada —nos dijo haciendo una especie de divertido baile con sus cejas. —Somos solo amigos, papá, y creo que ya has tenido suficiente vino, ¿no crees? —le comenté cruzándome de brazos. Él soltó una sonora carcajada.

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—No seas aguafiestas, me estoy divirtiendo. ¿Puedes creerlo? Tu día Daphne tiene 50. —Se rio— ¡Joder! Luce como de 70, pero shhh, no le digas a nadie. West y yo tapamos nuestras bocas aguantando la risa. —¡Jeff! —Mamá claramente estaba en peor estado que papá—. ¡Vuelve aquí, cariño! ¿En serio? ¿En serio lo llamó «cariño»? Quizá era hora de que los ancianos fueran a dormir. —Es que quiero ir al baño, Steph, sé que soy irresistible mujer, pero no aguanto las ganas — expresó papá comenzando a subir las escaleras a tropezones. Mamá se echó a reír y lo imitó, tomándose con fuerza del pasamano para no caerse en sus tacones de aguja. —Está bien, está bien, yo también tengo ganas, iré contigo. ¡Espérame, Jeff! —Wow, increíble. —Miré a West roja de la risa, con los ojos muy abiertos del asombro. —Esta es la mejor Cena de Acción de Gracias que he tenido, sin duda. —Se carcajeó mi amigo. —Hey, chicos, vengan a ver esto. —Marcus asomó su cabeza desde el comedor, con expresión divertida. No dudamos en seguirlo. A juzgar por su rostro, se trataba de otra cosa hilarante. Y diablos que lo era. Donald y la tía Daphne ya habían quedado inconscientes en sus asientos, aunque de una manera particularmente comprometedora. Él se encontraba sentado con la cabeza hacia atrás y la boca abierta, mientras que ella estaba recostada en su regazo, con su rostro escondido en la entrepierna de mi tío. Hilarante, jodidamente hilarante. —¡Chicos, vengan a ver! —gritó Marcus. Segundos después, los cuatro aparecieron junto a nosotros, rompiendo en carcajadas en cuanto vieron esa escena. —Oh Dios mío. —Katia estaba por llorar de la risa—. Esto merece una foto, podemos sobornarlos con esto algún día hermana. —Gracias a esa imagen, tendré pesadillas esta noche. Estaré soñando con la tía Daphne dándole una mamada al tío Donald. Muchas gracias, alcohol —confesó Chase con una graciosa cara de trauma. —Y eso no es todo, hermano —terció West sonriendo con malicia—. Acabamos ver a tu madre subiendo con tu padre al baño. —¡ASCO! —Su cara de trauma se intensificó, haciéndonos reír a todos.

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Mi teléfono comenzó a sonar. ¿Qué parte de ignorancia no entendía este chico? De nuevo, le colgué la llamada. —¿Quién quiere jugar a «gira la botella»? —Saltó Lana dedicándole una pícara mirada a Matthew. Él solo le sonrió levemente. —NO. —West y yo expresamos al unísono—. Nada de eso. Fue obvio que la misma experiencia se cruzó en nuestras mentes. —¡Sí!, jugaremos solo de retos, será divertido. —La apoyó mi otra prima entusiasmada—. Vamos, vamos, por favor, somos las invitadas, tienen que complacernos. —Puso su mejor cara de perrito. Mientras no tuviera nada que ver con besar a Matthew o a West, estaba más que bien para mí. —Bien. —Rezongué poniendo los ojos en blanco—. Hagámoslo. Ignoré la expresión de terror en el rostro de mi amigo gay. Nos sentamos todos en la alfombra de la sala, en círculos y con la botella de cerveza en medio. A mis lados tenía a Chase y a Lana. Diagonal a West y Matthew. Y en frente a Katia. Antes de comenzar a jugar, recibí otra llamada de Sawyer y la desvié de igual manera. También hubo un mensaje de texto, pero no quise leerlo. ¿Qué? Ya estábamos jugando, no podía interrumpir nada. El primer reto fue de Chase hacia Katia, quien la retó a quitarse el vestido. ¿Así que el juego iba por este camino? Mierda. Lo que me sorprendió fue que ella ni siquiera chisteó cuando se sacó el vestido por su cabeza y quedó en un simple sujetador de encaje rojo y medias negras que cubrían parte de su abdomen. Los chicos-chicos, le miraron los pechos con los ojos muy abiertos. No los culpaba tampoco. La botella giró, giró y giró, hasta que se detuvo exactamente apuntándome a mí y a Katia. Genial, su cara de travesura me daba miedo, me decía que tenía que prepararme para lo que venía. —Ya que Chase me hizo tener que quitarme el vestido, te reto a ti a quitarte el tuyo —me espetó así sin más—. Vamos, ¿qué esperas? Reto es reto. Demonios. Le dediqué una mirada asesina mientras me levantaba. La mataría mañana, cuando estuviese más consciente y no bajo los efectos del alcohol. Era un hecho que patearía su trasero por esto. Luché contra la cremallera en mi espalda que estaba atascada para poder quitarlo. Paseé mi mirada por todos los presentes sintiéndome un poco cohibida, ninguno, ni siquiera Chase, me

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había visto en ropa interior y ahora hasta Matthew parecía estar esperando el momento. El vestido cayó sobre el suelo, dejando mi ropa interior expuesta. Esto no era justo, Katia prácticamente estaba cubierta por sus medias, pero yo no tenía nada más que mis pantis de estampado de comics y mi sujetador negro. La mirada de West me incomodaba. Sus ojos parecían sorprendidos y me escaneaban de arriba abajo con tanta lentitud e intensidad que tuve miedo de que Chase lo pillara y lo golpeara. Su vista se detuvo en la mía y mis mejillas comenzaron a llenarse de calor. Escuché a duras penas cómo murmuraba un «Wow». —¡Hombre, ten un poco de respeto! —El golpe de Chase hacia West me hizo reaccionar—. Deja de mirarla ahora mismo. —¿Feliz, Katia? —Me senté rápidamente cruzando mis brazos para cubrir mis pechos. Asintió con una sonrisa de triunfo pegada en sus labios. —Todos felices. —Ella me guiñó el ojo, poniendo a girar la botella de nuevo. El juego se resumió a quitarnos prendas. No me molesté en absoluto cuando fue el turno de Matthew, en realidad llevaba tiempo queriendo ver cómo lucía el celestial torso de mi amigo gay sin camiseta… Y valió la pena la espera, valió la pena, se los aseguro. Después de unas horas, nos aburrimos de jugar y simplemente platicamos un rato más hasta que el sueño nos venció y sin darnos cuenta, caímos todos dormidos en la sala.

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46 ¿Por qué no contestas mis llamadas? ¿Pasó algo malo? Contéstame, por favor. Dylan, ¿lo estás haciendo a propósito? Es la octava vez que te llamo y no contestas. Me estoy preocupando mucho. Contesta, por favor. ¡Contesta el teléfono, maldición! Esos fueron los mensajes de texto que leí esa mañana al levantarme con la cabeza de Matthew enterrada en mi pecho, la mano de Katia pegada en mi cara y la pierna de Chase encima de la mía. Sí, creo que tuvimos una noche bastante intensa. Y mi resaca estaba empeorando con cada paso que daba hacia la cocina. —Ugh, que alguien por favor me dé una aspirina urgente. —Matthew entró a la cocina unos segundos después, sobándose las sienes con los ojos cerrados con fuerza. Era primera vez que lo veía luciendo tan desastroso. Me distraje un momento viendo su torso aún desnudo. —La última vez que tuve una resaca de este tamaño fue cuando me escapé con Patrick a un bar —contó dejándose caer pesadamente sobre la silla de la barra—. ¿Tienes algo que sea efectivo? Mi cabeza está a un paso de explotar. —Enseguida saliendo una rica aspirina para ti… y una para mí —le dije volviéndome hacia la alacena, siempre escondía unas para emergencias por acá. —No sé en qué pensar cuando me levanto por la mañana, entro a la cocina y casualmente veo unas pantis de cómics deseándome buenos días. —Me volví hacia West rápidamente, en un intento de cubrir mi trasero de su vista. Mierda, había olvidado vestirme por culpa de los mensajes de Sawyer. Él me sonrió divertido. —Ah, y acabo de ver al señor J escabulléndose por la puerta de enfrente —recordó pasándose una mano por su alborotado cabello—. No quiero saber por qué estaba escapando. —Ni yo tampoco —comenté haciendo una mueca de asco—. Pero solo por prevención, deberíamos salir todo el día. Si es lo que creo que es, créeme que no queremos estar cerca de

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mi madre cuando despierte. Puede que sufra de un ataque de nervios. Mezclar alcohol con exesposos no es una buena idea. —¿Qué hay de tus tíos? ¿Aún siguen dormidos en el comedor? —Se rio él tomando asiento junto a Matthew. —Sí. —Asentí con la cabeza riendo entre dientes. La tía Daphne despertaría con un celestial dolor de cuello. Diablos sí, el karma era una perra, sin duda. —De verdad me alegro de que me hayan invitado, me hubiese perdido toda la diversión si no hubiera aceptado. —Su mirada viajó rápidamente por mi cuerpo y luego volvió a mi rostro con una sonrisa torcida. Quizá ya debía ponerme algo encima. En eso, nuestra conversación fue interrumpida por el sonido de mi teléfono anunciando una llamada entrante. —Es Sawyer —Matthew dijo, al ver la pantalla de mi teléfono que se encontraba junto a él.—. ¿No le contestarás? Fruncí los labios molesta. —Nop —negué dándole la espalda deliberadamente, para servirme un poco de agua—. En fin, ¿a dónde vamos hoy chicos? —No lo sé —escuché decir a West por encima del estridente timbre que seguía sonando—. ¿Puedes por favor voltearte? La resaca y tu trasero no ayudan a mi concentración. Me apresuré a obedecerle al recordar ese pequeñísimo detalle. Le dediqué una mirada asesina mientras alcanzaba un delantal de cocina para cubrir mi trasero. Mucho mejor. —¿Qué tal si vamos a jugar paintball? —propuso encogiéndose levemente de hombros, mirándome directo a los ojos. El teléfono había dejado de sonar así que el incómodo silencio invadió el lugar. Me limitaba a sostenerle la mirada, sabiendo que estaba pensando exactamente en lo mismo que yo. En ese día. En esa cita hace meses. —¿Debo tomar el silencio como un sí? —Las comisuras de sus labios se curvearon en una burlona sonrisa. Sopesé la idea por unos largos segundos. —Prepárate entonces para una masacre, Collins. —Enarqué una ceja retadoramente. Él se llevó una mano al pecho luciendo exageradamente ofendido.

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—La alumna supera al maestro. Increíble, Carter —expresó fingiendo sorpresa—. Miyagi debería sentirse orgulloso. No pude evitar reír. Noté cómo el ceño de Matthew se fruncía, mirándome o mejor dicho, mirándonos con extraña atención. Tenía que hablarle de lo que pasaba, lo antes posible. *** Tomamos la mañana para recuperarnos y ver las caras de vergüenza de nuestros respectivos padres al despertarse tan jodidos como nosotros. Escuché a mamá llorar de vergüenza mientras le contaba a la tía Daphne lo poco que recordaba acerca de lo de papá, y mi tía seguía creyendo o fingiendo que nadie la había visto durmiendo. Lo que no sabía era que sus hijas habían retratado el momento para la historia. Sawyer llamó otro par de veces antes de irnos, hasta que me hizo hartar y le envié un texto diciendo que no quería hablar con él ahora, sino cuando volviera. Obviamente me contestó con un «¿Por qué?», pero lo ignoré porque ya llegábamos al campo de paintball. —En realidad no sé cómo jugar esto —confesó Katia de último minuto, cuando nos encontrábamos colocándonos nuestros trajes—. Me da un poco de miedo. —¿En serio? —Lana puso los ojos en blanco—. Es más fácil de lo que parece, a veces voy a jugar con Anna, es divertido. Anna es su mejor amiga. Una jodida del cerebro, tengo que puntualizar. Está incluso más jodida que yo la pobre. —West puede enseñarte, él me enseñó a mí —dije terminando de abrocharme el overol gris. —Ese West es demasiado tierno —suspiraron ambas con una voz empalagosa—. Pensé que nunca conocería a alguien tan tierno y sexy a la vez, pero creo que me equivoqué. Por favor, dispárenme ahora. —Él es solo West —resoplé con fastidio—. Ahora apresúrense, no tenemos toda la tarde, el tiempo es dinero. —¿Qué hay de Sawyer? —me preguntó Katia mientras caminábamos fuera del vestidor—. Desde ayer no veo que tienes noticias de él. —Es porque no le he contestado las llamadas —contesté sin darle vueltas al asunto—. No pienso hablarle hasta que vuelva.

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—¿Por qué? ¿Han discutido por algo? —Ahora las dos estaban interesadas. —Solo es algo que descubrí, ¿podemos no hablar de eso? Quiero pasarla bien con ustedes hoy. —Ellas sonrieron levemente y gracias a Dios, me dejaron estar. West se ofreció a darle unas lecciones rápidas a Katia antes de comenzar el juego. Me entretuve viendo cómo lo hacía, era imposible no recordar ese día, me había divertido un montón aprendiendo y él en verdad se había comportado genial conmigo. Las pequeñas lecciones de tiro. Sus tips. El juego uno contra uno. También el be… —Aprende rápido. —La voz de mi amigo me hizo salir de un salto de mis pensamientos—. Creo que ya Miyagi ha hecho su trabajo. Reí entre dientes ante su ridícula referencia a Karate Kid. —Ahora, ¿cómo escogeremos las parejas? —preguntó Chase risueño—. Serán tres equipos de parejas. —Escogeremos con los palillos. —Mi amigo West sacó unos seis palillos madera con diferentes tamaños de su bolsillo y los sostuvo en su mano mientras los mezclaba—. Bien, cada uno escoja, ya saben las reglas. El primer equipo seleccionado fue Chase y Lana. Katia sacó el palillo más grande y yo el más pequeño, eso quería decir que no haríamos equipo. Todo se resumía al turno de Matthew, si escogía el grande haría equipo con Katia y si escogía el pequeño, conmigo. Qué dilema. Él se tardó en tomar uno de los dos restantes. No tenía sentido tardarse, solo toma uno y ya, demonios. Genial, había sacado el otro más grande. West me sonrió a medias y sus ojos saltaron con travesura. —Parece que Miyagi hará equipo con Daniel-san. Esto iba a estar bueno.

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47 West —¿Nos separamos o qué? —me preguntó Dylan sentada frente a mí, rodeando sus rodillas con sus brazos y con una ansiosa sonrisa ensanchada en esos torturadores labios de ella. Me encantaba verla tan metida en el juego. —Aunque creo que deberíamos mantenernos juntos, si nos separamos no sabremos del otro y no estaríamos seguros, ¿qué dices? Nos encontrábamos escondidos tras unos gigantes barriles, el juego había comenzado y nadie se atrevía a salir de su respectivo escondite. Esto se había puesto más interesante cuando apostamos que las dos primeras parejas eliminadas, tendrían que pagarles la cena a los ganadores, y podrían elegir lo que quisieran comer. Teníamos que atacar pronto. Sin embargo, no me importaba en absoluto estar con Dylan solo un momento. Quería animarla. Estaba bastante seguro de que algo estaba pasando entre ella y Sawyer. ¿Problemas en el paraíso? Diablos que sí, y muchos. Solo debieron ver su rostro cuando su teléfono sonó esta mañana y se trataba de Sawyer. Decía: «problemas y cabreo» en todas sus facciones. Me sentía tentado a preguntar lo que ocurría, por eso preferí darle una tarde de diversión en vez de incomodarla aún más. Sabía que probablemente evadiría el tema para no hacerme sentir mal al hablar de su relación con mi amigo y tenía razón, pero si hablar con alguien la hacía sentir mejor, no me molestaba. Soy un jodido estúpido y lo sé, créanme, aprendí mi lección por las malas. Nunca me había sentido tan como mierda en mi vida y apesta, apesta como el infierno saber que ya no hay marcha atrás en este asunto. Perdí el partido posiblemente más importante de mi vida y me obligo a mí mismo a estar bien con ello. —Tienes razón, no lograré salvar tu trasero si estás muy lejos. —La apoyé dedicándole una burlona sonrisa. —Pienso que es todo lo contrario. —Bufó poniendo los ojos en blanco—. No te muevas de mi

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lado, no quiero que te maten. —Cada vez me ofendes más, Daniel-san —repliqué fingiendo estar atónito. Ella se rio, mostrando sus grandes y perfectamente alineados dientes. Eres un idiota, West, esto te pasa por no haberte dado cuenta de lo que tenías en frente, puto Sherlock. Buen trabajo. —Bien, salgamos a ganarnos esa jugosa cena, señor Miyagi. —Le sonreí, para luego salir de nuestro escondite. Le hice una seña para que se mantuviera detrás de mí, la cual obviamente ignoró y se quedó parada a mi lado mientras sostenía en alto su arma. Toda una guerrera. Y era toda de Sawyer. —¿Qué tal si vamos primero por las chicas? —sugirió sin mirarme, estaba ocupada vigilando que nadie nos sorprendiera—. Lana sabe jugar, Katia no tanto. Yo a Katia y tú a Lana, ¿está bien? —«Solo deja que el Karate fluya en ti, Daniel-san.» —le dije haciendo una horrenda imitación a mi viejo favorito Miyagi. Dylan enarcó una ceja por un momento y luego su rostro se llenó de diversión. Ahí va, otra linda sonrisa sacada por mí. —Vuelves a hacer referencia a Karate Kid y te dejaré inconsciente de un disparo como la última vez que vinimos aquí —me amenazó aguantando reírse. Creo que quizá era tiempo de que le dijera la verdad acerca de ese día… —Nunca me desmayé —solté dedicándole una media sonrisa—. Sí, fue bastante genial lo que hiciste, pero solo fingí estar inconsciente para, bueno, tú sabes… —Me rasqué la cabeza tratando de no entrar en tantos detalles. No era cómodo ni para mí, ni para ella. Se volvió hacia mí, lanzándome una mirada asesina y sorprendida a la vez. —Joder, West, eres un idiota —expresó con enojo—. Tienes suerte de que estemos en el mismo equipo o ya te estaría pateando el trasero por lo que acabas de decirme. —¿Por qué? Eso fue hace como dos meses atrás, Dylan. Ahora tú estás con… —Guardé silencio al percibir nervios e incomodidad de su parte. Bien, hora de callarse. Cuando vi que ella abría la boca para reclamarme algo, un ruido a mi derecha me hizo actuar rápidamente y jalar a Dylan cerca de mí mientras apuntaba tras unos de los barriles a lo lejos. Reflejos de jugador. La mitad de un cuerpo y una cabeza rubia se dejó ver y no dudé dos veces para jalar el gatillo. La

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pintura azul impactó su hombro y Matthew salió de su escondite quejándose. —Ya estás fuera, inglés. —Sonreí con satisfacción. Él puso los ojos en blanco. —Genial, quizás ya debas dejarme ir. —Oh, sí, me había olvidado de que aún seguía abrazando a Dylan. —Sí, deberíamos hacer eso que dijiste. Yo a Lana y tú a Katia. —Traté de disimular la jodida estupidez—. ¿Qué hay de Chase? ¿Quién lo aniquila? ¿Tú o yo? Una pequeña sonrisa perversa creció en sus labios. Ya no estaba enojada conmigo. Eso me gustaba. Bueno, todo acerca de ella me gustaba. —Ambos, Collins, ambos. A esto es a lo que me refiero. *** Fue tan simple que hasta me aburrió. En cuanto Lana me vio, trató de defenderse, pero fui mucho, mucho más rápido que ella. Y si creyeron que eso había sido pan comido, Katia solo gritó «no me maten» y soltó el arma de pintura para que Dylan le diera. Sí, LA SOLTÓ. No pude evitar partirme de risa en ese momento. Al parecer las clases del maestro Miyagi no dieron frutos. Una hora después, solo quedaba eliminar a Chase para que nosotros pudiéramos ganar e irnos a comer. Me sentía como en Los Juegos del Hambre. —Solo hagámoslo, ya tengo hambre —replicó mi compañera con fastidio—. Muero por una hamburguesa con… —Pepinillos y extra queso —Saboreé mis labios, a todos nos encantaban las hamburguesa de pepinillos y extra queso de Mikey’s. Era como un celestial orgasmo seguro cuando comías una. También estaba muerto de hambre. —Hagámoslo, bebé. —La palabra se resbaló de mis labios sin poderla detener. Hacía mucho tiempo que no la llamaba así y tuve miedo de que la incomodara de alguna forma. Pero, siendo sincero, extrañaba llamarla de esa manera. Mucho. Ella simplemente me dedicó una pequeña sonrisa.

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Síp, definitivamente la había incomodado. —Bien. Maldito Chase Carter. Era peor que un ninja, escurridizo y difícil de atrapar. Esto se estaba alargando más de lo que quería y ya nuestras tripas estaban gruñendo, pidiendo alimentación. —¡Vamos, Chase, terminemos con esta mierda! —grité—. ¡Sal ya! —¡West tiene razón! ¡Me muero de hambre! ¡Sal! —Dylan imitó mi acción, llevándose una mano a su gruñón estómago. Entonces todo pasó increíblemente rápido, unas bolitas de pintura nos impactaron en nuestras espaldas. Chase nos había atacado… a los dos… Sin siquiera darnos tiempo de voltearnos. Hijo de puta, había que darle crédito por ser tan silencioso. —¿Ahora quién es el Miyagi, perras? —Mi amigo salió de su escondite sonriendo de oreja a oreja—. Me deben dos hamburguesas con extra queso, quizá hasta tres, saben cómo como. —No es justo, era el equipo que sobreviviera, tú eres solo uno —le reprochó Dylan enarcando una ceja—. Estás muerto igual. —No me vengas con esa mierda, hermanis. —Sin duda estos dos eran sacados del mismo útero—. He ganado y punto. —Demonios —farfulló con molestia—. Bien, bien, tú ganas, vamos a cambiarnos, anhelo una rica hamburguesa. —Fue un placer haberlos aniquilado a ambos. —Él hizo una socarrona reverencia, ahora sonriendo con satisfacción—. Me retiro. —Hay que admitir que pateó nuestros traseros —le comenté a Dylan cuando ya caminábamos hacia el aparcamiento. Limpios y con nuestros estómagos listos para el festín. Ella alzó la vista y me sonrió. Qué tortura que me hacía pasar cada vez que me sonreía de esa manera, como si aún hubiese alguna pizca de esperanza para mí. Aunque sabía que si así fuera, ya no podría igual hacer nada al respecto. —Sí, tienes razón, solo nos tomó desprevenidos, la próxima sí que le dispararé hasta dejar su cuerpo como el arcoíris. —Se rio devolviendo su vista hacia el frente. —Lo hiciste bien, Daniel-san, has seguido todos mis tips. —Pasé mi brazo por sus pequeños hombros y le di un cariñoso apretón. Gracias a Dios ella no se alejó. Pero sí me golpeó en las costillas. —Te dije que si hacías referencia a Karate Kid una vez más, te golpearía. —No pude evitar soltar una carcajada.

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Mi risa se detuvo, al igual que Dylan, cuando vimos un Mustang rojo aparcado junto a mi camioneta, con un Sawyer cruzado de brazos recostado sobre la puerta. ¿Qué rayos hacía aquí? ¿No debía estar con sus abuelos y volver mañana? Esto quería decir una cosa… los problemas eran grandes.

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48 ¿Qué rayos hacía Sawyer aquí? Por lo que había escuchado, no iba a llegar hasta mañana. ¿Acaso… regresó solo por mí? —Pero miren quién no puede vivir sin estar lejos de nosotros por unos días… —Chase le dijo en tono burlón mientras nos acercábamos a él. No parecía estar en el mejor humor del mundo, se le podía ver por el simple hecho de que estaba usando gafas de sol. Cada vez que las trae puestas pueden significar solo dos cosas: Resaca o insomnio. Ustedes adivinen cuál es la verdadera. —¿Qué haces aquí, hombre? —le preguntó mi hermano golpeándole el hombro en modo de saludo—. Pensé que te iban a tener prisionero hasta mañana, ¿qué pasó? Él se quitó las gafas y sus irritados ojos se encontraron con los míos por un momento. Esos mismos imbéciles ojos que me mintieron. Aparté la mirada rápidamente y me di cuenta de que West aún tenía su brazo alrededor de mis hombros. Tampoco quería que lo apartara, en realidad, no me molestaba. Era reconfortante en este preciso momento. —Tienes razón, no puedo vivir sin ustedes. —Una sarcástica sonrisa se elevó en sus labios—. Ni siquiera pude dormir pensando en ustedes, por eso las ojeras, sí. Así que tomé el auto temprano en la mañana y conduje de vuelta solo porque quería verlos. Me quedé sin gas en medio de la nada y tuve que esperar unas dos horas para que la ayuda llegara. Pero aquí estoy ¿no?, todo porque no puedo vivir sin ustedes. Y así es como luce y actúa Sawyer Brown en su faceta de gruñón e irritable chico con falta de sueño e ira retenida. Ok, entendí tu indirecta, Saw. Calma. —Bien… —Chase asintió lentamente mirándolo como si estuviese loco—. Íbamos a celebrar MI victoria en el paintball con unas hamburguesas de Mikey’s, ¿vienes? —Eh, sí, ustedes adelántense, yo iré con Dylan después. —Me tensé de inmediato, pero no dije nada, solo me quedé quieta mientras West se separaba de mí y Mathew me lanzaba una extraña mirada. Mierda, cierto, había olvidado hablarle del asunto.

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—¿Pueden ser menos obvios, por favor? —Mi hermano hizo una mueca entre asco y disgusto—. Aquí hay un hermano que sabe que se van a besuquear cuando ya no estemos a la vista. Créeme, Chase, será todo lo contrario a eso. —¡Ok!, ¿nos vamos o no? —Saltó Katia, tratando de evadir el momento incómodo—.Ya mi estómago está a punto de hablarme. Lana se echó reír muy exageradamente. —¡Cierto!, vámonos ya. Gracias, chicas. —¿Estarás bien? —La voz de West susurrándome al oído me hizo pegar un respingo. ¿Cómo es que sabía…? Bueno, ya no me sorprendía. ¿Qué no sabía él? Asentí dedicándole una leve sonrisa. —Los veré allá. Un minuto después, luego de besos y apretones de manos de despedida, nos encontrábamos nada más Sawyer y yo en el solitario aparcamiento. —¿Quieres matarme de preocupación? —comenzó a reprocharme, aún cruzado de brazos—. ¿Por qué mierda no contestas mis llamadas ni mis mensajes de texto? Pasé la noche tratando de comunicarme contigo y no pude dormir bien pensando que algo malo había pasado, luego de repente tú solo me dices «No hablaré contigo ahora, sino cuando vuelvas» ¿Qué se supone que significa eso? ¿Por qué parece que estás furiosa conmigo por algo de lo que no estoy enterado? —Me mentiste —le espeté, tratando de controlar mis impulsos asesinos. —¿A qué coño te refieres? —replicó dedicándome una confundida mirada—. No te estoy siguiendo, Dyl. —Ayer encontramos una cinta de mi cumpleaños número doce y decidimos verla… —comencé a explicarle, examinando cada uno de sus gestos—. Dime, Sawyer, ¿por qué me mentiste acerca de no haber besado a Becka en mi fiesta de cumpleaños? Su rostro se descompuso por unos segundos por la sorpresa, pero luego sus cejas bajaron y se fruncieron. —¿Por eso es que estás tan furiosa? —Wow, con la tranquilidad con la que lo dijo tuve ganas de abofetearlo. —¿Cómo pudiste mentirme en mi cara? —expresé acalorada—. ¿Cómo es que me miraste a los putos ojos y me dijiste que nada había pasado con ella nunca? ¿Aprovechaste la oportunidad, cierto? Me viste tan vulnerable esa noche que decidiste quitarte los trapos sucios de encima y

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jugar al niño bueno e inocente que no rompe un plato. Él no dijo nada, simplemente dejó que siguiera hablando. Mil veces idiota. —¿Acerca de qué más me mentiste, ah? La rabia opacaba el sentimiento de querer echarme a llorar por lo tonta que había sido al creer que Sawyer Brown era la persona adecuada para ser mi novio… y hasta llegué a decirle que lo amaba. Como él había dicho una vez: «Es muy bueno para ser verdad.» —Dylan, estás siendo hipócrita, ¿sabes? —Sentí que sus palabras me abofetearon dolorosamente. ¿Qué… mierda… acababa… de decir? —Me estás reclamando por algo que pasó hace como cinco años, ¡joder! —exclamó dando paso hacia mí, sus ojos se veían tan enojados como los míos—. ¿Qué hay de ti, eh? ¿Acaso yo te reclamé y me cabreé de esa manera por algo que estuvo pasando todos estos meses con West? ¿Te reclamé y dejé de hablarte por haberme ocultado algo tan grande? ¿Por haber estado besándote a mis espaldas y a las de todos con uno de mis mejores amigos? ¡Si alguien debería estar cabreado aquí, soy yo! Guardé silencio. Él sin duda seguía dolido por lo que había pasado con West. —Te mentí porque quería dejar atrás todo lo relacionado con Becka, comenzar desde cero, olvidar toda esa mierda. Sabía que te cerrarías de nuevo si te decía la verdad. —Su tono de voz bajó considerablemente—.Y sé que no debí mentir, lo siento… —¿Acerca de qué otra cosa mentiste, Sawyer? —corté su discurso, cruzándome de brazos con autoridad. Mi pregunta lo tomó claramente desprevenido. Definitivamente había algo más. Y quería saberlo. —¿Tuviste sexo con ella en la fiesta? —le pregunté con la voz más firme que pude emitir—. Dime la verdad. Él bajó ligeramente la cabeza y su rostro de frustración —y vergüenza— me dio la respuesta antes de que su boca lo hiciera. —Genial. —Solté una amarga risa—. Sí lo hiciste, ¿cierto? —Estaba ebrio y enojado, Dylan… —resopló pasándose ambas manos por su rostro con cansancio y desesperación—. No fue nada.

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—¡¿O sea que si te hago enojar alguna vez irás corriendo y te tirarás a la primera que se cruce por tu camino solo para molestarme?! —Tragué saliva con fuerza, nunca me había sentido tan mal como ahora—. Chase tenía razón… —¿Qué? ¿De qué hablas? —Alzó la vista hacía mí, su rostro se veía jodidamente mal—. ¿Qué insinúas, Dylan? —Creo que esto no va a funcionar. —Un nudo se formó en mi garganta. Qué estúpida había sido. —No, no, no digas eso. —Se apresuró a acercarse a mí, pero di un paso atrás—. Lo siento, metí la pata, lo sé, soy un idiota, no va a volver a pasar. —Sus manos aterrizaron en mis mejillas y pegó su frente con la mía, mirándome directo a los ojos—. Te amo. —Me ganaste con mentiras. —Negué la cabeza con desaprobación, soltándome de su agarre—. Montaste todo un lindo mundo para mí, me hiciste creer que eras sincero y que habías cambiado. Si me amaras no hubieses mentido para darte beneficio a ti. Ahora no sé qué es lo real acerca de todas las cosas que me dijiste. ¡Dios, Sawyer!, yo te elegí a ti. —Esto se tornaba más doloroso de lo que pensaba—. Confié en ti, joder, pensé que eras diferente. —LO SIENTO, ¿cuántas veces me quieres escuchar decirlo? —preguntó mirándome con tristeza—. Si es posible dame la oportunidad de demostrarte que puedes confiar en mí. No más mentiras, ¿sí? —Bien, aquí va una verdad…—comencé a caminar hacia atrás, viéndome a mí misma alejándome de él—. Perdiste esa oportunidad desde el momento en que me hiciste creer que eras diferente. Entonces me volteé y seguí caminando lejos, con las lágrimas de frustración picándome los ojos. Y él no me siguió.

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49 Tenía hambre, pero no quería ir con los demás luciendo como lucía. Como una total mierda. Mis nervios estaban de punta, la cabeza me palpitaba y mis piernas ya se encontraban cansadas de tanto caminar. Había estado dando vueltas en un intento de calmarme, pero resultó inútil ya que alrededor de 30 minutos después, seguía igual. Necesitaba calmarme. Si Chase me viera luciendo como si estuviese al borde de un colapso, y se enterara de que todo esto era por el idiota de Sawyer… Mejor no les digo lo que haría. Se estaba haciendo de noche y mi rara caminata hacia ninguna parte no me estaba sirviendo para nada. Hasta que de repente un lugar en particular se me cruzó por la cabeza, y no dudé dos veces en dirigirme hacía allá. Era el único lugar donde sabía que iba a estar sola y me podría relajar. Espero que a West no le importe que use su lugar favorito para esconderme un rato. ¿Dónde estás? ¿Por qué Sawyer vino sin ti? ¿Y por qué parecía estar alterado? Él dijo que no te sentías bien y que te llevó a casa, para no preocupar a Chase, pero supe que no era verdad. Sé que algo pasó. Responde, por favor. Un texto de Matthew casi arruina mi sigilosa entrada por la abertura del cercado que llevaba al campo. Genial, no me sorprendía que Sawyer dijera otra mentira. Aunque no me molesté, era mejor que Chase no supiese de esto. Le respondí rápidamente y puse mi teléfono en vibrar mientras caminaba con cuidado de no pisar nada que hiciera ruido. Te contaré lo que pasó si vienes a dónde estoy. En realidad no quería estar sola. Aspiré el olor del césped recién rociado y me tumbé sobre él en medio del campo, mirando hacia el cielo. De esto estaba hablando. Un poco de paz, al fin. West tenía razón, venir aquí te ayudaba mucho. Cerré los ojos por un instante, pero mi momento de tranquilidad se vio interrumpida por otro mensaje de Matthew. Dime e iré ahora mismo. Estoy en el campo de fútbol de la escuela.

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¿Qué haces allá? Es de noche, puedes meterte en problemas. Hay una abertura en el cercado, estaré esperando. No quiero estar sola, Matt, me siento como mierda. Ya voy en camino, espérame. Resoplé con cansancio. Esto de las relaciones amorosas no iba conmigo. Apestaba, sin duda. Aunque más apestaba yo por haber creído conocer el lado bueno de Sawyer. Quizá eso de que se fijó en mí hace años puedo creerlo, pero no justifica su forma de engatusarme. No fue justo para mí… fui una ilusa y me dejé llevar más de lo debido por esta locura. Me hizo creer que lo amaba. Dios, Dylan, debes dejar de llorar ya. Qué estúpida luces, joder. Sequé las pocas lágrimas que se habían derramado y me quedé viendo la luna. Por alguna extraña razón, quería que West estuviese aquí conmigo para jugar un mini-partido, hablarme y hacerme sentir mejor. Lo sé, sería una cosa muy perra de hacer dadas las circunstancias. Pero no podía evitar pensarlo, la última vez que estuvimos aquí juntos —y la única—, mis problemas se habían esfumado por ese instante. —¿Por qué de todos los lugares decides venir a la escuela de noche? —La voz de mi amigo me hizo erguirme. Nunca había estado tan feliz de verlo. —¿Y qué haces tirada en el medio del campo? —preguntó tomando asiento junto a mí. —Me relaja. —Me encogí de hombros—.Y en este momento lo necesito. —¿Qué pasó con Sawyer? —Su preocupada mirada atrapó la mía y la sostuvo por unos largos segundos, esperando alguna respuesta de mi parte. Le conté todo lo que pasó, sin descartar ningún detalle. Me sorprendí al notarme a mí misma mucho más tranquila, mi corazón había dejado de sentir ese molesto apretón y el nudo en la garganta había desaparecido. —Dylan, lo siento. —Se acercó a abrazarme en cuanto terminé de hablar—. Siento que tengo parte de culpa en lo que está pasando, por una parte yo lo ayudé esa noche. Supongo que también me creí todo lo que me dijo, soy un tonto. —No es tu culpa, Matthew. —Le dediqué una reconfortante sonrisa—.Yo fui la que quizá tomé la decisión equivocada, tú no me obligaste a nada. Está bien, yo soy la tonta. —¿Qué harás ahora? —Indagó con curiosidad—. ¿Crees que puedas arreglar esto? —Sí, sí puedo arreglarlo —contesté—. Sobre todo por Chase, si se entera acerca de esto,

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probablemente termine de matar a Sawyer y no quiero eso. De alguna manera quiero que todo vuelva a su lugar, sé que no será así, pero al menos pretendo intentarlo. Puedo perdonarlo, pero no creo poder darle otra oportunidad, mi orgullo salió jodidamente lastimado por esto, si vuelvo con él, nunca estaré segura de todo lo que me dice. Sé que será así. —Dyl, por más que quieras volver a la normalidad, no va a suceder ni que las vacas vuelen. — No pude evitar reír ante su torpe chiste—. Ambos están bastante enamorados de ti. Alcé la vista hacia él y enarqué una ceja. —¿Por qué de repente hablas en plural? —Porque… ahora mismo West está esperando por nosotros afuera —dijo encogiéndose levemente de hombros, como si apenas hubiese recordado algo tan importante como eso. —¿Qué? —expresé sobresaltada, con mis ojos muy abiertos—. ¿Por qué lo trajiste aquí? Mierda, ahora me sentía peor que mal. —Yo no lo traje aquí. —Él puso los ojos en blanco—. Él vino por su cuenta. Demonios, West, ¿acaso tratas de torturarme de alguna manera? ¿En serio tienes que hacer estas cosas? —Él también sabía que algo malo había pasado y me dijo que te preguntara dónde estabas. Vino conmigo y le pregunté si quería entrar, pero prefirió quedarse esperando afuera para no incomodarte. Estaba preocupado, Dyl, no pude decirle que no. Me levanté del césped de tirón, jalando a Matthew conmigo. —Está loco —repliqué comenzando a caminar en busca de la salida. Solo a West Collins se le ocurriría esperar más de una hora en un aparcamiento solitario, fuera de su camioneta y con el templado frío nocturno de la cuidad que te llegaba hasta los huesos. Lo golpearía. —¿Estás bien? —me preguntó cuando estuve lo suficientemente cerca. —¿Qué rayos haces aquí? —le reproché cruzándome de brazos—. Estoy bien, te debiste quedar en Mikey’s con los demás. —Esperaré adentro —intervino Matthew incómodo abriendo la puerta de la camioneta. No, no te vayas. —Sabía que algo estaba mal luego de que viste esa cinta de tu cumpleaños —siguió hablando, ignorando las palabras anteriores de mi amigo—. ¿Qué pasó con Sawyer, Dylan? ¿Te hizo algo malo? —¿Por qué me estas preguntando esto? —resoplé con ironía—. No seas masoquista, West, ya me siento lo suficientemente mal.

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—Si ser masoquista es quererte y preocuparme por ti, bueno, entonces lo soy. —Aquello me tomó desprevenida. —Me mintió, discutimos y se acabó, ¿ya? —le dije tratando de no mirarlo a la cara, manteniendo la compostura—. ¿Eso te sirve? —¿Te mintió? ¿Acerca de qué? —Su voz sonó aterradoramente seria, tanto que me hizo tener que mirarlo. Su ceño estaba fruncido y su mirada llena de alguna extraña intensidad. —Responde —presionó con firmeza. —Dijo que nada nunca había pasado con Becka, cuando la verdad es que hasta tuvo sexo con ella. —Sonreí con completo sarcasmo—. Genial, ¿no? —Hijo de perra —gruñó furioso. Eh, creo que no debí decirle eso, su cara no lucía nada bien. Era la primera vez que le veía esos ojos de alguien que está apunto de asesinar a una persona. —West… —¡No! —espetó bruscamente—. Lo mataré, en serio lo haré. De esto no saldrá ileso. Su repentino grito me sobresaltó. Oh Dios, esto no pintaba bien, nada bien. —Debes calmar… —Sube a la camioneta, te llevaré a casa primero—.Y antes de que pudiese decir algo más, él se adentró en el asiento del conductor y cerró la puerta de un portazo. Rayos. Rayos. Rayos. —West, me estás asustando, disminuye la maldita velocidad. —demandé cuando ya nos dirigíamos a mi casa. Se había tragado más de dos luces rojas y el corazón estaba a un paso de salirse de mi pecho. —Esta vez no solo me sentaré a mirar, ya no más reglas de amistad —farfulló girando el volante hacia la izquierda—. ¡Diablos, cómo odio a esa maldita Becka! Si no fuera una chica… —Yendo como Dominic Toretto no vas a resolver nada, esto no es Rápido y Furioso. —expresé con histeria—. Podemos tener un accidente si no te calmas. Jesús, nunca en TODA mi vida lo había visto tan furioso como ahora. Me acerqué a tomar su mano libre y darle un leve apretón, esperando poder suavizar sus nervios aunque sea un poco. Él giró su cabeza ligeramente hacia mi dirección y al momento en que sus ojos se encontraron con los míos, dejó salir un largo resoplido. —Joder…—masculló soltando lentamente el acelerador.

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Gracias a Dios. Mi amigo Matthew que se encontraba en la parte de atrás, se mantuvo en sepulcral silencio hasta que West aparcó junto a mi casa. Aún no sabía lo que él pretendía hacer, pero de ninguna manera dejaría que se fuera así, lo único que podía pensar era en Chase y en lo que se armaría. De nuevo. —No dejaré que te vayas así, West, pareces un loco —le dije mientras me acompañaba a la puerta principal—. Nunca pensé verte tan enojado. —Es que estoy realmente cabreado —me respondió frunciendo los labios. Sí, ya lo noté. —Le dejé el camino libre, ¿para esto? Si hubiese sabido que se revolcó con esa chica desde antes, créeme que nada de esto estuviese pasando en primer lugar. Tragué saliva con fuerza, sintiéndome incómoda. —Estaríamos en una situación diferente… —Su tono de voz se suavizó al articular las últimas palabras, su cuerpo estaba peligrosamente cerca y no me había percatado de ello. No esa mirada. —Iré a hablar con Sawyer ahora mismo, tengo muchas cosas que decirle. —Dio un paso atrás entendiendo mi lenguaje corporal. —No quiero que discutan, ni mucho menos que Chase se dé cuenta de esto, West. Estoy harta de que todo siempre se complique. —Tranquila, Chase me envió un texto mientras esperaba en la escuela, diciéndome que tus primas querían ir a divertirse un poco antes de irse mañana, las llevó a una fiesta que está dando Jimmy en su casa. Sawyer no fue con ellos —comentó despidiéndose de mí con un beso en la mejilla, para luego comenzar a alejarse—. Y muy tarde para eso de no discutir, bebé. Vi cómo entraba a su camioneta, la encendía y la ponía en marcha. Mi estómago estaba gruñendo por el hambre y quizá otra cosa. Tenía un dolor de cabeza tremendo y lo único que agradecía en ese el momento, es que Matthew estuviera aquí para acompañarme. Por cómo estaban las cosas… esta sería otra larga noche.

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50 Sawyer —¿Quieres otra? —me preguntó Paige parada tras la barra del bar en Mikey’s. Ya era lo suficientemente de noche para que estuviese vacío el lugar, y así era mejor, menos bullicio. Más tranquilidad para pensar. —Por favor —le contesté metido más en mis pensamientos que en cualquier otro lugar. Había estado llamando al teléfono de Dylan, pero me cansé de intentar a la quinta vez que colgué. Lo tenía apagado y no iba a contestarme. Por cómo era ella, de esta no me saldría fácil, le daba la razón en ese lado, su orgullo podía llegar a ser más fuerte que lo demás que estuviese sintiendo en el momento. Yo fui el imbécil que arruinó la oportunidad al haber hecho lo que hice. Jodido idiota que eres, Brown, acabas de desperdiciar tu oportunidad. —Esta es tu octava cerveza seguida —Paige volvió con la botella en la mano—. Eso significa problemas, ¿qué es lo que a tanto le das vuelta en tu cabeza, guapo? Resoplé y pasé ambas manos por mi rostro para espabilarme un poco. El alcohol, todo el asunto de Dylan, y el cansancio del viaje ya estaban haciendo efecto en mí. —La he cagado hasta el fondo, Paige —le hice saber dándole un trago a —según ella— mi octava cerveza—.Y creo que no habrá una segunda oportunidad para mí. Estoy jodido. —¿Esto tiene que ver con… Dylan? —Ella se inclinó ligeramente hacía mí, con los codos apoyados sobre la barra—. He oído hablar de que ustedes están juntos. —Estábamos —la corregí dejando escapar un resoplido de cansancio—. Terminó conmigo hace menos de cuatro horas. —De seguro resolverán las cosas —comentó encogiéndose levemente de hombros—. No te deprimas, campeón. —No lo entiendes. —Negué con la cabeza. Otro sorbo a mi cerveza—. Ella es una chica difícil, tiene un carácter y una perspectiva muy diferente a las demás. Cometí un maldito error, incluso mayor que el de ella. —Otro sorbo a mi cerveza—. Dylan es como un marcapasos, tienes que tener cuidado o puede explotar en cualquier segundo. —Wow, es la primera vez que veo a Sawyer Brown tan decaído por una chica, la amas, ¿no? —

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Una pequeña sonrisa nació en sus labios. —Sí, claro que lo hago, demasiado —me contagié de su sonrisa—. Es solo que no supe manejar la situación esta vez. Le mentí acerca de algo que hice y no debí hacer, pero lo hice porque estaba tan cerca de tenerla que sabía que si le decía la verdad la oportunidad no se presentaría de nuevo. —¿Acerca de qué le mentiste? —Ella se mostró curiosa. —Yo… —Sawyer. —Una voz familiar llamándome me hizo dar la vuelta y vi a West caminando hacia mí. ¿Era West? Sí, sí lo era. Aún no estaba lo suficientemente ebrio como para confundir a las personas. No lo había visto desde que desapareció a no sé dónde con Matthew. Bueno, al menos tendría a alguien con quien compartir unos tragos. No era el más recomendable en este momento, pero al menos no estaría solo. —Hey… —Me dispuse a saludarlo. No pasaron unos segundos cuando sentí su puño impactar con fuerza en mi mejilla derecha. Si no me sostengo, caigo directo en el suelo debido al impacto. ¿Pero qué mierda…? —Te dejé el camino libre —me espetó acercándose a mí, ahora sobándose los nudillos de la mano que acababa de golpear mi rostro. Yo aún seguía en una especie de shock. Era la primera vez que West se atrevía a golpearme, ni siquiera en broma lo había hecho antes. Mierda, este chico tenía un buen gancho. —Te la dejé a ti, Sawyer —siguió hablando, tomándome de la camisa para enderezarme en mi asiento—. Sabías que Becka era un tema delicado para ella, que era su punto débil y tú lo usaste bastante bien para joderla, ¿no? —expresó enojado, haciendo más presión en mi camiseta—. ¡¿En qué demonios estabas pensando cuando te la tiraste?! ¡¿En cómo Dylan se molestaría al enterarse, ah?! ¿En eso? ¡Debiste asumir las consecuencias por hacer tal estupidez! No debiste engañarla de esa manera. No sabía qué decir. Él tenía razón, ese día en la fiesta estaba tan enojado que no lo pude evitar, yo mismo busqué a Becka porque quería tomar venganza, sabía que a ella le dolería saberlo luego, no estaba pensando nada bueno en ese momento y lo admito. Pero, al igual que Dylan, West estaba siendo un hipócrita.

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—Los dos son unos hipócritas —hablé por fin—. Me reclaman cuando en realidad ustedes estaban haciendo cosas a mis espaldas también. Él soltó una sarcástica carcajada. —¿En serio? ¿Ahora me vas a salir con esto? —Enarcó una ceja con incredulidad—. Dime, ¿acaso lo que pasó fue intencional? No. Yo no sabía acerca de que tú también estabas cortejándola. Y tú no sabías que yo la quería —o mejor dicho, quiero— para mí. Y ella en lo único que estaba preocupada era en nuestra amistad. En cambio TÚ, sabías muy bien las consecuencias que conllevaba revolcarte con Becka. Quería defenderme, pero sentía que si me levantaba, iba a perder el equilibrio. Me sentía frustrado. «Mi amigo», al fin me soltó de su agarre y pude recobrar un poco la compostura. —¿Sabes cuántas veces vi a Dylan llorar cuando era una niña por culpa de esa perra? Esa fue otra de tus obras maestras, poner a su única amiga chica en contra de ella. Sí, yo también vi la cinta de su cumpleaños, y esa fue otra anécdota que no compartiste con nosotros, «amigo». —La última palabra la dijo con tanto desprecio que casi dolió. Maldición, West cabreado era una persona completamente diferente. —Pensé que te la merecías más que yo, pero me engañaste al igual que a ella —dijo haciendo un gesto de desaprobación—. Esta vez sí voy a mandar a la mierda ese manual de «mejores amigos», no me importa si nuestra amistad termina aquí mismo, Brown, pero no voy solo a sentarme y mirar. —¿Así que así es como será esto, entonces? —Nos miramos desafiantes por unos largos segundos. Nunca pensé que llegaríamos hasta este punto. La última cosa que pensé que nos haría separarnos era debido a una chica… y que esa chica fuera Dylan Carter. —Estoy enamorado de ella, es por eso que creo que se merece a alguien que no le haga daño como tú. —Bien, si lo quieres así, que así sea —farfullé rechinando los dientes. —Bien —masculló lanzándome una última mirada antes de salir a zancadas del lugar. Oficialmente, nuestra amistad había terminado.

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51 Matthew se fue en cuanto Chase volvió con las chicas, les agradecí a los dioses porque él aún no estaba enterado del lío que se había formado. Simplemente se despidió de nosotras y se fue directo a la cama con más de cinco cervezas encima. Las chicas me montaron todo un interrogatorio parecido a esos que hacen en CSI. Les respondí lo suficiente para mantenerlas tranquilas y meterlas en la cama a dormir antes de que mis tíos se dieran cuenta que habían estado tomando. A diferencia de ellas, que roncaban, yo no podía pegar ni un ojo. No sabía nada de West desde que me dejó aquí. Ni de Sawyer desde que encendí mi teléfono y vi las cinco o más llamadas perdidas. Necesitaba saber qué había pasado. Tomé mi teléfono y salí de mi habitación sin hacer ruido, caminé de puntillas hasta llegar a las escaleras y me senté mientras debatía qué número telefónico debería marcar en la pantalla. Marqué al primero que se me vino a la mente. Unos cuatro tonos después, él por fin atendió mi llamada. Estaba aliviada de que al menos contestara. —¿Te desperté? —hablé en un tono bajo de voz. —No, no, aún no estaba dormido, espero a que mamá regrese del trabajo —me contestó West con voz ronca—. ¿Hay algún problema? —No podía dormir, es solo que estuve bastante preocupada, te fuiste muy alterado a hablar con Sawyer —confesé encogiéndome levemente de hombros—. Y luego no me enviaste algún mensaje para saber que estaba todo bien. —Lo siento, tuve que llegar a casa a ponerme hielo en la mano —dijo dejando escapar un bostezo, obviando el hecho de que SÍ estaba durmiendo. —¿Qué? ¿Por qué? —le pregunté preocupada—. ¿Qué diablos pasó, West? Se escuchó un largo resoplido al otro lado de la línea. Nada bueno, al parecer. —Lo golpeé, Dyl, se lo merecía —respondió con dureza—. Y no quiero escuchar ningún: «No debiste», ni «¿Qué hay de su amistad?», ya que no hay ninguna amistad que perder. Mi corazón dio un vuelco al escuchar las últimas palabras.

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¿Acaso ellos…? —West… —comencé a decir. —No me Westees, bebé, no pienso arrepentirme, ni sentirme mal esta vez —me interrumpió antes de que pudiera decir algo—. Sé que ahora estás preocupada por Chase, pero simplemente no podía soportarlo por más tiempo. Trataré de mantenerlo a él al margen de esto, si eso es lo que quieres. Estos chicos iban a matarme algún día. —Claro que eso es lo que quiero, no sabes cuánto pienso en cómo reaccionará Chase —me apresuré a decirle—. Pero es algo imposible de hacer. Son sus dos mejores amigos, joder, ¿acaso no recuerdas cómo se puso cuando se enteró de lo que estaba ocurriendo desde meses atrás? ¿Cómo crees que se pondrá cuando sepa que terminé con Sawyer y que ustedes ahora están peleados? ¿Crees que los abrazará y les dirá que todo va a salir bien? Porque yo no lo creo. —¿Y qué querías que hiciera? No te puedo negar que me molesta hacer esto, ¿pero qué otra opción tengo? Ya no puedo dejar que él te tenga. Y creo que dentro de ti, sabes que lo tuyo con Sawyer… no va a funcionar. Sé cómo eres, Carter, ¿estoy equivocado? Tardé en responder a eso. ¿Cómo era que él tenía ese poder que descubría cada una de mis mentiras, sabía cuándo estaba enojada, o algo me preocupaba, o en este caso… cuándo me encontraba confundida? Era increíble y aterrador a la vez. —Tomo el silencio como una afirmación —me espetó al notar que no estaba diciendo nada—. Haga lo que tenga que hacer, Dylan Carter, arriesgue lo que tenga que arriesgar… terminaré de ganarme tu corazón. Algo en mi interior se sacudió. El estómago se me revolvió y quise con todas mis fuerzas que se tratara de una indigestión por el gigante sándwich que comí en la cena. Aunque sabía que no era indigestión. —Esto no está bien… —Pensé en voz alta, olvidándome de que West seguía en la otra línea por un momento—. ¿Por qué tiene que ser tan complicado? —Mi mano ahogó las últimas palabras. Sentía el pecho apretado, la presión volvía a hacer efecto en mí. No sabía desde cuándo me había convertido en una llorona, pero ahí estaba yo, a unos microsegundos de derramar lágrimas por milésima vez en un puto día. —¿Estás bien? —preguntó West preocupado. —No es correcto sentirme así —dije limpiando bruscamente una lágrima rebelde—. Quizá Becka y Chase tengan razón, soy una perra, debería tener una «A» color escarlata pegada en mi ropa. Sí, sí, me he leído «La letra escarlata», obligada por mi profesor de Literatura el año pasado. Sé de qué va la cosa.

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—No digas eso. —La presencia de Chase tras de mí casi me hace soltar el teléfono del susto. ¿Desde cuándo ha estado parado ahí? —¿Ese era Chase…? —Terció mi amigo. Mi hermano me arrebató el aparato de las manos mientras yo seguía conmocionada. —Hablaré contigo luego, amigo. Ahora ve a dormir y deja de joder tan tarde. —Dicho eso, colgó la llamada sin más. Esperen, ¿cuánto había escuchado? Y si había escuchado lo que creo que escuchó, ¿por qué no estaba lanzando maldiciones ahora mismo? —Dado que tengo un dolor de cabeza tremendo… —Chase tomó asiento a mi lado dejando escapar un resoplido—. Y estoy más dormido que despierto, trataré de hablar civilizadamente. Tragué saliva con fuerza y susurré: —¿Escuchaste… todo? —Me levanté a buscar un vaso de agua, cuando te escuché hablando por teléfono. —Terció estirando su torso desnudo con exageración—. Sí, sí escuché todo. Aquí viene la bomba… —¿Por qué Sawyer y tú terminaron? —me preguntó volviéndose hacía mí. No parecía enojado, bueno, no mucho, se le veía tranquilo y sereno mientras esperaba mi respuesta. En verdad estaba prestándome atención, estaba dispuesto a escucharme… ¿Estoy soñando? Pellizqué mi brazo lo suficientemente fuerte para quejarme por el dolor y darme cuenta que no, no era un sueño. —¿Qué rayos haces? —Él me miró como si estuviese loca. —Solo creí que esto era un sueño —le expliqué ahora sobando mi magullado brazo—. No estás armando un escándalo y eso me preocupa, en serio, tengo miedo. Soltó una pequeña risa de entre sus dientes, negando con la cabeza. —Tienes serios problemas mentales, hermanis. —Revolvió mi cabello juguetonamente—. De vuelta al tema, suelta la sopa antes de que me arrepienta de ser tan comprensivo. —Exacto, ¿por qué estás siendo tan comprensivo? —Iba a abofetearme a mí misma para estar bien segura de que esto no era un sueño. Bizarro nivel: Amistad entre Axl Rose y Kurt Cobain. —He estado pensando mucho… —Wow, no creí que iba a escuchar salir eso de tu boca, hermano. —Alcé las cejas con excesiva sorpresa.

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—Hilarante, mira como me rio. —Puso los ojos en blanco sarcásticamente—. En fin, Dyl, sí, he estado pensando mucho en toda esta mierda, en lo de Sawyer, en lo de West, en ti, no hemos tenido tiempo de hablar a solas y creo que este es el momento perfecto para hacerlo. Asentí lentamente, sin atreverme a decir nada para no arruinar este épico momento donde Chase Carter se estaba comportando como un hermano serio y… algo así como cariñoso. —Esto es bastante difícil de decir para mí, pero… ya no eres una de los chicos… y lo entiendo —retomó bajando la mirada por unos segundos—. Estaba en una especie de negación, creo. Nunca habías tenido un novio, nunca te habías vestido con ropa de tu talla, shorts, y mostrabas piel y todo eso… Entonces, vienes un día y ¡BUM! Los chicos te llueven, West y Sawyer, la ropa diferente, tu cabello peinado… todo eso me cayó como un balde de agua fría, y mi primera reacción fue armar un escándalo acerca de ello. Hizo una pausa para mirarme a la cara y su mano se acercó a quitar un mechón de cabello de mi rostro. Surreal. —Pero armé ese escándalo porque no quiero que nadie te lastime. —Esto cada vez se tornaba más raro—. Soy un jodido hermano celoso-sobreprotector porque te quiero y me enoja el hecho de que cualquier idiota puede lastimarte. —Soy una Carter, ningún jodido idiota puede lastimarme tan fácilmente —bromeé para liberar tensión—. Sabes que puedo cuidarme sola, Chase, me has visto golpear a chicos mucho más grandes que yo desde hace años. Él se rio divertido. —Lo sé, lo digo por experiencia propia. —No pude evitar reír también al recordar—. Supongo que me cegué por la nueva tú y me olvidé que tu instinto asesino sigue ahí dentro de ti, así que Dylan… desde este momento prometo sobrellevar todo lo que hagas o cualquier decisión que tomes. Será difícil, pero ya estoy cansado de golpear a gente por ti. Volví a echarme a reír. —Ahora lo tendrás que hacer por ti misma. Esto me ponía las cosas difíciles. ¿Cómo iba a decirle la razón por la que Sawyer y yo nos separamos luego de esto?¿Cómo iba a reaccionar cuando le dijera que West le había dado un puñetazo por haberme mentido? —Pasando al tema de West y Sawyer… —Su rostro se llenó de seriedad de nuevo—. Estoy listo para escuchar lo que tengas que decirme. Lo tomaré con madurez, vamos, dispárame. ¿Por qué terminaste con Sawyer? ¿Y por qué West golpeó a Sawyer? ¿Y por qué hablabas con West a medianoche sentada en la oscuridad de las escaleras? No, no podía decirle, aún recuerdo su amenaza hacia Sawyer: «Si llegas a lastimarla, recuerda que puede que vayamos a la misma universidad y no será lindo, amigo, no será nada lindo para

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ti, juro que te haré la vida imposible, Brown.» —Sawyer... Joder, sería bueno tener una capa de invisibilidad o una varita mágica para arreglar esto. Harry Potter, ¿dónde estás cuando te necesito? —No —espetó Chase sorpresivamente, haciéndome callar—. ¿Sabes qué? No me digas, no quiero saberlo, aún no soy lo suficientemente maduro como para contenerme y golpearlo si es algo muy malo. Si algo hizo, es cosa de ustedes, sus problemas, no míos. Tu relación, no mía. No estaré pensando en ello cada vez que lo vea y no me dejaré llevar por esos impulsos asesinos de los Carter, ¿bien? Solo no me digas nada. —¿Estás enfermo? —Me encontraba atónita—. ¿Acaso los fantasmas de la Navidad se te aparecieron mientras dormías y te advirtieron sobre algo? Negó con la cabeza, sonriendo a medias. —Si ellos quieren matarse entre ellos, solo avísenme cuando acabará todo, quiero mantenerte fuera de esto, al igual que tú, hermanis, esos dos putos son importantes para mí, y aunque es muy cursi de mi parte y difícil de creer, no quiero tener que alejarme de ellos. Los aprecio tanto como a ti, y también estoy cansado de ser el malo del grupo. —Comenzó a levantarse entre quejidos. Lo imité, sintiéndome extraña, de algún modo agradecida y contenta porque Chase estaba diciéndome todo esto. Era la primera vez que se sinceraba conmigo. —Ahora iré a dormir, mi cabeza me está amenazando con explotar. —Se acercó y dejó un beso en mi frente. Vaya. —Ah —recordó, dándose la vuelta—. Si les dices a los chicos que dije que los aprecio y que no quiero perderlos, lo negaré, lo negaré rotundamente. Va contra mi imagen. —No diré nada. —Sonreí divertida—. Buenas noches, Sr. Maduro Carter. —Buenas noches, Srta. Problemas Carter. Ok, tenía mucho en que pensar desde este instante.

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52 —Prométeme que nos visitarás de nuevo en el verano. —Me susurró Katia mientras me abrazaba con increíble fuerza. —Tenlo por seguro —le respondí dejando escapar una sonrisa de mis labios. —Oh, Dyl, te vamos a extrañar, de aquí al verano es mucho. —Lana me jaló de un brazo para que me separara de su hermana y así poder abrazarme también. Ok, ok, sé que me extrañaría, ¿pero era realmente necesario toda esta dramática despedida? —Los meses se pasan volando estos días, no te aflijas —la consolé dándole unas palmaditas en la espalda—. Verás que en un abrir y cerrar de ojos nos volveremos a ver. —Toma. —Ella me colocó un pedazo de papel en mi mano, sonriendo por picardía. —¿Qué es esto? —pregunté enarcando una ceja confundida. —Es mi número, para que se lo des a Matthew. —Me guiñó un ojo antes de alejarse para despedirse de Chase. Puse los ojos en blanco. Ya no comentaría más sobre esta obsesión de ella de volver heterosexual a mi querido amigo gay. No tenía más nada que decir. —Hermanita. —Marcus se paró frente a mí. Segundos después, arremetió contra mí en un súper abrazo de oso que vació mis pulmones—. Esto vale por todos los abrazos que no te daré hasta que nos volvamos a ver. No pude evitar reírme. —Creo que entendí el mensaje. —Asentí con la cabeza una vez—. Adiós, Marc. —No me mates a Chase de un infarto, ¿bien? —Revolvió mi cabello. —Lo intentaré. Luego de unos incómodos abrazos de despedida de parte de nuestros tíos, mamá salió en su auto a llevarlos a la estación de tren. Al mismo tiempo que un Mustang color rojo se aparcaba frente al jardín. ¿En serio? ¿No era muy domingo por la mañana para esto? —Iré a hacer unos waffles para el desayuno, ¿quieres? —Habló Chase haciéndome volver hacia él. —Sí, sí quiero —contesté de manera automática, sabiendo que lo hacía para dejarnos solos.

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Vi a Sawyer bajarse del auto y caminar hacia mí usando sus gafas de sol, no sabía que debía hacer, no sabía cómo actuar al terminar con alguien que también resulta ser tu amigo... o algo así. Ustedes entienden. —Hola. —Me saludó cuando ya estuvo parado frente a mí. Lo primero que noté de su apariencia fue el golpe que tenía en su pómulo derecho, estaba entre un color rojo y morado. Joder, West sí que lo había golpeado fuerte. —Hola —le respondí en un leve encogimiento de hombros. —¿Podemos hablar? —me preguntó deshaciéndose de sus gafas para mirarme a los ojos. La herida estaba rozándole el ojo. Además de tener un rostro que gritaba «¡Resaca! ¡Resaca!» a kilómetros de distancia. —¿Lindo, no? —Él dijo al ver que me quedé mirando su golpe unos largos segundos—. Pero creo que me lo merecía —resopló dejándose caer en las escalerillas de la entrada a mi casa. Me senté junto a él, a una distancia razonable. —Estoy dispuesta a hablar. —Fue lo único que le dije. —¿Ya no estas enojada? —inquirió bajando la cabeza como con vergüenza. —No, no lo estoy tanto como antes —contesté dedicándole una sonrisa reconfortante—. No te golpearé, ni nada. Alzó la vista hacia mí con una media sonrisa curvada en sus labios. —Lo siento —espetó acercándose un poco a mí, invadiendo mi burbuja. Su movimiento me había tomado por sorpresa. —Sé que la he cagado bastante feo, sé que soy un idiota, Dylan, créeme que me quedó bien claro eso, pero te quiero, tú más que nadie deberías saber eso. —Su mano aterrizó en mi mejilla y la acarició suavemente—. ¿No hay ni una posibilidad...? —Lo sé, sé que me quieres... —Aparté su mano lentamente, sin desviar la mirada—. Pero el amor se supone que debe sentirse bien, y no lo siento así, solo siento que si te doy otra oportunidad, cuestionaré todo lo que me digas y no quiero eso... es por eso que no puedo hacerlo. No es justo ni para ti, ni para mí. No sabía de donde salía tanta madurez o sinceridad, creo que Chase me había contagiado su enfermedad anoche. No me quejaba para nada tampoco. —Te perdono, Sawyer, pero es mejor que tratemos de volver a lo que éramos. Les digo que no era agradable tener que hacer esto, pero simplemente era mi corazón el que hablaba esta vez. Era lo que pensaba. Era lo que deseaba. Era lo que YO estaba decidiendo hacer. Yo no era la persona para él.

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Su rostro se descompuso y por un minuto juré que sus ojos se tornaron llorosos. Oh Dios. Quise abrazarlo, aunque lo único que salió de mi interior fue un torpe beso en la mejilla. Qué momento más incómodamente triste. No podía negar que dolía un poco. —¿Crees que podamos volver a eso? ¿A esa amistad que tanto disfrutamos? —le pregunté obligándolo a verme, ya que su cabeza parecía estar pegada al suelo. —No lo sé... —Él resopló separándose de mí, listo para levantarse—. No es algo que va a desaparecer de un día para otro. —Estoy consciente de eso. —Me levanté al mismo tiempo que él—. Pero no te presionaré, si necesitas tu tiempo, lo tendrás. Sawyer dejó escapar un largo suspiro. —Sí, necesitaré tiempo... —masculló más para sí mismo que para mí. —¡Hey, Saw! —nos interrumpió Chase asomándose por la puerta principal. Maldito susto el que nos dio, joder. Chase, ¿qué no conoces la privacidad? En ese momento, la camioneta de West comenzó a detenerse tras el auto de Sawyer. El chico a mi lado se tensó notablemente. Genial. —Estoy haciendo unos waffles, ¿quieres entrar a comer? —escuché la voz de mi hermano invitando a Sawyer a nuestro desayuno. —Pasaré esta vez —le respondió colocándose sus gafas de sol de vuelta—. Tengo que llevar a mi hermanita a su ensayo de ballet, dará una presentación en unos días y mamá y papá saldrán, no pueden llevarla hoy, así que... —Los hermanos pequeños apestan, aunque bueno, no puedo decir nada, ya que yo también tengo que estar cargando con este saco de aquí para allá debido a que no sabe conducir —comentó Chase señalándome con el dedo. —Que te den. —Puse los ojos en blanco, cruzándome de brazos. Sawyer soltó una suave risa. —Te llamaré para quedar luego —le dijo él divertido. —Adiós, Dylan. —Se despidió depositando un repentino beso en mi frente. Wow, todos salimos ilesos de esto. Me impresionas, Dylan. Mientras caminaba hacia su auto, West venía caminando hacia nosotros... Ellos ni siquiera se voltearon. Ni se miraron. Ni tropezaron. Era como si el otro no estuviese ahí.

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Súper genial. —Buenos días a todos. —West parecía de buen humor esta mañana. —¿Y tú por qué tienes esa sonrisa del guasón pegada en tu rostro? —le preguntó Chase enarcando una ceja—. Es algo espeluznante. —Es porque acabo de tener una conversación telefónica con el asistente del coach de Princeton, vendrán a verme en el partido contra Risemount High, es ahí donde tomarán la decisión final — nos explicó sonriendo alegremente. —¿Risemount? ¡Eso es pan comido! —Mi hermano lo golpeó en el brazo (su modo de felicitar y mostrarle su afecto a alguien)—. Lo tienes en el bolsillo, hombre, la beca es tuya. —Chase tiene razón, solo tienes que jugar como siempre lo haces —tercié demostrándole lo orgullosa que me encontraba. Pasó su brazo por mis hombros y me apretó cariñosamente contra él. —¿Dijiste waffles? —Rio entre dientes—. Yo me muero de hambre. —Calientes y recién sacados de la wafflera o como sea que se llame esa mierda. —expresó antes de que nos adentráramos a la casa. Y yo simplemente pensaba en que este momento hubiese sido mejor si estuviésemos TODOS juntos. Solo esperaba que esto se terminara de arreglar pronto.

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53 ¡Ugh! ¿Quién rayos me llama a esta puta hora de la madrugada? Estaba consciente de qué día era, y por eso me enojaba. No era una gran cosa, solo era... —Feliz cumpleaños, Dyl —me deseó Sawyer en la otra línea. ...Mi cumpleaños. Resoplé, irguiéndome sobre la cama mientras frotaba mis ojos. —Gracias —contesté con voz ronca—. ¿Pero en serio tenías que llamarme a la... —Le eché un vistazo a mi despertador— una de la mañana para felicitarme? Él se echó a reír. —Mejor temprano que nunca —expresó divertido—. ¿Así se dice, no? —Se dice: «Es mejor tarde que nunca» —lo corregí riendo entre dientes. —Gracias de todos modos por interrumpir mi profundo y tranquilo sueño —comenté con sarcasmo. —Fue un placer. —Volvió a reír—. ¿Algo interesante planeado para hoy? —¿En serio vamos a tener esta conversación a la una de la madrugada? —le pregunté dejando escapar un bostezo—. Bien, por ahora no hay nada interesante, sabes que no soy de esas que celebran el hecho de que están envejeciendo. —Cierto, cierto, tienes razón. —Casi lo vi sonreír. —Pero si salimos a algún lado, te llamaré, ¿de acuerdo? —le hice saber comenzando a levantarme de la cama. Ahora me había dado sed—. Así saldremos los cuatro a hacer algo. —Dylan... —resopló Sawyer sabiendo lo que trataba de hacer. —Sawyer, han pasado más de dos semanas, ¿no crees que ya es mucho? —repliqué desenredando mi enmarañado cabello con mis dedos. ¿Dónde mierda estaban mis pantuflas? West y él aún no se dirigían la palabra desde aquel día. Los últimos días de escuela, antes de salir de vacaciones, se tenían que sentar en el almuerzo uno en cada esquina de la mesa para evitar cualquier confrontación. En Navidad, Chase tuvo que prácticamente partirse en dos para poder pasar el día con ambos y eso lo comenzaba a fastidiar. Ambos eran unos jodidos orgullosos y había que hacer algo para cambiar eso. —Dije que no te presionaría, pero piensa, West y tú han sido los mejores amigos desde hace mucho, es la primera vez que se separan por tanto tiempo, ¿acaso no lo extrañas? Vamos, en su interior sabía que yo tenía razón, los dos se extrañaban, yo podía notarlo cada vez

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que se cruzaban por los pasillos, sé que suena un poco cursi, pero es la verdad, me daba cuenta repetidas veces que se lanzaban una que otra mirada furtiva. —No lo sé, Dyl... —Joder, estos dos eran peores que una chica. —Está bien, mejor te llamaré en la mañana, no puedo encontrar mis malditas pantuflas para bajar a la cocina. Pero créeme que de esta conversación no te sales. —Fue lo último que le dije antes de que me respondiera con un «Ok, ok, buenas noches» y colgara. Me puse de rodillas para ver por debajo de mi cama, arriesgándome a encontrar una completa selva amazónica llena de residuos de comida, cosas «perdidas» y prendas sucias de hace semana. No niego que hasta un animal probablemente salga de allí. No limpiaba mi habitación desde hace como un mes. Nota mental: Limpiarla antes del año nuevo. Sí, claro, como si eso fuese a ocurrir. Alumbré con la pantalla de mi teléfono y miré con mis soñolientos ojos. Un zapato negro. Una prenda íntima. Varias cajas de zapatos donde guardaba algunos recuerdos. Envolturas de dulces y snack. ¡Oh, entonces ahí estaba el otro par de aquel calcetín! Bingo, ahí estaba mi pantufla faltante. Entonces todo pasó jodidamente rápido... Escuché un sonido seco proveniente de mi ventana y luego, vidrios rompiéndose. Me levanté de tirón sobresaltada en cuanto logré alcanzar la pantufla. Bueno, ahora tenía una ventana que reparar. Genial. Caminé hacia la ventana con cuidado de no atrapar ningún pedazo de vidrio y cortarme. Miré en busca del responsable, fue ahí donde me encontré a West parado junto al gran árbol de mi patio, con expresión de disculpa en su rostro. —¿Pero qué demonios te pasa, West? —exclamé con exaltación—. ¿Quieres matarme? —Lo siento. —Se encogió de hombros avergonzado—. Creo que debí medir mi fuerza. —¿Qué coño tratabas de hacer de todas maneras? —le pregunté cruzándome de brazos—. ¿Asesinarme con una roca mientras dormía? —Trataba de ser romántico, lo he visto en las películas. —Una linda media sonrisa se curvó en sus labios—. Feliz cumpleaños, bebé. —Qué lindo te salió el gesto —dije sarcásticamente, poniendo los ojos en blanco—. Ahora tendré que recoger los pedazos, muchas gracias. —Déjame entrar y te ayudaré a hacerlo, igual tengo que darte tu regalo. —Su sonrisa se amplió aún más.

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¿Qué otra opción tenía? Igual Chase tenía el sueño pesado y mamá no se daría cuenta ya que todas las noches duerme con tapones en los oídos. No me pregunten por qué, no tengo ni una puta idea. Bajé las escaleras en silencio y me dirigí sigilosamente hacia la puerta trasera, donde West me esperaba pacientemente. ¿Cómo podía estar tan espabilado a esta hora? Este era otro de sus ataques de loco romanticón, de eso no dudaba. Llevaba así desde unas dos semanas ya. Dejándome notas en mi casillero. Acompañándome a clases. Diciéndome cosas lindas cada día. Todo eso hacía mucho efecto en mí, no voy a negarlo, mas me obligaba a mí misma a no ceder. No podía. Mi cerebro tenía a mi corazón en una especie de castigo. —No hagas mucho ruido —le indiqué mientras lo dejaba pasar—. Chase puede tener el sueño pesado, pero nunca se sabe. De pronto me vi con sus brazos enroscados en mi cintura en un sorpresivo abrazo, que correspondí con torpeza. Maldito sueño que me volvía torpe. —Ahora sí, feliz cumpleaños, bebé —susurró con suavidad. Su aliento golpeó mi desarreglado cabello y por un corto segundo mi cerebro liberó a mi corazón. Maldito corazón, ¡DE VUELTA A LA JAULA! —Gracias. —Me alejé de él abruptamente—. Tú busca la escoba mientras yo voy arriba a comenzar a recoger los pedazos más grandes. —Hey. —Su mano me detuvo cuando intentaba escapar—. Primero el regalo, luego lo demás. Di media vuelta y lo encaré, resoplando internamente. —Espero que te guste, lo he mandado hacer hace una semana —dijo sacando una pequeña caja cuadrada y negra del interior de su chaqueta. —¿Qué es? —pregunté tomándolo dudosa. Vaya, terciopelo. Tenía miedo de abrirlo. —Ábrelo, y verás —instó mi compañero luciendo ansioso. Sus ojos le brillaban. —Joder, West... —le susurré sin aliento. Esto era demasiado, hasta yo que no era amante de las joyas admitía que era hermoso. Se trataba de un collar plateado, el dije tenía forma de balón de fútbol y estaba incrustado con pequeñitas piedras color miel y plata. No quería saber si eran reales o de fantasía. Abrí la boca para decir algo, pero él hizo un ademán con su dedo para hacerme callar. —Ah, no quiero escuchar un «no puedo aceptarlo» salir de tu boca, solo puedes hablar si vas a decir

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«gracias, West, me ha encantado». —Gracias... —articulé aun sorprendida—. Me ha encantado. Una radiante sonrisa se formó en sus labios. —Aquí... —Me quitó la cajita de las manos para sacar el collar—. Déjame colocártelo. —Tengo mis propias man... —Shhh —me cortó antes de terminar mi frase—. No arruines el momento, bebé. Mantuve mi cuerpo rígido mientras lo dejaba acercarse a mí, sus manos rodearon mi cuello teniendo cuidado de no tocar mi piel y apartaron delicadamente mi cabello de su paso. Sentía que el corazón se iba a salir de mi pecho. ¡DE VUELTA A LA JAULA! ¡DE VUELTA A LA JAULA, DEMONIOS! Mierda, podía sentir su respiración en mi cuello cuando trataba de abrochar el collar en la parte de atrás y lo único que se me ocurrió hacer para distraerme fue comenzar a contar mentalmente. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Seis. Siete. MIERDA, Ocho. JODER, nueve. Diez... —Listo. Casi sentí cómo todo el aire acumulado en mis pulmones salía en cuanto se alejó de mi burbuja. —Genial, ahora busca lo que te dije, hay un vidrio que limpiar —me apresuré a decirle en un intento de actuar normal. —¿Sabes? Algún día tendrás que dejar de combatirlo —espetó a mis espaldas. —¿El qué? —Miré sobre mi hombro confundida—. ¿De qué hablas? —De lo que sientes. Como dije, todos mis cumpleaños apestan.

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54 Celebración de cumpleaños (obligada por Matthew) Mikey’s. 7pm. Espero verte ahí :) Le di a enviar y me volví hacia Matthew mientras entrábamos al Centro Comercial. Él me había arrastrado hasta aquí, me había traído aquí para elegir yo misma mi regalo, ya que él no tenía idea de qué comprar. Según él, era demasiado difícil de comprender. Pasaríamos la tarde «de compras», y luego iríamos a Mikey’s a una supuesta reunión entre amigos. Matthew Fitzgerald y sus detalles de chico gay. Aunque yo solo seguía pensando en que Sawyer tenía que aparecerse sí o sí. Tenía que juntar a ese par aunque fuera lo último que hiciera. —West me dijo que rompió tu ventana esta madrugada —comentó mi amigo dejando escapar una divertida risa. Lo miré enarcando una ceja. —¿Y desde cuándo ustedes hablan tan seguido? —le pregunté confundida. —Desde que me tomó como una especie de reemplazo de Sawyer —me contestó pasando su brazo por mis hombros—. No para de hablar conmigo de cosas de chicos, ¿sabes? NO PARA DE HABLAR. Sus palabras tenían escondido un grito de auxilio. Y lo comprendía, West estaba extrañando de igual manera a Sawyer, por eso tomaba a Matthew como su «amigo de repuesto». Lo sabía, estos dos no podían vivir sin el otro aunque quisiesen. Un punto más a mi favor. —En fin, ¿te ha gustado el regalo que te dio? —retomó mientras mirábamos unas que otras vitrinas de las tiendas de ropa. Me llevé la mano hacia mi cuello inconscientemente, pasando los dedos sobre el dije en forma de balón de fútbol. No me lo había quitado desde esta mañana. En realidad, me gustaba mucho. —Sí —traté de sonar casual—, me gustó. —¿Hasta cuándo será eso del encarcelamiento de tu corazón? —preguntó fastidiado—. Me parece algo ridículo de hacer. Yo creo en el amor trágico o no trágico, no hay que ocultar ese tipo de cosas, deberías saber eso, Dylan. —No me vengas de nuevo con tu filosofía del «no hay que negarle nada al corazón», no me vas a convencer, deberías saber eso, Matthew —le repliqué con voz sarcástica—. Ya me lo has

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repetido un millón de veces desde que lo decidí. No cambiaré mi decisión. Él resopló pesadamente. —La lengua es el castigo del cuerpo, puedes arrepentirte y no habrá vuelta atrás entonces. —Su seriedad me asustó un poco—. Si tengo que repetir este discurso todos los días hasta que te des cuenta de lo que haces, lo haré. Te lo digo porque me pasó una vez, traté de negar algo y debido a eso casi pierdo a alguien que amo, no quiero que eso te pase a ti. Amor es amor, quieras o no. Sea correcto o no. —¿Estás hablando de Patrick? —Fruncí el ceño, con la curiosidad de saber más sobre el pasado de mi amigo picando mi cabeza—. Cuéntame acerca de ello. —Sí, sí hablo de Patrick —dijo. Su cara se llenó de nostalgia—. Cuando lo conocí aún no estaba seguro de que me gustaban los chicos. O bueno, sí estaba seguro, pero no quería admitirlo, me negaba a hacerlo, con tan solo pensar en cómo papá se pondría al enterarse, me hacía querer arrancar esa sensación de mi pecho. —Hizo una pausa para sacudir levemente su cabeza—. Y pues, Patrick era abiertamente gay, orgulloso de su orientación sexual, él se dio cuenta de que yo lo era desde el momento en que me vio, con él fue que sentí y estuve cien por ciento seguro que no me gustaban para nada las chicas... Le dediqué una reconfortante sonrisa, incitándolo a seguir hablando del asunto. —Me enamoré de él en contra de mi voluntad, solo pasó, no pude evitarlo. No te voy a esconder nada, Dylan, es verdad que lo traté muy mal por mucho tiempo, lo combatí por mucho tiempo, debido al hecho de que pensaba que era un gran error, que no era correcto, que no era justo tener que hacer pasar a mi familia por momentos difíciles al hablarles de mi sexualidad. Él fue paciente, soportó todo eso solo por mí, hasta cierto punto donde me dijo que ya no podía más, ahí fue cuando tuve que ir en contra de todo para no perderlo, me di cuenta que valía tomar el riesgo. Tragué saliva con fuerza, nunca me imaginé a un Matthew miserable, él siempre se comportaba tan optimista, amoroso y alegre, que era realmente difícil imaginárselo de otra manera. Su historia había tocado mi enjaulado corazón. Entendí perfectamente su punto. Lo tomé de la mano y le sonreí. —Patrick parece un buen chico, sí lo valía, y eso que pasó te hizo la persona que eres ahora, por eso es que aprecio tu amistad. Deberían de crear más personas como tú en este jodido mundo. Ni siquiera yo misma me creía que estaba hablando con sinceridad y diciendo cosas bastante cursis. Los efectos de cumplir 18, pienso. Él me miró con la boca abierta y una graciosa expresión de sorpresa. De repente, sacó su teléfono de su bolsillo. —¿Podrías decir eso de nuevo? Quiero que este momento quede grabado para la historia... «El

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momento en que Dylan Carter mostró signos de afecto y cariño de una forma diferente que los golpes» —expresó con dramatismo, apuntándome con la cámara del aparato—. Vamos, dilo, déjalo fluir. Puse los ojos en blanco mientras le arrebataba su teléfono. —Eso es cosa de una vez, Fitzgerald —le comenté divertida—. Ahora sigamos con las compras, quiero irme temprano, el centro comercial me da algo de náuseas. Matt se rio entre dientes. —Está bien. —Me pasó su brazo por los hombros de nuevo, y luego nos dedicamos a ver las demás tiendas. *** —Tantas lindas opciones que tenías, y has elegido comprar un par de gorras. —Se quejó Matthew, deteniéndose en la luz roja de un semáforo—. En verdad eres un caso especial, Carter. —Es que me gustaron, ¿qué puedo hacer? —Me encogí de hombros—. Sí, sí soy un caso especial, Fitzgerald. —Lo que sea, es tu cumpleaños, de todos modos —dijo resignado mientras giraba a la derecha—. ¿Sawyer va a venir o no? —No lo sé, más le vale. —Me crucé de brazos, viendo el letrero que decía «Mikey’s» a pocos metros de nosotros. Matthew aparcó junto al Jeep de Chase y pude ver que también se encontraba West, más no vi el Mustang rojo de Sawyer aparcado en ninguno de los otros puestos. Él vendrá. —¿Lista para la ronda de 18 shots en tu honor, hermanis? —me preguntó Chase sonriendo cuando ya estábamos adentro del lugar. La tradicional ronda de 18 shots de tequila. ¿Cómo olvidarla? El año pasado se llevó a cabo tres veces: En el cumpleaños de Chase, en el de Sawyer y en el de West. Era algo que habíamos acordado hacer... los cuatro. —Mi estómago está listo para el golpe, hermano. —Le devolví la sonrisa. —¡Aleluya! —Apareció un animado West detrás de Chase—. ¿Qué esperamos? —¿Y comenzarían la ronda sin mí? —La voz familiar de alguien nos hizo callar. ¿Ven? Les dije que vendría. —Hey, amigo. —Lo saludó mi hermano con un amistoso apretón de manos—. Pensé que no te

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aparecerías. —¿Por qué no lo haría? —Le sonrió Sawyer enarcando una ceja—. No podía dejar de venir a la ronda de 18 shots, es tradición, ¿no? —Cierto —tercié sonriéndole de vuelta—. Gracias por venir. —No hay de qué. Hubo una incómoda pausa. —Bien, entonces nosotros iremos a pedirle a Paige esos tragos, hay que comenzar lo más pronto posible con el festín —se excusó Chase llevándose a West hacia la barra. Este último me dedicó una linda mirada antes de alejarse. —Te traje algo —me espetó Sawyer extendiéndome algo rectangular envuelto en papel de regalo. Lo tomé sin preguntar qué era y quité el papel con —no tanto— cuidado. ¿Qué? Yo no era de esas que conservaban el papel de regalo y lo reusaban. No... puede ser. ¿Acaso este era el mismo libro que...? —Sí, es el mismo que piensas —dijo él al ver mi cara de sorpresa. —Pensé que lo había perdido —le comenté asegurándome de que sí fuese el mismo libro Carrie de Stephen King que papá me había obsequiado hace unos cuatro años atrás. Un día estaba leyéndolo mientras esperaba que los chicos dejaran de juguetear y no recuerdo muy bien qué pasó que me levanté a comprar una cosa, luego, cuando regresé, ya no lo encontré. Lo di por perdido o robado. —Alguien lo había tomado ese día, se lo quité. No recordaba que lo tenía hasta que lo encontré de nuevo hace unos días. —Se encogió de hombros. Abrí el libro y ahí fue cuando estuve segura de que sí era el originalmente mío, tenía escrito mi nombre más unas notas en la primera hoja. Wow. —Muchas gracias, nunca pensé tenerlo de vuelta. —Alcé la vista hacia él con gratitud. —Y también estuve pensando en lo que me hablaste esta mañana.... —Se acercó un poco a mí para hablar en un tono más bajo—. Tienes razón, Dyl, quizá quiera... quizá sí quiera mi amigo de vuelta. No pude evitar sonreír de oreja a oreja. ¿Esto estaba realmente pasando? ¿Mi deseo de cumpleaños se estaba cumpliendo? —¿Tan difícil era para ti decirlo? —le pregunté de brazos cruzados—. Ustedes son aún peores que cuando las chicas discuten entre sí.

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Él puso los ojos en blanco. Me alegraba que estuviésemos tomando todo esto con humor. El alivio que sentía era maravilloso. Ahora sí quería celebrar mi cumpleaños. A lo grande. Tomar. Bailar. Sentía que quería hacer de todo. —¿Ya podemos irnos a hacer los 18 shots, por favor? —me rogó ansioso—. Creo que los anhelo ahora mismo. —Sí, yo también los anhelo. —Dicho eso, nos dirigimos hacia la barra del bar, donde nos esperaba una bastante larga fila de pequeños vasos llenos de tequila, junto con limón y sal. Sawyer tomó asiento al lado de West y yo junto a Chase. —¿Preparados...? —comenzó Paige el conteo—. ¿Listos...? ¡Tomen! Entonces, los vasitos se vaciaron en cuestión de minutos. *** —¿Dónde mierda están West y Sawyer? —le pregunté a mi hermano quien se encontraba muy cómodo con Paige en las piernas. Los únicos que quedábamos en el lugar éramos nosotros. Breenan nos había dejado quedar luego de que cerrará. Siempre de buen hombre, el mejor viejo que he conocido. —No lo sé, no los he visto desde que salieron hace un rato —me contestó torpemente. Además de los 18 shots, había tomado otro tipo de alcohol. Mezclar no es bueno, mis amigos, no lo es. Lo dejé con Paige y con Matthew dentro, y salí hacia el frío aparcamiento en busca de ese par. Gracias a Dios estaban ambos sentados sobre el asfalto, recostados sobre el auto de Sawyer, parecían charlar tranquilamente mientras bebían unas cervezas. —Siento haberte golpeado ese día... —Escuché que West le dijo—. No era yo. O bueno, sí era yo, estaba realmente cabreado. Bien, no se habían percatado de mi presencia aún. —Descuida, me lo merecía en cierto modo —Sawyer le respondió dándole un sorbo a su bebida—. ¿Puedo preguntarte algo? —Dispara —West volvió ligeramente la cabeza hacia él. —¿Tú realmente... la quieres? —preguntó el rubio vacilante. —No estaría haciendo todo esto si no la quisiese. No tendría esta fuerte sensación de estar con

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ella si no la quisiese. Es como... joder, está pegada en mi cabeza todo el santo día, y luego la veo, y me emociono al instante, es tan bizarro cómo el amor puede cambiar a una persona, ¿sabes? Sawyer simplemente dejó escapar un largo suspiro. —Bienvenido al club, amigo —fue lo único que le dijo. Ok, será mejor volver adentro, Dylan, estos dos tienen mucho de qué hablar.

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55 —Me encantaría poder despertar de esta manera todos los días de mi vida —me susurró West al oído con suavidad—. Todos los putos días de mi vida, bebé. Acurruqué mi cuerpo más cerca del suyo y dejé escapar un leve resoplido, escondiendo mi cabeza en su cuello. —Esto está demasiado mal... —suspiré trazando círculos con mi dedo sobre su abdomen desnudo. Se sentía tan bien, pero estaba tan mal. —No, no lo está —dijo girándose, ahora colocando todo su peso encima de mí, aunque no me quejaba, tenerlo prácticamente desnudo conmigo en mi cama no estaba molestándome para nada. ¿Por qué no estaba molestándome para nada? —Eso es lo que tú quieres creer, pero no es así. Esto, Dylan, no está para nada mal. —Una mano suya aterrizó en mi mejilla y la acarició con delicadeza. Mi cuerpo cedió por completo a su contacto—. ¿Acaso esto se siente como algo malo? No. —S...Sí —murmuré en un intento de mantenerme firme y no terminar de liberar a mi corazón. Una traviesa media sonrisa se curvó en sus rosados labios y segundos después, esa misma mano comenzó a descender por mi cuello, sin que él me dejase de mirar con intensidad. —¿Y esto? —Volvió a preguntarme, su mano cada vez bajaba más. Mierda, no. —No es lo correcto... —mascullé titubeante. Su rostro se posicionó a centímetros del mío y frotó su nariz con la mía, cerrando los ojos por unos segundos, sin moverse. Dios, me estaba matando. —¿Y si te digo que te amo? —me espetó abriendo los ojos, para dedicarme una mirada tierna—. Te amo incluso más que al fútbol mismo, ¿eso también está mal para ti, bebé? El corazón que me latía a mil, hizo que mi jaula de seguridad explotara de tirón y me guió a estamparle uno de esos agresivos besos que no pueden llevar a nada bueno. Los dos. En una cama. Casi desnudos. Él encima de mí. Devorándome la boca. DEMONIOS.

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—Esto no es lo correcto, Dylan. —Mis ojos se abrieron como platos al ver a Chase parado junto a la cama, negándome con la cabeza desaprobatoriamente—. Es malo pensar esto, piensa en mí, Dylan. Quería apartar a West de mí, pero por alguna razón, él seguía besando mi cuello sin darse cuenta de la presencia de mi hermano. —No lo escuches, es tu cabeza hablando, NO LO ESCUCHES. —¡Oh Dios mío, ¿qué mierda hacía Matthew aquí también del otro lado de la cama mirándonos?!—. Esto es lo que tu corazón quiere en realidad, ignóralo a él, es solo tu cerebro. —¡No!, ignóralo a ÉL, lo joderá todo. —expresó Chase señalando a Matthew con el dedo. —¿Te crees muy listo, cerebro? ¡Estás obligándola a que no se enamore! —le gritó Matthew con disgusto. —Sí, sí lo hago, por el bien de todos, demonios. —¡Menos por el bien de ella, estúpido Sherlock! Entonces, un estridente ruido inundó sus voces completamente y empezó a dolerme la cabeza a horrores. El escenario comenzaba a desmoronarse lentamente ante mí. Ahí fue cuando me desperté. —¡Rayos! —farfullé molesta mientras tomaba el aturdidor despertador y lo lanzaba contra la pared de mi habitación con no tan suficiente fuerza como para destruirlo, pero sí para silenciarlo. Qué puto sueño el que tuve. Hora de levantarme para ir a la escuela. —Pensé que ya habías dejado de hacer eso —se burló Chase al enterarse de que mi despertador número 7, estuvo a punto de pasar a la otra vida de «Despertadores destruidos por Dylan Carter». —Estaba soñando algo que me hizo despertar sobresaltada —le expliqué entrando a su Jeep. —¿Y qué estabas soñando que decidiste arremeter contra un indefenso aparato? —Rio encendiendo el motor. De ninguna manera le diría que mi sueño consistía en una escena subida de tono con West, y de repente él y Matthew aparecían discutiendo como mi cerebro y mi corazón. Mientras que West seguía bueno... ocupado en otras cosas. —En nada en particular —me apresuré a decir sonando casual—. En fin, cambiando de tema, hermano, ¿cómo va eso de Columbia? Sawyer me dijo que ya falta poco para el nuevo proceso universitario. —Sí... —Resopló con cansancio—. La semana entrante son los exámenes finales, luego de eso, solo tenemos que esperar por la carta de la universidad.

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Se le veía preocupado. Nunca pensé decir esto, pero... Chase estaba preocupado por su futuro. —¿Y todo bien con eso? —le pregunté frunciendo el ceño. —Sí, en realidad sí —contestó sonriendo levemente—. He estado... estudiando desde hace semanas... alguien, ha estado ayudándome. ¿Y por qué lo decía como si fuese un crimen? —Annie Cormac. —Aclaró la garganta, removiéndose en su asiento. —Joder, Chase. —Lo miré sorprendida—. ¿Has estado viéndote con Annie Cormac todo este tiempo? Sí que eres sigiloso, ¿sabes? Sabía que algo había, pero nunca se me pasaría por la cabeza que ese algo se tratara de Annie. —No pude evitar reírme. Esto era épico. Annie Cormac era posiblemente la mayor nerd del último año. Teniendo 18 aún lucía sus frenos y gafas de aumento. Aunque no se dejen llevar por las apariencias, esta chica puede ser una perra cuando quiere. ¿Querías que te hiciera una tarea? Debías pagar una gran suma de dinero primero. Inteligentemente perra. —¿Y qué? ¿Cuánto te cobró por ser tu tutora? —indagué ansiosa por saber más de la gloriosa confesión. —Nada. —Él se vio incómodo de nuevo. Abrí lentamente mi boca, incrédula. —¿Acaso...? UGH, Chase, ¿te la tiraste? —Hice una mueca de asco. —¡EW! ¡Joder, no! No estoy tan desesperado como crees, hermanis —expresó asqueado de igual manera. —Digamos que está un poco enamorada de mí, yo solo jugué a que me importaba, de todos modos ya hemos terminado con los estudios. Puse los ojos en blanco. —Hombres desesperados, requieren a medidas desesperadas —reproché al momento en que ya nos encontrábamos aparcando en la escuela—. Igual no te preocupes, estoy segura de que esos exámenes serán pan comido. Esa Annie es un genio. —¿Así que el genio es ella, y no yo? —Se volvió hacia mí, ofendido. —Exacto —dije divertida, tomando mi mochila para salir. Nos adentramos a la escuela y nos separamos ahí para ir hacia nuestros respectivos casilleros. Yo primero tenía que encontrar a Matthew, ese sueño loco mío no podía guardármelo. —Hey —me saludó mientras guardaba unos libros en su casillero—. ¿A qué se debe el hecho de desviarte de tu camino? ¿Pasó algo? ¿Descubriste algo impresionante? —Tuve el sueño más jodidamente raro que he tenido en toda mi vida.

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En ese momento, cuando estaba a punto de contarle, la campana sonó. —Bien, Dylan, tendrás que decirme de camino a la clase de Química, ¿sueño o pesadilla? — preguntó mi querido amigo gay pasando su brazo por mis hombros. —Un poco de los dos —resoplé dejándome arrastrar por él. —Ok, soy todo oídos.

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56 —Eso es obviamente una señal —opinó Matthew unas dos horas después, cuando nos dirigíamos a nuestra siguiente clase. —Ya no sé qué pensar... —resoplé. Mi cerebro estaba fundido por tantas fórmulas que tuvimos que escribir en la clase de Química. Exámenes, corazón, cerebro... todo eso me volvería loca, lo único que me consolaba era que solo faltaban dos días para el partido contra Risemount y debía tener la mente positiva para que todo saliera bien. West no había parado de practicar en NINGÚN momento. —Bueno, me supongo que escucharás a tu amigo Matthew «el corazón», y descartarás a Chase «el cerebro» —dijo él en tono burlón. Lo golpeé en el brazo. —Deja de burlarte, ¿crees que es divertido? —reproché disgustada—. Sé que el sueño fue espeluznante, no tienes por qué recordármelo. Él soltó una carcajada. —Estás a un paso de ceder, mi querida Carter, a solo un pequeño paso, lo sé. —Rio con una expresión de chico loco que me hizo contagiarme de su risa—. Y será hermoso, eso también lo sé. A veces él me preocupaba, pero, ¿qué más da?, así raro y todo, lo quería como mi amado amigo gay. —¿Ese no es West? —terció Matt mirando a través de la ventanilla de la enfermería con el ceño fruncido. Alcé la vista un poco para poder ver bien. Síp, ahí estaban Sawyer, James, West y Chase. ¿Qué mierda hacían en la enfermería? ¿Y por qué West estaba siendo revisado por la enfermera Harrison? Mi estómago recibió un golpe extraño que pude catalogar como preocupación crónica. Quería saber qué rayos pasaba. —Señorita Carter, señor Fitzgerald... —Una molesta voz me interrumpió antes de que pudiese abrir la puerta. Timothy —Cabeza de condón— Gilbert, nos volvemos a encontrar. —¿No deberían ustedes estar ya esperando mi clase sentados en el aula? —nos preguntó con una

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peluda ceja enarcada. Gruñí en mi interior. Qué hijo de puta que era este hombre. Las consecuencias de ser viejo y solterón.... —Estábamos en camino, es solo que... —comencé a explicarle. —Solo que nada, vienen conmigo ahora mismo o los reportaré a ambos con el director, ¿lo hice una vez, no? Los tengo en la mira, así que vamos... andando a clases —nos espetó con voz «autoritaria». Empezó a caminar esperando a que nosotros lo siguiéramos. Hice un gesto de estrangulación mientras apuntaba a su cuello. Odiaba con toda mi alma a este tipo, con razón no se conseguía una mujer, era tan feo e imbécil que nadie lo quería. Ugh. Ahora mi mente tenía otra preocupación más que los exámenes, el corazón y mi cerebro. *** Ansié la hora del almuerzo como si mi vida dependiese de ello, la clase con cabeza de condón se había hecho más larga de lo esperado, por solo andar pensando en la razón por la cual West estuvo siendo revisado en la enfermería. —Hola, bebé, no te he visto en toda la mañana —me saludó West sonriente al verme acercarme a la mesa junto a Matthew. Tomé asiento a su lado, examinándolo con la mirada. —Digo lo mismo, es raro que no hayas ido a saludarme —respondí con suspicacia. —Estamos al borde con estos exámenes finales, es por eso —intervino Sawyer llevándose un pedazo de pan a la boca—. Nos volverán locos a todos, pero de ellos depende nuestro futuro. —Saw tiene razón, mínimo tenemos que sacar un 8 en todas las materias del corte —lo apoyó West fastidiado. —Lo que uno tiene que hacer para llegar a la cima, ¿no? Todos en la mesa murmuraron en aprobación. —¿Qué hay de ti? ¿Ya estás sintiendo la presión? —preguntó el chico a mi lado dedicándome una media sonrisa. ¿Qué si siento la presión? Diablos, sí. —Mi cabeza se recalentará en cualquier jodido momento debido a tanta información, Química, Biología, Historia y Geografía, Literatura, Matemática, parece que hay dos exámenes cada día. Mi cerebro no es tan polifacético.

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Chase se echó a reír. —Acostúmbrate a ello, en tu último año deberás estudiar más que nada si quieres estar con nosotros en Columbia o... Princeton —dijo él metiéndose a la boca un gigantesco trozo del sándwich que se preparó esta mañana—. Tu cerebro explotará sin duda. —Habló con la boca llena, dejando caer trozos de pan en su bandeja. Los «Eww» de las chicas presentes se hicieron oír. Puse los ojos en blanco. Bien, me estaba desviando de lo que en realidad necesitaba enfocarme. —West... —Giré mi rostro en su dirección. —¿Sí, bebé? —Se irguió en su silla dándome toda su atención. Enfócate, Dylan. —Matthew y yo, los vimos a ustedes cuatro... —Me volví a dedicarle una mirada de recelo a cada uno— en la enfermería esta mañana, te estaban revisando. ¿Por qué lo hacían? ¿Acaso te lastimaste? Sostuve su mirada por unos largos segundos, en caso de descubrir algún puto indicio de nervios o preocupación, pero... su rostro se mantuvo en una cara de póker. Si me estaba ocultando algo... sí que era un experto de disimularlo. Aunque los demás podrían delatarlo. —¿Por qué estaban con la enfermera Harrison? —repetí la pregunta, ya que ninguno se dignaba a contestar, se limitaban a lanzarse miradas furtivas los unos con los otros. —Ah, ¿eso? —James se rio suavemente—. Es algo normal, pensé que sabías, por Dios, Dylan, siempre nos hacen unos estudios antes de cualquier juego importante para saber si estamos bien de salud. —¿Y todo bien? —Aún dudaba. —Todo bien, Dyl, nada de qué preocuparse —terció Sawyer manteniendo su postura casual. Sí, y yo soy Mary Poppins. No me tragaba nada de esto. *** La jornada de escuela terminó y la duda aún no se me quitaba de la cabeza. La única manera de asegurarme, era hablar de nuevo con West a solas y que este fuera 100% sincero conmigo.

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De tan solo pensar que había algo malo que afectara su juego y su beca, se me formaba un nudo en el estómago. —Hey, tú... —lo llamé desde el otro lado del aparcamiento al verlo abrir la puerta de su camioneta—. Tengo que hablar contigo. —¿Acerca de qué? ¿Hice algo malo? —Alzó ambas manos como si yo fuese un policía. —Lo estarás haciendo si no eres honesto conmigo —le hice saber cruzándome de brazos. Él frunció el ceño, sin comprenderme. —¿Por qué estabas en la enfermería? —solté sin rodeos—. ¿Crees que me tragué el cuento de «es algo normal»? Soy fanática del fútbol americano, creo que sé cuando algo no está bien. Dio unos pasos hacia mí y colocó sus manos sobre mis hombros, masajeándolos levemente. —No es nada, Carter —me susurró con tanta suavidad que me hizo recordar el sueño. Genial. —Lo prometo, no hay nada de qué preocuparse. —Depositó un beso en mi mejilla—. En dos días es el partido, ganaremos, ganaré esa beca, y recuerda que todos los touchdown que haga, serán para ti, ¿de acuerdo? Además de estar jugando por Princeton, también estaré jugando por ti. —Una de sus manos bajó hacia mi clavícula y pasó sus dedos sobre mi nuevo collar. Bueno, eso me había tomado fuera de guardia. Súper genial, Dylan, buen momento para quedarte muda e inmóvil, maldición. ¿Qué pasa contigo últimamente? —Ahora ve con Chase, ya nos está mirando raro. —Sus risueños ojos se desviaron un momento para mirar por encima de mi hombro y luego volvieron. —Sí... adiós. —Di un paso atrás, viendo esa sonrisa pegada en su rostro. Y chicos... yo no era tan tonta, así que mi interior sabía que eso de «no hay nada de qué preocuparse» era pura mierda.

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57 Al día siguiente aún tenía esa duda en mi cabeza, tanto que no pude concentrarme bien al estudiar para el examen final de Matemática. Matrices. Teorema de Pitágoras. Ruffini y... West, estaban torturándome la puta vida. —Tampoco me tragué nada de lo que dijeron —me dijo Matthew, esperando a que la profesora Nichols —de Matemática—, llegara al aula para comenzar con el examen—. Pienso que en verdad hay algo que le pasó a West. —Iré a la enfermería después de esta clase, si esos idiotas no quieren decirme lo que pasa, pues tendré que ir a preguntarle a la enfermera yo misma. —Está bien, Dylan Holmes, ahora enfócate en el examen, reprobaremos y quedará en tu consciencia —comentó mi amigo en tono burlón. —¿Podrían callarse? Estoy tratando de practicar aquí. —Becka, quien se encontraba a dos puestos de Matthew, se dio la vuelta bruscamente hacia nosotros. Lentamente le mostré mi dedo del medio, dedicándole una sonrisa sarcástica. —No me importa una mierda —mascullé manteniendo mi sonrisa presente. —Perra... —Ella gruñó en voz alta y se volvió hacia el frente de nuevo con resignación. Segundos después, la profesora entró al aula y comenzamos el examen en silencio. *** Creo que me había ido bien. Por lo menos un 7 u 8 asegurado. Dejé a Matt irse a su clase de Deportes para hacer lo que dije que haría, ir a la enfermería. —Dylan Carter —me saludó con una sonrisa la joven enfermera al verme entrar. Ella era la única empleada que me caía bien en esta escuela, además de Ramón, claro. Aunque... ¿por qué no parecía tan sorprendida de verme? —Es extraño verte aquí, nunca te enfermas. ¿Qué es? ¿Dolor de cabeza? ¿Fiebre? ¿Malestar? ¿Cuál es el problema? —preguntó revolviendo unas medicinas que se encontraban en una especie de caja. No tenía tiempo para charlas. —West Collins vino a revisarse ayer, ¿por qué? —le espeté haciéndola volver hacia mí.

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Ella se echó a reír. —Precisamente él vino esta mañana a pedirme que no te dijera nada si venías a preguntar —me explicó la razón de su repentina risa—. ¿Es que ya son pareja? Puse los ojos en blanco. ¿Por qué todos preguntaban lo mismo? ¿Qué le importaba a ella, de todos modos? ¿Y por qué West había hecho eso? Claro, él sabía que no creí nada de lo que dijo. No me sorprendía. —No —contesté cortada por la pregunta—. ¿Me dirá o no? —Fruncí los labios molesta. Paciencia, Dyl, sé que Matemática te dañó un poco el cerebro, pero paciencia, hay que actuar civilizadamente. —Es su hombro. —Bueno, ya estamos progresando—. El Coach lo mandó aquí ayer porque le dolía el hombro derecho. Lo revisé y resultó ser una leve Bursitis por esfuerzo repetitivo, o sea, por exceso de entrenamiento. Mi corazón dio un salto al instante y las tripas se revolvieron en mi interior. Bursitis: hinchazón, dolor, sensibilidad, dificultad de movimiento en la zona. Para un chico como él, una Bursitis era una pesadilla, sobre todo ahora, a un maldito día de un partido tan importante como lo era el de mañana. Joder, esto no puede estar pasando. —No te asustes. —Creo que ella se dio cuenta que palidecí notablemente—. He dicho que es leve, le aconsejé ponerse hielo sobre el hombro y guardar reposo aunque sea por hoy. —¿Qué hay del partido de mañana? ¿Qué le recomendó hacer acerca del partido? —tercié tratando de no sacar malas conclusiones. Mantén la calma, D. —La principal recomendación que le di fue no jugar, ya que cualquier otro movimiento brusco puede agravar su estado. —Mierda. Mierda y más mierda—. Pero le di una opción más favorable... puede jugar, pero muy poco. He ahí la razón por la que los chicos me ocultaron esto. «Muy poco», no iba a hacer que el asistente del Coach de Princeton se impresionara. Y estaban conscientes que si me enteraba, iba a entrar en pánico. Justamente como ahora. —Gracias por decirme. —Me apresuré a dirigirme a la puerta—. Siga con su trabajo. —¿De nada? —respondió ella un tanto confundida. Segunda cosa que hacer en el día: Hablar con él.

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Jodido West Terrence Collins. ¿Qué mierda hacía caminando directo al campo de fútbol? —¿A dónde crees que vas? —le grité mientras me dirigía hacia él con grandes zancadas. —¿A practicar? —Enarcó una ceja, confundido—. ¿A dónde más podría ir? —Tú no practicarás hoy —reproché, cruzándome de brazos—. Deberías estar en tu casa, sentado, reposando, con hielo en tu hombro. Entonces dejó escapar un largo suspiro al darse cuenta de la situación. —La enfermera te lo contó, ¿cierto? —Te golpearía ahora mismo, pero estoy lo suficientemente preocupada por ti como para cabrearme debido a que me lo intentaban ocultar —expresé tomándolo de su chaqueta para alejarlo del campo e irnos al aparcamiento—. Irás a tu casa y te quedarás allá todo la jodida tarde, ¿me entiendes? Sin lanzamientos, ni movimientos en tu brazo. —Tengo un partido importante mañana, no puedo quedarme sin hacer nada —terció él con una extraña expresión afligida en su rostro. —Rayos, West, la enfermera Harrison me dijo que su recomendación era que no jugaras el partido. ¿Quieres empeorar las cosas al arriesgarte a algo peor? Mañana debes estar mejor que nunca para aunque sea dar lo mejor de ti, no dejaré que pierdas esa beca por tu terquedad. Jugarás, Collins, y lo harás bien como siempre. —Ni yo misma sabía por qué hablaba con tanta honestidad acerca de lo que sentía. Corazón, ¿cuándo te saliste de la jaula que no me di cuenta? Una hermosa sonrisa se desprendió de sus labios y mi corazón suelto la recibió acelerado. —¿Sabes? Me aseguraré que no hagas nada en toda la tarde. —Hora de enjaularte, Matthew «corazón»—. Te tendré vigilado, pasaré contigo el resto del día si es necesario —espeté para la sorpresa de los dos. Se quedó mirándome con intensidad, no podía descifrar bien lo que pensaba, ya que su mirada estaba causando tanto efecto en mí que me atontaba ligeramente y me dificultaba pensar con claridad. Eso no era una buena señal. —Supongo que es lo mejor, ¿no? —Él rompió el silencio, ensanchando su sonrisa—. No podría resistir la tentación de tomar un balón en mi casa y practicar. Puse los ojos en blanco. —Aún sigo enojada por el hecho de que trataron de engañarme. —Me di la vuelta abruptamente

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y comencé a caminar hacia su camioneta. De repente, me vi en camino a su casa. Esto era una tarea peligrosa, muy, muy peligrosa. Solo faltaba un paso para mandar todo a la mierda y estaba consciente de ello. Mi corazón mandaba en este momento, no había vuelta atrás. Muchas gracias, Matthew. —Mamá debe estar en el trabajo —comentó al abrir la puerta principal de su casa y encontrar silencio. Qué genial, ¿no? —Bien... —Aclaré la garganta incómoda, tratando de disimular mi nerviosismo—. Buscaré un poco de hielo, tú puedes sentarte en la sala. —Subiré a la habitación mejor, tengo que ir al baño. —Lo miré por un momento, ¿acaso intentaba torturarme a propósito? —Como quieras... —Desvié la mirada rápidamente, dejándolo subir las escaleras. Resoplé en cuanto lo perdí de vista. ¿Qué estaba haciendo aquí? ¿Por qué abrí mi jodida boca y dije todo eso? ¿Acaso... yo... mi corazón...él estaba...? En ese momento, el revoltijo del estómago me dio la respuesta sin más. No, esto no era un simple revoltijo... esto eran mariposas, malditas... mariposas. Demonios, creo que estoy sudando frío. Subí las escaleras con la bolsa de hielo en mis manos temblorosas. Me sentía conmocionada. Nerviosa. Asustada. A punto de entrar en un ataque de pánico. Quería irme y a la vez no. Quería quedarme con West. Quería estar con él y cuidarlo para que pudiera ganar esa beca. Quería... Quería... LO QUERÍA, JODER, YA NO PODÍA NEGARLO MÁS. Soy una... —¿Estás bien? Parece como si hubieses visto un fantasma. —La voz de West me hizo sacudir la cabeza y alzar la vista hacia él. —Estoy bien. —Tragué saliva con fuerza mientras me acercaba a él—. Aquí, mantén el hielo sobre la lesión por lo menos unos treinta minutos. —¿Segura que estás bien? —preguntó de nuevo, sacándose la camiseta por encima de la cabeza. Su hombro derecho se veía levemente inflamado y enrojecido.

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—¿Te duele mucho, West? —No pude evitar preguntarle, muerta de preocupación. No se veía bien. Movió el brazo de arriba abajo lentamente, sin hacer ninguna mueca de dolor. —No es para morirse, puedo soportarlo. —¿Puedes soportarlo todo un partido completo? —Fruncí el ceño. Se acercó unos pasos, tomando la bolsa de hielo sin dejar de dedicarme esa hipnotizantes y torturadora tierna mirada. Demasiado cerca. —Por algo me llaman mariscal de acero —bromeó riendo entre dientes, para luego ponerse serio de nuevo—. Como te dije antes, bebé, ganaré ese partido... por Princeton... y por ti. No importa si tengo que soportar el dolor. Me quedé callada, sin desviar la mirada. —Créeme cuando te digo que estoy enamorado de ti —susurró acariciando mi mejilla con su mano—. Y que es la cosa más real que he sentido jamás. Y que soy un idiota por no haberme dado cuenta antes de la chica tan maravillosa que tenía frente a mí. Mierda... —Tu sonrisa, tus gustos, tu actitud, la manera en que vas por la vida, tu pensamiento de querer siempre hacer lo correcto para todos... —retomó, su rostro cada vez se encontraba más cerca del mío—. Ahora veo eso, Dylan, y es hermoso... Eres hermosa. N—no... Traté de dar un paso atrás, pero su brazo fue más rápido y sostuvo con firmeza mi cintura, sin dejarme escapar esta vez. —Deja... de combatirlo —murmuró sobre mis labios, su aliento golpeó mi rostro y entonces... me entregué. No podía más con esto. —Lo haré... —Las palabras simplemente brotaron de mi boca. Me sonrió una última vez, antes de lanzarse en busca de mis labios.

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58 No fue un beso agresivo, al menos no al principio. Fue extrañamente suave, como si se estuviese preguntando si era o no realidad lo que pasaba. Me aferré a sus hombros desnudos, teniendo cuidado de no lastimarlo mientras deseaba mantener su cuerpo más cerca de mí. Nuestros labios -y lenguas-, se mantuvieron en una pelea que duró unos LARGOS segundos. Jesús, mi corazón amenazaba con abandonar mi pecho. Al igual que el de él, podía sentirlo... cómo su corazón latía tan rápido como el mío. Mis labios no querían separarse de los suyos. Aunque tampoco podía respirar. Respirar, o no respirar, he ahí el dilema. Él fue el que se dignó a separarse, aunque solo unos cortos centímetros, para poder llenar de aire nuestros pulmones y mirarnos a la cara. Sus ojos brillaban como los de un malcriado niño en Navidad. —No sabes el tiempo que he estado esperando para besarte de nuevo. —Sonrió radiante, apretándome más contra él—. Y tenerte así de cerca. Me sentía mareada... y muy desorientada. Hora de recobrar un poco la compostura, Dylan. —Pero primero... —Esta vez se apartó un paso completo de mí, colocando la bolsa de hielo, ahora convertida en agua, frente a mí—. Deberías ir por más hielo, creo que este ya no me servirá —sugirió divertido. No sabía aún si podía moverme. No sentía mis piernas. Rayos. —Claro... —Sacudí la cabeza tomando la bolsa rápidamente—. Vuelvo enseguida. —Dame un beso más antes de irte. —Su mano se cerró en mi muñeca con firmeza, jalándome de vuelta a su calor corporal. Esto era tortura, tenía que puntualizar que: Seguía estando sin camiseta y seguía con esa mirada tierna en su rostro. —Tengo que asegurarme que esto está pasando y que no has cambiado de opinión —añadió jugando con unos mechones de cabello que caían a ambos lados de mi rostro, mirándome directo a los ojos con ese brillo que aún no se le apartaba—. Dylan Paige Carter Whitmore...¿me darías el honor de ser tu novio?

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Mierda. No iba a negar que quería decirle que sí. ¡Claro que quería que estuviésemos juntos! Luego de lo que pasó, más claro no podía quedar. Pero... Chase... y Sawyer. Lo único que podía pensar ahora era en lo que pensarían. —No... lo sé. —Mordí mi labio con frustración—. ¿Qué mierda se supone que les diremos a los chicos? Yo en serio no quiero más problemas, West, estoy jodidamente harta de ellos. —Lo manejaré, hablaré con ambos si eso es lo que quieres. —Sus manos atraparon mi rostro, haciéndome sonrojar—. Dyl, quiero que te olvides de los problemas y prejuicios por un momento, contéstame con lo que tú quieres, con lo que tú sientes ahora mismo... Guardé silencio, viendo como sus labios se alzaban lentamente en una desgarradora sonrisa. —Sí... deberías tomar el silencio como un sí —tercié, dejando entonces que me besara de nuevo. *** Debía sentirme mal, enferma, sucia, preocupada... Pero en realidad, no sentía nada de eso. Me sentía feliz. Nunca creí decir esto, nunca en mi vida hubiese pensando siquiera en decir las siguientes palabras: Estoy saliendo con el mariscal de campo West Collins. El calenturiento. El «asqueroso». El juguetón. Ese mismo fue quien se ganó mi corazón... Demasiado cursi, Carter, tienes que callarte ya antes de que vomites arco iris sobre la alfombra de tu sala. Ninguno de los chicos estaba enterado aún de tan... sorpresivo acontecimiento, salvo Matthew, quien me llamó anoche para preguntar dónde había estado toda la tarde. Era mi mejor amigo, no podía ocultárselo. No les diré su reacción porque fue demasiado femenina para mi gusto y tuvo muchos «te lo dije» incluidos. Mi tarde ayer con West se resumió a charlar acerca del partido. Estrategias, jugadas, indicaciones que el coach le pidió hacer, el tiempo se nos fue volando mientras hablábamos de fútbol. Acordamos que jugaría, ya que el hombro se veía mejor, pero a cada signo de dolor, tendría que sentarse a descansar. Sin importar Princeton. Ni nada. Primero estaba su salud. Y sigo sonando como una jodida chica cursi. A callarse ya.

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Bien, faltaban menos de dos horas para que el partido comenzara y tenía el maldito corazón en la garganta. Era la primera vez que me ponía tan nerviosa un simple partido escolar. Creo que porque no era un simple partido escolar. —¿Lista? —me preguntó Chase, asomando su cabeza desde el recibidor—. Sawyer ya va en camino a la escuela, ¿nos vamos? —Sí —le contesté con tono molesto. Lo castigaba por el hecho de haber querido mentirme acerca de lo del hombro de West. —Supéralo, hermanis, igual lo supiste, ¿no? —Puso los ojos en blanco mientras me seguía hacia la puerta. Ya comenzaré a calentar. Estado del hombro: ¡Genial! Los asientos en primera fila están apartados ya, bebé. Ansioso de verte en unos minutos. Sonreí como estúpida, mirando de reojo a Chase por si se percataba de mi raro estado de ánimo. Lo admito, yo también estaba ansiosa de verlo. Es realmente impresionante cómo el... ¿amor? te puede convertir en otra persona tan rápido. Es este algo jodidamente molesto que está presente en tu pecho todo el día y la ansiedad de querer saber de esa persona... Lo siento si estoy siendo muy empalagosa, es solo que no lo puedo evitar, es como el vómito verbal. Dejaré de decir cosas sin sentido. Ahora. —Iré a comprar unos bocadillos, esto estará bueno —me dijo Chase cuando ya nos encontrábamos caminando hacia el campo entre la multitud—. ¿Algo que quieras en particular? —Tengo el estómago revuelto, solo cómprame una soda. —Como quieras —farfulló desviando su camino, dejándome sola en el medio de personas de Risemount vestidas de negro y rojo. —¡Hey, Dyl! —Alcé la vista para poder encontrar a Sawyer entre la gente. —Aquí hay tanta gente que es difícil respirar —me quejé fastidiada en cuanto lo tuve frente a mí. Él se rio entre dientes. —Tengo que disculparme de nuevo por haberte mentido acerca de lo de West, él creyó que era lo mejor. —Se encogió de hombros, caminando junto a mí hasta las graderías—. Hablando de él, nos ha dicho a Chase y a mí que tiene algo importante que decirnos luego del partido, ¿tú sabes lo que es? —preguntó mirándome con el ceño fruncido. —No —contesté sonando lo más convincente posible. Sawyer asintió lentamente, abriéndonos paso en la primera fila para poder tomar asiento.

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Demonios, esto no ayudaba a mis nervios. —Mira, ese es el hombre de Princeton. —Sawyer apuntó con el dedo a un robusto hombre vestido de negro y naranja que se encontraba parado junto al coach, observando cómo los chicos de nuestro equipo calentaban. Específicamente, observando a West—. West lo hará bien, es un jodido Iron Man cuando se lo propone. No pude evitar reír ante su chiste. Me hacía bien un poco de humor ahora. —Tengo algo de miedo —confesé encogiéndome de hombros—. ¿Qué pasa si tiene una mala caída sobre su hombro? Puede lastimarse más. —Ya te lo he dicho, no te preocupes. —Su brazo rodeó mis hombros y los apretó cariñosamente—. Si West está jugando hoy, es porque sabe que puede hacerlo incluso con su hombro lastimado. Me dedicó una reconfortante sonrisa. —Tienes razón... —le devolví la sonrisa, sintiéndome más calmada. —¿Qué hay chicos? —Di un respingo. Rayos, qué susto me pegó West. ¿Cómo había llegado aquí tan rápido? —¿Qué hay, West? ¿Listo para jugar, amigo? —Lo saludó su amigo apartando su brazo para estrecharle la mano con entusiasmo. —Mejor no he estado, hermano —respondió risueño—. ¿Ya vieron al hombre de Princeton? Asentimos con la cabeza. —¿Estás nervioso? —le pregunté mirándolo a la cara. La mirada de dulzura que me envió de vuelta delataba completamente lo que ocurría. Maldición, solo esperaba que Sawyer no se hubiese dado cuenta de ello. —Estaré bien, bebé. —¿Por qué lo único que tenía en la mente era lanzarme y plantarle un beso en su jodidamente sexy boca? Las hormonas, el corazón... no sé qué mierda era exactamente, pero tenían que controlarse un poco. —Tengo que irme, el partido está por comenzar. —Me guiñó sonriendo ampliamente, y luego trotó de vuelta al campo. Oh mi jodido Dios. Ya iba a comenzar. Minutos después, Chase y Matthew llenaron las sillas faltantes y los jugadores ya buscaban su posición en el césped. Traté de tomar soda para calmar la ansiedad... no sirvió de nada.

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Al principio, vi todo en cámara lenta. Cómo West se preparaba para el saque. Cómo daba sus indicaciones y cómo ponía en alto el balón, listo para lanzarlo. Cuando logró lanzarlo -bastantelejos, sin quejarse por el dolor o mostrar alguna molestia... pude respirar de nuevo con normalidad. —¿Desde cuándo Risemount tiene tan buena defensa? —opinó Chase frunciendo el ceño—. Apestaban tanto en eso como en ofensiva. Él tenía razón, los de Risemount mágicamente tenían una fuerza notable, estaban jugando rudo y grotesco, tacleando con mucho más fuerza que la última vez que los vimos jugar. Bien, el miedo está de vuelta. Touchdown de Risemount. Touchdown de Risemount. Touchdown de Risemount. Touchdown de Sherwood High. Esto no iba bien. West obviamente se comenzaba a estresar. Lo notaba. Les gritaba a cada rato a los demás del equipo, al mismo tiempo que trataba de buscar huecos por donde pasar y nuevas estrategias para ponerlas en marcha. Su modo de liderazgo era impresionante. ¿Le dolía? ¿No le dolía? Ni puta idea, lo único que sabía era que no había tocado la banca ni por un segundo. De vez en cuando le echaba un vistazo al hombre de Princeton, este se limitaba a mirar y tomar notas en un pequeño cuaderno, o si no hablaba por teléfono con alguna otra persona que me supuse se trataba del Coach. La primera mitad terminó con Risemount ganando por 10 puntos. Busqué a West con la mirada mientras los demás -menos Matthew- se distraían con el espectáculo de las porristas. El coach se acercó a decirle unas palabras y él sonrió con indiferencia, caminando hacia la banca y sentándose pesadamente en ella. Necesitaba hablar con él. —Vuelvo enseguida —le susurré a Matt en el oído, empujando a un chico desconocido de mi camino para poder bajar las escaleras. Me acerqué a él empujando los otros cuerpos sudorosos de mi vista hasta que lo tuve frente a mí. —¿Todo bien por acá? —tercié dándole mi mejor sonrisa—. ¿Te ha dolido el hombro hasta ahora? —Solo un poco. —Se levantó devolviéndome la sonrisa levemente—. El coach me acaba de decir que el hombre de Princeton estaba impresionado, pero, demonios, estamos perdiendo contra la maldita escuela de Risemount, ¿puedes creerlo? Mi ego de jugador está siendo golpeado como nunca antes. No pude evitar reír entre dientes. —Deberías poner en práctica esa estrategia que hablamos ayer —sugerí volviendo al tema serio.

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—¿Cuál? ¿La de besarte aquí y ahora? —comentó con una sonrisa traviesa alzándose en sus labios. —¿No puedes dejar de tontear ni en un momento tan importante como este? —Puse los ojos en blanco. —No tonteo, es la verdad. —Dio un paso hacia mí, acercando ligeramente su rostro al mío—. Un beso de tu parte puede contribuir mucho a la causa. Tuve que esforzarme bastante para no sonrojarme por eso. —No te pases de listo, Collins. —Lo aparté de un empujón—. Hay muchas personas viendo. —¿Y eso qué mierda me importa? —Bufó irónico—. Igual les diré a los chicos hoy. —Vuelve al campo y patéales el culo bien duro. —Dicho eso, me di la vuelta y comencé a caminar de vuelta a mi asiento. —No me canso de verte en esa camiseta, Carter —espetó West a mis espaldas, haciendo referencia a mi camiseta con su apellido en la parte de atrás. Que te den, loco romanticón. La segunda parte fue una épica batalla, casi acabo con mi garganta de tanto gritar maldiciones. Sherwood logró alcanzar a Risemount, pero empezaba a preocuparme el hecho de que el brazo de West lanzaba cada vez menos lejos. —¿Crees que le duela? —Matthew me preguntó mientras se preparaban para otra jugada—. No sé casi de futbol americano, pero me di cuenta que está disminuyendo su fuerza. —Sí, tienes razón. —Tragué saliva con fuerza. Vamos, solo quedan dos putos minutos. Entonces, ese momento aterrador ocurrió... West iba dispuesto a lanzar el balón... y tres del otro equipo lo taclearon con increíble fuerza, haciéndolo caer sobre su brazo derecho. —¡Joder!, ¿viste eso? —expresó un Chase asombrado—. ¿Acaso es legal? Mi corazón saltó en mi pecho al no verlo levantarse con los demás. —No se está levantando... —masculló Sawyer preocupado—. Mierda, West, levántate. El coach -junto a un paramédico- fueron a revisar su condición. Y yo lo único que pensaba en hacer era correr al campo también. No sabía si yo había bloqueado otras voces o era que todos los de Sherwood aguardaban en sepulcral silencio por West. Casi lo maldije en voz alta cuando lo vi colocándose de pie con dificultad. Este chico me había

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dado un susto de muerte. —Él está bien, está bien, seguirá jugando —escuché que el Coach le avisó a los demás del equipo. Respira, Dylan, solo fue un susto. Un minuto más para que esta pesadilla se acabe. Supe que iba a llevar a cabo nuestra estrategia. Lo mejor para el final, sin duda. West le lanzó un pase largo a James y este corrió en zig-zag entre los otros jugadores, teniendo a Jimmy tacleando su camino al Touchdown. El reloj dio 00:00. Y yo no podía estar más feliz en la puta vida. Éramos campeones. —¡Y ASÍ ES COMO SE HACE! —exclamó mi hermano abrazándome con euforia—. ¡LOS DE RISEMOUNT PUEDEN CHUPÁRMELA! ¡¿ME OYERON?! Ugh. Matthew soltó una carcajada. —¡Diablos sí! —Lo apoyó Sawyer con entusiasmo. —Y aquí viene nuestro salvador, el chico de acero Collins. —Chase miró a través de mi hombro, sonriendo de oreja a oreja. Me di la vuelta, encontrándome con West a un metro lejos de mí. —¿Ahora sí puedo, bebé? —Sus ojos tenían una mezcla de alegría, emoción y ansiedad. —¿Qué? — Enarqué una ceja, sin comprender a lo que se refería. De repente, de un segundo a otro, sus labios se unieron con los míos ferozmente. Frente a Chase. Y a Sawyer. Estábamos besándonos. ¿Acaso la emoción y la alegría del momento no podían durar un poco más? Joder.

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59 Miré a Chase. Chase seguía mirando a West con una ceja enarcada. West se mantenía jodidamente sereno y hasta sonreía. Sawyer no había dicho ni una palabra desde que abandonamos la escuela y ahora nos encontrábamos en Mikey’s. Gracias al hombre de Princeton, quien intervino en la escena antes de que ocurriera algún crimen, se pudo evitar una gran rabieta -o algo más- de parte de Chase. El señor Paul Blackwell -el nombre del hombre-, le entregó una tarjeta a West diciéndole que lo llamaría para organizar una cita con el Coach del equipo de Princeton. O sea, en pocas palabras y sin tantos rodeos... la beca era suya. Y fue por eso que Chase decidió que iba a controlar sus instintos asesinos por un momento para celebrar. Mikey’s se había convertido en una especie de lugar para la fiesta de celebración de Sherwood. Estaba atestado de gente de la escuela, tomando, riendo, divirtiéndose... menos nosotros, que más putamente callados no podíamos estar. Me estaban matando con su silencio. —¿Sabes? Me veía venir esto... —espetó Chase luego de unos minutos de mirar fijamente a West—. Ustedes dos... joder, ¿cuántas veces te dije que te alejaras de sus pantalones, Collins? Aquí vamos... —Vamos, déjalo salir... —comentó West sonriendo, con asombrosa tranquilidad—. Di todo lo que tengas que decir, Chase, cabréate conmigo todo lo que quieras, dejaré que lo hagas si me dices que al final estarás bien con esto. El chico a mi lado buscaba una muerte MUY dolorosa al decir eso. Mi hermano cerró los ojos con fuerza por un momento. —Es su vida. Sus decisiones. Su relación. No es mi problema...Es su vida. Sus decisiones. Su relación. No es mi problema... —murmuró con rapidez, abriendo los ojos entonces. Lo miramos con atención. ¿Acaso se estaba volviendo loco ya? —A la mierda, hagan lo que quieran... —resopló con cansancio mientras se levantaba de la silla—. Yo iré por unas malditas cervezas, bien merecidas que las tengo por aguantarme de no lanzarme a romperte el cuello, West. La Dylan cursi, hizo una especie de baile de felicidad en mi mente... hasta que recordó que Sawyer no había comentado acerca del asunto aún. Y que estaba frente a nosotros. Callado.

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—Bebé, ¿podrías dejarnos solos? —West se volvió hacia mí—. Matthew está con Paige en la barra. Enarqué una ceja con ironía. ¿En serio me estaba diciendo eso? —Vamos, Dyl... —me susurró en un tono más suave. —Está bien... —intervino Sawyer encogiéndose de hombros—. Déjanos solos. —Ok... —Me levanté todavía dudosa—. Estaré con Matt. Ambos me dedicaron esas sonrisas. Que sea lo que los dioses quieran. —Bueno, hasta ahora no ha habido ningún movimiento brusco —comentó Matthew minutos después mientras los observábamos desde la barra. Tenía razón, nadie atacaba a nadie hasta ahora. —Creo que estarán bien, no te asustes —opinó mi amigo gay dándola un sorbo a su bebida—. Si fuesen a terminar mal, ya estarían en los golpes. Cierto. —¿De qué piensas que hablan? —le pregunté a Matthew curiosa. —¿Quieres que averigüe eso por ti? —¿Desde cuándo Paige se encontraba escuchando nuestra conversación? Ella era una experta en escuchar conversaciones ajenas, así que... —Puedo hacerlo si quieres —retomó, abriendo la puerta del bar dispuesta a salir. No. La verdad no quería. Era mejor no saber. —Espera... —La tomé del brazo para detenerla—. No es necesario, no quiero saber. Es mejor que no sepa. Vi cómo Matt sonreía a medias a mi lado. —Oh Dios, mi querida Dylan está madurando —espetó dándome un repentino abrazo de oso. A este ya le estaban afectando los tragos. Tuve un pequeño pánico interno cuando vi a ambos levantarse de la mesa y caminar hacia nosotros. ¿Qué había pasado? ¿Todo estaba bien o mal? ¿Debía preocuparme al verlos tan tranquilos y comportándose normalmente? ¿Cómo... había tomado esto Sawyer? —Vamos, bebé, mamá está por llegar y la esperaré afuera contigo. —Me vi siendo arrastrada por West hacia el aparcamiento sin siquiera dejarme preguntarle o decirle algo a Sawyer. De repente, sus brazos me envolvieron en un asfixiante abrazo de oso, que hasta me hizo abandonar los pies del suelo.

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¿Qué era todo esto? No podía respirar, joder. —Ah, mi día no puede ser mejor. —West se separó de mí y me miró con una alegre sonrisa. Esto significaba que las cosas habían ido bien con Saw. —¿Qué... te dijo él? —le pregunté en un leve encogimiento de hombros. Ya que estaba tan feliz... quería saber el porqué. —Todo está bien, Carter. —Jugó con mi cabello, sin quitar esa expresión de felicidad que tenía en su rostro—. Nunca pensé decir que todo está putamente bien. Finalmente. Una sonrisa se escapó de mis labios. Me alegraba verlo alegre. —Ganamos contra Risemount... —comenzó a acercarse a mí seductoramente—. Tengo la beca... —Más cerca—. Mamá está orgullosa de mí... —Siguió con su acercamiento que causaba irregularidad en mi corazón—. Tengo a mis mejores amigos... —Sus labios se detuvieron a centímetros de los míos—. Y te tengo a ti. Mis mejillas se llenaron de calor en segundos. Mierda, ¿por qué tenía que ser tan... él? —El mejor día de mi vida. —Yo también estoy orgullosa de ti —confesé, uniendo mis labios con los suyos. Sus manos automáticamente volaron a mi nuca y apretaron mi rostro más cerca del suyo. Su lengua no tardó en entrar en acción y volver el beso más apasionado. Como siempre, las piernas se me durmieron y lo único que podía hacer era mover mis labios sobre los de él, mientras que su otra mano se ocupaba de mantener nuestros cuerpos jodidamente pegados. ¿Ya les mencioné que West Collins era un experto en besar a una chica y llevarla al cielo? —¿Qué pasa si quiero abrazar y felicitar a mi hijo? ¿Dónde está la sala de espera para eso? — Una voz conocida a mis espaldas me hizo separarme bruscamente. Mierda, qué vergüenza. La señora April. —¡Hey, mamá! —West caminó hacia ella y la abrazó efusivamente. —Perdón por interrumpir el... íntimo momento, pero estoy tan emocionada que no pude evitarlo —comentó la mujer castaña dedicándome una radiante sonrisa—. ¿Cómo jugó mi chico esta noche, Dylan? ¿Pateó los traseros de los otros jugadores? Me reí divertida. —Sí, los pateó como nunca antes —contesté—. Se ha lucido, como siempre. —Oh, siento no haber estado ahí, me gustaría haber estado, de verdad... —Le sonrió a su hijo con gesto de disculpa—. Bueno, entonces, yo iré adentro a saludar a mis otros chicos, los dejaré para que sigan demostrando su... amor en público.

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Mi rostro se sonrojó intensamente. —Estábamos esperándote, iremos contigo —me apresuré a decirle. —Está bien entonces. —Ella me tomó del brazo cariñosamente y comenzamos a caminar de vuelta adentro—. Ah, y por cierto, me alegra que seas mi nueva nuera. Rayos, tienes que dejar de sonrojarte, Carter. Miré de reojo a West. Este me guiñó el ojo con una hermosa sonrisa curveada en su boca. Finalmente, sentía que todo iba bien. *** Chase me entregó el sobre de papel con nerviosismo y se cruzó de brazos, sin dejar de mirarlo con el ceño pronunciadamente fruncido. —Ábrelo y léelo tú, yo no puedo —me espetó con rapidez—. Vamos, mierda, Dylan, ¿qué esperas? El suspenso me mata. —¿Y crees que a mí no? —le gruñí molesta—. Mantén la calma, hombre. Él resopló en un intento de relajarse. Bien, esta es la cosa... ahora mismo tenía en mis manos un sobre proveniente del departamento de admisiones de la Universidad de Columbia. —Lo abriré, entonces... —Anuncié, comenzando a destrozar la parte de arriba del sobre. Saqué el papel y lo abrí para hojearlo. ¡DEMONIOS! —¿Qué? ¿Qué dice? —Mi hermano se dio cuenta que palidecí. —«Querido estudiante... ¡Felicidades! Usted ha sido admitido en la Universidad de Columbia ubicada en Nueva York. Usted y su familia tienen cada razón para sentirse orgullosos por los maravillosos logros obtenidos en este...» —No pude seguir leyendo... Ya tenía a Chase encima de mí, abrazándome. —Joder, joder, joder, ya puedo respirar con normalidad —expresó ahogando su voz con mi cuello—. ¡IRÉ A COLUMBIA, PERRAS! Solté una carcajada, empujándolo lejos de mí. —Mucho amor, ¿ok? También estoy feliz por ti, pero estás invadiendo mi burbuja. —repliqué en tono burlón. —¿Qué fue ese grito? —Mamá se asomó por la cocina.

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Chase comenzó a hacer una especie de baile mientras se acercaba a ella. —IRÉ A COLUMBIA, MAMI. —Se lanzó a abrazarla de igual manera que a mí—. ME HAN ACEPTADO EN COLUMBIA. —Oh, querido, qué espectacular noticia. —Ella le devolvió el abrazo con felicidad—. ¡Estoy orgullosa de ti! Tanto cariño me empalaga. —Tengo que llamar a Sawyer —dijo apartando abruptamente a mamá para sacar su teléfono—. También debió llegarle la carta a él. Cierto, tenía razón. —Hombre, ¿dónde coño estas? Hay buenas noticias, me ha llegado la carta de Columbia... — Habló él risueño a través del teléfono—. ¿A ti también? Pero... ¿qué?... Ya voy... —Abandonó la cocina y se dirigió al recibidor, conmigo pisándole los talones—. Cálmate, ya voy. Se acercó a la puerta principal y la abrió, dejando ver a un emocionado Sawyer sosteniendo el teléfono con una mano y un papel con la otra. —Me aceptaron —dijeron al unísono. Sawyer Brown y Chase Carter se iban a Columbia. Era un hecho.

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60 De nuevo... ¿por qué había aceptado ir al baile de graduación con los chicos? Ah sí, porque era su último baile. Porque luego de esta noche loca lo que quedaba era la ceremonia de graduación. Porque West me había pedido ir con él...Y porque simplemente dije que sí. Lo único malo del caso era que estaba usando un vestido tan ajustado que me impedía moverme con facilidad. Con respecto a los zapatos... me desharía de ellos en cuanto tuviese la oportunidad, de eso no había duda. —Wow... Definitivamente he anotado mi mejor punto contigo. —West me esperaba en el pie de la escalera, dedicándome una hermosa sonrisa traviesa—. Luces realmente hermosa, bebé. —Los zapatos están matándome —me quejé haciendo una mueca de dolor. Él se echó a reír. —Puedo cargarte toda la noche si quieres —se ofreció tomándome por la cintura para acercarme a su cuerpo. —Ni de coña —comenté divertida.— Llevo mis Vans por si las dudas. ¿Ya Chase fue a buscar a la zorra? —Se ha ido hace unos minutos, Zoey lo llamó para maldecirlo por teléfono, había estado esperando por él alrededor de una hora —se carcajeó—. Nótese su gran interés en esa chica. Por esas cosas yo amo a mi hermano. Me gustaría ver la cara de la Zor... Zoey bien cabreada al haber sido ignorada. —Entonces, ¿estás lista para asistir a tu primer baile? —Alzó su codo hacia mí. —¿Estás listo tú para tu último baile? —Enrosqué mi brazo con el de él y sonreí. —Estarás conmigo esta noche... Lo demás no me importa, la verdad. Dicho eso, salimos de la casa y entramos a la camioneta, esperando que fuese una buena noche para todos. *** Conque así era un baile escolar. Muchos adornos brillantes de estrellas y luces. Chicas sobremaquilladas con vestidos en colores chillones, tacones como de 15 centímetros y cabello repleto de laca. Joder, y yo que me había quitado los zapatos en la camioneta.

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No los soportaría toda la noche. —Estoy comenzando a arrepentirme de haber venido a esto —confesé sin poder dejar de mirar a mi alrededor, exaltada. —Descuida, luego de unas horas no se verán así, créeme. —Sus labios depositaron un pequeño beso en mi cabello—. Ahora busquemos a los chicos. Logramos encontrar a Sawyer y a su pareja, Chanel, junto a la mesa de las bebidas. Chanel me era indiferente, ya que no la conocía bien, no llegué a hablar mucho con ella, y lo único que me reconfortaba era que no era amiga de ninguna de las zorras. Sawyer había hecho bien en invitarla. Aunque a juzgar por la cara que los dos tenían en el momento, no la pasaban en bomba. —¿Ya Chase está aquí? —Le preguntó West a Sawyer cuando estuvimos frente a ellos. —Está bailando —le respondió él señalando a mi hermano con el dedo, el cual se encontraba bailando provocativamente con Zoey y otras chicas más. Puse los ojos en blanco. Ugh. —¿Y cómo va todo, Chanel? —El chico junto a mí se dirigió a la rubia—. ¿Qué se siente tener a este jodido hombre como pareja de tu último baile de secundaria? —Genial... —contestó con todo el sarcasmo de la palabra. West también notó que ese «genial», significaba «desgraciadamente mal» y se quedó un momento callado. —Bueno, si mi chica lo permite... —Se volvió hacia mí—. Me gustaría sacarte a bailar una canción. La pobre enseguida saltó un paso adelante, con sus ojos brillando ansiosos. —Me encantaría eso. Contrólate, Chanel, es solo una canción. Y recuerda que la novia soy yo. Está bien, a callarse. —Adelante... —acepté, sin tener alguna otra opción—. Aún no tengo ganas de bailar. —Volveremos en un rato. —Acercó su rostro al mío por un beso y unos segundos después desaparecieron entre la multitud de coloridos vestidos moviéndose al ritmo de la música. —¿Por qué no estás divirtiéndote? —Pregunté cruzándome de brazos—. Chanel claramente estaba desesperada por bailar. —¿Qué? Ella no me ha dicho nada. —Él se defendió, encogiéndose de hombros. Bufé, haciendo un gesto de desaprobación.

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—En fin, tenemos que comenzar a planear lo que haremos cuando comience el verano, le dije a Chase que tendremos que disfrutarlo al máximo, antes de que se vayan a la universidad —le expliqué en un intento de liberar la leve tensión que sentía en el ambiente. La respuesta que me dio su rostro no me gustó para nada. —¿Qué? ¿Qué es? —Fruncí el ceño con recelo—. ¿Por qué pones esa cara? —Dylan... —Resopló pasándose una mano en su cabello—. Yo... yo no pasaré este verano en Columbus. ¿Pero qué rayos...? ¿Cómo que... no estará aquí el verano? ¿Por qué...? —Acordamos estar juntos el verano antes de la universidad... —le recordé, aún si poder creer lo que estaba pasando—. Lo acordamos hace años, ¿es que no lo recuerdas? —Entiéndeme, las cosas han cambiado mucho desde entonces... —Me miró directo a los ojos, transmitiéndome a través de ellos a lo que se refería. Un nudo se formó en mi garganta—. Entraré a un programa de verano en Columbia, es para los asignados de este nuevo período académico. Me sentía como mierda. Él se iría a Nueva York. Dejaría de disfrutar un verano con sus amigos. Con su familia. Por el simple hecho de que... —Sawyer... no tienes que irte. —Tragué saliva con fuerza. —Sabes que yo solo no puedo quedarme a mirar... y pienso que es lo mejor, para todos, ¿no lo crees? Me quedé pensativa unos largos segundos. Poniendo a un lado la parte en que el verano no iba a ser el mismo sin él... Quizá sí, era lo mejor. Para él. Para todos. —Pero... pensé que estabas bien con esto. —Bajé la cabeza con vergüenza. El pecho me pesaba de repente. —No estoy diciendo que no estoy bien... Si estas feliz, yo también lo estoy. —Una pequeña sonrisa surgió de sus labios—. Es difícil para mí verte con otra persona e imaginarme que si no hubiese sido tan malditamente idiota, estarías conmigo. Es por eso que un verano apartado me hará mucho bien. Mordí mi labio, llena de frustración. Tenía una mezcla de emociones revoloteando en mi estómago. Tristeza. Remordimiento. Pena. Frustración de no poder hacer nada. —Estaré bien. —Colocó una mano en mi hombro—. Volveré unas dos semanas antes del final del verano a buscar mis cosas e irme con Chase. —¿Ellos saben de esto? —Juro que los iba a asesinar si sabían de esto y no me lo dijeron. —No, fue una decisión que decidí tomar hace días, aún no se los he dicho —aclaró negando con la cabeza—. Se los diré mañana, no quiero arruinarle la noche a nadie hoy.

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Enarqué una ceja con ironía. —¿Ah sí? Pues creo que ya fallaste en eso, ¿no? Se rio con suavidad. —Lo siento, tú me descubriste —me dijo divertido, haciéndome sentir un poco mejor conmigo misma. El ambiente se aligeró notablemente. —¿De qué nos perdimos? —La voz de West me hizo pegar un respingo—. Esta chica sí que se mueve, ¿sabes? —Nada interesante, Dylan solo me decía que tenía ganas de bailar, ¿por qué no me devuelves a mi pareja y tú te vas con la tuya, hombre? —Bien, bebé... —Mi chico me jaló del brazo—. Vamos a mover ese lindo trasero tuyo en la pista de baile. Le di un golpe en la cabeza. —Vuelves a decir eso y no vivirás para contarlo. —Vuelves a hacer eso y te calmaré a besos —me espetó mientras me arrastraba a la pista de baile—. Y no seré capaz de parar, lo juro. —Tonto... —Reí entre dientes. Miré una última vez hacia donde se encontraba un Sawyer más relajado y suelto que hace minutos atrás. Sí, definitivamente era lo mejor. *** —...Y el Rey del Baile de Graduación de este año... Es... Puse los ojos en blanco con fastidio. Puto Patch, ¿no puedes solo decirlo y ya? Hay gente que quiere seguir bailando. —¡James Fewman! —Exclamó con entusiasmo, mientras que el lugar se inundaba en aplausos—. Sube aquí, James. Ven por tu corona. El sin cerebro de James comenzó a subir socarronamente al escenario para que le dieran su estúpida corona de plástico. Gran asunto, una corona de plástico. —Y ahora... el momento que todos estamos esperando... ¿Quién se llevará la corona de la Reina este año...? —Por favor, que alguien le quite el micrófono a este hombre—. La Reina del Baile

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de Graduación de este año... Es... ¡Zoey Stevens! Wow, ¡qué sorpresa! ¡Nunca me esperé que votaran por ella! ¡O que ella ganara! No me jodan... Zoey subió como «hiperventilando» o algo así, y le arrebató el micrófono al director Patch con extrema fiereza. Jesús, cálmate, esto no es Miss Universo. —Primero que todo, quiero agradecer... —Unos extraños sonidos provenientes del campo de futbol americano, hizo que todos le restaran atención a lo que la zorra decía. —Es hora... —Escuché unos murmullos. Y yo estaba tan confundida como Patch en esto. Acto seguido, un West muy animado entrelazó sus dedos con los míos y comenzó a correr como las otras personas fuera del lugar. —¿Hora de qué? —Le pregunté un poco agitada, viendo que los demás se comportaban como locos. Él tenía razón después de todo, las chicas ya habían perdido su clase. —Del gran final. —Él me sonrió alegremente. Fuegos artificiales. Cientos de ellos. Siendo lanzados por la mayoría del equipo de fútbol. En medio del campo, el que ahora se encontraba lleno de gente corriendo, con cervezas y gritando «¡No más secundaria! ¡Lo logramos! ¡Nos hemos graduado! ¡Adiós, jodidos profesores!» y otras cosas más que no podía entender por tanto bullicio. La escena era verdaderamente hermosa. —¡DIABLOS SÍ! —Gritó Chase corriendo en círculos—. NO MÁS ESCUELA, JODER. —¡NO MÁS ESCUELA! —West chocó manos con él eufóricamente. —Lo logramos, chicos, los tres... —Intervino Sawyer dándole un largo trago a la cerveza que Jimmy le acababa de entregar—. Logramos graduarnos los tres juntos. No podía evitar sentirme nostálgica. Mierda, ni se te ocurra hacer una escena, Carter. —Y claro, Dylan fue una gran parte de eso... —Opinó West dándome un cariñoso apretón. —Hermanis, eres genial, aunque te falte un año todavía... —Se burló Chase revolviéndome el cabello—. Gracias por soportarme. —Esto se está volviendo muy cursi, ¿bien? —Me sacudí las tontas ganas de llorar de encima—. ¿Vamos a divertirnos y ver la cara de Patch entrando en pánico o qué? Los cuatro nos volvimos hacia el director, quien parecía estar a un paso de un colapso nervioso al ver el caos formado en el campo de fútbol. Lleno de alcohol, ex-alumnos alocados y fuegos artificiales.

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—Ahora sí comienza la diversión. —Se rio mi hermano. Segundos después, se echó a correr hacia donde estaban un grupo de chicas repartiendo más alcohol. Sawyer lo siguió sin pensarlo dos veces. —Y yo tengo que decirte gracias también... —De repente me vi con el rostro atrapado entre las manos de West. —¿Por qué...? —Mi cara no tardó en llenarse de calor. —Por hacer que me enamorara, y que me convirtiera en el chico más afortunado de todos al tenerte... —Me susurró, pegando su frente con la mía—. Te prometo que este verano será el mejor de todos. —No... lo dudo. —Yo tampoco. Nos besamos por unos segundos, y luego nos unimos con los demás chicos sin control. ¿Qué podía decir? Este año no había sido tan malo después de todo. Seguía teniendo a los mejores amigos del mundo.

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Epilogo —Déjame ayudarte, joder, quédate quieto —le reproché a Chase tratando de anudar su corbata—. Te ahorcaré con esta cosa si no te dejas de mover. —Estoy bien así, es una puta graduación, no una entrevista de trabajo —resopló poniendo los ojos en blanco—. El traje igual no se verá bajo la toga. —Bien, como sea. —Me separé un paso de él, en un intento de comprobar que el traje le quedara genial. No te pongas sentimental, Dylan, son solo tus tres mejores amigos graduándose de la secundaria. Nada más. —¿No llorarás, cierto? —Preguntó él, enarcando una ceja divertido—. Si vas a llorar me dices antes para poder tomarte una foto. —Que te den, me iré a terminar de arreglarme —le gruñí, dándome la vuelta para salir de su habitación. ¿Que si lloraría? ¡Diablos no! No era tan blanda tampoco, que West haya encontrado mi punto débil era una cosa, pero que llorara porque estos tres ya no estarían conmigo, era algo patético viniendo de mí. O bueno, quizá no tanto. Demonios, no vayas a llorar, Dylan Cursi Carter, ¡no te atrevas! —Ya tenemos que irnos, querida. —La voz de mamá me hizo salir de mis pensamientos—. ¿Estás lista? No diría lista, mamá me había estado taladrando la cabeza todo el día de ayer, diciéndome que debía usar un vestido, ya que bla, bla, bla. Ella y sus putas reglas de «ocasiones especiales». Ya había usado suficientes vestidos por estas semanas. Me quedaba con mis pantalones, vans y camiseta «elegante». —No tenemos todo el día —replicó ella jaloneándome del brazo con histeria—. Tenemos que llegar a tiempo para sacar las fotografías con los chicos. Sí... como si te agradaran mucho. Puse los ojos en blanco. Ya estamos aquí. ¿Les falta mucho a ustedes?

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Me aseguré de saber exactamente cuánto faltaba por llegar y luego presioné responder. Vamos en camino. Estaremos ahí en un minuto. Le di a enviar y en menos de un minuto, West me contestó el texto. Entendido. Te quiero, bebé :) Yo también te quiero :) Bien, ambos hemos estado comportándonos como unos jodidos tontos, pero ¿a quién mierda le importa? Ya era algo que no podía evitar hacer. Él me hacía comportarme así y no iba a ocultarlo más. —¿Dónde rayos estará tu padre metido? —expresó mamá molesta mientras aparcaba el auto en un puesto seguro—. ¡Argh!, dijo que esperaría aquí por nosotros. —Relájate mamá, debe estar hablando con el señor Brown o con la señora Darren —la tranquilizó Chase luciendo divertido, haciéndome un ademán a sus espaldas para que abandonáramos el auto y escapáramos rápidamente—. Nosotros iremos a buscar a los chicos, y tú busca a papá, ¿vale? —No se vayan tan le... —No escuchamos sus últimas palabras, estábamos bastante ocupados corriendo fuera de su vista. La ceremonia sería en el campo de fútbol, al aire libre, lo cual no negaré me gustó mucho. Al fin Patch hacía algo bueno con su poder. Sobre todo luego del caos del Baile de Graduación. Un hermoso caos, en mi opinión. Por suerte, el viejo no presentó ningún cargo. Después de unas cuantas cervezas que le dimos, lo vimos lanzando fuegos artificiales con los chicos. Él no decía nada, y nosotros tampoco. Ese era el trato. —Ahí están. —Chase señaló a tres chicos en traje a lo lejos, dos de ellos sostenían unas togas rojas en sus brazos y uno se mantenía de espaldas. ¿Ese tercer chico era... Matthew? ¿No era que no iba a poder venir? —Oye, pensé que no vendrías... —Lo saludé con un buen merecido golpe en el brazo—. ¿Por qué rayos no me avisaste? —«Hola, Matthew, ¿cómo estás hoy?» —Imitó mi voz en tono burlón, sobándose el brazo lastimado—. Vine porque ellos me obligaron —explicó refiriéndose a Sawyer y a West—. Dijeron que tenía que estar aquí para que te viera llorar como a un bebé. Fruncí los labios, disgustada.

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—No lloraré, demonios, ¿por qué todo el mundo cree eso? —Eventualmente, Dylan... lo harás —terció Chase con una sonrisa de suficiencia—. Ya verás. —Bien, debemos ponernos esto, la ceremonia está por comenzar —comentó Sawyer examinando las horribles togas rojas—. Aquí tienes la tuya, amigo. —Le extendió una a Chase. —Hey, ¡ahí están!, no se muevan, quiero tomarles una foto. —Mamá apareció de la nada junto con papá y los familiares de los chicos, dándonos un susto de muerte. Los cinco nos quejamos en voz alta, juntándonos para la jodida foto. Una, que se convirtió en unas cuarenta, ya que los demás padres también querían toda una sesión fotográfica. Graduaciones. —Dyl... —West tocó mi brazo para llamar mi atención—. Tengo que hablar contigo. —Su rostro era una mezcla entre seriedad y entusiasmo—. Es algo importante. —Rascó la parte trasera de su cabeza, luciendo ligeramente nervioso. —¿Qué es? —le pregunté dedicándole una leve sonrisa. —Tengo algo para ti. En ese preciso instante, cuando él parecía estar sacando algo del bolsillo de su blazer, la profesora de matemática nos interrumpió para decir: —¡¿Qué hacen ustedes ahí?! Deberían estar ya en sus asientos, la ceremonia está por comenzar. La ceremonia está por comenzar... Mi corazón salió sorpresivamente disparado. Ya hablamos de esto corazón, hay que ser fuertes. —Hablaremos luego de que esto acabe, ¿sí? —Se apresuró a decirme mientras se acercaba a depositar un dulce beso en mis labios—. Y no aceptaré un no como respuesta. Fruncí el ceño. ¿Qué se supone que significaba eso? —Te quiero —masculló segundos después, dejando otro beso al mismo tiempo que me miraba con ternura. Esto sinceramente no ayudaba a calmar los rápidos latidos de mi corazón. Sentí mis mejillas calentarse intensamente. —También te quiero... —respondí, lanzando mis brazos alrededor de su cuello, devolviéndole su tierna mirada. Ambos sonreímos ampliamente. —¡West, hombre, mueve tu trasero! —Chase nos interrumpió antes de que volviéramos a besarnos. —Ya voy, joder. —Gruñó entre dientes con irritación, sin dejarme de mirar—. Nos veremos,

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bebé, este chico tiene que ir por su título. Sí... los tres tienen que ir por su título de secundaria... —Realmente me he acostumbrado tanto a América que me costará pasar tres meses completos en Inglaterra. —Matthew me comentó mientras tomábamos asiento en la fila siguiente a la de los graduados. Ah, cierto, se me ha olvidado decirles que mi querido amigo gay pasará el verano con su familia en New Castle. No puedo reclamarle, ya que no ha visto a Patrick desde hace muchísimos meses y esta era su oportunidad de pasar tiempo con él. Me sentía feliz por él. —Me va a costar no tenerte cerca con tus dramas, golpes y obscenidades. —Se rio divertido, apretándome cariñosamente contra él—. Patrick va a oír hablar mucho acerca de ti, ¿sabes? —Probablemente crea que soy una especie de jodida loca americana —opiné contagiándome de su risa. —¡Chist! —Nos espetó mamá con autoridad—. Hagan silencio, ya está comenzando. Los dos nos miramos y nos aguantamos de poner los ojos en blanco, para luego volvernos hacia el escenario, donde el director Patch se acomodaba para dar el rutinario discurso. Bien, ¿por qué sentía que mis manos empezaban a sudar? El discurso de Patch no me afectó tanto como creía. Dijo un poco de lo mismo, y la verdad pensé que saldría ilesa de todo esto, sin derramar una lágrima... hasta que anunció que mostrarían un vídeo con fotos de los graduados a lo largo de los años. Y la primera imagen que apareció en la pantalla fue la de unos jóvenes Chase, West y Sawyer, dedicándole una cara graciosa a la cámara estando en la cafetería. Debió ser tomada cuando tenían por lo menos unos 14 años, ni recuerdo dónde estaba yo. Joder, que no iba llorar. Unas cuantas imágenes más del equipo de porristas.... Volvió a aparecer otra foto. Esta era más reciente... y yo me encontraba en ella. Recuerdo que fue tomada en un partido, cuando celebrábamos la victoria del campeonato. West me había cargado en sus brazos debido a la emoción y Chase trepaba la espalda de Sawyer mientras le sonreía alegremente a la cámara. Mi cabello estaba escondido dentro de una vieja gorra y mis pantalones eran una talla más grande que la correcta. Lo único que conservaba de aquello era la camiseta del equipo... la cual decía «Collins». Eso se acabó. Ellos ya no estarían aquí conmigo. No pasaríamos por eso de nuevo. No estaríamos así de felices... juntos.

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¿Qué iba a ser de mí en mi último año? ¿Quién me traería a la escuela y se quejaría porque no podía conducir y no tenía mi propio auto? ¿Quién se burlaría por el hecho de que era una destructora de despertadores? ¿En qué mesa se supone que me sentaría en el almuerzo? ¿Con quién me burlaría de la cabeza calva del profesor Timothy a sus espaldas?... ¿Quién sería mi mariscal de campo favorito? ¿Con quién disfrutaría las noches de NFL? ¿Quién -además de Matthew-... estaría ahí para mí todos los días? Nada... iba a ser malditamente igual. Cubrí mi rostro con ambas manos, sin poder evitarlo por más tiempo. Las lágrimas comenzaron a caer descontroladamente sobre mis mejillas. Era como un grifo abierto. Sentía un nudo en el pecho al mismo tiempo que trataba de controlar mis inevitables sonoros sollozos. Lloraba como una magdalena. Ya me valía mierda si otros me veían llorar. Simplemente no podía retenerlo por más tiempo. Me importaba, me importaba más que a cualquiera que ellos iban a irse a la universidad. Era como si una parte de mi vida se fuese con ellos, era mi infancia. Era una parte de mi adolescencia que iba a cambiar completamente. Dylan, llora, llora todo lo que quieras. Unos brazos que supuse eran los de Matthew me rodearon y me atrajeron a su pecho, acariciando mi espalda levemente en un intento de calmarme. Oh, Matt, cuando comienzo a llorar de esta manera, es difícil parar. Es por eso que odio llorar, porque no puedo detenerme. —Déjalo salir... —me susurró mi amigo al oído—. Respira hondo. ¡No podía respirar hondo! El nudo en el pecho me lo impedía. —Matt... —mascullé con la voz ahogada al tener mi cabeza enterrada en su pecho—. Rayos, no puedo... Él se rio suavemente y me obligó a mirarlo. —Está bien llorar, hasta al más rudo le hace falta a veces —dijo sonriendo—. No te avergüences. Volví a cubrir mi rostro con mis manos. Eso no me estaba ayudando en nada, me daban más ganas de seguir llorando. Esto era tan estúpidamente triste. Nunca pensé que me afectaría tanto. —Abbie Cornelía Turner... —Escuché la lejana voz del director Patch, quien al parecer comenzaba a llamar a los graduados al escenario. Hora de calmarme. Me erguí en mi asiento en un suspiro. Limpié mis empapadas mejillas con el borde de mi chaqueta

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y alcé la vista. Todavía quedaba tiempo para llorar, de eso estaba segura. Dirigí mi vista por un momento hacia donde se encontraba West. Sorpresivamente él había visto la escena y ahora me miraba con algo de preocupación. Le sostuve la mirada, luchando contra las lágrimas que amenazaban con atacarme de nuevo. Los extrañaría tanto que el corazón me dolía de tan solo pensarlo, si eso era posible. Él señaló su teléfono y segundos después, el mío vibró. Bebé, ¿por qué lloras así? Volví a mirarlo, se encontraba esperando pacientemente por mi respuesta. Acaba de volverse real para mí... La secundaria. Sin ustedes. Envié el texto sin atreverme a dedicarle otra mirada. Igual estaremos siempre ahí para ti. Solo vamos a la universidad, no nos estamos muriendo. Levanté la vista hacia West y me eché a reír. Él me guiñó un ojo con diversión. No va a ser lo mismo. Cambiarán, cambiaré... nunca será como antes. Los días de diversión terminaron. El nudo se hizo presente en mi garganta cuando le di a enviar. No digas eso, aún tenemos el ahora. Nadie cambiará, al menos yo no cambiaré, ya que sé que tengo a una hermosa novia que me espera en casa, y eso es suficiente para mí. Mordí mi labio. Demonios, West, esos no son comentarios que ayuden en este instante. ¿Cómo estás tan seguro de eso? Tú no sabes lo que pueda pasar. Limpié una tonta lágrima mientras lo enviaba. Joder, que dejes de pensar en eso, aquí nadie va a cambiar nada. Ni Chase. Ni Sawyer. Ni tú. Ni yo. ES SOLO LA UNIVERSIDAD. Sorbí por la nariz y respiré hondo. Dylan, recobra la compostura. En eso, el teléfono vibró de nuevo. Ahora deja de llorar antes de me levanté y vaya a secarte esas lágrimas yo mismo, Carter. Una sonrisa se escapó de mis labios y asentí con la cabeza, mirándolo. —Chase David Carter Whitmore... —El nombre salió de la boca de Patch, haciéndonos volar la atención de vuelta a la ceremonia. Aplaudí con todas mis fuerzas mientras lo veía subir al escenario con su toga y birrete rojos. Chase Carter, cruzando una importante parte de su puta adolescencia. Chicas. Alcohol. Fiestas. Diversión. Madurez. Nada mal, hermano. La lista fue disminuyendo cada vez más. Después de unos 40 minutos aproximadamente,

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llamaron a Sawyer Landon Brown Jones. Luego, después de unos 5 minutos más, fue el turno de West a pasar por el escenario. Estaba orgullosa. Cuando la ceremonia se terminó, Matthew y yo fuimos los primeros en abandonar nuestros lugares para ir con los chicos. —¡Felicidades! —Me lancé a abrazar con fuerza a Chase inmediatamente. Y aquí vienen de nuevo las lágrimas. —Aww, ¿vieron? Les dije que lloraría —se burló él correspondiéndome el abrazo—. Está bien, sé que me extrañarás cuando me vaya, hermanis. —Sí, sí lo haré —confesé apartándome de él—. Por desgracia lo haré. Me volví hacia Sawyer, quien me sonrió levemente. Bien, también necesitaba un abrazo. —Diviértete mucho este verano, ¿de acuerdo? —le susurré en su oído mientras lo seguía abrazando. —Trataré —me respondió en voz baja. Su aliento le hizo cosquillas a mi oído—. Lo haré... —Bien. —Sonreí, deshaciendo el abrazo para mirarlo a la cara. De repente, nos vimos rodeados de familiares dando las felicitaciones, llorando dramáticamente -como mamá- y diciendo cuán orgullosos se sentían. Entonces sentí una mano cerrarse en mi muñeca y arrastrándome entre la gente hacia detrás de las graderías, donde por suerte no había tanto bullicio. West tiró de mí brazo y me hizo chocar contra su duro pecho. —Quiero que seas la última chica a la que traiga a este lugar. —Habló, mirándome directo a los ojos con tanta dulzura que solo pensaba en besarlo. —Me parece jodidamente romántico que me traigas donde trajiste a cientos de chicas. —Bufé con sarcasmo. —Bebé, eres oficialmente una ‘destruye momentos’... —Me reprochó besando mi nariz—. Aunque así te quiero. Puse los ojos en blanco, sin poder evitar sonrojarme. —Aún tengo que darte ese obsequio.... —Él dio un paso lejos de mí, para meter una mano dentro de su chaqueta y sacar un pedazo de papel. ¿Un mapa? ¿Por qué un mapa? —¿Por qué me estas obsequiando un mapa? —le pregunté con una ceja enarcada.

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Abrí el mapa para examinarlo. Había algunos puntos en específico marcados en rojo. —Sawyer se va a Nueva York y Chase ha accedido a esto. Claro, luego de rogarle como el infierno... —me comenzó a explicar, sin borrar esa radiante sonrisa de su lindo rostro—. Dijiste que querías disfrutar este verano al máximo. Eh... ¿a dónde trataba de llegar con esto? —Tú y yo. Tres semanas viajando por carretera —me espetó, dejándome atónita—. He estado planeando esto desde hace semanas. Ya tengo todo arreglado, bebé, solo tienes que decirme sí o no. Realmente no sabía qué decir. Estaba sin palabras. ¿Un viaje de carretera? ¿Solos los dos? La verdad siempre había querido irme en un viaje de carretera, pero... wow. West y yo, juntos, tres semanas, completamente solos... —No sobre-analices, Dylan. —Su voz interrumpió mis pensamientos y me vi envuelta en sus brazos, con esa mirada de dulzura que se había convertido en mi maldita debilidad—. Solo di lo que quieras hacer. Es un sí, o es un no. —No puedo dejar a Chase solo tres semanas —comenté sinceramente, haciendo una mueca—. No... lo veo justo. Él resopló, poniendo los ojos en blanco. —Ese chico estará bien, te he dicho que he hablado con él. Tendrá la casa prácticamente para él solo. Dime si eso no es suficiente para Chase Carter. Cierto. Oh, a la mierda, sí, sí quería. —Está bien... iré contigo —acepté, sin siquiera ocultar mi entusiasmo. —Prepárate entonces para el mejor comienzo de verano que hayas tenido. —Y sin poder ocultar su entusiasmo al igual que yo, se acercó a besarme con tanta fuerza que me hizo tambalear. Estaba más que lista para este verano. No iba a permitirme desperdiciar ni un segundo. Tal y como había dicho West: «Aún tenemos el ahora.» Y hay que vivirlo.

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SIOOTB#2 The senior year Dylan Carter logró sobrevivir a un cambio radical en su apariencia. A su caótico primer año de secundaria. Y a un montón de locas y difíciles situaciones debido a sus dos sexys mejores amigos, West y Sawyer. Pero no todo fue tan malo, a raíz de todo lo ocurrido, pudo conseguir a un buen amigo (un muy gay inglés), a un hermoso y enamorado novio, y una nueva actitud madura para tomar decisiones. Bueno, quizá lo último no tanto. Con Sawyer, Chase y West yéndose a la universidad, la vida de Dylan se resume a estar con su amigo Matthew y tratar de no suicidarse del aburrimiento en su último año en la escuela, trata de no extrañarlos tanto y mantener una relación a distancia, no solo con West, sino con su hermano y con su buen amigo Sawyer. Nuevos personajes. Nuevas locuras. Nuevas amistades. Nuevo chico. Sí, el último año de Dylan Carter no será tan aburrido como ella creía. Puedes leerla AQUÍ

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Agradecimientos Nunca dejaré de repetir cuan agradecida estoy de mis lectores. Sin su ayuda, sin su apoyo, no me habría animado a nada de esto. Muchas gracias a mi papá. A mi mamá. Gracias a mi prima Marisabel Colina. Por incitarme a seguir siempre.

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Sobre la autora: E.M. Molleja

¿Cómo te llamas? ¿Utilizas seudónimo? ¿Por qué? Mi nombre es Emiley Molleja, mi seudónimo es E.M. Molleja. ¿Por qué lo tengo? Por alguna inexplicable razón decidí colocarme ese seudónimo, desde que comencé a escribir, ya hace unos 5 años, bueno, desde ahí no pienso cambiarlo. ¿De dónde eres? ¿Naciste ahí? ¿Dónde te criaste? Nací y me crié en Maracaibo, Venezuela. ¿Cuántos años tienes? ¿Vives con tus padres? ¿Vives solo? Tengo 17 años y aún vivo con mis padres jajajaja. ¿Qué es lo que más te gusta hacer? ¿Tienes mascotas? Lo que más me gusta hacer y creo que nunca me cansaré, es de escribir y leer. En verdad, nunca me cansaré de ello, aunque también me gusta ejercitarme y mantenerme saludable. No, desafortunadamente no tengo mascotas :(. ¿Eres estudiante? Comenzaré la carrera de Periodismo Impreso el enero y en marzo (en otra universidad) Letras Hispánicas. ¿Cuál fue tu primer escrito formal? ¿Cómo se llamaba? Diría que fue “Surviving my deep dream” No digo mi primer escrito porque no lo califico como “formal”. En cambio, en este, estaba más consciente de lo que hacía y me guié por mis propias ideas.

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¿Por qué empezaste a escribir? ¿Cuándo fue más o menos? ¿Crees que has mejorado desde entonces? Comencé a escribir a los 12 años, y fue por mera curiosidad, desde esa edad me he visto atraída hacia la lectura y de repente pensé “¿Por qué no escribir mi propia historia? ¿Qué tengo que perder con intentar? Desde ese momento, no he parado. He mejorado MUCHO a lo largo de los años, a veces miro atrás, o bueno, reviso mis antiguos escritos y me rio, porque tuve tantos HORRORES y por cosas simples, pero bueno, uno no nace aprendido y practicando continuamente se mejora.

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Créditos: Edición

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#1 She is One of the Boys  

Honestly, a beautiful history.

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