Page 1

Alimentos Funcionales y Nutrición Natural. Conceptos y Beneficios Para la Salud

INTRODUCCION Al iniciarse el nuevo milenio, una nueva era en el área de las ciencias de los alimentos y de la nutrición se ha hecho presente con cada vez mayor intensidad: El área de la interacción alimentos-medicina cada vez mas reconocida como la de los "alimentos funcionales" que acepta el papel de los componentes alimenticios, como nutrientes esenciales para el mantenimiento de la vida y de la salud y como compuestos no nutricionales pero que contribuyen a prevenir o retardar las enfermedades crónicas de la edad madura. Inicialmente considerados como una curiosidad pasajera, la idea de la formulación de alimentos en base a los beneficios de salud que sus componentes no nutricionales podían proveer al consumidor, se ha convertido en una de mucho interés actual para las grandes compañías de alimentos (Best, D., 1997; Hollingworth, P., 1997). El concepto tradicional de que para el mantenimiento de una salud óptima la dieta diaria debe proveer cantidades adecuadas de nutrientes esenciales ha cambiado en los últimos años, por la evidencia cada vez mas fuerte de que como una mezcla compleja de substancias químicas, los alimentos contienen también substancias fisiológicamente activas que cumplen, al igual que los nutrientes esenciales, una función de beneficio contribuyendo a reducir la incidencia de ciertas enfermedades crónicas y por tanto son necesarias para una vida saludable (Caragay, 1992). Excepto por los nutrientes reconocidos, la mayoría de tales substancias alimentarias permanecen sin ser completamente caracterizadas por sus funciones fisiológicas. Estudios epidemiológicos en vivo, en vitro y clínicos indican que una dieta a base de vegetales puede reducir el riesgo de enfermedades crónicas, especialmente del cáncer, conforme lo demuestra la revisión de 200 estudios epidemiológicos llevada a cabo por Block y sus colaboradores en 1992, en la cual se demuestra que el riesgo de cáncer en personas que consumen dietas altas en frutas y vegetales, es el 50% del riesgo que se observa en personas que consumen poco de estos alimentos. La evidencia es clara de que las dietas basadas en vegetales contienen otras substancias, a mas de los nutrientes tradicionales, que contribuyen a reducir el riesgo de cáncer (Steinmetz and Potter, 1991a, 1991b). Como resultado, la prevención de enfermedades a base de la dieta diaria es vista cada vez mas como una opción, a base del desarrollo de productos diseñados para cubrir necesidades de salud específicas. La promesa de los alimentos funcionales ha surgido en un momento en el que el interés de los consumidores en el eje dieta-salud es su prioridad. El interés del consumidor por obtener dietas óptimas para mantener una buena salud, por extender los años de vida, la desconfianza hacia los alimentos "procesados" y el aumento en el mercado de los alimentos "naturales" ha creado el estado de "revolución" tecno-científica de los "alimentos funcionales" o "alimentos diseñados" en la que cada vez mas participan. La base de estos componentes es eminentemente de origen vegetal o fitoquímica, aunque como excepción también están incluidos los suplementos prebióticos y probióticos. Los alimentos funcionales, los productos alimentarios y los suplementos dietarios que proveen un posible beneficio fisiológico en el control o la prevención de enfermedades representan una oportunidad para el desarrollo de nuevos productos. Las regulaciones de la NLEA (Ley de Etiquetado y Educación Nutricional) y de la DSHEA (Ley de Suplementos Dietarios, Salud y Educación) en los Estados Unidos, así como el Códex


Alimentarius de las Naciones Unidas están llamados a constituir el engranaje principal en base al cual esta nueva revolución en la lucha contra la prevención y la cura de enfermedades se hará realidad. La comprensión científica de como estos componentes no nutricionales o fitoquímicos actúan en el organismo apenas está en sus inicios; no solo se está identificando y encontrando que aparentemente existen cientos de ellos, sino que también se está logrando establecer la forma de acción de algunos. Aunque los fitoquímicos no contribuyen energía o material estructural al organismo, pueden cumplir importantes funciones. Los profesionales de la salud están gradualmente reconociendo el papel de los componentes fitoquímicos de los alimentos en el mejoramiento de la salud, en parte gracias al apoyo proporcionado por el advenimiento de la Ley de Etiquetado y Educación Nutricional de 1990 en los Estados Unidos, mas comúnmente conocida por sus siglas en inglés, NLEA (ADA, 1995; Howard y Kritchevsky, 1997) que requiere etiquetado nutricional para la mayoría de los alimentos y permite mensajes de salud y mensajes relacionados a ciertas enfermedades en las etiquetas de los alimentos. Especialistas en nutrición humana, ciencia y tecnología de alimentos, mercadotecnia, etc. investigan activamente esta nueva área y se encuentran formulando nuevos productos que permitan un futuro más saludable para la humanidad. Congresos y reuniones científicas se llevan a cabo cada vez con mayor frecuencia para discutir esta nueva área, convertida en uno de los tópicos de mayor interés desde el año 1996 (Sloan, E., 1996; Neff, J. y Holman, J. R., 1997; Anónimo, 1997). A estas reuniones se suman el interés de la industria tradicional de alimentos: La compañía Kellogg ha establecido la división de alimentos funcionales; Kraft Foods, Nestlé y otras grandes compañías se aprestan con cierta reticencia a la investigación y desarrollo de esta área, mientras que la compañía Nabisco introdujo "Nutrajoint" su primer producto funcional. Hace unos anos ConAgra Functional Foods introdujo "Culturelle", a probiótico, cuyo ingrediente activo es Lactobacillus GG, el probiótico mas extensivamente estudiado, derivado del sistema digestivo humano (Saxelin, 1997). Estudios llevados a cabo con Lactobacillus GG han encontrado que este organismo probiótico reduce el número de bacterias patógenas en el tracto intestinal, protegiendo por lo tanto contra las enfermedades (Benno, et al; Salminen y Donohue, 1996), favoreciendo el mantenimiento de un balance bacteriano saludable en el aparato digestivo (Gorbach, Chang y Goldin, 1987) y produciendo una sustancia antimicrobiana que inhibe la multiplicación de microorganismos enteropatógenos, incluyendo Clostridium difficile (Bennet, et al, 1996). Algunas universidades han iniciado programas para el estudio de esta interesante área de las ciencias de los alimentos y de la nutrición. Quizás el centro mas reconocido es el Programa de Alimentos Funcionales para la Salud de la Universidad de Illinois (University of Illinois Functional Foods for Health Program). Muchos productores de suplementos alimentarios han estado ofreciendo estos componentes en el mercado, sin tener la base científica cierta para los reclamos de salud que se presentan en los envases de sus productos. En muchos casos esto es ejemplo de irresponsabilidad y de avaricia. En otros casos, simplemente ejemplo de ignorancia y de la falta de regulación gubernamental apropiada para controlar a la rápidamente creciente industria de los suplementos alimentarios. Lo cierto es que los productores de suplementos no deberían envasar en una botella compuestos que todavía no han sido debidamente identificados y caracterizados por la comunidad científica, ni aducir efectos positivos basados solamente en evidencia anecdótica y testimonios individuales. Suplementos (píldoras, barras nutritivas y dietas líquidas) pueden ser fuentes concentradas de vitaminas, energía y fitonutrientes, pero fallan en proveer la gama completa de ingredientes naturales que un alimento provee. La absorción,


distribución y metabolismo de un nutriente individual o de un fitonutriente pueden ser afectadas por estas deficiencias. Por ejemplo, las formas puras o concentradas de vitaminas en píldoras o en cápsulas pueden ser no absorbidas apropiadamente y pueden interferir con la absorción de otros nutrientes. Igualmente, los extractos de algunas substancias fitoquímicas no son tan efectivos como cuando aquella sustancia se encuentra en su forma natural como parte de un alimento. Esto sugiere que algunos fitoquímicos podrían ser no metabolizados en su forma pura y que algunos necesitan la presencia de otros compuestos o componentes alimenticios para funcionar apropiadamente. Se podría concluir que no necesariamente un compuesto fitoquímico individual, sino la combinación de compuestos fitoquímicos entre sí o con otras substancias en los alimentos es lo que favorece su absorpción, transporte a los tejidos, metabolismo y su función protectora en contra de enfermedades. Este concepto merece, y es objeto, de investigación científica a fin de establecer el mecanismo de funcionamiento biológico de los fitonutrientes y de su valor en la lucha por la consecución de una mejor salud y calidad de vida (Dwyer, 1996).

QUE SON LOS ALIMENTOS FUNCIONALES? No existe un acuerdo para definir en forma precisa lo que son los "alimentos funcionales". Muchos consideran que se trata de un concepto aún en desarrollo y que bien podría considerárselos como productos intermedios entre los tradicionales y la medicina. Los alimentos funcionales podrían definirse como "cualquier alimento en forma natural o procesada, que además de sus componentes nutritivos contiene componentes adicionales que favorecen a la salud, la capacidad física y el estado mental de una persona". La idea de los "alimentos funcionales" fue desarrollada en el Japón durante la década de 1980s como una necesidad para reducir el alto costo de los seguros de salud que aumentaban por la necesidad de proveer cobertura a una población cada vez mayor en edad, gracias a los avances en cuidado médico y una buena nutrición (Anónimo, 1991). El término se refería a alimentos procesados conteniendo ingredientes que ayudan a ciertas funciones específicas del organismo además de ser nutritivos. Al momento, Japón es el único país que ha formulado un proceso regulatorio específico para la aprobación de alimentos funcionales. Conocidos como "alimentos para uso específico de salud" ("foods for specified health use" o FOSHU) estos alimentos son elegibles para llevar un sello de aprobación del Ministerio de Salud y Bienestar (Arai, 1996). Mas de 100 productos tienen licencia FOSHU en el Japón (Hasler, 1998). De acuerdo a los Japoneses los "alimentos funcionales" pueden clasificarse en tres categorías: 1. Alimentos a base de ingredientes naturales. 2. Alimento que deben consumirse como parte de la dieta diaria. 3. Alimentos, que al consumirse cumplen un papel específico en las funciones del cuerpo humano, incluyendo: a) mejoramiento de los mecanismos de defensa biológica; b) prevención o recuperación de alguna enfermedad específica; c) control de las condiciones físicas y mentales; y, d) retardo en el proceso de envejecimiento. En los Estados Unidos la categoría de alimentos funcionales no está legalmente reconocida. A pesar de esto, muchas organizaciones han propuesto definiciones para esta nueva área de las ciencias de los alimentos y de la nutrición. El Directorio de Alimentos y Nutrición de Instituto de Medicina ha definido a los alimentos funcionales como "cualquier alimento o ingrediente alimentario que pueda


proporcionar beneficios de salud además de los tradicionalmente nutricionales" (IOM/NAS, 1994). El primer término usado para este tipo de alimentos en los Estados Unidos fue el de "alimentos diseñados", utilizado en 1989 por el Dr. Herbert Pierson, Director del Programa de Alimentos Diseñados del Instituto Nacional del Cáncer, para describir aquellos alimentos que contienen naturalmente -o que son enriquecidos con componentes químicos, biológicamente activos pero no nutritivos, provenientes de plantas (fitoquímicos), efectivos en la reducción de los riesgos al cáncer. Ese mismo año, el Dr. Stephen DeFelice, Director de la Fundación de Medicina Innovativa, crea el término "nutraceutico" para referirse a "cualquier sustancia que pueda ser considerada como alimento o como parte de un alimento y que proporciona beneficios médicos o de salud, incluyendo la prevención o el tratamiento de una enfermedad". Con el paso del tiempo, otros términos creados para caracterizar los "alimentos funcionales" incluyen: • Alimentos genéticamente diseñados • Fármaco alimentos • Fitoalimentos, fitonutrientes • Substancias fitogénicas • Alimentos rendimiento • Alimentos inteligentes • Alimentos terapéuticos • Alimentos de valor añadido • Alimentos genómicos • Prebióticos/Probióticos • Fuentes fitoquímicas • Alimentos superiores • Alimentos hipernutritivos • Por último hasta el término "alimentos reales"!!! (presentado en una revista promotora de fisicoculturismo). El término "fitoquímicos" constituye la evolución mas reciente del término "alimentos funcionales" y enfatiza las fuentes vegetales de la mayoría de los compuestos preventivos de enfermedades. La generación de los "baby boomers" en los Estados Unidos (aquellos nacidos inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, en el período entre 1945 y 1950) con su interés en la salud han hecho de los alimentos funcionales la mas importante industria en este país (Meyer, 1998) con un mercado estimado en los 29 mil millones de dólares (Waltham, 1998).

"EL ORIGEN DE LA "REVOLUCION DE LOS ALIMENTOS FUNCIONALES" Muchos factores han contribuido a la presente "revolución" dietaria y al interés en los "alimentos funcionales": La evidencia abundante acerca del papel vital de los factores nutritivos en el mantenimiento de la salud y la en ocurrencia de las enfermedades. El papel de la dieta en la ocurrencia de diez de las mayores causas de muerte en los Estados Unidos incluyendo: • Enfermedades del corazón • Cáncer • Derrame cerebral • Diabetes • Arterosclerosis


• Enfermedades hepáticas Otras enfermedades, aunque no fatales, también resultan de una dieta inadecuada y causan problemas de capacitación física. Ejemplo de este tipo de enfermedades es la osteoporosis. El consumo de dietas con alto contenido de productos de origen vegetal (frutas, verduras, granos integrales y leguminosas) es considerado como medio de protección contra enfermedades crónicas, especialmente el cáncer. Personas que consumen un bajo nivel de frutas y vegetales tienen un doble nivel de riesgo para adquirir diversos tipos de cáncer que aquellas personas con un alto nivel de consumo de este tipo de alimentos. Esto lleva a pensar a muchos que es posible que el aumento en el consumo de compuestos fitoquímicos con actividad biológica presentes en una dieta, contribuyen a la reducción del riesgo de cáncer. Todos estos factores han contribuido a un gran interés en el papel de alimentos fisiológicamente funcionales en la prevención de enfermedades y en la promoción de la salud partiendo del hecho de que la evidencia científica enfatiza que: 1. Existe una fuerte relación entre los alimentos que se consumen y la salud humana y también la de los animales utilizados como parte del ciclo de alimentación del hombre. 2. El cada vez más amplio conocimiento científico correlaciona en forma benéfica las funciones de varios componentes alimenticios (nutrientes y no nutrientes) con la prevención y el tratamiento de enfermedades específicas. 3. Las nuevas tecnologías -biotecnología, ingeniería genética- han creado posibilidades sin límites en las áreas de los descubrimientos científicos, la creación de nuevos productos y la producción en gran volumen. 4. Los desarrollos logrados han resultado en un aumento en el número potencial de productos con beneficios médicos y para la salud ("alimentos funcionales"). Se hace razonable concluir que existen áreas de investigación a las que deben darse prioridad. Tales áreas podrían incluir: 1. El estudio y la revisión comprensiva de los avances en el área de alimentos funcionales. 2. Determinación de la naturaleza y del tipo de las interacciones entre los nutrientes y los componentes no nutritivos de los alimentos y el organismo humano, a fin de establecer su valor. 3. Estudio del mercado mundial para alimentos funcionales. 4. Estudio de las tecnologías relacionadas para el desarrollo de nuevos productos de beneficio y aceptabilidad por parte del consumidor. 5. Desarrollo de nueva y avanzada tecnología para la preservación de los componentes funcionales en los alimentos. 6. Caracterización científica de la interrelación entre los componentes funcionales y las enfermedades y del mecanismo de acción de esos componentes en los procesos patológicos. 7. Comprensión integral del impacto económico de los productos que se desarrollen, en función del consumidor. 8. Estudio de los límites impuestos por los conceptos científicos y por las regulaciones.

BIBLIOGRAFIA


American Dietetic Association (1995). Position of the American Dietetic Association. Phytochemicals and functional foods. J. Amer. Diet. Assoc. 95:493-496. American Institute for Cancer Research (1996). Dietary phytochemicals in cancer prevention and treatment. Proceedings of the American Institute for Cancer Research’s Sixth Annual Research Conference. Washington, D.C., Aug. 31-Sep. 1, 1995. Adv. Exp. Med. Biol., Vol. 401. Plenum Publishing Corp., New York, NY. Aldercreutz, H. (1995). Phytoestrogens: Epidemiology and a possible role in cancer protection. Environ. Health Perspect. (Suppl. 7) 103: 103-112. Anderson, J. et al. (1995). Meta-analysis of the effects of soy protein intake on serum lipids. New England J. of Med. 333(5):276. Anónimo (1991). When food meets medicine. Food Manuf. 66:26. Anónimo (1993). Antioxidant vitamins and cancer and cardiovascular disease. FDA Initiated Public Conference, 1993. National Academy of Sciences, Washington, D. C., November 1-3. Anónimo (1997). Nutraceuticals trend takes root despite definitional challenges. Nutr. Buss. J. 11(8):1-3, 15. Arai, S. (1996). Studies on functional foods in Japan. State of the art. Biosci. Biotech. Biochem. 60:9-15. Barren, S. et al. (1994). Potential role of dietary isoflavones in the prevention of cancer. Adv. Exp. Med. Biol. 354:135-147. Plenum Press, New York, NY. Bendich A. (1989). Carotenoids and the immune response. J. Nutr. 119(1):112-115. Bendich, A. y Olson, J. A. (1989). Biological actions of carotenoids. FASEB J. 3(1):1927-1932. Bennet, R. G. et al. (1996). Treatment of relapsing Clostridium difficile diarrhea with Lactobacillus GG. Nutr. Today 31(6) Suppl. 1:35S-38S. Benno, Y. et al. (1996). Effect of Lactobacillus GG yogurt on human intestinal microecology in Japanese subjects. Nutr. Today 31(6) Suppl. 1:9S-11S. Best, D. (1997). All natural and nutraceutical. Prepared Foods 166(6):32-38. Block, G., Patterson, B. and Subar, A. (1992). Fruit, vegetables and cancer prevention: a review of the epidemiological evidence. Nutr. Cancer 18(1):1-29. Burton, G. W. e Ingold, K. V. (1981). Autooxidation of biological molecules. I. The antioxidant activity of vitamin E and related chain-breaking phenolic antioxidants in vitro. J. Amer. Chem. Soc. 103:6472-6477. Burton, G. W. y Traber, M. G. (1990). Vitamin E. Antioxidant activity, biokinetics and bioavailability. Amer. Rev. Nutr. 10:357-382). Caragay, A. B. (1992). Cancer-preventive foods and ingredients. Food Technol. 46(4):65-68. Dwyer, J. T. (1996). Is there a need to change the American diet? Adv. Exp. Med.


Biol. 401:189-198. Gerster, H. (1997). The potential role of lycopene for human health. J. Amer. Coll. Nutr. 16:109-126. Giovannucci, E. et al. (1995). Intake of carotenoids and retinol in relation to risk of prostate cancer. J. Natl. Cancer Inst. 87(23):1767-1776. Giovannucci, E. (1999). Tomatoes, tomato-based products, lycopene and cancer: Review of the epidemiologic literature. J. Natl. Cancer Inst. 91(4):317-331. Gorbach, S. L. Chang, T. W y Goldin, B. R. (1987). Successful treatment of relapsing Clostridium difficile colitis with Lactobacillus GG. Lancet, Dec 26:1519. Hasler, C. M. (1998). Functional foods: Their role in disease prevention and health promotion. Scientific Status Summary. Food Tech. 52(11):63-70. Hasler, C. M., Huston, R. L. y Caudill, E. M. (1998). En: Two Decades of Nutrition Labeling. DeKror, M., ed. Nutrition International Inc., Dayton, NJ. In Press. Hayes, K.C. et al. (1993). Differences in the plasma transport and tissue concentrations of tocopherols and tocotrienols: observations in humans and hamsters. Proc. Soc. Exp. Biol. Med. 202(3):353-359. Hertog, M. G. et al. (1993). Dietary antioxidant flavonoids and risk of coronary heart disease: The Zutphen Elderly Study. Lancet, 342(8878):1007-1011. Hollingworth, P. (1997). Mainstreaming healthy foods. Food Technol. 51(3):55-58. Howard, B. V. y Kritchevsky, D. (1997). Phytochemicals and cardiovascular diseases. A statement for health care professionals from the American Heart Association. Circulation 95:2591-2593. Institute of Medicine/National Academy of Sciences (1994). Opportunities in the Nutrition and Food Sciences. Ed. P. R. Thomas and R. Earl, pp. 109. Institute of Medicine/National Academy of Sciences, National Academy Press, Washington, D.C. Kawamori, T. et al. (1996). Inhibitory effects of d-limonene on the development of colonic aberrant crypt foci induced by azoxymethane in F344 rats. Carcinogenesis 17(2):369-372. Kinsella, J. E. et al. (1993). Possible mechanisms for the protective role of antioxidants in wine and plant foods. Food Technology, 47(4):85-90. Komori, A. et al. (1994). Anticarcinogenic activity of green tea polyphenols. Jpn. J. Clin. Oncol. 23(6):186-190. McCay, P. B. (1978). Possible role of vitamin E as a free radical scavenger and singlet oxygen quencher in biological systems which initiate radical-mediated reactions. En Tocopherol, Oxygen and Biomembranes. De Suve, C. and Hayaishi, O., ed. Elsevier/North Holland Biochemical Press, Amsterdam, Holland. Meyer, A. (1998). The 1998 top 100 R&D Survey. Food Processing 58(8):32-40. Nair, P. P. et al. (1984). Diet, nutrition intake, and metabolism in populations at high


and low risk for colon cancer. Dietary cholesterol, beta-sitosterol, and stigmasterol. Amer. J. of Clin. Nutr. 40(4 Suppl):927-30. Neff, J. y Holman, J. R. (1997). How the latest products toe the fine line between foods and drugs. Food Proc. 58(4):23-26. Northrup, C. (1994). Women's Bodies, Women's Wisdom, pp. 305. Bantam Books, New York, NY. Parker R.S. (1989). Carotenoids in human blood and tissues. J Nutr. 119(1):101-104. Potter, J. D. y Steinmetz, K. (1996). Vegetables, fruits and phytoestrogens as preventive agents. IARC Sci. Publ. 139:61-90. Preabrazhenskaya, M. N., et al. (1993). Ascorbigen and other indole-derived compounds from brassica vegetables and their analogs as anticarcinogenic and immunomodulating agents. Pharmacol. Ther. 60:301-313. Reddy, B. S. et al. (1997). Chemoprevention of colon carcinogenesis by dietary perillyl alchol. Cancer Res. 57:420-425. Salminen, S. y Donohue, D. C. (1996). Safety assessment of Lactobacillus strain GG (ATCC 53103). Nutr. Today 31(6) Suppl. 1:12S-15S. Saxelin, J. (1997). Lactobacillus GG. A human probiotic strain with thorough clinical documentation. Food Rev. Intl. 13(2):293-313. Sloan, E. (1996). The top 10 trends to watch and work on. Food Technol. 50(7):5571. So, F. V. et al. (1996). Inhibition of human breast cancer cell proliferation and delay of mammary tumorigenesis by flavonoids and citrus juices. Nutr. Cancer 26(2):167181. Stahl, W. y Sies, H. (1996). Lycopene: A biologically important carotenoid for humans? Arch. Biochem. Biophys. 336:1-9. Steinmetz, K. A. y Potter, J. D. (1991a). Vegetables, fruits and cancer. I. Mechanisms. Cancer Causes Control 2:325-357. Steinmetz, K. A. y Potter, J. D. (1991b). Vegetables, fruits and cancer. II. Mechanisms. Cancer Causes Control 2:427-442. Sumathi, R. et al. (1993). Effect of DL-alpha-lipoic acid on tissue lipid peroxidation and antioxidant systems in normal and glycollate treated rats. Pharmacol. Res. 27(56):309-318. Tadi, P. P. (1992). Anticarcinogenic, antitumor, and antifungal properties of allium sativum (garlic). Diss. Abstr. Int. 52-08B:4144. Tanaka, T. et al. (1997). Chemoprevention of 4-nitroquinoline 1-oxide- induced oral carcinogenesis in rats by flavonoids diosmin and hesperidin, each alone and in combination. Cancer Res. 57:246-252. Waltham, M. S. (1998). Roadmaps to market: Commercializing functional foods and


neutraceticals. Decision Resources, Inc., pp. 5. Xie, C.I. et al. (1994). Daidzin, an antioxidant flavonoid, decreases blood alcohol levels and shorten sleep time induced by ethanol intoxication. Alcohol Clin. Exp. Res. 18(6):1443-1447. Zhang, Y. et al. (1994). Anticarcinogenic activities of sulforaphane and structurally related synthetic norbomyl isothiacyanates. Proc. Natl. Acad. Sci., April 12. 91(8):3147-3150.

Alimentos Funcionales y Nutricion Natural  

Un producto Biofil

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you