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2010 Autor: Pedro Urrutia Albisua

ANTROPOLOGÍA DE LA SEXUALIDAD La sexualidad analizada desde la dimensión biológica, psicológica, espiritual y social de todo ser humano.


Antropología de la Sexualidad Índice Introducción...................................................................................................2 1. Dimensión antropológica de la sexualidad……………………..………..….3 2

2. Sexualidad y persona……………………………………………..…………..5 3. Principios fundamentales de la sexualidad……………………..………..…6 3.1. Principio de la complementariedad entre hombre y mujer………7 3.2. Principio de intercomunión………………………………….…...….8 4. Conyugalidad…………………………………………………………….…….9 4.1. Dimensión unitiva…………………………………………….....….10 4.2. Dimensión procreativa………………………………...…………...10 4.3. Dimensión familiar…………………………………...……………..11 4.4. Dimensión social……………………………………..…………….11 5. Bibliografía……………………………………………………….…...………12


Antropología de la Sexualidad Introducción. El estudio de la sexualidad, es un tema que está inevitablemente vinculado al tema de la antropología. Esta última ciencia, queda comprometida en una de sus dimensiones más importantes ante la sexualidad, ya que involucra al ser humano en cuanto a su relación con el otro en un sentido muy profundo. Si consideramos que la antropología tiene como aspiración producir conocimiento sobre el ser humano en su evolución biológica, y dentro de las más diversas esferas humanas, pero siempre como parte de una sociedad, entenderemos entonces que la sexualidad es un tema que interesa profundamente a la ciencia antropológica. Para que el estudio de la sexualidad sea analizado de la mejor manera posible, la antropología debe considerar las dimensiones tanto biológicas como psicológicas y espirituales del ser humano y del cual no podemos permitirnos excluir a ninguna de estas dimensiones creando una visión reduccionista de la sexualidad y de la misma antropología. En estos últimos tiempos y por las circunstancias en las que vivimos en nuestra cultura, la sexualidad humana ha dejado de considerarse eso oscuro objeto de deseo que en tiempos anteriores se presentaba en vuelto en censuras, tabúes y prohibiciones morales para convertirse en una realidad omnipresente en la vida cotidiana de los hombres. El presente trabajo presenta un marco teórico de la antropología de la sexualidad, la relación que existe entre la persona y la sexualidad, abordaremos algunos de los principios importantes de la sexualidad como la complementariedad del hombre y la mujer, la comunión existente entre ellos, y la finalidad principal de la sexualidad: la procreación y la unidad indisoluble de la pareja.

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Antropología de la Sexualidad 1. Dimensión antropológica de la sexualidad. El estudio de la sexualidad desde el plano puramente biológico reduce a esta al simple estudio del tema de la genitalidad, el cual, ha sido ampliamente promovido desde los tiempos de S. Freud hasta el día de hoy, creándose el permisivismo hedonista, que se traduce como diría H. Schelsky, citado por Elio Sgreccia en su Manual de Bioética: “como sexualidad sin riesgo y sin arrepentimiento”.1 Pasando a lo largo de este camino por autores tales como H. Marcuse, con el cual se llega a teorizar la liberación de la sexualidad de la heterosexualidad y de la libre elección de sexo 2, y como los ideólogos radicalizados del movimiento feminista iniciado por Simone de Beauvoir, en donde conciben el derecho al aborto y a la anticoncepción como derechos de la mujer. Todo esto ha ido creando en la población mundial una idea de “sexualidad” dentro de una libertad despojada de responsabilidad y finalidad, donde se han rechazado los lazos existentes entre la verdadera sexualidad, conyugalidad y familia, rompiendo el vínculo entre el amor y la vida en el seno familiar, haciendo totalmente circunstancial el hecho de la procreación. La propuesta de la genitalidad disfrazada de sexualidad, ha creado en la mente de la humanidad permisivista y hedonista, frases que tienden a desvalorizar el amor y al mismo ser humano en sus dimensiones como persona; frases tales como “hacer el amor”. Sin tomar en cuenta que el amor es un acto del espíritu, y no un acto psicológico y, por lo tanto, no habría que confundirlo con el afecto, ya que el afecto se explica en el mundo animal también, y a veces con un orden mayor, por la sencilla razón de que el animal, al no poseer un espíritu y, por tanto, no poseer libertad, no tiene que decidir en cada momento el acto que tiene o no tiene que realizar. El desorden afectivo se debe a una mala formación y administración de la libertad. Este problema, tan fundamental, no parece que lo tenga el animal en general. La libertad, para quedar bien formada tiene que ser construida por el amor. Por lo tanto, el amor no se hace, sino que se es amor. Es probable que lo que se haga sea el sexo que, por otro lado, cuando prescinde del amor, el cual es donación y requiere de mucho olvido de sí mismo, se convierte en egoísmo, es decir, cae en el lado contrario de lo que en realidad es el amor, por lo cual se destruye la relación integral entre dos seres para convertirse en un acto involutivo, que tiene que ver más con la genitalidad que con la sexualidad vivida en una relación de amor integral.

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Cfr. Elio SGRECCIA, Manual de Bioética I: Fundamentos y ética biomédica, Madrid, Encuentro, 2009, 476. SGRECCIA, Manual de Bioética, 479.

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Antropología de la Sexualidad Bajo la mirada de una humanidad distraída por la mucha argumentación del genitalismo, se han aprobado legalmente y a niveles internacionales los abortos, la anticoncepción, la unión matrimonial entre homosexuales y la posibilidad de adoptar niños por parte de estos nuevos matrimonios. Complementando estos argumentos con discursos que nos hablan de un planeta incapaz de poder brindar el sustento a toda la especie humana, pero sin mencionar jamás la posibilidad de poder frenar la vorágine de intereses políticos y económicos que existen detrás de quienes en realidad daña al planeta en su explotación desmedida. La psicología humana aparece en escena como un complejo de funciones variables, las cuales, una parte son heredadas, y otra parte son adquiridas o educacionales. El tipo de educación recibida – por ejemplo en el caso de un niño que hubiera crecido en un ambiente eminentemente neurótico - el tipo de diálogo que sobre la sexualidad tuvo con sus padres y profesores, el tipo de libertad o de represión contenidos en la educación religiosa respecto del sexo, el modo de concebir y vivir la sexualidad de ese pueblo donde él nació, así como, el autoritarismo o la democracia política dominante en el pueblo de su infancia, adolescencia y juventud, marcarán fuertemente su carácter. Este carácter, más tarde, será fundamental en la concepción relacional con la otra persona, hasta el punto de que la relación sexual podría ser entendida más que como un encuentro amoroso, como una imposición por parte de alguno de los dos. Nos damos cuenta, pues, de cómo entre genitalidad y sexualidad hay una diferencia y no porque estos dos actos no vayan unidos, sino porque al separarlos, como sucede en muchos casos, se prescinde de la particularidad con la que cada persona vive, concibe y se acerca al acto sexual. En la genitalidad, hablamos del proceso reproductivo, de las características hormonales y del aparato reproductivo; esto es, de la anatomía y de la fisiología. En la sexualidad, en cambio, vamos mucho más allá; aquí estamos hablando también de genitalidad, pero, al mismo tiempo, hablamos de un conjunto de características psicológicas, afectivas, sentimentales, emocionales, socioculturales y espirituales. Queda involucrado, en la sexualidad, todo el ser humano: el ser humano integral, sin desconocer que, desde el punto de vista biofisiológico, psicológico y espiritual, el hombre y la mujer viven el acto sexual complementándose, dentro del principio de complementariedad; si bien no son iguales o idénticos, sí son complementarios. Como diría López Quintás, es un encuentro.

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Antropología de la Sexualidad 2. Sexualidad y persona El significado etimológico del término 'sexo' y 'sexual' pueden darnos ya algunas indicaciones, desde el punto de vista fisiológico y psicodinámico, tal y como es observable en la base del comportamiento. Las palabras Sexo y sexual, vienen del término latino 'sectus', esto es, “cortado”, “separado”, “distinto”. Por lo que nos da a entender que lo femenino y lo masculino, entonces, serían, desde lo fisiológico, dos expresiones de una misma naturaleza originalmente andrógina, que se especializa dando origen a dos realidades. Las dos expresiones, masculino y femenino, se complementan, se observa en ellas una imperiosa necesidad de complementación. Hay un irresistible impulso, de atracción recíproca o, como lo llama G. Cessari, 3 una pulsión instintual sexual. Por lo que notamos que están, pues, los dos en principio de complementariedad. En la misma corporeidad vemos la diferencia y la complementariedad de los sexos. El cuerpo, dentro de una estructura fundamentalmente homóloga, revela una serie de factores de diferenciación que marca básicamente toda la personalidad: tenemos los factores cromosómicos, los factores endocrinoneurológicos, vinculados a los anteriores y marcados por la diferenciación de las gónadas que son internas en la mujer, y externas en el hombre. También están los conductos de Wolff en el hombre y de Müller en la mujer. Y finalmente están los caracteres fenotípicos del sexo, es decir, los caracteres sexuales primarios y secundarios. La sexualidad marca también toda la personalidad, el espíritu o “yo personal”, son también hombre y mujer, y no sólo el cuerpo, porque es precisamente el espíritu, el que anima, informa y hace vivir a la corporeidad. Por esto la persona no tiene un sexo determinado, sino que es hombre o mujer. Toda la vocación personal en el mundo sólo podrá realizarse armónicamente aceptando y dando valor a este determinado modo de ser. Por todo esto, podemos darnos cuenta que la persona manifiesta o expresa su sexualidad a través de su cuerpo, pero esta no es sólo cuerpo. Se podría decir de la sexualidad que es "una energía vital, originaria y originante de la vida que se expresa a través del actuar humano". Es una energía vital y originaria que envuelve a la persona integralmente, no es una cuestión sólo de genitalidad o de implicación de órganos. Los actos sexuales de los animales van respetuosamente dirigidos a la procreación y, más tarde, en su relación con la prole, se demuestran cuidadosos y afectuosos. 3

Cfr. G. CESARI, La sessuologia umana: Fissiologia del rapporto, en Sessualità e Persona. Bologna, 1990.

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Antropología de la Sexualidad Reducir, pues, la sexualidad humana a explicaciones de genitalidad, reduce la complementariedad del ser humano a la pasión de la desnudez corporal, sin tomar en cuenta que la sexualidad abrazada en el amor no desnuda al otro, sino por el contrario lo cubre para no mostrar sus debilidades. El hecho de que en la relación sexual humana entra en juego el hombre entero, es decir, su biología, su psicología y su espíritu, hace que valores como la libertad, la fidelidad, la constancia, la humildad, etc., específicos del amor humano, sean necesarios y siempre presentes -aunque muchas veces ignoradosen la relación sexual. Precisamente, porque es una relación, tiene que ser encuentro de dos amores encarnantes, cada uno de ellos de una sexualidad complementaria del otro. En la encíclica Humanae Vitae, leemos que las características del amor conyugal tienen que ser las de "un amor plenamente humano, esto es, sensible y espiritual al mismo tiempo, no una simple efusión del instinto o del sentimiento... Es un amor total, esto es una forma de amistad personal, donde no cabe el cálculo egoísta... Un amor fiel y exclusivo hasta la muerte, capaz de generar una felicidad profunda y duradera... y, finalmente, un amor fecundo: los hijos son, sin duda, el don más valioso del matrimonio".4 3. Principios fundamentales de la sexualidad La cultura contemporánea, que por un lado ha dado a luz los valores personales de la sexualidad, por otro ha exagerado tanto el contenido individual de esta que ha hecho de la sexualidad un dato sólo físico, genital, y del acto sexual un juego, centrado sólo en el principio de placer individual. Una visión que introduce una peligrosa disociación entre amor y sexualidad, como si se tratase de dos realidades separadas5. La cultura contemporánea tiende a un ejercicio de la sexualidad sin compromiso, despersonalizado y, al final, deshumanizado, en la medida en que la reduce a un mero gesto físico, pasajero en vez de verla como una expresión de la totalidad del amor, de comunión y de compromiso. Hace tiempo esta deshumanización estaba representada casi exclusivamente por el uso de la sexualidad que se hacía en los prostíbulos. Ahora es una espantosa realidad, una situación tan normal en nuestros jóvenes. Se ha perdido esa capacidad de darse y de acogerse mutuamente, que convierte al ser humano en hombre y mujer para prevalecer en un hecho sólo de egoísmo y de consumo.

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Paulo VI, Carta Encíclica Humanae vitae, 25 de julio de 1968, 9. Estos factores culturales contemporáneos han tenido un aspecto positivo en el campo de la sexualidad: llevar la discusión sobre el tema de la sexualidad a un nivel antropológico, y ha permitido así superar el concepto de sexualidad entendido como genitalidad. 5

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Antropología de la Sexualidad Debemos de recuperar el compromiso personal, para que esa potencialidad de amor y de unión que tiene la dimensión sexual de todo hombre y de toda mujer no se disperse o se deforme, sino que canalice en la dirección de la vocación específica de cada uno. El primer aspecto que hay que destacar tiene que ver con la validez global de la sexualidad: en vez de reducirla a un acto meramente genital, constituye más bien una dimensión dinámica e integral del ser humano que está presente en él desde el nacimiento hasta la vejez, como una energía vital y como una posibilidad de dar y recibir amor. La sexualidad tiene que ver con el ser humano en su totalidad, está conectada con todo el mundo de sensaciones corpóreas, emociones, afectos y fantasías. El ser humano está sexuado de manera integral, no solamente en su cuerpo, sino en su espíritu, en su corazón, en su pensamiento y en su forma de relacionarse con los demás. Esto es lo que afirma el magisterio de la Iglesia en uno de los textos fundamentales para la teología cristiana de la sexualidad: El ser humano está tan profundamente influido por la sexualidad, de hecho, de ella, el ser humano obtiene las características que, tanto en el plano biológico como en el psicológico y el espiritual, lo convierten en un hombre o en una mujer, condicionando de esta 6 forma su desarrollo hacía la madurez y su inserción en la sociedad.

La sexualidad humana siempre refleja a la persona. Por ello, la sexualidad no puede ser usada como una cosa, pues la sexualidad es un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano. El ser humano es llamado, en nombre de su ser sexuado, a llevar a cabo una existencia de encuentro, de comunión, de entrega y de acogida, en la reciprocidad y en el intercambio con los demás.7 La aceptación de la propia sexualidad es la condición indispensable para lograr una plena realización personal como hombres y como mujeres. 3.1.

Principio de la complementariedad entre hombre y mujer

La relación entre el hombre y la mujer es señal de dualidad y de reciprocidad, pero también de complementariedad. El hombre y la mujer son iguales y diferentes al mismo tiempo. No son idénticos, pero tienen la misma dignidad que deriva de ser personas y que es necesaria para que entre ellos exista la posibilidad de encuentro y de entendimiento. En este sentido hay que 6

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Algunas cuestiones de ética sexual, 1975. Esto significa, que las personas consagradas que renuncian al ejercicio físico de la sexualidad, no renuncian a la sexualidad, a ser hombres o mujeres llamados a la comunión, a ser don y acogida en toda su vida de relación. Si lo hicieran se opondrían a su identidad más profunda. 7

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Antropología de la Sexualidad recordar que el hombre y la mujer tienen igualdad de derechos y, sobre todo, tienen valores propios que, si los ponen en común, logran una complementariedad constructiva.8 Debemos reconocer que las diferencias corporales, psicológicas y culturales, lejos de alejar al hombre de la mujer, lo acercan. Y lo mismo ocurre con la mujer. Y en el encuentro, al acentuarse y al acoplarse las diferencias, cada uno adquiere su identidad de hombre y de mujer. La sexualidad humana llega a su culmen, pues, en la reciprocidad del encuentro. Esto ocurre muchas veces fuera de la intimidad de las relaciones genitales y, en el caso de los esposos, más allá de sus relaciones conyugales. Nos encontramos así frente a la posibilidad de trascendencia que posee la sexualidad humana. Podemos decir que la sexualidad no equivale a ejercicio de la genitalidad, sino que hay relaciones sexuadas y relaciones sexual-genitales. La relación sexuada se trata de la relación común entre personas de diferentes sexo basada en la estima, el respeto, la amistad, la afectividad, sin que por ello esté implicado el cuerpo sexuado al nivel de la genitalidad física. La relación sexual-genital presenta, en cambio, como característica peculiar, la totalidad de los componentes de la persona que dan vida a la apertura, al encuentro, al diálogo, a la comunión y a la unidad, se trata de una donación recíproca, personal y total. Es verdad lo que dice Elio Sgreccia respecto de que ser mujer no necesariamente equivale a ser madre o esposa y lo mismo para el hombre, no se es varón solo si es esposo y padre.9 3.2.

Principio de intercomunión

Existir como personas quiere decir intercomunión como un don dirigido a acoger y darse. Esto significa que la dimensión sexuada de la criatura humana alcanza su más alto significado sólo en el interior de la vocación del ser humano hacia el amor y hacia la comunión.10 Sólo desde una perspectiva interpersonal puede alcanzar su sentido más profundo. Juan Pablo II dice:

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Aristóteles reconocía la igualdad sustancial del hombre y de la mujer en lo que respecta a la dignidad humana. Pero, la sexualidad estaba considerada solamente dentro de la corporeidad biológica. En la Edad Media, se reconocía la complementariedad de los sexos, pero exclusivamente en el campo de la procreación. 9 Cfr. SGRECCIA, Manual de Bioética, 490-491. 10 Cfr. Carlos ROCCHETA, Sexualidad: enfoque teológico, in José Carlos BERMEJO. Álvarez FRANCISCO (eds), Diccionario de Pastoral de la Salud y Bioética, Madrid, San Pablo, 2009, 1598-1601.

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Antropología de la Sexualidad Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, llamándolo a la existencia por 11 amor, lo ha llamado al mismo tiempo al amor.

La persona se siente acogida, satisfecha cuando es reconocida en su totalidad y unicidad. Es una reciprocidad: mientras que una persona reconoce a la otra, ésta hace lo mismo con la primera. El amor juega en la sexualidad un papel semejante al del alma en el ser humano. Porque el amor da sentido a la sexualidad, la penetra en su totalidad, si el individuo ha crecido como persona, la hace creativa en perspectiva humana y la hace más placentera en su aspecto genital. Considero que el amor da sentido a la sexualidad porque la orienta decididamente al encuentro con el Tú. Por consecuencia, el amor evita que se utilice al otro como un medio para la propia realización personal, sexual o genital. 4. Conyugalidad Como ya se ha dicho, la sexualidad humana tiene una estructura de carácter complementario y se presenta como capacidad de apertura de todo el ser a la conyugalidad. Tenemos la necesidad de tener esta apertura, de que alguien nos comprenda. Las personas hablan para que alguien las escuche, no se dirigen al vacío. La necesidad de desahogar la intimidad y compartir el mundo interior con alguien que nos comprenda es fundamental en los hombres y mujeres. Son de hecho un complemento.12 Y esta complementariedad se realiza plenamente, aunque no determinantemente, sí con una fuerte tendencia en la conyugalidad, esto es, en la unión física, psíquica y espiritual con el sexo opuesto. Elio Sgreccia la define así: “La unión física, psíquica y espiritual con el sexo opuesto. Cuando, por libre elección, se realiza esta complementariedad en la conyugalidad, la unión implica la totalidad de la persona y no sólo a una de sus partes. Cuando el hombre y la mujer se unen, si el acto es pleno, involucra al cuerpo, al corazón y al espíritu; si falta una de estas dimensiones, se trata entonces de una unión humanamente incompleta y objetivamente falsa, porque el cuerpo no tiene sentido sino como una expresión de totalidad de la persona. Por eso, conyugalidad habla de totalidad, de unidad que expresa el don 13 reciproco y total de las personas”.

Por eso, conyugalidad habla de totalidad, de unidad que expresa el don recíproco y total de las personas. Es cierto que la persona no agota todo su ser en la sexualidad, pero también lo es que la sexualidad marca por completo a la totalidad de la persona. Que el hombre es un ser capaz de dar, quiere decir que 11

Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 22 de nov. 1981 Cfr. Luis Jorge GONZALEZ, Terapia para una sexualidad creativa, México, Monterrey, 1996, 87-89. 13 SGRECCIA, Manual de Bioética, 498. 12

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Antropología de la Sexualidad se realiza como persona cuando extrae algo de su intimidad y lo entrega a otra persona como valioso, y ésta lo recibe como suyo. Elio Sgreccia manifiesta que de la conyugalidad en que tiende a realizarse la sexualidad, derivan algunas consecuencias en el plano bioético: No tiene sentido el ejercicio de la sexualidad de manera autoerótica (masturbación), egoísta y en situación de provisionalidad, es decir, antes y fuera de la conyugalidad, precisamente porque el don del cuerpo es signo de don comprometido y estable en la persona. Dicha unidad indivisible de la entrega de sí mismo motiva también la unidad del matrimonio y condena toda forma de poligamia, poliandria y divorcio, e incluso, como decíamos, las relaciones fuera del extraconyugales ocasionales. Las demás consecuencias que se derivan de la conyugalidad, es decir, del encuentro estable, pleno y consciente, y de la unión de dos personas de sexo contrario, son las siguientes: la dimensión unitiva, procreativa, vinculadas al acto sexual y la dimensión familiar y social que brotan del pacto de unión y de elección interpersonal:14 4.1. Dimensión unitiva La unión de dos personas: hombre y mujer de suyo tienden a la procreación responsable. El acto físico de unión sexual tienen la finalidad de la procreación y no otra; es decir, no es éticamente correcto un acto sexual entre un hombre una mujer cuando es sólo un acto biológico, sin amor unitivo, afectivo y espiritual; o cuando, por el contrario, es un acto de amor tendente a la unión, pero que coarta la complementación biológico-procreativa. 4.2. Dimensión procreativa La unión del hombre y la mujer no sólo es física sino previamente psíquica y espiritual. En sentido de la sexualidad es la donación interpersonal fecunda. La unión sexual es de suyo realización de una donación de la persona abierta a la fecundidad. Que algunos actos no siempre resulten procreadores debido algún obstáculo no quita nada a la finalidad a que está destinado el gesto. Se puede perder el sentido humano de la sexualidad cuando se la despoja de la fecundidad. O también al ejercer la sexualidad entregando la corporalidad pero no la personalidad. Si no hay amor, el acto sexual no significa lo que naturalmente es. Podemos decir que la unión y la procreación son dos significados inseparables del acto conyugal. Manteniendo estos dos aspectos esenciales, unitivo y procreativo, el acto conyugal conserva íntegramente el sentido de mutuo 14

SGRECCIA, Manual de Bioética, 500-501.

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Antropología de la Sexualidad y verdadero amor y su orientación hacia la altísima vocación del hombre y de la mujer a la paternidad y maternidad. 4.3. Dimensión familiar15 La madurez de la sexualidad se alcanza cuando la entrega es a una sola persona, continuada después en la familia y a los hijos. La familia humana es naturalmente estable y monógama. Por familia entendemos la unión estable, consagrada por el matrimonio, de las dos personas y la disposición a acoger a los hijos. La unión no puede ser temporal. La pareja llega a conformar una unidad interpersonal. Tal unidad es requerida para la procreación. La gestación y educación de los hijos, exige una familia estable. Por eso, está instituido el matrimonio que reconoce, protege y hace posible y estable la unión de los esposos, asegurando la supervivencia y crianza de los hijos. Por lo tanto el divorcio, las uniones de hecho son contrarias a la fisonomía y a los dinamismos intrínsecos de la sexualidad del hombre y de la mujer. La cultura del sexo seguro ve a los hijos como una consecuencia que depende exclusivamente de la libre elección de la pareja. Si el sexo seguro no desea ser fecundo es porque el hijo complicaría una separación posterior. No es una verdadera comunidad, y si hay una nueva vida, no es alguien a quien se acoge amorosamente sino un fallo de precisión, de cálculos. 4.4. Dimensión social La familia es parte fundamental de la sociedad. La unión del hombre y la mujer en el matrimonio y en la familia son una forma típica de sociabilidad, misma que origina a la sociedad. Por eso la sociedad debe reconocerla como tal, reconociendo y defendiendo las necesidades y los derechos originarios de la familia. Las necesidades de la alimentación, de trabajo, de vivienda y de servicios sociales para la familia no son regalos ni imposiciones, sino deberes que tiene la sociedad para con la familia. Pero, si hay crisis de familia, la persona no se realiza ni en el hogar ni fuera de él. En el trabajo no se puede triunfar si no se renuncia al tiempo que es de la familia, y por eso la sociedad favorece la existencia de parejas pero no de familias.

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José GAY BOCHACA, Curso de Filosofía, Madrid, Rialp, 2004, 323.

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Antropología de la Sexualidad Bibliografía Obras CESARI G., La sessuologia umana: Fissiologia del rapporto, en Sessualità e Persona. Bologna, 1990. GONZALEZ Luis Jorge, Terapia para una sexualidad creativa, México, Monterrey, 1996. GAY BOCHACA José, Curso de Filosofía, Madrid, Rialp, 2004. GAY BOCHACA José, Curso Básico de Ética Cristiana, Madrid, Rialp, 1998. GEVAERT Joseph, El Problema del hombre: Introducción a la Antropología Filosófica, Salamanca, Sígueme, 2008. OCAMPO PONCE Manuel, Las dimensiones del hombre, Valencia, Edicep, 2002. RODRIGUEZ Ángel, Antropología y sexualidad, Curso de sexualidad fertilidad y procreación de la Pontificia Universidad de Chile, 2006. SPERRY Len, Sexo, Sacerdocio e Iglesia, España, Sal Terrae, 2003. Documentos oficiales de la Santa Sede CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Algunas cuestiones de ética sexual, 1975. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Familiaris consortio, 22 de nov. 1981 Paulo VI, Carta Encíclica Humanae vitae, 25 de julio de 1968. Diccionarios Carlos ROCCHETA, Sexualidad: enfoque teológico, in José Carlos BERMEJO. Álvarez FRANCISCO (eds), Diccionario de Pastoral de la Salud y Bioética, Madrid, San Pablo, 2009, 1598-1601. Mario JABARES CUBILLAS, Antropología, in Carlos Simón Diccionario de Biótica, España, Monte Carmelo, 2006.

VÁZQUEZ,

Manuales SGRECCIA Elio, Manual de Bioética I: Fundamentos y ética biomédica, Madrid, Encuentro, 2009.

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Antropología de la sexualidad